Mostrando entradas con la etiqueta Barcelona. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Barcelona. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de mayo de 2022

Dame una sonrisa

 

There is a crack, a crack in everything
That's how the light gets in

(Leonard Cohen)


Preparar una fiesta sorpresa con 5 meses de antelación es algo complicado, sin duda. Más aún en estos tiempos que corren, en los que prima la inmediatez de tal modo que un chiste o una sonrisa duran menos que los míticos “peces de hielo en un güisqui on the rocks”. Pobres pececillos, por cierto, que siempre se derriten antes de tiempo por citarlos tantas veces. Y creo que en los últimos días los he gastado de por vida de tanto nombrarlos. Así no hay quien se tome una copa en condiciones. Y si encima te cuesta 8 euros (de eso hablaremos más adelante).

Y por culpa de esta antelación en la planificación del evento, las entradas y salidas de miembros al grupo creado para su organización fueron constantes. La montaña rusa de los sentimientos que vivimos la mayoría en nuestras vidas, quedó claramente reflejada en estos constantes vaivenes: hubo más movimientos en el grupo de Whatsapp que en la cuenta corriente de un ludópata. Que ya es decir.

Al final los más pragmáticos optaron por abandonar el grupo y esperar pacientemente hasta la fecha, mientras que los más implicados y sacrificados mantuvieron el tipo hasta el final. Gracias a todos ellos por el inmenso esfuerzo, que redundó en una gran fiesta de cumpleaños. 

En especial a Mamen, Marta, Ana y Eloy, verdaderos artífices del entrañable evento. Y que merecen nuestro gran aplauso y un eterno agradecimiento. Gracias majas y majete.

La fiesta tuvo, como cualquier suceso en la vida, sus luces y sus sombras, pero aquí no estamos para hablar de sombras ni tampoco he venido a hablar de mi libro: valga lo que sigue simplemente para relatar las partes alegres, divertidas, entrañables y hasta emocionantes que vivimos el sábado 30 de abril en un local de cuyo nombre no quiero acordarme. Las partes que recuerdo yo; las fiestas son tantas y tan diversas como personas que asisten, cada uno de nosotros la vivió de otra manera, tendrá sus recuerdos y sus anécdotas, pero por desgracia o por fortuna no soy ni omnipresente, ni tengo cámaras ocultas vigilando a la parroquia (como Rosi), ni conseguí jamás instalar el sistema de vigilancia Pegasus en vuestros móviles. Ahí van pues mis recuerdos…

Nota: aunque alguno me lo haya pedido, no pienso crear un audio libro con este pequeño artículo. Que los que me lo reclamaron o son muy vagos o simplemente lo piden para putear a don Emilio. 

La víspera del día D, tuve que romper mi germana y quizás ya senil norma de acostarme pronto, y esperar a Don Alberto, que se quedaba a dormir en Rommeland 3, mi nuevo refugio estilo Cuéntame, con sus camas empotradas, sus lámparas vintage, sus estampitas de la Virgen y su inmenso espejo con marco dorado. Y como no, su duro colchón, que no solo destroza mi espalda, sino que encima acaba con mis sueños. 

Llegó el invitado a su hora, con hambre y ganas de hablar. Pues dicho y hecho, adiós a la compra semanal, adiós al Rua vieja y bienvenidas las largas y entretenidas charlas (con pocas faltas ortográficas, como remarcó Alberto). “Y a dormir ya, que la fiesta es mañana”.

Empezó el día con eso que unos llaman casualidad, otros destino y los más modernos serendipia: puse mi emisora de referencia de la radio alemana, como entenderéis una acorde a mi edad, llamada “Oldies but Goldies”, y una de las primeras canciones que sonó fue “Lola”, de los Kinks. Primeras risas, sobre todo pensando en la letra de canción: ¿no hablará de mi Lola, verdad, don Ray Davies? Por no ser suficientemente divertido y sorprendente oír está canción, al poco sonó el “American Pie” de Don McLean, canción preferida de Mamen. Si esto no es destino, que baje Dios, lo vea y lo confirme. O admita que ha sido él.

Nos reunimos varios en el nuevo local social, el Envite, mezcla de psiquiátrico, parroquia, hogar del jubilado y bar al uso, con su tele, su tragaperras, sus tapas, su viejo gruñón y el habitual de cazalla matinal leyendo el MARCA al final de la barra. Alberto se atrevió a echarle un pulso a Constan, y nos plantamos en el local de la fiesta sorpresa por el 50 cumpleaños de don R. (sigo sin acordarme del nombre del local). 
Bonito reencuentro con los grandes (de cuerpo y corazón) amigos de Barcelona, con los queridos colmenareños, con los encantadores madrileños  y con todos los demás. Corta espera, operación ocultación en el castillo, y primer desencuentro con una de las protagonistas del evento: la mujer del pijama. Intenté colgar la bandera del Mágico y me negó el permiso alegando que ellos “no se podían posicionar con ninguna opción política”. ¿Dónde está la opción política en la bandera de tu patria o en la bandera de tu equipo de fútbol? Lerda. Y la fiesta ni había empezado. Vamos mal.

Y llegó el homenajeado. Aún no tengo claro si sabía algo, lo intuía o no. O si sabía que Mamen tenía tantos hermanos. Poco hablé con él durante la fiesta. Pero bueno, puso cara de sorpresa. Y de alegría. De eso se trataba. De sacar una sonrisa. A él, a todos.

A partir de aquí, música, alegría, fiesta, fotos, entradas y salidas a la terraza, y, el exquisito catering gourmet que nos sirvieron. Lo de exquisito y gourmet obviamente con retintín: vaya timo. No he querido ni recuperar la foto de la carta que aprobamos y bien pagamos. Poco, nada bueno y servido a desgana y con malos modos. Aquí llegó el desencuentro número dos con la susodicha: estando sentados fuera unos cuantos, en amena charla al sol, salió furibunda y casi gritando nos dijo que entráramos a comer. No pude resistirme y le llamé la atención diciendo que “los clientes somos nosotros, que se calme y que ya vamos”. Y a punto estuve de preguntarle si su pijama era la toalla del baño, robada en un hotel de Benidorm.

