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lunes, 6 de abril de 2020

¿Y si es el final?


Leyendo el otro día una de esas frases virales tan en boga, que decía algo así como “¿Y si nos están engordando para comernos después?”, tuve ese momento de abatimiento por el que sin duda habéis pasado todos y cada uno de vosotros. Por no hablar de los que ya han estado ingresados, los que aún quedan abandonados y aislados en los hospitales o los que han perdido a algún familiar o amigo. Un fuerte abrazo a todos ellos. Poco más puedo hacer que pensar en ellos.

En ese momento de bajón y mirándome al espejo me pregunté, con absoluta seriedad, si lo que estamos viviendo, esta pandemia de mortíferos virus de todo tipo, color y tamaño, aunque predomine el rojo “regre”, si esta desgracia no podría ser el final de todo.

¿No será esto el apocalipsis anunciado?

Porque una cosa la tengo clara: aunque la mayoría de los españoles nos lo estemos tomando con humor, intercambiemos fotos, chistes y frases ingeniosas, le busquemos el lado bueno a la situación y cerremos los ojos ante la realidad que se está viviendo fuera de nuestra segura madriguera en la que estamos confinados, la cosa no pinta bien. Nada bien.

¡Qué se lo expliquen a los familiares de los miles y miles de fallecidos que llevamos a estas alturas! Como bien dice Itxu Díaz en un reciente y muy recomendable artículo: “Nos están arrebatando jirones de lo que somos, en medio de distancias de hielo, y convertidos en tristísimos números a los que apenas se puede llorar”. Frase lapidaria sin duda. Y real. Y muy triste.

Quizás el símil más apropiado para nuestra situación sea justamente esa Semana Santa en la que estamos inmersos: esos días tan importantes para los cristianos creyentes, que relatan los históricos hechos que comienzan con la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén hasta su resurrección una semana después, pasando por hechos fundamentales como la unción, la traición, la última cena, los interrogatorios, la flagelación, la crucifixión y la muerte. En algo nos parecemos al cordero que están llevando al sacrificio: engañados, manipulados, traicionados, encerrados, castigados y, muchos, demasiados, finalmente crucificados.

Suerte que al final nos queda la resurrección. Para los que creemos en ello. (Por ahora solamente he visto “Quo Vadis”. Si pienso que aún quedan “Los 10 mandamientos”, “Barrabás”, “Jesús de Nazaret” y tantas otras películas histórico-religiosas, las asociaciones a los hechos sucedidos en Jerusalén hace dos mil años seguro que se multiplicarían). Asociaciones que sin duda son más apropiadas que los chistes y las chanzas con los que nos van a deleitar los otros, los de la ceja, los titiriteros y títeres en impúdica orgía. Porque estos, ni cortos ni perezosos, estrenan creo que mañana una serie de humor sobre la cuarentena. Si alguien cree que es un momento idóneo para relativizar el sufrimiento y tirar de humor de brocha gorda, colocar a los amiguetes de siempre y usar una herramienta más para maquillar la realidad, que me lo explique. Yo no lo entiendo. Ni lo acepto. Es vomitivo. Irrespetuoso. Vil. Como si durante una hambruna proyectaran un especial sobre los mejores asadores de España. O los ridículos informes sobre la mejora general del clima durante esta cuarentena. O que las apuestas deportivas han caído en un alto porcentaje. Garzón dixit. Ese ministro. Todo vale para no afrontar la realidad. Para no dar la cara. Para no asumir responsabilidades.

Pero no, ellos a lo suyo, en vez de sonrojarse y soltar un humilde “la culpa es nuestra”, han decidido que nos toca tragar chistes fáciles y sufrir sesiones de psicología infantil en boca de Carlos Bardem y sus secuaces. ¡Lo tienen claro! 

Por ahora la paciencia y la esperanza, pero también la rabia y la sed de justicia, se imponen en nuestras cabezas, pero con un margen cada vez más estrecho sobre la claudicación. El asumir conscientemente que nada volverá a ser lo mismo. 

