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martes, 18 de junio de 2013

El bululú catalán

Hace pocos días volví a tropezar con una curiosa palabra en una de esas páginas web que me suelen ilusionar, dedicada a la investigación y cuidado de este rico idioma llamado español. Una lengua también denominada en ocasiones “castellano” para diferenciarla de los demás idiomas y dialectos que se hablan en España, a sabiendas que el castellano original dejó de hablarse hace muchos siglos. Nada criticable esta denominación, cuyo uso por cierto recomienda Manuel Seco en su “Diccionario de dudas y dificultades del castellano”;  y como yo siempre he defendido la grandeza de las sociedades plurilingües, como es el caso de nuestra querida península ibérica, a la que sus diversos idiomas y dialectos aportan cultura, historia y tradición,  enriqueciendo esa patria común forjada en siglos de historia deslumbrante y enriquecedora cuna de la civilización occidental, y base de nuestra herencia cultural que tantos niegan ahora sin ton ni son, pues no me parece mal hablar del castellano. Pero bueno, español o castellano, “tanto monta monta tanto”, como rezaba el lema de nuestro rey católico Fernando II de Aragón.
Y ya que hablamos de reyes, volvamos al origen de mi artículo y a su título. Palabra seguramente desconocida para muchos (por lo menos en mi caso), el bululú y sus dos acepciones en la RAE han rondado por mi cabeza desde ayer, por lo que mis ganas de compartir esta joya  con vosotros me han llevado a escribir estas líneas, y a decorarlas un poquito con la imagen que incluyo.

No me podréis negar que después de leer la definición y viendo esta foto sea normal pensar de inmediato en nuestro esperpéntico Arturo, ahora reconvertido en Artur al dejarse la “o” en casa para sus ratos íntimos y en familia, en los que, como bien es sabido, el idioma imperante es el castellano.


Así reza la definición de la Real Academia Española:

bululú.
1. m. Farsante que antiguamente representaba él solo, en los pueblos por donde pasaba, una comedia, loa o entremés, mudando la voz según la calidad de las personas que iban hablando.
2. m. Ven. Alboroto, tumulto, escándalo.

Leyendo esto quien osaría negarme que la prima acepción,  en un extraño “déjà vu”, se inspiró en las aventuras y desventuras, que no paranoias y alucinaciones, del ínclito “President de la Generalitat de Catalunya”. Empezando por lo de farsante, pasando por lo de él solo (y cada vez más sólo, por cierto), y acabando por lo de mudar la voz según las personas, en el caso de nuestro bululú patrio cambiando el discurso según el público ante el que esté actuando, parece que nos encontremos ante el acta bautismal de Arturo Mas Gavarró.
Y si pasamos a la segunda acepción, creo que no tendría folios (en nuestra era gigabytes de espacio en la nube) para repasar los alborotos, tumultos y sobre todo escándalos que ha generado, y sigue generando, el triste actor principal de esta comedia bufa denominada Govern de la Generalitat de Catalunya. 
Actor protagonista que de “Unuraple” (honorable en castellano) tiene menos que cualquier actor aficionado de hoy en día o juglar de épocas pretéritas.


Me da a mí que alguno de sus ancestros recorría siglos atrás los pueblos y aldeas de nuestra geografía acompañado de un oso bailongo, un forzudo deforme (¿de los Junqueras de toda la vida?) y algún pájaro más.



sábado, 25 de agosto de 2012

Ahora que de casi todo hace ya veinte años


Me permito usar este reciente tuit (sin solicitar el Copyright) de la excelente revista “Jot Down Cultural Magazine”, cuya lectura atenta y continuada recomiendo encarecidamente a todos mis lectores, para titular este artículo  escrito en la agria fase del año en la que toca entonar lo de “El final del verano”, mítica canción del Dúo Dinámico  (¡esta cita va por ti Rafa!).  Desagradable parte del año esta,  que casi siempre implica el fin de algo bueno y la vuelta al tedio, la normalidad, la rutina y, en estos tiempos que corren, el reencuentro con la zozobra, la intranquilidad y la maldita crisis. Crisis económica, crisis de identidad española, crisis de los treinta, los cuarenta o los cincuenta, crisis del cumplimiento del deber de los charlatanes y embaucadores profesionales, esos seres llamados eufemísticamente representantes del pueblo, cuando deberían denominarse simplemente mentirosos, o “los del valor añadido cero”. Suelo recurrir al símil de curas y políticos, los profesionales del habla, o mejor del hablar por hablar, para ilustrar mi absoluto desprecio hacia la clase política, pues aún no he conocido a ningún cantamañanas mantenido con nuestros impuestos que con sus vacíos discursos aporte algo a la sociedad, mientras que en el caso de los curas podría nombrar algunos buenos ejemplos de personas sinceras y altruistas que aportan con sus palabras apoyo y alivio espiritual a personas necesitadas; pero en el caso de los políticos, y ya rozando el medio siglo de vida, me sobran dedos en una mano para enumerarlos. Y con tantas reservas que me jugaría algún dedo más con mi inseparable Zippo emulando la escena de “El hombre del Sur” (o del tributo de Tarantino titulado “El hombre de Hollywood). Mechero este que por cierto llevo usando desde los 17 años, en línea pues, y de largo, con el título de estas líneas. 

