miércoles, 14 de junio de 2023

Todos morimos en Paracuellos

La imparcialidad es un nombre pomposo para la indiferencia,

 que es un nombre elegante para la ignorancia.

G.K. Chesterton

 

 


Hace unos días un conocido empresario y tuitero en sus periodos de fijo discontinuo, escribía:” La realidad es que tú y yo habríamos muerto juntos en la fosa de Paracuellos”. Y no le falta razón.

 

Si tomamos los viles asesinatos de Paracuellos del Jarama (como los de Aravaca, Soto de la Aldovea y demás lugares del genocidio rojo) como culminación del sangriento proceso revolucionario y golpista del Frente Popular (la coalición Frankenstein de entonces), no hay duda de que hoy en día, si los actuales gobernantes actuaran según sus instintos, muchos inocentes acabaríamos fusilados ante una tapia y enterrados en una fosa común.

 

La izquierda, esa amalgama de vengativos, inútiles, iletrados y violentos elementos, que pocos osan llamar “extrema izquierda”, por aquello de no ser tachados de fascistas, no ha cambiado en los últimos 140 años. Ni un ápice.

 

No hay que ser muy leído para saber que la izquierda no ha respetado jamás ni a las personas, ni la democracia, ni la libertad, ni la justicia. Aquí y allá, en otras épocas y en el presente, entonces en Rusia, en los países anexionados después de la II Guerra Mundial, en China, en Camboya, en Vietnam, en Cuba, y hoy en día en Venezuela, en Cuba, en China, en Nicaragua, en Brasil, en México y hasta en Canadá, en los EE. UU. y en nuestra patria, España.

 

La izquierda, esa masa amorfa que se llena la boca con bonitas palabras y frases hechas, que alegremente se arroga portadora de valores eternos que en el fondo desprecia, como son la libertad o la igualdad; esa extrema izquierda (no hay otra) siempre ha actuado de la misma forma: utilizar las instituciones democráticas para llegar al poder, y una vez instalada, acabar con todas dichas instituciones de forma sistemática para perpetuarse en él (poder). Y en el caso de que pinten bastos, en las situaciones en las que la voluntad popular decide echarles y opta por levantarse ante la inutilidad y la maldad de todo aquel que se proclama de izquierdas, los déspotas de turno no lo aceptan. Ponen en marcha su infantil pero eficaz máquina propagandística, invierten la realidad, tachan de malos a los buenos, de muy buenos a los suyos, cuando son los depravados, manipulan, sesgan, inventan. Todo con tal de no ceder el poder, aunque sea la libre, mayoritaria y democrática decisión de todo un pueblo.

 

Y así volvemos a estar hoy en día, en pleno siglo XXI, con la izquierda derrotada luchando panza arriba y con todas las malas artes existentes, para evitar su caída y con ello la de sus cientos de miles de peones que tiene colocados en todas y cada una de las instituciones del estado, desde las instancias más altas hasta el más ínfimo e insignificante ayuntamiento.

 

Si la ley vigente permite los pactos entre partidos para lograr la mayoría, para ellos solamente es válido si la balanza cae de su lado. En caso contrario recurren a sucias maniobras, mienten sobre previas mentiras, se alían con quien haga falta, hasta con Satán, atacan sin piedad a los candidatos de la oposición, rebuscan en su pasado y en su presente para encontrar cualquier clavo al que asirse para no perder el poder.

 

Y no, que ya veo venir a los pocos lectores siniestros que pueda tener, la derecha no hace lo mismo. Por ello la extrema izquierda es incapaz de argumentar sin recurrir a hechos lejanos, a guerras civiles (que ellos iniciaron) o a dictaduras que nunca fueron tan duras como quieren vendernos (y a las que tampoco combatieron cuando tocaba); los siniestros no tienen ni un argumento que sustente sus campañas contra la oposición que les ha derrotado limpia y ampliamente en las urnas; esos recipientes que tanto les gustan cuando los pueden rellenar detrás de una cortina, pero que detestan cuando son públicos y auditables.

 

La izquierda no cree, ni ha creído jamás, en la libertad, en la igualdad o en la justicia, como ya apuntaba antes. La izquierda solamente ambiciona el poder. Y no para hacer el bien, como proclaman durante sus manipuladoras campañas electorales plagadas de mentiras: su objetivo es simplemente mandar, imponer sus ideas, que no ideales, subyugar a todo aquel que no piense igual, desmontar las instituciones democráticas, unir los diferentes poderes, colocar a sus peones en todos los puestos necesarios, arruinar el país mientras ellos se enriquecen y perpetuar así su vil dictadura.

 

Y todo ello lo perpetran con un dispendio descomunal de dinero de todos los ciudadanos, con globos de colores, bocadillos de chóped por la “feis”, Yolandas bailando y Pedros volando, lemas y logotipos chulísimos, canciones pegadizas, promesas imposibles de cumplir, regalos y prebendas, frases sin sentido pero impactantes para sus incautos y poco despiertos votantes (por no llamarles lerdos), infamias contra el contrincante, manipulación de la realidad, sabotajes, chantajes….

 

Por fas o por nefas, tienen que vencer.

 

Y cuando no consiguen sus sucios objetivos, recurren directamente a la violencia. Y atentos, que no lo ocultan: ya lo están anunciando tan panchos en sus medios, prometiendo ruido y disturbios si alguien osa quitarles sus privilegios; conspiran y amenazan. Como siempre. 

 

Y no dudemos nunca que si hiciera falta encerrarían, torturarían y asesinarían. Véase cómo funcionan hoy en día en sus feudos, las moribundas dictaduras hispanoamericanas, la opaca Corea del Norte o la abominable China. Donde encierran, torturan y asesinan día sí, día también.

 

Para acabar, un guiño lingüístico: tengamos presente que en muchos de los verbos regulares de nuestra querida lengua española, el presente y el pretérito perfecto de la primera persona en plural, coinciden.

 

Como en el verbo morir: morimos en el pasado, morimos hoy.

 

De alguna forma, todos morimos en Paracuellos.



lunes, 29 de mayo de 2023

Imágenes

 El verde es el color principal del mundo, y del que surge su belleza”. 

Pedro Calderón de la Barca.




