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miércoles, 22 de mayo de 2019

Paletos y arrogantes


Dedicado a Jaime Arroyo Carriches. Recupérate pronto.

Hay personas que suben al Everest, otras que se conforman con el Kilimanjaro, las que no pasan del Cerro del Tío Pío y luego tenemos a los millones de seres que se quedan a mitad de camino del “Mount Stupid”, el pico de la estupidez.

No quiero ser cansino con este tema (disculpa Alberto PW), pero visto lo que está sucediendo en España (en especial la esperpéntica sesión de constitución de la XIII legislatura que sufrimos ayer, 21 de mayo), creo que se trata una urgente necesidad: cada tanto hay que recordar el efecto Dunning-Kruger, premio Nobel de psicología del año 2000.

No voy a volver a explicarlo en detalle, sino resumirlo en cristiano básico para que lo entiendan esos seres con tan escaso nivel intelectual llamados Isa Serra, Adri Lastra o Gabriel Rufián (por citar a unos cuantos): “cuanto menos sabes, más listo te crees”. El “Mount Stupid” que nombro arriba.

Hoy anda la poca prensa seria que queda en España llamando “Esperpento” a lo vivido ayer, recordando a Valle-Inclán por su enorme parecido con el presidente de la mesa de edad, Agustín Javier Zamarrón y haciendo chistes sobre los mil y un ridículos y a todas luces ilegales juramentos de los nuevos parlamentarios. Como bien dijo ayer una mente preclara solamente les faltó jurar por Snoopy (algo también presente hoy en radio y prensa, aunque fuera Carlos Esteban el primero al que se lo leí). Y hablando de primicias, sin arrogarme nada, la noche antes escribí mi artículo titulado “El esperpento interminable” en el que incluía una foto de Don Ramón María, sin conocer al presidente de turno ni tener constancia de su parecido con el escritor. Casualidades. Seguro que hay miles de personas más que durante la recogida de las acreditaciones del día anterior ya vieron el esperpento que se nos veía encima. 
Como así fue. Y si pensamos que esto ha sido el preludio de cuatro años de payasadas, insultos, perogrulladas y sobre todo de un constante menosprecio a los ciudadanos, a la inteligencia y a nuestra historia, agárrate fuerte a mí, María. Que el barco se hunde. Sin duda.

El circo vivido ayer parecía una sesión de un parlamento tercermundista, de los nuevos/antiguos países del Este nacidos después de la caída de la Unión Soviética o de una asamblea universitaria plagada de amigos de Pablo Iglesias, Monedero e Iñigo Errejón. Todos compitiendo por ser el más gracioso y el más original, acabando al final todos incumpliendo la ley con la absoluta y prevista complicidad de Meritxell Batet. 

De ahí a la desaparición de España tal como la conocemos hay un paso. Y el pobre Gabriel Rufián llorando en una esquina al haber perdido su patético protagonismo de los últimos años. Me imagino que acabaría el día zampando magdalenas como un loco para superar el trauma de estar a punto de perder el puesto de bufón mayor del reino.

Algún columnista dice hoy que sobraba jurar “por España” como hicieron los 24 valientes diputados de VOX. Pues no. Jurar por España ha sido lo único serio de la patética sesión. Porque la tan idolatrada “Constitución” no es sinónimo de España. Una ley temporal, indefinida, impuesta, abierta a interpretaciones, sujeta a posibles cambios según el color del gobierno de turno e ignorada en tantos casos (como ayer mismo), no puede ponerse al mismo nivel que una nación milenaria, ejemplo de evolución, tesón, grandeza, cultura, valores y base de nuestra propia existencia. Faltaría.

Paletos y arrogantes. Que nos es lo mismo que rurales y orgullosos. Leo por ahí que “una de las características básicas del “redneck” o paleto americano es su orgullo acerca de su propia ignorancia y cerrazón...”. Pues sinceramente prefiero a un “redneck” consciente de su falta de cultura que a tanto paleto y patético parlamentario disfrazado, arrogante y maleducado. 

Tristes personajillos que no han dado un palo al agua en su vida y que se van a llevar un pastón durante unos años mientras destrozan una gloriosa y milenaria historia que tanto nos ha costado crear y conservar.


Malditos y arrogantes paletos que no llegarán jamás ni a la falda del “Mount Stupid”.

miércoles, 2 de enero de 2019

El año de los idiotas


Acabó el nefasto año 2018 (nefasto para Cataluña y con ello para España, es decir, para todos nosotros) con un Mosso proclamando la verdad a los cuatro vientos con el ya mítico “La república no existe, idiota”, y empezó el 2019 con el impresentable y mentiroso presidente por accidente Sánchez Castejón afirmando que el viaje al FIB (para disfrute de su santa y trabajadora esposa) en Falcon, la apertura del aeropuerto de Castellón, los traslados, las copas, las dietas y las entradas costaron solamente 283 €. ¡Vaya chollo! Ni que fuera el Black Friday o el día del inicio de las rebajas de enero del Corte Inglés.