Si no le gusta la hostelería, que monte una funeraria. O se haga podóloga.

Después de la virtual comida (ni el filete que pidió Cris por ser celíaca tenía el mínimo nivel aceptable), llegó la hora del vídeo clip creado con mimo, estilo y gracia por Ana. Buen trabajo, guapa. Gracias en nombre de todos.

El vídeo, como digo, muy bonito, una buena banda sonora, fotos emotivas y vídeos graciosos, y con una sola pega: yo salía poco. 😊 Y a los que me silbaban desde el fondo, pues ya sabéis, ¡Bufones y orgullosos, oi!, por ello aparezco tanto. Por nada más. Bufones ya los había en la Edad Media. Y las mujeres barbudas. Y bardos. Y la vieja bruja de los gatos. Y osos (esto encima sigue siendo verdad, porque uno andaba por ahí. Encima muy bien amaestrado: sabía bailar, cantaba de maravilla y en varios idiomas y nos hizo pasar ratos geniales a todos. Como siempre. Pon un oso en tu vida. Y no el de Tous.

Ante la falta de verdaderas ganas de ver el partido de fútbol (por casualidad se enfrentaban nuestros dos equipos, por lo que un empate también nos iba bien), y siguiendo nuestra tradición de vieja escuela, cantamos lo de “que no nos gusta el fútbol, que nos gusta el bar” y adelantamos la hora del concierto. Encima así lo hacíamos coincidir con la hora de la barra libre, en la que miss Pijama la Borde nos volvió a sorprender cambiando de los buenos y fríos tercios de pago a las cañas templadas de barril en vaso de plástico. Y no quiero ni preguntar si el barril era Mahou o quizás Cruzcampo, ese líquido apto para todo, limpiar, fregar, derramar..., menos para tomar. En ese bar de cuyo nombre me estoy empezando a acordar. En este momento a ella sí que la acabé por bautizar. La Vinagre del Pijama. Que ni es de Modena ni es fina lencería.

El concierto de Edu, Iván y sus amigos estuvo genial, como era de esperar. Con una lista de canciones, un setlist, que me ocultaron hasta el último día, adecuado para el público presente, y una ejecución perfecta, cantamos, bailamos y desafinamos hasta reventar (hay algún video en el que los cánticos desafinados duelen más que el maullido del gato que está triste y azul). A petición del público, y como estaba escrito, el cincuentón nos cantó varias canciones, que todos seguimos emocionados.

Sesión de fotos, emociones, abrazos, y a partir de aquí, fiesta de las de verdad: grupos aquí, grupos allá. Sombra aquí, sombra allá. Beso aquí, beso allá. Alguien dice que cantaron lo de que se besen, que se besen. Yo no me acuerdo. De lo de los cánticos. De lo del beso sí. Y creo que fueron más que uno. O quizás lo soñé.

Grandes charlas en la terraza. una con Oxi sobre música, guitarras de 12 cuerdas y el “Wieder mal ’nen Tag verschenkt” de los Onkelz (Otro día desperdiciado), muchas, largas y entretenidas con Isra (le debí de dar mucho la lata, porque estuvo malo hasta el lunes), chanzas y chistes sobre los cantantes heavies ochenteros, su outfit y sus tatuajes (comparados con la espalda de Alberto, por ejemplo), gente entrañable, un chico que llevaba un logotipo del Real Madrid muy discreto en el pecho (yo cada vez lo veía más grande), una sesión particular de cante jondo y bailes populares por parte del Oso, el detalle de Fredy en regalarme la camiseta (gracias, líder), abrazos de extraños que me tocaron más en pocos minutos que mi ex mujer en 8 años…y ver a Sabio por una vez sin libro y conversando es impagable.

Una fiesta genial, aparición de personajes curiosos (uno mezcla de Paco Clavel y el Mago Tamariz), alguien vendiendo muñecas barriguitas, amores y desamores, sonrisas y lágrimas, un romántico 😉 paseo de vuelta hasta el coche, caminata que casi vale como una etapa del Camino de Santiago, y dos días para recuperarme y poder escribir esto.

Sonrisas hubo, por lo que algunos las dieron. O las dimos. Y besos. Que también dimos. Gracias a todos por el gran rato pasado.

Y no olvidemos lo más importante: lo que nos reunió en ese lugar de cuyo nombre estoy a punto de acordarme, fue el cumpleaños de Ramiro. Muchas felicidades cincuentón. Ya casi me pillas.

 

Dame una sonrisa…

 

P.D.: Ahora me acuerdo del nombre del puto bar. Se llamaba Cadillac Solitario. Digo llamaba porque la parte de Cadillac ya ha quedado eliminada. Desde ya se llama Solitario. Porque nadie tendría que volver ahí… que nosotros somos más del Simca 1000. De nuevo una rima. Estoy sembrado.

P.D.D.: Aclaración de la cita de arriba de la canción “Anthem” de Leonard Cohen, en sus propias palabras:

“En esta vida no se hacen las cosas perfectas, ni en el matrimonio, ni en el trabajo, ni en nada, ni en el amor a Dios, ni en el amor a la familia o a la patria. La cosa es imperfecta.

Y lo que es peor, hay una grieta en todo lo que puedes unir o armar: Objetos físicos, objetos mentales, relaciones, construcciones de cualquier tipo. Pero ahí es donde entra la luz, y ahí está la resurrección y ahí está el retorno, ahí está el arrepentimiento”.

