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lunes, 22 de noviembre de 2021

Más allá del egoísmo

Nunca me ha dado por estudiar el budismo, ni el hinduismo, ni el vudú, ni el confucionismo ni cualquier corriente filosófica foránea y exótica ajena a mis raíces cristianas. Lo poco que sé sobre estos temas es lo que me proporciona mi básica cultura general y algún pequeño escarceo juvenil por la historia de las religiones. ¿Y a qué viene esto? Pues al título que le he dado a este artículo: después de teclearlo me ha dado por buscarlo en la Red, y, como no, existen libros y artículos varios con idéntico epígrafe. Como no podía ser menos. Encontrar alguna combinación de varias palabras que no aparezca en el único y todopoderoso buscador Google es misión imposible. Hace años hasta existía un concurso para lograr tal hazaña, el Googlewhacking. Pero hasta ahí llegó mi búsqueda, todo lo que sigue es cosecha propia. El que tenga interés, que busque y compare. Como si fuera detergente. Y recibirá el Colón directamente en vena.

Sin duda la mayoría de los mortales tenemos una prioridad en la vida: nuestro bienestar y nuestra propia supervivencia. El YO en mayúsculas. Llamémoslo “ley de la selva” o simple lógica. Pero a partir de este básico instinto animal, los comportamientos y las prioridades de cada uno divergen cual rayos solares en todas direcciones. Desde el altruista y sincero trabajador social entregado al bien común (excluidos aquí obviamente los oenejetas del clima o del tráfico humano disfrazado de inmigración de refugiados) o el padre de familia trabajador incansable, abnegado y fiel, hasta el malvado, insensible y egoísta traficante, mercader, presidente de la comunidad vecinos, entrenador, encargado de la barra del bar, guardia jurado, director ejecutivo, alcalde, ministro, gobernador, secretario general de partido, presidente de gobierno o dictador. Y entre estos dos extremos andamos todos. Aquí nadie puede tirar la primera piedra. Quizás la hubiesen podido lanzar la Madre Teresa de Calcuta o San Juan Pablo II. Y pocos más. Nota: después de publicar esto me corrige mi hermano sobre la Madre Teresa. No somos nadie.

Y en estos aciagos días de pandemias y gobiernos totalitarios perdidos entre dudas científicas, presiones

comerciales e imposiciones de organizaciones internacionales de oscuro pasado e intrigante presente, ese instinto animal de sobrevivir se hace tan visible en nuestra sociedad que hasta la selva amazónica parece a su lado el Parque del Buen Retiro. Y se ve reflejado en nuestra vida diaria: estamos inmersos en una constante y terrible lucha de todos contra todos, guiados o manipulados por los medios de comunicación de un extremo y otro, con las dañinas redes sociales como instrumento de propagación de las diversas y contrapuestas verdades. La mera posibilidad de realizar un análisis objetivo de cualquier tema, por ejemplo de la efectividad de las vacunas o de la legalidad de las medidas adoptadas por los gobiernos o autoridades locales, ha desaparecido. La prevalencia de la única verdad impuesta por las hegemónicas empresas tecnológicas a través de las redes sociales, los buscadores o los agregadores de información, aliada al mismo tiempo de gobiernos y lobbies, hace prácticamente imposible acceder a datos objetivos, estudiar y comparar, valorar o despreciar y llegar a una conclusión fundamentada. Ni aislándote en un monasterio cual eremita, o encerrándote voluntariamente en la mayor biblioteca del mundo, serías capaz de acceder a la información necesaria para hacerte una idea de cualquier tema. Menos aún de publicar, propagar o hasta comentar tu fundada opinión. La lucha de David contra Goliat hoy en día siempre tendría un mismo ganador: el opresor y forzudo contrario encarnado por el poder absoluto de esa araña manipuladora que envuelve toda nuestra existencia. Y que inyecta su veneno a dosis planificadas y escalonadas. Para conseguir sus objetivos. Es decir, de la minoría que controla la vida y las mentes de la mayoría. Esa mínima parte de la humanidad que en aras de sus propios y egoístas intereses deciden sobre el presente y el futuro del resto de la sociedad. Y hasta sobre el pasado, cuando lo ven necesario. Todo vale para adoctrinar a los ciudadanos, maquetarlos según el molde decidido y esclavizarlos sin que, en su borrega inocencia, se den cuenta. Como la frase tan manida en las redes: “no tendréis nada, pero seréis felices” , usada por una pequeña pero alerta disidencia contra el pensamiento único. Muy pequeña. Insignificante y condenada al fracaso en esta desigual batalla. Lamentablemente.

