Mostrando entradas con la etiqueta políticos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta políticos. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de marzo de 2022

Políticos

Empecé a tomar notas para este artículo cuando el guirigay del Partido Popular por los supuestos delitos del holograma Ayuso estaba en su punto álgido, en plena guerra de egos, con fontaneros, voceros, traidores, aduladores y conseguidores ejerciendo cada uno su papel, y mira por dónde, en dos escasas semanas dicha guerra fratricida ha pasado a mejor vida con la llegada del Frente de la Juventud del PP, lo que el estimado Javier García Isac llama el PP vintage, para poner orden, echar a los díscolos y defender su dorado y cómodo “statu quo” hasta el final.

Pero eso es el pasado: ya tenemos otras guerras sobre la mesa, la interna del sucio gobierno de Sánchez por sus reiteradas mentiras hacia un lado y hacia el otro, y la verdadera, que no es guerra sino invasión, la que están librando, sobre suelo europeo, los valientes ucranianos contra el eterno invasor rojo. Sí sí, rojo, como el vinillo de Rioja, pero en malo. Pasado, avinagrado, malo.

Nuestra realidad ya supera cualquier moda efímera, Wordle, Ramona, meme gracioso o video de TikTok con millones de reproducciones: cae la noche y ya es historia, te levantas y cualquier mención a lo que ayer fue tendencia te convierte en un ser extraño, pureta y anticuado. Si hasta el COVID parece ya una leyenda, como la buena música, los periodistas profesionales y preparados, un director deportivo decente en el RCD Español o un político honrado y honorable. Criaturas mitológicas todas ellas. Hablemos pues de estos últimos. De los políticos. Que a eso he venido.

A escribir un poco sobre esos oscuros pajarracos que viven del cuento desde que se levantan hasta que se acuestan, adulándonos, comprándonos, manipulándonos, engañándonos o traicionándonos, siempre dependiendo de la fase de su siniestra e improductiva carrera en la que estén: si tocan elecciones, si tocan depuraciones, si tocan comisiones, si tocan corrupciones, si tocan traiciones o si tocan dimisiones. Un algoritmo no demasiado complicado para los cada vez menos preparados, pero bien espabilados políticos de alta cuna y baja cama. O viceversa. Hipócritas de sol a sol.

Aunque de esas últimas, las dimisiones, pocas se vean. ¿Quién renunciaría a la “dolce vita” de un político? A sus buenos sueldos y la nula presión laboral, a una vida social completa y gratuita, con el futuro asegurado de una manera u otra, ya sea aferrándose al sillón o utilizando las múltiples puertas que, oh milagro, se les abren a los políticos profesionales de par en par: sentimentales, sexuales, laborales, giratorias, automáticas, trampillas, de carne y hueso, madera o hierro forjado, con doble candado o blindadas, con descendencia vinculante o ascendencia interesante; puertas, al fin y al cabo.

Nunca he podido con estos timadores profesionales. Y mira que llevo vinculado a la “acción” política desde mi ya lejana juventud, desde finales de los 70, pero la desconfianza sigue ahí. Quizás sea justamente por ello: por perro viejo. He visto pasar movimientos, coaliciones, partidos, escisiones; he visto pasar a jóvenes idealistas, a ancianos anclados en su guerra, a inocentes seguidores de la moda (juvenil), a incombustibles luchadores, a intelectuales, a personas santas, pero también a vividores amantes del local social y sus prerrogativas, a lerdos de todo color y pelaje, a personas tóxicas, a agentes dobles, a simples ovejas, a separadores y a separatistas. De todo hay en la viña del señor. Y por desgracia el ámbito político se presta tanto a la picaresca, el trapicheo, el birlibirloque y demás aficiones patrias, que seguiré diciendo “vade retro” ante cualquier grupo de interés del que tenga la mínima sospecha. Léase, todos. Hasta en la asociación de vecinos hay gente extraña.


 ¿Y ahora qué, me pregunto?

 ¿Ha llegado por fin el momento de la sensatez, del sentido común, del patriotismo sano y del altruismo real?

¿Estamos a tiempo de limpiar de fango todo este sistema pseudo democrático que permite gobiernos totalitarios e imposiciones de demencias colectivas gracias a los votos de golpistas y terroristas?

 ¿Serán, o seremos, capaces esta vez de empezar la casa por sus cimientos, actuar con legalidad, mantener la palabra y cumplir lo jurado ante el pueblo español?

¿Nos quitaremos de encima de una maldita vez la partitocracia del PPPSOE?

¿Antepondremos España a nuestros egoístas intereses personales, locales, regionales, de partido, hermandad, club de fútbol, cofradía o logia?

No sé yo. Como dijo Maquiavelo: “la política no tiene relación alguna con la moral”.

lunes, 6 de abril de 2020

¿Y si es el final?


Leyendo el otro día una de esas frases virales tan en boga, que decía algo así como “¿Y si nos están engordando para comernos después?”, tuve ese momento de abatimiento por el que sin duda habéis pasado todos y cada uno de vosotros. Por no hablar de los que ya han estado ingresados, los que aún quedan abandonados y aislados en los hospitales o los que han perdido a algún familiar o amigo. Un fuerte abrazo a todos ellos. Poco más puedo hacer que pensar en ellos.

En ese momento de bajón y mirándome al espejo me pregunté, con absoluta seriedad, si lo que estamos viviendo, esta pandemia de mortíferos virus de todo tipo, color y tamaño, aunque predomine el rojo “regre”, si esta desgracia no podría ser el final de todo.

¿No será esto el apocalipsis anunciado?

Porque una cosa la tengo clara: aunque la mayoría de los españoles nos lo estemos tomando con humor, intercambiemos fotos, chistes y frases ingeniosas, le busquemos el lado bueno a la situación y cerremos los ojos ante la realidad que se está viviendo fuera de nuestra segura madriguera en la que estamos confinados, la cosa no pinta bien. Nada bien.

¡Qué se lo expliquen a los familiares de los miles y miles de fallecidos que llevamos a estas alturas! Como bien dice Itxu Díaz en un reciente y muy recomendable artículo: “Nos están arrebatando jirones de lo que somos, en medio de distancias de hielo, y convertidos en tristísimos números a los que apenas se puede llorar”. Frase lapidaria sin duda. Y real. Y muy triste.

Quizás el símil más apropiado para nuestra situación sea justamente esa Semana Santa en la que estamos inmersos: esos días tan importantes para los cristianos creyentes, que relatan los históricos hechos que comienzan con la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén hasta su resurrección una semana después, pasando por hechos fundamentales como la unción, la traición, la última cena, los interrogatorios, la flagelación, la crucifixión y la muerte. En algo nos parecemos al cordero que están llevando al sacrificio: engañados, manipulados, traicionados, encerrados, castigados y, muchos, demasiados, finalmente crucificados.

