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martes, 24 de enero de 2023

La guerra cultural del PP

 Si atacas al león que te defiende de las hienas, tendrás dos enemigos.

El león y las hienas.

 


Ordena el cacique gallego Nuñez-Feijóo, amante de las taifas, la Agenda 2030, las prohibiciones, los encierros, las multas y abierto a la colaboración con todo aquel que busca la destrucción de España, la “guerra cultural” contra VOX. Si si, contra VOX. Aunque suene a chiste. Una guerra nada santa pero muy, muy ridícula, encima perdida de antemano. Y en su altanería clasista y hasta racista, en línea con su época de autonombrado sucesor de Breogán en tierras gallegas, no se limita a anunciar una simple batalla, no, nada de batallitas: exige y ordena la guerra total. Como si fuera un general con mando en plaza arropado por un valiente ejercito preparado, bien avituallado y dispuesto a luchar hasta la muerte. Algo así como la bandera de la Legión “Comandante Franco” pero al son de chirriantes gaitas. Anda ya.
Y encima no inicia un guerra contra los enemigos de España. Algo que nos debería tener preocupados a todos, en especial a los ilusos votantes del PP.  Su guerra es contra los españoles. Contra una amplia mayoría de ellos.
Pero gracias a Dios se trata de una guerra perdida antes de iniciarse.  Porque esto no es como la heroica gesta de los argentinos frente al poder del Reino Unido en la guerra de las Malvinas en 1982. En este batalla cultural no habrá bombas de la (PP)RAF ni cañón del destructor (PP)Exeter capitaneado por la comandante Cuca, que nos puedan aniquilar.


Y, por cierto, en esa guerra de las islas Malvinas no estoy muy seguro de qué bando hubieran estado los intelectuales de la calle Génova. Bueno, sí que lo sé.

¿Qué figuras preclaras y preparadas van a liderar esta guerra cultural? Porque todos sabemos que el fondo de armario intelectual que le queda al PP es más limitado que el vestuario del ermitaño de la “Vida de Brian”.

¿Van a acabar con VOX los discursos del ventrílocuo Miguel Angel Rodriguez mientras la muñeca Ayuso mueve los labios de forma sensual y guiña el ojo a diestro y siniestro?

¿Lucharán en primera fila contra los preparados y en muchos casos brillantes líderes de VOX los suboficiales Almeida, Semper o Beatriz Fanjul, con su conocido y “amplio bagaje cultural”?

¿Serán los mercenarios del grupo Wagner español, léase los restos del naufragio de Ciudadanos, Villacís y Arrimadas, las armas secretas que se enfrenten intelectualmente a VOX en un debate público?

¿Bastarán las bien subvencionadas letanías de Jiménez Losantos y las caras homilías de Carlos Herrera para vencer culturalmente a VOX? Un Jiménez Losantos, el Rumpelstilzchen de Teruel, que tiene un mal envejecer inaguantable, como ya dije hace poco en Twitter.  Sus insultos esta mañana (24/2/23) a Jorge Buxadé son intolerables y se mueven entre la envidia, la rabieta y el desconocimiento de la historia de la Falange. En fin, ya sabemos lo insoportables que se ponen algunas personas seniles.

No sé yo. Viendo el ejército al que se va a enfrentar VOX, a su falta de oficiales capacitados y la decadencia de sus decrépitos comunicadores mediáticos, más que una batalla podría ser la escabechina definitiva, un “Desastre de Annual” en el ámbito de las ideas.

Pues si quieren guerra, adelante.

Los votos de los ciudadanos ya confirmarán quien ha sido el vencedor. Aunque por desgracia al final se impongan los pactos rastreros de Feijóo con el PSOE, el habitual y pactado reparto de sillones, regiones, ayuntamientos e instituciones, mientras la voluntad de la España real languidece por culpa del desgobierno de unos y la “desoposición” de otros (léase apoyo).

Lo que pasa en el fondo es que el blando y cobarde Feijóo no se atreve a combatir (o no quiere) a los verdaderos enemigos de nuestra nación. Y por algo será, digo yo. Igual porque no los considera sus enemigos.

¿No será que comparte más ideas y propósitos con el PSOE, los separatistas y los filoterroristas que con VOX? ¿Le importan de verdad la unidad de España, la independencia del poder judicial, el cumplimiento de las leyes y el respeto a la Constitución?