El ente superior que nos domina, esa nueva religión de consumo a cambio de ciega y muda sumisión, decide quién es el bueno y quién es el malo, qué personas tienen derecho a la libertad y cuales no, que escritor merece un premio o qué versión manipulada e interesada de la historia contar.

Y esto va más allá del egoísmo natural, del buscar el propio bien o la supervivencia de los tuyos: va de imposición, de intolerancia, de segregación, de difamación: en resumen, de tiranía absoluta. Algo que hace decenios aun se veía imposible, pero que gracias a la tecnología y la concentración de poder en pocos (y malos), ha conseguido llevar a nuestra civilización al borde del precipicio. A la involución frente a la evolución de millones de años. A la oscuridad frente a la luz de la cultura y la ciencia. A la negación del pasado, la manipulación del presente y la planificación de un futuro negro para la mayoría y tutifruti para unos pocos y malvados egoístas.

Como bien decía Charles Bukowski: "La tristeza es causada por la inteligencia. Cuanto más entiendes ciertas cosas, más desearías no comprenderlas".

Maldita agenda global. Malditos déspotas. Malditos seáis.



miércoles, 13 de mayo de 2020

El rebaño feliz


War is Peace. Freedom is Slavery. Ignorance is Strength.
—   George Orwell, 1984

Que somos un país de borregos no es nada nuevo. Por lo menos en su inmensa mayoría. Quizás lo sean también en muchos otros países, quién sabe. Pero aquí he venido a escribir sobre España, que no a hablar de mí libro. España, esa santa tierra que me preocupa. Mi patria. La tierra en la que nací y probablemente moriré. Y en la que vivo, aunque sea encerrado y engañado. Como el resto de las ovejas.

¿Somos borregos? Simplemente analizando (con toda la objetividad posible) las aficiones, las fiestas populares, la manera de vivir, los ritos, las tradiciones, los gustos, las preferencias musicales o las audiencias en televisión, está muy claro que somos un triste ejemplo de sociedad uniforme, obediente, simple y manejable. Un rebaño. Ojalá por una vez esto nos sirviera para algo, pero ni la mitificada “inmunidad del rebaño” ha funcionado con esta pandemia, como destacan artículos de expertos por toda Europa. Expertos con nombres y apellidos, por cierto, no como los misteriosos hombres de “Fernando Sermón” y el filósofo ministro de Sanidad “mentirijILLAs”.




Si hay que cantar y bailar el eterno “Paquito el Chocolatero”, ahí estamos. 
Si hay que hacer la infantil y ridícula ola en la grada, se hace (aunque pocas olas ceo que veremos en el futuro próximo). 
Si toca correr delante de un toro, no falla ni uno de los mozos, las mozas y hasta los/las moces. 
Si por Semana Santa toca convertirse durante una semana en ferviente creyente, pues capirote, túnica, vesta o capa y cirio, y a pasear nuestra pasión por las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades.
Si hay que gastarse un dineral un Black Friday, pues se tira la casa por la ventana.
Si hay que amar locamente el día de los enamorados y regalar una rosa, pues pasamos nuestras infidelidades y mentiras a la parte trasera de la memoria y a ver si por lo menos cae un polvo.
Si por imposición externa de golpe ya no creemos en el Niño Jesús y los Reyes Magos pues nos adaptamos a Santas, Elfos y demás seres extraños, no vaya a ser que no estemos a la última moda. 
Si hay que salir a correr en chandal color fucsia brillante de ocho a diez porque lo manda la autoridad competente, pues salimos. 
Si hay que decir “desescalada”, palabra no correcta según la RAE, o hay que aceptar lo de “nueva normalidad” tal cual, cuando ni es nueva (la dictadura del Gran Hermano lleva años aplicándose), ni es “normalidad”, pues usamos la “neolengua” a diestro y siniestro. 
Si hay que citar a George Orwell y su obra 1984, pues se cita, sin saber quién fue Orwell, conocer su opinión sobre el comunismo o haber leído el libro (o haber visto alguna de las cuatro adaptaciones a la gran pantalla, alguna de las cuales está a disposición de todos en Youtube). Claro que dejar de ver Sálvame, o como se llamen los programas de moda, para tragarse un drama sobre dominación, despotismo, manipulación y maldad, como que no. Si hubiera un meme gracioso, un TikTok “molón” o una galleta de la suerte china que resumiera la novela, igual triunfaría. Lo que no significa que la entendieran. (Si alguno tiene interés en verla, le recomendaría la versión de 1956, aunque en las redes no he podido encontrarla en español, hay una versión en español hispanoamericano, pero sería muy duro aguantar de una tacada la trama, el blanco y negro y el idioma).

