Mostrando entradas con la etiqueta Patria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Patria. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de enero de 2026

La última batalla



Saber vivir es ir hacia la muerte
Alegre y despreocupado
Como si fueses a la muerte de otro".
Jorge Martínez (Ilegales)
 

Los que pintamos canas, los que ya empezamos a perder a amigos y compañeros de viaje por causas naturales, todos ellos demasiado pronto, estamos sin duda alguna ante nuestra última batalla. Batalla que se presume larga y dura, pero ante la cual no nos arrugamos. Por algo llevamos en la brecha desde los años ochenta del siglo pasado.

Y esto es lo admirable, encomiable, loable: mis amigos, mis conocidos y, sobre todo, mis camaradas, algo que está muy por encima de la amistad, siguen en la lucha. Nada ha cambiado desde que empezamos ese combate idealista por una España mejor. Sin egoísmos, sin protagonismos, sin oscuras intenciones ni persiguiendo objetivos espurios, simplemente preocupados por buscar el bien para nuestra nación y para nuestros compatriotas.

Empecé a tomar notas para esta pequeña reflexión cuando vi dos fotografías que me ilusionaron de forma especial: por un lado la de un camarada de toda la vida, don José Antonio dlM, pegando carteles por Barcelona, como si fuera un joven, apuesto y luchador estudiante (que lo fue y por triplicado, por cierto), y por otro lado otra imagen de Jorge Buxadé rodeado de jóvenes en la montaña. El pasado, el presente y el futuro, unidos por dos instantáneas que me hicieron sonreír y sobre todo soñar: la lucha ha valido la pena, sin duda, ahí seguimos a nuestra edad erguidos sin miedo a nada ni a nadie, y las nuevas generaciones asoman por doquier para continuar esta inacabada guerra contra el mal.

Y pongo a José Antonio y Jorge como ejemplos de tantos y tantos camaradas que son parte de mi vida desde joven: algunos, tristemente, ya no están, otros nos iremos en breve, cuando Dios lo disponga, pero todos seguimos ahí, ayudando desde el cielo o trabajando a destajo aquí en la tierra, en esta tierra española que tanto queremos y que nos están robando, destrozando, invadiendo, troceando y vendiendo.

En esta época oscura, que ya bauticé en algún post comoLa dictadura Sanchista, los años negros, 2018-2031”, como sin duda se describirá en los libros de historia del futuro esta terrible época que nos ha tocado sufrir, seguimos luchando, como si volviéramos a ser unos veinteañeros idealistas, aguerridos y soñadores. Lo que pasa es que no volvemos a ser jóvenes: es que nunca hemos dejado de serlo. La edad física, sin duda, avanza, con sus partes positivas en forma de experiencia, de plenitud familiar, de integración social, de estabilidad laboral y económica (tampoco tanto, desgraciadamente), pero la edad mental, la espiritual, parece anclada en épocas lejanas, como si el tiempo se hubiera detenido en ese momento en el que decidimos que una vida sin lucha carece de sentido. De que lo más bonito de nuestra existencia terrenal es trabajar por la consecución de objetivos superiores, más allá del placer inmediato, el triunfo temporal, de las riquezas materiales o del ascenso y la aceptación social.

Todo esto va perdiendo sentido conforme avanza el inexorable reloj de la vida: no perseguimos el oro, no necesitamos ser famosos ni alabados, lo que queremos, igual que lo queríamos años ha, es ayudar a que todo mejore, trabajar por dejar una patria mejor a las futuras generaciones, estar en paz con nosotros mismos, generar sonrisas y estar orgullosos de haberlo hecho bien o por lo menos de haberlo intentado.

Y tenemos que estar agradecidos al Señor de seguir vivos en estos momentos verdaderamente aciagos que estamos sufriendo: todos estaremos de acuerdo en que pocas etapas de la larga historia de España, de sus luces y sus sombras, han sido tan nefastas, malvadas, destructivas y terminales como los últimos veinte o treinta años. Todo se ha ido al garete, todo lo construido durante siglos se ha ido desmontando poco a poco, como si hubiera un detallado plan diseñado por Satán y ejecutado por sus siervos, para acabar con siglos y siglos de avances, de Fe, de cultura, de crecimiento, de superación, de unidad, de ilusión, de lucha por el bien común. De patriotismo, en resumen.