Yo diría que no. Y como yo, gran parte de los cientos de miles de personas que abarrotaron Cibeles el pasado 21 de enero. Treinta y un mil ultras según la delegación del Gobierno en Madrid.
Feijóo elige, en línea con su flemática y triste existencia, el camino fácil, la opción rastrera, el pacto traidor a espaldas del pueblo español, una elección que no es ni más ni menos el reparto del poder con el PSOE, como han venido haciendo en los últimos decenios, obviando e ignorando los deseos reales de la sociedad y las necesidades y los verdaderos intereses de España, ignorando de facto los deseos de muchos de sus actuales votantes. Como los últimos emperadores romanos que optaron pactar con los godos, para que estos al final les apuñalaran por la espalda. Y feneciera Roma.
Es el lógico resultado de equivocarte de enemigo. Y de amigo. La traición tiene su precio.


Porque para luchar contra el frente popular del demente presidente Sánchez, para emprender una acción de verdadera envergadura, una batalla contra todos y contra todo, con todas las trincheras (léase instituciones oficiales) tomadas por el enemigo, con el cuarto poder, los medios de comunicación, en las sucias y manipuladoras manos del gobierno gracias a inmensos y nunca vistos sobornos en forma de publicidad institucional, con los intelectuales verdaderamente capacitados ajenos y distanciados desde hace tiempo del  vuelo errante de la descarriada gaviota, y con los soldados de vanguardia, el pueblo, hartos de las mentiras y los pactos del duopolio PPPSOE, que en los últimos 40 años han hecho y deshecho todo lo que han querido cogiditos de la mano cual ositos amorosos; es decir, para poder emprender una campaña de esta enjundia hace falta un ejército capacitado, fuerte y unido, algo de lo que carece el Partido Popular (siempre me preguntaré por el significado y sentido de “popular” en su nombre).

El PP carece de valor, de apoyo social real y sobre todo de armas, en este caso de capacidad intelectual. Como si Napoleón o Hitler se hubieran planteado llegar a Moscú en bicicleta, sin víveres y avanzando solamente de 10 a 12 de la mañana, para descansar en sus laureles por las tardes mientras meditan en sus cómodos tresillos en la vetusta guarida de la calle Génova.

Por ello prefiere traicionar a los suyos e ir a por VOX. Y con ello el Partido Popular traiciona a España.

Pero ahí estaremos, mientras ellos negocian el fin de nuestra historia con los enemigos de España, nosotros ganaremos esta nueva guerra cultural.

A los otros, los limitados intelectualmente que nos gobiernan, ya se la hemos ganado. Y sin disparar un solo tiro. Ni volcar un contenedor. Ni rodeando el Congreso. Ni tirando de decretos ley. Ni agrediendo a nadie. Ni mintiendo.

Imaginad esta segunda batallita: durará menos que la toma del islote de Perejil. Un pispás.

El dato siempre vence al relato. Es decir, triunfa la verdad.


Ilustraciones gentileza del artista Mr. Jones ©

 

viernes, 4 de marzo de 2022

Políticos

Empecé a tomar notas para este artículo cuando el guirigay del Partido Popular por los supuestos delitos del holograma Ayuso estaba en su punto álgido, en plena guerra de egos, con fontaneros, voceros, traidores, aduladores y conseguidores ejerciendo cada uno su papel, y mira por dónde, en dos escasas semanas dicha guerra fratricida ha pasado a mejor vida con la llegada del Frente de la Juventud del PP, lo que el estimado Javier García Isac llama el PP vintage, para poner orden, echar a los díscolos y defender su dorado y cómodo “statu quo” hasta el final.

Pero eso es el pasado: ya tenemos otras guerras sobre la mesa, la interna del sucio gobierno de Sánchez por sus reiteradas mentiras hacia un lado y hacia el otro, y la verdadera, que no es guerra sino invasión, la que están librando, sobre suelo europeo, los valientes ucranianos contra el eterno invasor rojo. Sí sí, rojo, como el vinillo de Rioja, pero en malo. Pasado, avinagrado, malo.

