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lunes, 19 de agosto de 2024

Customizados

 


 

“Encontrarse”, para el moderno,
quiere decir disolverse en una colectividad cualquiera.
Nicolás Gómez Dávila.

 

Los que me conocéis sabéis lo poco que me gusta que la gente use palabras foráneas en vez de españolas, cuando tenemos uno de los idiomas más ricos del mundo. Más aún cuando la persona en cuestión no tiene ni papa de idiomas. Entiendo que en muchos casos se trata de modas, de “imposiciones” del mundo globalizado en el que vivimos, de la mercadotecnia, de la dictadura de las marcas o del pensamiento único. Pero sigue sin gustarme. Ni doy likes en vez de decir que me gusta, ni siento cringe sino alipori y tampoco tengo crushes por amores no correspondidos.

Y, por supuesto, no customizo mi moto, mi coche, mi casa, mi móvil, mi mochila o mi ropa. En todo caso personalizo mis posesiones. A la antigua, con parches, con pegatinas, con elementos decorativos, con nuevas combinaciones de colores, con remiendos o con complementos.

Por ello siempre siento pena cuando leo la palabra customizado, ya sea para una moto, un plan de pensiones, un exótico viaje o el paquete de televisión por cable. Pero todo esto en el fondo son minucias, modas, y al final esta palabra extranjera se integrará en nuestro idioma español, igual que la tan similar tunear, usada sobre todo para vehículos, aunque todos sepamos que lo que más se tunea hoy en día son los propios cuerpos, con cirugía estética, con tatuajes o con múltiples filtros aplicados a las fotografías que alegremente distribuimos por las redes sociales. Engañando al mundo, eso sí. Que luego encima evitamos conocer en persona para que no se descubra el pastel.

El verdadero problema de esta supuesta personalización es que te están uniformando. Te hacen creer que algo está creado o adaptado a tus necesidades, tus sentimientos, tus filias, cuando simplemente te están categorizando, llevándote al huerto, como decimos por esta santa tierra, haciéndote creer que vas a ser diferente, único, y en el fondo no pasas a ser más que un elemento anónimo de un grupo específico, uno más de una masa uniforme, inducida, guiada, manipulada y dominada. Eso sí, customizada. Olé mis huevos. Yo soy diferente. Y una mierda.

Pasó con los hippies en los años sesenta con sus vaqueros y la cinta floreada al pelo “be sure to wear some flowers in your head”, con los progres y su kufiya palestina en los 70, con las chirucas de color  granate de los separatas kumbayas catalanes de los 80, con el paso al look casual y deportivo de los hooligans ingleses también en los 80, dejando atrás las Martens y las Bombers, hasta llegar a la culminación de este proceso de uniformización y dominación que sufrimos hoy en día, que ya ha dejado de lado la parte exterior, la apariencia, el look&feel, para apropiarse de lo más importante y personal de todo ser humano, sus sentimientos, sus conocimientos, sus ideales, sus valores: su mente.

Y en eso están, en eso se resume el tan cacareado movimiento “woke”, compuesto por todos los “ismos” imaginables, desde el feminismo (en vez de la femineidad), el ecologismo (frente a la ecología), el globalismo (frente a la globalización, de la que los españoles somos los únicos y verdaderos precursores), los múltiples géneros frente a la realidad biológica de los dos sexos, hasta el fascismo, que es todo aquello que no encaja en esta “customización” de la población, urdida en siniestros antros por malignos seres que solamente persiguen el control absoluto de la sociedad.

Simplemente hay que ver lo que está pasando en estos últimos meses en el Reino Unido, con la persecución de la libertad de expresión para permitir la imposición del islamismo, en Alemania con la implacable persecución del disidente que no quiere ser customizado por el buenismo pro inmigración y el ecologismo antinuclear que ha traído la ruina al país, en Francia con su perversa olimpiada anti cristiana o en España con la ocultación de la invasión y la violencia de los bárbaros que sufrimos cada día, sustitución racial y religiosa organizada por toda la mafia que son los partidos políticos, marionetas de los amos de Bruselas, las ONG, los traficantes de esclavos y hasta la Iglesia, que mira a otro lado mientras el mal se apodera de Occidente.

O cedes a esta imposición, o irán a por ti.

O te dejas customizar, creyendo en tu inopia que eres libre y diferente, o acabarás barrido de la faz de la tierra.

lunes, 20 de mayo de 2024

De alegría también se llora

 


Los fines de semana siempre son especiales: no trabajas, no tienes que madrugar al día siguiente, puedes dedicarte a leer, escribir, pasear, escuchar música, ir a misa, ver a tus amigos, disfrutar del vermú sin prisas ni pausas, sufrir con tu equipo de fútbol (en mi caso claro, siendo perico del RCD Español ), ir a un concierto, visitar un museo o asistir a un acto político. Esto último es lo que tocaba este pasado fin de semana. Tocaba Vistalegre.

No creo que pueda haber un nombre más apropiado para este palacio de congresos del barrio de Carabanchel de Madrid, por lo menos cuando el que organiza el evento es VOX. En cambio, cuando le dan mal uso y lo medio llenan corruptos socialistas, retrógrados comunistas, dementes woke o cualquier otra deformación humana, bien podrían cambiarle el nombre, por Vistatriste, por ejemplo. O por pocilga, ciénaga, museo de los horrores, cementerio, cloaca o frenopático. Pero este fin de semana pasado reinaba la felicidad. Y la vista, alegre.

Una alegría que se reflejaba en las caras de todo el mundo, de lo asistentes, de los oradores y hasta de los camareros de los bares cercanos. Estos últimos obviamente por la recaudación. Pero no solamente por razones crematísticas. Hablé con varios de ellos (lo que significa que visité varios bares), casi todos inmigrantes hispanos, y estaban más que encantados. Porque nuestra felicidad era también la suya. Si viven en nuestra tierra será por algo: abandonaron sus países de origen para labrarse un futuro mejor en la madre Patria, huyendo todos ellos de regímenes socialistas nefastos, dictatoriales, violentos y malvados. Para luego tener que aguantar a un psicópata dictador socialista en España. Mira que es tener mala suerte. Como bien reza en los abanicos que repartían nuestros hermanos cubanos: “España, despierta, los cubanos venimos del futuro”. No dejéis de seguirles y apoyarles aquí. Ellos están haciendo lo mismo por nosotros. Porque saben bien de que va el socialismo.

