No me podréis
negar que después de leer la definición y viendo esta foto sea normal pensar de inmediato en
nuestro esperpéntico Arturo, ahora reconvertido en Artur al dejarse la “o” en
casa para sus ratos íntimos y en familia, en los que, como bien es sabido, el
idioma imperante es el castellano.martes, 18 de junio de 2013
El bululú catalán
No me podréis
negar que después de leer la definición y viendo esta foto sea normal pensar de inmediato en
nuestro esperpéntico Arturo, ahora reconvertido en Artur al dejarse la “o” en
casa para sus ratos íntimos y en familia, en los que, como bien es sabido, el
idioma imperante es el castellano.sábado, 25 de agosto de 2012
Ahora que de casi todo hace ya veinte años
lunes, 7 de febrero de 2011
Pues qué queréis que os diga, a mí siempre me ha gustado el Real Madrid
Leo en uno de los nuevos medios pericos, en “Crónica Perica”, un editorial titulado “Ni amigos para siempre, ni enemigos”. Valga lo de “nuevo” por acabar de iniciar su andadura por el mundo de Internet, no por algunos de los colaboradores, que tienen ya una cierta edad (como yo) y un “curriculum” como cronistas pericos que cada uno puede valorar como quiera.
En un tono muy “light”, supongo que para cubrir el expediente, no molestar a nadie y sobre todo mantener su indefinición, que no es lo mismo que su independencia, no nos explican nada nuevo. Que si el Barça y el Madrid se parecen, que son 2 equipos grandes que en el fondo hacen lo mismo, que a nosotros lo que nos interesa es ganar, sea a quien sea, que por tener el mismo enemigo, al puto Barza, no tenemos por que ser amigos, etc. etc. Solamente les falta acabar con el grito de “merengues y culés, la misma mierda es”, aunque para eso ya tienen al inefable Jordi Princep aportando sus siempre “valiosos” comentarios.
Todo esto está muy bien, queda muy sensato y muy acorde con los tiempos que corren, en los que tener ideales, decir verdades, luchar contra algo o alguien y buscar la verdad contra corriente está mal visto. Hay que ser tibio, indeciso, ni carne ni pescado, metrosexual, liberal, nacionalista desconocedor de tu propia historia, demócrata sin libertad ni derecho a fumar, hay que apoyar con insensatos gritos de “libertad” a un mundo árabe que esclaviza a centenares de millones de hombres y humilla a otros tantos millones de mujeres, defender un idioma prohibiendo otro (y en la mayoría de los casos sin saberlo hablar siquiera), prefiriendo siempre el mal menor antes que dejar asomar un atisbo de lucidez y de lucha para enfrentarse a la mentira generalizada y al embobamiento de la sociedad. Así es como me suena el artículo de marras.
Pues que queréis que os diga, a mí siempre me ha gustado el Real Madrid. Soy catalán (o sea español) de nacimiento, seguidor del Español desde que tengo conciencia, socio del Club desde los lejanos años 70 del siglo pasado, años en los que la mayoría no habíais ni nacido y también lo son la mayoría de mis familiares y amigos. Siempre hemos sentido una gran simpatía por el Real Madrid. Igual que millones de personas en otras partes de España y hasta en otros países y continentes. Nos criamos en una época en la que los dos canales de televisión, ambos en blanco y negro, tenían bastante con esa riqueza cromática que va del negro al blanco pasando por una variable escala de grises, para permitirnos disfrutar con los episodios de "Kung-Fu" , con la cita semanal de “Crónicas de un Pueblo” y con los enormes partidos del Real Madrid de esa época. No había guerra mediática, ni politiqueo barato, ni la manipulación interesada de un equipo y de sus colores para sacar réditos económicos, sociales o políticos. Existía una afición sana al fútbol, el Madrid nos representaba a todos los españoles, y el Barça era un equipo más del montón, como el nuestro, como el Betis o como el Sporting de Gijón.
