lunes, 16 de enero de 2023

Una mañana en la corte del rey Pedro V, “el Demente”

Pedro, también llamado “Antonio” por el populacho, se despereza un lunes más en su mullido edredón que cubre la cama “King-size” que hizo colocar el mismo día en el que tomó posesión como nuevo rey de la “Corona de Nacionalidades Históricas de España”. Y eso que el tamaño “real” en el fondo le parece pequeño. «Merezco bastante más», va pensando, mientras estira sus piernas y agarra el espejo de mano que reposa en la mesita de noche. «Guapo no, lo siguiente», murmura risueño, mientras oye ruidos en el baño contiguo.  “Begoña”, grita, “no te olvides de levantar la tapa del aseo”. «Siempre se le olvida, y luego seguro que me echa la culpa. Igual que cuando llegamos tarde a los conciertos, como si yo fuera el culpable de que nuestro pequeño Falcon no alcance más velocidad. Habrá que estudiar la compra de algún modelo más moderno». Apunta en su Moleskine personalizada con sus iniciales en oro: “Nuevo avión”, salta de la cama y pulsa el botón de llamada al servicio. Hubiera preferido una campana, a la antigua, pero las distancias dentro del palacio hacen recomendable tirar de tecnología punta.
Pocos segundos después le contestan por el intercomunicador, uno de los 234 que han sido instalados en Palacio: desde el dormitorio hasta la pista de baloncesto, en todos lados han colocado los simpáticos y tan útiles botones con los que moviliza a sus lacayos a toque de silbato digital. “¿Qué desea, Majestad?” – “Dos desayunos ibéricos, en la terraza blanca”.  Lo de acabar la frase con un “por favor” se le vuelve a olvidar. «En fin, tampoco se lo merecen», piensa mientras sonríe con ganas.
Begoña se une al rato en la terraza. Como siempre con su guía “Lonely Planet” en ristre. Sus ganas de viajar y conocer mundo son insaciables, si sigue así tendrán que hablar con Elon Musk para salir al espacio exterior. «Tampoco sería mala idea», piensa Su Majestad. Creo que no hay ni un rey que haya salido del orbe. Otra nota a la Moleskine “Urbi, orbi et spatium. Llamar a Elon!!!”.


Mientras degustan los embutidos ibéricos, sus tostadas y los variados zumos de frutas, van comentando el plan del día. Hoy se presenta un duro día de trabajo: Pedro tiene que dar una rueda de prensa a mediodía y Begoña tiene que repasar el PowerPoint de su siguiente presentación en el Máster. Y esta vez es un verdadero tocho, 20 transparencias con muy pocas ilustraciones. Y cantidad de palabras largas y complicadas. “Vaya palo”. Los sudores que corren por su frente lo atestiguan. O quizás sea la grasa del jamón que engulle sin parar y que mancha sus largos dedos. Tampoco es preocupante: a las 10 llegan la esteticista y la maquilladora. Da tiempo a comer y sudar un rato más. Sin prisa pero sin pausa.
Acabado el opíparo desayuno, cada uno se dirige a su vestidor. Un par de pulsaciones en los intercomunicadores y aparecen los encargados de seleccionar el “outfit” para este día de duro esfuerzo que les espera. Pedro se mira en el gran espejo que ocupa toda la pared del vestidor: «¿A ver, guapo, hoy qué toca?». Decide esperar al asistente. Para algo lo trajo a Palacio, a Juanito, el hijo de su primo segundo, que iba para modisto pero acabó bailando en las alegres fiestas que suele montar Iceta. Suerte que le rescató a tiempo, le asignó un generoso sueldo y ahora le tiene a su disposición las 24 horas del día. Que no todo es bailar, oiga. Hay que ganarse el pan.
Elegido un look casual, “acorde con la rueda de prensa en la sede del partido”, como bien subraya Juanito, se despide de Begoña y avisa a su equipo de seguridad. “Al aeropuerto”. Sus guardaespaldas le miran extrañados: “Pero si vamos a Ferraz, majestad”, comenta el más lanzado. Pedro frunce el ceño, pero que se le va a hacer: hoy toca moverse en coche. ¡Y qué poco le gusta! Sin azafatas, sin nevera, sin vistas. Ya podrían montar la rueda de prensa en otro lado algo más lejano. En fin. El trabajo manda.
Mientras avanzan por la A-6 le da un repaso a su lectura de cabecera: “Mentir sin sonrojarse. Una guía para Dummies”. Es sin duda su libro preferido: siempre encuentra algún truco nuevo para decir lo contrario de lo que piensa. Y de lo que va a hacer. Sonríe hacia sus adentros. «Soy un crac».
La rueda de prensa transcurre sin problemas: dos mentirijillas que jamás cumplirá y, como tiene que ser, sin preguntas. Liquidada la ardua jornada laboral en quince minutos, decide acercarse a ver a unos amigos a un bar cercano al local donde conoció al amor de su vida. ¡Qué pena que Sabiniano cerrará la tan coqueta sala Adán! Con lo bien que se pasaban las horas ahí. Tempus fugit. O mejor, “vapores transierunt”. Unas cañas entre amigos comentando el último partido de baloncesto, mientras el chofer y los guardaespaldas esperan sumisos en doble fila, y a casita. Que llega la hora del vermú y de ayudar un poco a Begoña con su discurso. No vaya a tener que enfrentarse sola a la sesuda presentación que le espera.


Como Begoña está aún acabando con la sesión de la esteticien, Pedro se acomoda de nuevo en su terraza preferida: hace un día precioso, ya ha acabado de trabajar, y quedan muchas horas para su pasatiempo preferido, el “dolce far niente”. Un ligero clic en el comunicador y el pedido está hecho: unas gambitas, unos pescaditos y un blanco bien fresquito. El nuevo Ribeiro, si puede ser. Que les acaban de suministrar uno especial recomendado por la querida Yoli: un poco carillo, pero soberbio de sabor. ¡Cuánto ha aprendido la rojilla en tan pocos años! De codearse con el lumpen vistiendo harapos, a compartir mesa con todo un rey, maquillada, bien vestida y con la manicura y pedicura recién hechas. «Si no fuera por su napia», piensa Pedro sonriendo maliciosamente. Y mira que le he recomendado varios amigos cirujanos plásticos. Y que encima ni le cobrarían. Que de esto en palacio sabemos mucho.

(Continuará)

lunes, 2 de enero de 2023

La última fortaleza


Somos un país de castillos, fortalezas y casas cuartel. Fruto de nuestra historia guerrera, de cientos de años de lucha contra los invasores, de conquistas y sobre todo de reconquistas, pero también prueba fehaciente de nuestras interminables luchas internas, de las taifas, de rivalidades vecinas, de nacionalismos golpistas y sanguinarias bandas terroristas. 