Y, finalmente, si toca quedarse en casa, encerrado, arruinado, aislado, engañado, manipulado y utilizado, pues nos quedamos. Asistimos atontados a las ruedas de prensa de “Fernando Sermón”, que por cierto no es doctor, nos tragamos los monólogos dominicales del enfermo presidente, y al son del pito salimos a la ventana, cantamos el Resistiré, insultamos o delatamos al vecino, y volvemos a nuestros quehaceres normales, es decir, a atiborrarnos de croquetas mientras la telebasura fluye por nuestras neuronas cual veneno terminal.

Dicen que donde hay ovejas hay pastores. Pero también lobos. Y zorros. Y si por desgracia, como nos está sucediendo a nosotros, falta un buen pastor y los únicos que nos gobiernan son depredadores, lobos golpistas buscando imponer su maligna ideología, o pícaros zorros que buscan sacar provecho del sufrimiento ajeno a base de concesiones a su enfermizo nacionalismo o a su avaricia cobrando comisiones millonarias en compras fraudulentas de material sanitario, pues apañados vamos.

Los tímidos intentos de protesta en forma de caceroladas o manifestaciones con banderas de España han sido abortados de raíz por el poder absoluto de este encubierto estado de excepción. Y nuestro golpista presidente ya está planificando otro mes largo de reclusión obligatoria. Ganando tiempo para manipular, engañar, colocar a sus afines, desprestigiar a la oposición, blindar su futuro y el de los suyos y dejar el solar patrio más yermo que el césped del antiguo campo de Sarriá.

“Reunión de pastores”, oveja muerta, como bien resume un dicho popular. Y si los pastores son lobos, zorros o Jokers, sentenciados estamos.

Como bien dice un amigo tuitero, Beni de Tabarnia, sobre la nueva etiqueta aparecida en el tan creativo mundo de Twitter, “lo de #Fraudillo le viene a @sanchezcastejon como anillo al dedo”.


“Federalísimo Sánchez, Fraudillo de España”.




miércoles, 22 de abril de 2020

Mentiras, episodio II.


Empecemos por el porqué del título. Iba a llamarlo simplemente “mentiras”, pero resulta que ya titulé así un artículo en septiembre el 2012. Nada extraño, por otro lado, teniendo en cuenta que vivimos rodeados, inmersos, atados y manipulados por la mentira desde que nacemos. Cuando no adictos a ella. 
Que lo de “mentiroso compulsivo” por desgracia no es el título de una película americana o una comedia de situación que tanto se llevan ahora, sino un trastorno psicológico que sufren muchas personas. Muchísimas. Demasiadas. Y en puestos relevantes. Con inmensas responsabilidades. 
Esos puestos que, por puro instinto de supervivencia de la especie, tienen que ocupar los más preparados. Y no hablo del tan manido macho alfa que lidera la manada. Eso por suerte ya lo superamos hace siglos. Ya no somos animales, ni homo sapiens recién llegados de allende del mar mediterráneo, ni miembros de una sociedad primitiva en plena evolución. Estamos en el siglo XXI. No pasamos por Babilonia, por Judea, por Grecia, por Roma, por el cristianismo, por el Sacro Imperio, por el Imperio español y su eterna herencia llamada hispanismo, no pasamos por toda la evolución social, intelectual, cultural y científica, para ser dirigidos por animales guiados por sus instintos básicos. Cuando no por su afición por los pecados capitales. 

Esta piara no es la más preparada. De eso no hay duda. 