P.D.D.Por si queréis colaborar con una causa muy, pero que muy justa, aquí podeís valorar el puto bar. No por el bar, más bien por el avinagrado y desagradable trato.



martes, 22 de septiembre de 2020

Alt Heidelberg

Leyendo con tristeza la noticia sobre el cierre (dicen que temporal, ojalá sea así) de una de las cervecerías más antiguas y entrañables de esa Barcelona que está despareciendo, perdón, que ya despareció, me asaltan nostalgia y rabia a partes iguales.

Nostalgia lógica por lo que simboliza este local para mí: nuestra casa familiar, llamada “Haus Heinz” en homenaje a mi abuelo muerto en la segunda guerra mundial, sigue en pie en Heidelberg (hace tres años tuve la suerte de poder volver a verla, aunque fuera desde el exterior); Heidelberg fue la ciudad en la que se casaron mis padres, yo pasé algunos veranos de mi infancia ahí, y cuando mis padres aún vivían, la visita a la entrañable cervecería era algo habitual, casi siempre después de asistir a un estreno en alguno de los cines cercanos. Salas de cine en las que por cierto no pagábamos, ya que la empresa fundada por mi abuelo paterno, Construcciones Martí, fue durante varios decenios la encargada de la construcción, reforma y mantenimiento de todos los locales de la familia Balañá, lo que incluía la mayoría de los cines y ambas plazas de toros de la Ciudad Condal.

Tampoco es nada que sorprenda. ¿Cuántos locales entrañables han desaparecido en estos últimos años en Barcelona? Incontables. Y no solo en Barcelona, lo mismo ha sucedido en Madrid y sin duda en el resto de las poblaciones españolas, pero en el caso de mi querida ciudad el declive ha sido tan drástico, triste y continuado, que a veces hasta me entran ganas de llorar.

Las causas son bien conocidas. La invasión de cadenas multinacionales, el nulo apoyo municipal o gubernamental, las cortapisas legales y fiscales, la degradación del centro de Barcelona, las modas y la maldita globalización y uniformización a base de McDonalds, Starbucks y demás templos del consumismo esclavo, igualitario, carente de calidad, de carisma, de historia y de encanto.

Ya podemos considerar un milagro que esta cervecería haya sobrevivido 86 años a tantos avatares históricos, a golpes de estado, a milicias rojas y anarquistas asesinas, a separatistas ávidos de sangre, a huelgas y revueltas, a diversas y duras crisis económicas, a la ocupación de la vecina plaza de la Universidad por la chusma populista y racista de las dementes huestes de Puigdemont y su banda de iluminados y por ende a la desgraciada, perniciosa y vomitiva alcaldesa Colau y sus continuas y destructivas idioteces, que por cierto seguimos sufriendo.

Si a ello sumamos la actual crisis que estamos sufriendo debido a una pandemia que en otros países se ha quedado en eso, en una crisis sanitaria dura pero controlable, pero que en nuestra santa tierra ha sido aprovechada por todos los seres malignos para hacer de las suyas, para desmontar, robar, denigrar, cambiar, inventar, destrozar, tergiversar y arrasar con todo lo anterior, por el simple afán revanchista y la búsqueda de su propio beneficio y placer, pues poco se puede hacer.

Rezar por que todo pase, por que vuelvan la sensatez, el estilo, la ética, la cultura, el orden, la higiene, la igualdad y la libertad. Y la entrañable cervecería Alt Heidelberg (que vuelva la bodega Víctor de Sarriá ya podemos dejarlo por imposible).

Claro que para ello tendrían que desparecer populistas, naZionalistas, iluminados, vagos, maleantes, violentos inmigrantes ilegales y los malvados e inútiles dementes que nos están desgobernando.

Y eso va a costar mucho. En Barcelona. En Madrid. En España. En Europa.

lunes, 21 de octubre de 2019

Del Mar Menor al mal menor


Podría haber sido peor, dicen por ahí los iletrados tertulianos, los vendidos periodistas, los maquiavélicos políticos, los guarros argentinos infiltrados en nuestras instituciones y demás especímenes que no aportan nada a nuestra sociedad. Y se entiende: los periodistas y tertulianos necesitan polémicas, incidentes, traiciones y violencia para seguir explotando el sufrimiento de muchos para su penosa algarabía; los políticos se agarran a sus votos (y con ello a sus sucios acuerdos con separatistas y terroristas) como garrapatas a la piel del animal, para seguir ocupando sus poltronas e ir sumando legislaturas que garanticen sus pensiones vitalicias; y finalmente la rancia y casposa izquierda radical, los antisistema, los okupas, los menas y demás lumpen que se aprovechan de la agitación social para dar rienda suelta a sus odios y su envidia y así llevarse una parte de la tarta, ya sea asaltando comercios, destrozando  mobiliario urbano o hiriendo a ciudadanos inocentes y a nuestros valientes y abandonados miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad. Entre ellos a Iván, un policía de 41 años y padre de dos hijos, que a estas alturas aún se debate entre la vida y la muerte sin que el racista Torra se haya preocupado por su estado. ¡Ánimo, Iván!


Hablamos de una importante región de España, Cataluña, pilar de nuestra patria común y motor económico durante muchos decenios. Y no por ser sus habitantes de raza superior y tener un ADN puro, ni por ser más hábiles, más laboriosos o serios: Cataluña ha liderado el desarrollo social y económico del Reino de España por un chantaje continuado, desde finales del siglo XIX hasta nuestros días, que siempre ha cristalizado en inversiones, subvenciones y ventajas fiscales. Todo con tal de no tener que sufrir el nacionalismo feroz, la violencia y la guerra civil que siempre han usado los adinerados burgueses catalanes como moneda de cambio para conseguir sus beneficios. Al estilo del tinglado que se sacaron de la manga los beodos hermanos Arana en las provincias vascongadas: un relato histórico inventado, una manipulación de la sociedad cautiva e iletrada gracias a la contraeducación continua, una constante y nada velada amenaza de muertes y violencia (como bien llevaron a cabo los terroristas de ETA que ellos alumbraron) y unos beneficios generosos para las acomodadas y clasistas familias dirigentes.

