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lunes, 15 de junio de 2020

Y lloró la primavera


Y ahora todos los borregos corriendo sonrientes a la playa a lucir camisetas con la cara de Fernando Sermón  Es lo que toca. Imbéciles. 

El estado de alarma por el brote de COVID-19 se decretó el sábado 14 de marzo, con una duración inicial de 15 días. Aún era invierno. Desde ese momento se ha ido prorrogando a trompicones, a base de mentiras, datos falsos, improvisaciones, sucios pactos con naZionalistas y narcocomunistas y traiciones de partidos otrora constitucionalistas, ahora preocupados en sobrevivir a su propia inutilidad e indefinición a base de venderse al mejor postor. Al estilo del FDP alemán. No sirven para nada, pero siempre están ahí explotando su mínima representatividad social para seguir mamando de las ubres del Estado. Y encima con arrogancia y un sumo complejo de superioridad intelectual y moral. ¡Puaj!

Y con todo esto ya estamos virtualmente en verano, a falta de seis días para el solsticio estival.

Es por lo tanto el momento para preguntarnos qué fue de la primavera.
De esa estación del año que otrora significaba alegría, luz, renacimiento, siembra de tomates, pepinos, pimientos, berenjenas, maría y melones y, sobre todo, época de ilusión. Como dice la canción, ahora tocaba que volviera a reír la primavera. Pero por desgracia no llegaron las risas, sino los llantos. Los de los familiares de las víctimas de esta desgracia. Llantos estériles de miles de personas, de millones de ciudadanos, de toda una nación, salvo para algunos déspotas y sucios enfermos mentales como Ábalos y demás purria socialista, que han pasado esta época de teórico florecimiento convirtiéndola en una nueva estación de abyecta podredumbre, riéndose de nosotros y bailando sobre las tumbas de más de 50.000 compatriotas.
Tan panchos. Tan autocomplacientes. Tan arrogantes. Tan bien alimentados como los líderes de Podemos en Andalucía, los marqueses populistas en Galapagar o la tan trabajadora esposa del Fraudillo en su dorado retiro de Doñana. Con sus papis. Degustando marisco a destajo. No hay nada como pertenecer a la clase trabajadora. Y volar en Falcon. O en un Superpuma a 5.000 euros la hora.


Y el pueblo atontado a sus pies, alabándoles, defendiendo lo indefendible, diseñando camisetas con sus caras, apoyando con su estupidez borreguil el nada disimulado golpe de estado que han perpetrado mientras nos recluían en nuestras casas. Escuchando e interiorizando, inanes clavados en su sofá, las mentiras del gran hermano social-comunista desde sus múltiples canales de televisión. Casi todos. El 95% de la audiencia está en sus sucias manos. Por no hablar de la prensa subvencionada, las redes sociales controladas y los divergentes despedidos y silenciados. Así cualquiera hace y deshace a su antojo. Y en ello están.


Ahora toca reescribir la historia. La de la pandemia, la de España, la del mundo. Y por si acaso quedase algún ciudadano lúcido, ávido de verdad y justicia, escenifican (aquí y en el resto del mundo) una lucha contra un supuesto mundo racista y violento, lanzando a sus cachorros a la calle a apalizar, derribar estatuas, saquear y destrozar, y a sus peleles mediáticos, periodistas, deportistas analfabetos, “artistas”, influencers y el resto de los títeres, más manejables que el antiguo blandiblub, ahora llamado “Slime” para sentirse modernos y cosmopolitas. Para alinearse con el nivel de inglés de Pablo Iglesias. Que no es nivel. Es penoso. Es casposo. Es infantil. Es regre. Es querer y no poder. Es el reflejo de lo que son todos ellos: unos bocazas arrogantes. Que ni tienen doctorados, ni han trabajado nunca, ni creen en el pueblo, ni son clase obrera, ni buscan el bien común, ni tienen valor alguno. Ni saben idiomas. Ni el suyo mismo, como la ministra portavoz. Cuya oratoria parece sacada de una película española de serie B. O quizás C.

Una primavera que hemos pasados encerrados, en una cuarentena que de cuarenta solamente ha tenido la presencia de cuarenta ladrones. De cuarenta mentirosos. De cuarenta indecentes golpistas. Y de cientos de nombramientos bajo mano. Repartiéndose ministerios, altos cargos, prebendas, falsos contratos y abusivas comisiones.

Y ahora todos los borregos corriendo sonrientes a la playa a lucir camisetas con las caras de Ali Baba Sánchez, Salvador MentirijILLAs, Fernando Sermón y sus cuarenta secuaces. Es lo que toca. Imbéciles.

Se os tendría que caer la cara de vergüenza. A todos los que seguís a esta tropa de malnacidos, ignorantes y malvados populistas.


Y lloró la primavera.



lunes, 30 de marzo de 2020

Maquillaje


Sombra aquí, sombra allá
maquíllate maquíllate
un espejo de cristal
y mírate y mírate

No hay duda de que las canciones de los inolvidables años ochenta nos marcaron de por vida. Y que esta crisis sanitaria, económica y social lo volverá a hacer. ¿Y qué tiene que ver aquí el cerdo con la velocidad? (Me siento tentado a ponerle nombre al cerdo y detallar la velocidad a la que están destruyendo nuestra patria, pero no iba por aquí, “it’s up to you” de bautizar al cerdo).

Lo explico.

Por hache o por be desde ayer lleva dando vueltas por mi cada vez más cargado cerebro una canción de aquellos felices años ochenta: “Maquillaje” del grupo Mecano. Igual sonó en alguno de los episodios de “Cachitos de hierro y cromo” que he visto en estos quince días de forzado aislamiento, no lo sé. En cualquier caso, es bastante extraño asociar nuestro negro presente a una canción festiva, alegre, vital. O quizás no tanto. Veamos.

Todos sabemos lo que es el maquillaje y para qué sirve: para transformar la realidad. En la mayoría de los casos para mejorar el aspecto, en otros para representar un estado, profesión o sentimiento, otras veces para divertir o asustar y finalmente hay ocasiones en las que se utiliza para ocultar algo. Un defecto, una herida, un estado de ánimo o, de forma figurada, la traición, la maldad y la mentira. En resumen, el maquillaje es un falseamiento de la realidad.