Y no estaban solos los cubanos: ayer, en el palacio de la alegría, se juntaron españoles de todas las provincias, además de argentinos, nicaragüenses, mexicanos, ecuatorianos, chilenos, salvadoreños…; blancos, mestizos, mulatos y negros. Altos y bajitos. Guapos de cara y bellos de espíritu. Unidos por la libertad. Unidos contra el malvado socialismo. Ese latente hispanismo que significa libertad, igualdad, prosperidad y justicia y que ninguna leyenda negra inventada por los bárbaros herejes del norte de Europa puede mancillar. Ni ningún rojo de mierda puede destrozar, por mucho empeño que ponga. Al final, la verdad triunfa.

El reencuentro con amigos de toda la vida, sumado a las nuevas amistades nacidas al calor del sol madrileño y la frescura de las cervezas, fue, como siempre, genial. Y no se trataba de idolatrar siglas o personas, ni de pesados discursos, ni de adoctrinamiento político: todo eso lo dejamos para los otros, los zurdos que tienen que pagar autobuses y regalar bocadillos para llenar cualquier minúscula plaza y que ni con el apoyo de todos los medios de comunicación comprados son capaces de movilizar a más de 300 personas en la plaza de Colón. Por algo será. La mentira tiene las patas muy cortas. Y si encima le sumas la manifiesta incapacidad y la corrupción de la izquierda, pues pasa lo que pasa. Que la alegría se marcha cantando a Carabanchel, mientras el odio, la suciedad, la violencia y la tristeza se quedan en Colón.

Ahí estaban Santiago con cinco de sus nueve hijos, Chiquillo, Juan Garriga, Enrique Moreno, Gerardo, Jordi, Pope, Juanjo Aizcorbe, Cristina Tena, Alejandro, Nekane y Alba, Almudena y Fede (gracias por la sudadera Almu), y tantos otros que seguro que alguno se me olvida.

E hice nuevos amigos, como los encantadores cubanos Duamiex y Yadi, los divertidos maños con Cristina al frente (y con algún rácano discutiendo el precio de la cena), y otras más de 15.000 personas sonriendo, bebiendo, comiendo, hablando, disfrutando del día y de la esperanza que significa VOX para España.

Y, como comentamos en varias de las improvisada tertulias, los que ya pintamos canas no estábamos ahí por nosotros, sino por los hijos, por los nietos, por poder dejarles en herencia una patria próspera, libre, unida y justa.

Una patria que consiga deshacerse de corruptos, de malhechores, de invasores, de violadores, de nacionalistas racistas, de terroristas. Una patria que sueña con un futuro mejor para las generaciones venideras. Una patria que dice no la retrógrada y corrupta izquierda. Una patria que no quiere psicópatas corruptos ni ministros incapaces. Una patria que quiere progreso, justicia y libertad. Lo mismo que quieren nuestros hermanos de allende los mares, que tuvieron que dejar su patria para encontrar la libertad en España. Y que no se merecen salir de sus dictaduras para encontrarse de nuevo con el demonio rojo encarnado en Pedro Sánchez y su banda de malhechores.

Y, como era de esperar, hubo muchas sonrisas y alguna lágrima. De ilusión. De esperanza. 

De alegría también se llora.

¡Viva la libertad, carajo! ¡Viva el VIVA!



 

lunes, 6 de mayo de 2024

La nostra Catalunya

 

Don Justo Conde Esteve

En la foto, Don Justo Conde,  autor de los diseños de los trofeos por encargo del Sr. Meler.


Mi infancia son recuerdos de mi querida Barcelona,

y un barrio libre a pies del Tibidabo;

mi juventud, cincuenta años en tierras catalanas”.

 

Ante las próximas elecciones del 12 de mayo en Cataluña, tenía que escribir algo. Y hasta me he permitido parafrasear a don Antonio Machado, nuestro gran poeta sevillano, al que el infame, corrupto y demente Pedro Sánchez hizo nacer en Soria, en una más de sus carencias culturales. Por no hablar de las (carencias) éticas y morales.

Como bien sabrán la mayoría de mis lectores, el torneo de fútbol “Nostra Catalunya” se celebró entre los años 1974 y 1990 en el estadio de Sarriá, organizado por el Real Club Deportivo Español. Hablamos de una época en la que el RCD Español era la principal, que no única, resistencia al pensamiento único y sucio, al naZionalismo y al separatismo fomentado por la corrupta burguesía catalana, y cuya principal bandera de enganche era el FC Barcelona, un club racista y clasista fundado por un suizo y mantenido y premiado a base de chantajes, corruptelas y engaños durante toda su negra historia. Y para luchar contra esa dictadura nazionalculerda, se organizaba este entrañable torneo, en el que se daba relevancia y presencia a otros equipos catalanes, como el Gimnàstic de Tarragona, Girona FC, UE Lleida, la UE Sant Andreu o el CE L’Hospitalet.

Eran tiempos en los que el himno del RCD Español era bilingüe, en el que ser catalán no significaba dejar de ser español, en el que la libertad y la tolerancia se respiraban solamente por encima de la Diagonal, mientras que en la parte oscura de Barcelona, maquinaba el rancio separatismo en busca de prebendas y beneficios para las cuatro familias adineradas de siempre, las mismas que bajo Franco se alinearon con el régimen. Siempre buscando el beneficio de unos pocos a costa de la pasividad y la ignorancia de muchos. Lo que viene a ser el nacionalismo.

Pero, quién lo iba a decir, cuarenta años después, la sociedad catalana, tan española como la de cualquier otra región del Reino de España, se ha quitado de encima esa losa que significa el nazionalismo excluyente, y se ha lanzado a las calles con valor y alegría, a luchar por lo que es de todos, a recuperar esa Cataluña que nos han querido robar pero que jamás doblegarán.

Y viendo la campaña electoral de VOX, la emoción que me embarga es mayúscula. No por ser las siglas de un partido, que como bien sabemos todos suelen ser algo temporal, como sucedió con Ciudadanos, sino por la ilusión que desprenden sus protagonistas, por la realidad y la verdad de su discurso, por su lucha incansable contra la degradación de esta parte de nuestra patria tan bella pero tan manipulada por sucios intereses nacionalistas. Tan sucios que prefieren una Cataluña en manos de islamistas violentos, de violadores y ladrones, antes que abandonar su demencia separatista, recuperar el “seny” y volver a ser esa preciosa parte de España.