Algo que por otro lado no nos diferencia de las demás naciones de Europa. Por algo compartimos historia, cultura, tradiciones, dinastías, territorios, guerras en el mismo bando y guerras entre nosotros. Y antes hasta compartíamos la fe y nuestros valores cristianos, aunque por desgracia esta herencia se ha ido diluyendo en la vorágine materialista, globalista y de falsa unión que nos han impuesto paso a paso. Hasta culminar en la maligna y perniciosa Unión Europea.

Y esta falsa unión, esa dictatorial burocracia de la élite financiera centroeuropea, encabezada por Alemania, Francia, Holanda y demás países forjados y consolidados en la herejía y la envidia al desparecido imperio español; “unión” solamente dedicada a acabar con el mundo occidental tal como lo conocemos, desmontando las patrias para consolidar su pestilente reino del anticristo, de la rendición, del reemplazo de la población, de la negación de nuestras raíces cristianas, de la imposición de la cultura woke y de su maldita agenda 2030; esa dictadura disfrazada de supuesta unión entre iguales, no nos ha defendido ni nos va a defender jamás de nuestros enemigos. Ni de los externos ni de los internos. Es decir, ni de Marruecos ni de los violentos separatistas, ni de los “regres” de la chusma roja, de los socialcomunistas aliados de los narcoestados de Hispanoamérica y de las sanguinarias teocracias islamistas.

Nos toca pues salvaguardar esa última fortaleza, ese castillo de la herencia grecorromana y cristiana que con tanto acierto y sabiduría defendió hasta el final el tristemente desparecido Benedicto XVI, que en paz descanse. El último faro de luz que quedaba en Europa, “el hombre más sabio e inteligente” de Occidente” como lo definía ayer el cardenal, arzobispo emérito de Valencia, Antonio Cañizares.

Pero esta batalla se presenta muy complicada. Por mucho que patrullemos por los adarves de torre en torre, asegurándonos que los arqueros están posicionados en sus aspilleras, poco podremos hacer. Ni podemos pensar en refugiarnos en la torre del homenaje, la última trinchera ante el acoso enemigo. Porque la lucha solamente se ganará si prescindimos de la pétrea protección de los muros de nuestra fortaleza; por muchos víveres que hayamos acumulado en su interior, por mucha agua fresca que tengamos gracias al pozo de agua cristalina que salvaguardamos ante el empuje del enemigo, nuestras voces no se oirán allende las paredes de nuestro exilio interior.


Hay que salir, hay que bajar el puente levadizo y lanzar a nuestros infantes a combatir en terreno abierto, en esa batalla cultural y política que ya están llevando a cabo entidades civiles y hasta un partido político.  Pero, por desgracia, nos falta ese nexo de unión, esa alianza general entre todas esas valientes agrupaciones de luchadores, llámense Unión de Brigadas, S’ha acabat, Valents, Cataluña Suma, Foro Libertad y Alternativa, Unión 78, España Cívica, Convivencia Cívica Catalana, la nueva y esperanzadora asociación “Pie en Pared” o cualquier otra de las centenares de siglas que engloban esa resistencia que al parecer existe en nuestra sociedad, pero que por desgracia se quedan luchando al abrigo de los muros protectores de la fortaleza.

Este año nuevo que se nos presenta muy duro, será quizás la última oportunidad de romper nuestras cadenas, de plantar cara al enemigo, de hacer oír nuestras voces, y desde las calles, plazas, jardines y senderos de España empezar a luchar por la propia supervivencia de nuestra patria, y con ello de Europa y el mundo Occidental.


Una batalla que en otros países, como Italia, ya ha dejado atrás los adarves, las almenas, las torres, y las aspilleras. Países en los que la población, harta de la imposición de un nuevo orden contrario a todos nuestros valores, a la ciencia, a la historia y a nuestra herencia cultural, se ha reunido, en el patio de armas, y, armada de razón, ha bajado el puente levadizo, ha cruzado del foso abandonando la zona de confort de las redes sociales y las columnas periodísticas, y se ha desperdigado por el duro territorio que rodea la fortaleza para luchar cara a cara, casa a casa, calle a calle, pueblo a pueblo y ciudad a ciudad, contra las hordas malvadas, manipuladoras, mentirosas que nos están llevando al abismo.

Empecemos pues esta lucha: ya sea el próximo 21 de enero en la manifestación en Cibeles, ya sea en el bar de al lado de casa intentando convencer a los clientes de lo malo que nos viene y lo bueno que podemos mantener si avanzamos unidos.

Digamos adiós a la fortaleza y con alegría y valentía luchemos en los campos verdes esperanza de nuestra patria por nuestro presente y por el futuro de las nuevas generaciones.

 


martes, 15 de noviembre de 2022

Lugares comunes



 

Todos conocemos la expresión “Déjà vu” (“ya visto”, en francés), que hace referencia a esa extraña sensación de haber visto, vivido, oído o sentido algo con anterioridad. Se trata de un fenómeno no demostrable, sobre el que se ha teorizado mucho desde el siglo XIX, pero del que no existen pruebas científicas que lo avalen.

O quizás sí.

Porque viendo la evolución de la sociedad, y en concreto la de nuestra patria, España, con un gobierno social-comunista desmontando la nación pieza a pieza, pasito a pasito, igual habría que asumir que todo esto lo hemos visto ya, que todo lo que nos está pasando, es una repetición de hechos similares por desgracia ya sufridos con anterioridad.

Y aunque sea una perogrullada, por verdad y por evidente, la maldita izquierda vuelve sobre sus pasos sangrientos, violentos, mentirosos y golpistas, destrozando con saña y maldad todo aquello que nos ha costado construir en tantos años de esfuerzo, de paciencia, de perdón, de ilusión y de visión de futuro.

 

No es por lo tanto casualidad que grandes escritores y comunicadores, como Javier García Isac con su “Historia criminal del partido socialista” o Federico Jiménez Losantos con “La vuelta del comunismo”, tengan que plasmar negro sobre blanco la verdad sobre esa máquina de aniquilación de la sociedad que es la izquierda socialista y comunista. Y aquí sin duda hay que añadir todo la locura del mundo “woke” y su perniciosa Agenda 2030, que tan bien retrata Juan Carlos Girauta en su última radiografía de nuestra triste sociedad actual.

