jueves, 2 de septiembre de 2010

El último torero

Por fin había llegado el ansiado día. O por desgracia. Miguel tomaba hoy su alternativa en la plaza de Toros Monumental de Barcelona, apadrinado por el héroe de las dos últimas temporadas taurinas en nuestra ciudad, Serafín Marín y teniendo como testigo a Enrique Guillén. Vaya dos figuras que le habían caído del cielo. Serafín, amigo suyo desde hace años y compañero de fatigas en la Escuela Taurina de Cataluña, era sin duda el exponente máximo de lo que había soñado Miguel desde pequeño. Persona humilde, nacida en Montcada i Reixach, lo dio todo desde su infancia por su máxima ilusión: ser torero y sobre todo serlo en su ciudad natal, en esta Barcelona antes tan taurina y ahora abocada a la decisiones del arbitrario poder de gente inculta, tan poco respetuosa con la historia y la tradición secular de nuestra fiesta y fanatizada por las ruidosas minorías y los políticos de siempre. Cuantas tardes habían pasado juntos en la escuela de Hospitalet, y cuantos buenos consejos le había dado durante su etapa de formación en esa gloriosa escuela que en su día fundaran Luis Alcántara y sus amigos. Y qué decir de Enrique Guillén, el último torero que tomó la alternativa en Barcelona. A Miguel ya le entraban mareos solamente al pensar en que se iba a convertir, con toda probabilidad, en el último torero que debutara en Cataluña, y por lo tanto en el sucesor de Enrique. ¿Daría el callo? ¿Estaría a la altura de lo que significaba esta herencia y de lo que le iba a pedir el público? ¿O acabaría corriendo delante de los fanáticos de siempre sin siquiera tener el derecho a defenderse como sí pudo hacer en su día Enrique dándole un par de mamporros a cuatro chalados de Esquerra?

Todos estos pensamientos daban vueltas y vueltas por la cabeza de Miguel mientras apuraba el almuerzo. En la habitación contigua oía los comentarios de su madre y su hermana, que estaban preparando su traje, y cuando en algún instante callaban, algo harto difícil, le llegaba un ligero rumor del rosario que estaba rezando su abuela en la pequeña terraza que daba a la calle Barcelona. Su padre, como no, había bajado al bar, sede también de la peña taurina del barrio, para “calentar motores”, como lo llamaba él. Es decir, para tomarse un par de cañas con sus amigos y calmar así sus nervios y su sed. Tampoco hacía nada malo. Si no fuera por su ayuda y sus sacrificios durante los últimos años jamás hubiera llegado este momento. Miguel aún recordaba el día en el que sus padres vendieron el coche para comprarle el traje de luces. Por lo que les dieron por su SEAT Toledo compraron lo mínimo, y no todo de primera mano. La chaquetilla, la taleguilla y las medias eran nuevas, pero tanto el corbatín, como la montera y el capote de paseo habían pasado ya por diversas manos, pero a base de remiendos y mucho cariño, sobre todo por parte de su abuela, relucían como si los hubieran traído directamente de alguna tienda de Sevilla o de Pamplona. Y eso que según los políticos no había crisis y Cataluña y España iban muy bien. Sería para ellos, porque en la familia de Miguel habían pasado de vivir relativamente tranquilos a sufrir cada fin de mes y hasta a tener que vender el coche que recibió su padre como parte de la prejubilación de la SEAT. Y todo por comprar su traje de luces. En el fondo Miguel se sentía un poco avergonzado. Ojalá le saliera una buena faena y pudiera devolver a todo su familia los favores y sacrificios con alguna oreja y una opípara cena en Casa Leopoldo, o en el bar de abajo. Que a su familia tampoco se le caían los anillos por comer en un local humilde. Lo habían hecho toda la vida.

Sus pensamientos quedaron interrumpidos al abrirse de repente la puerta del piso y aparecer su padre. “Venga familia, apurad que nos vamos. Que ya tenemos a la Guardia Urbana esperando abajo”. El ayuntamiento de Barcelona se había prestado, sorpresivamente, a cederles una pareja de policías para escoltarles hasta la plaza, y en el fondo estaban bastante agradecidos, ya que en los últimos tiempos, sobre todo al final de la anterior temporada, se habían producido bastantes incidentes con los violentos de la Plataforma Antitaurina. No contentos con haber conseguido la prohibición de las corridas en Cataluña en el 2010, estos se habían dedicado los dos últimos años a atacar cualquier vestigio del mundo taurino en nuestra región, asaltando peñas, liberando novillos y toros de diversas ganaderías y hasta poniendo una bomba incendiaria en las taquillas de la Monumental en la última corrida de la “Feria de la Libertad”, antes llamada de la Mercé, del año anterior. Vaya contradicción, pensaba Miguel. Una feria llamada “de la libertad” atacada por unos energúmenos al grito de “libertad para los toros”. En el fondo era para echarse a reír, si no fuera por la gravedad de la situación. Esto ya eran palabras mayores. De los actos de protesta en los años 2009 o 2010, que se limitaban a cuatro cánticos y a una mínima exhibición de banderas, los “anti” habían pasado a la acción directa y violenta, encima tolerada por la autoridad, asustando, persiguiendo y agrediendo a todo lo que rodea el mundo del toro y que olía a España. Pero Miguel no tenía miedo. Ni a los antitaurinos, ni a los toros. Lo único que le preocupaba en este momento era llegar cuanto antes a la plaza y pisar el ruedo. “Vamos mamá, cierra la ventana y dile a la abuela que deje de rezar, que nos vamos. Ya rezará esta noche en la parroquia, que para eso está”.

Miguel se sentó en el asiento de atrás del taxi junto a sus padres. Los dos motoristas de la Guardia Urbana abrieron la marcha y con las luces encendidas enfilaron el camino hacia el centro de Barcelona. Varios coches de los amigos de su padre les seguían, y en ellos viajaba el resto de la familia. El padre miraba de reojo a su hijo, y Miguel hacía lo mismo con su padre, pero ambos callaban. Vaya nervios que le estaban entrando. Si por lo menos estuviera su abuela podrían seguir el rosario con ella, aunque seguro que les costaría bastante. Aunque seguían asistiendo a misa los domingos el tema de las oraciones les iba un poco grande a los dos. “Si salgo triunfal de esta prometo aprender unas cuantas oraciones” se dijo a si mismo Miguel mientras giraban por la calle Badal para ir a coger la Gran Vía. El poco tráfico les permitió llegar en pocos minutos a la confluencia de la Gran Vía con Marina. Todo parecía bastante tranquilo, aunque en el lado montaña se apreciaba un pequeño grupo de los antitaurinos con sus pancartas y sus tenderetes. En los últimos años habían encontrado el filón de oro y se dedicaban a vender de todo, desde camisetas y banderas hasta toreros en miniatura para hacer “rituales de vudú”, como constaba en las etiquetas. La Guardia Urbana les abrió paso y llegaron sin problemas a la entrada de la calle Diputación. En una de las terrazas del edificio de enfrente se apreciaba una gran pancarta con la inscripción: “Los Toros son Libertad”. Por lo menos uno está conmigo”, pensó Miguel. Al bajar del taxi se le acercó Pedro, su mozo de espadas. Su semblante no era que digamos de gran alegría, aunque intentara disimularlo. “¿Qué te pasa Pedro?” le espetó el padre de Miguel. “Nada señor, un runrún que tengo en el estómago y que no se me pasa”. Se dirigieron juntos al bar para refrescarse un poco. Tenían tiempo de sobra, ya que gracias a los urbanos se habían plantado en la Plaza en un santiamén. Esto de ir con escolta realmente era un chollo, pensó Miguel. Con lo que tardaba normalmente en atravesar Barcelona en el metro. Cuanto tiempo perdido en las entrañas de Barcelona sin ver el sol, que por cierto hoy resplandecía más que nunca. Un buen presagio, seguro. Porque el sol seguía siendo el mismo, pesara a quien pesara, y este sol había iluminado el albero de esta plaza durante más de un siglo. Y hoy le tocaba iluminarle a él en el día de su alternativa. El día más grande en la vida de cualquier torero.


Mientras su padre apuraba unas cañas en la barra, Miguel y Pedro se asomaron al ruedo. Se veía poca gente, aunque pancartas había para dar y regalar. Se veían de todo tipo, desde las ya clásicas de “Desde España con amor” que llevaban ya 2 años presidiendo el tendido cero hasta cosas curiosas como “L’ Europe catholique avec vous” y una en inglés con la frase “Hemingway lives”. Miguel se animó un poco. Seguía con esos temblores y ese frío en la nuca, pero por lo menos sabía que no iba a estar sólo. Si venían de Francia y de los Estados Unidos sería por algo. Sería para verle triunfar a él.

Venga hijo, a la capilla” le gritó su padre sin moverse de la barra. “Que ya toca”. Miguel se giro lentamente echando una última mirada al coso. Tantos años de espera, tantas ilusiones, tantas estrecheces y en estos dos últimos años tantos miedos, tantos insultos, tanta política. ¿Habría valido la pena?


En la puerta de la capilla esperaban su madre y su abuela. Su padre se las llevó del brazo y Miguel entró sólo. Hasta Pedro, su mozo, se quedó expectante en la puertezuela. Se arrodilló ante el crucifijo y las variadas estampas e intentó rezar una Padrenuestro. Le costó un poco empezar, pero al final le salió de corrido, como si de golpe su abuela se lo hubiera chivado por encima del hombro. Se santiguó y salió de nuevo. Pedro seguía ahí, con su semblante serio y cara de pocos amigos. “Pedro, cambia de cara de una vez, que esto no es funeral” le dijo Miguel, mientras avanzaban por el pasillo.

