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martes, 7 de octubre de 2025

Donde empieza la Reconquista


En el lejano año 722 empezó en Covadonga la primera gran cruzada contra la bárbara y sangrienta invasión musulmana. Algo que hoy en día se oculta a los niños y a los jóvenes, se omite en los libros de enseñanza y, como no, en los medios mainstream sumisos al mal globalista, al buenismo mal entendido y a los intereses de las peores mafias internacionales, la ONU, la UE, el club Bilderberg y demás entes conocidos u ocultos que manejan los destinos de nuestras patrias.

Pero gracias a Dios, la verdad y la historia no se pueden ocultar eternamente, por mucho que lo intenten los enemigos del cristianismo y de la verdadera Europa. Y en estos últimos años, la mecha de la libertad y la justicia ha prendido en las mentes de los europeos, que no son todos aquellos que poseen un documento que les acredita “oficialmente” como ciudadanos de tal país, sino que son aquellos que comparten una misma herencia cultural y espiritual. Y una Fe. 

No podemos desligar a Europa del cristianismo, igual que no podemos eliminar nuestras herencias griega y romana. Y en el caso de España, más aún, si cabe. Porque en esta nuestra santa tierra es donde se gestó y consolidó todo lo bueno que atesora el viejo continente, fundiéndose en el hispanismo avanzado, justo, descubridor e integrador, cuyo objetivo fue y seguirá siendo siempre, la búsqueda del bien, el avance cultural y científico y la implantación de la justicia social. Cualquier otra versión de la historia europea y española, es mentira.

Mentira alimentada por los enemigos de Dios y por los herejes del norte, hoy en día transmutados en absurdas instituciones autoritarias, sucios lobbies económicos y regímenes dictatoriales que desde la lejanía alientan la destrucción social y económica de Europa mientras subyugan y controlan a sus propias poblaciones.

Y ese fuego que empezó en Covadonga, que siguió con las Cruzadas, vuelve a iluminar nuestra vida. Los ciudadanos de Europa han despertado, las campanas tocan a rebato, las trompetas suenan en valles y llanuras, y no vamos a dejar que nos arrebaten miles de años de evolución, de cultura, de avances sociales y culturales, permitiendo la invasión del mal con ridículos pretextos que solamente intentan ocultar la incapacidad de los gerentes actuales de Europa, que parece que solamente están ahí para acabar con nuestra casa común.

Malvados liquidadores de empresa puestos ahí para desmontar todo lo construido durante los dos últimos milenios, para imponer el mal al bien, para crear una sociedad de esclavos a las órdenes de élites económicas que no ha elegido nadie, y que solamente buscan su beneficio personal.

La reconquista empieza conociendo la historia y entendiendo la situación actual, y continúa con la lucha por salvar nuestra herencia, nuestra cultura y nuestra Fe.

Y pasa, sin duda alguna, por la reproducción, por el aumento de los nacimientos, por la correcta educación de los niños y los jóvenes, por la enseñanza de la verdadera historia de Europa y por la lucha por la verdad y la justicia.

La reconquista empieza con Jimena.

Vaya por ella y por sus padres esta pequeña reflexión. 

Felicidades, pareja.

 

jueves, 23 de noviembre de 2023

Aunque tengamos razón

 Allí donde el mando es codiciado y disputado, no puede haber buen gobierno ni reinará la concordia”.

Platón.


Escudo España Girauters

(Escudo del dictador gentileza de @Girauters)

Nada como leer esta frase de Platón para darnos cuenta de lo cerca que estamos del precipicio. Porque si algo caracteriza al autócrata que manda en estos momentos en España (con el beneplácito de gran parte de la mafia de Bruselas, por cierto, y la aquiescencia de esos luchadores por la libertad que priorizan el cambio de logotipo del Senado a dar la batalla en la calle Ferraz), es su enfermizo amor por dos cosas: el poder y a sí mismo. Como le llama la siempre genial y acertada María López-Brea, “jisperson”. O “Me, myself and Begoña”, como suelo escribir. Y lo de Begoña hasta lo pondría en duda: si fuera necesario sacrificarla, que nadie dude de que la echaría a los perros, y a otra cosa, mariposa. A pesar de la inversión en cirugía plástica realizada en los últimos años. Como ha hecho con cualquiera que haya osado interponerse entre su trono y él. Sean enemigos, amigos, aliados, socios, ministros, militares, policías, fiscales o jueces. O reyes. Porque bien sabemos todos que el siguiente capítulo de esta pesadilla va a ser pedir la cabeza del Rey. Las caras de odio, entre lascivas y malvadas, que pone el demente autócrata cuando tiene cerca a algún miembro de la Casa Real, valen más que mil palabras. O que un diagnóstico psiquiátrico.

Pero aunque tengamos razón en todas y cada una de nuestras quejas acerca de la dictadura que está implantando el psicópata, contrarrestar el poder que ha conseguido el maldito perro con sus malas artes, descabezando el poder judicial, atando en corto el legislativo y con plenos poderes en el ejecutivo, no va a ser tarea fácil. 

Llegar a una dictadura es fácil, visto lo visto, solamente se precisa de maldad, complicidad de los poderes gracias a los peones colocados estratégicamente, el soporte de los medios comprados previamente y la falta de una oposición fuerte. Porque, queramos o no, la oposición hoy en día la tendría que encabezar el Partido Popular, pero ese partido de vida sana y educada, de fruta variada y veranos azules, no se mojará. Prefieren la desaparición de España a quedarse sin sus privilegios y se derriten por ser aceptados por la “izquierda”, son igual de progres e inútiles que sus compinches y amigos del PSOE. Aunque se vistan de montería y monten sus happenings, sus picnics al sol, inundando Madrid con la pestilente bandera de una falsa y corrupta Europa que mira a otro lado, no aportan nada a la lucha contra la dictadura. Véanse si no sus actuaciones en el senado o sus constantes maniobras contra VOX.

Pero lo que es harto difícil es salir de una dictadura. Que se lo digan a los cubanos, a los venezolanos, a los nicaragüenses, a los coreanos del norte o a los chinos. Por no hablar de los países europeos que han tardado decenios en librarse del yugo comunista. Porque una vez alzado el MURO, esa separación entre “buenos” y “malos” cuya construcción ha anunciado sin ruborizarse el déspota, derribarlo se convierte en una misión casi imposible. Si encima los países vecinos, tanto al norte como al sur, pueden beneficiarse de esta situación, como por ejemplo la mandamás Ursula von den Ponys, que necesitará pronto los votos de Sánchez para reafirmarse en el poder, o nuestros archienemigos del sur, los marroquíes, que están disfrutando como locos soltando a delincuentes, inundando las islas y la península con sus sucias y bárbaras tropas, mientras su corrupto e invertido sultán tiene cogido al demente por los cataplines con esa información privilegiada conseguida por sus servicios secretos.

