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lunes, 30 de octubre de 2017

Ahora o nunca: por España.


Para los que llevamos más de medio siglo amando a Catalunya y con ello a España (que es lo mismo), y unos cuarenta años luchando sin descanso por unos ideales nobles y eternos, por la patria y la justicia, lo que está sucediendo estos días es una liberación. Y una culminación. Aunque en el fondo sea triste lo que está sucediendo, muy triste, Dios (o el destino) nos ha dado la oportunidad de estar en la lucha final por algo que llevamos defendiendo y gritando a los cuatro vientos desde nuestros años mozos.

Y es ahora, en este preciso y delicado momento, cuando tenemos que asumir y defender todo lo que hemos proclamado y gritado en estos decenios: lo de “España, una grande y libre”, lo de “Patria, Justicia, Revolución”, lo de “no nos engañan Cataluña es España” o lo de “Dios, Patria y Justicia”. Por poner algunos ejemplos de lemas tantas veces coreados, pintados en las paredes, impresos en pegatinas y hasta tatuados sobre nuestra piel.

Ya no valen excusas, ni finuras dialécticas, ni purismos partidistas. En caso contrario todo quedará en agua de borrajas. Si realmente estos eran y siguen siendo nuestros ideales, si verdaderamente buscamos el bien común, la igualdad entre los españoles, la justicia social y la grandeza de nuestra patria, estado, nación o lugar habitual de residencia, llamadlo como queráis, ya no caben siglas, disputas, interpretaciones complejas, anacronismos clamorosos o violencia gratuita sin ton ni son. Ni el tan usado “y tú qué, y yo más”. A la mierda con todo ello.

La lucha ya no es de bar, ni de tertulia, ni de bonitos escritos que emocionan pero no aportan, ni de elecciones bajo 30 siglas diferentes, ni de ser el más malo de la película, ni de tener más razón que el en teoría camarada sentado a nuestro lado, ni de hablar de contubernios, tejemanejes, infiltrados, de los otros y de nosotros. O vamos de la mano o se nos escapará la ocasión de culminar un sueño. De conseguir acabar con las separaciones artificiales que han acechado a nuestra Patria desde hace varios siglos. Las que bien conocéis todos. Las que han llevado a menos a España: los separatismos, los corruptos partidos políticos y la falsa lucha de clases que no esconde nada más que envidia y un egoísmo absoluto, que busca simplemente darle la vuelta a la tortilla y llegar al poder para hacer lo mismo, o cosas peores, que los actuales gobernantes.

Tomemos como ejemplo los discursos de ayer en Barcelona. Aunque nos duela por quien los ha pronunciado.O nos cueste asumirlo. Los de Borrell y Frutos. El excelente de Freixas. Los parlamentos de todos ellos. Aunque en nuestro egoísmo y terrible complejo de superioridad queramos seguir montados en nuestro caballo blanco, el más puro y blanco de todos, el único y verdadero, el de la salvación definitiva de esa España que tanto decimos querer.

Abramos los ojos, miremos a nuestro alrededor, aportemos nuestros millones de granos de arena a esa causa común que tanto decimos querer. 

Luchemos por España. Aquí y ahora
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Tiempo nos quedará a algunos (si no fallecemos en los próximos años), o en su caso a nuestros hijos y nietos, de avanzar y culminar esa obra majestuosa que es la lucha por unos ideales. 

Porque bien sabemos todos que después de salvar a España (ahora o nunca), aunque sea bajo un sistema pseudo-democrático que no nos gusta, aceptando una corrupta partitocracia que conocemos y por eso detestamos desde pequeños, manteniendo a reyes felones que no nos van ni nos vienen, aguantando a una falsa Europa en manos del capital, del sionismo, de la masonería y de los enemigos de las Patrias (sobre todo de la nuestra), sabemos que quedará mucho por hacer.

Y tampoco sería justo dejar todo arreglado a las generaciones que nos siguen. Ni justo ni posible. Ellos también querrán aportar algo. Y nosotros no vamos a poder arreglar el destrozo de tantos siglos en un par de semanas o meses. Por una vez seamos maduros, en línea con nuestra edad, dejemos las chiquilladas y el egocentrismo, ayudemos a la sociedad, a Cataluña, a España, en estos momentos críticos, demos ejemplo y usemos nuestra madurez, nuestros conocimientos, nuestro oficio, nuestras virtudes, nuestro amor por España que tantos años ha madurado en nuestro interior, y trabajemos unidos por esa grandeza que soñamos y que tiene que llegar.

Los que me conocéis sabéis bien lo que cuesta escribir todo esto. 
Lo que odio a los partidos políticos. 
Lo que detesto a los Borbones y su maldita sangre. 
Lo poco que creo en este absurdo y falso sistema político. 
Pero no hay vuelta de hoja.

Es ahora o nunca. Y lo sabemos todos. Hasta yo.







viernes, 25 de septiembre de 2015

Empieza el Camino 2015

Como pone en el título, empieza.

Es decir, salgo mañana hacia tierras riojanas para emprender la marcha anual.

Pero ya que he conseguido atraerte, aprovecho para recordarte lo que España espera de ti el próximo domingo. 