Como el símil que propongo en el título: nuestro querido Mar Menor. Abandonado por el poder central, explotado por múltiples administraciones cautivas de sus siglas partidistas y destrozado por intereses económicos de los siempre presentes familiares y amigos, hasta el punto de que han dejado sin oxigeno a todos los seres vivos, ahogándolos en su charca de favores, malas planificaciones, contaminaciones conocidas y toleradas y las múltiples obras inapropiadas. El afán de riqueza y el nepotismo contra el medio ambiente. El afán de poder y el nepotismo contra la mayoría de la sociedad catalana. El Mar Menor arrasado, el mal menor que según los políticos han sufrido Cataluña y en especial Barcelona.

Mientras sigan en libertad y con poder ejecutivo los animadores socio culturales y dinamizadores de la demente revuelta catalana, léase Joaquím Torra y su corte tractoriana, sostenida por las ovejas abducidas encuadradas en los CDR, los antisistema tolerados por Colau e importados de toda Europa y los menas traídos por las mafias negreras oenejetas cómplices de la burguesía catalana, poco cambiará. 

Como si se tratará de una sesión de “Design Thinking”, tan de moda en el mundo empresarial, pero a la inversa: sesiones de trabajo en común (de ahí "los Comunes") para ver como destrozamos un proyecto que ha costado siglos y siglos en ser construido.

Y encima el maldito y demente Torrá tiene el inmenso morro de anunciar a bombo y platillo que pasadas las elecciones del día 10 de noviembre liberará a todos los golpistas sentenciados.

Y si lo anuncia es porque es muy consciente de los triunfos que tiene en su mano: sus votos y los de los demás partidos separatistas serán cruciales y necesarios para que Pedro Sánchez vuelva a desgobernar España. Y ese caramelo al falso doctor no se lo quitará nadie, aunque para ello tenga que dejar a la mayoría de los catalanes sin oxígeno. Como si fuera el Mar Menor. Y siendo para ellos un mal menor. Peor sería que perdieran el poder, sus sueldos, sus privilegios y su estatus social.

¡Qué más da que se mueran millones de peces!

¡Qué más da que arruinemos la vida a cinco millones de catalanes!


P.D. Suerte que la otra Cataluña, la mayoritaria, la que es tan catalana como española, sigue viva. Por lo menos en el estadio del RCD Españyol, último reducto deportivo que sigue resistiendo ante el acoso nacionalista. Y eso que la directiva tampoco está por la labor. Suerte que nuestra masa social sigue siendo ejemplar.





lunes, 30 de octubre de 2017

Ahora o nunca: por España.


Para los que llevamos más de medio siglo amando a Catalunya y con ello a España (que es lo mismo), y unos cuarenta años luchando sin descanso por unos ideales nobles y eternos, por la patria y la justicia, lo que está sucediendo estos días es una liberación. Y una culminación. Aunque en el fondo sea triste lo que está sucediendo, muy triste, Dios (o el destino) nos ha dado la oportunidad de estar en la lucha final por algo que llevamos defendiendo y gritando a los cuatro vientos desde nuestros años mozos.

Y es ahora, en este preciso y delicado momento, cuando tenemos que asumir y defender todo lo que hemos proclamado y gritado en estos decenios: lo de “España, una grande y libre”, lo de “Patria, Justicia, Revolución”, lo de “no nos engañan Cataluña es España” o lo de “Dios, Patria y Justicia”. Por poner algunos ejemplos de lemas tantas veces coreados, pintados en las paredes, impresos en pegatinas y hasta tatuados sobre nuestra piel.

Ya no valen excusas, ni finuras dialécticas, ni purismos partidistas. En caso contrario todo quedará en agua de borrajas. Si realmente estos eran y siguen siendo nuestros ideales, si verdaderamente buscamos el bien común, la igualdad entre los españoles, la justicia social y la grandeza de nuestra patria, estado, nación o lugar habitual de residencia, llamadlo como queráis, ya no caben siglas, disputas, interpretaciones complejas, anacronismos clamorosos o violencia gratuita sin ton ni son. Ni el tan usado “y tú qué, y yo más”. A la mierda con todo ello.

La lucha ya no es de bar, ni de tertulia, ni de bonitos escritos que emocionan pero no aportan, ni de elecciones bajo 30 siglas diferentes, ni de ser el más malo de la película, ni de tener más razón que el en teoría camarada sentado a nuestro lado, ni de hablar de contubernios, tejemanejes, infiltrados, de los otros y de nosotros. O vamos de la mano o se nos escapará la ocasión de culminar un sueño. De conseguir acabar con las separaciones artificiales que han acechado a nuestra Patria desde hace varios siglos. Las que bien conocéis todos. Las que han llevado a menos a España: los separatismos, los corruptos partidos políticos y la falsa lucha de clases que no esconde nada más que envidia y un egoísmo absoluto, que busca simplemente darle la vuelta a la tortilla y llegar al poder para hacer lo mismo, o cosas peores, que los actuales gobernantes.

Tomemos como ejemplo los discursos de ayer en Barcelona. Aunque nos duela por quien los ha pronunciado.O nos cueste asumirlo. Los de Borrell y Frutos. El excelente de Freixas. Los parlamentos de todos ellos. Aunque en nuestro egoísmo y terrible complejo de superioridad queramos seguir montados en nuestro caballo blanco, el más puro y blanco de todos, el único y verdadero, el de la salvación definitiva de esa España que tanto decimos querer.

Abramos los ojos, miremos a nuestro alrededor, aportemos nuestros millones de granos de arena a esa causa común que tanto decimos querer. 

Luchemos por España. Aquí y ahora
.
Tiempo nos quedará a algunos (si no fallecemos en los próximos años), o en su caso a nuestros hijos y nietos, de avanzar y culminar esa obra majestuosa que es la lucha por unos ideales. 