Tenemos, eso sí, al valiente pueblo español, que, como siempre ha hecho a lo largo de la historia, se ha alzado contra el felón, contra la pérdida de derechos, contra el desmantelamiento de nuestro sistema político y contra esa fragmentación de España que tanto le interesa a Europa. Pero este pueblo valiente, noble, que tarde tras tarde inunda la calle de Ferraz con espíritu de lucha, con valentía, con ingenio y con optimismo, no será suficiente para acabar con la dictadura. 

Mal que nos pese, aún somos pocos luchando en las calles. Y tampoco podemos esperar mucho de la huelga general convocada mañana por Solidaridad. Mientras existan los falsos sindicatos UGT y CCOO, los “comegambas”, subvencionados y mantenidos por los partidos para simular una lucha sindical que jamás han emprendido, poco podrá hacer un sindicato libre recién nacido gracias al empuje de los valientes de VOX.

Igual tendríamos que invitar a todos los escolares, estudiantes y a los ingenuos votantes del PP, a que visiten la exposición sobre el Muro de Berlín que está abierta en la Fundación Canal Madrid, creo que hasta mediados de enero.

O que aprovechen su Netflix y vean las excelentes películas “La vida de los otros” o “La revolución silenciosa”. Para que se vayan haciendo a la idea de lo que nos espera a todos si no seguimos luchando sin desfallecer.

Y como decía Chesterton: Si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa.

Hagámoslo pues, a toda costa.

PORQUE TENEMOS RAZÓN. 

“Noviembre Nacional, todos a Ferraz”.



viernes, 24 de febrero de 2023

Momentos infaustos de la humanidad

 Ser es defenderse.

(Ramiro de Maeztu).

 

Seamos claros:  todos sabemos que Stefan Zweig no incluiría a Pedro Sánchez, sus palmeros, sus actos y sus años de despropósitos, cuando no traiciones, si volviera a escribir hoy en día su magnífico “Momentos estelares de la humanidad”. Por mucho que el demente presidente por accidente afirme que está haciendo Historia, en mayúsculas. Y Zweig tampoco dedicaría capítulo alguno a von der Leyen y su mafia de Bruselas, a las histerias woke de Kamala Harris, al senil y demente Biden, a los “avances sociales” en China de la mano de Xi Jinping o a la marioneta Zelenski y la sucia guerra entre Rusia y Ucrania.
Las cosas como son: no veo a ninguno de estos personajillos, sus mentiras y desvaríos, compartiendo páginas con Cicerón, Händel o Núñez de Balboa. Por citar algunos de los protagonistas de dicha magnífica obra.
Por desgracia para todos nosotros, todos esos logros de la humanidad, pensamientos, monumentos, inventos, derechos, descubrimientos, obras artísticas o avances tecnológicos, están consumiéndose lenta pero inexorablemente en la hoguera ya no de la vanidad de unos cuantos, sino en las brasas de la estulticia, la maldad y la demencia generales. Como ya comentaba en alguna columna anterior, la kakistocracia o timocracia que nos desgobierna en Europa y en España, junto a la tan nefasta influencia de los nuevos EE. UU. más desunidos que nunca y en manos de dementes woke y sus múltiples religiones que no tienen ni pies ni cabeza (ahora que se ha acaba de publicar una nueva biografía del general Lee,  no me cabe la menor duda de que muchos estadounidenses aplaudirían con entusiasmo su resurrección), esta conjunción de imbéciles, lerdos, comunistas iletrados, narcisistas obsesionados, narcos, nacionalistas estafadores, multimillonarios globalistas tecnológicos seguidores del Gran Hermano y separatistas golpistas, están acabando con todo y con todos.
Estas últimas semanas están propiciando un reguero continuo de despropósitos, desplantes, corruptelas, incapacidades, errores legales, manipulaciones y mentiras, que da miedo pensar todo lo que nos queda por ver antes de que se acabe esta pesadilla del gobierno “frentepopulista” encabezado por un enfermo y compuesto por floreros obedientes por un lado y necesarios, por chantajistas, por el otro. Pero floreros también, que nadie piense que alguno de los ministros de cuota de Potemos está ahí por sus méritos. A no ser que la promiscuidad, la zafiedad o la incapacidad intelectual otorguen puntos para llegar a tan alto cargo. Algo que, por cierto, sí que ha quedado demostrado si bajamos al nivel de los “Secretarios de Estado”. A esa cota jerárquica tenemos, por desgracia, a la “crème de la crème” de la selección nacional de enfermos mentales, vagos y garrapatas que están destrozando nuestra Patria. Pensad en los deshechos humanos Pam o Lilith, por ejemplo. Sin comentarios.
En estos momentos tan poco estelares de la humanidad que estamos viviendo, las pesadillas ya no nos acompañan solamente de noche, sino que copan también nuestras fases de duermevela y el resto de nuestra jornada en la que estamos despiertos, aunque día sí, día también, preferiríamos volver inmediatamente a los brazos de Morfeo. Da miedo, por lo menos a aquellos que andamos preocupados por el presente y futuro de nuestra sociedad, levantarse, asearse, desayunar, abrir la prensa y ver los hechos acaecidos desde que nos acostamos la noche anterior soñando con una España mejor.


Si no es el Tito Berni repartiendo viagras, cocaína y pases para un polvo con Maruja la cachonda (con permiso de Don Joaquín Sabina, claro está, más aún cuando ha visto por fin la luz ante la inhumanidad que está acabando con todo lo que él ama y que tan bien nos ha cantado en los últimos decenios), son los contratistas de RENFE y ADIF y sus extrañas mediciones, que huelen más que a errores humanos a un sucio trueque con trenes útiles sacados de Cantabria y Asturias y regalados a Cataluña a cambio de votos; si no son la nada delgada Pam negando la mayor o la despechada Irene engañando a los delegados de la Comisión Europea, son los viajes publicitarios, los egotrips, de Pedro Sánchez a una Ucrania que una parte de su gobierno considera enemiga, encima teniendo la osadía de comparar esta guerra con la Guerra Civil española (cuando en esa triste confrontación, la ayuda internacional fue inmediata y básica, y encima el bando de Pedro el Ignorante era el contrario, era el maldito comunismo de la mano del golpismo de su propio partido, el sucio PSOE encuadrado en el frente popular, léase los amigos de Putin hoy en día); si no es Marlaska denigrando a la Guardia Civil y a los funcionarios de prisiones, son sus socios separatistas encarnados por Miriam “la de la boca  suelta” Nogueras, ofendiendo a toda una nación apartando la bandera de España en una rueda de prensa.
Y así, día tras día. ¡Qué triste y desesperante ver que un país como España, con paisajes tan maravillosos y variados, esté ocupado por un paisanaje que parece sacado de una novela de terror!
Y que encima vengan de Europa los inspectores Clouseau de turno, lo vean, y se vuelvan a casa como si nada, como si España estuviera en manos de personas cabales, preparadas, sinceras y sensatas y supiéramos con claridad que se ha hecho con los fondos de reconstrucción europeos, hasta el punto de irse casi convencidos de la bondad y corrección de las leyes del “Sí es sí”, la “ley Trans”, la “Ley de protección animal” (que como era de esperar excluye a los corderos degollados en público en la Fiesta del Sacrificio de los bárbaros invasores, no vaya a enfadarse Mohamed VI el beodo),  o de la legalidad del asalto social-comunista al Tribunal Constitucional. Porque la ligera regañina de Monika, teniendo en cuenta la gravedad del asunto, no es de recibo. Será que en el fondo obedecen a los mismos amos y todo ha sido una burda escenificación para acallar cualquier protesta, auditoría o investigación seria e imparcial. Como se diría tirando de nuestro rico refranero: bailando al son que les tocan. Mi confianza en la Comisión Europea es nula, como bien se entiende, aunque espero que en esta ocasión tomen cartas en el asunto. Por soñar que no quede.

