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lunes, 12 de agosto de 2024

Un silencio ensordecedor

 


No hables hasta que puedas superar al silencio.

 

Silencio. Absoluto silencio. Y no es porque estemos en pleno estío. Ni porque de golpe se nos haya acabado la batería del sonotone, esa marca de audífonos americana que consiguió convertirse en palabra de uso común, y aceptada por la RAE, como lo son también el velcro, el pladur, el bótox, el claxon y tantas otras.

Es un silencio intencionado, buscado con pérfidas intenciones, que intenta ocultar la realidad y hacernos olvidar cualquier maldad, delito o desgracia acaecidos antes de la llega del verano, aprovechando la cobertura que brinda el tiempo de asueto de muchos ciudadanos (cada vez menos, eso sí), un silencio que utiliza la conocida indefensión de los españoles en periodo vacacional, más preocupados por encontrar un trozo de arena para colocar la toalla y plantar la sombrilla, y así evitar una discusión con la respectiva, que de estar pendientes de lo que pasa en España, en Europa o en el resto del mundo. Como mucho dedicarán un rato a interesarse por los fichajes de sus equipos de fútbol, leyendo el Marca, el Sport o el As en el bar de la esquina, librándose así, de paso, del rato que media entre que la familia se despierta y la obligada peregrinación a la playa. O al prado. O a la piscina municipal. O a la plaza del pueblo. O al mercadillo medieval de turno, del que pocos españoles nos salvamos en estos duros meses que son junio, julio y agosto.

Un silencio ensordecedor que pretende borrar del área de la memoria de nuestros cerebros, barriendo tanto el hipocampo, como la corteza prefrontal y la amígdala. Haciendo un reseteo del disco duro, para que, acabadas las vacaciones, puedan seguir reescribiendo su relato con unos cerebros vacíos, formateados, y listos para seguir siendo explotados por mentirosos, corruptos, ladrones y manipuladores profesionales. Y sí, me refiero a los de siempre, a los malignos y criminales socialistas que al mando de un psicópata están acabando con España. Y a sus compis de la autoproclamada oposición, los peperos, que ni son oposición ni son nada. Son uva pasa. Son barras de pan endurecidas. Son mayonesa con salmonela. Son tomates podridos. Son membrillos enmohecidos. No son nada, en resumen.

Un silencio ensordecedor que solamente han interrumpido para alabar nuestras (pocas) medallas en lo peores juegos olímpicos que se han celebrado en la historia, y que gracias a Dios ya han acabado. Creo que sobra hacer una descripción de lo que ha sido Paris estos días. Tira de la Biblia, Genesis 19, y tendrás el resumen de esta chabacanería woke y sucia que han sido estas olimpiadas.

Y encima, todos sabemos que ni uno de los mensajes de los políticos celebrando alguna medalla española ha sido sincero. En la mayoría de los casos, me jugaría la mano izquierda, ni conocían al deportista premiado. Ni el ministro o político titular de la cuenta de la red social, ni el CM encargado de gestionar el perfil durante el verano. Todos los mensajes han sido simples copia y pega de un mensaje estándar, distribuido desde Moncloa, Ferraz o Génova, en el cual simplemente cambiaban el nombre del premiado, el color de la medalla y el deporte en el que hubo victoria. Y a otra cosa, mariposa, jugar al golf, a viajar por el mundo o a esconderme en algún palacete, con todo incluido, máxima seguridad y mínimo esfuerzo. Y eso no quiere decir que el resto del año se esfuercen mucho, nuestros tan eficientes gestores del estado plurinacional. Pero algo hacen de septiembre a mayo. Por lo menos aparecer de tanto en tanto por el Congreso, por la sede del ministerio o del partido, para cobrar su jugosa nómina y a esperar a las siguientes vacaciones.

Mientras tanto, se han quedado en el tintero todas las cosas graves e importantes que tendrían que habernos mantenido despiertos y alerta, aunque sea verano.

¿Qué pasa con la primera dama, la corrupta Begoña?

¿Ha fallecido ya Barrabés, ese supuesto enfermo terminal, o sigue embolsándose contratos del estado, con el porcentaje para la fundraiser ya descontado del reluciente talón del Banco de España?

¿Dónde anda el satánico Zapatero, uno de los responsables del fraude en la elecciones de Venezuela (aunque este no sea el mayor de los pecados que ha perpetrado esta rata)?

¿En qué país están Ego y Bego veraneando a cuerpo de rey, mientras España es invadida por masas de violentos presos liberados por Hassan y por barbaros subsaharianos?

¿Dónde está el plan de ataque de Feijóo y su colla de Verano Azul? ¿En el chiringuito del Ayo en Nerja, comiendo sardinas, bebiendo sangría, canturreando infantiles canciones y riéndose con ello en nuestras caras?

¿Dónde están las protestas de nuestro ministro de asuntos exteriores, el padre Albares, ante el genocidio de hindúes en Bangladesh a manos de los musulmanes?

¿Dónde esta Marlaska para explicarnos en detalle el paripé de la no detención de Puigdemont?

Del único que sabemos algo es del primate Oscar Puente: insulta a un ciudadano en un campo de golf, se pasea con cuatro sobrinas de buen ver (y mal vivir, me imagino) por un festival de música y echa toda la culpa del desastre de los transportes por ferrocarril a la histórica y puntera empresa TALGO. Con todo el morro. Y con la chorra colgando, con perdón. Y es tan primitivo que aún no ha entendido que el verano está para explotar el silencio. Para narcotizar las mentes. Para tapar la corrupción, el derroche, la falta de gestión, de verdad y de ética. Para echar arena de playa sobre la basura que han generado durante el año. Para esconder bajo sus sombrillas coloridas todas las maldades, trapicheos, traiciones y expolios que llevan a cuestas

A disfrutar y explotar el verano con su silencio ensordecedor.

Y todos callados. Menos el primate. Unga, unga, unga.

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 6 de septiembre de 2023

Adiós España

Ni la constitución ni la democracia están en peligro. 
La constitución hace ya mucho que es papel mojado, 
a la izquierda se le ha quedado pequeña. 
Lo que está en peligro es España. Javier García Isac


 


Me permito encabezar esta reflexión con una frase del siempre acertado Javier García Isac. Uno de los pocos periodistas que, sin haber caído en el amarillismo y el sensacionalismo en busca de clics y regalías, no se muerde la lengua y dice lo que muchos de nosotros pensamos. Y que deberían pensar todos los ciudadanos de España, si tuvieran entendimiento, cultura y ese mínimo de sindéresis que se le presume a un ser humano en este siglo XXI, del que ya hemos consumido una cuarta parta sin que se vea un solo avance social, cultural o económico. Más bien al contrario, en estos últimas y nefastas décadas, la civilización en general, y en especial la parte que nos importa, la sociedad española, ha ido retrocediendo en todos los aspectos: en el cultural, en el político, en el social y en el económico. 