En tus manos está salvar nuestra historia milenaria.

Del Camino ya hablaré a mi vuelta. ;-)


Visca Catalunya! ¡Viva España!






lunes, 22 de junio de 2015

Catalunya es casa teva

Ayer me pilló al descuido el anuncio que el supuesto gobierno de la autonomía catalana (digo supuesto por lo de gobernar, porque por lo que nos consta a todos,  en los últimos años la Generalitat ha hecho de todo menos gobernar, siempre y cuando no nos refiramos a la 4ª acepción de la RAE, que dice lo siguiente: 4. tr.  Manejar a alguien, ejercer una fuerte influencia sobre él.), lanzó a principios de año en su anual campaña de promoción turística, dirigida sobre todo al turismo del resto de España. Turismo de cercanía que por cierto le es imprescindible para subsistir y poder afrontar sus enormes gastos en temas tan importantes para la sociedad catalana como las embajadas ninguneadas en el mundo o la compra de pitos (a través de alguno de sus intermediarios subvencionados) para insultar al Rey, a la bandera común y al Himno Nacional Español. Dinero que necesita recaudar con suma urgencia, ya que el que recibe a raudales del resto de España no alcanza para sus prioridades manipuladoras, ni obviamente para solucionar temas nimios y secundarios como la Sanidad, la hambruna infantil o el deficiente transporte público, pero tampoco son estos asuntos prioritarios para la banda de Arturo y los 40 Pujoles. Su parque móvil es amplio, como bien sabemos, comida no les falta, aunque se limite a las humildes viandas del Semon y en cuanto a la salud no creo que tengan problemas de asistencia médica privada y de calidad en los barrios altos de Barcelona en los que residen.


Lanza pues la Generalitat su campaña anual bajo el título “Catalunya es casa teva”, en cristiano “ven, gasta y lárgate”. Porque dudo que existan muchos compatriotas de esta santa tierra hispana que consideren "su casa" a un lugar en el que suceden cosas como las siguientes:
  • Que tus hijos no puedan estudiar en el idioma oficial de su país, el español.
  •  Que los rótulos en locales y servicios públicos estén en una gran variedad de idiomas, menos en español.
  • Que un presentador de la televisión pública catalana (por cierto con los sueldos más altos de todas las televisiones europeas) llame a los españoles “cabrones de mierda y panda de sarnosos
  • Que se inunde el paisaje de esta tierra tan bella con banderas partidistas y separadoras como lo es la inventada señera estrellada.
  • Que tus hijos sean excluidos de las actividades lúdicas escolares por llevar la camiseta de la selección nacional o la del RCD Español, club más que centenario fundado por catalanes en 1900
  • Que a grandes deportistas  españoles originarios de Cataluña se les insulte por mostrar la bandera nacional en las celebraciones de sus victorias
  • Que el “president” se mofe de los símbolos españoles en una final de Copa retransmitida a todo el mundo.
  • Que una pseudo monja visionaria y otro espécimen argentino-extraterrestre con hábitos e ínfulas de sabiduría insulten a diestro y siniestro sin que nadie les pare los pies, ni el gran Papa Francisco del que tanto esperamos algunos.
  • Que a los niños se les manipule desde su más tierna edad con historias inventadas y se les inculque el odio al español como si todo el que sea de allende del Ebro fuera Satán encarnado
  • Que se prohíban las fiestas taurinas “españolas” de tan larga tradición en Cataluña pero permitiendo al mismo tiempo las “animaladas” que se realizan en los, estos si, milenarios “correbous”  catalanes.
  • Que los partidos en el poder hayan robado a destajo durante más de 30 años, no se arrepientan, se vanaglorien de ello y encima sigan ostentando cargos y mangoneando a la clase trabajadora
  • Que…
  • Que..

Me parece que no hace falta seguir.  En mi “casa” o en aquellos lugares en los que me siento como en casa, y que son casi todos los que visito, no sucede nada de lo antedicho. Ni se me insulta, ni se me menosprecia, ni se me ataca, ni se me persigue.  Ni en Madrid, ni en León, ni en Burgos, ni en Colmenar Viejo, ni en Pradoluengo, ni en Francia, ni en Sevilla, ni en Valencia, ni en Inglaterra, ni en Alemania, ni en Italia, ni en las Vascongadas.., creo que ni en Marte me tratarían así (si ahí existiera vida y alguna cosa de las que nos han contado los yanquis en los últimos siglos fuera verdad).

Igual lo más parecido a Cataluña que pudiéramos encontrar ahora en cuanto a hospitalidad y simpatía serían las partes de Irak e Siria controladas por el Estado Islámico. Pero no tengo pensado irme ahí de vacaciones. Ni a Cataluña.

Y eso que es mi tierra, que nací en la calle Copérnico de Barcelona, me crie en la Avenida de Sarriá, fui al colegio en la Avenida del Doctor Andreu, ahora Tibidabo,  y en Esplugas, estudié en Pedralbes y la Diagonal,  veranee en la Costa Brava, tengo una casa en la Costa Dorada y sueño muchas veces con los parajes tan bonitos que tiene mi añorada Cataluña.