Suerte que al final nos queda la resurrección. Para los que creemos en ello. (Por ahora solamente he visto “Quo Vadis”. Si pienso que aún quedan “Los 10 mandamientos”, “Barrabás”, “Jesús de Nazaret” y tantas otras películas histórico-religiosas, las asociaciones a los hechos sucedidos en Jerusalén hace dos mil años seguro que se multiplicarían). Asociaciones que sin duda son más apropiadas que los chistes y las chanzas con los que nos van a deleitar los otros, los de la ceja, los titiriteros y títeres en impúdica orgía. Porque estos, ni cortos ni perezosos, estrenan creo que mañana una serie de humor sobre la cuarentena. Si alguien cree que es un momento idóneo para relativizar el sufrimiento y tirar de humor de brocha gorda, colocar a los amiguetes de siempre y usar una herramienta más para maquillar la realidad, que me lo explique. Yo no lo entiendo. Ni lo acepto. Es vomitivo. Irrespetuoso. Vil. Como si durante una hambruna proyectaran un especial sobre los mejores asadores de España. O los ridículos informes sobre la mejora general del clima durante esta cuarentena. O que las apuestas deportivas han caído en un alto porcentaje. Garzón dixit. Ese ministro. Todo vale para no afrontar la realidad. Para no dar la cara. Para no asumir responsabilidades.

Pero no, ellos a lo suyo, en vez de sonrojarse y soltar un humilde “la culpa es nuestra”, han decidido que nos toca tragar chistes fáciles y sufrir sesiones de psicología infantil en boca de Carlos Bardem y sus secuaces. ¡Lo tienen claro! 

Por ahora la paciencia y la esperanza, pero también la rabia y la sed de justicia, se imponen en nuestras cabezas, pero con un margen cada vez más estrecho sobre la claudicación. El asumir conscientemente que nada volverá a ser lo mismo. 

La inmensa mayoría de los españoles no hemos pasado por una desgracia de este calado. Y de los que lo vivieron en la guerra y postguerra ya pocos quedarán mientras escribo esto. Están cayendo como pajaritos en un alambre, abatidos por arrogantes y egoístas francotiradores bien escondidos tras sus pantallas, sus usuarios en redes sociales, sus oportunos canales de youtube y sus cuativos periódicos. Aquí tienen panfletos de sobra. Y todos obedientes. O casi. Comprados todos estos cómplices manipuladores con dinero de todos los españoles. Con ese dinero que según los listos socialistas “cae del cielo”, no es de nadie y se puede gastar a destajo. Para sus caprichos, claro está. O para dar forma, color y sonido a sus mentiras.



Que los nuevos tiempos que vienen traerán tristeza, desconfianza, odio, discriminación, ruina económica y un profundo cambio social, es indudable. Casi todos sufriremos. Aunque siempre habrá impresentables que saquen provecho de la desgracia ajena. Inversores a la caza de gangas, intermediaros sin escrúpulos, productores de series, tele-operadores y, como no, políticos

Esos personajes preparados e eficientes elegidos por nosotros para dirigir nuestra nación. Algo que no debemos olvidar. Muchos les votaron. Igual tendrían que reflexionar un poco. Tiempo les sobra entre falsas ruedas de prensa, oportunas comedias y pestilentes arengas totalitarias.


¿Y si es el final?


P.D. Igual toca expulsar a los mercaderes del templo. Creo que hoy es el día.


lunes, 23 de septiembre de 2019

Vividores


El pasado fin de semana volví a disfrutar de un clásico de nuestro cine patrio, “Los tramposos”, película del año 1959 dirigida por Pedro Lazaga y protagonizada, entre otros, por unos insuperables Tony Leblanc y Antonio Ozores. Este filme relata las andanzas de dos “simpáticos” embaucadores que se dedican a todo el amplio abanico de timos conocidos: desde el trile de la bolita hasta el cuento de la estampita, prueban de todo para ganarse la vida. De todo menos trabajar, claro está. Pero gracias a las sublimes interpretaciones y al inmediato cariño y complicidad que generan en el público, el detalle de que no intenten trabajar queda diluido, convirtiéndose la picaresca y el mal vivir de los protagonistas en algo aceptable, y con ello imitable.

Y así seguimos, sesenta años después, rodeados de timadores. Pero por desgracia existen grandes diferencias entre el año 1959 y nuestro presente: la minoría que delinquía (porque de eso se trata, de delitos) en aquel entonces se ha convertido en seis decenios casi, casi en una mayoría.  Veamos.

Titulo esta entrada “vividores”, en vez de escribir directamente timadores, o delincuentes, que es lo que debería poner. Y lo hago con intención: como ya he escrito en infinidad de artículos, en esta nuestra España venida a menos somos campeones en suavizar, ocultar o silenciar los malos e ilegales comportamientos. Palabras como picaresca, o en este caso vividor, tienen una connotación positiva, convirtiéndose por desgracia en virtud más que pecado. Los héroes de la sociedad ya no son los médicos, los policías, los bomberos, los dirigentes o los religiosos y misioneros; por el contrario, los ídolos, los referentes para la juventud y hasta para una gran parte de los teóricamente adultos, son todos aquellos personajes que consiguen triunfar sin dar un palo al agua. Y de esta tipología de seres inmundos que no aportan nada positivo a la sociedad, los que yo suelo llamar de “valor añadido cero patatero”, vamos sobrados en esta piel de toro antes poblada por héroes altruistas, científicos, descubridores, artistas, sabios dirigentes, valientes guerreros y humildes servidores del prójimo. Hoy en día estamos rodeados de mangantes en todos y cada uno de los ámbitos sociales. En el mundo laboral, en el ámbito religioso, en el periodismo, en el séptimo arte (que de arte cada vez tiene menos), y, destacando por encima de todos estos estamentos, en la política, sufrimos la triste presencia de garrapatas, defraudadores, arribistas, ladrones, mentirosos, bocazas, incultos, iletrados y aprovechados, en resumen, de malditos vividores.

Echemos una vista a nuestro alrededor, a los protagonistas de las noticias, de los programas de televisión, a los que cortan el bacalao hoy en día, a los que se llevan sueldos astronómicos frente a los miserables jornales que siguen cobrando los verdaderos trabajadores (como por ejemplos los miembros de la Guardia Civil y la Policía Nacional, o nuestros sacrificados y nobles soldados): políticos corruptos, presidentes dedicados al plagio y al buen vivir, periodistas untados al servicio de partidos políticos que solamente sirven de trampolín para la chusma de la sociedad, clérigos y monjas a sueldo de los dementes, racistas y malignos nacionalismos, consejeros delegados al servicio de lobbies, catedráticos dedicados a regalar titulaciones por cuatro reales, jueces vendidos al mejor postor, tertulianos carentes de formación, neuronas y educación hablando hoy del medio ambiente, mañana de digitalización y pasado de neurociencia, sin tener ni papa de ninguno de los temas sobre los que osan opinar, o presentadores de televisión incultos e iletrados que no saben hacer la o con un canuto.