 
Siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras. Algo indiscutible, más aún en estos tiempos aciagos, en los que más de 300 caracteres encadenados se convierten en un Everest de comprensión y concentración para la mayoría de los jóvenes (y los no tan jóvenes, no vayamos a creer que el 60% de la población, que son todas las personas españolas de más de 40 años (datos INE cierre 2022), sea muy proclive a leer y sobre todo capaz de entender lo que lee). Cualquier mensaje que vaya más allá de esa pesadilla de leer 10 palabras del tirón, llega a una ínfima parte de la población. Lo que es utilizado convenientemente por publicitarios, medios de comunicación, charlatanes devenidos influencers, community managers de gigantes tecnológicos, multinacionales y políticos de tres al cuarto, son los mensajes cortos, muy cortos, y, sobre todo, las imágenes. 

Las mentes de los ciudadanos se nutren hoy en día de reels, stories, tiktoks, posts y tuits. Y poco más. Unos pocos ciudadanos muy “culturizados” quizás añadan alguna serie woke de Netflix o una sesuda letra de una canción de Rosalía o un bro del reggaetón, pero hasta aquí llegamos. Más no cabe en los manipulados e infrautilizados cerebros de gran parte de la población española.

Pero tampoco vayamos a pensar que es nuestra época la única en la que la capacidad de compresión del lenguaje escrito cotiza a la baja: pensemos en las pinturas rupestres del paleolítico, los jeroglíficos egipcios, las esculturas griegas y romanas o en los frescos del renacimiento con la Capilla Sixtina como obra cumbre de la comunicación, y veremos que esas imágenes que valen más que mil palabras siempre han estado ahí. Lo que verdaderamente tiene que asustarnos es que la sociedad esté retrocediendo culturalmente. Y socialmente. Y todo-mente. Como tantas veces he escrito, estamos en plena regresión.

Por todo ello me entusiasmó la gigante lona que colgaron los valientes del sindicato Solidaridad y sus compañeros de VOX en la calle Alcalá en vísperas del 1 de mayo. Gigante por su tamaño y por su contenido, una colorida viñeta que describía en detalle a cada uno de los sucios personajillos que están destrozando nuestra nación. (Permítanme felicitar desde aquí y de nuevo al autor, Borja Montoro Cavero y sus asesores por esta magnífica iniciativa).

Mi idea inicial para este pequeño artículo era detallar el contenido de esta didáctica lona, pero en los tiempos que corren, cuatro semanas dan para mucho, por lo que esta viñeta ya ha sido diseccionada por muchos columnistas (por ejemplo esto de Elentir, ) , interiorizada y entendida por algunos y olvidada por muchos otros. 

Pero por suerte o por desgracia, en este intenso mes de mayo que hemos vivido, han aparecido muchas nuevas imágenes que hablan por sí solas.

Hemos visto, con mucho de sorna y algo de alipori, al patético presidente por accidente posar en el parquin de la Casa Blanca, cuando cualquier dignatario internacional es despedido desde el Despacho Oval u otro lugar destacado, en una rueda de prensa conjunta con el presidente de los EE. UU. Claro que dignatario viene de digno. Persona merecedora de respeto. Queda dicho todo.

Hemos tenido que aguantar una vomitiva imagen de 44 terroristas (no existen exterroristas: una vez terrorista, siempre terrorista) en las candidaturas de Bildu, esas siglas manchadas de sangre inocente.

Hemos asistido atónitos a las múltiples y altamente violentas agresiones sufridas por VOX durante la campaña electoral, sin que ningún medio mainstream se haya hecho eco de ello.

Hemos visto día si día también imágenes de mujeres violadas o jóvenes apuñalados por esos “jóvenes” que nos quieren vender como pobres refugiados, cuando son violentos y bárbaros inmigrantes ilegales que están acabando con nuestra seguridad.

Hemos visto decenas de fotografías de las extrañas criaturas del circo en el que se ha convertido la mal llamada izquierda española, que ya no es más que una caricatura poblada de histéricos, inútiles, patéticos y malvados personajes que convierten sus traumas personales en necesidades urgentes para el resto de la sociedad. Desde Echeminga hasta Pam, pasando por el omnipresente Rufián, estos deshechos humanos han producido durante este mes las imágenes del cada vez más amplio bestiario patrio. A su lado el “Bestiario de Aberdeen” hasta parece un libro infantil.

Pero como no todo van a ser malas noticias, en estas últimas semanas también hemos tenido el inmenso placer de disfrutar de imágenes positivas, aparte de la lona nombrada anteriormente.


Hemos disfrutado de los abucheos al maldito autócrata ahí donde aparecía en público sin actores ni limitaciones de acceso.

Hemos visto y oído a valientes de todas las edades entonar con entusiasmo y razón el nuevo grito de guerra patrio: “¡Que te vote Txapote!”.

Hemos disfrutado de las caras de rabia, frustración y miedo de las tres enfermas, el insoportable “trío de la necedad” compuesto por Ione, Irene y Pam.

Hemos visto al sabio y trabajador pueblo español llenar las plazas de España en los actos de VOX, con miradas de ilusión y esperanza.

Y, finalmente, celebradas las elecciones del 28 de mayo, hemos disfrutado de un nuevo mapa de España en el que el color rojo está cediendo ante el empuje del azul y del verde

Del verde esperanza, que esperemos que en las próximas elecciones generales del 23 de julio le coma el terreno al incierto azul, que por muy bonito que sea, no es un color del que podamos fiarnos demasiado.

 

Para azul ya tenemos el cielo sobre nuestras cabezas.

 

P.D. Muchas felicidades a todos los que han trabajado duramente en primera línea o en los fogones en estas últimas semanas. Gracias a su esfuerzo se ha conseguido este arrollador triunfo de VOX. No todo está perdido. Falta echarles de forma definitiva en julio. ¡A por ellos!


Ilustración  gentileza del artista Mr. Jones ©



miércoles, 8 de marzo de 2023

Regresión

 

La sardana de la vergüenza,

 del inmenso alipori que provocan en todos nosotros

 los actos y las palabras de estos malditos regres.

 


Dice nuestra tan querida Real Academia (a pesar de la discusión sobre la tilde en sólo, tema en el que ya están reculando, algo esperado pero tardío) que en su tercera acepción regresión es el “retroceso a estados psicológicos o formas de conducta propios de etapas anteriores, a causa de tensiones o conflictos no resueltos”, mientras que progresión es la “acción de avanzar o de proseguir algo”.

Pocas veces he encontrado una definición tan acertada, en este caso para describir las conductas y los trastornos psicológicos de los mangantes corruptos y puteros del PSOE y las locas obsesionadas con el sexo que promocionan Pam, la enferma insatisfecha, Ione la de los pezones enhiestos e Irene, la rabiosa hiena despechada.

