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miércoles, 22 de julio de 2026

Tahúres

 


Hace más de siete años ya escribí sobre la picaresca, cuando los años negros del Sanchismo aún no habían echado sus brotes podridos y pocos nos podíamos imaginar hasta dónde era capaz de llegar el psicópata, yerno de proxeneta y esposo de una cajera de prostíbulos mutada en catedrática primero y en ladrona profesional después.

Pero cuando la cloaca suena, mierda lleva, y ya entonces nombraba a Pedro y señora como potenciales pícaros. Corto me quedé, visto lo sucedido en estos trágicos ocho años que han pasado desde que una banda criminal liderada por el mayor tahúr conocido hasta la fecha en nuestra sagrada tierra, llegara al poder. Y mira que hemos sufrido de todo en nuestra milenaria historia.

Me sigue sorprendiendo oír a la gente hablar de gobierno. Aquí no gobierna nadie desde hace años, lo que hace la banda de la Moncloaca es maniobrar, y jamás con la intención de gestionar correctamente los recursos de la nación y menos aún de mejorar la vida de los españoles, sino siempre con un único objetivo: beneficiarse ellos mismos y repartir las migajas entre los suyos. El “que me quiten lo bailado” llevado a su máxima expresión. Que “en la mareta me lo paso teta”, como he tuiteado hoy.

Como, visto lo visto en estos últimos mesas, también hizo el antecesor de Pedro, el bambi de la ceja y los vientos, el vendedor de humo y recaudador de comisiones para mayor disfrute y engorde de su gótica prole, el maldito Zapatero, causante de la mayoría de los males que asolan España y que su alumno aventajado ha sabido exprimir como si fuera un enorme limón recién recogido de nuestra huerta, esa que ahora han destrozado y regalado a los malvados moros.  Asociados ambos, sin duda, en esta sucia partida con cartas marcadas.

Es una pena que el nombre “Tahúres Zurdos” ya esté cogido y pertenezca a una banda musical navarra, nada mala, por cierto, porque bien que nos serviría para denominar a todos los  delincuentes que rodean al presidente del gobierno, los que habitan en la Moncloaca, los que le cubren desde el inútil congreso de los diputados, los que les favorecen desde la fiscalía, el Tribunal Constitucional, el CIS, el Banco de España y las jefaturas de Policía y Guardia Civil, los que le apoyan desde los medios de manipulación masiva y los millones de paniaguados o abducidos siervos que les votan. Siervos que encima van a más, ya que en las próximas elecciones habrá que sumar los millones de inmigrantes ilegales convertidos en votantes a base de papeles y subvenciones, y los cientos de miles de nietos, biznietos y tataranietos de inexistentes rojos que abandonaron España por culpa de Franco, visionarios algunos que ya se fueron por patas medio siglo antes de que naciera don Francisco. No fuera a ser que “llegue la ultraderecha”, exclamaban ya a finales del siglo XIX. Unos adelantados.

Y cuanto mal ha hecho la conversión de los tahúres en héroes (como a los pícaros de mi artículo susodicho), con su mitificación en la literatura y en el cine y con ello en el imaginario  colectivo, donde delincuentes como Robin Hood, Billy el Niño, Dillinger, Maverick, Don Vito Corleone y tantos otros, o en nuestras lindes los Lutes, Jaros, Toretes, Vaquillas, Borbones y hoy en día los Aldamas y Julitos, en vez de ser denostados por ser delincuentes, atracadores, ladrones, comisionistas o tahúres, son aclamados como héroes por el pueblo, que no el populacho.

Fulleros, tramposos, trileros y ventajistas, retratados (pero no odiados) por Valle Inclán, por Berlanga o por Santiago Segura, cantados por los Calis y hasta por Sabina, con su homenaje al “macarra de ceñido pantalón, al pandillero tatuado y suburbial”, aunque en el caso de Sánchez no tuviera por escuela una prisión, sino una obsesión y por maestra en vez de una mesa de billar, una cajera de lupanar.

Cuando se unen un ego desmesurado y una ostensible psicopatía a las malas artes y las cartas marcadas, nacen engendros como Pedro Sánchez.

Y no olvidemos que mientras los tahúres se han enriquecido con cubiletes vacíos, el ritmo de recaudación del Gobierno ha crecido tres veces más que el ritmo de la economía.

De algún lado tiene que salir el parné que se están llevando.

Malditos. #PSHDP

domingo, 5 de julio de 2026

Una de piratas y corsarios


 

¡Toma lo que puedas y no devuelvas nada!

 

Aunque vivamos en pleno siglo XXI, la larga tradición de asaltar y robar, ya sea en nombre propio o en el de la autoridad del momento, sigue bien viva. Y a pesar de que nuestra antaño gloriosa nación inicialmente fue reacia a pactar con malhechores o contratar personal externo para luchar en nombre de la Corona, la presión de nuestros enemigos naturales, léase ingleses y  gabachos, en su tiempo muy necesitados de ayuda externa para poder competir con el Imperio Español, y por lo tanto precursores de la subcontratación de la piratería a elementos de baja estofa pero sumamente eficientes, llevó a nuestros monarcas de los siglos XVII y XVIII a otorgar cientos de patentes de corso, con su correspondiente contramarca real, para poder asaltar embarcaciones enemigas, lucrarse con los botines y pagar la parte correspondiente al fisco.

Pues así andamos de nuevo, aunque a estos filibusteros de nueva cuña se les haya olvidado esta última parte, la de apoquinar, establecida ya en la “Ordenanza por la que han de regirse los navíos particulares que naveguen en corso”, promulgada originalmente por el rey Felipe IV en 1621, en la que el gravamen oscilaba entre el 20%, el quinto real, si las naves eran patrocinadas por el Monarca o el gobernador, el 10% si el apoyo Real era indirecto, o el 0% cuando estos piratas actuaban por su cuenta sin rendir cuentas a Hacienda. Es decir, que hoy en día solamente tenemos a estos últimos, porque de los corsarios actuales pocas declaraciones del IRPF hemos visto. Ni de patrimonio. Ni de herencia.

Pero en nuestros días, estos supuestos corsarios no surcan los mares capturando navíos enemigos y compartiendo los botines con el resto de los ciudadanos, lo que hacen es asaltar nuestras propias empresas y nuestras instituciones, para su propio beneficio y donando una pequeña parte, como si fuera el quinto real de antaño, al mantenimiento de la estructura comercial, perdón, criminal. Por mucha contramarca que lleven, patente que se reduce a un sello de la organización criminal llamada PSOE, se dedican a enriquecerse ellos de forma ilegitima, a espaldas de la nación y sin aportar ni un mísero doblón al bienestar y el progreso del Reino.

Mucho hemos maldecido a famosos piratas y corsarios extranjeros, como Morgan, Drake, Kidd o Barbanegra, pero cuatro siglos después, los nuestros (es un decir) han superado con creces las maldades y rapiñas de los bárbaros de allende los pirineos.