No hace falta ni que detalle nombres y apellidos de todos y cada uno de estos personajes, bien los conocemos todos. Pero aun así me permitiré recordar algunos nombres, no vaya a ser que hoy me quede sin descargar mi ira sobre la chusma que nos rodea: la falsa monja Caram, la sucia alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, nuestro caradura mayor, el presidente por accidente Falconetti, Pablo Iglesias y consorte, García Ferreras, Monedero, Errejón, Ortuzar, Quim Torra, Escobar, Alonso, Sémper, el arzobispo Planellas,  Lluis Llach, Amenabar, Almodóvar, Alberto Garzón, el traficante esclavista Oscar Camps, Feijóo, Rufían, Adri Lastre, Ximo Puig…una lista interminable.

Y paro aquí para evitar esas terribles arcadas que me producen todos estos malditos vividores.

Y no valen argumentos como que siempre ha habido pícaros, ladrones y mangantes. Claro que los ha habido siempre. Y los habrá. Igual que meretrices. Y sus hijos. Es algo inevitable y bien visible. Pero lo que no es de recibo y tenemos que combatir de alguna forma es que estos deshechos, estas garrapatas, sean los que dirijan nuestros destinos, vivan a cuerpo de rey y se rían en nuestra cara mientras todo se derrumba a nuestro alrededor.

Allá cada uno como los combata. Escribiendo, estudiando, trabajando noblemente, rezando, patrullando, limpiando, ayudando al prójimo, o quizás votando algo coherente y serio el próximo 10 de noviembre.

It’s up to you, como dirían los ingleses y los paletos que no saben idiomas, pero utilizan cada día más expresiones foráneas, en vez de usar y cuidar nuestro rico y precioso idioma español.

Tú mismo. Luchemos por algo superior, que vaya más allá, en latín plus ultra, o aceptemos el desastre, las penurias y la desaparición de una sociedad cuya construcción ha costado milenios.



sábado, 16 de febrero de 2013

Muchos detentan, pocos ostentan


En esta época de supuesta vida compartida, en unión y amistad, gracias a las redes “sociales”, patrañas informáticas éstas de puro objetivo mercadotécnico, y que en el fondo no llevan más que a una cada vez mayor soledad, a ese “aislamiento en grupo“  tan buscado por los publicitarios, los hechos realmente importantes pasan por delante nuestro consiguiendo como mucho ser “trending topic” por un día y ocupar una ínfima parte de nuestras neuronas por un periodo de tiempo cada vez más corto.
  
Ya puede caer un meteorito en Rusia, pueden aparecer micrófonos cubriendo toda la Camarga, antes conocida por sus preciosos caballos y su gastronomía y ahora convertida en área de entrenamiento de la “Tienda del Espía”, o puede retirarse el por mi ya muy añorado Papa Benedicto XVI: 
la mayoría de la sociedad lo consumirá cual “sugus” de piña, saltará al siguiente tuit, actualizará su Flipboard o pulsará F5 en su Facebook, y a por la siguiente “noticia”.

En esta época en la que muchos, demasiados, “detentan” cargos con los que nos hacen la vida imposible, se enriquecen, engañan al prójimo y arruinan siglos de evolución y crecimiento social y económico de la sociedad, y en la que por otro lado muy, pero que muy pocos, realmente “ostentan” un cargo o una posición de honor y privilegio, como nuestro Papa que acaba de tener ese “seny” que tanto falta en Cataluña, esa nobleza y clarividencia para decir “hasta aquí hemos llegado” y asumir sus capacidades y limitaciones pensando en el bien común, la sociedad sigue dale que te pego aferrada a superficialidades, al mensaje gracioso del Whatsapp de turno o a una de tantas cadenas de televisión vacuas, simplistas y dañinas.
Los pocos miles de ciudadanos que piensan (luego existen), que leen, que aprenden día si día también una palabra nueva leyendo a Ignacio Ruiz-Quintano, que descubren lo fácil que es entender la mentira que nos rodea con los siempre constructivos artículos de Juan Carlos Girauta o que ven de forma resumida los desvaríos de la prensa vendida, izquierdista de boquilla pero dictatorial e inculta de fondo, que nos brinda (o brindaba, reconozco que llevo meses sin comprar el diario en el que escribe, y eso que la línea editorial de su correspondiente canal de televisión cada vez me gusta más) en su paseo de cada día Carlos Esteban, esos pocos millares de lectores no son nadie comparados con la “masa” uniforme, atontada, moldeada a gusto del poder y el imperio del dinero,  que la mantiene (a esa “masa crítica” para el bien de sus objetivos comerciales y su “Ebitda” anual) viva pero calladita.

Calladita pero consumiendo. Un chute de micro noticia banal tras otro. Viendo pasar la vida en forma de tetés, whatsapps, colores y sonidos efímeros, con pocas verdades pero mentiras a tutiplén cual fragmentos del supuesto meteorito caído en Rusia.

Y mientras, sin que la mayoría lo valore en su justa medida,  una de las pocas personas grandes, eternas, capaces, que ostentan con pleno derecho y no detentan como tanto político, nos deja.

Ojalá hicieran lo mismo todas las hienas que nos rodean. Y no me refiero a los jugadores del Madrid. Esos no tienen nada de alimañas. Los políticos en cambio...  



Gracias Santidad por estos ocho años de grandeza espiritual e intelectual.



P.D. Esos pocos que leen, o leemos, aunque sea poco, siempre podemos pasarnos por estos 2 grandes blogs (La Legión de los Condenados y el Ejército de los 12 Monos). Sus artículos llenan bastante más que el constante ruido de tanta red “asocial.”

viernes, 21 de diciembre de 2012

Feliz Navidad: mentiras around the clock


Nos rodean las mentiras. O la Mentira, en singular y prepotente presencia. Y no solamente durante todo el día, como digo en el título, más  bien cabría presentarla como un servicio disponible 24x7x365, al estilo de las teletiendas o los románticos, sinceros y tan “humanos” servicios de sexo telefónico.

Leyendo a mi admirado y siempre optimista Juan Carlos Girauta, en su “as usual” genial aportación (en el ABC de hoy) al despertar de la sociedad, no he podido más que dejar mi soledad social en el sofá, Iphone en ristre y hits de los ochenta sonando por los bafles, para dejar constancia de mi decepción (que no asco) creciente ante el mundo que nos rodea.

Sin lugar a dudas la cercanía de las fiestas navideñas aporta esa gota que colma el vaso de mi paciencia cada año, y ya han pasado bastantes lustros viviendo con la suficiente consciencia, casi tantos como versiones del discurso de Navidad de su “Majestad”  publicados en un canal de Youtube, para permitirme despotricar (en su completa acepción) de nuevo y con mucha rabia contra esta mentira de sociedad que hemos creado entre todos. Entre todos, pero algunos con más culpa, pero mucha más, que pobres mortales como yo (y como muchos más) cuya voz se ahoga en un blog desconocido o en un vaso de güisqui “on the rocks”.

Los culpables de la Mentira, de la manipulación, de la explotación, de la subordinación a los  intereses comerciales de multinacionales o a las siempre oscuras y egoístas intenciones mafiosas de instituciones, partidos políticos, fundaciones y demás organismos artificiales, contra natura y en nada representativos de la voluntad real de la sociedad, esos culpables están ahí, delante o más bien encima nuestro, dándonos lo que nos merecemos y por todos lados.