Porque bien sabemos todos que después de salvar a España (ahora o nunca), aunque sea bajo un sistema pseudo-democrático que no nos gusta, aceptando una corrupta partitocracia que conocemos y por eso detestamos desde pequeños, manteniendo a reyes felones que no nos van ni nos vienen, aguantando a una falsa Europa en manos del capital, del sionismo, de la masonería y de los enemigos de las Patrias (sobre todo de la nuestra), sabemos que quedará mucho por hacer.

Y tampoco sería justo dejar todo arreglado a las generaciones que nos siguen. Ni justo ni posible. Ellos también querrán aportar algo. Y nosotros no vamos a poder arreglar el destrozo de tantos siglos en un par de semanas o meses. Por una vez seamos maduros, en línea con nuestra edad, dejemos las chiquilladas y el egocentrismo, ayudemos a la sociedad, a Cataluña, a España, en estos momentos críticos, demos ejemplo y usemos nuestra madurez, nuestros conocimientos, nuestro oficio, nuestras virtudes, nuestro amor por España que tantos años ha madurado en nuestro interior, y trabajemos unidos por esa grandeza que soñamos y que tiene que llegar.

Los que me conocéis sabéis bien lo que cuesta escribir todo esto. 
Lo que odio a los partidos políticos. 
Lo que detesto a los Borbones y su maldita sangre. 
Lo poco que creo en este absurdo y falso sistema político. 
Pero no hay vuelta de hoja.

Es ahora o nunca. Y lo sabemos todos. Hasta yo.







lunes, 9 de octubre de 2017

Dame unas Ray-Ban y me harás feliz (BCN, 8 de Octubre 2017)


Una crónica del 8 de Octubre.

Como suele ser, el título de un artículo, novela, obra de teatro, estudio o ensayo intenta resumir el contenido del mismo, dar una pista sobre lo que sigue o bien buscar la sorpresa y la curiosidad del lector. Como en un eslogan publicitario o en un lema de campaña. En mi caso la inspiración ha sido doble: por un lado un final de jornada emotivo con unas gafas Ray-Ban volando por los aires en otoñal alegría delante de la Delegación de Gobierno en Barcelona con las Fuerzas de Seguridad del Estado mirando entre incredulidad y divertida complicidad y por otro lado un artículo en "El Mundo" del como siempre genial Pepe Albert de Paco sobre la manifestación de ayer, en el que por pura casualidad aparecen otras gafas Ray-Ban en un contexto similar.

Ocho de octubre de 2017, en Barcelona, Cataluña, España (no añado Europa por el nulo aprecio que tengo a esa ruin unión económica destructora de la auténtica civilización Occidental. Tema sobre el que hoy no quiero escribir para no estropear el momento).

Ocho de octubre de 2017, fecha de la que sin duda se hará pingüe uso (corrijo, ya se está haciendo) con buenas y menos buenas intenciones. Como en su momento con el “Espíritu de Ermua”, al que el Partido Popular ya quiere equipar con el 8-O, algo nada sorprendente y que acabo de ver en la prensa. Ya estamos. Es quizás lo único negativo que diré del día de ayer, pero tengo un extraño retortijo en mis entrañas de que la euforia sentimental inicial y el uso interesado de la jornada acaben en los anales de nuestra historia como otro bonito intento de salvar a España (y van tantos), impulso que a los pocos meses se diluye como cualquier juvenil amor de verano. 
Ojalá no sea así y se convierta en un amor sincero, adulto y longevo. Y no digo eterno porque bien sabemos que amores de esos existen pocos. Y menos con tantos intervinientes y tantos intereses externos.

Tras una decisión nocturna y repentina de asistir al acto de Barcelona y encontrar de milagro una plaza en autocar gracias a las redes sociales, al amigo Nacho y sobre todo a la existencia de un sorprendente grupo en Facebook creado el 3 de octubre, hace apenas 6 días, para promocionar el acto del 8-O. Grupo que a día y hora de estar escribiendo estas líneas tiene 386.148 miembros. Y en este caso no hay hackers rusos usando bots para manipular los datos, no es TV3% hablando de la asistencia a un acto de la ANC, ni son los perfiles falsos de Podemos inundando las redes con machacones mensajes hasta cansar o subyugara al personal: es decir, manipulando. 

No señores, son personas reales. Como tú y yo. Habitantes de Cataluña. Y de España. Que viene a ser lo mismo. Que ya cansa lo de hablar de catalanes por un lado y españoles por otro. Son catalanes por un lado y otros españoles por el otro. Que ser catalán es ser español. Como lo es ser gallego, extremeño, vasco o madrileño. ¿Cuesta tanto asumirlo? Y ya no digo entenderlo. Bien sabemos que hay mucho lumbreras por ahí que no tiene esta capacidad intelectual. Y no quiero nombrar a los rufianes. Todos los conocéis.

Un duro viaje nocturno, entre extraños (a excepción del amigo Nacho, más las nuevas amistades (encantado Oscar) que nacieron en la última fila del autobús, para mí el lugar tradicional en cualquier desplazamiento, mezcla de confesionario, púlpito y refugio) y con un chófer o bien cansado o bien poco preparado para un viaje nocturno, dando intermitentes bandazos y que acabó comiéndose una señal y dejar el frontal del autocar con mejor aspiración que cualquiera de los últimos coches de Fernando Alonso, la aventura culminó con una entrada festiva por la Diagonal, sonando los clásicos de cualquier evento lúdico/patrio con el añadido del Mediterráneo de Serrat. Canción y persona que a mí personalmente no me dicen mucho, y menos en este entuerto y a estas alturas, pero que tampoco voy a criticar ahora cuando está en camino de convertirse en el himno de esta nueva revuelta patria. 

