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martes, 21 de noviembre de 2017

Los siete pecados capitales del separatismo

Cave, cave, Deus videt

(Y por ende del populismo, tendría que añadir al título. Que ambos cánceres vienen a ser lo mismo en muchos aspectos. Pero se me iba en longitud).

Hace siete años escribí un artículo que versaba sobre uno de los pecados capitales: en concreto hablaba de la soberbia, en contraposición al carisma y la humildad. Y por desgracia,  estos últimos siete años (siete como los pecados capitales) han sido tan nefastos en lo que concierne a los valores, la política y el proceder de nuestros supuestos líderes, que me veo obligado a escribir sobre todas dichas maldades de un solo mazazo. De pegar un golpe sobre la mesa como el que habría que dar de una santa vez para acabar con el destrozo paulatino de nuestra patria y de nuestra sociedad. Y no hablo de un golpecito, casi una caricia, aplicando de forma limitada y de cara a la galería el artículo 155 de la tan magnificada Constitución, tal como está haciendo el Partido Popular con el apoyo del PSOE y de Ciudadanos.  Eso de poco nos va a servir. De aquí a menos de un mes volveremos a estar igual. O peor. Con los partidos políticos luchando por los votos y las prebendas asociadas, con los separatistas y populistas embaucando a la gente y con el sufrido pueblo español languideciendo bajo el yugo  de la mentira, de la manipulación en los medios, del capital de oscura y sucia procedencia, de la corrupción y la fraudulenta venta de bancos bajo mano y de la maldita unión europea, que de unión tiene bien poco… y de europea aún menos.

Resumiendo: en vez del tan castizo y patrio “Seis toros seis” que solíamos ver en los carteles de las corridas de toros, hoy en día proscritas en gran parte de nuestra querida península, por desgracia nos toca decir: “Siete pecados siete”.

Aclaración: para todos aquellos que desconozcáis de que va todo el tema de los pecados capitales (y por qué no, también para los que sois muy pecadores), aquí tenéis un buen resumen en la Wikipedia.


Al lío.

La soberbia

Que os voy a decir que no sepáis. El comportamiento soberbio de todos los líderes separatistas (como el de los golfos y guarros populistas de Podemos, pero de esos intentaré no escribir hoy, que tengo el estómago un poco sensible) está fuera de toda duda. Salvo que mires TV3%, claro está. En ese caso seguro que los pintan a todos de modestos, humildes y buenas personas. Nada más lejos de la realidad. Pocas veces hemos asistido en la historia de España a tanta chulería, tanta prepotencia, tanto clasismo y tanto racismo como en estas últimas semanas. Fuigdemont y sus múltiples y constantes sandeces e insultos, Nuria de Gispert y su
patético “¿Por qué no vuelves a Cádiz?” dirigido a la amiga Inés, o las muertes “evitadas” por el sacrificio de la plañidera Marta Rovira, por cierto hija de alcalde franquista, aunque los medios afines la llamen la “Princesa Vigatana”. Pues vaya princesa se han buscado. Con un curriculum como “para ponerse a temblar”, como bien decía Xavier Rius hace unos días. Sin olvidar a la madre superiora Ferrusola y su "el español es la lengua de los pobres y las chachas”. Soberbia es poco.

La avaricia

“En 18 meses dejaré mi escaño para regresar a la República Catalana” dijo el bufón mayor del Reino, el  despreciable Gabriel Rufián, en diciembre de 2015. Y desde ese mismo día todos sabíamos que no iba a renunciar a sus 5.947 euros brutos al mes (más 1.823 para gastos, libres de impuestos).  Al igual que su compadre, el rural Joan Tardá, que usa la burda excusa de la anexión pendiente de Baleares y Valencia para justificar lo de “estar a la sopa boba” todo el tiempo posible.

Por no hablar de los “botiflers” traidores como Carme Forcadell, el dúo Tururull o el mayor Trapero, que con tal de seguir chupando del bote han renunciado a las primeras de cambio a sus principios y altisonantes proclamas y han jurado y perjurado a diestro y siniestro, sometiéndose a cualquier ley, norma o imposición “española” con tal de no perder sus privilegios. Como se bromea por ahí solamente les ha faltado besar la bandera de España y soltarse por bulerías.