Por algo llevo años llamando “regres” a los supuestos “progresistas”: porque todo lo que dicen, hacen, promocionan y, lamentablemente, imponen con sus absurdas y dañinas leyes de pacotilla, es un paso atrás en la evolución el ser humano. Como si estuviéramos volviendo a la escena inicial de “2001: Odisea en el espacio”, al amanecer del hombre, con Pedro Sánchez haciéndose con el hueso del poder (¿de quién depende la Fiscalía?)  y sus congéneres agrupándose alrededor rindiéndole pleitesía, mirando todos como poseídos al extraño monolito en forma de Satisfyer King-Size (no vaya a quedarse insatisfecha nuestra mental y físicamente deforme Secretaria de Estado).

Nada de lo que hacen o dicen estos mendrugos carentes de estudios, de experiencia laboral o de ética, tiene ni pies ni cabeza, son simple y llanamente trastornos psicológicos por un lado, y picaresca y puterío por otro. Que también son trastornos, aunque ante todo sean pecados. Es decir, más de lo mismo, más de esa España rancia, soez, sucia y oportunista que parece que jamás dejaremos atrás. Y mira que hemos tenido épocas gloriosas en nuestra patria, quizás las más gloriosas de toda la historia de la humanidad, a pesar de que herejes y demás calaña sigan tirando de “Leyenda Negra” para negar nuestros méritos y maquillar y ocultar sus maldades, pero lo que estamos viviendo y sufriendo en estos últimos años es de traca.

Desde junio del 2018, fatídica fecha del acceso al poder tramposo y rastrero de la pareja de Begoño, no ha salido ni una verdad por cualquiera de las bocas de toda esta nueva corte de primates en busca del fuego. Dando cada día un paso atrás en cualquier ámbito: económico, social, político o moral.

Esa triste España del trueque de anchoas por chivatazos, de ministerios por favores sexuales, de chiringuitos por silencios, de nacionalizaciones en masa por votos, del trile y demás juegos fraudulentos en los que la casta iletrada basa su poder y su dolce vita.

Mentira tras mentira, aderezadas con estadísticas falsas, subvenciones a empresas amigas, colocaciones de primos, hermanos, padres y madres en puestos de relevancia, culminando todo ello en espectaculares enriquecimientos de los dirigentes y el paulatino empobrecimiento del pueblo llano. De todos los que vivimos extramuros. Seamos empleados por cuenta ajena, autónomos, grandes empresarios, científicos o docentes. 

Mientras tanto en el castillo de estos seres primitivos, comandados por un loco con un hueso alzado, los millones de funcionarios, los comisionistas, los violadores y pederastas liberados, las prostitutas y los inmigrantes ilegales traídos por las mafias ecolojetas, bailan una gran sardana alrededor del falo mayor.

La sardana de la vergüenza, del inmenso alipori que provocan en todos nosotros los actos y las palabras de estos malditos regres. Ni cultura, ni ética, ni moral, ni meritocracia, ni igualdad, ni justicia, ni libertad. Nada, no está quedando ni un recuerdo de todo aquello que España y toda la sociedad occidental habían conseguido hasta el momento. Un erial intelectual y moral. Desde la funesta aparición de estos manipuladores profesionales, el edificio común se ha ido desmontando planta a planta. Desde el ático de la fe, pasando por el dormitorio conyugal, el comedor familiar, hasta la sala de recepción para el cobro de los diezmos o el pago de las comisiones a los Roldán, Ábalos o Berni de turno.

Un rascacielos de valores y avances construido durante siglos con el esfuerzo de todos y la sabia dirección de algunos, desmoronándose como si fuera una de los torres gemelas de Nueva York el desgraciado 11 de septiembre de 2001.

Hoy es el día de la mujer, hito en el calendario patrio de desgracias y desmanes, y no tengo duda de que volverá a ser un espectáculo indecente alejado de la verdadera defensa de la mujer, y dedicado simplemente a entretener a los ociosos y mantenidos primates, sus votantes, y a soltar soflamas, mentiras e insultos a diestro y siniestro. Sobre todo a diestro.

Por algo lo diestro, lo del lado derecho, siempre ha tenido una acepción positiva en las palabras de nuestro idioma.  

Por ello lo odian. Por carecer de cultura, de conocimientos, de experiencia, de iniciativa, de solidaridad, de altruismo, de bondad, de higiene moral y física, de generosidad.

Porque son el lado siniestro.

Son la maldita izquierda regre.

 

 

Ilustraciones gentileza del artista Mr. Jones ©

 


viernes, 24 de febrero de 2023

Momentos infaustos de la humanidad

 Ser es defenderse.

(Ramiro de Maeztu).

 