Más razón aún para seguir admirando al Real Madrid y para odiar a muerte al Bar$a, que no es más que una bandera extranjera utilizada una y mil veces por personas interesadas en el enfrentamiento con Madrid como sede del gobierno de España y con el Real Madrid como sede de la gloria futbolística. El Barça no representa a nadie que esté en su sano juicio. El Barça es una institución fundada por un extranjero y viciada desde su nacimiento. No es sinónimo de fútbol, de deporte, de honradez y triunfos históricos. Es y ha sido una herramienta de empresarios avariciosos, de políticos y de trepas del tres al cuarto, que han usado, al igual que el nacionalismo catalán, los “nobles” sentimientos de gente humilde, sobre todo inmigrantes del resto de España, casi todos ellos sin una mínima base educativa y cultural, para manipularlos y explotarlos durante décadas.
Y yo no caigo en ninguna trampa del pensamiento único azulgrana, como dicen los de "Crónica Perica". La verdadera trampa es comparar al Barça con el Real Madrid. Es como poner en una balanza a la Leire Pajín y a Elsa Pataky. O a Cristina Almeida y Sara Carbonero. El Barça es el deshonor, la mentira, la manipulación histórica. Y el Real Madrid es eso, el REAL MADRID.
Ni más ni menos.
P.D. Por si queréis leer el artículo que ha originado mi respuesta, aquí lo tenéis:
martes, 24 de agosto de 2010
La verdad es de cada uno (que fácil es mentir)
Todos sabemos que la verdad absoluta existe, pero que cada uno la interpreta, manipula, deforma o cambia a su antojo. Un hecho es un hecho, inamovible, eterno, pero a partir de aquí cada persona, cada colectivo, cada historiador, y sobre todo cada partido o grupo de presión, se recrea girando la tortilla hacia el lado que más le conviene en ese momento. Y tampoco lo hace de forma definitiva, sino que va adaptando el cuento a las circunstancias, intentando sacarle todo el jugo posible.
No hay que rascar mucho para encontrar ejemplos que claman al cielo, basta con abrir cualquier diario, leer aleatoriamente una página web o aguantar alguno de los burdos y simplistas programas de televisión de máxima audiencia (lo de máxima sí que es preocupante), pero en estos últimos días hemos visto unos cuantos ejemplos que sinceramente son inaguantables.
Una de historia e ingleses: Como algunos (o muchos) sabréis el mítico Almirante D. Blas de Lezo y Olavarrieta, ilustre y victorioso marinero español, de las vascongadas, en concreto de Pasajes, ahora Pasaia, también llamado “Medio Hombre”, defendió Cartagena de Indias con solamente 3.000 hombres entre tropa regular, milicianos, 600 indios flecheros traídos del interior más la marinería y tropa de desembarco de los seis únicos navíos de guerra de los que disponía la ciudad, frente a 2.000 cañones dispuestos en 186 barcos bajo el mando del almirante Sir Edward Vernon con 23.600 combatientes entre marinos, soldados y esclavos negros macheteros de Jamaica y alguna tropa más. Pues el hecho fue que ganó Blas, venció España, y que el engreído almirante inglés tuvo que irse con el rabo entre las piernas. Eso sí, el pérfido inglés acuñó unas monedas conmemorativas de su “victoria”, en las que se podía ver a Blas de Lezo arrodillado dándole la mano en señal de entrega. Y así consta en los libros de historia de los ingleses. Pues Blas de Lezo ni se pudo arrodillar, ya que le faltaba una pierna, ni le pudo dar la mano, ya que también le había quedado inutilizada por heridas en anteriores contiendas , ni fue derrotado, ya que ganó la batalla con todos los honores, muriendo poco después a causa de las nuevas heridas sufridas. (lo anterior es un pequeño resumen de un brillante artículo de Arturo Pérez-Reverte en el XLSemanal del pasado domingo).