Los más preparados son los de siempre, hoy en día con más razón: los expertos, los sabios, los trabajadores, los inteligentes, los buenos, los rectos, los solidarios, los honrados, los sinceros, los altruistas, los justos. Pero de estos pocos veo en puestos clave de nuestro inmenso poder ejecutivo. Que no por inmenso es acertado en sus decisiones y correcto en sus actuaciones. Lo que veo, lo que vemos, son ineptos vividores, floreros impuestos por los naZionalistas, enfermos de yoismo adictos al espejo y al teleprónter, golpistas regres oliendo la sangre del empresario mientras acumulan propiedades, engendran niños y satisfacen a las hembras mono-neuronales de su entorno. Por turnos. Para compensarles con un ministerio y volver a salir a rondar cual perro en celo.

¿Y qué pasa cuando gobiernan (junto a estos dementes) los menos indicados, los “ninistros” como Garzón, las hembras despechadas con ansias de venganza, los filósofos de la improvisación, los macarras de lupanar y otra decena de desconocidos que según el BOE existen, son ministros y cobran?

Pues que todo se va al garete. Dicen los filólogos que lo de “irse al garete” viene del francés “être égaré”, estar a la deriva, extraviado. Será así.


Y así es.

No hay duda de que estamos a la deriva. Muchas fotos, muchos memes y varias viñetas han circulado estos días por las redes sociales, esas trampas en las que nos tienen atrapados tanto nuestra adicción como los censores del gobierno. Sin duda la mejor la de La Gallina Ilustrada, último reducto del humor con base, culto, patriótico y ajeno al pensamiento único del “Pequeño Hermano” que nos vigila. Porque de grande tiene bien poco. Pequeño en moral, enano en inteligencia y nimio en humanidad. Un primitivo, sucio y básico homo sapiens que acaba de descubrir su imagen reflejada en una charca de maldad. Hablo de Pedro Sánchez. Por si alguno se ha perdido.


Escribía en mi artículo de 2012:
“…la solemne apertura de sesiones del “Club Social de los Mentirosos”, también llamado Parlamento.  La sede de esos personajes a los que tan bien definió ayer Clint Eastwood en el congreso del partido republicano: “los que en el fondo son empleados nuestros, que deberían de estar a nuestro servicio y ser despedidos en el caso de no cumplir con sus obligaciones.”  Como sucede en cualquier empresa. Menos en la malvada multinacional llamada “DemocraciaParlamentaria S.L.”.  Limitada en responsabilidades, obviamente, que no en prebendas y beneficios para sus empleados”.

Los parlamentarios, los ministros, los secretarios de estado, todos ellos son eso, nuestros empleados, los que nosotros elegimos para dirigir con profesionalidad y honradez la parte de la administración para la que están preparados.

Menos en España, donde ni los elegimos (nos los colocan bajo mano en base a acuerdos secretos con chantajistas naZionalistas, comunistas inmaduros y nada arrepentidos terroristas), ni son profesionales, ni tienen honradez, ni, por supuesto, están preparados para su cometido.

Como si me pusieran a mí a dirigir una operación a corazón abierto en un quirófano.

Si aceptamos que un enfermo, egotista, mentiroso, plagiador y falso doctor dirija el gobierno del Reino de España, todo vale.

O no. En nuestras manos está cambiarlo.




lunes, 30 de marzo de 2020

Maquillaje


Sombra aquí, sombra allá
maquíllate maquíllate
un espejo de cristal
y mírate y mírate

No hay duda de que las canciones de los inolvidables años ochenta nos marcaron de por vida. Y que esta crisis sanitaria, económica y social lo volverá a hacer. ¿Y qué tiene que ver aquí el cerdo con la velocidad? (Me siento tentado a ponerle nombre al cerdo y detallar la velocidad a la que están destruyendo nuestra patria, pero no iba por aquí, “it’s up to you” de bautizar al cerdo).

Lo explico.

Por hache o por be desde ayer lleva dando vueltas por mi cada vez más cargado cerebro una canción de aquellos felices años ochenta: “Maquillaje” del grupo Mecano. Igual sonó en alguno de los episodios de “Cachitos de hierro y cromo” que he visto en estos quince días de forzado aislamiento, no lo sé. En cualquier caso, es bastante extraño asociar nuestro negro presente a una canción festiva, alegre, vital. O quizás no tanto. Veamos.

