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jueves, 21 de mayo de 2015

Regeneración democrática y otros cuentos infantiles

Los que llevamos toda nuestra vida inmersos de alguna manera en la lucha política, con fases de mucha actividad y otras más contemplativas (pero no por ello menos críticas), y que encima tenemos ese convencimiento de estar intelectualmente por encima de la mayoría inculta y atontada que nos rodea, no salimos de nuestro asombro ante el panorama político actual. Por lo menos es mi caso.

No es que me sorprendan los políticos de toda la vida, esos viejos conocidos que dedican los quince días de campaña a soltar perogrulladas, medias verdades o completas mentiras, a fin de arañar un puñado de votos que les permita seguir disfrutando de amplios privilegios en este paraíso “partitocráctico” en el que se ha convertido nuestra querida España. Que va. 
A éstos los tenemos identificados desde los lejanos años setenta del siglo pasado. Son aquellos que,  enarbolando banderas separadoras y de tristes recuerdos y al grito de democracia, libertad, amnistía y autonomía, se apoderaron en exclusiva de esos valores universales y del derecho a llamarse justos y demócratas; esos mismos que llevan ya más de 40 años viviendo del cuento, es decir, de nuestro trabajo y esfuerzo diario  en forma de impuestos, prometiendo y no cumpliendo ni una de las grandes proclamas que han ido soltando a lo largo de estos decenios. Eso sí, a cuerpo de rey, cual Bribón listillo, deficiente y mujeriego, mientras la estructura de ese sólido edificio milenario llamado España, esa patria común de millones de personas y en su época ejemplar Imperio mundial (imperio del bien, por cierto, frente a otras naciones imperialistas que lo único que dejaron atrás fueron muertos y odio eterno), se ha ido desmantelando en beneficio de los intereses globales del capital, los lobbies, las logias, las multinacionales, la globalización, los productos transgénicos de Monsanto, el sionismo y los demás poderes ocultos que nos tienen bien presos en sus maléficas redes.

Nada nuevo hasta aquí. Esta obra de teatro, sus personajes, su attrezzo y la trama de la tragicomedia que interpretan,  ya los conocemos desde que se inició esa mal llamada  transición, que mejor deberíamos llamar destrucción, o desmembración, o hecatombe, o cualquier otra  de las equivalencias que nos ofrece nuestra tan rico idioma español.

Lo nuevo, lo que me sorprende, son esos inteligentes, visionarios y sagaces compatriotas que de golpe han descubierto que este sistema es corrupto, que los partidos políticos son estructuras de poder ligadas a intereses particulares y que la libertad y la justicia brillan por su ausencia en nuestra casa común. Es decir, personas con sensatez, con intelecto, que por fin han dicho basta (un poco tarde teniendo en cuenta que son más de 40 años de insensatez), y que de una forma u otra luchan por encontrar una alternativa a este sistema injusto, inmoral y corrupto llamado pomposamente “estado social y democrático de derecho”. Ya me diréis, queridos lectores,  dónde encontrar lo social, lo democrático y lo de derecho en nuestra patria. Si no es en un viaje alucinógeno a base de psicotrópicos, en una farra más tradicional a base de vinos y destilados (o en una salida a comer a Colmenar Viejo), no veo yo justicia ni democracia por ningún lado.

Pero por desgracia, esta minoritaria parte de la sociedad que se ha hartado de la mentira, la manipulación y la explotación (eso sí, cuando les han tocado los cuartos, porque en tiempos de bonanza aquí no se movía ni el tato, a no ser que fuera para irse al bar a tomar un botellín a la salud del sistema que tan bien les protegía y tan poco les exigía), ha dejado que nuevos redentores se apoderen de sus ideales, su lucha y sus ilusiones, creando partidos y  movimientos súper guays, que, como era de esperar, han acabado siendo simples calcos de lo que ya tenemos. O peores. Porque los pasados 40 años de servicio de colocación que han llevado a cabo los partidos tradicionales tienen su peso, y desalojar a cientos de miles de amigos, familiares y acólitos para colocar a los nuevos candidatos, asesores, consejeros, amiguetes y colegas, nos va a costar un ojo en la cara. O ambos. Ni Vox, ni Ciudadanos, ni UpyD, ni Podemos, ni ninguno de los demás grupúsculos que han emergido en estos años aportan nada nuevo. Por mucho que Ciudadanos proclame que no es “ni de izquierdas ni de derechas”. O que los asesores de Podemos dejen caer sutilmente que Pablo Iglesias admira a José Antonio. O que Vox sea el único partido que alza la voz a favor de la vida y contra el aborto, sabedor de que no va rascar nada y que no tendrá que cumplir ni una de sus promesas. Al final todos se han integrado (o han tenido que integrarse) en el sistema “social, democrático y de derecho” de tal forma, que directamente han heredado todo lo malo que esta falsa democracia contiene. 

La inexistencia de valores, el interés particular, el afán de protagonismo, la buena vida, el compadreo por encima de las siglas, la subrogación de los intereses patrios a los intereses del capital, es decir,  se han entregado a la sumisión, la sodomía, el latrocinio, la prevaricación, las prebendas y los privilegios. ¡Que ahora nos toca a nosotros! ¡Y que nos quiten lo bailado, como tanto le gusta decir a los españoles!

¿Y dónde radica el problema? Pues que el Sistema es malo “per se”, con intención, y se sostiene a sí mismo: es de ilusos pensar que desde dentro se pueda acabar con él. Más aún cuando las tentaciones que acechan al idealista pero iluso ciudadano en el momento en el que se adentra en el ruedo democrático,  son peores que cualquier manzana que una bella Eva pudiera ofrecernos. Solamente las  podrían superar las 72 vírgenes del paraíso yihadista. (Algo que por desgracia también está pasando. Y sobre todo en las “democracias” occidentales.)

El Sistema ha creado a sus esclavos, carentes de cualquier valor superior, encadenados a lo material, a lo que dicta la mayor herramienta del poder, la telebasura, a lo efímero, a lo sucio, a lo intrascendente. Y cada tantos años les deja jugar un rato con las papeletas, corear sus eslóganes, contestar a las encuestas, asistir a los mítines, creer en las promesas y hacer el paripé en las urnas. 