 

La jugada maestra de la izquierda es la de siempre, es ese lugar común al que, por su constante y cíclica aparición, ya ni prestamos atención. Por lo menos la mayoría de la sociedad, ergo los votantes, que erre que erre siguen apoyando y entronizando a una piara de seres malignos que solamente buscan su propio medro, su poder y su enriquecimiento, dándoles igual quien caiga, quien perezca, quien desaparezca. Ya sea el pasado, el presente o el futuro. El rodillo rojo avanza implacable, manipulando, prevaricando, mintiendo, ocultando; destrozando cualquier brote de libertad, de evolución, de justicia, de seriedad, de nobleza o de verdad que encuentra a su paso.

 

Solamente tenemos que repasar lo acontecido en las últimas semanas para darnos cuenta de lo que nos viene encima, pero ¡ay, que desgracia!, que pocos somos los que vemos la realidad. Porque lamentablemente la mayoría de los ciudadanos están por otras cosas. Y se entiende. El ciudadano medio no tiene tiempo para preocuparse de la involución, de la destrucción del estado democrático en el que vivimos desde 1978, del desmembramiento de la unidad nacional, de la liquidación de la separación de poderes, del despilfarro de nuestros impuestos en locuras varias, de la traición diaria y constante de nuestros políticos, tanto de los que gobiernan como los que se proclaman su principal oposición, que demasiadas veces parece que vayan de la mano, llevando al españolito hacia el precipicio mientras se enriquecen, colocan a sus amigos y familiares y preparan su dorada jubilación allende de nuestras fronteras, con su fajo de billetes de 500€ en la mano, su sonrisa maquiavélica en los labios y su eterna mentira a base de necedades dirigidas al incauto y por desgracia iletrado ciudadano medio. 

Que traga con todo, más aún cuando todos los altavoces de comunicación están en manos del mal, radian el mismo mensaje, y dejan el cerebro de Pepito Pérez presto para ser manipulado, cuando no extirpado. Como un yogur.

 

Ya sean manifestaciones políticas contra el gobierno regional de Madrid, disfrazadas de protestas por el mal funcionamiento de la Sanidad, cuando resulta que en esta región es donde funciona mejor; ya sean ilegales, por anticonstitucionales, modificaciones de los delitos de sedición o de malversación de fondos para cumplir con los pactos bajo mano con separatistas y terroristas, y de paso preparar el indulto o directamente la absolución de los ladrones socialistas de los ERE; cualquier acción maligna, subversiva, golpista y antidemocrática, es convertida por los medios de comunicación en una lucha por supuestos derechos, en un acto honorable contra el acechante peligro de los fascistas, de las huestes de Franco que están a punto de salir de sus tumbas para acabar con este supuesto estado de bienestar, justicia y libertad. Anda ya.

 

¿Y que nos queda al final?

 

Pues que de tanto repetir lo de “que viene el lobo”, muy pocos somos capaces de ver que la alimaña ya está aquí. Presta a devorar todo. Y a todos.

 

Como ya sucedió en otro mes de noviembre, del año 1936. 

 

Esos lugares comunes. Y esas fosas comunes

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martes, 4 de octubre de 2022

De gacelas, puretas y otras criaturas




A camino largo, paso corto. 

(Soft pace goes far).

 

21-9-22. Tren Madrid Ferrol y corta etapa hasta Neda (15 km)

Pasados tres años del último Camino que realizamos, superado ese intermedio tan largo y surrealista de la pandemia, los encierros, la soledad y en mi caso hasta un cambio de trabajo forzado, las ganas y la curiosidad por volver a deambular por las variadas y tan queridas tierras de España, se notaban. Dos días antes de salir ya tenía todo preparado, Edu hasta se equivocó de día y pretendía partir el lunes, y por fin un miércoles, con la mayor parte de los madrileños aún durmiendo, nos aposentamos en el ALVIA que nos tenía que llevar hasta el Ferrol, antaño del Caudillo, hogaño punto de partida de nuestra nueva aventura. Previa incautación de la navaja Opinel por parte del tan eficiente servicio de seguridad de Chamartín. Con retintín. Obviamente.


Las cervezas de rigor, con sándwich y tortilla traídos de casa, dieron paso a la primera anécdota del viaje: detrás nuestro le da un patatús a un señor, la mujer que le acompaña no le hace mucho caso, le da un poco de azúcar, se gira y sigue durmiendo mientras que, alertada por megafonía, se acerca una joven española, se supone que médico o enfermera, pero todo se solventa en pocos minutos. Es el primer contacto con esos personajes extraños que siempre aparecen en el Camino. Como si fueran parte del paquete contratado: dolor, incomodidad, cansancio, ruido, hambre, frikis y locos por doquier y como premio la Compostela. Bien pensado, nos la merecemos. Como bien se verá más adelante. 

Con pocos minutos de retraso, llegamos a el Ferrol y en la Oficina de Turismo conocimos a las dos chicas que ya detectamos durante el viaje como peregrinas y que estaban en el vagón vecino al nuestro, Rocío y Lurdes. No nos costaría ni una etapa en encontrar un apodo para las jóvenes: las gacelas. Todo debido a la rapidez con la que nos adelantaron en la primera etapa hasta Neda: con parada en bar y compra de pan incluida, a mitad de etapa nos alcanzaron y ya acabamos juntos la bella ruta bordeando la ría. La llegada al albergue no puede ser más bucólica: un prado verde, vistas a la ría, con el sol al fondo anunciando un bello atardecer y una pared en estado ruinoso al fondo con un clásico “Banco Hispano Americano” del verano anterior. La primera referencia a la ruta musical que en paralelo íbamos a vivir durante las siguientes etapas: el espíritu sabinero saltó de golpe y encima Rocío, miembro del dúo “Las gacelas respondonas”, resultó ser de Úbeda. Y toca el saxo. ¡Oh, la la! Sorprendentes chicas, las dos enfermeras, tanto por su madurez como por su simpatía, su desparpajo, sus conocimientos y sus aficiones (cazadoras ambas, aunque de distintas especies): a pesar de tratarse de su primer Camino, no eran extrañas personas de avanzada edad con problemas psíquicos, ni tontas turigrinas buscando fiesta (bueno, algo había), ni prejubilados más solos que Calimero, ni desagradables y altivas “doctoras” tiktokers, la ahora ya bautizada hija de Fumanchú, la misma que en el viaje de ida en el tren pasó de su acompañante y prefirió seguir en los brazos de Orfeo…, quizás soñando en ser una influencer famosa. “I am a doctor”. Personas jóvenes y normales. Lo cual, obviamente, hizo que en un pispás nos devolvieran el apodo con uno apropiado a nuestra realidad: los puretas. Tenemos por lo tanto ya a los protagonistas que dan título a este relato: las gacelas, los puretas y otras criaturas. De estas últimas aún quedan algunas por aparecer. La tarde acabó con un paseo por el pueblo en busca de algún bar, un montadito con cervezas en el único que localizamos, charla con el panchito que estaba tomando el sol en la puerta del bar y que a mi pregunta sobre que hacía ahí tanto rato contestó tan pancho (por panchito, será): “he trabajado un poco y ahora estoy haciendo tiempo antes de volver a casa”. Lo de hacer tiempo se extendió un mínimo de 1 hora, el rato que pasamos nosotros ahí. Tampoco se lo podemos reprochar: las vistas de la ría desde ese punto privilegiado sin duda son mejores que desde su casa.

