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martes, 3 de mayo de 2022

Dame una sonrisa

 

There is a crack, a crack in everything
That's how the light gets in

(Leonard Cohen)


Preparar una fiesta sorpresa con 5 meses de antelación es algo complicado, sin duda. Más aún en estos tiempos que corren, en los que prima la inmediatez de tal modo que un chiste o una sonrisa duran menos que los míticos “peces de hielo en un güisqui on the rocks”. Pobres pececillos, por cierto, que siempre se derriten antes de tiempo por citarlos tantas veces. Y creo que en los últimos días los he gastado de por vida de tanto nombrarlos. Así no hay quien se tome una copa en condiciones. Y si encima te cuesta 8 euros (de eso hablaremos más adelante).

Y por culpa de esta antelación en la planificación del evento, las entradas y salidas de miembros al grupo creado para su organización fueron constantes. La montaña rusa de los sentimientos que vivimos la mayoría en nuestras vidas, quedó claramente reflejada en estos constantes vaivenes: hubo más movimientos en el grupo de Whatsapp que en la cuenta corriente de un ludópata. Que ya es decir.

Al final los más pragmáticos optaron por abandonar el grupo y esperar pacientemente hasta la fecha, mientras que los más implicados y sacrificados mantuvieron el tipo hasta el final. Gracias a todos ellos por el inmenso esfuerzo, que redundó en una gran fiesta de cumpleaños. 

En especial a Mamen, Marta, Ana y Eloy, verdaderos artífices del entrañable evento. Y que merecen nuestro gran aplauso y un eterno agradecimiento. Gracias majas y majete.

La fiesta tuvo, como cualquier suceso en la vida, sus luces y sus sombras, pero aquí no estamos para hablar de sombras ni tampoco he venido a hablar de mi libro: valga lo que sigue simplemente para relatar las partes alegres, divertidas, entrañables y hasta emocionantes que vivimos el sábado 30 de abril en un local de cuyo nombre no quiero acordarme. Las partes que recuerdo yo; las fiestas son tantas y tan diversas como personas que asisten, cada uno de nosotros la vivió de otra manera, tendrá sus recuerdos y sus anécdotas, pero por desgracia o por fortuna no soy ni omnipresente, ni tengo cámaras ocultas vigilando a la parroquia (como Rosi), ni conseguí jamás instalar el sistema de vigilancia Pegasus en vuestros móviles. Ahí van pues mis recuerdos…

Nota: aunque alguno me lo haya pedido, no pienso crear un audio libro con este pequeño artículo. Que los que me lo reclamaron o son muy vagos o simplemente lo piden para putear a don Emilio. 

La víspera del día D, tuve que romper mi germana y quizás ya senil norma de acostarme pronto, y esperar a Don Alberto, que se quedaba a dormir en Rommeland 3, mi nuevo refugio estilo Cuéntame, con sus camas empotradas, sus lámparas vintage, sus estampitas de la Virgen y su inmenso espejo con marco dorado. Y como no, su duro colchón, que no solo destroza mi espalda, sino que encima acaba con mis sueños. 

Llegó el invitado a su hora, con hambre y ganas de hablar. Pues dicho y hecho, adiós a la compra semanal, adiós al Rua vieja y bienvenidas las largas y entretenidas charlas (con pocas faltas ortográficas, como remarcó Alberto). “Y a dormir ya, que la fiesta es mañana”.

Empezó el día con eso que unos llaman casualidad, otros destino y los más modernos serendipia: puse mi emisora de referencia de la radio alemana, como entenderéis una acorde a mi edad, llamada “Oldies but Goldies”, y una de las primeras canciones que sonó fue “Lola”, de los Kinks. Primeras risas, sobre todo pensando en la letra de canción: ¿no hablará de mi Lola, verdad, don Ray Davies? Por no ser suficientemente divertido y sorprendente oír está canción, al poco sonó el “American Pie” de Don McLean, canción preferida de Mamen. Si esto no es destino, que baje Dios, lo vea y lo confirme. O admita que ha sido él.

Nos reunimos varios en el nuevo local social, el Envite, mezcla de psiquiátrico, parroquia, hogar del jubilado y bar al uso, con su tele, su tragaperras, sus tapas, su viejo gruñón y el habitual de cazalla matinal leyendo el MARCA al final de la barra. Alberto se atrevió a echarle un pulso a Constan, y nos plantamos en el local de la fiesta sorpresa por el 50 cumpleaños de don R. (sigo sin acordarme del nombre del local). 
Bonito reencuentro con los grandes (de cuerpo y corazón) amigos de Barcelona, con los queridos colmenareños, con los encantadores madrileños  y con todos los demás. Corta espera, operación ocultación en el castillo, y primer desencuentro con una de las protagonistas del evento: la mujer del pijama. Intenté colgar la bandera del Mágico y me negó el permiso alegando que ellos “no se podían posicionar con ninguna opción política”. ¿Dónde está la opción política en la bandera de tu patria o en la bandera de tu equipo de fútbol? Lerda. Y la fiesta ni había empezado. Vamos mal.

Y llegó el homenajeado. Aún no tengo claro si sabía algo, lo intuía o no. O si sabía que Mamen tenía tantos hermanos. Poco hablé con él durante la fiesta. Pero bueno, puso cara de sorpresa. Y de alegría. De eso se trataba. De sacar una sonrisa. A él, a todos.

A partir de aquí, música, alegría, fiesta, fotos, entradas y salidas a la terraza, y, el exquisito catering gourmet que nos sirvieron. Lo de exquisito y gourmet obviamente con retintín: vaya timo. No he querido ni recuperar la foto de la carta que aprobamos y bien pagamos. Poco, nada bueno y servido a desgana y con malos modos. Aquí llegó el desencuentro número dos con la susodicha: estando sentados fuera unos cuantos, en amena charla al sol, salió furibunda y casi gritando nos dijo que entráramos a comer. No pude resistirme y le llamé la atención diciendo que “los clientes somos nosotros, que se calme y que ya vamos”. Y a punto estuve de preguntarle si su pijama era la toalla del baño, robada en un hotel de Benidorm.

Si no le gusta la hostelería, que monte una funeraria. O se haga podóloga.

Después de la virtual comida (ni el filete que pidió Cris por ser celíaca tenía el mínimo nivel aceptable), llegó la hora del vídeo clip creado con mimo, estilo y gracia por Ana. Buen trabajo, guapa. Gracias en nombre de todos.

El vídeo, como digo, muy bonito, una buena banda sonora, fotos emotivas y vídeos graciosos, y con una sola pega: yo salía poco. 😊 Y a los que me silbaban desde el fondo, pues ya sabéis, ¡Bufones y orgullosos, oi!, por ello aparezco tanto. Por nada más. Bufones ya los había en la Edad Media. Y las mujeres barbudas. Y bardos. Y la vieja bruja de los gatos. Y osos (esto encima sigue siendo verdad, porque uno andaba por ahí. Encima muy bien amaestrado: sabía bailar, cantaba de maravilla y en varios idiomas y nos hizo pasar ratos geniales a todos. Como siempre. Pon un oso en tu vida. Y no el de Tous.

Ante la falta de verdaderas ganas de ver el partido de fútbol (por casualidad se enfrentaban nuestros dos equipos, por lo que un empate también nos iba bien), y siguiendo nuestra tradición de vieja escuela, cantamos lo de “que no nos gusta el fútbol, que nos gusta el bar” y adelantamos la hora del concierto. Encima así lo hacíamos coincidir con la hora de la barra libre, en la que miss Pijama la Borde nos volvió a sorprender cambiando de los buenos y fríos tercios de pago a las cañas templadas de barril en vaso de plástico. Y no quiero ni preguntar si el barril era Mahou o quizás Cruzcampo, ese líquido apto para todo, limpiar, fregar, derramar..., menos para tomar. En ese bar de cuyo nombre me estoy empezando a acordar. En este momento a ella sí que la acabé por bautizar. La Vinagre del Pijama. Que ni es de Modena ni es fina lencería.