De pronto se oyeron unos gritos. Los dos se quedaron parados, mirando a su alrededor. No se veía a nadie, pero el ruido iba en aumento. “Fora, fora, espanyols assassins”. Mort al torero, visca el bou lliure”. Mierda, pensaron al unísono. Esto se complicaba. Aceleraron su paso para llegar de nuevo al bar. Sabían que ahí seguirían su padre y el resto de la cuadrilla apurando sus bebidas antes del gran momento. Pero al doblar la esquina se encontraron con una muchedumbre que gritaba de todo, histérica, enarbolando banderas de los antiaurinos, y hasta les acompañaban algunos encapuchados con bastones en las manos. ¿Cómo habían llegado hasta ahí? ¿Quién les había dejado pasar?


Miguel y Pedro se quedaron helados. Y de golpe los encapuchados les vieron. Intentaron retroceder por el mismo pasillo pero no había escapatoria. Por detrás de ellos se habían desplegado más elementos del grupo, y en un santiamén les rodeó una jauría de gente gritando, cual perros enfurecidos. “Si por lo menos llevara mi estoque”, pensó Miguel. Un primer golpe le hizo caer al suelo. La mirada se le nublaba y solamente alcanzó a ver como entre varios estaban apaleando a Pedro. “Una espasa, porteu una espasa oyó gritar, y con un ojo entreabierto alcanzó a ver el filo de una espada brillando bajo un rayo de sol que se colaba por una rendija. El rayo de sol le hizo recordar de golpe toda su vida. Ante sus nublados ojos pasaron imágenes del colegio, del trabajo, de su primera novia, de su primera capea en Tarragona, de la Escuela Taurina, de sus padres, de su abuela en la terraza y de las excursiones a Madrid en el SEAT de su padre. Miguel quedó tendido en un charco de sangre, mientras la turba se alejaba corriendo del lugar. “El último torero” pensó, mientras la sangre brotaba de su chaquetilla. De oro y rojo iba a hacer el paseíllo. Oro por el sol, rojo por la sangre.

martes, 24 de agosto de 2010

La verdad es de cada uno (que fácil es mentir)

Todos sabemos que la verdad absoluta existe, pero que cada uno la interpreta, manipula, deforma o cambia a su antojo. Un hecho es un hecho, inamovible, eterno, pero a partir de aquí cada persona, cada colectivo, cada historiador, y sobre todo cada partido o grupo de presión, se recrea girando la tortilla hacia el lado que más le conviene en ese momento. Y tampoco lo hace de forma definitiva, sino que va adaptando el cuento a las circunstancias, intentando sacarle todo el jugo posible.

No hay que rascar mucho para encontrar ejemplos que claman al cielo, basta con abrir cualquier diario, leer aleatoriamente una página web o aguantar alguno de los burdos y simplistas programas de televisión de máxima audiencia (lo de máxima sí que es preocupante), pero en estos últimos días hemos visto unos cuantos ejemplos que sinceramente son inaguantables.

Una de historia e ingleses: Como algunos (o muchos) sabréis el mítico Almirante D. Blas de Lezo y Olavarrieta, ilustre y victorioso marinero español, de las vascongadas, en concreto de Pasajes, ahora Pasaia, también llamado “Medio Hombre”, defendió Cartagena de Indias con solamente 3.000 hombres entre tropa regular, milicianos, 600 indios flecheros traídos del interior más la marinería y tropa de desembarco de los seis únicos navíos de guerra de los que disponía la ciudad, frente a 2.000 cañones dispuestos en 186 barcos bajo el mando del almirante Sir Edward Vernon con 23.600 combatientes entre marinos, soldados y esclavos negros macheteros de Jamaica y alguna tropa más. Pues el hecho fue que ganó Blas, venció España, y que el engreído almirante inglés tuvo que irse con el rabo entre las piernas. Eso sí, el pérfido inglés acuñó unas monedas conmemorativas de su “victoria”, en las que se podía ver a Blas de Lezo arrodillado dándole la mano en señal de entrega. Y así consta en los libros de historia de los ingleses. Pues Blas de Lezo ni se pudo arrodillar, ya que le faltaba una pierna, ni le pudo dar la mano, ya que también le había quedado inutilizada por heridas en anteriores contiendas , ni fue derrotado, ya que ganó la batalla con todos los honores, muriendo poco después a causa de las nuevas heridas sufridas. (lo anterior es un pequeño resumen de un brillante artículo de Arturo Pérez-Reverte en el XLSemanal del pasado domingo).

Una de separatistas y geografía: Como habréis podido leer en algunos medios de comunicación, el programa de TV3, la seva, “Temps d’Aventura”, ha puesto en marcha una acción que consiste en culminar los 25 picos catalanes del Pirineo más emblemáticos para conmemorar su politizada ascensión al Everest realizada hace 25 años. Pues ahora resulta que 2 de los picos que se van escalar, el Aneto, con sus 3.404 metros de altitud y el Vallibierna (3.056), que traducen a Vallhibierna, son aragoneses. Un pequeño “error”. Destapada esta mentira por el Heraldo de Aragón han corrido en cambiar el subtítulo del programa, añadiendo “i el Pirineu” al original, que se llamaba “Puja amb nosaltres un dels 25 principals cims de Catalunya”.

Una de guionistas de televisión: Bastantes de vosotros recordaréis la genial serie inglesa Fawlty Towers, Hotel Fawlty, hilarante comedia dirigida e interpretada por John Cleese, de los Monty Python. En este serial uno de los personajes principales es Manuel, el camarero del hotel, torpe, primitivo, corto y (en el original) de Barcelona. Pues en la versión que se emitió en Cataluña, por acomplejada y necia decisión de algún gerifalte o comisario político nacionalista, Manuel se convirtió por arte de magia en mexicano. Y para no ser menos, en la versión en castellano, desconozco que televisión autonómica la tradujo, lo convirtieron directamente en italiano. Penoso.

Y finalmente, una de fútbol: Estos ejemplos son similares al delito que perpetra la directiva del Español, partido tras partido, en lo que hace referencia a nosotros, los seguidores de nuestro histórico y amado Real Club Deportivo Español: ocultan nuestras banderas de España, silencian nuestros cánticos, nos impiden agruparnos o renovar, en definitiva, nos persiguen hasta la extenuación para vender una historia falsa, un nacionalismo catalán inexistente en nuestras filas, manipulado todo por sus propios intereses, que son egoístas, puramente económicos, rastreros y que tienen poco que ver con el espíritu familiar, deportivo, catalán y español que siempre ha reinado en nuestro Club.

Lo que decía: la verdad es de cada uno, qué fácil es mentir.

jueves, 5 de agosto de 2010

Mi Barcelona, ¿dónde está mi Barcelona?

No nos pilla de nuevo el ataque furibundo y políticamente manipulado a la Fiesta Nacional, es decir, a los espectáculos taurinos con muerte del toro, que hemos sufrido en estos últimos tiempos en Barcelona. No ahondaré demasiado en este tema, glosado ya de mil y una maneras y por ciento y un intelectuales, comentaristas, toreros, artistas, gente de bien todos ellos, en estas semanas que han pasado desde la prohibición decretada por esa inútil institución llamada “Parlament de Catalunya”.

Desde que tengo uso de conciencia o consciencia, sinónimos según la RAE, en mi ciudad natal, en mi querida Barcelona, siempre hemos vivido enfrentados aquellos que la consideramos parte intrínseca de España y de su historia, y los otros, los que sin rigor histórico, sin contemplaciones y sin otra ambición que arañar privilegios económicos, se han dedicado a desmontar una realidad irrefutable enfrentando a Barcelona y el resto de la región con la totalidad de España.

Conseguir beneficios monetarios ha sido y es el único fin de los enemigos de mi Barcelona, de mi Cataluña, ya sea como en otras épocas escalando los peldaños del poder del anterior régimen, en sus sindicatos y demás instituciones, agrupándose en mutuas, cámaras de comercio o círculos de poder variopintos, hasta las fáciles maniobras actuales por obra y gracia del sistema “democrático” y la ley electoral española, que permite el sinsentido que las minorías locales aplasten a la mayoría natural, a la historia y a la verdad absoluta con cuatro votos obtenidos bajo siglas grandilocuentes como solidaridad, libertad, igualdad, socialismo, unidad etc., votos robados al inculto e inocente votante que no llega a más y se cree a pie juntillas cualquier cosa que un político le prometa.

He sufrido en mi propio cuerpo el estigma de ser de un equipo diferente al Barza, de haber nacido en la Zona Alta, de haberme ido voluntario al servicio militar rechazando un “excedente de cupo”, de haber militado en Falange, de haber querido ser militar o Guardia Civil, de haber sido del SEU (el nuevo, se entiende) o de haber ondeado sin complejos la bandera de España, de mi patria, en cualquier ocasión que se prestaba a ello. Y no es de ahora, son ya más de 35 años de los 47 que acabo de cumplir en los que de forma consciente he estado librando día a día, paso a paso, una batalla continua contra una forma de presentar a Barcelona y Cataluña que nada tiene que ver con el amor que siento por ella ni con su realidad histórica.


Mi Barcelona es y ha sido taurina desde siempre, y no porque mi abuelo fuera el encargado con su empresa de construcción del mantenimiento de las Plazas de Toros y cines del Sr. Balañá, sino por una tradición centenaria como ciudad cuna de las mejores estrellas de la tauromaquia.


Mi Barcelona ha tenido siempre más de un equipo de fútbol, pero la sana rivalidad deportiva nunca ha cristalizado y siempre se ha tratado de una guerra abierta entre el deporte de verdad, el del RCD Español, del Júpiter, del Europa o de la Penya (aunque sea de Badalona sirva como ejemplo), frente al interés político, y por ende económico, masón (por secreto, anticristiano y mafioso) y sectario, del FC Barcelona.

