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miércoles, 14 de junio de 2023

Todos morimos en Paracuellos

La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia,

 que es un nombre elegante para la ignorancia.

G.K. Chesterton

 

 


Hace unos días un conocido empresario y tuitero en sus periodos de fijo discontinuo, escribía:” La realidad es que tú y yo habríamos muerto juntos en la fosa de Paracuellos”. Y no le falta razón.

 

Si tomamos los viles asesinatos de Paracuellos del Jarama (como los de Aravaca, Soto de la Aldovea y demás lugares del genocidio rojo) como culminación del sangriento proceso revolucionario y golpista del Frente Popular (la coalición Frankenstein de entonces), no hay duda de que hoy en día, si los actuales gobernantes actuaran según sus instintos, muchos inocentes acabaríamos fusilados ante una tapia y enterrados en una fosa común.

 

La izquierda, esa amalgama de vengativos, inútiles, iletrados y violentos elementos, que pocos osan llamar “extrema izquierda”, por aquello de no ser tachados de fascistas, no ha cambiado en los últimos 140 años. Ni un ápice.

 

No hay que ser muy leído para saber que la izquierda no ha respetado jamás ni a las personas, ni la democracia, ni la libertad, ni la justicia. Aquí y allá, en otras épocas y en el presente, entonces en Rusia, en los países anexionados después de la II Guerra Mundial, en China, en Camboya, en Vietnam, en Cuba, y hoy en día en Venezuela, en Cuba, en China, en Nicaragua, en Brasil, en México y hasta en Canadá, en los EE. UU. y en nuestra patria, España.

 

La izquierda, esa masa amorfa que se llena la boca con bonitas palabras y frases hechas, que alegremente se arroga portadora de valores eternos que en el fondo desprecia, como son la libertad o la igualdad; esa extrema izquierda (no hay otra) siempre ha actuado de la misma forma: utilizar las instituciones democráticas para llegar al poder, y una vez instalada, acabar con todas dichas instituciones de forma sistemática para perpetuarse en él (poder). Y en el caso de que pinten bastos, en las situaciones en las que la voluntad popular decide echarles y opta por levantarse ante la inutilidad y la maldad de todo aquel que se proclama de izquierdas, los déspotas de turno no lo aceptan. Ponen en marcha su infantil pero eficaz máquina propagandística, invierten la realidad, tachan de malos a los buenos, de muy buenos a los suyos, cuando son los depravados, manipulan, sesgan, inventan. Todo con tal de no ceder el poder, aunque sea la libre, mayoritaria y democrática decisión de todo un pueblo.

 

Y así volvemos a estar hoy en día, en pleno siglo XXI, con la izquierda derrotada luchando panza arriba y con todas las malas artes existentes, para evitar su caída y con ello la de sus cientos de miles de peones que tiene colocados en todas y cada una de las instituciones del estado, desde las instancias más altas hasta el más ínfimo e insignificante ayuntamiento.

 

Si la ley vigente permite los pactos entre partidos para lograr la mayoría, para ellos solamente es válido si la balanza cae de su lado. En caso contrario recurren a sucias maniobras, mienten sobre previas mentiras, se alían con quien haga falta, hasta con Satán, atacan sin piedad a los candidatos de la oposición, rebuscan en su pasado y en su presente para encontrar cualquier clavo al que asirse para no perder el poder.

 

Y no, que ya veo venir a los pocos lectores siniestros que pueda tener, la derecha no hace lo mismo. Por ello la extrema izquierda es incapaz de argumentar sin recurrir a hechos lejanos, a guerras civiles (que ellos iniciaron) o a dictaduras que nunca fueron tan duras como quieren vendernos (y a las que tampoco combatieron cuando tocaba); los siniestros no tienen ni un argumento que sustente sus campañas contra la oposición que les ha derrotado limpia y ampliamente en las urnas; esos recipientes que tanto les gustan cuando los pueden rellenar detrás de una cortina, pero que detestan cuando son públicos y auditables.

 

La izquierda no cree, ni ha creído jamás, en la libertad, en la igualdad o en la justicia, como ya apuntaba antes. La izquierda solamente ambiciona el poder. Y no para hacer el bien, como proclaman durante sus manipuladoras campañas electorales plagadas de mentiras: su objetivo es simplemente mandar, imponer sus ideas, que no ideales, subyugar a todo aquel que no piense igual, desmontar las instituciones democráticas, unir los diferentes poderes, colocar a sus peones en todos los puestos necesarios, arruinar el país mientras ellos se enriquecen y perpetuar así su vil dictadura.

 

Y todo ello lo perpetran con un dispendio descomunal de dinero de todos los ciudadanos, con globos de colores, bocadillos de chóped por la “feis”, Yolandas bailando y Pedros volando, lemas y logotipos chulísimos, canciones pegadizas, promesas imposibles de cumplir, regalos y prebendas, frases sin sentido pero impactantes para sus incautos y poco despiertos votantes (por no llamarles lerdos), infamias contra el contrincante, manipulación de la realidad, sabotajes, chantajes….

 

Por fas o por nefas, tienen que vencer.

 

Y cuando no consiguen sus sucios objetivos, recurren directamente a la violencia. Y atentos, que no lo ocultan: ya lo están anunciando tan panchos en sus medios, prometiendo ruido y disturbios si alguien osa quitarles sus privilegios; conspiran y amenazan. Como siempre. 

 

Y no dudemos nunca que si hiciera falta encerrarían, torturarían y asesinarían. Véase cómo funcionan hoy en día en sus feudos, las moribundas dictaduras hispanoamericanas, la opaca Corea del Norte o la abominable China. Donde encierran, torturan y asesinan día sí, día también.