Políticos profesionales dedicados a la manipulación, la intriga, la negociación, la prevaricación, la defraudación, ocupados 365+ días al año  (y parte de sus noches) a la gran mentira mentada en el título. Para no hablar de banqueros corruptos, traficantes de órganos, de mujeres, de armas o de drogas, de caciques locales, "hijos de" ex y presidentes autonómicos o de dictadores sanguinarios.

Usar nuestra castiza y tan hispana expresión “Gato por liebre” se queda corto para describir esas 7x24 horas de mentiras que nos rodean, cual miles de señales radiofónicas cuyas frecuencias la mayoría de mentes no consiguen decodificar, y que convierten a gran parte de los ciudadanos en simple peleles en manos de planificadores de campañas publicitarias, diseñadores de atractivos (para ellos) fondos de inversión, consultoras internacionales, creadores de tendencia, políticos libertadores salvadores de la patria o aparentemente sensatos  gobernantes trajeados pero sin sangre en las venas y con nulas ganas de arreglar nada más que su propio futuro.

Desde nimiedades como el intolerable cartel de las cadenas televisivas anunciando “volvemos en 6 minutos” para machacarnos seguidamente con 10 o más minutos de anuncios manipuladores de mentes estrechas, hasta la suprema y gran mentira de llamar a nuestro sistema político democracia social y declararnos hombres libres e iguales, cualquier cosa que leas, veas, oigas (que no escuches), sientas, creas, huelas o intuyas habrá pasado antes por el embudo o el gestor de campañas informatizado de alguna intención, normalmente oscura, o como mínimo egoísta, del emisor de la misma.

Desde una promesa electoral jamás cumplida, pasando por la tan bien embebida “suprema necesidad”  de adquirir el último gadget, el interés de las preferentes prometido en tu banco de toda la vida o el fin del mundo maya,  hasta la insultante y tan cercana celebración de la Navidad como factor clave en cualquier cuenta de resultados de las empresas y generador de un porcentaje de ventas cercano al 70% anual en algunos negocios, olvidando y hasta ocultando el verdadero significado de estas fiestas, todo es vomitivo.

Pero es lo que hay. Lo que nos merecemos.

Si no lo evitamos. Y luchamos.

Feliz Navidad a todos. 


sábado, 1 de septiembre de 2012

Mentiras


Las mentiras nos rodean, de eso no hay duda. Nos acompañan desde que nacemos hasta el momento de la muerte; y tanto para no creyentes como creyentes seguirán presentes en el más allá, cuando aquellos, incómodos por la nueva realidad, se echen en cara a sí mismos el haber dudado de la existencia de Dios y maldigan las mentiras de los teóricos del “Big Bang” y el Evolucionismo, y estos, si se diera el caso de que no hubiera nada después de la muerte,  tachen de mentirosa a su religión y de farsantes a sus ministros. Pero dejemos el más allá para mejor ocasión, ya que por suerte,o desgracia, seguimos habitando este planeta llamado tierra.  Ese planeta azul con sus poco sinceros habitantes y sus constantes mentiras. Todos los tipos de mentiras, desde las que hacen daño hasta las piadosas, las llamadas “white lies” en inglés (o Geschwindel y Flunkerei en Alemán). No entraré en más detalles sobre la categorización de ellas, de eso ya se encargó San Agustín, por lo que cualquier lector interesado puede recurrir a las palabras del Santo para conocer las ocho maneras que hay de no decir la verdad (según él).
Pero de lo que quería hablar en este inicio de temporada escolar, política y futbolística (escalas o divisiones temporales estas que en nuestro mundo occidental son las que mandan, frente a las estaciones naturales o religiosas de otras épocas y culturas), es de las mentiras que tenemos que tragar cada año, con la misma pesadez y repetición que las campañas publicitarias de la “Vuelta al Cole”, del “Ya es otoño en el Corte Inglés” y de la solemne apertura de sesiones del  “Club Social de los Mentirosos”, también llamado Parlamento.  La sede de esos personajes a los que tan bien definió ayer Clint Eastwood en el congreso del partido republicano: “los que en el fondo son empleados nuestros,que deberían de estar a nuestro servicio y ser despedidos en el caso de no cumplir con sus obligaciones.”  Como sucede en cualquier empresa. Menos en la malvada multinacional llamada “DemocraciaParlamentaria S.L.”.  Limitada en responsabilidades, obviamente, que no en prebendas y beneficios para sus empleados.

Y, a saber, algunas de las mentiras que tendremos que soportar en este Septiembre que se prevé agitado a más no poder, serán estas. Las listo sin comentario alguno. Allá cada uno con sus conocimientos y su sinceridad para negarlas. Algo harto difícil, digo yo.

  • La falsa heroicidad de Rafael Casanovas  en 1714
  • La supuesta guerra de secesión contra España
  • La existencia milenaria de los “Països Catalans”
  • El  cáncer terminal del asesino Bolinaga
  • Los conocimientos jurídicos de Garzón
  • Las promesas cumplidas de Rajoy
  • El altruismo de Sánchez Gordillo
  • La supuesta catalanidad del Barza frente a la verdadera del RCD Español
  • La honradez de la familia real
  • La carrera universitaria y la inteligencia de Urdangarín
  • La religiosidad de la monja Forcades
  • La honorabilidad de los políticos
  • La autoría de los atentados del 11-M (grave mentira que sigue ahí)
  • El paso más importante en la vida de Neil Armstrong según sus propias declaraciones (y que no fue en la Luna)
  • El amor sincero de la nueva esposa de Bernie Ecclestone
  • La supuesta auto-reproducción del dinero (cuando no cae del cielo, claro está)
  • La tierra mitológica llamada Euskalherria (menos real que la Comarca de los Hobbits)
  • La aversión social al toreo en Catalunya y las Vascongadas por un supuesto maltrato animal 
  • etc.
  • etc.


Lo dejo aquí. El ancho de banda de mi ADSL no es capaz de transmitir tanta mentira. Y menos aún a  la velocidad que me aseguraron cuando me lo vendieron (la mentira final).

