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martes, 8 de octubre de 2019

Malditos seáis los que nos robasteis nuestra tierra.


Han pasado dos años desde el intento de golpe de estado de los secesionistas catalanes. Dos años que las personas normales, los españoles de Cataluña, o los catalanes de España, hemos pasado sufriendo, maldiciendo y aguantando el chaparrón incesante de una maliciosa minoría separatista que, usando los medios de comunicación públicos y amparados por el poder autonómico en clara connivencia , sigue haciendo la vida imposible al buen ciudadano de Barcelona, de Tarragona, de Lérida y de Gerona (si escribiera en catalán diría Lleida o Girona, pero no sería de recibo usar endónimos cuando en nuestra culta, amada y común lengua española existe el correspondiente exónimo). Y si además estas cuatro provincias son parte de España desde su propio nacimiento como condados del Reino de Aragón, qué os voy a decir…

Dos largos años que llevamos esperando por un lado una sentencia proporcionada y justa a los delitos cometidos (es decir, una sentencia dura por la gravedad de los hechos), pero también dos largos años en los que nada ha cambiado, en los que los partidos políticos, casi todos ellos, han ido variando su discurso, han comenzado a minimizar los hechos acaecidos en 2017 y todo el prólogo que empezó en 2011, y siguiendo sus propios objetivos de poder, de prebendas, de escaños y concejalías, con el fin último de influir en el poder judicial, de crear empatía hacia los golpistas y de ganarse el favor de sus futuros votantes pactando y negociando, han seguido vendiendo nuestra tierra y con ello nuestra alma al mejor postor. Como el repugnante enano Iceta. Y tantos otros.

Ya ni queda la infantil ilusión de Ciudadanos, que nació para ampararnos y ha acabado siendo parte del nefasto sistema, diluidos en guerras partidistas, con sus líderes bien colocados en Madrid y sus bases hartas de tanto veleta y tanto cuento chino.

Desde el piso familiar en la avenida de Sarriá o la casa en Roda de Bará, las tardes en el Turó Parc o subiendo por la Diagonal hasta la Rosaleda, las cervezas en el Pippermint o las partidas de billar en la sala de juegos de la calle Calvet, mis veraneos en Castelldefels, Cambrils, Calella de Palafrugell o la Escala, la casa familiar de vago recuerdo en Hospitalet o la de asueto veraniego con olor a ovejas y paseos a la fuente en Vallirana, las excursiones dominicales a comer costillas al Montseny o pato en Viladrau,  las paellas servidas en la arena de la Barceloneta, las subidas en vespa a Vallvidrera, los paseos por el Barrio Gótico con un suizo y unos melindros como premio, los cócteles en el Berimbau del Borne o las mañanas, tardes y noches en el campo de fútbol de Sarriá, hasta los años escolares en la calle Copérnico, la avenida del Doctor Andreu, ahora Tibidado,  y finalmente en Esplugas, todo ello, toda mi infancia, nuestra infancia, juventud y hasta edad madura, han pasado a mejor vida. Son recuerdos, bonitos todos ellos, pero por desgracia irrecuperables.

A base de envenenar, manipular, reescribir la historia e imponer una dictadura nacionalista nacida para amparar a una burguesía racista, explotadora y ladrona, usando para ello la contraeducación desde la tierna infancia en guarderías y “esplais”, los grupos excursionistas y las agrupaciones religiosas en la pubertad, las facultades universitarias en la juventud y los medios de comunicación esclavos en la edad adulta, los malvados y dementes separatistas nos han quitado todo. Nos han robado nuestro pasado, nuestro presente y el futuro de nuestros hijos y nietos.


Cada vez somos más exiliados catalanes que hemos preferido acabar nuestros días en otras provincias españolas, como antes sucedió con muchos compatriotas de las provincias vascongadas, obligados por el hedor y la violencia de los separatistas, la sucia y traidora cooperación necesaria de los en teoría constitucionalistas partidos mayoritarios, la silenciosa y hereje colaboración de la Iglesia y la omnipresente manipulación de “tot plegat” por parte de la CCRTV, la maldita TV3 y sus bien pagados lacayos.

Ruego a Dios que la justicia terrenal, o en el caso de unas igual ya pactadas penas simbólicas o hasta una amnistía general, pues entonces la justicia divina, caiga sobre vosotros cual losa de granito y acabe de una vez con el daño que habéis hecho a millones y millones de buenas personas. 

A tantos catalanes que ya ni tenemos ganas de volver a lo que fue nuestra casa.

Malditos seáis los que nos robasteis nuestra tierra.




jueves, 13 de junio de 2019

En este mundo raro

Pregunté el porqué a tantas cosas
lo que escuché no me gustó
la ignorancia es a veces hermosa
inocente como el amor
en este mundo raro
que tanto se complica
y no tengo claro
lo que significa
porque este mundo es raro
y nadie me lo explica

Buscaba yo un título apropiado para esta pequeña reflexión, que versa sobre los sinsentidos, las mentiras y las contradicciones del juicio a los golpistas catalanes, y solamente me vino a la cabeza la bonita canción de Alvaro Urquijo “En este mundo raro”. Igual estoy blasfemando al usar una canción melódica y romántica de mis queridos “Secretos” para verter mi rabia, mi desconcierto, mi repugnancia y mi odio sobre estos malditos delincuentes, pero bueno, sirva lo bello de la canción como compensación a todo lo malo que sufrimos por culpa de dichos personajes, e ilustren los títulos de algunas canciones de dicho LP mis comentarios.


Hablemos pues del patético espectáculo de los golpistas separatistas en su último alegato antes del definitivo “muchas gracias, visto para sentencia” del gran y admirado juez Marchena. Un mundo raro en el que parecen vivir los encausados, ya que son capaces de pedir clemencia y perdón y en la misma frase anunciar que volverán a cometer los mismos delitos. O bien son realmente dementes (como sospechamos tantos españoles) o bien han sido abducidos por alguna fuerza sobrenatural y maligna. O ambas cosas, sobre todo escuchando a Cuixart y a Sánchez

Cuando el bueno de Marchena solamente les pedía una cosa muy simple: “Sólo quiero que me digas la verdad, y los dos buscaremos el remedio” (otra de las canciones del disco nombrado anteriormente). 