Seamos claros:  todos sabemos que Stefan Zweig no incluiría a Pedro Sánchez, sus palmeros, sus actos y sus años de despropósitos, cuando no traiciones, si volviera a escribir hoy en día su magnífico “Momentos estelares de la humanidad”. Por mucho que el demente presidente por accidente afirme que está haciendo Historia, en mayúsculas. Y Zweig tampoco dedicaría capítulo alguno a von der Leyen y su mafia de Bruselas, a las histerias woke de Kamala Harris, al senil y demente Biden, a los “avances sociales” en China de la mano de Xi Jinping o a la marioneta Zelenski y la sucia guerra entre Rusia y Ucrania.
Las cosas como son: no veo a ninguno de estos personajillos, sus mentiras y desvaríos, compartiendo páginas con Cicerón, Händel o Núñez de Balboa. Por citar algunos de los protagonistas de dicha magnífica obra.
Por desgracia para todos nosotros, todos esos logros de la humanidad, pensamientos, monumentos, inventos, derechos, descubrimientos, obras artísticas o avances tecnológicos, están consumiéndose lenta pero inexorablemente en la hoguera ya no de la vanidad de unos cuantos, sino en las brasas de la estulticia, la maldad y la demencia generales. Como ya comentaba en alguna columna anterior, la kakistocracia o timocracia que nos desgobierna en Europa y en España, junto a la tan nefasta influencia de los nuevos EE. UU. más desunidos que nunca y en manos de dementes woke y sus múltiples religiones que no tienen ni pies ni cabeza (ahora que se ha acaba de publicar una nueva biografía del general Lee,  no me cabe la menor duda de que muchos estadounidenses aplaudirían con entusiasmo su resurrección), esta conjunción de imbéciles, lerdos, comunistas iletrados, narcisistas obsesionados, narcos, nacionalistas estafadores, multimillonarios globalistas tecnológicos seguidores del Gran Hermano y separatistas golpistas, están acabando con todo y con todos.
Estas últimas semanas están propiciando un reguero continuo de despropósitos, desplantes, corruptelas, incapacidades, errores legales, manipulaciones y mentiras, que da miedo pensar todo lo que nos queda por ver antes de que se acabe esta pesadilla del gobierno “frentepopulista” encabezado por un enfermo y compuesto por floreros obedientes por un lado y necesarios, por chantajistas, por el otro. Pero floreros también, que nadie piense que alguno de los ministros de cuota de Potemos está ahí por sus méritos. A no ser que la promiscuidad, la zafiedad o la incapacidad intelectual otorguen puntos para llegar a tan alto cargo. Algo que, por cierto, sí que ha quedado demostrado si bajamos al nivel de los “Secretarios de Estado”. A esa cota jerárquica tenemos, por desgracia, a la “crème de la crème” de la selección nacional de enfermos mentales, vagos y garrapatas que están destrozando nuestra Patria. Pensad en los deshechos humanos Pam o Lilith, por ejemplo. Sin comentarios.
En estos momentos tan poco estelares de la humanidad que estamos viviendo, las pesadillas ya no nos acompañan solamente de noche, sino que copan también nuestras fases de duermevela y el resto de nuestra jornada en la que estamos despiertos, aunque día sí, día también, preferiríamos volver inmediatamente a los brazos de Morfeo. Da miedo, por lo menos a aquellos que andamos preocupados por el presente y futuro de nuestra sociedad, levantarse, asearse, desayunar, abrir la prensa y ver los hechos acaecidos desde que nos acostamos la noche anterior soñando con una España mejor.


Si no es el Tito Berni repartiendo viagras, cocaína y pases para un polvo con Maruja la cachonda (con permiso de Don Joaquín Sabina, claro está, más aún cuando ha visto por fin la luz ante la inhumanidad que está acabando con todo lo que él ama y que tan bien nos ha cantado en los últimos decenios), son los contratistas de RENFE y ADIF y sus extrañas mediciones, que huelen más que a errores humanos a un sucio trueque con trenes útiles sacados de Cantabria y Asturias y regalados a Cataluña a cambio de votos; si no son la nada delgada Pam negando la mayor o la despechada Irene engañando a los delegados de la Comisión Europea, son los viajes publicitarios, los egotrips, de Pedro Sánchez a una Ucrania que una parte de su gobierno considera enemiga, encima teniendo la osadía de comparar esta guerra con la Guerra Civil española (cuando en esa triste confrontación, la ayuda internacional fue inmediata y básica, y encima el bando de Pedro el Ignorante era el contrario, era el maldito comunismo de la mano del golpismo de su propio partido, el sucio PSOE encuadrado en el frente popular, léase los amigos de Putin hoy en día); si no es Marlaska denigrando a la Guardia Civil y a los funcionarios de prisiones, son sus socios separatistas encarnados por Miriam “la de la boca  suelta” Nogueras, ofendiendo a toda una nación apartando la bandera de España en una rueda de prensa.
Y así, día tras día. ¡Qué triste y desesperante ver que un país como España, con paisajes tan maravillosos y variados, esté ocupado por un paisanaje que parece sacado de una novela de terror!
Y que encima vengan de Europa los inspectores Clouseau de turno, lo vean, y se vuelvan a casa como si nada, como si España estuviera en manos de personas cabales, preparadas, sinceras y sensatas y supiéramos con claridad que se ha hecho con los fondos de reconstrucción europeos, hasta el punto de irse casi convencidos de la bondad y corrección de las leyes del “Sí es sí”, la “ley Trans”, la “Ley de protección animal” (que como era de esperar excluye a los corderos degollados en público en la Fiesta del Sacrificio de los bárbaros invasores, no vaya a enfadarse Mohamed VI el beodo),  o de la legalidad del asalto social-comunista al Tribunal Constitucional. Porque la ligera regañina de Monika, teniendo en cuenta la gravedad del asunto, no es de recibo. Será que en el fondo obedecen a los mismos amos y todo ha sido una burda escenificación para acallar cualquier protesta, auditoría o investigación seria e imparcial. Como se diría tirando de nuestro rico refranero: bailando al son que les tocan. Mi confianza en la Comisión Europea es nula, como bien se entiende, aunque espero que en esta ocasión tomen cartas en el asunto. Por soñar que no quede.

Algo le echarían en el cacao a Monika Hohlmeier y sus colegas para que se fueran sin pedir acciones inmediatas y contundentes contra este gobierno. Quien sabe, igual el Tito Berni tiene su equivalente femenino, una Tita Conchi, para ofrecer sus servicios a las féminas, una conseguidora presta a regalar felicidad alimenticia y sexual a quien sea necesario a cambio de su cómplice y delictivo silencio.

¿Y qué podemos hacer? Pues luchar.

Como bien continúa la cita de Maeztu del inicio de mi artículo:
Todo lo que vale: la fe, la patria, la tradición, la cultura, el amor, la amistad, tiene que ser defendido, para seguir siendo.

Ser es defenderse.


Ilustraciones gentileza del artista Mr. Jones ©

 


miércoles, 1 de febrero de 2023

Ione, Irene, Pam y otras chicas con falta de RAM

Ante una pestilente kakistocracia solamente cabe la sublevación del intelecto.

 