jueves, 3 de mayo de 2012

La cabeza blanca y el seso por venir

No tengo muy claras las razones por las que este dicho español me ha venido a la mente, pero como los misterios del subconsciente no los conoce nadie (exceptuando quizás a Eduardo Punset, que sabe todo y más, como si fuera el padre de la niña de Catalana Occidente o una versión en androide mal peinado de la Wikipedia), pues la utilizo como leitmotiv inicial de este artículo. Palabra alemana esta última, Leitmotiv, que en España usamos de tanto en tanto pero que en mi idioma materno es de uso común y diario; y con razón: toda nuestra vida gira alrededor de un motivo central que se repite día tras día, ya sea un miedo innato, una manía, un ideal, un objetivo, un vicio, una afición, un odio o un amor ardiente. Se trata de ese motor interno que pone en marcha tanto nuestra mente como nuestro cuerpo, aunque por desgracia en la época que vivimos ya no se trate, en la mayoría de los casos, de motivos positivos, creativos, idealistas o altruistas,  sino de simples triggers o palancas de pura supervivencia: ansiedad, hambre, odio, envidia, desesperación, abatimiento, hastío o miedo.
Malos tiempos para la lírica estamos viviendo, como bien cantaba en 1983 Coppini al frente de la banda Golpes Bajos. Y peor aún, a diferencia de los años ochenta, no se atisba una salida fácil, aunque aburrida, encontrando a un banquero bien retribuido. Hoy hasta los banqueros trabajan y sufren, tienen que justificar sus actos y con suerte son perseguidos por la justicia en el caso de incumplimiento de sus obligaciones. O por lo menos debería de ser así.
Algo que, por desgracia, por ahora no se aplica a los políticos. Estos “seres”, en teoría herederos de las tradiciones griega y romana, en las que los sabios y más preparados eran los que regían el destino del resto de la sociedad, poco preparada en esas épocas y bien dispuesta a ser guiada por personas con la suficiente autoridad moral para asumir tan ardua tarea como es la de contraer la responsabilidad del bienestar de los demás. Esta responsabilidad que hoy se arrogan, sin un mínimo de preparación y sin una verdadera y sincera intención de ayudar, cientos de miles de políticos profesionales que a lo único que aspiran es a colocarse, a colocar a sus familiares y a pillar el colocón a cuenta de nuestros impuestos. Bien colocados están todos ellos, a cubierto de cualquier tempestad, de las cíclicas crisis financieras, de las caídas bursátiles o del incremento de la prima de riesgo. Les importa un rábano. Ellos tienen su sueldo asegurado, por un plazo mínimo de 4 años, más las correspondientes indemnizaciones al finalizar sus mandatos (sin olvidar el fruto que consiguen de esos años de poco trabajo pero mucha cosecha: relaciones, enchufes, concesiones y prebendas, para dar y tomar) , por lo que por muchas crisis que vean pasar están protegidos con ese seguro a todo riesgo que le otorgan los ilusos y aborregados ciudadanos cada tantos años, desfilando en tropel, cual manada de estúpidas ovejas, para depositar en una burda caja, apropiadamente llamada urna (mortuoria), una papeleta con el nombre de cualquiera de los secuaces de Alí Babá. Y da igual como se llamen esos 40 compinches del mayor ladrón (que por casualidad rima con Borbón, aunque no era mi intención nombrar a dicha dinastía que en vez de disfrutar de 4 míseros años de cuento lo hace directamente por decenios o hasta siglos), hoy en día no hay diferencia entre derecha o izquierda, entre liberal o conservador, entre rojos y azules, entre buenos y malos. Todos comparten la misma tarta, la trocean a su antojo y nos endiñan los cuchillos ya usados por donde más nos duele.
Y, como bien sabemos, esto no tiene visos de cambiar, por una simple razón: para los que llevan las riendas de la sociedad es el punto culminante de la evolución de la especie humana: ellos, los que rigen los destinos del mundo, se encuentran muy a gusto en su papel y disfrutan de su privilegiada situación, ya sean políticos, multimillonarios, líderes de opinión, “artistas”  consagrados  o economistas influyentes  ¿para qué van a cambiar la sociedad si viven como reyes aunque no usen trono y no se dediquen a cazar paquidermos al atardecer?


Y seguía Coppini en su canción:

El azul del mar inunda mis ojos
El aroma de las flores me envuelve
Contra las rocas se estrellan mis enojos
Y nuevas sensaciones me devuelven

Por desgracia la única sensación que me devuelven las rocas es que la sociedad tiene la cabeza blanca y el seso por venir. Si es que viene.

domingo, 8 de abril de 2012

España, esa larga procesión


Con la Semana Santa recién finalizada en la jornada de hoy, para los católicos creyentes el día más importante del año, la Pascua de Resurrección, acaba también un fin de semana largo de asueto, viajes y consumo para una parte de los ciudadanos de España. 
Para otros muchos, la situación económica que sufrimos (excluidos, como no, aquellos que deberían de velar por el bien de la nación, ya sea en el poder o en la oposición, por su vocación en el caso de los políticos opositores y por su promesa o juramento prestado en el caso de los gobernantes, que se libran en ambos casos de cualquier crisis sin que la mayoría alelada se inmute), esta Semana Santa habrá significado la renuncia al viaje a la costa o a la montaña, por no hablar de las añoradas salidas al extranjero que no recuperaremos en mucho tiempo, a no ser que algunos manipuladores en Cataluña o las Vascongadas den el paso definitivo y planteen su salida de la nación común (esa patria forjada por nuestros héroes, escritores, inventores y gobernantes durante muchos, mucho siglos, cuya historia tergiversan a su antojo y convierten en enemiga en sus respectivos sistemas educativos totalitarios),  y una visita a Barcelona o a Bilbao precise trámites previos, visados y hasta vacunas

Pero gracias a Dios, como bien describe mi admirado Juan Carlos Girauta hoy en ABC, una posible independencia de partes de España está muy lejos de la realidad, tanto como que los árbitros juzguen por igual al Barza que al Real Madrid o al RCD Español (esto último es mío, no de Juan Carlos, obviamente). Si en cualquiera de estas dos regiones (cantones, aldeas, taifas, nacioncillas, autonomías o como quieran llamarlas) se planteara una consulta popular “oficial” y seria sobre su destino, este acabaría siendo una unidad en lo universal, como bien definió José Antonio hace ya casi un siglo. Más aún en los tiempos de globalización que corren, en la dependencia económica que tienen unas regiones de otras y, sobre todo, en la realidad social de dichas autonomías, en las que a la mayoría seria, silenciosa, sufrida y trabajadora se la traen al pairo los mitos nacionalistas, los supuestos robos que sufren por parte del resto de España o los concursos autóctonos de arrastrar bueyes o bailar las milenarias sardanas inventadas por un jienense hace poco más de un siglo. 
Lo que le importa a la gente es el día a día, es pagar la factura del gas, es poder dar de comer a sus hijos y poder hablarles en su idioma materno. Encima, para rematar,  todos se saben y se sienten españoles, por muchas sandeces que suelten los medios afines y subvencionados con encuestas sesgadas y celebradas de tapadillo en calçotadas populares o aquelarres vascones, o por mucho ruido que hagan cuatro histéricos manipulados por los poderes ocultos y oscuros del empresariado nacionalista (y sus lacayos políticos a sueldo), elementos estos que usarían hasta las urnas con las cenizas de sus ancestros para guardar sus pingües beneficios y sus prebendas a buen recaudo ante el inexistente robo centralista.
Siendo pues imposible salir de viaje por la falta de parné, una gran parte de la ciudadanía se ha volcado, donde la lluvia lo ha permitido, en la asistencia a las procesiones de Semana Santa, tan ricas, emocionantes y variadas, que se celebran en nuestra piel de toro, de Norte a Sur y de Este a Oeste, incluyendo, claro está, Cataluña y las Vascongadas, aunque ahí las conviertan en muy suyas y diferentes a las del resto de España, otro sinsentido al tratarse de celebraciones religiosas y encima de una religión común y compartida. Pero no les demos ideas desde aquí, no vaya a ser que planteen una nueva herejía, cual Luteros del siglo XXI, y veamos a Arturito Mas o Patchi López clavar un “stick” usb en el ordenador de la Conferencia Episcopal desafiando a la unidad de la Iglesia española.  
Y tampoco nos vamos a engañar a estas alturas: la asistencia a las procesiones tiene, por desgracia, mucho más de folclore que de fe cristiana, y en tiempos de crisis y necesidad, como bien es sabido, todo el mundo recurre a las fuerzas superiores, ya sean religiosas (como nos demostró ayer hasta el dictador  “bolivariano” Hugo Chavez asistiendo a una misa por su curación), o pura superstición, como consultar a videntes, brujas o ir a echar un cartón al bingo de la esquina. Cuanta más crisis, más suben las recaudaciones de los juegos de azar y de los falsos profetas con sus tarots comprados en un “Todo a 1 eulo”. Algo comprensible, por otro lado, siguiendo el clásico dicho español “de perdidos, al río”. En esto no cambiaremos nunca, a los españoles siempre nos ha gustado seguir el refranero popular: sobre todo cuando nos hace falta.