Una de separatistas y geografía: Como habréis podido leer en algunos medios de comunicación, el programa de TV3, la seva, “Temps d’Aventura”, ha puesto en marcha una acción que consiste en culminar los 25 picos catalanes del Pirineo más emblemáticos para conmemorar su politizada ascensión al Everest realizada hace 25 años. Pues ahora resulta que 2 de los picos que se van escalar, el Aneto, con sus 3.404 metros de altitud y el Vallibierna (3.056), que traducen a Vallhibierna, son aragoneses. Un pequeño “error”. Destapada esta mentira por el Heraldo de Aragón han corrido en cambiar el subtítulo del programa, añadiendo “i el Pirineu” al original, que se llamaba “Puja amb nosaltres un dels 25 principals cims de Catalunya”.
Una de guionistas de televisión: Bastantes de vosotros recordaréis la genial serie inglesa Fawlty Towers, Hotel Fawlty, hilarante comedia dirigida e interpretada por John Cleese, de los Monty Python. En este serial uno de los personajes principales es Manuel, el camarero del hotel, torpe, primitivo, corto y (en el original) de Barcelona. Pues en la versión que se emitió en Cataluña, por acomplejada y necia decisión de algún gerifalte o comisario político nacionalista, Manuel se convirtió por arte de magia en mexicano. Y para no ser menos, en la versión en castellano, desconozco que televisión autonómica la tradujo, lo convirtieron directamente en italiano. Penoso.
Y finalmente, una de fútbol: Estos ejemplos son similares al delito que perpetra la directiva del Español, partido tras partido, en lo que hace referencia a nosotros, los seguidores de nuestro histórico y amado Real Club Deportivo Español: ocultan nuestras banderas de España, silencian nuestros cánticos, nos impiden agruparnos o renovar, en definitiva, nos persiguen hasta la extenuación para vender una historia falsa, un nacionalismo catalán inexistente en nuestras filas, manipulado todo por sus propios intereses, que son egoístas, puramente económicos, rastreros y que tienen poco que ver con el espíritu familiar, deportivo, catalán y español que siempre ha reinado en nuestro Club.
Lo que decía: la verdad es de cada uno, qué fácil es mentir.
jueves, 5 de agosto de 2010
Mi Barcelona, ¿dónde está mi Barcelona?
No nos pilla de nuevo el ataque furibundo y políticamente manipulado a la Fiesta Nacional, es decir, a los espectáculos taurinos con muerte del toro, que hemos sufrido en estos últimos tiempos en Barcelona. No ahondaré demasiado en este tema, glosado ya de mil y una maneras y por ciento y un intelectuales, comentaristas, toreros, artistas, gente de bien todos ellos, en estas semanas que han pasado desde la prohibición decretada por esa inútil institución llamada “Parlament de Catalunya”.
Desde que tengo uso de conciencia o consciencia, sinónimos según la RAE, en mi ciudad natal, en mi querida Barcelona, siempre hemos vivido enfrentados aquellos que la consideramos parte intrínseca de España y de su historia, y los otros, los que sin rigor histórico, sin contemplaciones y sin otra ambición que arañar privilegios económicos, se han dedicado a desmontar una realidad irrefutable enfrentando a Barcelona y el resto de la región con la totalidad de España.
Conseguir beneficios monetarios ha sido y es el único fin de los enemigos de mi Barcelona, de mi Cataluña, ya sea como en otras épocas escalando los peldaños del poder del anterior régimen, en sus sindicatos y demás instituciones, agrupándose en mutuas, cámaras de comercio o círculos de poder variopintos, hasta las fáciles maniobras actuales por obra y gracia del sistema “democrático” y la ley electoral española, que permite el sinsentido que las minorías locales aplasten a la mayoría natural, a la historia y a la verdad absoluta con cuatro votos obtenidos bajo siglas grandilocuentes como solidaridad, libertad, igualdad, socialismo, unidad etc., votos robados al inculto e inocente votante que no llega a más y se cree a pie juntillas cualquier cosa que un político le prometa.