 

Para acabar, un guiño lingüístico: tengamos presente que en muchos de los verbos regulares de nuestra querida lengua española, el presente y el pretérito perfecto de la primera persona en plural, coinciden.

 

Como en el verbo morir: morimos en el pasado, morimos hoy.

 

De alguna forma, todos morimos en Paracuellos.



jueves, 4 de junio de 2020

Mascarillas, bozales, vendas y anteojeras


Quien nos iba a decir que en cinco eternos e insoportables meses íbamos a usar más veces la palabra mascarilla, y hasta el propio producto (en sus abundantes variantes catalogadas por suministrador, calidad, origen, precio, comisión pagada o proveedor desconocido designado a dedo), que en toda nuestra vida anterior.

Hasta enero de este desgraciado año, la mascarilla no pasaba de ser un trozo de tela o plástico utilizado en hospitales y consultas médicas o durante detenciones y cacheos. Salvo casos excepcionales de personas que por su profesión estuvieran acostumbradas a ella, léase pintores, exterminadores de plagas, jardineros, dentistas, proctólogos, acupuntores, y, no vayamos a olvidarnos, violadores, bandoleros, atracadores, terroristas, antifas, borrokas y demás deshechos de la sociedad.

Esos que cual mortal plaga han invadido de nuevo nuestras calles a destrozar, saquear, agredir y hasta matar sin ton ni son. Al dictado de siniestras organizaciones internacionales que aprovechan cualquier evento, sea grave o nimio, real o inventado, para intentar imponer sus ideas al resto de la sociedad.

¿Miedo el coronavirus? Más miedo tendrían que darnos los descerebrados que a toque de pito protestan por hache o por be, sin saber el porqué ni importarles un bledo la razón, asaltan y saquean tiendas, agreden a otros ciudadanos y, si pueden, apalean sin piedad a quien se opone a su pensamiento único. Te apalizan en grupo, se entiende.
No les veo yo luchando de forma noble, cara a cara, uno contra uno, y por una causa mayor. Esos son los otros, los buenos, los médicos, los Guardias Civiles, algunos policías, los soldados, los bomberos (menos los de la Generalitat), los misioneros, los monjes. Los nuestros. Los que representan la bondad, la hombría y el honor.

Los que en esta nada nueva anormalidad buscada por los totalitarios están siendo apartados, destituidos, calumniados e insultados.

Y si encima la mascarilla que te han obligado a lucir, sucia en origen por la tardanza, la disparidad de opiniones sobre su efectividad y las idas y venidas de los supuestos expertos, más obsesionados en atacar al rival político que en salvar vidas, si encima de todo esto han convertido el maldito trapo en un bozal con el que nos quieren hacer callar, pues malditas sean las mascarillas.

En épocas gloriosas, las máscaras se utilizaban para ocultar la identidad ante un opresor, para combatir la tiranía, como el caso de los héroes reales o novelescos Guido Fawkes, el Zorro o el Coyote (aunque yo prefiera al Capitán Trueno, que jamás ocultó su cara) , pero esta supuesta pandemia (aún no he llegado al punto del negacionismo y las teorías conspiranóicas, pero dadme tiempo), lo que nos ha impuesto es una mordaza, lo que sumado a las anteojeras que luce la mitad del país y la venda en alta resolución que se encasqueta la misma mitad de España en cuanto enciende la televisión y sintoniza los canales “oficiales” del Gran Hermano, que hoy en día ya son todos, pues esclavos somos.

Lo dicho en el título: mascarillas, bozales, vendas y anteojeras.

Esclavos enmascarados que llevan varios días sembrando el caos, la destrucción y la muerte por las calles de todo el mundo, alentados por un poder oculto que no admite más que una única verdad, la suya, y que derriba cualquier posible disidencia a golpe de campaña, ya sea por un falso niño muerto varado en la playa, veinte falsos inmigrantes en busca de una generosa paga, un perro sacrificado por poder contagiar el ébola, una exagerada emergencia climática, un aquelarre mortífero de supuestos y depravados nuevos "géneros", cuando todos sabemos que solamente existen dos sexos o por un delincuente muerto en las calles de los EE.UU. , quizás en un caso de violencia excesiva, pero en ningún caso para ser una razón que justifique esta reacción en cadena de las ovejas obedientes del supuesto progresismo, ese atajo de psicópatas ateos, antihumanos, materialistas, déspotas y falsos.

Tan falsos como el número de muertos por el virus en España, la leal defensa de la clase obrera de los golpistas dirigentes de Podemos, las descaradas y continuas mentiras del venenoso presidente, la buena educación de Ábalos, la presencia de neuronas en la cabeza de Adri Lasta o la cabellera postiza de Iván Redondo.

Una gran impostura en la que un gobierno formado por enfermos mentales, amiguísimos, excrementos comunistas y socios terroristas y nacionalistas, ha aprovechado una pandemia para llevar a cabo un sucio plan de desmantelamiento de la sociedad, de inversión de la realidad y de toma del poder de forma rastrera.

Un gobierno al que la mascarilla se le cayó hace tiempo. Un gobierno que sin pudor alguno nos enseña su verdadera cara. Ya no les hace falta taparse. Lo tienen todo atado y bien. Los tres poderes controlados, los medios subvencionados de por vida, los ciudadanos engañados, asustados y confinados y su dulce y lujoso futuro garantizado.