La inmensa mayoría de los españoles no hemos pasado por una desgracia de este calado. Y de los que lo vivieron en la guerra y postguerra ya pocos quedarán mientras escribo esto. Están cayendo como pajaritos en un alambre, abatidos por arrogantes y egoístas francotiradores bien escondidos tras sus pantallas, sus usuarios en redes sociales, sus oportunos canales de youtube y sus cuativos periódicos. Aquí tienen panfletos de sobra. Y todos obedientes. O casi. Comprados todos estos cómplices manipuladores con dinero de todos los españoles. Con ese dinero que según los listos socialistas “cae del cielo”, no es de nadie y se puede gastar a destajo. Para sus caprichos, claro está. O para dar forma, color y sonido a sus mentiras.



Que los nuevos tiempos que vienen traerán tristeza, desconfianza, odio, discriminación, ruina económica y un profundo cambio social, es indudable. Casi todos sufriremos. Aunque siempre habrá impresentables que saquen provecho de la desgracia ajena. Inversores a la caza de gangas, intermediaros sin escrúpulos, productores de series, tele-operadores y, como no, políticos

Esos personajes preparados e eficientes elegidos por nosotros para dirigir nuestra nación. Algo que no debemos olvidar. Muchos les votaron. Igual tendrían que reflexionar un poco. Tiempo les sobra entre falsas ruedas de prensa, oportunas comedias y pestilentes arengas totalitarias.


¿Y si es el final?


P.D. Igual toca expulsar a los mercaderes del templo. Creo que hoy es el día.


miércoles, 25 de septiembre de 2019

La mentira sistemática


Lenin la patentó, la Segunda República la explotó,
ZP la revivió y Pedro Sánchez la institucionalizó.

Todos sabemos que la mentira nos rodea. Y que se trata de un arma infalible para conseguir los objetivos perseguidos. No se trata de nada nuevo, es algo que nos ha acompañado desde los albores de la civilización. Se mentía en la Edad de Piedra, tanto en el Paleolítico como en el Mesolítico y el Neolítico, Edad ésta en la que las mentiras ya se empezaron a pulir como las piedras, en la Edad del Bronce, en la Edad del Hierro, en la Antigua, en la Media, en la Moderna…, y desde entonces hasta nuestros días, hasta la Edad Contemporánea.  Cierto es también que, durante la evolución de las sociedades primitivas hasta nuestro mundo actual, la aparición de las religiones convirtió el hecho de mentir en algo malo, en un pecado (tampoco en todas las religiones ni en la misma medida), pero no por ello se ha conseguido erradicar ese mal que es parte intrínseca del ser humano.

No me arrogo ser versado en filosofía, más aún, no me precio de ser experto en nada, pero sí que entiendo que la evolución desde las edades oscuras hasta hoy en día ha traído consigo la aparición de valores morales o éticos, gracias sobre todo a las culturas griega y romana y en especial al cristianismo (que no al islamismo o al judaísmo, que por desgracia mantienen preceptos contrarios a la moral y la ética tal como la entendemos nosotros). Valores que han permitido el avance de la sociedad, la aparición de la moral, de la justicia, de la libertad, y con ello la mejora de la convivencia, en resumen, que han permitido llegar a donde estamos hoy en día.

Pero cuando ya habíamos dado el enorme salto cualitativo de pasar de ser seres primitivos, violentos, caníbales, promiscuos, falsos, egoístas y mentirosos, a convertirnos en personas cabales, con cierto grado de cultura y con una serie de valores superiores, como la lealtad, la honradez, la tolerancia, la fidelidad, el respeto, la solidaridad o la generosidad, por nombrar algunos, llegó la involución.

Y no me refiero a la Edad Media o a la Edad Moderna, ni pretendo hablar de la evolución social desde antes del nacimiento de Cristo hasta los siglos XVIII o XIX. Me vendría muy grande desgranar la historia de la humanidad. Doctos pensadores y millares de libros hay a los que podéis recurrir para entender “el perquè de tot plegat”, como decimos en Cataluña (el porqué de todo), o si queréis atajar podéis tirar del excelente aunque polémico resumen de Dietrich Schwanitz titulado “La cultura: todo lo que hay que saber” (un resumen en 816 páginas de TODO lo que hay que saber: según el autor, claro está); voy directamente al principios del siglo XX. 

