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domingo, 5 de julio de 2026

Una de piratas y corsarios


 

¡Toma lo que puedas y no devuelvas nada!

 

Aunque vivamos en pleno siglo XXI, la larga tradición de asaltar y robar, ya sea en nombre propio o en el de la autoridad del momento, sigue bien viva. Y a pesar de que nuestra antaño gloriosa nación inicialmente fue reacia a pactar con malhechores o contratar personal externo para luchar en nombre de la Corona, la presión de nuestros enemigos naturales, léase ingleses y  gabachos, en su tiempo muy necesitados de ayuda externa para poder competir con el Imperio Español, y por lo tanto precursores de la subcontratación de la piratería a elementos de baja estofa pero sumamente eficientes, llevó a nuestros monarcas de los siglos XVII y XVIII a otorgar cientos de patentes de corso, con su correspondiente contramarca real, para poder asaltar embarcaciones enemigas, lucrarse con los botines y pagar la parte correspondiente al fisco.

Pues así andamos de nuevo, aunque a estos filibusteros de nueva cuña se les haya olvidado esta última parte, la de apoquinar, establecida ya en la “Ordenanza por la que han de regirse los navíos particulares que naveguen en corso”, promulgada originalmente por el rey Felipe IV en 1621, en la que el gravamen oscilaba entre el 20%, el quinto real, si las naves eran patrocinadas por el Monarca o el gobernador, el 10% si el apoyo Real era indirecto, o el 0% cuando estos piratas actuaban por su cuenta sin rendir cuentas a Hacienda. Es decir, que hoy en día solamente tenemos a estos últimos, porque de los corsarios actuales pocas declaraciones del IRPF hemos visto. Ni de patrimonio. Ni de herencia.

Pero en nuestros días, estos supuestos corsarios no surcan los mares capturando navíos enemigos y compartiendo los botines con el resto de los ciudadanos, lo que hacen es asaltar nuestras propias empresas y nuestras instituciones, para su propio beneficio y donando una pequeña parte, como si fuera el quinto real de antaño, al mantenimiento de la estructura comercial, perdón, criminal. Por mucha contramarca que lleven, patente que se reduce a un sello de la organización criminal llamada PSOE, se dedican a enriquecerse ellos de forma ilegitima, a espaldas de la nación y sin aportar ni un mísero doblón al bienestar y el progreso del Reino.

Mucho hemos maldecido a famosos piratas y corsarios extranjeros, como Morgan, Drake, Kidd o Barbanegra, pero cuatro siglos después, los nuestros (es un decir) han superado con creces las maldades y rapiñas de los bárbaros de allende los pirineos.

No hay tempestad (en forma de procedimiento legal) que pueda con ellos, y si se hunde un barco, sea una pequeña fragata como la del hermanísimo, un galeón como el de Ábalos o un Navio de Línea como el de la familia Zapatero, se reniega de ellos, se oculta el lugar del pecio, se borra la contramarca (el sello del PSOE) obtenida en algún oscuro despacho de la calle Ferraz, se asaltan despachos para borrar pruebas o se formatean los ordenadores de los fuerzas del orden para eliminar las evidencias de la piratería institucionalizada.

Y los botines ya no se ocultan en la Isla de la Tortuga, ni los beneficios se utilizan para comprar tierras y plantaciones en las provincias de Nueva España, hoy en día se guardan a buen recaudo en cajas fuertes del partido, o en inversiones mobiliarias y societarias en las nuevos refugios caribeños, como la República Dominicana. O hasta más cerca, en tierras de nuestros enemigos ancestrales, los moros, con el beneplácito del corrupto sultán que rige su destino, como si fuera una nueva República de Salé, también llamada “República de las Dos Orillas”, ese estado corsario independiente que existió entre 1626 y 1668 y se ubicaba en la desembocadura del río Bu Regreg, entre las actuales ciudades marroquíes de Rabat y Salé fundado por los moriscos expulsados de Badajoz por Felipe III. Ahí, en esas tierras moras que solamente nos han traído desgracias y cuyos descendientes invaden hoy en día nuestra patria con el beneplácito de los filibusteros socialistas y también peperos, porque negarlo, ahí invierten sus pingües beneficios los piratas del siglo XXI, los Bono, los Sánchez, los Zapatero y el resto de los malnacidos que están acabando con nuestra grandeza, nuestras riquezas y nuestra paciencia.

Y no deja de ser curioso que uno de los mayores corsarios de nuestra historia, Miguel Enríquez, activo entre los siglos XVII y XVIII, pasara de ser un simple zapatero a convertirse en uno de los hombres más ricos del Caribe. Como Zapatero. Como Bono. Como la famiglia Sánchez-Gómez.

Y no, no son corsarios, son malvados filibusteros, que a espaldas de la nación y los sufridos ciudadanos, expolian y roban sin pudor ni decencia.

Y sin pagar ni el quinto real, ni el diezmo, al monarca actual. ¿O quizás sí?

¡Malditos piratas!

lunes, 25 de mayo de 2026

Non plus ultra

 


Escribía un tuitero hace poco sobre el daño que han hecho la trama de corrupción de la organización criminal PSOE y sus socios (los activos y los callados cual putas) al lema “Plus Ultra”, divisa de nuestra gloriosa patria en otros tiempos.

Y cuan acertada esta reflexión.

Recordemos que según la mitología griega, Hércules, en su décimo trabajo y entre otras varias tareas, plantó las dos columnas en el estrecho de Gibraltar para simbolizar que «No existe tierra más allá» (Non terrae plus ultra). Siglos más tarde, el emperador Carlos I incorporó estas columnas al escudo de armas español, añadiendo el lema “Plus Ultra”, indicando de esta forma que el mito del antiguo mundo conocido había acabado con el descubrimiento del nuevo mundo y su incorporación al Imperio.

Y ahora este lema, representativo de la gloria de nuestra patria, ha sido arrastrado por el fango por una pandilla de criminales de un sucio partido político, por sus complacientes y bien pagados socios, por los medios de comunicación cómplices a base de inyecciones monetarias, por la inexistente oposición del PP y por los millones de votantes, iletrados, abducidos y sumisos.

Para colmo de males, el histórico vuelo del hidroavión “Plus Ultra” en 1926, tripulado por Ramón Franco, Julio Ruiz de Alda, Juan Manuel Durán y Pablo Rada, hecho por otro lado desconocido para la mayoría de la población española por obvias razones de ocultación de la historia y de la desmemoria histérica del rojerío, también ha quedado mancillado por este rescate criminal de una línea aérea de narcos y amigos de sanguinarios dictadores.

Pero a esta banda de malnacidos que están acabando con nuestra nación milenaria con malas artes, con saña y total frialdad, les importa todo un pimiento. Ande yo caliente.

Y de golpe, los que amamos a España porque no nos gusta, volvemos a añorar la mitología griega e imploramos en sueños que las columnas de Hércules sigan en su lugar, erguidas en el peñón de Gibraltar y en el monte Hacho, frenando de esta forma los indecentes y criminales viajes de esta línea área, rescatada con nuestro dinero, con el sudor de nuestra frente, para beneficio de mafiosos, de corruptos, de narcos y de compinchados cargos en todas las administraciones del Estado.