Como antes hicieran sus referentes, desde Lenin hasta el Ché, desde Castro hasta Chávez, desde Maduro hasta Evo Morales, desde Mao a Pol Pot.

Sembrar la mentira, el odio, el mal y la muerte para instalarse en el sucio trono de la arrogancia, la mentira, la maldad y el despotismo. Por encima de miles de cadáveres. En nuestro caso, como bien ha confirmado el INE, de más de 44.000 inocentes compatriotas abandonados, sacrificados, asesinados.

No lo olvidemos jamás. Ni lo perdonemos.


Malditos.




lunes, 6 de abril de 2020

¿Y si es el final?


Leyendo el otro día una de esas frases virales tan en boga, que decía algo así como “¿Y si nos están engordando para comernos después?”, tuve ese momento de abatimiento por el que sin duda habéis pasado todos y cada uno de vosotros. Por no hablar de los que ya han estado ingresados, los que aún quedan abandonados y aislados en los hospitales o los que han perdido a algún familiar o amigo. Un fuerte abrazo a todos ellos. Poco más puedo hacer que pensar en ellos.

En ese momento de bajón y mirándome al espejo me pregunté, con absoluta seriedad, si lo que estamos viviendo, esta pandemia de mortíferos virus de todo tipo, color y tamaño, aunque predomine el rojo “regre”, si esta desgracia no podría ser el final de todo.

¿No será esto el apocalipsis anunciado?

Porque una cosa la tengo clara: aunque la mayoría de los españoles nos lo estemos tomando con humor, intercambiemos fotos, chistes y frases ingeniosas, le busquemos el lado bueno a la situación y cerremos los ojos ante la realidad que se está viviendo fuera de nuestra segura madriguera en la que estamos confinados, la cosa no pinta bien. Nada bien.

¡Qué se lo expliquen a los familiares de los miles y miles de fallecidos que llevamos a estas alturas! Como bien dice Itxu Díaz en un reciente y muy recomendable artículo: “Nos están arrebatando jirones de lo que somos, en medio de distancias de hielo, y convertidos en tristísimos números a los que apenas se puede llorar”. Frase lapidaria sin duda. Y real. Y muy triste.

Quizás el símil más apropiado para nuestra situación sea justamente esa Semana Santa en la que estamos inmersos: esos días tan importantes para los cristianos creyentes, que relatan los históricos hechos que comienzan con la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén hasta su resurrección una semana después, pasando por hechos fundamentales como la unción, la traición, la última cena, los interrogatorios, la flagelación, la crucifixión y la muerte. En algo nos parecemos al cordero que están llevando al sacrificio: engañados, manipulados, traicionados, encerrados, castigados y, muchos, demasiados, finalmente crucificados.

Suerte que al final nos queda la resurrección. Para los que creemos en ello. (Por ahora solamente he visto “Quo Vadis”. Si pienso que aún quedan “Los 10 mandamientos”, “Barrabás”, “Jesús de Nazaret” y tantas otras películas histórico-religiosas, las asociaciones a los hechos sucedidos en Jerusalén hace dos mil años seguro que se multiplicarían). Asociaciones que sin duda son más apropiadas que los chistes y las chanzas con los que nos van a deleitar los otros, los de la ceja, los titiriteros y títeres en impúdica orgía. Porque estos, ni cortos ni perezosos, estrenan creo que mañana una serie de humor sobre la cuarentena. Si alguien cree que es un momento idóneo para relativizar el sufrimiento y tirar de humor de brocha gorda, colocar a los amiguetes de siempre y usar una herramienta más para maquillar la realidad, que me lo explique. Yo no lo entiendo. Ni lo acepto. Es vomitivo. Irrespetuoso. Vil. Como si durante una hambruna proyectaran un especial sobre los mejores asadores de España. O los ridículos informes sobre la mejora general del clima durante esta cuarentena. O que las apuestas deportivas han caído en un alto porcentaje. Garzón dixit. Ese ministro. Todo vale para no afrontar la realidad. Para no dar la cara. Para no asumir responsabilidades.

Pero no, ellos a lo suyo, en vez de sonrojarse y soltar un humilde “la culpa es nuestra”, han decidido que nos toca tragar chistes fáciles y sufrir sesiones de psicología infantil en boca de Carlos Bardem y sus secuaces. ¡Lo tienen claro! 

Por ahora la paciencia y la esperanza, pero también la rabia y la sed de justicia, se imponen en nuestras cabezas, pero con un margen cada vez más estrecho sobre la claudicación. El asumir conscientemente que nada volverá a ser lo mismo. 

La inmensa mayoría de los españoles no hemos pasado por una desgracia de este calado. Y de los que lo vivieron en la guerra y postguerra ya pocos quedarán mientras escribo esto. Están cayendo como pajaritos en un alambre, abatidos por arrogantes y egoístas francotiradores bien escondidos tras sus pantallas, sus usuarios en redes sociales, sus oportunos canales de youtube y sus cuativos periódicos. Aquí tienen panfletos de sobra. Y todos obedientes. O casi. Comprados todos estos cómplices manipuladores con dinero de todos los españoles. Con ese dinero que según los listos socialistas “cae del cielo”, no es de nadie y se puede gastar a destajo. Para sus caprichos, claro está. O para dar forma, color y sonido a sus mentiras.



Que los nuevos tiempos que vienen traerán tristeza, desconfianza, odio, discriminación, ruina económica y un profundo cambio social, es indudable. Casi todos sufriremos. Aunque siempre habrá impresentables que saquen provecho de la desgracia ajena. Inversores a la caza de gangas, intermediaros sin escrúpulos, productores de series, tele-operadores y, como no, políticos. 