Y vuelvo a utilizar una ilustración del maestro Mr. Jones, para reflejar simbólicamente lo que está pasando con nuestra patria, con esa piel de toro extendida, como la definió en el siglo I a.C. el geógrafo griego Estrabón. Un toro que finalmente se convirtió en un símbolo de nuestra nación, sobre todo gracias a la inmortal y única campaña publicitaria lanzada en 1956 por la empresa de bebidas alcohólicas Osborne, fundada por un inglés venido de Exeter en 1772. Ya tiene su gracia que justamente un inglés, proveniente de la envidiosa y pirata tierra regida por la corona británica, sea el origen de nuestro mayor símbolo patrio, amado y conocido en todo el mundo. Pero no hay mal que por bien no venga: ya pueden seguir ocultando los bárbaros de la pérfida Albión la verdadera historia de nuestra nación, las derrotas que les hemos infligido, sus fracasos ante nuestros bizarros soldados y sus estrepitosas derrotas ante nuestra marina de guerra. El toro siempre seguirá alzado en nuestros montes y campos, como símbolo de lo que fuimos. Y no digo “lo que somos”, porque por desgracia la propia España como nación, está a punto de fenecer después de más de 500 años de gloriosa historia. Tirando por lo bajo.

Un toro, una España, venidos a menos, manchados por los sucios colores del totalitarismo violeta, de las imposiciones de ese mundo “woke” que muchos no ven ni quieren ver, pero que está imponiendo su regresiva cosmovisión al mundo entero, no solamente a España, con todo lo malo que ello significa. Un totalitarismo que no admite más que sus ideas sobre cualquier tema, y que condena a la hoguera a todo aquel que se permite discrepar, desviarse un solo paso del ritmo que marcan sus variadas demencias.

Y por si no tuviéramos bastante con esta ideología que atenta contra todo sentido común, contra la ciencia, la biología, la ética y la moral, para desgracia nuestra se le unen un gobierno en manos de un déspota y múltiples y variados aprovechados que utilizan la debilidad del demente Sánchez para alcanzar sus sucios y malvados objetivos, que no son nada más y nada menos la destrucción de España como nación y la imposición de sus delirios tribales, que no son más que la búsqueda de beneficios para una minoría clasista y racista, a costa de una supuesta mayoría que vive en la inopia, manipulada y amaestrada en las últimas décadas por una repugnante elite a la que solamente le importa el ingente beneficio que le pueda traer una fragmentación de España en variadas e inventadas naciones ficticias en las que puedan reinar y robar a destajo. Porque de esto se trata fundamentalmente: de poder y de dinero. El “money makes the world go around” de la magnífica película “Cabaret”, ese afán de riqueza que mueve casi todo en este mundo. Desde el nazionalismo, pasando por el ecologismo, el feminismo y todos los demás ismos, todos estos movimientos no tienen más que un objetivo: imponer sus ideas minoritarias, inventadas y falsas en la mayoría de los casos, a una mayoría de la sociedad que, dominada y adoctrinada, atontada por la falta de formación y por la ocultación de la realidad gracias al dominio de los medios de comunicación, asiste atontada a su propia desaparición, cómodamente sentada en su sofá, comiendo fruta traída de otros países mientras nuestra agricultura se hunde, agarrada a un teléfono móvil fabricado en una dictadura comunista como es China, recibiendo los datos por las redes de operadoras foráneas (ya ni nos queda Telefónica, inaugurada un 12 de octubre de 1929 por Miguel Primo de Rivera y en manos de la familia real saudí desde ayer mismo), engullendo comida prefabricada por empresas americanas y riendo las gracias a falsos periodistas, influencers y expertos en todología. 

La vergonzante reunión de ayer entre una vicepresidente comunista, iletrada y malvada, que ni corta ni perezosa se acercó a Waterloo en un cómodo viaje en un Falcon, a costa de nuestros impuestos que tanto les gusta malgastar, y un delincuente fugado, un esperpento de persona que encarna todo lo malo explicado anteriormente, este encuentro negado por el autócrata con esa inmensa desfachatez que le caracteriza, puede marcar ya de forma definitiva la desaparición de nuestra tan querida España.

Y nadie moverá un dedo. O casi nadie. La mayoría seguirá ahí, sentada en su sofá, con un ojo en la pantalla del móvil y el otro tragando anuncios de lubricantes vaginales y anales, coches eléctricos inútiles e impagables, viajes irrealizables y degeneraciones varias que poco a poco han carcomido sus pequeños e inactivos cerebros, convirtiéndoles en simples marionetas al servicio del mal.

¿Y qué hace nuestro jefe del estado, Su Majestad el rey Felipe VI, mientras tanto? Supongo que estará felizmente sentado en alguna cómoda hamaca, delante de un mapamundi, decidiendo qué país será el destino de su ya cercano exilio. Y no vale repetir, por lo que Lisboa y Roma quedan descartadas. Pues se tapan en el mapa con unos nachos, y a seguir buscando un destino bonito para disfrutar lo que le quede de vida. Carpe diem y que os den a todos.

Tampoco creo que le importe demasiado: es una tradición familiar, económicamente va sobrado, y lo del amor a la patria o el juramento prestado ya sabemos todos el valor que tienen. Ninguno.

O quizás no, puede ser que nuestro rey esté verdaderamente preocupado por del futuro de SU nación, por el de su hija mayor, ya devenida dama cadete en la academia militar, por el de su familia en general y por todos nosotros, sus leales, abnegados y trabajadores súbditos. Puede ser.

martes, 22 de septiembre de 2020

Alt Heidelberg

Leyendo con tristeza la noticia sobre el cierre (dicen que temporal, ojalá sea así) de una de las cervecerías más antiguas y entrañables de esa Barcelona que está despareciendo, perdón, que ya despareció, me asaltan nostalgia y rabia a partes iguales.