Algún pequeño incidente más con la doctora arrogante, y nos retiramos a dormir, a sabiendas que la noche podría convertirse en un festival de ruidos y efluvios, como suele pasar en los albergues. Y así fue.

22-9-22 Neda-Pontedeume (16 km)

Haz bien y no mires a quién


Una noche ruidosa, no por esperada menos molesta, y a las 3 ya hago mi primer paseo al baño, y a las 5estamos Edu y yo sentados fuera haciendo tiempo. El festival musical ha sido tremendo: recayendo las culpas sobre todo sobre una oronda alemana a la que jamás veríamos caminar, pero sí en cambio deambular por los albergues. Conocemos a Chris, un jovenzuelo inglés de 71 años, quien degusta tranquilamente su té matinal. Se huele fichaje, y encima el pobre no sabe que será su última infusión en varios días: aquí se bebe cerveza o no se bebe. Faltaría. Salimos a las 7:30 de la mañana, incorporado ya Chris al equipo, y después de unos 6 km de subidas y bajadas (vendrían peores...), llegamos a Fede a las 9 y paramos a desayunar. En frente sigue estando la misma ría que hemos bordeado, y casi se llega a ver la estación de RENFE de el Ferrol, desde donde partimos el día anterior. ¿Quién nos mandará dar todo este rodeo cuando existe un puente a pocos metros que nos hubiese permitido llegar en media hora? Nadie nos manda. Somos tan libres de hacer el primo como lo es la doctora de hacer el ridículo. O la alemana de dejarse ir de noche. Cada uno, a lo suyo. Sin más normas que la educación y el respeto, sin otro techo que el cielo ni más luz que las estrellas del firmamento. Me ha quedado poético y todo. Se nota que ha pasado ya más de una semana y que el cerebro empieza a archivar lo malo y mantener en la memoria reciente solamente las vivencias agradables. Y si no fuera así, mal andaríamos por la vida, reviviendo eternamente las desgracias del pasado en vez de disfrutar de las alegrías del presente. Que en nuestro caso podían ser un simple bar abierto para tomar un café. o para mí un tramo del Camino sin constates ascensos y descensos. Con pocas cosas te conformas cuando estás fuera de tu ambiente habitual, sin tu cama, tu baño, tu sofá, tu nevera, tus libros y tus discos. Y no he querido usar la tan manida expresión “zona de confort” porque ya cansa. Hasta el último mono, iletrado o lerdo, la usa ya, y muchas veces de forma equivocada. Ayer mismo un futbolista de tres al cuarto espetó tan chulo y leído él: “no estamos cómodos en nuestra zona de confort”. ¡A ver, so burro, si no estás cómodo es que no tiene confort! Algo que me saca de quicio. La culturilla de los memes, las frases hechas, las galletas chinas y sus infantiles sentencias y la masa uniforme, inculta, boba y sumisa repitiendo cual ovejas lo que marcan las pautas de la idiotizada sociedad. Cosas mías. 

A las 12 llegamos a destino, Pontedeume, un lugar realmente precioso, digno de ulteriores visitas, con un albergue precioso a pie de la ría, monumentos históricos por doquier, y, sobre todo, bares y terrazas para dar y tomar. “Así sí”, como diría Edu. Tomamos posesión de la planta inferior del albergue, los 5 más María, la chilena solitaria, mientras que en la reserva superior del zoo ya se han instalado las alemanas. Y la pregunta flota en el aire, cual sonora ventosidad germana: “¿Cómo habéis llegado?”. Obviamente pasamos de importunar a la oronda vikinga y cada cual a lo suyo. Paseo hasta la primera terraza, unas cervezas, y a comer en un local que nos recomiendan. Y con acierto: pulpo, tortilla, mejillones, pimientos del padrón y empanadas, todo bien regado con cervezas, a un módico y correctísimo precio de 13 € por persona. La frase de Edu, la esperada: “En Madrid nos engañan”.  Unos helados en la siguiente plaza, unas a dormir la siesta y otros a pasear la mona. Sobre todo, Chris, al que el cambio súbito de las infusiones a las cervezas parece haber pillado a contrapié. En mi papel de peregrino bueno rompo el hielo con la alemana, se presenta, me cuenta sus penas, y tal cual me arrepiento de haber abierto lo boca. Rara, con sus traumas, hablando de cuando montaremos una fiesta, que si está divorciada…, ‘Vade retro, ¡satanás! No estaba yo para charlas de este tipo, deprimentes por conocidas. Ahí se quedó hablando sola.

Vemos la iglesia de Santiago y calles adyacentes y las flechas de salida para el día siguiente, que presagian duros ascensos, y a descansar.

23-9-2022 Pontedeume-Betanzos (21 km)

Aquel es tu amigo, que te quita de ruidos


Toque de diana a las 6:30, Lurdes me fulmina con su mirada, echando dardos mortales por sus lindos ojitos, sin darme tiempo ni a levantarme de la litera, diciendo que mis ronquidos han sido insoportables. ¿Roncar, yo? Pensaba que mis ruidos quedarían disimulados estando las alemanas, pero me equivoqué. Igual la altura del techo del albergue propició la acústica apropiada. En fin. Cosas inevitables.  Desayuno al lado e iniciamos esta tercera etapa con una buena subida. Mi vida sedentaria, el mínimo entreno y, como no, la edad, se empiezan a notar. Ley de vida dicen que se llama. Afortunadamente alcanzamos el alto pronto, y a partir de aquí la etapa se convierte en un bello paseo, con más tierra que asfalto, bosques, prados: lo que debería ser el Camino en todos su tramos, algo por otro lado imposible de conseguir. Estamos hablando de los caminos más cortos y cómodos utilizados desde época romana. Lo que implica núcleos urbanos milenarios y, consecuentemente, asfalto, centros comerciales y polígonos industriales. En sus orígenes, el Camino no era algo espiritual, lúdico o deportivo;  se trataba de una obligación para los creyentes, que se querían quitar de encima cuanto antes, andando o delegando y pagando. Pasamos por el puesto de una tiktoker (creo) que las gacelas querían ver, cogen pulseras a cambio de donativos, y seguimos hasta un parquin habilitado como parada para el peregrino, en Ponte Baixo. Cervezas, curas a Chris (benditas enfermeras), música de Carlos Núñez y amena charla antes de continuar. Rocío, por cierto, ya ha olvidado a mi sobrino y está más pendiente de un grupo de murcianos. A otra cosa, mariposa. 