Algo le echarían en el cacao a Monika Hohlmeier y sus colegas para que se fueran sin pedir acciones inmediatas y contundentes contra este gobierno. Quien sabe, igual el Tito Berni tiene su equivalente femenino, una Tita Conchi, para ofrecer sus servicios a las féminas, una conseguidora presta a regalar felicidad alimenticia y sexual a quien sea necesario a cambio de su cómplice y delictivo silencio.

¿Y qué podemos hacer? Pues luchar.

Como bien continúa la cita de Maeztu del inicio de mi artículo:
Todo lo que vale: la fe, la patria, la tradición, la cultura, el amor, la amistad, tiene que ser defendido, para seguir siendo.

Ser es defenderse.


Ilustraciones gentileza del artista Mr. Jones ©

 


miércoles, 1 de diciembre de 2021

Ante la próxima Navidad

Si fuera un borrego descerebrado de esos que hoy en día pueblan este antaño próspero, creyente, trabajador y culto continente llamado Europa, tendría que haber titulado este comentario “ante las próximas fiestas”. Porque como bien sabéis la Comisión Europea intentó ayer (por el 30 de noviembre) desterrar la palabra Navidad y obligarnos a usar en cambio algo tan genérico como “fiesta”. Suerte que el tiro les salió por la culata: ante la avalancha de lógicas protestas han retirado el folleto que contenía tamañas estupideces (¿cómo justificarían sino sus felicitaciones “oficiales” por el Ramadán, el Año Nuevo Chino, las Luminarias judías o el nacimiento de Luke Skywalker?). Aunque sea para la galería y en breve los malos vuelvan al ataque con sus demencias encaminadas a acabar con nuestra herencia cristiana e imponer su nueva cosmovisión totalitaria. De eso no nos salva ni el tato. A no ser que nos levantemos de una vez, al unísono, emulando a Polonia y Hungría, y echemos de nuestras vidas a la maldita ralea que puebla los despachos de Bruselas, Estrasburgo y demás sedes de la secta globalista.

Una Navidad que se avecina con las ya conocidas preocupaciones de gran parte de nuestra sociedad: la grave situación económica, el constante dislate con la supuesta pandemia y sus incongruentes, infundadas e ineficaces medidas para combatirla y la creciente inseguridad en nuestras calles. Casi nada. Los pilares de nuestra existencia, la libertad, la salud, la cobertura económica y la seguridad, están en juego y todos nosotros somos funambulistas viendo el cercano y profundo precipicio en un cada vez más difícil equilibrio. Equilibrio físico y psicológico. No llegamos a fin de mes, no comemos lo que nos apetece, no visitamos a nuestros familiares y amigos, no nos sentimos seguros paseando por las calles, no calentamos la casa lo suficiente para sentirnos abrigados…, en resumen, no vivimos. Porque languidecer bajo un régimen autoritario, con el miedo metido en vena en generosas y diarias dosis, con los acreedores haciendo cola en la puerta, con las vacunas caducando y nuevas apareciendo día sí día también, con hambre, sed y frío…no puede llamarse vivir. Digo yo.

Pero aún hay algo peor a todo esto: nuestra propia culpa. Porque si lo analizamos con objetividad, la culpa de la propia sociedad occidental de todo lo que está sucediendo es clara. Y demostrable. Datos y no relatos. El buenismo, el igualitarismo, el falso progresismo y el globalismo han ido minando poco a poco todas las bases de nuestra sociedad, desapareciendo con ellos los valores fundamentales necesarios para garantizar la supervivencia de una cultura avanzada: la unidad, la solidaridad, la caridad, la fe, la laboriosidad, la fidelidad…, tantas piezas necesarias y ya inexistentes, que al final va a ser imposible recomponer el puzle, lo que significa un desastroso presente y un mucho peor futuro para todos nosotros.  

“…Y al llegar aquí (los inmigrantes) ¿qué ven? El caos de un mundo sin principios, sin autoridad, sin decencia. Y hacen lo que no hacemos nosotros, naturalmente, y violentan toda esta podredumbre nuestra. Violencia que nos subleva, pero a la que no tenemos nada que oponer: ninguna verdad, ninguna…”.

Esto anterior es parte de un  hilo en Twitter de nuestro admirado Coronel Pakez. Léanlo si les place y lo verán todo más claro.

Somos nosotros mismos, cada uno en su justa medida, que hemos permitido los desmanes de una burocracia europea dedicada al bien de unos pocos a costa de la larga y fructífera historia del mundo occidental.

Somos nosotros mismos los que miramos a otro lado cuando los inmigrantes ilegales cometen delitos, no vaya a ser que nos traten de racistas.

Somos nosotros mismos los que sucumbimos ante viernes negros consumistas, martes combativos a favor del colectivo del abecedario, miércoles del tofu en salsa y sábados de burdo y soez sexo televisado.

Somos nosotros mismo los que toleramos que nos gobiernen mentirosos compulsivos y que tengamos parlamentarios maleducados y altamente limitados intelectualmente como por ejemplo Rufián. Por citar al gordito líder de la banda de despreciables garrapatas.

Somos nosotros mismos los que no leemos, no comparamos, no analizamos, no pensamos y no protestamos.

Somos nosotros mismos los que hemos renunciado a ser personas y hemos preferido ser ovejas en un redil bien alto y vigilado.

Somos nosotros los que nos hemos suicidado lenta pero inexorablemente.

 

 

viernes, 9 de julio de 2021

El circo de la tristeza

Todos recordamos el show “Alegría”, uno de los espectáculos más conocidos del “Cirque du Soleil”, creado en 1984 y convertido en una multinacional del circo, montaje espectacular que como casi todo llegó con unos cuantos años de retraso a España, como en su momento el show de “Viva la Gente”, los Harlem Globetrotters, los preservativos de colores o las cadenas de comida basura como McDonalds y similares.

