miércoles, 10 de octubre de 2012

12 de Octubre. Toca España.


Estamos a escasas 48 horas de celebrar, un año más, la “Fiesta Nacional de España y Día de la Hispanidad”, denominada en los demás idiomas de nuestra patria Festa Nacional d'Espanya, en catalán y en valenciano, Festa Nacional de España en gallego; Espainiako Jai Nazionala, en vascuence y Hèsta Nacionau d'Espanha, en aranés.
No se trata de una fiesta facha, de derechas, ni de una fiesta centralista, de la gente de Madrit, como gusta pronunciarse en Cataluña el nombre de la capital, ni menos aún de una imposición de una fuerza colonial sobre regiones conquistadas a sangre y fuego por los enemigos españoles. Se trata simple y llanamente de celebrar nuestra pertenencia a una milenaria nación en un día tan simbólico como es el 12 de Octubre, día en el que en el lejano año del señor de 1492 un marinero andaluz, Rodrigo de Triana, gritó “¡Tierra a la vista!”, hecho que cambio la historia de toda la humanidad y que contribuyó al crecimiento del Imperio Español y de toda la civilización occidental.


Milenaria nación forjada a base de conquistas y de reconquistas, de uniones y separaciones, de reyes y presidentes, de generales y parlamentarios, de héroes y de mártires, pero, al fin y al cabo,  patria nuestra en la que hemos nacido y a la que pertenecemos todos y cada uno de los andaluces, murcianos, vascos, catalanes, gallegos, extremeños, madrileños, castellanos, leoneses, navarros, riojanos, ceutíes, melillenses, canarios, valencianos, mallorquines y asturianos. Y hasta aquí llego con las lecciones de historia.
No es lugar ni momento para entrar en largas y tediosas discusiones sobre la conquista del Nuevo Mundo, sobre la leyenda negra vertida sobre España por el mundo anglosajón, sobre el franquismo y su utilización del concepto de España como opresor de la libertad de los ciudadanos españoles y como unificador forzoso y forzado de ideas y  sentimientos diversos,  o sobre pretendidas nacionalidades históricas previas a la común, historias estas en la mayoría de los casos inventadas y tergiversadas por una minoría que simplemente busca su propio provecho.  Para discutir sobre estos temas, que son historia y por lo tanto, pasado,  hay mejores foros y momentos más apropiados.

Hoy toca hablar de presente y sobre todo de futuro.

Toca hablar de una nación que, en pleno Siglo XXI,  pertenece a un ente superior,  llamado Unión Europea, en el que tenemos que defendernos panza arriba para no ser arrollados por los intereses de las grandes potencias del continente para no convertirnos en siervos del primer mundo.
Toca hablar de una nación que tiene que liberarse del yugo de los partidos políticos y sus intereses, que nunca coinciden con el bien común por la propia definición contra-natura de un partido político.
Toca hablar de una nación que tiene que deshacerse de los separatistas, que lo son por puro  interés económico, y de los separadores que lo son por puro desconocimiento de la realidad de una España grande y plural.
Toca hablar de una nación que tiene que recuperar la senda de la seriedad, del trabajo, del esfuerzo, de la ejemplaridad, de la cultura y de la valentía; todos ellos rasgos de nuestra nación que fue forjada con el esfuerzo de ilustres personajes: escritores, guerreros, pensadores, filósofos y hasta grandes reyes y militares.
Toca hablar de nuestra España real, de una España en crisis, de una España a la que le sobran muchas garrapatas y vividores y a la que le faltan líderes reales, sinceros, entregados a una causa común.
Toca hablar de una nación venida a menos por la incultura de la mayoría, alelada por medios de comunicación de intereses oscuros y esclavizadores; hundida por el pelotazo de constructores y banqueros; y arruinada por los gastos superfluos de nuestras administraciones, con funciones duplicadas y multiplicadas por ene regiones y una legión de asesores amigos improductivos.
Toca hablar de una nación en manos de “sectas”, “mafias” o “castas” que simplemente persiguen su propio beneficio y supervivencia, sin tener en cuenta a la ciudadanía y sus necesidades reales.
Toca hablar de una España con ciudadanos que aporten valor frente a los vividores del valor añadido cero.