Mi Barcelona tenía en su época, por casualidad desde el año que nací, en 1963, una réplica de la carabela la Santa María de Cristóbal Colón anclada en el puerto, junto a las Golondrinas, hasta que un intento de atentado de cachorros de Terra Lliure en 1987 y un posterior y sospechoso incendio acabaran con su existencia, fuera desmantelada, vendida y trasladada a Kobe, en Japón. Ya me diréis que pinta una réplica de la carabela de Colón en esa ciudad japonesa. Aunque quien sabe, con lo insistentes que son los separatistas creando mitos, leyendas y falsas historias igual nos demuestran finalmente que Colón era Colom, antepasado del ínclito Ángel Colom, luchador infatigable por el bien de Catalunya y el favor de mancebos, a poder ser moros, e intenten recuperar la Nao, anclándola de nuevo en nuestro puerto y decorándola con mil y una señeras, sin saber que de esta forma estarían devolviéndole sus emblemas originales, los de la Corona de Aragón de nuestro gran Fernando II , que junto a Isabel permitió que España iniciara la gesta de conquistar el mundo sin derramar ni una milésima parte de la sangre que usaron otras potencias en sus devaneos por el globo.

Mi Barcelona tenía a Copito de Nieve, traído de una de nuestras últimas colonias, Guinea, país que desde que lo dejamos ha ido de mal en peor y en el cual aún hoy, basándose en los relatos de padres y abuelos, nos echan tanto de menos como yo a mi Barcelona que se nos va. Con su conversión en Floquet de Neu llegó su fin, y pocos años duró ya el pobre viendo en lo que se estaba convirtiendo su Barcelona de adopción.

Así podría seguir con mil y un historias más de nuestra querida ciudad, que poco a poco va dejando de ocupar mi corazón y abriendo paso a un ansia loca por alzar el vuelo y largarme de una santa vez…

Mi Barcelona, ¿dónde está mi Barcelona?

martes, 13 de julio de 2010

El sueño de una noche de verano

Un adelanto del futuro que nos espera si no le ponemos remedio entre todos
Pues ya ha llegado el año 2011. No han pasado ni seis meses desde la victoria de la selección nacional de España en el Mundial de Fútbol de Sudáfrica y sin embargo viendo el día a día de nuestra querida España me parece que todo ha sido un sueño. Todo esto me viene a la mente en esta noche vieja, que celebro sólo en mi casa delante del omnipresente televisor, el único y fiel compañero que le queda a mucha gente con el transcurrir de los años (y la gradual pérdida de vida social). Aquí, sentado y viendo el resumen del año, que se centra en los pocos hechos positivos o bonitos vividos en los últimos 12 meses, sobre todo en la brillante conquista del mundial de fútbol en el mes de Julio, me vienen a la mente tantos recuerdos e ilusiones, tantas frases de esperanza y tantas sonrisas compartidas, tantos cohetes lanzados al terrado del vecino y tantas cervezas derramadas para poder pedir otra sin falta para seguir brindando, que se me hace difícil asimilar el fracaso colectivo de nuestra patria que siguió al referido evento deportivo. ¿Quién lo iba a decir? La mágica noche del 11 de Julio acabó en una explosión de júbilo incontenible que desbordó plazas, calles, jardines y bosques, muros y torreones, playas y prados de toda España. Desde Tarifa hasta Cariño, desde Fuentealbilla hasta Cadaqués y desde Jaca hasta Águilas, todo el territorio nacional quedó cubierto por un manto rojo y amarillo cargado de ilusión, de unión, de alegría, un manto tendido por una persona honesta, sencilla, trabajadora, española sin manipulaciones, llamada Andrés Iniesta. Un chico normal, humilde, sin pretensiones de líder mediático ni de icono de falsas patrias, entregado a su trabajo, amigo de sus amigos y de todos los españoles. Pero ese manto con los colores de nuestra bandera duró muy poco extendido sobre la piel de toro. Mientras que los medios de comunicación de toda España siguieron durante bastante tiempo aprovechando el tirón del fútbol haciéndonos soñar con una España en unión, con un renacer del sentimiento patrio, con una reactivación económica y con un baby boom debido al gol de Andrés, las fuerzas políticas tanto separatistas (sobre todo en Cataluña) como separadoras (el PSOE con sus mentiras continuadas y su burda manipulación del éxito deportivo convirtiéndolo en un éxito de su propia gestión), no tardaron mucho en devolvernos a la realidad de una España dividida entre el ciudadano atontado, alelado e iluso y la casta política dedicándose a lo suyo, a manipular, a mentir y a utilizar cualquier medio a su alcance para seguir ocupando su trono dorado del “dolce far niente” disfrazado de abnegada gestión política y económica por el bien de todos. De todos “ellos” será. Porque España siguió hundiéndose en la miseria sin remedio, a pesar de los goles de Villa o de Iniesta. El gobierno central del cada vez más esperpéntico y mentiroso compulsivo Zapatero, apoyado en las bandas por los extremos Pepiño Blanco y Leire Pajín, en esa selección igualitaria, no ya en la representación proporcional de todos los sexos (que desde que manda el PSOE ya no son dos sino bastantes variantes más) sino en la incultura, el analfabetismo funcional y la desfachatez total y absoluta, reculó todo lo que pudo ante la presión de sus socios del PSC, y para no perder votos promulgó varias leyes por el método abreviado del decreto ley que permitieron reducir la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña a simple papel mojado. La expresión “nació catalana” fue declarada legal dentro del marco de la asociación al Estado Español, el poder judicial fue asumido con un 100% de competencias por el nuevo Tribunal Superior Catalán, y la inmersión lingüística pasó a ser obligatoria hasta los 16 años, prohibiéndose la enseñanza en castellano en todo el territorio catalán como primer idioma. La amenaza de los socialistas catalanes de abandonar su ligazón con el PSOE y de presentarse de forma independiente en las próximas elecciones generales forzó a Zapatero y sus secuaces a claudicar en todas y cada una de las exigencias del reyezuelo Montilla. En las elecciones autonómica catalanas, y con una burda maniobra similar a la del nacimiento del primer y nefasto tripartito, el PSC se aupó de nuevo al poder, esta vez con el apoyo de Esquerra y con el pujante partido de Laporta, Democracia Catalana, el cual, usando el voto tonto de los seguidores del fútbol consiguió asociar en la mente obtusa de los ciudadanos de Cataluña la idea de que Iniesta es igual a Barça igual a Democracia e igual a progreso y trabajo para todos. Nunca aprenderán. El antes llamado RCD Español, después del ingreso de varios de sus directivos en el partido de Laporta, y en una claudicación a la presión ejercida por el poder nacionalista, cambió su centenario nombre por el de Atlético de Catalunya, celebrándose un multitudinario partido de homenaje a la selección catalana (que según ellos ganó el Mundial de Sudáfrica bajo otra bandera debido a imperativos legales) en el rebautizado Estadi Nacional, con el consejero delegado Collet haciendo de correveidile, palanganero y machaca del conseller de Deportes Laporta. La poca resistencia popular fue ahogada en las calles por batallones de Mossos de Escuadra, que se llevaron por delante a unos cuantos cientos de catalanes que osaron mostrar una bandera rojigualda por los alrededores del campo. Solamente pensar que hace 6 meses más de 150.000 personas llenaron las calles de Barcelona con dichas banderas se me hace muy extraño.
¿Qué ha pasado con esa ilusión colectiva? ¿Por qué los ciudadanos han vuelto a votar a todos estos manipuladores que por un puñado de votos son capaces de vender a su madre, a la de su vecino y hasta de comprar el pueblo de Fuentealbilla, ponerle una parada del AV (al AVE ya le quitaron la E de España pasado el verano) y cambiarle el nombre por Font del Reneixament? ¿Es que no aprenderemos nunca?
P.D. Estamos a tiempo de evitar esto o cosas similares. Allá cada uno con su conciencia.

lunes, 5 de julio de 2010

Que poco me gusta el Mundial de Fútbol

Pues eso. Como cada vez que triunfamos en algún deporte, los españolitos de a pie, tan patriotas ellos, salen hasta de debajo de las piedras. Y por mucho que me guste ondear la bandera de España, lucir su camiseta y cantar el himno nacional, siempre me queda ese regusto a simplicidad y estupidez. ¿Cómo puede ser que durante todo un año los catalanes traguemos con partidos políticos que ningunean a España, cómo puede ser tan estúpida la gente que cuando hay elecciones siguen votando a partidos políticos que hacen del odio a España su leitmotiv y ahora en cambio lucen esas camisetas de la roja? No se puede estar solamente a las maduras, en los temas superficiales, en los triunfos deportivos, y el resto del año obviar a la patria, cerrar los ojos y mirar a otro lado. Hay que estar a las duras, hay que ser consecuente con lo que se predica. Querer a España no significa solamente animarla durante 90 minutos, pintarse la cara con los colores de nuestra querida bandera, tomarse 10 cervezas y entonar el penoso loroloroloroloro desconociendo que nuestro himno tiene no una sino varias letras oficiales.

Para querer a España de verdad hay que amarla en el día a día, estudiando, trabajando, ayudando a los necesitados, visitándola, cuidándola, respetándola, pero, sobre todo, dando la cara y luchando palmo a palmo, casa a casa, barrio a barrio, ciudad a ciudad y elecciones tras elecciones por sus símbolos, su idioma, su historia y su grandeza. No podemos aceptar durante 340 días al año que multen a los negocios por no rotular en catalán, que a los niños les obliguen a hablar en catalán hasta en los recreos, que el 50% de las películas de estreno tenga que ser en catalán, para desgracia y ruina de la industria cinematográfica, y luego, de golpe, durante los 20 escasos días que dura un mundial, ser el español más patriota.