Nuestra realidad ya supera cualquier moda efímera, Wordle, Ramona, meme gracioso o video de TikTok con millones de reproducciones: cae la noche y ya es historia, te levantas y cualquier mención a lo que ayer fue tendencia te convierte en un ser extraño, pureta y anticuado. Si hasta el COVID parece ya una leyenda, como la buena música, los periodistas profesionales y preparados, un director deportivo decente en el RCD Español o un político honrado y honorable. Criaturas mitológicas todas ellas. Hablemos pues de estos últimos. De los políticos. Que a eso he venido.

A escribir un poco sobre esos oscuros pajarracos que viven del cuento desde que se levantan hasta que se acuestan, adulándonos, comprándonos, manipulándonos, engañándonos o traicionándonos, siempre dependiendo de la fase de su siniestra e improductiva carrera en la que estén: si tocan elecciones, si tocan depuraciones, si tocan comisiones, si tocan corrupciones, si tocan traiciones o si tocan dimisiones. Un algoritmo no demasiado complicado para los cada vez menos preparados, pero bien espabilados políticos de alta cuna y baja cama. O viceversa. Hipócritas de sol a sol.

Aunque de esas últimas, las dimisiones, pocas se vean. ¿Quién renunciaría a la “dolce vita” de un político? A sus buenos sueldos y la nula presión laboral, a una vida social completa y gratuita, con el futuro asegurado de una manera u otra, ya sea aferrándose al sillón o utilizando las múltiples puertas que, oh milagro, se les abren a los políticos profesionales de par en par: sentimentales, sexuales, laborales, giratorias, automáticas, trampillas, de carne y hueso, madera o hierro forjado, con doble candado o blindadas, con descendencia vinculante o ascendencia interesante; puertas, al fin y al cabo.

Nunca he podido con estos timadores profesionales. Y mira que llevo vinculado a la “acción” política desde mi ya lejana juventud, desde finales de los 70, pero la desconfianza sigue ahí. Quizás sea justamente por ello: por perro viejo. He visto pasar movimientos, coaliciones, partidos, escisiones; he visto pasar a jóvenes idealistas, a ancianos anclados en su guerra, a inocentes seguidores de la moda (juvenil), a incombustibles luchadores, a intelectuales, a personas santas, pero también a vividores amantes del local social y sus prerrogativas, a lerdos de todo color y pelaje, a personas tóxicas, a agentes dobles, a simples ovejas, a separadores y a separatistas. De todo hay en la viña del señor. Y por desgracia el ámbito político se presta tanto a la picaresca, el trapicheo, el birlibirloque y demás aficiones patrias, que seguiré diciendo “vade retro” ante cualquier grupo de interés del que tenga la mínima sospecha. Léase, todos. Hasta en la asociación de vecinos hay gente extraña.


 ¿Y ahora qué, me pregunto?

 ¿Ha llegado por fin el momento de la sensatez, del sentido común, del patriotismo sano y del altruismo real?

¿Estamos a tiempo de limpiar de fango todo este sistema pseudo democrático que permite gobiernos totalitarios e imposiciones de demencias colectivas gracias a los votos de golpistas y terroristas?

 ¿Serán, o seremos, capaces esta vez de empezar la casa por sus cimientos, actuar con legalidad, mantener la palabra y cumplir lo jurado ante el pueblo español?

¿Nos quitaremos de encima de una maldita vez la partitocracia del PPPSOE?

¿Antepondremos España a nuestros egoístas intereses personales, locales, regionales, de partido, hermandad, club de fútbol, cofradía o logia?

No sé yo. Como dijo Maquiavelo: “la política no tiene relación alguna con la moral”.

jueves, 26 de abril de 2018

Agotados de esperar el fin


Viejas caras, nuevas caras,
pero las mismas cabezas.
¿Qué les empujará?
No viven, solo esperan.
Están agotados de esperar.

Du sollst mit dem Tode zufrieden sein,
Warum machst du dir das Leben zur Pein?

Decía Goethe en uno de sus famosos aforismos: “Confórmate con la muerte y no conviertas tu vida en una tortura”. 
¡Qué fácil decirlo y qué difícil cumplirlo! Tan difícil que ni el genio alemán siguió su propia recomendación de acelerar su muerte y aguantó vivito y coleando hasta los 82 años para morir de un vulgar infarto.
Maldita y cíclica es la desesperación que nos ataca de tanto en tanto. De pequeños, de jóvenes, de adultos, de ancianos: no hay edad en la que por hache o por be de golpe nos sentimos vacíos, cansados, vagando sin rumbo, buscando razones a la sinrazón, maldiciendo a diestro y siniestro, renegando de la vida, de los amigos, del clima, del tráfico, de la supuesta cerveza que nos han querido colar en un bar y de la última rubia que vino a probar el asiento de atrás.