Toca hablar de la España real, de ti, de tus hijos y de tus futuros nietos.

Toca proclamar a los cuatro vientos que somos Españoles, con mayúsculas, herederos de una historia; y hacer llegar nuestros cánticos orgullosos a todos los rincones de nuestra amada Piel de Toro, en catalán, en castellano, en vascuence,en gallego o en aranés, es decir, en un idioma español.

Dentro de 48 horas toca España. Toca 12 de Octubre. Nos toca a todos.





martes, 9 de octubre de 2012

Barcelona, año 2015


Matías entró en la cocina donde sus dos hijos ya estaban acabando su desayuno. Hoy empezaba el nuevo curso escolar y los nervios rondaban la pequeña estancia cual bruma matinal. Mientras los pequeños devoraban sus magdalenas y sorbían de sus vasos de leche con cara de pocos amigos, Almudena, esposa de Matías y madre de las dos fieras, sonreía de forma forzada. Sabía muy bien lo que les esperaba esta mañana: llegada al Colegio, lloriqueos y abrazos, miradas amenazantes por parte de la directora del centro y algún que otro insulto poco disimulado por parte de las demás madres. Nada nuevo podía esperar ante la surrealista situación que estaban viviendo en su querida ciudad.
Después del referéndum de Septiembre del año anterior, celebrado en contra de las leyes imperantes en España, pero con el apoyo oficial e interesado de los gobiernos del Reino  Unido, Irlanda, Holanda, Finlandia y algunos países más, la región autónoma de Cataluña se había proclamado independiente, a pesar de las sospechas de fraude y el exiguo 50,8 % de los votos obtenidos en las urnas.
Debido a ello, los niños habían pasado un año complicado, con cambios en sus planes de estudio, con el despido de algunos profesores por su desconocimiento del idioma catalán y con una creciente marginación por haber sido de los pocos que habían solicitado recibir las clases en castellano. Como era de esperar, los resultados de los pequeños fueron desastrosos,  y a pesar de la ayuda de toda la familia de Matías y de una profesora particular no consiguieron adaptarse a la enseñanza en catalán. Solo la intermediación de un funcionario de la “Consellería” de Educación, amigo de infancia de Matías, les había permitido conseguir un aplazamiento de la expulsión de los niños, pero ni así consiguieron adaptarse, y el funesto recuerdo del curso anterior pesaba como una losa sobre los pequeños. Y sobre sus padres.
Mientras los niños estaban quietos en la parte trasera del coche, con sus dulces caritas más serias que nunca, Matías conducía absorto reflexionando sobre el sufrimiento gratuito que les estaba haciendo pasar a sus hijos. Tendría que haber pensado más en ellos y haber intentando buscar un trabajo fuera de la región en el momento en el que se produjo la separación efectiva del resto de España, pero sus ganas de lucha y su inconformismo innato le ataban a Barcelona y a Cataluña cual soga de un ahorcado. Igual estaba pecando de egoísmo, pensó, mientras observaba a sus vástagos por el retrovisor. Implicar a sus hijos en una lucha contra la dictadura nacionalista no era lo mejor para su felicidad, eso estaba claro, pero Matías no quería rendirse a las primeras de cambio: esta era su tierra, la de sus antepasados y también la de sus hijos, y nadie tenía el derecho de echarles de aquí. Ni a obligarles a dejar de hablar en castellano. Ni a coartarle el futuro a toda una generación de jóvenes que no tendrían más opciones en el futuro que trabajar en un Parque Temático sobre la Historia Milenaria de Catalunya, encontrar un puesto de funcionario en alguna de las 4 administraciones que había implantado el nuevo gobierno o abandonar su tierra para buscar un futuro mejor allende del Ebro o de los Pirineos. Pocas otras salidas había en Barcelona o en el resto de la República Catalana: las grandes multinacionales se dieron el piro a las primeras de cambio, evitando los excesivos impuestos locales, necesarios para mantener la enorme estructura administrativa, además de los aranceles decretados por la UE a las exportaciones catalanas; las medianas empresas locales iban cerrando una tras otra por falta de negocio y por la caída espectacular del consumo de las demás regiones de España,  y el único sector que seguía funcionando en parte, el turístico, estaba copado por la eternamente presente burguesía catalana y su inacabable prole de hijos, nietos, primos y amigos íntimos. No había hotel en Barcelona que no fuera regentado por algún miembro de las familias gobernantes, los Pujol, Maciá, Millet, Gaspart, Laporta, Mas y todo el resto de apellidos de la “mafia” nacionalista, ni restaurante, camping, agencia de viajes o hasta bar que no luciera la etiqueta del “Gremi Catalá d’Hosteleria”, una suerte de “secta” que concedía permisos, cobraba sus cuotas y distribuía los mejores negocios entre sus miembros. Eso sí, de forma “oficial” y aplicando a pie juntillas  las innumerables leyes de protección de la República dictadas en esta primera legislatura. Leyes elaboradas por el Parlament Catalá, al que por cierto solamente tenían acceso los catalanes con certificado de “pureza” de al menos dos generaciones, y que encima podía legislar por “Decret d’interés Nacional” sin precisar ni la mayoría simple de los parlamentarios. Una fantochada, como casi todo lo que estaba pasando en esta tierra antes tan rica, abierta y parte de una España que cada vez añoraba más.
Un bocinazo devolvió a Matías a la realidad. Casi se salta un semáforo y atropella a unos viandantes que cruzaban la calle.  Desde el otro lado un Mosso le miraba con cara de pocos amigos, y Matías giró la cabeza hacia sus pequeños. Seguían sin sonreír.
  •          ¿Estáis bien chicos?
  •          Si papi, tot be, menys lo de anar al Cole.


