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lunes, 17 de febrero de 2025

A la Benemérita


 

Artículo 1. ° 
El honor ha de ser la principal divisa del Guardia Civil;
debe por consiguiente conservarlo sin mancha.
Una vez perdido no se recobra jamás.
 

Como para tantos otros españoles, la Guardia Civil ha sido un referente para mi desde muy pequeño. Puede ser por mimetismo, por imitar a mi padre, que consideraba a este cuerpo lo más sagrado y que tuvo muchos amigos pertenecientes a él, o por mi filia por todo aquello que sea militar y patriota, o por educación, tanto por parte de padre como de madre, hija de oficial alemán de alta graduación fallecido en la segunda guerra mundial.

Pero la Guardia Civil no era lo único que me gustaba de pequeño, tuve mi época en la que soñaba con ser marino, otra en la que aspiraba a ser arqueólogo, y hasta deseé ser escritor, cantante o guitarrista. Se llama infancia, se llama juventud, se llaman sueños. Y conforme pasaron los años, cada una de estas aspiraciones quedaron relegadas a infantiles o juveniles recuerdos, imponiéndose la realidad, la formación y finalmente el mundo laboral, en mi caso muy alejado de cualquier profesión con tintes aventureros o heroicos. Como a tantos de mis coetáneos, la realidad se impuso a la ilusión.

Pero de todo este baúl de los recuerdos, el amor que nunca ha desaparecido, el que ha permanecido en mi cerebro y sobre todo en mi corazón, es mi pasión, mi respeto y mi admiración por la benemérita Guardia Civil. Junto a mi amor por España, por mi patria, es quizás lo único que ha permanecido inalterable en mi ya larga vida. Porque la Guardia Civil encarna todos y cada uno de los valores en los que creo.

Hablaba el otro día con Paco, un guardia civil de los de verdad, ya no activo, pero jamás jubilado, ya que un guardia lo es para todo la vida, y comentábamos tal o cual hecho de nuestra triste actualidad, o mi última columna, ya que es uno de mis pocos lectores fieles, que lee mis artículos y encima los comenta, y me comprometí a dedicarle unas líneas al benemérito cuerpo, algo que tengo pendiente desde hace muchos años. Demasiados.

Podría detallar, comentar y desgranar uno a uno los artículos de la “Cartilla de la GuardiaCivil”, y no encontraría el lector ni uno que no comparta, que no represente los valores superiores de nuestra civilización, que no encarne la justicia, el honor, la generosidad, la valentía, la higiene, la educación, la camaradería, la fidelidad, la obediencia, la disciplina, el esfuerzo…y con todo ello nuestra fe católica, columna vertebral de nuestra historia, de nuestra herencia, de nuestra propia existencia.

¿Y por qué escribo todo esto ahora, ya en la madurez, con el siglo XXI bien entrado, y en tiempos tan poco dados a alabar a un cuerpo armado, donde cualquier valor de los enumerados anteriormente es considerado anacrónico, superado, fuera de lugar o “casposo”, como les gusta llamarlo a tantos seres descarriados, que han elegido el camino equivocado en su vida?

Pues justamente por ello, porque nuestra sociedad ha perdido todos y cada uno de los valores fundamentales que deberían regir nuestras vidas. Higiene física y psíquica, esfuerzo, obediencia, fidelidad, honor…, todo ello son atributos del ser humano que han sido extirpados de nuestro cuerpo y nuestra alma, y han sido sustituidos por todo lo malo que pueda uno imaginarse. El egoísmo, la avaricia (o cualquiera de los demás pecados capitales), la holgazanería, la violencia gratuita, la picaresca, la suciedad, la egolatría y hasta la multilatría, la superficialidad, la inmediatez, el odio, el sexo sin amor…, en resumen, el MAL en mayúsculas, un compendio de pecados y defectos que ocuparían bastante más que todos los artículos de la cartilla de los guardias.

Y si a esto añadimos la maldad de los gobiernos actuales (no solo del PSOE, sino también del anterior del PP), cómplices ambos, cuando no representantes de Satán en la tierra, que han hecho y hacen todo lo posible para denigrar, apartar, humillar, engañar, maltratar y desprestigiar a la Benemérita, pues no podía haber mejor momento para loar a este admirado cuerpo.