El concierto de Edu, Iván y sus amigos estuvo genial, como era de esperar. Con una lista de canciones, un setlist, que me ocultaron hasta el último día, adecuado para el público presente, y una ejecución perfecta, cantamos, bailamos y desafinamos hasta reventar (hay algún video en el que los cánticos desafinados duelen más que el maullido del gato que está triste y azul). A petición del público, y como estaba escrito, el cincuentón nos cantó varias canciones, que todos seguimos emocionados.

Sesión de fotos, emociones, abrazos, y a partir de aquí, fiesta de las de verdad: grupos aquí, grupos allá. Sombra aquí, sombra allá. Beso aquí, beso allá. Alguien dice que cantaron lo de que se besen, que se besen. Yo no me acuerdo. De lo de los cánticos. De lo del beso sí. Y creo que fueron más que uno. O quizás lo soñé.

Grandes charlas en la terraza. una con Oxi sobre música, guitarras de 12 cuerdas y el “Wieder mal ’nen Tag verschenkt” de los Onkelz (Otro día desperdiciado), muchas, largas y entretenidas con Isra (le debí de dar mucho la lata, porque estuvo malo hasta el lunes), chanzas y chistes sobre los cantantes heavies ochenteros, su outfit y sus tatuajes (comparados con la espalda de Alberto, por ejemplo), gente entrañable, un chico que llevaba un logotipo del Real Madrid muy discreto en el pecho (yo cada vez lo veía más grande), una sesión particular de cante jondo y bailes populares por parte del Oso, el detalle de Fredy en regalarme la camiseta (gracias, líder), abrazos de extraños que me tocaron más en pocos minutos que mi ex mujer en 8 años…y ver a Sabio por una vez sin libro y conversando es impagable.

Una fiesta genial, aparición de personajes curiosos (uno mezcla de Paco Clavel y el Mago Tamariz), alguien vendiendo muñecas barriguitas, amores y desamores, sonrisas y lágrimas, un romántico 😉 paseo de vuelta hasta el coche, caminata que casi vale como una etapa del Camino de Santiago, y dos días para recuperarme y poder escribir esto.

Sonrisas hubo, por lo que algunos las dieron. O las dimos. Y besos. Que también dimos. Gracias a todos por el gran rato pasado.

Y no olvidemos lo más importante: lo que nos reunió en ese lugar de cuyo nombre estoy a punto de acordarme, fue el cumpleaños de Ramiro. Muchas felicidades cincuentón. Ya casi me pillas.

 

Dame una sonrisa…

 

P.D.: Ahora me acuerdo del nombre del puto bar. Se llamaba Cadillac Solitario. Digo llamaba porque la parte de Cadillac ya ha quedado eliminada. Desde ya se llama Solitario. Porque nadie tendría que volver ahí… que nosotros somos más del Simca 1000. De nuevo una rima. Estoy sembrado.

P.D.D.: Aclaración de la cita de arriba de la canción “Anthem” de Leonard Cohen, en sus propias palabras:

“En esta vida no se hacen las cosas perfectas, ni en el matrimonio, ni en el trabajo, ni en nada, ni en el amor a Dios, ni en el amor a la familia o a la patria. La cosa es imperfecta.

Y lo que es peor, hay una grieta en todo lo que puedes unir o armar: Objetos físicos, objetos mentales, relaciones, construcciones de cualquier tipo. Pero ahí es donde entra la luz, y ahí está la resurrección y ahí está el retorno, ahí está el arrepentimiento”.

P.D.D.Por si queréis colaborar con una causa muy, pero que muy justa, aquí podeís valorar el puto bar. No por el bar, más bien por el avinagrado y desagradable trato.



jueves, 18 de junio de 2020

Madrid, siempre Madrid.


 De Madrid al cielo, y en el cielo, un agujerito para verlo.
Luis Quiñones de Benavente


En octubre de este aciago año que estamos sufriendo se cumplirán nueve años de mi llegada a Madrid, esta magnífica, acogedora, bella, tolerante, rica, variada, culta, educada y brillante urbe, aún capital del Reino de España (a ver cuánto duran lo de Reino y lo de España). Al año de plantar mis nobles posaderas en este bello centro de nuestra piel de toro, ya escribí mi primer “artículo – homenaje” de agradecimiento, y desde entonces he tenido la constante tentación de volver a dar rienda suelta a mi creatividad e insistir en la grandeza de la Villa y Corte.

Y a raíz de las últimas declaraciones de paletos, pueblerinos, rancios naZionalistas, dirigentes peperos de provincias con ínfulas de rey celta cual Breogán renacido, ignorantes rojos, sucios narcoterroristas podemitas, gordos vividores gaditanos y demás bazofia que puebla nuestra sagrada tierra, se me ha hinchado la vena.

¿Qué diantres habláis de Madrid? Eso es un tema sagrado. Agarradme el mini de güisqui, que voy.

Hablemos pues de Madriz. O de Madrit, como solemos pronunciarlo algunos oriundos del condado de Barcelona, parte del histórico Reino de Aragón. Esa bonita tierra que dejé, harto de mentiras, odios, invenciones, discriminaciones y latrocinios, y que cada vez me atrae menos. Y que cambié por una metrópoli tan famosa como desconocida, tan variada como auténtica, tan lejana del mar como cercana al corazón. Como decía acertadamente Calderón de la Barca: “Es Madrid patria de todos, pues en su mundo pequeño son hijos de igual cariño naturales y extranjeros”. Y así es. Que a nadie le quepa ninguna duda.

Madrid es patria sin imposición, hogar acogedor sin exigencias, chulería sin arrogancia, belleza sin engreimiento. Abierta a toda buena persona y cerrada a los descalificadores. Presta a ayudarte cuando es menester y a echarte a navajazos y garrotazos cuando corresponde.

Pero cuando no tienes el nivel para siquiera pisarla, cuando hablas de oídas, cuando en el timbre de tu voz resuenan envidia y rabia, cuando no la conoces y la juzgas sin "haberla" dado tiempo de desnudarse y enseñarte su dulce cuerpo y su pura alma, mejor que calles.

En fin, qué os voy a contar, amigos míos, que no sepáis ya.

Por eso rabio cual perro encerrado, cual Guardia Civil denostado, cual dirigente político ninguneado, cual periodista despedido, cual sanitario manipulado, cual ciudadano engañado; rabio y me alzo ante los insultos contra los “madrileños”. Ya tuve bastante en mi querida Barcelona aguantando odio, menosprecios, mentiras y violencia de los enfermos nazíonalistas, para tener que soportar ahora un desprecio infundado contra la buena gente de Madrid. 

Entre la que ya me incluyo con toda modestia y mucha honra.

Citando a Tirso de Molina (Sol, Gran Vía, Tribunal…): “Madrid es mi patria, corte digna de España, madre benigna del mundo”.

De Madrid al cielo.




miércoles, 25 de marzo de 2020

Confinados

Escribo esto con congestión nasal, malestar general y un dolor muscular bastante intenso. Pero sin fiebre. Pasada anteayer la evaluación en línea de la Comunidad de Madrid (https://www.coronamadrid.com/) , como es lógico me contestan que por ahora no tengo suficientes síntomas para pensar que pueda estar infectado. Y no soy yo persona proclive a salir disparado a visitar a un médico: la última visita a un facultativo creo que fue en el año 2012, donaciones trimestrales de sangre aparte. Y menos aún correré en estos momentos, con los hospitales desbordados y los cadáveres acumulándose en el Palacio de Hielo de Madrid, entre ellos muchos sanitarios, médicos y demás profesionales que están dejándose literalmente la vida por ayudar a los demás (como los políticos, pero al revés). Será un catarro. O la edad. O ambas cosas.

Y aunque haya titulado este comentario “confinados”, podría cambiarlo sin dudar ni un momento por “secuestrados”, “engañados”, “vendidos”, “manipulados”, “olvidados” y hasta “asesinados”. 