Esos personajes preparados e eficientes elegidos por nosotros para dirigir nuestra nación. Algo que no debemos olvidar. Muchos les votaron. Igual tendrían que reflexionar un poco. Tiempo les sobra entre falsas ruedas de prensa, oportunas comedias y pestilentes arengas totalitarias.


¿Y si es el final?


P.D. Igual toca expulsar a los mercaderes del templo. Creo que hoy es el día.


viernes, 17 de enero de 2020

El año de la rata



Leyendo la prensa en el ya tradicional desayuno de todos los viernes (esos huevos fritos con panceta y patatas, junto a la siempre necesaria Mahou), me encuentro con que el sábado que viene se celebra el año nuevo chino y que, vaya sorpresa, entramos en el “Año de la rata”. Como entenderéis, los omnipresentes chinos me lo han puesto a huevo (o a huevos fritos).

Las ratas. Ya sabéis de quién hablo. La rata mayor, las ratas consortes, las ratas pelotas, las ratas amigas, las ratas compradas, las ratas poco “racializadas”, las ratas terroristas, las ratas comparsas, las ratas tontas, las ratas sucias, las ratas sodomitas, las ratas golpistas, las ratas asociadas…, en resumen, las sucias ratas idiotizadas e idiotizantes que han llegado al poder en España y que, salvo que nos movamos deprisa y unidos, acabarán con nuestra nación, nuestra historia, nuestro presente y, lo peor de todo, con el futuro de nuestros descendientes.

Parafraseando lo que cantaba Al Stewart en “The year of the cat”, una nueva versión de esta preciosa y tan recordada canción podría llamarse “The year of the rat”, obviamente con ligeros cambios en su letra, como por ejemplo de 

“She comes out of the dark in a silk dress running
Like a watercolor in the rain
Don't bother asking for explanations
She'll just tell you that she came
In the year of the cat”.

a una nueva version “ratizada”.

“She comes out of the dark in a dirty dress running
Like a black explosion in the rain
Don't bother asking for explanations
She'll just tell you what to think
In the year of the rat”.

Tengo que admitir que no tengo ni puñetera idea de lo que significan las ratas en la sociedad china (realmente desconozco casi todo de su cultura), pero es innegable que en el mundo occidental la rata simboliza algo malo, sucio, rastrero y epidémico. Consultando el DRAE, el Duden alemán o la Enciclopedia Británica, se ve claramente que todos los idiomas occidentales de raíz griega, latina y germánica tienen su acepción negativa de la palabra “rata”.

En nuestro querido idioma a la persona despreciable se la denomina rata, al igual que a la persona tacaña. Y al ladrón lo llamamos ratero. Por algo será. Por no hablar de la acepción de rata en alemán, “elende Ratte”, usado para definir a una persona asquerosa (widerlich).

Y en España tenemos tal gafe que justamente el año en el que las variopintas ratas han tomado el poder de forma fraudulenta, rebuscada, traidora y maquiavélica, los chinos, esos miles de millones de seres que dentro de pocos decenios dominarán el mundo por completo, celebran la llegada del año de la rata. Ya nos vale. Siempre pillamos.

El sábado que viene nuestra rata mayor, ese falso doctor ególatra que nos desgobierna, sin duda se felicitará a sí mismo, a las suyas y a todos nosotros, sus esclavos súbditos, en el año nuevo chino. Felicitación que por cierto omite por Navidad, por Semana Santa o por el Día de la Hispanidad.

Porque ya sabemos que en este país aún llamado España, los que mandan en estos aciagos días son proclives a felicitar al “pueblo” (será su pueblo, digo yo) por cualquier cosa, memez, celebración extranjera, fiesta budista, ballena rescatada, fiesta china o musulmana, por el día de StarWars, el día transgénero LGTBIJKLMNOPERSZ, o el aniversario de la liberación de los habitantes de Pandora; por cualquier cosa menos por nuestras celebraciones cristianas, hispanas y europeas.

Y solamente estamos a principios de año, en los primeros compases de ese oscuro "plan 2030" que ha puesto en marcha la rata Pedro Sánchez con sus socios, las ratas comunistas, las ratas separatistas y las ratas racistas, gracias al voto de la parte idiotizada y ratizada de nuestra sociedad (gracias a Dios la mayoría de los votos han sido a favor del necesario raticida).

¡Vaya año nos espera! Dios nos coja confesados.


O mejor aún, que nos mande con urgencia (si puede ser por Amazon Prime) al flautista de Hamelín.





P.D. Otra opción sería que volviera la única rata buena que conocemos. Nunca se sabe…



miércoles, 27 de noviembre de 2019

Los que aman a España


Debemos ser protagonistas del destino de nuestra Patria actuando conforme a los intereses de la misma, que demanda en los actuales momentos un diálogo nacional inaplazable y necesario para definir su futuro, demostrémosle a la Patria con hechos y no con vanas palabras que somos capaces de enaltecerla.
(Emrique Sandrés Ferrera)