Es tan esperpéntico y ridículo todo que ya ni el vídeo de Epi y Blas explicando lo que es el separatismo catalán me hace gracia. Y mira que antes me hacía sonreír.

¿Cataluña nuestra casa?

Anda ya..

miércoles, 9 de octubre de 2013

Idiomas que unen, lenguas que separan

Cuanto me duele ver una sociedad plurilingüe, como lo es la española, tirar por la borda las bondades y las ventajas que ello supone, por simples intereses crematísticos, temporales y anacrónicos.  Más aún cuando los propios impulsores de un monolingüismo uniforme y dictatorial, como en el caso de Cataluña, usan en muchos casos el idioma que quieren apartar o devaluar como lengua propia, tanto en su vida particular como laboral.  Es decir, que están mintiendo a los ciudadanos, pregonando una cosa pero haciendo totalmente lo contrario (un claro ejemplo de ello es la escolarización de sus vástagos en caras escuelas extranjeras y de renombre, a fin de evitarles el suplicio de una educación dirigida y anular con ello sus perspectivas laborales futuras). De ahí emana lo artificioso y antinatural de cualquier nacionalismo, que intenta utilizar bienes profundos, culturales e históricos para pescar en las aguas revueltas de una sociedad inculta y manejable. Sociedad la nuestra que, vistos los resultados del reciente informe de “Evaluación de la Competencia de los adultos" (Programme for the International Assessment of Adult Competencies ,PIAAC, en inglés), es más fácil de engañar, amaestrar y manipular que cualquier chimpancé de circo o caballo de la Escuela Española de Equitación de Viena.

Los idiomas, y lo he dejado patente en muchos de mis escritos, abren las mentes, facilitan la comunicación y el enriquecimiento personal, permiten conocer a tu interlocutor y su cultura, entender su manera de ser y de pensar, en definitiva, unen. Y como bien sabéis vosotros, mis pocos pero fieles lectores, puedo hablar con propiedad de estos temas, ya que he tenido la ventaja de criarme en un ambiente familiar trilingüe, al que a lo largo de mi vida y formación se han ido incorporando 3 idiomas adicionales, lo cual me permite hoy en día comunicarme y entenderme en 6 lenguas diferentes, en algunas con un nivel nativo, en otras con un nivel inferior, pero en cualquier caso muy superior al falso “nivel medio de inglés” que relumbra en la mayoría de los curriculums de los jóvenes españoles y que, según recientes estudios, es equivalente al nivel de un niño de 6 años del país en el que se habla el idioma en cuestión.

Todo esto viene a cuento de un episodio vivido este fin de semana pasado en Madrid, en concreto en la parroquia católica alemana de la capital, a la que asistí a misa dominical buscando un poco de recogimiento y un mucho de acercamiento al mundo germano del que he perdido contacto desde que me instalé en esta magnífica urbe llamada Madrid.  En un ambiente agradable, una iglesia preciosa y con bastantes fieles en las bancadas, la mayoría de ellos por cierto jóvenes con niños, los dos curas oficiantes me sorprendieron positivamente con una misa casi bilingüe, intercalando lecturas en español antes del Evangelio y rematando todo con una homilía interesante, y de nuevo bilingüe, comparando la expresión “Gnade” alemana con su traducción española “Gracia”. No entraré en más detalles sobre este discurso, pero sí que me quedo con la cara de satisfacción de todos, con la atención que prestaban grandes y chicos a las palabras del párroco  y con el ambiente multicultural que impregnaba todo.

Si a esto sumamos la sorpresa final, en forma de “Oktoberfest” o “Fiesta de la Cerveza” que se celebraba en la sala anexa al finalizar la misa, y a la que raudo y veloz me apunté y conseguí convocar a unos cuantos amigos más, el día fue más que redondo.

Españoles bajitos vestidos de tiroleses, alemanes de considerable altura atendiendo a los clientes en un perfecto castellano pero con sus erres guturales que tanto me recuerdan a mi madre que en paz descanse, familias con hijos intercalando palabras y palabros en ambos idiomas, un camarero español pidiéndome ayuda al estrenar un barril de Paulaner, perdido ante la misión de llenar un Maßkrug alemán (jarra de litro), música folclórica a un volumen tolerable y alegría y bienestar por doquier, con mis amigos que se presentaron prestos y sin dilación a compartir unas jarritas y unas buenas salchichas; todo ello contribuyó a que me sintiera a gusto, sin esa tensión que impregna la vida diaria en España y Cataluña con sus disputas nacionalistas y partidistas, cortas de mira y poco humanas, haciendo mal uso de la historia, de la cultura y de los idiomas para separar en vez de unir.

Usando sus viperinas lenguas para fomentar el odio al foráneo. Al enemigo de turno creado de forma artificial para justificar sus propios actos e intereses ocultos.

Lo dicho, idiomas que unen y lenguas que separan.


Vaya diferencia

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jueves, 26 de septiembre de 2013

¡Queremos decidir, referéndum ya!