Pero erre que erre, los encausados siguen agarrándose a la sinrazón, como si entonaran la canción Desapareces, que dice así: “El orgullo me cegó. Lo que vi se me olvidó. Sin rumbo y sin control, ahora dudo”. Ya no estoy seguro si les ciega el orgullo, la incultura, el fanatismo, el odio o el revanchismo, o si simplemente son peleles en manos de las fuerzas oscuras de Cataluña (al mando de Jordi “Sauron” Pujol y su prole).

Y mientras tanto los leguleyos defensores negando la mayor y afirmando que todo iba en broma, que nadie buscaba la independencia, que no hubo violencia, que todo fue un farol. Como cantan los Secretos en la canción “Soñadores”, pero haciendo daño, mucho daño, al resto de la sociedad: “jugué, mentí, hice promesas que sabía que jamás iba a cumplir”. Así estamos. En manos de mentirosos y cobardes. Y una parte de la sociedad española ciega como los peces de la portada del disco, nadando sin rumbo en un mar de mentiras, trapicheos, alucinaciones, connivencias y comisiones.

Solamente nos queda la esperanza de que, pasado el verano, esa época del año que para nosotros los mortales dura unos quince días, mientras los políticos disfrutan de un mínimo de tres meses de descanso (duro es su trabajo, ciertamente), el otoño nos reciba con una sentencia justa, es decir, con una condena completa de todos los acusados. Y sin posteriores indultos políticos para pagar los favores. Aunque eso ya es soñar imposibles (bien lo estamos viendo con el reparto de alcaldías, comunidades, concejalías y ministerios, algo que no saldrá gratis).

Y que cada uno de los malditos golpistas, de los sembradores de odio, de los racistas, de los ladrones, de los dementes, acabe solito en su celda entonando “Trenes perdidos”:

“Y cuando estoy solo
me siento vacío
soñando el viaje de los trenes perdidos”.


Haberlo pensado antes. Listillos.



P.D. Volverá a ocurrir, y os volverán a procesar, sentenciar y encerrar.

miércoles, 10 de abril de 2019

Que se hable de VOX, aunque sea bien

There is only one thing in life worse than being talked about, and that is not being talked about
Oscar Wilde

Escuchando ayer "La Linterna" de la Cope, y en concreto la intervención siempre entretenida y didáctica de Fernando Vilches, profesor titular de Lengua Española de la Universidad Rey Juan Carlos, salió a colación la frase “que se hable de mí, aunque sea para bien”. Intrigado, a la par que divertido, la apunté para usarla como introducción a esta entrada.

No hay duda de que la mayoría de nosotros diríamos lo contrario, es decir, “que se hable de mí, aunque sea mal”. Es sin duda la expresión más común, y entiendo que también la más lógica, quizás basada en la famosa frase de Oscar Wilde que cito arriba: “hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti y es que no hablen de ti”. 
Y tal cual es una estrategia usada por infinidad de empresas, organismos, partidos políticos y particulares. Mercadotecnia pura y dura. O marketing, como se dice hoy en día, relegando a nuestro rico idioma, como en tantos otros casos, con el absurdo fin de sentirse moderno, culto y cosmopolita.

Esta publicidad de shock, bien conocida en marcas como Benetton o Ryanair y en campañas oficiales de prevención de accidentes (justamente en estos últimos días la DGT ha lanzado una campaña de este estilo ante los masivos desplazamientos previstos para la Semana Santa), sin duda alguna es efectiva, aunque también pienso que es algo muy visto y cuya eficacia no dudo que ha ido a menos. ¿Quién no se acuerda de la primera campaña de Ciudadanos, con un Albert Rivera en cueros engañándonos con lo de “sólo nos importan las personas” (cuando realmente quería decir “sólo me importo yo”)? El anuncio sin duda fue efectivo, aunque visto ahora, desde la distancia y el descubrimiento de la realidad que había detrás de muchos de los fundadores de dicho partido, no fue nada más que un eslogan engañoso que encubría un narcisismo y un afán de poder enfermizos. De eso se trataba, obviamente. De vender un producto, ya sea con argumentos y datos reales, con falsas promesas o con hechos manipulados.

Tres cuartos de lo mismo ha sido la campaña orquestada durante años alrededor de la inexistente república catalana, su justificación histórica y su supuesta mayoría social (lo de inexistente sin duda un hecho objetivo, como bien ha argumentado en sus alegaciones el bueno y sensato Mosso sancionado ayer con 14 días de inhabilitación por decir la pura verdad).

Y qué os voy a contar después de lo visto en la sumamente sucia precampaña electoral: no quiero ni imaginarme como va a ser la campaña en sí, ni los miles de bulos, intrigas y manipulaciones que vamos a tener que soportar en los próximos quince días, como ya decía en un reciente comentario mío. Suerte tengo que la mitad de ese tiempo lo pasaré andando por tierras gallegas en pos de mi quinta Compostela, ajeno al mundanal ruido, a la bajeza moral y a la maldad intrínseca de nuestro sistema político.

Pero hay esperanza. La verdadera y sensata España está despertando, los actos de los partidos tradicionales están pinchando, las encuestas, por muy cocinadas que estén, no se las cree ni un pardillo y lerdo espectador de la Secta, y empiezan a sonar tambores de resistencia, de alegría, de verdad y de una nueva y brillante luz al final del camino (lo de los tambores es por gentileza de Ignacio Garriga).



Digamos pues como el inmortal genio Salvador Dalí: “que se hable de mí, aunque sea para bien”.


lunes, 17 de diciembre de 2018

Alguien voló sobre el nido de la Moncloa



A veces parece que en España de golpe nos hemos olvidado de las tres primeras acepciones de la palabra “loco” que nos ofrece el diccionario de la RAE (o de las primeras dos de la palabra “locura”). Dicho de forma más clara: nos hemos olvidado de la peligrosidad de la locura.