Cualquiera de estos verbos sería aplicable en esta nuestra querida patria, perdida en un mar de desorganización, de mentiras, de falta de previsión, de división y, sobre todo, entregada sin remedio a la nefasta gestión de nuestro desgobierno frentepopulista, más preocupado por su imagen, sus pactos secretos y su propio futuro que por el bien de la nación y la supervivencia de la población.

Piden ya los culpables de esta grave crisis que no metamos cizaña, que no polemicemos, que trabajemos unidos, cuando hay que hacer exactamente lo contrario: tenemos que alzarnos y gritar a los cuatro vientos las verdades que tanto les duelen a los malignos dirigentes que tenemos en España y en la mayoría de las ridículas y claramente prescindibles autonosuyas.


Harto difícil es no dejarte influenciar por el constante bombardeo televisivo, radiofónico y sobre todo “social” a través de las redes. Redes que como siempre nos traen tanto lo bueno, el contacto con los tuyos, información y entretenimiento, como todo lo malo, en forma de bulos, timos y ciberataques. La maldad y la estupidez ya sabemos que no descansan nunca. Ni durante un estado de alarma.

Lo malo.

En Cataluña tenemos a los dementes lazis separatistas aprovechando la ocasión para atacar a España y manipular sin pudor toda la realidad de su desidia, su latrocinio y su apestoso egoísmo racista.

En las Vascongadas tres cuartos de lo mismo, con el agravante del apoyo de los terroristas de Bildu a los nazis del PNV, que bien están usando la crisis para llevarse algún premio, ya sea en forma de dinero que no les corresponde o de alcaldías que asaltan en plena cuarentena para colocar a sus peones en puestos clave. Y eso que ellos son los mayores expertos en confinamientos: solamente hay que recordar todos los secuestros que promovieron, apoyaron y llevaron a cabo durante años, encerrando a personas inocentes en inmundos zulos, maltratando, humillando y matando con el único objetivo de conseguir beneficios económicos.

La prensa sumisa al poder, que hoy en día ya es casi toda, despide a grandes periodistas como Fernando Sánchez-Dragó y censura artículos de un notable columnista como Alfonso Ussía, cediendo al chantaje del desgobierno chavista. “O te cargas a estos o te quedas sin subvenciones”. Tal cual. Como si estuviéramos en Venezuela. O en Cuba. O en Nicaragua. O en la antigua URSS, o en la falsamente llamada RDA en la que la pesadilla de Orwell llegó a su máxima expresión con la vigilancia de todos los ciudadanos por parte de todos los ciudadanos. La estrategia perfecta para subyugar y esclavizar un país, mientras los dirigentes viven como reyes en sus palacios y propagan sus mentiras por los medios de comunicación que dirigen con mano de hierro desde sus piscinas y jardines. ¿Os suena verdad? Un aire a chalé en Galapagar.

Los titiriteros a lo suyo, como siempre. Sin aportar nada al bien común, pero saltándose su turno en la petición de subvenciones, con frases huecas, argumentos infantiles y una “hiprogresía” tan conocida como asquerosa. El día que me expliquen que puñetas aportan a la sociedad toda esta banda de vividores iletrados, de bufones incultos, de impresentables títeres que bailan al son de la mierda que sale de los cerebros de los autoproclamados “intelectuales”.

Las malditas oenegés, que aún no han hecho acto de presencia, visto que en estos momentos les tocaría trabajar y ayudar al prójimo, algo que está muy lejos de sus reales intenciones, que son mucho más mundanas y placenteras: vivir de subvenciones, salir en los medios y pegarse la buena vida diciendo sandeces, viajando por el mundo y soltando lágrimas de cocodrilo sin mover ni un solo dedo por el bien común.

Los asquerosos chiringuitos feminazis y su antinatural y anticientífica locura carente de cualquier base biológica llamada perspectiva de género, culpables de gran parte del mal que estamos sufriendo por haber celebrado la manifestación del 8M, no tienen nada mejor que hacer que reunirse para analizar esta crisis desde una su “perspectiva de género”. Mejor me callo. Porque a día de hoy tenemos al gobierno rastreando nuestros teléfonos y a los lacayos de la STASI en la que se han convertido Podemos y sus satélites vigilando las redes sociales, forzando bloqueos de usuarios y propagando mentiras con sus ejércitos de trolls y de bots informáticos.

¿Qué nos queda? Pues mucho.

Lo bueno.

Nos queda todo el resto de la buena España, los humildes trabajadores, los ganaderos, los agricultores, los médicos, los enfermeros, los bedeles, los transportistas, los quiosqueros (bien pensado para lo que sale en la prensa.., pero bueno, también venden gominolas, revistas, coleccionables y tabaco), los militares, los policías, los héroes de la Guardia Civil y todos aquellos que por propia iniciativa están ayudando al prójimo, ya sean decentes empresarios como Amancio Ortega (¿cuánto han donado todos los bocachanclas de “la Ceja”, los Bardem, Wyoming y todo el resto de la piara de pestilentes cerdos instalados en su arrogancia y su inutilidad?), humildes monjas cosiendo mascarillas, estudiantes imprimiendo respiradores en sus 3D, restaurantes de carretera ofreciendo comida gratis a los cansados camioneros o vecinos que se ofrecen a hacer la compra a las personas mayores.

Nos quedan los amigos, nos queda la familia, a los creyentes nos queda la fe en Dios, y, sobre todo, nos queda esa fuerza necesaria para resistir y poder superar esta desgracia con un objetivo primordial: acabar con la maldad que nos está esclavizando, acabar con los gobiernos de analfabetos, de garrapatas, acabar con los populistas, con los amigos de los terroristas, con los naZionalistas, con los racistas, con la mentira, con la manipulación, con el latrocinio institucionalizado, con la mierda en general.

#Stopdemencia

P.D. Y a los humildes, minoritarios y maravillosos pericos nos queda la esperanza de que se anule la Liga y nos salvemos. Aunque todos nosotros preferiríamos bajar a segunda con tal de salvar la vida de uno solo de nuestros compatriotas que ya han fallecido. Descansen en paz.











jueves, 7 de noviembre de 2019

Llorar


And even though the stars are listening
And the ocean's deep, I just go to sleep
And then I create a silent movie
You become the star, is that what you are, dear?
Your whisper tells a secret
Your laughter brings me joy
And a wonder of feeling I'm Nature's own little boy
But still the tears keep falling
They're raining from the sky
Well there's a lot of me got to go under before I get high.
Even in the quietest moments.Roger Hodgson. 1977.

Me permito usar como introducción a esta reflexión un par de párrafos de un artículo que escribí hace ya diez años a raíz de la muerte de Dani Jarque. En este caso se trata de un autoplagio, algo bastante diferente a los rastreros remedos del burdo copiar y pegar de nuestro presidente por accidente, sus ministros y sus perritos falderos. Vaya banda, por cierto. ¿Dónde quedó aquello de que nos gobiernen los mejores?

Existen pues personas de lloro fácil que por cualquier banalidad dejan escapar unas lágrimas y que, en casos más serios, se derrumban sin contención posible echando por los ojos sus sentimientos de rabia, dolor, alegría o tristeza.

También existen personas más templadas, que han sufrido lo suficiente en su vida para no llorar a la primera ocasión o que simplemente guardan sus sentimientos en su interior, personas que sienten y sufren igual que los demás pero que no expresan sus conmociones de la misma forma que las anteriores. Personas curtidas en sufrimientos, personas que han perdido a familiares, que han sufrido maltratos o que han vivido tales decepciones en la vida que el recuerdo de estas les impide llorar a rienda suelta a la primera ocasión.  

Finalmente tenemos a los duros. Personas que no lloran ni llorarán jamás. Están de vuelta de todo. Han perdido la fe y la esperanza. Ya no creen en nada porque las han visto de todos los colores o porque carecen de la mínima humanidad necesaria. El dolor y la tristeza no consiguen arrancarles ni una simple lágrima, quedándose atascados los sentimientos, si los tienen, en su interior, mordiendo sus entrañas sin que nadie se percate, a veces ni ellos mismos, de lo que están sintiendo. Pueden ser de todo tipo: insensibles, pragmáticos, primitivos, consecuentes, realistas, fríos o escépticos. Pero no lloran ni a la de tres.