Si repasamos todas las acciones u omisiones protagonizadas por los sucios políticos contra la Guardia Civil, podríamos llenar toda una enciclopedia. La mayoría de estas acciones por cesiones al separatismo, al nacionalismo y al terrorismo, esos tres ismos que en esta aciaga época, desde su injusta y desproporcionada representación parlamentaria, condicionan la realidad política y la propia existencia de los alternantes gobiernos, por lo que se convierten en simple moneda de cambio para contentar a los enemigos de España, a cambio de unos contaminados votos que permiten al déspota o al inútil de turno mantenerse en el poder unos cuantos años, aprovechar su momento, enriquecerse, socavar nuestra sociedad y destruir nuestra patria. El maldito trueque de votos por maldades. Siete cabras por tu hija. Tus nueve votos por un trozo de nuestra historia, por un cacho de nuestra integridad, por una parte de nuestra alma.

Y, como en cualquier otro cuerpo, gremio o profesión, las cuatro ovejas negras, corruptas y cómplices, permitiendo la destrucción de la noble y gloriosa historia de la Guardia Civil. Incumpliendo todos los artículos de su norma de conducta. Sobre todo el artículo 1º.

La disolución de unidades especializadas y necesarias, la retirada de tierras españolas como las provincias vascongadas o Cataluña, la cesión de competencias, la no equiparación salarial, la acuciante falta de medios, el maltrato en general, que culminan en hechos tan tristes y graves como el asesinato de Guardias Civiles en Barbate, el castigo por ayudar en la DANA de Valencia, o la destitución fulminante por oponerse a un ministro del interior desquiciado, enfermo y malvado, cuyo único objetivo en la vida es hacer daño. Sobre todo a la Guardia Civil.

Encabeza este pequeño tributo el artículo 1º de la Cartilla de la Guardia Civil, y no puede haber nada mejor que cerrarlo con el último artículo del primer capítulo de dicha norma de conducta, tan apropiado, viendo lo sucedido en Valencia hace unos meses, y cuyo cumplimiento, como no, limitó, evitó y prohibió el maldito gobierno socialista.

Artículo 35: En las avenidas de los ríos, huracanes, temblores de tierra o cualesquiera otra calamidad, prestará cuantos auxilios estén a su alcance, a los que se vieren envueltos en estos males.


¡Viva la Guardia Civil!

¡Viva España!



domingo, 18 de febrero de 2024

Murieron en el empeño



Me he tomado mi tiempo antes de escribir esta corta columna, que no quiere ser más que un humilde homenaje a la Guardia Civil. Póstumo para los dos agentes asesinados en Barbate por la dejación del maldito ministro Grande-Marlaska, tributo en vida a los 81.995 miembros que tiene la Benemérita actualmente (datos de la Moncloa de junio de 2023), número que, como entenderá el lector, no significa que sea cierto. No habiendo salido una sola verdad de la boca del actual presidente del gobierno desde que desgraciadamente y con malas artes accedió al poder, cualquier información que faciliten desde la corte del psicópata sus 1.000 asesores, hay que cogerla con pinzas.

¿Y por qué he esperado? ¿A que amainara la tormenta de columnas, reportajes, protestas, dimisiones, actos y homenajes? Pues va a ser que por todo ello no ha sido: todos éramos conscientes de que este maldito gobierno y sus medios afines, que son todos los mayoritarios sin excepción, no iba a mover un dedo para reparar el mal causado, que oficialmente no habría homenajes, ni minutos de silencio, ni nada que se le parezca. De dimisiones ya ni hablo.  Mutis desde Moncloa y excusas varias en boca de los impresentables ministros, mamporreros del sultán (mejor: de ambos sultanes, Pedro y Mohamed), hasta culminar todo esto con la desvergonzada e hiriente frase de la serpiente Patxi López, achacando el asesinato de ambos agentes a una supuesta tormenta. Por no hablar del eslabón perdido Oscar Puente, rescatado de una cueva por el déspota para repartir estopa a diestro y siniestro, sea cual sea el tema. Como que tenemos que ir acostumbrándonos a que ardan las cabinas de los trenes. Pero dejemos a un lado a este simio, a este matón de baja cama que da para un doctorado sobre el no saber estar, la falta de educación, la indigencia intelectual y la maldad hecha persona.