Mientras tecleo esta modesta reflexión recibo una llamada desde Cornellá del Llobregat, población del exilio del más auténtico equipo de fútbol que existe en la ciudad de Barcelona, llamada esta de mis grandes y añorados compañeros de fatigas (¡ese Bolsicas!), en esa ardua e inexplicable, pero enriquecedora, tarea de ser aficionado del equipo pequeño en apoyos pero grande en sentimientos. Léase el Real Club Deportivo Español. Y la oportuna llamada se presta como anillo al dedo para ser parte de este relato: han pasado bastante más de 20 años desde que muchos de nosotros nos unimos en esa sana afición y camaradería que significa ser “periquito” en Barcelona. Dando la cara, contra viento y marea, frente al pensamiento único y la manipulación del deporte en aras de beneficios políticos y económicos. Que les den a los del otro lado de la Diagonal.
Y otros tantos decenios han pasado desde que obtuve mi primera dirección de correo electrónico, un número ininteligible y poco personalizado con la coletilla “Compuserve”. Pocos jóvenes de hoy en día serían capaces de imaginarse un mundo sin sus herramientas de comunicación habituales, sus mensajes cortos, sus cuentas de correo, de redes sociales o su usuario en Whatsapp. Si les intentara explicar lo complejo que era escribir a mano, doblar el folio, ensobrarlo, comprar un sello con la cara del Borbón, impuesto e impostor, humedecerlo con la lengua y quedarte con un agrio sabor en el paladar, pegarlo boca abajo en tímida pero habitual medida de protesta, echarlo en el buzón  de la esquina en la rendija de “Provincias y Extranjero” y tener que esperar días o semanas para recibir confirmación de su recepción o en el mejor de los casos hasta una contestación, me tacharían de viejo loco. Tampoco se lo podría echar en cara, algo de viejo y mucho de loco seguro que tengo. (Cuanto gesto de afirmación habrá provocado esta frase en mis lectores: como si lo viera).
Cuatro lustros que han transcurrido también desde que tuve el honor y el placer de casarme con una gran mujer y conocer a una familia igual de grande. Lástima que no supe estar a la altura (o que Dios es sabio)  y dicha unión no duró más de 8 años, pero el recuerdo es imborrable y será parte de mi vida no solamente después de veinte años, sino en todo lo que me quede de vida. Lo cortés no quita lo valiente, como se suele decir en estos casos. Y asumir y reconocer los propios errores y defectos es una obligación moral. E intentar aprender y mejorar es la otra cara de la moneda. En eso estoy, que nunca es tarde.

Menos tiempo hace desde que abandonaron mi casa los primeros invitados que he tenido en mi nuevo hogar, en concreto unas pocas horas,  pero el sentimiento de soledad y tristeza no se cuantifica en tiempo sino en la intensidad del rato disfrutado en buena compañía. Y en este caso parece que hayan pasado años desde que mi casa parecía una comuna hippie, con colchones por el suelo para superar el calor de las habitaciones en esta ola de calor mesetaria, cervezas frescas saliendo de la nevera sin parar y música y películas con sentimiento compartidas por una vez con alguien más que el móvil y las fotos familiares del mueble del salón y todo ello  bajo una romántica luna de Agosto. Muchas gracias por la visita amigos. Aquí tenéis vuestra casa.

Y no tardéis veinte años en volver, que dudo que siga por aquí en el 2032. Lo único que seguirá pendiente será mi hipoteca. Eso seguro.

lunes, 7 de febrero de 2011

Pues qué queréis que os diga, a mí siempre me ha gustado el Real Madrid

Leo en uno de los nuevos medios pericos, en “Crónica Perica”, un editorial titulado “Ni amigos para siempre, ni enemigos”. Valga lo de “nuevo” por acabar de iniciar su andadura por el mundo de Internet, no por algunos de los colaboradores, que tienen ya una cierta edad (como yo) y un “curriculum” como cronistas pericos que cada uno puede valorar como quiera.

En un tono muy “light”, supongo que para cubrir el expediente, no molestar a nadie y sobre todo mantener su indefinición, que no es lo mismo que su independencia, no nos explican nada nuevo. Que si el Barça y el Madrid se parecen, que son 2 equipos grandes que en el fondo hacen lo mismo, que a nosotros lo que nos interesa es ganar, sea a quien sea, que por tener el mismo enemigo, al puto Barza, no tenemos por que ser amigos, etc. etc. Solamente les falta acabar con el grito de “merengues y culés, la misma mierda es”, aunque para eso ya tienen al inefable Jordi Princep aportando sus siempre “valiosos” comentarios.

