martes, 19 de octubre de 2010

Por la Hispanidad, el Camino

Nota previa: En este artículo combino mis anotaciones tomadas durante el Camino, en cursiva y otro color, con comentarios posteriores. Estas notas son literales, por lo que su “nivel” deja mucho que desear, pero prefiero mantener la espontaneidad de estos apuntes que manipularlos a posteriori en un afán de parecer mejor escritor. Que tampoco lo soy.

Y me permito empezar con estos versos de Alberto Cortez. Como introducción encajan a las mil maravillas:

Prefiero más que llegar,

pensar que ya voy llegando.

Andar por andar andando;

caminar por caminar.

Pues aquí estoy, de nuevo en marcha buscando lo desconocido en mi tramo anual del Camino de Santiago. Y ya van 11 años “andando por andar”, como tan bien expresa el verso anterior. Y mucho ha llovido desde el tramo que hice con mi compañero de siempre en Mayo de este mismo año. De calendario han sido pocos meses, pero vivencias y experiencias, muchas de ellas desagradables, han ocurrido tantas que me siento como si hubieran pasado años, que no lustros. Como si estuviera llegando a un final no deseado, como si el tiempo estuviera corriendo demasiado deprisa, con las agujas barriendo la esfera del reloj en un sin parar y el precipicio de la meta acercándose inexorablemente.

De entrada empiezo el Camino por primera vez solo; las circunstancias no han permitido que me acompañara una amiga y tampoco he sido capaz de atinar con mis compañeros de siempre y compartir con ellos esta experiencia que llevamos viviendo juntos tantos años. Me comprometo a poner un poco más de empeño el año que viene, y si Dios quiere volveré a estar arropado por su ahora tan añorada compañía. A buenas horas.

7-10-2010 Tui-Porriño

Por primera vez voy sólo. El vuelo perfecto, aunque me ha llamado mi padre que está de urgencias. A las 9.15 cojo un autobús del aeropuerto a Vigo. Ya he contactado con un belga, valón. Y me parece que hay otra pareja, pero estos han cogido un taxi. A la aventura.El belga sigue otra ruta en la ciudad con sus “chuletas” de colegio, minúsculos papelitos con anotaciones por ambos lados. Me bajo antes a indicación de un lugareño y llego clavado al bus a Tui. 2,95 Euros y 45 minutos por delante. Está lloviendo bastante y en el bus, que cubre la ruta Vigo-La Guardia, suena por casualidad la canción “Mil Calles”, del grupo La Guardia. Desconozco si se trata de un guiño de la conductora o de una casualidad.

A las 11.45 empiezo a andar bajo una lluvia persistente, y a la 1 paro en Orbenlle, compro por puro impulso una pañuelo de la Asociación de Amigos del Camino local, como un bocata de queso y lomo y ya se monta un grupo. Hay 3 alemanes (parejta y chica), 1 austríaca y otro guiri, americano. Ha sido un trozo bonito, a pesar del mal tiempo. Por el camino me vuelvo a encontrar a la pareja española, creo que son padre e hija, pero no son muy habladores.., ya veremos. Seguimos. Paso casi sin mirar los 7 km de polígono industrial y a las 14.30 llego al Albergue. Hay mochilas de 2 chicos que han ido a comer, según la hospitalera (una chica encantadora, vaya diferencia con la de la tarde). El Albergue está correcto, 5 euros, nuevo precio oficial de la Xunta, que incluye fundas para almohada y colchón desechables. Ducha y a esperar a los demás y a que abran las farmacias. Ya me empiezan a doler los pies, y solamente he hecho 15 km.., tendrán razón los que me llaman abuelo. “Footprints for Peace, Pisadas por la Paz”. Ya sé de qué va el yanqui. Son de una ONG que se dedica a realizar marchas por la paz por todo el mundo, subvencionados con 5 euros diarios, ONG que se fundó para protestar por la guerra de Afganistán. Las conversaciones prometen. A ver cuánto tardo en preguntarles por la Sarah Palin y el Tea Party. Mi pregunta inicial va directa a la yugular: “¿Y esto de andar por la paz, da resultados?” La respuesta, impagable: “A mí me va bien, estoy en paz conmigo mismo”(y vivo como un rey, añadiría yo). Por cierto, el yanqui es clavado a John Lennon, aunque ella más que a Yoko Ono se parece a Miss Piggy. Los alemanes montan cena a base de pasta y me invitan. Aporto olivas y cervezas. Se llaman Jürgen, Chirstine y Lena. La pareja es de Lörrach y Lena de Mainz. Cena clásica de albergue y entre charlas sobre Alemania, el Schwarzwald (la Selva Negra), Freiburg, el Dreisameck (edificio ocupado en el 1978) y la época de ocupación de casas en Freiburg (que diferencia entre dichas ocupaciones y el asqueroso movimiento ocupa actual que pulula por Barcelona.) Lena decide que me apodarán Ernie. Como no.

Sigue Cortez cantando:

Ir conociendo de a poco

al más cuerdo y al más loco

y al que le da por volar.

Volar con el pensamiento,

que al oír cantar al viento,

del viento aprende a cantar.

Después de este primer día empiezo a tener mis dudas. ¿Seré yo el más loco o el más cuerdo? ¿Podré insistir en mi frase clásica de que “soy el más normal de la mesa”, o será todo lo contrario? Chi lo sa.

En cualquier caso el día ya ha traído las primeras anécdotas para recordar. Por ejemplo encontrarme en este rincón del mundo a personas que conocen Freiburg, pequeña y acogedora ciudad alemana en la que pasé 2 importantes años de mi vida. Y el tema de la ONG americana, impagable. Me ha costado bastante no entrar a trapo y enfrascarme en una discusión con el americano. La simpleza e ingenuidad, o mejor dicho, lo caraduras y falsos que son estos nuevos hippies de hoy en día, que confunden y utilizan ideales como libertad, igualdad o paz para vivir del cuento y que son capaces de seguir las flechas amarillas sin perderse, de encontrar bares hasta en las más pequeñas aldeas, pero que luego son negados a la hora de entender un cartel en el que pone “duchas”, me ponen muy nervioso. Me acuesto con la tranquilidad de que la soledad no me va a afectar demasiado. Aunque sigo echando de menos a los míos. Enfrentarte solo a tanto desconocido sin poder comentar nada con alguien de confianza es una tarea ardua, por novedosa.

8-10-2010 Porriño-Redondela

Mala noche, dolor en el pie, picores y ronquidos. A partir de las 6 ya estoy desvelado y en cuanto oigo movimientos me levanto. Tengo el pie izquierdo cascado e hinchado, a ver qué tal se me da andar. Les dejo una nota a los alemanes y a las 7.30 me pongo en marcha. El trozo es asqueroso, por carretera en obras y con la linterna en rojo intermitente todo el rato. Bastante peligroso. Tomo un café, adelanto a todos, y en Mos (5 km) coincido con el de ayer, el deportista madrileño. Pretende seguir hasta Pontevedra, suelta un “ojalá aguante el tiempo” mientas cojo unos higos y a las 10 minutos empieza a diluviar. Vaya con las predicciones del madrileño. Capa y a seguir. A las 10:30 ya entro en Redondela, pero paro en el primer bar a desayunar y a hacer tiempo, ya que está cayendo la del pulpo. Los demás lo tienen claro, ya que en el tramo no hay nada abierto ni sitio para resguardarse. A ver cómo llegan. El diluvio sigue, estoy casi una hora en el bar desayunando y van llegando varios peregrinos, el “raro” señor mayor con los 2 chicos (parecen del proyecto Hombre, el monitor y 2 alumnos en tratamiento) y otra pareja desconocida. A las 11 y media tiro hasta el Albergue, pone que abre a la 1. Espero que sea verdad. Albergue OK, hablo con los 2 del señor mayor, simpáticos, y me voy a comer algo (plato combinado huevos y lomo en el bar de al lado). Ha llegado todo el mundo, menos los 3 alemanes, que igual han seguido. Paso la tarde entre paseos bajo la lluvia, orujos y charlas. Conozco a las hermanitas de la caridad, Pili y Mili (Patricia y Maria José), y por la noche hay un poco de fiesta y discusión con los holandeses (hacemos demasiado ruido, empiezo a largar demasiado y me meto con todos. Sinceramente me he pasado un poco con la bronca). Baja una chica a quejarse del ruido, tapándose como puede, y el alemán obseso se queda clavado mirándola, y diciendo que lleva Viagra. Vaya impresentable. El yanqui tiene 67 años. Casi nada. Los mismos que debe de tener su camisa india americana. Solamente lleva una y cada noche la airea un poco. Y no le hacen falta ni pinzas. Se mantiene en pie sola. Me hacen una foto con él, a ver si me la mandan. Al final, después de la discusión con la holandesa que se cree un ser superior nos vamos a dormir a las 22.30.

Dice Cortez:

Ir en busca de la rosa

más codiciada y hermosa

que me pueda imaginar.

Si no la encuentro enseguida,

me queda toda la vida

para poderla buscar.