Antes de ponerme a escribir en base a las pocas notas tomadas desde que me he despertado, en el metro, el ascensor y hasta desayunando, me he permitido realizar una simple búsqueda en Google: en concreto mi pesquisa ha sido “amar a la patria”. Y no como recoveco para plagiar alguna cita, frase, página u obra completa, al estilo de muchos de nuestros políticos, sino con la sana intención de citar a alguien que haya expresado con anterioridad y de forma apropiada lo que quiero usar como introducción. Y como era de esperar, el procesamiento de la ingente cantidad de datos sobre los que actúa el buscador, sumado a sus optimizados algoritmos y su “inteligencia artificial”, ha dado en el clavo con el primer resultado sobre 10.700.000. Ojalá acertara yo alguna vez con una lotería o un fugaz amor con tal precisión. Y ha atinado de tal manera el artilugio digital que en el fondo ya podría dejar de escribir en este mismo instante y simplemente enlazar el artículo en cuestión, digno de ser enmarcado y aplicable de pe a pa  a nuestra querida España. Y más aún en estos momentos críticos que estamos viviendo en este Reino que va camino de dejar de serlo. De dejar de ser Reino y dejar de ser cualquier cosa. A un paso de desaparecer, más bien. (Nota: el artículo en cuestión lo firma en fecha desconocida un ex catedrático llamado Enrique Sandrés Ferrera en el diario hondureño “El Heraldo”. Ni sé quién es, ni conozco su filiación política, ni he leído nunca dicho periódico. Y tampoco viene al caso. Lo que me importa es el contenido de dicho escrito).


¿Y quién ama a España hoy en día? Aquí me refiero a amar como sinónimo de entrega, de querer dar algo, de sacrificio; no hablo de un enamoramiento egoísta que busca una recompensa, ni de una pasión infantil y momentánea cual celebración de un gol de la selección o de una victoria del insigne e insuperable Rafa Nadal.

¿Pedro Sánchez quizás, el plagiador, ególatra y mentiroso vividor que con sus ínfulas es capaz de cargarse siglos de historia con tal de seguir ocupando su castillo en la Moncloa? Dudo mucho que este abyecto ser ame a alguien más que a sí mismo. Pobre familia la suya. Lo único que le debe de estar preocupando en estos momentos es que sus nuevos socios quieran eliminar la monarquía constitucional y sustituirla por una república chavista con sus líderes millonarios y su pueblo atontado, subyugado y arruinado. Él, el gran Pedro, que si la memoria no me falla pasaría a ser Pedro V al haber sido el último rey hispano de este nombre Pedro IV de Aragón el Ceremonioso, llamado el del “punyalet” en los condados con playa de la Corona de Aragón, por el puñal que solía llevar al cinto. Daga que nos están clavando por la espalda sin que nos demos cuenta. Porque su afán por suplantar y ningunear a nuestro Jefe del Estado, en claro incumplimiento del artículo 99 de la Constitución (entre otros), denota su enfermiza obsesión por ser rey y presidente a la vez, y a poder ser también príncipe heredero, princesa casadera, ministro principal, arzobispo, consejero mayor, virrey, adelantado, primer ministro y sobre todo “Ministro Plenipotenciario de Viajes y Festejos” de su reino imaginario. Este funesto personaje a España no la ama. Eso está claro.

¿Los previsibles socios de Pedro V aman a España? Ni hace falta que entre en muchos detalles. Pensemos en el chepudo chavista de Galapagar, cuyos dientes de rata brillan desde hace días de emoción y rabia animal ante la posibilidad de ser vicepresidente; ese personajillo deleznable que al tiempo que negocia entrar en el gobierno disfrazado de inocente oveja, convoca manifestaciones para pedir un referéndum que acabe con nuestra monarquía constitucional y con ello con nuestra patria y nuestra convivencia. O echemos una mirada a otro de los protagonistas de este orquestado golpe de estado, al ridículo, seboso, iletrado y renegado mentiroso Gabriel Rufián, que se jacta en público de “poner y quitar gobiernos”, como si estuviera jugando una partida al Risk mientras engulle una magdalena tras otra. O será quizás el racista Aitor Esteban, digno heredero de los hermanos Arana, esos nazis de mujeres unicejas, idioma muerto resucitado a base de setas alucinógenas, regodeándose con sus chantajes continuados, repetidos durante decenios, respaldado por sus socios asesinos de Bildu, ¿este ser inmundo puede ser que ame a España? Olvídenlo.

¿Aman a España los diputados y dirigentes del Partido Popular? Mis dudas tengo. Demasiado callados los veo ante el desmembramiento de nuestra Patria, más preocupados al parecer por mantener sus privilegios que por dar la cara, alzar su voz y resistirse a la involución frentepopulista que se avecina.

¿Quieren el bien de España los pocos supervivientes del altivo galeón naranja que ha acabado siendo una pequeña barcaza que ni conseguiría permiso para navegar por el estanque del Retiro? No haré aquí leña del árbol caído, dura es ya la penitencia que están pasando los buenos que hubo en Ciudadanos, que los hubo, por no hablar de sus antaño votantes que hogaño han tenido que huir despavoridos buscando alternativas serias a la indefinición y el narcicismo de un partido que fue ilusión de tantos y placer de tan pocos.

¿Buscan el bien de España los paniaguados miembros del Consejo de Estado, con Soraya Sáenz de Santamaría como máxima exponente de egoísmo y arribismo? Ni están ni se les espera. Y mejor así.

¿Luchan por su patria, España, los sindicatos de clase, los fiscales politizados o las oenegés subvencionadas? Por favor.

¿Hace algo la jerarquía de la Iglesia Católica, credo mayoritario en nuestro país, a fin de parar esta sinrazón? ¿Rezan por lo menos por la salvación de España o hasta han olvidado sus propios preceptos? O callan y otorgan ante la previsible y definitiva nueva desamortización, esta vez no a cargo de Mendizábal sino de algún economista de renombre internacional como por ejemplo Alberto Garzón. Dios nos proteja.