Ese desfase temporal entre la llegada a Europa de algo nuevo y su penetración en España se ha ido reduciendo conforme han pasado los años desde el advenimiento de nuestra ¿democracia?, aunque sinceramente tengo mis dudas si esto es positivo o negativo. Porque mucho de lo que vamos importando del mundo globalizado y uniforme como simples consumidores sumisos de breves modas y cortos relatos, bien podrían habérselo quedado. O todo.


Lo que sin duda y lamentablemente llega con inmediatez a nuestra piel de toro es todo lo maligno. Somos como un imán que atrae todos los males: la falsa, subvencionada y planificada inmigración, la vergonzosa deformación del lenguaje, la imposición de las locuras de género, la música basura, la carne artificial, las inventadas catástrofes climáticas, las infinitas variantes de los virus artificiales o la banalización del sexo y el desprecio de la familia como unidad básica y fundamental de nuestra sociedad. Por citar algunas de las plagas globales que nos acechan y que ojalá tuvieran ese desfase, esos años de carencia, que disfrutábamos años ha. Más felices, sanos y unidos viviríamos. Sin duda.

Esa Europa que cada vez tiene menos que ver con lo que fue, esa civilización occidental ahora empeñada en suicidarse ante el globalitarismo: ese maldito “ismo”, es decir, esa imposición de “su globalización”, como el feminismo, el LGTBIQ+ismo y su demente relato, el oenejetismo y su falso altruismo “Made for Instagram” o el naZionalismo con su vomitiva y supuesta superioridad cultural o racial. Todos estos “ismos” totalitarios, déspotas y retrógrados. De ahí que siempre llame “regres” a los supuestos “progres”, aunque ellos sean incapaces de entenderlo. Algo que siempre me hace recordar unos de nuestros cánticos de juventud: “Contra la derecha, revolución, contra la izquierda, educación”. Viendo a los hermanos Garzón (que poco tienen que ver con los ilustres hermanos Pinzón), lo de la falta de educación salta a la vista.

Ese (no)pensamiento único que poco bueno está aportando a la unidad política y económica llamada como la hija más bella de Agenor, rey de Tira. O quién fuera, porque del origen etimológico de la palabra “Europa” hay más versiones que del "Yesterday" de los Beatles. Que ya son versiones.  Claro que, si las influencias que llegan a nuestra patria fueran de países punteros en la defensa de los valores occidentales y cristianos, como Hungría, Polonia o Eslovenia, aún podríamos apreciar el hecho de ser parte de Europa, pero por desgracia nos es así: lo que nos llega y se nos impone son las locuras y los desvaríos de los mafiosos de Bruselas, con sus países herejes, sumisos y cómplices, encabezados por Alemania, Francia, Bélgica, Holanda y el resto de bárbaros del norte.

Ver todo este declive social, cultural, moral y espiritual, está generando una gran tristeza en aquellas personas (que las hay) que han dedicado su vida a luchar por algo más que sus propios intereses. Ciudadanos concienciados que han batallado por una sociedad culta, justa y libre, aunque con tal de que fuera culta lo demás seguiría de forma natural. De ahí que ya no haya que aprobar para pasar de curso u obtener un título. Tontos y sumisos nos quieren.

Y ahí estamos, en ese circo de la tristeza en el que somos los apesadumbrados payasos, las fieras amaestradas, los mimos sin voz ni voto. Un desgraciado espectáculo al que asisten alborozados en una de las gradas los espectadores islamistas, en la de enfrente dictadores de todos los colores, razas e ismos conocidos y ocupando el resto del aforo los felices chinitos, viendo como Occidente se desgañita en números circenses sin entrenamiento previo y sin red que les proteja. Bien separados en la grada, cada uno de estos colectivos sometido a su absolutismo local, pero unidos en el objetivo de acabar con más de 3.000 años de evolución social y cultural de Occidente y devolvernos a la Edad del Cobre, como mínimo.


Ojalá volviera a ser Zeus el que raptara a Europa. Y no toda esta banda de malnacidos.


 

¡Despierta, España! ¡Despierta, Europa!

 

 

martes, 21 de noviembre de 2017

Los siete pecados capitales del separatismo

Cave, cave, Deus videt

(Y por ende del populismo, tendría que añadir al título. Que ambos cánceres vienen a ser lo mismo en muchos aspectos. Pero se me iba en longitud).

Hace siete años escribí un artículo que versaba sobre uno de los pecados capitales: en concreto hablaba de la soberbia, en contraposición al carisma y la humildad. Y por desgracia,  estos últimos siete años (siete como los pecados capitales) han sido tan nefastos en lo que concierne a los valores, la política y el proceder de nuestros supuestos líderes, que me veo obligado a escribir sobre todas dichas maldades de un solo mazazo. De pegar un golpe sobre la mesa como el que habría que dar de una santa vez para acabar con el destrozo paulatino de nuestra patria y de nuestra sociedad. Y no hablo de un golpecito, casi una caricia, aplicando de forma limitada y de cara a la galería el artículo 155 de la tan magnificada Constitución, tal como está haciendo el Partido Popular con el apoyo del PSOE y de Ciudadanos.  Eso de poco nos va a servir. De aquí a menos de un mes volveremos a estar igual. O peor. Con los partidos políticos luchando por los votos y las prebendas asociadas, con los separatistas y populistas embaucando a la gente y con el sufrido pueblo español languideciendo bajo el yugo  de la mentira, de la manipulación en los medios, del capital de oscura y sucia procedencia, de la corrupción y la fraudulenta venta de bancos bajo mano y de la maldita unión europea, que de unión tiene bien poco… y de europea aún menos.

Resumiendo: en vez del tan castizo y patrio “Seis toros seis” que solíamos ver en los carteles de las corridas de toros, hoy en día proscritas en gran parte de nuestra querida península, por desgracia nos toca decir: “Siete pecados siete”.

Aclaración: para todos aquellos que desconozcáis de que va todo el tema de los pecados capitales (y por qué no, también para los que sois muy pecadores), aquí tenéis un buen resumen en la Wikipedia.


Al lío.