Nostalgia lógica por lo que simboliza este local para mí: nuestra casa familiar, llamada “Haus Heinz” en homenaje a mi abuelo muerto en la segunda guerra mundial, sigue en pie en Heidelberg (hace tres años tuve la suerte de poder volver a verla, aunque fuera desde el exterior); Heidelberg fue la ciudad en la que se casaron mis padres, yo pasé algunos veranos de mi infancia ahí, y cuando mis padres aún vivían, la visita a la entrañable cervecería era algo habitual, casi siempre después de asistir a un estreno en alguno de los cines cercanos. Salas de cine en las que por cierto no pagábamos, ya que la empresa fundada por mi abuelo paterno, Construcciones Martí, fue durante varios decenios la encargada de la construcción, reforma y mantenimiento de todos los locales de la familia Balañá, lo que incluía la mayoría de los cines y ambas plazas de toros de la Ciudad Condal.

Tampoco es nada que sorprenda. ¿Cuántos locales entrañables han desaparecido en estos últimos años en Barcelona? Incontables. Y no solo en Barcelona, lo mismo ha sucedido en Madrid y sin duda en el resto de las poblaciones españolas, pero en el caso de mi querida ciudad el declive ha sido tan drástico, triste y continuado, que a veces hasta me entran ganas de llorar.

Las causas son bien conocidas. La invasión de cadenas multinacionales, el nulo apoyo municipal o gubernamental, las cortapisas legales y fiscales, la degradación del centro de Barcelona, las modas y la maldita globalización y uniformización a base de McDonalds, Starbucks y demás templos del consumismo esclavo, igualitario, carente de calidad, de carisma, de historia y de encanto.

Ya podemos considerar un milagro que esta cervecería haya sobrevivido 86 años a tantos avatares históricos, a golpes de estado, a milicias rojas y anarquistas asesinas, a separatistas ávidos de sangre, a huelgas y revueltas, a diversas y duras crisis económicas, a la ocupación de la vecina plaza de la Universidad por la chusma populista y racista de las dementes huestes de Puigdemont y su banda de iluminados y por ende a la desgraciada, perniciosa y vomitiva alcaldesa Colau y sus continuas y destructivas idioteces, que por cierto seguimos sufriendo.

Si a ello sumamos la actual crisis que estamos sufriendo debido a una pandemia que en otros países se ha quedado en eso, en una crisis sanitaria dura pero controlable, pero que en nuestra santa tierra ha sido aprovechada por todos los seres malignos para hacer de las suyas, para desmontar, robar, denigrar, cambiar, inventar, destrozar, tergiversar y arrasar con todo lo anterior, por el simple afán revanchista y la búsqueda de su propio beneficio y placer, pues poco se puede hacer.

Rezar por que todo pase, por que vuelvan la sensatez, el estilo, la ética, la cultura, el orden, la higiene, la igualdad y la libertad. Y la entrañable cervecería Alt Heidelberg (que vuelva la bodega Víctor de Sarriá ya podemos dejarlo por imposible).

Claro que para ello tendrían que desparecer populistas, naZionalistas, iluminados, vagos, maleantes, violentos inmigrantes ilegales y los malvados e inútiles dementes que nos están desgobernando.

Y eso va a costar mucho. En Barcelona. En Madrid. En España. En Europa.

jueves, 26 de abril de 2018

Agotados de esperar el fin


Viejas caras, nuevas caras,
pero las mismas cabezas.
¿Qué les empujará?
No viven, solo esperan.
Están agotados de esperar.

Du sollst mit dem Tode zufrieden sein,
Warum machst du dir das Leben zur Pein?

Decía Goethe en uno de sus famosos aforismos: “Confórmate con la muerte y no conviertas tu vida en una tortura”. 
¡Qué fácil decirlo y qué difícil cumplirlo! Tan difícil que ni el genio alemán siguió su propia recomendación de acelerar su muerte y aguantó vivito y coleando hasta los 82 años para morir de un vulgar infarto.
Maldita y cíclica es la desesperación que nos ataca de tanto en tanto. De pequeños, de jóvenes, de adultos, de ancianos: no hay edad en la que por hache o por be de golpe nos sentimos vacíos, cansados, vagando sin rumbo, buscando razones a la sinrazón, maldiciendo a diestro y siniestro, renegando de la vida, de los amigos, del clima, del tráfico, de la supuesta cerveza que nos han querido colar en un bar y de la última rubia que vino a probar el asiento de atrás.

Pero hay cosas peores. Mucho peores. Porque nuestra desesperación, la del yoyó, la del materialista y exagerado egocentrismo, se ha convertido en un mal general. Ya no somos personas individuales que estamos hartas de esperar el fin, es la sociedad en su totalidad la que deambula por este planeta antaño llamado azul, implorando que llegue el anunciado apocalipsis cuanto antes. Un planeta negruzco, lleno de humo, de maldad, de sombras, de penumbra, de nubarrones oscuros que tornan el precioso azul celestial y el verde del mar en una amalgama de grisáceas mentiras y negras realidades.

Solamente hay que fijarse en las absurdas y rocambolescas historias que estamos viviendo hoy en día en Cataluña y en el resto de España: empezando por el cuento del “prusés” y el maldito montaje separatista, que no es más que una burda campaña para encubrir 30 largos años de latrocinio, pasando por la nueva historia española y mundial (esa desmemoria histérica) que cuatro lelos mal formados están redactando a toda prisa para justificar la inversión de la verdad con un “donde dije digo, digo Diego”; los tejemanejes, las rencillas, las mentiras y las puñaladas traperas de una clase política y unos sindicatos que obviamente no representan a nadie desde hace muchos años; la existencia de cargos públicos muy bien pagados pero con menos cerebro que el pulpo Paul, como Echenique, Colau, Rufián, Tardá, Pablo Iglesias y su concubina Irene Montero, o cualquier otro de los 350 diputados del Congreso, los 266 senadores y los miles de alcaldes y concejales. ¡Qué aquí no se salva ni el tato!

Dejémonos de siglas, de ideologías y de banderas. Son todos de la misma banda: ni los hermanos Dalton, ni Ali Babá y los 40 ladrones, ni Al Capone, ni el Lute, ni el Vaquilla, ni el Dioni, ni Ruiz Mateos y su prole, ni los líderes de la nefasta, asesina y ladrona Segunda República Española, ni los mangantes de Matesa o del Fórum Filatélico, ni Idi Amín en su peor época, ni las tan abundantes y falsas oenegés de foto lacrimógena (y seguro que falsa), comida y comisión: ninguna de estas bandas de malhechores llega al nivel de la chusma que nos dirige, manipula y roba hoy en día. De forma estructurada, normalizada, jerarquizada y supuestamente elegida por nosotros, el estado, la clase política y su entramado político-financiero-asociado-interesado nos llevan por donde quieren, se ríen de nosotros en sus reuniones de trabajo, sus consejos de administración, sus congresos, sus comisiones, sus cursos de formación, sus falsas primarias, sus sesiones de coaching ejecutivo, sus viajes solidarios…es decir, en sus continuas fiestas y bacanales, y cada tantos años se disfrazan de corderitos para soltar sus cuatro frases infantiles (pero adecuadas y dirigidas a esta nuestra sociedad inculta e idiotizada), para seguir viviendo unos años más (y mejor) a costa nuestra.