Como supondrá el lector, el título de esta pequeña reflexión me vino a la cabeza por la reciente aparición del imbécil Pedro Almodóvar, en la que apoyó con un par de simplistas frases la sanidad pública mientras admitía acto seguido que él, “of course”, es usuario de la privada. En línea con toda la gauche divine, los de cifras negras en sus cuentas bancarias off-shore pero rojos de boquilla para la galería de progres incultos y abducidos. Una combinación del negro y el rojo muy fea, por cierto, lejos de la revolucionaria del anarquismo original o de la idealista de la Falange primigenia. Vaya manera de estropear esta bonita combinación de colores, que exaltan la sangre y la tierra. El trabajo y la libertad. Justamente dos conceptos que esta chusma “regre” ni conoce: no han trabajado en toda su santa y cómoda vida y la libertad la confunden con la imposición de sus ideas a los demás.
Y antes de que el gobierno populista y dictatorial nos imponga otra locura de Irene la despechada, en forma de una nueva ley que prohíba y penalice los insultos y ataques a mujeres como ella (mientras ellos pueden atacar con furia y rabia a todo aquel que no transija con sus locuras), antes de que nos quiten la última pizca de libertad que nos queda, la de expresión, digamos cuatro verdades. Que ninguna ley es retroactiva. Aunque las chicas del montón lo desconozcan. Como casi todo.
Vayamos pues a por las chicas del título. Que podrían ser bastante más, por ejemplo Lilith; pero si ya me ha costado encontrar una palabra que rime con Pam, imaginad hacer un ripio con Lilith.
La RAM, como todos sabéis, es la “random access memory, una memoria muy rápida y generalmente volátil, ya que pierde su información cuando no recibe corriente, y que es usada por el sistema operativo y los programas del pc para cargar instrucciones que luego ejecutará el procesador”. Es decir, lo que viene a ser la combinación de sinapsis y neuronas del cerebro humano. El intelecto, para entendernos. Por otro lado tenemos la ROM, la “read only memory”, que podríamos equiparar a la memoria, los recuerdos y los conocimientos archivados en algún rincón de nuestra materia gris.


Y aquí la explicación del símil: las chicas arriba nombradas ni tienen RAM, como se hace obvio cada vez que abren sus impertinentes bocazas; y en su ROM almacenan como mucho unos meses de trabajo como cajera, una de ellas, tardes de comilonas la otra, archivadas en carpetas tituladas “dulce”, “saldado” y “variado”, y un vacío absoluto la tercera en discordia. La demente Ione tiene una ROM como salida de fábrica, limpia y sin formatear, para ser cargada con datos, con conocimientos, con experiencia, con sabiduría. Aunque visto lo que hay presumo que va a quedar más vacía que el curriculum de algunos ministros. Hasta podrían ponerla a la venta en Wallapop como “ROM sin utilizar”. Seguro que la venden en pocas horas. Y ya que estamos con las partes de un ordenador, volvamos a Lilith, la cual visto lo visto y oído en el último año, ni tiene RAM ni ROM. A esta pájara solamente le queda un escuálido cuerpo, como la carcasa color gris de los antiguos PCs de torre, y una vetusta raja en forma de disquetera de 3,5 pulgadas para introducir … lo que sea. Mejor me callo.

A todas estas chicas del montón se les ha unido hace poco Elisa, la destacada alumna de Ciencias de la Comunicación, una número uno que ni sabe hablar. Imaginad al resto de su promoción. Pero sobre esta futura ministra, secretaria de estado, asesora o compañera de juegos refrescantes en los aseos de la facultad, ya se ha escrito bastante: no perderé el tiempo con pedorras limitadas, físicamente repelentes e intelectualmente indigentes. Esta pasa directamente al “montón”. Un montón de inútiles chicas que llenan el desguace de piezas inutilizadas e inservibles; y que a este ritmo se convertirá en el mayor depósito de metales valiosos el mundo. Paladio, silicio y demás metales usados en la fabricación de microchips. Que por cierto se extraen de las llamadas “tierras raras”, en España existentes en varias regiones según la UE, en Campo de Montiel (Ciudad Real), la sierra de Galiñeiro (Pontevedra), la Rambla de las Granatillas (Almería) y en el complejo basal de Fuerteventura (Las Palmas), pero que obviamente, por “la supervivencia del planeta”, los españoles no vamos a explotar. Nuestros gobernantes, esa tropa de indigentes intelectuales, fervientes creyentes y sumisos a la nueva fe climática y sus sagradas escrituras resumidas en la Agenda 2030, jamás harán algo que favorezca a España y a los españoles. Sus prioridades son otras. Y todas antagónicas a las que necesita nuestra nación.

No podemos seguir así:  Europa nos mira con recelo por los tejemanejes del corrupto gobierno con los fondos europeos; Marruecos nos vacila y humilla en una sesión continua y combinada de chantaje, bullying (ver nota al pie) y burla; y el resto del mundo se ríe de nosotros, si es que sabe de nuestra existencia.

Porque del culto y avanzado imperio que fuimos en tiempos gloriosos, quizás el que más en la historia de la humanidad, a la vergüenza en la que nos ha convertido este demente con su gobierno plagado de chicas (y chicos) del montón, hay un trecho muy largo. Hasta aceptaría a Pepi, Luci y Bom (y las demás chicas del montón) si nos libraran de estas inútiles ninistras y amiguitas secretarias de estado que Dios (o quizás Satanás) nos ha impuesto como undécima plaga, onceava según Rufián.

Un tramo eterno de desastres, solamente interrumpido por vaivenes impulsivos y neuróticos de los peores dirigentes que ha sufrido nuestra querida España en toda su historia, esperpénticos personajes sin ROM, sin conocimientos en los que basar sus simplistas conjeturas, ni RAM que arbitre y controle los gestos, las palabras, los movimientos y las decisiones. Como escribía un tuitero el otro día, “Valle-Inclán se pondría las botas relatando la realidad actual”. Esperpento es poco.
Sólo nos faltaban las locas del “Futuro Vegetal” intentando pegarse al púlpito del Congreso, algo comprensible, por otro lado: si las que dirigen el cotarro tienen menos intelecto que cualquier legumbre, que se puede esperar de sus seguidoras. Del resto de chichas del montón.

Nuestra clásica expresión “sin ton ni son” ahora es claramente un “sin RAM ni ROM”. Que tome nota la Fundeu.

Solamente nos queda la esperanza de que con las prisas que tienen por colocar sus dementes leyes, por defecar su rabia y su ignorancia sobre todo el pueblo español, y ansiosas por llegar a la siguiente (y ojalá última) cena, sigan equivocándose en todo y el pueblo las eche a patadas.

Porque todo lo que hacen estos, estas y estes impresentables, acaba en desastres: legales, sociales, económicos, laborales, culturales, de política exterior..., el abanico completo de lo que se puede hacer mal en la dirección de un gobierno, todo ello decorado con los insufribles colores tutifruti de la bandera de la dictadura social, cultural y climática y su año apocalíptico 2030, que nos impondrán sí o sí.

¡O te conviertes o a la hoguera! A arder sobre las brasas del desprecio público y mediático, del señalamiento personal y familiar, de la exclusión social: hasta tu muerte como persona libre. Y encima convencido de que gozas de la máxima libertad posible. Bobo.