Desde los alternantes gobiernos de socialistas de uno y otro color, siervos de las imposiciones de entes externos y malignos que nadie ha elegido, hasta la culminación de la completa destrucción de nuestra nación que estamos viviendo en estos últimos años, con la nefasta Unión Europea acabando con Europa, con la masiva y buscada inmigración con el único objetivo de sustituir a la población europea por bárbaros esclavos fáciles de manipular y explotar, con la corrupción institucionalizada no solamente en España sino también en la propia UE, culminando con las desgracias que estamos sufriendo cada vez con más frecuencia, desde las inundaciones y los apagones originados por la infantil, falsa y mortal locura climática, hasta los terribles accidentes ferroviarios causados por la desidia y la corrupción de unos gobernantes sin preparación, sin ética, sin valores, sin ningún otro objetivo que su propia supervivencia y su criminal enriquecimiento; todo ello ha dejado a España, a nuestra España, a punto de caer en un precipicio del que nunca se recuperaría.

Si no fuera por todos los nombrados anteriormente, por los valientes e incansables luchadores, por los guerreros (de ambos sexos, que son dos y ninguno más), que sin duda seguirán dando la batalla para salvar a nuestra Patria.

Unidos, mientras estemos vivos, acabaremos con el Mal.

Y de Sodoma (Ferraz) y Gomorra (Moncloa) solamente quedarán unas tristes notas en los libros de historia, como aviso a navegantes: “La dictadura Sanchista, los años negros, 2018-2031”




miércoles, 27 de noviembre de 2019

Los que aman a España


Debemos ser protagonistas del destino de nuestra Patria actuando conforme a los intereses de la misma, que demanda en los actuales momentos un diálogo nacional inaplazable y necesario para definir su futuro, demostrémosle a la Patria con hechos y no con vanas palabras que somos capaces de enaltecerla.
(Emrique Sandrés Ferrera)

Antes de ponerme a escribir en base a las pocas notas tomadas desde que me he despertado, en el metro, el ascensor y hasta desayunando, me he permitido realizar una simple búsqueda en Google: en concreto mi pesquisa ha sido “amar a la patria”. Y no como recoveco para plagiar alguna cita, frase, página u obra completa, al estilo de muchos de nuestros políticos, sino con la sana intención de citar a alguien que haya expresado con anterioridad y de forma apropiada lo que quiero usar como introducción. Y como era de esperar, el procesamiento de la ingente cantidad de datos sobre los que actúa el buscador, sumado a sus optimizados algoritmos y su “inteligencia artificial”, ha dado en el clavo con el primer resultado sobre 10.700.000. Ojalá acertara yo alguna vez con una lotería o un fugaz amor con tal precisión. Y ha atinado de tal manera el artilugio digital que en el fondo ya podría dejar de escribir en este mismo instante y simplemente enlazar el artículo en cuestión, digno de ser enmarcado y aplicable de pe a pa  a nuestra querida España. Y más aún en estos momentos críticos que estamos viviendo en este Reino que va camino de dejar de serlo. De dejar de ser Reino y dejar de ser cualquier cosa. A un paso de desaparecer, más bien. (Nota: el artículo en cuestión lo firma en fecha desconocida un ex catedrático llamado Enrique Sandrés Ferrera en el diario hondureño “El Heraldo”. Ni sé quién es, ni conozco su filiación política, ni he leído nunca dicho periódico. Y tampoco viene al caso. Lo que me importa es el contenido de dicho escrito).


¿Y quién ama a España hoy en día? Aquí me refiero a amar como sinónimo de entrega, de querer dar algo, de sacrificio; no hablo de un enamoramiento egoísta que busca una recompensa, ni de una pasión infantil y momentánea cual celebración de un gol de la selección o de una victoria del insigne e insuperable Rafa Nadal.

¿Pedro Sánchez quizás, el plagiador, ególatra y mentiroso vividor que con sus ínfulas es capaz de cargarse siglos de historia con tal de seguir ocupando su castillo en la Moncloa? Dudo mucho que este abyecto ser ame a alguien más que a sí mismo. Pobre familia la suya. Lo único que le debe de estar preocupando en estos momentos es que sus nuevos socios quieran eliminar la monarquía constitucional y sustituirla por una república chavista con sus líderes millonarios y su pueblo atontado, subyugado y arruinado. Él, el gran Pedro, que si la memoria no me falla pasaría a ser Pedro V al haber sido el último rey hispano de este nombre Pedro IV de Aragón el Ceremonioso, llamado el del “punyalet” en los condados con playa de la Corona de Aragón, por el puñal que solía llevar al cinto. Daga que nos están clavando por la espalda sin que nos demos cuenta. Porque su afán por suplantar y ningunear a nuestro Jefe del Estado, en claro incumplimiento del artículo 99 de la Constitución (entre otros), denota su enfermiza obsesión por ser rey y presidente a la vez, y a poder ser también príncipe heredero, princesa casadera, ministro principal, arzobispo, consejero mayor, virrey, adelantado, primer ministro y sobre todo “Ministro Plenipotenciario de Viajes y Festejos” de su reino imaginario. Este funesto personaje a España no la ama. Eso está claro.