La soberbia

Que os voy a decir que no sepáis. El comportamiento soberbio de todos los líderes separatistas (como el de los golfos y guarros populistas de Podemos, pero de esos intentaré no escribir hoy, que tengo el estómago un poco sensible) está fuera de toda duda. Salvo que mires TV3%, claro está. En ese caso seguro que los pintan a todos de modestos, humildes y buenas personas. Nada más lejos de la realidad. Pocas veces hemos asistido en la historia de España a tanta chulería, tanta prepotencia, tanto clasismo y tanto racismo como en estas últimas semanas. Fuigdemont y sus múltiples y constantes sandeces e insultos, Nuria de Gispert y su
patético “¿Por qué no vuelves a Cádiz?” dirigido a la amiga Inés, o las muertes “evitadas” por el sacrificio de la plañidera Marta Rovira, por cierto hija de alcalde franquista, aunque los medios afines la llamen la “Princesa Vigatana”. Pues vaya princesa se han buscado. Con un curriculum como “para ponerse a temblar”, como bien decía Xavier Rius hace unos días. Sin olvidar a la madre superiora Ferrusola y su "el español es la lengua de los pobres y las chachas”. Soberbia es poco.

La avaricia

“En 18 meses dejaré mi escaño para regresar a la República Catalana” dijo el bufón mayor del Reino, el  despreciable Gabriel Rufián, en diciembre de 2015. Y desde ese mismo día todos sabíamos que no iba a renunciar a sus 5.947 euros brutos al mes (más 1.823 para gastos, libres de impuestos).  Al igual que su compadre, el rural Joan Tardá, que usa la burda excusa de la anexión pendiente de Baleares y Valencia para justificar lo de “estar a la sopa boba” todo el tiempo posible.

Por no hablar de los “botiflers” traidores como Carme Forcadell, el dúo Tururull o el mayor Trapero, que con tal de seguir chupando del bote han renunciado a las primeras de cambio a sus principios y altisonantes proclamas y han jurado y perjurado a diestro y siniestro, sometiéndose a cualquier ley, norma o imposición “española” con tal de no perder sus privilegios. Como se bromea por ahí solamente les ha faltado besar la bandera de España y soltarse por bulerías.

Todos ellos fieles seguidores del paterfamilias y sus cachorros, léase Jordi Pujol, su cornuda esposa y sus vástagos ladrones. Con ellos empezó todo, como se suele decir. Y sus herederos van camino de superar todo lo malo hecho por los progenitores. Gracias a Dios ya tenemos a uno en el “resort” de Soto del Real. Pero faltan los demás. Y quedan camas. Como en la ciudad de Barcelona, donde gracias a la vaga e inútil Ada Colau la “okupación” hotelera está cayendo por momentos. Otra que se merece un artículo especial. Dadme tiempo.

La lujuria

Este pecado capital quizás sea sobre el que menos puedo hablar. Tampoco es un tema en el que me quiera meter, allá cada uno con sus vicios, enfermedades y desvíos. Pero conociendo las historias del capo Pujol, que después de engendrar siete hijos (me parece que el número siete me persigue, tendré que pillar lotería con esta terminación) se echó una amante y se fue a vivir con ella al Palau, o de la esposa despechada de su primogénito, que ni corta ni perezosa destapó el flujo de billetes de 500 € hacia Andorra, que queréis que os diga. Cuando el río suena…

La ira

¿Cuántos ataques de histeria, tanto individual como colectiva, hemos presenciado en estas últimas semanas? Las caras cargadas de odio, la baba espumosa brotando de sus bocas cual las poco mágicas fuentes de Montjuich, los aspavientos, las manos alzadas, los insultos y el menosprecio a todo lo que se les antojaba contrario a sus ideas, han sido por desgracia (y seguirán siéndolo, no lo dudéis) una constante en estas fatídicas jornadas que hemos pasado. Frente a la templanza, la paciencia, la contención o la mesura que han aplicado el resto de intervinientes en esta tragicomedia, hemos soportado patéticos ataques de rabia de muchos de los personajillos ya nombrados. Imposible listarles a todos. Bueno, sí que se podría. Bastaría con coger las listas electorales de los partidos “enfermos”, empezar por el candidato número uno y acabar con el de la cola. El clásico invitado estrella que por cuatro duros permite que impriman su nombre en la papeleta. Por ira. Y por dinero (ver avaricia, un poco más arriba).

La gula

Frente a la gula el valor cristiano es la templanza. Es decir, una moderación en la atracción de los placeres, con el dominio de la voluntad sobre los instintos. Anda. Me suena mucho. Y como no podría ser de otra manera, me vienen a la cabeza varias escenas harto vistas: el cambio físico del omnipresente Rufián desde que se mueve por Madrid cargado de euros, las recientes comidas del enfermo Fuigdemont y los 5 en Bruselas, las paellas en casa de Rahola con el “Let it be” de los Beatles a los postres o los recientes “encierros” separatistas en algunas poblaciones catalanas como Rubí, que acabaron en grandes comilonas a costa del erario público.
O casos extremos como las “supuestas” huelgas de hambre de frikis separatistas, con horarios de oficina en el caso de un “enfermo prusesista" barcelonés que dejó de comer entre las 10 y las 14 horas y las 16 y las 20, o el esperpéntico “ayuno a favor de los presos políticos” por turnos que tienen montado en una parroquia de Cornellá del Llobregat. Como ya puse en un tuit el pasado día 10 de Noviembre: ¡Qué originales y sacrificados! Si es lo que hacemos cada día en casa: desayuno, huelga, almuerzo, huelga, merienda, huelga, cena, huelga y repetimos”. 
En resumen, todos siguen comiendo a destajo. Es decir, pecando.

La envidia

Mucho podríamos hablar de este pecado capital, al que se contraponen en la fe cristiana la empatía y la amistad. Y no nos costaría mucho encontrar ejemplos en el quehacer, el hablar, el calumniar o el inventar de los actores de este maldito proceso separatista que nos tiene hasta los mismísimos a todos. Valgan como muestra las locuras de los nuevos historiadores, con Jordi Bilbeny al frente del “Institut Nova Història”, que conforme pasan los días acabarán convirtiendo cualquier personaje, invento, descubrimiento o hazaña de los últimos 20 siglos en algo auténticamente catalán. Como ha sucedido esta misma semana, en la que han descubierto en Burgos los supuestos restos de la casa del Cid Campeador, saltando rápidamente los acólitos de la manipulación de la historia afirmando que el Cid era catalán, como no. Historia “a lo bestia” como bien titulaba hace pocos días su artículo Luciano Alvarez en “El País”. O el otro loco que hace bien poco afirmó que la “civilización catalana” es la que perdurará en el tiempo frente al resto de culturas “inferiores”. Lo dicho. La envidia les corroe. Y visto lo anterior, les vuelve locos. Muy locos.

