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jueves, 22 de enero de 2026

La última batalla



“Saber vivir es ir hacia la muerte
Alegre y despreocupado
Como si fueses a la muerte de otro".
Jorge Martínez (Ilegales)
 

Los que pintamos canas, los que ya empezamos a perder a amigos y compañeros de viaje por causas naturales, todos ellos demasiado pronto, estamos sin duda alguna ante nuestra última batalla. Batalla que se presume larga y dura, pero ante la cual no nos arrugamos. Por algo llevamos en la brecha desde los años ochenta del siglo pasado.

Y esto es lo admirable, encomiable, loable: mis amigos, mis conocidos y, sobre todo, mis camaradas, algo que está muy por encima de la amistad, siguen en la lucha. Nada ha cambiado desde que empezamos ese combate idealista por una España mejor. Sin egoísmos, sin protagonismos, sin oscuras intenciones ni persiguiendo objetivos espurios, simplemente preocupados por buscar el bien para nuestra nación y para nuestros compatriotas.

Empecé a tomar notas para esta pequeña reflexión cuando vi dos fotografías que me ilusionaron de forma especial: por un lado la de un camarada de toda la vida, don José Antonio dlM, pegando carteles por Barcelona, como si fuera un joven, apuesto y luchador estudiante (que lo fue y por triplicado, por cierto), y por otro lado otra imagen de Jorge Buxadé rodeado de jóvenes en la montaña. El pasado, el presente y el futuro, unidos por dos instantáneas que me hicieron sonreír y sobre todo soñar: la lucha ha valido la pena, sin duda, ahí seguimos a nuestra edad erguidos sin miedo a nada ni a nadie, y las nuevas generaciones asoman por doquier para continuar esta inacabada guerra contra el mal.

Y pongo a José Antonio y Jorge como ejemplos de tantos y tantos camaradas que son parte de mi vida desde joven: algunos, tristemente, ya no están, otros nos iremos en breve, cuando Dios lo disponga, pero todos seguimos ahí, ayudando desde el cielo o trabajando a destajo aquí en la tierra, en esta tierra española que tanto queremos y que nos están robando, destrozando, invadiendo, troceando y vendiendo.

En esta época oscura, que ya bauticé en algún post como “La dictadura Sanchista, los años negros, 2018-2031”, como sin duda se describirá en los libros de historia del futuro esta terrible época que nos ha tocado sufrir, seguimos luchando, como si volviéramos a ser unos veinteañeros idealistas, aguerridos y soñadores. Lo que pasa es que no volvemos a ser jóvenes: es que nunca hemos dejado de serlo. La edad física, sin duda, avanza, con sus partes positivas en forma de experiencia, de plenitud familiar, de integración social, de estabilidad laboral y económica (tampoco tanto, desgraciadamente), pero la edad mental, la espiritual, parece anclada en épocas lejanas, como si el tiempo se hubiera detenido en ese momento en el que decidimos que una vida sin lucha carece de sentido. De que lo más bonito de nuestra existencia terrenal es trabajar por la consecución de objetivos superiores, más allá del placer inmediato, el triunfo temporal, de las riquezas materiales o del ascenso y la aceptación social.

Todo esto va perdiendo sentido conforme avanza el inexorable reloj de la vida: no perseguimos el oro, no necesitamos ser famosos ni alabados, lo que queremos, igual que lo queríamos años ha, es ayudar a que todo mejore, trabajar por dejar una patria mejor a las futuras generaciones, estar en paz con nosotros mismos, generar sonrisas y estar orgullosos de haberlo hecho bien o por lo menos de haberlo intentado.

Y tenemos que estar agradecidos al Señor de seguir vivos en estos momentos verdaderamente aciagos que estamos sufriendo: todos estaremos de acuerdo en que pocas etapas de la larga historia de España, de sus luces y sus sombras, han sido tan nefastas, malvadas, destructivas y terminales como los últimos veinte o treinta años. Todo se ha ido al garete, todo lo construido durante siglos se ha ido desmontando poco a poco, como si hubiera un detallado plan diseñado por Satán y ejecutado por sus siervos, para acabar con siglos y siglos de avances, de Fe, de cultura, de crecimiento, de superación, de unidad, de ilusión, de lucha por el bien común. De patriotismo, en resumen.