Vuelos de una oscura línea aérea que simboliza todo lo contrario que el histórico vuelo del nombrado hidroavión, vuelos que han lucrado a personajes sinestros frente a una gloriosa hazaña como fue la del comandante Franco y sus compañeros hace justamente 100 años.

No podemos permitir que vayan más allá.

Tenemos que alzar de nuevo esas columnas para frenar a esta narcodictadura del PSOE y sus socios.

Tenemos que frenar los Falcons, los Airbuses y cualquier otra nave que cruce el océano con malas intenciones.

Tenemos que recuperar a Hércules y decir que hasta aquí hemos llegado, pero más allá ya no.

Ya restauraremos la divisa de Carlos I cuando toque.

Non plus ultra

martes, 21 de mayo de 2019

El esperpento interminable

No pasa ni un día (ni una hora, a veces ni minutos) en este nuestro tan querido país, en el que las “personas, cosas o situaciones grotescas o estrafalarias” se suceden a un ritmo imparable. Estamos a martes de la semana 21 del año 2019 y las sinrazones, estupideces y esperpentos van encadenándose como si fueran eslabones de la tan actual y cacareada tecnología denominada Blockchain. Y tal como sucede con dicha tecnología, todos estos hechos quedarán grabados de forma fehaciente por los siglos de los siglos. Amén.

Echemos pues una rápida mirada a esta triste realidad que, si nadie lo remedia, acabará con nuestra nación, nuestra sociedad, nuestra historia y, sobre todo, con nuestro futuro.

Los bufones vividores de la extrema izquierda (cuyo estilo de vida, por cierto, se asemeja más al de la nobleza de otras épocas) usan a diestra y siniestra (más a siniestra) su infantil demagogia para arrancar algún voto más al alelado pueblo y así poder seguir mamando de la teta del Estado. El último y tan patético ejemplo podría ser la campaña contra las “donaciones” de Amancio Ortega, donde confunden el cerdo con la velocidad, mezclan donaciones altruistas con evasiones fiscales y se quedan tan anchos insultando a uno de los mayores ejemplos de laboriosidad, constancia, entereza y verdadero patriotismo que existen en España.



La ínclita Isa Serra, cuyo currículo no va más allá de vivir como una reina en el barrio de Chamberí, destrozar cajeros y decir sandeces desde que se levanta (teniendo en cuenta sus obligaciones laborales seguro que no es a las 6 de la mañana) hasta que se acuesta (esto si que será tarde, entre porros, pintadas y demás provechosos entretenimientos  a los que es tan aficionada), la ilustre y bien formada candidata a presidir la Comunidad de Madrid, osa insultar, sin un mínimo de pudor, a una persona como Amancio, cuya trayectoria laboral y empresarial es digna de alabanza y estudio, no solamente aquí, sino allende de nuestras fronteras (y que desde 2014 ha pagado 11.000 millones de impuestos en España). En línea con su líder, el vomitivo chepas, y su concubina que tan feliz vive en su chalet y cuyos gemelos prematuros tuvieron todos los cuidados posibles en un hospital de la sanidad pública, sanidad a la que ahora niega tan necesarias donaciones como son los modernos equipamientos para la lucha contra el cáncer. No les deseo ningún mal, pero espero con ansia el momento en el que les detecten algún tumor y tengan que usar una antigua lupa para analizar la posible metástasis.

El siguiente caso: la presencia de presos recogiendo sus actas de diputados y senadores, contra toda ética y razón e incumpliendo durante el trámite las indicaciones del Tribunal Supremo. Y aquí no hablamos de presos por causas menores. Se trata de GOLPISTAS. De malvados delincuentes que, contra toda ley, contra la mayoría de la sociedad y haciendo uso de medios y recursos públicos, es decir, de todos nosotros, han intentado acabar con nuestro estado de derecho. Y que siguen intentándolo. Pero claro, dependiendo de los votos de estos malnacidos la comodidad de vivir en la Moncloa, de disponer de un avión particular o de cobrar verdaderos sueldazos durante los próximos 4 años, quién será el tonto que les pare los pies e impida que se rían en nuestra cara. Doctor Fraude obviamente no. Ni ninguno de sus compinches. Y luego osan hablar de la separación de poderes.

Otro caso más, muy grave y por obvias razones poco comentado por la prensa del rojerío, es decir, por la mayoría de los medios vendidos a charlatanes, ladrones y amigos de Soros: el latrocinio del embajador de Zapatero en Venezuela, que se ha llevado la friolera de 3,8 millones de Euros en connivencia con los corruptos chavistas y sus cómplices españoles. Para las pocas mentes limpias y sanas de España no es nada sorprendente: el declive de España empezó con el innombrable Zapatero y la desgracia que su existencia ha significado para nuestro país. De aquellos polvos, estos lodos. Y con alumnos aventajados como Pedro Sánchez, que no dudó ni un segundo en utilizar el fallecimiento de Rubalcaba (con el que tenía menos afinidad que Trump con Huawei) para beneficio propio, escenificando un ridículo funeral de estado de una persona que ni sentía aprecio por él, ni acabó con ETA ni aportó demasiado al bien común. Por mucho que ahora lo blanqueen los de siempre. ¡Puaj!

Podría seguir, caso a caso, como el conejo de Duracell, en esta interminable sucesión de despropósitos. Un sinvivir. Si Don Ramón M.ª del Valle-Inclán levantara la cabeza se pondría las botas y vendería más libros que Belén Esteban. Que ya es decir.

Como bien resume hoy el diario ABC, echando estiércol sobre la democracia. Todos.

Aquí se salvan pocos. El juez Marchena, el entrenador, los jugadores y la afición del RCD Español y Raphael. Y para de contar.



P.D. Hoy se constituyen el Congreso y el Senado. Me imagino que en esta jornada se producirán hechos dignos de figurar en este artículo. A no ser que un bendito meteorito acabe con esta pesadilla y se los lleve a todos por delante. A todos.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Alguien voló sobre el nido de la Moncloa



A veces parece que en España de golpe nos hemos olvidado de las tres primeras acepciones de la palabra “loco” que nos ofrece el diccionario de la RAE (o de las primeras dos de la palabra “locura”). Dicho de forma más clara: nos hemos olvidado de la peligrosidad de la locura.

De un tiempo acá no sólo hemos aceptado la palabra “loco” como algo positivo, que describe a alguien diferente, divertido, valiente o creativo, sino que hemos cometido colectivamente el grave error de tolerar que personas claramente aquejadas de locura o demencia ocupen puestos de relevancia, tanto social como sobre todo política.

Y no es algo que haya sucedido en las últimas semanas, meses o años: la última y más grave entrada de la locura en la vida colectiva española se produjo el 16 de abril de 2004, ese nefasto día en el que un personaje loco de atar llamado José Luis Rodríguez Zapatero fue investido presidente del gobierno de España.
¡Ay pobre España, si llegas a saber lo que se avecinaba otras papeletas hubieras elegido!