Pero nuestra Cataluña, la nostra Catalunya, está resurgiendo cual flor en primavera, gracias al empeño y la lucha sin cuartel de muchas personas, mayores y jóvenes, que no aceptan ni aceptarán jamás la rendición ante el poder oscuro del sucio naZionalismo. Me enorgullece sobremanera ver a tantos amigos de infancia y de juventud alzando la bandera de la libertad y la igualdad, como si fuera el año 1980. Y ahí siguen, impasibles, inquebrantables, leales, apoyados por esa juventud catalana que no ha sucumbido a las barbaridades y mentiras vertidas durante tantos años por intoxicadores, por racistas, por corruptos y por terroristas.

Quien de nosotros, los “exiliados” por una razón u otra, no echa de menos las excursiones a Poblet o al Montseny, comer en Santa Fé o en “Los Patos” en Viladrau, subir a Calella a disfrutar de las habaneras, pasear por las Ramblas, bajar, sin miedo a ser atracado, a la granja de Chiquillo, jugar en el Turó Park, subir al Merbeyé, parar en Barbero o en el Mandri, disfrutar de unas mixtas en el Tomás de Sarriá, tomar una jarra de litro en el Pippermint, o simplemente subir por la Diagonal hasta la Rosaleda disfrutando de un soleado día primaveral. Por no hablar de visitar a una de mis tías, ya sea en la calle Escuelas Pías, en Doctor Ferrán o en Vilafortuny.

Comprar en el mercado de Galvany, ir a misa de Gallo en la iglesia “Redonda”, comer un arroz en la Barceloneta, pasar la tarde en el Víctor con los camaradas, tomar unas cañas en el Vaso de Oro, ir al Juan Sebastián Bar, jugar a billar en el bar Velódromo, cantar canciones en el Cau, asistir a una capea en Tortosa, comer calçots en Valls, ir a cazar y comprar aceite en Lérida… una lista interminable de recuerdos de infancia, de juventud, de toda una vida alegre y dichosa en una región tan amada como es Cataluña.

Mi tierra, nuestra tierra, vilipendiada, utilizada y destrozada en los últimos cuarenta años por aquellos que se arrogan un catalanidad pura, racial, excluyente y por ende sucia y maligna.

No, señores, esa no es “la nostra Catalunya”.

La Cataluña que vamos a recuperar es todo lo anterior, todo lo que llevamos dentro, es nuestro pasado y será, sin duda, nuestro futuro.

Y ese futuro pasa por votar en conciencia. No hace falta ni que diga a quien.

lunes, 22 de noviembre de 2021

Más allá del egoísmo

Nunca me ha dado por estudiar el budismo, ni el hinduismo, ni el vudú, ni el confucionismo ni cualquier corriente filosófica foránea y exótica ajena a mis raíces cristianas. Lo poco que sé sobre estos temas es lo que me proporciona mi básica cultura general y algún pequeño escarceo juvenil por la historia de las religiones. ¿Y a qué viene esto? Pues al título que le he dado a este artículo: después de teclearlo me ha dado por buscarlo en la Red, y, como no, existen libros y artículos varios con idéntico epígrafe. Como no podía ser menos. Encontrar alguna combinación de varias palabras que no aparezca en el único y todopoderoso buscador Google es misión imposible. Hace años hasta existía un concurso para lograr tal hazaña, el Googlewhacking. Pero hasta ahí llegó mi búsqueda, todo lo que sigue es cosecha propia. El que tenga interés, que busque y compare. Como si fuera detergente. Y recibirá el Colón directamente en vena.

Sin duda la mayoría de los mortales tenemos una prioridad en la vida: nuestro bienestar y nuestra propia supervivencia. El YO en mayúsculas. Llamémoslo “ley de la selva” o simple lógica. Pero a partir de este básico instinto animal, los comportamientos y las prioridades de cada uno divergen cual rayos solares en todas direcciones. Desde el altruista y sincero trabajador social entregado al bien común (excluidos aquí obviamente los oenejetas del clima o del tráfico humano disfrazado de inmigración de refugiados) o el padre de familia trabajador incansable, abnegado y fiel, hasta el malvado, insensible y egoísta traficante, mercader, presidente de la comunidad vecinos, entrenador, encargado de la barra del bar, guardia jurado, director ejecutivo, alcalde, ministro, gobernador, secretario general de partido, presidente de gobierno o dictador. Y entre estos dos extremos andamos todos. Aquí nadie puede tirar la primera piedra. Quizás la hubiesen podido lanzar la Madre Teresa de Calcuta o San Juan Pablo II. Y pocos más. Nota: después de publicar esto me corrige mi hermano sobre la Madre Teresa. No somos nadie.

Y en estos aciagos días de pandemias y gobiernos totalitarios perdidos entre dudas científicas, presiones

comerciales e imposiciones de organizaciones internacionales de oscuro pasado e intrigante presente, ese instinto animal de sobrevivir se hace tan visible en nuestra sociedad que hasta la selva amazónica parece a su lado el Parque del Buen Retiro. Y se ve reflejado en nuestra vida diaria: estamos inmersos en una constante y terrible lucha de todos contra todos, guiados o manipulados por los medios de comunicación de un extremo y otro, con las dañinas redes sociales como instrumento de propagación de las diversas y contrapuestas verdades. La mera posibilidad de realizar un análisis objetivo de cualquier tema, por ejemplo de la efectividad de las vacunas o de la legalidad de las medidas adoptadas por los gobiernos o autoridades locales, ha desaparecido. La prevalencia de la única verdad impuesta por las hegemónicas empresas tecnológicas a través de las redes sociales, los buscadores o los agregadores de información, aliada al mismo tiempo de gobiernos y lobbies, hace prácticamente imposible acceder a datos objetivos, estudiar y comparar, valorar o despreciar y llegar a una conclusión fundamentada. Ni aislándote en un monasterio cual eremita, o encerrándote voluntariamente en la mayor biblioteca del mundo, serías capaz de acceder a la información necesaria para hacerte una idea de cualquier tema. Menos aún de publicar, propagar o hasta comentar tu fundada opinión. La lucha de David contra Goliat hoy en día siempre tendría un mismo ganador: el opresor y forzudo contrario encarnado por el poder absoluto de esa araña manipuladora que envuelve toda nuestra existencia. Y que inyecta su veneno a dosis planificadas y escalonadas. Para conseguir sus objetivos. Es decir, de la minoría que controla la vida y las mentes de la mayoría. Esa mínima parte de la humanidad que en aras de sus propios y egoístas intereses deciden sobre el presente y el futuro del resto de la sociedad. Y hasta sobre el pasado, cuando lo ven necesario. Todo vale para adoctrinar a los ciudadanos, maquetarlos según el molde decidido y esclavizarlos sin que, en su borrega inocencia, se den cuenta. Como la frase tan manida en las redes: “no tendréis nada, pero seréis felices” , usada por una pequeña pero alerta disidencia contra el pensamiento único. Muy pequeña. Insignificante y condenada al fracaso en esta desigual batalla. Lamentablemente.