Lo grave es la diferencia entre ambas afirmaciones: el realista y lúcido miembro de las fuerzas de seguridad del Estado dijo la verdad, mientras que el presidente ocupa nos volvió a mentir. Con toda la desfachatez del mundo. Con todo el morro. Sin ruborizarse lo más mínimo. Tratándonos como si los idiotas fuéramos nosotros. Cuando hoy en día hasta el tato sabe quiénes son los idiotas sin tener que recurrir al diccionario de la Real Academia: los “tontos o cortos de entendimiento” y los “engreídos sin fundamento para ello”.

Y aquí es cuando el abanico se abre y podemos llenar el cubo de la idiotez con todos los esperpénticos personajes que pululan por nuestra patria destrozando siglos de evolución, de sensatez y de cordura: desde el presidente por accidente, pasando por el fugado Puigdemont, el demente Torra, el zampabollos Rufián, la antigua reina de Andalucía Susanita, los decadentes populistas de Podemos y los miles de aquejados de fiebre amarilla, hasta la tan limitada Pedroche y su ridícula vestimenta en la celebración de las campanadas de fin de año. No hay cubo lo suficientemente grande en España para meter a toda esta “troupe” de ridículos personajes y verter su fétido contenido en alguna profunda sima. Si es a la “Fosa de las Marianas”, mucho mejor. Aunque dudo que sus 11.034 metros de profundidad sean suficientes para alejar estos deshechos humanos de nuestra vida y poder iniciar este nuevo año libres de polvo y paja (y de idiotas).

Hace más de año y medio ya titulé un artículoDiscurso a los idiotas de España”. Y por desgracia hemos ido a peor. Parece que la dejadez, la complacencia, la falta de valores y la gandulería de la sociedad española han llegado a un punto en el que colectivamente nos importa un pepino todo lo que sucede a nuestro alrededor. “Ande yo caliente y ríase la gente”. 

Y como la inteligencia siempre reside en el ser individual mientras que la masa siempre es y será idiota, pues se nos presenta un año nefasto. Otro más. Y van tantos ya.

Que Dios nos coja confesados.  Y nos libre de una vez de tanto idiota.

Feliz año amigos.

martes, 27 de noviembre de 2018

Mientras tanto en España


Iba a escribir sobre  lo sucedido en España durante mi corta estancia la semana pasada en Berlín, haciendo referencia en el título a dicha ciudad, pero el maestro Fernando Aramburu se me ha adelantado, tanto en el encabezamiento como con la imagen que lo acompaña y la acertada descripción de la ciudad: Berlín en otoño, gris y fría, pero Berlín, al fin y al cabo.

Ante este contratiempo (que no plagio) decidí cambiar de tercio y titular este artículo en inglés, “Meanwhile in Spain”, pero bien pensado tampoco hubiera sido lo correcto. Casi caigo en la estúpida moda de los “cosmopaletos” españoles de intercalar palabras en otros idiomas para darse un aire de cultura y formación. Cuando solamente hay que rascar un poco (muy poco) para descubrir que de idiomas extranjeros no tienen ni papa, por no hablar de doctorados, másteres, cultura general, historia o hasta de su propio idioma. Suerte que la Real Academia acaba de editar su novedoso “Libro de estilo de la lengua española”, libro que sin duda comprarán todos nuestros políticos, tertulianos y presentadores de televisión. O quizás no. Viendo que la tirada inicial es de 10.000 ejemplares, y restando el que me voy a comprar el día de su publicación, quedarán 9.999. Y dudo mucho que se agoten. España ya no es país de corrección, de cultura, de sintaxis, de ortografía, de amplio léxico, de señorío, de galantería y de buenos modales.  España es por desgracia un estercolero poblado por sinvergüenzas, plagiadores, defraudadores y legiones de cabezas huecas llenas de serrín. Llenas de aserraduras, pero bien pagadas. 

El triste lastre que nos ahoga: cientos de miles de personas inútiles y sin preparación alguna que cobran más que médicos, científicos, investigadores, agricultores, ganaderos, pescadores, taxistas, albañiles, trabajadores de la industria, conductores, autónomos, sanitarios, profesores, barrenderos, bedeles, buenos curas, consultores, militares, policías, Guardias Civiles (¡EquiparaciónYA!) o cirujanos realmente cualificados, y que encima nos insultan día sí, día también, con sus sandeces, sus meteduras de pata, sus arrebatos barriobajeros, su enfermizo narcisismo y su nula aportación al bien común. Y todo ello por culpa de la maldita partitocracia que ha permitido que unos cuantos vendedores de sandías y melones de mercadillos de barrio se hayan convertido en los dirigentes de la sociedad, manipulando a las iletradas ovejas y destrozando siglos de evolución, de valores y de imperial y gloriosa historia.