De un tiempo acá no sólo hemos aceptado la palabra “loco” como algo positivo, que describe a alguien diferente, divertido, valiente o creativo, sino que hemos cometido colectivamente el grave error de tolerar que personas claramente aquejadas de locura o demencia ocupen puestos de relevancia, tanto social como sobre todo política.

Y no es algo que haya sucedido en las últimas semanas, meses o años: la última y más grave entrada de la locura en la vida colectiva española se produjo el 16 de abril de 2004, ese nefasto día en el que un personaje loco de atar llamado José Luis Rodríguez Zapatero fue investido presidente del gobierno de España.
¡Ay pobre España, si llegas a saber lo que se avecinaba otras papeletas hubieras elegido!

La desgracia de un loco es dar con otro

Y de aquellos polvos vienen estos lodos. Me imagino las constantes diatribas de Begoña (la tan trabajadora inquilina actual del Palacio de la Moncloa) a su marido durante el mandato de ZP: “Si éste puede ser presidente, por qué no lo intentas tú”, “Ya te vale Pedro, el zumbado ese en la Moncloa y nosotros en este cuchitril”, “Pedro, tú lo vales, eres más guapo, más listo, y nuestras hijas serán más guapas que Laura y Alba”. Y por desgracia, a base de insistir entre plato y plato y entre polvo y polvo (algo que las mujeres dominan con eficacia), el falso doctor cogió al toro por los cuernos, maniobró con maquiavélicas tácticas y femenina estrategia hasta que una sucia maniobra plagada de mentiras le aupó al poder.
   
Quien con locos anda cuerdo, está peor que ellos.

¿Y cuál ha sido la reacción del pueblo español? ¿O la de los dirigentes de los demás partidos políticos? ¿O la de los propios compañeros de partido del susodicho demente? Pues poca cosa hemos hecho entre todos. Algunos más que otros, pero en cualquier caso no se ha producido la reacción unitaria y claramente fundamentada de echar al ocupa de su mansión y convocar con suma urgencia elecciones generales. El miedo a perder privilegios de unos, el constante apoyo de los medios afines, la indefinición de la mayoría de los partidos de la oposición (Vox clamantis in deserto), la descarada manipulación de las encuestas por parte del CIS y el chantaje de populistas, nacionalistas y filoterroristas, han permitido a Pedro “cum fraude” y su tan trabajadora señora seguir disfrutando de los privilegios del cargo y de los viajes en avión a  conciertos, bodas, bautizos y banquetes, todo ello a cargo de nuestros impuestos y nuestra inocencia. O ceguera.

Obrar mucho y hablar poco; que lo demás es de loco.

¡Ay el refranero español, cuánta razón tiene! Porque si es por hablar, nuestro actual presidente por accidente se llevaría el premio gordo, la pedrea y hasta los reintegros. Y en cuanto a obrar, pues todo lo contrario. Algo que en el fondo es de lo poco que tenemos que agradecer al personaje. Porque si llega a obrar, es decir, a hacer todo lo que ha dicho, y todo de lo que se ha desdicho a los pocos días, horas o minutos, este nuestro querido país parecería un erial. Pocas veces en la historia se habrá visto a una persona tan cambiante, tan volátil, tan oportunista y tan veleta. Y pensar que llamamos (y cargados de razón) veleta a Rivera y sus ciudadanos, pero lo de Falconetti (como le llama la poca prensa seria de España) roza la locura. Demencia total y absoluta. Lo que hoy es blanco por la tarde será gris, lo que ayer era bueno para España mañana será malo, lo que ayer prometía, hoy lo niega. Y así día tras día, semana tras semana, mes tras mes, y si no le paramos los pies entre todos de una santa vez, es capaz de regalar Gibraltar a los bárbaros, Cataluña a los iluminados, las Vascongadas a los herederos de los terroristas y destrozar lo que queda de España mientras él surca los cielos cual estrella del rock.

Cuatro locos que andan sueltos traen al mundo revuelto

Y lo peor, su dejadez ante los flagrantes (recordemos que flagrante significa “evidente, que no admite refutación”) y graves delitos que se están cometiendo desde hace años y de forma continuada en Cataluña. En mi Cataluña, en nuestra Cataluña, en esa región tan bonita, importante y parte esencial de España. En ese antiguo condado de la Corona de Aragón que lideró tantos aspectos de nuestra historia: de las guerras hasta el comercio, de la literatura a la música, de la revolución industrial al emprendimiento, del deporte a la investigación. Todos los aspectos básicos de una sociedad avanzada, solidaria, culta y tolerante tenían antaño su reflejo y su presencia en las ricas tierras catalanas. Ahora no queda nada. Cuatro o más locos que con tal de no asumir su enfermedad e ingresar voluntariamente en una institución médica, siguen agujereando los cimientos de nuestra patria común, de la realidad histórica y de la convivencia de la sociedad.

Un loco junto al fuego jamás lo deja quieto

Otro refrán que la clava. No es de recibo, y menos para el presidente de un supuesto estado democrático y de derecho, tolerar, cuando no animar, los constantes insultos, atropellos, ilegalidades y locuras que diariamente se están produciendo en Cataluña. Se aproxima el 21 de diciembre, fecha elegida por el loco narcisista de la Moncloa para someterse de nuevo a las exigencias del resto de zumbados que pululan por Cataluña. Ya ni digo que gobiernan, o dirigen, algo que dejaron de hacer hace años, simplemente campan a sus anchas. Con sus falsos ayunos, sus cachorros violentos, sus iluminados ideólogos y sus sumisos y bien untados medios de comunicación. Arde Cataluña, arde España, y al presidente del gobierno de todos los españoles no se le ocurre nada más que echar leña al fuego, prometer blanco hoy y dar negro mañana, derrochar millones de euros del dinero público (que no es de nadie, María del Carmen Calvo Poyato dixit) para celebrar un inútil Consejo de Ministros en Barcelona y destrozar las cercanas fiestas a cientos de policías y Guardias Civiles cuando existen 17.000 Mossos, en teoría fuerzas del orden, en Cataluña. De locos, oiga.