Solamente falta que hagan una remasterización y saquen un doble CD con los “Mayores éxitos democráticos” para ganarse unos doblones, con perlas como “Libertad sin ira” de Jarcha, el “Habla pueblo habla” de Vino Tinto y la imprescindible y cansina “Puerta de Alcalá” de Ana y Victor. Aderezado todo con el himno del PP como Bonus Track.  Y no quiero ser malpensado. Hoy no. Mañana, Dios dirá.

Pero todo cambió. De la noche al día. De la oscuridad entre extraños al brillante sol barcelonés entre amigos, camaradas, jóvenes, menos jóvenes y también las futuras generaciones españolas en sus cochecitos acompañando a sus ilusionados padres. Como la guapa Candela y otros cientos o miles (2 o 3 decenas según TV3%) de niños y niñas de Cataluña. Y en el recuerdo todos los que nos han dejado y que hubieran disfrutado del día con y como nosotros. Hermanos, abuelos, padres, amigos y camaradas que no han podido disfrutar de una jornada inolvidable. Como Marc Bonastre, Carlos Oriente, el pequeño pero gran padre de Rocío y también el mío, fallecido hace un año y que a su manera me imbuyó el amor a España, su diversidad y sobre todo su unidad. Seguro que todos ellos hoy sonríen un poco más, allá donde estén.

Como no podía ser de otra manera partimos de la Plaza Artós de nuestro querido barrio de Sarriá, punto de encuentro y cuna del levantamiento popular contra los enemigos de Cataluña, de España y de la sensatez. Como si fuera Móstoles un día cualquiera del mes de mayo. Y como bien glosó hace unos días mi estimado Juanjo en su artículo sobre los “Héroes de la Plaza Artós. No hace falta que añada más a lo que él escribe. Claro y sobre todo real. Muy real. 

Tan real que la bajada desde la zona alta de Barcelona hasta confluir con el resto de los miles de manifestantes (de cifras ni pienso hablar, estoy por encima de trileros y manipuladores. So many steps beyond) fue de los momentos más emotivos vividos en los últimos años. Centeneras de jóvenes acompañados por algunos adultos (como yo mismo) que nos debatíamos entre el estupor, la sana envidia y el orgullo de poder formar parte de esta explosión popular por la que hemos luchado tantos y tantos años. Una reacción que nace de la verdad, de la pureza de los sentimientos, la alegría desbordante de la juventud y la cultura e inteligencia de la que por desgracia otros tantos carecen.
IN - INTE- INTELIGENCIA. Un grito que desconocía, coreado durante el precioso paseo por lo que antaño fue mi cuna, mi barrio y mi vida y que me hizo sonreír y añadirlo a mi repertorio de forma inmediata. San Juan Bosco, la Diagonal, Francesc Macía (oficialmente, aunque siempre la llamaremos Calvo Sotelo), más Diagonal, saludos a voz en grito al Grande de España y tan poco español Conde de Gódo que tan poco ha hecho y menos está haciendo por España, encuentro con más amigos en el cruce con Aribau y unificación con los millares de manifestantes en el Paseo de Gracia. Como bien dijo Nacho: “Vaya puta locura”.

Cantando sin parar los ya conocidos “En pie, si eres español”, “Catalunya es España”, “Catalanitat es hispanitat”, “Yo soy catalán, catalán y español” y el básico, necesario y legalmente exigible “Puigdemont a prisión” (¿Inane Rajoy, a qué demonios esperas?) los 4,5 km de caminata con esta columna de jóvenes luchadores por la normalidad, la sensatez, el respeto y la tan clara y mayoritaria hispanidad de Cataluña fueron eso, una bendita locura.



Por no hablar del reencuentro con tantas y tantas personas queridas. 
Como era de esperar fue imposible abrazar y besar a todos (ni a mi propia familia que andaba unida por las calles de nuestra ciudad y a la que pidiendo disculpas tengo que saludar desde aquí), ni tomar las preceptivas cervezas y recuperar en tan pocas horas los 6 años de ausencia, solamente interrumpidos por cortas y muy esporádicas visitas.

Gracias a Dios, y pese a haberme quedado con las ganas de poder reencontrarme con muchos más de mis amigos, el resto de la jornada con Alberto, Paco, Carlos, David y Rocío fue tan bonito como las impresionantes estampas de mi querida Barcelona teñida de rojo y gualda y las cuatro barras.


Y para rematar, el reencuentro (que ya relato al principio) con mi “sobrino” Manel,  puso el broche de oro a un día inolvidable. Abrazados delante de la delegación del gobierno, con las Ray-Ban volando por los aires y estrellándose en el suelo ante la incrédula, risueña y cómplice mirada de policías y Guardias Civiles que llenaban las aceras y las terrazas vecinas, la realidad superó cualquier sueño.

Estaba en Barcelona, el sol brillaba, la gente sonreía, cantaba, bailaba y gritaba “Viva España” y “Visca Catalunya”, como algunos llevamos haciendo desde hace tantos años. Pero con una gran diferencia: estaba vez estaba rodeado de miles, cientos de miles de personas. De aquí y de allá. Sobre todo de aquí. Por mucho que los adoctrinadores de siempre quieran manipular la verdad. Y usen fotografías de otros años y otros actos. Y censuren, corten y tergiversen. Me la trae al pairo. Los conozco. Son los de siempre. Los malos.

Como malos son los partidos políticos que ya están haciendo suyo este movimiento popular nacido en la mayoría de los hogares catalanes que han dicho basta al racismo y a la imposición de mentiras,  disfrazándolas de históricas y mayoritarias, con la bien engrasada maquinaria del poder del 3% y sus politizados y vendidos medios.

Para no nombrar al patético e impresentable titiritero Pablo Iglesias apareciendo por Barcelona sin que nadie le hubiera invitado. A medrar y mentir como siempre. Así le fue a su vuelta en el AVE. “Ratas a la carrera” como acertadamente se titula un tuit que muestra el vídeo en el que se ve al maldito intoxicador corriendo y escabulléndose por la estación del tren ante el acoso de la verdadera España a la que no ha conseguido engañar.