¡Venga ciudadanía, hoy jugamos a ser libres, a creer en algo y a cambiar el mundo! Y en cuanto nos hayáis votado, ahí os quedaréis. Pobres, esclavos y tontos. Eso sí, con muchos gadgets, modas, drogas, sexo, violencia y sobre todo consumo. Que hay que mantener en marcha la máquina de generar dinero para que un 1% de la sociedad mundial domine al restante 99%.

¿No será que los “valores” que anuncia, vende, proclama y dice defender y representar nuestro estado “democrático, social y de derecho” no son tales?

¿A votar? Anda y que os den.



P.D. Como siempre un abrazo a los que a pesar de todo lo intentan. A los idealistas de verdad. A la buena gente. A los que buscan el bien común. ¡Ánimo y suerte!


viernes, 21 de diciembre de 2012

Feliz Navidad: mentiras around the clock


Nos rodean las mentiras. O la Mentira, en singular y prepotente presencia. Y no solamente durante todo el día, como digo en el título, más  bien cabría presentarla como un servicio disponible 24x7x365, al estilo de las teletiendas o los románticos, sinceros y tan “humanos” servicios de sexo telefónico.

Leyendo a mi admirado y siempre optimista Juan Carlos Girauta, en su “as usual” genial aportación (en el ABC de hoy) al despertar de la sociedad, no he podido más que dejar mi soledad social en el sofá, Iphone en ristre y hits de los ochenta sonando por los bafles, para dejar constancia de mi decepción (que no asco) creciente ante el mundo que nos rodea.

Sin lugar a dudas la cercanía de las fiestas navideñas aporta esa gota que colma el vaso de mi paciencia cada año, y ya han pasado bastantes lustros viviendo con la suficiente consciencia, casi tantos como versiones del discurso de Navidad de su “Majestad”  publicados en un canal de Youtube, para permitirme despotricar (en su completa acepción) de nuevo y con mucha rabia contra esta mentira de sociedad que hemos creado entre todos. Entre todos, pero algunos con más culpa, pero mucha más, que pobres mortales como yo (y como muchos más) cuya voz se ahoga en un blog desconocido o en un vaso de güisqui “on the rocks”.

Los culpables de la Mentira, de la manipulación, de la explotación, de la subordinación a los  intereses comerciales de multinacionales o a las siempre oscuras y egoístas intenciones mafiosas de instituciones, partidos políticos, fundaciones y demás organismos artificiales, contra natura y en nada representativos de la voluntad real de la sociedad, esos culpables están ahí, delante o más bien encima nuestro, dándonos lo que nos merecemos y por todos lados.

Políticos profesionales dedicados a la manipulación, la intriga, la negociación, la prevaricación, la defraudación, ocupados 365+ días al año  (y parte de sus noches) a la gran mentira mentada en el título. Para no hablar de banqueros corruptos, traficantes de órganos, de mujeres, de armas o de drogas, de caciques locales, "hijos de" ex y presidentes autonómicos o de dictadores sanguinarios.

Usar nuestra castiza y tan hispana expresión “Gato por liebre” se queda corto para describir esas 7x24 horas de mentiras que nos rodean, cual miles de señales radiofónicas cuyas frecuencias la mayoría de mentes no consiguen decodificar, y que convierten a gran parte de los ciudadanos en simple peleles en manos de planificadores de campañas publicitarias, diseñadores de atractivos (para ellos) fondos de inversión, consultoras internacionales, creadores de tendencia, políticos libertadores salvadores de la patria o aparentemente sensatos  gobernantes trajeados pero sin sangre en las venas y con nulas ganas de arreglar nada más que su propio futuro.

Desde nimiedades como el intolerable cartel de las cadenas televisivas anunciando “volvemos en 6 minutos” para machacarnos seguidamente con 10 o más minutos de anuncios manipuladores de mentes estrechas, hasta la suprema y gran mentira de llamar a nuestro sistema político democracia social y declararnos hombres libres e iguales, cualquier cosa que leas, veas, oigas (que no escuches), sientas, creas, huelas o intuyas habrá pasado antes por el embudo o el gestor de campañas informatizado de alguna intención, normalmente oscura, o como mínimo egoísta, del emisor de la misma.

Desde una promesa electoral jamás cumplida, pasando por la tan bien embebida “suprema necesidad”  de adquirir el último gadget, el interés de las preferentes prometido en tu banco de toda la vida o el fin del mundo maya,  hasta la insultante y tan cercana celebración de la Navidad como factor clave en cualquier cuenta de resultados de las empresas y generador de un porcentaje de ventas cercano al 70% anual en algunos negocios, olvidando y hasta ocultando el verdadero significado de estas fiestas, todo es vomitivo.

Pero es lo que hay. Lo que nos merecemos.

Si no lo evitamos. Y luchamos.

Feliz Navidad a todos. 


lunes, 9 de julio de 2012

Eme: de manipulación, mentiras y minería



Nota previa:

Ante la polémica surgida entre algunos de mis lectores por el contenido de este artículo, quiero resaltar lo siguiente: mi intención no era defender algo indefendible, como la calidad de nuestro carbón o la viabilidad del sector, ni dar pie a pensar que yo pueda alinearme con los fantoches trasnochados de la izquierda de visa de oro y guitarra en ristre, los de la “ceja”, ni posicionarme al lado de los líderes sindicales de Rolex dorado y cruceros de lujo que aprovechan ocasiones como la que estamos viviendo para sacar provecho para su causa perdida y anacrónica, sino que simplemente quería resaltar lo nimio del importe necesario para mantener a estas 4.000 familias hasta el límite ya establecido (por ley y por imposición Europea) en 2018, la inoportunidad absoluta de esta polémica en estos momentos tan difíciles para nuestro país, la mentira, manipulación y corrupción que sufre el sector minero desde hace años, la bajada de pantalones que ha tenido que realizar España ante Europa desde los lejanos años 80 desmontando todo el tejido industrial para mayor gloria de las empresas norteñas y la innegable hombría y razón del colectivo minero español en la lucha contra la injusticia, hombría de la que solamente se aprovecha, "as usual", la izquierda ruidosa y ruin. El que haya entendido algo diferente o bien no me conoce o bien ha leído en diagonal y con muchas prisas.