Como diría una buena amiga mía, España es bastante más que un partido de fútbol, que una carrera de motos o que un triunfo de Nadal en Wimbledon. En otras épocas, gloriosas épocas en mi opinión, España se definía como una unidad de destino en lo universal. No es una frase dicha en vano, ni demagógica. Es una definición bien clara de que España es algo más. Es nuestra madre, es el resultado de 2.000 años de historia conjunta, de luchas y hazañas inigualables por cualquier otra nación del mundo, son biografías de cientos de guerreros, científicos, poetas, artistas, intelectuales, religiosos, descubridores, emprendedores, en resumen, de hombres y mujeres luchadores por una causa común, son ellos los que nos permiten disfrutar hoy en día de estos simples partidos de fútbol con orgullo, llorar con la piel de gallina cuando suena el himno nacional o saltar como condenados cuando metemos un gol. España no es la Roja, España no son 11 jugadores y un entrenador. España es una herencia que Dios nos ha permitido disfrutar. Y España somos la suma de todos aquellos que la queremos de verdad, que la respetamos desde el alba hasta el anochecer, de Lunes a Domingo, y como se dice hoy en día, los que la amamos 365 días x 24 horas. España. Siempre. Lo demás, puro circo.



martes, 15 de junio de 2010

La boda de mi prima (I’ve got a feeling)

Notas previas:

Para mis lectores habituales: Este largo relato es un poco diferente a lo que suelo escribir, por lo que si os aburrís lo entenderé bien y os permito dejarlo a medias.

Para los que asistieron a la boda: Cada uno de vosotros lo habrá vivido de otra forma, y seguro que hay otros mil detalles que podría haber incluido, pero espero que a pesar de todo paséis un rato ameno.

Para la familia, en especial para Sandra y Santy: todo lo que sigue va por esta estupenda pareja que formáis. Muchas gracias por haberme dejado compartir estos días maravillosos con vosotros.

Para todos: Os recomiendo imprimir este artículo y leerlo con calma, sentados en un sitio cómodo y con unas hierbas ibicencas en la copa. Y si suena buena música, mejor que mejor.

Ahí vamos…

I’ve got a feeling, that tonight it’s gonna be a good night. Así empieza la canción de moda de los Black Eyed Peas, y por una vez la canción del verano ha acertado. Por lo menos en lo que a mí respecta. Pero lo vivido en Ibiza el fin de semana pasado no ha sido simplemente una buena noche, han sido 3 días geniales cargados de alegría (teniendo a toda la familia Alegría rondando por ahí tampoco es de extrañar), de risas, de felicidad y de momentos inolvidables que me harán cantar por siempre la dichosa canción, pero con una pequeña variante, cambiaré el “good” por el “best” y lo dejaré en “it’s been the BEST night”. Los afortunados que tuvisteis la gran suerte de asistir a esta boda única entenderéis muy bien lo que escribo, a los demás intentaré describiros un poco lo vivido entre el 10 y el 13 de Junio en la isla de Ibiza. Como es de entender esta descripción se basará en mis propias vivencias y sentimientos, que poco (o en algunos casos mucho) tendrá que ver con la impresión que se puedan haber llevado los demás participantes en este memorable evento. Pero seguro que cada uno de los más de 80 jóvenes de “carnet” y el resto de jóvenes de “espíritu” sentirá cosas similares. Me jugaría un mojito y hasta unas hierbas ibicencas a que es así.

La gran aventura comienza un jueves al mediodía, ya que estamos citados el viernes por la mañana en el puerto de Ibiza para coger un catamarán a Formentera. Embarco en Barcelona sin conocer a nadie, pero intuyo que algunas de las personas que están en la cola son parte de los invitados. Una pena no conocerlos, por cierto, ya que una de las “figuras” de todo el fin de semana, y en parte causante de todo el lio, es hermano del novio y está justo detrás mío embarcando hacia Ibiza: fue precisamente esta persona la que propició hace unos años que la pareja que está a punto de casarse se conociera. Pero esto es harina de otro costal, son historias que sucedieron hace años entre Australia y Barcelona y que no vienen al caso (o quizás si). En el aeropuerto me recogen mi tía, mi prima y el futuro marido y después de una corta visita a su casa en la que admiro no solamente la construcción en sí y la tranquilidad del idílico paraje sino también los progresos de la pequeña Alexa, que sonriendo como siempre ya empieza a dar sus primeros pasitos con un mínimo de ayuda, nos acercamos al hotel. Un rápido check-in y al chiringuito a comer algo en “petit comité”. La cosa ya pinta bien, a pesar de tratarse de un hotel del Grupo Playasol cuyo propietario acaba de ser encarcelado por múltiples fraudes en la operación “Trueno”. En este caso el nombre que le han dado los investigadores es bastante apropiado, porque la historia de este empresario ha estallado como una caja de truenos: el clásico pelotazo de los 80 con más de 70 hoteles en propiedad, aderezado con personal ilegal, hacinamiento en zulos, camareras con cláusulas de favores sexuales, más de 15 millones de Euros defraudados a Hacienda y millones de euros escondidos en bolsas de basura para la compra de terrenos en su pueblo natal. La (por desgracia) tan repetida historia de empresarios que se han enriquecido en España gracias a su simpatía, su populismo y el apoyo de políticos y autoridades corruptas. Pero dejemos de lado a este defraudador y volvamos a lo nuestro. Decía que la cosa pinta bien. El hotel tiene una situación privilegiada, casi a ras del agua, y una cómoda pasarela de madera bordea la playa en ambas direcciones, con la ciudad de Ibiza al fondo y pequeños veleros anclados en las verdes y tranquilas aguas de la playa de Talamanca. Realmente bucólico, si se pudiera aplicar esta palabra a un paisaje marino. Comemos mejillones, gambas y pescado con arroz en un acogedor chiringuito que por ahora no se ha visto afectado por la Ley de Costas (me pregunto qué va a ser de nuestras playas sin estos locales que son el paradigma del veraneo en España), y gracias a un par (¿o fueron cuatro?) de sangrías de cava y algunas hierbas ibicencas la conversación se convierte en un presagio de lo que va a dar de sí el fin de semana y nos reímos bastante. En un momento de euforia miro a Santy, miro a Fina, y le comento a mi tía: “Ha valido la pena esperar, verdad? Y tanto, me contesta…”. Llamamos a los “tiets” que faltan, es decir, a mi padre y tía Montse, y ya tenemos la primera anécdota del día: “Traidora, traidora” grita mi prima desde su silla (se entiende que es por no haber venido), y la respuesta de nuestra tía no puede ser otra: “¿Ya habéis bebido, verdad?” Risas, unas cuantas fotos (que pena que luego se perdiera la cámara) y a descansar, que por la noche hay cena “light” para los jóvenes. Por primera vez en este viaje echo de menos mi clásica libretilla que suelo llevar encima cuando hago mi tramo anual del Camino de Santiago y en la que suelo apuntar las anécdotas que van sucediendo. Mi memoria ya no da para tanto y es una pena, porque seguro que me olvido de algún detalle. Lo de descansar, es un decir. Al llegar al hotel nos encontramos con algunos invitados que ya pululan por ahí, y nos juntamos unos cuantos en una mesa para disfrutar de la sobremesa. Se nos unen Gisèle y Jens que han venido desde Alemania y una simpática pareja de franceses que también son “herencia” de la estancia de mi prima en Australia y entre hierbas ibicencas que van cayendo cual hojas de los árboles alargamos la conversación hasta casi las 8. (Estas hierbas se irán convirtiendo poco a poco en el “leitmotiv” de toda la boda y hasta aparecerán en el discurso de mi prima durante la ceremonia nupcial). Nos damos un margen de 1 horita antes de reencontrarnos en la piscina, y hacia las 9:30 nos ponemos en marcha hacia el centro de Ibiza. Como hemos quedado en el centro de la ciudad de Ibiza seguimos las recomendaciones de los autóctonos y cogemos un pequeño “vaporetto” que por el módico precio de 1 euro te deja en el mismo centro de la capital, a pocos metros del local en el que hemos quedado. Paseamos un rato ente tenderetes hippies, gente extraña y guiris de todos los colores y sexos (eso de que solamente existen 2 sexos parece no poder aplicarse a esta isla y en muchos casos tengo serias dudas sobre lo que ocultan los pareos y demás prendas veraniegas que lucen los paseantes, pero no me pongo a investigar. No vaya a ser que me lleve una sorpresa a las primeras de cambio), y nos reunimos con el resto en la pizzería Pinocho. (http://www.pizzeriapinocho.com/html/es/galeria.html) La “reserva” es muy sui generis, como al parecer todo en Ibiza, ya que hay que ir esperando a que la gente vaya vaciando las mesas y tomarlas al asalto. Al final conseguimos sentarnos todos y cenamos pasta y pizza entre presentaciones, pequeñas charlas introductorias y un ligero sentimiento de que se avecina algo grande. Todo el mundo está risueño, todo son buenas caras y ganas de disfrutar del momento. La alegría natural de mi prima parece que se contagia bastante más que la mítica gripe “A”, que al final se quedó en “a” minúscula y no pasó de ser un resfriado invernal de lo más light de los últimos años. La felicidad que rodea a este grupo de gente sí que es una epidemia. Y de las fuertes. Después de la cena visitamos un local de copas, de cuyo nombre por desgracia no me acuerdo, y la presunta cena “light” se convierte en un buen aperitivo de lo que nos espera al día siguiente. Conozco a mucha gente pero no me acuerdo de la mitad de los nombres. Como ya decía, tendré que volver al tema de la libretilla y tomar apuntes a escondidas. No vaya a ser que la gente me llame desmemoriado y quieran practicar conmigo algún tratamiento de memoria histórica o histérica. Cogemos unos cuantos taxis a última hora y de vuelta al hotel. La pequeña fuente que decora la recepción del hotel se convierte en improvisado “meeting point” reconvertido en “lava pies” y sin más dilación que algunas chanzas e intentos desesperados de encontrar algo bebible en el hotel nos retiramos a nuestras respectivas habitaciones (yo por lo menos, pero no pondría la mano en el fuego por los demás y seguro que alguno se “equivocó” con el número de su puerta). Pero estos errores no creo que sean malos, peores cosas hacen por el mundo que quedan sin castigo.

