viernes, 4 de septiembre de 2026

El tíaso de Sánchez


 «La muchedumbre es la madre de todos los tiranos»

Dionisio de Halicarnaso


Aunque Pedro Sánchez no le dé al vino como Dionisio, que sepamos, no hay duda de que su mente está obnubilada. Puede ser demencia, puede ser por consumo de drogas, puede ser por el exceso de ego; o por los tres factores. Que es lo más plausible, vista la degradación física y psíquica que está sufriendo en los últimos tiempos.

La corte de Pedro V “el Demente”, la peña que le adula y le apoya, su tíaso, va creciendo conforme la enfermedad mental del susodicho va empeorando. Será por compartir brebajes, ungüentos, masajes y mentiras. Digo yo. Porque no se ha visto jamás a un grupo de personas, por llamarlos de alguna manera, apoyar, adular, proteger y aplaudir a alguien como lo que estamos viendo en los últimos tiempos. Hay que irse lejos en el espacio y en el tiempo para encontrar un espectáculo tan patético como el que interpretan sus ministros, sus diputados, sus amanuenses en la prensa escrita y sus voceros en radios y cadenas de televisión: una patulea de acólitos en pleno éxtasis, que aplauden cual focas en el zoo, diga lo que diga y haga lo que haga.

Y si ya es fuerte que ninguno de los 121 diputados de la organización criminal alce la voz contra un líder que a todas luces ha perdido el norte, más aún lo es que millones de personas sigan teniendo la intención de volverle a votar.

Ellos saben que nosotros sabemos que ellos saben que su líder está ido, pero les da igual. Prefieren seguir arrimando la sardina al ascua de los sueldos, las subvenciones y las prebendas, que dar un paso al frente, plantar cara al sátrapa y liberarse de la ignominia que significa apoyar a un enfermo, a un demente, cuyo único fin es perpetuarse en el poder, destruyendo todo a y a todos que intenten impedirlo. Ahí está Margarita Robles, que por mucho que se quede sentada y no le aplauda, no va a dimitir jamás. Por nombrar a la única que ha tenido un gesto y ha osado alzar la voz, aunque bien poco. Disensión teatral que por ende no sirve para nada.

Si recordamos a los miembros del tíaso griego, encontramos a casi todos ellos representados en la camarilla que rodea al endiosado sátrapa: bacantes como Montserrat Minguez o Francina Armengol, demonios rurales como Oscar Puente, silenos con falos en evidencia como Miquel Iceta o Marlaska, o rústicos panes como Patxi Nadie. Por no hablar de toda la corte extramuros, de periodistas lacayos, encuestadores comprados o policías, fiscales y jueces dedicados a luchar contra sí mismos, contra sus juramentos, contra la verdad y la justicia.

Y con la invasión de Ceuta, toda esta sucia purria, esta banda de malhechores, esta piara de cerdos corruptos y mentirosos, ha crecido, se ha venido arriba, y han empezado a vomitar en cadena todas las mentiras que se le han ocurrido al demente.

Igual es el último estertor de una mafia acorralada y herida, pero da miedo. Porque, como dicen muchos, lo peor de Sánchez aún está por llegar.

Y su tíaso es muy amplio

Y muy devoto. 

Y están embriagados de odio, rabia, envidia y miedo. 

Miedo a perder sus privilegios. Miedo a acabar encausados. Miedo a que la verdad penetre por las rendijas de su fortaleza.

Luchemos pues para que se ilumine la fortaleza de Dionisio Sánchez.

Sea con luz, sea con fuego.

El fuego purifica.