Artículo original: 
Entre las verdades que escribe un amigo mío en su excelente artículo titulado “¿Crisis,qué crisis?” y mi vano intento de encontrar una aproximación real a la situación de la minería en España,  recurriendo a cuantas fuentes de información he podido, ha sido un fin de semana terrible. Si a ello le sumamos la acostumbrada soledad, la falta de dinero, en línea con la mayoría de nuestros compatriotas (exceptuando claro está a los políticos, los ejecutivos ladrones, los proxenetas y a los traficantes, colectivos estos que no conocen la crisis ni por referencias) y un calor nocturno asfixiante, podríamos hablar de un fin de semana perdido, como tantos otros. Pero tampoco es cuestión de lamentarse: el sábado hubo un rato bueno, con un par de cervezas, en inmejorable compañía (gran Ramiro) y escuchando música clásica, léase rock de verdad, hablando sobre Jethro Tull y artistas de su talla, y el domingo se alegró un poquito con un paseo por el Rastro de Madrid acompañado de seres queridos. Algo es algo. Y tal como están las cosas el que no se conforme con estos mínimos placeres lo lleva claro. Porque peores tiempos nos tocará vivir. Sin duda.

Pero estas mínimas alegrías no compensan el desasosiego que me causa ver que, como siempre, la verdad no aparece por ningún lado, ni se la espera, y que estamos sujetos a las mentiras que nos cuenten los medios, los políticos, los lobbies, los bancos, los sindicatos o cualquier otra institución, colectivo o mafia que se dedica por su propia naturaleza a vivir de los demás, sin aportar nada y poniendo la mano, con su racket, su usura, sus ratings, sus comisiones o su nepotismo. Esta sociedad, llamada eufemísticamente Estado Social y de Derecho, que de social cada vez tiene menos y en la que el derecho desapareció hace tiempo en aras de la manipulación de la ley por parte del poder político.
Heme pues en casa intentando cuadrar las cuentas del problema minero, sumando y restando, googleando y comparando, sin llegar a un resultado mínimamente satisfactorio.
¿Hablamos de un recorte de 300 millones de euros, con un mafioso llamado Victorino Alonso llenándose los bolsillos y un gobierno de rodillas ante la UE por este ridículo importe, pero solicitando al mismo tiempo ayudas por importes de miles de millones de euros para un sistema bancario corrupto?
¿Hablamos de 300 millones cuando colocar a las impresentables Bibiana Aido y Leire Pajín ha costado más o menos lo mismo?
¿Hablamos de 300 millones cuando los gobernantes de Andalucía han trincado bastante más con sus EREs falsos?
¿Hablamos de 300 millones cuando los gastos en embajadas de reyezuelos locales superan con creces este importe?
Si fuera así, y parece que lo es, sería el momento de seguir el ejemplo de los mineros, único colectivo en España que realmente se enfrenta al poder con argumentos y con huevos, con perdón, y echarnos todos a la calle para limpiar de una santa vez esta tierra de ociosos mangantes y manipuladores profesionales.  Debería de ser el momento de acabar con la sumisión a las leyes del mercado, ente inexistente pero más presente en nuestro día a día que el coco en los cuentos infantiles, a las imposiciones del pirata anglosajón, a la oscura y obscena gestión del mundo por parte de las multinacionales, los grupos de presión y las “sectas” del siglo XXI, al buenismo socialdemócrata, al latrocinio del progresismo inculto y a la insulsa, inútil y fatua  existencia de la derecha democrática, que vive de grandes promesas y mínimos cumplimientos.
En tiempos revueltos, como estos,  en época de mentiras, de manipulación y de mamones, si fuéramos hombres de bien, españoles recios, idealistas y sensatos, como los que hace 800 años plantaron cara al invasor en las Navas de Tolosa, estaríamos todos al lado de la minería. Sin dudarlo.
Pero estos tiempos ya pasaron. Lo nuestro son los partidos de fútbol, la telebasura, las verbenas populares y poco más.
La palabra revolución pasó a los libros de historia. A esos libros que ya nadie lee, por mucho que lleve su lector de libros electrónicos cargado con miles de obras de la literatura universal que jamás entendería, para acabar leyendo los pies de fotos del AS o el Sport, que  es a lo máximo que llegan las mentes de los españoles. Por lo menos de la mayoría de ellos.

Allá nosotros con nuestra conciencia, pero que nadie hable con pasión de España,  o de Europa. Son cosas del pasado que nos hemos dejado robar. Por la Roja. Por la insensatez. Por la comodidad. Por la desidia. Por la superficialidad. Por el vicio. Por la incultura. Por la cobardía.

miércoles, 11 de enero de 2012

El oxímoron definitivo

Mi intención era titular este artículo “la madre de todos los oxímoron”, pero dado que no existe acuerdo sobre el plural de esta palabra, he preferido simplificarlo. Sin poner en duda la capacidad intelectual de vosotros, mis queridos lectores, y simplemente para refrescar esa habilidad de recordar ya tocada por los años, los excesos alcohólicos o (en el caso de los tan sorprendentemente bien pagados chóferes de la Junta de Andalucía) por los gastos en polvitos blancos subvencionados por todos nosotros, recuerdo a todos que un oxímoron es, según definición de la Real Academia, una “Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido”.

En nuestro lenguaje habitual existen ejemplos a raudales, tantos que en muchos casos ni nos damos cuenta de que en el fondo estamos diciendo una estupidez. O no me diréis que “silencio atronador”, “calma tensa”, “casi seguro”, “estimación precisa “, “mala suerte” o la muy actual “Keyboard not found, press any key", no son más que sandeces si se toman al pie de la letra, pero que adquieren su nuevo valor y sentido justamente por su combinación. Para los aficionados a las letras no puedo dejar de recomendar esta página web  que describe esta figura del lenguaje de forma completa y con tal cantidad de ejemplos que prefiero que deje de ser un “secreto a voces” y compartirla con vosotros. Yo he aprovechado el hallazgo de esta página para intercalar unos cuantos de ellos en este texto, algo que por lo menos me ha proporcionado un rato ameno e instructivo.