Todo esto está muy bien, queda muy sensato y muy acorde con los tiempos que corren, en los que tener ideales, decir verdades, luchar contra algo o alguien y buscar la verdad contra corriente está mal visto. Hay que ser tibio, indeciso, ni carne ni pescado, metrosexual, liberal, nacionalista desconocedor de tu propia historia, demócrata sin libertad ni derecho a fumar, hay que apoyar con insensatos gritos de “libertad” a un mundo árabe que esclaviza a centenares de millones de hombres y humilla a otros tantos millones de mujeres, defender un idioma prohibiendo otro (y en la mayoría de los casos sin saberlo hablar siquiera), prefiriendo siempre el mal menor antes que dejar asomar un atisbo de lucidez y de lucha para enfrentarse a la mentira generalizada y al embobamiento de la sociedad. Así es como me suena el artículo de marras.

Pues que queréis que os diga, a mí siempre me ha gustado el Real Madrid. Soy catalán (o sea español) de nacimiento, seguidor del Español desde que tengo conciencia, socio del Club desde los lejanos años 70 del siglo pasado, años en los que la mayoría no habíais ni nacido y también lo son la mayoría de mis familiares y amigos. Siempre hemos sentido una gran simpatía por el Real Madrid. Igual que millones de personas en otras partes de España y hasta en otros países y continentes. Nos criamos en una época en la que los dos canales de televisión, ambos en blanco y negro, tenían bastante con esa riqueza cromática que va del negro al blanco pasando por una variable escala de grises, para permitirnos disfrutar con los episodios de "Kung-Fu" , con la cita semanal de “Crónicas de un Pueblo” y con los enormes partidos del Real Madrid de esa época. No había guerra mediática, ni politiqueo barato, ni la manipulación interesada de un equipo y de sus colores para sacar réditos económicos, sociales o políticos. Existía una afición sana al fútbol, el Madrid nos representaba a todos los españoles, y el Barça era un equipo más del montón, como el nuestro, como el Betis o como el Sporting de Gijón.

Más razón aún para seguir admirando al Real Madrid y para odiar a muerte al Bar$a, que no es más que una bandera extranjera utilizada una y mil veces por personas interesadas en el enfrentamiento con Madrid como sede del gobierno de España y con el Real Madrid como sede de la gloria futbolística. El Barça no representa a nadie que esté en su sano juicio. El Barça es una institución fundada por un extranjero y viciada desde su nacimiento. No es sinónimo de fútbol, de deporte, de honradez y triunfos históricos. Es y ha sido una herramienta de empresarios avariciosos, de políticos y de trepas del tres al cuarto, que han usado, al igual que el nacionalismo catalán, los “nobles” sentimientos de gente humilde, sobre todo inmigrantes del resto de España, casi todos ellos sin una mínima base educativa y cultural, para manipularlos y explotarlos durante décadas.

Y yo no caigo en ninguna trampa del pensamiento único azulgrana, como dicen los de "Crónica Perica". La verdadera trampa es comparar al Barça con el Real Madrid. Es como poner en una balanza a la Leire Pajín y a Elsa Pataky. O a Cristina Almeida y Sara Carbonero. El Barça es el deshonor, la mentira, la manipulación histórica. Y el Real Madrid es eso, el REAL MADRID.

Ni más ni menos.

P.D. Por si queréis leer el artículo que ha originado mi respuesta, aquí lo tenéis:

martes, 24 de agosto de 2010

La verdad es de cada uno (que fácil es mentir)

Todos sabemos que la verdad absoluta existe, pero que cada uno la interpreta, manipula, deforma o cambia a su antojo. Un hecho es un hecho, inamovible, eterno, pero a partir de aquí cada persona, cada colectivo, cada historiador, y sobre todo cada partido o grupo de presión, se recrea girando la tortilla hacia el lado que más le conviene en ese momento. Y tampoco lo hace de forma definitiva, sino que va adaptando el cuento a las circunstancias, intentando sacarle todo el jugo posible.

No hay que rascar mucho para encontrar ejemplos que claman al cielo, basta con abrir cualquier diario, leer aleatoriamente una página web o aguantar alguno de los burdos y simplistas programas de televisión de máxima audiencia (lo de máxima sí que es preocupante), pero en estos últimos días hemos visto unos cuantos ejemplos que sinceramente son inaguantables.

Una de historia e ingleses: Como algunos (o muchos) sabréis el mítico Almirante D. Blas de Lezo y Olavarrieta, ilustre y victorioso marinero español, de las vascongadas, en concreto de Pasajes, ahora Pasaia, también llamado “Medio Hombre”, defendió Cartagena de Indias con solamente 3.000 hombres entre tropa regular, milicianos, 600 indios flecheros traídos del interior más la marinería y tropa de desembarco de los seis únicos navíos de guerra de los que disponía la ciudad, frente a 2.000 cañones dispuestos en 186 barcos bajo el mando del almirante Sir Edward Vernon con 23.600 combatientes entre marinos, soldados y esclavos negros macheteros de Jamaica y alguna tropa más. Pues el hecho fue que ganó Blas, venció España, y que el engreído almirante inglés tuvo que irse con el rabo entre las piernas. Eso sí, el pérfido inglés acuñó unas monedas conmemorativas de su “victoria”, en las que se podía ver a Blas de Lezo arrodillado dándole la mano en señal de entrega. Y así consta en los libros de historia de los ingleses. Pues Blas de Lezo ni se pudo arrodillar, ya que le faltaba una pierna, ni le pudo dar la mano, ya que también le había quedado inutilizada por heridas en anteriores contiendas , ni fue derrotado, ya que ganó la batalla con todos los honores, muriendo poco después a causa de las nuevas heridas sufridas. (lo anterior es un pequeño resumen de un brillante artículo de Arturo Pérez-Reverte en el XLSemanal del pasado domingo).