Mal de locura, sólo la muerte lo cura

Obviamente no le deseo la muerte a nadie. Todo se andará, y la ley de vida es igual de cruel para unos que para otros. Pero mientras tanto, mientras los locos anden sueltos, vivos y haciendo daño a la sociedad, que alguien tome las medidas oportunas, los encierre, los cure o los mande a freír espárragos. Para algo existen las leyes. Y la sensatez. Y las instituciones psiquiátricas.

Quien enferma de locura, no tiene cura.

Zapatero fue un error, Pedro Sánchez es peor. Y ambos están locos. De atar.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Cataluña: diario de una guerra


Día 1. El alzamiento.


Amanece en Barcelona. En la lejanía, en las preciosas islas Baleares que en días claros se pueden distinguir desde el Tibidabo usando unos simples prismáticos, algunos ya habrán desayunado. Por lo menos los lugareños. Los guiris en cambio estarán a punto de recogerse, vadeando entre vómitos, excrementos y bikinis abandonados tras otra noche de sexo sin amor, peleas y un consumo abusivo de alcohol y drogas. Cosas de los bárbaros del norte, que lo único que nos aportan son cuantiosos beneficios económicos (que por otro lado no son baladí). Una suciedad que por cierto se debe en parte a la falta de los tan básicos servicios municipales de limpieza. Desde que el conocimiento del catalán se ha ido imponiendo a martillazos para poder ejercer cualquier función pública, cada vez más servicios están dejando de funcionar: empezó con la enseñanza, pasó a la sanidad y ahora ha llegado a algo tan básico y necesario como la limpieza municipal. Suerte tenemos que los turistas ingleses ni se dan cuenta del lamentable estado de playas y paseos. Otro cantar son los alemanes, que poco a poco están abandonando las islas por otros destinos igual de bonitos, pero más limpios… y seguros. Pero volvamos al amanecer en Barcelona.


La noche anterior había sido movida. Los guerrilleros catalanes de los CDR, divididos en varias columnas según el lujoso móvil que usan (la columna Samsung Galaxy en el sur al mando de Helena Torra y la columna Iphone en el norte, dirigida por Guillem Torra, ambos hijos guerreros del padre con el ADN superior), se habían desplegado por buena parte del territorio catalán bloqueando carreteras, puentes y otras infraestructuras necesarias para el correcto funcionamiento de pueblos y ciudades, comercios e industrias. La nula resistencia de los Mossos (siguiendo órdenes del gobierno regional, es decir, de papá Torra) y la apatía de las pocas unidades de la Guardia Civil y la Policía Nacional que aún están desplegadas en las cuatro provincias de la región (siguiendo órdenes del gobierno central) había permitido que los violentos jóvenes camparan a sus anchas. Pasaron la noche fumando porros, comiendo butifarras, cantando canciones de los Pets y de Sopa de Cabra y “festejando” unos con otros. Aunque al final hubo pocas relaciones carnales. Entre le fealdad de ellas y la estupidez de ellos poca libido había en el ambiente.


A las 7 de la mañana el “sargento” Quim Torra (esa fue su graduación durante el servicio militar en el IMEC) se calza las botas, encaja su gorra, empuña el CETME que se llevó de recuerdo de su estancia en el regimiento de Infantería Palma 47, y al frente de su escolta personal sale del Palau de la Generalitat, a asaltar la historia, la realidad social y la sensatez, cegado por el odio que siente hacia las hienas españolas. Detrás suyo se arrastra el cabo Bentanachs, también conocido como la serpiente, el cobarde o el bocazas. Echando bilis por la boca, con las caras desencajadas de rabia, Torra, Bentanachs y su guardia de corps formada por Toni Alba, Joel Joan, Lluis Llach, Josep Guardiola y Gerard Piqué, se dirigen a toda prisa a los vehículos preparados en la Plaza de San Jaime.

Los motores de los envejecidos y tan contaminantes tractores resuenan con furia mientras los voluntarios fijan en los laterales de los imponentes carros de combate traídos de todas las veguerías  los tirachinas, las banderas negras, las mangueras para rociar con ratafía a los enemigos y las bengalas que sobraron del último partido del Barza.

La emoción se palpa en el ambiente. Pilar Rahola, Elsa Artadi, Karmele Marchante, Cris Gallifantes y Miriam Nogueras gritan como posesas mientras se desnudan, mostrando sus tangas estrellados, sus ligas cuatribarradas y sus sujetadores amarillos. 

La guerra ha empezado. Por fin serán libres. Por fin acabarán con los bestias españolas con forma humana y demostrarán al mundo que un cráneo de Ávila no será nunca como uno de la plana de Vic 
(continuará, o no, ya se verá).



Nota: Aunque el anterior relato suene a broma (de mal gusto), ha estado (o está) en un tris de convertirse en realidad. Por mucho que ahora los impresentables y cobardes separatistas hayan empezado a recular, a desdecirse de lo afirmado, a negar la mayor y a proclamar que ellos son pacifistas y que la comparación con Eslovenia se ha interpretado mal: bien sabemos que hace mucho tiempo que están buscando ese brote de violencia que les permita seguir lloriqueando inventando agravios, apelando a las Naciones Unidas y hasta a la Confederación de Planetas Imaginarios, mientras siguen viviendo del cuento y destrozando nuestra querida Cataluña, y con ello a nuestra amada España.


España no es Yugoslavia. 
Cataluña no es Eslovenia. 
Malditos enfermos. Malditos iluminados. Malditos lazis.

miércoles, 10 de enero de 2018

Carta a los tabarnienses

Queridos hermanos:

Mucho se ha escrito ya sobre el fenómeno de Tabarnia (el último y acertado comentario sobre el particular lo publicó hace bien poco el buen amigo Jorge Buxadé en su blog, adelantándose en horas a estas líneas que redacto en este momento).

A saber: la campaña de una Tabarnia autónoma que englobe las comarcas más productivas y menos nacionalistas de Cataluña es una idea bien argumentada que surgió hace bastantes años, en la que se ponen en tela de juicio las desigualdades existentes en Cataluña en cuanto a la aportación a la riqueza y al bien común y a la recepción de sus platos de lentejas en forma de subvenciones a cambio de apoyos y sobre todo votos. 