No hay tempestad (en forma de procedimiento legal) que pueda con ellos, y si se hunde un barco, sea una pequeña fragata como la del hermanísimo, un galeón como el de Ábalos o un Navio de Línea como el de la familia Zapatero, se reniega de ellos, se oculta el lugar del pecio, se borra la contramarca (el sello del PSOE) obtenida en algún oscuro despacho de la calle Ferraz, se asaltan despachos para borrar pruebas o se formatean los ordenadores de los fuerzas del orden para eliminar las evidencias de la piratería institucionalizada.

Y los botines ya no se ocultan en la Isla de la Tortuga, ni los beneficios se utilizan para comprar tierras y plantaciones en las provincias de Nueva España, hoy en día se guardan a buen recaudo en cajas fuertes del partido, o en inversiones mobiliarias y societarias en las nuevos refugios caribeños, como la República Dominicana. O hasta más cerca, en tierras de nuestros enemigos ancestrales, los moros, con el beneplácito del corrupto sultán que rige su destino, como si fuera una nueva República de Salé, también llamada “República de las Dos Orillas”, ese estado corsario independiente que existió entre 1626 y 1668 y se ubicaba en la desembocadura del río Bu Regreg, entre las actuales ciudades marroquíes de Rabat y Salé fundado por los moriscos expulsados de Badajoz por Felipe III. Ahí, en esas tierras moras que solamente nos han traído desgracias y cuyos descendientes invaden hoy en día nuestra patria con el beneplácito de los filibusteros socialistas y también peperos, porque negarlo, ahí invierten sus pingües beneficios los piratas del siglo XXI, los Bono, los Sánchez, los Zapatero y el resto de los malnacidos que están acabando con nuestra grandeza, nuestras riquezas y nuestra paciencia.

Y no deja de ser curioso que uno de los mayores corsarios de nuestra historia, Miguel Enríquez, activo entre los siglos XVII y XVIII, pasara de ser un simple zapatero a convertirse en uno de los hombres más ricos del Caribe. Como Zapatero. Como Bono. Como la famiglia Sánchez-Gómez.

Y no, no son corsarios, son malvados filibusteros, que a espaldas de la nación y los sufridos ciudadanos, expolian y roban sin pudor ni decencia.

Y sin pagar ni el quinto real, ni el diezmo, al monarca actual. ¿O quizás sí?

¡Malditos piratas!

lunes, 25 de mayo de 2026

Non plus ultra

 


Escribía un tuitero hace poco sobre el daño que han hecho la trama de corrupción de la organización criminal PSOE y sus socios (los activos y los callados cual putas) al lema “Plus Ultra”, divisa de nuestra gloriosa patria en otros tiempos.

Y cuan acertada esta reflexión.

Recordemos que según la mitología griega, Hércules, en su décimo trabajo y entre otras varias tareas, plantó las dos columnas en el estrecho de Gibraltar para simbolizar que «No existe tierra más allá» (Non terrae plus ultra). Siglos más tarde, el emperador Carlos I incorporó estas columnas al escudo de armas español, añadiendo el lema “Plus Ultra”, indicando de esta forma que el mito del antiguo mundo conocido había acabado con el descubrimiento del nuevo mundo y su incorporación al Imperio.

Y ahora este lema, representativo de la gloria de nuestra patria, ha sido arrastrado por el fango por una pandilla de criminales de un sucio partido político, por sus complacientes y bien pagados socios, por los medios de comunicación cómplices a base de inyecciones monetarias, por la inexistente oposición del PP y por los millones de votantes, iletrados, abducidos y sumisos.

Para colmo de males, el histórico vuelo del hidroavión “Plus Ultra” en 1926, tripulado por Ramón Franco, Julio Ruiz de Alda, Juan Manuel Durán y Pablo Rada, hecho por otro lado desconocido para la mayoría de la población española por obvias razones de ocultación de la historia y de la desmemoria histérica del rojerío, también ha quedado mancillado por este rescate criminal de una línea aérea de narcos y amigos de sanguinarios dictadores.

Pero a esta banda de malnacidos que están acabando con nuestra nación milenaria con malas artes, con saña y total frialdad, les importa todo un pimiento. Ande yo caliente.

Y de golpe, los que amamos a España porque no nos gusta, volvemos a añorar la mitología griega e imploramos en sueños que las columnas de Hércules sigan en su lugar, erguidas en el peñón de Gibraltar y en el monte Hacho, frenando de esta forma los indecentes y criminales viajes de esta línea área, rescatada con nuestro dinero, con el sudor de nuestra frente, para beneficio de mafiosos, de corruptos, de narcos y de compinchados cargos en todas las administraciones del Estado.

Vuelos de una oscura línea aérea que simboliza todo lo contrario que el histórico vuelo del nombrado hidroavión, vuelos que han lucrado a personajes sinestros frente a una gloriosa hazaña como fue la del comandante Franco y sus compañeros hace justamente 100 años.

No podemos permitir que vayan más allá.

Tenemos que alzar de nuevo esas columnas para frenar a esta narcodictadura del PSOE y sus socios.

Tenemos que frenar los Falcons, los Airbuses y cualquier otra nave que cruce el océano con malas intenciones.

Tenemos que recuperar a Hércules y decir que hasta aquí hemos llegado, pero más allá ya no.

Ya restauraremos la divisa de Carlos I cuando toque.

Non plus ultra

lunes, 1 de septiembre de 2025

Desgobierno



 El poder corrompe,

 y el poder absoluto

corrompe de manera absoluta. 

Rick Warren


Ojalá pudiéramos hablar solamente de eso, de un desgobierno, de un desorden, de un desconcierto. Pero los actos y las omisiones del criminal, corrupto, inútil y supuesto gobierno, van mucho más allá.

No hay gobierno en ninguno de sus sentidos positivos (dirigir, organizar, administrar, guiar…) salvo si hablamos de un gobierno absoluto. Porque eso es lo que tenemos: a un sátrapa ostensiblemente enfermo, aupado al poder con malas artes y dinero sucio, y a sus órdenes veintitrés lacayos sumisos y cientos, que no miles, de amigos devenidos asesores, consejeros o directores, del primero al último sin preparación y muchos encima sin titulación. Por no nombrar a la jauría de amanuenses y voceros colocados en todos los medios con el único fin de propagar mentiras, manipular y ocultar la realidad y masajear y alabar al líder supremo.