Pero algo tenía que escribir, y bien que me lo recordó hace unos días mi estimado amigo Fran. No podía permanecer en silencio ante este nuevo insulto a nuestra gloriosa Benemérita, lo que viene a ser un insulto a nuestra patria y con ello a todos nosotros. Una fechoría más de este narcogobierno, pero en este caso no solamente han insultado y despreciado al cuerpo más querido por los españoles, sino a todos y cada uno de los ciudadanos. A los buenos, se entiende, porque sabedores somos que hay una parte de la sociedad, esa parte sucia, adoctrinada, iletrada y maldita, que mantiene con sus sumisos votos a la purria que gobierna en España y en sus autonomías, inventadas pseudonaciones de paletos con ansias de dictadores. Y no digo virreyes, porque sería un elogio. Son simples oportunistas que buscan su beneficio personal a costa de cargarse cientos, que no miles, años de historia conjunta, de libertad, de igualdad, de justicia y de progreso. Y en esta lucha eterna de la sucia tropa izquierdista, terrorista y separatista contra la Guardia Civil, no podemos dejarles solos. Ni silenciar el desprecio y la injusticias que sufren día a día a manos de un gobierno que en el fondo lo que persigue es acabar con esta histórica institución, heredera de la Santa Hermandad instituida por Isabel la Católica en 1476. Nuestra inmensa y santa Isabel, que según algunos supuestos periodistas y tertulianos todólogos y dipsómanos, está por debajo de Jennifer Hermoso en su importancia histórica (aunque la petarda Milá usó a Agustina de Aragón, vale igual). Mejor me callo.

En mi juventud tenía colgado en la pared de mi habitación un tricornio de gala de la Guardia Civil. Fue un regalo de un mando de este cuerpo, buen amigo de mi padre, cuyo círculo de amistades incluía a muchos de ellos. Y los conocí, los traté, y los admiré siempre. Sin duda la mejor herencia que me dejó mi padre. Y sigo teniendo por casa, repartidos por estanterías y armarios, objetos relacionados con el benemérito cuerpo: una gorra aquí, un cinturón ahí, un clic de Playmobil caracterizado como Guardia, varias pulseras, algunos llaveros…; y mi admiración y respeto por todos ellos, por este abnegado y fiel cuerpo de seguridad, garante de nuestra libertad, sigue tan firme como entonces.

O quizás más, porque desde que llegó la tan cacareada “democracia”, los ataques a la Guardia Civil han sido constantes, y no hablo solamente de los viles asesinatos sufridos, como el de Barbate, sino del continuo desprecio de todos nuestros gobiernos, del PP o del PSOE, hacia estos hombres y mujeres que simplemente cumplen su vocación, su deber y su juramento, con diligencia, con profesionalidad, con rigor y con honor. Y encima sin un equipamiento adecuado, sin cuarteles en condiciones, encerrados cual apestados en las regiones separatistas, olvidados y abandonados en el mundo rural y sentenciados ante narcotraficantes, inmigrantes violentos y zurdos subcampeones vengativos, que siempre han tenido como principal objetivo a este cuerpo policial.

Pero a pesar de ello, con lo puesto, sin armas en condiciones, sin chalecos protectores, sin sueldos dignos, sin cuarteles habitables, sin protección de la justicia y sin el mínimo apoyo oficial por parte de los cambiantes pero similares gobiernos, siguen ahí, fieles a su juramento, honrando su himno, su historia y su deber.

Como consta en el número 4 de su cartilla:

Siempre fiel a su deber, sereno en el peligro, y desempeñando sus funciones con dignidad, prudencia y firmeza, será más respetado que el que con amenazas, solo consigue malquistarse con todos”.

A mí me parece que los que amenazan y se malquistan con todos son otros. La víbora Glande-Marlaska, por ejemplo. O el psicópata Pedro Sanchez. Una lista interminable para una historia terminable de menosprecio y de odio.

Pero el bien triunfará, tarde o temprano. Y toda esta chusma desparecerá. ¡Malditos seáis, hijos de la gran puta! 

Y pervivirá la única y verdadera historia interminable, que es y será la del glorioso y benemérito cuerpo de la Guardia Civil.

Viva la Guardia Civil. Viva España. Que viene a ser lo mismo.

Descansen en paz, Miguel Ángel y David. 

Murieron en el empeño.


jueves, 18 de junio de 2020

Madrid, siempre Madrid.