¡De ahí la asociación!

Porque toda la información, todas las ruedas de prensa, todas las preguntas autorizadas, todas las fotografías, todas las imágenes en televisión, todos los artículos y comentarios en la prensa cautiva y dirigida, todos los mensajes viralizados (cuan apropiada la expresión) en las redes sociales por un ejército de descerebrados y bots de los maquiavélicos partidos golpistas, en resumen, TODO lo que nos está llegando está falseado. Toda la realidad que nos presentan está maquillada.

Y son maquillajes expertos, aplicados por profesionales, en todas sus variantes que cito arriba.

La cara de Pedro Sánchez, el “Enterrador”, que ha mutado en tres semanas de una alegría infantil mejorada con algunos filtros, esa moda tan extendida entre la juventud, pero tan poco apropiada para todo un “doctor” y presidente de gobierno, a una cara fúnebre y tristona, inspirada sin duda en “La familia Addams”. Su ejército de asesores, que no titiriteros, se han aplicado al máximo para adecuar la cara del enfermo egotista a las circunstancias. Ocultando algo. Falseando la realidad. Maquillado.



Las falsas ruedas de prensa, preparadas, dirigidas, en las que no se admiten interpelaciones, sino que se recitan cual letanías, junto a sus estudiadas y maquilladas respuestas, aquellas preguntas ya pactadas con los medios afines. Incluyendo, cuando hace falta, retoques de última hora al maquillaje en forma de correcciones a lo dicho por los oradores, datos o hechos no adecuados al guion y que hay que ocultar. El maestro de ceremonias, el titiritero detrás de la cortina, el secretario de estado de comunicación, Miguel Ángel Oliver, corrigiendo el colorete a tenientes generales, ministros o directores generales. Retocando la raya de los ojos de los presentes. Lo más normal en el mundo de la farándula. Perdón, política. Maquillando. Falseando la realidad.

Las noticias en televisión, que más parecen los boletines del festival de Woodstock, con imágenes “flower-power” abarcando toda la gama de colores del arcoíris, resaltando los verdes y azules de “felices” y “contentos” enfermeros cantando y bailando, sin un mínimo de grises o negros, sin imágenes de tristeza, de ataúdes, de familiares, de dolor, de rabia, de muerte. Si la mayoría de la población antes de este estado de alarma ya veía entre 6 y 8 horas diarias de telebasura, imaginad como tendrán hoy en día la cabeza los telespectadores, encerrados y metiéndose un mínimo de 16 horas de adoctrinamiento y atontamiento directamente en vena.
Abducidos por los maquillajes. Y con una imagen de la realidad falseada.


El hermetismo alrededor de la Moncloa, como si fuera el Área 51 hispana, sin que nadie sepa quién entra, quién sale, quién está, estuvo o estará infectado, quién reside en las instalaciones, quién maneja los hilos, quién manda. Maquillaje. Ocultación de la realidad.

Imágenes intolerables del impresentable, zafio y risueño ministro Ábalos, bromas continuas e inapropiadas en los programas de telemoncloa cuyo contenido y guion sale de la misma cocina que las preguntas y respuestas en las falsas ruedas de prensa. Más que maquillaje, vergüenza.

Canciones a cuál más cursi de los “intelectuales” y “músicos” afectos al sistema, con la mayoría de la audiencia embelesada como un niño por los colores de la cara de un gracioso payaso. Tan atontados y manipulados que se creen el discurso, las cifras y las promesas y por la tanto evitan, consciente o inconsciente, conocer la verdad y pedir justicia.
Sálvese aquí la bonita canción “Resistiré”, versionada en quince días más veces que el “Let it be” de los Beatles. Esa melodía original del “Dúo Dinámico” que sin duda ya ha pasado a convertirse en un himno, como si fuera el “Libertad sin ira” de Jarcha de finales de los años 70, aunque ahora no la canten aquellos que creían y luchaban por la libertad, sino sus hermanos pequeños y hasta sus hijos, esos que ahora nos la están robando (la libertad) pasito a pasito, desde un chapucero y peligroso gobierno de inútiles, peleles, figuras de cera colocadas por ser parte de pactos bajo mano, golpistas e iletrados. Esperemos que vuelva esa libertad. Y esta vez con ira. Canción versionada. Por ende, maquillada.

Mientras tanto, el enfermo Pedro Sánchez, el verdadero virus, el egovirus, que parece un niño mimado al que se le ha corrido el rímel con sus falsas lágrimas y echa la culpa de todo a los demás, como bien decía el amigo Jorge Buxadé en un reciente tuit, seguirá mirándose al espejo. Y sus cómplices se aliebrarán cual cobardes ratas, escondidos en sus chalés, en sus palacios, en sus segundas y amplias residencias. Y cobrando las dietas por desplazamiento.




Sombra aquí, sombra allá
maquíllate maquíllate
un espejo de cristal
y mírate y mírate
mírate y mírate…


Impostura. Mentira. Maquillaje.



P.D. He leído por ahí un artículo sobre la “huella psicológica” que dejará la cuarentena en todos nosotros. Yo sinceramente espero que dicha huella no sea nada comparada con el despertar en el corazón y en el cerebro del noble pueblo español de una súbita necesidad de verdad, de razón y de justicia, y con ello la exigencia de responsabilidades. Ya no políticas. Penales. Sin ninguna duda. Ni olvido ni perdono.


martes, 19 de marzo de 2019

Operación lejía


Ya estamos. A los que tenemos un mínimo de intelecto y cultura y conocemos el objetivo último que persigue cualquier político, la operación de blanqueo de los golpistas separatistas no nos sorprende un ápice. Y por mucho que me repita y algunos conocidos me llamen cansino, hay que proclamarlo a los cuatro vientos, cien veces, o mil, hasta que todo el mundo lo entienda: los políticos no son personas altruistas y preparadas que se ponen al servicio de la sociedad que los elige por sus capacidades y sus buenas intenciones. Por lo menos no lo son los políticos al uso, léase los socialistos, los blandengues populares, los populistas manipuladores, los patéticos comunistas o los mentirosos, poseídos y racistas nacionalistas. Todos estos grupos de vividores que se agrupan alrededor de una bandera sin historia, un logotipo infantil, una historia milenaria inventada, una herencia manipulada, un falso mandamiento de la sociedad, una veleta anaranjada al viento, un ridículo himno o veinte promesas que no piensan cumplir, no pretenden otra cosa que o bien mantenerse en el poder o bien llegar a él. Y sanseacabó.