Había contestado el mayor, Matías junior. Ya era el cuarto Matías en la familia, pero su padre tenía bien claro que sería el último que naciera y viviera en Barcelona. Tenía que plantearse de forma definitiva un cambio de aires, buscar un trabajo fuera de Cataluña y garantizar con ello la felicidad de sus hijos. No podía seguir luchando contra los elementos, más aún cuando su popularidad por haber encabezado una de las plataformas contrarias  a la secesión le impedía el acceso a cualquier puesto de trabajo con mínimas garantías de futuro.
Estaba marcado cual infiel o judío en otras épocas,  y como mucho podía aspirar a seguir ayudando de forma clandestina en empresas  de antiguos amigos y conocidos, que le mantenían como si estuvieran practicando caridad con él. Qué triste existencia.

Giró por la calle y aparcó enfrente del “Col.legi Nacional Wilfred el Pilos”. Aún se apreciaban los trazos del antiguo nombre, Colegio de la Inmaculada, debajo del flamante rótulo enmarcado por una “estelada” de grandes proporciones y una bandera de las Naciones Unidas (al haber sido expulsada de la Unión Europea al gobierno catalán no se le ocurrió nada mejor que usar esta bandera tan poco adecuada junto a su insignia inventada).  

Los semblantes de los peques se tornaron más sombríos que una tormenta veraniega. Matías bajó del coche y abrió la puerta trasera. Pero los niños no se movían. Con su triste cara le imploraban ayuda.
A Matías se le vino el mundo encima: no era de recibo hacer sufrir a estas criaturas. Que culpa tenían ellos de que una pandilla de chalados hubiese rotor la armonía en España y condenado con ello a toda una generación de chicos a vivir en un estado de ansiedad constante, insultados, marginados y aislados del resto de sus compañeros.