Un siglo que abandonamos hace bien poco pero que sigue marcando nuestra realidad. A no ser que seas un “millennial” de las generaciones Y o Z y no te enteres de nada ni tengas interés por nada más que por consumir y disfrutar.

A lo que iba: a la mentira.

Como dijo (entre muchas otras barbaridades) el aborrecible Vladímir Ilich Uliánov, más conocido como Lenin, “la mentira es un arma revolucionaria”. Y tan pancho se quedó, arrastrando al mundo entero a la desgracia que aún sufrimos hoy en día. A la mentira como principal herramienta para llegar al poder, para mantenerse en él y para vivir como un rey a costa de los demás.

Esa maldita mentira que Lenin patentó, la Segunda República explotó, ZP revivió y Pedro Sánchez institucionalizó.

Para desgracia nuestra y de las futuras generaciones. Todo, absolutamente todo lo que dice y hace nuestro fraudulento, plagiador y enfermo presidente por accidente, es mentira. Desde que se levanta hasta que se acuesta en su cómodo colchón, durmiendo a pierna suelta junto su vaga y vividora señora, Pedro Sánchez no hace nada más que engañar. Hasta podríamos creer que miente más que respira. Miente a su partido, mientre a sus teóricos aliados, miente a la sociedad, miente al sol y a la luna, a las nubes que vigila su mentor y maestro ZP, a la UNO, a las dos y a las tres. Y lo peor de todo es que le importa un pepino. No tiene ni un ápice de moral o de vergüenza. Solamente existe un propósito en su vida: su ego. El YO en mayúsculas como objetivo único e intocable de su cómoda vida. Y la mentira como motor. Un motor muy, pero que muy contaminante. Acompañado de palmeros, mentirosos a tiempo parcial o total, y, sobre todo, de infinidad de espejos en los que admirarse a todas horas; su plan de negocio, su “roadmap” como gustan tanto soltar los consultores, su objetivo vital, su meta, son solamente uno: disfrutar, figurar, vivir del cuento y explotar al máximo los días que permanezca en este mundo.

No tiene miramientos, no tiene sentimientos, es un ser carente de cualquier valor, esos que detallaba más arriba y que nacieron fruto de una evolución de millares de años. Un avance social, cultural y humano que se fue al garete cuando apareció la izquierda y el tan mal llamado progresismo, y con ellos el hablar por hablar y el mentir como lema vital. Un progresismo que poco tiene que ver con el progreso. Es una vuelta atrás. Una involución. Estamos tirando por la borda siglos y siglos de avances. Y seguiremos igual si no le remediamos de alguna manera.

Pero no será tarea fácil: no hablamos solamente de Pedro “cumfraude” Sánchez. La inmensa mayoría de la clase “dirigente”, los políticos y sus lacayos, padece la misma enfermedad, miente igual y persigue los mismos objetivos.

La mentira está institucionalizada en la izquierda, en el centro, en gran parte de la derecha, en la recta y en la curva, en el nacionalismo, en el histerismo climático, en el revanchismo, en el guerracivilismo, en el veganismo, en el LGTBIsmo, en el periodismo, en el globalismo…, en todos los repugnantes “ismos” que poco a poco conseguirán devolvernos al sitio de dónde salimos: a las oscuras y frías cavernas.

Igual tiene que ser así.



viernes, 21 de diciembre de 2012

Feliz Navidad: mentiras around the clock


Nos rodean las mentiras. O la Mentira, en singular y prepotente presencia. Y no solamente durante todo el día, como digo en el título, más  bien cabría presentarla como un servicio disponible 24x7x365, al estilo de las teletiendas o los románticos, sinceros y tan “humanos” servicios de sexo telefónico.

Leyendo a mi admirado y siempre optimista Juan Carlos Girauta, en su “as usual” genial aportación (en el ABC de hoy) al despertar de la sociedad, no he podido más que dejar mi soledad social en el sofá, Iphone en ristre y hits de los ochenta sonando por los bafles, para dejar constancia de mi decepción (que no asco) creciente ante el mundo que nos rodea.