Como debéis de estar imaginando todos yo sigo con mis “obsesiones normales”, es decir, apuntando no ya con “fuego amigo” sino con toda la intención del mundo a la casta política, que sigue dando ejemplo, día a día, de cuan ruin y falsa puede llegar a ser una persona con tal de perpetuarse en el poder. Y aquí pueden recibir todos, sin que ninguno de ellos sea un “justo pecador” (Para esto ya tenemos a uno de los mejores grupos de música de nuestra piel de toro.). En todo el arco parlamentario, de izquierda a derecha, en todas las instituciones, desde el Palacio Real o el Congreso de Los Diputados hasta la última pedanía del más pequeño ayuntamiento de la más pobre y pequeña de nuestras autonomías, estamos rodeados de personajes que anteponen sus propios intereses a sus obligaciones, ya sean legales, familiares o morales.

Ese “egoísmo compartido” de la clase dominante, ya sea un yerno de un rey impuesto, un dirigente terrorista candidato al premio nobel de la paz, un nuevo ministro de economía que defiende una "banca ética", un presidente de Gobierno que guarda un “clamoroso silencio”, un presidente autonómico encausado o un beneficiario de un ERE falso, todos, absolutamente todos ellos, viven, progresan y se enriquecen a costa nuestra. A costa de los que les votamos, de los que pagamos impuestos, de los que trabajamos para garantizar su bienestar, y no el nuestro.

Esa “apuesta segura” en la que se ha convertido cualquier cargo público para poder mangonear produce en mi no una “calma tensa” sino una rabia indescriptible. ¿Dónde está esa “conciencia política”, esa entrega al servicio de los demás, que debería de suponerse a los representantes de los ciudadanos, que en el fondo no son nada más que las personas designadas por nosotros para desempeñar una función pública?

Y aquí no me dejo llevar por una “envidia sana”, no amigos, es mi idealismo juvenil y luchador el que me revuelve las tripas, me genera ardor de estómago y me impide sonreír o escribir bonitos y divertidos relatos para distracción de mis lectores. Es el asco que siento ante esta “justicia criminal” encarnada por hechos, cohechos, sentencias ficticias y prescripciones planificadas. Ante esa “luz oscura” que se ha apoderado de nuestro país en la que ya solamente brillan los ojos entristecidos de los “muertos vivientes” en lo que se están convirtiendo la mayoría de los ciudadanos mientras los políticos usan sus “mentiras piadosas” para pedir el voto y luego cambiar de opinión al vuelo, para decir que “menos es más”, que no sabían nada del “secreto a voces” y que todo lo que dijeron era “relativo”.

Relativo a su increíble capacidad de mentir, será. (O de pasar de "catalana a andaluza" en lo que canta un gallo, que también manda huevos.)

Esa clase política que con sus “verdaderas mentiras” nos ha hecho caer en la trampa del “yugo liberador” de la democracia. Anda que me río.


Y son ellos los destinatarios de este artículo, los del oxímoron definitivo, esos “políticos sinceros” que cuando llegan a casa después de sus duras “reuniones de trabajo” exclaman: “Ande yo caliente, y jódase la gente.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Elecciones y excepciones

Llevo ya más de 30 años de militancia, si se puede llamar de esta forma a una actividad política mínima, extraparlamentaria, en partidos minoritarios, que no marginales,  y centrada  casi en exclusiva en proclamar a los cuatro vientos  (si es en la barra del bar, mejor),  mi disconformidad con el sistema político actual y mi aspiración a conseguir un sistema político más justo y más cercano a los valores eternos que considero básicos para una sociedad avanzada.  Es de cajón que esto y la nada absoluta se asemejan mucho, sobre todo si la escala para su ponderación la ponemos en las metas y logros alcanzados.  Detalle éste que tampoco me preocupa, dado que cualquier utopía por definición “es irrealizable en el momento de su formulación” (RAE), y por lo tanto equiparable a la nada, al vacío, al agujero negro del espacio que todo se traga y nada devuelve (y si se llegara a realizar dejaría de ser utopía). Llevo por lo tanto 30 años siendo un soñador.

En estos seis lustros he compartido la anteriormente nombrada actividad (para ser sinceros más bien inactividad) con muchos camaradas y amigos, de los cuales una parte residual ha seguido la senda del soñador, refugiándose en ilusiones preciosas pero irrealizables, mientras que la mayoría o bien ha dejado de lado cualquier lucha más allá de la necesaria para la propia supervivencia, o bien ha puesto los pies en el suelo, renunciando a buscar una alternativa política al actual régimen, aceptando el mal menor del sistema político que nos rige, aún a sabiendas que no es bueno, ni justo, ni apropiado, y lanzándose a la batalla escabrosa de bregar desde dentro del sistema para intentar mejorarlo.  Lo describo de esta forma tan “poética” sabedor que no todo son rosas en esta vida, y que en muchos casos (quién sabe en qué proporción) la entrada en el ruedo político no se ha debido al altruismo, al idealismo, sino más bien al interés personal de colocarse en el mejor puesto posible para vivir de las prebendas, los regalos, las relaciones y las subvenciones de la mega-estructura de la sociedad democrática, en la que por cada persona que aporta algo hay cientos detrás rascándose la pancha y viviendo a cuerpo de rey a costa de nuestros impuestos.
De estos pocos que han seguido por la vía política “oficial”, estructurada alrededor de partidos políticos legalizados y registrados, algunos han optado por la opción más consecuente con nuestros ideales, fundando, fusionando, desmontando, coaligando, torpedeando, atacando o defendiendo “ene”  mini-partidos revolucionarios, sociales, patrióticos, unificados, auténticos, ortodoxos, y otros han ido a buscar refugio en aquellos partidos mayoritarios que de una u otra forma cubren, aunque sea parcialmente, sus ideales y aspiraciones de luchar por una sociedad mejor.
“Chapeau” por todos ellos. Por lo menos lo intentan o han intentado.  
En estos treinta largos años que han pasado solamente he votado una vez, en el referéndum del año 1986 sobre la permanencia en la OTAN,  sin haber cometido aún el para mi pecado mortal de depositar en una urna una burda papeleta con las siglas de un partido político, ente que no considero representativo del ser humano ni adecuado para regir sus destinos.  Hoy en día ya ni participaría en un referéndum,  acto que representa la mayor tomadura de pelo dentro del sistema democrático, ya que delega de forma cobarde la incapacidad de los elegidos para desempeñar una función de liderazgo en la masa anónima, que es la misma que le ha encargado una tarea muy seria, la de gobernar. Como si un responsable financiero de una multinacional o de un banco, ante la crisis financiera actual, reuniera a todos sus empleados, desde el repartidor de cartas hasta el guardia jurado del parking, para tomar las decisiones necesarias. Inconcebible e intolerable. Como el amago de Papandreu ,  que ha durado menos que un caramelo en la puerta de un colegio y que de forma tan genial describían ayer en “El Mundo” tanto Arcadi Espada (lector, no te pierdas este artículo, está a la mitad de esta página enlazada, titulado “Una broma de pueblo”) como, en menor medida, Salvador Sostres.