 

Nota: El corrector de Word me recomienda no usar la palabra bullying. Si escribo momia supongo que en breve saldrá algo similar, vista la última estupidez “woke” de los museos británicos. Se están volviendo locos del todo, su intromisión en nuestra vida privada es permanente y nos meten su demencia por todos lados. Ni que fueran bien dosificados supositorios fabricados por Bill Gates, el sumo sacerdote de la demencia global, la transformación social y la manipulación genética.

 

Ilustraciones gentileza del artista Mr. Jones ©

 

 

martes, 24 de enero de 2023

La guerra cultural del PP

 Si atacas al león que te defiende de las hienas, tendrás dos enemigos.

El león y las hienas.

 


Ordena el cacique gallego Nuñez-Feijóo, amante de las taifas, la Agenda 2030, las prohibiciones, los encierros, las multas y abierto a la colaboración con todo aquel que busca la destrucción de España, la “guerra cultural” contra VOX. Si si, contra VOX. Aunque suene a chiste. Una guerra nada santa pero muy, muy ridícula, encima perdida de antemano. Y en su altanería clasista y hasta racista, en línea con su época de autonombrado sucesor de Breogán en tierras gallegas, no se limita a anunciar una simple batalla, no, nada de batallitas: exige y ordena la guerra total. Como si fuera un general con mando en plaza arropado por un valiente ejercito preparado, bien avituallado y dispuesto a luchar hasta la muerte. Algo así como la bandera de la Legión “Comandante Franco” pero al son de chirriantes gaitas. Anda ya.
Y encima no inicia un guerra contra los enemigos de España. Algo que nos debería tener preocupados a todos, en especial a los ilusos votantes del PP.  Su guerra es contra los españoles. Contra una amplia mayoría de ellos.
Pero gracias a Dios se trata de una guerra perdida antes de iniciarse.  Porque esto no es como la heroica gesta de los argentinos frente al poder del Reino Unido en la guerra de las Malvinas en 1982. En este batalla cultural no habrá bombas de la (PP)RAF ni cañón del destructor (PP)Exeter capitaneado por la comandante Cuca, que nos puedan aniquilar.


Y, por cierto, en esa guerra de las islas Malvinas no estoy muy seguro de qué bando hubieran estado los intelectuales de la calle Génova. Bueno, sí que lo sé.

¿Qué figuras preclaras y preparadas van a liderar esta guerra cultural? Porque todos sabemos que el fondo de armario intelectual que le queda al PP es más limitado que el vestuario del ermitaño de la “Vida de Brian”.

¿Van a acabar con VOX los discursos del ventrílocuo Miguel Angel Rodriguez mientras la muñeca Ayuso mueve los labios de forma sensual y guiña el ojo a diestro y siniestro?

¿Lucharán en primera fila contra los preparados y en muchos casos brillantes líderes de VOX los suboficiales Almeida, Semper o Beatriz Fanjul, con su conocido y “amplio bagaje cultural”?

¿Serán los mercenarios del grupo Wagner español, léase los restos del naufragio de Ciudadanos, Villacís y Arrimadas, las armas secretas que se enfrenten intelectualmente a VOX en un debate público?

¿Bastarán las bien subvencionadas letanías de Jiménez Losantos y las caras homilías de Carlos Herrera para vencer culturalmente a VOX? Un Jiménez Losantos, el Rumpelstilzchen de Teruel, que tiene un mal envejecer inaguantable, como ya dije hace poco en Twitter.  Sus insultos esta mañana (24/2/23) a Jorge Buxadé son intolerables y se mueven entre la envidia, la rabieta y el desconocimiento de la historia de la Falange. En fin, ya sabemos lo insoportables que se ponen algunas personas seniles.

No sé yo. Viendo el ejército al que se va a enfrentar VOX, a su falta de oficiales capacitados y la decadencia de sus decrépitos comunicadores mediáticos, más que una batalla podría ser la escabechina definitiva, un “Desastre de Annual” en el ámbito de las ideas.

Pues si quieren guerra, adelante.

Los votos de los ciudadanos ya confirmarán quien ha sido el vencedor. Aunque por desgracia al final se impongan los pactos rastreros de Feijóo con el PSOE, el habitual y pactado reparto de sillones, regiones, ayuntamientos e instituciones, mientras la voluntad de la España real languidece por culpa del desgobierno de unos y la “desoposición” de otros (léase apoyo).

Lo que pasa en el fondo es que el blando y cobarde Feijóo no se atreve a combatir (o no quiere) a los verdaderos enemigos de nuestra nación. Y por algo será, digo yo. Igual porque no los considera sus enemigos.

¿No será que comparte más ideas y propósitos con el PSOE, los separatistas y los filoterroristas que con VOX? ¿Le importan de verdad la unidad de España, la independencia del poder judicial, el cumplimiento de las leyes y el respeto a la Constitución?

Yo diría que no. Y como yo, gran parte de los cientos de miles de personas que abarrotaron Cibeles el pasado 21 de enero. Treinta y un mil ultras según la delegación del Gobierno en Madrid.
Feijóo elige, en línea con su flemática y triste existencia, el camino fácil, la opción rastrera, el pacto traidor a espaldas del pueblo español, una elección que no es ni más ni menos el reparto del poder con el PSOE, como han venido haciendo en los últimos decenios, obviando e ignorando los deseos reales de la sociedad y las necesidades y los verdaderos intereses de España, ignorando de facto los deseos de muchos de sus actuales votantes. Como los últimos emperadores romanos que optaron pactar con los godos, para que estos al final les apuñalaran por la espalda. Y feneciera Roma.
Es el lógico resultado de equivocarte de enemigo. Y de amigo. La traición tiene su precio.


Porque para luchar contra el frente popular del demente presidente Sánchez, para emprender una acción de verdadera envergadura, una batalla contra todos y contra todo, con todas las trincheras (léase instituciones oficiales) tomadas por el enemigo, con el cuarto poder, los medios de comunicación, en las sucias y manipuladoras manos del gobierno gracias a inmensos y nunca vistos sobornos en forma de publicidad institucional, con los intelectuales verdaderamente capacitados ajenos y distanciados desde hace tiempo del  vuelo errante de la descarriada gaviota, y con los soldados de vanguardia, el pueblo, hartos de las mentiras y los pactos del duopolio PPPSOE, que en los últimos 40 años han hecho y deshecho todo lo que han querido cogiditos de la mano cual ositos amorosos; es decir, para poder emprender una campaña de esta enjundia hace falta un ejército capacitado, fuerte y unido, algo de lo que carece el Partido Popular (siempre me preguntaré por el significado y sentido de “popular” en su nombre).