La desgracia de un loco es dar con otro

Y de aquellos polvos vienen estos lodos. Me imagino las constantes diatribas de Begoña (la tan trabajadora inquilina actual del Palacio de la Moncloa) a su marido durante el mandato de ZP: “Si éste puede ser presidente, por qué no lo intentas tú”, “Ya te vale Pedro, el zumbado ese en la Moncloa y nosotros en este cuchitril”, “Pedro, tú lo vales, eres más guapo, más listo, y nuestras hijas serán más guapas que Laura y Alba”. Y por desgracia, a base de insistir entre plato y plato y entre polvo y polvo (algo que las mujeres dominan con eficacia), el falso doctor cogió al toro por los cuernos, maniobró con maquiavélicas tácticas y femenina estrategia hasta que una sucia maniobra plagada de mentiras le aupó al poder.
   
Quien con locos anda cuerdo, está peor que ellos.

¿Y cuál ha sido la reacción del pueblo español? ¿O la de los dirigentes de los demás partidos políticos? ¿O la de los propios compañeros de partido del susodicho demente? Pues poca cosa hemos hecho entre todos. Algunos más que otros, pero en cualquier caso no se ha producido la reacción unitaria y claramente fundamentada de echar al ocupa de su mansión y convocar con suma urgencia elecciones generales. El miedo a perder privilegios de unos, el constante apoyo de los medios afines, la indefinición de la mayoría de los partidos de la oposición (Vox clamantis in deserto), la descarada manipulación de las encuestas por parte del CIS y el chantaje de populistas, nacionalistas y filoterroristas, han permitido a Pedro “cum fraude” y su tan trabajadora señora seguir disfrutando de los privilegios del cargo y de los viajes en avión a  conciertos, bodas, bautizos y banquetes, todo ello a cargo de nuestros impuestos y nuestra inocencia. O ceguera.

Obrar mucho y hablar poco; que lo demás es de loco.

¡Ay el refranero español, cuánta razón tiene! Porque si es por hablar, nuestro actual presidente por accidente se llevaría el premio gordo, la pedrea y hasta los reintegros. Y en cuanto a obrar, pues todo lo contrario. Algo que en el fondo es de lo poco que tenemos que agradecer al personaje. Porque si llega a obrar, es decir, a hacer todo lo que ha dicho, y todo de lo que se ha desdicho a los pocos días, horas o minutos, este nuestro querido país parecería un erial. Pocas veces en la historia se habrá visto a una persona tan cambiante, tan volátil, tan oportunista y tan veleta. Y pensar que llamamos (y cargados de razón) veleta a Rivera y sus ciudadanos, pero lo de Falconetti (como le llama la poca prensa seria de España) roza la locura. Demencia total y absoluta. Lo que hoy es blanco por la tarde será gris, lo que ayer era bueno para España mañana será malo, lo que ayer prometía, hoy lo niega. Y así día tras día, semana tras semana, mes tras mes, y si no le paramos los pies entre todos de una santa vez, es capaz de regalar Gibraltar a los bárbaros, Cataluña a los iluminados, las Vascongadas a los herederos de los terroristas y destrozar lo que queda de España mientras él surca los cielos cual estrella del rock.

Cuatro locos que andan sueltos traen al mundo revuelto

Y lo peor, su dejadez ante los flagrantes (recordemos que flagrante significa “evidente, que no admite refutación”) y graves delitos que se están cometiendo desde hace años y de forma continuada en Cataluña. En mi Cataluña, en nuestra Cataluña, en esa región tan bonita, importante y parte esencial de España. En ese antiguo condado de la Corona de Aragón que lideró tantos aspectos de nuestra historia: de las guerras hasta el comercio, de la literatura a la música, de la revolución industrial al emprendimiento, del deporte a la investigación. Todos los aspectos básicos de una sociedad avanzada, solidaria, culta y tolerante tenían antaño su reflejo y su presencia en las ricas tierras catalanas. Ahora no queda nada. Cuatro o más locos que con tal de no asumir su enfermedad e ingresar voluntariamente en una institución médica, siguen agujereando los cimientos de nuestra patria común, de la realidad histórica y de la convivencia de la sociedad.

Un loco junto al fuego jamás lo deja quieto

Otro refrán que la clava. No es de recibo, y menos para el presidente de un supuesto estado democrático y de derecho, tolerar, cuando no animar, los constantes insultos, atropellos, ilegalidades y locuras que diariamente se están produciendo en Cataluña. Se aproxima el 21 de diciembre, fecha elegida por el loco narcisista de la Moncloa para someterse de nuevo a las exigencias del resto de zumbados que pululan por Cataluña. Ya ni digo que gobiernan, o dirigen, algo que dejaron de hacer hace años, simplemente campan a sus anchas. Con sus falsos ayunos, sus cachorros violentos, sus iluminados ideólogos y sus sumisos y bien untados medios de comunicación. Arde Cataluña, arde España, y al presidente del gobierno de todos los españoles no se le ocurre nada más que echar leña al fuego, prometer blanco hoy y dar negro mañana, derrochar millones de euros del dinero público (que no es de nadie, María del Carmen Calvo Poyato dixit) para celebrar un inútil Consejo de Ministros en Barcelona y destrozar las cercanas fiestas a cientos de policías y Guardias Civiles cuando existen 17.000 Mossos, en teoría fuerzas del orden, en Cataluña. De locos, oiga.

Mal de locura, sólo la muerte lo cura

Obviamente no le deseo la muerte a nadie. Todo se andará, y la ley de vida es igual de cruel para unos que para otros. Pero mientras tanto, mientras los locos anden sueltos, vivos y haciendo daño a la sociedad, que alguien tome las medidas oportunas, los encierre, los cure o los mande a freír espárragos. Para algo existen las leyes. Y la sensatez. Y las instituciones psiquiátricas.

Quien enferma de locura, no tiene cura.

Zapatero fue un error, Pedro Sánchez es peor. Y ambos están locos. De atar.

lunes, 21 de mayo de 2012

No sin mi móvil

Han pasado ya más de 4 años desde que se utilizó por primera vez la palabra “Nomophobia” ("no-mobile-phone phobia" ) en la prensa escrita, por lo que es de suponer que desde entonces habrán llovido más artículos sobre este tema que “tuits” del anterior gobierno disculpándose por el desastre de herencia que han dejado (o del actual ejecutivo por las promesas electorales incumplidas). El miedo de estar desconectado, sin cobertura del móvil o sin batería, o de perder al fiel compañero,  es ya un tipo de ansiedad que se estudia en las facultades de psicología, y una realidad que conocemos casi todos. Por mucho que lo queramos negar, o critiquemos a los demás cuando creemos que hacen un uso abusivo de su móvil u ordenador, si nos miramos al espejo seguro que nos descubriremos tecleando a espaldas de nuestra propia imagen el último emoticón para cerrar una frase en el Whatsapp o en cualquiera de los demás canales, redes o programas que utilicemos habitualmente para comunicarnos con nuestros conocidos, al estilo de lo que cantaban los Ilegales con aquello de Hay un tipo dentro del espejo que me mira con cara de conejo (y teclea sin parar)”.  