Seguimos en un constante sube y baja que se me hace durísimo (1500 metros de desnivel de subida y 1800 de bajada), y hago la pirula parando un coche para que me suba 200 metros.  Para sorpresa de todos, sobre todo de Chris, que no me vio pasar y alucinaba un poco. Hacemos una última parada en una panadería a pie de calle, donde degustamos unas empanadas buenísimas además del buen lomo que lleva Lurdes, y a las 2:30 llegamos al albergue de Betanzos. Destino en el que sí o sí íbamos a probar la tortilla. Tradiciones mandan. O más bien especialidades locales. 

Como no podía ser de otra manera, el pueblo está asentado entre colinas, por lo que cualquier desplazamiento implica subir o bajar pendientes. Vaya plan. El albergue está perfecto, conocemos a dos alemanes, padre e hijo, que darían que hablar, un viejo verde falta al respeto a Lurdes y le doy un pequeño rapapolvos…, oral. No era momento para repartir guantazos en la puerta del albergue y con 3 etapas por delante. Vamos de terraza en terraza hasta acabar en el “Ibérico”, donde nos unimos a María y la colombiana Aleita (o algo así), lo cual me convierte a mi instantáneamente en “Ernestito”. Moriré siendo un payaso. O un animador sociocultural, como educadamente lo disfraza mi hermano. Bufón y orgulloso. OI. Y que no se olvide: Lurdes ha aprendido hoy su primera palabra en inglés, de la mano del profesor para niños especiales Chris (resulta que eso ha sido su profesión en los últimos 26 años, antes de ser policía y abandonar el cuerpo por incompatibilidad de caracteres): Potato. Unas cuantas etapas más con Chris y se saca el Proficiency C2 sin pestañear. Aparece mi compañera de trabajo, Eva, con Rafa su marido, muy agradables y divertidos, y se unen a la cena final degustando la tan afamada tortilla local en Casa Carmen. Bueno, bonito y barato, risas, fotos, bromas y a dormir. Un día completo. Quizás faltaría comentar los guiños y comentarios del padre alemán acerca de su hijo. Siendo psicólogo el padre, sus comentarios eran comprensibles: un hijo vago e inmaduro, 36 añitos, viviendo aún en casa, a la sopa boba, y tirando fotografías creativas por el mundo. Y me pide permiso para citarnos en su Instagram. Cuando no hemos estado juntos más que 1 hora escasa. Criatura extraña. Otra más.

24-9-2022 Betanzos – Hospital de Bruma (28 km, 24 km Chris & yo)

 

Con paciencia todo se logra




Salimos a las 7:30, con foto en la nublada plaza, y ya sufro pensando en la descripción de esta etapa. Por si desfallezco ya avisé la noche antes a Eva que igual le pediría un pequeño rescate al final de la etapa. Con total premeditación y anunciado. Vamos tirando, va siendo un tramo duro pero tolerable, y alrededor de las 9:45 paramos en Meangos a desayunar y comprar pan. En mis notas pone que Rocío tira la caña, pero ya no me acuerdo a quién. Llevamos ya 8,5 km, que no está nada mal, pero cuando llegamos al nuevo desvío, por montaña en un nuevo trazado de 4,8 km, o por carretera, 9 km con un pueblo a 4 km, opto por llamar a Eva. No me veo con fuerzas para hacer la subida, y eso que posteriormente Edu me cuenta que no era para tanto. Chris se apunta al estar bastante tocado en los pies, bajamos en un horita al pueblo y ahí contactamos con Eva para que nos recoja, haciendo tiempo en un pequeño bar en el que sorprendentemente nos obsequian con crepes recién hechos mientras tomamos las respectivas cervezas. Al final mataremos a Chris: el té ni lo huele de lejos. Y será culpa mía, como si yo fuera el capitán del U-Boot que hundió el portaviones en el que sirvió su padre en la segunda guerra mundial (gracias a Dios se salvó).

Nos recogen y después de varias vueltas con Fitipaldi Rafa al volante, llegamos al Albergue, previa parada en un bar donde está Edu con las gacelas. El albergue es pequeño, como toda la aldea, tomamos posesión, y sufrimos del mal diseño, con las duchas en el patio y pocos inodoros para el número de camas. Como en casi todos los albergues, se nota a la legua que los diseñadores no han hecho el camino en su santa vida. Un poco de zalamería con la hospitalera, como corresponde a todo buen caballero español, y se nos junta de forma muy intrusiva un extraño, un tal Javier. A new and very strange creature. Nada nuevo lo de conocer a gente en el Camino, de unirse en grupos, de separarse y volverse a ver o no, pero la entrada del susodicho es realmente chocante: “Hola, estoy solo, ¿puedo cenar con vosotros?”. Cenamos pues los seis juntos en el único bar de la localidad, bien preparado, con un decente menú, terraza acondicionada, y espacio para que cada uno se distraiga un poco, unos hablando, otros escuchando música, Rocío traicionándonos, juntándose con los murcianos, lo que conlleva su inmediata expulsión del grupo. Antes, durante la cena, el toma y daca entre Lurdes y Javier a raíz de la situación de Javier, 48 años y prejubilado por ser minero, acabo en un divertido espectáculo. Aún no tengo claro si Javier entendía algo, si Lurdes lo hacía en broma, si todos estábamos acosando, haciendo bullying al pobre indefenso o si ya las cervezas nos habían subido a la cabeza. No me daba tiempo ni de ir traduciendo las chanzas e insultos a Chris, que atónito y sin entender ni papa movía la cabeza de una lado a otro cual muñeco de feria o llavero del Fary colgado del espejo de un SEAT 124.  En un momento del espectáculo me acordé de la película “la cena de los idiotas”: filme en el que un grupo de arrogantes ejecutivos y ricachones una vez al mes organizan una cena a la que cada uno tiene que invitar a un idiota para reírse de él en su cara. Cuanta maldad. Ese espíritu del camino, de bondad, tolerancia y amor, hecho añicos en unos minutos. Es que realmente era una extraña criatura, con frases cortas, espaciadas, largos silencios, repeticiones, incongruencias…, quién sabe, igual era el más inteligente de todos nosotros. O el Rain Man asturiano. Chi lo sa.