“Amar a la Patria es desprenderse de intereses mezquinos tratando de servirse de ella y más bien adoptar una conducta propia de buen ... español … sirviéndole en todo lo posible, amarla es no callar y más bien denunciar lo que le hace daño en magnitudes que ofenden su dignidad” dice tan acertadamente el autor hondureño que cito arriba.

¿Y quién hace esto? ¿Quién demonios quiere a España y la defiende día a día?

Pues haberlos, haylos. Los militares en su abnegada defensa de la Patria y en cumplimiento de su sagrado juramento, los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en su constante y tan mal remunerada labor, pagando siempre los platos rotos por la desastrosa gestión política; los llanos y simples trabajadores que con su diario esfuerzo mantienen viva esta bendita tierra que nos vio nacer; los médicos, los enfermeros, los bomberos, los mecánicos, los vigilantes, los barrenderos, las amas de casa, las abuelas, los pescadores, los agricultores, los pocos profesores no manipulados que quedan, los misioneros allende los mares, los investigadores de renombre exiliados por carecer de apoyo y recursos en este país que derrocha su dinero en la mayor casta política del mundo Occidental…los españoles de bien.

Y quizás algún que otro político, de esos pocos que no se han echado al ruedo para ganar dinero, prestigio y prebendas, sino que al contrario han abandonado su segura y plácida zona de confort para meterse en la boca del lobo y luchar con todas sus fuerzas por la supervivencia de nuestra Patria.
Dicen que de esos también hay. Y hasta creo conocer a alguno de ellos. De un signo político y de otro. Más de uno que del otro.

Todos estos son los que aman a España. Los que amamos a España.

Esperemos que nuestra lucha no sea en balde, que la ilusión no decaiga y que, entre todos, podamos mantener a flote este barco en el que navegamos todos juntos buscando un futuro mejor para nuestros descendientes.

Porque al presente poca solución le veo.

A no ser que, como escribí en un reciente tuit, una nueva y súbita descompresión en la cabina del Falcon a seis mil metros de altura nos saque del atolladero.

Aunque eso es algo que no se puede pedir. Por humanidad. Por cristianismo. 

Aunque quizás si se puede soñar. Soñemos pues.



miércoles, 13 de noviembre de 2019

¿Qué será de la marca España?



Tenía in mente este artículo desde hace unos días, por lo que después de una breve sesión de self-brainstorming (por una vez me permito utilizar un anglicismo, algo que me desagrada profundamente, pero no encuentro ningún equivalente aceptable en nuestro querido idioma) en el corto trayecto del metro de Madrid que me lleva de casa al trabajo, he buscado un par de datos en la red, por aquello de citar correctamente y no equivocarme en nombres, hechos o fechas, y me he puesto a escribir. Igual ha influido también la extraña noche que he pasado, acosado por pesadillas en las que el nuevo Frente Popular que se avecina causaba irreparables estragos en nuestra patria, nuestra vida y con ello en el futuro de las nuevas generaciones. De tal calibre han sido estos malsons, como llamamos a las pesadillas en catalán, estos malos sueños, que he puesto las calles y me he plantado hora y media antes en la oficina, es decir, con el sol aún por asomar en el punto más oriental de nuestra piel de toro, la Punta de S'Esperó en la fortaleza de la Mola en Menorca, isla balear que por ahora aún pertenece a España. A ver lo que nos dura. En cristiano, son las seis y media de la mañana y ya estoy dándole vueltas a “tot plegat”.

Seguro que muchos de vosotros, mis tristemente pocos pero fieles lectores, os acordáis del proyecto llamada “Marca España”, puesto en marcha en 2012 por el gobierno del PP, con el objetivo de “mejorar la imagen exterior de España”., tal como consta en el Real Decreto 998/2012, de 28 de junio publicado en el BOE correspondiente, aunque en la Wikipedia ya hayan manipulado el objetivo original cambiándolo por el del nuevo proyecto, “España Global” (más abajo escribo un poco más sobre esta aberración) , sustituyéndolo por un extraño “objetivo de mejorar la percepción de nuestro país en el extranjero y entre los propios españoles”.

Ahí queda eso. Lo de mejorar nuestra imagen en el extranjero me parece correcto y necesario, eso fue la idea inicial de la “política de estado”, pero lo de “entre los propios españoles” demuestra la estupidez y sobre todo la debilidad de nuestro compulsivamente mentiroso presidente, cautivo y entregado, como todos los gobiernos que hemos tenido en democracia, a los chantajistas nacionalistas de las Vascongadas y de los condados catalanes. Definir un proyecto y una política de Estado para mejorar la imagen que tenemos de nosotros mismos es una clamorosa prueba de que algo, mucho, se está haciendo mal. Desde hace muchos decenios. Yo diría que desde 1978. Y vamos a peor.