Y lo de conocidos también es un decir, porque como bien sabemos una gran parte de estos contactos no son nada más que otro nombre de una lista que crece a marchas forzadas cual virus maligno (siempre y cuando no le pongamos remedio con un mínimo control de los impulsivos clics al botón de “Seguir” o “Me gusta”). Hasta da la sensación en determinadas ocasiones  que los programadores han conseguido convertir al ratón en un autómata teledirigido que inexorablemente avanza hacia la zona de pantalla comercialmente interesante para la empresa propietaria del servicio en cuestión. ¿Cómo si no se puede entender que una empresa como Facebook pueda salir a Bolsa por un importe de 105.000 millones de dólares, valor que sitúa a esta “red social” en la posición 60 o por ahí en el ranking por producto interior bruto, superando a países como Croacia, Uruguay, Bielorrusia o Ecuador?

¿Cabe por lo tanto preguntarse si estamos enfermos o debemos asumir esta “dependencia” como una más de las evoluciones de la sociedad que se integra de forma progresiva y acaba siendo parte misma de la esencia de la vida del ser humano en la actualidad, como ya pasó en otras épocas con la electricidad o la televisión? (Aunque minorías como los Amish no hayan querido asumir un avance como la corriente eléctrica, o en curiosas “ciudades” como “Freetown Christiania en Dinamarca vuelva a imperar lo del trueque y el clásico “te cambio a tu mujer por 3 ovejas").
En este artículo he evitado conscientemente usar el nuevo (pero ya viejo) truco de recurrir a Google para  buscar algún artículo sobre el tema,  a sabiendas de lo poco que yo podría aportar a un tema intrincado entre la sociología y la psicología. Doctas personas hay en el mundo para todos los temas, por lo que seguiré el refranero español (algo que nuestro anterior presidente no tuvo el detalle de hacer) y me aplicaré lo de “Zapatero a tus zapatos”.
Lo que si me atrevo a relatar es la utilidad que le estoy dando yo mismo a ese pequeño  dispositivo que me acompaña día y noche en mi aventura en Madrid. Tampoco hago nada del otro mundo que no hagan el resto de usuarios “adictos” al móvil inteligente: sacarle el máximo provecho a las diferentes utilidades que nos brinda; pero imaginarme un cambio de ciudad, de trabajo y la soledad de encontrarte en un entorno desconocido desconectado de golpe de todos tus amigos, sin tener la posibilidad de recurrir a la magia del pequeño amigo, se me hace harto difícil. Aunque en mi caso el tema de la pérdida de amigos se haya visto compensada con creces por el gran recibimiento y la dulce acogida que me ha dado la extensa familia Ramiro Torres (y sus amigos), algo muy diferente a la virtualidad y temporalidad de las relaciones en las redes sociales: personas a las que hacía 20 años que no veía y con las que me siento como en casa, o mejor dicho, bastante mejor que en casa. Esto no hay dispositivo que lo supere, aunque, para ser sinceros, se trata de un caso excepcional en la sociedad actual, en la que priman las prisas, la inmediatez y el “aquí te pillo aquí te mato”, frente a la fidelidad, el amor sincero y la perseverancia, pero eso ya es harina de otro costal, harina por cierto de calidad suprema e irremplazable.
Volviendo al aparatito, la descripción  de un día festivo cualquiera en Madrid (obvio los laborables por carecer de misterio, actividades placenteras o ilusiones: todos sabemos bien que los días de obligada presencia en la empresa son días que están simplemente ahí para rellenar el tiempo que separa los fines de semana) podría ser la siguiente:
Levantarse, consultar el tiempo con un ligero clic, arreglarse y salir a la aventura y el descubrimiento de los alrededores de la mano de tu móvil es lo mejor que se ha inventado desde que desparecieron la OJE (o agrupaciones similares), sus monitores y sus campamentos. Algo así ya solamente se puede encontrar en el “Camino de Santiago”, pero por desgracia no podemos pasarnos la vida de albergue en albergue. La pertinente y necesaria aplicación de los transportes urbanos, excelente en este caso la del Metro de Madrid, te lleva sin pérdida y por el camino más rápido a tu punto de destino, en el que utilizas cualquier aplicación diseñada para turistas que te “geolocaliza” y te muestra todo lo interesante que tienes a tu alrededor, incluyendo no solamente la parte comercial, que prima mucho en esto de las redes sociales, sino también la parte cultural, con enlaces a la historia del lugar, a la descripción de sus monumentos o simplemente al callejero de la ciudad, lo que te facilita, por fin, descubrir (o recordar) quién era Eloy Gonzalo, el mítico Cascorro,  o a quien está dedicada la Plaza de Olavide en Madrid, en la que estás degustando una tapitas con los amigos. Si encima aprovechas esto para examinar a tus conocidos sobre cuánto (o cuan poco) saben de su propia ciudad y esto deriva en una interesante conversación sobre ser turista en tu propia ciudad o lo poco que conocemos de nuestro alrededor y de nuestra historia, mejor que mejor. Inmortalizas el momento con otro ligero movimiento del dedo, haciendo una o varias  fotografías sin preocuparte si el carrete es de 24 o de 36, y encima con el resultado directamente a la vista para mayor disfrute de los contertulios, y, si procede, de otras personas ajenas a la situación a las que les haces llegar, para compartir tu felicidad, la instantánea de ese momento tan especial que estás viviendo. 
Y si de golpe te apetecen unos buenos caracoles, sabedor que en esta ciudad también se consumen, aunque con menos afición y bastante más insípidos que en otras regiones, pues tiras de aplicación y acabas descubriendo un local antiguo, clásico, con unos moluscos gasterópodos ciertamente sabrosos y encima en un local enclavado en el mismo centro del casco histórico de Madrid, léase la calle de Toledo. Rematar esto enviando una foto de los hervidos animalitos en su salsa a un conocido para ponerle los dientes largos no tiene precio. Y cae el primer beso de complicidad que le das a tu móvil, beso por cierto con sabor a guindilla y laurel, ya que el aparatito ha acabado ligeramente pringado de salsa caracoliana. Nada grave. La batería sigue con media carga y la cobertura es excelente. No estás perdido.
Y así podría seguir relatando el resto de mis salidas por Madrid, pero no creo que haga falta entrar en detalle: mis apreciados lectores saben bien de que hablo.
Bien llevado, sin caer en la tentación de ser guiado o teledirigido como una oveja por el Foursquare o similares aplicaciones comerciales, utilizando las facilidades que te brinda la tecnología para aprender, encontrar, compartir y disfrutar, el móvil no tiene precio.
Pero como cualquier herramienta, depende, y mucho, de las diestras manos que lo utilizan. Como la espada o la pluma. Si a un lelo sin preparación le das un bisturí te puede desgraciar cualquier cuerpo, por sano que esté,  en un santiamén, y si a un adolescente (o adulto) inculto, heredero del nefasto sistema educativo que sufre nuestra juventud actual, le regalas a destiempo y sin explicarle los aspectos negativos del artilugio, un móvil de última generación y encima con tarifa plana, los efectos pueden ser más negativos que dejarle ver Telecinco  en casa. Evitar esto se llama educación, y gracias a Dios es una tarea de la que me he salvado al no haber sido padre. Ese Dios, que en su inmensa sabiduría sabe bien lo que se hace: no creo que yo hubiera sido un buen ejemplo para una posible prole, por lo que no me quejo y hago mía la frase de Garth Brooks” Sometimes I thank God, for unanswered prayers”. En esto y en muchos otros temas, como el de conocer a la mujer de tus sueños, o cambiarlo todo por una temporal e intrascendente victoria de tu equipo, todos debemos agradecer a la providencia no haber atendido nuestras suplicas a las primeras de cambio (como ya he explicado en alguno de mis anteriores artículos).
Cabría igual criticar situaciones como ver a una familia entera sentada en el sofá sin mirarse a la cara pero enganchada a varias minúsculas pantallas, para acabar descubriendo que están   jugando al “Apalabrados” entre ellos, en vez de rescatar los “Juegos Reunidos Geyper” que descansan envueltos en moho y polvo en algún trastero, o bendecir  la existencia del aparatito cuando estás solo en casa y de golpe oyes el aviso de tu Whatsapp y ves un mensaje de una persona querida (Lupe, Elisabeth, Chirri, Sebas, Manel..) pero lejana físicamente. Mil historias podríamos contar aquí, para lo bueno y para lo malo.
Pero como en casi todo, depende de uno mismo si le das un buen uso a tu vida (o a la herramienta que el destino pone a tu disposición). Y si no lo haces bien y acabas siendo tan raro que crees que el Iphone es tu hermano pequeño, siempre puedes  ayudar  a los esforzados profesionales de la psicología,  que aunque en muchos casos parezca que están más allá que tú mismo (va con todo mi cariño, Sagrario), sí que necesitan pacientes para seguir comiendo.
Eso sí, intenta que tu terapeuta deje el móvil apagado antes de ponerse a hablar contigo. Si no podéis acabar los dos tumbados en el mismo diván preguntado y respondiendo a base de clics, “Me gusta” y “Ya no me gusta”. Y para eso seguro que ya existe alguna aplicación en el mercado: como mínimo la de “Psiquiatras a mil”, que con un simple clic y la geolocalización activada se pasan por tu domicilio en un santiamén y por un módico precio te pegan una mini charla para curar tus males.