El PP carece de valor, de apoyo social real y sobre todo de armas, en este caso de capacidad intelectual. Como si Napoleón o Hitler se hubieran planteado llegar a Moscú en bicicleta, sin víveres y avanzando solamente de 10 a 12 de la mañana, para descansar en sus laureles por las tardes mientras meditan en sus cómodos tresillos en la vetusta guarida de la calle Génova.

Por ello prefiere traicionar a los suyos e ir a por VOX. Y con ello el Partido Popular traiciona a España.

Pero ahí estaremos, mientras ellos negocian el fin de nuestra historia con los enemigos de España, nosotros ganaremos esta nueva guerra cultural.

A los otros, los limitados intelectualmente que nos gobiernan, ya se la hemos ganado. Y sin disparar un solo tiro. Ni volcar un contenedor. Ni rodeando el Congreso. Ni tirando de decretos ley. Ni agrediendo a nadie. Ni mintiendo.

Imaginad esta segunda batallita: durará menos que la toma del islote de Perejil. Un pispás.

El dato siempre vence al relato. Es decir, triunfa la verdad.


Ilustraciones gentileza del artista Mr. Jones ©

 

sábado, 21 de enero de 2023

Transtornados


Si en tu suprema sabiduría, de la que no dudo al ser lector mío, te lanzas directamente a corregir el error en el título, respira profundamente, reclínate, haz un pequeño esfuerzo y lee hasta el final. Que esto ni es el Whatsapp ni un TikTok. Y si no te has dado cuenta del intencionado gazapo (un oxímoron, por cierto), tampoco pasa nada. Una palabra nueva o bien escrita al zurrón.

Empecemos pues.

Para muchos el concepto “woke” sigue siendo un misterio, algo oído pero aún desconocido para la mayoría. Como ya escribió la siempre acertada y aguda Rosa Belmonte hace un par de años, “Woke no es una sartén”. Pero es comprensible que la verdad no llegue al gran público: el 99% de los medios de comunicación son parte del movimiento, y por ello son los grandes culpables de la lenta pero insistente imposición de un nuevo orden, de tendencias e histerias variopintas, de unos nuevos “valores”, por llamarlos de alguna manera, que en el fondo no son más que sandeces y demencias varias.

Resumido en pocas frases: el movimiento “stay woke” nació hace casi un siglo como parte de la lucha contra el racismo, pero volvió a renacer en 2013 y a popularizarse globalmente a partir de 2020 con la campaña de “Black Lives Matter” por la muerte de George Floyd (un violento drogadicto justamente detenido por la policía y accidentalmente fallecido por sobredosis durante la detención), y a partir de ahí se ha utilizado (el concepto woke) para englobar cualquier tipo de reivindicación social, política, religiosa, sexual, climática y de cualquier otro tipo, por ridícula y carente de cualquier base real, lógica, científica, política o social que fuera dicha “causa”. Es decir, todos esos simplistas e infantiles relatos, exagerados, sacados de contexto y manipulados, para mayor gloria y beneficio de cuatro listillos y completa vergüenza de los millones de acólitos que en cada uno de los casos sucumben al esperpento de turno. Esas nuevas religiones, intensas pero de poca duración, como los enamoramientos veraniegos, pero sin amor ni sexo. Bueno, sexo si, que ese es lamentablemente uno de los ejes sobre el que gravita la demencia woke. Más adelante incidiré en este punto. Es decir, gilipolleces carentes de cualquier valor trascendente y real. Pero sandeces peligrosas, ya que al mismo tiempo atacan nuestros valores fundamentales, van contra nuestras estructuras sociales, nuestra economía, nuestras familias, nuestra patria, nuestra cultura…contra nuestra propia vida.

La lista de demencias convertidas en urgentes, críticas y necesarias, impuestas al resto de la sociedad mediante malvados y sobre todo interesados subterfugios, sin que nadie las haya pedido ni votado, es interminable. Algunas llevan años explotándose como lucrativo negocio, como la histeria climática, carente de toda base científica, una mentira generalizada y aceptada desde los años 70 del siglo pasado, o mejor dicho, “tragada” por la mayor parte de la sociedad occidental, que por otro lado no representa ni un 18% de la población mundial (al resto de los 8.000 millones de habitantes de la tierra ni les va ni les viene), y que encima nos ha llevado a la actual crisis energética (la guerra de Ucrania es un simple comodín usado para ocultar la realidad, una cada vez más artificial confrontación bélica mantenida y hasta alentada por todo el sucio mundo woke para seguir, detrás del triste escenario de bombas, tiros y muertes, con sus locuras varias, sus negocios, sus comisiones y sus mentiras); una mentira de tal tamaño, la de la emergencia climática, que ha traído consecuencias tan patéticas como dañinas, como la imposición del coche eléctrico (de nuevo solamente obligatorio para la sociedad occidental), cuando la suma del proceso de fabricación de las baterías y su posterior e imposible reciclaje contamina cientos de veces más que seguir usando vehículos de combustión; el paso obligado a las fuentes de energía limpias, que lo único que ha conseguido es arruinar la industria, subir los precios de forma insostenible para los ciudadanos, para que al final los gobiernos europeos hayan tenido que recular y admitir que se han equivocado, pasando a declarar de golpe a la energía nuclear como “sostenible y resiliente” y volver a la cordura (y pagar menos “multas” por usar energías contaminantes, lo que en el fondo es el quid de la cuestión). Menos en España claro, que aquí somos especialistas en hacer todo al revés. Gobierne quien gobierne. Sometidos y acomplejados ante el resto del mundo Occidental, los nefastos gobernantes de uno y otro signo de nuestra querida España siempre son los primeros, los más lanzados, los del “pues yo más”, desmontando centrales nucleares, dinamitando presas, negando trasvases o prospecciones petrolíferas y minerales.

El milenario “Spanish style”, creerse siempre el mejor, el adelantado, el más listo, el innovador, el protagonista, el niño en el bautizo y el muerto en el entierro. Ese ego enfermizo y exagerado. ¿Os suena?

Pero mientras nos dormimos sobre nuestros inexistentes laureles, fanfarroneando en la barra del bar, Marruecos nos adelanta por la derecha y Francia por la izquierda. Como si la Leyenda Negra, inventada por ingleses, holandeses y demás envidiosos bárbaros del norte, siguiera presionando nuestros cerebros cual lápida eterna y tuviéramos que tragar con todo lo que nos imponen desde allende el Pirineo, y ahora también desde el lado oscuro del estrecho de Gibraltar.  Esa “losa del tiempo” que no somos capaces de superar, por muy falsa que sea.