Al final el local se convierte en sala de reuniones, de terapia, solárium y salón de juego. Yo me apalanco fuera a escuchar música, Rocío a lo suyo jugando sus cartas (en este caso literalmente), idas y venidas a la barra, mesa común con todos los presentes, e interesante charla traducción con Martin, el alemán que de entrada había tachado de macarra tonto, con mi complejo de superioridad habitual, cuando resultó ser un chico majo, educado y curioso por entender que era un hórreo, las razones de nuestro camino y, sobre todo, por averiguar los nombres de nuestras acompañantes, las graciosas gacelas. Definitivamente, tonto no era. Acabó bien la tarde, los del sector pureta nos retiramos pronto y la juventud, guiada por Martin y las botellas de vino, siguió un rato disfrutando del cielo estrellado. Por llamarlo de alguna manera.

 

25-9-22 Hospital- Sigüeiro (25 km)

 

Alcanza, quien no cansa

Salimos hacia las 7:30, el primer bar anunciado a 3 km cerrado y nos toca seguir otros 4 km al siguiente. En Rúa, por fin, paramos a desayunar delante de un hotel rural precioso del que sale la reina Isabel II resucitada. Tantas vueltas en ataúd por Inglaterra simuladas y al final resulta que está viva y escondida en esta pequeña aldea. No sabe nada, la vieja reina. Rocío vuelve a curar los pies al bueno de Chris, que acabará llegando a casa cojo y alcoholizado. O no, porque me habló en una de las etapas de un Camino por su tierra de 75 millas con 26 paradas en pubs. Habría que estudiarlo, igual que lo de hacer el camino de la herencia hispánica en Irlanda. Esas metas que tienes en la vida y que bien sabes que no cumplirás. Como todo aquello que incluyes en la tan popular frase “antes de morir tengo que…”. Afirmación que al final se convierte en la lista de todo lo que no podrás vivir. Se llaman sueños. 

Seguimos andando por grupos, a solas o por parejas, conozco en uno de los tramos a las yankis de Seattle, de ascendencia sueca, que viven en Finlandia y son madre e hija. Una conversación interesante, con personas de nivel. Ojalá hubieran estado ellas desde el principio, y no alemanas extrañas, doctoras arrogantes, rumanas con sueños de ser actrices y autistas del cantábrico. Pero bueno, ya incluía el título de este relato lo de “extrañas criaturas”. Y ha sido un tramo del Camino bastante normal en este aspectos: hemos visto frikis bastante más alocados en otras ocasiones.

Nos encontramos a un cazador con un águila Harris, que tanto Lurdes como Chris reconocen, pero Rocío descarta al cetrero por su frase: “aquí solamente cazamos machos”. Es la experta, por lo que todo dicho y adiós muy buenas

Las chicas van concretando su idea de seguir hasta Santiago, ya que ahí tienen el hotel pagado, se encuentran en forma y prefieren disfrutar de una noche adicional en Santiago. Hacen bien, aunque sean unas viles traidoras que abandonan a los puretas a su suerte, sin derramar ni un triste lágrima. Es broma. Aunque lo de las lágrimas sucedería más tarde, pero a la inversa. Incorregible romántico y melancólico que soy. Supongo que ya hasta que muera. Por lo que no da tiempo de cambiar. Y tampoco lo pretendo. 

Ellas parten, nosotros vamos al cercano piso albergue, bien preparado, con sus muebles de Cuéntame, idénticos a mi actual piso, su vajilla de Duralex, sus figuritas de cerámica, sus espejos y su amplia cocina y terraza, que bien aprovechamos el rato que estamos ahí. Comemos unas pizzas y lasañas con Javier, que sigue con nosotros, de vuelta al albergue y tarde musical en la terraza, con descubrimiento de nuevos grupos de música celta, aportaciones de Edu, mías y de Chris, canciones con Karaoke, cerveza tras cerveza, hasta agotar la batería del altavoz. Nos llegan noticias y un video de las chichas que han alcanzado la meta, me emociono para variar, grabamos un patético video de los 3 cantando como mensaje de vuelta y al rato nos retiramos a unas cómodas camas en nuestra última noche.

 

26-9-2022 Sigüeiro – Santiago (16 km)

 

 Lo que no se comienza, nunca se acaba


A las 7:30 nos ponemos en marcha para rematar el tramo de este año con unos escasos 16 km por delante. Chris está demasiado fastidiado de los pies, y decide ir en bus. Del extraño Javier no sabemos nada: a las 3 de la mañana se movió, a las 4 cogió sus cosas y se fue. No entendemos muy bien esas prisas. Raro es poco. Edu y yo tiramos por lo tanto solos, en un tramo monótono, en paralelo a la nacional y entrando y saliendo de los núcleos poblados para evitar el asfalto. Un tramo que se hace largo al carecer de bares, y no encontramos la primera `posada hasta casi llegados a destino, en el “bosque encantado”, a escasos 6 km de Santiago. Café, bollería y a por el último tramo, que incluye el correspondiente polígono industrial. Esto está hecho, y ya andamos con la inercia del final del Camino, pensando en llegar a tiempo a la misa del peregrino, en la cola para recoger la Compostela y en las viandas y bebidas que nos esperan en la rúa Franco, el Paris-Dakar local, repleto de peregrinos, vendedores, pícaros, bardos, mesoneros y se supone que mujeres de moral distraída. Tal cual lo describe el Codex Calixtinus, del siglo XII, donde ya se habla de las extrañas criaturas que rodean el peregrinaje a Santiago: “[…] Una abigarrada cantidad de mercaderes, vagabundos, ladrones, juglares y prostitutas se mezclaba en los caminos con los auténticos peregrinos […]”. De ello hace más de nueve siglos. Que poco ha cambiado todo. Al final la vida se sigue rigiendo por los mismos principios y las mismas necesidades.

Llegamos clavados a la misa del peregrino, Edu se queda fuera, y después de varias vueltas por el interior localizo a Chris y al rato también se unos unen Rocío y Lurdes. Juntos atendemos a la misa, a la larga homilía del arzobispo don Julián Barrio y su voz de pito, apunto una de las frases, con Lurdes atenta ya que al salir sabe exactamente lo que he apuntado: “no somos fugitivos, somos peregrinos que sabemos de dónde venimos y a donde vamos”. Yo añado de propia cosecha una coletilla al Padrenuestro: “Perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a Javier”. Y a Rocío, como no, le gusta uno de los curas. Cada loco con su tema. Y no creo que acabe vieja y sola en casa rodeada por 100 gatos. 