Las primeras anécdotas no han tardado en caer. Como suelo comentar a todo el mundo cuando vuelvo del Camino, se trata de una verdadera prueba de fuego. Los que con posterioridad lo han hecho siempre me han dado la razón: el Camino es un reto que consigue sacar de cada uno tanto lo bueno, como lo malo. El esfuerzo, el dolor, la soledad, el hambre, el frío,el ansia de llegar y poder ducharte (exceptuando en este punto al yanqui y a algún personaje más que hemos ido viendo en estos últimos años), consiguen que del carácter de cada persona emerjan los sentimientos más egoístas, de pura supervivencia, en paralelo a los altruistas, a las ganas de ayudar al prójimo. Un difícil equilibrio que vivo en mi propia piel cada año. Soy capaz de lo mejor, de desvivirme por ayudar a un extraño perdido por la montaña, de hacer de traductor para un extranjero que es capaz de ponerse en marcha sin conocer ni una palabra de nuestro idioma, hasta gritar en voz alta a alguien por quejarse de que estaba haciendo ruido. O de pelearme con amigos del alma por sandeces, por lo buena que esta la tapa en el bar de al lado o por el origen o significado de un monumento. Lo que ha colmado el vaso en esta ocasión ha sido el alemán de marras. De entrada, por aquello de la afinidad en el idioma materno, me ha entrado bien, hemos conversado un poco sobre detalles de los albergues, del tramo recorrido, pero al rato ya le he notado su tendencia a mirar a todas las chicas que pasan, hasta que ha saltado con su historia de que viaja con viagras, que aún es potente a su edad y sandeces similares. ¿A mi edad, con mi manera de ser, tengo que aguantar a espantapájaros como este? ¿Los diez o más caminos que ha hecho, por lo que ha contado, se han limitado a calmar su libido y molestar a jóvenes peregrinas con sus impertinencias? Hay cosas que no entenderé jamás. Y esta es una de ellas. Esta obsesión por lo material, por lo físico, por lo perverso, en una persona mayor, de 75 años, me saca de quicio. Vaya manera de mancillar un Camino secular, un recorrido en el que debería prevalecer lo espiritual y que conforme pasan los años se está convirtiendo en una ruta turística más, abierta a cualquier desgraciado que no tiene nada mejor que hacer con su tiempo libre. Con la de destinos que hay en el mundo. Y hasta la Xunta Gallega ha tenido la osadía de proponer que el Xacobeo, el Año Santo, se alargue un año más por intereses económicos. Lo que faltaba. Quitarle el último vestigio religioso y de tradición a esta ruta y convertirlo en un circo comercial patrocinado por alguna marca conocida y exprimirlo para sacar pingües beneficios está a la vuelta de la esquina. Suerte que la Iglesia ha plantado cara y se ha negado rotundamente. Las tradiciones hay que respetarlas. Son lo único que mantiene viva a una nación. A ver lo que nos duran (tanto las tradiciones como la nación, que ambas están en peligro).

9-10-2010 Redondela-Pontevedra

Es sábado. A las 6 ya se empieza a mover la gente, ya las 6.30 estoy listo para salir, y, para variar, sin un duro. Que mal me planifico. Suerte que al final de etapa veré a Antonio. Andamos juntos, Pepe, Sergio y Jaime (canario). En el Viso nos perdemos por la falta de luz, pero al final, a las 9.30 estamos en Arcade-Pontesampaio. Compran bocatas para comer (yo tengo la empanada que dejaron ayer las hermanitas), vino y cerveza y paramos a desayunar. Por ahora aguanta el tiempo. Sale un vecino y nos ofrece vino (por si no tenemos). Gente encantadora. Nos juntamos con las hermanitas y con sol hacemos una bonita etapa. A la 1 en punto hemos llegado sin problemas, ducha y a casa de Antonio. Las chicas quieren seguir.., igual hay suerte y las volvemos a ver antes de Santiago. Paso una tarde encantadora con Antonio y sus hijas, confidencias, soporte económico, Iphone, conservas de Cariño L a Pureza (delikatessen), educación sobre redes sociales a la hija mayor, y luego aún vamos a dar un paseo y tomamos un helado. Vuelvo al albergue y me voy con los 3 a tomar unos vinos. Un buen albariño. Aparece el resto de la familia de Pepe y a las 10 vamos a dormir. Ha sido un gran día.

Pocas notas he tomado en esta etapa. Señal clara de que la he disfrutado tanto que no he perdido tiempo en anotar más detalles. Lo sorprendente y bonito del Camino se ha vuelto a producir. Llevo solamente 3 días andando, a Sergio, Jaime, Pepe y las hermanas los acabo de conocer, y ya se creado una afinidad difícil de encontrar en otras situaciones. Y tiene su fácil explicación: si te pones a pensar cuanto tiempo pasas con tus amigos en la vida normal, en tu casa, te salen muy pocas horas. Como mucho 3 o 4 horas semanales con aquellos a los que realmente sueles ver. Eso daría unas 15 horas mensuales y unas 160 anuales. Pero en el Camino compartes las 24 horas del día, incluyendo las 6 u 7 horas de teórico reposo interrumpido por ronquidos, risas, paseos al baño o impertinentes que no te dejan dormir. Lo que significa que después de 3, a lo máximo 4 días, has estado más tiempo con tus compañeros de Camino que lo que ves a tus mejores amigos durante muchos meses. Aparte de la unión que florece cuando se comparten sufrimientos y placeres, paisajes soleados y chaparrones, conservas y vinos de la tierra, sonrisas cómplices y encuentros sorprendentes. Y es que la llegada a Arcade, la vista de la ría, el cruzar el histórico puente de Pontesampaio recordando la victoriosa batalla contra las franceses, el parar a comprar un poco de pan en una tienda que no abre hasta las 10 de la mañana y en que la señora más bien parece un perro gruñón que otra cosa, el sentarte en un recodo del camino y recibir el ofrecimiento de vino del primer paisano que pasa, todo esto une. Y mucho.

Y Cortez sigue diciendo:

Ir evitando espejismos

y mirar lo que yo mismo

sea capaz de mirar.

Con el ánimo despierto,

no se confunde el desierto

con las arenas del mar.

10-10-2010 Pontevedra-Caldas de Reis

A las 6 en pie, café de la máquina y casi listos para salir. De la noche prefiero no hablar, ha habido mucho jaleo, ruido de grupos con asistencia maleducados, etc. Las cosas que suelen pasar, pero hoy ha sido especialmente desagradable. La etapa muy bien, Sergio y Pepe se la conocen, muy buen tramo y paramos en Sanamaro (aquí han dormido las chicas) y desayunamos la excelente ventresca, pan casero y albariño. Es el mismo sitio donde en el 2004 se paró Protección Civil para ofrecernos ayuda. Seguimos y al rato nos separamos, yo me voy a Caldas y los demás a su pueblo, que está al lado, Baliñas. En Caldas vuelvo a coincidir con las chicas, aunque seguirán, Por el camino me han ido contando las mentiras del venezolano de 23 años. 3 carreras, secuestro, marihuana, etc. etc. Para la edad que tiene ha vivido mucho. Un poco charlatán, diría yo. Me vienen a buscar y vamos a una taberna en Baliñas. En Galicia las tabernas son tiendas de comestibles con barra incorporada. Albariños muy buenos. Luego a su casa, alucinante. Me enseñan donde hacen el vino, explicándome el proceso, y comemos en una rústica sala con la abuela de 90 años, cocido gallego, todo para morirse. Regado todo con su propio Albariño, que resulta ser, según Sergio, el mejor del mundo. A mí me sabe a gloria. Después de horas comiendo, risas y gente increíble, dulces y degustación de diferentes tipos de orujo casero. El no va más. A las 6 Sergio y Jaime me vuelven a acercar a Caldas, y hacemos una sesión de piernas en remojo en el lavadero de aguas termales. Empieza a llover y cargo una secadora con otra gente del albergue, que está a reventar. Cuesta más la secadora que dormir. Hemos quedado al día siguiente a las 7.30. Mañana toca Padrón, pulpo y pimientos, y pasado Santiago. Esto está pasando demasiado deprisa.

Genial. Así resumo este día. La etapa en sí ha sido bonita, con buen tiempo, bellos paisajes, desayuno redondo, pero lo que realmente ha sido espectacular ha sido la invitación a Baliñas, pequeño pueblo o aldea situado a unos 8 km de Caldas de Reis. La sana envidia que he sentido al verme rodeado de una familia al completo, sentado en una rústica sala, con un hogar ardiendo al fondo y disfrutando de un cocido gallego con todos sus complementos, no se puede describir. Para un urbanita como yo, que tiene idealizado el mundo rural, ha sido de nuevo la confirmación de que estamos echando a perder gran parte nuestra vida en la gran ciudad, con el consumismo estéril e inducido, el frío de la masa desconocida que te rodea y la soledad de espíritu

que todo ello genera. Cosas tan simples como que te expliquen el proceso de creación del albariño, como ver gallinas paseando a tu lado, como entrar en una taberna y ser recibido como uno más, sin tener que aguantar preguntas de quién eres o adónde vas, de sentirte cobijado bajo el manto de una familia normal y corriente, sana, saludable, abierta, de escuchar historias de una entrañable abuela, rompen con la pana. Imaginaros lo bien que estuve que al volver a estar sólo por la noche en el albergue me sentí más perdido que Zapatero ante un balance económico o que Bibiana Aido ante un libro de gramática. Un día así compensa muchos meses de trabajo. Y muchos kilómetros caminados. Y por eso acaban así mis apuntes del día, con un “esto está pasando demasiado deprisa”. Señal inequívoca de que ha sido un día inolvidable.

11-10-2010 Caldas de Reis-Padrón

A las 6 me levanto, como casi todos. Café y mensajito a Sergio.., se ha dormido, pero a pesar de ello a las 7.30 llegan y salimos. Se ha incorporado la cuñada de Pepe, creo que se llama Mariló. La Etapa es preciosa. Por suerte adelantamos a la mayoría de turigrinos que van con coche de apoyo, entre ellos 2 locos andando estilo marcha atlética y pareciendo patos mareados. Desayunamos en un sitio encantador, con bancos de madera sobre un riachuelo, atún, sardinas, anchoas, mejor pan y el mejor albariño del mundo. Tenemos al lado a Protección Civil que va sellando a los que pasan, y mientras desayunamos pasan 2 grupos de conservación de la naturaleza a caballo. Llegamos sin novedad a las 12 a Padrón, y nos sentamos delante del albergue para asegurarnos camas y que no se las lleven los cutres maleducados. El Albergue es perfecto, un antiguo corral restaurado que bien parece un parador. Comemos pulpo, pimientos del lugar y bueno albariño. Me invitan a comer, un gran detalle (uno más). Luego nos pegamos una buena siesta, mientras van llegando muchos peregrinos que van desviando a otros sitios. El albergue está a tope desde la 1, y solamente tiene 26 plazas. Aparecen 2 chicas con sus perros, pobres. Ayer mismo leí un artículo de un veterinario sobre lo malo que es para los animales llevarlos al camino. Les comento a las chicas que ellas han podido elegir esto, pero que sus perros no tienen ninguna culpa. Tampoco me hacen mucho caso. Encontramos una tienda en liquidación con ofertas increíbles, compramos polos, camisetas y alguna tontería más. Visitamos el pedrón, el cura con cara de borrachín y con ganas de hablar nos regala una estampita y nos hace besar una reliquia, y luego cenamos en el mismo sitio, jamón asado y esta vez un Ribeiro que no tiene nada que envidiar al Albariño de marras. Nos ha acompañado Paula, hija de Pepe, una chica encantadora. A las 10 nos vamos a dormir, es la última noche.