Pero volvamos un momento a la “Marca España”. Gracias a Don Carlos Espinosa de los Monteros y Bernaldo de Quirós, “Alto Comisionado del Gobierno para la Marca España” de 2012 a 2018, el proyecto fue un completo éxito. Y esto no lo digo ahora, al calor de la actual presencia social y el triunfo político de su hijo Iván, uno de los líderes de VOX, que va camino de convertirse en un referente a seguir en España: ya escribí sobre su padre hace un año y medio, cuando tuve el placer de escuchar una conferencia suya en un evento empresarial. Su impecable y a ratos emocional discurso defendiendo a España, con conocimiento y sentimiento, fue impactante y sorprendente, más aún cuando se trataba de una convención del mundo asegurador, un sector digamos que no demasiado emocional, sentimental o patriótico. No detallaré aquí el impresionante curriculum de Don Carlos, el que desconozca su pasado que se informe por la red. Vale la pena. Solamente decir que hasta el gobierno del plagiador Pedro Sánchez le condecoró con la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica al tiempo que le defenestraba, como queriendo cubrirse las espaldas por si alguien osaba criticar el desmantelamiento del proyecto “Marca España” para crear un sucedáneo progre-globalista-izquierdoso llamado “España Global”. Nota: Ni me he atrevido a bucear en la nueva web de este proyecto, cuya “url” de entrada ha mutado del original  www.marcaespana.es a un claramente sospechoso www.thisistherealspain.com/ , como avisando de que van a reescribir la historia y los logros conseguidos y cambiarlos por su “nueva historia”, al igual que han hecho con la “Memoria Histórica” unilateral y revanchista, o como practican los separatistas catalanes día si día también con su demencia de convertir hasta el último hecho triunfal, plato típico, descubrimiento, avance social, triunfo deportivo o baile regional español en originario de tierras catalanas. Iluminados. Y peligrosos.


Porque como suele pasar en nuestro país, aunque algo funcione de maravilla, en el momento en el que cambia el signo político del poder ejecutivo gracias a favorables resultados electorales u oscuras alianzas, la primera y prioritaria tarea de los nuevos dirigentes es desmontar lo anterior, sea bueno o malo, despedir a los responsables de puestos clave de la administración y colocar a los suyos. Tanto a amigos y familiares directos como a acreedores de favores y deudas previas o miembros de la judicatura abiertos a vender su alma por 30 piezas de plata. No hace falta que os recuerde los múltiples y recientes casos de nepotismo y amiguismo, llevados a cabo con toda la desfachatez del mundo tanto por el PP como por el PSOE. 
El PPSOE, como solemos abreviar a ese duopolio que lleva cuarenta años sangrando a España para colocar y enriquecer a su fiel tropa. Y utilizando cada cuatro años la palabra “ESPAÑA” para justificar sus propias miserias y sacar los votos necesarios para seguir medrando. Vergüenza les tendría que dar a todos.

¿Qué será pues ahora de la marca España?
Habiendo desparecido el proyecto MARCA ESPAÑA, en mayúsculas, y teniendo a la “ínclita” Irene Lozano al frente de la nueva institución, una Secretaría de Estado “globalista” cuyos objetivos ni quiero conocer, pero cuya remuneración para la responsable está por encima de los 5.000 euros mensuales, me temo lo peor para el nombre, el prestigio, la economía, la convivencia y el futuro de España. Esta Irene, por cierto, es la amanuense, la escribana del libro-plagio de Pedro Sánchez, por si alguno lo desconoce. Así se entenderá mejor su nombramiento.

Porque la realidad social y política, marcada por el golpista y violento “procés” catalán y los enmascarados tejemanejes “nazional-racistas-siempre nos quedará el terrorismo como comodín” del PNV y sus continuos chantajes al gobierno central, las mentiras de nuestros ministros frente a las autoridades europeas sobre la verdadera situación económica del país, sumadas al acuerdo de ayer entre el PSOE y Pablo Iglesias, contubernio frentepopulista que presagia un desastre tras otro para nuestra tullida sociedad... esta realidad realmente no invita a ser optimistas. Para nada.

Decía la señora Irene Lozano en una reciente entrevista que Manuel Azaña "estaría orgulloso de la España plural, diversa, solidaria y tolerante que somos hoy”. Nunca llegaré a entender ni aceptar la suma tontería y sucia mentira populista del “plural, diversa, solidaria y tolerante”, sobre todo si sale de la boca de un socialista, un podemita u otro ser de esa galaxia extraña en la que habita el retrógrado, falso, envidioso y revanchista rojerío patrio. Y menos toleraré que nombren al malvado y sanguinario Manuel Azaña cuando se habla de la imagen y del futuro España.

Plural: ¿Se referirá quizás a las nacionalidades inventadas que no coinciden para nada con la historia de España ni con nuestra realidad social? ¿O a la integración de violentos inmigrantes ilegales, regándoles de subvenciones sin exigirles nada a cambio, mientras el pueblo español languidece y sufre como nunca?

Diversa: ¿Piensan quizás en la dictadura de género, un experimento de manipulación social contra todo sentido y sobre todo contra la propia biología, que establece claramente que el sexo no se asigna, sino que viene determinado en los genes?

Solidaria: ¿Estará hablando del palacio de los marqueses de Galapagar, los vuelos con el Falcon, el duro trabajo de Begoño, los exagerados sueldos de los políticos (¿por cierto, qué partido ha planteado no cobrar si no trabajas en el caso de los diputados?), o el paripé mercadotécnico con los barcos esclavistas como el Aquarius o el OpenArms?

Tolerante: ¿Con quién? Con los de su cuerda, supongo, porque todo lo que no siga las ideas maestras del pensamiento rojiprogre está claro que es fascista, como bien recalcó el otro día nuestra gran e ilustre filósofa patria, la bachillera Adriana Lastra. ¡Fascistas, malditos fascistas!

¿Qué será de la marca España cuando en Europa vean a personajes como Pablo Iglesias aupados a un ministerio?

¿Qué será de la marca España si este nuevo Frente Popular sigue utilizando a la familia real con malas intenciones?

¿Qué será de la marca España si seguimos dejando que una minoría violenta protegida por el poder local coarte la libertad de los demás y destroce nuestro sector turístico, básico e imprescindible para la supervivencia de todos nosotros?