Todos ellos fieles seguidores del paterfamilias y sus cachorros, léase Jordi Pujol, su cornuda esposa y sus vástagos ladrones. Con ellos empezó todo, como se suele decir. Y sus herederos van camino de superar todo lo malo hecho por los progenitores. Gracias a Dios ya tenemos a uno en el “resort” de Soto del Real. Pero faltan los demás. Y quedan camas. Como en la ciudad de Barcelona, donde gracias a la vaga e inútil Ada Colau la “okupación” hotelera está cayendo por momentos. Otra que se merece un artículo especial. Dadme tiempo.

La lujuria

Este pecado capital quizás sea sobre el que menos puedo hablar. Tampoco es un tema en el que me quiera meter, allá cada uno con sus vicios, enfermedades y desvíos. Pero conociendo las historias del capo Pujol, que después de engendrar siete hijos (me parece que el número siete me persigue, tendré que pillar lotería con esta terminación) se echó una amante y se fue a vivir con ella al Palau, o de la esposa despechada de su primogénito, que ni corta ni perezosa destapó el flujo de billetes de 500 € hacia Andorra, que queréis que os diga. Cuando el río suena…

La ira

¿Cuántos ataques de histeria, tanto individual como colectiva, hemos presenciado en estas últimas semanas? Las caras cargadas de odio, la baba espumosa brotando de sus bocas cual las poco mágicas fuentes de Montjuich, los aspavientos, las manos alzadas, los insultos y el menosprecio a todo lo que se les antojaba contrario a sus ideas, han sido por desgracia (y seguirán siéndolo, no lo dudéis) una constante en estas fatídicas jornadas que hemos pasado. Frente a la templanza, la paciencia, la contención o la mesura que han aplicado el resto de intervinientes en esta tragicomedia, hemos soportado patéticos ataques de rabia de muchos de los personajillos ya nombrados. Imposible listarles a todos. Bueno, sí que se podría. Bastaría con coger las listas electorales de los partidos “enfermos”, empezar por el candidato número uno y acabar con el de la cola. El clásico invitado estrella que por cuatro duros permite que impriman su nombre en la papeleta. Por ira. Y por dinero (ver avaricia, un poco más arriba).

La gula

Frente a la gula el valor cristiano es la templanza. Es decir, una moderación en la atracción de los placeres, con el dominio de la voluntad sobre los instintos. Anda. Me suena mucho. Y como no podría ser de otra manera, me vienen a la cabeza varias escenas harto vistas: el cambio físico del omnipresente Rufián desde que se mueve por Madrid cargado de euros, las recientes comidas del enfermo Fuigdemont y los 5 en Bruselas, las paellas en casa de Rahola con el “Let it be” de los Beatles a los postres o los recientes “encierros” separatistas en algunas poblaciones catalanas como Rubí, que acabaron en grandes comilonas a costa del erario público.
O casos extremos como las “supuestas” huelgas de hambre de frikis separatistas, con horarios de oficina en el caso de un “enfermo prusesista" barcelonés que dejó de comer entre las 10 y las 14 horas y las 16 y las 20, o el esperpéntico “ayuno a favor de los presos políticos” por turnos que tienen montado en una parroquia de Cornellá del Llobregat. Como ya puse en un tuit el pasado día 10 de Noviembre: ¡Qué originales y sacrificados! Si es lo que hacemos cada día en casa: desayuno, huelga, almuerzo, huelga, merienda, huelga, cena, huelga y repetimos”. 
En resumen, todos siguen comiendo a destajo. Es decir, pecando.

La envidia

Mucho podríamos hablar de este pecado capital, al que se contraponen en la fe cristiana la empatía y la amistad. Y no nos costaría mucho encontrar ejemplos en el quehacer, el hablar, el calumniar o el inventar de los actores de este maldito proceso separatista que nos tiene hasta los mismísimos a todos. Valgan como muestra las locuras de los nuevos historiadores, con Jordi Bilbeny al frente del “Institut Nova Història”, que conforme pasan los días acabarán convirtiendo cualquier personaje, invento, descubrimiento o hazaña de los últimos 20 siglos en algo auténticamente catalán. Como ha sucedido esta misma semana, en la que han descubierto en Burgos los supuestos restos de la casa del Cid Campeador, saltando rápidamente los acólitos de la manipulación de la historia afirmando que el Cid era catalán, como no. Historia “a lo bestia” como bien titulaba hace pocos días su artículo Luciano Alvarez en “El País”. O el otro loco que hace bien poco afirmó que la “civilización catalana” es la que perdurará en el tiempo frente al resto de culturas “inferiores”. Lo dicho. La envidia les corroe. Y visto lo anterior, les vuelve locos. Muy locos.