Obviamente (por ahora) no existe solución a este grave problema. En las falsamente llamadas “democracias” occidentales, los que mandan no son los ciudadanos con sus votos: mandan los lobbies, ya sean económicos (la banca y las multinacionales) o políticos (los partidos políticos y sus matrices internacionales), que utilizando los medios de comunicación cautivos y los amplios resortes del poder que les entregamos como borregos cada tantos años en esa simulación de libertad que llaman elecciones, se perpetúan en el poder, manteniendo así su hegemonía social y económica mientras se ríen en nuestra cara día tras día.

Cientos de veces habré hablado y escrito sobre el valor añadido de un político, sobre ese cero a la izquierda que representan estos tan bien pagados “intermediarios” entre el ser humano, la voluntad popular, las necesidades de la sociedad y las actuaciones reales para mejorar la vida de las personas. 

¿Qué aporta un político al bien común?
¿Una buena gestión de los recursos de un país?
¿Una buena dirección de las empresas públicas en aras de mejorar las condiciones de vida de la población?
¿Un esfuerzo diario por mejorar y con ello ayudar al resto de la sociedad?

Anda ya. Eso lo hacían los dirigentes en la antigua Grecia, o los buenos reyes (que los hubo), o los tribunos romanos antes del declive del Imperio Romano (al que debemos tantas cosas, por cierto), o los buenos pastores de la Iglesia (que los hubo y los sigue habiendo), antes de su conversión en enfermos dictadores, minoritarios pero asquerosos pederastas, déspotas iluminados o revolucionarios trasnochados.

Hoy en día no queda nadie bueno de verdad, salvo algunos misioneros en remotos países, expuestos a ser degollados por integristas sin que a la sociedad occidental le importe un pimiento (el mismo día de la masacre en Nueva Zelanda murieron asesinados 200 y pico cristianos a manos de islamistas y nadie se hizo eco de ello), algún que otro profesor de pueblo lleno de bondad e ideales, una decena de periodistas independientes, un puñado de intelectuales desconocidos por la amplia mayoría de la sociedad y que predican en el desierto intelectual en el que se ha convertido el mundo occidental y quizás una pequeña parte de la juventud que parece que se está despertando y que pretende rebelarse contra la mediocridad general, el letargo de la sociedad y la inacción de la anterior generación. Sin olvidarnos de los amigos de verdad, los camareros de los bares, los sumilleres en los restaurantes y los cocineros que preparan un buen arroz, que son la única reserva cultural, espiritual y social que nos queda.

Por lo demás, un pozo negro.  Y que encima pretenden blanquear ahora que estamos en periodo electoral. Lo que podríamos llamar “operación lejía”. O para ser más creativos “Operación Conejo”, por ser dicha marca la primera lejía que se hizo popular en nuestro país allá por el 1889, hace nada menos que 130 años.  Época para más inri de nefasto recuerdo, de la Regencia, del Pacto del Pardo, de inestabilidad, de corrupción…, en resumen, de preludio a las desgracias que derivaron de todo ello, la pérdida de las últimas provincias de ultramar, la Semana Trágica de Barcelona, la huelga de 1917 y finalmente la maldita segunda república, el golpe de estado de la izquierda asesina y genocida y el levantamiento militar de los últimos patriotas para salvar los pocos muebles que quedaban enteros en nuestra patria.

Pues así andamos de nuevo, en esa inexorable repetición de los mismos errores. De dejarnos embaucar por los intermediarios, los políticos, para al final salir perdiendo.

Los golpistas catalanes están ya a remojo en los barriles de lejía que han situado en todas las estratégicas esquinas de la piel de toro. En Cibeles, en las maniobras de Sociedad Civil Catalana, en el Orinal (también llamado Nou Camp), en las interferencias masónicas del gabacho Valls en la política española, en el descafeinado juicio por el “procés” que acabará sin duda en generosos indultos o en las maquiavélicas intenciones del PSOE de Sánchez y su afán por alargar su estancia en la Moncloa a costa de desmembrar lo que queda de España.

Al racista PNV le darán lo que haga falta, sea quien sea el que se lleve el pato al agua el 28 de abril. El PP de Galicia está emulando lo peor de CiU en Cataluña, apartando la lengua mayoritaria y común de la sociedad para ganarse los favores de los enfermos nacionalistas, en Valencia llevan tiempo intentando ser más estúpidos que los separatistas catalanes (y están a punto de conseguirlo), en Andalucía todas las promesas de los veletas de Ciudadanos y los inanes dirigentes populares han caído en saco roto y en el resto de España la sociedad solamente está pendiente del calendario laboral y del próximo puente que puedan disfrutar en nuestras costas, prados, valles o montañas.
Cerrando los ojos a la triste realidad. Ojos que no ven, corazón que no siente. Como no entiendo y no me interesa la política, pues nada, a ver la tele, a consumir y a vivir que son dos días.

Y aprovechándose de esta sociedad aletargada y carente de intelecto, los malditos partidos ficharán a cualquier figura que les pueda aportar esos cuatro votos que les faltan para conseguir su sueño dorado, su concejalía en un ayuntamiento, su asiento en el parlamento autonómico o su escaño en el Congreso o en el Senado. Desde actores, pasando por militares de uno u otro signo, deportistas, astronautas, músicos o “influencers” (antes llamados cantamañanas). Cualquier personajillo, personaje o hasta eminencia es útil para alcanzar sus últimos y únicos objetivos: vivir bien, ganarse una pensión vitalicia y observar el hundimiento de una de las naciones que más han aportado a la historia del mundo desde la barrera, con un libro plagiado, una carrera no estudiada, un master inexistente, un currículum hinchado, una mansión en Waterloo, unas embajadas inventadas e ilegales en Europa y los EE.UU., un chalet en la sierra o en la costa y un coche oficial o un avión a su disposición. Cada uno con sus caprichos, sus obsesiones, sus anhelos y sus locuras.