Sin lugar a dudas la cercanía de las fiestas navideñas aporta esa gota que colma el vaso de mi paciencia cada año, y ya han pasado bastantes lustros viviendo con la suficiente consciencia, casi tantos como versiones del discurso de Navidad de su “Majestad”  publicados en un canal de Youtube, para permitirme despotricar (en su completa acepción) de nuevo y con mucha rabia contra esta mentira de sociedad que hemos creado entre todos. Entre todos, pero algunos con más culpa, pero mucha más, que pobres mortales como yo (y como muchos más) cuya voz se ahoga en un blog desconocido o en un vaso de güisqui “on the rocks”.

Los culpables de la Mentira, de la manipulación, de la explotación, de la subordinación a los  intereses comerciales de multinacionales o a las siempre oscuras y egoístas intenciones mafiosas de instituciones, partidos políticos, fundaciones y demás organismos artificiales, contra natura y en nada representativos de la voluntad real de la sociedad, esos culpables están ahí, delante o más bien encima nuestro, dándonos lo que nos merecemos y por todos lados.

Políticos profesionales dedicados a la manipulación, la intriga, la negociación, la prevaricación, la defraudación, ocupados 365+ días al año  (y parte de sus noches) a la gran mentira mentada en el título. Para no hablar de banqueros corruptos, traficantes de órganos, de mujeres, de armas o de drogas, de caciques locales, "hijos de" ex y presidentes autonómicos o de dictadores sanguinarios.

Usar nuestra castiza y tan hispana expresión “Gato por liebre” se queda corto para describir esas 7x24 horas de mentiras que nos rodean, cual miles de señales radiofónicas cuyas frecuencias la mayoría de mentes no consiguen decodificar, y que convierten a gran parte de los ciudadanos en simple peleles en manos de planificadores de campañas publicitarias, diseñadores de atractivos (para ellos) fondos de inversión, consultoras internacionales, creadores de tendencia, políticos libertadores salvadores de la patria o aparentemente sensatos  gobernantes trajeados pero sin sangre en las venas y con nulas ganas de arreglar nada más que su propio futuro.

Desde nimiedades como el intolerable cartel de las cadenas televisivas anunciando “volvemos en 6 minutos” para machacarnos seguidamente con 10 o más minutos de anuncios manipuladores de mentes estrechas, hasta la suprema y gran mentira de llamar a nuestro sistema político democracia social y declararnos hombres libres e iguales, cualquier cosa que leas, veas, oigas (que no escuches), sientas, creas, huelas o intuyas habrá pasado antes por el embudo o el gestor de campañas informatizado de alguna intención, normalmente oscura, o como mínimo egoísta, del emisor de la misma.

Desde una promesa electoral jamás cumplida, pasando por la tan bien embebida “suprema necesidad”  de adquirir el último gadget, el interés de las preferentes prometido en tu banco de toda la vida o el fin del mundo maya,  hasta la insultante y tan cercana celebración de la Navidad como factor clave en cualquier cuenta de resultados de las empresas y generador de un porcentaje de ventas cercano al 70% anual en algunos negocios, olvidando y hasta ocultando el verdadero significado de estas fiestas, todo es vomitivo.

Pero es lo que hay. Lo que nos merecemos.

Si no lo evitamos. Y luchamos.

Feliz Navidad a todos. 


jueves, 23 de febrero de 2012

Queridos alumnos

Me dirijo a vosotros sabedor de que en vuestra inocencia juvenil no llegáis a ver toda la mentira que hay detrás de las actuaciones de los mayores. O mejor, para ser ecuánimes, de una parte de los mayores: no vayan a pagar ahora justos por pecadores y convirtamos a todos los adultos en falseadores de la realidad y agitadores profesionales. Sé a ciencia cierta que hay mucha gente de edad que trabaja duramente, que no miente, que no manipula, que no se inventa fallos en el funcionamiento de la calefacción y que no registra dominios en Internet referidos a hechos que aún no han sucedido. Como si viajaran en el tiempo montados en un haz de neutrinos. Aunque igual es justamente esto lo que están haciendo: superando la velocidad de la luz están volviendo atrás en el tiempo, a principios del siglo XX, y con ello a la manipulación, a la tergiversación pura y dura de la realidad y a la utilización de inocentes jóvenes para sus perversos objetivos. Objetivos estos que no son más que pataletas de niño enfado porque le han quitado la tarta de chocolate, es decir, le han quitado el poder, y con ello todos los privilegios de los que han gozado durante muchos años sin pegar ni sello.