Y llega el viernes. Me despierto bastante pronto y con el día nublado, “pero algo me dice, que voy a pasármelo bien (muy bien)”. Despacho en pocos minutos el bufet libre del hotel con la normal y única selección que se puede hacer en un hotel de playa de 3 estrellas: huevos con beicon y un poco de zumo, y ni tocar el grisáceo café laxante o los embutidos de tercera que parece que los fabriquen solamente para que los guiris se preparen sus sándwiches para pasar el día sin gastar y amortizar aún más su pulsera de todo incluido. Al jamón de york solamente le falta el sello del Grupo Playasol incrustado entre las duras vetas de grasa y el queso es una masa deforme inyectada sobre una bandeja de plástico. (Para quesos, los de la boda, pero aún no hemos llegado a esa parte de la historia). Como me sobran casi 2 horas me voy a pasear un poco y me recorro todo el puerto de Marina Botafoch en busca de la prensa del día, que por cierto se mueve entre nublado, más nublado y muy nublado. Tengo serias dudas de que el sol haga acto de presencia, pero yerro de cuajo. Me olvidaba que la agencia que ha ayudado a mi prima se llama “Remedios sin Receta” y que su realmente insuperable servicio no incluye solamente profesionalidad, simpatía y saber hacer sino también un timing perfecto con el tiempo y un pacto secreto con el sol que algún día tendrían que desvelar y compartir con los demás mortales. Si alguna vez precisas una agencia que sepa organizar eventos inolvidables no dudes en contactar con estos cracks. (http://www.remediosinreceta.com/) Lo han bordado.

El catamarán tiene previsto salir hacia las 11:30, pero a esa hora se ve a muy poca gente por el embarcadero. Está el personal de la agencia cargando la embarcación con viandas y bebidas (más de lo segundo) y algún despistado como yo que no ha tenido en cuenta que por la mañana en Ibiza todo va a un ritmo bastante más lento que en los demás lugares. Si no me acuerdo mal partimos hacia las 12:30 después de algunos amagos de chaparrón y poco sol a la vista. La subida al catamarán incluye el primer “obsequio” de los novios, un precioso pareo/toalla para cada uno, blanco para los chichos, violeta para las féminas. Sandra y Santy han pensado realmente en todo. Que monos. Las instrucciones de la “encargada” del barco, una señora alemana de mediana edad, son bastante simples: los zapatos se quedan en un banco a la izquierda, los fumadores se sirvan usar solamente el lado derecho de la embarcación (deduzco que los depósitos de combustible quedan debajo de los zapatos), no saltar en marcha al agua, no usar las telas del solarium como trampolines y cuando lleguemos a Formentera “recordad todos que a las 5 hay que estar de vuelta “albaco”. Primeras risas por el acento de esta simpática mujer e iniciamos la travesía hacia la isla de Formentera. Hay un par de empleados más del propio barco, dos simpáticos sudamericanos encargados de la barra y un DJ muy especial (que resultará ser muy bueno, como cabía esperar) que nos amenizará el día. Al rato comienzan a carburar los “cocteleros”: empiezan a servir un mojito tras otro, que vamos consumiendo al mismo ritmo que van saliendo de las diestras manos de los camareros. Un primo menor de edad que se ha colado en el barco me pide poder tomar un trago de mi primer mojito, no se lo niego, pero decido que lo más apropiado es que se tome uno entero. ¿Dónde vas con un traguito con todo lo que nos queda de viaje? A las 2 horas me arrepiento de esta iniciativa tan “generosa”, ya que vivo en directo la primera “potada” del día, que acaba solucionada con un buen baño en las frías aguas de Formentera y una siesta en el lateral del barco bajo mi atenta mirada (solo faltaría que se cayera al agua dormido).

El vaivén del barco, la excelente música del DJ Sergio (http://ragde.com/web/sergioserrano/index2.html) y el bailoteo de todos convierten el viaje en una fiesta de risa fácil, conversaciones amenas y algún que otro pequeño tropezón en el suelo mojado de la cubierta. Una pequeña cura a un chico que se ha clavado un cristal en el pie, arreglado por las diestras manos de la alemana con un poco de betadine y un guante de plástico a modo de calcetín y la realmente triste desaparición de mi cámara de fotos son las únicas notas negativas del día en alta mar. Anclados durante varias horas delante de la playa de Ses Salines damos buena cuenta de los más de 500 mojitos que al final se sirvieron y de alguna que otra sandia rellena de un misterioso líquido embriagador que acaba por rematar hasta el último “mi cuit” que nos persigue. Los “mi cuit” son gaviotas que nos siguen nadando para pillar los restos de comida y que he bautizado así porque parecen patitos. Al final les sale redondo el viaje (se lo deben saber), ya que reciben al vuelo bastantes patas de pollo de la comida que nos sirven. Es que hay poca hambre y mucha sed. Y un sol que flipas (lo dicho, la agencia se las sabe todas). La vuelta a Ibiza es tranquila, y en el muelle nos espera el comité de bienvenida, ansioso de saber cómo nos ha ido. Padres, tíos, amigos nos reciben vigilantes para observar cualquier balanceo fuera de lo normal, pero al final desisten. Los 76 héroes del catamarán parece que nos movamos al unísono, y la razón es obvia: el oleaje nos ha mareado a todos un poco (¿oleaje has dicho? Si el mar parece una balsa…). Nos disolvemos con algún pequeño incidente en las rocas que bordean el muelle (una caída tonta debida de nuevo, digo yo, al oleaje) (¿ya estás mejor, Gisèle?). De vuelta al hotel intentamos comer algo en un chiringuito, pero lo que ofrecen no entusiasma a nadie, y como casi todos hemos vuelto con hambre (cuanto daría ahora por los muslos de pollo que tan alegremente se disputaban las gaviotas hace unas horas), montamos una pequeña reunión en la terraza del hotel y decidimos llamar a Telepizza. Las 8 o 10 pizzas desaparecen en un santiamén y algunos nos retiramos a descansar. Doy por sobreentendido que el sector juvenil seguirá un rato con la fiesta (como así fue), pero para mí el día ya sido tan placentero que no necesito emociones adicionales. Mañana toca boda, y visto el ambiente promete bastante.

Es sábado, me levanto pronto y paso de nuevo por la tortura del bufet libre del hotel. El manido recurso de los huevos con beicon me sirve para llenar un poco el estómago, que a pesar de las pizzas de la noche sigue gruñendo cual perro antidroga en el aeropuerto de Bangkok y doy una vuelta por la playa a por la prensa, haciendo tiempo hasta la llegada de mi hermano. Hacia el mediodía llega el resto de mi familia, hermano, cuñada y mis dos increíbles sobrinitos, que cada día son menos “itos”. Como pasa el tiempo…, aunque es fácil de entender: viéndolos en tan pocas ocasiones los saltos en la edad sorprenden cada vez que los ves. Dentro de poco aparecerán con sus respectivas novietas y mi dentadura reposará en un vaso lleno de polident o cualquier otro desinfectante, vaso que en épocas gloriosas habría contenido hierbas ibicencas, orujo o cualquier otro elixir de eterna juventud. Qué le vamos a hacer, es ley de vida.

Pasamos lo que queda de la mañana desayunando, intercalamos una corta visita al mercadillo hippy de las Dalias y un largo baño de los niños en la piscina del hotel, esperando la hora de salida hacia casa de mi tía para asistir a la lectura del poema y la sesión de fotos familiares.