El ente superior que nos domina, esa nueva religión de consumo a cambio de ciega y muda sumisión, decide quién es el bueno y quién es el malo, qué personas tienen derecho a la libertad y cuales no, que escritor merece un premio o qué versión manipulada e interesada de la historia contar.

Y esto va más allá del egoísmo natural, del buscar el propio bien o la supervivencia de los tuyos: va de imposición, de intolerancia, de segregación, de difamación: en resumen, de tiranía absoluta. Algo que hace decenios aun se veía imposible, pero que gracias a la tecnología y la concentración de poder en pocos (y malos), ha conseguido llevar a nuestra civilización al borde del precipicio. A la involución frente a la evolución de millones de años. A la oscuridad frente a la luz de la cultura y la ciencia. A la negación del pasado, la manipulación del presente y la planificación de un futuro negro para la mayoría y tutifruti para unos pocos y malvados egoístas.

Como bien decía Charles Bukowski: "La tristeza es causada por la inteligencia. Cuanto más entiendes ciertas cosas, más desearías no comprenderlas".

Maldita agenda global. Malditos déspotas. Malditos seáis.



martes, 8 de octubre de 2019

Malditos seáis los que nos robasteis nuestra tierra.


Han pasado dos años desde el intento de golpe de estado de los secesionistas catalanes. Dos años que las personas normales, los españoles de Cataluña, o los catalanes de España, hemos pasado sufriendo, maldiciendo y aguantando el chaparrón incesante de una maliciosa minoría separatista que, usando los medios de comunicación públicos y amparados por el poder autonómico en clara connivencia , sigue haciendo la vida imposible al buen ciudadano de Barcelona, de Tarragona, de Lérida y de Gerona (si escribiera en catalán diría Lleida o Girona, pero no sería de recibo usar endónimos cuando en nuestra culta, amada y común lengua española existe el correspondiente exónimo). Y si además estas cuatro provincias son parte de España desde su propio nacimiento como condados del Reino de Aragón, qué os voy a decir…

Dos largos años que llevamos esperando por un lado una sentencia proporcionada y justa a los delitos cometidos (es decir, una sentencia dura por la gravedad de los hechos), pero también dos largos años en los que nada ha cambiado, en los que los partidos políticos, casi todos ellos, han ido variando su discurso, han comenzado a minimizar los hechos acaecidos en 2017 y todo el prólogo que empezó en 2011, y siguiendo sus propios objetivos de poder, de prebendas, de escaños y concejalías, con el fin último de influir en el poder judicial, de crear empatía hacia los golpistas y de ganarse el favor de sus futuros votantes pactando y negociando, han seguido vendiendo nuestra tierra y con ello nuestra alma al mejor postor. Como el repugnante enano Iceta. Y tantos otros.

Ya ni queda la infantil ilusión de Ciudadanos, que nació para ampararnos y ha acabado siendo parte del nefasto sistema, diluidos en guerras partidistas, con sus líderes bien colocados en Madrid y sus bases hartas de tanto veleta y tanto cuento chino.

Desde el piso familiar en la avenida de Sarriá o la casa en Roda de Bará, las tardes en el Turó Parc o subiendo por la Diagonal hasta la Rosaleda, las cervezas en el Pippermint o las partidas de billar en la sala de juegos de la calle Calvet, mis veraneos en Castelldefels, Cambrils, Calella de Palafrugell o la Escala, la casa familiar de vago recuerdo en Hospitalet o la de asueto veraniego con olor a ovejas y paseos a la fuente en Vallirana, las excursiones dominicales a comer costillas al Montseny o pato en Viladrau,  las paellas servidas en la arena de la Barceloneta, las subidas en vespa a Vallvidrera, los paseos por el Barrio Gótico con un suizo y unos melindros como premio, los cócteles en el Berimbau del Borne o las mañanas, tardes y noches en el campo de fútbol de Sarriá, hasta los años escolares en la calle Copérnico, la avenida del Doctor Andreu, ahora Tibidado,  y finalmente en Esplugas, todo ello, toda mi infancia, nuestra infancia, juventud y hasta edad madura, han pasado a mejor vida. Son recuerdos, bonitos todos ellos, pero por desgracia irrecuperables.

A base de envenenar, manipular, reescribir la historia e imponer una dictadura nacionalista nacida para amparar a una burguesía racista, explotadora y ladrona, usando para ello la contraeducación desde la tierna infancia en guarderías y “esplais”, los grupos excursionistas y las agrupaciones religiosas en la pubertad, las facultades universitarias en la juventud y los medios de comunicación esclavos en la edad adulta, los malvados y dementes separatistas nos han quitado todo. Nos han robado nuestro pasado, nuestro presente y el futuro de nuestros hijos y nietos.


Cada vez somos más exiliados catalanes que hemos preferido acabar nuestros días en otras provincias españolas, como antes sucedió con muchos compatriotas de las provincias vascongadas, obligados por el hedor y la violencia de los separatistas, la sucia y traidora cooperación necesaria de los en teoría constitucionalistas partidos mayoritarios, la silenciosa y hereje colaboración de la Iglesia y la omnipresente manipulación de “tot plegat” por parte de la CCRTV, la maldita TV3 y sus bien pagados lacayos.

Ruego a Dios que la justicia terrenal, o en el caso de unas igual ya pactadas penas simbólicas o hasta una amnistía general, pues entonces la justicia divina, caiga sobre vosotros cual losa de granito y acabe de una vez con el daño que habéis hecho a millones y millones de buenas personas. 

A tantos catalanes que ya ni tenemos ganas de volver a lo que fue nuestra casa.

Malditos seáis los que nos robasteis nuestra tierra.




lunes, 8 de abril de 2019

Nacionalismo, populismo y religión.


Una vez elegido el bando, se autoconvence de que este es el más fuerte, y es capaz de aferrarse a esa creencia incluso cuando los hechos lo contradicen abrumadoramente. El nacionalismo es sed de poder mitigada con autoengaño. Todo nacionalista es capaz de incurrir en la deshonestidad más flagrante, pero, al ser consciente de que está al servicio de algo más grande que él mismo, también tiene la certeza inquebrantable de estar en lo cierto”
George Orwell, Notas sobre el nacionalismo

No va nada mal que, en estos momentos, a punto de iniciarse la campaña electoral oficial (aunque realmente la campaña empezó el fatídico 2 de junio de 2018, día en el que el falso y ególatra Pedro cum Fraude llegó al poder con la mochila llena de sucias maniobras e incontables mentiras), se publique un estudio sobre la enseñanza de la religión en las diferentes regiones de España.