Una de separatistas y geografía: Como habréis podido leer en algunos medios de comunicación, el programa de TV3, la seva, “Temps d’Aventura”, ha puesto en marcha una acción que consiste en culminar los 25 picos catalanes del Pirineo más emblemáticos para conmemorar su politizada ascensión al Everest realizada hace 25 años. Pues ahora resulta que 2 de los picos que se van escalar, el Aneto, con sus 3.404 metros de altitud y el Vallibierna (3.056), que traducen a Vallhibierna, son aragoneses. Un pequeño “error”. Destapada esta mentira por el Heraldo de Aragón han corrido en cambiar el subtítulo del programa, añadiendo “i el Pirineu” al original, que se llamaba “Puja amb nosaltres un dels 25 principals cims de Catalunya”.

Una de guionistas de televisión: Bastantes de vosotros recordaréis la genial serie inglesa Fawlty Towers, Hotel Fawlty, hilarante comedia dirigida e interpretada por John Cleese, de los Monty Python. En este serial uno de los personajes principales es Manuel, el camarero del hotel, torpe, primitivo, corto y (en el original) de Barcelona. Pues en la versión que se emitió en Cataluña, por acomplejada y necia decisión de algún gerifalte o comisario político nacionalista, Manuel se convirtió por arte de magia en mexicano. Y para no ser menos, en la versión en castellano, desconozco que televisión autonómica la tradujo, lo convirtieron directamente en italiano. Penoso.

Y finalmente, una de fútbol: Estos ejemplos son similares al delito que perpetra la directiva del Español, partido tras partido, en lo que hace referencia a nosotros, los seguidores de nuestro histórico y amado Real Club Deportivo Español: ocultan nuestras banderas de España, silencian nuestros cánticos, nos impiden agruparnos o renovar, en definitiva, nos persiguen hasta la extenuación para vender una historia falsa, un nacionalismo catalán inexistente en nuestras filas, manipulado todo por sus propios intereses, que son egoístas, puramente económicos, rastreros y que tienen poco que ver con el espíritu familiar, deportivo, catalán y español que siempre ha reinado en nuestro Club.

Lo que decía: la verdad es de cada uno, qué fácil es mentir.

jueves, 5 de agosto de 2010

Mi Barcelona, ¿dónde está mi Barcelona?

No nos pilla de nuevo el ataque furibundo y políticamente manipulado a la Fiesta Nacional, es decir, a los espectáculos taurinos con muerte del toro, que hemos sufrido en estos últimos tiempos en Barcelona. No ahondaré demasiado en este tema, glosado ya de mil y una maneras y por ciento y un intelectuales, comentaristas, toreros, artistas, gente de bien todos ellos, en estas semanas que han pasado desde la prohibición decretada por esa inútil institución llamada “Parlament de Catalunya”.

Desde que tengo uso de conciencia o consciencia, sinónimos según la RAE, en mi ciudad natal, en mi querida Barcelona, siempre hemos vivido enfrentados aquellos que la consideramos parte intrínseca de España y de su historia, y los otros, los que sin rigor histórico, sin contemplaciones y sin otra ambición que arañar privilegios económicos, se han dedicado a desmontar una realidad irrefutable enfrentando a Barcelona y el resto de la región con la totalidad de España.

Conseguir beneficios monetarios ha sido y es el único fin de los enemigos de mi Barcelona, de mi Cataluña, ya sea como en otras épocas escalando los peldaños del poder del anterior régimen, en sus sindicatos y demás instituciones, agrupándose en mutuas, cámaras de comercio o círculos de poder variopintos, hasta las fáciles maniobras actuales por obra y gracia del sistema “democrático” y la ley electoral española, que permite el sinsentido que las minorías locales aplasten a la mayoría natural, a la historia y a la verdad absoluta con cuatro votos obtenidos bajo siglas grandilocuentes como solidaridad, libertad, igualdad, socialismo, unidad etc., votos robados al inculto e inocente votante que no llega a más y se cree a pie juntillas cualquier cosa que un político le prometa.

He sufrido en mi propio cuerpo el estigma de ser de un equipo diferente al Barza, de haber nacido en la Zona Alta, de haberme ido voluntario al servicio militar rechazando un “excedente de cupo”, de haber militado en Falange, de haber querido ser militar o Guardia Civil, de haber sido del SEU (el nuevo, se entiende) o de haber ondeado sin complejos la bandera de España, de mi patria, en cualquier ocasión que se prestaba a ello. Y no es de ahora, son ya más de 35 años de los 47 que acabo de cumplir en los que de forma consciente he estado librando día a día, paso a paso, una batalla continua contra una forma de presentar a Barcelona y Cataluña que nada tiene que ver con el amor que siento por ella ni con su realidad histórica.