Aunque mi ex mujer me vuelva a tachar, con una cínica sonrisilla en la comisura de los labios,  de “españolito” por escribir este artículo, en línea con esa soberbia y complejo de superioridad de los progres de los años 60 y 70, fieros y valientes luchadores anti-franquistas (de boquilla) todos ellos, pero bien apoltronados hoy en día a la sombra de un sistema que dicen despreciar pero del que maman a borbotones y gracias al cual viven como reyes, es decir, como el otro pájaro borbollón y bribón que entre resbalón, revolcón y operación va esquilmando nuestras cuentas y nuestra buena imagen, sin cumplir con su deber de Jefe de Estado y sus responsabilidades marcadas en la Constitución (el artículo  2 del Título preliminar, para poner un ejemplo), no puedo dejar de escribir estas pocas líneas para descargar mi rabia y, quien sabe, igual abrir los ojos a alguna oveja descarriada

Y en lo que será un claro déjà vupara aquellos pocos lectores asiduos que tengo (ya escribí hace un año un artículo con el mismo título que, releído esta mañana, con toda modestia, me parece muy bueno), tengo que volver a insistir en el tema del tan cacareado referéndum y el “queremos decidir” de los separatistas catalanes.

Pues claro que queremos decidir. Si después de sufrir esta pseudo-democracia durante más de 40 años, de aguantar esta partitocracia antisocial y nada representativa, que lo único que ha creado es una casta de vividores incultos que se proclaman políticos, encima nos van a quitar lo único bueno que tiene la Constitución Española del 1978 (junto con el escudo que la encabeza, que sin duda va a ser proscrito con la interpretación que hagan los “imparciales” jueces del nuevo Código Penal), y que es la Ley Orgánica 2/1980 de 18 de Enero sobre la regulación de las distintas modalidades de referéndum, es decir, el derecho a votar de forma directa sin que por medio aparezcan los innecesarios partidos políticos (aunque desde el “backstage” lo sigan manipulando con los espacios publicitarios  gratuitos, proporcionales a su representación parlamentaria, que les otorga la misma ley), estaríamos apañados. Y eso que la única vez que voté, en concreto en  el referéndum del 1986 sobre la permanencia en la OTAN, el tiro me salió por la culata y del “de entrada  no” pasamos a ser puras marionetas de los yanquis en sus múltiples guerras,  inventadas y provocadas todas ellas para preservar su hegemonía económica mundial.

Los catalanes, los españoles, queremos decidir. Queremos que se plantee un referéndum con todas las de la ley, ya sea por el artículo 92, el 152, el 167 o el 168 de la Carta Magna, ceñido a las circunscripciones provinciales previstas, con un control férreo de la aplicación del artículo 14 sobre las campañas de propaganda, y una aplicación real del artículo 15 sobre la duración de la misma, que no deberá ser superior a veinte días (a diferencia de la campaña actual que lleva a cabo el aprendiz de rey Artur Mas, cuya duración ya suma varios años, cuando no decenios si contamos a sus predecesores).

Un referéndum en el que TODOS los españoles, los que viven en las provincias catalanas y los que habitan cualquier otra de las 50 provincias y 2 ciudades autónomas que componen nuestro Estado, puedan expresar libremente su opinión sobre la pertenencia o no de Cataluña a la nación Española (una pregunta por otro lado bastante estúpida en términos históricos y sociológicos, pero que por tan manida ha pasado a ser dogma ya no solamente para los “inventores de historias e historietas” catalanes sino también para el resto de los españoles).

Queremos una consulta popular en la que la pregunta que se plantee sea clara, concreta y libre de posibles interpretaciones malintencionadas (algo por otro lado harto difícil estando en manos de políticos su redacción).

Más aún cuando el ínclito Arturo está empezando a girar la tortilla, a manipular a la gente, cambiando el discurso anti España por el discurso anti Estado. Paso previo para lavar la cabeza a las serviles ovejas catalanas y convencerlas de que no se plantea la independencia de España sino la liberación del yugo y el constante robo por parte del Estado español (otra falacia demostrable con cifras, pero ocultada de forma consciente y continuada a la población catalana).

Sutil maniobra de pura mercadotecnia que inició ayer el tan poco honorable presidente de la Generalidad de Cataluña, en aras de cubrirse las espaldas y poder seguir negociando, a escondidas, sin luz ni taquígrafos, con Mariano Rajoy, otro gran culpable, junto con el Rey,  de la situación a la que hemos llegado por la desidia, los intereses partidistas y el poco patriotismo que inspiran en el fondo sus actuaciones.

Porque por mucho que nos vendan humo con su participación en el próximo acto unitario del 12 de Octubre en Barcelona tanto el Partido Popular como Ciudadanos, no hay ni un partido político (de los parlamentarios) que realmente busque el bien común, y en este caso mantener la unidad de España. Lo único que buscan es mantener su cuota de poder, su estatus y sus privilegios.

Lo demás, mentiras. Y lo siento por esos lectores míos que siguen engañándose a sí mismos con su apoyo a dichas entidades antinaturales. Ellos son conscientes  de esta verdad, pero se escudan en el mal menor, en la comodidad, en la imposibilidad de darle un vuelco a la situación, cuando es momento de revuelta y revolución, como bien proclaman mis admirados amigos del MSR.