Y seguiré sin votar.

Termino con una dedicatoria. Todo este artículo nació ayer en mi cabeza, tirado en el sofá, cuando cogí mi teléfono móvil  y lancé a la nube invisible que nos rodea y que contiene todo, un SMS con el siguiente mensaje,, dirigido a una querida amiga, destacada ejemplo de la parte buena explicada anteriormente:  “Mucha suerte en la campaña. ¡A por ellos!”

Jamás hubiera pensado que animaría a alguien ante el inicio de una campaña electoral.  Pero en este caso no me he podido resistir, se trata de una persona que rompe todos los tabúes y prejuicios que tengo hacia los partidos políticos y las demás sandeces del sistema.  España se merece que salga elegida. (Y si es capaz de cambiar el sistema, mejor aún).  ¡Mucha suerte Elisabeth!

P.D. Elisabeth es candidata del Partido Popular al Senado.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Caen las hojas en otoño..


..y los políticos corren como galgos condenados a ser colgados de un árbol,  en busca de cobijo ante el crudo invierno que les acecha.

De entrada me disculpo por el “engaño” en el título del artículo, que sin lugar a dudas induce a pensar en una aportación poética.  Supongo que la melancolía ha podido conmigo al leer la entrevista a Sánchez-Dragó sobre su nuevo libro, autobiográfico, en la que cita los últimos versos de Antonio Machado encontrados en el bolsillo de su chaqueta tras su muerte: “Estos días azules y este sol de infancia.”

Esta tristeza que se asocia al fin del verano  me ha llevado irremediablemente a compararla con la realidad de lo que está sucediendo estos días en las altas esferas del (aún) poder socialista.  Para la “gran familia” socialista, la “Cosa Nostra” de Ferraz, se acaba una estación luminosa, una primavera y un verano que han durado casi ocho años y que les ha permitido echar cientos, que no miles, de semillas aquí y allá, para ver brotar en sus fructíferos árboles cargos, prebendas, chanchullos,  subvenciones, manipulaciones, contratas, subcontratas, recalificaciones, asesorías, concesiones, nombramientos y demás ventajas personales que, con la llegada del otoño y las próximas elecciones, van a desaparecer a golpe de hartazgo y sensatez del electorado.


Ni un brote verde, de aquellos anunciados hace tiempo por el innombrable, hemos visto a lo largo y ancho de la piel de toro en esta casi década, mientras que “ellos” han ido recogiendo cosecha tras cosecha, en doblones contantes y sonantes,  riéndose en nuestra cara y acumulando oro, que no grano,  para pasar no uno, sino varios inviernos al sol que mejor brilla, el de la amplia cobertura económica a costa de los demás.

En un alocada carrera al estilo de “tonto el último” se están produciendo estos días nombramientos irrisorios y adjudicaciones de contratas fuera de tiempo y de lugar, a fin de arañar lo que puedan antes de abandonar el Olimpo en el que se instalaron hace exactamente 2.775 días, un execrable (por profanado) 14 de Marzo de 2004 en el que, manipulando el peor atentado de la historia, actuando contra toda norma jurídica en la jornada de reflexión y engañando, al igual que hoy, al pobre e ignorante ciudadano medio, tomaron el poder de una España atontada y  adormecida por el bienestar creado por el anterior gobierno.

¿Cómo no van a existir indignados viendo esta bufa comedia interpretada por los mejores actores de la izquierda manipuladora y mentirosa?

Y no me refiero a los okupas, los perroflautas y demás especímenes que al amparo de la sociedad del bienestar protestan,  sin ningún tipo de conocimiento o reflexión,  contra los únicos que les pueden devolver los privilegios de los que han gozado hasta ahora, sin levantar la voz contra los verdaderos culpables de su situación, ni tampoco asumir su propia responsabilidad y decidir de una vez aportar algo a la sociedad en vez  de vivir del cuento.

No, me refiero a nosotros, a los normales ciudadanos trabajadores que no tenemos que acampar en la calle, ni llevar crestas o rastas, ni vestir cuero negro, ni orinar en la calle,  ni ocupar propiedades ajenas para sentirnos engañados, cuando no humillados, por el poder.

Con la nefasta gestión socialista hemos ido perdiendo toda protección y subvención que solamente un país económicamente fuerte puede ofrecer,  y a la misma velocidad se han ido enriqueciendo los cargos socialistas. Socialistas que, conocedores del nivel cultural del españolito de a pie, responsables del desaguisado en el que nos encontramos y estando aún oficialmente en el poder, ya lanzan sus dardos envenenados contra un futuro gobierno de derechas, como si hubieran sido ellos los descubridores de la velocidad de los neutrinos y ya estuviéramos en diciembre o en enero del año que viene, aguantando la presión de la calle, de las huelgas, de las infamias y de las manipulaciones que, sin lugar a dudas,  serán el pan nuestro de cada día a partir del 20 de Noviembre.

Fecha esta que para muchos de nosotros ha sido siempre un día de nostalgia, conmemoración  y recuerdo pero también  de sueños y esperanza de ver una España mejor, más grande, más justa, más libre y más sensata.