Como era de esperar, las regiones en las que se limita, excluye y hasta persigue la enseñanza de la religión católica, son aquellas en las que dominan una o ambas de las dos fuerzas malignas que quieren acabar con nuestros valores, nuestras historia y, sobre todo, con nuestro futuro.

Tanto el rancio populismo izquierdista, culpable de los mayores desastres sociales y culturales de la historia, además de la muerte de cientos de millones de personas, como el maldito nacionalismo que se sitúa por encima del bien y del mal arrogándose rango de verdad y eternidad, tienen muy claro quien es su principal enemigo. La lucha contra los valores emanados de nuestra herencia griega, romana y cristiana es continuada e implacable: es la única manera que tienen para llegar al poder los enemigos de la persona, de la libertad y de la justicia.

Decía Orwell en su “Notas sobre el nacionalismo” lo siguiente: “Todo nacionalista acaricia la idea de que el pasado puede alterarse. Pasa la mayor parte del tiempo en un mundo fantástico en el que las cosas suceden como deberían suceder, y, cuando es posible, no duda en transferir fragmentos de su mundo a los libros de historia”.

¡Qué acertada definición de lo que estamos sufriendo hoy en día en España! Ese mundo fantástico en el que residen los dementes Torra, Puigdemont y demás enfermos, o los falsos e hipócritas nazis del PNV que van de sensatos y superiores cuando su trayectoria es el mayor ejemplo de manipulación histórica y social (y sangrienta) sufrida en Europa en los últimos siglos, junto a los demagogos populistas de izquierda que repiten sin cansar su mantra igualitario, libertario y renovador, cuando cualquier persona sensata sabe que ni persiguen la igualdad, ni creen en la libertad, ni dejarán más rastro de su apestosa presencia en nuestra sociedad que miseria, injusticia y privilegios para unos pocos acólitos (véase la situación actual de Venezuela).

¿Y qué podemos hacer para evitar este desastre y salvar los muebles de nuestra patria, nuestra historia, nuestra herencia y con ello garantizar un futuro a nuestros hijos y nietos?

Pues yo diría que está bastante claro: luchar en el día a día por nuestros valores y contra la indecencia que representan la mayoría de los partidos políticos. Leer, estudiar, entender, escribir, debatir, dar ejemplo, enseñar…, en definitiva, ayudar a las personas de cerebro huero, abducidas por las mentiras, la superficialidad y la mediocridad de las malignas y manipuladoras cadenas de televisión y radio, dedicadas en cuerpo y alma a minar los valores y cimientos de nuestra sociedad para conseguir el máximo provecho económico, a 
costa de convertir a la audiencia en simples ovejas consumidoras de bazofia.

Y aquellos que votáis, hacedlo conscientemente, sabedores de que estamos ante una de las últimas oportunidades de salvar la que otrora fue reserva espiritual de Occidente, faro de libertad, justicia e igualdad. Nuestra patria. Nuestro pasado. Nuestro presente. Y Dios mediante, nuestro futuro. Por España, todo por España.



viernes, 18 de enero de 2019

Campi qui pugui


Este dicho popular catalán equivale al “´sálvese quien pueda” en nuestro querido idioma común, ese idioma castellano o español que es el segundo más hablado del mundo y cuya enseñanza están limitando, que no prohibiendo, en varias taifas de nuestra nación.

Pero visto como están empezando a abandonar el barco las ratas golpistas ante el próximo juicio que pondrá, Dios mediante, a cada uno en su sitio, tampoco es preocupante. 

Entre el descalabro del separatismo catalán, con sus peleas internas, sus negaciones, sus locuras y sus “pelotas fuera” y el profundo cambio que se avecina en el resto de España gracias a la irrupción de nuevas opciones políticas, sumado al hundimiento ya casi definitivo de los retrógrados populistas de Podemos y los vividores del PSOE, pues se vislumbra una nueva luz en el horizonte.

Y no es que esté cantando victoria, por favor, que la lucha acaba de empezar y la estupidez inculcada a jóvenes y mayores en los últimos cuatro decenios, unida al odio inoculado cual virus letal a los niños en guarderías, escuelas, clubes deportivos, centros de excursionismo y hasta parroquias, no se curan de golpe.

Tenemos por delante tiempos duros de limpieza, de educación, de recuperación de la libertad y la sensatez, de volver a los valores reales, de acabar con el populismo, la manipulación, los chiringuitos, el nepotismo, la desigualdad, el separatismo, la dictadura de género y tantas otras desgracias que nos han dejado estos últimos 40 años.

Pero no decaeremos. Lucharemos como hemos hecho siempre. Por nuestra historia, por el bien común, por la libertad, por la justicia y por el futuro de las nuevas generaciones. Por España.

miércoles, 10 de enero de 2018

Carta a los tabarnienses

Queridos hermanos:

Mucho se ha escrito ya sobre el fenómeno de Tabarnia (el último y acertado comentario sobre el particular lo publicó hace bien poco el buen amigo Jorge Buxadé en su blog, adelantándose en horas a estas líneas que redacto en este momento).

A saber: la campaña de una Tabarnia autónoma que englobe las comarcas más productivas y menos nacionalistas de Cataluña es una idea bien argumentada que surgió hace bastantes años, en la que se ponen en tela de juicio las desigualdades existentes en Cataluña en cuanto a la aportación a la riqueza y al bien común y a la recepción de sus platos de lentejas en forma de subvenciones a cambio de apoyos y sobre todo votos. 

Y como el maldito nacionalismo va exactamente de esto, durante muchos decenios no ha dudado en aprovecharse de los defectos de la ley electoral vigente en Cataluña y de la facilidad para repartir prebendas, en aras de ganarse el voto cautivo y sumiso de las regiones interiores de Cataluña.

Y todo ello con unos objetivos muy claros: enmascarar su mafioso y bien organizado latrocinio y de paso ocultar y silenciar la realidad social de esta bella región española llamada Cataluña. Bien aderezado el montaje con leyendas, mitos, invenciones, sangrantes mentiras y la infinita  desfachatez de los “líderes” nacionalistas y separatistas para vender la moto a los incautos y abducidos ciudadanos y lucrarse de manera exagerada y hasta vomitiva, enarbolando para ello una sucia, inventada y partidista bandera de confrontación y fanatismo.