Sigamos con los transtornos.


No daría abasto para listar todas las demencias que nos están imponiendo desde ese nuevo orden nacido en la enferma mente de personas como Soros o Schwab, un nuevo (des)orden criado con mimo en Davos, formado en universidades californianas, madurado en oscuras instituciones supranacionales de las que jamás debimos formar parte y lanzado a conquistar y destrozar lo que queda de Europa con lanchas de falsas oenegés cargadas de jóvenes sanos, iletrados y violentos por un lado y una juventud atontada por el adoctrinamiento llevado a cabo en los últimos decenios en colegios y universidades; todo ello para enriquecer a una pequeña élite que jamás sufrirá las consecuencias de todos estos desastres que estamos viviendo. Y lo más triste de todo, que lo único que desaparecerá de nuestro planeta azul es justamente Europa, la cuna de la cultura y la ciencia, mientras que el resto del mundo se repartirá jocosamente lo poco que quede de la herencia grecorromana y cristiana después de que los pérfidos acaben de pasar el rodillo, dejando nuestra civilización más plana que una pizza romana.

Pensemos solamente en las locuras que hemos vivido y oído en estos últimos y desgraciados meses: desde las estupideces de Ione Pedorra y su “protección” de los animales, imponiendo todo aquello que no tiene sentido, sin conocimiento alguno del mundo rural o animal, culminado este semana con su paranoica y demencial intención de “rebajar el ruido en las piscifactorías para no molestar a los peces”; los nuevos alimentos que nos quieren imponer mientras ellos siguen deleitándose con buena carne y mejor marisco, pasando por la impresentable ley del “Sí es sí” de la despechada cajera y los ya más de 250 afortunados delincuentes sexuales que han visto rebajadas sus penas, hasta la artificial polémica creada y apoyada por todo el mundo woke, desde el PSOE hasta el PP, y aireada con gigantescos titulares por sus serviles medios, de la tan correcta propuesta de VOX de poder ofrecer a una mujer que pretende abortar la posibilidad de oír el latido del nasciturus y verlo en una ecografía 4D, estamos sufriendo un acoso tan exagerado, que no da tiempo ni a digerir y defecar cualquiera de estas sandeces cuando ya te están metiendo otra por la boca, usando el todopoderoso embudo del pensamiento único. Y si te sales de ahí, si no transiges, tragas y callas, te conviertes en un negacionista, en un conspiranoico, en un hereje. Igual que hicieron en su momento Enrique VIII con su rabieta contra el Papa y su odio al Imperio Español, separándose de la iglesia de Roma por despecho e interés, o Lutero y Calvino, que en aras de acabar con las maldades de la iglesia católica crearon sus chiringuitos, que acabaron siendo máquinas de enriquecimiento de una minoría y de aniquilación física de todos los contrarios, de los herejes a su nuevo orden. Hoy en día todos somos hugonotes a punto de ser quemados en la hoguera si no aceptamos las nuevas normas: o comes grillos, o te pasamos por las ardientes y purificadoras brasas.


Brasa es lo que nos están dando con temas de tamaña estupidez como la identidad de género, que no es más que el fomento y la imposición oficial de enfermedades mentales, poniendo por ejemplo a los transgénero como futuro pilar de nuestra sociedad, permitiendo que simples e inocentes niños sean manipulados desde pequeños para destrozarles la mente y el cuerpo. Cuando todos sabemos que todo esto es una mentira, una invención de mentes enfermas con la única intención de acabar con el orden natural y la familia tradicional. Y ya estamos a un paso de permitir la pedofilia, como ha dejado caer la zorra que antes fue cajera, algo por otro lado nada nuevo en el lado oscuro del mundo woke, ya presente en su hoja de ruta desde los años 70, como ya he explicado en alguna otra ocasión, de manos de Cohn-Bendit, Dani el Rojo y sus correligionarios de las revueltas del 68. Si hasta el gobierno del Reino Unido, reino nada normal sexualmente y con muchos habitantes “invertidos” desde su creación, ha tenido que parar los pies al gobierno de Escocia por su pestilente ley transgénero. Algo que se por otro lado se entiende, puesto que en la “city” ya manda el integrismo islamista. Y estos bárbaros medievales si que no transigirán en los temas sexuales. Antes legalizarían la zoofilia, algo tradicional en sus países de origen.

Gentileza de Mr. Jones
Y de aquí viene lo del título “transtornos”. De lo trans. Se prestaba tanto fundir trastorno con la locura transgénero, que no me he podido resistir. Porque simple y llanamente es eso: un trastorno mental. Una demencia.

Idiotez tras idiotez. Relato tras relato. Demencia tras demencia. Transtorno tras trastorno.

Hasta la total destrucción de nuestra civilización.

Si no reaccionas.




En tus manos está. O te informas y reaccionas, o acabarás comiendo grillos vuelta y vuelta, con una prima con el pene más grande que el tuyo y rezando los domingos ante un retrato de Greta Thunberg, a la que parece que también han manipulado genéticamente (y no solo psicológicamente), visto que no le crecen los pechos ni a la de tres. Por el estrés no será, eso seguro.



P.D.

Trastorno: (aunque la RAE debería aceptar ya “transtorno”)

“El vocablo trastorno ya en romance, indica un giro a otro lado o en sentido inverso, que en cualquier obra torneada, provoca un desastre y una disfunción, y de ahí que pase a designar una perturbación en el sentido, la conciencia o la conducta de algo o alguien, que da resultados de anormalidad. Aunque a veces se aplica a la salud en general, en muchos casos designa a la enajenación mental"Fuente.

 

P.D.D.

Todo lo escrito arriba es una simplificación y solo pretende ser un resumen de lo que está pasando, del peligro de la dictadura woke. Si de verdad estás interesado y quieres saber más, obtener detalles, bibliografía, pruebas y evidencias de toda la mierda que nos quieren imponer, tienes grandes libros a tu disposición, desde el “SOMA” de Juan Carlos Girauta, pasando por el “Infodemics” de Mariona Gúmpert, “La fábrica de los niños transgénero” de Masson y Eliacheff o “Contra el totalitarismo blando” de Francisco José Contreras, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla; hay material suficiente para conocer la verdad. A pesar de la censura y la imposición del pensamiento único, aún hay voces que se alzan contra la posverdad.