Todos sabemos lo que es el maquillaje y para qué sirve: para transformar la realidad. En la mayoría de los casos para mejorar el aspecto, en otros para representar un estado, profesión o sentimiento, otras veces para divertir o asustar y finalmente hay ocasiones en las que se utiliza para ocultar algo. Un defecto, una herida, un estado de ánimo o, de forma figurada, la traición, la maldad y la mentira. En resumen, el maquillaje es un falseamiento de la realidad.

¡De ahí la asociación!

Porque toda la información, todas las ruedas de prensa, todas las preguntas autorizadas, todas las fotografías, todas las imágenes en televisión, todos los artículos y comentarios en la prensa cautiva y dirigida, todos los mensajes viralizados (cuan apropiada la expresión) en las redes sociales por un ejército de descerebrados y bots de los maquiavélicos partidos golpistas, en resumen, TODO lo que nos está llegando está falseado. Toda la realidad que nos presentan está maquillada.

Y son maquillajes expertos, aplicados por profesionales, en todas sus variantes que cito arriba.

La cara de Pedro Sánchez, el “Enterrador”, que ha mutado en tres semanas de una alegría infantil mejorada con algunos filtros, esa moda tan extendida entre la juventud, pero tan poco apropiada para todo un “doctor” y presidente de gobierno, a una cara fúnebre y tristona, inspirada sin duda en “La familia Addams”. Su ejército de asesores, que no titiriteros, se han aplicado al máximo para adecuar la cara del enfermo egotista a las circunstancias. Ocultando algo. Falseando la realidad. Maquillado.



Las falsas ruedas de prensa, preparadas, dirigidas, en las que no se admiten interpelaciones, sino que se recitan cual letanías, junto a sus estudiadas y maquilladas respuestas, aquellas preguntas ya pactadas con los medios afines. Incluyendo, cuando hace falta, retoques de última hora al maquillaje en forma de correcciones a lo dicho por los oradores, datos o hechos no adecuados al guion y que hay que ocultar. El maestro de ceremonias, el titiritero detrás de la cortina, el secretario de estado de comunicación, Miguel Ángel Oliver, corrigiendo el colorete a tenientes generales, ministros o directores generales. Retocando la raya de los ojos de los presentes. Lo más normal en el mundo de la farándula. Perdón, política. Maquillando. Falseando la realidad.

Las noticias en televisión, que más parecen los boletines del festival de Woodstock, con imágenes “flower-power” abarcando toda la gama de colores del arcoíris, resaltando los verdes y azules de “felices” y “contentos” enfermeros cantando y bailando, sin un mínimo de grises o negros, sin imágenes de tristeza, de ataúdes, de familiares, de dolor, de rabia, de muerte. Si la mayoría de la población antes de este estado de alarma ya veía entre 6 y 8 horas diarias de telebasura, imaginad como tendrán hoy en día la cabeza los telespectadores, encerrados y metiéndose un mínimo de 16 horas de adoctrinamiento y atontamiento directamente en vena.
Abducidos por los maquillajes. Y con una imagen de la realidad falseada.


El hermetismo alrededor de la Moncloa, como si fuera el Área 51 hispana, sin que nadie sepa quién entra, quién sale, quién está, estuvo o estará infectado, quién reside en las instalaciones, quién maneja los hilos, quién manda. Maquillaje. Ocultación de la realidad.

Imágenes intolerables del impresentable, zafio y risueño ministro Ábalos, bromas continuas e inapropiadas en los programas de telemoncloa cuyo contenido y guion sale de la misma cocina que las preguntas y respuestas en las falsas ruedas de prensa. Más que maquillaje, vergüenza.

Canciones a cuál más cursi de los “intelectuales” y “músicos” afectos al sistema, con la mayoría de la audiencia embelesada como un niño por los colores de la cara de un gracioso payaso. Tan atontados y manipulados que se creen el discurso, las cifras y las promesas y por la tanto evitan, consciente o inconsciente, conocer la verdad y pedir justicia.
Sálvese aquí la bonita canción “Resistiré”, versionada en quince días más veces que el “Let it be” de los Beatles. Esa melodía original del “Dúo Dinámico” que sin duda ya ha pasado a convertirse en un himno, como si fuera el “Libertad sin ira” de Jarcha de finales de los años 70, aunque ahora no la canten aquellos que creían y luchaban por la libertad, sino sus hermanos pequeños y hasta sus hijos, esos que ahora nos la están robando (la libertad) pasito a pasito, desde un chapucero y peligroso gobierno de inútiles, peleles, figuras de cera colocadas por ser parte de pactos bajo mano, golpistas e iletrados. Esperemos que vuelva esa libertad. Y esta vez con ira. Canción versionada. Por ende, maquillada.