La pereza

Pereza me da volver cada día sobre el mismo tema. Y tener que hablar siempre de los mismos. Pero es que me lo ponen a huevo. La diligencia, el contrapunto al no hacer nada, ya no es solamente una virtud, cristiana o no. Es una obligación. No puedes pasarte toda la vida sin pegar ni sello, haciendo “pellas” como los diputados de ERC y PDeCAT en el congreso. Ay Rufián, que pecas más que un Fistro Pecadorrr (Ciudadanos, por cierto, ha pedido que se les retire el sueldo, pero por ahora el resto de grupos hacen oídos sordos: no vaya a ser que les empiecen a fiscalizar su trabajo y tengan que aportar algo a la sociedad, como hacemos los demás mortales). 
Y no queda ahí, si cogemos los “curriculum vitae” (el plural va así, que nadie se le ocurra corregirme con un curricula) de los protagonistas de esta maldita telenovela barata y zafia llamada el “Prusés”, llámense Pujol, Colau, Rufián, Ernest Benach, Tardá, Marta Rovira, Pisarello o Anna Gabriel, nos puede dar un espasmo a más de uno. Entre todos no llenarían ni el formulario inicial de Infojobs. Y ya no te digo cuantas ofertas de trabajo les aparecerían de forma automática. Por no hablar que les llamara algún cazatalentos, o headhunter como les gusta decir hoy en día a los cosmopaletos. 
Como mucho podrían recibir una visita de los Cazafantasmas. Y no les iría nada mal acabar enjaulados en una pequeña cajita, sin nada que comer, ni posibilidad de insultar, robar, inventar, envidiar, denigrar o copular.

Y no hablo de las ridículas jaulas instaladas en Vich para disfrute de unos y vergüenza de todos. 

Hablo de jaulas de verdad.

Que bien se lo merecen.

Por pecadores.


Cave, cave, Deus videt




jueves, 10 de abril de 2014

El recortable

Ahora que Cataluña, representada por ese engendro que es “más que un Club”  y que se arrogó hace muchos años la representatividad no solamente de todos los equipos y clubes deportivos del Principado, sino también de la sociedad en general y de sus sentimiento más íntimos en particular, es decir, esa cosa llamada Barça, Barza, Bar$a o familiarmente Puta Barsa, ha quedado fuera de Europa, se da por cumplido el primer paso hacia la independencia.



Por lo menos esta vez no van a poder tachar a los políticos de Madrid de mentirosos: en Europa, ya no están. Por lo menos hasta Septiembre. Y si lo gestionan bien, con su prevista ley de consultas para poder aprobar una consulta que les permita plantear una consulta que les dé capacidad legal para consultar a los ciudadanos..(uf, que me pierdo entre tanta consulta), igual aduciendo lesiones, inclemencias del mal tiempo que manda Madrit o sobredosis de butifarras con judías,  podrían enlazar con la “consulta de las consultas” esa de la señorita Pepis y no volver a jugar en Europa nunca más.  Tampoco se les va a echar de menos, a no ser por esos árbitros asalariados que van a tener que irse con el cuento de los penaltis a otro continente.

Este chiste fácil de “Cataluña fuera de Europa” ha permitido que esa inmensa mayoría creativa (para no llamarla celosa o vengativa) que tenemos en España se haya volcado en crear cientos de "memes" y demás montajes durante toda la noche (espero que sea así y que no haya sido durante la jornada laboral, no vaya a ser que los tan eficientes funcionarios y parlamentarios de la UE vuelvan a echar pestes sobre la productividad española, cuando la suya propia, bien pagada a una media de 15.000 euros mensuales, aún está por descubrir, cual Atlántida perdida en medio de un océano de holgazanería, demagogia y despotismo);  cada uno de ellos más divertido que el anterior.

Pero no va a quedar todo aquí.

Cumplido este primer trámite de la legislación europea, que excluye a los países artificiales nacidos de procesos anticonstitucionales (cuando les interesa, claro está, porque si recordamos la injusticia de Kosovo, parte natural de Serbia se mire por donde se mire…),  e inundadas las redes sociales con fotografías, animaciones y chistes  sobre el tema de la salida de Europa, hay que ir a por más. O a por Mas. Tanto monta, monta tanto.