Nuestro día a día en esta sociedad tan enferma se reduce al sensacionalismo, al meme del día, a lo superficial, a lo efímero. Al clásico “y yo más” y el “y tú qué”, a denunciar a tu mejor amigo para ganarte el favor de alguien, a guardar vídeos o información comprometida para poder chantajear en el momento oportuno, a mentir sin pudor alguno ante los cómplices medios de comunicación (cuando no instigados y dirigidos directamente por ellos y su imperiosa necesidad de ganar audiencia), a cambiar de bancada, de bandera, de religión y hasta de sexo por un par de duros y algún enchufe de provecho (en esta triste Expaña cambiamos de todo menos de equipo de fútbol, esa sagrada fe patria que está por encima de todo lo demás). Así nos va.

Nuestro día a día gira en torno a todo lo superfluo, cuando la vida de un ser humano en una sociedad teóricamente avanzada debería de centrarse en valores eternos, en el amor al prójimo, en la familia, en la cultura, en la ciencia, en la música, en el honor, en la solidaridad, en la generosidad, en la empatía, en la aportación de algunos granos de arena al bien común.

¿El bien común? A quién cojones le importa el bien común. De lo que se trata es de vivir lo mejor posible… y a poder ser sin trabajar. Poca diferencia hay hoy en día entre los mafiosos, los delincuentes profesionales, los pícaros de toda la vida, los embaucadores, los vividores y los cientos de miles de políticos que pasean sus cochazos y sus modelitos (comprados con el sudor de nuestra frente y nuestros impuestos) por nuestra sagrada tierra, soltando nauseabundas y variables mentiras, cual veletas en lo alto del campanario. Y si sumamos a toda esta cohorte de garrapatas de la sociedad a los líderes del entramado económico, a los poderes ocultos de la banca internacional, a la masonería, a los organizadores de Eurovisión y a los burdos cantantes que nos representan este año, a los dictadores de Bruselas y su falsa Europa, a los bares que sirven Heineken o a los estados racistas e imperialistas. ¿Qué bien común vamos a encontrar? Cero patatero.

No vivimos, solo esperamos. Estamos agotados de esperar.

P.D. Pero mientras esperamos y desesperamos siempre podemos intentar hacer sonreír a alguien, beber una o varias cervezas de verdad, escuchar unas buenas canciones y conocer a personas que aportan algo a la sociedad. Como nos pasó por ejemplo el otro día en una clase / exhibición de swing.  O en el entrañable bar la Isla. Valor añadido.


jueves, 8 de febrero de 2018

Expaña


Siempre he tenido la intención de escribir un artículo, un relato corto o hasta un libro dedicado a la letra EÑE, tan característica y representativa de nuestro querido idioma (aunque no sea una letra exclusiva de nuestra lengua, ya que también es parte de muchos otros alfabetos como el asturiano, el aimara, el bretón, el bubi, el gallego, el chamorro, el mapuche, el filipino, el quechua, el guaraní, el otomí, el mixteco, el papiamento, el rohingya, el tagalo, el tártaro de Crimea, el euskera, el zapoteco y de otras muchas lenguas minoritarias).
Si hasta he pensado infinidad de veces en tatuarme una preciosa eñe en alguna parte de mi avejentada piel.

Como bien canta “Hispánica”:
Tinta negra en mi piel
Son recuerdos del ayer
Una vida, un sentimiento, una historia y un porqué
Tinta negra en mi piel
Aún recuerdo lo que fue
Una idea, una lucha, un deber

Porque más allá de ser una letra muy nuestra, la eñe es claramente un símbolo del hispanismo, de ese concepto integrador y motor de la evolución social, científica y cultural durante los muchos siglos en los que el Imperio español aportó tantas cosas buenas a la humanidad (frente a las mentiras de la “Leyenda negra”, auspiciada, inventada y utilizada a destajo como arma contra nosotros por ingleses y franceses, nuestros históricos y tan mentirosos enemigos). La maldita envidia de unos y de otros. Pero bueno, eso es harina de otro costal sobre lo que se han escrito un sinfín de tratados. Tampoco soy yo una autoridad para desgranar la historia de España y de Europa en un simple comentario en este cuaderno de bitácora. Suficientes maestros y eruditos tiene el hispanismo para alumbrar lo bueno de nuestra historia. Como por ejemplo María Elvira Roca Barea en su magnífico ensayo “Imperiofobia y leyenda negra”.

Pero por desgracia hoy iba a escribir sobre otra cosa. Sobre el prefijo “EX”. Y sobre Expaña, título de este artículo, que refleja la maldita realidad en la que vivimos: España ya no existe. Por lo menos la España que fue, que amamos, que soñamos y que visto lo que hay se perderá irremediablemente en la vorágine de la Europa actual y en la basura de sociedad carente de valores en la que nos ha tocado vivir. Y ya es extraño que la “Real Academia de la Lengua” acepte tantas nuevas (y muchas veces ridículas) palabras y no añada de una vez “Expaña” a su tan preciado diccionario. Si ya existen en el DRAE más de 8.800 palabras que empiezan con el prefijo “ex”, no nos viene de una más, digo yo.

 Expaña con una única acepción:
1. m. Nación que una vez fue y que entre todos se cargaron.

Vamos pues a por el maldito prefijo “ex”.