He sufrido en mi propio cuerpo el estigma de ser de un equipo diferente al Barza, de haber nacido en la Zona Alta, de haberme ido voluntario al servicio militar rechazando un “excedente de cupo”, de haber militado en Falange, de haber querido ser militar o Guardia Civil, de haber sido del SEU (el nuevo, se entiende) o de haber ondeado sin complejos la bandera de España, de mi patria, en cualquier ocasión que se prestaba a ello. Y no es de ahora, son ya más de 35 años de los 47 que acabo de cumplir en los que de forma consciente he estado librando día a día, paso a paso, una batalla continua contra una forma de presentar a Barcelona y Cataluña que nada tiene que ver con el amor que siento por ella ni con su realidad histórica.
Mi Barcelona es y ha sido taurina desde siempre, y no porque mi abuelo fuera el encargado con su empresa de construcción del mantenimiento de las Plazas de Toros y cines del Sr. Balañá, sino por una tradición centenaria como ciudad cuna de las mejores estrellas de la tauromaquia.
Mi Barcelona ha tenido siempre más de un equipo de fútbol, pero la sana rivalidad deportiva nunca ha cristalizado y siempre se ha tratado de una guerra abierta entre el deporte de verdad, el del RCD Español, del Júpiter, del Europa o de la Penya (aunque sea de Badalona sirva como ejemplo), frente al interés político, y por ende económico, masón (por secreto, anticristiano y mafioso) y sectario, del FC Barcelona.
Mi Barcelona tenía en su época, por casualidad desde el año que nací, en 1963, una réplica de la carabela la Santa María de Cristóbal Colón anclada en el puerto, junto a las Golondrinas, hasta que un intento de atentado de cachorros de Terra Lliure en 1987 y un posterior y sospechoso incendio acabaran con su existencia, fuera desmantelada, vendida y trasladada a Kobe, en Japón. Ya me diréis que pinta una réplica de la carabela de Colón en esa ciudad japonesa.
Aunque quien sabe, con lo insistentes que son los separatistas creando mitos, leyendas y falsas historias igual nos demuestran finalmente que Colón era Colom, antepasado del ínclito Ángel Colom, luchador infatigable por el bien de Catalunya y el favor de mancebos, a poder ser moros, e intenten recuperar la Nao, anclándola de nuevo en nuestro puerto y decorándola con mil y una señeras, sin saber que de esta forma estarían devolviéndole sus emblemas originales, los de la Corona de Aragón de nuestro gran Fernando II , que junto a Isabel permitió que España iniciara la gesta de conquistar el mundo sin derramar ni una milésima parte de la sangre que usaron otras potencias en sus devaneos por el globo.
Mi Barcelona tenía a Copito de Nieve, traído de una de nuestras últimas colonias, Guinea, país que desde que lo dejamos ha ido de mal en peor y en el cual aún hoy, basándose en los relatos de padres y abuelos, nos echan tanto de menos como yo a mi Barcelona que se nos va. Con su conversión en Floquet de Neu llegó su fin, y pocos años duró ya el pobre viendo en lo que se estaba convirtiendo su Barcelona de adopción.
Así podría seguir con mil y un historias más de nuestra querida ciudad, que poco a poco va dejando de ocupar mi corazón y abriendo paso a un ansia loca por alzar el vuelo y largarme de una santa vez…
Mi Barcelona, ¿dónde está mi Barcelona?
martes, 9 de marzo de 2010
¿RCDE, funeral for a friend?
Reina en nuestro querido Club un ambiente de funeral. Hay mal ambiente en el Club y fuera del Club, en la grada y fuera de la grada, en las peñas y fuera de las peñas, en los Ultras y fuera de los Ultras. Un cúmulo de sucesos, como por ejemplo las múltiples y pésimas gestiones de la directiva, en especial con nuestro querido y emblemático Tamudo, los fichajes desastrosos, el poco respeto hacia la cantera y el trabajo de sus responsables, las continuas y obsesivas persecuciones de la bandera Española, los traspasos gratuitos que se convierten en pérdidas millonarias y demás hechos acaecidos en estos últimos tiempos, están llevado a la desesperación a más de uno. Flota en el aire la temida frase “Todo tiene un final, todo termina”.