¿Y qué podríamos darles ahora para rematar la creación de su infantil, absurda, anti histórica y poco rigurosa nacioncita mitológica?

Pues a mí se me ocurren varias opciones, aunque la que se me antoja más graciosa y con mayores expectativas de triunfar es la siguiente: un recortable.

Un recortable llamado: Construeix-te la teva nació (“constrúyete tu nación” en cristiano).  Editado por cualquiera de las múltiples editoriales afines al sistema, léase subvencionadas tal cual Federación de Dardos Catalana, que por llevar alrededor del mundo sus 3 dardos y acertar al 501 “double out” en 3 tiradas sin usar una palabra en español , se han llevado la friolera de 1,2 millones de euros,  recortable decía, presentado  en varios fascículos y distribuido por el sistema de correo interno entre “vegueries” creado por la ANC en su previsor intento de garantizar la libre circulación de la información en la nueva (pero milenaria) nación, cual legendario Pony Express que en vez de empezar en Misuri y acabar en California, partiría del Ampurdán y llegaría al Montsia (por ahora), pero utilizando en vez de caballos al burro autóctono catalán, léase el “Ruc Express”.


Me emociona pensar en la inmensa alegría de miles de niños catalanes, puros de alma y corazón, que no de sangre (ya sabemos que catalán es aquel que trabaja en Cataluña, para que se enriquezcan los de siempre, aunque esto último no lo suelen soltar los politiquejos, menos aún en época de elecciones o consultas de escalera de vecinos), cuando cada domingo, después de asistir a la misa local o escuchar la misa conventual desde la Basílica de Montserrat, convertida ya en el centro espiritual de la “Nova Església Ortodoxa Catalana”,  sus padres los suelten para que puedan correr como cervatillos hacia el quiosco de la ANC más cercano para obtener el fascículo de la semana.
Reunidos después en familiar ágape dominical, ante la comida “casher” (el kosher autóctono) bendecida por la Agencia de Pureza Catalana (por cierto, una UTE de Pilar Rahola, Oriol Pujol y Miguel Calçada), consistente en cuatro calçots, media butifarra i un par de carquinyolis de postre, la mágica hora del recortable iluminaría las casas de la mayoría de los ciudadanos de esta nación mítica:

El primer domingo Wilfredo de rodillas recibiendo el escudo mojado en sangre por el rey franco, junto a un burro autóctono;  
al siguiente una primera parte de la montaña de Montserrat y una de las columnas de la Sagrada Familia (anunciada ésta en la revista como construcción variable de la que nunca se entregarán todas sus partes);  
al tercero el Camp Nou completo y con gafas en 3D para poder ver mejor los penaltis, 
al cuarto dos tramos de la vía del tren cremallera de Nuria y una primera hoja del “Pi de les 3 branques”,  
al quinto un huevo de Colón / Colom, obviamente de un pollo de raza Prat, 
al sexto…

Ya os podéis imaginar: con una duración indefinida e inicialmente infinita, siempre en base a las ventas del anterior fascículo, en línea con el plan de negocio de cualquier coleccionable de Planeta Agostini, poco a poco cada uno de los 6 millones (y más, y más y muchos más) de catalanes, podremos ir creando nuestra pequeña nación inventada.

Mientras  tanto, los políticos seguirán cobrando, la familia Pujol seguirá robando y Mas seguirá delirando.

Lo único positivo es que Lara iría haciendo caja con los fascículos. 

Y si, milagro mediante, lo invirtiera para recuperar el control de su antaño querido RCD Español, mejor aún. 
Pero eso ya son sueños mayores. Mayores que lo de la nación milenaria catalana. Que ya es decir.


viernes, 4 de noviembre de 2011

Elecciones y excepciones

Llevo ya más de 30 años de militancia, si se puede llamar de esta forma a una actividad política mínima, extraparlamentaria, en partidos minoritarios, que no marginales,  y centrada  casi en exclusiva en proclamar a los cuatro vientos  (si es en la barra del bar, mejor),  mi disconformidad con el sistema político actual y mi aspiración a conseguir un sistema político más justo y más cercano a los valores eternos que considero básicos para una sociedad avanzada.  Es de cajón que esto y la nada absoluta se asemejan mucho, sobre todo si la escala para su ponderación la ponemos en las metas y logros alcanzados.  Detalle éste que tampoco me preocupa, dado que cualquier utopía por definición “es irrealizable en el momento de su formulación” (RAE), y por lo tanto equiparable a la nada, al vacío, al agujero negro del espacio que todo se traga y nada devuelve (y si se llegara a realizar dejaría de ser utopía). Llevo por lo tanto 30 años siendo un soñador.