Aunque mejor que eso siempre será usar la aplicación de “Mahou”, que te muestra el bar más cercano que sirva el preciado líquido bien tirado, a su justa temperatura y acompañado de alguna buena tapita y una agradable conversación con los parroquianos.
Por lo menos aquí en Madrid esto funciona. Y muy bien.


Y si la aplicación no encuentra nada, pues al Nacho’s. Que es una garantía, aunque a veces abra un poquito tarde.


P.D. Justo un día después de salir a Bolsa y de publicarse este artículo, las acciones de Facebook han caído un 11%. Igual tienen razón los analistas que afirman que a Facebook le falta entrar en el mercado del teléfono móvil. Ya lo dice este artículo, querido Mark "Montaña de Azúcar", "No sin mi móvil!" 

martes, 17 de enero de 2012

Cristo me sigue

Soltado así a bote pronto, más aún como título de un artículo, suena bastante fuerte. Parece la clásica expresión de un integrista, de un miembro de la tan “religiosa” familia Ruiz Mateos, de un abducido por una secta evangelista o de un taxista de cualquier metrópoli española, sudamericana o asiática en la que la España imperial dejó su huella católica, apostólica y romana; esforzado conductor este que honra el recuerdo de glorias pasadas y previene los malos farios decorando su vehículo con imágenes del Redentor, colas de zorro, un muñeco de Elvis Presley sumamente inquieto y algún que otro abalorio más.

Pero se trata de algo mucho más simple: una cuenta de Twitter que responde al nombre de “Jesus Christ”, a la que otorgué mi confianza dándole al botón de seguir y que inmediatamente me correspondió con su recíproco seguimiento. Ante tantas cuentas, usuarios, grupos de fans, juegos, eventos, listas de distribución, clubes y campañas virales de solidaridad con los hipopótamos que todos los usuarios de redes sociales vemos pasar ante nuestros ojos, ésta en concreto me llamó la atención de inmediato. Por el nombre, por la imagen del avatar, pero, sobre todo, por lo que removió en mi interior cual ardor de estómago antes de ser tratado con el Almax de rigor.

Esa necesidad de espiritualidad, de religiosidad, de valores trascendentales, que tan poco se ven y viven en nuestra sociedad actual, y menos aún en el mundo virtual de las redes sociales, debió de ser lo que me impulsó a darle al botón izquierdo de mi ratón y aceptar sin dudar esta nueva “amistad” que me brindaba esa pantalla que, a pesar de estar configurada a 1024x768 y con 16 millones de colores, no es nada más que un trozo de cristal enmarcado por plástico que me aleja de la vida real en vez de acercarme a ella.

Para ser sincero no tengo demasiado interés en esta cuenta (Dios me perdone), ni en saber quién está detrás. Lleno está el mundo de falsos profetas, y hasta este mismo usuario de Twitter cita a San Marcos en uno de sus tuits: “Se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar.

Lo que sí me ha importado del hecho relatado es esa sacudida en mi interior. Ese pequeño golpe a mi conciencia que me ha hecho reflexionar hasta el punto de compartirlo con vosotros, mis lectores.

Será por la educación religiosa que recibí, por mi sincera y meditada fe en Dios, o por los remordimientos que siento muchas veces por la falta de seriedad, de entrega al prójimo, de generosidad, de paciencia, de sinceridad o de humildad que deberían de impregnar el día a día de cada uno de nosotros, y que solamente florecen, por lo menos en mi caso, en escasas ocasiones.

¿Quién sabe si no ha sido una señal para que despierte y me aplique un poco en ser más bueno (léase cristiano)? No de boquilla, de puterío semanal con posterior y teatral misa dominical y confesión simulada, sino de hechos concretos.

Teniendo en cuenta que hay gente que se cree las leyendas Mayas sobre el fin del mundo, las sandeces de la Cienciología, las gilipolleces de Dan Brown, apoya las alianzas de civilizaciones de Zapatero y la conjunción planetaria de Pajín o jura y perjura que el asesino Santiago Carrillo es un santo, ¿por qué no voy a creer en Jesucristo nuestro Señor?

Me parece bastante más factible y serio que todo lo demás.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Caen las hojas en otoño..


..y los políticos corren como galgos condenados a ser colgados de un árbol,  en busca de cobijo ante el crudo invierno que les acecha.

De entrada me disculpo por el “engaño” en el título del artículo, que sin lugar a dudas induce a pensar en una aportación poética.  Supongo que la melancolía ha podido conmigo al leer la entrevista a Sánchez-Dragó sobre su nuevo libro, autobiográfico, en la que cita los últimos versos de Antonio Machado encontrados en el bolsillo de su chaqueta tras su muerte: “Estos días azules y este sol de infancia.”

Esta tristeza que se asocia al fin del verano  me ha llevado irremediablemente a compararla con la realidad de lo que está sucediendo estos días en las altas esferas del (aún) poder socialista.  Para la “gran familia” socialista, la “Cosa Nostra” de Ferraz, se acaba una estación luminosa, una primavera y un verano que han durado casi ocho años y que les ha permitido echar cientos, que no miles, de semillas aquí y allá, para ver brotar en sus fructíferos árboles cargos, prebendas, chanchullos,  subvenciones, manipulaciones, contratas, subcontratas, recalificaciones, asesorías, concesiones, nombramientos y demás ventajas personales que, con la llegada del otoño y las próximas elecciones, van a desaparecer a golpe de hartazgo y sensatez del electorado.