 De Madrid al cielo, y en el cielo, un agujerito para verlo.
Luis Quiñones de Benavente


En octubre de este aciago año que estamos sufriendo se cumplirán nueve años de mi llegada a Madrid, esta magnífica, acogedora, bella, tolerante, rica, variada, culta, educada y brillante urbe, aún capital del Reino de España (a ver cuánto duran lo de Reino y lo de España). Al año de plantar mis nobles posaderas en este bello centro de nuestra piel de toro, ya escribí mi primer “artículo – homenaje” de agradecimiento, y desde entonces he tenido la constante tentación de volver a dar rienda suelta a mi creatividad e insistir en la grandeza de la Villa y Corte.

Y a raíz de las últimas declaraciones de paletos, pueblerinos, rancios naZionalistas, dirigentes peperos de provincias con ínfulas de rey celta cual Breogán renacido, ignorantes rojos, sucios narcoterroristas podemitas, gordos vividores gaditanos y demás bazofia que puebla nuestra sagrada tierra, se me ha hinchado la vena.

¿Qué diantres habláis de Madrid? Eso es un tema sagrado. Agarradme el mini de güisqui, que voy.

Hablemos pues de Madriz. O de Madrit, como solemos pronunciarlo algunos oriundos del condado de Barcelona, parte del histórico Reino de Aragón. Esa bonita tierra que dejé, harto de mentiras, odios, invenciones, discriminaciones y latrocinios, y que cada vez me atrae menos. Y que cambié por una metrópoli tan famosa como desconocida, tan variada como auténtica, tan lejana del mar como cercana al corazón. Como decía acertadamente Calderón de la Barca: “Es Madrid patria de todos, pues en su mundo pequeño son hijos de igual cariño naturales y extranjeros”. Y así es. Que a nadie le quepa ninguna duda.

Madrid es patria sin imposición, hogar acogedor sin exigencias, chulería sin arrogancia, belleza sin engreimiento. Abierta a toda buena persona y cerrada a los descalificadores. Presta a ayudarte cuando es menester y a echarte a navajazos y garrotazos cuando corresponde.

Pero cuando no tienes el nivel para siquiera pisarla, cuando hablas de oídas, cuando en el timbre de tu voz resuenan envidia y rabia, cuando no la conoces y la juzgas sin "haberla" dado tiempo de desnudarse y enseñarte su dulce cuerpo y su pura alma, mejor que calles.

En fin, qué os voy a contar, amigos míos, que no sepáis ya.

Por eso rabio cual perro encerrado, cual Guardia Civil denostado, cual dirigente político ninguneado, cual periodista despedido, cual sanitario manipulado, cual ciudadano engañado; rabio y me alzo ante los insultos contra los “madrileños”. Ya tuve bastante en mi querida Barcelona aguantando odio, menosprecios, mentiras y violencia de los enfermos nazíonalistas, para tener que soportar ahora un desprecio infundado contra la buena gente de Madrid. 

Entre la que ya me incluyo con toda modestia y mucha honra.

Citando a Tirso de Molina (Sol, Gran Vía, Tribunal…): “Madrid es mi patria, corte digna de España, madre benigna del mundo”.

De Madrid al cielo.




jueves, 4 de junio de 2020

Mascarillas, bozales, vendas y anteojeras


Quien nos iba a decir que en cinco eternos e insoportables meses íbamos a usar más veces la palabra mascarilla, y hasta el propio producto (en sus abundantes variantes catalogadas por suministrador, calidad, origen, precio, comisión pagada o proveedor desconocido designado a dedo), que en toda nuestra vida anterior.

Hasta enero de este desgraciado año, la mascarilla no pasaba de ser un trozo de tela o plástico utilizado en hospitales y consultas médicas o durante detenciones y cacheos. Salvo casos excepcionales de personas que por su profesión estuvieran acostumbradas a ella, léase pintores, exterminadores de plagas, jardineros, dentistas, proctólogos, acupuntores, y, no vayamos a olvidarnos, violadores, bandoleros, atracadores, terroristas, antifas, borrokas y demás deshechos de la sociedad.

Esos que cual mortal plaga han invadido de nuevo nuestras calles a destrozar, saquear, agredir y hasta matar sin ton ni son. Al dictado de siniestras organizaciones internacionales que aprovechan cualquier evento, sea grave o nimio, real o inventado, para intentar imponer sus ideas al resto de la sociedad.