No llego a entender que de golpe os creáis lo que os dicen algunos padres o profesores o que sigáis las consignas de personajes ajenos a vuestro instituto, vagos y maleantes profesionales, con sus rastas de rigor, sus perros esperando en la esquina mientras ellos os engatusan tocando la flauta, como si estuvierais en el pueblo de Hamelín. A no ser que estos “jóvenes” estudiantes de instituto de 23 y 24 años, identificados y detenidos en los pasados días, sean al mismo tiempo vuestros camellos. En ese caso tendríais la eximente de no querer acabar con vuestros principales “colegas” y hasta ídolos. Y eso lo entiendo: las funciones básicas de los institutos de hoy en día ya sabemos que son, gracias a los 8 años de desgobierno de ZP&Co., la educación sexual, o mejor llamarlo la incitación al sexo animal, a diestro y siniestro, sin importar con quién ni por qué ; el consumo de todo tipo de sustancias prohibidas “oficialmente” (por culpa del fascismo y el PP, claro está), pero recomendadas por vuestros simpáticos docentes y, cómo no, la revuelta callejera como distracción semanal ante el tedio de tener que estudiar temas tan carcas como la ética, la historia o la moral.

Tanto Internet, tanto WIFI gratuito, tantas apps para descargaros, tanto Whatsapp, tanto Twitter y tantos lectores de libros electrónicos vendidos en estos últimos meses (lo que debería de llevar asociado la carga de libros y su lectura), y no sois capaces de daros cuenta de que os están manipulando siniestramente pero que bien encaja aquí la palabra siniestro!), de que detrás de vuestro enfado, comprensible e igual hasta justificado en algunos casos, no hay nada más que la rabia de los desposeídos (del poder) y el aburrimiento de los perroflautas de turno que con la ola de frío necesitan urgentemente algo de fiesta, algún asalto a una tienda de ropa y algo de sangre para poder reclamar indemnizaciones, solidaridad y limosna y poder llegar sin sobresaltos a la primavera, al buen tiempo, las raves, la playa y la vida al sol que mejor brilla; mientras el resto de la sociedad, léase la derecha reaccionaria, la iglesia, los bancos, los empresarios o la gente de Intereconomía y del ABC, trabajan desde el amanecer hasta el ocaso para mantener el tren de vida, ocioso, inútil y siniestro de estas garrapatas de la sociedad.

Usad vuestra capacidad intelectual, intentad ser objetivos, navegad por una vez por Internet buscando algo más que música gratis, gadgets o ebooks que jamás leeréis, y repasad un poquito, aunque sea un ratito, entre caña y caña, entre porro y porro o entre asalto a tienda y destrozo de cristaleras, la historia de la manipulación de la izquierda, lo que fue el “Agitprop” bolchevique o la desfachatez y las mentiras continuas y públicas de los líderes sindicales y de los partidos de izquierdas en España y en el resto del mundo.

Dejad de ser marionetas en manos de personas que usan palabras bonitas, que juegan con vuestros sentimientos más nobles, para buscar simplemente su propio beneficio.

Sed objetivos, analizad la realidad, estudiad, comparad, contrastad, en resumen: sed personas inteligentes y no simples herramientas en manos de los manipuladores profesionales, de los descarados líderes sindicales que viven mejor que cualquier empresario, de los políticos derrotados y defenestrados en las urnas que de golpe no saben cómo mantener su antaño sobrado tren de vida y que de la noche a la mañana ya no respetan ni las instituciones, ni las leyes, ni la verdad. (Bien pensado la verdad no la han respetado nunca)

Despertad, o seréis carne de cañón, como en otras épocas, de la demagogia, de la mentira y de la desfachatez de la izquierda, aniquiladora, por definición y por demostración científica a lo largo ya de siglo y medio, del ser humano.