La pereza

Pereza me da volver cada día sobre el mismo tema. Y tener que hablar siempre de los mismos. Pero es que me lo ponen a huevo. La diligencia, el contrapunto al no hacer nada, ya no es solamente una virtud, cristiana o no. Es una obligación. No puedes pasarte toda la vida sin pegar ni sello, haciendo “pellas” como los diputados de ERC y PDeCAT en el congreso. Ay Rufián, que pecas más que un Fistro Pecadorrr (Ciudadanos, por cierto, ha pedido que se les retire el sueldo, pero por ahora el resto de grupos hacen oídos sordos: no vaya a ser que les empiecen a fiscalizar su trabajo y tengan que aportar algo a la sociedad, como hacemos los demás mortales). 
Y no queda ahí, si cogemos los “curriculum vitae” (el plural va así, que nadie se le ocurra corregirme con un curricula) de los protagonistas de esta maldita telenovela barata y zafia llamada el “Prusés”, llámense Pujol, Colau, Rufián, Ernest Benach, Tardá, Marta Rovira, Pisarello o Anna Gabriel, nos puede dar un espasmo a más de uno. Entre todos no llenarían ni el formulario inicial de Infojobs. Y ya no te digo cuantas ofertas de trabajo les aparecerían de forma automática. Por no hablar que les llamara algún cazatalentos, o headhunter como les gusta decir hoy en día a los cosmopaletos. 
Como mucho podrían recibir una visita de los Cazafantasmas. Y no les iría nada mal acabar enjaulados en una pequeña cajita, sin nada que comer, ni posibilidad de insultar, robar, inventar, envidiar, denigrar o copular.

Y no hablo de las ridículas jaulas instaladas en Vich para disfrute de unos y vergüenza de todos. 

Hablo de jaulas de verdad.

Que bien se lo merecen.

Por pecadores.


Cave, cave, Deus videt




viernes, 9 de junio de 2017

Discurso a los idiotas de España

Preámbulo:

Ahora que he llegado a esa edad que Platón consideraba la idónea para gobernar, como bien puntualizaba Joaquín Leguina en su artículo del día 8 de Junio pasado, me permito lanzar al viento (porque llegar a una gran audiencia en este país se me antoja harto difícil, más aún si el texto se extiende más allá de medio folio), estas reflexiones, que no son más que un compendio de lo que pienso, siento y deseo. Y de la verdad que nos rodea. Por mucho que los vendidos medios de comunicación os quieran lavar la cabeza y mientan en la mayoría de los casos.

A muchos de mis fieles lectores os sonarán bastantes temas, ya que es una letanía que llevo cantando desde joven (y replicando en este blog desde el año 2004), por lo que os pido disculpas por ser pesado y repetitivo. (Siempre podéis dejar de leer en este momento y luego decirme que os gustó mucho mi artículo. No pienso preguntar por su contenido ni examinar a nadie). Pero esto es lo que hay, nuestra España está hecha unos zorros y la sociedad occidental en un tris de desaparecer en aras del beneficio económico de las multinacionales, los bancos y las sociedades opacas (y hasta secretas), cuya complicidad con la inmigración masiva (necesaria para mantener sus expectativas de beneficio) está fuera de toda duda.

Y sabedor de que lo que yo piense, escriba o proclame a la mayoría de la sociedad ni le llegará, a los “milennials” les entrará por un oído y les saldrá por el otro (¿Cómo van a escuchar los “milennials” la opinión de un “milenario"?), y a los pocos que lo lean muchas de mis afirmaciones les parecerán exageradas,  por lo menos me quedaré con la satisfacción de haber intentado abrir los ojos a algún que otro lector perdido en esta España adolescente en la que hoy en día “.. un macho alfa del tres al cuarto pretende enseñar al mundo que su corta vida, su escaso esfuerzo intelectual y su mínima experiencia le avalan para echar abajo la Constitución y las leyes.” (Leguina dixit). Y con ello cargarse siglos de nuestra noble e imperial historia patria.




Que en España no van bien las cosas, al parecer desde tiempos remotos, lo saben ya los españoles desde que nacen. Hay y existen mil interpretaciones, mil explicaciones, acerca de los motivos por los que España camina por la historia con cierta dificultad, con pena y sin gloria. Es hora de renunciar a todas ellas. Son falsas, peligrosas, y no sirven en absoluto de nada. Bástenos saber que sobre España no pesa maldición alguna, y que los españoles no somos un pueblo incapacitado y mediocre. No hay en nosotros limitación, ni tope, ni cadenas de ningún género que nos impidan incrustar de nuevo a España en la Historia universal. Para ello es suficiente el esfuerzo de una generación. Bastan, pues, quince o veinte años.

Idiotas. Hace pocos meses titulé un artículo mío “Imbéciles”. Tanto monta, monta tanto. La absoluta mayoría de nosotros, españolitos de a pie, lo somos. Idiotas e imbéciles. O cualquiera de los sinónimos que nos ofrece nuestra rica y querida lengua para describir a personas carentes de intelecto: babieca, memo, bobo, pasmado, pazguato, papanatas, tontaina, bobalicón, estúpido, majadero, simple, tonto, patoso, tarado, gaznápiro, memo, palurdo, ceporro, lelo, torpe, necio, ignorante, inculto, rudo, adoquín, zote, zopenco o zoquete. (Igual convendría incluir una adenda al DRAE con nombres de “influencers” actuales como ejemplos de idiota, para que podamos entender mejor a lo que me refiero: Pablo Iglesias, Irene Montero, Rita Maestre, Gabriel Rufián, Echenique, Kichi, Willy Tolerdo, Albert Rivera, Puigdemont, Mariano Rajoy, Borbones y Bardems varios, Wyomings y similares, Rahola, Lucía Caram, en fin, una lista interminable). 

¡No será por nombres y sinónimos que me quede sin definir la triste esencia de nuestra sociedad! Para algo tenemos uno de los idiomas más ricos y completos del mundo, aparte de ser la segunda lengua más hablada del planeta. Aunque vistas muchas de las recientes adiciones al diccionario de la Real Academia, igual el español deje de ser una lengua rica y propia y pase a ser un batiburrillo de extranjerismos tan propios de la perniciosa globalización en la que estamos inmersos. Para no hablar de la discriminación, cuando no eliminación, de nuestra lengua común en alguna de las taifas de esta nuestra tierra tan querida, que tanto costó reconquistar y unir y que están malvendiendo a precio de saldo los ladrones de turno.

Somos ceporros hasta el punto de que nos hemos dejado convencer de que no somos nadie, de que nuestra existencia como nación, como Patria, es una quimera. De que todo lo serio, valioso y duradero se cuece fuera de nuestras fronteras, allende los Pirineos o más allá de los mares que bañan la Piel de Toro. De que lo único importante en esta vida es sobrevivir, si puede ser sin trabajar demasiado, usando la picaresca española como alibi continuo. Sin ningún aliciente más que conseguir llegar a fin de mes, de disfrutar de alguna tarde al sol sentado en el chiringuito de la playa, de echar un polvo aunque sea sin amor y de verlas venir a partir del siguiente lunes. Y al siguiente viernes, más de lo mismo. (Si no media un partido de fútbol, que en eso sí que somos líderes absolutos). 

