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jueves, 30 de mayo de 2024

Proverbios 6:16-19

Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente, El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal, El testigo falso que habla mentiras, Y el que siembra discordia entre hermanos. Proverbios 6:16-19 

 



Como nos explica José Javier Esparza en "No te arrepientas: 35 razones para estar orgulloso de la Historia de España", el inglés Chesterton se pregunta: «¿Ha reflexionado alguna vez sobre lo estupendo que habría sido que Don Quijote echara por tierra los molinos?». Y se contesta: «Necesitamos a alguien que se crea capaz de derribar gigantes. Y que consiga derribar molinos de viento».

Hoy en día podríamos añadir que necesitamos a alguien que se crea capaz de secar y apisonar el fango. Ese barro golpista que Pedro Sánchez, su corrupta esposa y la corte de aduladores, cómplices y sirvientes, han esparcido por toda España y parte del mundo. Y no añado las galaxias, porque alguna ministra se lo podría tomar en serio y lanzar alguno de su cohetes. Cohetes que parecen más ventosidades de una pre-menopaúsica.

Y gracias a Dios, mientras la juventud alienada pierde la sensatez asistiendo a un concierto de la Taylor esa; mientras centenares de miles de subvencionados y colocados rezan por que se mantenga su statu quo; mientras los tres poderes están maniatados y sujetos a los ataques psicóticos del tirano; mientras la prensa comprada oculta la verdad y propaga los bulos del gobierno bananero y dictatorial y, sobre todo, mientras la mitad de la sociedad sigue viviendo en Babia, sin enterarse de nada, disfrutando del paisaje cual burros con anteojeras, existen valientes ciudadanos que están prestos a luchar no sólo contra el fango, sino de atacar hasta el molino más alto, sin miedo a las alturas ni al viento. (Bien se ha visto hoy con las intervenciones de Mariscal Zabala y de Figaredo en el Congreso. Hay cantera, hay futuro).

Y puede ser que aún seamos pocos en número (creciendo día a día, eso sí), pero bien sabemos que las grandes gestas siempre las han protagonizado grupos pequeños, o hasta valientes y osados individuos por su propia cuenta y riesgo. Es más o menos lo mismo que proclamaba nuestro añorado Benedicto VXI: “La verdad no se determina por el voto de la mayoría”, añadiendo yo “ni la victoria por la reacción de dicha mayoría”: no podemos esperar que esa mayoría silenciosa, sumisa, en parte iletrada y en parte adoctrinada, esa lamentablemente gran parte de nuestros ciudadanos babiecos, se alce en armas (en sentido figurado, señor censor), ni aporte ayuda, ni de cobijo, ni alimente a los nobles guerreros que se levanten no contra molinos imaginarios, si no contra golpistas, contra separatistas, contra terroristas y contra los que lo son todo a la vez. Contra este indigno gobierno que hoy ha dado un paso más hacia la completa destrucción de nuestra patria.

No hablo de la Constitución, ni del régimen del 78, ni de los partidos políticos: todo ello son cosas temporales, que llegan, duran más o menos y pasan, como lo nuestro es pasar. Lo único que no puede pasar, que no puede fenecer, es nuestra patria, es España. Significa nuestro pasado, nuestro presente y el futuro de nuestros herederos.

Por ello, ese pasar nuestro no puede limitarse a hacer caminos, caminos sobre la mar: tenemos que derribar muros, cruzar ciénagas llenas de fango, asaltar redacciones y palacios (figurado, Pepillo el censor), y derribar a esos malditos gigantes, que Dios abomina por siete razones, como reza en el encabezado, y que son sin duda las características del principal malvado que tenemos que derribar:  

  •  sus ojos altivos,
  •  su lengua mentirosa,
  •  sus manos derramadoras de sangre inocente (aliado de terroristas),
  •  su corazón que maquina pensamientos inicuos (la falsa carta al pueblo español),
  • sus  pies presurosos para correr al mal (su sumisión a Mohamed, su reconocimiento de Palestina),
  • ser testigo falso que habla mentiras (sobre Vergoña),
  • ser el que siembra discordia entre hermanos

con esta maldita, ilegal y golpista amnistía, promulgada por el simple interés de un déspota.

Y no lo digo yo.

Lo dicen los Proverbios. 6:16-19



jueves, 23 de noviembre de 2023

Aunque tengamos razón

 “Allí donde el mando es codiciado y disputado, no puede haber buen gobierno ni reinará la concordia”.