Acabada la misa vamos a por la merecida certificación, que este año estrena organización, con sus códigos QR y de barras, y mientras Chris & me hacemos unas compras para las chicas y tomamos unas cervezas, ya están de vuelta los demás para poder ir a beber y comer. A Javier aún le vimos un momento en el Obradoiro, nos pidió una foto y despareció, de la misma forma que apareció 2 días antes.

Nos los pasamos genial bebiendo vino y cantando con uno de los bardos canciones de los Beatles, entramos y salimos de tiendas, compras compulsivas como tiene que ser, y acabamos comiendo unos platos combinados en uno de los bares del entorno. Ni bueno, ni malo, aunque la carne de Rocío quizás estaba un poco salada.

Y hasta aquí llegó la aventura de este año. Entrañable, bonita en sus paisajes, aldeas y villas, agradable por la presencia de las sorprendentes y geniales gacelas y de Chris, un joven de espíritu, aunque mayor de edad, aficionado a la música, bonachón y simpático. Casi más irlandés que inglés, como él mismo iba remarcando orgulloso cuando enseñaba su pasaporte de la República de Irlanda. Y casi conseguimos que deje el vicio de las infusiones. Sláinte haith!

 

A todos muchas gracias por estos geniales días caminando por tierras gallegas, en especial a Lurdes y Rocío, por vuestra simpatía, vuestras curas y sobre todo por la paciencia aguantando a los puretas, sobre todo al tito Ernestito danzando por ahí. Ha sido un verdadero placer, y si se diera la ocasión, repetiríamos con mucho gusto. Se dará. La ocasión.

 

¡Ultreia et suseia!




 

martes, 16 de agosto de 2022

El milhombres


El otro día, después de pasar una gran semana en casa de Don R., alias Donkey Kong, tropecé con la maravillosa palabra que da título a estas líneas. Y obviamente la compartí al instante, dadas las risas que me provocó su definición en el diccionario de la RAE: “1. m. coloq. Hombre pequeño y bullicioso y que no sirve para nada”.

A partir de aquí empecé a rebuscar en mi mente a todos esos personajes que encajan con la descripción, y tuve que parar, porque son legión y ya me veía insultando a diestro y siniestro. Desde Echenique hasta Iceta, pasando por Pablo Motos, Pere Aragonés, José Javier Vázquez, Jordi Pujol…, hasta amigos y conocidos más cercanos, que no hace falta que nombre: bastante tendrán con el acoso sufrido de pequeños (o mejor de jóvenes).

Me quedo pues con lo segunda parte de la definición, “que no sirve para nada”. Y de esos los tenemos a montones, bajitos, de estatura media y altos. Sin ir más lejos, nuestro actual dictadorzuelo, que es tan alto que el riego sanguíneo no le llega al cerebro. Lo único que alcanza sus neuronas son su enfermiza rabia, sus celos, su arrogancia y su egocentrismo.

Y siguiendo la corriente “woke” (se nota que acabo de leer el último libro de mi estimado Girauta, que os recomiendo vehemente a todos), igual tendríamos que exigir a la RAE que incluya de inmediato la palabra “milmujeres”, o mejor “milmenstruantes”, porque ahí si que podría meter el hacha a fondo y quedarme a gusto insultando a ellas y elles, a toda esa patulea de mujeres bulliciosas que no sirven para nada. No hace falta ni que las nombre. Tampoco hay folio para tanta impresentable loca del coño. Porque, amigos míos, estamos rodeados de tanto y tanta inútil, que da pánico. Y encima ocupando cargos de relevancia que están marcando nuestro presente y, si no espabilamos, nuestro futuro. Sin duda cualquier grupo de gigantes y cabezudos de nuestras fiestas populares gestionaría mejor nuestra otrora gran nación.

Este verano caluroso que se acerca a su fin (como cada año, por cierto, y después vendrán el otoño, el invierno… y volver a empezar), con su canícula tradicional (días de perros, como los llaman en el mundo anglosajón, adaptación literal del origen romano de la expresión, “al caernos la 'canícula' encima, nos deja como perros sin aliento echados a la sombra. Pues la palabra latina 'canicula' significa 'perrita' de 'canis' (perro) y designa la Estrella de Sirio (o Perro) en la constelación de Can Mayor cuyo nacimiento heliaco (de 'sol') coincidía con la época más calurosa del año (solsticio de verano)”. Si señores, en época de los romanos ya hacía un terrible calor en agosto y se quemaban los bosques y hasta nuestro rico refranero incluye un “hacia San Lorenzo, calor muy intenso”. Eso sí, de hecatombe climática y demás sandeces “fragmentarias” (Girauta, de nuevo), no hablaban los romanos. Ni los griegos. Ni los celtas. Ni los europeos hasta hace unos pocos decenios. Ni tampoco hay refranes ni dichos populares que nombren a Greta Majareta. Aunque su nombre y su propia existencia se presten a ello. O quizás más a chistes y chanzas.

Todo vale para atontar, asustar y con ello amordazar al pueblo llano, vago en sus hábitos de lectura hasta el punto de que en pocos años será incapaz de formarse una idea sobre cualquier tema. Tragará lo que le echen, desde mil nuevos géneros hasta escarabajos y saltamontes en el arroz. Que no todo van a ser gambas, mejillones, almejas y langostinos. Estos últimos, por cierto, hay que ir olvidándolos, teniendo en cuenta el acaparamiento que están haciendo de ellos los ministerios de los milhombres y las “milmenstruantes”.

Como decía, este estío que se acerca a su fin (disculpad el excurso anterior), nos ha traído de todo, desde centenares de nuevos asesores gubernamentales nombrados a dedo, pasando por las ya tradicionales vacaciones de lujo del demente y su cuadrilla en Lanzarote, disfrutando del palacio de la Mareta, la protección de unidades especiales de la Guardia Civil (mientras el resto de las islas y costas son invadidas por cientos de ilegales traídos por oenejetas ávidos de comisiones) y sus helicópteros y aviones de uso personal, abusivo e ilegal, o por lo menos carente de ética, hasta un infantil decreto de ahorro energético del que aún se están riendo más allá de los Urales.

Nada nuevo, queridos amigos. Cosas del verano. De los veranos de Sánchez. Que estos si que son de emergencia, no climática, pero si económica, cultural y social. Y cuanto antes acabemos con él, mejor. 

El “acabar con él” en sentido democrático, claro está. Que lo del “Falcon derribado” queda para los duros, húmedos e inquietos sueños caniculares.