Y peor aún, como bien ha explicado Javier García Isac esta mañana en la radio: es un desgobierno terrorista. Porque todos los sucios votos que mantienen en el poder a Pedro Sánchez, tienen su origen de una u otra forma en un grupo terrorista: CINCO bandas terroristas: FRAP/PODEMOS y SUMAR, EGPGC/BNG, ETA/Bildu y PNV, Terra Lliure/JUNTS y ERC/ y GAL/PSOE. Lo peor de cada pocilga. Todos los enemigos de España, de antes, de ahora y de siempre, son los que con inquina y maldad desgobiernan nuestra nación, con los nefastos y casi terminales efectos que todos estamos viendo y sufriendo día tras día. Semana tras semana. Mes a mes. Sin que se vea ni el más mínimo atisbo de luz al final del túnel.

¿Alguien alberga duda alguna de que a Pedro Sánchez le importa un pimiento lo que le pase a España y a los españoles?  Sí, los hay, lamentablemente, siguen existiendo 10 millones de personas que votan como autómatas. Que viven como autómatas. Que obedecen como autómatas. Que SON autómatas. Sin cerebro, sin voluntad, sin sangre. Simples tontos útiles utilizados elección tras elección para llegar o mantenerse en el poder, alimentados en los periodos interregnos con propinas y falsas promesas, Con bonobuses y contratos basura. Con adoctrinamiento continuado disfrazado de entretenimiento. Con una sumisión inducida y completa que para sí quisieran los más estrictos musulmanes con su inhumana y malvada sharia de las narices.

Y si a Pedro Sánchez le importa todo bien poco, qué decir de sus socios. Todos y cada uno de los partidos que apoyan al tirano buscan la destrucción de España como nación unida y próspera. Los naZionalistas barriendo para casa y sacando cada día alguna tajada del pastel que Sáunez ha puesto a la venta. Prebendas por votos, votos por días de estancia en la Moncloa. Es el único cálculo que guía al poder ejecutivo. Y esto no se llama gobernar.

Empieza el nuevo curso, escolar, político y judicial. Veremos si cambia algo. Yo no soy nada optimista, pero por rezar y luchar, que no quede.

¡Despierta, España!


miércoles, 21 de mayo de 2025

La mentira más grande jamás contada

 


Como cada Pascua, volví a vivir la pasada Semana Santa, la más importante del año para los creyentes, de la forma tradicional: asistiendo a procesiones, a misa, rezando, reflexionando y viendo las películas de rigor. Como por ejemplo “La historia más grande jamás contada”, que para mi sigue siendo la referencia, por edad y por las veces que la he visto, de la vida de Nuestro Señor Jesucristo.

Y mientras disfrutaba, me emocionaba, lloraba y sufría con el relato de la vida, muerte y resurrección de nuestro Señor, en mi cabeza retronaba de forma insistente un pensamiento: eso fue y será la historia más grande jamás contada, mientras nosotros estamos viviendo justo lo contrario, la mentira más grande jamás contada. ¡Malos tiempos nos ha tocado vivir! Muy malos.

Sí, la mentira más grande de la historia es, sin lugar a duda, la España del demente y corrupto Pedro Sánchez, hijo político (y a todas luces el mejor alumno) del endemoniado Zapatero, el hijo de Satán enviado a la tierra para rematar todo lo bueno e imponer el mal. Repito. El MAL.

Ha habido (y siguen habiendo)  grandes y bien orquestadas mentiras en la historia, de eso no hay duda, pero ni la “Leyenda negra” inventada por ingleses, holandeses y demás herejes enemigos de España, ni las ligas ganadas por el Barça de Negreira, ni la plandemia del COVID gestada y explotada en despachos de Bruselas y de las granes farmacéuticas, ni la propia UE de la bruja von der Leyen y su dictadura antipatriota, ni la inexistente emergencia climática y su maldito Pacto Verde y su Agenda 2030. Nada, chiquilladas, mentirijillas, comparado con el reino del mal que han montado Pedro Sánchez, su pulcra y trabajadora esposa y sus compinches en estos últimos 7 años.

Cortas se quedan películas como “El mayor espectáculo del mundo”, viendo el circo permanente en el que vivimos, por no comparar “El mayor robo del siglo” con el robo masivo y continuado que están llevando a cabo los lacayos, peones y familiares del demente presidente.

Pero volvamos a “La mentira más grande jamás contada”, la de Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Si es que se llama así, porque con este personaje hay que poner en duda todo: su nombre, su hombría, sus estudios, su educación, sus escritos, su moral. Lo único que sabemos seguro es que cuida de su familia.

Si Pedro Sánchez se hubiera retirado 40 días al desierto, y no 5 al cómodo sofá de casa, hubiera caído en todas las tentaciones, aunque en su caso en vez de intentar convertir piedras en panes, lo que hizo es convertir papeletas y rellenar una urna entera en un santiamén. Cayó en la tentación. En la primera.

Tampoco tardó mucho el vivales de Pedro en llamar a sus discípulos, a los que nombró “pescadores de votos y favores” y con los que inició su peregrinaje en busca de gloria y riquezas.

Y en busca de mayor protagonismo, Pedro también obró su milagro, resucitando a un tal José Luis Abalus, que le ayudó fielmente a multiplicar los panes y los peces; los de su familia, compinches y amigos, eso sí. O consiguiendo trabajo para todas las sobrinas, amigas, primas y hermanas de la extensa y sagrada familia.

A Caifás y el Sanedrín ni se enfrentó, despidió a los que pudo y colocó como sumo sacerdote a su amigo Conde Podridus. ¿De quién depende el Sanedrín? Pues eso.

Y con la Cesarina Ursula, ni un problema. Un par de guiños, alguna zalamería y variadas cesiones de intereses nacionales, y todo arreglado. Como amigos.

Y aquí, siguiendo los paralelismos entre la mentira más grande jamás contada y la vida de Nuestro Señor, habría que saltarse un capítulo, el de la entrada en Jerusalén, porque no veo yo una entrada triunfal de Pedro Sánchez a ninguna ciudad, pueblo o aldea de nuestra nación. No hay Jerusalén que le reciba con los brazos abiertos: anda de noche, tapado, protegido y apestado.

Lo que nos queda ahora ya son deseos, pero sin duda se cumplirán. Somos muchos que soñamos, pedimos, exigimos y reclamamos lo mismo.

La traición de Judas está al caer (no será por la falta de potenciales chivatos en su entorno), seguidamente asistiremos gozosos al juicio, la sentencia y el castigo de este maligno ser. Y no habrá intercambio por el Barrabás de turno. Ni habrá crucifixión, no.

Queremos que viva muchos años, exiliado, solo y sin espejos en un islote cualquiera. Perejil, por ejemplo. Y que se consuma poco a poco, para pagar todo el mal que ha hecho a España.

No sería mal final para esta pesadilla que estamos sufriendo.

No sería mal final para esta insufrible película.

No sería mal final para “La mentira más grande jamás contada”

 

jueves, 6 de febrero de 2025

El túnel del terror rojo

 


Otra noche mas que no duermo.
Otra noche mas que se pierde.
¿Que habrá tras esa puerta verde?