Hacia las 5 partimos, ya todos de blanco, rumbo a la residencia Alegría-Martí, dónde nos esperan los demás. Realment fem goig. Un poco de cava, fotos de todo tipo, desde todos los ángulos y con todas las combinaciones posibles de primos, hermanos, cuñados, padre y tíos, y llega el momento de la entrega de ramo y lectura del poema por parte de Pablo. Acompañado a la guitarra por otro de los invitados (cuanto daría yo por tener memoria fotográfica y poder recordar los nombres de las 100 y pico personas que me presentaron ayer…), el íntimo acto resume lo que estamos viviendo desde hace ya 2 días: un ambiente de amistad, simpatía, alegría y complicidad que pocas veces he visto. Todo muy normal, sin estridencias, sin gritos, sin exageraciones ni teatro, simplemente bonito. Mi prima Sandra está preciosa. Muy, pero que muy guapa, aunque esto lo sabéis todos los que estuvisteis en la boda. Acabada esta parte del ritual de las bodas nos subimos en las furgonetas para, ahora sí, dirigirnos a la cala en la que se celebrará la ceremonia y posterior cena. El viaje no se nos hace largo, y después de media horita avistamos ya el increíble entorno en el que se celebrará la unión. Se trata de Cala Comte, o Conta, o Compte (si googueleas salen estas tres acepciones). No podía ser mejor: una idílica cala, con las islas la Conillera y des Bosc enfrente, delante un altar sobre el acantilado, y como no podía ser de otra manera, en el momento de llegar aparece un resplandeciente sol al fondo. Solamente faltaría que el sol proyectara las sonrisas de Sandra y Santy sobre la playa (si lo leen los amigos de Remedios sin Receta que tomen nota, hubiera sido la guinda a un evento tan perfecto). De nuevo los bonitos detalles: esta vez se trata de un pai pai para las señoras, por si hiciera demasiado calor. Van llegando los autobuses cargados de gente guapa vestida de blanco, y ya ubicados todos sobre el acantilado nos prestamos a asistir a la ceremonia “civil”. No voy a entrar ahora en la discusión sobre estas bodas civiles que imitan hasta el último detalle una celebración religiosa. Falta solamente que nos den la comunión al final en forma de tarta de almendras y la misa sería completa. Olvidadlo, que temas así los dejo para mis artículos habituales, cargados de crítica, cinismo, rabia y demás. Hoy estoy feliz, contento y positivo. Hacen la entrada los 3 niños, con la pequeña Alexa en el centro, estrenándose en este tema tan cansado que se llama andar (cuanto daríamos nosotros hoy en día porque nos llevaran en brazos), y el momento es realmente emotivo. Los primeros aplausos y alguna que otra lágrima de emoción dan paso al discurso de la funcionaria que oficia la ceremonia, la cual inicia el acto con una bienvenida en varios idiomas, con un sorprendentemente correcto francés y alemán, e intercala una bonita leyenda sobre la isla que tenemos al frente. Aprendemos todos que no se llama Conillera por lo de los conejos en catalán, sino que el origen etimológico se debe a la palabra cueva en latín y a la multitud de cuevas que agujerean dicho islote. Siguen los discursos propios de los novios, del padrino Pablo, omnipresente en los momentos clave, y entre fuertes aplausos los novios son declarados marido y mujer y ceden su lugar a una multitud de testigos que tienen que firmar en el preceptivo libro. Da gusto verlos, parecen una pareja de cine de los años 20, e irradian una felicidad que contagia a todos y que nos hace mirar al fondo, hacia el sol que se está poniendo entre ambas islitas, como si de una película se tratara. Lo dicho, un sueño hecho realidad.

Se abre la fase del aperitivo, que como era de esperar es de una calidad sublime. Degustación de quesos digna del mejor Relais&Chateaux francés, jamón del mejor inalcanzable por las colas que se forman inicialmente, y delicatesen de todo tipo que van siendo servidas por un perfecto servicio vestido de negro para contrastar con los 200 hombrecitos y mujercitas vestidos de blanco virginal. Por una vez hasta yo mismo me siento guapo, viéndome rodeado por bellezas de ambos sexos, que se superan uno a otro en educación, simpatía y saber estar. Pasamos así todos un rato increíble, asistiendo a una puesta de sol digna de las mejores ocasiones, degustando manjares y bebiendo vinos y cavas que fluyen por nuestro cuerpo alegrando nuestro interior para estar a la altura del momento tan bello que tenemos el privilegio de compartir. Al final del aperitivo nos sorprende el ya marido, Santy, con una actuación musical, dedicándole una canción a Sandra, y poco a poco nos vamos sentando en las mesas que nos han asignado, cada una con el nombre de una cala de Ibiza y localizable en los mapas que tenemos todos en las mesas. No solamente disfrutamos de la comida, sino que encima aprendemos un poco de geografía. Toma ya. De la cena poco voy a contar: con lo bueno que estaba todo no podía ser de otra manera, y los deliciosos platos y el excelente servicio acompañan las interesantes (por lo menos en mi caso) conversaciones de las mesas. Por cierto, para aquellos que nos estuvieron o no se acuerdan del nombre del restaurante (como me ha pasado a mí), se trata del Ses Roques. ( http://www.minube.com/rincon/restaurante-ses-roques-a13609). Acabada la cena se rompe por fin el protocolo y la gente se va acercando poco a poco a la barra y la pista de baile. A partir de este momento empieza el desmelene total. Arreglados todos con un nuevo obsequio de los contrayentes, un elegante foulard blanco, por si acaso nos entra frío, y acompañados por una banda sonora acertada en todas y cada una de las canciones, pasamos la noche bailando, cantando y disfrutando, sin límites de edad, sin problemas de relación, disfrutando como niños pequeños de esta boda que va a dejar un recuerdo imborrable en todos y cada uno de nosotros. Admiramos los juegos de luces que van iluminando las rocas y el altar, que va pasando de un azul a un violeta, fundiendo el increíble paisaje en un escenario tan acogedor y mágico que solamente recordarlo ya embriaga. Pero la noche aún nos depara la última sorpresa insuperable: después de la canción que Santy dedicó a Sandra a la hora del aperitivo, mi prima nos sorprende a todos, y sobre todo a su ya marido, con un videoclip de lo más original: el “Words don’t come easy” con ella misma de protagonista. Ya lo digo, original, bien hecho, profesional, y con Santy temblando y con ganas de coger a su recién estrenada mujer e irse a casa corriendo.

La mayoría de los comentarios apuntan en la misma dirección: “ha sido la mejor boda de mi vida”. Esperemos que lo haya sido para Sandra y Santy, que realmente se lo merecen. Sorry, corrijo lo último, sabemos a ciencia cierta que ha sido la mejor boda para ellos. Como para nosotros. Gracias Sandra. Gracias Santy. Si os volvéis a casar (esto lo digo por un amigo común que tenemos Sandra y yo y que se ha casado 3 veces con la misma mujer) o celebráis aniversarios pensad en mí. No me lo perdería por nada del mundo. Y este mágico y entrañable cuento acaba con todo el mundo reunido en medio de la pista, saltando y botando al ritmo de una canción que hasta ahora no me gustaba, pero que nos ha acompañado durante estos 2 o 3 mágicos días en esta isla que ahora sí que he aprendido a querer, canción que por tanto no podré dejar de tararear durante mucho, mucho tiempo…

I’ve gotta feeling...

That tonight's gonna be a good night...

Tonight's the night

Let's live it up...

I got my money

Let's spend it up

Go out and smash it

Like Oh My God

Jump off that sofa

Let's get get OFF

I hasn't been just a good night, it has been the BEST night.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Silencio forzado

Llevo casi 2 meses sin escribir nada en mi blog. Los que me conocéis sabéis que me he tenido que dedicar a otras tareas.
Ahora estoy a punto de volver a iniciar un tramo del Camino de Santiago, en este Año Santo, y seguro que a la vuelta las palabras volverán a fluir.

¡ Ultreia et Suseia !


martes, 9 de marzo de 2010

¿RCDE, funeral for a friend?

Que nadie se asuste. Que yo sepa y gracias a Dios, no ha fallecido ningún amigo. Es algo más simbólico, hablo de ese amigo al que solemos o solíamos cantar todos juntos, llamado Español.

Reina en nuestro querido Club un ambiente de funeral. Hay mal ambiente en el Club y fuera del Club, en la grada y fuera de la grada, en las peñas y fuera de las peñas, en los Ultras y fuera de los Ultras. Un cúmulo de sucesos, como por ejemplo las múltiples y pésimas gestiones de la directiva, en especial con nuestro querido y emblemático Tamudo, los fichajes desastrosos, el poco respeto hacia la cantera y el trabajo de sus responsables, las continuas y obsesivas persecuciones de la bandera Española, los traspasos gratuitos que se convierten en pérdidas millonarias y demás hechos acaecidos en estos últimos tiempos, están llevado a la desesperación a más de uno. Flota en el aire la temida frase “Todo tiene un final, todo termina”.

Y eso que los socios y seguidores de este simple, familiar y modesto club de fútbol llamado Real Club Deportivo Español, somos personas hechas a prueba de bombas, que las hemos pasado canutas en muchos momentos de nuestra centenaria historia, pero que siempre hemos resurgido, unidos, alegres, confiados y optimistas.
Y aunque últimamente alguno se obstine en eliminar la eñe de nuestro nombre, o se obceque en reducirlo a unas siglas políticamente correctas, RCDE, que pueden significar cualquier cosa, como por ejemplo “Realmente Cansado De Esto”, sinceramente creo, o más bien de todo corazón espero, que las aguas vuelvan a su cauce.

Hay capital humano suficiente, hay personas sensatas dispuestas a seguir la lucha y hasta nacen nuevas peñas y plataformas para recuperar lo que nos están robando, la ilusión y la humildad de ser un equipo modesto entre los grandes.

Y no dudo ni un instante que todo volverá a su justo sitio. No hay fuerza capaz de borrar de un plumazo 100+ años de historia cargada de ilusión, emotividad y de personas bien dispuestas a luchar.

Nos corresponde este puesto, y orgullosos de ello hemos de estar. Y no podemos escaparnos. Es nuestro sino. Igual que hemos nacido en una ciudad, nos hemos criado en el seno de una familia, hemos ido a determinado colegio, igual que todo esto también hemos sido del Real Club Deportivo Español desde nuestra infancia y en muchos casos desde nuestro nacimiento. Podremos apartarnos, verlo desde el burladero, seguirlo por la prensa, pero no por ello dejaremos de ser uno más de los empecinados seguidores blanquiazules. Sino que se lo cuenten a la nueva sección de los Anisados.

Contra viento y marea, como rezaba la mítica pancarta.

lunes, 22 de febrero de 2010

Carisma frente a soberbia

La soberbia es para los creyentes (cristianos) y según la definición generalizada, el peor de los pecados capitales. Todo mal comienza ahí, en el momento en el que Lucifer quiere igualarse a Dios. A renglón seguido van apareciendo los demás pecados capitales, que por si acaso siempre va bien recordar: la lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira y la envidia. No voy a dármelas ahora de filósofo ni entraré en discusiones eternas sobre la soberbia como sinónimo de orgullo y su valoración positiva en otras corrientes filosóficas (Nietzsche por ejemplo). Hablo de la soberbia como mal endémico del ser humano.