¿Y aún os creéis que alguno de todos estos lamentables y nefastos actores llamados políticos buscan el bien común?

Yo no me creo nada. Sigo siendo, como tantos otros, una humilde “vox clamantis in deserto”.  En ese desierto que cada ene años intentan blanquear con lejía para ocultar la realidad. En ese maldito "año del conejo” que estamos viviendo. Ni que fuéramos chinos. Y nos vuelvan a engañar como les sucedió a ellos en el Perú del siglo XIX (y ahora nos están devolviendo a base de productos falsificados, gato por liebre en los platos, sonrisas engañosas y una lenta pero continua colonización dirigida por el poder de Pekín).

jueves, 26 de abril de 2018

Agotados de esperar el fin


Viejas caras, nuevas caras,
pero las mismas cabezas.
¿Qué les empujará?
No viven, solo esperan.
Están agotados de esperar.

Du sollst mit dem Tode zufrieden sein,
Warum machst du dir das Leben zur Pein?

Decía Goethe en uno de sus famosos aforismos: “Confórmate con la muerte y no conviertas tu vida en una tortura”. 
¡Qué fácil decirlo y qué difícil cumplirlo! Tan difícil que ni el genio alemán siguió su propia recomendación de acelerar su muerte y aguantó vivito y coleando hasta los 82 años para morir de un vulgar infarto.
Maldita y cíclica es la desesperación que nos ataca de tanto en tanto. De pequeños, de jóvenes, de adultos, de ancianos: no hay edad en la que por hache o por be de golpe nos sentimos vacíos, cansados, vagando sin rumbo, buscando razones a la sinrazón, maldiciendo a diestro y siniestro, renegando de la vida, de los amigos, del clima, del tráfico, de la supuesta cerveza que nos han querido colar en un bar y de la última rubia que vino a probar el asiento de atrás.

Pero hay cosas peores. Mucho peores. Porque nuestra desesperación, la del yoyó, la del materialista y exagerado egocentrismo, se ha convertido en un mal general. Ya no somos personas individuales que estamos hartas de esperar el fin, es la sociedad en su totalidad la que deambula por este planeta antaño llamado azul, implorando que llegue el anunciado apocalipsis cuanto antes. Un planeta negruzco, lleno de humo, de maldad, de sombras, de penumbra, de nubarrones oscuros que tornan el precioso azul celestial y el verde del mar en una amalgama de grisáceas mentiras y negras realidades.

Solamente hay que fijarse en las absurdas y rocambolescas historias que estamos viviendo hoy en día en Cataluña y en el resto de España: empezando por el cuento del “prusés” y el maldito montaje separatista, que no es más que una burda campaña para encubrir 30 largos años de latrocinio, pasando por la nueva historia española y mundial (esa desmemoria histérica) que cuatro lelos mal formados están redactando a toda prisa para justificar la inversión de la verdad con un “donde dije digo, digo Diego”; los tejemanejes, las rencillas, las mentiras y las puñaladas traperas de una clase política y unos sindicatos que obviamente no representan a nadie desde hace muchos años; la existencia de cargos públicos muy bien pagados pero con menos cerebro que el pulpo Paul, como Echenique, Colau, Rufián, Tardá, Pablo Iglesias y su concubina Irene Montero, o cualquier otro de los 350 diputados del Congreso, los 266 senadores y los miles de alcaldes y concejales. ¡Qué aquí no se salva ni el tato!

Dejémonos de siglas, de ideologías y de banderas. Son todos de la misma banda: ni los hermanos Dalton, ni Ali Babá y los 40 ladrones, ni Al Capone, ni el Lute, ni el Vaquilla, ni el Dioni, ni Ruiz Mateos y su prole, ni los líderes de la nefasta, asesina y ladrona Segunda República Española, ni los mangantes de Matesa o del Fórum Filatélico, ni Idi Amín en su peor época, ni las tan abundantes y falsas oenegés de foto lacrimógena (y seguro que falsa), comida y comisión: ninguna de estas bandas de malhechores llega al nivel de la chusma que nos dirige, manipula y roba hoy en día. De forma estructurada, normalizada, jerarquizada y supuestamente elegida por nosotros, el estado, la clase política y su entramado político-financiero-asociado-interesado nos llevan por donde quieren, se ríen de nosotros en sus reuniones de trabajo, sus consejos de administración, sus congresos, sus comisiones, sus cursos de formación, sus falsas primarias, sus sesiones de coaching ejecutivo, sus viajes solidarios…es decir, en sus continuas fiestas y bacanales, y cada tantos años se disfrazan de corderitos para soltar sus cuatro frases infantiles (pero adecuadas y dirigidas a esta nuestra sociedad inculta e idiotizada), para seguir viviendo unos años más (y mejor) a costa nuestra.

Nuestro día a día en esta sociedad tan enferma se reduce al sensacionalismo, al meme del día, a lo superficial, a lo efímero. Al clásico “y yo más” y el “y tú qué”, a denunciar a tu mejor amigo para ganarte el favor de alguien, a guardar vídeos o información comprometida para poder chantajear en el momento oportuno, a mentir sin pudor alguno ante los cómplices medios de comunicación (cuando no instigados y dirigidos directamente por ellos y su imperiosa necesidad de ganar audiencia), a cambiar de bancada, de bandera, de religión y hasta de sexo por un par de duros y algún enchufe de provecho (en esta triste Expaña cambiamos de todo menos de equipo de fútbol, esa sagrada fe patria que está por encima de todo lo demás). Así nos va.

Nuestro día a día gira en torno a todo lo superfluo, cuando la vida de un ser humano en una sociedad teóricamente avanzada debería de centrarse en valores eternos, en el amor al prójimo, en la familia, en la cultura, en la ciencia, en la música, en el honor, en la solidaridad, en la generosidad, en la empatía, en la aportación de algunos granos de arena al bien común.