Yo reconozco que siempre he sido de los primeros: mis lágrimas son tan autónomas y fáciles de movilizar que parece que tenga un depósito a punto de rebosar localizado entre la laringe y la garganta, repositorio que alimenta de forma continuada las glándulas lagrimales. Sea por tristeza, por alegría, por indefinida emoción, por un recuerdo, por un gol de mi equipo, por ver una bandera de España, por una simple fotografía o por oír los acordes o la letra de una canción olvidada, el húmedo chorro se libera sin que lo pueda evitar. Y tampoco pasa nada. Peor sería que a las primeras de cambio me volviera agresivo y violento.

¿Y a qué viene toda esta introducción? De forma resumida: estos días pasados he disfrutado cual enano con la visita de mi familia, en concreto de mi hermanito, mi cuñada y uno de mis sobrinos. Y han sido tres días inolvidables, con paseos, excursiones, comidas, cervezas (más bien pocas) y, sobre todo, recuerdos, complicidad y risas, muchas risas. Como si el tiempo no hubiera pasado. Las mismas bromas de antaño, los mismos tics, reproches, manías, puntos débiles y reacciones que hace 30 o 40 años. Me imagino que es algo natural, que sucede a todos los hermanos o amigos íntimos cuando se reencuentran: vuelven las imágenes pasadas, recuerdas esas situaciones cómicas, te recreas en algún viejo chiste repetido hasta la saciedad, tarareas una canción que por alguna razón marcó vuestras vidas o te pones a hablar de aquel amigo que hizo tal gamberrada varios decenios atrás. ¡Bendita memoria! Ojalá ninguno de nosotros acabe siendo una de las pobres personas que padecen Alzheimer y nos perdamos estos momentos tan reconfortantes e importantes llamados recuerdos. Uno de los componentes básicos de nuestra vida, junto a los planes y los sueños. Sin estos tres pilares la vida carecería de sentido. Seríamos un simple vegetal. Y encima serviríamos de alimento a los veganos. Dios nos libre.

Y no estoy hablando de la exageración de los sentimientos y la exaltación de la amistad y el amor producidos por la ingesta abusiva de alcohol y demás drogas: esos casos son una simple reacción química forzada en nuestro cerebro por elementos externos. Hablo de lágrimas naturales. Parecidas, pero no iguales.

Paseos por mi cada vez más querida ciudad de Madrid, una tapa aquí y otra allá, vistas increíbles de la ciudad desde el mirador del nuevo hotel Riu de la plaza España, una bonita escapada a Toledo, y todo ello disfrutando de la compañía familiar y conociendo un poco más a mi sobrino, al que llevaba años sin ver (mea culpa, sin duda), y que ha resultado ser un cómplice más, conocedor al dedillo de nuestros tics familiares,  nuestros traumas, nuestras hazañas juveniles, nuestros defectos y nuestras virtudes. Sorprendente y emotivo: más que un sobrino parecía otro hermano más, y encima inteligente, divertido, guapo, espabilado y valiente. Porque lanzarte solo, a sus 18 añitos, a pillar 3 aviones para viajar a las antípodas, en concreto a Noosa, en Australia, es digno de admiración. O quizás lo vea yo así, marcado por la edad y la experiencia, y en el fondo sea algo normal a esa edad. No lo sé. Pero huevos le ha echado, con perdón.

Hay una escena en la película “Salvar al soldado Ryan” en la que el protagonista explica que no es capaz de recordar las caras de sus tres hermanos fallecidos. Su capitán, antiguo profesor, le recomienda intentar recordar momentos o aventuras, y a los pocos minutos al pobre James Ryan se le empieza a iluminar la cara y explica con todo detalle una anécdota vivida con sus hermanos y una vecina fea que pretendían seducir en un granero. Momentos. Escenas. Situaciones. Canciones. Imágenes. Olores. Recuerdos.

La vida pasada revivida en esos instantes. Que te hacen llorar. Que te hacen reír. Y te permiten seguir planeando y soñando. En resumen: seguir viviendo.

Muchas gracias por la vista familia. Ha estado genial.




P.D.: Mientras escribo esto voy mirando en el Flightradar por donde anda ya mi sobrino Robin. Llegando a Taiwan en estos momentos. Vaya viaje. Mucha suerte tengas sobrino, disfruta a tope y Dios (y ahorro) mediante nos veremos en marzo en Bali. Y si no es allí, pues en Mallorca. O en Panticosa. O en Madrid.



miércoles, 28 de agosto de 2019

La calle de la Luna


Me dormía ayer con una sensación de profundo vacío, de final de verano, como hace tiempo que no me pasa. Había acabado el libro que da título a esta entrada, y tomando las últimas notas al tiempo que pegaba el enésimo pósit sobre otro párrafo más que por alguna razón quiero recordar, intenté pasar a la sesión de tertulia radiofónica habitual para acelerar el encuentro con Morfeo, pero me fue imposible. 
Entre la rabia de que todo hubiese acabado (el verano, el libro y las desventuras del protagonista), las ganas de poder escribir esta pequeña reseña y, sobre todo, poder recomendar vehementemente su lectura, ni prestaba atención al tertuliano de turno ni conseguía conciliar el sueño. Así he acabado, sentado ante el teclado dos horas antes del inicio de mi horario laboral habitual (ya podría venir hoy algún mandado de la Inspección de Trabajo a comprobar si hago horas extra), con la ciudad de Madrid plácidamente durmiendo, la M-30 más vacía que el cerebro de Bea Talegón y los primeros rayos de sol asomando por Levante.

Y hete aquí que lo primero que veo antes de ponerme a redactar, es un trino de un querido y admirado amigo alabando el libro y pidiendo una pronta segunda parte. Ya tenía yo durante toda la semana la sensación de que no estaba solo disfrutando de la lectura, que de alguna forma estaba viviéndolo todo como si fuera un cliente más de La Barrena (el bar habitual de los protagonistas). Y encima acompañado por Juanjo. ¿Qué más se puede pedir a un libro?

Seré sincero: en estos momentos me muevo entre la rabia de no haber leído antes esta novela, de que ya no queden páginas por disfrutar, y, sobre todo, intentado sofocar un fuerte sentimiento de envidia nada sana de no haberla escrito yo (por desgracia yo no tengo a un amigo que me insista en ponerme manos a la obra, y “nuestro” Carlos particular, que igual lo habría hecho, por desgracia nos dejó hace unos años, d.e.p.). 
Porque vivirla, sin duda que lo he hecho. Y mucho. Ha sido como un largo «Déjà vu», como revivir mi juventud: rodeado de personas muy cercanas, escuchando melodías más que conocidas, viviendo de nuevo muchas aventuras casi olvidadas y hasta deseando volver a estar con Natalia (la casi novia idealizada del protagonista), antes de que todo a mi alrededor se derrumbe definitivamente (sobre todo esta nuestra querida España que cada día veo más cerca de desaparecer en un mar de estupidez, egoísmo y maldad).

Pero como bien canta Garth Brooks, hay muchas veces que tenemos que alegrarnos de que Dios no haya contestado a nuestras plegarias. Porque en ese caso igual estaríamos casados con la persona equivocada, viviríamos en el sitio erróneo o ejerceríamos una absurda profesión que no nos llena nada.

O hubiéramos escrito una novela aburrida, sin contenido, sin pasado, presente ni futuro.

No como esta espléndida obra que acabo de terminar y que me ha llenado, me ha hecho amar, odiar, reír y que, sobre todo, me ha inyectado ese chute de vida que cada tanto nos hace falta.