Se acabó. Sonrió a sus hijos, y les dijo:
  •          Avui res de cole. Ens anem de festa. Demà ja parlarem.

Las caras de Matías junior y su hermanito Miquel se iluminaron de golpe, y un ensordecedor « Yupi » broto de sus gargantas.  Matías padre cerró de nuevo la puerta, se acomodó en su asiento y arrancó el motor. No sabía bien hacia dónde ir, pero la decisión estaba tomada.

Todo tiene sus límites y la felicidad y el futuro de sus hijos estaban en juego. Y su libertad.

lunes, 1 de octubre de 2012

Carlos. In memoriam.


Nuestro tan añorado amigo Carlos Oriente Coromina,  que hoy recibe sepultura en su ciudad natal, en esa Barcelona española que tanto quería y a la que deja huérfana de uno de sus ciudadanos más valiosos, aglutinaba todos esos valores que tanto cantamos, predicamos, soñamos y perseguimos la mayoría de sus amigos y camaradas. Las palabras camaradería, fidelidad, honor, hombría, valentía, españolidad y gallardía, para citar unas pocas, no adquirieron su valor real hasta que no nació Carlos y nos demostró, con hechos, que hoy en día también se puede ser un español ejemplar. 
Amigo de sus amigos y enemigo de nuestros enemigos comunes, mantuvo una imperturbable y recta conducta basada en unos ideales consolidados desde su juventud y arraigados en la noble tradición guerrera de estas tierras españolas que tanto amaba y que tuve el placer de recorrer andando a su vera en los últimos 10 años. Años que suenan a mucho y que ahora se me antojan tan cortos por todo lo que me faltaba por aprender de Carlos, por su memoria exquisita, tanto de la historia como de los manjares de todos y cada uno de los pueblos que visitábamos.  Heredero del espíritu guerrero, almogávar, astur o castellano, es decir y resumiendo, español por los cuatro costados, nunca dio su brazo a torcer y mantuvo sus ideales y la frente alzada frente a todo y todos. 
Muchos de vosotros, lectores, por no decir todos, sabéis muy bien de que hablo. Seáis familiares, amigos de tertulia en la barra, camaradas en la lucha o simplemente conocidos suyos, no creo que ninguno de vosotros podáis negarme que todos vamos a sentirnos muy solos sin Carlos. Una caña en la barra, unos kilómetros empinados a pleno sol y sin una gota de agua, una copa en una terraza, una discusión sobre tema cualquiera, un cántico al son de nuestros himnos o un brazo alzado hacia el sol imperial, todo esto ya no será la mismo para ninguno de nosotros. 

Nos giraremos, le buscaremos, le añoraremos, hasta que, sabedores de que nunca dejará de estar con  nosotros, alcemos la vista al cielo y le veamos sonriendo, brindando con nosotros por ese futuro mejor que siempre soñó y por el que nos toca luchar ahora a nosotros sin su presencia física, pero arropados por su espíritu desde esas alturas y sus luceros, a los que envidiamos desde hoy mismo el habernos birlado la presencia de una persona tan grande.
No me alargo más. Buen Camino Carlos.
¡Ultreia et Suseia!



P.D. Añado sin retoques y a voleo algunas notas de uno de los tramos del Camino de Santiago (año 2007, Lourenzá - Santiago, final del Camino del Norte) que he tenido el placer de recorrer con Carlos y Lupe en los últimos 10 años. Imborrables recuerdos de miles de kilómetros, de calor y de frío, de discusiones y risas, de enfados  y reconciliaciones. En fin, recuerdos del Camino. Y de Carlos.