La puerta verde, Los Nikis, 1986.

 

Mis tan queridos Nikis ya se preguntaban en 1986 que habría tras la puerta verde, versión inmortal de la canción original de Jim Lowe y los High Fives de 1956, y yo, ahora, casi cuarenta años después, me pregunto qué habrá al final del túnel rojo. Si es que tiene final, claro. Porque una pesadilla clásica es entrar en un túnel interminable, al igual que caer de un edifico y no llegar jamás al suelo o en el mejor de los casos estamparte cual merengue en una fiesta infantil.

Porque, si lo pensamos bien, estamos todos metidos en un túnel sin fin, un túnel excavado en las entrañas de nuestra patria, un túnel más terrorífico que el de la bruja de cualquier feria de pueblo y bastante más largo que el túnel de San Gotardo que atraviesa los Alpes. Y es un túnel de un color rojo oscuro, tanto como el alma de sus constructores, que son nada más y nada menos que los socialistas, encabezados por un tirano psicópata y su corte de lameculos, lacayos, cómplices y aduladores, Y votantes, para mayor desgracia nuestra.

Leyendo últimamente a los pocos columnistas, escritores, pensadores, historiadores y políticos que me aportan algo, entre ellos, como no, Hughes, Juan Carlos Girauta, Iván Vélez, Gabriel Albiac, Enrique García-Máiquez o Jorge Buxadé, por citar algunos, noto un cierto optimismo, como si vieran alguna luz al final de esa pesadilla que estamos viviendo en el mundo occidental en los últimos 20, 30 y hasta 40 años. Sinceramente, no comparto ese optimismo, quizás cansado ya de soñar despierto, pero si algo tienen estas personas preparadas, sabias, cultas y conocedoras del pasado y de la triste realidad actual, es que saben mucho más que yo (por eso les leo, porque para escuchar o leer sandeces no tengo tiempo, la verdad. Ni para ver telebasura, telediarios sectarios, programas soeces y bastos o escuchar supuesta música que no es más que ruido de obra con letras simples y sucias).

Volviendo al interminable túnel rojo en el que nos encontramos, los sobresaltos, las trampas, las cascadas, las curvas y los súbitos descensos que lo jalonan en forma de continuos (y supuestos) delitos de los monstruos que lo pueblan y que nos asaltan a cada curva, son incontables.

¡Ojalá hubiéramos tenido un túnel de la bruja de esta duración en nuestra infancia! Porque como bien recordamos todos, siempre se nos quedaban cortas las atracciones, ya fueran en el parque de atracciones del Tibidabo en Barcelona o en cualquier otro espacio de ocio y diversión para los pequeños (y no tan pequeños: yo volvería a montarme sin pensármelo dos veces en cualquier atracción, en la montaña rusa, en la Atalaya, en los autochoques, y disfrutaría como un enano en el salón de los espejos).

Si no es un familiar del tirano, disfrazado de director de orquesta, que nos intenta atizar en una curva con su larga y deformada batuta, un ridículo ministro de asuntos exteriores disfrazado de bedel y  convertido en un cazador de herejes al credo único de Dios Sánchez, blandiendo su espada justiciera por habernos dormido en una larga recta del túnel, una asesora del asesor del jefe de gabinete del jefe de gabinete de una histérica ministra gritando desde un foso cual posesa y en un idioma ininteligible, una vicepresidente iletrada que nos aterroriza desde el techo con sus deformes ubres caídas y su desconocimiento de la lengua española (y de cualquier otra cosa), un ministro de Justicia empeñado en acabar con la democracia a martillazos en cualquier recoveco, otro ministro aficionado a las chicas de compañía saludando desde una oscura ventana, es cualquier otro terrorífico espécimen de los componen el circo ambulante gestionado desde las cloacas de la Moncloa.

Pero la gran diferencia entre los túneles del terror o los castillos de la bruja de nuestra infancia, en los que nos adentrábamos voluntariamente (o casi), previo pago del tique preceptivo por parte de nuestros padres o abuelos, en este siniestro túnel rojo del terror nos han metido obligatoriamente, sin darnos la opción a negarnos a subir a la vagoneta, ponernos el cinturón y sufrir su interminable recorrido.

¿Tendrá algún final esta desagradable atracción de feria cutre, insegura y trasnochada?

¿Saldremos vivos de este parque de atracciones que más parece la parada de los monstruos?

Como siguen cantando los Nikis: No descansaré hasta saber que hay tras la puerta verde”.

O al final del túnel rojo oscuro por el que estamos transitando.

domingo, 24 de noviembre de 2024

Y se irán de rositas




se premia el robar y el ser sinvergüenza.
En España se premia todo lo malo.”
(Ramón del Valle-Inclán, Luces de Bohemia)

 

Últimamente vuelven a alzarse muchas voces contra el “régimen del 78”, esa pseudo democracia que nos impusieron y que por lo tanto no “nos dimos”. Por mucho referéndum y muchas mayorías que esgriman los defensores del régimen que sufrimos, cualquier análisis objetivo de lo sucedido en España desde aquel nefasto 6 de diciembre de 1978, deja bien claro que esto no es ni por asomo lo que tan felices y eufóricos nos prometíamos. Porque, recordemos, la pregunta de dicha consulta popular, «¿Aprueba el Proyecto de Constitución?», ya implicaba un marco tan amplio, un campo de juego tan ancho como largo, para que una parte de la sociedad, a la que ahora llamamos casta, se lanzara sobre el pastel y comenzara a consumirlo, poco a poco. Sin prisas pero sin pausa.

Si quisiéramos listar aquí y ahora todas las faltas y delitos, robos, secuestros, asesinatos, mentiras, corruptelas y complots urdidos y ejecutados por los respectivos partidos políticos en su alternante turno de desgobierno, nos haría falta una buena enciclopedia Salvat, de esas de lomo verde oscuro y letras doradas, tomos que decoraban en otras épocas nuestros salones, y que, válgame, Dios, hasta había gente que abría para consultar esa o aquella palabra. Una enciclopedia que hoy en día precisaría varios tomos adicionales para describir la intrínseca maldad en las taifas, digo las autonomías, esos nidos de violencia, de racismo, de clasismo y de la corrupción más sofisticada, más continuada y, oh sorpresa, la menos perseguida o penada. Algo entendible, cuando nuestro a todas luces injusto sistema electoral premia a las minorías violentas y chantajistas, ese sucio sistema de votos privilegiados que les entregó en bandeja todos los comodines para explotar al gobierno de turno con amenazas, con violencia, o simplemente con no darle sus votos para seguir gobernando. Los ya conocidos siete votos del psicópata Sánchez.