¿Qué sera de la marca España si ...?

¿Y que será de la propia España como nación, heredera de un glorioso imperio que trajo los mayores avances a la sociedad y perpetuó eternos y superiores valores en la historia de la humanidad?

No lo sé. Pero pinta mal.

P.D. Mientras escribo esto me han pasado este mensaje de Twitter que por lo menos me ha hecho sonreír y confiar en el humor, la constancia y la ilusión que en el fondo atesoramos todos los españoles de bien.







martes, 14 de marzo de 2017

La historia os juzgará

Por muchas mentiras que nos cuenten en el presente que (por desgracia) vivimos, por muchas falsedades cortoplacistas que se inventen los mangantes de turno, al final la historia pone a cada en su sitio. Y más aún en la actualidad, en una época de digitalización absoluta en la que todo lo que sucede queda registrado, grabado, copiado y archivado en soportes accesibles a todo el mundo y, sobre todo,  carentes de caducidad física. O casi.

¿Pero nos servirá de algo? ¿Qué nos importará como individuos que se descubra algún hecho manipulado en otros tiempos, si no llegaremos a ver a los culpables condenados o a los inocentes absueltos?

Pues mira por donde, yo creo que servirá de algo. Por lo menos nuestros hijos, nietos o biznietos podrán algún día respirar tranquilos y ver que no estábamos locos y que los malos eran otros. Se tarde unos meses, años o siglos. Y desde el cielo los luceros de los que ya se fueron, nosotros incluidos, brillarán de alegría por ver triunfar la verdad. Y eso ya vale mucho.

Vienen a cuento estas reflexiones por varias razones, todas ellas de peso. Tenemos por un lado las graves mentiras del 11-M, el peor atentado terrorista sufrido por Europa en los últimos decenios. Hay que remontarse a los bombardeos aliados sobre Yugoslavia en 1999 o a la bárbara destrucción de ciudades japonesas y alemanas (Hamburgo, Dresden, Hiroshima, Nagasaki) por parte de los mismos adalides de la libertad en los estertores de la Segunda Guerra Mundial, para encontrar un hecho similar. Y cruel. Y cargado de falsedades. Y manipulado hasta la saciedad por aquellos que ostentan el poder. Ya sea político o mediático. O ambas cosas. Trece años han pasado ya, con los pocos inculpados puestos en libertad, las pruebas sin aparecer, el relato oficial sin tener sentido y la justicia brillando por su ausencia.

Pero tiempo al tiempo. En España hay suficientes personas enteras, luchadoras, nobles, constantes e idealistas que seguirán investigando.  Por la justicia. Por la verdad.

Como han hecho los investigadores Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García, que acaban de publicar el libro “1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular”, exhaustivo y profesional estudio de las bien localizadas y, esta vez sí, documentadas y cuantificadas manipulaciones de las elecciones de 1936 por parte del Frente Popular (es decir, la gran farsa comunista que precipitó una justa reacción militar ante el golpe de estado que habían perpetrado las huestes del mal). No desgranaré detalles del libro (algo imposible, por cierto, ya que sale al mercado hoy mismo), ni repetiré lo que ya han escrito plumas serias sobre el tema, o han comentado preparadas y cultas autoridades en la materia en las pocas emisoras radiofónicas serias que quedan en España. Simplemente dejo caer, como ya digo al principio de este comentario: al final la historia pone a cada uno su sitio.

Para no hablar por otro lado de la famosa “Leyenda Negra” que pesa sobre la historia de España, leyenda inventada, sacada de contexto, exagerada y manipulada por los históricos enemigos de España (los ingleses, los holandeses y los protestantes a la cabeza), que con máximo detalle desmonta página tras página Elvira Roca Barea en su último libro “Imperiofobia y Leyenda Negra”.  Dejando al descubierto que el supuesto “genocidio” perpetrado por los españoles durante el descubrimiento y la conquista de América no es más que una gran y bien elaborada mentira de los demás países, celosos del éxito español e incapaces de aportar a la historia universal algo tan bonito, valioso y duradero como la hispanidad.

O quizás valdría nombrar a la “Santa Inquisición”, parte de dicha leyenda negra, institución tan seria, avanzada y justa que en 260 años solamente condenó al 1,8% de las personas imputadas en los 44.674 juicios celebrados. En Inglaterra durante un periodo similar condenaron a muerte a más de 260.000 personas. Y en Alemania quemaron a decenas de miles de brujas aún en menos tiempo.

Pero claro, los malos fueron los españoles. Que viene el coco. O el Duque de Alba, “amenaza” que aún se cierne sobre los niños holandeses si no se compartan o se niegan a ir a la cama.

Y viene a cuento este comentario, sobre todo, por las constantes, continuadas y cansinas mentiras de los principales “actores” de este nefasto presente que estamos viviendo en España: los Iglesias, Monedero, Echenique, Otegui, Cifuentes, Zapatero, Rajoy, Sánchez, Bárcenas, Toledo, Bono, Wyoming, Maestre, Cristina, Urgandarin, Montero, Soraya, Mas, Pujol, Luis Enrique, Aytekin… esa lista interminable de embaucadores, con sus medios afines liderando la gran estafa, dejándonos en herencia un sinfín de medias verdades, horrendas mentiras, baratas manipulaciones y vomitivas actuaciones, todo ello llana y simplemente para cubrir su falta de valores, proteger su único y principal objetivo, el poder y el dinero, ocultar su carencia de ética y, obviamente, su desconocimiento absoluto de la estética.


Pero, malditos todos, que sepáis: la historia os juzgará.