Sometimes I thank God for unanswered prayers
Remember when you're talkin' to the man upstairs
And just because he doesn't answer doesn't mean he don't care
Some of God's greatest gifts are unanswered prayers


P.D. Muchas gracias, Kiko. He disfrutado mazo. No tardes con la segunda parte, como bien te pide Juanjo.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Imbéciles



Hace poco más de un mes hablaba en mi último artículo sobre la sociedad distópica en la que por desgracia vivimos, y una amable y muy querida lectora me sugería en un comentario que escribiera en un futuro alguna cosa sobre la belleza. 
¡Ojalá pudiera dedicarme a loar la belleza de este mundo, los valores de nuestra sociedad y el magnífico estado evolutivo y nivel cultural que hemos alcanzado entre todos! 
Pero va a ser que no. 
Habrá que esperar a tiempos mejores (asumo que será una espera inútil y que dejaré este mundo bastante antes) y volver a descargar toda la rabia, impotencia y asco que me produce nuestra sociedad actual en este pequeño comentario. Lo siento María. Otra vez será.
Hablemos pues de imbéciles. De nosotros.

En estos cuarenta y pocos días transcurridos desde mi artículo anterior se ha producido tal avalancha de sucesos y comentarios insensatos, estúpidos, falsos, manipulados o inventados, que ni uno de los minúsculos copos de nieve del desprendimiento se salva de su parte de culpa, por mucho que se excuse con un “no ha sido culpa mía” o un “no sabía” de clara influencia borbónica.

Y ya que hablamos de sangre azul, vamos a por la primera bofetada que nos han dado en la frente a nosotros, los ciudadanos imbéciles: la sentencia dictada contra el cuñado del Rey y su tan olvidadiza y real esposa. Tan contentos que nos sentíamos la mayoría de ciudadanos de bien y amantes de la justicia (esa que es igual para todos) por ver procesados a Urdanga & Co., y al final van el juez y el fiscal y nos estropean la fiesta, a mayor gloria (y beneficio económico obviamente)  de los abogados defensores, con el inefable Roca i Junyent al frente. De pagafantas  hemos pasado a ser pagainfantas. Por no hablar de las risas que se habrán pegado a costa nuestra los encausados, que en vez de purgar sus delitos en las celdas de rigor seguirán disfrutando de su “dolce far niente” en algún agradable exilio portugués o suizo. Y nosotros, los imbéciles, a pagar. As usual.

La segunda afrenta a nuestra inteligencia es la feroz campaña contra el presidente de los EE.UU, el rubio Donald Trump. No me erijo aquí en defensor de esta persona, faltaría más, (teniendo en cuenta el poco respeto y cariño que siento desde pequeño por los yanquis, no creo que sea el momento de cambiar de golpe de opinión), pero lo que sí que es vergonzoso es asistir al dantesco espectáculo del llamado “establishment”, que viene a ser lo que en nuestra patria son los artistas de la ceja, los amigos de Zapatero, las compinches de Ramoncín, las sextarios de Wyoming, los inútiles admiradores de Pedro Sánchez y los recién llegados (y ya enriquecidos) populistas de Podemos y sus adláteres. Estos seres engreídos, que se arrogan ser poseedores de la verdad absoluta en todos y cada uno de los aspectos de la vida, se han lanzado cual jauría hambrienta a por un presidente elegido por la mayoría de los ciudadanos de su país, que cumple sus promesas electorales y que por lo tanto es de los pocos políticos que realmente son dignos de respeto. Por lo menos ejerce como tal: proclama sus intenciones, promete y las cumple. Como las neveras, que cuando las compras enfrían. O los coches, que cuando los adquieres arrancan, giran y frenan. Y no como los cientos de miles de politicuchos de tres al cuarto que campan a sus anchas por la piel de toro mintiendo, robando y riéndose de nosotros mientras devoran mariscos y cobran dietas por desplazamiento y alojamiento cuando tienen su pisito a escasos metros de su puesto de trabajo (y probablemente ocupado por alguna amante, cortesana o mujer de mal vivir aupada al poder por todo menos por sus méritos intelectuales). Meretriz, para afinar un poco más. O Irene.

La tercera afrenta, que no por ridícula y pequeña nos salva de ser unos completos imbéciles por tolerarla, ha sido el concurso “democrático” de remodelación de la Plaza de España de Madrid. Una más de las ya tan habituales “carmenadas” que un día de estos acabarán con nuestra paciencia y saber estar (tiempo al tiempo, que se acerca el World Pride Madrid a celebrar en Junio).

 ¡Qué Dios nos coja confesados, o mejor, armados! 

Dicen literalmente los memos de Podemos y Ahora Madrid en sus sitios web y en sus medios afines que “LA CIUDADANÍA” ha elegido el nuevo proyecto, “Welcome mother Nature”, como mejor opción para la reforma de la plaza de España de la capital del Reino. Si la “ciudadanía”, como dicen ellos, son los veinte y pocos mil votos recibidos (algo así como el 1% del  censo electoral), pues que a partir de ahora sea esa "amplia" representación ciudadana la que financie con sus impuestos las locuras de la vieja bruja y su banda de cabezas de chorlito. No le daría ni para comprarse una bolsa de chuches. O un par de pastillas alucinógenas o medio gramo de cristal.  Que, vistas las actuaciones de la alcaldesa y su equipo, debe de ser la merienda común en los salones del otrora Palacio de Comunicaciones.

Podría añadir bastantes afrentas más, cada una de ellas peor y más ridícula que la anterior, desde la petición de la exhumación del cadáver de Franco, pasando por los propietarios de pisos ocupados acusados de violencia mientras los usurpadores disfrutan de las comodidades de las viviendas sin estrenar, las gilipolleces de Piqué o de Gabriel Rufián, la desfachatez del antiguo vendedor de helados (y actualmente de mentiras)  Homs, la “carmenada” de proponer pintar los pasos de cebra con los colores del movimiento LGTB, las continuas blasfemias durante el Carnaval o la cruel y vil injustica con los encausados por el caso Blanquerna; todo ello sucesos que corroboran, por nuestra poca o nula respuesta, que somos unos imbéciles de grado máximo.

Pero me centraré en el cuarto y más reciente atropello que hemos sufrido los ciudadanos de Madrid, y por extensión todos los habitantes de España. Esa gota que colma el vaso. Como todos sabéis, un autobús, pagado por la organización no gubernamental “Hazte Oír” (prefiero evitar las siglas ONG para no confundir algo serio como “Hazte Oír” con las fantochadas de los progres pijos y sus acciones sociales y culturales,  limitadas a engañar a la inculta galería y a satisfacer su propio ego), ha estado circulando durante unas pocas horas por Madrid con un lema tan veraz, irrebatible y científico como que “Los niños tienen pene y las niñas vulva”.  Creo recordar algo de mi etapa escolar sobre los cromosomas X e Y. Creo…


¿Qué ataque hay en la frase que adorna dicho autocar? ¿Qué derechos de la humanidad han infringido los amigos de “Hazte Oír”,  como afirma la insoportable y asquerosa nulidad Rita Maestre? ¿Qué maldita locura les ha entrado a todos, incluida la cada vez más repugnante presidenta de la comunidad Cristina Cifuentes, de ceder ante el lobby “transgénero” y convertir casos aislados, enfermedades o trastornos, en la nueva base científica sobre la realidad genética del ser humano? 

¿Con qué derecho bloquean a este autobús poniéndole un cepo, atacando con ello el derecho a  la propiedad privada, la libertad de movimiento y la libertad de expresión?

Uf, me callo. Que si me embalo me ponen un cepo. O me destierran a Cádiz, que aún sería peor.

No incido pues en este tema. Es tan patético, triste, ridículo, y a la vez dañino y peligroso para nuestra sociedad y el futuro de la humanidad, que más vale volver al inicio de mi artículo y repetir con toda nuestra rabia y desesperación:

 ¡Qué Dios nos coja confesados y armados!

Si no reaccionamos, pues eso, seremos y seguiremos siendo unos imbéciles. Muy imbéciles.