Pero lo preocupante no es esta corrupción institucionalizada, ejercida por todos los partidos que tocan poder (a VOX no le ha pasado aún; Dios quiera que continúe así), este aprovechamiento del dinero y del mal ajeno (como bien se ha visto en las recientes y criminales inundaciones en Valencia y en Castilla la Mancha), porque no tiene remedio.

Lo que verdaderamente nos tendría que despertar a todos, hasta el punto de alzarnos contra este carcomido régimen, lo intolerable y vomitivo, es que no pasa nada. Ni pasará. Nadie paga por sus delitos, por lo menos en el caso de los políticos. Algunos pocos han caído, han pisado la prisión, pero es una parte irrisoria de la masa corrupta que nos dirige. Sean del Psoe rojo o del PPsoe azul, como bien dijo Miquel Giménez recientemente, aquí ya no hay derecha ni izquierda, aquí lo que tenemos en un lado es el mal, la corrupción y la mentira, y en el otro lado la verdad, la justicia y el sentido común. Y en ese lado oscuro, siniestro, inútil y malvado están los partidos políticos, las mafias dedicadas a robar, colocar, enchufar, malgastar, destrozar todo lo que tocan, mientras que alegres y felices se dedican a la “dolce vita”, viajando, puteando, fiesteando, bebiendo, comiendo y drogándose.

¿Cuánto más aguantaremos, queridos compatriotas?

¿Qué tiene que pasar en esta antigua nación para que dejemos de lado el móvil, nos calcemos las alpargatas, cojamos un fusil (en sentido figurado), y acabemos con esta plaga de malvados, ignorantes y dementes criminales?

Escribía ayer Carmen Alvarez una preciosa columna sobre el otoño, según ella el mes del amor verdadero, a lo que yo añadiría que el amor más importante, el que engloba todo y a todos, a las parejas, a los padres, a los ancestros, a los hijos, a los compañeros, a los camaradas, a los empleados y a los superiores, al paisaje, a los monumentos, al campo sembrado y a la fábrica activa y humeante, al pescador y al obrero, al médico y al profesor, al soldado y al general, el amor que abarca todo y que solamente aspira al bien común, es el amor a la patria. A España. 

Y es por lo tanto este mes de otoño, este noviembre nacional, el que tiene que hacer brotar nuevamente ese profundo amor que España precisa en estos momentos.

Sin romanticismos y cursilerías: el amor verdadero se demuestra luchando. Por la verdad, por el pueblo, por España.

¿Dejaremos que vuelvan a librarse de sus delitos todos estos malvados criminales?

¿Seguiremos murmurando como el sepulturero en Luces de Bohemia, que “en España el mérito no se premia, se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo”, sin hacer nada para solucionarlo?

¿Dejaremos que se vayan de rositas?

  

miércoles, 4 de septiembre de 2024

MAFIA



 "La política y el crimen son lo mismo"- Michael Corleone.

Antes de empezar, pido disculpas a mis cientos (a veces miles, cuando algún amigo famoso retuitea mis columnas, aunque últimamente les cuesta mucho) de lectores por insistir siempre en el mismo tema. A mi hermano, por ejemplo, ya ni se los mando, porque según él soy monotemático y me repito más que el ajo. Él sabrá. Siempre ha sabido más que yo. O quizás no. Pero en el fondo, si consigo abrir los ojos a un solo lector, el tiempo dedicado a escribir esto ya habrá valido la pena.

Pensemos por ejemplo en nuestra liturgia católica: las lecturas se repiten también, como el ajo, y día tras día, años tras año, volvemos a escuchar esa o aquella lectura, dependiendo del día. Y recitamos las mismas oraciones. Y entonamos los mismos cánticos. Y a esto se añade la homilía del párroco de turno, que intenta desmenuzar, aclarar, ejemplificar y hacer más comprensible lo escuchado en las lecturas. O por lo menos es lo que tendría que hacer.

Porque, tengamos siempre presente que no todos somos Gonzalo Miró ni sabemos de todo y más. Ni nuestros padres han tenido cientos de empleos como el de Rubén Sánchez. Tampoco somos tan eruditos y excelentes como Prepucio Teadula, perdón, Euprepio Padula, o sentenciamos todo como el idiota Fonsi Loaiza, sin tener idea de absolutamente nada.

En fin, no somos nadie comparados con toda esta élite cultural, intelectual y social. Somos simples mortales, con nuestras limitaciones, y necesitamos leer, comparar, entender y finalmente saber y hasta creer. De forma empírica.

Hablemos pues de la mafia. En este caso de la rama española, el PSOE. Y ya no hablo del criminal partido fundado por Pablo Iglesias en 1879, aunque compartan las siglas. Hablo del Partido Sanchista (de) Obedientes Empleados.

Organización criminal que aún consta en el registro como partido político, pero que dejó de serlo hace mucho tiempo. Y que ha superado con creces a las más famosas e influyentes “famiglias” italianas, la Ndrangheta, la Cosa Nostra y la Camorra. La organización criminal y clientelar de Pedro Sánchez ha logrado, en un decenio, convertir a todas las demás asociaciones criminales, en simples pandillas de niños malcriados. Todos sabemos muy bien como funcionan este tipo de agrupaciones de intereses: un capo, los soldados y la omertà. Aparte de esto, solamente quedan el asesinato, el suicidio asistido o el polonio. Vale todo, o Valetudo, como escribí hace unos meses. Y quizás, para los enemigos menos peligrosos, el psicópata tenga suficiente con su cancelación política y social. Que en el fondo equivalen a un asesinato. Menos sangriento pero igual de efectivo.

Así funciona cualquier sociedad secreta y sectaria que busca el beneficio de pocos a costa de muchos: la masonería, los nacionalismos, las sectas, las maras, las simples pandillas de delincuentes, los falsos sindicatos, las logias, y, por desgracia, la mayoría de los partidos políticos. En especial, el innombrable y criminal partido que encabezan Pedro Sánchez, sus allegados y sus soldados. Estos últimos y si conviene, sacrificables, como el pobre Fredo en “El Padrino”. Papel que bien podría interpretar en un futuro cercano Ábalos. Porque lo de romper el silencio, quebrantar la omertà, tiene su riesgo. Pensemos solamente en las decenas de suicidados amigos de los Obama. O en las victimas del polonio de Putin. El que ose enfrentarse al capo ya sabe a qué atenerse.