¿Miedo el coronavirus? Más miedo tendrían que darnos los descerebrados que a toque de pito protestan por hache o por be, sin saber el porqué ni importarles un bledo la razón, asaltan y saquean tiendas, agreden a otros ciudadanos y, si pueden, apalean sin piedad a quien se opone a su pensamiento único. Te apalizan en grupo, se entiende.
No les veo yo luchando de forma noble, cara a cara, uno contra uno, y por una causa mayor. Esos son los otros, los buenos, los médicos, los Guardias Civiles, algunos policías, los soldados, los bomberos (menos los de la Generalitat), los misioneros, los monjes. Los nuestros. Los que representan la bondad, la hombría y el honor.

Los que en esta nada nueva anormalidad buscada por los totalitarios están siendo apartados, destituidos, calumniados e insultados.

Y si encima la mascarilla que te han obligado a lucir, sucia en origen por la tardanza, la disparidad de opiniones sobre su efectividad y las idas y venidas de los supuestos expertos, más obsesionados en atacar al rival político que en salvar vidas, si encima de todo esto han convertido el maldito trapo en un bozal con el que nos quieren hacer callar, pues malditas sean las mascarillas.

En épocas gloriosas, las máscaras se utilizaban para ocultar la identidad ante un opresor, para combatir la tiranía, como el caso de los héroes reales o novelescos Guido Fawkes, el Zorro o el Coyote (aunque yo prefiera al Capitán Trueno, que jamás ocultó su cara) , pero esta supuesta pandemia (aún no he llegado al punto del negacionismo y las teorías conspiranóicas, pero dadme tiempo), lo que nos ha impuesto es una mordaza, lo que sumado a las anteojeras que luce la mitad del país y la venda en alta resolución que se encasqueta la misma mitad de España en cuanto enciende la televisión y sintoniza los canales “oficiales” del Gran Hermano, que hoy en día ya son todos, pues esclavos somos.

Lo dicho en el título: mascarillas, bozales, vendas y anteojeras.

Esclavos enmascarados que llevan varios días sembrando el caos, la destrucción y la muerte por las calles de todo el mundo, alentados por un poder oculto que no admite más que una única verdad, la suya, y que derriba cualquier posible disidencia a golpe de campaña, ya sea por un falso niño muerto varado en la playa, veinte falsos inmigrantes en busca de una generosa paga, un perro sacrificado por poder contagiar el ébola, una exagerada emergencia climática, un aquelarre mortífero de supuestos y depravados nuevos "géneros", cuando todos sabemos que solamente existen dos sexos o por un delincuente muerto en las calles de los EE.UU. , quizás en un caso de violencia excesiva, pero en ningún caso para ser una razón que justifique esta reacción en cadena de las ovejas obedientes del supuesto progresismo, ese atajo de psicópatas ateos, antihumanos, materialistas, déspotas y falsos.

Tan falsos como el número de muertos por el virus en España, la leal defensa de la clase obrera de los golpistas dirigentes de Podemos, las descaradas y continuas mentiras del venenoso presidente, la buena educación de Ábalos, la presencia de neuronas en la cabeza de Adri Lasta o la cabellera postiza de Iván Redondo.

Una gran impostura en la que un gobierno formado por enfermos mentales, amiguísimos, excrementos comunistas y socios terroristas y nacionalistas, ha aprovechado una pandemia para llevar a cabo un sucio plan de desmantelamiento de la sociedad, de inversión de la realidad y de toma del poder de forma rastrera.

Un gobierno al que la mascarilla se le cayó hace tiempo. Un gobierno que sin pudor alguno nos enseña su verdadera cara. Ya no les hace falta taparse. Lo tienen todo atado y bien. Los tres poderes controlados, los medios subvencionados de por vida, los ciudadanos engañados, asustados y confinados y su dulce y lujoso futuro garantizado.







Como antes hicieran sus referentes, desde Lenin hasta el Ché, desde Castro hasta Chávez, desde Maduro hasta Evo Morales, desde Mao a Pol Pot.

Sembrar la mentira, el odio, el mal y la muerte para instalarse en el sucio trono de la arrogancia, la mentira, la maldad y el despotismo. Por encima de miles de cadáveres. En nuestro caso, como bien ha confirmado el INE, de más de 44.000 inocentes compatriotas abandonados, sacrificados, asesinados.

No lo olvidemos jamás. Ni lo perdonemos.