 

 

 

P.D. No puedo acabar sin agradecer al gran Alberto su visita a Can Donkey, sus sublimes arroces, su generosidad y su paciencia. Que no todo en la vida son milhombres, también existen grandes hombres. Como él.

 

 


 

lunes, 18 de julio de 2022

Los de siempre

 A Fernando Ginesta. ¡Presente!

Preámbulo: mientras estoy escribiendo esto me interrumpen con la triste noticia de la repentina muerte de Fernando. Malditos caprichos del destino. Dedicado a él, por supuesto, todo este artículo. Nadie mejor que él para ilustrar esta pequeña reflexión. Descansa en paz, querido amigo.



Ya he escrito en varias ocasiones (llevo 18 años publicando en este blog, que se dice pronto) sobre los amigos, los seguidores en las redes sociales, los conocidos, los camaradas, el número máximo de amigos íntimos que se pueden tener y temas similares: y por algo será.

Porque nuestra vida, al fin y al cabo, se basa en las relaciones familiares y sociales. Salvo que seas un eremita encantado de gritar Jehová a los cuatro vientos, como nuestro querido amigo de “La vida de Brian”, o un demente como Pedro Sánchez, al que le bastan unos cuantos espejos bien distribuidos en uno de sus palacetes veraniegos y la compañía de sus amigotes palmeros para ser feliz. Palacios que por cierto son propiedad del Estado, pero como este déspota malvado hizo suyo el tópico de “l'état c'est moi” del Rey Sol, pues todos estos edificios históricos han pasado a engrosar su patrimonio particular. De ahí su enfermiza obsesión de mantenerse en el poder contra viento y marea. Le importa un pepino que todo se derrumbe a su alrededor, que se queme el bosque, que se arruinen las familias, que España sea el hazmerreir de moros y cristianos: mientras sobrevivan él y los suyos y pueda seguir volando en su Falcon a cualquier destino que se le ocurra a Begoño/a, el/la experta en no sé qué, titular de falsas cátedras y editora de la guía “Lonely Planet para Dummies y vividores”, que por cierto esta semana ha incluido un lago nudista en el pirineo catalán para disfrute de la familia y sus 25 íntimos. No vaya a ser que pasen calor, pobrecitos. Los de siempre. Los caraduras. Los jetas. Los hijos de la gran puta.

Siento haberme desviado del tema: no quería hablar de estos cortesanos de graduado escolar y rodilleras gastadas, quería hablar de la buena gente, de esos conocidos o amigos que ves de tanto en tanto, a veces de decenio en decenio, pero que siguen ahí. Y que cuando te encuentras con ellos parece que fue ayer que estuvisteis juntos, aunque quizás hayan pasado varios años desde coincidisteis por última vez. Es lo que me pasó el otro día con mi tan querida Almudena y su marido Federico. Y sin duda fue algo buscado: no quizás encontrarme con Almu, pero si que tenía la seguridad de que, en la inauguración de un Frankfurt en Madrid, al estilo de los nuestros de BCN, de la mano de la esposa de Jaume Vives Vives, a algún amigo me encontraría, a alguien de los de siempre. Y así fue. Y esa magia, ese momento de encontrarte con un ser querido y que de inmediato el tiempo transcurrido sin verle pase a mejor vida y te sientas feliz, arropado, ilusionado, cual niño a la vuelta de vacaciones al ver a su proyecto de novia, cual recluta en la mili disfrutando de su primer permiso, como encontrarte a un periquito rural en un partido del Real Club Deportivo Español en un campo jamás visitado, o iniciar en solitario una etapa del Camino de Santiago y que la calle del albergue se llame “Oriente” y sientas su protectora presencia… esos son los momentos mágicos. Como el largo rato que compartí con Alberto y Pedro. De bar en bar, de cerveza en cerveza (de alguna manera había que digerir las excelentes salchichas que nos sirvieron).  
Y quizás por ello, por caprichos del destino, al acabar la agradable velada en dicho local, que os recomiendo fervientemente, camino del metro me crucé con el inigualable mago Tamariz y su familia. Justamente el día antes había leído un artículo sobre él, sobre su nuevo espectáculo que presentaba junto a su hija, y, chan ta ta chán, ahí estaba. Risueño como siempre. Otro de los de siempre. Aunque jamás hubiera hablado con él. Hasta ahora. 

Llevaba yo varios días, o quizás semanas, tomando notas para este artículo. Y creo que fue a raíz de un artículo futbolero que publicó “el Mundo”, escrito por Jesús Beltrán (si si, de los Beltrán de toda la vida, que son varios y encantadores todos), que decidí dedicar mis reflexiones a todos esos conocidos, amigos y camaradas, a los que más bien tratas poco, a los que ves de pascuas a ramos, pero que están ahí, en tu subconsciente, en tu vida pasada, en tus recuerdos, y que jamás dejan de ser parte de tu vida. Aunque quizás no hayáis sido amigos íntimos, o llevéis largas temporadas sin compartir una cerveza, existen esas personas en tu circulo de amistades, que permanecen. Y te dan sorpresas y alegrías. Como ver a Juanjo como diputado impartiendo lecciones a tanto lerdo que puebla nuestra santa tierra. O admirar a Chiquillo trabajando duramente y sin acercarse ni en broma a la bandeja de cruasanes. O disfrutando de la maestría oratoria y la lucidez de Buxadé. O leer un libro de Juan Ricart. En fin, que os voy a contar. La mayoría de los lectores sois del mismo grupo, de los de siempre. En algunos casos compartiendo mi vida desde el año 1979. O 1980. Y algunos de vosotros lleváis algunos años más juntos (mis dos años pasados en Friburgo entre 1977 y 1979 me alejaron quizás un poco, pero recuperé rápido el tiempo perdido).

Y tal vez por ello, cuando alguna de estas queridas personas por desgracia fallece, ni lo asumes. Ni te lo crees. Como los encuentros cada vez van siendo más espaciados, tu cerebro, o quizás tu corazón, es incapaz de procesar que ya no está: sabes muy bien que un día u otro te lo volverás a encontrar.

En un parque, en un bosque, en un campo de fútbol, en un concierto, en una iglesia, en un albergue, en un bar (en mi caso quizás lo más probable). Y si no es ahí, sin duda te lo encontrarás en el cielo. Que es donde nos veremos todos. Y encima sin la molesta presencia de aquellos que jamás pasarán el filtro de San Pedro.

Va por todos vosotros. Por los de siempre. Por Fernando.



¡Sólo los mejores mueren jóvenes!