Pero hay cosas peores. Mucho peores. Porque nuestra desesperación, la del yoyó, la del materialista y exagerado egocentrismo, se ha convertido en un mal general. Ya no somos personas individuales que estamos hartas de esperar el fin, es la sociedad en su totalidad la que deambula por este planeta antaño llamado azul, implorando que llegue el anunciado apocalipsis cuanto antes. Un planeta negruzco, lleno de humo, de maldad, de sombras, de penumbra, de nubarrones oscuros que tornan el precioso azul celestial y el verde del mar en una amalgama de grisáceas mentiras y negras realidades.

Solamente hay que fijarse en las absurdas y rocambolescas historias que estamos viviendo hoy en día en Cataluña y en el resto de España: empezando por el cuento del “prusés” y el maldito montaje separatista, que no es más que una burda campaña para encubrir 30 largos años de latrocinio, pasando por la nueva historia española y mundial (esa desmemoria histérica) que cuatro lelos mal formados están redactando a toda prisa para justificar la inversión de la verdad con un “donde dije digo, digo Diego”; los tejemanejes, las rencillas, las mentiras y las puñaladas traperas de una clase política y unos sindicatos que obviamente no representan a nadie desde hace muchos años; la existencia de cargos públicos muy bien pagados pero con menos cerebro que el pulpo Paul, como Echenique, Colau, Rufián, Tardá, Pablo Iglesias y su concubina Irene Montero, o cualquier otro de los 350 diputados del Congreso, los 266 senadores y los miles de alcaldes y concejales. ¡Qué aquí no se salva ni el tato!

Dejémonos de siglas, de ideologías y de banderas. Son todos de la misma banda: ni los hermanos Dalton, ni Ali Babá y los 40 ladrones, ni Al Capone, ni el Lute, ni el Vaquilla, ni el Dioni, ni Ruiz Mateos y su prole, ni los líderes de la nefasta, asesina y ladrona Segunda República Española, ni los mangantes de Matesa o del Fórum Filatélico, ni Idi Amín en su peor época, ni las tan abundantes y falsas oenegés de foto lacrimógena (y seguro que falsa), comida y comisión: ninguna de estas bandas de malhechores llega al nivel de la chusma que nos dirige, manipula y roba hoy en día. De forma estructurada, normalizada, jerarquizada y supuestamente elegida por nosotros, el estado, la clase política y su entramado político-financiero-asociado-interesado nos llevan por donde quieren, se ríen de nosotros en sus reuniones de trabajo, sus consejos de administración, sus congresos, sus comisiones, sus cursos de formación, sus falsas primarias, sus sesiones de coaching ejecutivo, sus viajes solidarios…es decir, en sus continuas fiestas y bacanales, y cada tantos años se disfrazan de corderitos para soltar sus cuatro frases infantiles (pero adecuadas y dirigidas a esta nuestra sociedad inculta e idiotizada), para seguir viviendo unos años más (y mejor) a costa nuestra.

Nuestro día a día en esta sociedad tan enferma se reduce al sensacionalismo, al meme del día, a lo superficial, a lo efímero. Al clásico “y yo más” y el “y tú qué”, a denunciar a tu mejor amigo para ganarte el favor de alguien, a guardar vídeos o información comprometida para poder chantajear en el momento oportuno, a mentir sin pudor alguno ante los cómplices medios de comunicación (cuando no instigados y dirigidos directamente por ellos y su imperiosa necesidad de ganar audiencia), a cambiar de bancada, de bandera, de religión y hasta de sexo por un par de duros y algún enchufe de provecho (en esta triste Expaña cambiamos de todo menos de equipo de fútbol, esa sagrada fe patria que está por encima de todo lo demás). Así nos va.

Nuestro día a día gira en torno a todo lo superfluo, cuando la vida de un ser humano en una sociedad teóricamente avanzada debería de centrarse en valores eternos, en el amor al prójimo, en la familia, en la cultura, en la ciencia, en la música, en el honor, en la solidaridad, en la generosidad, en la empatía, en la aportación de algunos granos de arena al bien común.