Y como el maldito nacionalismo va exactamente de esto, durante muchos decenios no ha dudado en aprovecharse de los defectos de la ley electoral vigente en Cataluña y de la facilidad para repartir prebendas, en aras de ganarse el voto cautivo y sumiso de las regiones interiores de Cataluña.

Y todo ello con unos objetivos muy claros: enmascarar su mafioso y bien organizado latrocinio y de paso ocultar y silenciar la realidad social de esta bella región española llamada Cataluña. Bien aderezado el montaje con leyendas, mitos, invenciones, sangrantes mentiras y la infinita  desfachatez de los “líderes” nacionalistas y separatistas para vender la moto a los incautos y abducidos ciudadanos y lucrarse de manera exagerada y hasta vomitiva, enarbolando para ello una sucia, inventada y partidista bandera de confrontación y fanatismo.

Y no seré yo el que critique este “revival” de la idea de Tabarnia, más aun siendo tabarniense de nacimiento, ni su reciente y bien ruidosa explosión en las redes sociales y los medios de comunicación, tanto nacionales como extranjeros. Como ya se ha comentado y analizado en infinidad de artículos de prensa, la campaña de Tabarnia ha servido, y mucho, para desmontar uno a uno los simples e infantiles argumentos del separatismo catalán, respondiendo a sus sinrazones con sus mismas armas. Un nítido espejo para su estupidez en el que se han visto reflejados de tal manera que hasta se han puesto nerviosos, como si fueran niños pequeños a los que han pillado robando caramelos.

Pero, en mi modesta opinión, toca parar. No seamos ingenuos e infantiles (y listos) utilizando esta gracia hasta el hastío, explotando su repercusión social, inventando (y vendiendo) banderas, escudos y seguro que pronto también sudaderas, fundas para móviles y en cuanto llegue el buen tiempo toallas, playeras, hamacas y sombrillas.

No hay chiste, ocurrencia, eslogan o idea táctica, por muy buenos que sean, que puedan estirarse hasta el infinito, ya que dejarán de tener sentido, serán copiados (véase el nacimiento de Ribernia, de Vasconia y demás clones tabarnienses) y extremadamente fáciles de ridiculizar y desmontar.

Porque al igual que hemos podido acabar con el nacionalismo y sus mentiras a base de verdades, cifras, argumentos, historia, cultura e intelecto, cualquier persona mínimamente preparada (esto no incluye obviamente a Rufi, Marta y el resto de la banda, título de un futuro artículo) podría acabar con la campaña de Tabarnia en un abrir y cerrar de ojos.

Como símil podríamos usar lo que dice San Pablo en su carta a los Gálatas:

“Ahora bien, si al buscar nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos pecadores, entonces Cristo está al servicio del pecado. Esto no puede ser, porque si me pongo a reconstruir lo que he destruido, me declaro a mí mismo transgresor de la Ley.”.

No podemos echar por tierra el tremendo esfuerzo llevado a cabo en los últimos decenios por miles y miles de catalanes y españoles de otras regiones, con su explosiva culminación en octubre del año pasado en las manifestaciones civiles en Barcelona y la victoria (en número de votos) en las últimas elecciones autonómica de la razón, la libertad y la justicia frente a la anacrónica barbarie separatista, siguiendo “in aeternum” con el jueguecito tan divertido de Tabarnia, del yo más, del tú qué y de la estúpida confrontación.

Y me permito citar de nuevo a San Pablo:

Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales: háganse más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor.  Porque toda la Ley está resumida plenamente en este precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si ustedes se están mordiendo y devorando mutuamente, tengan cuidado porque terminarán destruyéndose los unos a los otros

Esos deseos carnales que simbolizan el egoísmo, el egocentrismo, el yo frente al nosotros, no tienen nada que ver con el espíritu de libertad, de unión, de solidaridad y de justicia que la sociedad civil catalana, sin la ayuda de los siempre interesados partidos políticos, ha sacado a relucir en estos últimos meses.

Una sociedad civil cansada de desigualdades, de imposiciones, de separatismos, de injusticias, de favoritismos, de robos y de confrontaciones inventadas y dirigidas.

Barcelona es Barcelona, Tarragona es Tarragona, Gerona es Gerona y Lérida es Lérida. Y todas ellas son provincias españolas de la bonita, histórica y querida región catalana, parte intrínseca de nuestra milenaria nación, España.

Como lo son La Coruña, Álava, Albacete, Alicante, Almería, Asturias, Ávila, Badajoz, Islas Baleares, Burgos, Cáceres, Cádiz, Cantabria, Castellón, Ciudad Real, Córdoba, Cuenca, Granada, Guadalajara, Guipúzcoa, Huelva, Huesca, Jaén, La Rioja, Las Palmas, León, Lugo, Madrid, Málaga, Murcia, Navarra, Orense, Palencia, Pontevedra, Salamanca, Segovia, Sevilla, Soria, Santa Cruz de Tenerife, Teruel, Toledo, Valencia, Valladolid, Vizcaya, Zamora, Zaragoza, Ceuta y Melilla.

Como bien reza el lema del escudo de Tabarnia presentado “en sociedad” hace pocos días:


Acta est fabula.



 La función ha terminado.


La de Tabarnia también.


P.D.: Y que conste que la maravillosa idea de Tabarnia ha conseguido bastantes más firmas que votos  han arañado algunos de los enfermos partidos que quieren dividir nuestra sociedad y nuestra patria.






martes, 19 de diciembre de 2017

Feliz Navidad en blanquiazul.

La casualidad, o mejor dicho la pésima gestión de los directivos del RCD Españyol por un lado y de los golpistas de la autonomía catalana por otro, nos ha llevado a unas fiestas navideñas en las que más que pedir tenemos que implorar al niño Jesús, a los Reyes Magos y al Tió de Nadal que nos echen un cable y con sus regalos nos saquen del atolladero en el que estamos metidos.