Mientras tanto, el enfermo Pedro Sánchez, el verdadero virus, el egovirus, que parece un niño mimado al que se le ha corrido el rímel con sus falsas lágrimas y echa la culpa de todo a los demás, como bien decía el amigo Jorge Buxadé en un reciente tuit, seguirá mirándose al espejo. Y sus cómplices se aliebrarán cual cobardes ratas, escondidos en sus chalés, en sus palacios, en sus segundas y amplias residencias. Y cobrando las dietas por desplazamiento.




Sombra aquí, sombra allá
maquíllate maquíllate
un espejo de cristal
y mírate y mírate
mírate y mírate…


Impostura. Mentira. Maquillaje.



P.D. He leído por ahí un artículo sobre la “huella psicológica” que dejará la cuarentena en todos nosotros. Yo sinceramente espero que dicha huella no sea nada comparada con el despertar en el corazón y en el cerebro del noble pueblo español de una súbita necesidad de verdad, de razón y de justicia, y con ello la exigencia de responsabilidades. Ya no políticas. Penales. Sin ninguna duda. Ni olvido ni perdono.


miércoles, 25 de marzo de 2020

Confinados

Escribo esto con congestión nasal, malestar general y un dolor muscular bastante intenso. Pero sin fiebre. Pasada anteayer la evaluación en línea de la Comunidad de Madrid (https://www.coronamadrid.com/) , como es lógico me contestan que por ahora no tengo suficientes síntomas para pensar que pueda estar infectado. Y no soy yo persona proclive a salir disparado a visitar a un médico: la última visita a un facultativo creo que fue en el año 2012, donaciones trimestrales de sangre aparte. Y menos aún correré en estos momentos, con los hospitales desbordados y los cadáveres acumulándose en el Palacio de Hielo de Madrid, entre ellos muchos sanitarios, médicos y demás profesionales que están dejándose literalmente la vida por ayudar a los demás (como los políticos, pero al revés). Será un catarro. O la edad. O ambas cosas.

Y aunque haya titulado este comentario “confinados”, podría cambiarlo sin dudar ni un momento por “secuestrados”, “engañados”, “vendidos”, “manipulados”, “olvidados” y hasta “asesinados”. 

Cualquiera de estos verbos sería aplicable en esta nuestra querida patria, perdida en un mar de desorganización, de mentiras, de falta de previsión, de división y, sobre todo, entregada sin remedio a la nefasta gestión de nuestro desgobierno frentepopulista, más preocupado por su imagen, sus pactos secretos y su propio futuro que por el bien de la nación y la supervivencia de la población.

Piden ya los culpables de esta grave crisis que no metamos cizaña, que no polemicemos, que trabajemos unidos, cuando hay que hacer exactamente lo contrario: tenemos que alzarnos y gritar a los cuatro vientos las verdades que tanto les duelen a los malignos dirigentes que tenemos en España y en la mayoría de las ridículas y claramente prescindibles autonosuyas.


Harto difícil es no dejarte influenciar por el constante bombardeo televisivo, radiofónico y sobre todo “social” a través de las redes. Redes que como siempre nos traen tanto lo bueno, el contacto con los tuyos, información y entretenimiento, como todo lo malo, en forma de bulos, timos y ciberataques. La maldad y la estupidez ya sabemos que no descansan nunca. Ni durante un estado de alarma.

Lo malo.

En Cataluña tenemos a los dementes lazis separatistas aprovechando la ocasión para atacar a España y manipular sin pudor toda la realidad de su desidia, su latrocinio y su apestoso egoísmo racista.

En las Vascongadas tres cuartos de lo mismo, con el agravante del apoyo de los terroristas de Bildu a los nazis del PNV, que bien están usando la crisis para llevarse algún premio, ya sea en forma de dinero que no les corresponde o de alcaldías que asaltan en plena cuarentena para colocar a sus peones en puestos clave. Y eso que ellos son los mayores expertos en confinamientos: solamente hay que recordar todos los secuestros que promovieron, apoyaron y llevaron a cabo durante años, encerrando a personas inocentes en inmundos zulos, maltratando, humillando y matando con el único objetivo de conseguir beneficios económicos.