Una Expaña expuesta a las excentricidades (siendo benévolo) de mil y un payasos (siendo más benévolo aún).
Una Expaña en la que los exabruptos de políticos, pseudoartistas, pseudoperiodistas y demás ralea sobrepasan día sí día también la mínima educación en un país antaño culto y educado.
La exasperación que produce aguantar las sandeces que sueltan inútiles como Rufián, Irene Montero, Eche-Nike, personajes que parece que usen el excretor en vez de la boca.
La exuberancia con la que vive el fugado iluminado Puigdemont en Waterloo (acaba de pedir unos pocos millones de Euros para mantener su alto nivel de vida, su mansión y sus cenas a base de buenos vinos, mejillones y jamón patrio).
Las mil y una excusas que usan tanto Podemos como Ciudadanos para cambiar la ley electoral, cuando lo único que les interesa es cambiar a una nueva fórmula de cálculo que les beneficie. Como su excéntrica petición de que puedan votar los mayores de 16 años. Cuando ellos mismos, léase Pablo, su cortesana Irene, Iñigo y demás vagos populistas tienen menos madurez que los renacuajos de cualquier charca inmunda.
La pendiente excomunión de Sor Lucía Caram y demás religiosos (los monjes de Montserrat los primeros) al servicio del rancio separatismo.
La cansina e insistente petición por parte de los casposos comunistas de la exhumación de cadáveres asesinados por uno de los bandos de la guerra civil, ocultando al mismo tiempo la existencia de muchos miles más en el otro bando. Poca cosa más explícita puede haber que pasear un rato por el camposanto de Paracuellos.
El excluidor racismo y clasismo de los nacionalistas catalanes y vascos.
La rebuscada y falsa exégesis que se han sacado de la manga los populistas asturianos para aupar el asturiano a lengua cooficial y con ello poder empezar a clasificar y separar a la sociedad sin que ni un experto lingüista, sociólogo o historiador les dé la razón. Y a mangonear con subvenciones hasta la extenuación.
El continuo extravío de dinero, de pruebas judiciales, de testigos y de imputados en los miles de juicios por corrupción pendientes a lo largo y ancho de la península ibérica.
El fanático extremismo nacionalista de otros siglos que está enfrentando a los ciudadanos en cualquier rincón de España, desde Cataluña, pasando por Baleares y Valencia hasta Galicia o Asturias.
La expropiación de la voluntad real de un pueblo a base de pactos bajo mano, chanchullos, connivencias y prebendas de todo tipo.
Los experimentos educativos y sociales que han conseguido en pocos lustros convertir los dos únicos sexos existentes en un sinfín de desviaciones y enfermedades que quieren aupar a rango de ley de la naturaleza a golpe de invenciones y mentiras.




En fin, para que seguir.

Acabaría extenuado, excitado y exaltado.
Y con ello expuesto a que con la nueva ley de memoria histérica que nos quieren imponer me tacharan de extremista, explosivo o extemporal.
Y tuviera que vivir expatriado en alguno de los pocos países que aún se resisten a perder sus orígenes occidentales cristianos y europeos. Como Hungría. O Polonia.

Porque por lo que atañe a nuestra patria, lo dicho:

EXPAÑA.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Si yo votara

Si yo votara,  en las próximas elecciones autonómicas catalanas (y por primera vez) tendría mis dudas. Véase la posición de la coma en la frase anterior para entender mi punto de partida. Yo no suelo votar a partidos políticos. Mejor dicho, nunca les he votado. Voté una vez, en el referéndum sobre la entrada en la OTAN del 1986, al no haber partidos por medio, y encima salí escaldado. Mejor dejarlo.

Y encima en esta ocasión ni tengo el derecho a votar. Después de 6 años fuera de mi tierra, de mi patria chica Cataluña, justamente en Mayo de este año del señor de 2017 decidí empadronarme en Madrid por razones prácticas: el acceso al servicio sanitario sin cortapisas por llevar una tarjeta sanitaria catalana (¿para cuándo la unificación, señores políticos?) y la menor carga fiscal que se me aplica en esta comunidad autónoma (¿para cuándo la igualdad de todos los españoles ante la ley y el fisco, señores políticos?)

¿A qué viene entonces este artículo? Pues la razón es que por una vez, y sin que esto sirva de precedente, de tara o de traición, creo que hay que votar. Los que me conocéis y los que opináis lo mismo que yo en la mayoría de los temas serios de la vida, os podéis hacer una idea de lo difícil que es para mí recomendar la participación en un proceso electoral, cuando desde pequeño siento una gran aversión, que no profundo asco, por los partidos políticos de nuestro país, por el sistema que se autoproclama democrático pero que en mi opinión no lo es, por el régimen político de corrupta y borbónica monarquía parlamentaria, por el a todos luces injusto sistema electoral y la intolerable Ley D'Hondt y por el maldito estado de las autonomías, que no ha hecho más que traer desgracia y ruina a nuestra patria.

Conque tengo que recular. Y lo hago sin traumas, sin sentirme traidor a mí mismo ni a los ideales que siempre he defendido. Ni renunciando, por supuesto, a mi crítica al sistema en sí, a nuestro ordenamiento jurídico y a nuestro caduco sistema político y a los impresentables ladrones, corruptos y vagos profesionales que rigen nuestros destinos en las múltiples y costosas administraciones del estado. Esa lucha es eterna: mientras quede un halo de vida en mi cuerpo seguiré al pie del cañón, maldiciendo lo malo, proponiendo mejoras y soñando con un nuevo amanecer. Faltaría.

Y encima lo tengo fácil: os recomiendo votar pero yo mismo no tengo que hacerlo. Vaya suerte la mía.

Bromas aparte,  estamos ante una encrucijada en la que, por desgracia, no vale cerrar los ojos, ni escudarse en ideales o convicciones opuestas al sistema político y electoral actual, ni tampoco votar a partidos minoritarios, abstenerse o pintar las papeletas con la cara de Homer Simpson o invalidarlas con proclamas e insultos.

El discurso (muy mío por cierto) de que el “mal menor” no me sirve, de que prefiero la “nada” a no conseguir el “todo”, en estos momentos no sirve para absolutamente ningún propósito. 

Si los partidos “constitucionalistas”, o “unionistas”, o cómo diablos los quieran llamar unos y otros, no consiguen hacerse con la mayoría en estas elecciones, la maldición del “prusés” nos perseguirá durante muchos, muchos años, con el agravante de que una parte importante de España, Cataluña, se irá económicamente al garete, que las relaciones sociales y familiares acabarán por reventar, que la violencia será el pan nuestro de cada día, y que nos volverán a gobernar iluminados, mediocres, violentos, mentirosos, revanchistas y enfermos.

Y todos sabemos lo que significa este escenario: volver a empezar, la cantinela de siempre, la historia inventada y reescrita, los imaginarios países catalanes, el España nos roba, la contraeducación como arma política, los medios públicos como altavoz de la insensatez y la mentira como leitmotiv de la vida de las mafiosas familias de la burguesía catalana que mueven los hilos y hacen bailar a las pobres marionetas abducidas.