Primera etapa : Mondoñedo – Gontán 16 Km.
El viaje en tren ha sido bastante normal y tranquilo. Cenamos los bocadillos, con vino de Gandesa y renunciamos por primera vez a la tradicional visita al bar. Por la noche entra un matrimonio maño bastante mal educado, diciendo que nuestras camas son suyas, aunque al final son ellos los que se han equivocado de vagón. Sin disculpas ni nada se van diciendo que ella no duerme en cama ajena, y que vale, que “no han dicho nada”. Vaya elementos. Duermo mal, y a las 6 me levanto. Carlos y Lupe salen a las 6:30 y vamos a desayunar. En el bar hacemos tiempo mirando el paisaje. A las 9 paramos en Monforte y conocemos a la chica del compartimento que iba durmiendo. Se trata de una arquitecta italiana, Elena de Génova, que está trabajando y viviendo en Zaragoza, guapa y simpática. En la estación de Lugo tomamos un café con ella hasta que aparece su novio, que es bastante feo.
Salimos de la estación y encontramos el cartel del BNG aún roto del golpe que le dimos el año anterior.
Vamos al Bar Sevilla, donde comimos tan mal el año anterior, Carlos intenta cortarse el pelo, paseo por la plaza Mayor y a las 12 cogemos el autocar, a Mondoñedo.
A las 13:30 llegamos a Mondoñedo, sellamos en el Ayuntamiento, tomamos unos bocadillos de tortilla con sardinas al lado de la catedral, que está cerrada, y empieza el camino en serio. Nos esperan 11 Km. de subida.
A las 14:40 salimos. A las 16:30 pasamos Lousada y se acaba de la carretera con su constante sube y baja. Ha sido menos dura de lo esperado. Hemos visto el primer cervatillo, aparte de vacas, ovejas, gallinas y perros.
Nos encontramos con una antigua edificación que puede ser una torre o una presa, y entramos en un tramo duro del antiguo Camino Real. La subida es corta pero dura. Llegamos a San Cosme, hay restos de una fiesta y gente comiendo en una carpa, y empieza a lloviznar. Aguantamos unos Km. pero al final, faltando 2 Km., nos ponemos los chubasqueros. Carlos estrena el suyo. A las 18:30 estamos en el Albergue de Gontán, mono, limpio. Hay 6 personas. El hospitalero nos hace sacar las botas fuera y al rato nos cuenta sus aventuras, que tuvo que echar hace poco a un catalán por una pelea. ¿Habrá sido el Bustos? Le pregunto y no ha sido. Lupe no se encuentra muy bien, Carlos y yo cenamos tomates con Lardo y Vino, luego tomamos un chupito en un bar de al lado. Poco más. Hay 1 pareja de polacos, 1 alemana y otra pareja de españoles, pero no hemos hablado mucho con ellos. A las 10 estamos en la cama.

Segunda etapa: Gontán – Vilalba 21 Km.
A las 7 estamos casi listos, parece que no hace frío, pero amenaza lluvia. Desayunamos en el bar de enfrente, cola-caos, café y panes de leche. Carlos prueba el orujo de café casero que nos habían recomendado, y a las 8 salimos.
A las 10 menos cuarto estamos en Martiñan, hemos ido al lado de la carretera y por fin volvemos al Camino, Real. Paramos en un puente del siglo XVII sobre el río Batán, un merendero muy mono, pero empieza a llover. Antes de que me olvide, en el albergue de Gontán he dejado la siguiente dedicatoria: “ Lupe, Carlos y Ernesto, de Barcelona. Disfrutando de este albergue y del agradable hospitalero. Ojala esto pudiera servir de ejemplo a aquellos que no cuidan y aprecian su propia casa, España. Santiago y cierra, España!!!
Seguimos por el precioso Camino Real, bajo una intensa lluvia, hasta llegar a Goiriz. Igual seguimos solamente hasta Vilalba, por ahora hacemos parada y fonda.
Estamos todos ovulando y además Carlos parece que tiene un ataque de gota. Tomamos queso de tetilla ahumado y chorizo, compramos para cenar espaguetis etc., nos regalan tomates, ajos y aceite. Se apunta el alemán, Wiebke y los vascos siguen hasta una pensión en el centro. A las 13:15 llegamos a un flipe de albergue. Hoy toca cocina y pasarlo bien. Wiebke se va de compras mientras nosotros cantamos al sol y Lupe se arregla el pie. Por ahora perfecto, ropa lavada y al sol…, comida y todo preparado. Aún llegan 2 más, 1 cántabro y un alemán, Peter de Düsseldorf. Me parece que un poco cerveceros, se han pillado un pack de 12 latas para cenar. La cena sale bien. En la mesa de al lado están Hansel (Peter) y el cántabro, y en la nuestra Gretel (Laura o Wiebke).., cenamos espaguetis, tomates muy buenos con ajitos, bien y divertido. Luego seguimos cantando… Poco más, Antonio, de Santander, sale a fuera cuando empezamos a bailar al son de los Nikis, Gretel-Laura flipa, y al final resulta que el santanderino es Caballero Legionario Paracaidista, tiene un bar y es más bien de derechas…, casi como nosotros. A las 9 me retiro a la cama, demasiada fiesta para un solo día.
Me apunto 2 discos a comprar, el nuevo de Carla Bruni y Homenaje a Leonard Cohen.