Desde los alternantes gobiernos de socialistas de uno y otro color, siervos de las imposiciones de entes externos y malignos que nadie ha elegido, hasta la culminación de la completa destrucción de nuestra nación que estamos viviendo en estos últimos años, con la nefasta Unión Europea acabando con Europa, con la masiva y buscada inmigración con el único objetivo de sustituir a la población europea por bárbaros esclavos fáciles de manipular y explotar, con la corrupción institucionalizada no solamente en España sino también en la propia UE, culminando con las desgracias que estamos sufriendo cada vez con más frecuencia, desde las inundaciones y los apagones originados por la infantil, falsa y mortal locura climática, hasta los terribles accidentes ferroviarios causados por la desidia y la corrupción de unos gobernantes sin preparación, sin ética, sin valores, sin ningún otro objetivo que su propia supervivencia y su criminal enriquecimiento; todo ello ha dejado a España, a nuestra España, a punto de caer en un precipicio del que nunca se recuperaría.

Si no fuera por todos los nombrados anteriormente, por los valientes e incansables luchadores, por los guerreros (de ambos sexos, que son dos y ninguno más), que sin duda seguirán dando la batalla para salvar a nuestra Patria.

Unidos, mientras estemos vivos, acabaremos con el Mal.

Y de Sodoma (Ferraz) y Gomorra (Moncloa) solamente quedarán unas tristes notas en los libros de historia, como aviso a navegantes: “La dictadura Sanchista, los años negros, 2018-2031”




martes, 22 de julio de 2025

Sin sombrilla ni crema solar



De todos los recuerdos de veranos pasados, que son muchos recuerdos y muchos veranos, los que siempre me vuelven a la cabeza cuando empieza a apretar el calor, a vaciarse el barrio, a sonar la sintonía del Tour de Francia y a quedarme más solo que la una, son los concursos fotográficos y los de relatos cortos de los periódicos que solía leer. Hablo obviamente de periódicos en papel, en mi caso de La Vanguardia y de El País, dos cabeceras que lamentablemente han pasado al baúl de los recuerdos. A ese baúl ya ennegrecido que contiene toda una vida y que cobija tanto lo bueno como lo malo, aunque por fortuna sea un cofre mágico, del que al abrirlo siempre asoma lo bueno, mientras que lo malo suele moverse por arte de magia al fondo del mueble. Igual que pasa en nuestro cerebro, que tiene esa capacidad de recordar el primer beso en una verbena de San Juan en la playa de Gavá, pero oculta, por vergüenza o por puro instinto de supervivencia, las ratos malos, el mal sufrido (menos) o el infligido a otras personas (demasiado). Siempre estaré en el debe con los demás, eso ya es inevitable a estas alturas de mi vida, salvo que me tocase la lotería y pudiese compensar mis errores repartiendo billetes a diestro y siniestro. Algo que por otro lado tampoco borraría ni una de mis acciones equivocadas. Que el dinero no lo arregla todo, y menos aún el haber hecho llorar a otra persona. Era algo a lo que recurría con frecuencia mi padre, que en paz descanse. 

Pero volvamos a los buenos recuerdos de veranos pasados. Que para eso está el mágico baúl. Esos relatos cortos de verano en el suplemento del diario que leía con pasión y sana envidia, concursos a los que, inasequible al desaliento (como Jorge, como Juanjo, como Chiquillo…) envié muchas veces algún escrito mío, sin que jamás me tocara premio alguno, salvo una mención de mi blog en La Vanguardia, el mismo cuaderno de bitácora que sigo utilizando veintiún años después, aunque hasta eso tuvo su truco: fue en el momento álgido del despegue de Internet y las redes sociales, y no citaron solamente mi blog: cada semana hablaban de uno, hasta que se volvió algo tan común que dejaron de publicar la sección “El blog de la semana”. Pero bueno, algo es algo, y el placer de ver mi nombre publicado en un entonces aún prestigioso diario como “La Vanguardia Española” del Conde de Godó, no me lo quita nadie. 