La situación dramática que está viviendo nuestra patria chica, Cataluña, con el golpe de estado organizado por unos pocos iluminados nacionalistas con el único fin de mantenerse en el poder y ocultar sus miserias y latrocinios, se ve reflejada tristemente en nuestro querido Real Club Deportivo Españyol.  Deportivamente nuestro futuro pende de un hilo, estando nuestro equipo cerca del abismo de las posiciones de descenso a segunda división, y políticamente Cataluña está asimismo jugando con fuego, dividida artificialmente por manipuladores, mentirosos, ladrones y prófugos.

¡Vaya fiestas nos esperan!

En Cataluña, un minoría separatista (en votos lo es, aunque la ley electoral vigente les otorgue una representación mayor que la voluntad real del pueblo) intenta dinamitar la convivencia basándose en medias verdades, leyendas, manipulaciones, falsas acusaciones y demás ardides, con el único fin de mantenerse en el poder y con ello seguir exprimiendo al pueblo catalán y evadiendo los porcentajes “recaudados” a paraísos fiscales.

Y por si no bastara con los malos resultados deportivos, en nuestro querido club, el Real Club Deportivo Españyol, otra minoría separatista (en este caso tan minoritaria que sin duda cabe en un microbús), liderada en la sombra por el vago de Argentona, intenta imponer a una mayoría social apolítica, amante del deporte como único objetivo, sus partidistas banderas de odio y confrontación. Y si a esto sumamos a determinados elementos “periculerdos” de la directiva actual, que desde que rigen nuestros destinos han hecho más mal que bien, las felices fiestas navideñas se nos presentan por desgracia cargadas de dudas, miedo e impotencia.

Pero nadie nos va a asustar ni estropear a estas alturas del siglo XXI las fiestas familiares por excelencia. Nuestra herencia blanquiazul se basa en una idiosincrasia de familias luchadoras, fieles, creyentes, unidas y tradicionales, amantes de la alegría, la bondad, la convivencia y la diversidad

En el mundo blanquiazul no hay odio, ni discriminaciones, ni fundadores protestantes, racistas y masones, ni directivos encausados y expresidentes enjaulados. Somos normales, de aquí y de allá, ni superiores ni inferiores a nadie. Somos de Girona y de Vic, de Santa Coloma y de Badalona, de Tarragona y de Reus, de Masnou y de Arenys, de Ciutat Vella, de la Verneda y de Sarriá.  
Y encima nunca hemos crecido de forma artificial regalando carnets de socio, ni hemos utilizado nuestros nobles colores para otro fin que no sea la sana competición deportiva.

Al igual que la mayoría de catalanes, que ni odian al prójimo, ni son racistas, ni roban ni mienten.

Y aunque en los últimos 30 años los separatistas, con la necesaria complicidad del otro club de la ciudad, hayan conseguido desvirtuar esa esencia catalana de tolerancia, de gente trabajadora, de región de acogida, de “seny” y de nobleza, la mayoría hasta ahora silenciosa de nuestra región, y también de nuestro querido club deportivo, se impondrá sin dudarlo a la insensatez de los borregos adoctrinados.

Esperemos que tanto el día 21 en las Elecciones Autonómicas como el día 22 en el crucial partido ante el Atlético de Madrid y los días 4 y 11 de Enero ante el Levante, el espíritu de buen catalán y mejor perico triunfe y nos lleguen esos regalos navideños que tanto anhelamos y merecemos.

¡Felices fiestas blanquiazules a todos!


Bon Nadal.



martes, 21 de noviembre de 2017

Los siete pecados capitales del separatismo

Cave, cave, Deus videt

(Y por ende del populismo, tendría que añadir al título. Que ambos cánceres vienen a ser lo mismo en muchos aspectos. Pero se me iba en longitud).

Hace siete años escribí un artículo que versaba sobre uno de los pecados capitales: en concreto hablaba de la soberbia, en contraposición al carisma y la humildad. Y por desgracia,  estos últimos siete años (siete como los pecados capitales) han sido tan nefastos en lo que concierne a los valores, la política y el proceder de nuestros supuestos líderes, que me veo obligado a escribir sobre todas dichas maldades de un solo mazazo. De pegar un golpe sobre la mesa como el que habría que dar de una santa vez para acabar con el destrozo paulatino de nuestra patria y de nuestra sociedad. Y no hablo de un golpecito, casi una caricia, aplicando de forma limitada y de cara a la galería el artículo 155 de la tan magnificada Constitución, tal como está haciendo el Partido Popular con el apoyo del PSOE y de Ciudadanos.  Eso de poco nos va a servir. De aquí a menos de un mes volveremos a estar igual. O peor. Con los partidos políticos luchando por los votos y las prebendas asociadas, con los separatistas y populistas embaucando a la gente y con el sufrido pueblo español languideciendo bajo el yugo  de la mentira, de la manipulación en los medios, del capital de oscura y sucia procedencia, de la corrupción y la fraudulenta venta de bancos bajo mano y de la maldita unión europea, que de unión tiene bien poco… y de europea aún menos.

Resumiendo: en vez del tan castizo y patrio “Seis toros seis” que solíamos ver en los carteles de las corridas de toros, hoy en día proscritas en gran parte de nuestra querida península, por desgracia nos toca decir: “Siete pecados siete”.

Aclaración: para todos aquellos que desconozcáis de que va todo el tema de los pecados capitales (y por qué no, también para los que sois muy pecadores), aquí tenéis un buen resumen en la Wikipedia.


Al lío.