¿Los previsibles socios de Pedro V aman a España? Ni hace falta que entre en muchos detalles. Pensemos en el chepudo chavista de Galapagar, cuyos dientes de rata brillan desde hace días de emoción y rabia animal ante la posibilidad de ser vicepresidente; ese personajillo deleznable que al tiempo que negocia entrar en el gobierno disfrazado de inocente oveja, convoca manifestaciones para pedir un referéndum que acabe con nuestra monarquía constitucional y con ello con nuestra patria y nuestra convivencia. O echemos una mirada a otro de los protagonistas de este orquestado golpe de estado, al ridículo, seboso, iletrado y renegado mentiroso Gabriel Rufián, que se jacta en público de “poner y quitar gobiernos”, como si estuviera jugando una partida al Risk mientras engulle una magdalena tras otra. O será quizás el racista Aitor Esteban, digno heredero de los hermanos Arana, esos nazis de mujeres unicejas, idioma muerto resucitado a base de setas alucinógenas, regodeándose con sus chantajes continuados, repetidos durante decenios, respaldado por sus socios asesinos de Bildu, ¿este ser inmundo puede ser que ame a España? Olvídenlo.

¿Aman a España los diputados y dirigentes del Partido Popular? Mis dudas tengo. Demasiado callados los veo ante el desmembramiento de nuestra Patria, más preocupados al parecer por mantener sus privilegios que por dar la cara, alzar su voz y resistirse a la involución frentepopulista que se avecina.

¿Quieren el bien de España los pocos supervivientes del altivo galeón naranja que ha acabado siendo una pequeña barcaza que ni conseguiría permiso para navegar por el estanque del Retiro? No haré aquí leña del árbol caído, dura es ya la penitencia que están pasando los buenos que hubo en Ciudadanos, que los hubo, por no hablar de sus antaño votantes que hogaño han tenido que huir despavoridos buscando alternativas serias a la indefinición y el narcicismo de un partido que fue ilusión de tantos y placer de tan pocos.

¿Buscan el bien de España los paniaguados miembros del Consejo de Estado, con Soraya Sáenz de Santamaría como máxima exponente de egoísmo y arribismo? Ni están ni se les espera. Y mejor así.

¿Luchan por su patria, España, los sindicatos de clase, los fiscales politizados o las oenegés subvencionadas? Por favor.

¿Hace algo la jerarquía de la Iglesia Católica, credo mayoritario en nuestro país, a fin de parar esta sinrazón? ¿Rezan por lo menos por la salvación de España o hasta han olvidado sus propios preceptos? O callan y otorgan ante la previsible y definitiva nueva desamortización, esta vez no a cargo de Mendizábal sino de algún economista de renombre internacional como por ejemplo Alberto Garzón. Dios nos proteja.

Amar a la Patria es desprenderse de intereses mezquinos tratando de servirse de ella y más bien adoptar una conducta propia de buen ... español … sirviéndole en todo lo posible, amarla es no callar y más bien denunciar lo que le hace daño en magnitudes que ofenden su dignidad” dice tan acertadamente el autor hondureño que cito arriba.

¿Y quién hace esto? ¿Quién demonios quiere a España y la defiende día a día?

Pues haberlos, haylos. Los militares en su abnegada defensa de la Patria y en cumplimiento de su sagrado juramento, los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en su constante y tan mal remunerada labor, pagando siempre los platos rotos por la desastrosa gestión política; los llanos y simples trabajadores que con su diario esfuerzo mantienen viva esta bendita tierra que nos vio nacer; los médicos, los enfermeros, los bomberos, los mecánicos, los vigilantes, los barrenderos, las amas de casa, las abuelas, los pescadores, los agricultores, los pocos profesores no manipulados que quedan, los misioneros allende los mares, los investigadores de renombre exiliados por carecer de apoyo y recursos en este país que derrocha su dinero en la mayor casta política del mundo Occidental…los españoles de bien.

Y quizás algún que otro político, de esos pocos que no se han echado al ruedo para ganar dinero, prestigio y prebendas, sino que al contrario han abandonado su segura y plácida zona de confort para meterse en la boca del lobo y luchar con todas sus fuerzas por la supervivencia de nuestra Patria.
Dicen que de esos también hay. Y hasta creo conocer a alguno de ellos. De un signo político y de otro. Más de uno que del otro.