¿El bien común? A quién cojones le importa el bien común. De lo que se trata es de vivir lo mejor posible… y a poder ser sin trabajar. Poca diferencia hay hoy en día entre los mafiosos, los delincuentes profesionales, los pícaros de toda la vida, los embaucadores, los vividores y los cientos de miles de políticos que pasean sus cochazos y sus modelitos (comprados con el sudor de nuestra frente y nuestros impuestos) por nuestra sagrada tierra, soltando nauseabundas y variables mentiras, cual veletas en lo alto del campanario. Y si sumamos a toda esta cohorte de garrapatas de la sociedad a los líderes del entramado económico, a los poderes ocultos de la banca internacional, a la masonería, a los organizadores de Eurovisión y a los burdos cantantes que nos representan este año, a los dictadores de Bruselas y su falsa Europa, a los bares que sirven Heineken o a los estados racistas e imperialistas. ¿Qué bien común vamos a encontrar? Cero patatero.

No vivimos, solo esperamos. Estamos agotados de esperar.

P.D. Pero mientras esperamos y desesperamos siempre podemos intentar hacer sonreír a alguien, beber una o varias cervezas de verdad, escuchar unas buenas canciones y conocer a personas que aportan algo a la sociedad. Como nos pasó por ejemplo el otro día en una clase / exhibición de swing.  O en el entrañable bar la Isla. Valor añadido.


lunes, 21 de agosto de 2017

Si fuera malpensado

Analizando la información sobre los recientes atentados islamistas en Barcelona y Cambrils, es decir, en España, tengo muchas, pero muchas, dudas. Y no hablo solamente de un análisis de la información sesgada que nos puedan dar los distintos medios politizados de nuestro país, los de un lado y los de otro, hablo de la información global, la de la prensa extranjera, la de particulares en las redes sociales, la de las grandes agencias de noticias y la de las televisiones públicas de los demás países europeos (no incluyo a la televisión mexicana por razones obvias, aunque ya me gustaría que fuera la más acertada).

Estamos ante otro 11-M, ante otra crueldad terrorista de la que al parecer solamente importa sacar réditos políticos. En este caso no son el PSOE y el PP los que luchan sobre el ring cubierto de sangre de hombres, mujeres y niños, por ganar asalto a asalto su particular combate para alcanzar mayores cuotas de poder; esta vez se trata de la eterna y cansina lucha de los minoritarios pero listos separatistas catalanes y de los sucios antisistema de la CUP por dar una imagen de estado autónomo, de capacidad policial y de independencia de España ante los medios extranjeros, a costa del sufrimiento innecesario y atroz de las víctimas, sus familiares y el conjunto de la población.

No han pasado ni 3 días del “misterio” de Alcanar, de la matanza de la Ramblas, de la huida por la diagonal de un terrorista y de la valerosa actuación de un ex legionario en Cambrils, y ya tenemos ante nosotros un gran saco de incongruencias, medias verdades, rectificaciones, falsedades, invenciones, manipulaciones, ocultaciones y demás actos de desinformación claramente interesados; todo ello urdido en las cloacas del nacionalismo catalán, en los vergonzosos acuerdos con los ocupas antisistema y en las mentes enfermizas y limitadas de los líderes del “prusés”.

No entraré en detalles, cada cual es libre de leer, contrastar y analizar todo lo que se ha dicho hasta el momento, o de coger un bolígrafo y un folio e intentar cuadrar cual joven estudiante la información recibida con los hechos conocidos (mi amigo Jorge Belsa resume algunos puntos aquí).
Cualquiera que haga este ejercicio y tenga un poco de inteligencia, es decir, si está por encima de esa “media española” que se cree a pies juntillas cualquier sandez que oiga por televisión, sobre todo si sale de las manipuladoras cadenas populistas como la Secta o TV3, verá con toda claridad que aquí no cuadra nada, que los hechos se adaptan al relato posterior y no a la inversa. Es decir, tergiversación. O “nueva historia”.
Algo nada nuevo ni sorprendente en esta Cataluña que tanto quiero y que cada vez añoro menos.

Y como bien dice Cayetana Álvarez de Toledo hoy en su columna, tengo miedo
Y mucho. 
Porque los únicos que no tienen miedo son los tontos y los imbéciles.


¡Malditos seáis, mentirosos y manipuladores!