Ni un brote verde, de aquellos anunciados hace tiempo por el innombrable, hemos visto a lo largo y ancho de la piel de toro en esta casi década, mientras que “ellos” han ido recogiendo cosecha tras cosecha, en doblones contantes y sonantes,  riéndose en nuestra cara y acumulando oro, que no grano,  para pasar no uno, sino varios inviernos al sol que mejor brilla, el de la amplia cobertura económica a costa de los demás.

En un alocada carrera al estilo de “tonto el último” se están produciendo estos días nombramientos irrisorios y adjudicaciones de contratas fuera de tiempo y de lugar, a fin de arañar lo que puedan antes de abandonar el Olimpo en el que se instalaron hace exactamente 2.775 días, un execrable (por profanado) 14 de Marzo de 2004 en el que, manipulando el peor atentado de la historia, actuando contra toda norma jurídica en la jornada de reflexión y engañando, al igual que hoy, al pobre e ignorante ciudadano medio, tomaron el poder de una España atontada y  adormecida por el bienestar creado por el anterior gobierno.

¿Cómo no van a existir indignados viendo esta bufa comedia interpretada por los mejores actores de la izquierda manipuladora y mentirosa?

Y no me refiero a los okupas, los perroflautas y demás especímenes que al amparo de la sociedad del bienestar protestan,  sin ningún tipo de conocimiento o reflexión,  contra los únicos que les pueden devolver los privilegios de los que han gozado hasta ahora, sin levantar la voz contra los verdaderos culpables de su situación, ni tampoco asumir su propia responsabilidad y decidir de una vez aportar algo a la sociedad en vez  de vivir del cuento.

No, me refiero a nosotros, a los normales ciudadanos trabajadores que no tenemos que acampar en la calle, ni llevar crestas o rastas, ni vestir cuero negro, ni orinar en la calle,  ni ocupar propiedades ajenas para sentirnos engañados, cuando no humillados, por el poder.

Con la nefasta gestión socialista hemos ido perdiendo toda protección y subvención que solamente un país económicamente fuerte puede ofrecer,  y a la misma velocidad se han ido enriqueciendo los cargos socialistas. Socialistas que, conocedores del nivel cultural del españolito de a pie, responsables del desaguisado en el que nos encontramos y estando aún oficialmente en el poder, ya lanzan sus dardos envenenados contra un futuro gobierno de derechas, como si hubieran sido ellos los descubridores de la velocidad de los neutrinos y ya estuviéramos en diciembre o en enero del año que viene, aguantando la presión de la calle, de las huelgas, de las infamias y de las manipulaciones que, sin lugar a dudas,  serán el pan nuestro de cada día a partir del 20 de Noviembre.

Fecha esta que para muchos de nosotros ha sido siempre un día de nostalgia, conmemoración  y recuerdo pero también  de sueños y esperanza de ver una España mejor, más grande, más justa, más libre y más sensata.

Sueño que, gane quien gane, no se cumplirá. Porque el mal seguirá presente, enquistado en una dictadura de partidos que,  por mucho que nos prometan ahora los candidatos de la oposición, seguirá siendo la misma estructura política que, como bien dijo aún siendo cardenal el actual Papa, otorga rango de verdad absoluta a una mayoría de votos ( Truth is not determined by a majority vote). Y aquí radica el error.  La verdad no puede ser determinada por el voto de una mayoría inculta y alelada y que encima siempre es minoritaria frente al resto de los ciudadanos, y, sobre todo, frente a la sensatez y los conocimientos de aquellos que por méritos y preparación deberían llevar las riendas del país.   

Pero nosotros seguiremos soñando y luchando, cada uno a su manera, por encontrar un sistema político realmente justo y apropiado para nuestra nación, y con ello para la Humanidad.  Como hicieron otros antes que nosotros. Y como harán, Dios nos oiga, los que hereden nuestro espíritu inconformista. 

lunes, 10 de octubre de 2011

Encuentros, desencuentros y reencuentros

Si nos atenemos a las definiciones de la Real Academia, estos tres conceptos en muchos casos se solapan, ya que un encuentro  (4ª acepción, discusión, riña, pelea) puede ser al mismo tiempo un desencuentro (1ª acepción, encuentro fallido) y hasta un reencuentro (2ª acepción, encuentro de dos cosas que chocan una con otra).  Estas siempre interesantes definiciones “oficiales”  ilustran de forma clara  la complejidad de los encuentros, o relaciones, entre las personas, que pueden pasar de una simple coincidencia física en un punto o un estado de mutuo acuerdo sobre un tema cualquiera, a una decepción y hasta a un enfrentamiento físico y bélico entre “dos grupos de tropas que se buscan y se encuentran”. Esto vuelve a demostrar  la inmensa riqueza de nuestro idioma y,  al mismo tiempo, incrementar mis dudas sobre el acierto de la inmersión lingüística en Cataluña y la consiguiente pérdida del conocimiento de esta lengua universal por un alto porcentaje de estudiantes de España.  Suerte tenemos que por otros lares el estudio del idioma español sigue su marcha ascendente e imparable, empezando por países cercanos, como Alemania o Francia, y acabando en los gigantes del futuro, como Brasil, donde nuestra lengua se ha convertido ya “de facto” en el segundo idioma oficial. Pero volvamos al tema inicial, a lo que iba: los encuentros, desencuentros y reencuentros.

En este último mes mis relaciones personales han pasado por cada uno de estos conceptos de una forma tan directa y hasta brutal, que no me he podido resistir a plasmarlo en este blog, sabedor de que tal como está evolucionando la era digital su contenido pasará a ser parte de esa nube global de datos a la que “per secula seculorum” tendremos acceso todos de una forma u otra. (Vigilada encima por el inefable ZP desde su terruña en León). Y no solamente gracias a las geniales invenciones o inspiraciones divinas de Steve Jobs, al que la mayoría de la sociedad, sin conocimientos profundos, otorga el triunfo absoluto en el nacimiento de la era digital, cuando él ha sido un simple eslabón más de una historia mucho más compleja y amplia que el esnobismo, la perfección en usabilidad, en marketing y sobre todo en el  ROI de los productos de su empresa de la manzana. Fruto que por cierto he visto mentar en algún sitio como heredero en importancia del  causante del pecado original en el jardín del Edén, sin que la persona que lo nombraba se haya detenido en el detalle de que dicho mordisco inició nuestro declive, el nacimiento de la envidia, el egoísmo y demás defectos de los que todos adolecemos.  Aunque igual iba bien encaminada, porque vista la rabia que sentimos muchos por no tener el último modelo del Iphone o del Ipad, queda fehacientemente confirmado que la manzana tiene ciertos efectos negativos en las personas.