Y no seré yo el que critique este “revival” de la idea de Tabarnia, más aun siendo tabarniense de nacimiento, ni su reciente y bien ruidosa explosión en las redes sociales y los medios de comunicación, tanto nacionales como extranjeros. Como ya se ha comentado y analizado en infinidad de artículos de prensa, la campaña de Tabarnia ha servido, y mucho, para desmontar uno a uno los simples e infantiles argumentos del separatismo catalán, respondiendo a sus sinrazones con sus mismas armas. Un nítido espejo para su estupidez en el que se han visto reflejados de tal manera que hasta se han puesto nerviosos, como si fueran niños pequeños a los que han pillado robando caramelos.

Pero, en mi modesta opinión, toca parar. No seamos ingenuos e infantiles (y listos) utilizando esta gracia hasta el hastío, explotando su repercusión social, inventando (y vendiendo) banderas, escudos y seguro que pronto también sudaderas, fundas para móviles y en cuanto llegue el buen tiempo toallas, playeras, hamacas y sombrillas.

No hay chiste, ocurrencia, eslogan o idea táctica, por muy buenos que sean, que puedan estirarse hasta el infinito, ya que dejarán de tener sentido, serán copiados (véase el nacimiento de Ribernia, de Vasconia y demás clones tabarnienses) y extremadamente fáciles de ridiculizar y desmontar.

Porque al igual que hemos podido acabar con el nacionalismo y sus mentiras a base de verdades, cifras, argumentos, historia, cultura e intelecto, cualquier persona mínimamente preparada (esto no incluye obviamente a Rufi, Marta y el resto de la banda, título de un futuro artículo) podría acabar con la campaña de Tabarnia en un abrir y cerrar de ojos.

Como símil podríamos usar lo que dice San Pablo en su carta a los Gálatas:

“Ahora bien, si al buscar nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos pecadores, entonces Cristo está al servicio del pecado. Esto no puede ser, porque si me pongo a reconstruir lo que he destruido, me declaro a mí mismo transgresor de la Ley.”.

No podemos echar por tierra el tremendo esfuerzo llevado a cabo en los últimos decenios por miles y miles de catalanes y españoles de otras regiones, con su explosiva culminación en octubre del año pasado en las manifestaciones civiles en Barcelona y la victoria (en número de votos) en las últimas elecciones autonómica de la razón, la libertad y la justicia frente a la anacrónica barbarie separatista, siguiendo “in aeternum” con el jueguecito tan divertido de Tabarnia, del yo más, del tú qué y de la estúpida confrontación.

Y me permito citar de nuevo a San Pablo:

Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales: háganse más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor.  Porque toda la Ley está resumida plenamente en este precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si ustedes se están mordiendo y devorando mutuamente, tengan cuidado porque terminarán destruyéndose los unos a los otros

Esos deseos carnales que simbolizan el egoísmo, el egocentrismo, el yo frente al nosotros, no tienen nada que ver con el espíritu de libertad, de unión, de solidaridad y de justicia que la sociedad civil catalana, sin la ayuda de los siempre interesados partidos políticos, ha sacado a relucir en estos últimos meses.

Una sociedad civil cansada de desigualdades, de imposiciones, de separatismos, de injusticias, de favoritismos, de robos y de confrontaciones inventadas y dirigidas.

Barcelona es Barcelona, Tarragona es Tarragona, Gerona es Gerona y Lérida es Lérida. Y todas ellas son provincias españolas de la bonita, histórica y querida región catalana, parte intrínseca de nuestra milenaria nación, España.

Como lo son La Coruña, Álava, Albacete, Alicante, Almería, Asturias, Ávila, Badajoz, Islas Baleares, Burgos, Cáceres, Cádiz, Cantabria, Castellón, Ciudad Real, Córdoba, Cuenca, Granada, Guadalajara, Guipúzcoa, Huelva, Huesca, Jaén, La Rioja, Las Palmas, León, Lugo, Madrid, Málaga, Murcia, Navarra, Orense, Palencia, Pontevedra, Salamanca, Segovia, Sevilla, Soria, Santa Cruz de Tenerife, Teruel, Toledo, Valencia, Valladolid, Vizcaya, Zamora, Zaragoza, Ceuta y Melilla.

Como bien reza el lema del escudo de Tabarnia presentado “en sociedad” hace pocos días:


Acta est fabula.



 La función ha terminado.


La de Tabarnia también.


P.D.: Y que conste que la maravillosa idea de Tabarnia ha conseguido bastantes más firmas que votos  han arañado algunos de los enfermos partidos que quieren dividir nuestra sociedad y nuestra patria.






jueves, 21 de mayo de 2015

Regeneración democrática y otros cuentos infantiles

Los que llevamos toda nuestra vida inmersos de alguna manera en la lucha política, con fases de mucha actividad y otras más contemplativas (pero no por ello menos críticas), y que encima tenemos ese convencimiento de estar intelectualmente por encima de la mayoría inculta y atontada que nos rodea, no salimos de nuestro asombro ante el panorama político actual. Por lo menos es mi caso.

No es que me sorprendan los políticos de toda la vida, esos viejos conocidos que dedican los quince días de campaña a soltar perogrulladas, medias verdades o completas mentiras, a fin de arañar un puñado de votos que les permita seguir disfrutando de amplios privilegios en este paraíso “partitocráctico” en el que se ha convertido nuestra querida España. Que va. 
A éstos los tenemos identificados desde los lejanos años setenta del siglo pasado. Son aquellos que,  enarbolando banderas separadoras y de tristes recuerdos y al grito de democracia, libertad, amnistía y autonomía, se apoderaron en exclusiva de esos valores universales y del derecho a llamarse justos y demócratas; esos mismos que llevan ya más de 40 años viviendo del cuento, es decir, de nuestro trabajo y esfuerzo diario  en forma de impuestos, prometiendo y no cumpliendo ni una de las grandes proclamas que han ido soltando a lo largo de estos decenios. Eso sí, a cuerpo de rey, cual Bribón listillo, deficiente y mujeriego, mientras la estructura de ese sólido edificio milenario llamado España, esa patria común de millones de personas y en su época ejemplar Imperio mundial (imperio del bien, por cierto, frente a otras naciones imperialistas que lo único que dejaron atrás fueron muertos y odio eterno), se ha ido desmantelando en beneficio de los intereses globales del capital, los lobbies, las logias, las multinacionales, la globalización, los productos transgénicos de Monsanto, el sionismo y los demás poderes ocultos que nos tienen bien presos en sus maléficas redes.