Todos estos son los que aman a España. Los que amamos a España.

Esperemos que nuestra lucha no sea en balde, que la ilusión no decaiga y que, entre todos, podamos mantener a flote este barco en el que navegamos todos juntos buscando un futuro mejor para nuestros descendientes.

Porque al presente poca solución le veo.

A no ser que, como escribí en un reciente tuit, una nueva y súbita descompresión en la cabina del Falcon a seis mil metros de altura nos saque del atolladero.

Aunque eso es algo que no se puede pedir. Por humanidad. Por cristianismo. 

Aunque quizás si se puede soñar. Soñemos pues.



miércoles, 29 de noviembre de 2017

Si yo votara

Si yo votara,  en las próximas elecciones autonómicas catalanas (y por primera vez) tendría mis dudas. Véase la posición de la coma en la frase anterior para entender mi punto de partida. Yo no suelo votar a partidos políticos. Mejor dicho, nunca les he votado. Voté una vez, en el referéndum sobre la entrada en la OTAN del 1986, al no haber partidos por medio, y encima salí escaldado. Mejor dejarlo.

Y encima en esta ocasión ni tengo el derecho a votar. Después de 6 años fuera de mi tierra, de mi patria chica Cataluña, justamente en Mayo de este año del señor de 2017 decidí empadronarme en Madrid por razones prácticas: el acceso al servicio sanitario sin cortapisas por llevar una tarjeta sanitaria catalana (¿para cuándo la unificación, señores políticos?) y la menor carga fiscal que se me aplica en esta comunidad autónoma (¿para cuándo la igualdad de todos los españoles ante la ley y el fisco, señores políticos?)

¿A qué viene entonces este artículo? Pues la razón es que por una vez, y sin que esto sirva de precedente, de tara o de traición, creo que hay que votar. Los que me conocéis y los que opináis lo mismo que yo en la mayoría de los temas serios de la vida, os podéis hacer una idea de lo difícil que es para mí recomendar la participación en un proceso electoral, cuando desde pequeño siento una gran aversión, que no profundo asco, por los partidos políticos de nuestro país, por el sistema que se autoproclama democrático pero que en mi opinión no lo es, por el régimen político de corrupta y borbónica monarquía parlamentaria, por el a todos luces injusto sistema electoral y la intolerable Ley D'Hondt y por el maldito estado de las autonomías, que no ha hecho más que traer desgracia y ruina a nuestra patria.

Conque tengo que recular. Y lo hago sin traumas, sin sentirme traidor a mí mismo ni a los ideales que siempre he defendido. Ni renunciando, por supuesto, a mi crítica al sistema en sí, a nuestro ordenamiento jurídico y a nuestro caduco sistema político y a los impresentables ladrones, corruptos y vagos profesionales que rigen nuestros destinos en las múltiples y costosas administraciones del estado. Esa lucha es eterna: mientras quede un halo de vida en mi cuerpo seguiré al pie del cañón, maldiciendo lo malo, proponiendo mejoras y soñando con un nuevo amanecer. Faltaría.

Y encima lo tengo fácil: os recomiendo votar pero yo mismo no tengo que hacerlo. Vaya suerte la mía.

Bromas aparte,  estamos ante una encrucijada en la que, por desgracia, no vale cerrar los ojos, ni escudarse en ideales o convicciones opuestas al sistema político y electoral actual, ni tampoco votar a partidos minoritarios, abstenerse o pintar las papeletas con la cara de Homer Simpson o invalidarlas con proclamas e insultos.

El discurso (muy mío por cierto) de que el “mal menor” no me sirve, de que prefiero la “nada” a no conseguir el “todo”, en estos momentos no sirve para absolutamente ningún propósito. 

Si los partidos “constitucionalistas”, o “unionistas”, o cómo diablos los quieran llamar unos y otros, no consiguen hacerse con la mayoría en estas elecciones, la maldición del “prusés” nos perseguirá durante muchos, muchos años, con el agravante de que una parte importante de España, Cataluña, se irá económicamente al garete, que las relaciones sociales y familiares acabarán por reventar, que la violencia será el pan nuestro de cada día, y que nos volverán a gobernar iluminados, mediocres, violentos, mentirosos, revanchistas y enfermos.

Y todos sabemos lo que significa este escenario: volver a empezar, la cantinela de siempre, la historia inventada y reescrita, los imaginarios países catalanes, el España nos roba, la contraeducación como arma política, los medios públicos como altavoz de la insensatez y la mentira como leitmotiv de la vida de las mafiosas familias de la burguesía catalana que mueven los hilos y hacen bailar a las pobres marionetas abducidas.