Poco puedo comentar. El resultado palpable del genial día anterior, tan familiar, tan acogedor, es que me siento bien. Conmigo mismo, con el mundo y sobre todo con los compañeros de Camino que he tenido el placer de conocer. Los dolores en los pies se convierten en anecdóticos, las subidas y bajadas en simples detalles de un placentero avanzar, sin ganas de llegar al destino. El secreto del Camino, ese detalle inexplicable que por mucho que lo relates, o lo describas nadie puede entender hasta que no lo ha vivido en su propia piel.

(Sigue Cortez)

Sin ancla, timón ni remo,

de un extremo al otro extremo

del mundo poder vagar.

No como el viejo molino,

que recorre su camino

siempre en el mismo lugar

12-10-2010 Padrón-Santiago

Hoy es el día de la Hispanidad. A las 5 empieza el ruido y a las 6 ya estamos listos esperando al resto de familiares Rial. La etapa se convierte en la más dura de todas, excepto el gran desayuno en Teo, pan casero, vinos que han traído los nuevos, queso y mejillones en salsa gallega. Seguimos andando y cada vez hay más gente, hasta que rodeados por una masa creciente de gente llegamos bastante cascados a la 1 a la catedral de Santiago. Entrar en la catedral o ir a por la Compostelana es misión imposible, hay colas interminables. 2 se van a por lo coches (entre ellos una prima/tía bióloga que pronto se va a embarcar en el Hespérides para realizar el viaje Rio de Janeiro – Ciudad el Cabo). Vaya diferencia de entrada a Santiago: desde el Camino Francés es bajada, verde, y desde el portugués es todo subida, por asfalto y dando vueltas inútiles a los alrededores de Santiago. Tendrían que repensarse esta entrada. En cualquier caso evitaré en el futuro llegar en cualquier fecha señalada a Santiago. La magia desaparece y solamente de seas irte cuanto antes y volver a estar rodeado de tranquilidad, naturaleza y buenos compañeros. Después de unas cervezas intentando aprender a decir Unha, me vuelven a invitar a su aldea a comer capón (supongo que no será el gallo que despertó a Jaime). Al salir el tema de Allianz otra casualidad de la vida: el marido de Mariló es primo hermano de Rosa Romay , la mujer de José Peiteado Fandiño, delegado de Allianz en Vigo. Qué pequeño es el mundo. La comida, de nuevo flipante. El entorno, la gente, las empanadas, el pollo de corral, pimientos de Padrón caseros…, vinos, de todo un poco, y al final dulces a mansalva, queimada y conjuro que recita la prima bióloga. Mágico. A las 8 me dejan en el aeropuerto. Quien pudiera seguir caminando en vez de pasar ahora (por los retrasos), 6 horas tirado en el aeropuerto, muerto de frío, triste y vacío. Como cada año. La meta del camino es andar. Siempre adelante.

Como siempre, al final, la depresión. Y encima sabedor que los encuentros en el Camino son fugaces como las estrellas en el firmamento y que solamente el destino puede depararte un nuevo encuentro. O no. En mis manos está. Pero lo que queda, lo que perdura, es eterno. Los recuerdos, las fotos que espero recibir pronto, y este pequeño relato. Muy largo para los que no han compartido estos 5 días de Camino y muy corto para describir de forma fehaciente todo lo vivido, sentido y soñado. El año que viene, Dios mediante, volveré a calzarme las botas. Y volveré a andar por estas tierras de España que cada día me enamoran más.

Prefiero más que llegar,

pensar que ya voy llegando.

Andar por andar andando;

caminar por caminar.


P.D..: A Sergio, Jaime, a Pepe y a toda su familia, a las hermanitas de la caridad y a Antonio, muchas gracias por todo. Ha sido un placer conoceros y compartir estos pocos días con vosotros. Que os vaya lo mejor posible en vuestra vida.




viernes, 17 de septiembre de 2010

El principio del final

Todo está oscuro, aún no entra luz alguna en la casa

las ventanas están cerradas, pero no ha cambiado mucho

todo sigue ahí donde estaba antes

aunque sólo y abandonado.


Los malos tiempos también me pueden hacer perder la cabeza

quiero volver a ver el sol

busco pero no encuentro ninguna foto tuya

de otra manera no lo aguantaré


El principio del final es que nada se olvida

el reloj que ya no marca la hora indica que algo ha terminado


Me voy al coche a buscar la maleta

y me doy cuenta que el jardín está muy dejado

entro y cierro la puerta tras de mí

Es casi como antes, pero sin ti.


Los malos tiempos también me pueden hacer perder la cabeza

quiero volver a ver el sol

busco pero no encuentro ninguna foto tuya

de otra manera no lo aguantaré


El principio del final es que nada se olvida

el reloj que ya no marca la hora indica que algo ha terminado


Versión libre de la canción de Nena "Der Anfang vom Ende"

jueves, 2 de septiembre de 2010

El último torero

Por fin había llegado el ansiado día. O por desgracia. Miguel tomaba hoy su alternativa en la plaza de Toros Monumental de Barcelona, apadrinado por el héroe de las dos últimas temporadas taurinas en nuestra ciudad, Serafín Marín y teniendo como testigo a Enrique Guillén. Vaya dos figuras que le habían caído del cielo. Serafín, amigo suyo desde hace años y compañero de fatigas en la Escuela Taurina de Cataluña, era sin duda el exponente máximo de lo que había soñado Miguel desde pequeño. Persona humilde, nacida en Montcada i Reixach, lo dio todo desde su infancia por su máxima ilusión: ser torero y sobre todo serlo en su ciudad natal, en esta Barcelona antes tan taurina y ahora abocada a la decisiones del arbitrario poder de gente inculta, tan poco respetuosa con la historia y la tradición secular de nuestra fiesta y fanatizada por las ruidosas minorías y los políticos de siempre. Cuantas tardes habían pasado juntos en la escuela de Hospitalet, y cuantos buenos consejos le había dado durante su etapa de formación en esa gloriosa escuela que en su día fundaran Luis Alcántara y sus amigos. Y qué decir de Enrique Guillén, el último torero que tomó la alternativa en Barcelona. A Miguel ya le entraban mareos solamente al pensar en que se iba a convertir, con toda probabilidad, en el último torero que debutara en Cataluña, y por lo tanto en el sucesor de Enrique. ¿Daría el callo? ¿Estaría a la altura de lo que significaba esta herencia y de lo que le iba a pedir el público? ¿O acabaría corriendo delante de los fanáticos de siempre sin siquiera tener el derecho a defenderse como sí pudo hacer en su día Enrique dándole un par de mamporros a cuatro chalados de Esquerra?

Todos estos pensamientos daban vueltas y vueltas por la cabeza de Miguel mientras apuraba el almuerzo. En la habitación contigua oía los comentarios de su madre y su hermana, que estaban preparando su traje, y cuando en algún instante callaban, algo harto difícil, le llegaba un ligero rumor del rosario que estaba rezando su abuela en la pequeña terraza que daba a la calle Barcelona. Su padre, como no, había bajado al bar, sede también de la peña taurina del barrio, para “calentar motores”, como lo llamaba él. Es decir, para tomarse un par de cañas con sus amigos y calmar así sus nervios y su sed. Tampoco hacía nada malo. Si no fuera por su ayuda y sus sacrificios durante los últimos años jamás hubiera llegado este momento. Miguel aún recordaba el día en el que sus padres vendieron el coche para comprarle el traje de luces. Por lo que les dieron por su SEAT Toledo compraron lo mínimo, y no todo de primera mano. La chaquetilla, la taleguilla y las medias eran nuevas, pero tanto el corbatín, como la montera y el capote de paseo habían pasado ya por diversas manos, pero a base de remiendos y mucho cariño, sobre todo por parte de su abuela, relucían como si los hubieran traído directamente de alguna tienda de Sevilla o de Pamplona. Y eso que según los políticos no había crisis y Cataluña y España iban muy bien. Sería para ellos, porque en la familia de Miguel habían pasado de vivir relativamente tranquilos a sufrir cada fin de mes y hasta a tener que vender el coche que recibió su padre como parte de la prejubilación de la SEAT. Y todo por comprar su traje de luces. En el fondo Miguel se sentía un poco avergonzado. Ojalá le saliera una buena faena y pudiera devolver a todo su familia los favores y sacrificios con alguna oreja y una opípara cena en Casa Leopoldo, o en el bar de abajo. Que a su familia tampoco se le caían los anillos por comer en un local humilde. Lo habían hecho toda la vida.