Y me permito acabar con un siempre acertado y lúcido comentario sobre el particular del admirado amigo José Javier Esparza:


Orwell pensaba en Madrid: Usted puede estar de acuerdo con el mensaje del bus de Hazteoir. Está en su derecho. Usted, claro, puede estar en desacuerdo; también está en su derecho. Lo intolerable es que la fuerza pública intervenga para prohibir que ese bus circule; para reprimir lo que, al cabo, sólo es un gesto de libertad de expresión. Orwell, es bien sabido, imaginó en '1984' una Policía del Pensamiento, brazo armado del Ministerio de la Verdad, que perseguía a los disidentes de la doctrina oficial. Pues bien, henos aquí de nuevo, en '1984'. Y no es sólo la evidente querencia estalinista de Podemos y sus marcas; no, es todo el establishment político y mediático el que ha alentado el linchamiento del disidente. Poniéndole el cepo a ese autobús intentan callarnos la boca a todos. A usted, piense lo que piense, también.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

Un año ilegal



Introducción

Tiempos nuevos, tiempos salvajes
toma un arma, eso te salvará
levántate y lucha
esta es tu pelea
levántate y lucha,
no voy a luchar por ti.


Todo fluye, todo cambia, nada permanece”.  Eso es lo que afirmaba Heráclito de Éfeso 500 años antes de Cristo. Y ahora resulta que 2.516 años después un joven de 61 años, llamado Jorge María Martinez García, o mejor Jorge Ilegal, se planta ante su fiel público para demostrar que dicha afirmación es cuando menos discutible.  Porque vista la situación social, política, climática o musical, me da que seguimos en los años 80 del siglo pasado. (O quizás en los años 30, o en el siglo XIX, pero hasta ahí no llega mi memoria. A pesar de mi avanzada edad). De los ochenta sí que puedo hablar con propiedad: son mis años de juventud, de mi mayoría de edad (legal, que no mental, la cual aún está por llegar… si es que llega), de mi inmersión en el mundo musical, mis primeros desamores y mi primer contacto con letras de canciones eternas. Letras de Neil Young, de Frank Zappa, de Sabina, de Queen, de Madness, de los Clash, de los Eagles, de BAP, de Falco, de Leonard Cohen…y de Los Ilegales. ¿Cómo que nada permanece, señor Heráclito? ¿Europa está viva, por ejemplo? ¿Alguien lucha por nosotros en este desalmado mundo? ¿Las princesas no se siguen equivocando? ¿Los mutilados no siguen volviendo a casa como héroes a cambio de dos piernas? ¿Jorge Ilegal y su banda no siguen tocando igual de bien 35 años después?

Igual habría que corregir al filósofo griego y plantearlo al revés: “Todo perdura, nada cambia, todo permanece.”

Lamentablemente llegamos tarde al micro-mecenazgo (crowdfunding lo llaman en inglés) de la película sobre los Ilegales que empezó a gestarse a finales del 2015. Cuando nos dimos cuenta ya se habían superado con creces los 18.000 € presupuestados (lo que nos impedía ser patrocinadores) para producir “Mi vida entre las hormigas”, documental que justamente una semana antes del fin de la gira se estrenó en Gijón y que por lo visto malo no debe de ser: ganó uno de los premios, el Gran Angular, como mejor largometraje asturiano del año. Documental sobre la mejor banda asturiana. El premio, de cajón. No pudimos por lo tanto aportar nada, y con ello perdimos la oportunidad de visitar a Jorge en su casa y de asistir al preestreno de la película. Pero al mal tiempo, buena cara. Y si la montaña no viene a ti, pues pillas el buga (que viene de Bugatti, mítica marca alemana (si si, alemana) de coches) y la vas a buscar. Y nos fuimos de gira. De gira ilegal.

  

Episodio I: 23 de abril, Teatro Barceló, MADRID

Llegar a la escuela,
escuela de daños.
buenos maestros,
para aprender a odiar.
rebelde sin causa,
buscando la calle.

Llegó finalmente abril, tras varios meses de espera y con la desgracia de la muerte a principios de marzo de Jandro, bajista de la banda. Fallecimiento éste que no significó una anulación de la gira sino más bien lo contrario, como con suma firmeza afirmó Jorge: “Entre depresión y rock and roll, elegimos rock and roll. Hace el dolor más soportable”. Empezaba pues una gira en homenaje a su amigo y compañero de banda, sustituido para la incipiente ronda de conciertos por el mítico bajista original Willy Vijande. Una acierto a todos luces. Comenzaba un año ilegal. Y no nos lo íbamos a perder. Faltaría.
Ahí nos plantamos, en lo que antaño fuera el Pachá y en un sábado casi primaveral, con muchas ganas de asistir al estreno del tour. Con una entrada sobrante que no tardamos en adjudicar (no al estilo mercadillo, es decir, a grito limpio, como si fueran unas braguitas o unos tomates maduros, sino con un simple paseo entre la larga cola que se había formado a la entrada), nos colocamos estratégicamente en la barra más cercana al escenario, y a partir de ese momento todo fue disfrutar, cantar y bailar. Pese al inicio un poco abatido de Jorge, algo comprensible por la ausencia de Alejandro, el concierto fue ganando en intensidad conforme iban cayendo los éxitos de antaño y alguna de las canciones del nuevo disco. Nacieron nuevas amistades (esa chica rubia que no era irlandesa) al son de “Chicos pálidos para la máquina”, “Revuelta juvenil en Mongolia”, “El demonio” o “Bestia, bestia”, entre otras,  y hasta hubo un lanzado que se atrevió a enfrentarse a la corpulencia de Willy subiendo al escenario sin haber sido invitado; pero tal cual pisó las tablas volvió a abandonarlas impulsado por un diestro barrigazo del portento Vijande. En resumen, un concierto que supo a poco, hasta el punto de que a la salida aún estuvimos hablando bastante rato con otros locos seguidores, entre ellos un locutor de RNE3, Nacho Álvaro, el cual a pesar de su corta edad (relativa a la mía, claro está) resultó ser un experto en temas musicales e ilegales.
Y ya de camino a casa la decisión de seguir la gira de Jorge y los suyos fue tomando forma en nuestras cabezas.

Episodio II: 21 de mayo, Sala Oasis, ZARAGOZA

Hay un tipo dentro del espejo,
que me mira con cara de conejo.
Oye tú, tú que me miras:
¿es que quieres servirme de comida?
Soy un macarra,
soy un hortera,
voy a toda hostia por la carretera.