Al PP, a Ciutadans, a UpyD y al PSOE les importa un santo rábano la unidad de España. 
Igual que a CiU, ERC y PSC les da igual lo que suceda con Cataluña. Todos ellos persiguen sus propios objetivos. 
Sus jugosos ingresos por no hacer nada. Su “dolce vita” a costa del resto de la sociedad.

Sus escaños, sus sueldos y sus inaceptables privilegios.

Que no os engañen, amigos míos.


¡Viva España!




lunes, 22 de julio de 2013

¿Españoles de mierda?

Poco honorable patria la nuestra en la cual las envidias, los celos, las artimañas, los rencores y los odios tribales son y han sido el motor de la involución de la sociedad, que ha pasado en pocos siglos de ser grande, conquistadora con intención creativa,  colonizadora con un claro y declarado objetivo de unión, evangelizadora con afán de aportar fe, consuelo y alivio y culturizadora con intenciones sumatorias e integradoras, a ser pequeña, ladrona y mezquina.

Y tal como avanza el siglo XXI me da a mí que cada vez será más pequeña, más pícara y menos noble. 

Hasta no ser.

Porque bien sabido es que no todos los habitantes de las provincias vascongadas son asesinos que pistola en ristre rematan por la espalda, o que certificado médico falseado en mano pasean su moribundo cuerpo en fase terminal de bar en bar disfrutando del “carpe diem” en un insulto continuo a todas las víctimas del terrorismo y a España entera;  también es notorio que no todos los andaluces se han beneficiado de EREs fraudulentos ni que se dediquen a vigilar cual perro de presa a sus vecinos para abalanzarse sobre sus predios a las primeras de cambio para arramblar con ellos a precio de saldo, cual subasteros mafiosos tan omnipresentes en nuestra piel de toro. Y tampoco creo que nadie pueda afirmar que todos los habitantes de Huelva, provincia de origen del ínclito tesorero, inversor y alpinista Bárcenas, se dediquen en cuerpo y alma a medrar, invertir lo ajeno, intermediar y cobrar comisiones, o a defender los intereses de regiones remotas, como hizo este bicharraco representando a Cantabria como senador, digo yo que algo lejos esta región de su pueblo natal como para conocer sus  necesidades y poder defender sus intereses con un mínimo de honestidad.

Y, aunque les parezca mentira a algunos separadores que se llenan la boca con la palabra España, personajes con cargos oficiales promocionando en teoría esa “Marca España” que engloba también a mi querida tierra natal Cataluña, resulta que no todos los catalanes son separatistas, ni silban al himno nacional en su tiempo libre, ni plantan banderas estrelladas en los patios de los colegios, ni se benefician de los millones defraudados en el caso Palau o en las concesiones de las iteuves, ni abren la puerta a la invasión islámica en la otrora salvaguarda del mundo occidental llamada Marca Hispánica. 

Vaya diferencia de “Marcas”.

Pero por desgracia en nuestra sociedad, entregada, conformista  y alelada, la tan cacareada y cacareante “minoría ruidosa” acaba siempre imponiéndose a esa “mayoría silenciosa” que calla (luego otorga). Y si encima que padecemos la dictadura de esa minoría ruidosa nacionalista, que controla el poder y los medios en importantes partes de España,  nos crecen los enanos con centralistas que no ven más allá de sus confines mesetarios, mal vamos.

La culpa es compartida. De todos. Y si la mayoría de los españoles optamos por la vida fácil, por cerrar los ojos, por seguir manteniendo a toda esta chusma con nuestros votos y nuestros impuestos, sin pedir un mínimo de decencia a los que nos representan, pues entonces no tenemos el mínimo derecho de quejarnos a estas alturas de que existan separatistas y separadores.

Perfiles ambos que buscan simplemente el enfrentamiento para conseguir sus sucios objetivos.

Incultos, manipuladores y vengativos ambos colectivos,  que  no pretenden otra cosa que su propia notoriedad y su ansiado bienestar a costa del esfuerzo de los demás;  alimentadores de prejuicios, leyendas y mentiras altisonantes lanzadas al aire para en su caída llenar el bolsillo de ruines políticos y cargos nombrados a dedo y poder así seguir pasando los lunes, martes y demás días de la semana  al sol sin hincar los codos y ponerse a trabajar por el bien común.

Eso sí, insultando (a poder ser en la barra del bar de moda ante unas gambas y una cerveza bien fresca), al inocente del barrio, pueblo o región vecinos, sin conocimiento de causa ni razón que lo justifique.

Digo yo que con tantas etiquetas circulando por el ciberespacio cual sentencias dogmáticas,  pero con menor alcance  y vida útil que cualquier mentira piadosa o programa electoral, el único “hashtag” que debería imperar en las redes sociales es el de #AmoaEspañaporquenomegusta.


¿Españoles de mierda?

domingo, 30 de junio de 2013

Ética y estética

Por muy manida, estudiada, descompuesta o interpretada  que esté la expresión “ética y estética”, análisis al que por razones obvias no me puedo sumar por no llegar ni por asomo a la capacidad intelectual necesaria para ello, el artículo de hoy del admirado Juan Carlos Girauta en ABC me ha inspirado para hablar un poco de estos dos conceptos.