P.D. Para muestra un botón: este video emitido en varias cadenas de televisión el mismo jueves muestra en teoría a los Mossos entrando en el mercado de la Boquería a la caza de un terrorista huido. Y yo me pregunto 2 cosas:
¿Cómo es que tenían ya un compañero dentro preparado para filmar desde el mejor ángulo?
¿Cómo consiguieron dejar el mercado de la Boquería vacío, ordenado y limpio como un quirófano cuando el mercado cierra normalmente a las 20:30 y lo desalojaron a toda velocidad después de los sangrientos hechos?
Corrijo por haber recibido más información de fuentes fidedignas: de Mossos nada, son agentes de la UPAS de la Guardia Urbana.
Aún así la limpieza del lugar me extraña. En breve tendré la respuesta. O no. Duda y acertarás.





viernes, 4 de noviembre de 2011

Elecciones y excepciones

Llevo ya más de 30 años de militancia, si se puede llamar de esta forma a una actividad política mínima, extraparlamentaria, en partidos minoritarios, que no marginales,  y centrada  casi en exclusiva en proclamar a los cuatro vientos  (si es en la barra del bar, mejor),  mi disconformidad con el sistema político actual y mi aspiración a conseguir un sistema político más justo y más cercano a los valores eternos que considero básicos para una sociedad avanzada.  Es de cajón que esto y la nada absoluta se asemejan mucho, sobre todo si la escala para su ponderación la ponemos en las metas y logros alcanzados.  Detalle éste que tampoco me preocupa, dado que cualquier utopía por definición “es irrealizable en el momento de su formulación” (RAE), y por lo tanto equiparable a la nada, al vacío, al agujero negro del espacio que todo se traga y nada devuelve (y si se llegara a realizar dejaría de ser utopía). Llevo por lo tanto 30 años siendo un soñador.

En estos seis lustros he compartido la anteriormente nombrada actividad (para ser sinceros más bien inactividad) con muchos camaradas y amigos, de los cuales una parte residual ha seguido la senda del soñador, refugiándose en ilusiones preciosas pero irrealizables, mientras que la mayoría o bien ha dejado de lado cualquier lucha más allá de la necesaria para la propia supervivencia, o bien ha puesto los pies en el suelo, renunciando a buscar una alternativa política al actual régimen, aceptando el mal menor del sistema político que nos rige, aún a sabiendas que no es bueno, ni justo, ni apropiado, y lanzándose a la batalla escabrosa de bregar desde dentro del sistema para intentar mejorarlo.  Lo describo de esta forma tan “poética” sabedor que no todo son rosas en esta vida, y que en muchos casos (quién sabe en qué proporción) la entrada en el ruedo político no se ha debido al altruismo, al idealismo, sino más bien al interés personal de colocarse en el mejor puesto posible para vivir de las prebendas, los regalos, las relaciones y las subvenciones de la mega-estructura de la sociedad democrática, en la que por cada persona que aporta algo hay cientos detrás rascándose la pancha y viviendo a cuerpo de rey a costa de nuestros impuestos.
De estos pocos que han seguido por la vía política “oficial”, estructurada alrededor de partidos políticos legalizados y registrados, algunos han optado por la opción más consecuente con nuestros ideales, fundando, fusionando, desmontando, coaligando, torpedeando, atacando o defendiendo “ene”  mini-partidos revolucionarios, sociales, patrióticos, unificados, auténticos, ortodoxos, y otros han ido a buscar refugio en aquellos partidos mayoritarios que de una u otra forma cubren, aunque sea parcialmente, sus ideales y aspiraciones de luchar por una sociedad mejor.
“Chapeau” por todos ellos. Por lo menos lo intentan o han intentado.  
En estos treinta largos años que han pasado solamente he votado una vez, en el referéndum del año 1986 sobre la permanencia en la OTAN,  sin haber cometido aún el para mi pecado mortal de depositar en una urna una burda papeleta con las siglas de un partido político, ente que no considero representativo del ser humano ni adecuado para regir sus destinos.  Hoy en día ya ni participaría en un referéndum,  acto que representa la mayor tomadura de pelo dentro del sistema democrático, ya que delega de forma cobarde la incapacidad de los elegidos para desempeñar una función de liderazgo en la masa anónima, que es la misma que le ha encargado una tarea muy seria, la de gobernar. Como si un responsable financiero de una multinacional o de un banco, ante la crisis financiera actual, reuniera a todos sus empleados, desde el repartidor de cartas hasta el guardia jurado del parking, para tomar las decisiones necesarias. Inconcebible e intolerable. Como el amago de Papandreu ,  que ha durado menos que un caramelo en la puerta de un colegio y que de forma tan genial describían ayer en “El Mundo” tanto Arcadi Espada (lector, no te pierdas este artículo, está a la mitad de esta página enlazada, titulado “Una broma de pueblo”) como, en menor medida, Salvador Sostres.