Un mes pasa volando, y si encima ya tienes a buen recaudo las entradas para el siguiente concierto de Los Ilegales, pues pasa como con un polvo juvenil: en un pispás ya estábamos el Tato y yo liados de nuevo, enfilando la eternamente querida N-II, fotografiando los toros de Osborne que decoran el recorrido y parando aquí y allá a por vituallas y evacuaciones urgentes. Obviamos la tentación de parar en Calatayud (¡Ay Dolores, esa chica guapa amiga de hacer favores!) o en la Almunia de Doña Godina, y sin mayores sorpresas (salvo algún control policial del que nos salvamos de milagro, algo recurrente en nuestra gira), llegamos a Zaragoza, con ganas de beber y de disfrutar nuevamente de las eternas y tan actuales canciones de la banda de Jorge Martinez. Después de alguna vuelta adicional intentando acabar en la puerta del hotel (esas zonas peatonales que años ha no existían y que rompen los esquemas a cualquier abuelo, por muy bien que se conserve), conseguimos situarnos y nos instalamos a escasos metros de la sala Oasis, prestos a dar buena cuenta de las tapas y las cervezas de la capital aragonesa y de su afamado Tubo (que se quedó en Tubito como veréis seguidamente). Habíamos leído días atrás que los seguidores de Ilegales tenían prevista una quedada antes del concierto en un bar llamado Rock Tapa o algo similar, y como Dios existe (¿o el demonio quizás? ¿O ambos?) al doblar la esquina del hotel (a una hora prudente, creo que las 11:30 de la mañana), nos dimos de bruces con un pequeño bar llamado: “De Tapeo Rock”.  Y qué hostias “zona de confort” ni leches: nos lo pasamos tan bien en dicho bar que prescindimos del Tubo y hasta de tocar la tuba. La mañana fue amena, un servicio atento y simpático (para no decir una tía guapa e interesante) entre cervezas “glaziales”, cigarritos en la puerta, buena música, charlas con extraños y roces con trasnochados travestidos. Y con la lógica inconsciencia de dos jóvenes como nosotros, el día se fue consumiendo entre cerveza y cerveza, con una mini parada para probar una tapa y alguna otra para visitar la habitación del hotel, por aquello de poder contar como era la estancia. No iba a ser la primera vez que dejábamos sin estrenar las limpias sábanas de una cama King-Size y los siempre bienvenidos artículos de higiene personal gratuitos. Pero la tarde aún nos deparaba una gran y muy grata sorpresa: los dueños del bar mencionado, Eliseo y Ana, ambos enrollados y buena gente, tenían preparada una sorpresa para Jorge Ilegal. Le iban a entregar unos muñecos que crea Ana artesanalmente (ver foto), y Eliseo tuvo el gran detalle de invitarnos a la entrega y de paso brindarnos la oportunidad de asistir a una parte del ensayo de la banda. ¡Ya ves! Ni que llovieran doblones de
oro. Vaya suerte y que grande fue el rato que compartimos con Jorge, con canciones eternas en primera (y única) fila, entrega del regalo, charla obviamente ilegal, rotura de su móvil y unas fotos y risas que presagiaban un fin de semana redondo. Del concierto, pues que decir: superando al de Madrid, de nuevo disfrutamos de una gran fiesta con buena música y algunos detalles que por desgracia se han quedado en esa nebulosa que suele rondar nuestras cabezas al acabar las grandes noches (¿No será la memoria selectiva?). Baste con decir que a las 7 de la mañana el Tato despertó por teléfono a un amigo preguntando por mí, sin saber en qué ciudad se encontraba. Cuando quizás estaba simplemente desayunando unos churros o visitando un museo. ¿O no? ¿Chi lo sa? Tampoco importa. Genial concierto, risas y encima sobrevivimos. Y nadie nos pudo quitar a la vuelta, ya enfilando las largas rectas hacia Madrid, el último placer de entrar en una área de servicio copada por los seguidores de ese club de fútbol que se cree tan catalán pero que fue fundado por un suizo, y a pleno pulmón gritar lo que opinamos de sus para nosotros tan vomitivos colores. Un premio final a un gran fin de semana y a por otra cosa, mariposa (y en cuanto podamos a por los muñecos de Iron Maiden que se quedaron por ahí en el limbo).



Episodio III: 13 de agosto, Eras de la Sal, TORREVIEJA

Se arruinó mi familia,
nos echaron del club.
No pagaba las cuotas,
y me dejaste tú.
He saltado la verja,
me gustan tus quejas.
Sube la marea.

Seguimos de gira. En este caso veraniega, hacia la costa alicantina, a la tercera parte de nuestro tour ilegal. Esta vez nuestros amigos actuaban antes que otro viejo conocido, Loquillo, por lo que alguno tendría el corazón partido. No era mi caso, y centré por lo tanto mi atención en los supuestos teloneros (en el fondo la banda principal esa noche, y lo sabes) en el muy curioso y bonito Conjunto Histórico Monumental de las Eras de la Sal,una antigua dependencia salinera donde años atrás los salineros cargaban sus barcazas de sal y las transportaban hasta los barcos anclados en su bahía” (así sale descrito en su web). Nos recibió una larga cola a la vera del mar, con un fuerte mareo debido a unas cervezas demasiado calientes para la época del año, pero conseguimos entrar sin mayores sobresaltos y por fin adquirir la camiseta de la gira, que en las sesiones anteriores se nos había escapado por estar agotada. Vestidos por fin de “oficiosos” Ilegales, con minis de güisqui para calmar la sed y recuperar el líquido perdido en la tediosa espera, la actuación del cuarteto maravillas volvió a ser espectacular. Invitaba la noche veraniega, acompañaba el lugar, y la banda sonora encajó perfectamente con este escenario privilegiado. Huelga decir que de la segunda parte del programa, la del Loco, me acuerdo más bien poco. Aunque parezca un pareado, es pura sinceridad. Y el broche final a una noche especial lo puso el taxista que se prestó a llevarnos al pueblo de al lado: hombre dicharachero, con su música heavy a toda hostia, ignorando cualquier límite de velocidad y que por un módico precio, muy por debajo de las tarifas oficiales, nos dejó sanos y salvos en casa, con los riffs de Jorge resonando en nuestras cabezas y la cerveza caliente de la tarde más olvidada que la educación en nuestras calles.

  

Episodio IV: 9 de septiembre, Pabellón Deportivo, ALCAÑIZ

Voy al Bar
Me voy a suicidar
Bebiendo mil licores, de triste calidad
¡Turbia inquietud!
¡Impertinente y Punk!
Abortos infelices, de la revolución.
¡Turbia inquietud!
Haces, pero en el bar
La verdadera patria,
con que puedes contar.

Teruel también existe. Por ello no hubo ni un atisbo de duda cuando decidimos asistir a este nuevo concierto: Teruel nos tira mucho, a José Antonio Labordeta aún le echo de menos (por encima de posibles discrepancias políticas siempre será un poeta de referencia ), cerca de Alcañiz tenemos amigos que se apuntaron sin dudar a la fiesta, y gracias a nuestro conocido y profundo carisma hasta logramos movilizar a sendos colegas de Barcelona y Tarragona (por desgracia a última hora fallaron otro par de ellos, que encima nos iban a deleitar con un “invitado especial”, pero bueno, otra vez será Alex. Y para el amigo que ibas a traer igual mejor que se anulara vuestro viaje).
Con la firme intención de portarnos bien y de hacer vida sana nos plantamos un día antes en el bonito pueblo de Calaceite, limítrofe con mi (por culpa de cuatro desgraciados) tan poco añorada tierra catalana, donde Alberto y Sonics nos recibieron (como suelen hacer) con los brazos abiertos, buenos manjares, paseos, piscina, risas y una noche previa digna de nuestra longeva amistad que perdura desde mediados de los años 80. Como los Ilegales. Entiéndase: una noche de lo más ilegal, de bar en bar, de copa en copa y tiro porque me toca, para acabar cantando en la barra del pub cual jóvenes airados.
Y al día siguiente, previa recuperación física y espiritual, una más que buena comida en familia y una necesaria siesta, nos juntamos ya con el resto de la banda, Miguelito y Santi, para recorrer los pocos kilómetros que separan Calaceite de Alcañiz. Aunque el responsable de las peñas del pueblo nos había guardado las entradas, no hubo problema alguno en adquirirlas en taquilla, y con suficiente tiempo para charlar con el responsable de los pocos productos de mercadotecnia que lleva la banda (productos que al final de la gira adquiriríamos casi en su totalidad), un espacio amplio y no demasiado lleno y las barras sin cola alguna para ir bebiendo, volvimos a trasladarnos en el tiempo y el espacio a esas épocas salvajes en las que casi todo era posible. O por lo menos pensábamos que lo era. Con su repertorio habitual, tocado con la maestría que dan tantos años al pie del cañón, Jorge y su banda volvieron a brindarnos esas 2 horas de música encadenada que tanto aporta. Palabras que dan un
valor añadido a nuestras vidas, al contrario de tantas imbecilidades que sueltan los políticos, famosos y mangantes de turno. Letras apropiadas, guitarras sublimes, el bajo de Willy en su sitio y la batería acompañando nuestros saltos y coros (aunque no todos saltábamos al unísono, y alguno hasta parecía cansado de la noche anterior). Cosas de la edad. Impecable noche en perfecta compañía (del club de fans del Tato, un grupo de personas con ciertas limitaciones, y de sus miradas entre alucinadas y lascivas, prefiero no hablar, seguro que eran buena gente. ¿Qué opinas Sonics?). Y con unos buenos tomates y patatas de la huerta calaceitana regresamos a nuestro hogar, a la espera de la siguiente etapa en esta nuestra particular y tan entretenida gira.