Sueño que, gane quien gane, no se cumplirá. Porque el mal seguirá presente, enquistado en una dictadura de partidos que,  por mucho que nos prometan ahora los candidatos de la oposición, seguirá siendo la misma estructura política que, como bien dijo aún siendo cardenal el actual Papa, otorga rango de verdad absoluta a una mayoría de votos ( Truth is not determined by a majority vote). Y aquí radica el error.  La verdad no puede ser determinada por el voto de una mayoría inculta y alelada y que encima siempre es minoritaria frente al resto de los ciudadanos, y, sobre todo, frente a la sensatez y los conocimientos de aquellos que por méritos y preparación deberían llevar las riendas del país.   

Pero nosotros seguiremos soñando y luchando, cada uno a su manera, por encontrar un sistema político realmente justo y apropiado para nuestra nación, y con ello para la Humanidad.  Como hicieron otros antes que nosotros. Y como harán, Dios nos oiga, los que hereden nuestro espíritu inconformista. 

lunes, 10 de octubre de 2011

Encuentros, desencuentros y reencuentros

Si nos atenemos a las definiciones de la Real Academia, estos tres conceptos en muchos casos se solapan, ya que un encuentro  (4ª acepción, discusión, riña, pelea) puede ser al mismo tiempo un desencuentro (1ª acepción, encuentro fallido) y hasta un reencuentro (2ª acepción, encuentro de dos cosas que chocan una con otra).  Estas siempre interesantes definiciones “oficiales”  ilustran de forma clara  la complejidad de los encuentros, o relaciones, entre las personas, que pueden pasar de una simple coincidencia física en un punto o un estado de mutuo acuerdo sobre un tema cualquiera, a una decepción y hasta a un enfrentamiento físico y bélico entre “dos grupos de tropas que se buscan y se encuentran”. Esto vuelve a demostrar  la inmensa riqueza de nuestro idioma y,  al mismo tiempo, incrementar mis dudas sobre el acierto de la inmersión lingüística en Cataluña y la consiguiente pérdida del conocimiento de esta lengua universal por un alto porcentaje de estudiantes de España.  Suerte tenemos que por otros lares el estudio del idioma español sigue su marcha ascendente e imparable, empezando por países cercanos, como Alemania o Francia, y acabando en los gigantes del futuro, como Brasil, donde nuestra lengua se ha convertido ya “de facto” en el segundo idioma oficial. Pero volvamos al tema inicial, a lo que iba: los encuentros, desencuentros y reencuentros.

En este último mes mis relaciones personales han pasado por cada uno de estos conceptos de una forma tan directa y hasta brutal, que no me he podido resistir a plasmarlo en este blog, sabedor de que tal como está evolucionando la era digital su contenido pasará a ser parte de esa nube global de datos a la que “per secula seculorum” tendremos acceso todos de una forma u otra. (Vigilada encima por el inefable ZP desde su terruña en León). Y no solamente gracias a las geniales invenciones o inspiraciones divinas de Steve Jobs, al que la mayoría de la sociedad, sin conocimientos profundos, otorga el triunfo absoluto en el nacimiento de la era digital, cuando él ha sido un simple eslabón más de una historia mucho más compleja y amplia que el esnobismo, la perfección en usabilidad, en marketing y sobre todo en el  ROI de los productos de su empresa de la manzana. Fruto que por cierto he visto mentar en algún sitio como heredero en importancia del  causante del pecado original en el jardín del Edén, sin que la persona que lo nombraba se haya detenido en el detalle de que dicho mordisco inició nuestro declive, el nacimiento de la envidia, el egoísmo y demás defectos de los que todos adolecemos.  Aunque igual iba bien encaminada, porque vista la rabia que sentimos muchos por no tener el último modelo del Iphone o del Ipad, queda fehacientemente confirmado que la manzana tiene ciertos efectos negativos en las personas.