Cualquier proyecto en común corre innumerables riesgos de fracasar. Por falta de planificación, por indefinición, es decir, por carecer de un objetivo claro, por ser similar a otros proyectos ya existentes y quedar así diluido en la nada, pero, sobre todo, por la falta de un liderazgo carismático. No me refiero a la necesidad de que exista una única persona, claramente identificada y notoria, como condición “sine qua non “para que un proyecto triunfe, sino a la falta de carisma general que pueda hacer de contrapeso a la soberbia particular de personas que participan en el proyecto en concreto.

Sabemos de sobras lo difícil que es no caer en la soberbia (y en los demás pecados capitales). Porque a casi todos nos llega el momento en la vida en el que nos creemos poseedores de la verdad absoluta. Perdemos el norte creyendo que no hay nada ni nadie que nos pueda enseñar nada nuevo. Nadie nos puede hacer sombra, porque dentro de nuestro círculo íntimo, sea lo reducido o amplio que sea, hemos triunfado, hemos conseguido rodearnos de medianías o de acólitos, de personas que no nos discuten ni una coma de lo que decimos, que asienten cual ovejas atontadas a todo lo que decimos sin un atisbo de crítica. Y somos felices. Creemos que hemos triunfado porque nos hemos creado un grupo a nuestra medida. Hemos caído en la soberbia absoluta. Porque nos arrogamos nosotros mismos unos valores y unos triunfos que en el fondo solamente nos devuelve el espejo de nuestro propio ego, pero que no tienen su equivalencia en el valor real que tenemos dentro de la sociedad en la que nos movemos.

Lo que realmente valemos o podemos aportar a nuestros proyectos, a nuestro entorno, a nuestro trabajo, a nuestra lucha política o a cualquier otra actividad idealista y reivindicativa, no lo decidimos ni valoramos nosotros mismos delante de un espejito mágico que siempre nos devolverá aquello que nosotros queremos ver, al más guapo del barrio.

Lo que realmente valemos y aportamos al proyecto en común vendrá avalado por el carisma que tengamos. Por el magnetismo de nuestra personalidad que nos permita eliminar los “egos” soberbios de otros miembros del proyecto común mediante argumentos, actitudes ejemplares y un liderazgo basado en la ilusión, el conocimiento y el saber hacer, y todo ello desde la máxima humildad.

Si somos personas asociativas, si realmente tenemos ideales y participamos en proyectos de futuro junto a otras personas, dejemos de lado de una santa vez el YO en mayúsculas reflejado por el querido espejo y usemos el que nos otorgue el grupo como resultado de nuestro buen hacer por el proyecto en común.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Unplugged

Así es como denominan en el mundo anglosajón a los conciertos “acústicos”, literalmente “desenchufados”. Tampoco es nada nuevo, ya que es algo que siempre hemos vivido, desde jóvenes, teniendo en cuenta que en la mayoría de los casos nadie disponía entonces (ni dispone ahora) de la infraestructura necesaria en su casa para poder realizar conciertos “enchufados”, es decir, con micrófonos, amplificadores y altavoces. Y de estos conciertos, o encuentros con los amigos guitarra en mano, es de los que quiero hablar.

Tanto en Alemania como en los demás países del Norte de Europa es muy típico reunirse alrededor de un fuego, en casa de amigos o en locales públicos, para compartir un rato tocando cada uno un instrumento y cantando canciones conocidas por todos. Los anglosajones lo suelen llamar un “singalong”, que según el diccionario de la Universidad de Princeton se podría traducir como “un grupo informal cantando canciones populares”, aunque me gusta más aún la definición de la versión inglesa de la Wikipedia, que lo especifica como “cantar en grupo o en fiestas de forma menos formal que en un coro, pudiendo usar un cancionero. Los géneros que se suelen cantar son canciones patrióticas, himnos y “drinking songs”. Esto último seguro que a muchos lectores les sonará mucho, porque a pesar de no ser anglosajones la tradición española también contempla el canto en común de canciones de “beber”. Pues no vayamos a creer ahora que esto de cantar en grupo lo han inventado ellos, los bárbaros del Norte. Sin ir más lejos en nuestra querida España tenemos la secular tradición de la Tuna, que a pesar de tener un origen etimológico poco “correcto”, dado que proviene de la despectiva palabra tunante” (según la RAE un pícaro o bribón), es una tradición muy española que nos emociona a muchos, cuyas canciones seguimos con fervor y que es parte de nuestro patrimonio nacional, cultural y espiritual.

¿Y a qué viene todo esto? Pues resulta que el fin de semana pasado participé en 2 “singalongs” improvisados, uno en casa de mi prima y otro durante una calçotada (tradición catalana en la que se degustan cebolletas del tipo “Blanca Tardana de Lérida” a mansalva como excusa para poder beber) en casa de un amigo. En ambos casos la diversión fue máxima, y teniendo en cuenta que ni canto bien ni soy un as con la guitarra esto dice mucho a favor de estos eventos. Es una pena que la gente joven esté perdiendo esta afición, porque la creatividad musical y la unión que genera el compartir la música en general es un valor que debería preservarse para las futuras generaciones. Pocas cosas hay que hagan aflorar los buenos sentimientos como lo hace la música, y si encima puedes sentirte partícipe de ella, si puedes cantar o tocar un instrumento, aunque sea el bombo, seguro que sentirás emociones que de otra forma no puedes conseguir. Siempre he pensado que al sistema educativo español le falta incidir un poco más en las asignaturas de música (aquí hablo de oídas, realmente desconozco hasta dónde se llega hoy en día con la educación musical en la formación elemental), algo que si sucede por ejemplo en la educación germana, en la que todos los alumnos aprenden a tocar un instrumento, bien o mal, aparte de adquirir nociones básicas de solfeo y de historia de la música.

Promovamos pues el canto y la música en unión con los amigos, sin verlo como una cosa antigua o trasnochada, porque no hay nada mejor que acompañar el beber con la compañía y las canciones apropiadas.

jueves, 21 de enero de 2010

Goodbye Danin!

Al igual que sucede en la película cuyo título he fusilado, parece que nuestra actual directiva nos quiera hacer creer que vivimos en otros tiempos. Pero nosotros no somos la señora Christiane que ha salido del coma y a la que hay que engañar haciendo ver que seguimos en el pasado “glorioso”, nosotros estamos bien despiertos y sabemos que los viejos éxitos de nuestro actual presidente ya no son válidos para justificar el desaguisado que se está montando últimamente con nuestro querido RCD Español. Las Copas del Rey ganadas y la brillante participación en la Copa de la UEFA del 2006/2007 no son crédito suficiente para destrozar nuestra historia centenaria con continuas actuaciones que lo único que aportan es desprestigio a nuestra hasta ahora, y durante 109 años, muy respetada institución. No hace falta que os nombre todas las humillaciones que hemos sufrido en los últimos tiempos los socios del Español, empezando por la catalanización forzada de una masa social ajena y hasta contraria a estas iniciativas, pasando por la suscripción por parte de nuestro presidente de un editorial común de la prensa en defensa del Estatuto, la presencia de esteladas en actos del equipo, la persecución de banderas de España en nuestro estadio, la continua y sistemática persecución de la hinchada más animosa y fiel de España por los servicios de la STASI bajo el mando del Sr. Boticario, el último episodio con un trato intimidador y represor hacia una afición rival educada y amiga como es y siempre ha sido la de Santa Coloma, hasta la última bomba de los trapicheos, para llamarlos suavemente, de nuestros mandatarios ocultando dinero al fisco e imputados por el juez Baltasar Garzón en la operación Pretoria; repito, no hace falta todo esto para pedir de voz en grito, con todas nuestras fuerzas, que nos unamos de una santa vez y echemos a estos déspotas del Club. No queremos a estos personajillos que utilizan nuestro nombre y nuestros sentimientos para enriquecerse o promocionarse particularmente. Que hablan, roban, defraudan y engañan en nombre del Real Club Deportivo Español, sin haber consultado ni una vez a la masa social sobre sus opiniones reales, y encima cobrando un más que buen sueldo por ello. Pensad que hoy en día ya hay muchos jóvenes que dudan entre ser Controlador Aéreo o empleado del Español. Con esto está todo dicho. Queremos volver a ser un equipo orgulloso de su nombre, de sus jugadores, de su historia, de sus colores, de su presidente y de todos y cada uno de sus empleados. Como era antes. Y como tiene que volver a ser. Cambiemos la historia de verdad, y no la maquillemos como en la película que da pie al título, en la que unos hijos bien intencionados intentaban ocultar la realidad a su madre para no hacerle daño. Los tiempos de Dani y su cuadrilla han pasado, pasemos página y recuperemos el orgullo de ser seguidor, socio y accionista del Real Club Deportivo Español. ¡Dani, vete ya! Goodbye Danin. Que te vaya bonito, pero en otro sitio.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Ya pasó la Navidad, y tantas otras cosas