Yo he tenido el honor de participar por primera vez de forma activa en una de estas procesiones (muchas gracias Raúl), la del Santo Entierro en Madrid, y ha sido una experiencia enriquecedora en muchos aspectos. Dejando a un lado la parte mística o religiosa, por la que participé y cuyos efectos son  tan personales que no pintan nada en este artículo, el “teatro” que se monta alrededor de una procesión tiene, por desgracia, mucho  verbena y poco de recogimiento espiritual o de acto de fe. 
Tampoco es que descubra nada nuevo, pero verlo desde dentro, con la ventaja del anonimato absoluto que te otorga el verdugo que cubre tu cabeza y te oculta ante los demás, sean conocidos o extraños, es una dimensión nueva que da mucho que pensar. Después de pasear durante casi 3 horas por el centro de Madrid, con un cirio en la mano y escuchando a centímetros de mí comentarios, conversaciones banales, risas, alguna que otra blasfemia y (menos) oraciones o peticiones, entiendo muy bien la afición de los anti-sistema  por encapucharse a las primeras de cambio, o la capucha de rigor que llevaba el verdugo en otras épocas. De golpe te encuentras fuera de la sociedad, ves y oyes sin tener que hablar ni ser reconocido. Como si fueras invisible. Es la impunidad absoluta, aunque en el caso de los nazarenos su objetivo sea bueno y, en muchos casos, sentido, y en cambio si hablamos de los anti-sistema este camuflaje se convierta en un arma maligna muy bien aprovechada. Por un lado les permite ocultarse y por otro psicológicamente les libera de tal forma que de golpe se sienten como si estuvieran por encima del bien y del mal. Así acaban reventando cafeterías y saqueando tiendas de moda. Me imagino que en el caso de los disfraces de carnaval los sentimientos  serán similares, aunque habiendo pasado tantos años desde que me puse mi último disfraz (exceptuando el traje, la camisa y la corbata de rigor del día a día), no recuerdo haberme sentido tan extraño como me sentí ayer desfilando como nazareno por el corazón de nuestra España, a la que, por muchas rogativas que lancemos al cielo, le queda una procesión muy larga por delante.
Y encima con los políticos, sobre todo los nacionalistas,  vestidos permanentemente de nazarenos, escondidos sin dar la cara ante el ciudadano, cual verdugos a punto de separar nuestra cabeza del tronco común llamado ESPAÑA.

P.D. Leer el especial del diario ABC de hoy, dedicado a elogiar nuestra patria común y a realzar los valores españoles, ha sido una gran alegría, más aún por su coincidencia con el Domingo de Resurrección, aunque da mucho que pensar¿Tanto miedo hay al nacionalismo que tengan que salir a la palestra políticos, artistas, militares y deportistas a loar la grandeza y riqueza de España? ¿O se está cociendo algo más que no sabemos y de verdad existe la posibilidad de que algún zumbado llevé adelante un intento de separación de España? 
Yo, después de disfrutar de todos y cada uno de los artículos, me he quedado con la duda rondando mi cabeza, ya liberada del verdugo negro que lucía ayer.

P.D.D. Han pasado escasas 12 horas y "La Tercera" del ABC abre con con un artículo de Javier Rupérez titulado "El desguace de la nación española". Lo escrito por mi más arriba parece un cuento de niños ante este análisis. Vamos mal, amigos, muy mal.



viernes, 17 de febrero de 2012

Diestros, siniestros y ambidextros

No hay duda de que estas dos palabras, y sus combinaciones, tan usadas en nuestro rico idioma, dan para mucho. Que se usen según sus acepciones originales, es decir, para indicar que algo está a la derecha o a la izquierda, ya es más raro. Salvo reputados columnistas (como el “Trasgo” de la Gaceta, que las suele usar en todas sus variaciones) o escritores de renombre, como Arturo Pérez-Reverte, pocas veces tenemos la ocasión de ver estas palabras tan propias de nuestro idioma escritas en alguna publicación haciendo referencia a derecha e izquierda.

Hasta hemos llegado a adaptar una palabra del vascuence, ezkerra, convirtiéndola en “izquierda” y desterrando la “siniestra” original, quizás por culpa de la acepción negativa que subyace a la misma. Y aún así, intentando evitar la original, nos hemos quedado con la ezkerra “vasco-celta “que según algunos etimólogos podría significar “mano torpe”; son cosas que nos pasan, por torpes.

Que lo diestro sea algo positivo, hábil, sagaz, favorable, benigno o venturoso, o que a los hombres heroicos, aquellos que saben manejar la espada o son matadores de toros, se les llame directamente diestros, no significa nada, dirían seguramente los iletrados progres de pacotilla. Probablemente argumentarían que son imposiciones de una Real Academia trasnochada, machista, violenta de género, reaccionaria, fascista, aliada de las agencias de rating, del Real Madrid o del RCD Español y no sé cuantas cosas más. Porque decir que la Real Academia es diestra en su trabajo no se les ocurriría. Seguro.

Y menos aún se atreverían a utilizar la tan bonita palabra siniestro para referirse a lo opuesto a la derecha. Válgame Dios. Te imaginas, querido lector, a los líderes sindicales y de los partidos siniestros (esos políticos de los EREs falsos o aquellos obreros de los Rolex de oro y los generosos sueldos) proclamar a voz en grito: “Nosotros somos siniestros” o “viva la siniestra unida”. ¿A qué no? Y eso que la Real Academia lo deja bastante claro: lo siniestro es algo avieso, malintencionado, infeliz, funesto, resabio o viciado. Podría entrar en cada una de estas acepciones y seguramente en todos los casos sacaría la misma conclusión: cuanta razón tiene la Real Academia en algunas ocasiones. O para decirlo de forma más apropiada, cuan diestra es la RAE.