¿El bien común? A quién cojones le importa el bien común. De lo que se trata es de vivir lo mejor posible… y a poder ser sin trabajar. Poca diferencia hay hoy en día entre los mafiosos, los delincuentes profesionales, los pícaros de toda la vida, los embaucadores, los vividores y los cientos de miles de políticos que pasean sus cochazos y sus modelitos (comprados con el sudor de nuestra frente y nuestros impuestos) por nuestra sagrada tierra, soltando nauseabundas y variables mentiras, cual veletas en lo alto del campanario. Y si sumamos a toda esta cohorte de garrapatas de la sociedad a los líderes del entramado económico, a los poderes ocultos de la banca internacional, a la masonería, a los organizadores de Eurovisión y a los burdos cantantes que nos representan este año, a los dictadores de Bruselas y su falsa Europa, a los bares que sirven Heineken o a los estados racistas e imperialistas. ¿Qué bien común vamos a encontrar? Cero patatero.

No vivimos, solo esperamos. Estamos agotados de esperar.

P.D. Pero mientras esperamos y desesperamos siempre podemos intentar hacer sonreír a alguien, beber una o varias cervezas de verdad, escuchar unas buenas canciones y conocer a personas que aportan algo a la sociedad. Como nos pasó por ejemplo el otro día en una clase / exhibición de swing.  O en el entrañable bar la Isla. Valor añadido.


martes, 3 de octubre de 2017

Cataluña: un estado de mendacidad permanente

Busco un centro de gravedad permanente
que no varíe lo que ahora pienso
de las cosas, de la gente,
yo necesito un
centro di gravità permanente
che non mi faccia mai cambiare idea
sulle cose, sulla gente.
Over and over again.

Cuando el bueno de Franco Battiato publicó esta canción, en el año 1981 del siglo pasado, nuestra querida Cataluña ya tenía al lobo en casa. Desde el fatídico 25 de octubre de 1979, día en el que las inocentes y ciegas ovejas catalanas aprobaron el Estatuto de Sau con un 88,15% de los votos (eso sí, con una participación que no llegó al 60%), hasta hoy, año del señor de 2017, la mentira, la manipulación y la expoliación han regido en nuestra región, sin que nada ni nadie lo haya impedido, o peor aún, lo haya querido impedir.
Y cuando, en octubre de 1979, un hombre nefasto, que se llama Jordi Pujol i Soley, accedió al cargo de President de la Generalitat, dejó de ser la verdad política una entidad permanente. Y no solo la verdad política: también la economía y la historia pasaron a ser simples herramientas de manipulación y explotación del pueblo catalán, y por ende español, en manos de una clase dirigente que ni George Orwell hubiera sido capaz de imaginar.

Hablamos pues de 38 años, TREINTA Y OCHO, dos más de lo que duró la tan manida (y tergiversada y vilipendiada) “dictadura” de Francisco Franco. Atención: aquí no estoy defendiendo el régimen anterior. ¡Válgame Dios, no vayan a llamarme facha! Simplemente lo he dejado caer para que algunos abran los ojos, se los froten un par de veces y se den cuenta del tiempo que llevamos viviendo bajo un régimen tóxico, falso, manipulador, reaccionario, intolerante, racista, clasista y, sobre todo, anticatalán.

Cuando en ese fatídico año 1979 una parte del pueblo de Cataluña cometió la torpeza de dejar en manos de los “nazionalistos” el destino de una de las regiones más prósperas y trabajadoras de España, el suicidio colectivo fue un hecho, y el camino quedó libre de obstáculos para que unas cuantas familias de la burguesía catalana tomaran las riendas de nuestra tierra e iniciaran la explotación sistemática de la población, disfrazando todo ello con rebuscadas leyendas, una historia manipulada, bancos opacos, herencias inexistentes, palabras huecas, banderas inventadas o partidistas, clubes de fútbol utilizados, himnos sensibleros, bailes regionales rescatados del olvido y demás estrategias de manipulación tan clásicas en cualquier dictadura.

Las prisas que se dieron en conseguir las competencias en educación y en crear un monstruo de la comunicación como la CCRTV (la empresa matriz de TV3%) tenían un claro objetivo: lavar el cerebro a las generaciones del presente y del futuro. A las del presente con un bombardeo continuo de mentiras y medias verdades, remarcando a cada segundo la maldad de los de “fuera” (sobre todo de Madrid como símbolo de España), y a las proles del futuro con un sistema educativo sin rigor, tergiversador de la historia hasta límites insospechables.

No voy a seguir describiendo estos terribles 38 años. No creo que haga falta. Ahí están las hemerotecas, los estudios, los libros, las sentencias judiciales, el listado de corruptos, encausados y presos por regiones, en definitiva, la desgraciada historia de Cataluña. Saltaré directamente a nuestros días. 

A hoy, 3 de octubre de 2017, dos días después del enésimo golpe de estado separatista. Un golpe de estado que la bien engrasada maquinaria de la dictadura nazionalista ha sido capaz de vender al dócil y sometido pueblo catalán como un referéndum hacia la libertad, y a algunos medios extranjeros como si hubiera sido una petición real y mayoritaria de una población que sufre un durísimo calvario bajo el yugo explotador de España.



¿Catalanes, cómo podéis ser tan ingenuos?

¿En una sociedad tan global, conectada, con un acceso ilimitado a todos los medios del mundo, a los libros de historia, a hemerotecas, a universidades…no sois capaces de investigar un poco, de utilizar vuestro intelecto, de analizar lo que os dicen antes de creeros todo a pie juntillas cual niños de primaria?

Amigos míos, familiares, ex-familiares, conocidos: cuántos de vosotros habéis caído ya bajo los influjos de la burundanga nazionalista y estáis realmente convencidos de lo que predican los mangantes nacionalistas.




¿Cómo puede ser que no veáis lo que está pasando, lo que traman en sus pérfidas mentes los dirigentes actuales?

Sois simplemente la carne de cañón, las ovejas que utiliza el lobo disfrazado de pastor para seguir llenando sus bolsillos a costa vuestra. O, si no puede seguir llenándolos porque dentro de unos meses se acaba el secreto bancario en Andorra, por lo menos mantener lo que ya ha arramblado en estos negros 38 años de falsa libertad, de haceros “somiar truites” mientras se llevan vuestro dinero ganado a pulso con sangre, sudor y lágrimas, para llenar sus inmensas y malolientes arcas.