Y tocaría de nuevo aguantar al bufón Rufián, al enfermo Fuigdemont, a la limitada Marta Rovira, al payés Tardá, a la vaga Colau, a los cobardes exconsellers, al tan poco católico Junqueras, a los argentinos infiltrados, a los sucios e inútiles miembros de la CUP, a los curas y obispos que han olvidado al Dios al que sirven y representan y que de golpe adoran al ídolo dorado del separatismo, en resumen, a la herencia de 35 años de latrocinio, mentira y manipulación de la sagrada famiglia Pujol Ferrusola y sus siervos.

Dicen hoy en la prensa que faltan unos 300.000 votos para acabar con esta pesadilla. Si yo votara, faltaría uno menos.

Votad pues, que yo no puedo, y que Dios reparta sensatez.




Habla pueblo habla
Tuyo es el mañana
Habla y no permitas
Que roben tu palabra

Habla pueblo habla
Habla sin temor
No dejes que nadie
Apague tu voz 


lunes, 5 de marzo de 2012

Madrid, España.

Igual es un poco pronto para rendir homenaje a esta gran ciudad y sus gentes, que me han acogido como si fuera uno más de ellos, sin extrañeza, sin desconfianza, con alegría y generosidad, pero no puedo dejar de escribir estas primeras líneas hoy mismo, en vez de esperar a que pasen meses o años. Este “defecto”, que arrastro desde niño, de no poder guardar nada en secreto, de querer compartir de inmediato cualquier descubrimiento o sentimiento, no puede desaparecer de golpe, por mucho que me esfuerce, por lo que aquí va mi primer homenaje a la Villa y Corte, que seguro que será el preludio de muchos más artículos en este mi modesto blog, que desde sus inicios hace más de 7 años tiene el título de “Mi querida España…”: encabezado que ahora viene a reafirmarse con mi presencia y residencia en el centro mismo de esa España a la que tanto adoro y que es el eje sobre el que pivota mi vida desde que tengo consciencia. Y de eso ya hace unos cuantos años.

No voy a contar aquí nada que no conozcan mis lectores habituales. Las características positivas de esta urbe tan acogedora son por todos conocidas, y cualquier exageración de sus bondades, de su riqueza cultural, de la simpatía de sus habitantes, de la calidad de sus servicios públicos, de su oferta cultural o lúdica, de sus rincones notorios y famosos en todo el mundo y de aquellos desconocidos para la mayoría, de la riqueza gastronómica y de todo lo demás que estoy viendo (y lo que me queda por ver), no es charlatanería interesada, sino simplemente una confirmación de la realidad.

Es por ello que todo lo que escriba aquí no tenga como objetivo principal descubrir al lector algo nuevo, sino más bien la “malvada” intención de recordárselo, de restregárselo (con todo cariño) por la cara, para ponerle los dientes largos e incitarle a venir por aquí cuanto antes.

No será tarea difícil: después de dejar atrás mi ciudad de nacimiento y de residencia durante más de 40 años, Barcelona, capital de provincia (esto de las CCAA sigue sin gustarme, y visto el mal resultado social y económico que han generado, creo que mucha gente pensará lo mismo) muy importante de nuestra patria e historia común, estandarte de la españolidad bien entendida durante siglos, vanguardia cultural y empresarial en otras épocas, rica en idiomas, en tradiciones, en gastronomía, en un sinfín de temas, pero venida a menos en estos últimos decenios (que no siglos) por culpa de los sucios intereses creados por las minorías burguesas nacionalistas, ávidas de acumular beneficios económicos a su alrededor, utilizando para ello cualquier resquicio de simpleza, inocencia o incultura de los ciudadanos, hasta el punto de inventarse mitos y leyendas para engañar al inmigrante y al ciudadano poco leído, en definitiva, al votante, a fin de perpetuarse en el poder, cual ociosa corte medieval alrededor de un conde cualquiera, que no rey, que nunca tuvieron; pues después de abandonar esa ciudad, cualquier cosa que veo, siento, oigo, descubro, huelo, en definitiva, vivo, en esta mi nueva casa, me sabe a gloria.