Y todo el mal se cuece entre la Moncloa y el Palacio de Congresos, edificio y temporales moradores a los que por cierto, como bien lo define Javier Santamarta del Pozo en su excelente libro "Eso no estaba en mi libro de historia de la Primera República", “no pidamos nivel a los que se encuentran en una calle ya de por sí desnivelada de bajada, como es la madrileña Carrera de San Jerónimo”. Una pocilga desnivelada, cuyos ocupantes, en su inmensa mayoría, se dedican solamente a medrar, robar, tergiversar, confabular, engañar y a maldecir al contrario. Menos aquellos pocos que simplemente van a figurar y cobrar. Que de estos también hay. Los tontos útiles que solamente sirven al capo para votar cada tanto. Y que son tan sacrificables como los mejores y más fieles soldados. No hace falta que enumere aquí a todos aquellos que cayeron en desgracia y fueron apartados. En un lado del hemiciclo y en el otro. Que los partidos son todos mafiosos. Unos más, unos menos, pero al fin y al cabo, son entes antinaturales creados para defender los intereses de unos pocos. Lo de la honradez y el bien de los ciudadanos y de la patria como objetivo vital, lo dejamos para cuatro admirados pero solitarios llaneros. O quizás sean treinta y tres. No puedo poner la mano en el fuego por todos ellos, por algunos sin duda.

Hoy, 4 de septiembre, el capo de la mafia, Pedro Sánchez Castejón, ha rematado su tarea. Como posteaba esta mañana en X, “Tomados el CGPJ y el Banco de España, el autócrata ha alcanzado sus últimos objetivos. La democracia ha muerto”. 

Y que nadie lo dude, el psicópata que lamentablemente dirige nuestro gobierno, que no nación, ha conseguido lo que pretendía desde que salió de las oscuras saunas gay y decidió llegar al poder fuera como fuera. Ha tomado el control de todo (hoy en la Gaceta tenéis una lista de todos sus peones), y a partir de aquí, nos va a costar el oro y el moro echarle de la poltrona.

Como tan bien escribía ayer un tuitero, nos ha traído al moro y se va a llevar el oro.

Y los MMM, los medios de manipulación masiva, aplaudiendo con las orejas (tamaño Fonsi Loaiza), engañando a los ciudadanos y cobrando sus sobornos en forma de publicidad institucional.





miércoles, 7 de agosto de 2024

Rancid & Rotten

 



Una historia de los bajos fondos.

Ficha técnica

Género: Delincuencia organizada, Corrupción, Perversión

Reparto: Ego Sánchez (Rancid), Bego Gómez (Rotten), David (el flautista), Barrabés (el socio enfermo terminal), Koldo (el segurata), Oscar (el matón), Silvia (la prostituta amanuense) …

Sinopsis: Rancid y Rotten traban amistad en una fiesta pija en un chalé de Madrid. Surge el flechazo y se siguen viendo con asiduidad en las saunas del padre de Rotten, donde ella lleva la contabilidad y controla las cámaras de grabación secretas. A los pocos meses se casan y comienza su carrera delictiva para llegar cuanto antes al poder. Con la ayuda de testaferros, amigos de infancia, exnovios, exnovias, empresarios chantajeados y jueces corruptos, toman primero el control del partido socialista, para llegar rápidamente al gobierno de España, engañando sin pudor a militantes y votantes. Una vez aupados al poder, colocan a todos los miembros del clan en puestos de relevancia, cubriendo tanto el sector público como el privado, hasta controlar de forma absoluta todos los poderes del estado. Apoyándose en los medios de comunicación comprados, se afianzan en el poder y comienzan a destruir la nación española mientras se enriquecen ilegalmente.

Críticas.

"Impresionante historia de superación, amistad y valores.  (...)” Puntuación: ★★★★★ (sobre 5)"  Toni Pelota: El Mundo

"La mejor película en años. Un ejemplo de pareja triunfadora frente a la ultraderecha acosadora” Puntuación: ★★★★★ (sobre 5)"  Ana Limitada: El País

"Podría ser de Almodóvar por su grandeza. Un ejemplo de la España que queremos, diversa, lista, emprendedora y triunfadora.” Puntuación: ★★★★★★★ (sobre 5)"  Juan Palomo: ABC

 

 

No quiero adelantar todo el contenido de esta distópica película. Lo de los spoilers me parece realmente una gran putada. Pero si quieres conocer en detalle el argumento de la película, lo más fácil es tirar de hemeroteca, aunque esto implique leer. Entiendo que muchos preferiríais una serie emitida en la Sexta y su posterior debate con los habituales lameculos del poder, pero os vais a quedar con las ganas. El que quiera saber, que se lo curre.

Que haga un mínimo esfuerzo, que analice, que valore, que opine de forma objetiva, con datos en la mano, y que entienda de una puñetera vez que esta pareja de delincuentes nos va a llevar a todos a la ruina y a la esclavitud absoluta, hasta que tengan sus cuentas bancarias a rebosar, desparezcan de España y se dediquen a la “dolce vita” en Santo Domingo, Portugal, Tailandia, Portugal o Marruecos.

 

Nota: cualquier coincidencia con la realidad es totalmente intencionada.

 

viernes, 4 de marzo de 2022

Políticos

Empecé a tomar notas para este artículo cuando el guirigay del Partido Popular por los supuestos delitos del holograma Ayuso estaba en su punto álgido, en plena guerra de egos, con fontaneros, voceros, traidores, aduladores y conseguidores ejerciendo cada uno su papel, y mira por dónde, en dos escasas semanas dicha guerra fratricida ha pasado a mejor vida con la llegada del Frente de la Juventud del PP, lo que el estimado Javier García Isac llama el PP vintage, para poner orden, echar a los díscolos y defender su dorado y cómodo “statu quo” hasta el final.

Pero eso es el pasado: ya tenemos otras guerras sobre la mesa, la interna del sucio gobierno de Sánchez por sus reiteradas mentiras hacia un lado y hacia el otro, y la verdadera, que no es guerra sino invasión, la que están librando, sobre suelo europeo, los valientes ucranianos contra el eterno invasor rojo. Sí sí, rojo, como el vinillo de Rioja, pero en malo. Pasado, avinagrado, malo.

Nuestra realidad ya supera cualquier moda efímera, Wordle, Ramona, meme gracioso o video de TikTok con millones de reproducciones: cae la noche y ya es historia, te levantas y cualquier mención a lo que ayer fue tendencia te convierte en un ser extraño, pureta y anticuado. Si hasta el COVID parece ya una leyenda, como la buena música, los periodistas profesionales y preparados, un director deportivo decente en el RCD Español o un político honrado y honorable. Criaturas mitológicas todas ellas. Hablemos pues de estos últimos. De los políticos. Que a eso he venido.

A escribir un poco sobre esos oscuros pajarracos que viven del cuento desde que se levantan hasta que se acuestan, adulándonos, comprándonos, manipulándonos, engañándonos o traicionándonos, siempre dependiendo de la fase de su siniestra e improductiva carrera en la que estén: si tocan elecciones, si tocan depuraciones, si tocan comisiones, si tocan corrupciones, si tocan traiciones o si tocan dimisiones. Un algoritmo no demasiado complicado para los cada vez menos preparados, pero bien espabilados políticos de alta cuna y baja cama. O viceversa. Hipócritas de sol a sol.