Malditos.




miércoles, 12 de marzo de 2014

Honor, deporte y el 11-M

Este 11-M he intentado abstraerme del tema, no recordar los fatídicos sucesos e intentar aquello de “a otra cosa mariposa”, sabedor de que cualquier recuerdo de esas fechas, de los hechos en sí, pero sobre todo de sus consecuencias y de toda la maraña de mentiras, utilizaciones partidistas, amarillismo, sensiblería cara a la galería, ocultaciones y medias verdades, me revuelve las tripas cual “chop suey” (de gato o de perro) a las ene delicias de un inmundo restaurante chino.

Obviamente no he podido pasar del tema.


Ni olvido ni perdono. Esta frase es casi el “leitmotiv” de mi vida, ya no solamente referido a los tristes sucesos del 11 de Marzo del 2004, sino a cualquier acto bárbaro e injusto que ha sufrido y sigue sufriendo la sociedad española. Y aquí caben tanto los muertos y heridos en estos atentados, como los más de 800 asesinados por ETA y la connivencia del poder en tales tropelías, el viaje de Carod –Rovira a Francia para negociar con ETA, las recientes declaraciones de un miembro de Omnium Cultural vanagloriándose del asesinato de un aficionado al fútbol por el simple hecho de ser del RCD Español, los abusos de banqueros robando a inocentes su dinero en forma de preferentes, swaps o cláusulas suelo, la corrupción generalizada de la toda la corrupta clase política, los sobres de Bárcenas, los ERES de Andalucía, la ITV de uno de los hijos de Pujol, los desfalcos de Urdanga y señora, los perjuros y las infidelidades del Bribón, la manipulación educativa de la juventud catalana, etc. etc.

Una lista interminable de hechos asquerosos, egoístas y dañinos que simplemente buscan el placer personal, en forma de venganza, de notoriedad, de poder o de enriquecimiento; actos todos ellos con el denominador común de hacer daño a inocentes.

Como el caso del Guardia Civil Ignacio González de Castro que viajaba en uno de los trenes del 11-M y que milagrosamente salvó la vida, si es que a lo que le ha quedado se le puede llamar vida. Escuchaba anteayer el programa el “Partido de las 12” de la COPE, en vísperas del 11-M, y me quedé literalmente helado siguiendo la entrevista que realizaron a este joven Guardia Civil que, aunque escapó a un fatídico final, nunca superará los hechos vividos, tal como él mismo iba explicando.

Impresionado por lo que iba contando, por la naturalidad de sus explicaciones, por la profunda indefensión y humanidad  que irradiaba, por su sinceridad hablando de los tratamientos, de las secuelas, de su lenta pero constante superación de los traumas y los recuerdos a través del deporte, no pude conciliar el sueño hasta bien entrada la madrugada. Llegado un punto los presentadores, como corresponde a esta tertulia diaria, llevaron el tema hacia el fútbol y hablando de una camiseta de Fernando Morientes firmada por todos los jugadores del Valencia que en su día le regalaron al joven Nacho, se incorporó a la conversación dicho ex jugador, algo que no solo alegró al pobre Guardia Civil, sino que me puso los pelos de punta tanto a mí como seguro que al resto de los oyentes y los tertulianos. Morientes, Guardia Civil de vocación, hijo, nieto y hermano de miembros del benemérito cuerpo, demostró una vez más su gran valía como persona, su sensibilidad, su capacidad de emocionarse, su humildad, conversando con el afectado como si se conocieran de toda la vida, dándole ánimos e invitándole a una sesión de entrenamiento en Valdebebas para dar una charla a los chavales que ahí se están formando. Nada planificado o intencionado, fue una reacción natural de una persona, honesta y sensible. De un Guardia Civil de corazón, como bien explicó.


Dijo Morientes al afectado, “yo quería ser Guardia Civil pero opté por el deporte y tu en cambio has tenido que dejar el Cuerpo y usar el deporte para recuperarte de los atentados….”

Estos pocos y emocionantes minutos fueron más valiosos para el joven guardia (y seguro que para muchos oyentes), que por culpa de unos desalmados y sus cómplices tuvo que prejubilarse a los 36 años, destrozado, traumatizado, muerto en vida, mucho más valiosos que todo el falso apoyo, soporte o ánimo que haya podido dar ningún ministerio, órgano o partido político en los últimos diez años.