Episodio V: 21 de octubre, LAVA, VALLADOLID

Eres el imbécil de la discoteca
baila, idiota.
Baila como las moscas en la mierda
baila idiota.
Tú no bebes, solo abrevas
tu no ligas, solo apestas
la grúa está llevándose tu coche
baila idiota.
Te han elegido el bobo de la noche
baila idiota.
Para otra cosa no servirás

Pocos conciertos quedaban ya de esta gira, habiéndose ya anunciado el final de la misma para el 26 de noviembre en Madrid. Ante la posible avalancha de fieles ilegales venidos de toda España para acompañar a Jorge Ilegal y los suyos en la actuación que pondría el broche final a la gira “La vida es fuego”, compramos con anticipación las entradas, y en este caso un par más, ya que a base de compartir buenos ratos y cervezas con Chache y Pili, decidimos que no podían faltar a un evento tan especial, más aun cuando la banda les gusta mucho (y se saben más canciones que yo, por cierto). Y ni cortos ni perezosos aprovechamos la compra, estilo 2x1, para lanzarnos también a nuestra penúltima etapa, al concierto anunciado en Valladolid. Ciudad histórica que deseaba conocer desde hace tiempo, a la que nos dirigimos esta vez en mi antiguo Saab, puesto a punto pero sin lavar, tomando la N-VI, última de las radiales nacionales que parten del kilómetro 0, de la Puerta del Sol, que me faltaba por estrenar. Un viaje sin mayores incidencias, salvo una salida a destiempo después de haber pagado un peaje absurdo y una furgoneta que, perseguida por la Guardia Civil, casi nos manda al cielo así, sin ton ni son, nos llevó a las puertas de un buen hotel, situado cerca del local. Fuimos a ver el centro del que tanto me habían hablado, pero fue más bien una decepción. O no dedicamos el tiempo suficiente a descubrir las bellezas de la ciudad, o bien sus encantos se limitan a la, esta sí, preciosa plaza mayor y sus calles adyacentes (ni conseguimos encontrar una antigua sala de billar que Jorge Atleti nos recomendó visitar, una pena). Un par de cervezas y una divertida anécdota en uno de los bares, en el que la propietaria nos confundió con la banda, es decir, yo me parecía a Jorge y el Tato a Willy, hasta que le aclaramos que éramos “groupies”, pero no los artistas, nos llevaron de vuelta al hotel para prepararnos, ducharnos y acicalarnos. De todo esto no hicimos nada, lo que si hicimos fue sentarnos en la barra el bar del hotel y darle al palique con la camarera, que mostró mucho interés por el concierto y hasta conocimientos sobre los Ilegales por encima de la media. Algo sorprendente en una joven que no debía de pasar de los 30 años.
Usando un autobús urbano, pese a la insistencia de mi compañero en optar por un taxi (cosas de ser rico), cuando la sala está situada a menos de 2 km del hotel, llegamos al Laboratorio de las Artes de Valladolid, un complejo de salas y locales bastante curioso, que nos recibió con un buen grupo de punks bebiendo en uno de los garitos. Sorprendente hecho que quedó aclarado al poco rato: aparte de los Ilegales también actuaban otras bandas, ya que se trataba de un festival, y la que abría el fuego por la tarde era la de Muguruza. Ya nos extrañaba que se hubieran reunido tantos punks y a tan temprana hora para ver a Jorge. Conversamos un rato con un lugareño, el cual estaba más pendiente de su móvil de “traficante” (es decir, un teléfono de los antiguos, con pantalla en blanco y negro y limitado a recibir y realizar llamadas de voz), y ya nos dirigimos a la sala. Entramos con tiempo, nos entretuvimos un rato charlando con el amigo del merchandising (y comprándole más material, por cierto) mientras sonaban las buenas versiones de la banda telonera, llamada “Afónikos Perdidos”. Y volvieron a aparecer los 4 magníficos, repitiendo repertorio pero en este caso a mi buen entender con más energía (o sería yo que iba más lanzado), pues acabamos bailando todas y cada una de las canciones que sonaron, ante la extrañada mirada de la gente al ver a un abuelo y al responsable del puesto moverse cual veinteañeros celebrando haber aprobado el carnet de conducir. Concierto rompedor, en línea con lo esperado, y post concierto bastante nebuloso, que pasó por la compañía y larga charla con un “poeta urbano” de Valladolid, que tuvo el detalle de dedicarnos un libro suyo, varias invitaciones a desconocidos y una vuelta al hotel a horas intempestivas y con poca idea de cómo o cuándo conseguimos llegar. De ahí que por la mañana el malestar fuera el signo claro de que la noche fue larga y divertida, lo que no impidió que aprovecháramos el viaje de vuelta para visitar Quintanilla de Onésimo y volver por Aranda de Duero. Un viaje cómico, cual escena de “Paseando a Miss Daisy”, con el Tato estirado en la parte de atrás del coche y el menda conduciendo cansado pero feliz dando tumbos por tierras castellanas. Subiendo a Somosierra nos encontramos con un mega-control de los amigos picoletos, pero el destino por una vez fue benevolente con nosotros, y al estar ocupadas todas las plazas previstas para los registros de vehículos y ocupantes, nos dejaron pasar. Si se llegan a asomar un poco al coche y ver el espectáculo interior, otro gallo nos hubiera cantado. Un par de noches en el cuartelillo hubieran caído seguro. O en el psiquiátrico. Así terminó el viaje, con una gran tormenta que caía sobre Madrid y el recuerdo de buenas letras, apropiados acordes y bien frías cervezas.




Episodio VI y último: 26 de noviembre, Sala Riviera, MADRID



Si crees que la calle cuidará de ti
te romperán el cráneo en la primera esquina.
Hay muchas navajas por ahí
y puede que alguna te raje a ti.
Pero yo sólo sé decir...
mis dos puños cuidan de mí.
Nada más llegar has insultado al matón,
¡uhhh... bestia, bestia!
¡Bestia, bestia!

Como ya explicaba más arriba, las entradas para este concierto las compramos con antelación, y con los lógicos nervios ante el último concierto, nos dirigimos con Pili hacia la sala, con tiempo para tomar algo y de disfrutar de la previa. Caía el agua a mares sobre la Villa y Corte, pero como siempre hay algún amigo enrollado cerca, Nacho (muchas gracias) y Eloy nos acompañaron en taxi, lo que propició un rato entretenido entre cervezas, chanzas, risas y micciones varias. En cuanto llegó el amigo Chache, el que faltaba para completar el cuarteto, entramos al lío, compramos un par de camisetas para ir bien uniformados, el ¿amigo? del material no se dignó ni a regalarnos unos pins (teniendo en cuenta todo lo gastado en anteriores conciertos realmente me sentó muy mal), y nos ubicamos en el mejor sitio posible: con Willy Vijande delante y una barra a mano izquierda a la que llegaba simplemente estirando el brazo. Y bien que lo estiré, ya que los minis fueron cayendo uno tras otro (alguno hasta fue a parar al suelo sin que la “simpática” (lease borde) camarera tuviera el detalle de reponérmelo), mientras los Ilegales nos brindaban una última y espectacular actuación, con la inclusión de algún tema no oído en los demás conciertos y un público entregado e ilegal. Delante un punki con cresta naranja que se sabía todas las letras, detrás un joven vestido al estilo ilegal, es decir, con su Fred Perry negro característico, que no solamente se sabía todas las letras sino que encima imitaba los riffs de la guitarra con una gran maestría (igual toca y
todo), y nosotros cuatro en medio disfrutando como niños pequeños de las a todas luces escasas 2 horitas que duró el espectáculo. Noche genial, sin lugar a dudas, que rematamos en el “Agatas”, contándoles una y otra vez a Jorge Atleti y Angeles todo lo vivido y lo que se habían perdido, tirando fotos, compartiendo risas y echando ya de menos estos buenos momentos que nos ha hecho vivir Jorge Ilegal con su banda en esta pequeña pero intensa gira.




Gira que sin lugar a dudas permanecerá en nuestra memoria como lo más auténtico de este año 2016. 

Un año ilegal. 
Un año de conciertos. 
Un año de vida. 

Que nos quiten lo bailado. Gracias Jorge. Gracias Ilegales.