Sus pensamientos quedaron interrumpidos al abrirse de repente la puerta del piso y aparecer su padre. “Venga familia, apurad que nos vamos. Que ya tenemos a la Guardia Urbana esperando abajo”. El ayuntamiento de Barcelona se había prestado, sorpresivamente, a cederles una pareja de policías para escoltarles hasta la plaza, y en el fondo estaban bastante agradecidos, ya que en los últimos tiempos, sobre todo al final de la anterior temporada, se habían producido bastantes incidentes con los violentos de la Plataforma Antitaurina. No contentos con haber conseguido la prohibición de las corridas en Cataluña en el 2010, estos se habían dedicado los dos últimos años a atacar cualquier vestigio del mundo taurino en nuestra región, asaltando peñas, liberando novillos y toros de diversas ganaderías y hasta poniendo una bomba incendiaria en las taquillas de la Monumental en la última corrida de la “Feria de la Libertad”, antes llamada de la Mercé, del año anterior. Vaya contradicción, pensaba Miguel. Una feria llamada “de la libertad” atacada por unos energúmenos al grito de “libertad para los toros”. En el fondo era para echarse a reír, si no fuera por la gravedad de la situación. Esto ya eran palabras mayores. De los actos de protesta en los años 2009 o 2010, que se limitaban a cuatro cánticos y a una mínima exhibición de banderas, los “anti” habían pasado a la acción directa y violenta, encima tolerada por la autoridad, asustando, persiguiendo y agrediendo a todo lo que rodea el mundo del toro y que olía a España. Pero Miguel no tenía miedo. Ni a los antitaurinos, ni a los toros. Lo único que le preocupaba en este momento era llegar cuanto antes a la plaza y pisar el ruedo. “Vamos mamá, cierra la ventana y dile a la abuela que deje de rezar, que nos vamos. Ya rezará esta noche en la parroquia, que para eso está”.

Miguel se sentó en el asiento de atrás del taxi junto a sus padres. Los dos motoristas de la Guardia Urbana abrieron la marcha y con las luces encendidas enfilaron el camino hacia el centro de Barcelona. Varios coches de los amigos de su padre les seguían, y en ellos viajaba el resto de la familia. El padre miraba de reojo a su hijo, y Miguel hacía lo mismo con su padre, pero ambos callaban. Vaya nervios que le estaban entrando. Si por lo menos estuviera su abuela podrían seguir el rosario con ella, aunque seguro que les costaría bastante. Aunque seguían asistiendo a misa los domingos el tema de las oraciones les iba un poco grande a los dos. “Si salgo triunfal de esta prometo aprender unas cuantas oraciones” se dijo a si mismo Miguel mientras giraban por la calle Badal para ir a coger la Gran Vía. El poco tráfico les permitió llegar en pocos minutos a la confluencia de la Gran Vía con Marina. Todo parecía bastante tranquilo, aunque en el lado montaña se apreciaba un pequeño grupo de los antitaurinos con sus pancartas y sus tenderetes. En los últimos años habían encontrado el filón de oro y se dedicaban a vender de todo, desde camisetas y banderas hasta toreros en miniatura para hacer “rituales de vudú”, como constaba en las etiquetas. La Guardia Urbana les abrió paso y llegaron sin problemas a la entrada de la calle Diputación. En una de las terrazas del edificio de enfrente se apreciaba una gran pancarta con la inscripción: “Los Toros son Libertad”. Por lo menos uno está conmigo”, pensó Miguel. Al bajar del taxi se le acercó Pedro, su mozo de espadas. Su semblante no era que digamos de gran alegría, aunque intentara disimularlo. “¿Qué te pasa Pedro?” le espetó el padre de Miguel. “Nada señor, un runrún que tengo en el estómago y que no se me pasa”. Se dirigieron juntos al bar para refrescarse un poco. Tenían tiempo de sobra, ya que gracias a los urbanos se habían plantado en la Plaza en un santiamén. Esto de ir con escolta realmente era un chollo, pensó Miguel. Con lo que tardaba normalmente en atravesar Barcelona en el metro. Cuanto tiempo perdido en las entrañas de Barcelona sin ver el sol, que por cierto hoy resplandecía más que nunca. Un buen presagio, seguro. Porque el sol seguía siendo el mismo, pesara a quien pesara, y este sol había iluminado el albero de esta plaza durante más de un siglo. Y hoy le tocaba iluminarle a él en el día de su alternativa. El día más grande en la vida de cualquier torero.


Mientras su padre apuraba unas cañas en la barra, Miguel y Pedro se asomaron al ruedo. Se veía poca gente, aunque pancartas había para dar y regalar. Se veían de todo tipo, desde las ya clásicas de “Desde España con amor” que llevaban ya 2 años presidiendo el tendido cero hasta cosas curiosas como “L’ Europe catholique avec vous” y una en inglés con la frase “Hemingway lives”. Miguel se animó un poco. Seguía con esos temblores y ese frío en la nuca, pero por lo menos sabía que no iba a estar sólo. Si venían de Francia y de los Estados Unidos sería por algo. Sería para verle triunfar a él.

Venga hijo, a la capilla” le gritó su padre sin moverse de la barra. “Que ya toca”. Miguel se giro lentamente echando una última mirada al coso. Tantos años de espera, tantas ilusiones, tantas estrecheces y en estos dos últimos años tantos miedos, tantos insultos, tanta política. ¿Habría valido la pena?


En la puerta de la capilla esperaban su madre y su abuela. Su padre se las llevó del brazo y Miguel entró sólo. Hasta Pedro, su mozo, se quedó expectante en la puertezuela. Se arrodilló ante el crucifijo y las variadas estampas e intentó rezar una Padrenuestro. Le costó un poco empezar, pero al final le salió de corrido, como si de golpe su abuela se lo hubiera chivado por encima del hombro. Se santiguó y salió de nuevo. Pedro seguía ahí, con su semblante serio y cara de pocos amigos. “Pedro, cambia de cara de una vez, que esto no es funeral” le dijo Miguel, mientras avanzaban por el pasillo.

De pronto se oyeron unos gritos. Los dos se quedaron parados, mirando a su alrededor. No se veía a nadie, pero el ruido iba en aumento. “Fora, fora, espanyols assassins”. Mort al torero, visca el bou lliure”. Mierda, pensaron al unísono. Esto se complicaba. Aceleraron su paso para llegar de nuevo al bar. Sabían que ahí seguirían su padre y el resto de la cuadrilla apurando sus bebidas antes del gran momento. Pero al doblar la esquina se encontraron con una muchedumbre que gritaba de todo, histérica, enarbolando banderas de los antiaurinos, y hasta les acompañaban algunos encapuchados con bastones en las manos. ¿Cómo habían llegado hasta ahí? ¿Quién les había dejado pasar?


Miguel y Pedro se quedaron helados. Y de golpe los encapuchados les vieron. Intentaron retroceder por el mismo pasillo pero no había escapatoria. Por detrás de ellos se habían desplegado más elementos del grupo, y en un santiamén les rodeó una jauría de gente gritando, cual perros enfurecidos. “Si por lo menos llevara mi estoque”, pensó Miguel. Un primer golpe le hizo caer al suelo. La mirada se le nublaba y solamente alcanzó a ver como entre varios estaban apaleando a Pedro. “Una espasa, porteu una espasa oyó gritar, y con un ojo entreabierto alcanzó a ver el filo de una espada brillando bajo un rayo de sol que se colaba por una rendija. El rayo de sol le hizo recordar de golpe toda su vida. Ante sus nublados ojos pasaron imágenes del colegio, del trabajo, de su primera novia, de su primera capea en Tarragona, de la Escuela Taurina, de sus padres, de su abuela en la terraza y de las excursiones a Madrid en el SEAT de su padre. Miguel quedó tendido en un charco de sangre, mientras la turba se alejaba corriendo del lugar. “El último torero” pensó, mientras la sangre brotaba de su chaquetilla. De oro y rojo iba a hacer el paseíllo. Oro por el sol, rojo por la sangre.

martes, 24 de agosto de 2010

La verdad es de cada uno (que fácil es mentir)

Todos sabemos que la verdad absoluta existe, pero que cada uno la interpreta, manipula, deforma o cambia a su antojo. Un hecho es un hecho, inamovible, eterno, pero a partir de aquí cada persona, cada colectivo, cada historiador, y sobre todo cada partido o grupo de presión, se recrea girando la tortilla hacia el lado que más le conviene en ese momento. Y tampoco lo hace de forma definitiva, sino que va adaptando el cuento a las circunstancias, intentando sacarle todo el jugo posible.

No hay que rascar mucho para encontrar ejemplos que claman al cielo, basta con abrir cualquier diario, leer aleatoriamente una página web o aguantar alguno de los burdos y simplistas programas de televisión de máxima audiencia (lo de máxima sí que es preocupante), pero en estos últimos días hemos visto unos cuantos ejemplos que sinceramente son inaguantables.

Una de historia e ingleses: Como algunos (o muchos) sabréis el mítico Almirante D. Blas de Lezo y Olavarrieta, ilustre y victorioso marinero español, de las vascongadas, en concreto de Pasajes, ahora Pasaia, también llamado “Medio Hombre”, defendió Cartagena de Indias con solamente 3.000 hombres entre tropa regular, milicianos, 600 indios flecheros traídos del interior más la marinería y tropa de desembarco de los seis únicos navíos de guerra de los que disponía la ciudad, frente a 2.000 cañones dispuestos en 186 barcos bajo el mando del almirante Sir Edward Vernon con 23.600 combatientes entre marinos, soldados y esclavos negros macheteros de Jamaica y alguna tropa más. Pues el hecho fue que ganó Blas, venció España, y que el engreído almirante inglés tuvo que irse con el rabo entre las piernas. Eso sí, el pérfido inglés acuñó unas monedas conmemorativas de su “victoria”, en las que se podía ver a Blas de Lezo arrodillado dándole la mano en señal de entrega. Y así consta en los libros de historia de los ingleses. Pues Blas de Lezo ni se pudo arrodillar, ya que le faltaba una pierna, ni le pudo dar la mano, ya que también le había quedado inutilizada por heridas en anteriores contiendas , ni fue derrotado, ya que ganó la batalla con todos los honores, muriendo poco después a causa de las nuevas heridas sufridas. (lo anterior es un pequeño resumen de un brillante artículo de Arturo Pérez-Reverte en el XLSemanal del pasado domingo).