Y seguiré sin votar.

Termino con una dedicatoria. Todo este artículo nació ayer en mi cabeza, tirado en el sofá, cuando cogí mi teléfono móvil  y lancé a la nube invisible que nos rodea y que contiene todo, un SMS con el siguiente mensaje,, dirigido a una querida amiga, destacada ejemplo de la parte buena explicada anteriormente:  “Mucha suerte en la campaña. ¡A por ellos!”

Jamás hubiera pensado que animaría a alguien ante el inicio de una campaña electoral.  Pero en este caso no me he podido resistir, se trata de una persona que rompe todos los tabúes y prejuicios que tengo hacia los partidos políticos y las demás sandeces del sistema.  España se merece que salga elegida. (Y si es capaz de cambiar el sistema, mejor aún).  ¡Mucha suerte Elisabeth!

P.D. Elisabeth es candidata del Partido Popular al Senado.

lunes, 2 de marzo de 2009

Sobre derrotas y victorias

Hay derrotas que duelen menos y victorias que dejan indiferente. Me explico. Esta semana mi equipo de fútbol del alma ha sufrido su enésima derrota en casa. De ello no me puedo alegrar, pero si con este revés hago daño al otro equipo de la ciudad, el de los suizos, pues el dolor queda en menos y se puede superar con un poco de sarcasmo y un mucho de alcohol (o viceversa).
Por otro lado tenemos las victorias, como la conseguida este domingo pasado por el Partido Popular en las elecciones gallegas (lo de las provincias vascongadas no lo puedo considerar una victoria). ¿Debería alegrarme de este triunfo? La lógica me obliga a pensar que ya va bien que gane la derecha en Galicia, que así acabaremos con la dictadura del socialismo apegado al lujo y el derroche (una contradicción en sí) y del nacionalismo inculto y vengativo que siguiendo los ejemplos de Cataluña y las Vascongadas iba en camino de conseguir convertir a toda la juventud de una región en borregos seguidores de historias inventadas y leyendas manipuladas, hablando mal un dialecto creado a toda velocidad asegurando que es “gallego” y fracasando en el resto de asignaturas de su plan de estudios.
Pero por desgracia la lógica tiene poco que ver con la política, y más si cabe en un sistema partitocrático como el nuestro, en el que el interés máximo de los políticos es cumplir con el sagrado dogma de que “si sirve a los intereses del partido me sirve a mí, y por lo tanto a España, que soy yo”.
Albergo dudas, y serias, de que esta victoria en Galicia y el posible “cambio” de tendencia en las provincias vascongadas aporten algo a las necesidades de los ciudadanos de España, y menos aún al concepto de España en sí, que seguirá en grave peligro hasta que no aparezca una oposición ya no al partido gobernante de turno, sino al sistema de “casta política” hacia el que está derivando esta apócrifa democracia. En mi opinión no hay partido alguno (de los “big players” como dirían en el mundo empresarial) que realmente quiera cambiar algo por el bien de la patria y sus ciudadanos, lo que pretende esa “unión temporal de intereses” es seguir ahí, con su parte del pastel, que no por ser en ocasiones pequeña deja de ser apetecible y que a los pocos años volverá con toda seguridad un poco mayor en tamaño y prebendas asociadas. Coma yo mi pastel, sea gobernando o ejerciendo de ¿oposición?, y que lo demás se derrumbe a mi alrededor. (O ande yo caliente y ríase la gente)
Así de contradictorios son mis sentimientos ante una derrota, la deportiva, y una victoria, la política, que sinceramente me deja frío. (Podría haber acabado con alguna expresión soez al estilo del difunto actor gallego-catalán (rip), el cual si fuera creyente a las puertas del cielo seguro que usaría el idioma Español, idioma con el que triunfó como actor y al que menospreció en público tantas veces.)