La soberbia

Que os voy a decir que no sepáis. El comportamiento soberbio de todos los líderes separatistas (como el de los golfos y guarros populistas de Podemos, pero de esos intentaré no escribir hoy, que tengo el estómago un poco sensible) está fuera de toda duda. Salvo que mires TV3%, claro está. En ese caso seguro que los pintan a todos de modestos, humildes y buenas personas. Nada más lejos de la realidad. Pocas veces hemos asistido en la historia de España a tanta chulería, tanta prepotencia, tanto clasismo y tanto racismo como en estas últimas semanas. Fuigdemont y sus múltiples y constantes sandeces e insultos, Nuria de Gispert y su
patético “¿Por qué no vuelves a Cádiz?” dirigido a la amiga Inés, o las muertes “evitadas” por el sacrificio de la plañidera Marta Rovira, por cierto hija de alcalde franquista, aunque los medios afines la llamen la “Princesa Vigatana”. Pues vaya princesa se han buscado. Con un curriculum como “para ponerse a temblar”, como bien decía Xavier Rius hace unos días. Sin olvidar a la madre superiora Ferrusola y su "el español es la lengua de los pobres y las chachas”. Soberbia es poco.

La avaricia

“En 18 meses dejaré mi escaño para regresar a la República Catalana” dijo el bufón mayor del Reino, el  despreciable Gabriel Rufián, en diciembre de 2015. Y desde ese mismo día todos sabíamos que no iba a renunciar a sus 5.947 euros brutos al mes (más 1.823 para gastos, libres de impuestos).  Al igual que su compadre, el rural Joan Tardá, que usa la burda excusa de la anexión pendiente de Baleares y Valencia para justificar lo de “estar a la sopa boba” todo el tiempo posible.

Por no hablar de los “botiflers” traidores como Carme Forcadell, el dúo Tururull o el mayor Trapero, que con tal de seguir chupando del bote han renunciado a las primeras de cambio a sus principios y altisonantes proclamas y han jurado y perjurado a diestro y siniestro, sometiéndose a cualquier ley, norma o imposición “española” con tal de no perder sus privilegios. Como se bromea por ahí solamente les ha faltado besar la bandera de España y soltarse por bulerías.

Todos ellos fieles seguidores del paterfamilias y sus cachorros, léase Jordi Pujol, su cornuda esposa y sus vástagos ladrones. Con ellos empezó todo, como se suele decir. Y sus herederos van camino de superar todo lo malo hecho por los progenitores. Gracias a Dios ya tenemos a uno en el “resort” de Soto del Real. Pero faltan los demás. Y quedan camas. Como en la ciudad de Barcelona, donde gracias a la vaga e inútil Ada Colau la “okupación” hotelera está cayendo por momentos. Otra que se merece un artículo especial. Dadme tiempo.

La lujuria

Este pecado capital quizás sea sobre el que menos puedo hablar. Tampoco es un tema en el que me quiera meter, allá cada uno con sus vicios, enfermedades y desvíos. Pero conociendo las historias del capo Pujol, que después de engendrar siete hijos (me parece que el número siete me persigue, tendré que pillar lotería con esta terminación) se echó una amante y se fue a vivir con ella al Palau, o de la esposa despechada de su primogénito, que ni corta ni perezosa destapó el flujo de billetes de 500 € hacia Andorra, que queréis que os diga. Cuando el río suena…

La ira

¿Cuántos ataques de histeria, tanto individual como colectiva, hemos presenciado en estas últimas semanas? Las caras cargadas de odio, la baba espumosa brotando de sus bocas cual las poco mágicas fuentes de Montjuich, los aspavientos, las manos alzadas, los insultos y el menosprecio a todo lo que se les antojaba contrario a sus ideas, han sido por desgracia (y seguirán siéndolo, no lo dudéis) una constante en estas fatídicas jornadas que hemos pasado. Frente a la templanza, la paciencia, la contención o la mesura que han aplicado el resto de intervinientes en esta tragicomedia, hemos soportado patéticos ataques de rabia de muchos de los personajillos ya nombrados. Imposible listarles a todos. Bueno, sí que se podría. Bastaría con coger las listas electorales de los partidos “enfermos”, empezar por el candidato número uno y acabar con el de la cola. El clásico invitado estrella que por cuatro duros permite que impriman su nombre en la papeleta. Por ira. Y por dinero (ver avaricia, un poco más arriba).

La gula

Frente a la gula el valor cristiano es la templanza. Es decir, una moderación en la atracción de los placeres, con el dominio de la voluntad sobre los instintos. Anda. Me suena mucho. Y como no podría ser de otra manera, me vienen a la cabeza varias escenas harto vistas: el cambio físico del omnipresente Rufián desde que se mueve por Madrid cargado de euros, las recientes comidas del enfermo Fuigdemont y los 5 en Bruselas, las paellas en casa de Rahola con el “Let it be” de los Beatles a los postres o los recientes “encierros” separatistas en algunas poblaciones catalanas como Rubí, que acabaron en grandes comilonas a costa del erario público.
O casos extremos como las “supuestas” huelgas de hambre de frikis separatistas, con horarios de oficina en el caso de un “enfermo prusesista" barcelonés que dejó de comer entre las 10 y las 14 horas y las 16 y las 20, o el esperpéntico “ayuno a favor de los presos políticos” por turnos que tienen montado en una parroquia de Cornellá del Llobregat. Como ya puse en un tuit el pasado día 10 de Noviembre: ¡Qué originales y sacrificados! Si es lo que hacemos cada día en casa: desayuno, huelga, almuerzo, huelga, merienda, huelga, cena, huelga y repetimos”. 
En resumen, todos siguen comiendo a destajo. Es decir, pecando.

La envidia

Mucho podríamos hablar de este pecado capital, al que se contraponen en la fe cristiana la empatía y la amistad. Y no nos costaría mucho encontrar ejemplos en el quehacer, el hablar, el calumniar o el inventar de los actores de este maldito proceso separatista que nos tiene hasta los mismísimos a todos. Valgan como muestra las locuras de los nuevos historiadores, con Jordi Bilbeny al frente del “Institut Nova Història”, que conforme pasan los días acabarán convirtiendo cualquier personaje, invento, descubrimiento o hazaña de los últimos 20 siglos en algo auténticamente catalán. Como ha sucedido esta misma semana, en la que han descubierto en Burgos los supuestos restos de la casa del Cid Campeador, saltando rápidamente los acólitos de la manipulación de la historia afirmando que el Cid era catalán, como no. Historia “a lo bestia” como bien titulaba hace pocos días su artículo Luciano Alvarez en “El País”. O el otro loco que hace bien poco afirmó que la “civilización catalana” es la que perdurará en el tiempo frente al resto de culturas “inferiores”. Lo dicho. La envidia les corroe. Y visto lo anterior, les vuelve locos. Muy locos.