Y, por favor, no nos olvidemos de una cosa: esta manifestación no la organizaron los partidos políticos. Ni Ciudadanos, ni el PP, ni el PSC ni nadie.

Fue la sociedad civil, el pueblo español, el de Cataluña y el del resto de España, que se levantó diciendo hasta aquí hemos llegado. Como en Móstoles. Como en el Bruc.

Y que llenó las preciosas calles de la Ciudad Condal de vida e ilusión. De valor y de inteligencia. De banderas de amor y no de odio. De todo lo que no aportan los otros, los de la imposición del pensamiento único, las mentiras y los intereses ocultos cubiertos por sucias banderas de latrocinio y traición
.
Seamos pues ingenuos. Cual jóvenes enamorados. Soñemos con la alegre primavera que a inicios de otoño nos ha deparado esta jornada inolvidable, como bien la ha definido mi amigo Miguel Angel.

Mañana ya despertaremos.


P.D. Un agradecimiento especial a todos los catalanes de corazón de otras partes de España que nos acompañaron en este despertar del seny. Y de la verdad. Y a los anónimos organizadores de los intempestivos pero necesarios viajes a mí querida ciudad natal.









jueves, 26 de septiembre de 2013

¡Queremos decidir, referéndum ya!

Aunque mi ex mujer me vuelva a tachar, con una cínica sonrisilla en la comisura de los labios,  de “españolito” por escribir este artículo, en línea con esa soberbia y complejo de superioridad de los progres de los años 60 y 70, fieros y valientes luchadores anti-franquistas (de boquilla) todos ellos, pero bien apoltronados hoy en día a la sombra de un sistema que dicen despreciar pero del que maman a borbotones y gracias al cual viven como reyes, es decir, como el otro pájaro borbollón y bribón que entre resbalón, revolcón y operación va esquilmando nuestras cuentas y nuestra buena imagen, sin cumplir con su deber de Jefe de Estado y sus responsabilidades marcadas en la Constitución (el artículo  2 del Título preliminar, para poner un ejemplo), no puedo dejar de escribir estas pocas líneas para descargar mi rabia y, quien sabe, igual abrir los ojos a alguna oveja descarriada

Y en lo que será un claro déjà vupara aquellos pocos lectores asiduos que tengo (ya escribí hace un año un artículo con el mismo título que, releído esta mañana, con toda modestia, me parece muy bueno), tengo que volver a insistir en el tema del tan cacareado referéndum y el “queremos decidir” de los separatistas catalanes.

Pues claro que queremos decidir. Si después de sufrir esta pseudo-democracia durante más de 40 años, de aguantar esta partitocracia antisocial y nada representativa, que lo único que ha creado es una casta de vividores incultos que se proclaman políticos, encima nos van a quitar lo único bueno que tiene la Constitución Española del 1978 (junto con el escudo que la encabeza, que sin duda va a ser proscrito con la interpretación que hagan los “imparciales” jueces del nuevo Código Penal), y que es la Ley Orgánica 2/1980 de 18 de Enero sobre la regulación de las distintas modalidades de referéndum, es decir, el derecho a votar de forma directa sin que por medio aparezcan los innecesarios partidos políticos (aunque desde el “backstage” lo sigan manipulando con los espacios publicitarios  gratuitos, proporcionales a su representación parlamentaria, que les otorga la misma ley), estaríamos apañados. Y eso que la única vez que voté, en concreto en  el referéndum del 1986 sobre la permanencia en la OTAN, el tiro me salió por la culata y del “de entrada  no” pasamos a ser puras marionetas de los yanquis en sus múltiples guerras,  inventadas y provocadas todas ellas para preservar su hegemonía económica mundial.

Los catalanes, los españoles, queremos decidir. Queremos que se plantee un referéndum con todas las de la ley, ya sea por el artículo 92, el 152, el 167 o el 168 de la Carta Magna, ceñido a las circunscripciones provinciales previstas, con un control férreo de la aplicación del artículo 14 sobre las campañas de propaganda, y una aplicación real del artículo 15 sobre la duración de la misma, que no deberá ser superior a veinte días (a diferencia de la campaña actual que lleva a cabo el aprendiz de rey Artur Mas, cuya duración ya suma varios años, cuando no decenios si contamos a sus predecesores).

Un referéndum en el que TODOS los españoles, los que viven en las provincias catalanas y los que habitan cualquier otra de las 50 provincias y 2 ciudades autónomas que componen nuestro Estado, puedan expresar libremente su opinión sobre la pertenencia o no de Cataluña a la nación Española (una pregunta por otro lado bastante estúpida en términos históricos y sociológicos, pero que por tan manida ha pasado a ser dogma ya no solamente para los “inventores de historias e historietas” catalanes sino también para el resto de los españoles).

Queremos una consulta popular en la que la pregunta que se plantee sea clara, concreta y libre de posibles interpretaciones malintencionadas (algo por otro lado harto difícil estando en manos de políticos su redacción).

Más aún cuando el ínclito Arturo está empezando a girar la tortilla, a manipular a la gente, cambiando el discurso anti España por el discurso anti Estado. Paso previo para lavar la cabeza a las serviles ovejas catalanas y convencerlas de que no se plantea la independencia de España sino la liberación del yugo y el constante robo por parte del Estado español (otra falacia demostrable con cifras, pero ocultada de forma consciente y continuada a la población catalana).

Sutil maniobra de pura mercadotecnia que inició ayer el tan poco honorable presidente de la Generalidad de Cataluña, en aras de cubrirse las espaldas y poder seguir negociando, a escondidas, sin luz ni taquígrafos, con Mariano Rajoy, otro gran culpable, junto con el Rey,  de la situación a la que hemos llegado por la desidia, los intereses partidistas y el poco patriotismo que inspiran en el fondo sus actuaciones.