Me pongo a buscar en mi blog un artículo sobre la Navidad que escribí hace un tiempo,y grande es mi sorpresa al ver que ya han pasado 4 años. Aún no tengo muy claro por qué en la vida de una persona hay épocas en las que pasa todo deprisa, muy deprisa, y en cambio en otras ocasiones pasamos por tramos en los que todo se eterniza. Supongo que se deberá, como casi todo, a nuestra propia psique, a nuestro cerebro que procesa todos y cada uno de los estímulos externos que asimilamos con nuestros 5 sentidos (¿O son más?), los mezcla y produce la foto final de cada momento de nuestra vida. Si nuestra mente está en un estado de constante búsqueda, de intranquilidad, el tiempo pasa volando y los años van cayendo cual mensajes navideños por SMS que llegan a tu móvil y que en muchos casos ya ni lees. Me imagino que en un estado de placer general, de calma, de recogimiento, el presente debe de adquirir otro valor, la dimensión temporal será tratada de otra forma por nuestras miles de neuronas conectadas por infinitos circuitos y los hechos de la vida pasarán con mayor calma y profundidad por nuestra mente. Pero por desgracia no me encuentro en dicha situación de calma, todo pasa de largo con una velocidad pasmosa, como si un viento huracanado quisiera adelantar a mi propio envejecimiento para llegar a la meta antes de tiempo. Y eso que, como la mayoría de mis lectores ya sabéis, cada año “peregrino” por alguno de los caminos que llevan a Santiago intentando aplicarme a mí mismo el ideal del caminante, el que dice que lo importante no es llegar a la meta sino el “camino” en sí. Supongo que será así, que la vida no debería basarse en una búsqueda continua y desesperada de algo, de un premio final, sino que debería ser un constante disfrutar del momento. Algo sumamente difícil. Criados desde pequeños en la eterna insatisfacción, en el consumismo, guiados por celos y envidias, poco margen damos a nuestro cerebro para que envíe las señales de calma y felicidad al resto de nuestro organismo. Cuanta sana envidia tengo de personas que son capaces de encontrar la tranquilidad y la felicidad a base de recogimiento, ya sea filosofando o dándole a la oración. Cual ermitaño o monje que disfruta de todos y cada uno de los segundos de su existencia sin que un ansia interna le lleve a querer adelantar a su propia vida por el carril de la izquierda, sin uso de intermitente y sin echar una mirada al retrovisor. Probemos pues, en este año nuevo que ya se aproxima, a disfrutar del momento, sin mirar más allá, sin hacer caso al reloj, sin soñar estúpidamente con metas inalcanzables o hechos que jamás se producirán. Intentemos vivir. Si nos dejan.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Con Peter Pan por el norte de España

Si partimos de la base que después de la maduración el siguiente estado es irremediablemente la caducidad, prefiero quedarme como estoy. Claro que el otro lado de la moneda sería decir que no aprenderé jamás, que siempre me dejo llevar por sueños infantiles e ilusiones desbordadas que en pocas ocasiones acaban convirtiéndose en realidad, pero esto ya lo tengo asumido desde hace mucho tiempo.

Viene a cuento todo esto por mi reciente viaje a tierras del norte, a las vascongadas. Me planté el viernes pasado en Irún a bote pronto, sin avisar a ninguna de las personas que pretendía visitar. Me había montado mi película yo solo, después de haber conocido a un grupo de personas muy simpáticas y entrañables durante el Camino de Santiago de este año. Sin tener suficiente con haber compartido una semana de camino, de penurias, de albergues, de risas y de llantos, mi corazón, mi mente o quizás mi cuerpo, me pedían más. No aceptaba, como niño que sigo siendo, que toda la magia pudiera desaparecer de un día al otro, con el toque de silbato del tren o la bocina del autocar que me traía de vuelta a casa. El eterno Peter Pan. Sabedor de antemano que todo podía acabar en una gran desilusión cargue el coche con unos cuantos CDs apropiados, léase unos lentos para la posible melancolía y alguno animado para no dormirme y carretera y manta. El viaje me fue de maravilla, sin contratiempos, y disfrutando de bellísimos paisajes me planté en una humilde pero céntrica pensión de Irún a las 4 de la tarde del viernes. Como estaba escrito, la chica que me había robado la tranquilidad y llevado a desafiar el aguante de los 19 años de mi coche, tenía otros planes. Ni iba a poder verla esa noche ni se mostraba muy emocionada porque hubiese aparecido por ahí. En el fondo era normal, pero cuando eres un soñador siempre te queda esa pequeña esperanza que la persona contraria sienta o piense algo similar a lo que sientes tú. Pero no me amilané. Gracias a Dios tenía algún contacto más en esta ciudad fronteriza, aparte de algún que otro paraje que quería visitar para recordar un viaje realizado con toda mi familia en el año 1976. Ha llovido bastante desde entonces, pero parece que nada ha cambiado. Aún conservo alguna fotografía amarillenta de aquel viaje, mal pegada en un álbum de fotos usando aquellas antiguas esquinas autoadhesivas que eran la último en modernidad por esa época, con un comentario escrito debajo “paisaje de camino hacia las vascongadas…”. Sorprendente que por aquel entonces, con 13 tiernos añitos que tenía, ya me dedicaba a comentar las fotos. Que poco he cambiado. Aproveché pues la tarde para visitar el propio Irún y Biarritz, en Francia, y a media tarde quedé con un amigo de Barcelona que lleva ya un tiempo viviendo en esta bonita villa guipuzcoana. Me recibieron tanto él como su novia con una simpatía arrolladora, y eso que con ella no tenía mucho “feeling” después de habernos visto un par de veces en Barcelona. En el bar de su propiedad me lo pasé de muerte, me acogieron como a uno más de la pandilla y la posterior gira de “potes” y pinchos (más de los primeros que de los sólidos), con visita sorpresa a la otra amiga del Camino que estaba trabajando en su Pub, fue digna de recordar. Gente abierta y simpática en todos lados, entorno clásico de las pequeñas ciudades, es decir, todo el mundo en la calle, todos los bares a rebosar, y un ambiente alegre y colorido que me hizo olvidar mi decepción inicial por unas horas.


Al día siguiente, con la lógica y buscada resaca, comimos en el propio Irún para luego visitar Fuenterrabia, un sitio digno de ser visitado una o mil veces por la belleza de su costa, su impresionante casco antiguo amurallado y las vistas sobre la impresionante bahía compartida con los malditos gabachos (que bonita sería Francia sin ellos); rematamos la excursión con una cervecita en el bar al lado del antiguo faro que corona el término municipal. A la vuelta conseguí ver por fin al objeto de mis sueños, y los pocos minutos que estuvimos juntos compensaron con creces el viaje y el infantil impulso que me llevó a cruzar media España sabedor que iba directamente al matadero de las ilusiones. La noche fue un calco de la anterior, tanto en lo bueno (la grata compañía que tuve en todo momento a mi lado) como en lo malo (los pocos minutos que pude ver a Laurita y Susana, las 2 chicas que había conocido en el Camino.


Volveré, eso lo tengo claro. No pienso madurar, y menos ahora que he llegado a un punto en mi vida en el que ya solamente hago aquello que de verdad deseo, sin darle vueltas al “por qué”, al “que pasará”, al “cuidado que sufrirás” o a las posibles consecuencias. Tampoco hago nada malo. Me encariño, me entrego y sigo los dictados de mi corazón. Y en el siguiente pronto que me dé incluiré Zarautz en la visita. Ahí queda la tercera “brujita” que falta por visitar. O una aldea gallega. Que hay un diablillo suelto por ahí que también hay que volver a ver.


Gracias a Pazos y Rosi por la acogida, a Lauri por el gran librito que ha montado con las fotos y a Susana por haber sido el acicate que me ha permitido conocer Irún.


sábado, 10 de octubre de 2009

Buenas noches amigos

Solamente es la traducción de una canción en alemán.., pero hago mía su letra...

Buenas noches amigos,
es hora de que me vaya
Lo que me queda por decir
No dura más que un cigarrillo
Y un último trago de pie.

Gracias por los días y las noches
Que he pasado bajo vuestro techo
Por cada vaso que bebí y cada plato que pusisteis al lado de los vuestros,
como si no hubiera nada más normal en el mundo.

Buenas noches amigos,
es hora de que me vaya
Lo que me queda por decir
No dura más que un cigarrillo
Y un último trago de pie.

Gracias por el tiempo que pasamos charlando
Por vuestra paciencia cuando existía más de una opinión
Por no preguntar nunca cuando voy o cuando vengo
Por la puerta siempre abierta en la que ahora estoy

Buenas noches amigos,
es hora de que me vaya
Lo que me queda por decir
No dura más que un cigarrillo
Y un último trago de pie.

Por la libertad que habita siempre como invitada en vuestra casa
Por no preguntar nunca lo que aporta o si vale la pena
Igual es por eso que desde fuera parece que en vuestras ventanas la luz brilla con más calor

Buenas noches amigos,
es hora de que me vaya
Lo que me queda por decir
No dura más que un cigarrillo
Y un último trago de pie.

Versión original de Reinhard Mey:

Gute Nacht Freunde, es wird Zeit für mich zu gehen.
Was ich noch zu sagen hätte, dauert eine Zigarette
und ein letztes Glas im stehen.

Für den Tag, für die Nacht unter eurem Dach habt Dank, für den Platz an eurem Tisch, für jedes Glas, das ich trank, für den Teller, den ihr mir zu den euren stellt, als sei selbstverständlicher nichts auf der Welt.


Gute Nacht Freunde, es wird Zeit für mich zu gehen.
Was ich noch zu sagen hätte, dauert eine Zigarette
und ein letztes Glas im Stehen.

Habt Dank für die Zeit, die ich mit euch ver-plaudert hab
und für eure Geduld, wenn's mehr als eine Meinung gab,
dafür, daß ihr nie fragt, wann ich komm oder geh, für die stets offene Tür, in der ich jetzt steh.

Gute Nacht Freunde, es wird Zeit für mich zu gehen.
Was ich noch zu sagen hätte, dauert eine Zigarette
und ein letztes Glas im Stehen.

Für die Freiheit, die als steter Gast bei euch wohnt, habt Dank, daß ihr nie fragt, was es bringt, ob es lohnt, vielleicht liegt es daran, daß man von draußen meint, daß in euren Fenstern das Licht wärmer scheint.

Gute Nacht Freunde, es wird Zeit für mich zu gehen.
Was ich noch zu sagen hätte, dauert eine Zigarette
und ein letztes Glas im Stehen.