Pero por desgracia la vida no se circunscribe a la dualidad del blanco y del negro, del yin y del yang, del mod y del rocker, de los Beatles y los Rolling Stones, del skin y del punky, del diestro y el siniestro. Siempre tienen que aparecer los blandos, los que Jesús maldeciría, los indefinidos, los que no son ni carne ni pescado, los hermafroditas sociales y políticos, que juegan a dos barajas, cuando no se dedican directamente al trile añadiendo esa tercera bola a su quehacer diario, a su ideología y a sus principios.

Esos que quieren estar sentados a ambos lados de la mesa, los que pretenden contentar a diestro y siniestro sin mantener una postura homogénea ante sus electores, o peor aún, ante sí mismos. Los que de la diestra solamente quieren la parte capitalista y de posición social, pero que al mismo tiempo se arriman a la siniestra en todo aquello que es “chic”, “trendy”, “social”, “moderno”, “avanzado”, y que se lleva mucho en poblaciones tan siniestras como pueden ser Somosaguas, París o Nueva York.

Los que ven bien que a una unión entre personas del mismo sexo se le llame matrimonio, que ven mal que un partido político mantenga la palabra “cristiano” en su definición, o que ayer maldecían en Cataluña a una coalición diestra en su definición pero siniestra en su posición ante España, y hoy se alían con ella por el “bien” común, es decir, para sacar adelante sus presupuestos y poder repartir, adjudicar y subvencionar a su antojo, es decir, a diestro y siniestro.


Esos personajes que hoy dicen blanco y mañana negro. Que basan sus ideales y convicciones en una simple regla de tres, en el objetivo de sacar el máximo rédito particular y sobre todo económico a su actividad pública, bien pagada por todos nosotros, por cierto.

Esos, los ambidextros. O ambidiestros. Esos si que son personajes auténticamente siniestros.


miércoles, 11 de enero de 2012

El oxímoron definitivo

Mi intención era titular este artículo “la madre de todos los oxímoron”, pero dado que no existe acuerdo sobre el plural de esta palabra, he preferido simplificarlo. Sin poner en duda la capacidad intelectual de vosotros, mis queridos lectores, y simplemente para refrescar esa habilidad de recordar ya tocada por los años, los excesos alcohólicos o (en el caso de los tan sorprendentemente bien pagados chóferes de la Junta de Andalucía) por los gastos en polvitos blancos subvencionados por todos nosotros, recuerdo a todos que un oxímoron es, según definición de la Real Academia, una “Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido”.

En nuestro lenguaje habitual existen ejemplos a raudales, tantos que en muchos casos ni nos damos cuenta de que en el fondo estamos diciendo una estupidez. O no me diréis que “silencio atronador”, “calma tensa”, “casi seguro”, “estimación precisa “, “mala suerte” o la muy actual “Keyboard not found, press any key", no son más que sandeces si se toman al pie de la letra, pero que adquieren su nuevo valor y sentido justamente por su combinación. Para los aficionados a las letras no puedo dejar de recomendar esta página web  que describe esta figura del lenguaje de forma completa y con tal cantidad de ejemplos que prefiero que deje de ser un “secreto a voces” y compartirla con vosotros. Yo he aprovechado el hallazgo de esta página para intercalar unos cuantos de ellos en este texto, algo que por lo menos me ha proporcionado un rato ameno e instructivo.

Como debéis de estar imaginando todos yo sigo con mis “obsesiones normales”, es decir, apuntando no ya con “fuego amigo” sino con toda la intención del mundo a la casta política, que sigue dando ejemplo, día a día, de cuan ruin y falsa puede llegar a ser una persona con tal de perpetuarse en el poder. Y aquí pueden recibir todos, sin que ninguno de ellos sea un “justo pecador” (Para esto ya tenemos a uno de los mejores grupos de música de nuestra piel de toro.). En todo el arco parlamentario, de izquierda a derecha, en todas las instituciones, desde el Palacio Real o el Congreso de Los Diputados hasta la última pedanía del más pequeño ayuntamiento de la más pobre y pequeña de nuestras autonomías, estamos rodeados de personajes que anteponen sus propios intereses a sus obligaciones, ya sean legales, familiares o morales.

Ese “egoísmo compartido” de la clase dominante, ya sea un yerno de un rey impuesto, un dirigente terrorista candidato al premio nobel de la paz, un nuevo ministro de economía que defiende una "banca ética", un presidente de Gobierno que guarda un “clamoroso silencio”, un presidente autonómico encausado o un beneficiario de un ERE falso, todos, absolutamente todos ellos, viven, progresan y se enriquecen a costa nuestra. A costa de los que les votamos, de los que pagamos impuestos, de los que trabajamos para garantizar su bienestar, y no el nuestro.

Esa “apuesta segura” en la que se ha convertido cualquier cargo público para poder mangonear produce en mi no una “calma tensa” sino una rabia indescriptible. ¿Dónde está esa “conciencia política”, esa entrega al servicio de los demás, que debería de suponerse a los representantes de los ciudadanos, que en el fondo no son nada más que las personas designadas por nosotros para desempeñar una función pública?

Y aquí no me dejo llevar por una “envidia sana”, no amigos, es mi idealismo juvenil y luchador el que me revuelve las tripas, me genera ardor de estómago y me impide sonreír o escribir bonitos y divertidos relatos para distracción de mis lectores. Es el asco que siento ante esta “justicia criminal” encarnada por hechos, cohechos, sentencias ficticias y prescripciones planificadas. Ante esa “luz oscura” que se ha apoderado de nuestro país en la que ya solamente brillan los ojos entristecidos de los “muertos vivientes” en lo que se están convirtiendo la mayoría de los ciudadanos mientras los políticos usan sus “mentiras piadosas” para pedir el voto y luego cambiar de opinión al vuelo, para decir que “menos es más”, que no sabían nada del “secreto a voces” y que todo lo que dijeron era “relativo”.

Relativo a su increíble capacidad de mentir, será. (O de pasar de "catalana a andaluza" en lo que canta un gallo, que también manda huevos.)

Esa clase política que con sus “verdaderas mentiras” nos ha hecho caer en la trampa del “yugo liberador” de la democracia. Anda que me río.


Y son ellos los destinatarios de este artículo, los del oxímoron definitivo, esos “políticos sinceros” que cuando llegan a casa después de sus duras “reuniones de trabajo” exclaman: “Ande yo caliente, y jódase la gente.

lunes, 10 de octubre de 2011

Encuentros, desencuentros y reencuentros

Si nos atenemos a las definiciones de la Real Academia, estos tres conceptos en muchos casos se solapan, ya que un encuentro  (4ª acepción, discusión, riña, pelea) puede ser al mismo tiempo un desencuentro (1ª acepción, encuentro fallido) y hasta un reencuentro (2ª acepción, encuentro de dos cosas que chocan una con otra).  Estas siempre interesantes definiciones “oficiales”  ilustran de forma clara  la complejidad de los encuentros, o relaciones, entre las personas, que pueden pasar de una simple coincidencia física en un punto o un estado de mutuo acuerdo sobre un tema cualquiera, a una decepción y hasta a un enfrentamiento físico y bélico entre “dos grupos de tropas que se buscan y se encuentran”. Esto vuelve a demostrar  la inmensa riqueza de nuestro idioma y,  al mismo tiempo, incrementar mis dudas sobre el acierto de la inmersión lingüística en Cataluña y la consiguiente pérdida del conocimiento de esta lengua universal por un alto porcentaje de estudiantes de España.  Suerte tenemos que por otros lares el estudio del idioma español sigue su marcha ascendente e imparable, empezando por países cercanos, como Alemania o Francia, y acabando en los gigantes del futuro, como Brasil, donde nuestra lengua se ha convertido ya “de facto” en el segundo idioma oficial. Pero volvamos al tema inicial, a lo que iba: los encuentros, desencuentros y reencuentros.