Una de separatistas y geografía: Como habréis podido leer en algunos medios de comunicación, el programa de TV3, la seva, “Temps d’Aventura”, ha puesto en marcha una acción que consiste en culminar los 25 picos catalanes del Pirineo más emblemáticos para conmemorar su politizada ascensión al Everest realizada hace 25 años. Pues ahora resulta que 2 de los picos que se van escalar, el Aneto, con sus 3.404 metros de altitud y el Vallibierna (3.056), que traducen a Vallhibierna, son aragoneses. Un pequeño “error”. Destapada esta mentira por el Heraldo de Aragón han corrido en cambiar el subtítulo del programa, añadiendo “i el Pirineu” al original, que se llamaba “Puja amb nosaltres un dels 25 principals cims de Catalunya”.

Una de guionistas de televisión: Bastantes de vosotros recordaréis la genial serie inglesa Fawlty Towers, Hotel Fawlty, hilarante comedia dirigida e interpretada por John Cleese, de los Monty Python. En este serial uno de los personajes principales es Manuel, el camarero del hotel, torpe, primitivo, corto y (en el original) de Barcelona. Pues en la versión que se emitió en Cataluña, por acomplejada y necia decisión de algún gerifalte o comisario político nacionalista, Manuel se convirtió por arte de magia en mexicano. Y para no ser menos, en la versión en castellano, desconozco que televisión autonómica la tradujo, lo convirtieron directamente en italiano. Penoso.

Y finalmente, una de fútbol: Estos ejemplos son similares al delito que perpetra la directiva del Español, partido tras partido, en lo que hace referencia a nosotros, los seguidores de nuestro histórico y amado Real Club Deportivo Español: ocultan nuestras banderas de España, silencian nuestros cánticos, nos impiden agruparnos o renovar, en definitiva, nos persiguen hasta la extenuación para vender una historia falsa, un nacionalismo catalán inexistente en nuestras filas, manipulado todo por sus propios intereses, que son egoístas, puramente económicos, rastreros y que tienen poco que ver con el espíritu familiar, deportivo, catalán y español que siempre ha reinado en nuestro Club.

Lo que decía: la verdad es de cada uno, qué fácil es mentir.

jueves, 5 de agosto de 2010

Mi Barcelona, ¿dónde está mi Barcelona?

No nos pilla de nuevo el ataque furibundo y políticamente manipulado a la Fiesta Nacional, es decir, a los espectáculos taurinos con muerte del toro, que hemos sufrido en estos últimos tiempos en Barcelona. No ahondaré demasiado en este tema, glosado ya de mil y una maneras y por ciento y un intelectuales, comentaristas, toreros, artistas, gente de bien todos ellos, en estas semanas que han pasado desde la prohibición decretada por esa inútil institución llamada “Parlament de Catalunya”.

Desde que tengo uso de conciencia o consciencia, sinónimos según la RAE, en mi ciudad natal, en mi querida Barcelona, siempre hemos vivido enfrentados aquellos que la consideramos parte intrínseca de España y de su historia, y los otros, los que sin rigor histórico, sin contemplaciones y sin otra ambición que arañar privilegios económicos, se han dedicado a desmontar una realidad irrefutable enfrentando a Barcelona y el resto de la región con la totalidad de España.

Conseguir beneficios monetarios ha sido y es el único fin de los enemigos de mi Barcelona, de mi Cataluña, ya sea como en otras épocas escalando los peldaños del poder del anterior régimen, en sus sindicatos y demás instituciones, agrupándose en mutuas, cámaras de comercio o círculos de poder variopintos, hasta las fáciles maniobras actuales por obra y gracia del sistema “democrático” y la ley electoral española, que permite el sinsentido que las minorías locales aplasten a la mayoría natural, a la historia y a la verdad absoluta con cuatro votos obtenidos bajo siglas grandilocuentes como solidaridad, libertad, igualdad, socialismo, unidad etc., votos robados al inculto e inocente votante que no llega a más y se cree a pie juntillas cualquier cosa que un político le prometa.

He sufrido en mi propio cuerpo el estigma de ser de un equipo diferente al Barza, de haber nacido en la Zona Alta, de haberme ido voluntario al servicio militar rechazando un “excedente de cupo”, de haber militado en Falange, de haber querido ser militar o Guardia Civil, de haber sido del SEU (el nuevo, se entiende) o de haber ondeado sin complejos la bandera de España, de mi patria, en cualquier ocasión que se prestaba a ello. Y no es de ahora, son ya más de 35 años de los 47 que acabo de cumplir en los que de forma consciente he estado librando día a día, paso a paso, una batalla continua contra una forma de presentar a Barcelona y Cataluña que nada tiene que ver con el amor que siento por ella ni con su realidad histórica.


Mi Barcelona es y ha sido taurina desde siempre, y no porque mi abuelo fuera el encargado con su empresa de construcción del mantenimiento de las Plazas de Toros y cines del Sr. Balañá, sino por una tradición centenaria como ciudad cuna de las mejores estrellas de la tauromaquia.


Mi Barcelona ha tenido siempre más de un equipo de fútbol, pero la sana rivalidad deportiva nunca ha cristalizado y siempre se ha tratado de una guerra abierta entre el deporte de verdad, el del RCD Español, del Júpiter, del Europa o de la Penya (aunque sea de Badalona sirva como ejemplo), frente al interés político, y por ende económico, masón (por secreto, anticristiano y mafioso) y sectario, del FC Barcelona.

Mi Barcelona tenía en su época, por casualidad desde el año que nací, en 1963, una réplica de la carabela la Santa María de Cristóbal Colón anclada en el puerto, junto a las Golondrinas, hasta que un intento de atentado de cachorros de Terra Lliure en 1987 y un posterior y sospechoso incendio acabaran con su existencia, fuera desmantelada, vendida y trasladada a Kobe, en Japón. Ya me diréis que pinta una réplica de la carabela de Colón en esa ciudad japonesa. Aunque quien sabe, con lo insistentes que son los separatistas creando mitos, leyendas y falsas historias igual nos demuestran finalmente que Colón era Colom, antepasado del ínclito Ángel Colom, luchador infatigable por el bien de Catalunya y el favor de mancebos, a poder ser moros, e intenten recuperar la Nao, anclándola de nuevo en nuestro puerto y decorándola con mil y una señeras, sin saber que de esta forma estarían devolviéndole sus emblemas originales, los de la Corona de Aragón de nuestro gran Fernando II , que junto a Isabel permitió que España iniciara la gesta de conquistar el mundo sin derramar ni una milésima parte de la sangre que usaron otras potencias en sus devaneos por el globo.

Mi Barcelona tenía a Copito de Nieve, traído de una de nuestras últimas colonias, Guinea, país que desde que lo dejamos ha ido de mal en peor y en el cual aún hoy, basándose en los relatos de padres y abuelos, nos echan tanto de menos como yo a mi Barcelona que se nos va. Con su conversión en Floquet de Neu llegó su fin, y pocos años duró ya el pobre viendo en lo que se estaba convirtiendo su Barcelona de adopción.

Así podría seguir con mil y un historias más de nuestra querida ciudad, que poco a poco va dejando de ocupar mi corazón y abriendo paso a un ansia loca por alzar el vuelo y largarme de una santa vez…

Mi Barcelona, ¿dónde está mi Barcelona?

martes, 13 de julio de 2010

El sueño de una noche de verano

Un adelanto del futuro que nos espera si no le ponemos remedio entre todos
Pues ya ha llegado el año 2011. No han pasado ni seis meses desde la victoria de la selección nacional de España en el Mundial de Fútbol de Sudáfrica y sin embargo viendo el día a día de nuestra querida España me parece que todo ha sido un sueño. Todo esto me viene a la mente en esta noche vieja, que celebro sólo en mi casa delante del omnipresente televisor, el único y fiel compañero que le queda a mucha gente con el transcurrir de los años (y la gradual pérdida de vida social). Aquí, sentado y viendo el resumen del año, que se centra en los pocos hechos positivos o bonitos vividos en los últimos 12 meses, sobre todo en la brillante conquista del mundial de fútbol en el mes de Julio, me vienen a la mente tantos recuerdos e ilusiones, tantas frases de esperanza y tantas sonrisas compartidas, tantos cohetes lanzados al terrado del vecino y tantas cervezas derramadas para poder pedir otra sin falta para seguir brindando, que se me hace difícil asimilar el fracaso colectivo de nuestra patria que siguió al referido evento deportivo. ¿Quién lo iba a decir? La mágica noche del 11 de Julio acabó en una explosión de júbilo incontenible que desbordó plazas, calles, jardines y bosques, muros y torreones, playas y prados de toda España. Desde Tarifa hasta Cariño, desde Fuentealbilla hasta Cadaqués y desde Jaca hasta Águilas, todo el territorio nacional quedó cubierto por un manto rojo y amarillo cargado de ilusión, de unión, de alegría, un manto tendido por una persona honesta, sencilla, trabajadora, española sin manipulaciones, llamada Andrés Iniesta. Un chico normal, humilde, sin pretensiones de líder mediático ni de icono de falsas patrias, entregado a su trabajo, amigo de sus amigos y de todos los españoles. Pero ese manto con los colores de nuestra bandera duró muy poco extendido sobre la piel de toro. Mientras que los medios de comunicación de toda España siguieron durante bastante tiempo aprovechando el tirón del fútbol haciéndonos soñar con una España en unión, con un renacer del sentimiento patrio, con una reactivación económica y con un baby boom debido al gol de Andrés, las fuerzas políticas tanto separatistas (sobre todo en Cataluña) como separadoras (el PSOE con sus mentiras continuadas y su burda manipulación del éxito deportivo convirtiéndolo en un éxito de su propia gestión), no tardaron mucho en devolvernos a la realidad de una España dividida entre el ciudadano atontado, alelado e iluso y la casta política dedicándose a lo suyo, a manipular, a mentir y a utilizar cualquier medio a su alcance para seguir ocupando su trono dorado del “dolce far niente” disfrazado de abnegada gestión política y económica por el bien de todos. De todos “ellos” será. Porque España siguió hundiéndose en la miseria sin remedio, a pesar de los goles de Villa o de Iniesta. El gobierno central del cada vez más esperpéntico y mentiroso compulsivo Zapatero, apoyado en las bandas por los extremos Pepiño Blanco y Leire Pajín, en esa selección igualitaria, no ya en la representación proporcional de todos los sexos (que desde que manda el PSOE ya no son dos sino bastantes variantes más) sino en la incultura, el analfabetismo funcional y la desfachatez total y absoluta, reculó todo lo que pudo ante la presión de sus socios del PSC, y para no perder votos promulgó varias leyes por el método abreviado del decreto ley que permitieron reducir la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña a simple papel mojado. La expresión “nació catalana” fue declarada legal dentro del marco de la asociación al Estado Español, el poder judicial fue asumido con un 100% de competencias por el nuevo Tribunal Superior Catalán, y la inmersión lingüística pasó a ser obligatoria hasta los 16 años, prohibiéndose la enseñanza en castellano en todo el territorio catalán como primer idioma. La amenaza de los socialistas catalanes de abandonar su ligazón con el PSOE y de presentarse de forma independiente en las próximas elecciones generales forzó a Zapatero y sus secuaces a claudicar en todas y cada una de las exigencias del reyezuelo Montilla. En las elecciones autonómica catalanas, y con una burda maniobra similar a la del nacimiento del primer y nefasto tripartito, el PSC se aupó de nuevo al poder, esta vez con el apoyo de Esquerra y con el pujante partido de Laporta, Democracia Catalana, el cual, usando el voto tonto de los seguidores del fútbol consiguió asociar en la mente obtusa de los ciudadanos de Cataluña la idea de que Iniesta es igual a Barça igual a Democracia e igual a progreso y trabajo para todos. Nunca aprenderán. El antes llamado RCD Español, después del ingreso de varios de sus directivos en el partido de Laporta, y en una claudicación a la presión ejercida por el poder nacionalista, cambió su centenario nombre por el de Atlético de Catalunya, celebrándose un multitudinario partido de homenaje a la selección catalana (que según ellos ganó el Mundial de Sudáfrica bajo otra bandera debido a imperativos legales) en el rebautizado Estadi Nacional, con el consejero delegado Collet haciendo de correveidile, palanganero y machaca del conseller de Deportes Laporta. La poca resistencia popular fue ahogada en las calles por batallones de Mossos de Escuadra, que se llevaron por delante a unos cuantos cientos de catalanes que osaron mostrar una bandera rojigualda por los alrededores del campo. Solamente pensar que hace 6 meses más de 150.000 personas llenaron las calles de Barcelona con dichas banderas se me hace muy extraño.
¿Qué ha pasado con esa ilusión colectiva? ¿Por qué los ciudadanos han vuelto a votar a todos estos manipuladores que por un puñado de votos son capaces de vender a su madre, a la de su vecino y hasta de comprar el pueblo de Fuentealbilla, ponerle una parada del AV (al AVE ya le quitaron la E de España pasado el verano) y cambiarle el nombre por Font del Reneixament? ¿Es que no aprenderemos nunca?
P.D. Estamos a tiempo de evitar esto o cosas similares. Allá cada uno con su conciencia.