Aunque de esas últimas, las dimisiones, pocas se vean. ¿Quién renunciaría a la “dolce vita” de un político? A sus buenos sueldos y la nula presión laboral, a una vida social completa y gratuita, con el futuro asegurado de una manera u otra, ya sea aferrándose al sillón o utilizando las múltiples puertas que, oh milagro, se les abren a los políticos profesionales de par en par: sentimentales, sexuales, laborales, giratorias, automáticas, trampillas, de carne y hueso, madera o hierro forjado, con doble candado o blindadas, con descendencia vinculante o ascendencia interesante; puertas, al fin y al cabo.

Nunca he podido con estos timadores profesionales. Y mira que llevo vinculado a la “acción” política desde mi ya lejana juventud, desde finales de los 70, pero la desconfianza sigue ahí. Quizás sea justamente por ello: por perro viejo. He visto pasar movimientos, coaliciones, partidos, escisiones; he visto pasar a jóvenes idealistas, a ancianos anclados en su guerra, a inocentes seguidores de la moda (juvenil), a incombustibles luchadores, a intelectuales, a personas santas, pero también a vividores amantes del local social y sus prerrogativas, a lerdos de todo color y pelaje, a personas tóxicas, a agentes dobles, a simples ovejas, a separadores y a separatistas. De todo hay en la viña del señor. Y por desgracia el ámbito político se presta tanto a la picaresca, el trapicheo, el birlibirloque y demás aficiones patrias, que seguiré diciendo “vade retro” ante cualquier grupo de interés del que tenga la mínima sospecha. Léase, todos. Hasta en la asociación de vecinos hay gente extraña.


 ¿Y ahora qué, me pregunto?

 ¿Ha llegado por fin el momento de la sensatez, del sentido común, del patriotismo sano y del altruismo real?

¿Estamos a tiempo de limpiar de fango todo este sistema pseudo democrático que permite gobiernos totalitarios e imposiciones de demencias colectivas gracias a los votos de golpistas y terroristas?

 ¿Serán, o seremos, capaces esta vez de empezar la casa por sus cimientos, actuar con legalidad, mantener la palabra y cumplir lo jurado ante el pueblo español?

¿Nos quitaremos de encima de una maldita vez la partitocracia del PPPSOE?

¿Antepondremos España a nuestros egoístas intereses personales, locales, regionales, de partido, hermandad, club de fútbol, cofradía o logia?

No sé yo. Como dijo Maquiavelo: “la política no tiene relación alguna con la moral”.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Confinados

Escribo esto con congestión nasal, malestar general y un dolor muscular bastante intenso. Pero sin fiebre. Pasada anteayer la evaluación en línea de la Comunidad de Madrid (https://www.coronamadrid.com/) , como es lógico me contestan que por ahora no tengo suficientes síntomas para pensar que pueda estar infectado. Y no soy yo persona proclive a salir disparado a visitar a un médico: la última visita a un facultativo creo que fue en el año 2012, donaciones trimestrales de sangre aparte. Y menos aún correré en estos momentos, con los hospitales desbordados y los cadáveres acumulándose en el Palacio de Hielo de Madrid, entre ellos muchos sanitarios, médicos y demás profesionales que están dejándose literalmente la vida por ayudar a los demás (como los políticos, pero al revés). Será un catarro. O la edad. O ambas cosas.

Y aunque haya titulado este comentario “confinados”, podría cambiarlo sin dudar ni un momento por “secuestrados”, “engañados”, “vendidos”, “manipulados”, “olvidados” y hasta “asesinados”. 

Cualquiera de estos verbos sería aplicable en esta nuestra querida patria, perdida en un mar de desorganización, de mentiras, de falta de previsión, de división y, sobre todo, entregada sin remedio a la nefasta gestión de nuestro desgobierno frentepopulista, más preocupado por su imagen, sus pactos secretos y su propio futuro que por el bien de la nación y la supervivencia de la población.

Piden ya los culpables de esta grave crisis que no metamos cizaña, que no polemicemos, que trabajemos unidos, cuando hay que hacer exactamente lo contrario: tenemos que alzarnos y gritar a los cuatro vientos las verdades que tanto les duelen a los malignos dirigentes que tenemos en España y en la mayoría de las ridículas y claramente prescindibles autonosuyas.


Harto difícil es no dejarte influenciar por el constante bombardeo televisivo, radiofónico y sobre todo “social” a través de las redes. Redes que como siempre nos traen tanto lo bueno, el contacto con los tuyos, información y entretenimiento, como todo lo malo, en forma de bulos, timos y ciberataques. La maldad y la estupidez ya sabemos que no descansan nunca. Ni durante un estado de alarma.

Lo malo.

En Cataluña tenemos a los dementes lazis separatistas aprovechando la ocasión para atacar a España y manipular sin pudor toda la realidad de su desidia, su latrocinio y su apestoso egoísmo racista.

En las Vascongadas tres cuartos de lo mismo, con el agravante del apoyo de los terroristas de Bildu a los nazis del PNV, que bien están usando la crisis para llevarse algún premio, ya sea en forma de dinero que no les corresponde o de alcaldías que asaltan en plena cuarentena para colocar a sus peones en puestos clave. Y eso que ellos son los mayores expertos en confinamientos: solamente hay que recordar todos los secuestros que promovieron, apoyaron y llevaron a cabo durante años, encerrando a personas inocentes en inmundos zulos, maltratando, humillando y matando con el único objetivo de conseguir beneficios económicos.

La prensa sumisa al poder, que hoy en día ya es casi toda, despide a grandes periodistas como Fernando Sánchez-Dragó y censura artículos de un notable columnista como Alfonso Ussía, cediendo al chantaje del desgobierno chavista. “O te cargas a estos o te quedas sin subvenciones”. Tal cual. Como si estuviéramos en Venezuela. O en Cuba. O en Nicaragua. O en la antigua URSS, o en la falsamente llamada RDA en la que la pesadilla de Orwell llegó a su máxima expresión con la vigilancia de todos los ciudadanos por parte de todos los ciudadanos. La estrategia perfecta para subyugar y esclavizar un país, mientras los dirigentes viven como reyes en sus palacios y propagan sus mentiras por los medios de comunicación que dirigen con mano de hierro desde sus piscinas y jardines. ¿Os suena verdad? Un aire a chalé en Galapagar.

Los titiriteros a lo suyo, como siempre. Sin aportar nada al bien común, pero saltándose su turno en la petición de subvenciones, con frases huecas, argumentos infantiles y una “hiprogresía” tan conocida como asquerosa. El día que me expliquen que puñetas aportan a la sociedad toda esta banda de vividores iletrados, de bufones incultos, de impresentables títeres que bailan al son de la mierda que sale de los cerebros de los autoproclamados “intelectuales”.