Os recomiendo a todos dedicar unos minutos a escuchar la entrevista (clic aquí), no dudo que sentiréis lo mismo que yo.

Y como bien remató el siempre acertado Tomás Guasch al final de la entrevista, “personas como Morientes hacen que te sientas orgulloso de ser español y de ser su paisano”. 

Y yo añadiría, "y personas como Nacho". Y como tantos Guardias Civiles.

Ni olvido ni perdono.

Viva la Guardia Civil.




P.D. Os dejo algún enlace adicional que habla sobre esta persona. 


jueves, 16 de junio de 2011

Vaya mierda de siglo XXI

Con cada día que pasa se confirma más la frase que solemos soltar a menudo en nuestras tertulias de barra, ante pinchos de tortilla y las cañas de rigor. “Ojalá hubiera nacido en otra época”. Nuestros sueños de gloria, de impartir justicia, de luchar por una causa noble, de defender valores superiores, de conseguir la justicia social o de simplemente proteger a la doncella vilipendiada, nunca nos han abandonado.

Cual Peter Pan en el país de Nunca Jamás, nos negamos a madurar y seguimos impertérritos con nuestros sueños juveniles. Sentimos en nuestro profundo interior que estamos llamados a desempeñar una tarea más alta y bastante más enriquecedora que el simple envejecer, viendo pasar las facturas, las cuotas de la hipoteca, las ligas del sempiterno Bar$a, la anual y veraniega reposición de Verano Azul, la canción del verano de Georgie Dann, los amores fallidos y la muerte de los familiares que nos preceden (en el mejor de los casos).

No queremos despertar y darnos de bruces con una realidad que hace tiempo dejó atrás cualquier atisbo de idealismo y que simplemente se mantiene en pie gracias a la maraña de intereses económicos de unos pocos y las subestructuras sociales y políticas creadas a su alrededor para mantener al antaño ciudadano libre, ahora llamado ya genéricamente en el mundo empresarial FTE (Full Time Equivalent), dominado y endeudado, por la tanto, esclavizado.

Esclavizados hasta el punto de no poder defender nuestro honor.

Dominados por la errónea o desvirtuada aplicación de las leyes de tal forma que los culpables se tornan inocentes;
  • de que tengan más derechos cuatro okupas antisistema que los ciudadanos de a pie o las fuerzas del orden;
  • de que reciba más prebendas cualquier “pobre” y “perseguido” inmigrante de dudoso pasado que un súbdito de su cada vez menos graciosa majestad el Rey de España con 25 años de cotización a la Seguridad Social;
  • de que un voto de catalanes, vascos o gallegos tenga más peso que la opinión de los habitantes de, por ejemplo, Extremadura, tierra noble y cuna de conquistadores;
  • de que los medios públicos y aquellos afines a sus intereses sectarios puedan disfrutar de ventajas fiscales, contables y legales de por vida, pudiendo estar en quiebra y seguir pagando altos sueldos a sus directivos, mientras que los medios de comunicación independientes son perseguidos hasta hacerlos desfallecer, dejando con ello el campo abierto a la manipulación absoluta por parte del poder.
¿Dónde están las épocas de las presuras, en las que por el simple hecho de poder trabajar la porción de tierra que marcaras obtenías su propiedad, y con ello la protección de la Iglesia y del noble del lugar?
¿Dónde la tradición visigoda mantenida luego por los reyes astures de poder elegir al siguiente Rey, sin que se le otorgue ese privilegio por el simple derecho de sangre?
¿Dónde habitan las Órdenes Militares a las que apuntarnos para defender nuestra fe frente a los infieles que nos invaden (y que obtienen terrenos municipales para sus mezquitas mientras nuestras iglesias son atacadas)?
¿Dónde está el glorioso ejército español con su leva obligatoria y su juramento a la Bandera, que por lo menos nos permitía sentirnos defensores de algo y de alguien durante 12 o 15 meses?

¿Dónde montan guardia los honorables Guardias Civiles con sus históricos tricornios,  que cumpliendo con su juramento de lealtad por lo menos tenían los arrestos para levantarse de tanto en tanto intentando ser fieles a la palabra dada en defensa de su patria España?

¿Y finalmente, dónde están los políticos idealistas que realmente se apuntan a un partido con vistas a darlo todo por la sociedad a la que quieren representar, incluyendo el propio sacrificio?