lunes, 5 de julio de 2010

Que poco me gusta el Mundial de Fútbol

Pues eso. Como cada vez que triunfamos en algún deporte, los españolitos de a pie, tan patriotas ellos, salen hasta de debajo de las piedras. Y por mucho que me guste ondear la bandera de España, lucir su camiseta y cantar el himno nacional, siempre me queda ese regusto a simplicidad y estupidez. ¿Cómo puede ser que durante todo un año los catalanes traguemos con partidos políticos que ningunean a España, cómo puede ser tan estúpida la gente que cuando hay elecciones siguen votando a partidos políticos que hacen del odio a España su leitmotiv y ahora en cambio lucen esas camisetas de la roja? No se puede estar solamente a las maduras, en los temas superficiales, en los triunfos deportivos, y el resto del año obviar a la patria, cerrar los ojos y mirar a otro lado. Hay que estar a las duras, hay que ser consecuente con lo que se predica. Querer a España no significa solamente animarla durante 90 minutos, pintarse la cara con los colores de nuestra querida bandera, tomarse 10 cervezas y entonar el penoso loroloroloroloro desconociendo que nuestro himno tiene no una sino varias letras oficiales.

Para querer a España de verdad hay que amarla en el día a día, estudiando, trabajando, ayudando a los necesitados, visitándola, cuidándola, respetándola, pero, sobre todo, dando la cara y luchando palmo a palmo, casa a casa, barrio a barrio, ciudad a ciudad y elecciones tras elecciones por sus símbolos, su idioma, su historia y su grandeza. No podemos aceptar durante 340 días al año que multen a los negocios por no rotular en catalán, que a los niños les obliguen a hablar en catalán hasta en los recreos, que el 50% de las películas de estreno tenga que ser en catalán, para desgracia y ruina de la industria cinematográfica, y luego, de golpe, durante los 20 escasos días que dura un mundial, ser el español más patriota.

Como diría una buena amiga mía, España es bastante más que un partido de fútbol, que una carrera de motos o que un triunfo de Nadal en Wimbledon. En otras épocas, gloriosas épocas en mi opinión, España se definía como una unidad de destino en lo universal. No es una frase dicha en vano, ni demagógica. Es una definición bien clara de que España es algo más. Es nuestra madre, es el resultado de 2.000 años de historia conjunta, de luchas y hazañas inigualables por cualquier otra nación del mundo, son biografías de cientos de guerreros, científicos, poetas, artistas, intelectuales, religiosos, descubridores, emprendedores, en resumen, de hombres y mujeres luchadores por una causa común, son ellos los que nos permiten disfrutar hoy en día de estos simples partidos de fútbol con orgullo, llorar con la piel de gallina cuando suena el himno nacional o saltar como condenados cuando metemos un gol. España no es la Roja, España no son 11 jugadores y un entrenador. España es una herencia que Dios nos ha permitido disfrutar. Y España somos la suma de todos aquellos que la queremos de verdad, que la respetamos desde el alba hasta el anochecer, de Lunes a Domingo, y como se dice hoy en día, los que la amamos 365 días x 24 horas. España. Siempre. Lo demás, puro circo.



martes, 15 de junio de 2010

La boda de mi prima (I’ve got a feeling)

Notas previas:

Para mis lectores habituales: Este largo relato es un poco diferente a lo que suelo escribir, por lo que si os aburrís lo entenderé bien y os permito dejarlo a medias.

Para los que asistieron a la boda: Cada uno de vosotros lo habrá vivido de otra forma, y seguro que hay otros mil detalles que podría haber incluido, pero espero que a pesar de todo paséis un rato ameno.

Para la familia, en especial para Sandra y Santy: todo lo que sigue va por esta estupenda pareja que formáis. Muchas gracias por haberme dejado compartir estos días maravillosos con vosotros.

Para todos: Os recomiendo imprimir este artículo y leerlo con calma, sentados en un sitio cómodo y con unas hierbas ibicencas en la copa. Y si suena buena música, mejor que mejor.

Ahí vamos…

I’ve got a feeling, that tonight it’s gonna be a good night. Así empieza la canción de moda de los Black Eyed Peas, y por una vez la canción del verano ha acertado. Por lo menos en lo que a mí respecta. Pero lo vivido en Ibiza el fin de semana pasado no ha sido simplemente una buena noche, han sido 3 días geniales cargados de alegría (teniendo a toda la familia Alegría rondando por ahí tampoco es de extrañar), de risas, de felicidad y de momentos inolvidables que me harán cantar por siempre la dichosa canción, pero con una pequeña variante, cambiaré el “good” por el “best” y lo dejaré en “it’s been the BEST night”. Los afortunados que tuvisteis la gran suerte de asistir a esta boda única entenderéis muy bien lo que escribo, a los demás intentaré describiros un poco lo vivido entre el 10 y el 13 de Junio en la isla de Ibiza. Como es de entender esta descripción se basará en mis propias vivencias y sentimientos, que poco (o en algunos casos mucho) tendrá que ver con la impresión que se puedan haber llevado los demás participantes en este memorable evento. Pero seguro que cada uno de los más de 80 jóvenes de “carnet” y el resto de jóvenes de “espíritu” sentirá cosas similares. Me jugaría un mojito y hasta unas hierbas ibicencas a que es así.

