Mostrando entradas con la etiqueta Procés. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Procés. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de octubre de 2019

Del Mar Menor al mal menor


Podría haber sido peor, dicen por ahí los iletrados tertulianos, los vendidos periodistas, los maquiavélicos políticos, los guarros argentinos infiltrados en nuestras instituciones y demás especímenes que no aportan nada a nuestra sociedad. Y se entiende: los periodistas y tertulianos necesitan polémicas, incidentes, traiciones y violencia para seguir explotando el sufrimiento de muchos para su penosa algarabía; los políticos se agarran a sus votos (y con ello a sus sucios acuerdos con separatistas y terroristas) como garrapatas a la piel del animal, para seguir ocupando sus poltronas e ir sumando legislaturas que garanticen sus pensiones vitalicias; y finalmente la rancia y casposa izquierda radical, los antisistema, los okupas, los menas y demás lumpen que se aprovechan de la agitación social para dar rienda suelta a sus odios y su envidia y así llevarse una parte de la tarta, ya sea asaltando comercios, destrozando  mobiliario urbano o hiriendo a ciudadanos inocentes y a nuestros valientes y abandonados miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad. Entre ellos a Iván, un policía de 41 años y padre de dos hijos, que a estas alturas aún se debate entre la vida y la muerte sin que el racista Torra se haya preocupado por su estado. ¡Ánimo, Iván!


Hablamos de una importante región de España, Cataluña, pilar de nuestra patria común y motor económico durante muchos decenios. Y no por ser sus habitantes de raza superior y tener un ADN puro, ni por ser más hábiles, más laboriosos o serios: Cataluña ha liderado el desarrollo social y económico del Reino de España por un chantaje continuado, desde finales del siglo XIX hasta nuestros días, que siempre ha cristalizado en inversiones, subvenciones y ventajas fiscales. Todo con tal de no tener que sufrir el nacionalismo feroz, la violencia y la guerra civil que siempre han usado los adinerados burgueses catalanes como moneda de cambio para conseguir sus beneficios. Al estilo del tinglado que se sacaron de la manga los beodos hermanos Arana en las provincias vascongadas: un relato histórico inventado, una manipulación de la sociedad cautiva e iletrada gracias a la contraeducación continua, una constante y nada velada amenaza de muertes y violencia (como bien llevaron a cabo los terroristas de ETA que ellos alumbraron) y unos beneficios generosos para las acomodadas y clasistas familias dirigentes.

Como el símil que propongo en el título: nuestro querido Mar Menor. Abandonado por el poder central, explotado por múltiples administraciones cautivas de sus siglas partidistas y destrozado por intereses económicos de los siempre presentes familiares y amigos, hasta el punto de que han dejado sin oxigeno a todos los seres vivos, ahogándolos en su charca de favores, malas planificaciones, contaminaciones conocidas y toleradas y las múltiples obras inapropiadas. El afán de riqueza y el nepotismo contra el medio ambiente. El afán de poder y el nepotismo contra la mayoría de la sociedad catalana. El Mar Menor arrasado, el mal menor que según los políticos han sufrido Cataluña y en especial Barcelona.

Mientras sigan en libertad y con poder ejecutivo los animadores socio culturales y dinamizadores de la demente revuelta catalana, léase Joaquím Torra y su corte tractoriana, sostenida por las ovejas abducidas encuadradas en los CDR, los antisistema tolerados por Colau e importados de toda Europa y los menas traídos por las mafias negreras oenejetas cómplices de la burguesía catalana, poco cambiará. 

Como si se tratará de una sesión de “Design Thinking”, tan de moda en el mundo empresarial, pero a la inversa: sesiones de trabajo en común (de ahí "los Comunes") para ver como destrozamos un proyecto que ha costado siglos y siglos en ser construido.

Y encima el maldito y demente Torrá tiene el inmenso morro de anunciar a bombo y platillo que pasadas las elecciones del día 10 de noviembre liberará a todos los golpistas sentenciados.

Y si lo anuncia es porque es muy consciente de los triunfos que tiene en su mano: sus votos y los de los demás partidos separatistas serán cruciales y necesarios para que Pedro Sánchez vuelva a desgobernar España. Y ese caramelo al falso doctor no se lo quitará nadie, aunque para ello tenga que dejar a la mayoría de los catalanes sin oxígeno. Como si fuera el Mar Menor. Y siendo para ellos un mal menor. Peor sería que perdieran el poder, sus sueldos, sus privilegios y su estatus social.

¡Qué más da que se mueran millones de peces!

¡Qué más da que arruinemos la vida a cinco millones de catalanes!


P.D. Suerte que la otra Cataluña, la mayoritaria, la que es tan catalana como española, sigue viva. Por lo menos en el estadio del RCD Españyol, último reducto deportivo que sigue resistiendo ante el acoso nacionalista. Y eso que la directiva tampoco está por la labor. Suerte que nuestra masa social sigue siendo ejemplar.





viernes, 18 de enero de 2019

Campi qui pugui


Este dicho popular catalán equivale al “´sálvese quien pueda” en nuestro querido idioma común, ese idioma castellano o español que es el segundo más hablado del mundo y cuya enseñanza están limitando, que no prohibiendo, en varias taifas de nuestra nación.

Pero visto como están empezando a abandonar el barco las ratas golpistas ante el próximo juicio que pondrá, Dios mediante, a cada uno en su sitio, tampoco es preocupante. 

Entre el descalabro del separatismo catalán, con sus peleas internas, sus negaciones, sus locuras y sus “pelotas fuera” y el profundo cambio que se avecina en el resto de España gracias a la irrupción de nuevas opciones políticas, sumado al hundimiento ya casi definitivo de los retrógrados populistas de Podemos y los vividores del PSOE, pues se vislumbra una nueva luz en el horizonte.