Me ahorro comentar la penosa deriva de dicho periódico, es algo de dominio público. Y triste. Como tantas otras cosas que han pasado en nuestra querida España en los últimos cuarenta años. Que en vez de ir a más, ha venido a menos. Y no solamente por esa triple división que tan acertadamente describió José Antonio a la Paramount en enero de 1934. O quizás sí. Porque noventa y un años después, el mal sigue estando en el mismo lado. En ese tridente diabólico que son los separatismos, los partidos políticos y la lucha de clases, esta última sustituida por el wokismo y la estulticia generalizada.

Mis casi diez años pasando una parte del verano en Italia, con el baño diario en la playa, las lecciones culinarias de la familia (política) italiana, el paseo vespertino al muelle, el gelato de rigor, las excursiones por la tan bella riviera apuana, son sin duda un punto y aparte en mis recuerdos, los mejores años de mi vida, del 1985 al 2000. Tirados por la borda por … no sé, supongo que por egoísmo. Por no estar a la altura. Echando la vista atrás, mejor que haya sido así. Mi ex y su familia han sido y son felices. Y eso me alegra. Y mucho. 

Desde entonces, pues tampoco me puedo quejar. He hecho lo que querido, he sido capaz de mantener mis puestos de trabajo, estoy a tiro de piedra de jubilarme y sigo teniendo un círculo de amigos que no me fallan, que están ahí, los vea una vez al mes o una vez cada tantos años. Muchos de ellos amigos desde la juventud, otros nuevos que he ido conociendo en estos últimos catorce años que llevo en la tan noble Villa y Corte llamada Madrid. Y que sin duda serán parte de la primera capa del baúl. De la capa de la alegría y el agradecimiento. 

Las semanitas de agosto en Santa Pola con Ramiro, las escapadas a Colmenar Viejo, las esporádicas visitas de amigos de Barcelona, los partidos del RCD Español, que siempre son momentos de reencuentros, cánticos y hasta de alegría cuando ganamos, la maravillosa gente perica (la mejor gente que hay) que reside por aquí y que ya se ha convertido en una nueva familia, los camaradas de juventud que ahora en muchos casos son diputados, pero que no han cambiado en nada y que sigo viendo con enorme ilusión en actos políticos, el pequeño pero genial círculo en Twitter/X …, todo esto son bendiciones, que quizás no me merezca, pero que disfruto cual cerveza fría recién tirada. 

Son mis veranos, diferentes, sin sombrilla ni crema solar, leyendo, escribiendo, escuchando música, esperando siempre al bendito mes de septiembre, mes que significa calzarme las botas y seguir mi eterno Camino de Santiago, ruta en la que pronto cumpliré 9.000 km de sufrida felicidad, con el recuerdo de peregrinos que se fueron (¡Carlos, presente!), peregrinos que he conocido (saludos y buen camino, Rolf) y el inmenso placer de poder andar con los camaradas que me acompañan hoy en día (gracias Edu y Jaime por la paciencia).

Como dejó escrito Tolkien: “No todos los que deambulan están perdidos”. Y los peregrinos hemos añadido: “…algunos siguen las flechas”.

Y como apunté en mi bloc de notas hace unos meses:

He bebido más que he comido
He llorado más que he reído
He recibido más que he dado
He prometido más que he cumplido
He muerto más que he vivido.
Pero sigo caminando.

 

lunes, 18 de julio de 2022

Los de siempre

 A Fernando Ginesta. ¡Presente!

Preámbulo: mientras estoy escribiendo esto me interrumpen con la triste noticia de la repentina muerte de Fernando. Malditos caprichos del destino. Dedicado a él, por supuesto, todo este artículo. Nadie mejor que él para ilustrar esta pequeña reflexión. Descansa en paz, querido amigo.