Las malditas oenegés, que aún no han hecho acto de presencia, visto que en estos momentos les tocaría trabajar y ayudar al prójimo, algo que está muy lejos de sus reales intenciones, que son mucho más mundanas y placenteras: vivir de subvenciones, salir en los medios y pegarse la buena vida diciendo sandeces, viajando por el mundo y soltando lágrimas de cocodrilo sin mover ni un solo dedo por el bien común.

Los asquerosos chiringuitos feminazis y su antinatural y anticientífica locura carente de cualquier base biológica llamada perspectiva de género, culpables de gran parte del mal que estamos sufriendo por haber celebrado la manifestación del 8M, no tienen nada mejor que hacer que reunirse para analizar esta crisis desde una su “perspectiva de género”. Mejor me callo. Porque a día de hoy tenemos al gobierno rastreando nuestros teléfonos y a los lacayos de la STASI en la que se han convertido Podemos y sus satélites vigilando las redes sociales, forzando bloqueos de usuarios y propagando mentiras con sus ejércitos de trolls y de bots informáticos.

¿Qué nos queda? Pues mucho.

Lo bueno.

Nos queda todo el resto de la buena España, los humildes trabajadores, los ganaderos, los agricultores, los médicos, los enfermeros, los bedeles, los transportistas, los quiosqueros (bien pensado para lo que sale en la prensa.., pero bueno, también venden gominolas, revistas, coleccionables y tabaco), los militares, los policías, los héroes de la Guardia Civil y todos aquellos que por propia iniciativa están ayudando al prójimo, ya sean decentes empresarios como Amancio Ortega (¿cuánto han donado todos los bocachanclas de “la Ceja”, los Bardem, Wyoming y todo el resto de la piara de pestilentes cerdos instalados en su arrogancia y su inutilidad?), humildes monjas cosiendo mascarillas, estudiantes imprimiendo respiradores en sus 3D, restaurantes de carretera ofreciendo comida gratis a los cansados camioneros o vecinos que se ofrecen a hacer la compra a las personas mayores.

Nos quedan los amigos, nos queda la familia, a los creyentes nos queda la fe en Dios, y, sobre todo, nos queda esa fuerza necesaria para resistir y poder superar esta desgracia con un objetivo primordial: acabar con la maldad que nos está esclavizando, acabar con los gobiernos de analfabetos, de garrapatas, acabar con los populistas, con los amigos de los terroristas, con los naZionalistas, con los racistas, con la mentira, con la manipulación, con el latrocinio institucionalizado, con la mierda en general.

#Stopdemencia

P.D. Y a los humildes, minoritarios y maravillosos pericos nos queda la esperanza de que se anule la Liga y nos salvemos. Aunque todos nosotros preferiríamos bajar a segunda con tal de salvar la vida de uno solo de nuestros compatriotas que ya han fallecido. Descansen en paz.











viernes, 17 de enero de 2020

El año de la rata



Leyendo la prensa en el ya tradicional desayuno de todos los viernes (esos huevos fritos con panceta y patatas, junto a la siempre necesaria Mahou), me encuentro con que el sábado que viene se celebra el año nuevo chino y que, vaya sorpresa, entramos en el “Año de la rata”. Como entenderéis, los omnipresentes chinos me lo han puesto a huevo (o a huevos fritos).

Las ratas. Ya sabéis de quién hablo. La rata mayor, las ratas consortes, las ratas pelotas, las ratas amigas, las ratas compradas, las ratas poco “racializadas”, las ratas terroristas, las ratas comparsas, las ratas tontas, las ratas sucias, las ratas sodomitas, las ratas golpistas, las ratas asociadas…, en resumen, las sucias ratas idiotizadas e idiotizantes que han llegado al poder en España y que, salvo que nos movamos deprisa y unidos, acabarán con nuestra nación, nuestra historia, nuestro presente y, lo peor de todo, con el futuro de nuestros descendientes.

Parafraseando lo que cantaba Al Stewart en “The year of the cat”, una nueva versión de esta preciosa y tan recordada canción podría llamarse “The year of the rat”, obviamente con ligeros cambios en su letra, como por ejemplo de 

She comes out of the dark in a silk dress running
Like a watercolor in the rain
Don't bother asking for explanations
She'll just tell you that she came
In the year of the cat”.

a una nueva version “ratizada”.

She comes out of the dark in a dirty dress running
Like a black explosion in the rain
Don't bother asking for explanations
She'll just tell you what to think
In the year of the rat”.

Tengo que admitir que no tengo ni puñetera idea de lo que significan las ratas en la sociedad china (realmente desconozco casi todo de su cultura), pero es innegable que en el mundo occidental la rata simboliza algo malo, sucio, rastrero y epidémico. Consultando el DRAE, el Duden alemán o la Enciclopedia Británica, se ve claramente que todos los idiomas occidentales de raíz griega, latina y germánica tienen su acepción negativa de la palabra “rata”.

En nuestro querido idioma a la persona despreciable se la denomina rata, al igual que a la persona tacaña. Y al ladrón lo llamamos ratero. Por algo será. Por no hablar de la acepción de rata en alemán, “elende Ratte”, usado para definir a una persona asquerosa (widerlich).

Y en España tenemos tal gafe que justamente el año en el que las variopintas ratas han tomado el poder de forma fraudulenta, rebuscada, traidora y maquiavélica, los chinos, esos miles de millones de seres que dentro de pocos decenios dominarán el mundo por completo, celebran la llegada del año de la rata. Ya nos vale. Siempre pillamos.

El sábado que viene nuestra rata mayor, ese falso doctor ególatra que nos desgobierna, sin duda se felicitará a sí mismo, a las suyas y a todos nosotros, sus esclavos súbditos, en el año nuevo chino. Felicitación que por cierto omite por Navidad, por Semana Santa o por el Día de la Hispanidad.

Porque ya sabemos que en este país aún llamado España, los que mandan en estos aciagos días son proclives a felicitar al “pueblo” (será su pueblo, digo yo) por cualquier cosa, memez, celebración extranjera, fiesta budista, ballena rescatada, fiesta china o musulmana, por el día de StarWars, el día transgénero LGTBIJKLMNOPERSZ, o el aniversario de la liberación de los habitantes de Pandora; por cualquier cosa menos por nuestras celebraciones cristianas, hispanas y europeas.

Y solamente estamos a principios de año, en los primeros compases de ese oscuro "plan 2030" que ha puesto en marcha la rata Pedro Sánchez con sus socios, las ratas comunistas, las ratas separatistas y las ratas racistas, gracias al voto de la parte idiotizada y ratizada de nuestra sociedad (gracias a Dios la mayoría de los votos han sido a favor del necesario raticida).

¡Vaya año nos espera! Dios nos coja confesados.


O mejor aún, que nos mande con urgencia (si puede ser por Amazon Prime) al flautista de Hamelín.





P.D. Otra opción sería que volviera la única rata buena que conocemos. Nunca se sabe…