Encuentros sorprendentes los he tenido este año en nuestro tramo anual del Camino de Santiago, que ha discurrido por la antigua Vía de la Plata entre Mérida y Plasencia.  Teniendo en cuenta que en los 160 km recorridos no hemos visto más que una veintena de peregrinos, es bastante sorprendente que cuatro  de ellos fueran australianos, y que encima ni se conocieran. Como decía uno de mis compañeros peregrinos ya es casualidad que de los cinco australianos que están pululando por España cuatro coincidan en este tramo tan poco común de las rutas a Santiago. Caprichos de la vida. Ha sido, como suele serlo en el Camino, una experiencia enriquecedora a todas luces. Coincidir con personas de nuestras antípodas y darte cuenta que no se contraponen a ti en nada más que en lo geográfico, que en todo lo demás compartes gustos, creencias, conocimientos y en este caso hasta empleo, ha sido como mínimo curioso. Cuando no emocionante.  Poder hablar con la misma pasión de la música con varios australianos, andando perdidos  en dehesas eternas entre vacas y ovejas,  o  abordar temas sobre la historia de España y ver que tu interlocutor, venido de Rosebery, Nueva Gales del Sur, conoce más detalles del devenir de  nuestra patria que muchos de tus amigos o compañeros de trabajo, son hechos que no se pueden pagar ni con todos los doblones de oro de nuestro antiguo imperio. Y por si lo leen, desde aquí un fuerte abrazo a Pat y a Alan, estén donde estén en estos momentos. Fue un placer andar con vosotros y compartir esos detalles que solamente se viven en las a veces duras y largas, pero siempre inolvidables, etapas, como son el cansancio, el calor, la sed, pero también, por supuesto, las cervezas en aldeas de cuatro gatos, las cenas en común en albergues acogedores o  los anocheceres estrellados compartidos, identificando constelaciones que en el otro, el vuestro, hemisferio no soléis ver. ¡Buen Camino amigos!
En el lado opuesto de la balanza, y sin alargarme mucho, he tenido desencuentros que no por no esperados (son cosas que estaban escritas) me han dolido mucho. Tener enfrentamientos con tu padre, ya mayor y enfermo, nunca son agradables, aunque tengas la razón, y dejar de hablar con amigos, para ti necesarios, importantes y hasta sagrados, sin saber muy bien por qué, son situaciones que más vale olvidar. Como se suele decir, el tiempo lo cura casi todo, y en este caso no es un simple dicho popular, sino ciencia cierta: el tiempo nos lleva a todos a la muerte, que irremediablemente llega, y con ella sana todo. Por lo menos lo terrenal.
No vayas a creer, querido lector, que esto va a quedar así. Demasiadas amonestaciones, que no broncas,  me suelo llevar con mis artículos depresivos, negativos y tristes. Por lo que ahora viene la parte bonita. La del tercer concepto enunciado en el título, el de  los reencuentros.
Pues resulta que después de aproximadamente 27 años he conseguido contactar con un otrora gran amigo, compañero de facultad durante un semestre, camarada en ideales políticos y  militancia, acompañante en diversas aficiones y hasta en actuaciones musicales conjuntas (siendo sincero, fue una única actuación, pero arrasamos) en un bar musical de Barcelona que seguro que hoy en día está en manos de chinos o pakistaníes,  y volverle a ver me ha aportado esa parte de felicidad y alegría que mi cuerpo y mi mente estaban pidiendo a gritos.  (Javier, es war eine große Freude und eine Ehre dich wieder zu treffen). Después de años de infructuosos intentos de localizarle, la magia de la nube digital nombrada al principio de este artículo y de los cada vez más potentes buscadores , me han permitido primero localizar alguna de sus obras publicadas, luego a su hermano en una red social, hasta finalmente llegar a él mismo y no solamente poder contactar por correo sino que encima hemos llegado a vernos y hemos podido disfrutar un día en compañía, día que a ambos nos supo a poco,  teniendo en cuenta los años transcurridos sin vernos y todo lo que ello conlleva en historias por contar. Y por mi parte ha sido un encuentro muy natural, sin ningún distanciamiento producido por el tiempo, con la salvedad, extraña, sorprendente y loable, de que en el ínterin ha sido capaz de aprender alemán desde cero, habiendo alcanzado un nivel realmente sorprendente para un español.  Para luego ver atónito las disputas y los disparates que se producen en esta parte de España, en Cataluña, por dejar de enseñar una u otra lengua a los cada vez más atontados jóvenes. 
Si alguno de los “politicuchos” que tan mal nos gobiernan fuera realmente bilingüe o hasta políglota, con lo que ello implica en formación y amplitud de miras, si dejaran de utilizar la cultura como arma arrojadiza contra sus adversarios, que no compinches, si entendieran algo, aunque fuera poco,  de una santa vez y no fueran tan ruines, tan falsos, tan interesados en los privilegios de su posición y tan poco dados a la lucha por el bien común, otro gallo nos cantaría.
Pero eso ya no sería ni un encuentro, ni un desencuentro ni un reencuentro. Sería una aparición milagrosa.
Y apariciones milagrosas hace tiempo que no se producen. Ni la de Steve Jobs lo ha sido.

martes, 1 de marzo de 2011

¿Qué habrá sido de Nuño?

Hay días en los que me pregunto qué habrá sido de Nuño. Nuño es el hijo de unos amigos míos, que en estos momentos debe rondar los 13 años. Más o menos. En el ya lejano 2006 solía frecuentar su casa y pasar horas y horas con sus padres, bueno, más bien con su madre, hablando de todo menos del sexo de los ángeles, porque ya sabemos todos que los ángeles no tienen sexo. Aunque quizá hasta esta afirmación haya perdido valor, teniendo en cuenta todos los cambios que se han producido en estos largos años de dictadura socialista que estamos sufriendo. Igual, y por real decreto, los socialistas han decidido, sin que nos hayamos enterado, que los ángeles y las ángelas pertenecen al colectivo ELEGEBETE por definición. No me extrañaría nada. Me imagino que habrán sido 5 años muy difíciles para los sufridos padres de Nuño, como lo han sido sin lugar a dudas para el resto de progenitores que tuvieron la osadía de traer un niño al mundo en España durante la pasada década. El vuelco cultural y social, si se le puede llamar cultura a los desvaríos de los ministros de los sucesivos desgobiernos del inefable Zapatero, ha sido tal que donde antes ponía blanco hoy contemplamos un negro más oscuro que el café de Colombia; donde antes se hablaba de matrimonio entre una mujer y un hombre hoy se habla de uniones civiles sin importar el sexo (o más bien la desviación sexual) de los contrayentes; donde ir a misa era lo más normal en el día del señor y hoy en cambio te tienes que apartar un viernes por la tarde porque delante de ti cruzan cientos de musulmanes para asistir a sus “arengas” pseudo-religiosas en enormes mezquitas donadas por los propios ayuntamientos (y a costa de nuestros impuestos, claro está); donde podíamos circular a 130 km/h hoy nos obligan a hincharnos de cafés bien cargados para no dormirnos a 110 en la autopista y comernos los quitamiedos; donde ponía Álava hoy nos reciben carteles con el extraño topónimo de Araba, que no estoy seguro si se trata de un error ortográfico o del anuncio de que lo árabe se está adueñando del país a marchas forzadas; donde podíamos comer, pasar al café y disfrutar de la sobremesa con un cigarro puro habano o un simple cigarrillo hecho en Canarias hoy tenemos que abrigarnos para salir a la calle y fumar cual vagabundo o delincuente estigmatizado; en resumen, que donde cualquier ministro dijo digo al final dijo Diego ( o Diega) , y todo se ha convertido en una gran farsa que está cercenando nuestra libertad, hundiendo un siempre mejorable pero en líneas generales correcto sistema de convivencia al que nos habíamos acostumbrado y dejándonos en paños menores ante los retos que nos plantea un futuro cada vez más oscuro. Todo se ha ido al garete. El estado del bienestar, el prestigio de España como nación, la unidad en la diversidad de nuestra antaño admirada y rica patria y la tan cacareada democracia y sus partidos políticos que, sin excepción alguna, han cambiado sus objetivos “altruistas”, “sociales” y “constructivos” por una lucha feroz para asegurar su propio futuro a costa de la buena fe de la gente y sus votos asociados. Tirando de refranero podríamos resumir la situación actual de nuestra querida España con el clásico “Donde no hay harina, todo es mohína”. Si no hay recursos, si las personas que “dirigen” un país no tienen capacidad, conocimientos y sobre todo intención de hacer algo bueno por los demás el resultado solamente puede ser el disgusto o la tristeza. O más aún, el desastre. El fin de una sociedad en la que hemos crecido felices y la desaparición de una patria a la que hemos amado todos desde pequeños. Tanto los padres como los hijos. Hasta el hijo de mis amigos la quería mucho a pesar de su tierna e inocente edad. Hay días en los que me pregunto qué será de Nuño en el futuro.