Mi Barcelona es y ha sido taurina desde siempre, y no porque mi abuelo fuera el encargado con su empresa de construcción del mantenimiento de las Plazas de Toros y cines del Sr. Balañá, sino por una tradición centenaria como ciudad cuna de las mejores estrellas de la tauromaquia.


Mi Barcelona ha tenido siempre más de un equipo de fútbol, pero la sana rivalidad deportiva nunca ha cristalizado y siempre se ha tratado de una guerra abierta entre el deporte de verdad, el del RCD Español, del Júpiter, del Europa o de la Penya (aunque sea de Badalona sirva como ejemplo), frente al interés político, y por ende económico, masón (por secreto, anticristiano y mafioso) y sectario, del FC Barcelona.

Mi Barcelona tenía en su época, por casualidad desde el año que nací, en 1963, una réplica de la carabela la Santa María de Cristóbal Colón anclada en el puerto, junto a las Golondrinas, hasta que un intento de atentado de cachorros de Terra Lliure en 1987 y un posterior y sospechoso incendio acabaran con su existencia, fuera desmantelada, vendida y trasladada a Kobe, en Japón. Ya me diréis que pinta una réplica de la carabela de Colón en esa ciudad japonesa. Aunque quien sabe, con lo insistentes que son los separatistas creando mitos, leyendas y falsas historias igual nos demuestran finalmente que Colón era Colom, antepasado del ínclito Ángel Colom, luchador infatigable por el bien de Catalunya y el favor de mancebos, a poder ser moros, e intenten recuperar la Nao, anclándola de nuevo en nuestro puerto y decorándola con mil y una señeras, sin saber que de esta forma estarían devolviéndole sus emblemas originales, los de la Corona de Aragón de nuestro gran Fernando II , que junto a Isabel permitió que España iniciara la gesta de conquistar el mundo sin derramar ni una milésima parte de la sangre que usaron otras potencias en sus devaneos por el globo.

Mi Barcelona tenía a Copito de Nieve, traído de una de nuestras últimas colonias, Guinea, país que desde que lo dejamos ha ido de mal en peor y en el cual aún hoy, basándose en los relatos de padres y abuelos, nos echan tanto de menos como yo a mi Barcelona que se nos va. Con su conversión en Floquet de Neu llegó su fin, y pocos años duró ya el pobre viendo en lo que se estaba convirtiendo su Barcelona de adopción.

Así podría seguir con mil y un historias más de nuestra querida ciudad, que poco a poco va dejando de ocupar mi corazón y abriendo paso a un ansia loca por alzar el vuelo y largarme de una santa vez…

Mi Barcelona, ¿dónde está mi Barcelona?

martes, 9 de marzo de 2010

¿RCDE, funeral for a friend?

Que nadie se asuste. Que yo sepa y gracias a Dios, no ha fallecido ningún amigo. Es algo más simbólico, hablo de ese amigo al que solemos o solíamos cantar todos juntos, llamado Español.

Reina en nuestro querido Club un ambiente de funeral. Hay mal ambiente en el Club y fuera del Club, en la grada y fuera de la grada, en las peñas y fuera de las peñas, en los Ultras y fuera de los Ultras. Un cúmulo de sucesos, como por ejemplo las múltiples y pésimas gestiones de la directiva, en especial con nuestro querido y emblemático Tamudo, los fichajes desastrosos, el poco respeto hacia la cantera y el trabajo de sus responsables, las continuas y obsesivas persecuciones de la bandera Española, los traspasos gratuitos que se convierten en pérdidas millonarias y demás hechos acaecidos en estos últimos tiempos, están llevado a la desesperación a más de uno. Flota en el aire la temida frase “Todo tiene un final, todo termina”.

Y eso que los socios y seguidores de este simple, familiar y modesto club de fútbol llamado Real Club Deportivo Español, somos personas hechas a prueba de bombas, que las hemos pasado canutas en muchos momentos de nuestra centenaria historia, pero que siempre hemos resurgido, unidos, alegres, confiados y optimistas.
Y aunque últimamente alguno se obstine en eliminar la eñe de nuestro nombre, o se obceque en reducirlo a unas siglas políticamente correctas, RCDE, que pueden significar cualquier cosa, como por ejemplo “Realmente Cansado De Esto”, sinceramente creo, o más bien de todo corazón espero, que las aguas vuelvan a su cauce.

Hay capital humano suficiente, hay personas sensatas dispuestas a seguir la lucha y hasta nacen nuevas peñas y plataformas para recuperar lo que nos están robando, la ilusión y la humildad de ser un equipo modesto entre los grandes.

Y no dudo ni un instante que todo volverá a su justo sitio. No hay fuerza capaz de borrar de un plumazo 100+ años de historia cargada de ilusión, emotividad y de personas bien dispuestas a luchar.

Nos corresponde este puesto, y orgullosos de ello hemos de estar. Y no podemos escaparnos. Es nuestro sino. Igual que hemos nacido en una ciudad, nos hemos criado en el seno de una familia, hemos ido a determinado colegio, igual que todo esto también hemos sido del Real Club Deportivo Español desde nuestra infancia y en muchos casos desde nuestro nacimiento. Podremos apartarnos, verlo desde el burladero, seguirlo por la prensa, pero no por ello dejaremos de ser uno más de los empecinados seguidores blanquiazules. Sino que se lo cuenten a la nueva sección de los Anisados.