Ya he escrito en varias ocasiones (llevo 18 años publicando en este blog, que se dice pronto) sobre los amigos, los seguidores en las redes sociales, los conocidos, los camaradas, el número máximo de amigos íntimos que se pueden tener y temas similares: y por algo será.

Porque nuestra vida, al fin y al cabo, se basa en las relaciones familiares y sociales. Salvo que seas un eremita encantado de gritar Jehová a los cuatro vientos, como nuestro querido amigo de “La vida de Brian”, o un demente como Pedro Sánchez, al que le bastan unos cuantos espejos bien distribuidos en uno de sus palacetes veraniegos y la compañía de sus amigotes palmeros para ser feliz. Palacios que por cierto son propiedad del Estado, pero como este déspota malvado hizo suyo el tópico de “l'état c'est moi” del Rey Sol, pues todos estos edificios históricos han pasado a engrosar su patrimonio particular. De ahí su enfermiza obsesión de mantenerse en el poder contra viento y marea. Le importa un pepino que todo se derrumbe a su alrededor, que se queme el bosque, que se arruinen las familias, que España sea el hazmerreir de moros y cristianos: mientras sobrevivan él y los suyos y pueda seguir volando en su Falcon a cualquier destino que se le ocurra a Begoño/a, el/la experta en no sé qué, titular de falsas cátedras y editora de la guía “Lonely Planet para Dummies y vividores”, que por cierto esta semana ha incluido un lago nudista en el pirineo catalán para disfrute de la familia y sus 25 íntimos. No vaya a ser que pasen calor, pobrecitos. Los de siempre. Los caraduras. Los jetas. Los hijos de la gran puta.

Siento haberme desviado del tema: no quería hablar de estos cortesanos de graduado escolar y rodilleras gastadas, quería hablar de la buena gente, de esos conocidos o amigos que ves de tanto en tanto, a veces de decenio en decenio, pero que siguen ahí. Y que cuando te encuentras con ellos parece que fue ayer que estuvisteis juntos, aunque quizás hayan pasado varios años desde coincidisteis por última vez. Es lo que me pasó el otro día con mi tan querida Almudena y su marido Federico. Y sin duda fue algo buscado: no quizás encontrarme con Almu, pero si que tenía la seguridad de que, en la inauguración de un Frankfurt en Madrid, al estilo de los nuestros de BCN, de la mano de la esposa de Jaume Vives Vives, a algún amigo me encontraría, a alguien de los de siempre. Y así fue. Y esa magia, ese momento de encontrarte con un ser querido y que de inmediato el tiempo transcurrido sin verle pase a mejor vida y te sientas feliz, arropado, ilusionado, cual niño a la vuelta de vacaciones al ver a su proyecto de novia, cual recluta en la mili disfrutando de su primer permiso, como encontrarte a un periquito rural en un partido del Real Club Deportivo Español en un campo jamás visitado, o iniciar en solitario una etapa del Camino de Santiago y que la calle del albergue se llame “Oriente” y sientas su protectora presencia… esos son los momentos mágicos. Como el largo rato que compartí con Alberto y Pedro. De bar en bar, de cerveza en cerveza (de alguna manera había que digerir las excelentes salchichas que nos sirvieron).  
Y quizás por ello, por caprichos del destino, al acabar la agradable velada en dicho local, que os recomiendo fervientemente, camino del metro me crucé con el inigualable mago Tamariz y su familia. Justamente el día antes había leído un artículo sobre él, sobre su nuevo espectáculo que presentaba junto a su hija, y, chan ta ta chán, ahí estaba. Risueño como siempre. Otro de los de siempre. Aunque jamás hubiera hablado con él. Hasta ahora. 