martes, 13 de julio de 2010

El sueño de una noche de verano

Un adelanto del futuro que nos espera si no le ponemos remedio entre todos
Pues ya ha llegado el año 2011. No han pasado ni seis meses desde la victoria de la selección nacional de España en el Mundial de Fútbol de Sudáfrica y sin embargo viendo el día a día de nuestra querida España me parece que todo ha sido un sueño. Todo esto me viene a la mente en esta noche vieja, que celebro sólo en mi casa delante del omnipresente televisor, el único y fiel compañero que le queda a mucha gente con el transcurrir de los años (y la gradual pérdida de vida social). Aquí, sentado y viendo el resumen del año, que se centra en los pocos hechos positivos o bonitos vividos en los últimos 12 meses, sobre todo en la brillante conquista del mundial de fútbol en el mes de Julio, me vienen a la mente tantos recuerdos e ilusiones, tantas frases de esperanza y tantas sonrisas compartidas, tantos cohetes lanzados al terrado del vecino y tantas cervezas derramadas para poder pedir otra sin falta para seguir brindando, que se me hace difícil asimilar el fracaso colectivo de nuestra patria que siguió al referido evento deportivo. ¿Quién lo iba a decir? La mágica noche del 11 de Julio acabó en una explosión de júbilo incontenible que desbordó plazas, calles, jardines y bosques, muros y torreones, playas y prados de toda España. Desde Tarifa hasta Cariño, desde Fuentealbilla hasta Cadaqués y desde Jaca hasta Águilas, todo el territorio nacional quedó cubierto por un manto rojo y amarillo cargado de ilusión, de unión, de alegría, un manto tendido por una persona honesta, sencilla, trabajadora, española sin manipulaciones, llamada Andrés Iniesta. Un chico normal, humilde, sin pretensiones de líder mediático ni de icono de falsas patrias, entregado a su trabajo, amigo de sus amigos y de todos los españoles. Pero ese manto con los colores de nuestra bandera duró muy poco extendido sobre la piel de toro. Mientras que los medios de comunicación de toda España siguieron durante bastante tiempo aprovechando el tirón del fútbol haciéndonos soñar con una España en unión, con un renacer del sentimiento patrio, con una reactivación económica y con un baby boom debido al gol de Andrés, las fuerzas políticas tanto separatistas (sobre todo en Cataluña) como separadoras (el PSOE con sus mentiras continuadas y su burda manipulación del éxito deportivo convirtiéndolo en un éxito de su propia gestión), no tardaron mucho en devolvernos a la realidad de una España dividida entre el ciudadano atontado, alelado e iluso y la casta política dedicándose a lo suyo, a manipular, a mentir y a utilizar cualquier medio a su alcance para seguir ocupando su trono dorado del “dolce far niente” disfrazado de abnegada gestión política y económica por el bien de todos. De todos “ellos” será. Porque España siguió hundiéndose en la miseria sin remedio, a pesar de los goles de Villa o de Iniesta. El gobierno central del cada vez más esperpéntico y mentiroso compulsivo Zapatero, apoyado en las bandas por los extremos Pepiño Blanco y Leire Pajín, en esa selección igualitaria, no ya en la representación proporcional de todos los sexos (que desde que manda el PSOE ya no son dos sino bastantes variantes más) sino en la incultura, el analfabetismo funcional y la desfachatez total y absoluta, reculó todo lo que pudo ante la presión de sus socios del PSC, y para no perder votos promulgó varias leyes por el método abreviado del decreto ley que permitieron reducir la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña a simple papel mojado. La expresión “nació catalana” fue declarada legal dentro del marco de la asociación al Estado Español, el poder judicial fue asumido con un 100% de competencias por el nuevo Tribunal Superior Catalán, y la inmersión lingüística pasó a ser obligatoria hasta los 16 años, prohibiéndose la enseñanza en castellano en todo el territorio catalán como primer idioma. La amenaza de los socialistas catalanes de abandonar su ligazón con el PSOE y de presentarse de forma independiente en las próximas elecciones generales forzó a Zapatero y sus secuaces a claudicar en todas y cada una de las exigencias del reyezuelo Montilla. En las elecciones autonómica catalanas, y con una burda maniobra similar a la del nacimiento del primer y nefasto tripartito, el PSC se aupó de nuevo al poder, esta vez con el apoyo de Esquerra y con el pujante partido de Laporta, Democracia Catalana, el cual, usando el voto tonto de los seguidores del fútbol consiguió asociar en la mente obtusa de los ciudadanos de Cataluña la idea de que Iniesta es igual a Barça igual a Democracia e igual a progreso y trabajo para todos. Nunca aprenderán. El antes llamado RCD Español, después del ingreso de varios de sus directivos en el partido de Laporta, y en una claudicación a la presión ejercida por el poder nacionalista, cambió su centenario nombre por el de Atlético de Catalunya, celebrándose un multitudinario partido de homenaje a la selección catalana (que según ellos ganó el Mundial de Sudáfrica bajo otra bandera debido a imperativos legales) en el rebautizado Estadi Nacional, con el consejero delegado Collet haciendo de correveidile, palanganero y machaca del conseller de Deportes Laporta. La poca resistencia popular fue ahogada en las calles por batallones de Mossos de Escuadra, que se llevaron por delante a unos cuantos cientos de catalanes que osaron mostrar una bandera rojigualda por los alrededores del campo. Solamente pensar que hace 6 meses más de 150.000 personas llenaron las calles de Barcelona con dichas banderas se me hace muy extraño.
¿Qué ha pasado con esa ilusión colectiva? ¿Por qué los ciudadanos han vuelto a votar a todos estos manipuladores que por un puñado de votos son capaces de vender a su madre, a la de su vecino y hasta de comprar el pueblo de Fuentealbilla, ponerle una parada del AV (al AVE ya le quitaron la E de España pasado el verano) y cambiarle el nombre por Font del Reneixament? ¿Es que no aprenderemos nunca?
P.D. Estamos a tiempo de evitar esto o cosas similares. Allá cada uno con su conciencia.