Más aún cuando he llegado al párrafo final, en el que escribe: “Estamos hablando de nacionalismo, o sea: oscuridad, rechazo a la Ilustración (fotofobia), tendencia al bosque, a la noche cerrada, al excursionismo paramilitar, a los trasgos y endriagos, a las fogatas y a las guitarras mal tocadas, a los castillos incendiados, a las tempestades y a los naufragios.”

Cuanto me suena esto. No solamente por la realidad que estamos sufriendo en Catalunya (in situ o desde la lejanía),  sino por el retrato del nacionalismo (y, por cierto, de cualquier populismo, sea del signo que sea) y sus armas manipuladoras, estéticas y poco éticas, en forma de banderas, himnos, fuegos, juramentos y mensajes mesiánicos,  en la mayoría de los casos basados en medias verdades, historias sesgadas o directamente mentiras, como es el caso del nacionalismo catalán y su mega concierto “Por la Libertad” celebrado ayer en el Nou Camp, en el que la única parte ética detectable ha sido la renuncia de Pedro Guerra a participar por la “deriva soberanista” del mismo. Chapeau chaval, que se queden Ramoncín, Peret y los habituales actores invitados a los aquelarres separatistas (no los nombro ya que son los de siempre, con más años dando la vara que todos los episodios del NODO)  con su pobre estética trasnochada, para ti el premio de la ética en la noche ayer.

Y suerte que mi afición (y la de muchos de mis lectores) a la montaña y las fogatas queda descartada como “nacionalista” con lo de las “guitarras mal tocadas” de Girauta. Ahí tengo mi vía de escape para “escaquarme” y afirmar que somos diferentes, que la guitarra la tocamos bien y que nuestra estética incluye un mucho de ética. Y de verdad. Y de ganas de construir, no de destruir. De unir y no de separar.


La ética y la estética: siendo quien soy, siempre en el punto intermedio, ni rico ni pobre, ni tonto del haba ni intelectual, ni guapo ni feo (diferente, como decía mi madre que en paz descanse para consolarme), no puedo entrar a filosofar sobre estos conceptos, pero algunas cosas si que las tengo claras: ética sin libertad no existe, dado que ésta es un acto humano bien o mal realizado,  y la estética es la capa exterior, la que apunta a la emoción de las personas, no a la razón.

Simplificando mucho, sin duda alguna puede existir ética sin estética, pero a la inversa se me antoja imposible: una estética sin ética subyacente sería simplemente un disfraz, un maquillaje de un mal, de un hecho no ético. Simple regla de tres.

Como el concierto de ayer. Un hecho con mucha estética, que no parafernalia, y un cero absoluto de ética.
Desde el uso de fondos públicos, pasando por los mensajes, la historia manipulada, las pancartas, el regalo o subvención de las entradas hasta la transmisión “urbi et orbi” por los canales públicos, incluyendo el canal por satélite, para que hasta el último habitante de Nueva Zelanda puede ver que los trovadores catalanes siguen con la misma letanía que hace 40 años, que no avanzan, que son lo más retrógrado que te puedas echar en cara y que la ética la dejaron en el pupitre de su colegio para salir al mundo con la simple intención de manipular, medrar y robar en nombre de su milenaria invención que se caería por su propio peso si tuvieran los arrojos para convocar un referéndum real y democrático.

Mucho ruido y poca nueces, señor Mas. Al igual que su concierto “nacional” de ayer.

Demasiadas guitarras mal tocadas, poca ética y mucha estética de libro “La meva lluita (contra Espanya)”.

Y encima utilizando un bien como la música, una de las pocas cosas que une ética y estética.
Aunque no siempre.

Anda que os den. 

martes, 18 de junio de 2013

El bululú catalán

Hace pocos días volví a tropezar con una curiosa palabra en una de esas páginas web que me suelen ilusionar, dedicada a la investigación y cuidado de este rico idioma llamado español. Una lengua también denominada en ocasiones “castellano” para diferenciarla de los demás idiomas y dialectos que se hablan en España, a sabiendas que el castellano original dejó de hablarse hace muchos siglos. Nada criticable esta denominación, cuyo uso por cierto recomienda Manuel Seco en su “Diccionario de dudas y dificultades del castellano”;  y como yo siempre he defendido la grandeza de las sociedades plurilingües, como es el caso de nuestra querida península ibérica, a la que sus diversos idiomas y dialectos aportan cultura, historia y tradición,  enriqueciendo esa patria común forjada en siglos de historia deslumbrante y enriquecedora cuna de la civilización occidental, y base de nuestra herencia cultural que tantos niegan ahora sin ton ni son, pues no me parece mal hablar del castellano. Pero bueno, español o castellano, “tanto monta monta tanto”, como rezaba el lema de nuestro rey católico Fernando II de Aragón.
Y ya que hablamos de reyes, volvamos al origen de mi artículo y a su título. Palabra seguramente desconocida para muchos (por lo menos en mi caso), el bululú y sus dos acepciones en la RAE han rondado por mi cabeza desde ayer, por lo que mis ganas de compartir esta joya  con vosotros me han llevado a escribir estas líneas, y a decorarlas un poquito con la imagen que incluyo.