Porque por mucho que nos vendan humo con su participación en el próximo acto unitario del 12 de Octubre en Barcelona tanto el Partido Popular como Ciudadanos, no hay ni un partido político (de los parlamentarios) que realmente busque el bien común, y en este caso mantener la unidad de España. Lo único que buscan es mantener su cuota de poder, su estatus y sus privilegios.

Lo demás, mentiras. Y lo siento por esos lectores míos que siguen engañándose a sí mismos con su apoyo a dichas entidades antinaturales. Ellos son conscientes  de esta verdad, pero se escudan en el mal menor, en la comodidad, en la imposibilidad de darle un vuelco a la situación, cuando es momento de revuelta y revolución, como bien proclaman mis admirados amigos del MSR.

Al PP, a Ciutadans, a UpyD y al PSOE les importa un santo rábano la unidad de España. 
Igual que a CiU, ERC y PSC les da igual lo que suceda con Cataluña. Todos ellos persiguen sus propios objetivos. 
Sus jugosos ingresos por no hacer nada. Su “dolce vita” a costa del resto de la sociedad.

Sus escaños, sus sueldos y sus inaceptables privilegios.

Que no os engañen, amigos míos.


¡Viva España!




miércoles, 10 de octubre de 2012

12 de Octubre. Toca España.


Estamos a escasas 48 horas de celebrar, un año más, la “Fiesta Nacional de España y Día de la Hispanidad”, denominada en los demás idiomas de nuestra patria Festa Nacional d'Espanya, en catalán y en valenciano, Festa Nacional de España en gallego; Espainiako Jai Nazionala, en vascuence y Hèsta Nacionau d'Espanha, en aranés.
No se trata de una fiesta facha, de derechas, ni de una fiesta centralista, de la gente de Madrit, como gusta pronunciarse en Cataluña el nombre de la capital, ni menos aún de una imposición de una fuerza colonial sobre regiones conquistadas a sangre y fuego por los enemigos españoles. Se trata simple y llanamente de celebrar nuestra pertenencia a una milenaria nación en un día tan simbólico como es el 12 de Octubre, día en el que en el lejano año del señor de 1492 un marinero andaluz, Rodrigo de Triana, gritó “¡Tierra a la vista!”, hecho que cambio la historia de toda la humanidad y que contribuyó al crecimiento del Imperio Español y de toda la civilización occidental.


Milenaria nación forjada a base de conquistas y de reconquistas, de uniones y separaciones, de reyes y presidentes, de generales y parlamentarios, de héroes y de mártires, pero, al fin y al cabo,  patria nuestra en la que hemos nacido y a la que pertenecemos todos y cada uno de los andaluces, murcianos, vascos, catalanes, gallegos, extremeños, madrileños, castellanos, leoneses, navarros, riojanos, ceutíes, melillenses, canarios, valencianos, mallorquines y asturianos. Y hasta aquí llego con las lecciones de historia.
No es lugar ni momento para entrar en largas y tediosas discusiones sobre la conquista del Nuevo Mundo, sobre la leyenda negra vertida sobre España por el mundo anglosajón, sobre el franquismo y su utilización del concepto de España como opresor de la libertad de los ciudadanos españoles y como unificador forzoso y forzado de ideas y  sentimientos diversos,  o sobre pretendidas nacionalidades históricas previas a la común, historias estas en la mayoría de los casos inventadas y tergiversadas por una minoría que simplemente busca su propio provecho.  Para discutir sobre estos temas, que son historia y por lo tanto, pasado,  hay mejores foros y momentos más apropiados.

Hoy toca hablar de presente y sobre todo de futuro.

Toca hablar de una nación que, en pleno Siglo XXI,  pertenece a un ente superior,  llamado Unión Europea, en el que tenemos que defendernos panza arriba para no ser arrollados por los intereses de las grandes potencias del continente para no convertirnos en siervos del primer mundo.
Toca hablar de una nación que tiene que liberarse del yugo de los partidos políticos y sus intereses, que nunca coinciden con el bien común por la propia definición contra-natura de un partido político.
Toca hablar de una nación que tiene que deshacerse de los separatistas, que lo son por puro  interés económico, y de los separadores que lo son por puro desconocimiento de la realidad de una España grande y plural.
Toca hablar de una nación que tiene que recuperar la senda de la seriedad, del trabajo, del esfuerzo, de la ejemplaridad, de la cultura y de la valentía; todos ellos rasgos de nuestra nación que fue forjada con el esfuerzo de ilustres personajes: escritores, guerreros, pensadores, filósofos y hasta grandes reyes y militares.
Toca hablar de nuestra España real, de una España en crisis, de una España a la que le sobran muchas garrapatas y vividores y a la que le faltan líderes reales, sinceros, entregados a una causa común.
Toca hablar de una nación venida a menos por la incultura de la mayoría, alelada por medios de comunicación de intereses oscuros y esclavizadores; hundida por el pelotazo de constructores y banqueros; y arruinada por los gastos superfluos de nuestras administraciones, con funciones duplicadas y multiplicadas por ene regiones y una legión de asesores amigos improductivos.
Toca hablar de una nación en manos de “sectas”, “mafias” o “castas” que simplemente persiguen su propio beneficio y supervivencia, sin tener en cuenta a la ciudadanía y sus necesidades reales.
Toca hablar de una España con ciudadanos que aporten valor frente a los vividores del valor añadido cero.

Toca hablar de la España real, de ti, de tus hijos y de tus futuros nietos.

Toca proclamar a los cuatro vientos que somos Españoles, con mayúsculas, herederos de una historia; y hacer llegar nuestros cánticos orgullosos a todos los rincones de nuestra amada Piel de Toro, en catalán, en castellano, en vascuence,en gallego o en aranés, es decir, en un idioma español.

Dentro de 48 horas toca España. Toca 12 de Octubre. Nos toca a todos.