La gran aventura comienza un jueves al mediodía, ya que estamos citados el viernes por la mañana en el puerto de Ibiza para coger un catamarán a Formentera. Embarco en Barcelona sin conocer a nadie, pero intuyo que algunas de las personas que están en la cola son parte de los invitados. Una pena no conocerlos, por cierto, ya que una de las “figuras” de todo el fin de semana, y en parte causante de todo el lio, es hermano del novio y está justo detrás mío embarcando hacia Ibiza: fue precisamente esta persona la que propició hace unos años que la pareja que está a punto de casarse se conociera. Pero esto es harina de otro costal, son historias que sucedieron hace años entre Australia y Barcelona y que no vienen al caso (o quizás si). En el aeropuerto me recogen mi tía, mi prima y el futuro marido y después de una corta visita a su casa en la que admiro no solamente la construcción en sí y la tranquilidad del idílico paraje sino también los progresos de la pequeña Alexa, que sonriendo como siempre ya empieza a dar sus primeros pasitos con un mínimo de ayuda, nos acercamos al hotel. Un rápido check-in y al chiringuito a comer algo en “petit comité”. La cosa ya pinta bien, a pesar de tratarse de un hotel del Grupo Playasol cuyo propietario acaba de ser encarcelado por múltiples fraudes en la operación “Trueno”. En este caso el nombre que le han dado los investigadores es bastante apropiado, porque la historia de este empresario ha estallado como una caja de truenos: el clásico pelotazo de los 80 con más de 70 hoteles en propiedad, aderezado con personal ilegal, hacinamiento en zulos, camareras con cláusulas de favores sexuales, más de 15 millones de Euros defraudados a Hacienda y millones de euros escondidos en bolsas de basura para la compra de terrenos en su pueblo natal. La (por desgracia) tan repetida historia de empresarios que se han enriquecido en España gracias a su simpatía, su populismo y el apoyo de políticos y autoridades corruptas. Pero dejemos de lado a este defraudador y volvamos a lo nuestro. Decía que la cosa pinta bien. El hotel tiene una situación privilegiada, casi a ras del agua, y una cómoda pasarela de madera bordea la playa en ambas direcciones, con la ciudad de Ibiza al fondo y pequeños veleros anclados en las verdes y tranquilas aguas de la playa de Talamanca. Realmente bucólico, si se pudiera aplicar esta palabra a un paisaje marino. Comemos mejillones, gambas y pescado con arroz en un acogedor chiringuito que por ahora no se ha visto afectado por la Ley de Costas (me pregunto qué va a ser de nuestras playas sin estos locales que son el paradigma del veraneo en España), y gracias a un par (¿o fueron cuatro?) de sangrías de cava y algunas hierbas ibicencas la conversación se convierte en un presagio de lo que va a dar de sí el fin de semana y nos reímos bastante. En un momento de euforia miro a Santy, miro a Fina, y le comento a mi tía: “Ha valido la pena esperar, verdad? Y tanto, me contesta…”. Llamamos a los “tiets” que faltan, es decir, a mi padre y tía Montse, y ya tenemos la primera anécdota del día: “Traidora, traidora” grita mi prima desde su silla (se entiende que es por no haber venido), y la respuesta de nuestra tía no puede ser otra: “¿Ya habéis bebido, verdad?” Risas, unas cuantas fotos (que pena que luego se perdiera la cámara) y a descansar, que por la noche hay cena “light” para los jóvenes. Por primera vez en este viaje echo de menos mi clásica libretilla que suelo llevar encima cuando hago mi tramo anual del Camino de Santiago y en la que suelo apuntar las anécdotas que van sucediendo. Mi memoria ya no da para tanto y es una pena, porque seguro que me olvido de algún detalle. Lo de descansar, es un decir. Al llegar al hotel nos encontramos con algunos invitados que ya pululan por ahí, y nos juntamos unos cuantos en una mesa para disfrutar de la sobremesa. Se nos unen Gisèle y Jens que han venido desde Alemania y una simpática pareja de franceses que también son “herencia” de la estancia de mi prima en Australia y entre hierbas ibicencas que van cayendo cual hojas de los árboles alargamos la conversación hasta casi las 8. (Estas hierbas se irán convirtiendo poco a poco en el “leitmotiv” de toda la boda y hasta aparecerán en el discurso de mi prima durante la ceremonia nupcial). Nos damos un margen de 1 horita antes de reencontrarnos en la piscina, y hacia las 9:30 nos ponemos en marcha hacia el centro de Ibiza. Como hemos quedado en el centro de la ciudad de Ibiza seguimos las recomendaciones de los autóctonos y cogemos un pequeño “vaporetto” que por el módico precio de 1 euro te deja en el mismo centro de la capital, a pocos metros del local en el que hemos quedado. Paseamos un rato ente tenderetes hippies, gente extraña y guiris de todos los colores y sexos (eso de que solamente existen 2 sexos parece no poder aplicarse a esta isla y en muchos casos tengo serias dudas sobre lo que ocultan los pareos y demás prendas veraniegas que lucen los paseantes, pero no me pongo a investigar. No vaya a ser que me lleve una sorpresa a las primeras de cambio), y nos reunimos con el resto en la pizzería Pinocho. (http://www.pizzeriapinocho.com/html/es/galeria.html) La “reserva” es muy sui generis, como al parecer todo en Ibiza, ya que hay que ir esperando a que la gente vaya vaciando las mesas y tomarlas al asalto. Al final conseguimos sentarnos todos y cenamos pasta y pizza entre presentaciones, pequeñas charlas introductorias y un ligero sentimiento de que se avecina algo grande. Todo el mundo está risueño, todo son buenas caras y ganas de disfrutar del momento. La alegría natural de mi prima parece que se contagia bastante más que la mítica gripe “A”, que al final se quedó en “a” minúscula y no pasó de ser un resfriado invernal de lo más light de los últimos años. La felicidad que rodea a este grupo de gente sí que es una epidemia. Y de las fuertes. Después de la cena visitamos un local de copas, de cuyo nombre por desgracia no me acuerdo, y la presunta cena “light” se convierte en un buen aperitivo de lo que nos espera al día siguiente. Conozco a mucha gente pero no me acuerdo de la mitad de los nombres. Como ya decía, tendré que volver al tema de la libretilla y tomar apuntes a escondidas. No vaya a ser que la gente me llame desmemoriado y quieran practicar conmigo algún tratamiento de memoria histórica o histérica. Cogemos unos cuantos taxis a última hora y de vuelta al hotel. La pequeña fuente que decora la recepción del hotel se convierte en improvisado “meeting point” reconvertido en “lava pies” y sin más dilación que algunas chanzas e intentos desesperados de encontrar algo bebible en el hotel nos retiramos a nuestras respectivas habitaciones (yo por lo menos, pero no pondría la mano en el fuego por los demás y seguro que alguno se “equivocó” con el número de su puerta). Pero estos errores no creo que sean malos, peores cosas hacen por el mundo que quedan sin castigo.

Y llega el viernes. Me despierto bastante pronto y con el día nublado, “pero algo me dice, que voy a pasármelo bien (muy bien)”. Despacho en pocos minutos el bufet libre del hotel con la normal y única selección que se puede hacer en un hotel de playa de 3 estrellas: huevos con beicon y un poco de zumo, y ni tocar el grisáceo café laxante o los embutidos de tercera que parece que los fabriquen solamente para que los guiris se preparen sus sándwiches para pasar el día sin gastar y amortizar aún más su pulsera de todo incluido. Al jamón de york solamente le falta el sello del Grupo Playasol incrustado entre las duras vetas de grasa y el queso es una masa deforme inyectada sobre una bandeja de plástico. (Para quesos, los de la boda, pero aún no hemos llegado a esa parte de la historia). Como me sobran casi 2 horas me voy a pasear un poco y me recorro todo el puerto de Marina Botafoch en busca de la prensa del día, que por cierto se mueve entre nublado, más nublado y muy nublado. Tengo serias dudas de que el sol haga acto de presencia, pero yerro de cuajo. Me olvidaba que la agencia que ha ayudado a mi prima se llama “Remedios sin Receta” y que su realmente insuperable servicio no incluye solamente profesionalidad, simpatía y saber hacer sino también un timing perfecto con el tiempo y un pacto secreto con el sol que algún día tendrían que desvelar y compartir con los demás mortales. Si alguna vez precisas una agencia que sepa organizar eventos inolvidables no dudes en contactar con estos cracks. (http://www.remediosinreceta.com/) Lo han bordado.

El catamarán tiene previsto salir hacia las 11:30, pero a esa hora se ve a muy poca gente por el embarcadero. Está el personal de la agencia cargando la embarcación con viandas y bebidas (más de lo segundo) y algún despistado como yo que no ha tenido en cuenta que por la mañana en Ibiza todo va a un ritmo bastante más lento que en los demás lugares. Si no me acuerdo mal partimos hacia las 12:30 después de algunos amagos de chaparrón y poco sol a la vista. La subida al catamarán incluye el primer “obsequio” de los novios, un precioso pareo/toalla para cada uno, blanco para los chichos, violeta para las féminas. Sandra y Santy han pensado realmente en todo. Que monos. Las instrucciones de la “encargada” del barco, una señora alemana de mediana edad, son bastante simples: los zapatos se quedan en un banco a la izquierda, los fumadores se sirvan usar solamente el lado derecho de la embarcación (deduzco que los depósitos de combustible quedan debajo de los zapatos), no saltar en marcha al agua, no usar las telas del solarium como trampolines y cuando lleguemos a Formentera “recordad todos que a las 5 hay que estar de vuelta “albaco”. Primeras risas por el acento de esta simpática mujer e iniciamos la travesía hacia la isla de Formentera. Hay un par de empleados más del propio barco, dos simpáticos sudamericanos encargados de la barra y un DJ muy especial (que resultará ser muy bueno, como cabía esperar) que nos amenizará el día. Al rato comienzan a carburar los “cocteleros”: empiezan a servir un mojito tras otro, que vamos consumiendo al mismo ritmo que van saliendo de las diestras manos de los camareros. Un primo menor de edad que se ha colado en el barco me pide poder tomar un trago de mi primer mojito, no se lo niego, pero decido que lo más apropiado es que se tome uno entero. ¿Dónde vas con un traguito con todo lo que nos queda de viaje? A las 2 horas me arrepiento de esta iniciativa tan “generosa”, ya que vivo en directo la primera “potada” del día, que acaba solucionada con un buen baño en las frías aguas de Formentera y una siesta en el lateral del barco bajo mi atenta mirada (solo faltaría que se cayera al agua dormido).

El vaivén del barco, la excelente música del DJ Sergio (http://ragde.com/web/sergioserrano/index2.html) y el bailoteo de todos convierten el viaje en una fiesta de risa fácil, conversaciones amenas y algún que otro pequeño tropezón en el suelo mojado de la cubierta. Una pequeña cura a un chico que se ha clavado un cristal en el pie, arreglado por las diestras manos de la alemana con un poco de betadine y un guante de plástico a modo de calcetín y la realmente triste desaparición de mi cámara de fotos son las únicas notas negativas del día en alta mar. Anclados durante varias horas delante de la playa de Ses Salines damos buena cuenta de los más de 500 mojitos que al final se sirvieron y de alguna que otra sandia rellena de un misterioso líquido embriagador que acaba por rematar hasta el último “mi cuit” que nos persigue. Los “mi cuit” son gaviotas que nos siguen nadando para pillar los restos de comida y que he bautizado así porque parecen patitos. Al final les sale redondo el viaje (se lo deben saber), ya que reciben al vuelo bastantes patas de pollo de la comida que nos sirven. Es que hay poca hambre y mucha sed. Y un sol que flipas (lo dicho, la agencia se las sabe todas). La vuelta a Ibiza es tranquila, y en el muelle nos espera el comité de bienvenida, ansioso de saber cómo nos ha ido. Padres, tíos, amigos nos reciben vigilantes para observar cualquier balanceo fuera de lo normal, pero al final desisten. Los 76 héroes del catamarán parece que nos movamos al unísono, y la razón es obvia: el oleaje nos ha mareado a todos un poco (¿oleaje has dicho? Si el mar parece una balsa…). Nos disolvemos con algún pequeño incidente en las rocas que bordean el muelle (una caída tonta debida de nuevo, digo yo, al oleaje) (¿ya estás mejor, Gisèle?). De vuelta al hotel intentamos comer algo en un chiringuito, pero lo que ofrecen no entusiasma a nadie, y como casi todos hemos vuelto con hambre (cuanto daría ahora por los muslos de pollo que tan alegremente se disputaban las gaviotas hace unas horas), montamos una pequeña reunión en la terraza del hotel y decidimos llamar a Telepizza. Las 8 o 10 pizzas desaparecen en un santiamén y algunos nos retiramos a descansar. Doy por sobreentendido que el sector juvenil seguirá un rato con la fiesta (como así fue), pero para mí el día ya sido tan placentero que no necesito emociones adicionales. Mañana toca boda, y visto el ambiente promete bastante.