No me podréis negar que después de leer la definición y viendo esta foto sea normal pensar de inmediato en nuestro esperpéntico Arturo, ahora reconvertido en Artur al dejarse la “o” en casa para sus ratos íntimos y en familia, en los que, como bien es sabido, el idioma imperante es el castellano.


Así reza la definición de la Real Academia Española:

bululú.
1. m. Farsante que antiguamente representaba él solo, en los pueblos por donde pasaba, una comedia, loa o entremés, mudando la voz según la calidad de las personas que iban hablando.
2. m. Ven. Alboroto, tumulto, escándalo.

Leyendo esto quien osaría negarme que la prima acepción,  en un extraño “déjà vu”, se inspiró en las aventuras y desventuras, que no paranoias y alucinaciones, del ínclito “President de la Generalitat de Catalunya”. Empezando por lo de farsante, pasando por lo de él solo (y cada vez más sólo, por cierto), y acabando por lo de mudar la voz según las personas, en el caso de nuestro bululú patrio cambiando el discurso según el público ante el que esté actuando, parece que nos encontremos ante el acta bautismal de Arturo Mas Gavarró.
Y si pasamos a la segunda acepción, creo que no tendría folios (en nuestra era gigabytes de espacio en la nube) para repasar los alborotos, tumultos y sobre todo escándalos que ha generado, y sigue generando, el triste actor principal de esta comedia bufa denominada Govern de la Generalitat de Catalunya. 
Actor protagonista que de “Unuraple” (honorable en castellano) tiene menos que cualquier actor aficionado de hoy en día o juglar de épocas pretéritas.


Me da a mí que alguno de sus ancestros recorría siglos atrás los pueblos y aldeas de nuestra geografía acompañado de un oso bailongo, un forzudo deforme (¿de los Junqueras de toda la vida?) y algún pájaro más.



jueves, 13 de septiembre de 2012

Con libertad. Referéndum YA.


El presidente de la comunidad autónoma catalana, jurídicamente parte de la nación española (e históricamente, por cierto,  un Condado perteneciente a la Corona de Aragón) Artur Mas, aboga por un referéndum ante la “fatiga mutua entre Cataluña y España”.  De entrada, una mentira. No existe ningún tipo de fatiga mutua entre los ciudadanos de a pie de Cataluña y del resto España, lo que existe es una lucha sin tregua entre los políticos y los lobbies que manejan los hilos a un lado y al otro de esa nueva frontera,  inventada en ciento y pocos años de nacionalismo, y que está a punto de cristalizar en nuevas aduanas y casas de cambio de moneda  en  Alcarrás, Ulldecona, Calaceite y Pont de Suert, por mantener sus privilegios y sus pingües beneficios.

Todos ellos, los políticos de un signo u otro, los grandes banqueros y empresarios,  y los ideólogos inventores de mitos milenarios sacados de la chistera cual conejo en un “Hat Trick” , al mejor estilo de Tolkien o C.S. Lewis,  están   viendo las orejas al lobo al empezar a escasear esas “pelas” que tanta importancia tienen en cualquier nacionalismo. 
Que nadie se deje llevar por las engatusadoras palabras del demagogo de turno, por las leyendas fabricadas con alguna copa de más por historiadores de mente atrofiada, por la educación manipulada desde su raíz en colegios, centros excursionistas, agrupaciones folclóricas o clubes deportivos o por la repetitiva insistencia en un enfrentamiento inexistente por parte de los medios de comunicación afines.
El nacionalismo, no por definición sino por demostración histórica, no es más que una confabulación de unos cuantos listillos para sacar provecho a un enfrentamiento regional en aras de obtener privilegios para esa su minoría dirigente.  Y estando revuelto el río como lo está ahora toda Europa, y parte del universo, por culpa de la mala gestión política y económica de una Unión Europea que ha fracasado, y una economía del “quick win”, léase pelotazo, de las grandes corporaciones financieras, que ha llevado a la ruina a la mayoría de la sociedad, que mejor momento para pescar en ese rio más revuelto que los sentimientos de CR7 y arañar un poquito más de esos diezmos, hoy en día en forma de euros, que tanto satisfacen a las clases improductivas pero dominantes.
Tantos años de civilización, de evolución, no han conseguido acabar con ese sistema feudal que subyace a cualquier organización societaria: por mucho que se haya avanzado con la presunta democracia (según algunos, entre los que no me incluyo), con el estado social y de derecho, con la igualdad de oportunidades, con la libertad (¿Qué libertad, por cierto?), al final todo sigue igual: 
el listo que no trabaja y se enriquece a base de subyugar y dominar a una masa alelada que se cree a pies juntillas lo que el “señor” le diga. Ya sea el Obispo de Roma, el General Mostachón, el Compte de Viladeconills, el líder obrero liberticida, el ladronzuelo sindical o el Molt Honorable President de la Generalitat.  