A los que no sois de Barcelona, o la conozcáis solamente de forma superficial, de visitas esporádicas o de oídas, os parecerán muy extraños mis comentarios críticos sobre mi patria chica. Pero os aseguro que si fuerais nacidos en Cataluña, en Barcelona, y sufrierais la impotencia de ver como vuestro hogar, vuestras calles, vuestra infancia, vuestro idioma catalán original, vuestras tradiciones y recuerdos, son barridos por olas, que no tsunamis, de insensatez, de inmigración africana fomentada (para evitar la equivalente de tierras hermanas de Sudamérica, por aquello del idioma común que quieren extirpar del corazón de los catalanes) y descontrolada, de politización absurda y ladrona, de dictadura nacionalista, de contra-educación subvencionada con tus impuestos, de falsedad oficial, de imposición del pensamiento único, de patético “forofismo” culé instrumentalizado hasta en los colegios de primaria, de fanatismo tribal y excluyente, en resumen, de tamaña estupidez que enrojecería de vergüenza ajena a muchas generaciones de grandes barceloneses ya fallecidos, no os extrañarías ni un ápice, y pensaríais, en mayor o menor medida, lo mismo que yo. Y lo proclamaríais a los cuatro vientos para conseguir, a base de ruido e insistencia, que Barcelona vuelva a ser lo que era.

Pero mientras tanto, mientras Barcelona, y con ella toda Cataluña, languidece bajo el yugo estúpido-ramplón-interesado del nacionalismo y de la patética izquierda retrógrada, yo iré conociendo Madrid.

Sin acritud hacia mis orígenes, pero con una ilusión tremenda de sentirme, a las pocas semanas, como en casa, aunque físicamente esté a 609 kilómetros de mi lugar de nacimiento, y con mi corazón latiendo a un ritmo mucho más acelerado, por la emoción que me embarga a cada paso que doy por este mi nuevo hogar.

¡Madrid, Madrid; qué bien tu nombre suena,

rompeolas de todas las Españas! (A.Machado)

P.D.: Quede dedicado este primer comentario sobre Madrid a todos mis amigos que he dejado en Barcelona, y, sobre todo, a toda la buena gente que he reencontrado y a la nueva que he conocido en este poco tiempo que llevo en esta gran ciudad. No quiero ni pensar en todo lo bueno que tengo por delante, pero no dudéis que os haré partícipe de todo. Para esto tengo estas páginas publicadas en esa “nube” tan abstracta que todo el mundo nombra, pero que aquí, en medio de la piel de toro, se torna visible y protectora, y adquiere unos colores que son parte de mí existencia: una combinación roja y gualda que ilumina mis despertares y acompaña mis atardeceres.



miércoles, 11 de mayo de 2011

Identidad

Estaba yo en un tris de titular este artículo “Identitarios”, cuando un buen amigo mío me ha aconsejado “no meterme en estos fregados. Estando en época de elecciones, con la mayoría de nuestros conocidos, amigos y camaradas inmersos en la campaña electoral defendiendo posturas diversas y en muchos casos bajo siglas harto extrañas, este mi amigo debe de considerar que es mejor arrimar el hombro, apoyar a los nuestros aunque consideremos que están equivocándose y ser práctico. Es decir, usar la política, los partidos y las elecciones para conseguir arañar un poquito de poder consiguiendo alguna representación local o autonómica.

Pero yo sigo en mis trece. Esto, en el fondo, no aportará nada al bien común, a nuestros ideales compartidos durante años ni, menos aún, a la idea de patria que hemos soñado durante tantos años. No desprecio sus consejos. Suelen ser acertados. Pero siempre hay algún punto que prefiero discutir y no dar por válido por que sí.

Hablemos pues de la identidad, que no del concepto “identitario”. Concepto tan extraño, nuevo y rebuscado que ni lo acepta el corrector del procesador de textos que estoy usando. Por no hablar de la Real Academia, que ni en su versión actual ni en el “Panhispánico de Dudas” incluye esta palabra. Si alguien tiene algún interés especial en saber a qué hace referencia este nuevo concepto aplicado a los partidos políticos simplemente tiene que tirar de Google, Wikipedia o cualquiera de las demás fuentes de información “fidedignas” que se están convirtiendo pasito a pasito en la biblia de los incultos, iletrados y vagos. Aún dudo yo si esta apertura informativa que ha supuesto el acceso a la Red, las wikis, los foros, los blogs y las redes sociales realmente esté aportando un mayor nivel cultural al ciudadano medio o si por el contrario está liando las mentes un poco más y convirtiendo hasta al ministro socialista más burro en un “culturetas” sabelotodo. Aunque esto es harina de otro costal que se merece un artículo aparte.

Volvamos entonces a nuestra identidad. Esta viene impuesta por unos factores muy claros. Nuestra filiación y nuestra raigambre. Tenemos por lo tanto como componentes de nuestra identidad la nacionalidad, el (o los) idioma(s) y la cultura que hemos heredado de nuestros progenitores, sumado a las raíces culturales y sociales en las que nos hemos criado. Aquí cada uno puedo reflexionar sobre cuál es su identidad. Si la de su bloque de pisos, la de su barrio, la de la urbanización donde veraneaba, la de su ciudad, de su provincia o la de su región o comunidad autónoma actual (que por cierto son variables en la vida de muchos ciudadanos y más lo han sido aún en la historia de España).