Ojalá volvieran las cortes reales de otros siglos, en las que por mucho que nos tocara un rey lelo (de los que por cierto hemos tenido bastantes) siempre había mentes privilegiadas que se encargaban del buen gobierno y de aportar el conocimiento, la sensatez y la visión de futuro necesarios para hacer que la patria, y con ello la sociedad, evolucionara (como en su momento el dúo formado por el Marqués de la Ensenada y el ilustre marino Jorge Juan, por dar un ejemplo).

¿Y qué ha pasado en nuestra querida España en estos pocos días de ausencia? Pues que os voy a contar, más de lo mismo. Ese sinvivir al que nos vemos abocados desde hace tantos años por culpa de todos esos personajes circenses, sin menospreciar a los verdaderos artistas del circo, esa grotesca realidad que deja atrás cualquier esperpento de Valle-Inclán. Sería recomendable que la Real Academia enmendara cuanto antes la definición de este género literario para añadir esta nueva acepción:
Esperpento: 4. m. absurda, triste y grotesca realidad social y política en España a principios del siglo XXI”.

Desde las cada vez más groseras actuaciones de Rufián y los demás golpistas, esputos incluidos, hasta las nuevas etapas de la “vuelta al mundo con 84 escaños” del falso doctor y su falsa esposa, con la final y ridícula actuación en supuesta defensa de la españolidad de Gibraltar y su posterior y patética justificación ante la prensa del mundo, todo han sido desatinos. Como siempre.
Y en este caso ha sido aún más doloroso que lo habitual: que nuestro presidente por accidente dilapide nuestro dinero en viajes inútiles, que mienta todos los días de la semana, fines de semana y fiestas de guardar incluidos, ya casi no me afecta, es una enfermedad con la que tenemos que convivir hasta que extirpemos las causas, pero que nos tengamos que arrodillar, nuevamente, ante la pérfida Albión y aguantar las risas y chanzas de los tabloides ingleses, de Picardo y de la propia y asquerosa Theresa May, ya colma la paciencia de cualquier español de bien.

Como bien parodió la Monthy Python en su momento, “We will always fight to keep China British”.

Mientras tanto, en España, el falso doctor seguirá viajando y mintiendo, Begoña seguirá sin trabajar, Rufián seguirá siendo un poligonero maleducado y Puigdemont seguirá escondido en Waterloo dándole a los mejillones y meditando sobre un cambio de peinado. 

Y por si hubiera dudas sobre los constantes desatinos de nuestro presidente, podéis tirar de la completa relación que publicó ayer la siempre acertada Cayetana Álvarez de Toledo. La España de siempre.

En Berlín llovía.
En nuestra patria en cambio caen lagrimones del cielo.
De tristeza, de pena, de rabia y de odio.

P.D. Como bien sabéis, jamás recomendaré votar a un partido, ese ente antinatural y maligno, aunque a día de hoy en España se escuche una Voz alta y clara que se alza en medio de la mediocridad. Allá vosotros.

miércoles, 22 de agosto de 2018

El trujamán



El descanso veraniego (aunque por su cada vez más corta duración podríamos llamarlo asueto) suele ser la época del año en la que los españoles leen más. Sobre todo en el caso de las féminas, tal como indican todas las encuestas, algo que quizás se deba a sus ganas de evadirse, a la carencia de tiempo libre durante el resto del año o simplemente a que su mente tiene otras prioridades frente a la simpleza del cerebro masculino. Y escribo esto convencido de que no hay diferencias entre hombre y mujer, sino entre personas, pero como está tan de moda enfrentar a ambos sexos en una estúpida contraposición, por no hablar de la suprema majadería (carente de cualquier base científica) de los múltiples géneros que van apareciendo cual setas en un húmedo bosque (creo que ya se han comido el alfabeto entero con el LGTBHIJKXZ), pues me apunto al carro y lo dejo caer. A estas alturas no voy a ser menos que los parlanchines, los “influencers”, los descerebrados podemitas, los garrulos nacionalistas y su nueva historia (ese perfecto oxímoron), los indigentes culturales Rufián, Garzón y Sánchez Castejón o que inútiles seudointelectuales como la Fallarás o la Talegón.

Mis lecturas para el verano se reducían a dos libros: “Devastación”, de mi amigo y camarada Juan Ricart, y “6 relatos ejemplares 6” de Elvira Roca Barea. Intenté empezar por “Devastación” pero tengo que reconocer que me fue imposible. La temática sombría (aunque tristemente real) no pegaba mucho con el espíritu alegre y veraniego, por lo que momentáneamente queda aparcado para los días grises, que no negros, que se avecinan (Juan, prometo continuar la lectura sin dilación). La segunda opción en cambio, “6 relatos ejemplares 6”, ha sido una gran y muy agradable sorpresa. Después de haber leído el anterior, exitoso y denso ensayo de la autora (“Imperiofobia y leyenda negra”) no me esperaba una prosa tan rica y unas historias tan entretenidas, divertidas e interesantes. Lectura ligera para la época de relax, pero con un trasfondo histórico que engancha. Os recomiendo encarecidamente su lectura.