Imputados por corrupción por regiones
Como hicieron antes sus padres, abuelos y bisabuelos. Traficando con esclavos en épocas pasadas, vendiéndose al mejor postor a cambio de valiosas competencias posteriormente y directamente robando a destajo en los últimos años a base de comisiones, desfalcos y demás latrocinios.

Desafiando a la justicia, a la razón, utilizando todos los resortes del poder para ocultar la vergonzosa realidad.

Enviando sin miramientos al matadero legal a ciudadanos, profesores, policías, funcionarios y políticos subordinados. Riéndose a vuestras espaldas mientras cuentan sus doblones en paraísos fiscales.

¡Catalanes, despertad!
¡Entrad en batalla al grito de “Desperta Ferro” como hicieron en épocas gloriosas los almogávares!
¡Entrad a degüello, liberaos de la dictadura nacionalista, sed catalanes, españoles y europeos de verdad, sed libres!

Vivo en un estado de mendacidad permanente
que no varíe lo que ahora tengo
de las cosas, de la gente,
yo necesito un
centro di falsità permanente
che non mi faccia mai cambiare idea
sulle cose, sulla gente.

Over and over again.

lunes, 21 de agosto de 2017

Si fuera malpensado

Analizando la información sobre los recientes atentados islamistas en Barcelona y Cambrils, es decir, en España, tengo muchas, pero muchas, dudas. Y no hablo solamente de un análisis de la información sesgada que nos puedan dar los distintos medios politizados de nuestro país, los de un lado y los de otro, hablo de la información global, la de la prensa extranjera, la de particulares en las redes sociales, la de las grandes agencias de noticias y la de las televisiones públicas de los demás países europeos (no incluyo a la televisión mexicana por razones obvias, aunque ya me gustaría que fuera la más acertada).

Estamos ante otro 11-M, ante otra crueldad terrorista de la que al parecer solamente importa sacar réditos políticos. En este caso no son el PSOE y el PP los que luchan sobre el ring cubierto de sangre de hombres, mujeres y niños, por ganar asalto a asalto su particular combate para alcanzar mayores cuotas de poder; esta vez se trata de la eterna y cansina lucha de los minoritarios pero listos separatistas catalanes y de los sucios antisistema de la CUP por dar una imagen de estado autónomo, de capacidad policial y de independencia de España ante los medios extranjeros, a costa del sufrimiento innecesario y atroz de las víctimas, sus familiares y el conjunto de la población.

No han pasado ni 3 días del “misterio” de Alcanar, de la matanza de la Ramblas, de la huida por la diagonal de un terrorista y de la valerosa actuación de un ex legionario en Cambrils, y ya tenemos ante nosotros un gran saco de incongruencias, medias verdades, rectificaciones, falsedades, invenciones, manipulaciones, ocultaciones y demás actos de desinformación claramente interesados; todo ello urdido en las cloacas del nacionalismo catalán, en los vergonzosos acuerdos con los ocupas antisistema y en las mentes enfermizas y limitadas de los líderes del “prusés”.

No entraré en detalles, cada cual es libre de leer, contrastar y analizar todo lo que se ha dicho hasta el momento, o de coger un bolígrafo y un folio e intentar cuadrar cual joven estudiante la información recibida con los hechos conocidos (mi amigo Jorge Belsa resume algunos puntos aquí).
Cualquiera que haga este ejercicio y tenga un poco de inteligencia, es decir, si está por encima de esa “media española” que se cree a pies juntillas cualquier sandez que oiga por televisión, sobre todo si sale de las manipuladoras cadenas populistas como la Secta o TV3, verá con toda claridad que aquí no cuadra nada, que los hechos se adaptan al relato posterior y no a la inversa. Es decir, tergiversación. O “nueva historia”.
Algo nada nuevo ni sorprendente en esta Cataluña que tanto quiero y que cada vez añoro menos.

Y como bien dice Cayetana Álvarez de Toledo hoy en su columna, tengo miedo. 
Y mucho. 
Porque los únicos que no tienen miedo son los tontos y los imbéciles.


¡Malditos seáis, mentirosos y manipuladores!


P.D. Para muestra un botón: este video emitido en varias cadenas de televisión el mismo jueves muestra en teoría a los Mossos entrando en el mercado de la Boquería a la caza de un terrorista huido. Y yo me pregunto 2 cosas:
¿Cómo es que tenían ya un compañero dentro preparado para filmar desde el mejor ángulo?
¿Cómo consiguieron dejar el mercado de la Boquería vacío, ordenado y limpio como un quirófano cuando el mercado cierra normalmente a las 20:30 y lo desalojaron a toda velocidad después de los sangrientos hechos?
Corrijo por haber recibido más información de fuentes fidedignas: de Mossos nada, son agentes de la UPAS de la Guardia Urbana.
Aún así la limpieza del lugar me extraña. En breve tendré la respuesta. O no. Duda y acertarás.





martes, 14 de marzo de 2017

La historia os juzgará

Por muchas mentiras que nos cuenten en el presente que (por desgracia) vivimos, por muchas falsedades cortoplacistas que se inventen los mangantes de turno, al final la historia pone a cada en su sitio. Y más aún en la actualidad, en una época de digitalización absoluta en la que todo lo que sucede queda registrado, grabado, copiado y archivado en soportes accesibles a todo el mundo y, sobre todo,  carentes de caducidad física. O casi.

¿Pero nos servirá de algo? ¿Qué nos importará como individuos que se descubra algún hecho manipulado en otros tiempos, si no llegaremos a ver a los culpables condenados o a los inocentes absueltos?

Pues mira por donde, yo creo que servirá de algo. Por lo menos nuestros hijos, nietos o biznietos podrán algún día respirar tranquilos y ver que no estábamos locos y que los malos eran otros. Se tarde unos meses, años o siglos. Y desde el cielo los luceros de los que ya se fueron, nosotros incluidos, brillarán de alegría por ver triunfar la verdad. Y eso ya vale mucho.