Platón.


Escudo España Girauters

(Escudo del dictador gentileza de @Girauters)

Nada como leer esta frase de Platón para darnos cuenta de lo cerca que estamos del precipicio. Porque si algo caracteriza al autócrata que manda en estos momentos en España (con el beneplácito de gran parte de la mafia de Bruselas, por cierto, y la aquiescencia de esos luchadores por la libertad que priorizan el cambio de logotipo del Senado a dar la batalla en la calle Ferraz), es su enfermizo amor por dos cosas: el poder y a sí mismo. Como le llama la siempre genial y acertada María López-Brea, “jisperson”. O “Me, myself and Begoña”, como suelo escribir. Y lo de Begoña hasta lo pondría en duda: si fuera necesario sacrificarla, que nadie dude de que la echaría a los perros, y a otra cosa, mariposa. A pesar de la inversión en cirugía plástica realizada en los últimos años. Como ha hecho con cualquiera que haya osado interponerse entre su trono y él. Sean enemigos, amigos, aliados, socios, ministros, militares, policías, fiscales o jueces. O reyes. Porque bien sabemos todos que el siguiente capítulo de esta pesadilla va a ser pedir la cabeza del Rey. Las caras de odio, entre lascivas y malvadas, que pone el demente autócrata cuando tiene cerca a algún miembro de la Casa Real, valen más que mil palabras. O que un diagnóstico psiquiátrico.

Pero aunque tengamos razón en todas y cada una de nuestras quejas acerca de la dictadura que está implantando el psicópata, contrarrestar el poder que ha conseguido el maldito perro con sus malas artes, descabezando el poder judicial, atando en corto el legislativo y con plenos poderes en el ejecutivo, no va a ser tarea fácil. 

Llegar a una dictadura es fácil, visto lo visto, solamente se precisa de maldad, complicidad de los poderes gracias a los peones colocados estratégicamente, el soporte de los medios comprados previamente y la falta de una oposición fuerte. Porque, queramos o no, la oposición hoy en día la tendría que encabezar el Partido Popular, pero ese partido de vida sana y educada, de fruta variada y veranos azules, no se mojará. Prefieren la desaparición de España a quedarse sin sus privilegios y se derriten por ser aceptados por la “izquierda”, son igual de progres e inútiles que sus compinches y amigos del PSOE. Aunque se vistan de montería y monten sus happenings, sus picnics al sol, inundando Madrid con la pestilente bandera de una falsa y corrupta Europa que mira a otro lado, no aportan nada a la lucha contra la dictadura. Véanse si no sus actuaciones en el senado o sus constantes maniobras contra VOX.

Pero lo que es harto difícil es salir de una dictadura. Que se lo digan a los cubanos, a los venezolanos, a los nicaragüenses, a los coreanos del norte o a los chinos. Por no hablar de los países europeos que han tardado decenios en librarse del yugo comunista. Porque una vez alzado el MURO, esa separación entre “buenos” y “malos” cuya construcción ha anunciado sin ruborizarse el déspota, derribarlo se convierte en una misión casi imposible. Si encima los países vecinos, tanto al norte como al sur, pueden beneficiarse de esta situación, como por ejemplo la mandamás Ursula von den Ponys, que necesitará pronto los votos de Sánchez para reafirmarse en el poder, o nuestros archienemigos del sur, los marroquíes, que están disfrutando como locos soltando a delincuentes, inundando las islas y la península con sus sucias y bárbaras tropas, mientras su corrupto e invertido sultán tiene cogido al demente por los cataplines con esa información privilegiada conseguida por sus servicios secretos.

Tenemos, eso sí, al valiente pueblo español, que, como siempre ha hecho a lo largo de la historia, se ha alzado contra el felón, contra la pérdida de derechos, contra el desmantelamiento de nuestro sistema político y contra esa fragmentación de España que tanto le interesa a Europa. Pero este pueblo valiente, noble, que tarde tras tarde inunda la calle de Ferraz con espíritu de lucha, con valentía, con ingenio y con optimismo, no será suficiente para acabar con la dictadura. 

Mal que nos pese, aún somos pocos luchando en las calles. Y tampoco podemos esperar mucho de la huelga general convocada mañana por Solidaridad. Mientras existan los falsos sindicatos UGT y CCOO, los “comegambas”, subvencionados y mantenidos por los partidos para simular una lucha sindical que jamás han emprendido, poco podrá hacer un sindicato libre recién nacido gracias al empuje de los valientes de VOX.