Llevaba yo varios días, o quizás semanas, tomando notas para este artículo. Y creo que fue a raíz de un artículo futbolero que publicó “el Mundo”, escrito por Jesús Beltrán (si si, de los Beltrán de toda la vida, que son varios y encantadores todos), que decidí dedicar mis reflexiones a todos esos conocidos, amigos y camaradas, a los que más bien tratas poco, a los que ves de pascuas a ramos, pero que están ahí, en tu subconsciente, en tu vida pasada, en tus recuerdos, y que jamás dejan de ser parte de tu vida. Aunque quizás no hayáis sido amigos íntimos, o llevéis largas temporadas sin compartir una cerveza, existen esas personas en tu circulo de amistades, que permanecen. Y te dan sorpresas y alegrías. Como ver a Juanjo como diputado impartiendo lecciones a tanto lerdo que puebla nuestra santa tierra. O admirar a Chiquillo trabajando duramente y sin acercarse ni en broma a la bandeja de cruasanes. O disfrutando de la maestría oratoria y la lucidez de Buxadé. O leer un libro de Juan Ricart. En fin, que os voy a contar. La mayoría de los lectores sois del mismo grupo, de los de siempre. En algunos casos compartiendo mi vida desde el año 1979. O 1980. Y algunos de vosotros lleváis algunos años más juntos (mis dos años pasados en Friburgo entre 1977 y 1979 me alejaron quizás un poco, pero recuperé rápido el tiempo perdido).

Y tal vez por ello, cuando alguna de estas queridas personas por desgracia fallece, ni lo asumes. Ni te lo crees. Como los encuentros cada vez van siendo más espaciados, tu cerebro, o quizás tu corazón, es incapaz de procesar que ya no está: sabes muy bien que un día u otro te lo volverás a encontrar.

En un parque, en un bosque, en un campo de fútbol, en un concierto, en una iglesia, en un albergue, en un bar (en mi caso quizás lo más probable). Y si no es ahí, sin duda te lo encontrarás en el cielo. Que es donde nos veremos todos. Y encima sin la molesta presencia de aquellos que jamás pasarán el filtro de San Pedro.

Va por todos vosotros. Por los de siempre. Por Fernando.



¡Sólo los mejores mueren jóvenes!



lunes, 11 de noviembre de 2019

La verdadera lucha empieza hoy



Al entrar hoy en mi oficina a las ocho de la mañana, después de una noche electoral diferente, en la que por primera vez en muchos años tenía verdadero interés en conocer los resultados, ya sabía lo que me esperaba. Sonrisas cómplices de algún compañero y caras largas de muchos otros. Por aquello de que muchos me tienen catalogado como “facha” (¿por qué será). Algo que por cierto hace años que me la trae al pairo, más aún cuando los que lo piensan se cierran en banda ante cualquier diálogo serio, argumentado, que sirva para explicarles que no somos demonios, ni nos comemos a los niños recién nacidos (eso lo hacen ellos tolerando y promocionando el aborto), ni apaleamos a los inmigrantes, ni odiamos a nadie.

Ellos a lo suyo, erre que erre, siguiendo los dictados del mainstream, de los medios "progres" y del lavado de cerebro al que les han sometido durante tantos años: cualquier cosa que no sea “progre”, que no se precie de ser de izquierdas, representa el mal. La democracia para ellos se limita a aquellos que piensan (si es que tienen esa capacidad) tal como dicta su histórica arrogancia y su complejo de superioridad.

Allá ellos, sigan pues viviendo acongojados en su ignorancia, odiando sin un ápice de razón ni base histórica, apoyando ideas retrógradas, fracasadas, injustas y malas, como han sido y siguen siendo el socialismo, el comunismo y todas sus variantes. Solamente hace falta echar una mirada a como “celebraron” o citaron los medios progres las celebraciones del 30 aniversario de la caída del Muro de Berlín, para darse cuenta de su carencia de cultura, de un mínimo conocimiento histórico y de sensatez: ni una palabra sobre el origen del Muro, la maldad del sistema socialista/comunista que lo levantó y la libertad que se consiguió para la Humanidad gracias a su derribo. Confundiendo churras con merinas. Al estilo Adriana Lastra y demás borregos.