La pereza

Pereza me da volver cada día sobre el mismo tema. Y tener que hablar siempre de los mismos. Pero es que me lo ponen a huevo. La diligencia, el contrapunto al no hacer nada, ya no es solamente una virtud, cristiana o no. Es una obligación. No puedes pasarte toda la vida sin pegar ni sello, haciendo “pellas” como los diputados de ERC y PDeCAT en el congreso. Ay Rufián, que pecas más que un Fistro Pecadorrr (Ciudadanos, por cierto, ha pedido que se les retire el sueldo, pero por ahora el resto de grupos hacen oídos sordos: no vaya a ser que les empiecen a fiscalizar su trabajo y tengan que aportar algo a la sociedad, como hacemos los demás mortales). 
Y no queda ahí, si cogemos los “curriculum vitae” (el plural va así, que nadie se le ocurra corregirme con un curricula) de los protagonistas de esta maldita telenovela barata y zafia llamada el “Prusés”, llámense Pujol, Colau, Rufián, Ernest Benach, Tardá, Marta Rovira, Pisarello o Anna Gabriel, nos puede dar un espasmo a más de uno. Entre todos no llenarían ni el formulario inicial de Infojobs. Y ya no te digo cuantas ofertas de trabajo les aparecerían de forma automática. Por no hablar que les llamara algún cazatalentos, o headhunter como les gusta decir hoy en día a los cosmopaletos. 
Como mucho podrían recibir una visita de los Cazafantasmas. Y no les iría nada mal acabar enjaulados en una pequeña cajita, sin nada que comer, ni posibilidad de insultar, robar, inventar, envidiar, denigrar o copular.

Y no hablo de las ridículas jaulas instaladas en Vich para disfrute de unos y vergüenza de todos. 

Hablo de jaulas de verdad.

Que bien se lo merecen.

Por pecadores.


Cave, cave, Deus videt




miércoles, 8 de noviembre de 2017

Cuatro barras y un funeral

Me ha inspirado escribir este artículo esta viñeta tan bonita que lleva mi amigo Pumuky en su Whatsapp como foto de perfil. Dibujo emocional, con ese aire de infantil inocencia, que entra directamente al corazón. Pero que por desgracia se quedará en eso, en una ilusión más de que en la vida las cosas pueden acabar bien, cuando todos sabemos que los finales felices son más raros que un tuit de Gabriel Rufián con un mínimo de sentido. O de Alberto Garzón. O de Escolar. O de Junqueras. O de Fuigdemont. O de Iglesias. O de Bea Talegón. De cualquier miembro de esa piara de vividores que no dan un palo al agua pero se arrogan una superioridad moral e intelectual de la que, obviamente, carecen por completo.



Ver las cuatro barras de Aragón limpias de polvo y paja, tal cual nacieron bajo el reinado de Alfonso II de Aragón, y liberadas del lastre del nacionalismo que desde el Siglo XIX intenta reescribir la historia a su conveniencia, produce un cierto alivio, pero éste se desvanece en el momento en el que enciendes TV3, escuchas Catalunya Radio, asistes a cualquier escuela en Cataluña o intentas razonar con algún abducido separatista. Por desgracia, y ahí radica el mayor error de nuestros gobernantes, ya sean del PP o del PSOE: mientras no se combatan la manipulación, el adoctrinamiento y la reinterpretación de la historia obviando cualquier verdad y pruebas irrefutables, esa estrella fugaz que sigue manchando las barras de Aragón y con ello la “senyera” catalana, seguirá destrozando la sociedad, la convivencia, la verdad y la historia de nuestra patria.


De poco nos va a servir la limitada aplicación del artículo 155 si dejamos que las medios de comunicación en Cataluña, los cinco fugados en Bruselas (cada vez que oigo hablar de los cinco me vienen a la cabeza los libros de Enid Blyton, en especial el llamado “Los Cinco se escapan”) y el enfermo ex presidente Fuigdemont, campen a sus anchas, llenen de mentiras el ambiente y nos insulten a todos los españoles por activa y por pasiva.

Es hora de acciones contundentes, de que la justicia actúe de forma ágil, de que se impute de forma urgente a todos los cómplices de esta patraña, que se intervengan los medios “públicos” en Cataluña (lo de llamarlos públicos es de chiste cuando se trata de entes al servicio del poder separatista), que se depuren las responsabilidades en la STASI catalana (esos sucios y violentos mozos de cuadra), cuerpo policial nacido en 1983 con la única misión de servir y proteger a maquinadores y golpistas del tres al cuarto, que la juez haga su trabajo sin presiones y se detenga de una vez a Trapero, se le ingrese en prisión y pruebe por una vez su propia medicina.

Si no se toman las medidas oportunas, si dejamos que cuatro pandilleros bloqueen toda una región cuando no representan a nadie en número de votos, si seguimos tolerando que los profesores adoctrinen, TV3 manipule, la maldita Terribas engañe y Fuigdemont vomite su infecta bilis en el corazón de Europa, de nada servirá esta ilusionante recuperación de las cuatro barras aragonesas, de nuestra verdadera bandera (junto a castillos, leones y cadenas navarras), y la estrella que debía ser fugaz se quedará pegada cual esputo de un tísico en un emblema que nació para unir y crear una de las naciones más antiguas del mundo y permitió que el mayor Imperio de la historia aportase todo lo bueno que tiene la hispanidad, y con ello la catalanidad, al resto del planeta.

En caso contrario, todo acabará en un funeral. Un funeral por nosotros, por nuestra Cataluña, por nuestra patria España, por nuestra historia y, lo que es peor, un funeral por el futuro de las nuevas generaciones.


Y tristemente no nos quedarán nada más que las cuatro barras manchadas con el vómito, el clasismo, el racismo y el odio de los malditos separatistas y sus siniestras intenciones.