En estos seis lustros he compartido la anteriormente nombrada actividad (para ser sinceros más bien inactividad) con muchos camaradas y amigos, de los cuales una parte residual ha seguido la senda del soñador, refugiándose en ilusiones preciosas pero irrealizables, mientras que la mayoría o bien ha dejado de lado cualquier lucha más allá de la necesaria para la propia supervivencia, o bien ha puesto los pies en el suelo, renunciando a buscar una alternativa política al actual régimen, aceptando el mal menor del sistema político que nos rige, aún a sabiendas que no es bueno, ni justo, ni apropiado, y lanzándose a la batalla escabrosa de bregar desde dentro del sistema para intentar mejorarlo.  Lo describo de esta forma tan “poética” sabedor que no todo son rosas en esta vida, y que en muchos casos (quién sabe en qué proporción) la entrada en el ruedo político no se ha debido al altruismo, al idealismo, sino más bien al interés personal de colocarse en el mejor puesto posible para vivir de las prebendas, los regalos, las relaciones y las subvenciones de la mega-estructura de la sociedad democrática, en la que por cada persona que aporta algo hay cientos detrás rascándose la pancha y viviendo a cuerpo de rey a costa de nuestros impuestos.
De estos pocos que han seguido por la vía política “oficial”, estructurada alrededor de partidos políticos legalizados y registrados, algunos han optado por la opción más consecuente con nuestros ideales, fundando, fusionando, desmontando, coaligando, torpedeando, atacando o defendiendo “ene”  mini-partidos revolucionarios, sociales, patrióticos, unificados, auténticos, ortodoxos, y otros han ido a buscar refugio en aquellos partidos mayoritarios que de una u otra forma cubren, aunque sea parcialmente, sus ideales y aspiraciones de luchar por una sociedad mejor.
“Chapeau” por todos ellos. Por lo menos lo intentan o han intentado.  
En estos treinta largos años que han pasado solamente he votado una vez, en el referéndum del año 1986 sobre la permanencia en la OTAN,  sin haber cometido aún el para mi pecado mortal de depositar en una urna una burda papeleta con las siglas de un partido político, ente que no considero representativo del ser humano ni adecuado para regir sus destinos.  Hoy en día ya ni participaría en un referéndum,  acto que representa la mayor tomadura de pelo dentro del sistema democrático, ya que delega de forma cobarde la incapacidad de los elegidos para desempeñar una función de liderazgo en la masa anónima, que es la misma que le ha encargado una tarea muy seria, la de gobernar. Como si un responsable financiero de una multinacional o de un banco, ante la crisis financiera actual, reuniera a todos sus empleados, desde el repartidor de cartas hasta el guardia jurado del parking, para tomar las decisiones necesarias. Inconcebible e intolerable. Como el amago de Papandreu ,  que ha durado menos que un caramelo en la puerta de un colegio y que de forma tan genial describían ayer en “El Mundo” tanto Arcadi Espada (lector, no te pierdas este artículo, está a la mitad de esta página enlazada, titulado “Una broma de pueblo”) como, en menor medida, Salvador Sostres.

Y seguiré sin votar.

Termino con una dedicatoria. Todo este artículo nació ayer en mi cabeza, tirado en el sofá, cuando cogí mi teléfono móvil  y lancé a la nube invisible que nos rodea y que contiene todo, un SMS con el siguiente mensaje,, dirigido a una querida amiga, destacada ejemplo de la parte buena explicada anteriormente:  “Mucha suerte en la campaña. ¡A por ellos!”

Jamás hubiera pensado que animaría a alguien ante el inicio de una campaña electoral.  Pero en este caso no me he podido resistir, se trata de una persona que rompe todos los tabúes y prejuicios que tengo hacia los partidos políticos y las demás sandeces del sistema.  España se merece que salga elegida. (Y si es capaz de cambiar el sistema, mejor aún).  ¡Mucha suerte Elisabeth!

P.D. Elisabeth es candidata del Partido Popular al Senado.