Y leyendo este libro volví a descubrir, desde sus primeras páginas, nuevas palabras que con sumo interés apunté y busqué en el diccionario (cómodamente a mano gracias a la tecnología y al omnipresente amigo Google). Y me quedé prendado de la expresión que encabeza este artículo, trujamán. Entiendo que muchos de vosotros ya conocíais esta palabra, sobre todo aquellos de vosotros que sois lectores habituales, cultos y formados, pero yo la desconocía. Hasta publiqué un tuit al respecto. “Nunca es tarde cuando la dicha es buena”, como bien expresa nuestro refranero. Y nunca es tarde para aprender, entender, descubrir.

Trujamán, según el diccionario de la Real Academia, tiene dos acepciones: “Persona que aconseja o media en el modo de ejecutar algo, especialmente compras, ventas o cambios”, e Intérprete” como segunda y más conocida definición. Tal cual leía su enunciación me sentí representado por ambas, aunque bastante más en el papel de intérprete. Y también pensé en el juego que daría esta expresión a amigos y enemigos: de trujamán a truchamán hay poco recorrido, pero gracias a Dios las variantes existentes cubren con creces la posible creatividad del gracioso de turno, que a falta de cultura solamente aporta chistes fáciles, cuando no insultos y desprecios. Son pues sinónimos de trujamán las expresiones dragomán, truchimán y trujimán. Y hasta podría usarse la más conocida “lenguaraz”, no por deslenguado, sino por hablar dos o más lenguas. En mi caso claramente aplicable. Mal que les pese a algunos soy un quintuple lenguaraz por los idiomas que uso y domino (en mayor o menor medida).

Este descubrimiento, junto a otras palabras que no soltaré ahora pero que guardo en un archivo llamado “palabras nuevas y raras” que mantengo desde hace años y que seguro usaré en algún escrito en el futuro, me llevó a reflexionar sobre la triste obsesión de tantas personas en aparentar saber algo, incapaces de mantener una conversación sin ser el protagonista, obsesionados en ser el centro de atención a base de contestar con un “si, pero, bla, bla, bla”, o directamente con un “no es así, bla bla bla”, como si el saber más o menos sea un desprestigio a ocultar o negar. Y hablo por experiencia: de joven tenía la misma obsesión, como casi todo el mundo, de ser alguien, de ser el protagonista, de sentirme importante, y todo ello me llevaba en muchos casos a ser un resabido, un sabelotodo.
¡Ojalá hubiera existido Internet en los años 80, sin duda hubiera sido el niño en el bautizo, el novio en la boda y el muerto en el entierro: el protagonista absoluto en todos los eventos

Pero esto te puede pasar cuando eres joven, en la adolescencia, quizás entre los 12 y los 18 años. Lo que no puede ser es que ya maduro, adulto, cuando no viejo a punto de jubilarte, sigas obsesionado con saber todo, con tener el coche más rápido, el miembro más largo, la piel más tersa, la ropa más cara o los títulos más prestigiosos (masters falsos y demás). Denota una falta de madurez, una inseguridad y una obsesión por el infantil “y yo más” y “tú qué” que al final no es que se haga pesada y cansina, al final hasta da pena y produce tristeza. Ver a personas cuyo único objetivo en la vida es inventarse su pasado, su presente y hasta su futuro, obsesionadas por no quedar mal, por ser el protagonista, es penoso. Y la culpa de ello, aparte de las propias limitaciones de las personas (que todos seamos iguales ante Dios no significa que todos tengamos la misma capacidad intelectual), recae obviamente en la sociedad que hemos creado, en la exaltación de lo superficial, lo monetario, lo físico, lo material, lo efímero, frente a los valores naturales, profundos, reales y eternos.

El capitalismo salvaje, y con ello el consumismo, la obsolescencia programada, las modas inducidas y la desvirtuación de las necesidades reales del ser humano, han creado y siguen creando estas mentes vacías, dóciles, limitadas, dirigibles, en resumen, esclavas de intereses totalmente espurios que solamente sirven a los intereses de los que manejan los hilos en la oscuridad. Ovejas aleladas al servicio del mal, ya sea capitalista, populista, nacionalista o consumista, ya sea una multinacional, una secta, un partido político o una religión mal interpretada y peor aplicada.

No creo que necesite dar ejemplos. Desde las largas colas nocturnas para comprar el nuevo modelo de teléfono móvil hasta la plantada obsesiva de lazos y cruces amarillos,la mención continua de un tal Francisco Franco que murió hace casi 43 años, la negación de la historia o la invención de la misma (Colón era catalán dicen los enfermos lazis), los programas de TV zafios cuando no vomitivos como Sálvame, todo ello son síntomas de esa inmadurez, de ese infantilismo, de esa limitación intelectual que padece la sociedad.