¿O será quizá otra nuestra identidad? Digo “nuestra” refiriéndome a la de “la mayoría de nuestros conocidos, amigos y camaradas” ya nombrados al principio. ¿No podría ser, pongamos el caso, que nuestra identidad sea un compendio de todo lo detallado anteriormente? ¿Del barrio, la ciudad, la provincia y la región, sumado a nuestros viajes y vivencias de juventud (muchos de estos compartidos), a los barrios, ciudades, provincias y regiones de nuestros padres, amigos y camaradas que nos han acompañado hasta ahora en nuestras vidas?

¿Y cómo hemos llamado a todo esto hasta ahora? Yo diría que siempre lo hemos llamado nuestra Patria. Y que esta nuestra patria siempre se ha llamado España.

Somos herederos de nuestra historia milenaria, de nuestra cultura tan rica y diversa, de las acantilados de la Costa da Morte y los desiertos del Sáhara. De los bosques del pirineo catalán y las llanuras burgalesas. De la Reconquista iniciada en Covadonga al descubrimiento de las Indias. Del bocadillo de calamares de la Plaza Mayor de Madrid a la butifarra de payés del Montseny. Del gazpacho y del pacharán. De la sidra del norte al fino del sur. De Figueras a Tarifa y de Tortosa a Finisterre. Del “Nodo” que algunos hemos llegado a ver a las repeticiones de Verano Azul. De Jaume Sisa y la Orquesta Platería a los Nikis o los Toreros Muertos. De Gasol a Induráin y de Juanito a Ballesteros. De la sardana a la jota y de los castellers a las traineras. De la Semana Santa sevillana a la “Rompida” de Calanda pasando por la Dança de la Mort de Verges. De la Vuelta y la Volta. De Sarriá, Malasaña, el Brillante cordobés o del Poble Nou. ¿Sigo?

Quién nos los iba a decir, a estas alturas. Tenemos una identidad. Y se llama España.

martes, 1 de marzo de 2011

¿Qué habrá sido de Nuño?

Hay días en los que me pregunto qué habrá sido de Nuño. Nuño es el hijo de unos amigos míos, que en estos momentos debe rondar los 13 años. Más o menos. En el ya lejano 2006 solía frecuentar su casa y pasar horas y horas con sus padres, bueno, más bien con su madre, hablando de todo menos del sexo de los ángeles, porque ya sabemos todos que los ángeles no tienen sexo. Aunque quizá hasta esta afirmación haya perdido valor, teniendo en cuenta todos los cambios que se han producido en estos largos años de dictadura socialista que estamos sufriendo. Igual, y por real decreto, los socialistas han decidido, sin que nos hayamos enterado, que los ángeles y las ángelas pertenecen al colectivo ELEGEBETE por definición. No me extrañaría nada. Me imagino que habrán sido 5 años muy difíciles para los sufridos padres de Nuño, como lo han sido sin lugar a dudas para el resto de progenitores que tuvieron la osadía de traer un niño al mundo en España durante la pasada década. El vuelco cultural y social, si se le puede llamar cultura a los desvaríos de los ministros de los sucesivos desgobiernos del inefable Zapatero, ha sido tal que donde antes ponía blanco hoy contemplamos un negro más oscuro que el café de Colombia; donde antes se hablaba de matrimonio entre una mujer y un hombre hoy se habla de uniones civiles sin importar el sexo (o más bien la desviación sexual) de los contrayentes; donde ir a misa era lo más normal en el día del señor y hoy en cambio te tienes que apartar un viernes por la tarde porque delante de ti cruzan cientos de musulmanes para asistir a sus “arengas” pseudo-religiosas en enormes mezquitas donadas por los propios ayuntamientos (y a costa de nuestros impuestos, claro está); donde podíamos circular a 130 km/h hoy nos obligan a hincharnos de cafés bien cargados para no dormirnos a 110 en la autopista y comernos los quitamiedos; donde ponía Álava hoy nos reciben carteles con el extraño topónimo de Araba, que no estoy seguro si se trata de un error ortográfico o del anuncio de que lo árabe se está adueñando del país a marchas forzadas; donde podíamos comer, pasar al café y disfrutar de la sobremesa con un cigarro puro habano o un simple cigarrillo hecho en Canarias hoy tenemos que abrigarnos para salir a la calle y fumar cual vagabundo o delincuente estigmatizado; en resumen, que donde cualquier ministro dijo digo al final dijo Diego ( o Diega) , y todo se ha convertido en una gran farsa que está cercenando nuestra libertad, hundiendo un siempre mejorable pero en líneas generales correcto sistema de convivencia al que nos habíamos acostumbrado y dejándonos en paños menores ante los retos que nos plantea un futuro cada vez más oscuro. Todo se ha ido al garete. El estado del bienestar, el prestigio de España como nación, la unidad en la diversidad de nuestra antaño admirada y rica patria y la tan cacareada democracia y sus partidos políticos que, sin excepción alguna, han cambiado sus objetivos “altruistas”, “sociales” y “constructivos” por una lucha feroz para asegurar su propio futuro a costa de la buena fe de la gente y sus votos asociados. Tirando de refranero podríamos resumir la situación actual de nuestra querida España con el clásico “Donde no hay harina, todo es mohína”. Si no hay recursos, si las personas que “dirigen” un país no tienen capacidad, conocimientos y sobre todo intención de hacer algo bueno por los demás el resultado solamente puede ser el disgusto o la tristeza. O más aún, el desastre. El fin de una sociedad en la que hemos crecido felices y la desaparición de una patria a la que hemos amado todos desde pequeños. Tanto los padres como los hijos. Hasta el hijo de mis amigos la quería mucho a pesar de su tierna e inocente edad. Hay días en los que me pregunto qué será de Nuño en el futuro.