Nada nuevo hasta aquí. Esta obra de teatro, sus personajes, su attrezzo y la trama de la tragicomedia que interpretan,  ya los conocemos desde que se inició esa mal llamada  transición, que mejor deberíamos llamar destrucción, o desmembración, o hecatombe, o cualquier otra  de las equivalencias que nos ofrece nuestra tan rico idioma español.

Lo nuevo, lo que me sorprende, son esos inteligentes, visionarios y sagaces compatriotas que de golpe han descubierto que este sistema es corrupto, que los partidos políticos son estructuras de poder ligadas a intereses particulares y que la libertad y la justicia brillan por su ausencia en nuestra casa común. Es decir, personas con sensatez, con intelecto, que por fin han dicho basta (un poco tarde teniendo en cuenta que son más de 40 años de insensatez), y que de una forma u otra luchan por encontrar una alternativa a este sistema injusto, inmoral y corrupto llamado pomposamente “estado social y democrático de derecho”. Ya me diréis, queridos lectores,  dónde encontrar lo social, lo democrático y lo de derecho en nuestra patria. Si no es en un viaje alucinógeno a base de psicotrópicos, en una farra más tradicional a base de vinos y destilados (o en una salida a comer a Colmenar Viejo), no veo yo justicia ni democracia por ningún lado.

Pero por desgracia, esta minoritaria parte de la sociedad que se ha hartado de la mentira, la manipulación y la explotación (eso sí, cuando les han tocado los cuartos, porque en tiempos de bonanza aquí no se movía ni el tato, a no ser que fuera para irse al bar a tomar un botellín a la salud del sistema que tan bien les protegía y tan poco les exigía), ha dejado que nuevos redentores se apoderen de sus ideales, su lucha y sus ilusiones, creando partidos y  movimientos súper guays, que, como era de esperar, han acabado siendo simples calcos de lo que ya tenemos. O peores. Porque los pasados 40 años de servicio de colocación que han llevado a cabo los partidos tradicionales tienen su peso, y desalojar a cientos de miles de amigos, familiares y acólitos para colocar a los nuevos candidatos, asesores, consejeros, amiguetes y colegas, nos va a costar un ojo en la cara. O ambos. Ni Vox, ni Ciudadanos, ni UpyD, ni Podemos, ni ninguno de los demás grupúsculos que han emergido en estos años aportan nada nuevo. Por mucho que Ciudadanos proclame que no es “ni de izquierdas ni de derechas”. O que los asesores de Podemos dejen caer sutilmente que Pablo Iglesias admira a José Antonio. O que Vox sea el único partido que alza la voz a favor de la vida y contra el aborto, sabedor de que no va rascar nada y que no tendrá que cumplir ni una de sus promesas. Al final todos se han integrado (o han tenido que integrarse) en el sistema “social, democrático y de derecho” de tal forma, que directamente han heredado todo lo malo que esta falsa democracia contiene. 

La inexistencia de valores, el interés particular, el afán de protagonismo, la buena vida, el compadreo por encima de las siglas, la subrogación de los intereses patrios a los intereses del capital, es decir,  se han entregado a la sumisión, la sodomía, el latrocinio, la prevaricación, las prebendas y los privilegios. ¡Que ahora nos toca a nosotros! ¡Y que nos quiten lo bailado, como tanto le gusta decir a los españoles!

¿Y dónde radica el problema? Pues que el Sistema es malo “per se”, con intención, y se sostiene a sí mismo: es de ilusos pensar que desde dentro se pueda acabar con él. Más aún cuando las tentaciones que acechan al idealista pero iluso ciudadano en el momento en el que se adentra en el ruedo democrático,  son peores que cualquier manzana que una bella Eva pudiera ofrecernos. Solamente las  podrían superar las 72 vírgenes del paraíso yihadista. (Algo que por desgracia también está pasando. Y sobre todo en las “democracias” occidentales.)

El Sistema ha creado a sus esclavos, carentes de cualquier valor superior, encadenados a lo material, a lo que dicta la mayor herramienta del poder, la telebasura, a lo efímero, a lo sucio, a lo intrascendente. Y cada tantos años les deja jugar un rato con las papeletas, corear sus eslóganes, contestar a las encuestas, asistir a los mítines, creer en las promesas y hacer el paripé en las urnas. 

¡Venga ciudadanía, hoy jugamos a ser libres, a creer en algo y a cambiar el mundo! Y en cuanto nos hayáis votado, ahí os quedaréis. Pobres, esclavos y tontos. Eso sí, con muchos gadgets, modas, drogas, sexo, violencia y sobre todo consumo. Que hay que mantener en marcha la máquina de generar dinero para que un 1% de la sociedad mundial domine al restante 99%.

¿No será que los “valores” que anuncia, vende, proclama y dice defender y representar nuestro estado “democrático, social y de derecho” no son tales?

¿A votar? Anda y que os den.



P.D. Como siempre un abrazo a los que a pesar de todo lo intentan. A los idealistas de verdad. A la buena gente. A los que buscan el bien común. ¡Ánimo y suerte!


martes, 2 de septiembre de 2014

¡Por una Cataluña libre!

Viendo la evolución de la fantástica, rica y por mi tan querida región de Cataluña, mi patria chica en la que nací, viví, estudié, trabajé, amé y también, no voy a negarlo, odié, vagueé, blasfemé, insulté y golpeé cuando la situación me lo exigió, no me queda más remedio que hacer mío el sueño y anhelo de tantas otras personas como yo y proclamar a los cuatro vientos que quiero una Cataluña libre.

Quiero una Cataluña libre de manipuladores profesionales, también llamados políticos, que usan sus prerrogativas y privilegios para su lucro personal y el de sus allegados.


Quiero una Cataluña libre de jóvenes educados en el odio a sus propias raíces, adoctrinados con medias verdades y mentiras enteras, incapaces de hacer la “o” con un canuto pero expertos en mitología pan catalanista, analfabetos funcionales que distinguen las letras pero no saben juntar una palabra si no es para escribir independencia,  pero que si son capaces de insultar a todo aquel que no piense como ellos con todas las letras del abecedario y encima en mayúsculas.

Quiero una Cataluña libre de garrapatas del sistema, elementos a los que para más inri llaman “anti sistema” , cuando son los que mejor se aprovechan del mismo: no estudian, no trabajan, campan a sus anchas por doquier, bailan, beben, ríen, destrozan, orinan y defecan donde y cuando quieren sin que nadie les tosa ni les llame la atención.  Y todo ello con sus subvenciones, sus prestaciones por desempleo o sus ingresos atípicos, no reglados y no gravados. Es decir, viviendo a costa del Sistema que mantenemos los pocos millones de primos que pagamos religiosamente nuestros impuestos, que renunciamos sin rechistar a más del 50% de nuestros ingresos para mantener el estado social y de derecho del que la burda y sucia tropa de vividores  hace buen uso para cubrir sus primarios instintos animales.