Y tocaría de nuevo aguantar al bufón Rufián, al enfermo Fuigdemont, a la limitada Marta Rovira, al payés Tardá, a la vaga Colau, a los cobardes exconsellers, al tan poco católico Junqueras, a los argentinos infiltrados, a los sucios e inútiles miembros de la CUP, a los curas y obispos que han olvidado al Dios al que sirven y representan y que de golpe adoran al ídolo dorado del separatismo, en resumen, a la herencia de 35 años de latrocinio, mentira y manipulación de la sagrada famiglia Pujol Ferrusola y sus siervos.

Dicen hoy en la prensa que faltan unos 300.000 votos para acabar con esta pesadilla. Si yo votara, faltaría uno menos.

Votad pues, que yo no puedo, y que Dios reparta sensatez.




Habla pueblo habla
Tuyo es el mañana
Habla y no permitas
Que roben tu palabra

Habla pueblo habla
Habla sin temor
No dejes que nadie
Apague tu voz 


martes, 21 de noviembre de 2017

Los siete pecados capitales del separatismo

Cave, cave, Deus videt

(Y por ende del populismo, tendría que añadir al título. Que ambos cánceres vienen a ser lo mismo en muchos aspectos. Pero se me iba en longitud).

Hace siete años escribí un artículo que versaba sobre uno de los pecados capitales: en concreto hablaba de la soberbia, en contraposición al carisma y la humildad. Y por desgracia,  estos últimos siete años (siete como los pecados capitales) han sido tan nefastos en lo que concierne a los valores, la política y el proceder de nuestros supuestos líderes, que me veo obligado a escribir sobre todas dichas maldades de un solo mazazo. De pegar un golpe sobre la mesa como el que habría que dar de una santa vez para acabar con el destrozo paulatino de nuestra patria y de nuestra sociedad. Y no hablo de un golpecito, casi una caricia, aplicando de forma limitada y de cara a la galería el artículo 155 de la tan magnificada Constitución, tal como está haciendo el Partido Popular con el apoyo del PSOE y de Ciudadanos.  Eso de poco nos va a servir. De aquí a menos de un mes volveremos a estar igual. O peor. Con los partidos políticos luchando por los votos y las prebendas asociadas, con los separatistas y populistas embaucando a la gente y con el sufrido pueblo español languideciendo bajo el yugo  de la mentira, de la manipulación en los medios, del capital de oscura y sucia procedencia, de la corrupción y la fraudulenta venta de bancos bajo mano y de la maldita unión europea, que de unión tiene bien poco… y de europea aún menos.

Resumiendo: en vez del tan castizo y patrio “Seis toros seis” que solíamos ver en los carteles de las corridas de toros, hoy en día proscritas en gran parte de nuestra querida península, por desgracia nos toca decir: “Siete pecados siete”.

Aclaración: para todos aquellos que desconozcáis de que va todo el tema de los pecados capitales (y por qué no, también para los que sois muy pecadores), aquí tenéis un buen resumen en la Wikipedia.


Al lío.

La soberbia

Que os voy a decir que no sepáis. El comportamiento soberbio de todos los líderes separatistas (como el de los golfos y guarros populistas de Podemos, pero de esos intentaré no escribir hoy, que tengo el estómago un poco sensible) está fuera de toda duda. Salvo que mires TV3%, claro está. En ese caso seguro que los pintan a todos de modestos, humildes y buenas personas. Nada más lejos de la realidad. Pocas veces hemos asistido en la historia de España a tanta chulería, tanta prepotencia, tanto clasismo y tanto racismo como en estas últimas semanas. Fuigdemont y sus múltiples y constantes sandeces e insultos, Nuria de Gispert y su
patético “¿Por qué no vuelves a Cádiz?” dirigido a la amiga Inés, o las muertes “evitadas” por el sacrificio de la plañidera Marta Rovira, por cierto hija de alcalde franquista, aunque los medios afines la llamen la “Princesa Vigatana”. Pues vaya princesa se han buscado. Con un curriculum como “para ponerse a temblar”, como bien decía Xavier Rius hace unos días. Sin olvidar a la madre superiora Ferrusola y su "el español es la lengua de los pobres y las chachas”. Soberbia es poco.

La avaricia

“En 18 meses dejaré mi escaño para regresar a la República Catalana” dijo el bufón mayor del Reino, el  despreciable Gabriel Rufián, en diciembre de 2015. Y desde ese mismo día todos sabíamos que no iba a renunciar a sus 5.947 euros brutos al mes (más 1.823 para gastos, libres de impuestos).  Al igual que su compadre, el rural Joan Tardá, que usa la burda excusa de la anexión pendiente de Baleares y Valencia para justificar lo de “estar a la sopa boba” todo el tiempo posible.

Por no hablar de los “botiflers” traidores como Carme Forcadell, el dúo Tururull o el mayor Trapero, que con tal de seguir chupando del bote han renunciado a las primeras de cambio a sus principios y altisonantes proclamas y han jurado y perjurado a diestro y siniestro, sometiéndose a cualquier ley, norma o imposición “española” con tal de no perder sus privilegios. Como se bromea por ahí solamente les ha faltado besar la bandera de España y soltarse por bulerías.

Todos ellos fieles seguidores del paterfamilias y sus cachorros, léase Jordi Pujol, su cornuda esposa y sus vástagos ladrones. Con ellos empezó todo, como se suele decir. Y sus herederos van camino de superar todo lo malo hecho por los progenitores. Gracias a Dios ya tenemos a uno en el “resort” de Soto del Real. Pero faltan los demás. Y quedan camas. Como en la ciudad de Barcelona, donde gracias a la vaga e inútil Ada Colau la “okupación” hotelera está cayendo por momentos. Otra que se merece un artículo especial. Dadme tiempo.