lunes, 5 de julio de 2010

Que poco me gusta el Mundial de Fútbol

Pues eso. Como cada vez que triunfamos en algún deporte, los españolitos de a pie, tan patriotas ellos, salen hasta de debajo de las piedras. Y por mucho que me guste ondear la bandera de España, lucir su camiseta y cantar el himno nacional, siempre me queda ese regusto a simplicidad y estupidez. ¿Cómo puede ser que durante todo un año los catalanes traguemos con partidos políticos que ningunean a España, cómo puede ser tan estúpida la gente que cuando hay elecciones siguen votando a partidos políticos que hacen del odio a España su leitmotiv y ahora en cambio lucen esas camisetas de la roja? No se puede estar solamente a las maduras, en los temas superficiales, en los triunfos deportivos, y el resto del año obviar a la patria, cerrar los ojos y mirar a otro lado. Hay que estar a las duras, hay que ser consecuente con lo que se predica. Querer a España no significa solamente animarla durante 90 minutos, pintarse la cara con los colores de nuestra querida bandera, tomarse 10 cervezas y entonar el penoso loroloroloroloro desconociendo que nuestro himno tiene no una sino varias letras oficiales.

Para querer a España de verdad hay que amarla en el día a día, estudiando, trabajando, ayudando a los necesitados, visitándola, cuidándola, respetándola, pero, sobre todo, dando la cara y luchando palmo a palmo, casa a casa, barrio a barrio, ciudad a ciudad y elecciones tras elecciones por sus símbolos, su idioma, su historia y su grandeza. No podemos aceptar durante 340 días al año que multen a los negocios por no rotular en catalán, que a los niños les obliguen a hablar en catalán hasta en los recreos, que el 50% de las películas de estreno tenga que ser en catalán, para desgracia y ruina de la industria cinematográfica, y luego, de golpe, durante los 20 escasos días que dura un mundial, ser el español más patriota.

Como diría una buena amiga mía, España es bastante más que un partido de fútbol, que una carrera de motos o que un triunfo de Nadal en Wimbledon. En otras épocas, gloriosas épocas en mi opinión, España se definía como una unidad de destino en lo universal. No es una frase dicha en vano, ni demagógica. Es una definición bien clara de que España es algo más. Es nuestra madre, es el resultado de 2.000 años de historia conjunta, de luchas y hazañas inigualables por cualquier otra nación del mundo, son biografías de cientos de guerreros, científicos, poetas, artistas, intelectuales, religiosos, descubridores, emprendedores, en resumen, de hombres y mujeres luchadores por una causa común, son ellos los que nos permiten disfrutar hoy en día de estos simples partidos de fútbol con orgullo, llorar con la piel de gallina cuando suena el himno nacional o saltar como condenados cuando metemos un gol. España no es la Roja, España no son 11 jugadores y un entrenador. España es una herencia que Dios nos ha permitido disfrutar. Y España somos la suma de todos aquellos que la queremos de verdad, que la respetamos desde el alba hasta el anochecer, de Lunes a Domingo, y como se dice hoy en día, los que la amamos 365 días x 24 horas. España. Siempre. Lo demás, puro circo.