Hay capital humano suficiente, hay personas sensatas dispuestas a seguir la lucha y hasta nacen nuevas peñas y plataformas para recuperar lo que nos están robando, la ilusión y la humildad de ser un equipo modesto entre los grandes.
Y no dudo ni un instante que todo volverá a su justo sitio. No hay fuerza capaz de borrar de un plumazo 100+ años de historia cargada de ilusión, emotividad y de personas bien dispuestas a luchar.
Nos corresponde este puesto, y orgullosos de ello hemos de estar. Y no podemos escaparnos. Es nuestro sino. Igual que hemos nacido en una ciudad, nos hemos criado en el seno de una familia, hemos ido a determinado colegio, igual que todo esto también hemos sido del Real Club Deportivo Español desde nuestra infancia y en muchos casos desde nuestro nacimiento. Podremos apartarnos, verlo desde el burladero, seguirlo por la prensa, pero no por ello dejaremos de ser uno más de los empecinados seguidores blanquiazules. Sino que se lo cuenten a la nueva sección de los Anisados.
lunes, 14 de septiembre de 2009
Tocar el cielo
Los síntomas eran los mismos, los sudores, los nervios, la emoción, se repetían en un orden parecido al de otras ocasiones. Ya muy lejanas, eso sí, pero presentes en su corazón. La música volvió a cobrar su sentido original, que es acompañar a las personas en los momentos alegres o tristes, los libros de recetas para preparar alguna cena romántica volvieron a su sitio natural, que es la cocina y no un cajón perdido del armario y la guitarra que estaba abandonada en un rincón volvió a sonar con las canciones de siempre. Aparecieron los álbumes de fotos, los planes de excursiones, de viajes, de conciertos, de una vida tranquila y sosegada disfrutando de las cosas buenas que nos brinda este mundo tan duro y complejo.
Por desgracia volvió a echar las campanas al vuelo. No era la primera vez en su vida que pasaba por una situación similar y recordando anteriores experiencias intentó abstraerse un poco de la excesiva ilusión. Misión imposible. No era la primera ocasión (aunque igual si la última, por aquello de que la edad no perdona) en la que creía haber tocado el cielo, y como ser humano que siempre vuelve a tropezar en la misma piedra, se estampó contra la pared. Contra esa oscura pared que siempre aparece delante de uno cuando cree haber llegado al destino soñado.
De golpe las amistades ya no lo eran tanto, en el fondo cada uno seguía yendo a la suya, la alegre inauguración del nuevo estadio se nubló con la muerte del joven capitán del equipo, y el amor que creía haber encontrado de golpe se tornaba extraño, duro, muy diferente a lo que le habían vendido en la tienda de sus ilusiones. Igual era amor, pero tan opuesto a lo que conocía que le costaba mucho entenderlo. Y recordó un pequeño y simple poema que escribió 5 años atrás, la última vez que creyó tocar el cielo y en la que acabó a las puertas del infierno, sentado en un rincón, solo, triste y sin ganas de seguir viviendo.
Tiempo al tiempo, que todo llega,
y por cada mácula oscura
Que algún día fue una emoción
Otra vivencia penetrará
Con aire fresco y a toda vela
Para traernos una nueva ilusión
¿Era esto lo que se merecía en su vida? ¿No tenía derecho a un poquito de alegría y de paz?
¿Qué diantres tenía que hacer para dejar de sufrir, no ya para tocar el cielo sino para quedarse con un trozo, aunque fuera pequeño?