Tercera etapa: Vilalba – Baamonde 21 km
Es lunes. A las 6:30 me levanto, Lupe da señales de vida a las 7. Ahora falta esperar al resto.., pero no hay prisa. La etapa de hoy es corta. A las 8:15 paramos a desayunar al lado del Centro de Salud, y a las 9 vamos al médico. Sublime servicio de la SSSS (sic), y a las 10 menos 20 ya salimos de Vilalba. El camino es muy bonito, coincidimos con los polacos cogidos de la mano, por lo que Carlos y yo también nos cogemos… el camino es de todos!
A las 11:45 paramos en un tasco (nueva palabra de Carlos) a tomar cola, vino y queso.., vamos bien y ha salido el sol. Antes hemos visto a Antonio, apareciendo por la carretera nacional. Dice que se ha perdido al salir de Vilalba, y se queda atrás para ver el cementerio. Estamos hablando de cenar huevos fritos con patatas o arroz a la cubana, y eso que son las 12:10 de la mañana y nos faltan 10 Km.…, son las pequeñas ilusiones del camino.
Llegan Laura y los polacos, seguimos solos y a las 3 llegamos a Baamonde, pasando de largo por delante del Albergue. La casa central del albergue está cerrada por reformas (luego nos enteramos que no es por eso), pero tiene una casita de piedra adicional con 2 habitaciones y bastantes literas. Es un albergue auténtico, rústico, con su porche, jardín, etc. bastante mono. Ya han llegado todos, Antonio, Peter, polacos, Laura. “Antonio ist auf Entziehungskur, hat mit Koks übertrieben, Kneipe und Frau verloren und will mit Hilfe des Project Mensch wieder auf die Beine kommen.“ Describo la situación de Antonio en alemán, por discreción. Vamos todos a pasear, visitamos la iglesia y reservamos en el Galicia, anunciado en todas las guías, para todos. Lo lleva un personaje, medio monje medio bohemio y poeta. Seguro que luego saldrán más cosas. Pasamos la tarde de charla con todos, y se apunta uno nuevo, Juan Antonio de Murcia, muy majo. Nos enseñan el Albergue, que es precioso, pero que debido al mal comportamiento del día anterior no abre…, una pena.
Vamos los 9 a cenar juntos al Galicia…, a ver que pasa. Somos 5 españoles, 2 alemanes y 2 catalanes.. juas juas.
Menú Pote Gallego y huevos con papas y chorizo. El caldo está bueno, los huevos y las patatas también, el chorizo menos. El jefe ya nos ha anunciado 2 poemas para los postres. El flan de una vez, Carlos lo hace pero los demás se lo pierden, y a mi me sale regular.. Somos como niños. 2 de las frases que suelta el poeta:

“Lo importante no es nacer
en Madrid o en Barcelona,
lo importante siempre es,
ser una buena persona”

“Si quieres hacer bien
y no querer hacer daño
sujeta un poco la lengua
y úsala con cuidado”

A mi gusto del dueño se vende demasiado, según él no hay país del mundo donde no estén sus libros.., pero se le perdona por curioso. Y para rematar, echa 3 polvos al día. El precio sale bien, a 10 euros con propina.., y comprobamos por Google que el sitio realmente es conocido por estos lares, en todo el mundo ya lo dudo.