Igual tendríamos que invitar a todos los escolares, estudiantes y a los ingenuos votantes del PP, a que visiten la exposición sobre el Muro de Berlín que está abierta en la Fundación Canal Madrid, creo que hasta mediados de enero.

O que aprovechen su Netflix y vean las excelentes películas “La vida de los otros” o “La revolución silenciosa”. Para que se vayan haciendo a la idea de lo que nos espera a todos si no seguimos luchando sin desfallecer.

Y como decía Chesterton: Si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa.

Hagámoslo pues, a toda costa.

PORQUE TENEMOS RAZÓN. 

“Noviembre Nacional, todos a Ferraz”.



lunes, 6 de noviembre de 2023

A los que estáis haciendo historia

 


Aparte de un grupo familiar y uno anual para el preceptivo e imprescindible peregrinaje por los caminos que llevan a Santiago de Compostela, solamente pertenezco a dos grupos en WhatsApp, llamados “Amigos de España” y “Exiliats a Madrid”. Los miembros de estos grupos son mis compañeros de andanzas desde los años 80, unos aún residentes en Barcelona y otros, como yo, “exiliados” felizmente en Madrid. Y estos grupos son sin duda el pilar de mi vida, ya que representan lo que he sido y lo que soy, algo invariable desde esos ya lejanos años juveniles en los que se forjó el espíritu que nos acompañará el resto de nuestras vidas.

Y en este grupo de amigos y conocidos existen dos denominadores comunes: por un lado el amor a España y por otro el profundo conocimiento de la historia de nuestra patria, desde nuestra época de pujantes provincias romanas hasta el actual golpe de estado que está perpetrando el PSOE, encabezado por el demente que todos conocemos. Y este conocimiento de la historia nos permite entender con claridad lo que está pasando y, sobre todo, intuir lo que va a pasar en un futuro muy cercano. Porque, para desgracia nuestra, la historia de España se repite de forma cíclica, y cada vez que creemos haber llegado a la cima de la montaña con nuestra piedra a cuestas, cual Sísifo, volvemos a rodar ladera abajo para empezar de nuevo el duro ascenso hacia la excelencia, la libertad y la justicia (lo de usar a Sísifo como símil me lo ha inspirado Mariona Gumpert, por cierto, en una más de sus excelentes columnas). 

El grave problema es que una gran parte de la sociedad, sobre todo los menores de 50 años, desconoce nuestra historia, sin duda un hándicap, una desventaja, insuperable. Sin formación no hay opinión que valga, y con nuestra estructura de población, que tiene más de barril estilo Angela “Obélix” Pam que de pirámide, estamos apañados. La mayor parte de los ciudadanos españoles tiene más de 45 años, con un gran peso de los “boomers”, a punto de jubilarse o ya disfrutando del retiro, y este rango de edad implica un desconocimiento absoluto de la verdadera historia reciente de España, tergiversada y manipulada en los últimos 48 años por los aduladores de falsos dioses, por separatistas, por terroristas, por corruptos, por herejes, por los enemigos de la patria, que desde 1978 se han dedicado a tergiversar, blanquear y hasta inventar la historia española, sobre todo la de los siglos XVIII, XIX y XX, a fin de adaptarla a sus oscuros fines (los siglos anteriores al XVIII ni existen para estos enfermos, como es lógico, ya que les desmontaría su relato). De la mayoría de la juventud actual ya ni voy a hablar. Están más perdidos que Alberto Garzón ante una gráfica de barras. 

Esta “nueva historia” oculta, entre muchas otras cosas, los desmanes, conjuras, golpes de estado, sacas, torturas y asesinatos cometidos por el PSOE y el resto de la izquierda e inventa naciones históricas que jamás han existido, y con ello abre de par en par las puertas de nuestros hogares para que se cuelen separatistas, terroristas y golpistas hasta nuestro salón. Y si encima en este salón está sintonizado algún canal de televisión del “sistema”, es decir, todos ellos salvo la honrosa excepción que es “El ToroTV”, apaga y vámonos. Porque no olvidemos que el grueso de la sociedad no utiliza redes sociales, no accede a medios independientes y libres: viven en su inopia manipulados y dominados por el relato interesado de los malos. Los muy malos, bastante más que los “Hermanos Mala Sombra”,que comparados con los actuales y nefastos líderes políticos y de opinión, más bien parecen las Hermanitas de la Caridad.