Quiero una Cataluña libre de inmigrantes islamistas violentos y subvencionados, de “personas” que no tienen ni la más mínima intención de adaptarse a nuestra cultura, a nuestras normas sociales, a nuestras tradiciones o a nuestro concepto de higiene. Libre de imanes que incitan a la guerra santa en nuestras propias narices, que predican la violencia contra la mujer y la reconquista de la península ibérica, que nos insultan y amenazan desde las mezquitas que encima les financiamos o hasta regalamos . 

Quiero una Cataluña libre de pandilleros sudamericanos violentos y organizados que de allende los mares nos traen todo lo malo de sus respectivos países, en vez de deleitarnos con sus riquezas culturales, sociales y naturales que engloban ese rico hispanismo del que disfrutábamos en otras épocas.

Quiero una Cataluña libre de la dictadura del pensamiento único, del “Gran Hermano” encarnado por los medios públicos de la CCRTV, con TV3, “la seva”,  como abanderada de la tergiversación, la manipulación y el adoctrinamiento más soez, venenoso y ramplón que se pueda encontrar en el mundo, solamente equiparable a medios como los norcoreanos, los cubanos o los venezolanos.

Quiero una Cataluña libre de iluminados libertadores, de monjas poco devotas e historiadores poco ortodoxos, cuando no charlatanes e inventores de universos mitológicos que ni Lewis y Tolkien juntos habrían podido crear.

Quiero una Cataluña libre de partidos políticos que separan, en una dirección o en otra, que solamente luchan por mantener sus porcentajes de votos y con ello su “dolce vita”,  en cómodos tramos de cuatro años al sol y dos semanas de “arduo” trabajo soltando la tan bien ensayada retahíla de mentiras en campaña que les permita perpetuarse en su nulo valor añadido para la sociedad.

Quiero una Cataluña libre de falsas plataformas cívicas que no son más que burdos caballos de Troya creados por los partidos políticos de siempre, los gobernantes y los de la oposición, para asegurarse un trozo de pastel en el nuevo reparto que se avecina.


Quiero una Cataluña libre de clubes deportivos que se arrogan la exclusividad de toda una región, despreciando a cualquier otra agrupación deportiva por centenaria que sea, y cuyos dirigentes no son más que un calco de los gestores políticos, mal usando los nobles sentimientos que deberían emanar de cualquier deporte para su propio beneficio.

Quiero una Cataluña libre de odio al prójimo, de guetos, de imposiciones, de dictadura chabacana y aldeana, ajena a las necesidades reales de los ciudadanos y al entorno geopolítico al que pertenecemos.

Quiero una Cataluña libre de separatistas, de separadores, de ladrones y de aprovechados.

Quiero una Cataluña española, europea, admirada y respetada por sus logros y su gente.

¡Quiero una Cataluña libre, como lo era hace 30 años!



lunes, 24 de septiembre de 2012

Els Quatre Gats (o de ilusión también se vive)


Con sumo gozo y máxima ilusión estoy asistiendo al “imparable” movimiento anti nacionalista que se está produciendo en las Redes Sociales. Imparable, eso sí,  en el limitadísimo ámbito que representan las dos grandes redes sociales del momento, es decir, Facebook y Twitter. Obvio a Tuenti por lógicas razones de edad. No fuera a ser que aparte de charnego y facha me llamaran pederasta.
Porque, queridos lectores, no nos llamemos a engaño. A estas alturas de la manipulación nacionalista, con más de 30 años de planificada estrategia desinformativa, de contra-educación,  de invenciones y tergiversaciones, de inculcación del odio a España en la mente abierta, limpia y noble de niños, jóvenes y enfermos de Alzheimer, poco podemos hacer.

¿Qué podemos esperar de cuatro grupos en Facebook, unos cuantos hashtags en Twitter y una serie de buenos artículos en blogs, diarios digitales y foros a los que solamente acuden los acólitos como nosotros?

La fuerza que nos podría ayudar, la  intelectualidad catalana, que existe, y  los líderes de opinión catalanes, que también existen, desistieron hace tiempo de su lucha contra el pensamiento único. 
Los más inconformistas, los más libres, ya cruzaron el Rubicón, en este caso el Ebro, dejando atrás su querida tierra por la persecución y la presión psicológica impuesta por el Gran Hermano catalanista. 
Los menos osados, los acomodados, entraron hace tiempo en un letargo inducido por el entorno y por su propia tibieza, limitándose a seguir viviendo, y en muchos casos cobrando,  sin oponerse al “mainstream” dictatorial. Se olvidaron de sus ideales, de su origen, y se refugiaron en su hogar, acurrucados ante su “llar de foc”, leyendo a Eugeni d’Ors o Josep Pla en la intimidad, al estilo de Aznar y sus íntimos momentos en catalán.
Quedan pues solamente los cuatro valientes, los que, contra viento y marea, mantienen alzada la bandera de la catalanidad no excluyente ni racista, la verdadera historia común con el resto de España y la estricta separación de intereses económicos, partidistas  y sectarios de la cultura, la convivencia y la riqueza idiomática. No hace falta que los nombre. Todos sabemos quién sigue luchando por una Catalunya española y con “seny”.

El problema es que son cuatro gatos. Y marcados con un parche de la Bandera de España más grande que cualquier estrella de David amarilla portada jamás por los judíos. Y la regla de tres sobre esa bandera rojigualda ya la aprenden en los Esplais y en el colegio: si eres español, eres facha, odias a Catalunya y te comes a los buenos niños catalanes crudos o “a l’ast”, dependiendo si la comilona cae entre semana o en Domingo, día especial en el que  la vorágine española se lleva a cabo acompañada de misa, toros, partidos del RCD Español o del Madrid y pasodobles amenazantes y aniquiladores de la Sagrada Sardana.



¿Pero, quién sabe, igual la virtualidad de las redes sociales nos da una sorpresa a todos, y el próximo 12 de Octubre la verdadera Catalunya alza de una santa vez su voz, sale a la calle y proclama a los cuatros vientos que “els catalans som espanyols”?

Como reza el título de este artículo, de ilusión también se vive.

Y de lucha. Seguid así amigos. A por ellos, que son pocos y manipuladores.


Apúntate. Estás a tiempo.