Atentamente

miércoles, 11 de enero de 2012

El oxímoron definitivo

Mi intención era titular este artículo “la madre de todos los oxímoron”, pero dado que no existe acuerdo sobre el plural de esta palabra, he preferido simplificarlo. Sin poner en duda la capacidad intelectual de vosotros, mis queridos lectores, y simplemente para refrescar esa habilidad de recordar ya tocada por los años, los excesos alcohólicos o (en el caso de los tan sorprendentemente bien pagados chóferes de la Junta de Andalucía) por los gastos en polvitos blancos subvencionados por todos nosotros, recuerdo a todos que un oxímoron es, según definición de la Real Academia, una “Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido”.

En nuestro lenguaje habitual existen ejemplos a raudales, tantos que en muchos casos ni nos damos cuenta de que en el fondo estamos diciendo una estupidez. O no me diréis que “silencio atronador”, “calma tensa”, “casi seguro”, “estimación precisa “, “mala suerte” o la muy actual “Keyboard not found, press any key", no son más que sandeces si se toman al pie de la letra, pero que adquieren su nuevo valor y sentido justamente por su combinación. Para los aficionados a las letras no puedo dejar de recomendar esta página web  que describe esta figura del lenguaje de forma completa y con tal cantidad de ejemplos que prefiero que deje de ser un “secreto a voces” y compartirla con vosotros. Yo he aprovechado el hallazgo de esta página para intercalar unos cuantos de ellos en este texto, algo que por lo menos me ha proporcionado un rato ameno e instructivo.

Como debéis de estar imaginando todos yo sigo con mis “obsesiones normales”, es decir, apuntando no ya con “fuego amigo” sino con toda la intención del mundo a la casta política, que sigue dando ejemplo, día a día, de cuan ruin y falsa puede llegar a ser una persona con tal de perpetuarse en el poder. Y aquí pueden recibir todos, sin que ninguno de ellos sea un “justo pecador” (Para esto ya tenemos a uno de los mejores grupos de música de nuestra piel de toro.). En todo el arco parlamentario, de izquierda a derecha, en todas las instituciones, desde el Palacio Real o el Congreso de Los Diputados hasta la última pedanía del más pequeño ayuntamiento de la más pobre y pequeña de nuestras autonomías, estamos rodeados de personajes que anteponen sus propios intereses a sus obligaciones, ya sean legales, familiares o morales.

Ese “egoísmo compartido” de la clase dominante, ya sea un yerno de un rey impuesto, un dirigente terrorista candidato al premio nobel de la paz, un nuevo ministro de economía que defiende una "banca ética", un presidente de Gobierno que guarda un “clamoroso silencio”, un presidente autonómico encausado o un beneficiario de un ERE falso, todos, absolutamente todos ellos, viven, progresan y se enriquecen a costa nuestra. A costa de los que les votamos, de los que pagamos impuestos, de los que trabajamos para garantizar su bienestar, y no el nuestro.

Esa “apuesta segura” en la que se ha convertido cualquier cargo público para poder mangonear produce en mi no una “calma tensa” sino una rabia indescriptible. ¿Dónde está esa “conciencia política”, esa entrega al servicio de los demás, que debería de suponerse a los representantes de los ciudadanos, que en el fondo no son nada más que las personas designadas por nosotros para desempeñar una función pública?

Y aquí no me dejo llevar por una “envidia sana”, no amigos, es mi idealismo juvenil y luchador el que me revuelve las tripas, me genera ardor de estómago y me impide sonreír o escribir bonitos y divertidos relatos para distracción de mis lectores. Es el asco que siento ante esta “justicia criminal” encarnada por hechos, cohechos, sentencias ficticias y prescripciones planificadas. Ante esa “luz oscura” que se ha apoderado de nuestro país en la que ya solamente brillan los ojos entristecidos de los “muertos vivientes” en lo que se están convirtiendo la mayoría de los ciudadanos mientras los políticos usan sus “mentiras piadosas” para pedir el voto y luego cambiar de opinión al vuelo, para decir que “menos es más”, que no sabían nada del “secreto a voces” y que todo lo que dijeron era “relativo”.

Relativo a su increíble capacidad de mentir, será. (O de pasar de "catalana a andaluza" en lo que canta un gallo, que también manda huevos.)