Fácil respuesta: ya no existen. Ninguna de las figuras antes mencionadas habita ya entre nosotros. Son recuerdos de un pasado, de otros siglos, que por desgracia no nos vieron nacer. A nosotros nos tocó el siglo XXI. Vaya mierda de siglo.

martes, 26 de abril de 2011

Indignaos

No esperes que me ponga a alabar el éxito editorial de la pasada fiesta del libro. Lo único bueno que tiene dicho panfleto es su título, que por una vez utiliza correctamente el imperativo, forma verbal tan poco (y mal) aplicada en el hablar y escribir cotidiano.
Te propongo en cambio que te indignes ante problemas mucho más serios. Que haberlos, los hay.

Indignado estoy al ver que un panfleto de poco más de 13 páginas, plagado de clichés, de teorías izquierdistas trasnochadas, defensor del terrorismo, negador de la libertad del individuo, incapaz de condenar al comunismo y sus tristes consecuencias, en resumen, escrito con un simplismo absoluto (igual con toda la intención del mundo para estar a la par con el nivel cultural de nuestra sociedad), y que encima no aporta soluciones ni propuestas, se convierta en el libro más vendido en las pasadas ferias. Con la de libros que se editan cada año, y más en el mundo hispanoparlante.

Indignado estoy al comprobar que en la totalidad de los medios de comunicación se hable de la primera suspensión de la “madrugá” de la Semana Santa sevillana desde el año 1933, sin mencionar las razones de la suspensión en los años 1932 y 1933, como si en esos años hubieran caído terribles aguaceros sobre la bella ciudad andaluza. No señores, en 1933 lucía el sol y no se pudo celebrar el acto más importante de la Semana Santa sevillana por los ataques armados de la izquierda revolucionaria, por los constantes acosos al mundo católico, por el incendio de iglesias y de sus pasos. A lo máximo que ha llegado algún medio es a poner la coletilla de que no se celebró por “motivos políticos”. Juas. Hay suficiente literatura que explica lo sucedido, por si alguno tuviera interés. O hemerotecas. Que para algo sirven, y no están manipuladas y tergiversadas como el resto de la prensa. (más info aquí)  . Pero igual aún es peor, igual es que la Semana Santa en el fondo ha perdido cualquier significado religioso, y las procesiones son simples actos folclóricos a los que la gente asiste por simple tradición y ganas de jarana, obviando su única raíz, la cristiana, y con ello la recreación del Calvario y la Resurrección de Jesucristo.

Indignado estoy al ver que los ingleses siguen riéndose en nuestras narices. Que sigan protegiendo a piratas, traficantes y demás calaña (en línea con la “grandiosa” historia del Imperio Pirata de la Gran Bretaña), denigrando a nuestros ejemplares y nobles Guardias Civiles, sin que nuestro des-gobierno alce la voz y actúe en defensa de nuestra patria, algo que creo yo debería de hacer “de oficio” al representar a todos los españoles. ¿O es que el Gobierno no tiene el deber de representar y defender a la nación española? ¿Será que confunden sus obligaciones con ayudar a sus primos, hermanos y amigos? ¿Será que las cuestiones de estado no les interesan demasiado, cuando están pendientes, todos ellos, desde la izquierda hasta la derecha, de juicios y más juicios por corrupción? (más info aquí)

Indignado estoy de que los etarras nos la hayan vuelto a colar, con la complicidad del gobierno, y que puedan presentarse, si la justicia no lo impide a tiempo, asesinos, cómplices y encubridores a puestos de representación de la sociedad, para acabar viviendo a costa de nuestros impuestos, y encima con sus líderes, culpables de múltiples asesinatos, liberados ilegalmente y de forma intencionada,  riéndose de nosotros desde sus guaridas en Venezuela o donde quiera que estén.

Y finalmente, aunque en este caso carente del valor de los enunciados anteriores, indignado estoy de que mi equipo de fútbol, el Real Club Deportivo Español, esté echando por la borda una magnífica temporada y el sueño de jugar en Europa se esté desvaneciendo como el chocolate de las monas que se consumieron ayer en toda España.

Indignaos. Que yo ya lo estoy.

P.D. Recién publicado este artículo  me entero por mi amigo Fernando que han condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica a la "moza" del jeque de Qatar. Lo que decía. Indignado estoy.