Vienen a cuento estas reflexiones por varias razones, todas ellas de peso. Tenemos por un lado las graves mentiras del 11-M, el peor atentado terrorista sufrido por Europa en los últimos decenios. Hay que remontarse a los bombardeos aliados sobre Yugoslavia en 1999 o a la bárbara destrucción de ciudades japonesas y alemanas (Hamburgo, Dresden, Hiroshima, Nagasaki) por parte de los mismos adalides de la libertad en los estertores de la Segunda Guerra Mundial, para encontrar un hecho similar. Y cruel. Y cargado de falsedades. Y manipulado hasta la saciedad por aquellos que ostentan el poder. Ya sea político o mediático. O ambas cosas. Trece años han pasado ya, con los pocos inculpados puestos en libertad, las pruebas sin aparecer, el relato oficial sin tener sentido y la justicia brillando por su ausencia.

Pero tiempo al tiempo. En España hay suficientes personas enteras, luchadoras, nobles, constantes e idealistas que seguirán investigando.  Por la justicia. Por la verdad.

Como han hecho los investigadores Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García, que acaban de publicar el libro “1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular”, exhaustivo y profesional estudio de las bien localizadas y, esta vez sí, documentadas y cuantificadas manipulaciones de las elecciones de 1936 por parte del Frente Popular (es decir, la gran farsa comunista que precipitó una justa reacción militar ante el golpe de estado que habían perpetrado las huestes del mal). No desgranaré detalles del libro (algo imposible, por cierto, ya que sale al mercado hoy mismo), ni repetiré lo que ya han escrito plumas serias sobre el tema, o han comentado preparadas y cultas autoridades en la materia en las pocas emisoras radiofónicas serias que quedan en España. Simplemente dejo caer, como ya digo al principio de este comentario: al final la historia pone a cada uno su sitio.

Para no hablar por otro lado de la famosa “Leyenda Negra” que pesa sobre la historia de España, leyenda inventada, sacada de contexto, exagerada y manipulada por los históricos enemigos de España (los ingleses, los holandeses y los protestantes a la cabeza), que con máximo detalle desmonta página tras página Elvira Roca Barea en su último libro “Imperiofobia y Leyenda Negra”.  Dejando al descubierto que el supuesto “genocidio” perpetrado por los españoles durante el descubrimiento y la conquista de América no es más que una gran y bien elaborada mentira de los demás países, celosos del éxito español e incapaces de aportar a la historia universal algo tan bonito, valioso y duradero como la hispanidad.

O quizás valdría nombrar a la “Santa Inquisición”, parte de dicha leyenda negra, institución tan seria, avanzada y justa que en 260 años solamente condenó al 1,8% de las personas imputadas en los 44.674 juicios celebrados. En Inglaterra durante un periodo similar condenaron a muerte a más de 260.000 personas. Y en Alemania quemaron a decenas de miles de brujas aún en menos tiempo.

Pero claro, los malos fueron los españoles. Que viene el coco. O el Duque de Alba, “amenaza” que aún se cierne sobre los niños holandeses si no se compartan o se niegan a ir a la cama.

Y viene a cuento este comentario, sobre todo, por las constantes, continuadas y cansinas mentiras de los principales “actores” de este nefasto presente que estamos viviendo en España: los Iglesias, Monedero, Echenique, Otegui, Cifuentes, Zapatero, Rajoy, Sánchez, Bárcenas, Toledo, Bono, Wyoming, Maestre, Cristina, Urgandarin, Montero, Soraya, Mas, Pujol, Luis Enrique, Aytekin… esa lista interminable de embaucadores, con sus medios afines liderando la gran estafa, dejándonos en herencia un sinfín de medias verdades, horrendas mentiras, baratas manipulaciones y vomitivas actuaciones, todo ello llana y simplemente para cubrir su falta de valores, proteger su único y principal objetivo, el poder y el dinero, ocultar su carencia de ética y, obviamente, su desconocimiento absoluto de la estética.


Pero, malditos todos, que sepáis: la historia os juzgará.




domingo, 30 de junio de 2013

Ética y estética

Por muy manida, estudiada, descompuesta o interpretada  que esté la expresión “ética y estética”, análisis al que por razones obvias no me puedo sumar por no llegar ni por asomo a la capacidad intelectual necesaria para ello, el artículo de hoy del admirado Juan Carlos Girauta en ABC me ha inspirado para hablar un poco de estos dos conceptos.


Más aún cuando he llegado al párrafo final, en el que escribe: “Estamos hablando de nacionalismo, o sea: oscuridad, rechazo a la Ilustración (fotofobia), tendencia al bosque, a la noche cerrada, al excursionismo paramilitar, a los trasgos y endriagos, a las fogatas y a las guitarras mal tocadas, a los castillos incendiados, a las tempestades y a los naufragios.”

Cuanto me suena esto. No solamente por la realidad que estamos sufriendo en Catalunya (in situ o desde la lejanía),  sino por el retrato del nacionalismo (y, por cierto, de cualquier populismo, sea del signo que sea) y sus armas manipuladoras, estéticas y poco éticas, en forma de banderas, himnos, fuegos, juramentos y mensajes mesiánicos,  en la mayoría de los casos basados en medias verdades, historias sesgadas o directamente mentiras, como es el caso del nacionalismo catalán y su mega concierto “Por la Libertad” celebrado ayer en el Nou Camp, en el que la única parte ética detectable ha sido la renuncia de Pedro Guerra a participar por la “deriva soberanista” del mismo. Chapeau chaval, que se queden Ramoncín, Peret y los habituales actores invitados a los aquelarres separatistas (no los nombro ya que son los de siempre, con más años dando la vara que todos los episodios del NODO)  con su pobre estética trasnochada, para ti el premio de la ética en la noche ayer.

Y suerte que mi afición (y la de muchos de mis lectores) a la montaña y las fogatas queda descartada como “nacionalista” con lo de las “guitarras mal tocadas” de Girauta. Ahí tengo mi vía de escape para “escaquarme” y afirmar que somos diferentes, que la guitarra la tocamos bien y que nuestra estética incluye un mucho de ética. Y de verdad. Y de ganas de construir, no de destruir. De unir y no de separar.


La ética y la estética: siendo quien soy, siempre en el punto intermedio, ni rico ni pobre, ni tonto del haba ni intelectual, ni guapo ni feo (diferente, como decía mi madre que en paz descanse para consolarme), no puedo entrar a filosofar sobre estos conceptos, pero algunas cosas si que las tengo claras: ética sin libertad no existe, dado que ésta es un acto humano bien o mal realizado,  y la estética es la capa exterior, la que apunta a la emoción de las personas, no a la razón.