Pero no todo van a ser desgracias, y aunque sea un triste consuelo, una parte la sociedad, aún insignificante para conseguir restablecer a corto plazo el orden social, la libertad, la igualdad, la justicia y la verdad histórica, se está levantando, está alzando la voz, como bien estamos viendo en las recientes movilizaciones contra el golpe de estado que está perpetrando el PSOE, con la aquiescencia de sus votantes, que eligen a esta panda de delincuentes por filiación, no por convicción, ya que carecen de los conocimientos necesario para discernir qué es verdad y qué es mentira. Esa sindéresis que ni está ni se espera.

Y este alzamiento popular, lejos aún de las grandes gestas protagonizadas por el noble pueblo español (esas hazañas que tan concienzudamente se ocultan en los libros de historia, los documentales, los noticiarios y la prensa), tiene heroicos y valientes protagonistas: periodistas, columnistas, algunos conocidos, otros anónimos, aportan día a día su granito de arena para invertir la actual tendencia, que solamente tiene un triste final: la desaparición de España como nación y la libertad, igualdad y la justicia como valores eternos intrínsecos al ser humano. La lista de los luchadores por la libertad y por España es larga, todos sabemos quienes son, pero permitidme destacar a algunos, como son Juan Carlos Girauta, Javier García Isac, Mariona Gumpert, María López-Brea, Gabriel Albiac, Iván Vélez, Hughes, Carmen Álvarez Vela, María Durán, Julio Ariza, Enrique García-Máiquez, Jaume Vives… y tantos otros luchadores conocidos o anónimos, historiadores, poetas, caricaturistas, músicos, profesores, catedráticos, policías, militares, Guardias Civiles, médicos, curas, monjas, fontaneros, electricistas, albañiles, camareros, transportistas o simples “influencers” en redes sociales, que aportan ese vital flujo de información tan necesario en estos oscuros días que nos ha tocado vivir.

Y en primera fila, en vanguardia, tenemos a los políticos, a los Calvo-Sotelo, José Antonio Primo de Rivera, Melquíades Álvarez o Melchor Rodríguez de nuestros días, los que están escribiendo la gloriosa historia de España de este siglo XXI, que vuelve a poner a prueba la capacidad de los españoles de acabar con el mal. Con el MAL en mayúsculas. Me refiero, como bien entenderá el lector, a los afiliados, dirigentes, diputados y demás cargos electos de VOX, que arriesgando su presente, su futuro y hasta su propia vida, están dando la batalla en las instituciones. Y a las pocas y nobles excepciones del Partido Popular, de lo que fue UPyD, de los “Ciudadanos” primigenios y, si cabe, hasta la contada buena gente que era del PSOE y lo ha abandonado. Los que han visto la luz.

Poco más hay fuera de este pequeño pero valiente ejército de salvación, que es el que tiene que liderar esta nueva reconquista en la que estamos inmersos.

Y que volveremos a ganar, por supuesto. 

Y los subcampeones serán los de siempre. 

Porque el bien siempre triunfa.

lunes, 30 de octubre de 2023

¿Y ahora qué, España?



Después del éxito de participación y del chute emocional que significó la manifestación de ayer en la Plaza de Colón, con cientos de miles de personas luchando por la misma y justa causa,  y encima contra viento y marea, el viento que soplaba ayer en la Villa y Corte y la marea generada por los medios hostiles a cualquier acto en el que participe VOX, muchos nos hemos quedado vacíos, como si de un orgasmo se tratara y de golpe hayamos pasado a un estado de impotencia. Si esto lo escribiera Houellebecq, sin duda incluiría ahora algún tema sexual explicito, pero si ya me da apuro usar la palabra orgasmo, me saltaré esa parte que tanto le gusta al gran escritor y que a mi me pone de los nervios.

Y nos planteamos la gran pregunta: ¿y ahora qué, España? ¿Qué podemos hacer desde la sociedad civil contra una dictadura disfrazada de democracia? ¿Qué herramientas podemos usar, qué teclas tocar, qué himnos entonar o qué armas desempolvar, para defender la unidad de nuestra patria, algo mucho más importante en este momento que cualquier otro “valor”, llámese Constitución, llámese “estado democrático y de derecho”. Porque visto lo que hay, tanto la tan amada y santificada Constitución permite cualquier interpretación si tienes en tus manos el Tribunal Constitucional, como el “estado democrático y de derecho” te permite gobernar a base de decretos leyes o con sucios pactos con terroristas y golpistas que de forma notoria, pública y violenta, combaten ese estado y esa constitución, que simplemente aprovechan para su abyectos fines.