Y como por desgracia el nivel cultural de las ovejas,  sean churras o merinas, es tan bajo como han querido que sea los que manejan el cotarro, pues a chantajear un poquito más (por Mas), a jugar con los nobles sentimientos de las berreantes masas,  que en su desconocimiento inducido asocian todos sus males al maléfico enemigo de turno que les han ido metiendo en su gran (pero vacía) cabezota a base de leyendas, manipulaciones y medias verdades, convirtiendo al vecino del quinto en el hombre del saco que les explota, les arruina, les roba el idioma, les viola a sus mujeres en la noche de boda rememorando el derecho de pernada (muy español, claro está), y les deja sin ganar la Liga de Fútbol, y a seguir el refranero y lo de “Barcelona (Independencia) és bona si la bossa sona.”  
En este caso hablar de secesión es bueno para poder apretar las clavijas al gobierno y sacar unas “pelas”.  

Nada más hay detrás de todo esto.

Que de esas “pelas”, tan amadas por los catalanes (hasta el punto que el origen de la peseta es su propia región), ya no quedan muchas, después de quedarse todas ellas por el camino de la comisión  institucionalizada (esos diezmos revividos), de la financiación de iniciativas absurdas y embajadas superfluas y del mantenimiento de los incontables medios del “Gran Germà (CCRTV)” para atontar al "ramát" y engañarles con la nunca pretendida independencia de España.

Pero como bien decimos en mi tierra, “S'atrapa abans a un mentider que a un coix”, por lo que simplemente pidamos un poquito de referéndum.

Con luz, con taquígrafos y con paridad en la aparición en los medios públicos y en los subvencionados.

Con libertad. Referéndum YA.  

sábado, 1 de septiembre de 2012

Mentiras


Las mentiras nos rodean, de eso no hay duda. Nos acompañan desde que nacemos hasta el momento de la muerte; y tanto para no creyentes como creyentes seguirán presentes en el más allá, cuando aquellos, incómodos por la nueva realidad, se echen en cara a sí mismos el haber dudado de la existencia de Dios y maldigan las mentiras de los teóricos del “Big Bang” y el Evolucionismo, y estos, si se diera el caso de que no hubiera nada después de la muerte,  tachen de mentirosa a su religión y de farsantes a sus ministros. Pero dejemos el más allá para mejor ocasión, ya que por suerte,o desgracia, seguimos habitando este planeta llamado tierra.  Ese planeta azul con sus poco sinceros habitantes y sus constantes mentiras. Todos los tipos de mentiras, desde las que hacen daño hasta las piadosas, las llamadas “white lies” en inglés (o Geschwindel y Flunkerei en Alemán). No entraré en más detalles sobre la categorización de ellas, de eso ya se encargó San Agustín, por lo que cualquier lector interesado puede recurrir a las palabras del Santo para conocer las ocho maneras que hay de no decir la verdad (según él).
Pero de lo que quería hablar en este inicio de temporada escolar, política y futbolística (escalas o divisiones temporales estas que en nuestro mundo occidental son las que mandan, frente a las estaciones naturales o religiosas de otras épocas y culturas), es de las mentiras que tenemos que tragar cada año, con la misma pesadez y repetición que las campañas publicitarias de la “Vuelta al Cole”, del “Ya es otoño en el Corte Inglés” y de la solemne apertura de sesiones del  “Club Social de los Mentirosos”, también llamado Parlamento.  La sede de esos personajes a los que tan bien definió ayer Clint Eastwood en el congreso del partido republicano: “los que en el fondo son empleados nuestros,que deberían de estar a nuestro servicio y ser despedidos en el caso de no cumplir con sus obligaciones.”  Como sucede en cualquier empresa. Menos en la malvada multinacional llamada “DemocraciaParlamentaria S.L.”.  Limitada en responsabilidades, obviamente, que no en prebendas y beneficios para sus empleados.

Y, a saber, algunas de las mentiras que tendremos que soportar en este Septiembre que se prevé agitado a más no poder, serán estas. Las listo sin comentario alguno. Allá cada uno con sus conocimientos y su sinceridad para negarlas. Algo harto difícil, digo yo.

  • La falsa heroicidad de Rafael Casanovas  en 1714
  • La supuesta guerra de secesión contra España
  • La existencia milenaria de los “Països Catalans”
  • El  cáncer terminal del asesino Bolinaga
  • Los conocimientos jurídicos de Garzón
  • Las promesas cumplidas de Rajoy
  • El altruismo de Sánchez Gordillo
  • La supuesta catalanidad del Barza frente a la verdadera del RCD Español
  • La honradez de la familia real
  • La carrera universitaria y la inteligencia de Urdangarín
  • La religiosidad de la monja Forcades
  • La honorabilidad de los políticos
  • La autoría de los atentados del 11-M (grave mentira que sigue ahí)
  • El paso más importante en la vida de Neil Armstrong según sus propias declaraciones (y que no fue en la Luna)
  • El amor sincero de la nueva esposa de Bernie Ecclestone
  • La supuesta auto-reproducción del dinero (cuando no cae del cielo, claro está)
  • La tierra mitológica llamada Euskalherria (menos real que la Comarca de los Hobbits)
  • La aversión social al toreo en Catalunya y las Vascongadas por un supuesto maltrato animal 
  • etc.
  • etc.


Lo dejo aquí. El ancho de banda de mi ADSL no es capaz de transmitir tanta mentira. Y menos aún a  la velocidad que me aseguraron cuando me lo vendieron (la mentira final).