Despertad. Despertemos todos. Y leed (que no leer, que para algo existe el imperativo). En caso contrario, pues idos a la mierda (“iros” en cuanto la RAE acepte la nueva variante por imposición popular, o populista).


martes, 21 de noviembre de 2017

Los siete pecados capitales del separatismo

Cave, cave, Deus videt

(Y por ende del populismo, tendría que añadir al título. Que ambos cánceres vienen a ser lo mismo en muchos aspectos. Pero se me iba en longitud).

Hace siete años escribí un artículo que versaba sobre uno de los pecados capitales: en concreto hablaba de la soberbia, en contraposición al carisma y la humildad. Y por desgracia,  estos últimos siete años (siete como los pecados capitales) han sido tan nefastos en lo que concierne a los valores, la política y el proceder de nuestros supuestos líderes, que me veo obligado a escribir sobre todas dichas maldades de un solo mazazo. De pegar un golpe sobre la mesa como el que habría que dar de una santa vez para acabar con el destrozo paulatino de nuestra patria y de nuestra sociedad. Y no hablo de un golpecito, casi una caricia, aplicando de forma limitada y de cara a la galería el artículo 155 de la tan magnificada Constitución, tal como está haciendo el Partido Popular con el apoyo del PSOE y de Ciudadanos.  Eso de poco nos va a servir. De aquí a menos de un mes volveremos a estar igual. O peor. Con los partidos políticos luchando por los votos y las prebendas asociadas, con los separatistas y populistas embaucando a la gente y con el sufrido pueblo español languideciendo bajo el yugo  de la mentira, de la manipulación en los medios, del capital de oscura y sucia procedencia, de la corrupción y la fraudulenta venta de bancos bajo mano y de la maldita unión europea, que de unión tiene bien poco… y de europea aún menos.

Resumiendo: en vez del tan castizo y patrio “Seis toros seis” que solíamos ver en los carteles de las corridas de toros, hoy en día proscritas en gran parte de nuestra querida península, por desgracia nos toca decir: “Siete pecados siete”.

Aclaración: para todos aquellos que desconozcáis de que va todo el tema de los pecados capitales (y por qué no, también para los que sois muy pecadores), aquí tenéis un buen resumen en la Wikipedia.


Al lío.

La soberbia

Que os voy a decir que no sepáis. El comportamiento soberbio de todos los líderes separatistas (como el de los golfos y guarros populistas de Podemos, pero de esos intentaré no escribir hoy, que tengo el estómago un poco sensible) está fuera de toda duda. Salvo que mires TV3%, claro está. En ese caso seguro que los pintan a todos de modestos, humildes y buenas personas. Nada más lejos de la realidad. Pocas veces hemos asistido en la historia de España a tanta chulería, tanta prepotencia, tanto clasismo y tanto racismo como en estas últimas semanas. Fuigdemont y sus múltiples y constantes sandeces e insultos, Nuria de Gispert y su
patético “¿Por qué no vuelves a Cádiz?” dirigido a la amiga Inés, o las muertes “evitadas” por el sacrificio de la plañidera Marta Rovira, por cierto hija de alcalde franquista, aunque los medios afines la llamen la “Princesa Vigatana”. Pues vaya princesa se han buscado. Con un curriculum como “para ponerse a temblar”, como bien decía Xavier Rius hace unos días. Sin olvidar a la madre superiora Ferrusola y su "el español es la lengua de los pobres y las chachas”. Soberbia es poco.

La avaricia

“En 18 meses dejaré mi escaño para regresar a la República Catalana” dijo el bufón mayor del Reino, el  despreciable Gabriel Rufián, en diciembre de 2015. Y desde ese mismo día todos sabíamos que no iba a renunciar a sus 5.947 euros brutos al mes (más 1.823 para gastos, libres de impuestos).  Al igual que su compadre, el rural Joan Tardá, que usa la burda excusa de la anexión pendiente de Baleares y Valencia para justificar lo de “estar a la sopa boba” todo el tiempo posible.

Por no hablar de los “botiflers” traidores como Carme Forcadell, el dúo Tururull o el mayor Trapero, que con tal de seguir chupando del bote han renunciado a las primeras de cambio a sus principios y altisonantes proclamas y han jurado y perjurado a diestro y siniestro, sometiéndose a cualquier ley, norma o imposición “española” con tal de no perder sus privilegios. Como se bromea por ahí solamente les ha faltado besar la bandera de España y soltarse por bulerías.

Todos ellos fieles seguidores del paterfamilias y sus cachorros, léase Jordi Pujol, su cornuda esposa y sus vástagos ladrones. Con ellos empezó todo, como se suele decir. Y sus herederos van camino de superar todo lo malo hecho por los progenitores. Gracias a Dios ya tenemos a uno en el “resort” de Soto del Real. Pero faltan los demás. Y quedan camas. Como en la ciudad de Barcelona, donde gracias a la vaga e inútil Ada Colau la “okupación” hotelera está cayendo por momentos. Otra que se merece un artículo especial. Dadme tiempo.