Es sábado, me levanto pronto y paso de nuevo por la tortura del bufet libre del hotel. El manido recurso de los huevos con beicon me sirve para llenar un poco el estómago, que a pesar de las pizzas de la noche sigue gruñendo cual perro antidroga en el aeropuerto de Bangkok y doy una vuelta por la playa a por la prensa, haciendo tiempo hasta la llegada de mi hermano. Hacia el mediodía llega el resto de mi familia, hermano, cuñada y mis dos increíbles sobrinitos, que cada día son menos “itos”. Como pasa el tiempo…, aunque es fácil de entender: viéndolos en tan pocas ocasiones los saltos en la edad sorprenden cada vez que los ves. Dentro de poco aparecerán con sus respectivas novietas y mi dentadura reposará en un vaso lleno de polident o cualquier otro desinfectante, vaso que en épocas gloriosas habría contenido hierbas ibicencas, orujo o cualquier otro elixir de eterna juventud. Qué le vamos a hacer, es ley de vida.

Pasamos lo que queda de la mañana desayunando, intercalamos una corta visita al mercadillo hippy de las Dalias y un largo baño de los niños en la piscina del hotel, esperando la hora de salida hacia casa de mi tía para asistir a la lectura del poema y la sesión de fotos familiares.

Hacia las 5 partimos, ya todos de blanco, rumbo a la residencia Alegría-Martí, dónde nos esperan los demás. Realment fem goig. Un poco de cava, fotos de todo tipo, desde todos los ángulos y con todas las combinaciones posibles de primos, hermanos, cuñados, padre y tíos, y llega el momento de la entrega de ramo y lectura del poema por parte de Pablo. Acompañado a la guitarra por otro de los invitados (cuanto daría yo por tener memoria fotográfica y poder recordar los nombres de las 100 y pico personas que me presentaron ayer…), el íntimo acto resume lo que estamos viviendo desde hace ya 2 días: un ambiente de amistad, simpatía, alegría y complicidad que pocas veces he visto. Todo muy normal, sin estridencias, sin gritos, sin exageraciones ni teatro, simplemente bonito. Mi prima Sandra está preciosa. Muy, pero que muy guapa, aunque esto lo sabéis todos los que estuvisteis en la boda. Acabada esta parte del ritual de las bodas nos subimos en las furgonetas para, ahora sí, dirigirnos a la cala en la que se celebrará la ceremonia y posterior cena. El viaje no se nos hace largo, y después de media horita avistamos ya el increíble entorno en el que se celebrará la unión. Se trata de Cala Comte, o Conta, o Compte (si googueleas salen estas tres acepciones). No podía ser mejor: una idílica cala, con las islas la Conillera y des Bosc enfrente, delante un altar sobre el acantilado, y como no podía ser de otra manera, en el momento de llegar aparece un resplandeciente sol al fondo. Solamente faltaría que el sol proyectara las sonrisas de Sandra y Santy sobre la playa (si lo leen los amigos de Remedios sin Receta que tomen nota, hubiera sido la guinda a un evento tan perfecto). De nuevo los bonitos detalles: esta vez se trata de un pai pai para las señoras, por si hiciera demasiado calor. Van llegando los autobuses cargados de gente guapa vestida de blanco, y ya ubicados todos sobre el acantilado nos prestamos a asistir a la ceremonia “civil”. No voy a entrar ahora en la discusión sobre estas bodas civiles que imitan hasta el último detalle una celebración religiosa. Falta solamente que nos den la comunión al final en forma de tarta de almendras y la misa sería completa. Olvidadlo, que temas así los dejo para mis artículos habituales, cargados de crítica, cinismo, rabia y demás. Hoy estoy feliz, contento y positivo. Hacen la entrada los 3 niños, con la pequeña Alexa en el centro, estrenándose en este tema tan cansado que se llama andar (cuanto daríamos nosotros hoy en día porque nos llevaran en brazos), y el momento es realmente emotivo. Los primeros aplausos y alguna que otra lágrima de emoción dan paso al discurso de la funcionaria que oficia la ceremonia, la cual inicia el acto con una bienvenida en varios idiomas, con un sorprendentemente correcto francés y alemán, e intercala una bonita leyenda sobre la isla que tenemos al frente. Aprendemos todos que no se llama Conillera por lo de los conejos en catalán, sino que el origen etimológico se debe a la palabra cueva en latín y a la multitud de cuevas que agujerean dicho islote. Siguen los discursos propios de los novios, del padrino Pablo, omnipresente en los momentos clave, y entre fuertes aplausos los novios son declarados marido y mujer y ceden su lugar a una multitud de testigos que tienen que firmar en el preceptivo libro. Da gusto verlos, parecen una pareja de cine de los años 20, e irradian una felicidad que contagia a todos y que nos hace mirar al fondo, hacia el sol que se está poniendo entre ambas islitas, como si de una película se tratara. Lo dicho, un sueño hecho realidad.

Se abre la fase del aperitivo, que como era de esperar es de una calidad sublime. Degustación de quesos digna del mejor Relais&Chateaux francés, jamón del mejor inalcanzable por las colas que se forman inicialmente, y delicatesen de todo tipo que van siendo servidas por un perfecto servicio vestido de negro para contrastar con los 200 hombrecitos y mujercitas vestidos de blanco virginal. Por una vez hasta yo mismo me siento guapo, viéndome rodeado por bellezas de ambos sexos, que se superan uno a otro en educación, simpatía y saber estar. Pasamos así todos un rato increíble, asistiendo a una puesta de sol digna de las mejores ocasiones, degustando manjares y bebiendo vinos y cavas que fluyen por nuestro cuerpo alegrando nuestro interior para estar a la altura del momento tan bello que tenemos el privilegio de compartir. Al final del aperitivo nos sorprende el ya marido, Santy, con una actuación musical, dedicándole una canción a Sandra, y poco a poco nos vamos sentando en las mesas que nos han asignado, cada una con el nombre de una cala de Ibiza y localizable en los mapas que tenemos todos en las mesas. No solamente disfrutamos de la comida, sino que encima aprendemos un poco de geografía. Toma ya. De la cena poco voy a contar: con lo bueno que estaba todo no podía ser de otra manera, y los deliciosos platos y el excelente servicio acompañan las interesantes (por lo menos en mi caso) conversaciones de las mesas. Por cierto, para aquellos que nos estuvieron o no se acuerdan del nombre del restaurante (como me ha pasado a mí), se trata del Ses Roques. ( http://www.minube.com/rincon/restaurante-ses-roques-a13609). Acabada la cena se rompe por fin el protocolo y la gente se va acercando poco a poco a la barra y la pista de baile. A partir de este momento empieza el desmelene total. Arreglados todos con un nuevo obsequio de los contrayentes, un elegante foulard blanco, por si acaso nos entra frío, y acompañados por una banda sonora acertada en todas y cada una de las canciones, pasamos la noche bailando, cantando y disfrutando, sin límites de edad, sin problemas de relación, disfrutando como niños pequeños de esta boda que va a dejar un recuerdo imborrable en todos y cada uno de nosotros. Admiramos los juegos de luces que van iluminando las rocas y el altar, que va pasando de un azul a un violeta, fundiendo el increíble paisaje en un escenario tan acogedor y mágico que solamente recordarlo ya embriaga. Pero la noche aún nos depara la última sorpresa insuperable: después de la canción que Santy dedicó a Sandra a la hora del aperitivo, mi prima nos sorprende a todos, y sobre todo a su ya marido, con un videoclip de lo más original: el “Words don’t come easy” con ella misma de protagonista. Ya lo digo, original, bien hecho, profesional, y con Santy temblando y con ganas de coger a su recién estrenada mujer e irse a casa corriendo.

La mayoría de los comentarios apuntan en la misma dirección: “ha sido la mejor boda de mi vida”. Esperemos que lo haya sido para Sandra y Santy, que realmente se lo merecen. Sorry, corrijo lo último, sabemos a ciencia cierta que ha sido la mejor boda para ellos. Como para nosotros. Gracias Sandra. Gracias Santy. Si os volvéis a casar (esto lo digo por un amigo común que tenemos Sandra y yo y que se ha casado 3 veces con la misma mujer) o celebráis aniversarios pensad en mí. No me lo perdería por nada del mundo. Y este mágico y entrañable cuento acaba con todo el mundo reunido en medio de la pista, saltando y botando al ritmo de una canción que hasta ahora no me gustaba, pero que nos ha acompañado durante estos 2 o 3 mágicos días en esta isla que ahora sí que he aprendido a querer, canción que por tanto no podré dejar de tararear durante mucho, mucho tiempo…

I’ve gotta feeling...

That tonight's gonna be a good night...

Tonight's the night

Let's live it up...

I got my money

Let's spend it up

Go out and smash it

Like Oh My God

Jump off that sofa

Let's get get OFF

I hasn't been just a good night, it has been the BEST night.