La lujuria

Este pecado capital quizás sea sobre el que menos puedo hablar. Tampoco es un tema en el que me quiera meter, allá cada uno con sus vicios, enfermedades y desvíos. Pero conociendo las historias del capo Pujol, que después de engendrar siete hijos (me parece que el número siete me persigue, tendré que pillar lotería con esta terminación) se echó una amante y se fue a vivir con ella al Palau, o de la esposa despechada de su primogénito, que ni corta ni perezosa destapó el flujo de billetes de 500 € hacia Andorra, que queréis que os diga. Cuando el río suena…

La ira

¿Cuántos ataques de histeria, tanto individual como colectiva, hemos presenciado en estas últimas semanas? Las caras cargadas de odio, la baba espumosa brotando de sus bocas cual las poco mágicas fuentes de Montjuich, los aspavientos, las manos alzadas, los insultos y el menosprecio a todo lo que se les antojaba contrario a sus ideas, han sido por desgracia (y seguirán siéndolo, no lo dudéis) una constante en estas fatídicas jornadas que hemos pasado. Frente a la templanza, la paciencia, la contención o la mesura que han aplicado el resto de intervinientes en esta tragicomedia, hemos soportado patéticos ataques de rabia de muchos de los personajillos ya nombrados. Imposible listarles a todos. Bueno, sí que se podría. Bastaría con coger las listas electorales de los partidos “enfermos”, empezar por el candidato número uno y acabar con el de la cola. El clásico invitado estrella que por cuatro duros permite que impriman su nombre en la papeleta. Por ira. Y por dinero (ver avaricia, un poco más arriba).

La gula

Frente a la gula el valor cristiano es la templanza. Es decir, una moderación en la atracción de los placeres, con el dominio de la voluntad sobre los instintos. Anda. Me suena mucho. Y como no podría ser de otra manera, me vienen a la cabeza varias escenas harto vistas: el cambio físico del omnipresente Rufián desde que se mueve por Madrid cargado de euros, las recientes comidas del enfermo Fuigdemont y los 5 en Bruselas, las paellas en casa de Rahola con el “Let it be” de los Beatles a los postres o los recientes “encierros” separatistas en algunas poblaciones catalanas como Rubí, que acabaron en grandes comilonas a costa del erario público.
O casos extremos como las “supuestas” huelgas de hambre de frikis separatistas, con horarios de oficina en el caso de un “enfermo prusesista" barcelonés que dejó de comer entre las 10 y las 14 horas y las 16 y las 20, o el esperpéntico “ayuno a favor de los presos políticos” por turnos que tienen montado en una parroquia de Cornellá del Llobregat. Como ya puse en un tuit el pasado día 10 de Noviembre: ¡Qué originales y sacrificados! Si es lo que hacemos cada día en casa: desayuno, huelga, almuerzo, huelga, merienda, huelga, cena, huelga y repetimos”. 
En resumen, todos siguen comiendo a destajo. Es decir, pecando.

La envidia

Mucho podríamos hablar de este pecado capital, al que se contraponen en la fe cristiana la empatía y la amistad. Y no nos costaría mucho encontrar ejemplos en el quehacer, el hablar, el calumniar o el inventar de los actores de este maldito proceso separatista que nos tiene hasta los mismísimos a todos. Valgan como muestra las locuras de los nuevos historiadores, con Jordi Bilbeny al frente del “Institut Nova Història”, que conforme pasan los días acabarán convirtiendo cualquier personaje, invento, descubrimiento o hazaña de los últimos 20 siglos en algo auténticamente catalán. Como ha sucedido esta misma semana, en la que han descubierto en Burgos los supuestos restos de la casa del Cid Campeador, saltando rápidamente los acólitos de la manipulación de la historia afirmando que el Cid era catalán, como no. Historia “a lo bestia” como bien titulaba hace pocos días su artículo Luciano Alvarez en “El País”. O el otro loco que hace bien poco afirmó que la “civilización catalana” es la que perdurará en el tiempo frente al resto de culturas “inferiores”. Lo dicho. La envidia les corroe. Y visto lo anterior, les vuelve locos. Muy locos.

La pereza

Pereza me da volver cada día sobre el mismo tema. Y tener que hablar siempre de los mismos. Pero es que me lo ponen a huevo. La diligencia, el contrapunto al no hacer nada, ya no es solamente una virtud, cristiana o no. Es una obligación. No puedes pasarte toda la vida sin pegar ni sello, haciendo “pellas” como los diputados de ERC y PDeCAT en el congreso. Ay Rufián, que pecas más que un Fistro Pecadorrr (Ciudadanos, por cierto, ha pedido que se les retire el sueldo, pero por ahora el resto de grupos hacen oídos sordos: no vaya a ser que les empiecen a fiscalizar su trabajo y tengan que aportar algo a la sociedad, como hacemos los demás mortales). 
Y no queda ahí, si cogemos los “curriculum vitae” (el plural va así, que nadie se le ocurra corregirme con un curricula) de los protagonistas de esta maldita telenovela barata y zafia llamada el “Prusés”, llámense Pujol, Colau, Rufián, Ernest Benach, Tardá, Marta Rovira, Pisarello o Anna Gabriel, nos puede dar un espasmo a más de uno. Entre todos no llenarían ni el formulario inicial de Infojobs. Y ya no te digo cuantas ofertas de trabajo les aparecerían de forma automática. Por no hablar que les llamara algún cazatalentos, o headhunter como les gusta decir hoy en día a los cosmopaletos. 
Como mucho podrían recibir una visita de los Cazafantasmas. Y no les iría nada mal acabar enjaulados en una pequeña cajita, sin nada que comer, ni posibilidad de insultar, robar, inventar, envidiar, denigrar o copular.

Y no hablo de las ridículas jaulas instaladas en Vich para disfrute de unos y vergüenza de todos. 

Hablo de jaulas de verdad.

Que bien se lo merecen.

Por pecadores.


Cave, cave, Deus videt




miércoles, 8 de noviembre de 2017

Cuatro barras y un funeral

Me ha inspirado escribir este artículo esta viñeta tan bonita que lleva mi amigo Pumuky en su Whatsapp como foto de perfil. Dibujo emocional, con ese aire de infantil inocencia, que entra directamente al corazón. Pero que por desgracia se quedará en eso, en una ilusión más de que en la vida las cosas pueden acabar bien, cuando todos sabemos que los finales felices son más raros que un tuit de Gabriel Rufián con un mínimo de sentido. O de Alberto Garzón. O de Escolar. O de Junqueras. O de Fuigdemont. O de Iglesias. O de Bea Talegón. De cualquier miembro de esa piara de vividores que no dan un palo al agua pero se arrogan una superioridad moral e intelectual de la que, obviamente, carecen por completo.