Cuarta etapa: Baamonde – Miraz 17 km
Nos levantamos tarde, a las 8, y primera sorpresa: no hay agua. Me lavo con una garrafa y nos vamos a tomar un café al lado, tampoco tienen agua, se trata de una avería general. Nos apañamos con toallitas y salimos hacia las 9:30. 3 Km. por carretera y nos metemos en un camino precioso, iglesia gótica en la que hacemos parada con todos, y seguimos. A lo lejos creemos ver unos lobos, nos acercamos poco a poco pero al final resultan ser los perros de un pastor  muy simpático. Nos comenta que en el trozo de mañana si que pueden aparecer lobos, pero que suelen escaparse enseguida. A ver si hay suerte. Un señor sordo y un poco necesitado de charla nos ofrece agua y manzanas, los 2 “catalanes” pasan de largo y se paran a 10 metros: asociales. Nos encontramos con varios pastores andando con sus pocas vacas, fotos con todas ellas, y a falta de 2,5 Km. de destino encontramos un bar. Queso y bebidas y charla con la señora, que está muy enfadada con la hospitalera de Baamonde: se llevan fatal. Nos da a probar otro queso cremoso, y como soy un ansias me tengo que esperar un poco (cosas que pasan). Está muy bueno. La charla con la señora es agradable.., tiene una nieta de 19 años y aparenta ella misma unos 40. Increíble. Y la bisabuela paseando y saliendo afuera a buscar el agua. Llegan los alemanes y el murciano, acabamos con un café de puchero y un chupito de hierbas casero. Compramos una botella de vino cosechero aconsejados por el jefe. Carlos se toma un chupito más. La señora corta las constantes llamadas que nos interrumpen: va y descuelga el teléfono. Vaya carácter. Lupe corta el rollo, dice que estamos gastando demasiado en quesos (sic) y salimos. Bajando me doy cuenta que me he dejado el bastón, llamamos al bar para que lo traigan los demás y llegamos a un Albergue precioso, llevado  por Charlene, americana, y John (luego Little John), escocés. Ambos son muy agradables, están arreglando la cocina.., si lo consiguen habrá cena. Ya estamos todos, 5 españoles, 2 alemanes y 2 catalanes.
Vamos todos juntos a ver la Iglesia, bonita por fuera y normalita por dentro. Un bonito Santiago Matamoros, un San Roque que confundimos, perdón, confundo con Santiago (Carlos NO), y poco más. Vamos al bar a tomar un vino y ver si consigo ajo y cebolla. Me cuesta, ya que la tía es un poco rara y seca, pero al final cuela. Preparamos la cena para todos Carlos y yo.., el mismo menú, espaguetis y tomates con ajito. Somos 11 a cenar y los 2 paquetes quedan un poco cortos, sobre todo por culpa del “catalán” que se zampa 2 platos bien llenos sin pensar en los demás. John saca queso y nosotros pan y seguimos de tertulia. Ha sido una buena cena, dicen en el pueblo.
A los cafés + orujo (poquito)  todo el mundo escucha con atención el himno del centenario del Sevilla que pone Carlos…, juas juas juas, no escucha ni Dios. Después de cenar vamos un rato a tomar unos chupitos y cantar al bar de al lado, hasta las 12. Lupe no se molesta, ni nos oye y no despertamos a nadie. ;-)