Encuentros sorprendentes los he tenido este año en nuestro tramo anual del Camino de Santiago, que ha discurrido por la antigua Vía de la Plata entre Mérida y Plasencia.  Teniendo en cuenta que en los 160 km recorridos no hemos visto más que una veintena de peregrinos, es bastante sorprendente que cuatro  de ellos fueran australianos, y que encima ni se conocieran. Como decía uno de mis compañeros peregrinos ya es casualidad que de los cinco australianos que están pululando por España cuatro coincidan en este tramo tan poco común de las rutas a Santiago. Caprichos de la vida. Ha sido, como suele serlo en el Camino, una experiencia enriquecedora a todas luces. Coincidir con personas de nuestras antípodas y darte cuenta que no se contraponen a ti en nada más que en lo geográfico, que en todo lo demás compartes gustos, creencias, conocimientos y en este caso hasta empleo, ha sido como mínimo curioso. Cuando no emocionante.  Poder hablar con la misma pasión de la música con varios australianos, andando perdidos  en dehesas eternas entre vacas y ovejas,  o  abordar temas sobre la historia de España y ver que tu interlocutor, venido de Rosebery, Nueva Gales del Sur, conoce más detalles del devenir de  nuestra patria que muchos de tus amigos o compañeros de trabajo, son hechos que no se pueden pagar ni con todos los doblones de oro de nuestro antiguo imperio. Y por si lo leen, desde aquí un fuerte abrazo a Pat y a Alan, estén donde estén en estos momentos. Fue un placer andar con vosotros y compartir esos detalles que solamente se viven en las a veces duras y largas, pero siempre inolvidables, etapas, como son el cansancio, el calor, la sed, pero también, por supuesto, las cervezas en aldeas de cuatro gatos, las cenas en común en albergues acogedores o  los anocheceres estrellados compartidos, identificando constelaciones que en el otro, el vuestro, hemisferio no soléis ver. ¡Buen Camino amigos!
En el lado opuesto de la balanza, y sin alargarme mucho, he tenido desencuentros que no por no esperados (son cosas que estaban escritas) me han dolido mucho. Tener enfrentamientos con tu padre, ya mayor y enfermo, nunca son agradables, aunque tengas la razón, y dejar de hablar con amigos, para ti necesarios, importantes y hasta sagrados, sin saber muy bien por qué, son situaciones que más vale olvidar. Como se suele decir, el tiempo lo cura casi todo, y en este caso no es un simple dicho popular, sino ciencia cierta: el tiempo nos lleva a todos a la muerte, que irremediablemente llega, y con ella sana todo. Por lo menos lo terrenal.
No vayas a creer, querido lector, que esto va a quedar así. Demasiadas amonestaciones, que no broncas,  me suelo llevar con mis artículos depresivos, negativos y tristes. Por lo que ahora viene la parte bonita. La del tercer concepto enunciado en el título, el de  los reencuentros.
Pues resulta que después de aproximadamente 27 años he conseguido contactar con un otrora gran amigo, compañero de facultad durante un semestre, camarada en ideales políticos y  militancia, acompañante en diversas aficiones y hasta en actuaciones musicales conjuntas (siendo sincero, fue una única actuación, pero arrasamos) en un bar musical de Barcelona que seguro que hoy en día está en manos de chinos o pakistaníes,  y volverle a ver me ha aportado esa parte de felicidad y alegría que mi cuerpo y mi mente estaban pidiendo a gritos.  (Javier, es war eine große Freude und eine Ehre dich wieder zu treffen). Después de años de infructuosos intentos de localizarle, la magia de la nube digital nombrada al principio de este artículo y de los cada vez más potentes buscadores , me han permitido primero localizar alguna de sus obras publicadas, luego a su hermano en una red social, hasta finalmente llegar a él mismo y no solamente poder contactar por correo sino que encima hemos llegado a vernos y hemos podido disfrutar un día en compañía, día que a ambos nos supo a poco,  teniendo en cuenta los años transcurridos sin vernos y todo lo que ello conlleva en historias por contar. Y por mi parte ha sido un encuentro muy natural, sin ningún distanciamiento producido por el tiempo, con la salvedad, extraña, sorprendente y loable, de que en el ínterin ha sido capaz de aprender alemán desde cero, habiendo alcanzado un nivel realmente sorprendente para un español.  Para luego ver atónito las disputas y los disparates que se producen en esta parte de España, en Cataluña, por dejar de enseñar una u otra lengua a los cada vez más atontados jóvenes. 
Si alguno de los “politicuchos” que tan mal nos gobiernan fuera realmente bilingüe o hasta políglota, con lo que ello implica en formación y amplitud de miras, si dejaran de utilizar la cultura como arma arrojadiza contra sus adversarios, que no compinches, si entendieran algo, aunque fuera poco,  de una santa vez y no fueran tan ruines, tan falsos, tan interesados en los privilegios de su posición y tan poco dados a la lucha por el bien común, otro gallo nos cantaría.
Pero eso ya no sería ni un encuentro, ni un desencuentro ni un reencuentro. Sería una aparición milagrosa.
Y apariciones milagrosas hace tiempo que no se producen. Ni la de Steve Jobs lo ha sido.

martes, 2 de noviembre de 2010

Las elecciones, un show más

Conforme pasan los días previos a la apertura “oficial” de la campaña electoral en la Comunidad Autónoma del Reino de España llamada Cataluña, el panorama se va volviendo cada vez más alucinante. De entrada no entiendo el porqué de la limitación temporal a las campañas electorales (oficialmente no entramos en campaña hasta el 12 de Noviembre), sabedores todos que la vida de los políticos es una campaña constante, de día y de noche, llueva o haga sol, para seguir manteniendo sus privilegios contra viento y marea. La campaña política de cualquier “elegido” empieza el mismo día en el que los votos de los simplistas ciudadanos le han aupado al poder. A seguir engañando a todos para no perder sus privilegios. A eso se dedica un político, y no a cumplir sus promesas electorales. Si la única diferencia entre la campaña “oficial” y la “no oficial” es que se puedan decorar las paredes, los árboles, los plafones y demás objetos de mobiliario urbano con carteles pagados por todos nosotros, en los que nos sonríen las falsos salvadores de la patria con sus patéticas caras (retocadas en la mayoría de los casos con herramientas de edición gráfica), pues sinceramente no entiendo nuestra ley electoral. Dejémonos de formalismos, de leyes que nadie cumple, de normativas electorales y demás sandeces, cuando aquí todo el mundo hace lo que le rota, cuándo y cómo quiere. Si hay que reunirse con terroristas para arañar votos, pues adelante. Si hay que vigilar al contrario contratando detectives privados, pues por qué no. Si lo útil es tirar de hemeroteca, de hechos acaecidos hace tiempo y hasta prescritos, para echar un poco de mierda sobre el contrario, pues vale. Si hay que irse a comer o cenar con determinados jueces para asegurarse su apoyo en sucias maniobras electorales, pues adelante. ¿La división de poderes, para qué la queremos? Si hay que mentir a diestro y siniestro sabedor que no se demostrarán las mentiras hasta que las elecciones hayan acabado, pues divirtámonos mintiendo, que es gerundio. Esto es la guerra por el sillón, por las prebendas, la obsesión de los “representantes del pueblo” por llegar cuanto antes al mínimo legal requerido para disfrutar de una pensión vitalicia. Lo demás, mentiras como una olla.

Poca diferencia hay, por desgracia, entre nuestro sistema democrático y su sistema electoral y cualquier “reality show” o programa de telebasura. Se trata de vender humo, de soltar mentiras, cuan más exageradas, mejor; de sorprender, entretener y manipular a la gente como si se tratara de un juego más, de un show televisivo, de darles carnaza para que caigan en la trampa de votar, que se sientan partícipes de un proceso que no es nada más que un montaje para que los de siempre, los políticos profesionales, obtengan su certificación, refrendada por el voto de los tontos ciudadanos, y puedan seguir unos cuantos años más viviendo del cuento.