Y al no haber constitución que valga, no estamos ni de largo en un estado democrático y de derecho: estamos sometido a una dictadura de una camarilla de enemigos de la patria, de la unidad de España, que simplemente usan las debilidades de un autócrata enamorado de si mismo, explotando su demencia y su falta de votos, para conseguir sus rastreros, racistas y clasistas objetivos.  En Cataluña, en las provincias vascongadas, en Navarra y próximamente en Galicia y hasta en Asturias.

Porque, seamos realistas, no tenemos mucho que hacer: Europa hace oídos sordos a nuestras peticiones de ayuda ante la involución de Pedro Sánchez, obviamente por el sumo interés de Alemania y de Francia de convertir a España en su “Hinterland”, su granero y refugio particular, donde colocar a millones de falsos inmigrantes, donde arruinar su economía por el “bien común” de su Europa, donde instalar sus mansiones y donde, si no les atamos en corto, reinstaurar el derecho de pernada y llevarse a nuestra bellezas patrias. Todo ello envuelto en su satánica Agenda 2030, panfleto infantil, falso y pernicioso, que acabará con todas y cada una de las nobles e históricas naciones de Occidente. De la Cristiandad.

Descartada Europa, tornemos la vista a nuestra tierra: ¿quién nos ayudará a salir de esta encrucijada? ¿Los partidos políticos al uso? ¿El Partido Popular, que no es más que la hermanastra pija del PSOE? ¿El poder judicial, que ya ni es poder, y ha sido infiltrado, conquistado y capturado por las hordas socialistas? Sin duda tenemos una esperanza, un clavo al que agarrarnos, que se llama VOX, pero sigue siendo un David frente al Goliat que encarna el duopolio PPSOE, más sus accesorios y temporales compañeros de viaje.

Y si ni Europa ni la partitocracia moverán un solo dedo para evitar la fragmentación, la balcanización de España, que tan bien les iría a los supuestos “socios” del norte del Europa, de los medios de comunicación no podemos esperar ni el agua. Empresas en déficit eterno, mantenidas vivas a base de subvenciones y fieles escribanos de lo que mande el poder que las unta, ya hace tiempo que dejaron de ser medios de comunicación libres e independientes. Son la voz de su amo, como lo es el Granma en Cuba o lo fue el Pravda en la URSS. Y los contados medios que alzan la voz, las cabeceras digitales, las radios inconformistas, las nobles fundaciones que luchan por la justicia, la libertad, la dignidad y la unidad de España, o los influencers en redes sociales, pueden animar y apoyar una tímida o hasta notable reacción de los ciudadanos, como bien se vio ayer en Colón, pero siempre se tratará de una minoría. Más aún si los medios silencian sus éxitos. La mayoría de la sociedad, que al fin y al cabo es la que decide el futuro con sus votos, ni está ni se entera. No es consciente de la triste realidad, de lo que se avecina: viven en su mundo, embobados por modas, noticias sesgadas, superficialidades, continuas mentiras tornadas cambios de opinión, hechos insignificantes magnificados y crueles realidades ocultadas. Sometidas a la metodología woke (no es ideología, es una herramienta de manipulación y sumisión) que tanto mal está haciendo en todo el mundo occidental. No hace falta ir muy lejos para darnos cuenta: los falsos relatos sobre la bárbara invasión de falsos inmigrantes o la defensa de Hamas y sus crueles, salvajes e inhumanas acciones, muestran claramente que una cosa es la verdad y otra lo que te cuentan. Esa posverdad que no por prevista se ha impuesto definitivamente.

Como sucede con la ya pactada amnistía, redactada por Conde Pumpido y los suyos y aprobada por un comité federal del PSOE que cada vez se parece más a una sesión del partido comunista chino: el único y supremo líder hablando y las sumisas ovejas balando y aplaudiendo.

Y hasta aquí llego… y me sigo planteando la pregunta inicial: ¿y ahora qué, España?

Pues está claro: a seguir luchando hasta el último aliento. Como llevamos haciendo desde hace muchas, muchas décadas. Y como hacen y seguirán haciendo las personas ejemplares que ayer hablaron en Colón. A todas y cada una de ellas: muchas gracias. 

España está en deuda con vosotros.