Esa clase política que con sus “verdaderas mentiras” nos ha hecho caer en la trampa del “yugo liberador” de la democracia. Anda que me río.


Y son ellos los destinatarios de este artículo, los del oxímoron definitivo, esos “políticos sinceros” que cuando llegan a casa después de sus duras “reuniones de trabajo” exclaman: “Ande yo caliente, y jódase la gente.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Idos a cagar


Ante la madre de todos los debates, es decir, en vísperas del histórico, único y decisivo debate en pro de la salvación de la patria española, andaba yo (y espero que algunos cientos de miles más), con la mosca detrás de la oreja. Aunque más que una mosca, por el ruido elevado, incesante y penetrante,  creo que se trataba de un moscardón, de aquellos que cazan abejas y arruinan la apicultura por donde pasan.

El “mainstreaming” oficial, el de los lobbys, léase los grandes partidos, los medios de comunicación afines, las instituciones financieras aliadas, las constructoras,  los gestores de gasolineras, los sastres, las oeneges , las fundaciones  sin ánimo de lucro, las sicavs y los demás centros de poder,  asociados todos ellos con el único fin de mantener su posición de privilegio ante el resto de la sociedad,  esa “corriente principal” ya había decidido de antemano quién, cómo y cuándo se celebraría el debate, el color de las corbatas, el modelo de mocasines, los temas que se abordarían y aquellos “problemillas” que se obviarían para no asustar y ahuyentar al votante.

Cualquiera de los columnistas de prestigio, (como por ejemplo hoy Jimenez Losantos y Raúl del Pozo), ha coincidido en destacar el absoluto vacío de esta absurda escenificación fruto del bipartidismo, de ese ente que hoy en día empezamos a llamar la “casta política”, que no lucha ya por arreglar algo, sino simplemente por el múltiplo en euros que le otorgará cada uno de los votos que robe al insensato, por poco preparado, elector.

¿Sinceramente alguien cree que sea de recibo que se gasten 80 millones de las antiguas pesetas en montar un escenario para que dos marionetas se enfrenten en un preparado debate hablando un poquitín de de todo,  menos de aquello que realmente importa?  Estoy por repasar el vídeo del debate para ampliar con el zoom al máximo la parte superior de la imagen y poder detectar los hilos casi invisibles de los titiriteros que movían las manos de uno, y los papeles del otro, mientras que el moderador ya ni necesitaba hilos, dado su papel meramente decorativo del magno evento.

Ya lo deja bien claro Losantos hoy en El Mundo: la corrupción, no existe en España. La sumisión a los terroristas, y con ello la derrota y humillación de las víctimas, tampoco. Para no hablar de desahucios, violencia en la calle, invasión de inmigrantes con nula intención de adaptarse, beneficios astronómicos de la banca y sueldos e indemnizaciones millonarias a sus peores gestores, o nepotismos de última hora, colocando a “corre-cuita”, como decimos aquí en  Cataluña, (aún España), hasta al primo más tonto, la prima más desaliñada y al cuñado más cleptómano, en cualquier puesto de las múltiples administraciones que sufrimos, en sus empresas asociadas o en embajadas tan exóticas que ni Tintín las visitará en las próximas secuelas de su gran película estrenada hace unas semanas.
Qué fácil es manipular cuando tienes la sartén por el mango. Qué bonito y entretenido es intercambiar cromos en el patio, una vez cada cuatro años, asumiendo hoy el papel  de opositor y mañana el de gobernante, como si se tratara de un simple juego infantil.  
Juego, al que por cierto, no dejan entrar a nadie más. No vayan a quedarse sin el placer y el poder de hacer y deshacer a su antojo.

Los demás, a verlo desde la barrera, desde el grupo mixto mezclados con etarras, enfermizos nazionalistas catalanes o incorregibles comunistas ciegos y sordos, desde  la cola del INEM o  el comedor de beneficencia, desde la cafetería del hospital, tiritando de frío  por no haber camas para el acompañante o desde cualquier lejano país al que han tenido que emigrar,como en los años 60, por carecer de futuro en su propia tierra.


Lo dicho,idos a cagar. (1)






(1). Verbo ir, según la RAE.