Solamente nos falta la renta social garantizada para que el suicidio colectivo sea un hecho y España como nación desparezca de la faz de la tierra. Porque de los libros ya desapareció hace tiempo, como bien se puede comprobar en el material educativo de los colegios en muchas partes de España. En Cataluña, en las islas Baleares, en las Vascongadas, en Navarra y próximamente en Andalucía, la historia que se les explica a los más jóvenes no tiene absolutamente nada que ver con la realidad, son adaptaciones oportunistas para justificar los trapicheos y las carencias culturales y sociales de los gobernantes actuales. De esos millones de “políticos” inútiles que pululan a nuestro alrededor sin to ni son, restando en vez de sumando. Pero viviendo como reyes. Así nos va.

Y todo esto viene de lejos. Hablamos de los siglos XV al XIX. Cuatro siglos que marcaron nuestra historia en lo bueno y en lo malo. Son cuatro siglos en los que el resto de las potencias mundiales (“occidentales” para ser más exactos) se dedicaron de forma maliciosa, organizada y estructurada a echar pestes sobre España, sobre el Imperio Español, sobre nuestros logros, nuestra hegemonía militar, cultural y espiritual, con el único fin de arañar un poco (o la mayor parte) del pastel y superarnos cultural, militar y económicamente. No me extenderé en los detalles de estas campañas, para ello simplemente os recomiendo leer el excelente libro de Maria Elvira Roca Barea titulado “Imperiofobia y la leyenda negra”. Una obra maestra, sin duda, en la que la autora desgrana los tejemanejes, las mentiras, las envidias y las conspiraciones de nuestros “amigos” europeos, en especial Francia e Inglaterra, a fin de maquillar su historia y mancillar la nuestra. Acciones todas ellas que simple y llanamente pretendían acabar con todo lo bueno que significó el imperio español y con ello alzarse a las posiciones dominantes en la Vieja Europa.

Pero lo peor de todo no estriba en que los “enemigos” se inventen historias y creen leyendas negras, eso es parte de la guerra (sucia, pero guerra al fin y al cabo) entre naciones, lo realmente trágico es que a base de insistir hayan conseguido que nosotros mismos, los españoles, nos lo hayamos creído. (Y no viene de ahora: bien claro queda en la cita inicial de este escrito, extraída, como la mayoría ya sabéis, del “Discurso a las juventudes de España” de Ramiro Ledesma Ramos, del año ¡1935!).

La manipulación llega hasta tal punto que cualquier ciudadano europeo aún hoy en día, en pleno Siglo XXI, se cree a pies juntillas las barbaridades que franceses, holandeses o ingleses llegaron a inventarse (y siguen, y siguen) sobre nosotros y nuestra tierra. O que donnadies separatistas y nacionalistas de nuestra propia patria hagan uso de esa leyenda negra buscando con ello su propio beneficio. No creo que haga falta nombrar a todos los merluzos que nadan por esas sucias aguas de los nuevos reinos de Narnia insultando a España, a su historia, a su herencia cultural, intentando separar su propia evolución histórica y su pertenencia natural a la nación española con argumentos simplistas, cuando no inventados (con el ínclito “Institut Nova Història” como editor de la nueva enciclopedia de la historia apócrifa) , como si fueran los redactores de burdos tabloides ingleses. Con tal de poder robar un poco (o un mucho), declararse superiores al resto de ciudadanos de España y poder con ello vivir a la sopa boba, se las trae bien floja cualquier razón, cualquier estudio serio, cualquier hecho real y probado que tiraría por la borda sus infantiles argumentos.


España ha sido dirigida y gobernada por gentes, grupos e ideas a quienes caracteriza una mentalidad de liquidadores, de herederos y de cobardes.

Aquí tenemos otra frase lapidaria del ya nombrado discurso de Ramiro Ledesma Ramos. ¡Qué actual suena verdad! Nadie diría que estemos ante unas palabras escritas hace 82 años. Pero por desgracia es así. Ochenta y dos años perdidos, tirados por la borda. Y los que vendrán si no espabilamos. O movemos el culo, como bien gráficamente decimos hoy en día. Porque nadie me podrá negar que los sucesivos gobiernos que hemos sufrido desde el año 1978 no han hecho más que destrozar nuestra herencia, vender nuestro patrimonio y nuestra libertad, liquidar nuestra industria y entregarnos a la esclavitud cultural, militar y económica. Y hablo de todos los gobiernos, hayan sido, sean o se proclamen de izquierdas o de derechas. Nada les diferencia en su propósito final: ostentar el poder, aprovechar el momento para su propio beneficio y prometer sin cumplir,  para arañar algunos años más de “dolce vita” y utilizar las facilidades y las relaciones que generan los cargos políticos para su lucro personal. Ya pueden llamarlo (esos “cosmopaletos” a los que les gusta tirar de palabras en inglés sin antes haber aprendido su propia lengua) de forma pomposa “networking”, todos sabemos muy bien que en lengua española se llama nepotismo. Con todas sus letras. Y consecuencias.

Que os voy a contar de las tropelías que sufrimos en España: “famiglias” de mafiosos como los Pujol, partidos corruptos hasta la médula como el PSOE y el PP (la misma mierda es), gobernantes de “derechas” permitiendo y fomentando el aborto y la ideología de género, perroflautas y guarros sin formación ni educación convirtiendo las instituciones en patios de colegio, bancos y cajas de ahorros dirigidas por los herederos de Alí Baba y rescatados con los impuestos de los españoles o con jugadas “maestras” como la del Banco Popular de esta misma semana, en la que ganan los de siempre y pierde, como no, la clase media y obrera de España: nosotros, los primos que con nuestros votos y nuestros impuestos mantenemos vivo el maldito sistema que nos está ahogando. Los idiotas.

A comienzos del siglo XVII, ya corría por Europa un plan de desgajamiento y balcanización del territorio peninsular, Europa tiraba de Cataluña. Llegó a haber allí virreyes franceses. Se logró no obstante vencer ese proceso canceroso y se conservó la unidad de España. Ha sido la única victoria desde la culminación del Imperio. Aunque empalidecida en el Oeste con la no asimilación de Portugal y avergonzada en el Sur con Gibraltar en manos de Inglaterra.