Ver las cuatro barras de Aragón limpias de polvo y paja, tal cual nacieron bajo el reinado de Alfonso II de Aragón, y liberadas del lastre del nacionalismo que desde el Siglo XIX intenta reescribir la historia a su conveniencia, produce un cierto alivio, pero éste se desvanece en el momento en el que enciendes TV3, escuchas Catalunya Radio, asistes a cualquier escuela en Cataluña o intentas razonar con algún abducido separatista. Por desgracia, y ahí radica el mayor error de nuestros gobernantes, ya sean del PP o del PSOE: mientras no se combatan la manipulación, el adoctrinamiento y la reinterpretación de la historia obviando cualquier verdad y pruebas irrefutables, esa estrella fugaz que sigue manchando las barras de Aragón y con ello la “senyera” catalana, seguirá destrozando la sociedad, la convivencia, la verdad y la historia de nuestra patria.


De poco nos va a servir la limitada aplicación del artículo 155 si dejamos que las medios de comunicación en Cataluña, los cinco fugados en Bruselas (cada vez que oigo hablar de los cinco me vienen a la cabeza los libros de Enid Blyton, en especial el llamado “Los Cinco se escapan”) y el enfermo ex presidente Fuigdemont, campen a sus anchas, llenen de mentiras el ambiente y nos insulten a todos los españoles por activa y por pasiva.

Es hora de acciones contundentes, de que la justicia actúe de forma ágil, de que se impute de forma urgente a todos los cómplices de esta patraña, que se intervengan los medios “públicos” en Cataluña (lo de llamarlos públicos es de chiste cuando se trata de entes al servicio del poder separatista), que se depuren las responsabilidades en la STASI catalana (esos sucios y violentos mozos de cuadra), cuerpo policial nacido en 1983 con la única misión de servir y proteger a maquinadores y golpistas del tres al cuarto, que la juez haga su trabajo sin presiones y se detenga de una vez a Trapero, se le ingrese en prisión y pruebe por una vez su propia medicina.

Si no se toman las medidas oportunas, si dejamos que cuatro pandilleros bloqueen toda una región cuando no representan a nadie en número de votos, si seguimos tolerando que los profesores adoctrinen, TV3 manipule, la maldita Terribas engañe y Fuigdemont vomite su infecta bilis en el corazón de Europa, de nada servirá esta ilusionante recuperación de las cuatro barras aragonesas, de nuestra verdadera bandera (junto a castillos, leones y cadenas navarras), y la estrella que debía ser fugaz se quedará pegada cual esputo de un tísico en un emblema que nació para unir y crear una de las naciones más antiguas del mundo y permitió que el mayor Imperio de la historia aportase todo lo bueno que tiene la hispanidad, y con ello la catalanidad, al resto del planeta.

En caso contrario, todo acabará en un funeral. Un funeral por nosotros, por nuestra Cataluña, por nuestra patria España, por nuestra historia y, lo que es peor, un funeral por el futuro de las nuevas generaciones.


Y tristemente no nos quedarán nada más que las cuatro barras manchadas con el vómito, el clasismo, el racismo y el odio de los malditos separatistas y sus siniestras intenciones.



lunes, 21 de agosto de 2017

Si fuera malpensado

Analizando la información sobre los recientes atentados islamistas en Barcelona y Cambrils, es decir, en España, tengo muchas, pero muchas, dudas. Y no hablo solamente de un análisis de la información sesgada que nos puedan dar los distintos medios politizados de nuestro país, los de un lado y los de otro, hablo de la información global, la de la prensa extranjera, la de particulares en las redes sociales, la de las grandes agencias de noticias y la de las televisiones públicas de los demás países europeos (no incluyo a la televisión mexicana por razones obvias, aunque ya me gustaría que fuera la más acertada).

Estamos ante otro 11-M, ante otra crueldad terrorista de la que al parecer solamente importa sacar réditos políticos. En este caso no son el PSOE y el PP los que luchan sobre el ring cubierto de sangre de hombres, mujeres y niños, por ganar asalto a asalto su particular combate para alcanzar mayores cuotas de poder; esta vez se trata de la eterna y cansina lucha de los minoritarios pero listos separatistas catalanes y de los sucios antisistema de la CUP por dar una imagen de estado autónomo, de capacidad policial y de independencia de España ante los medios extranjeros, a costa del sufrimiento innecesario y atroz de las víctimas, sus familiares y el conjunto de la población.

No han pasado ni 3 días del “misterio” de Alcanar, de la matanza de la Ramblas, de la huida por la diagonal de un terrorista y de la valerosa actuación de un ex legionario en Cambrils, y ya tenemos ante nosotros un gran saco de incongruencias, medias verdades, rectificaciones, falsedades, invenciones, manipulaciones, ocultaciones y demás actos de desinformación claramente interesados; todo ello urdido en las cloacas del nacionalismo catalán, en los vergonzosos acuerdos con los ocupas antisistema y en las mentes enfermizas y limitadas de los líderes del “prusés”.

No entraré en detalles, cada cual es libre de leer, contrastar y analizar todo lo que se ha dicho hasta el momento, o de coger un bolígrafo y un folio e intentar cuadrar cual joven estudiante la información recibida con los hechos conocidos (mi amigo Jorge Belsa resume algunos puntos aquí).
Cualquiera que haga este ejercicio y tenga un poco de inteligencia, es decir, si está por encima de esa “media española” que se cree a pies juntillas cualquier sandez que oiga por televisión, sobre todo si sale de las manipuladoras cadenas populistas como la Secta o TV3, verá con toda claridad que aquí no cuadra nada, que los hechos se adaptan al relato posterior y no a la inversa. Es decir, tergiversación. O “nueva historia”.
Algo nada nuevo ni sorprendente en esta Cataluña que tanto quiero y que cada vez añoro menos.

Y como bien dice Cayetana Álvarez de Toledo hoy en su columna, tengo miedo. 
Y mucho. 
Porque los únicos que no tienen miedo son los tontos y los imbéciles.


¡Malditos seáis, mentirosos y manipuladores!


P.D. Para muestra un botón: este video emitido en varias cadenas de televisión el mismo jueves muestra en teoría a los Mossos entrando en el mercado de la Boquería a la caza de un terrorista huido. Y yo me pregunto 2 cosas:
¿Cómo es que tenían ya un compañero dentro preparado para filmar desde el mejor ángulo?
¿Cómo consiguieron dejar el mercado de la Boquería vacío, ordenado y limpio como un quirófano cuando el mercado cierra normalmente a las 20:30 y lo desalojaron a toda velocidad después de los sangrientos hechos?
Corrijo por haber recibido más información de fuentes fidedignas: de Mossos nada, son agentes de la UPAS de la Guardia Urbana.
Aún así la limpieza del lugar me extraña. En breve tendré la respuesta. O no. Duda y acertarás.