Contra viento y marea, como rezaba la mítica pancarta.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Tocar el cielo

Sorprendido estaba él. Y con una felicidad en el cuerpo que hacía años que no recordaba. De golpe su vida parecía encaminarse hacia una normalidad absoluta. Estabilidad laboral, estabilidad emocional, amistades sinceras, retorno de amigos que por diversas razones habían estado fuera de la ciudad durante un tiempo, un nuevo estadio para su equipo del alma, en fin, esos detalles que hacen feliz a cualquier persona.
Los síntomas eran los mismos, los sudores, los nervios, la emoción, se repetían en un orden parecido al de otras ocasiones. Ya muy lejanas, eso sí, pero presentes en su corazón. La música volvió a cobrar su sentido original, que es acompañar a las personas en los momentos alegres o tristes, los libros de recetas para preparar alguna cena romántica volvieron a su sitio natural, que es la cocina y no un cajón perdido del armario y la guitarra que estaba abandonada en un rincón volvió a sonar con las canciones de siempre. Aparecieron los álbumes de fotos, los planes de excursiones, de viajes, de conciertos, de una vida tranquila y sosegada disfrutando de las cosas buenas que nos brinda este mundo tan duro y complejo.
Por desgracia volvió a echar las campanas al vuelo. No era la primera vez en su vida que pasaba por una situación similar y recordando anteriores experiencias intentó abstraerse un poco de la excesiva ilusión. Misión imposible. No era la primera ocasión (aunque igual si la última, por aquello de que la edad no perdona) en la que creía haber tocado el cielo, y como ser humano que siempre vuelve a tropezar en la misma piedra, se estampó contra la pared. Contra esa oscura pared que siempre aparece delante de uno cuando cree haber llegado al destino soñado.
De golpe las amistades ya no lo eran tanto, en el fondo cada uno seguía yendo a la suya, la alegre inauguración del nuevo estadio se nubló con la muerte del joven capitán del equipo, y el amor que creía haber encontrado de golpe se tornaba extraño, duro, muy diferente a lo que le habían vendido en la tienda de sus ilusiones. Igual era amor, pero tan opuesto a lo que conocía que le costaba mucho entenderlo. Y recordó un pequeño y simple poema que escribió 5 años atrás, la última vez que creyó tocar el cielo y en la que acabó a las puertas del infierno, sentado en un rincón, solo, triste y sin ganas de seguir viviendo.
Tiempo al tiempo, que todo llega,
y por cada mácula oscura
Que algún día fue una emoción
Otra vivencia penetrará
Con aire fresco y a toda vela
Para traernos una nueva ilusión
¿Era esto lo que se merecía en su vida? ¿No tenía derecho a un poquito de alegría y de paz?
¿Qué diantres tenía que hacer para dejar de sufrir, no ya para tocar el cielo sino para quedarse con un trozo, aunque fuera pequeño?
Quien lo sabe. Siguió su camino. Como siempre. Soñando. Esperando que al siguiente despertar las nubes le dejaran ver un poco de luz en lo alto. Eso no se lo quitaría nadie; soñar. Poca cosa para la mayoría de las personas que ya solo creen en los valores materiales y en el consumo sin freno de la despensa de la vida. Pero suficiente para él. ¡Qué remedio!