Y así llegamos al tercer y más pernicioso factor que está acabando con nuestra patria: el maldito nacionalismo. Y como no, arriba tenéis la cita al respecto, nuevamente del discurso de Ramiro. Y seguimos igual, o peor. Aturdidos y manipulados los adolescentes ciudadanos de las provincias vascongadas y de Cataluña (ya mismo los de las islas Baleares, vistos los incidentes en las pruebas de la Selectividad de esta semana, los valencianos y quién sabe si también los andaluces, sobre todo cuando lean “El Principito” en andalú), con ya casi cuarenta años de contra-educación, de tergiversación de la historia, con leyendas convertidas en hechos irrefutables (sobre todo en mi querida Cataluña) , idiomas artificiales sacados de la chistera de la rancia y racista burguesía vasca encabezada por el enfermo Sabino Arana y con el recuerdo (ni olvido ni perdono) de un terrorismo brutal y sanguinario que ha dejado más de 800 muertos tirados en el frío suelo patrio. Viles asesinatos que poco a poco, con la connivencia del Sistema, de la partitocracia, de la derecha y la izquierda, de la Corona, de la Iglesia y de todos los mangantes juntos, están cayendo en el olvido y hasta convirtiéndose en míticos y nobles luchadores contra el opresor español, con la paulatina asignación a las sucias ratas etarras de cargos públicos, la celebración de homenajes, la petición y concesión de acercamientos, indultos y ayudas económicas. El mundo al revés.


En España estamos ante ese fenómeno. Vivimos una asfixiante monopolización de la vida pública por parte de leguleyos, burócratas, renunciadores y lisiados mentales de profesión.

No hace falta que venga a contarlo yo. Todos sabemos que la vida pública vuelve a estar en manos de la chusma, igual que hace 82 años. Lisiados mentales de profesión, como bien los llamaba Ramiro.

Y nosotros, los idiotas, tan panchos. Esperando que nos caiga del cielo la lotería primitiva, que los problemas se evaporen con el sudor de nuestra última borrachera y que los asesinos islamistas pasen de largo y no nos molesten en nuestros meses sagrados de chiringuito y tinto de verano.

Practicando la tan romana “damnatio memoriae” con nosotros mismos, con nuestra historia, nuestro presente y hasta con nuestro futuro.

¿Qué hay que hablar mal de España? ¿Qué hay que robar? Pues yo más.

Que para eso somos españoles.

Suerte que en nuestra Patria quedan, aunque cada vez menos, ejemplos de valor y nobleza. Como Ignacio Echeverría. Descansa en paz valiente. Que tu ejemplo cunda en esta sociedad y levantemos el vuelo entre todos, recobrando la sensatez, recuperando los valores occidentales y cristianos, la moral y la justicia.



Y salvemos a España y a Europa de su tan cercana desaparición.

martes, 2 de septiembre de 2014

¡Por una Cataluña libre!

Viendo la evolución de la fantástica, rica y por mi tan querida región de Cataluña, mi patria chica en la que nací, viví, estudié, trabajé, amé y también, no voy a negarlo, odié, vagueé, blasfemé, insulté y golpeé cuando la situación me lo exigió, no me queda más remedio que hacer mío el sueño y anhelo de tantas otras personas como yo y proclamar a los cuatro vientos que quiero una Cataluña libre.

Quiero una Cataluña libre de manipuladores profesionales, también llamados políticos, que usan sus prerrogativas y privilegios para su lucro personal y el de sus allegados.


Quiero una Cataluña libre de jóvenes educados en el odio a sus propias raíces, adoctrinados con medias verdades y mentiras enteras, incapaces de hacer la “o” con un canuto pero expertos en mitología pan catalanista, analfabetos funcionales que distinguen las letras pero no saben juntar una palabra si no es para escribir independencia,  pero que si son capaces de insultar a todo aquel que no piense como ellos con todas las letras del abecedario y encima en mayúsculas.

Quiero una Cataluña libre de garrapatas del sistema, elementos a los que para más inri llaman “anti sistema” , cuando son los que mejor se aprovechan del mismo: no estudian, no trabajan, campan a sus anchas por doquier, bailan, beben, ríen, destrozan, orinan y defecan donde y cuando quieren sin que nadie les tosa ni les llame la atención.  Y todo ello con sus subvenciones, sus prestaciones por desempleo o sus ingresos atípicos, no reglados y no gravados. Es decir, viviendo a costa del Sistema que mantenemos los pocos millones de primos que pagamos religiosamente nuestros impuestos, que renunciamos sin rechistar a más del 50% de nuestros ingresos para mantener el estado social y de derecho del que la burda y sucia tropa de vividores  hace buen uso para cubrir sus primarios instintos animales.


Quiero una Cataluña libre de inmigrantes islamistas violentos y subvencionados, de “personas” que no tienen ni la más mínima intención de adaptarse a nuestra cultura, a nuestras normas sociales, a nuestras tradiciones o a nuestro concepto de higiene. Libre de imanes que incitan a la guerra santa en nuestras propias narices, que predican la violencia contra la mujer y la reconquista de la península ibérica, que nos insultan y amenazan desde las mezquitas que encima les financiamos o hasta regalamos . 

Quiero una Cataluña libre de pandilleros sudamericanos violentos y organizados que de allende los mares nos traen todo lo malo de sus respectivos países, en vez de deleitarnos con sus riquezas culturales, sociales y naturales que engloban ese rico hispanismo del que disfrutábamos en otras épocas.

Quiero una Cataluña libre de la dictadura del pensamiento único, del “Gran Hermano” encarnado por los medios públicos de la CCRTV, con TV3, “la seva”,  como abanderada de la tergiversación, la manipulación y el adoctrinamiento más soez, venenoso y ramplón que se pueda encontrar en el mundo, solamente equiparable a medios como los norcoreanos, los cubanos o los venezolanos.

Quiero una Cataluña libre de iluminados libertadores, de monjas poco devotas e historiadores poco ortodoxos, cuando no charlatanes e inventores de universos mitológicos que ni Lewis y Tolkien juntos habrían podido crear.

Quiero una Cataluña libre de partidos políticos que separan, en una dirección o en otra, que solamente luchan por mantener sus porcentajes de votos y con ello su “dolce vita”,  en cómodos tramos de cuatro años al sol y dos semanas de “arduo” trabajo soltando la tan bien ensayada retahíla de mentiras en campaña que les permita perpetuarse en su nulo valor añadido para la sociedad.

Quiero una Cataluña libre de falsas plataformas cívicas que no son más que burdos caballos de Troya creados por los partidos políticos de siempre, los gobernantes y los de la oposición, para asegurarse un trozo de pastel en el nuevo reparto que se avecina.


Quiero una Cataluña libre de clubes deportivos que se arrogan la exclusividad de toda una región, despreciando a cualquier otra agrupación deportiva por centenaria que sea, y cuyos dirigentes no son más que un calco de los gestores políticos, mal usando los nobles sentimientos que deberían emanar de cualquier deporte para su propio beneficio.

Quiero una Cataluña libre de odio al prójimo, de guetos, de imposiciones, de dictadura chabacana y aldeana, ajena a las necesidades reales de los ciudadanos y al entorno geopolítico al que pertenecemos.

Quiero una Cataluña libre de separatistas, de separadores, de ladrones y de aprovechados.

Quiero una Cataluña española, europea, admirada y respetada por sus logros y su gente.

¡Quiero una Cataluña libre, como lo era hace 30 años!