Quien lo sabe. Siguió su camino. Como siempre. Soñando. Esperando que al siguiente despertar las nubes le dejaran ver un poco de luz en lo alto. Eso no se lo quitaría nadie; soñar. Poca cosa para la mayoría de las personas que ya solo creen en los valores materiales y en el consumo sin freno de la despensa de la vida. Pero suficiente para él. ¡Qué remedio!
jueves, 16 de julio de 2009
La travesía
hartos de nunca conseguir llegar a tiempo a por la pelota de Nivea que tiraban año tras año desde avionetas o helicópteros. Gracias a Dios estos meses pasaban volando, y el gran día de la travesía se solía preparar con más de un mes antelación en un encuentro entre barcos amigos, que tenían nombres históricos o mitológicos como Júpiter, San Andrés, Europa . Atracaban ese día en el protegido puerto de Sarriá estos pequeños barquitos, con sus simpáticas tripulaciones autóctonas, y junto a nuestro bajel surcaban las aguas de ese mar tan nuestro que a las pocas semanas se nos abriría de par en par para nuestra travesía anual. Se limpiaban las cubiertas, se presentaba el nuevo mascarón de proa, que junto a nuestros colores blanco y azul siempre nos deparaba alguna sorpresa, se ajustaba el aparejo, se presentaba la nueva tripulación, y al finalizar se inscribía en el cuaderno de bitácora el nombre del barquito mejor preparado y engalanado. Aún en tierra disfrutábamos de bandas y majorettes, cánticos y desfiles, y con la misma ilusión de cada año nos preparábamos para la gran travesía. El capitán de nuestro velero pronunciaba un discurso lleno de esperanza, y nos emplazaba a todos a luchar contra los elementos, unidos, para compartir un viaje lleno de aventuras y desventuras, con el común objetivo de llegar a buen puerto, sanos y salvos, y poder seguir así con nuestra tradición anual.Nos importaba poco la velocidad de nuestra embarcación, el oleaje producido por los adelantamientos de los grandiosos buques de otras aficiones, los siniestros ataques nocturnos de las tripulaciones enemigas para secuestrar a nuestros mejores marinos o el continuo embarrancar en las diferentes playas que enfilábamos a lo largo de nuestra travesía. Siempre salíamos a flote; la unión entre la tripulación, los oficiales, el capitán y nosotros, los pasajeros, era natural, forjada en años de convivencia, de sentimientos comunes, de amor por nuestro pequeño barquito en el cual todo el mundo remaba en la misma dirección, sin protagonismos ni motines, sin intentos de imitar al resto de la flota pero si cuidando al máximo nuestro pequeño tesoro pintado de azul y blanco.Pero llegaron malos tiempos. La envidia de unos y la codicia de otros propiciaron que nuestro pequeño puerto de Sarriá, en el cual anclábamos nuestras anuales ilusiones, quedara destrozado en una tarde de tormenta tropical. Aún recuerdo los truenos que se llevaron por delante muelles, dársenas y esclusas. Boyas y balizas flotaban por el agua, y finalmente cayó el faro y con ello la ilusión de muchos, muchísimos años.
Aún riéndose de nosotros las demás aficiones desde lo alto de sus puentes de mando conseguimos rescatar a nuestro pequeño barquito, y nos lo echamos al hombro en busca de un nuevo puerto en el que anclar nuestros corazones y reparar aletas, alerones y brazolas. En estos momentos ya empezaron a producirse los primeros motines y deserciones. Amigos de toda la vida se rindieron ante la evidencia que nuestro barquito sin su puerto no era nada, que en el gran mar que teníamos por delante poco podríamos hacer. Aún así lo intentamos, encontramos un puerto nuevo, muy grande y frío para nosotros, y nos instalamos en sus tinglados para repasar nuestra querida embarcación y prepararla para los nuevos retos, aunque en nuestro interior seguíamos soñando con el pequeño y recogido puertecito de Sarria, con su calor familiar tan intenso que cada vez que lo oíamos nombrar se nos escapaba una lágrima por nuestras mejillas enrojecidas por la rabia y el dolor.
Fueron duros años de lucha contra los elementos. Año tras año y tormenta tras tormenta nuestro navío amenazaba con irse a pique, la tripulación cambiaba, los oficiales también, el capitán ya no era de la casa, de los de siempre, sino alguien desconocido que se subió por la borda en un momento de descuido, pero, a pesar de todo, resistimos. Fueron abandonando el barco muchos pasajeros de toda la vida, hartos de soñar con algo que no volvería, los oficiales se rebelaron, algunos abandonaron y cambiaron la mar por una isla solitaria en la cual contar su dinero, otros nuevos se subieron al bote para ver si podían integrarse en esta agrupación tan familiar, y poco a poco hasta el último pasajero perdió la esperanza de volver a navegar en su pequeño barquito partiendo del acogedor puertecito que durante tantos años fue nuestra casa.