La prensa sumisa al poder, que hoy en día ya es casi toda, despide a grandes periodistas como Fernando Sánchez-Dragó y censura artículos de un notable columnista como Alfonso Ussía, cediendo al chantaje del desgobierno chavista. “O te cargas a estos o te quedas sin subvenciones”. Tal cual. Como si estuviéramos en Venezuela. O en Cuba. O en Nicaragua. O en la antigua URSS, o en la falsamente llamada RDA en la que la pesadilla de Orwell llegó a su máxima expresión con la vigilancia de todos los ciudadanos por parte de todos los ciudadanos. La estrategia perfecta para subyugar y esclavizar un país, mientras los dirigentes viven como reyes en sus palacios y propagan sus mentiras por los medios de comunicación que dirigen con mano de hierro desde sus piscinas y jardines. ¿Os suena verdad? Un aire a chalé en Galapagar.

Los titiriteros a lo suyo, como siempre. Sin aportar nada al bien común, pero saltándose su turno en la petición de subvenciones, con frases huecas, argumentos infantiles y una “hiprogresía” tan conocida como asquerosa. El día que me expliquen que puñetas aportan a la sociedad toda esta banda de vividores iletrados, de bufones incultos, de impresentables títeres que bailan al son de la mierda que sale de los cerebros de los autoproclamados “intelectuales”.

Las malditas oenegés, que aún no han hecho acto de presencia, visto que en estos momentos les tocaría trabajar y ayudar al prójimo, algo que está muy lejos de sus reales intenciones, que son mucho más mundanas y placenteras: vivir de subvenciones, salir en los medios y pegarse la buena vida diciendo sandeces, viajando por el mundo y soltando lágrimas de cocodrilo sin mover ni un solo dedo por el bien común.

Los asquerosos chiringuitos feminazis y su antinatural y anticientífica locura carente de cualquier base biológica llamada perspectiva de género, culpables de gran parte del mal que estamos sufriendo por haber celebrado la manifestación del 8M, no tienen nada mejor que hacer que reunirse para analizar esta crisis desde una su “perspectiva de género”. Mejor me callo. Porque a día de hoy tenemos al gobierno rastreando nuestros teléfonos y a los lacayos de la STASI en la que se han convertido Podemos y sus satélites vigilando las redes sociales, forzando bloqueos de usuarios y propagando mentiras con sus ejércitos de trolls y de bots informáticos.

¿Qué nos queda? Pues mucho.

Lo bueno.

Nos queda todo el resto de la buena España, los humildes trabajadores, los ganaderos, los agricultores, los médicos, los enfermeros, los bedeles, los transportistas, los quiosqueros (bien pensado para lo que sale en la prensa.., pero bueno, también venden gominolas, revistas, coleccionables y tabaco), los militares, los policías, los héroes de la Guardia Civil y todos aquellos que por propia iniciativa están ayudando al prójimo, ya sean decentes empresarios como Amancio Ortega (¿cuánto han donado todos los bocachanclas de “la Ceja”, los Bardem, Wyoming y todo el resto de la piara de pestilentes cerdos instalados en su arrogancia y su inutilidad?), humildes monjas cosiendo mascarillas, estudiantes imprimiendo respiradores en sus 3D, restaurantes de carretera ofreciendo comida gratis a los cansados camioneros o vecinos que se ofrecen a hacer la compra a las personas mayores.

Nos quedan los amigos, nos queda la familia, a los creyentes nos queda la fe en Dios, y, sobre todo, nos queda esa fuerza necesaria para resistir y poder superar esta desgracia con un objetivo primordial: acabar con la maldad que nos está esclavizando, acabar con los gobiernos de analfabetos, de garrapatas, acabar con los populistas, con los amigos de los terroristas, con los naZionalistas, con los racistas, con la mentira, con la manipulación, con el latrocinio institucionalizado, con la mierda en general.

#Stopdemencia

P.D. Y a los humildes, minoritarios y maravillosos pericos nos queda la esperanza de que se anule la Liga y nos salvemos. Aunque todos nosotros preferiríamos bajar a segunda con tal de salvar la vida de uno solo de nuestros compatriotas que ya han fallecido. Descansen en paz.