Y no es que esté cantando victoria, por favor, que la lucha acaba de empezar y la estupidez inculcada a jóvenes y mayores en los últimos cuatro decenios, unida al odio inoculado cual virus letal a los niños en guarderías, escuelas, clubes deportivos, centros de excursionismo y hasta parroquias, no se curan de golpe.

Tenemos por delante tiempos duros de limpieza, de educación, de recuperación de la libertad y la sensatez, de volver a los valores reales, de acabar con el populismo, la manipulación, los chiringuitos, el nepotismo, la desigualdad, el separatismo, la dictadura de género y tantas otras desgracias que nos han dejado estos últimos 40 años.

Pero no decaeremos. Lucharemos como hemos hecho siempre. Por nuestra historia, por el bien común, por la libertad, por la justicia y por el futuro de las nuevas generaciones. Por España.

lunes, 30 de octubre de 2017

Ahora o nunca: por España.


Para los que llevamos más de medio siglo amando a Catalunya y con ello a España (que es lo mismo), y unos cuarenta años luchando sin descanso por unos ideales nobles y eternos, por la patria y la justicia, lo que está sucediendo estos días es una liberación. Y una culminación. Aunque en el fondo sea triste lo que está sucediendo, muy triste, Dios (o el destino) nos ha dado la oportunidad de estar en la lucha final por algo que llevamos defendiendo y gritando a los cuatro vientos desde nuestros años mozos.

Y es ahora, en este preciso y delicado momento, cuando tenemos que asumir y defender todo lo que hemos proclamado y gritado en estos decenios: lo de “España, una grande y libre”, lo de “Patria, Justicia, Revolución”, lo de “no nos engañan Cataluña es España” o lo de “Dios, Patria y Justicia”. Por poner algunos ejemplos de lemas tantas veces coreados, pintados en las paredes, impresos en pegatinas y hasta tatuados sobre nuestra piel.

Ya no valen excusas, ni finuras dialécticas, ni purismos partidistas. En caso contrario todo quedará en agua de borrajas. Si realmente estos eran y siguen siendo nuestros ideales, si verdaderamente buscamos el bien común, la igualdad entre los españoles, la justicia social y la grandeza de nuestra patria, estado, nación o lugar habitual de residencia, llamadlo como queráis, ya no caben siglas, disputas, interpretaciones complejas, anacronismos clamorosos o violencia gratuita sin ton ni son. Ni el tan usado “y tú qué, y yo más”. A la mierda con todo ello.

La lucha ya no es de bar, ni de tertulia, ni de bonitos escritos que emocionan pero no aportan, ni de elecciones bajo 30 siglas diferentes, ni de ser el más malo de la película, ni de tener más razón que el en teoría camarada sentado a nuestro lado, ni de hablar de contubernios, tejemanejes, infiltrados, de los otros y de nosotros. O vamos de la mano o se nos escapará la ocasión de culminar un sueño. De conseguir acabar con las separaciones artificiales que han acechado a nuestra Patria desde hace varios siglos. Las que bien conocéis todos. Las que han llevado a menos a España: los separatismos, los corruptos partidos políticos y la falsa lucha de clases que no esconde nada más que envidia y un egoísmo absoluto, que busca simplemente darle la vuelta a la tortilla y llegar al poder para hacer lo mismo, o cosas peores, que los actuales gobernantes.

Tomemos como ejemplo los discursos de ayer en Barcelona. Aunque nos duela por quien los ha pronunciado.O nos cueste asumirlo. Los de Borrell y Frutos. El excelente de Freixas. Los parlamentos de todos ellos. Aunque en nuestro egoísmo y terrible complejo de superioridad queramos seguir montados en nuestro caballo blanco, el más puro y blanco de todos, el único y verdadero, el de la salvación definitiva de esa España que tanto decimos querer.

Abramos los ojos, miremos a nuestro alrededor, aportemos nuestros millones de granos de arena a esa causa común que tanto decimos querer. 

Luchemos por España. Aquí y ahora
.
Tiempo nos quedará a algunos (si no fallecemos en los próximos años), o en su caso a nuestros hijos y nietos, de avanzar y culminar esa obra majestuosa que es la lucha por unos ideales. 

Porque bien sabemos todos que después de salvar a España (ahora o nunca), aunque sea bajo un sistema pseudo-democrático que no nos gusta, aceptando una corrupta partitocracia que conocemos y por eso detestamos desde pequeños, manteniendo a reyes felones que no nos van ni nos vienen, aguantando a una falsa Europa en manos del capital, del sionismo, de la masonería y de los enemigos de las Patrias (sobre todo de la nuestra), sabemos que quedará mucho por hacer.

Y tampoco sería justo dejar todo arreglado a las generaciones que nos siguen. Ni justo ni posible. Ellos también querrán aportar algo. Y nosotros no vamos a poder arreglar el destrozo de tantos siglos en un par de semanas o meses. Por una vez seamos maduros, en línea con nuestra edad, dejemos las chiquilladas y el egocentrismo, ayudemos a la sociedad, a Cataluña, a España, en estos momentos críticos, demos ejemplo y usemos nuestra madurez, nuestros conocimientos, nuestro oficio, nuestras virtudes, nuestro amor por España que tantos años ha madurado en nuestro interior, y trabajemos unidos por esa grandeza que soñamos y que tiene que llegar.

Los que me conocéis sabéis bien lo que cuesta escribir todo esto. 
Lo que odio a los partidos políticos. 
Lo que detesto a los Borbones y su maldita sangre. 
Lo poco que creo en este absurdo y falso sistema político. 
Pero no hay vuelta de hoja.

Es ahora o nunca. Y lo sabemos todos. Hasta yo.