jueves, 16 de julio de 2009

La travesía

Desde que yo era muy pequeño, toda mi familia y yo nos embarcábamos hacia principios de Septiembre en un barco llamado “El Español”. Era un barco familiar, ni demasiado grande ni demasiado pequeño, en el cual año tras año se producía el reencuentro con muchísima gente que tenía la misma afición. Atrás quedaban los meses de soledad en tierra, adormilados por el sol y el tedio del estío, cansados de los familiares pesados, de la arena en todos las rendijas de la casa y de nuestros cuerpos, de los bocadillos pringados en la playa saturada de personas desconocidas, de las colas en los chiringuitos, de la sangría poco cargada, de las camisetas sin mangas de los lolailos de otros barcos odiados y hartos de nunca conseguir llegar a tiempo a por la pelota de Nivea que tiraban año tras año desde avionetas o helicópteros. Gracias a Dios estos meses pasaban volando, y el gran día de la travesía se solía preparar con más de un mes antelación en un encuentro entre barcos amigos, que tenían nombres históricos o mitológicos como Júpiter, San Andrés, Europa . Atracaban ese día en el protegido puerto de Sarriá estos pequeños barquitos, con sus simpáticas tripulaciones autóctonas, y junto a nuestro bajel surcaban las aguas de ese mar tan nuestro que a las pocas semanas se nos abriría de par en par para nuestra travesía anual. Se limpiaban las cubiertas, se presentaba el nuevo mascarón de proa, que junto a nuestros colores blanco y azul siempre nos deparaba alguna sorpresa, se ajustaba el aparejo, se presentaba la nueva tripulación, y al finalizar se inscribía en el cuaderno de bitácora el nombre del barquito mejor preparado y engalanado. Aún en tierra disfrutábamos de bandas y majorettes, cánticos y desfiles, y con la misma ilusión de cada año nos preparábamos para la gran travesía. El capitán de nuestro velero pronunciaba un discurso lleno de esperanza, y nos emplazaba a todos a luchar contra los elementos, unidos, para compartir un viaje lleno de aventuras y desventuras, con el común objetivo de llegar a buen puerto, sanos y salvos, y poder seguir así con nuestra tradición anual.
Nos importaba poco la velocidad de nuestra embarcación, el oleaje producido por los adelantamientos de los grandiosos buques de otras aficiones, los siniestros ataques nocturnos de las tripulaciones enemigas para secuestrar a nuestros mejores marinos o el continuo embarrancar en las diferentes playas que enfilábamos a lo largo de nuestra travesía. Siempre salíamos a flote; la unión entre la tripulación, los oficiales, el capitán y nosotros, los pasajeros, era natural, forjada en años de convivencia, de sentimientos comunes, de amor por nuestro pequeño barquito en el cual todo el mundo remaba en la misma dirección, sin protagonismos ni motines, sin intentos de imitar al resto de la flota pero si cuidando al máximo nuestro pequeño tesoro pintado de azul y blanco.Pero llegaron malos tiempos. La envidia de unos y la codicia de otros propiciaron que nuestro pequeño puerto de Sarriá, en el cual anclábamos nuestras anuales ilusiones, quedara destrozado en una tarde de tormenta tropical. Aún recuerdo los truenos que se llevaron por delante muelles, dársenas y esclusas. Boyas y balizas flotaban por el agua, y finalmente cayó el faro y con ello la ilusión de muchos, muchísimos años.
Aún riéndose de nosotros las demás aficiones desde lo alto de sus puentes de mando conseguimos rescatar a nuestro pequeño barquito, y nos lo echamos al hombro en busca de un nuevo puerto en el que anclar nuestros corazones y reparar aletas, alerones y brazolas. En estos momentos ya empezaron a producirse los primeros motines y deserciones. Amigos de toda la vida se rindieron ante la evidencia que nuestro barquito sin su puerto no era nada, que en el gran mar que teníamos por delante poco podríamos hacer. Aún así lo intentamos, encontramos un puerto nuevo, muy grande y frío para nosotros, y nos instalamos en sus tinglados para repasar nuestra querida embarcación y prepararla para los nuevos retos, aunque en nuestro interior seguíamos soñando con el pequeño y recogido puertecito de Sarria, con su calor familiar tan intenso que cada vez que lo oíamos nombrar se nos escapaba una lágrima por nuestras mejillas enrojecidas por la rabia y el dolor.
Fueron duros años de lucha contra los elementos. Año tras año y tormenta tras tormenta nuestro navío amenazaba con irse a pique, la tripulación cambiaba, los oficiales también, el capitán ya no era de la casa, de los de siempre, sino alguien desconocido que se subió por la borda en un momento de descuido, pero, a pesar de todo, resistimos. Fueron abandonando el barco muchos pasajeros de toda la vida, hartos de soñar con algo que no volvería, los oficiales se rebelaron, algunos abandonaron y cambiaron la mar por una isla solitaria en la cual contar su dinero, otros nuevos se subieron al bote para ver si podían integrarse en esta agrupación tan familiar, y poco a poco hasta el último pasajero perdió la esperanza de volver a navegar en su pequeño barquito partiendo del acogedor puertecito que durante tantos años fue nuestra casa.
Pero los milagros existen, y en una de las últimas etapas de la última travesía, cuando ya toda la madera del barco gemía como si fuera a reventar en mil pedazos, cuando ya ni las burdas podían mantener firmes los mástiles del “Español”, un vigía nos gritó desde lo alto del palo mayor: “Puerto a la vista”. Conforme avanzábamos empezamos a distinguir las letras que ondeaban a la entrada del puerto…, primero vimos que acababa en “á” y al unísono pensamos todos “mira, como Sarriá”. Sabíamos que no era nuestro pequeño puerto arrasado años atrás, pero la emoción que nos embargaba nos convertía en simples niños que creen en hadas, duendes y cuentos con final feliz. Como era de esperar, no se llamaba así, sino “Cornellà”, pero bueno, tenía un aire a lo que habíamos tenido antaño. Y de golpe nos sentimos de nuevo marinos, nos embriagó la ilusión de echarnos de nuevo a la mar, de luchar contra los elementos, de navegar en libertad, contra viento y marea, en nuestro querido “Español”, para volver a ser lo que habíamos sido siempre, una pequeña familia dispuesta a afrontar unida esta nueva travesía.