Pero los milagros existen, y en una de las últimas etapas de la última travesía, cuando ya toda la madera del barco gemía como si fuera a reventar en mil pedazos, cuando ya ni las burdas podían mantener firmes los mástiles del “Español”, un vigía nos gritó desde lo alto del palo mayor: “Puerto a la vista”. Conforme avanzábamos empezamos a distinguir las letras que ondeaban a la entrada del puerto…, primero vimos que acababa en “á” y al unísono pensamos todos “mira, como Sarriá”. Sabíamos que no era nuestro pequeño puerto arrasado años atrás, pero la emoción que nos embargaba nos convertía en simples niños que creen en hadas, duendes y cuentos con final feliz. Como era de esperar, no se llamaba así, sino “Cornellà”, pero bueno, tenía un aire a lo que habíamos tenido antaño. Y de golpe nos sentimos de nuevo marinos, nos embriagó la ilusión de echarnos de nuevo a la mar, de luchar contra los elementos, de navegar en libertad, contra viento y marea, en nuestro querido “Español”, para volver a ser lo que habíamos sido siempre, una pequeña familia dispuesta a afrontar unida esta nueva travesía.
lunes, 2 de marzo de 2009
Sobre derrotas y victorias
Por otro lado tenemos las victorias, como la conseguida este domingo pasado por el Partido Popular en las elecciones gallegas (lo de las provincias vascongadas no lo puedo considerar una victoria). ¿Debería alegrarme de este triunfo? La lógica me obliga a pensar que ya va bien que gane la derecha en Galicia, que así acabaremos con la dictadura del socialismo apegado al lujo y el derroche (una contradicción en sí) y del nacionalismo inculto y vengativo que siguiendo los ejemplos de Cataluña y las Vascongadas iba en camino de conseguir convertir a toda la juventud de una región en borregos seguidores de historias inventadas y leyendas manipuladas, hablando mal un dialecto creado a toda velocidad asegurando que es “gallego” y fracasando en el resto de asignaturas de su plan de estudios.
Pero por desgracia la lógica tiene poco que ver con la política, y más si cabe en un sistema partitocrático como el nuestro, en el que el interés máximo de los políticos es cumplir con el sagrado dogma de que “si sirve a los intereses del partido me sirve a mí, y por lo tanto a España, que soy yo”.
Albergo dudas, y serias, de que esta victoria en Galicia y el posible “cambio” de tendencia en las provincias vascongadas aporten algo a las necesidades de los ciudadanos de España, y menos aún al concepto de España en sí, que seguirá en grave peligro hasta que no aparezca una oposición ya no al partido gobernante de turno, sino al sistema de “casta política” hacia el que está derivando esta apócrifa democracia. En mi opinión no hay partido alguno (de los “big players” como dirían en el mundo empresarial) que realmente quiera cambiar algo por el bien de la patria y sus ciudadanos, lo que pretende esa “unión temporal de intereses” es seguir ahí, con su parte del pastel, que no por ser en ocasiones pequeña deja de ser apetecible y que a los pocos años volverá con toda seguridad un poco mayor en tamaño y prebendas asociadas. Coma yo mi pastel, sea gobernando o ejerciendo de ¿oposición?, y que lo demás se derrumbe a mi alrededor. (O ande yo caliente y ríase la gente)
Así de contradictorios son mis sentimientos ante una derrota, la deportiva, y una victoria, la política, que sinceramente me deja frío. (Podría haber acabado con alguna expresión soez al estilo del difunto actor gallego-catalán (rip), el cual si fuera creyente a las puertas del cielo seguro que usaría el idioma Español, idioma con el que triunfó como actor y al que menospreció en público tantas veces.)