La lujuria

Este pecado capital quizás sea sobre el que menos puedo hablar. Tampoco es un tema en el que me quiera meter, allá cada uno con sus vicios, enfermedades y desvíos. Pero conociendo las historias del capo Pujol, que después de engendrar siete hijos (me parece que el número siete me persigue, tendré que pillar lotería con esta terminación) se echó una amante y se fue a vivir con ella al Palau, o de la esposa despechada de su primogénito, que ni corta ni perezosa destapó el flujo de billetes de 500 € hacia Andorra, que queréis que os diga. Cuando el río suena…

La ira

¿Cuántos ataques de histeria, tanto individual como colectiva, hemos presenciado en estas últimas semanas? Las caras cargadas de odio, la baba espumosa brotando de sus bocas cual las poco mágicas fuentes de Montjuich, los aspavientos, las manos alzadas, los insultos y el menosprecio a todo lo que se les antojaba contrario a sus ideas, han sido por desgracia (y seguirán siéndolo, no lo dudéis) una constante en estas fatídicas jornadas que hemos pasado. Frente a la templanza, la paciencia, la contención o la mesura que han aplicado el resto de intervinientes en esta tragicomedia, hemos soportado patéticos ataques de rabia de muchos de los personajillos ya nombrados. Imposible listarles a todos. Bueno, sí que se podría. Bastaría con coger las listas electorales de los partidos “enfermos”, empezar por el candidato número uno y acabar con el de la cola. El clásico invitado estrella que por cuatro duros permite que impriman su nombre en la papeleta. Por ira. Y por dinero (ver avaricia, un poco más arriba).

La gula

Frente a la gula el valor cristiano es la templanza. Es decir, una moderación en la atracción de los placeres, con el dominio de la voluntad sobre los instintos. Anda. Me suena mucho. Y como no podría ser de otra manera, me vienen a la cabeza varias escenas harto vistas: el cambio físico del omnipresente Rufián desde que se mueve por Madrid cargado de euros, las recientes comidas del enfermo Fuigdemont y los 5 en Bruselas, las paellas en casa de Rahola con el “Let it be” de los Beatles a los postres o los recientes “encierros” separatistas en algunas poblaciones catalanas como Rubí, que acabaron en grandes comilonas a costa del erario público.
O casos extremos como las “supuestas” huelgas de hambre de frikis separatistas, con horarios de oficina en el caso de un “enfermo prusesista" barcelonés que dejó de comer entre las 10 y las 14 horas y las 16 y las 20, o el esperpéntico “ayuno a favor de los presos políticos” por turnos que tienen montado en una parroquia de Cornellá del Llobregat. Como ya puse en un tuit el pasado día 10 de Noviembre: ¡Qué originales y sacrificados! Si es lo que hacemos cada día en casa: desayuno, huelga, almuerzo, huelga, merienda, huelga, cena, huelga y repetimos”. 
En resumen, todos siguen comiendo a destajo. Es decir, pecando.

La envidia

Mucho podríamos hablar de este pecado capital, al que se contraponen en la fe cristiana la empatía y la amistad. Y no nos costaría mucho encontrar ejemplos en el quehacer, el hablar, el calumniar o el inventar de los actores de este maldito proceso separatista que nos tiene hasta los mismísimos a todos. Valgan como muestra las locuras de los nuevos historiadores, con Jordi Bilbeny al frente del “Institut Nova Història”, que conforme pasan los días acabarán convirtiendo cualquier personaje, invento, descubrimiento o hazaña de los últimos 20 siglos en algo auténticamente catalán. Como ha sucedido esta misma semana, en la que han descubierto en Burgos los supuestos restos de la casa del Cid Campeador, saltando rápidamente los acólitos de la manipulación de la historia afirmando que el Cid era catalán, como no. Historia “a lo bestia” como bien titulaba hace pocos días su artículo Luciano Alvarez en “El País”. O el otro loco que hace bien poco afirmó que la “civilización catalana” es la que perdurará en el tiempo frente al resto de culturas “inferiores”. Lo dicho. La envidia les corroe. Y visto lo anterior, les vuelve locos. Muy locos.