lunes, 2 de marzo de 2009

Sobre derrotas y victorias

Hay derrotas que duelen menos y victorias que dejan indiferente. Me explico. Esta semana mi equipo de fútbol del alma ha sufrido su enésima derrota en casa. De ello no me puedo alegrar, pero si con este revés hago daño al otro equipo de la ciudad, el de los suizos, pues el dolor queda en menos y se puede superar con un poco de sarcasmo y un mucho de alcohol (o viceversa).
Por otro lado tenemos las victorias, como la conseguida este domingo pasado por el Partido Popular en las elecciones gallegas (lo de las provincias vascongadas no lo puedo considerar una victoria). ¿Debería alegrarme de este triunfo? La lógica me obliga a pensar que ya va bien que gane la derecha en Galicia, que así acabaremos con la dictadura del socialismo apegado al lujo y el derroche (una contradicción en sí) y del nacionalismo inculto y vengativo que siguiendo los ejemplos de Cataluña y las Vascongadas iba en camino de conseguir convertir a toda la juventud de una región en borregos seguidores de historias inventadas y leyendas manipuladas, hablando mal un dialecto creado a toda velocidad asegurando que es “gallego” y fracasando en el resto de asignaturas de su plan de estudios.
Pero por desgracia la lógica tiene poco que ver con la política, y más si cabe en un sistema partitocrático como el nuestro, en el que el interés máximo de los políticos es cumplir con el sagrado dogma de que “si sirve a los intereses del partido me sirve a mí, y por lo tanto a España, que soy yo”.
Albergo dudas, y serias, de que esta victoria en Galicia y el posible “cambio” de tendencia en las provincias vascongadas aporten algo a las necesidades de los ciudadanos de España, y menos aún al concepto de España en sí, que seguirá en grave peligro hasta que no aparezca una oposición ya no al partido gobernante de turno, sino al sistema de “casta política” hacia el que está derivando esta apócrifa democracia. En mi opinión no hay partido alguno (de los “big players” como dirían en el mundo empresarial) que realmente quiera cambiar algo por el bien de la patria y sus ciudadanos, lo que pretende esa “unión temporal de intereses” es seguir ahí, con su parte del pastel, que no por ser en ocasiones pequeña deja de ser apetecible y que a los pocos años volverá con toda seguridad un poco mayor en tamaño y prebendas asociadas. Coma yo mi pastel, sea gobernando o ejerciendo de ¿oposición?, y que lo demás se derrumbe a mi alrededor. (O ande yo caliente y ríase la gente)
Así de contradictorios son mis sentimientos ante una derrota, la deportiva, y una victoria, la política, que sinceramente me deja frío. (Podría haber acabado con alguna expresión soez al estilo del difunto actor gallego-catalán (rip), el cual si fuera creyente a las puertas del cielo seguro que usaría el idioma Español, idioma con el que triunfó como actor y al que menospreció en público tantas veces.)

martes, 19 de junio de 2007

Una temporada redonda

Una temporada redonda

Acabo de comentar a una amiga que no veo desde hace más de 16 años que entre en mi blog y me doy cuenta que desde Marzo no he escrito nada. Es realmente imperdonable, teniendo en cuenta el tiempo libre que tengo, el poco deporte que hago y las noches que tiro por la borda viendo pasar el tiempo en la barra de un bar. Pero hoy no va de autocrítica. Hoy estoy feliz. Me he desayunado (que raro suena así, pero es correcto) como siempre leyendo El Mundo, y he tenido el placer de pasar por encima de las caras de los jugadores del Barza destrozados y acabar leyendo a mi admirado Sánchez Dragó comentando la reaparición de José Tomás del domingo pasado en la Monumental de Barcelona. (Lector: si tienes tiempo de pillar el Mundo de hoy, día 19 de Junio de 2007, edición de Barcelona, te recomiendo leer el artículo en cuestión. Está en la página 71). No tuve el placer de asistir a este acontecimiento, y vistas las críticas y los comentarios, me doy cuenta que se me ha vuelto a escapar un momento histórico. Otro más. Creo que esto de perderse cosas importantes nos pasa a todos. No tenemos el don de la omnipresencia, por suerte o por desgracia, y seleccionamos a bote pronto que hacer en cada momento de nuestra vida. Mi elección el domingo fue ir a ver a mi equipo, el Real Club Deportivo Español, como pequeño homenaje a una temporada redonda en todos los sentidos. Como diría mi amigo Sebastián, los que contamos los años por temporadas (o cursos escolares, que viene a ser lo mismo), hemos disfrutado de lo lindo. Hemos derrotado al Barza, ese equipo del que dicen que es catalán pero que no representa más que a una minoría atontada y manipulada de la sociedad catalana, hemos visto ganar la liga al Madrid (¡Hala Madrid!), hemos viajado por Europa y hemos llegado a la final de la UEFA con un señorío que nos honra, y, finalmente, como ciudad, hemos podido albergar uno de los hitos de la historia del toreo reciente. Claro que puestos a pedir la temporada aún podría haber sido mejor: podría haberse hecho justicia en el caso del 11-M, podrían desaparecer la ETA y ANV, Zapatero, sus ministros incultos y algún adlátere más, podría ver a alguien enamorarse de mí, podrían no existir las enfermedades, las injusticias, podría tocarme la lotería, podría publicar un libro y tener éxito, podría…Tantas cosas. Pero, insisto, la temporada ha estado muy bien, Espero que la vida me permita disfrutar de otras temporadas como esta, o, ya puestos, mucho mejores. Y, copiando literalmente a Sánchez Dragó: España, ¡carajo!, y ya está.