Simplificando mucho, sin duda alguna puede existir ética sin estética, pero a la inversa se me antoja imposible: una estética sin ética subyacente sería simplemente un disfraz, un maquillaje de un mal, de un hecho no ético. Simple regla de tres.

Como el concierto de ayer. Un hecho con mucha estética, que no parafernalia, y un cero absoluto de ética.
Desde el uso de fondos públicos, pasando por los mensajes, la historia manipulada, las pancartas, el regalo o subvención de las entradas hasta la transmisión “urbi et orbi” por los canales públicos, incluyendo el canal por satélite, para que hasta el último habitante de Nueva Zelanda puede ver que los trovadores catalanes siguen con la misma letanía que hace 40 años, que no avanzan, que son lo más retrógrado que te puedas echar en cara y que la ética la dejaron en el pupitre de su colegio para salir al mundo con la simple intención de manipular, medrar y robar en nombre de su milenaria invención que se caería por su propio peso si tuvieran los arrojos para convocar un referéndum real y democrático.

Mucho ruido y poca nueces, señor Mas. Al igual que su concierto “nacional” de ayer.

Demasiadas guitarras mal tocadas, poca ética y mucha estética de libro “La meva lluita (contra Espanya)”.

Y encima utilizando un bien como la música, una de las pocas cosas que une ética y estética.
Aunque no siempre.

Anda que os den. 

jueves, 13 de septiembre de 2012

Con libertad. Referéndum YA.


El presidente de la comunidad autónoma catalana, jurídicamente parte de la nación española (e históricamente, por cierto,  un Condado perteneciente a la Corona de Aragón) Artur Mas, aboga por un referéndum ante la “fatiga mutua entre Cataluña y España”.  De entrada, una mentira. No existe ningún tipo de fatiga mutua entre los ciudadanos de a pie de Cataluña y del resto España, lo que existe es una lucha sin tregua entre los políticos y los lobbies que manejan los hilos a un lado y al otro de esa nueva frontera,  inventada en ciento y pocos años de nacionalismo, y que está a punto de cristalizar en nuevas aduanas y casas de cambio de moneda  en  Alcarrás, Ulldecona, Calaceite y Pont de Suert, por mantener sus privilegios y sus pingües beneficios.

Todos ellos, los políticos de un signo u otro, los grandes banqueros y empresarios,  y los ideólogos inventores de mitos milenarios sacados de la chistera cual conejo en un “Hat Trick” , al mejor estilo de Tolkien o C.S. Lewis,  están   viendo las orejas al lobo al empezar a escasear esas “pelas” que tanta importancia tienen en cualquier nacionalismo. 
Que nadie se deje llevar por las engatusadoras palabras del demagogo de turno, por las leyendas fabricadas con alguna copa de más por historiadores de mente atrofiada, por la educación manipulada desde su raíz en colegios, centros excursionistas, agrupaciones folclóricas o clubes deportivos o por la repetitiva insistencia en un enfrentamiento inexistente por parte de los medios de comunicación afines.
El nacionalismo, no por definición sino por demostración histórica, no es más que una confabulación de unos cuantos listillos para sacar provecho a un enfrentamiento regional en aras de obtener privilegios para esa su minoría dirigente.  Y estando revuelto el río como lo está ahora toda Europa, y parte del universo, por culpa de la mala gestión política y económica de una Unión Europea que ha fracasado, y una economía del “quick win”, léase pelotazo, de las grandes corporaciones financieras, que ha llevado a la ruina a la mayoría de la sociedad, que mejor momento para pescar en ese rio más revuelto que los sentimientos de CR7 y arañar un poquito más de esos diezmos, hoy en día en forma de euros, que tanto satisfacen a las clases improductivas pero dominantes.
Tantos años de civilización, de evolución, no han conseguido acabar con ese sistema feudal que subyace a cualquier organización societaria: por mucho que se haya avanzado con la presunta democracia (según algunos, entre los que no me incluyo), con el estado social y de derecho, con la igualdad de oportunidades, con la libertad (¿Qué libertad, por cierto?), al final todo sigue igual: 
el listo que no trabaja y se enriquece a base de subyugar y dominar a una masa alelada que se cree a pies juntillas lo que el “señor” le diga. Ya sea el Obispo de Roma, el General Mostachón, el Compte de Viladeconills, el líder obrero liberticida, el ladronzuelo sindical o el Molt Honorable President de la Generalitat.  

Y como por desgracia el nivel cultural de las ovejas,  sean churras o merinas, es tan bajo como han querido que sea los que manejan el cotarro, pues a chantajear un poquito más (por Mas), a jugar con los nobles sentimientos de las berreantes masas,  que en su desconocimiento inducido asocian todos sus males al maléfico enemigo de turno que les han ido metiendo en su gran (pero vacía) cabezota a base de leyendas, manipulaciones y medias verdades, convirtiendo al vecino del quinto en el hombre del saco que les explota, les arruina, les roba el idioma, les viola a sus mujeres en la noche de boda rememorando el derecho de pernada (muy español, claro está), y les deja sin ganar la Liga de Fútbol, y a seguir el refranero y lo de “Barcelona (Independencia) és bona si la bossa sona.”  
En este caso hablar de secesión es bueno para poder apretar las clavijas al gobierno y sacar unas “pelas”.  

Nada más hay detrás de todo esto.

Que de esas “pelas”, tan amadas por los catalanes (hasta el punto que el origen de la peseta es su propia región), ya no quedan muchas, después de quedarse todas ellas por el camino de la comisión  institucionalizada (esos diezmos revividos), de la financiación de iniciativas absurdas y embajadas superfluas y del mantenimiento de los incontables medios del “Gran Germà (CCRTV)” para atontar al "ramát" y engañarles con la nunca pretendida independencia de España.

Pero como bien decimos en mi tierra, “S'atrapa abans a un mentider que a un coix”, por lo que simplemente pidamos un poquito de referéndum.

Con luz, con taquígrafos y con paridad en la aparición en los medios públicos y en los subvencionados.

Con libertad. Referéndum YA.