La pereza

Pereza me da volver cada día sobre el mismo tema. Y tener que hablar siempre de los mismos. Pero es que me lo ponen a huevo. La diligencia, el contrapunto al no hacer nada, ya no es solamente una virtud, cristiana o no. Es una obligación. No puedes pasarte toda la vida sin pegar ni sello, haciendo “pellas” como los diputados de ERC y PDeCAT en el congreso. Ay Rufián, que pecas más que un Fistro Pecadorrr (Ciudadanos, por cierto, ha pedido que se les retire el sueldo, pero por ahora el resto de grupos hacen oídos sordos: no vaya a ser que les empiecen a fiscalizar su trabajo y tengan que aportar algo a la sociedad, como hacemos los demás mortales). 
Y no queda ahí, si cogemos los “curriculum vitae” (el plural va así, que nadie se le ocurra corregirme con un curricula) de los protagonistas de esta maldita telenovela barata y zafia llamada el “Prusés”, llámense Pujol, Colau, Rufián, Ernest Benach, Tardá, Marta Rovira, Pisarello o Anna Gabriel, nos puede dar un espasmo a más de uno. Entre todos no llenarían ni el formulario inicial de Infojobs. Y ya no te digo cuantas ofertas de trabajo les aparecerían de forma automática. Por no hablar que les llamara algún cazatalentos, o headhunter como les gusta decir hoy en día a los cosmopaletos. 
Como mucho podrían recibir una visita de los Cazafantasmas. Y no les iría nada mal acabar enjaulados en una pequeña cajita, sin nada que comer, ni posibilidad de insultar, robar, inventar, envidiar, denigrar o copular.

Y no hablo de las ridículas jaulas instaladas en Vich para disfrute de unos y vergüenza de todos. 

Hablo de jaulas de verdad.

Que bien se lo merecen.

Por pecadores.


Cave, cave, Deus videt




lunes, 8 de mayo de 2017

#Soyunborrego

Dedicado a María José T. Hoy el día brilla un poco más. A pesar de todo.

Como hace ya unas semanas que me persiguen las referencias al efecto Dunning-Kruger (hoy mismo Juan Manuel de Prada lo usa como apellido del retrasado socialista Pedro Sánchez), pues no voy a ser menos que los brillantes autores que citan este trastorno psicológico para hablar de las “eminencias” patrias. Faltaría. Porque en el fondo, tal como título este comentario, yo también soy un borrego. Como la mayoría. Aunque lo intente disfrazar o disimular haciéndome el interesante, remando (en teoría) contracorriente, criticando la necedad y la incultura de los demás, leyendo (en muchos casos a regañadientes) obras interesantes o mirando canales de televisión “serios” (es decir, alemanes). Un ardid que en el fondo no es nada más que acabar siendo otro borrego. Quizás no de la misma raza, quién sabe si con un poco más de intelecto, pero borrego al fin y al cabo.

Ahí está el factor clave del efecto Dunning-Kruger. No importa tanto el punto inicial del gráfico, en el que se cruzan los menos doctos con el mayor complejo de superioridad. En ese punto está la mayoría de borregos de nuestra sociedad. Lo realmente valioso es quedarse en el valle de la curva, asumiendo que no sabes nada y que cada día hay algo nuevo que aprender. Pero llegar a ese punto, o por lo menos mantenerse, es harto difícil.

El propio y casi siempre certero Jorge Bustos habla hoy del mismo trastorno, eso sí, sin citarlo. A cuento de las elecciones presidenciales celebradas ayer en Francia nos dice el autor  “…el abstencionista a menudo se juzga superior al vulgo engañado por un sistema que no le representa, pero solo es otro esclavo mudo de la corriente mayoritaria”.

¡Cuánta razón, pardiez! Como me siento reflejado en estas palabras. Y retratados a tantos otros conocidos y amigos míos que por mucho que practiquemos la humildad, digamos públicamente que en el fondo no dominamos nada, nos arroguemos estar en el punto más bajo de la curva de Dunning-Kruger: bien sabemos todos que nos creemos poseedores de la verdad, que con lo poco que sabemos nos sentimos superiores a la mayoría de seres que nos rodean. Con lo que volvemos a estar en el punto inicial de la curva.

Como el pez que se muerde la cola. Decían los eminentes psicólogos en su estudio (que ganó el premio Nobel, por cierto): “La sobrevaloración del incompetente nace de la mala interpretación de la capacidad de uno mismo. La infravaloración del competente nace de la mala interpretación de la capacidad de los demás.

Quizás la única manera de no creerse superior a los demás sería vivir aislado, cual ermitaño, sin acceso a las noticias, a los medios en general, sin mensajería instantánea, correo o redes sociales. Porque mientras sigamos inmersos en esta sociedad, en manos de los “millennials” y sus gadgets, bombardeados día y noche por noticias verdaderas, falsas, sesgadas o manipuladas; con líderes políticos y sociales ("influencers" se llaman a sí mismos) que en cualquier otra época hubieran acabado como esclavos o pasto de las llamas, con lunáticos que son “tendencia” y tecnologías absorbentes que cada día que pasa nos convierten más y más en meros juguetes en manos de la mercadotecnia y las grandes corporaciones; con todo este maldito mundo moderno rodeándonos y acabando poco a poco con las pocas neuronas que nos quedan.
¿Cómo no nos vamos a creer superiores?

¿O quizás lo seamos? (Viendo a estos, por ejemplo)



Chi lo sa

miércoles, 11 de enero de 2017

Viviendo en Distopía

 La forma más eficaz para destruir a la gente es negar y
destruir su propia comprensión de su historia. -George Orwell.