En este último mes mis relaciones personales han pasado por cada uno de estos conceptos de una forma tan directa y hasta brutal, que no me he podido resistir a plasmarlo en este blog, sabedor de que tal como está evolucionando la era digital su contenido pasará a ser parte de esa nube global de datos a la que “per secula seculorum” tendremos acceso todos de una forma u otra. (Vigilada encima por el inefable ZP desde su terruña en León). Y no solamente gracias a las geniales invenciones o inspiraciones divinas de Steve Jobs, al que la mayoría de la sociedad, sin conocimientos profundos, otorga el triunfo absoluto en el nacimiento de la era digital, cuando él ha sido un simple eslabón más de una historia mucho más compleja y amplia que el esnobismo, la perfección en usabilidad, en marketing y sobre todo en el  ROI de los productos de su empresa de la manzana. Fruto que por cierto he visto mentar en algún sitio como heredero en importancia del  causante del pecado original en el jardín del Edén, sin que la persona que lo nombraba se haya detenido en el detalle de que dicho mordisco inició nuestro declive, el nacimiento de la envidia, el egoísmo y demás defectos de los que todos adolecemos.  Aunque igual iba bien encaminada, porque vista la rabia que sentimos muchos por no tener el último modelo del Iphone o del Ipad, queda fehacientemente confirmado que la manzana tiene ciertos efectos negativos en las personas.

Encuentros sorprendentes los he tenido este año en nuestro tramo anual del Camino de Santiago, que ha discurrido por la antigua Vía de la Plata entre Mérida y Plasencia.  Teniendo en cuenta que en los 160 km recorridos no hemos visto más que una veintena de peregrinos, es bastante sorprendente que cuatro  de ellos fueran australianos, y que encima ni se conocieran. Como decía uno de mis compañeros peregrinos ya es casualidad que de los cinco australianos que están pululando por España cuatro coincidan en este tramo tan poco común de las rutas a Santiago. Caprichos de la vida. Ha sido, como suele serlo en el Camino, una experiencia enriquecedora a todas luces. Coincidir con personas de nuestras antípodas y darte cuenta que no se contraponen a ti en nada más que en lo geográfico, que en todo lo demás compartes gustos, creencias, conocimientos y en este caso hasta empleo, ha sido como mínimo curioso. Cuando no emocionante.  Poder hablar con la misma pasión de la música con varios australianos, andando perdidos  en dehesas eternas entre vacas y ovejas,  o  abordar temas sobre la historia de España y ver que tu interlocutor, venido de Rosebery, Nueva Gales del Sur, conoce más detalles del devenir de  nuestra patria que muchos de tus amigos o compañeros de trabajo, son hechos que no se pueden pagar ni con todos los doblones de oro de nuestro antiguo imperio. Y por si lo leen, desde aquí un fuerte abrazo a Pat y a Alan, estén donde estén en estos momentos. Fue un placer andar con vosotros y compartir esos detalles que solamente se viven en las a veces duras y largas, pero siempre inolvidables, etapas, como son el cansancio, el calor, la sed, pero también, por supuesto, las cervezas en aldeas de cuatro gatos, las cenas en común en albergues acogedores o  los anocheceres estrellados compartidos, identificando constelaciones que en el otro, el vuestro, hemisferio no soléis ver. ¡Buen Camino amigos!
En el lado opuesto de la balanza, y sin alargarme mucho, he tenido desencuentros que no por no esperados (son cosas que estaban escritas) me han dolido mucho. Tener enfrentamientos con tu padre, ya mayor y enfermo, nunca son agradables, aunque tengas la razón, y dejar de hablar con amigos, para ti necesarios, importantes y hasta sagrados, sin saber muy bien por qué, son situaciones que más vale olvidar. Como se suele decir, el tiempo lo cura casi todo, y en este caso no es un simple dicho popular, sino ciencia cierta: el tiempo nos lleva a todos a la muerte, que irremediablemente llega, y con ella sana todo. Por lo menos lo terrenal.
No vayas a creer, querido lector, que esto va a quedar así. Demasiadas amonestaciones, que no broncas,  me suelo llevar con mis artículos depresivos, negativos y tristes. Por lo que ahora viene la parte bonita. La del tercer concepto enunciado en el título, el de  los reencuentros.
Pues resulta que después de aproximadamente 27 años he conseguido contactar con un otrora gran amigo, compañero de facultad durante un semestre, camarada en ideales políticos y  militancia, acompañante en diversas aficiones y hasta en actuaciones musicales conjuntas (siendo sincero, fue una única actuación, pero arrasamos) en un bar musical de Barcelona que seguro que hoy en día está en manos de chinos o pakistaníes,  y volverle a ver me ha aportado esa parte de felicidad y alegría que mi cuerpo y mi mente estaban pidiendo a gritos.  (Javier, es war eine große Freude und eine Ehre dich wieder zu treffen). Después de años de infructuosos intentos de localizarle, la magia de la nube digital nombrada al principio de este artículo y de los cada vez más potentes buscadores , me han permitido primero localizar alguna de sus obras publicadas, luego a su hermano en una red social, hasta finalmente llegar a él mismo y no solamente poder contactar por correo sino que encima hemos llegado a vernos y hemos podido disfrutar un día en compañía, día que a ambos nos supo a poco,  teniendo en cuenta los años transcurridos sin vernos y todo lo que ello conlleva en historias por contar. Y por mi parte ha sido un encuentro muy natural, sin ningún distanciamiento producido por el tiempo, con la salvedad, extraña, sorprendente y loable, de que en el ínterin ha sido capaz de aprender alemán desde cero, habiendo alcanzado un nivel realmente sorprendente para un español.  Para luego ver atónito las disputas y los disparates que se producen en esta parte de España, en Cataluña, por dejar de enseñar una u otra lengua a los cada vez más atontados jóvenes. 
Si alguno de los “politicuchos” que tan mal nos gobiernan fuera realmente bilingüe o hasta políglota, con lo que ello implica en formación y amplitud de miras, si dejaran de utilizar la cultura como arma arrojadiza contra sus adversarios, que no compinches, si entendieran algo, aunque fuera poco,  de una santa vez y no fueran tan ruines, tan falsos, tan interesados en los privilegios de su posición y tan poco dados a la lucha por el bien común, otro gallo nos cantaría.
Pero eso ya no sería ni un encuentro, ni un desencuentro ni un reencuentro. Sería una aparición milagrosa.
Y apariciones milagrosas hace tiempo que no se producen. Ni la de Steve Jobs lo ha sido.