Hace más de siete años ya escribí
sobre la picaresca, cuando los años negros del Sanchismo aún no habían echado sus
brotes podridos y pocos nos podíamos imaginar hasta dónde era capaz de llegar el
psicópata, yerno de proxeneta y esposo de una cajera de prostíbulos mutada en
catedrática primero y en ladrona profesional después.
Pero cuando la cloaca suena,
mierda lleva, y ya entonces nombraba a Pedro y señora como
potenciales pícaros. Corto me quedé, visto lo sucedido en estos trágicos ocho
años que han pasado desde que una banda criminal liderada por el mayor tahúr conocido
hasta la fecha en nuestra sagrada tierra, llegara al poder. Y mira que hemos sufrido
de todo en nuestra milenaria historia.
Me sigue sorprendiendo oír a la
gente hablar de gobierno. Aquí no gobierna nadie desde hace años, lo que hace
la banda de la Moncloaca es maniobrar, y jamás con la intención de
gestionar correctamente los recursos de la nación y menos aún de mejorar la
vida de los españoles, sino siempre con un único objetivo: beneficiarse
ellos mismos y repartir las migajas entre los suyos. El “que me quiten
lo bailado” llevado a su máxima expresión. Que “en la mareta me lo paso
teta”, como he tuiteado hoy.
Como, visto lo visto en estos últimos
mesas, también hizo el antecesor de Pedro, el bambi de la ceja y los vientos,
el vendedor de humo y recaudador de comisiones para mayor disfrute y engorde
de su gótica prole, el maldito Zapatero, causante de la mayoría de los
males que asolan España y que su alumno aventajado ha sabido exprimir como si
fuera un enorme limón recién recogido de nuestra huerta, esa que ahora han destrozado
y regalado a los malvados moros. Asociados
ambos, sin duda, en esta sucia partida con cartas marcadas.
Es una pena que el nombre “Tahúres
Zurdos” ya esté cogido y pertenezca a una banda musical navarra, nada
mala, por cierto, porque bien que nos serviría para denominar a todos los delincuentes que rodean al presidente del
gobierno, los que habitan en la Moncloaca, los que le cubren desde el inútil
congreso de los diputados, los que les favorecen desde la fiscalía, el Tribunal
Constitucional, el CIS, el Banco de España y las jefaturas de Policía y Guardia
Civil, los que le apoyan desde los medios de manipulación masiva y los
millones de paniaguados o abducidos siervos que les votan. Siervos que
encima van a más, ya que en las próximas elecciones habrá que sumar los
millones de inmigrantes ilegales convertidos en votantes a base de papeles y subvenciones,
y los cientos de miles de nietos, biznietos y tataranietos de inexistentes
rojos que abandonaron España por culpa de Franco, visionarios algunos que ya se
fueron por patas medio siglo antes de que naciera don Francisco. No fuera a ser
que “llegue la ultraderecha”, exclamaban ya a finales del siglo XIX. Unos
adelantados.
Y cuanto mal ha hecho la conversión
de los tahúres en héroes (como a los pícaros de mi artículo susodicho), con su mitificación
en la literatura y en el cine y con ello en el imaginario colectivo, donde delincuentes como Robin
Hood, Billy el Niño, Dillinger, Maverick, Don Vito Corleone y tantos otros,
o en nuestras lindes los Lutes, Jaros, Toretes, Vaquillas, Borbones y
hoy en día los Aldamas y Julitos, en vez de ser denostados por ser
delincuentes, atracadores, ladrones, comisionistas o tahúres, son aclamados como
héroes por el pueblo, que no el populacho.
Fulleros, tramposos, trileros y ventajistas,
retratados (pero no odiados) por Valle Inclán, por Berlanga o por Santiago
Segura, cantados por los Calis y hasta por Sabina, con su homenaje al “macarra
de ceñido pantalón, al pandillero tatuado y suburbial”, aunque en el caso
de Sánchez no tuviera por escuela una prisión, sino una obsesión y por maestra
en vez de una mesa de billar, una cajera de lupanar.
Cuando se unen un ego desmesurado
y una ostensible psicopatía a las malas artes y las cartas marcadas, nacen engendros
como Pedro Sánchez.
Y no olvidemos que mientras los
tahúres se han enriquecido con cubiletes vacíos, el ritmo de recaudación del
Gobierno ha crecido tres veces más que el ritmo de la economía.
De algún lado tiene que salir el
parné que se están llevando.
Malditos. #PSHDP

Muy bueno una vez más, Ernesto
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