Lo mismo que les pasa ahora ante los resultados de las elecciones. La campaña de acoso y derribo, de paparruchas, de manipulaciones, de rebuscar en el pasado de todos y cada uno de los nuevos diputados de VOX, de invenciones, de insultos, de manifestaciones, de escraches, se prevé terrible. Y continuada. Ya se ha vivido antes en los demás países de Europa: teniendo el entorno izquierdista y falsamente llamado progresista el dominio absoluto de los medios de comunicación, el ataque continuado contra cualquier opción patriótica, sensata y cristiana, basada en valores superiores, en la unidad, el esfuerzo, el trabajo, la familia y la justicia social real está garantizado, y será vilipendiada, ultrajada, insultada y perseguida desde el minuto uno. Es decir, desde ahora mismo.

Por eso he titulado este artículo “la verdadera lucha empieza hoy”. Porque tengo muy claro por donde van a ir los tiros. Y esperemos que se quede todo en “tiros” virtuales. Porque de esta gente poco te puedes fiar, son socios políticos de terroristas y golpistas separatistas. Y de esa relación interesada con los malvados a pegar tiros en la nuca hay un pequeño paso. Ya lo hemos vivido en otras épocas. Oscuras.

Ahora a por lo bueno. A felicitar de todo corazón a mis amigos, mis camaradas, que después de una travesía en algunos casos de más de 40 años luchando por España (como bien dijo ayer Juan Ricart en nuestra tertulia, ahora por desgracia convertida en un grupo de Whatsapp sin picoteo ni vino español) y defendiendo unos ideales con los que me identifico plenamente, han llegado al Congreso de los Diputados y antes al Parlamento Europeo. ¡Chapó por vosotros!

No hablo de extraños, ni de conocidos de bar, fiesta o guateque. Hablo de personas ejemplares, de luchadores, que desde mi ya lejana juventud han estado ahí, estudiando, trabajando, avanzando, triunfando, dando ejemplo a todos nosotros. Y no son lisonjas gratuitas. Son sentimientos que me salen de dentro, que me reafirman en mis creencias, realidades que me enorgullecen.

Poder comentar con la cabeza alta y una sonrisa de oreja a oreja que conozco a eurodiputados y diputados, que me precio de ser su amigo, no tiene precio. Más bien es un gran placer. Y sobre todo un honor.

Sabemos bien que en todos lados cuecen habas, que no es oro todo lo que reluce, que siempre habrá que separar el trigo de la cizaña. Tampoco es nada nuevo. Al caballo ganador, sabiendo como ha acabado la carrera, apostaría hasta el mayor ignorante. Y habrá intentos de infiltración, largas colas para chupar del bote, conocidos olvidados que llamarán a la puerta, oportunistas de tres al cuarto que pretenderán sacar tajada de los resultados electorales. Como en todos los partidos, agrupaciones, grupos de amigos y clubes sociales.

Pero conociendo a las personas que conforman la dirección de VOX, por lo menos a una buena parte de ellas, no tengo ninguna duda de que sabrán estar a la altura, y que gracias a ellos hemos dado un paso más en pos de esa España grande, libre, justa y eterna que siempre hemos soñado.

Y que nos representarán con la misma nobleza, la misma sinceridad y el mismo esfuerzo que han demostrado en los últimos decenios en los que hemos compartido ideales, luchas, ilusiones, decepciones, victorias y derrotas.

La verdadera lucha empieza hoy.

Pero partimos con una gran ventaja: estamos en buenas manos. Muy buenas.

Felicidades, Jorge, Juanjo, Juan Carlos, Gerardo, Joan, Jordi, Nacho, Lola, Agustín, Paqui, Amanda, José Manuel, Miguel Ángel y todos los demás que habéis contribuido con vuestra incansable lucha a que el sol vuelva a brillar en la piel de toro.



Quien esperar puede, alcanza lo que quiere.