No descubro nada nuevo con todo lo dicho antes, grandes escritores, columnistas, pensadores y filósofos, lo han descrito en el último siglo y medio de esta o de mucha mejor manera. Todo es un cuento para mantener al pueblo atontado y hacerle creer que participa realmente en las decisiones trascendentales que afectan a la sociedad, a la convivencia, al futuro del ser humano, al bien de su patria o a la limpieza física y social de su barrio. Y un carajo. Igual tiene razón el escritor Sergio Fidalgo, que ha decidido dar su voto a un partido de “frikis”, el CORI, ya que en su opinión los “frikis” de verdad ya están en el poder. Igual no. Tiene toda la razón del mundo.

miércoles, 27 de octubre de 2010

La farsa de cada año

Por repetitivo al final casi todo acaba cansando. Salvo temas excepcionales y trascendentales, como pueden ser la fe, el amor, el matrimonio, la amistad, la paternidad (aquí por desgracia hablo de oídas) o la camaradería real, el resto de hechos en la vida de una persona van perdiendo su encanto conforme se convierten en una rutina que se realiza por inercia, sin apetencia de ningún tipo.

Y la peor de estas rutinas, en mi opinión (nada de humilde opinión: es la mía y de humilde tengo bien poco), es la gran farsa de las elecciones: las promesas, las urnas, los sondeos, las papeletas, los debates, los insultos, la publicación de trapos sucios a diestro y siniestro, el gasto en publicidad, la omnipresencia en los medios de frikis, mentirosos profesionales, corruptos de nacimiento, analistas de tres al cuarto, periodistas analfabetos funcionales o completos y popes de la libertad, igualdad y fraternidad, sumado al resto de parafernalia “democrática” que rodea estas repetitivas y totalmente inútiles escenificaciones de un proceso que ni es democrático, ni aporta nada al bien común, ni soluciona los problemas de los seres humanos., me dan cada vez más asco.

Y más aún por suceder en mi patria, en España. El nivel intelectual de esta, en otros tiempos gran nación, ha quedado reducido a un mínimo tan exiguo que sinceramente da vergüenza ser español. Si comparo lo que sucede en el día a día de España con lo que pasa en otros países, por ejemplo en Alemania, en muchas ocasiones me pondría a llorar. No hay ni punto de comparación en nada, pero en absolutamente nada, entre España y un país civilizado, culto y preparado para avanzar en la evolución del ser humano y de los sistemas que rigen nuestra convivencia.

La inmensa mayoría de la sociedad española es chabacana (no por ser esto una lengua que se habla en algunas ciudades filipinas, sino por grosera y de mal gusto; véase la Real Academia), ruin, inculta, viciosa, simplista, analfabeta, egoísta, sucia física y mentalmente y encima mal educada.

Esto queda reflejado en cualquier índice, rating o kpi (como gusta llamarse hoy en día a los ratios de gestión de cualquier tipo) que se publican sobre nuestro país; los programas de televisión que se ven, los rankings de taquilla de los cines, los libros más vendidos, el nivel de nuestras universidades, el porcentaje de aprobados en los colegios, el porcentaje dedicado a la investigación, etc. etc. etc.

Para que seguir. Es algo que sabemos todos (todos aquellos que leemos esto y no somos parte del grupo antes citado). La reserva espiritual e intelectual de España.

Y a pesar de ello, inasequibles al desaliento, amigos, conocidos y camaradas, insisten en la ilusión, en la lucha, militan en partidos, se preparan para las elecciones, asisten a mítines, colaboran en el redactado de programas electorales, en definitiva, sueñan con una España mejor. Benditos ellos que aún creen.

Adelante amigos. Seguid en la lucha. A mí me cuesta cada vez más. Solamente veo la farsa de cada año.

lunes, 2 de marzo de 2009

Sobre derrotas y victorias

Hay derrotas que duelen menos y victorias que dejan indiferente. Me explico. Esta semana mi equipo de fútbol del alma ha sufrido su enésima derrota en casa. De ello no me puedo alegrar, pero si con este revés hago daño al otro equipo de la ciudad, el de los suizos, pues el dolor queda en menos y se puede superar con un poco de sarcasmo y un mucho de alcohol (o viceversa).
Por otro lado tenemos las victorias, como la conseguida este domingo pasado por el Partido Popular en las elecciones gallegas (lo de las provincias vascongadas no lo puedo considerar una victoria). ¿Debería alegrarme de este triunfo? La lógica me obliga a pensar que ya va bien que gane la derecha en Galicia, que así acabaremos con la dictadura del socialismo apegado al lujo y el derroche (una contradicción en sí) y del nacionalismo inculto y vengativo que siguiendo los ejemplos de Cataluña y las Vascongadas iba en camino de conseguir convertir a toda la juventud de una región en borregos seguidores de historias inventadas y leyendas manipuladas, hablando mal un dialecto creado a toda velocidad asegurando que es “gallego” y fracasando en el resto de asignaturas de su plan de estudios.
Pero por desgracia la lógica tiene poco que ver con la política, y más si cabe en un sistema partitocrático como el nuestro, en el que el interés máximo de los políticos es cumplir con el sagrado dogma de que “si sirve a los intereses del partido me sirve a mí, y por lo tanto a España, que soy yo”.
Albergo dudas, y serias, de que esta victoria en Galicia y el posible “cambio” de tendencia en las provincias vascongadas aporten algo a las necesidades de los ciudadanos de España, y menos aún al concepto de España en sí, que seguirá en grave peligro hasta que no aparezca una oposición ya no al partido gobernante de turno, sino al sistema de “casta política” hacia el que está derivando esta apócrifa democracia. En mi opinión no hay partido alguno (de los “big players” como dirían en el mundo empresarial) que realmente quiera cambiar algo por el bien de la patria y sus ciudadanos, lo que pretende esa “unión temporal de intereses” es seguir ahí, con su parte del pastel, que no por ser en ocasiones pequeña deja de ser apetecible y que a los pocos años volverá con toda seguridad un poco mayor en tamaño y prebendas asociadas. Coma yo mi pastel, sea gobernando o ejerciendo de ¿oposición?, y que lo demás se derrumbe a mi alrededor. (O ande yo caliente y ríase la gente)
Así de contradictorios son mis sentimientos ante una derrota, la deportiva, y una victoria, la política, que sinceramente me deja frío. (Podría haber acabado con alguna expresión soez al estilo del difunto actor gallego-catalán (rip), el cual si fuera creyente a las puertas del cielo seguro que usaría el idioma Español, idioma con el que triunfó como actor y al que menospreció en público tantas veces.)