Leo en alguno de los periódicos que repaso (o engullo) diariamente, que el 90% de los espectadores de “Gran Hermano” desconocen el origen de esta expresión, algo que por otro lado no me sorprende lo más mínimo. En un país (junto a muchos otros países, no vayamos a creer que solamente hay tontos en España) que va por la edición 17 del nefasto y pernicioso programa (que encima bate records de audiencia), no vamos a pedirle peras al olmo y esperar que los cada vez más alelados ciudadanos sepan de literatura. Algo que queda corroborado por los últimos datos sobre los hábitos lectores de nuestra sociedad, publicados ayer mismo, que muestran claramente el declive lector, y con ello intelectual, de nuestra patria. Y si no saben de dónde viene la expresión Gran Hermano mucho me temo que palabras como utopía, ucronía o distopía, les sonarían, si leyeran, a enfermedades infecciosas.  

Queden pues descartados y liberados de seguir leyendo este artículo la mayoría de ciudadanos (que por cierto incluye a las ciudadanas, aunque la imbecilidad reinante añada últimamente el femenino a cualquier expresión genérica) de este país.

A lo que iba: frente a las sociedades ideales, como la isla de Utopía de San Tomás Moro, en la que todo está organizado de forma correcta, enfocado al bien común, con sensatez, con mecanismos de autocontrol, con solidaridad, con Traniboros preparados, un senado capacitado y un príncipe justo, y con una estructura basada en valores e ideales reales, eternos y naturales, nos encontramos hoy en día con el escenario contrario. Y no hablo de una ucronía, es decir, una reconstrucción histórica basada en hechos que no han sucedido, sino en algo muchísimo peor: hemos llegado al punto crítico en la evolución de la humanidad, estamos viviendo en una cacotopía, en esa maldita isla de Distopía que nunca deberíamos de haber descubierto.


Una decadente isla en la que en vez de aprender una profesión y ejercerla con orgullo, el objetivo principal es vivir del cuento, cumplir los horarios laborales aunque sea durmiendo o escondiéndose en los baños, cobrar subvenciones del estado y dedicarse a la “dolce vita” a costa de los demás.

Una maldita isla en la que los representantes de la sociedad, los filarcos y protofilarcos en Utopía, es decir, nuestros actuales cargos políticos de las múltiples administraciones que nos asfixian, dedican su tiempo a la lucha por mantener sus privilegios, a su perpetuación en los círculos de poder y a usar sus cuotas de influencia para beneficio propio y de los suyos (con la mafia Pujol como máximo exponente de la decrepitud del sistema).

Una isla enferma en la que el sexo competitivo, sucio y lascivo se ha convertido en el principal entretenimiento (véase el “juego del muelle” de moda últimamente en la capital del Reino), dejando de lado cualquier sentimiento de amor o cariño, para no hablar de las aberraciones actuales en forma de dictadura LGTBI y contra-educación, hasta el punto que los nuevos libros de primaria hablan ya de niñas con pene y niños con vulva, primer paso antes de legalizar la pedofilia o la zoofilia, algo que ya se vivió en Alemania y Holanda en otras épocas (y a cargo de los mismos progres pseudo-intelectuales de tres al cuarto).

Una isla desquiciada en la que los diferentes oxímoron que se están usando en el escribir y hablar del día a día rayan el ridículo, como por ejemplo los “fraudes legales”, “magistrados corruptos” (frente al buen Magistrado de Utopía), “revolucionarios conservadores”, “narcos religiosos”, “ladrones honestos” o “republicanos monárquicos”.

Una isla inculta en la que la historia verdadera ha sido reemplazada por ucronías creadas por nacionalismos y populismos para engatusar a la gente (con victimas claras como Gabriel Rufián o Rita Maestre), llevarles a su redil y utilizarles en su afán de poder y riqueza.

Una isla por finiquitar en la que el estudio ha perdido todo su valor, a diferencia del concepto de estudios en la ideal isla de Utopía (“..durante el transcurso de su vida dedican al estudio gran parte de las horas libres de sus labores profesionales.”), con casos tan flagrantes como la epidemia de estudios ridículos e inservibles que se están dando en nuestra sociedad en la actualidad  (gracias María por la aportación).

En fin, una isla que jamás debería de haber sido descubierta, y que me ha traído a la memoria una canción de final de los años 70 del cantante de folk progresivo barcelonés Eduardo Martí, titulada Y ahora que”. Versos que a pesar de hacer referencia a una hipotética guerra nuclear me parecen bastante adecuados para la ocasión, para maldecir esta sociedad distópica que entre todos hemos creado y que no tiene visos de arreglarse.

A no ser que explote la bomba de una vez.

Creyó soñar al ver que amanecía, no supo si atreverse a respirar,
pensó que no podía haber ya vida, si sólo hace un momento, aquello era el final.
Y vio que alrededor no había nada, como si nunca hubiera habido Dios
La guerra se llevó lo que quedaba, de un mundo que trataba de hacerle sombra al sol.

¿Y ahora que? al fin lo conseguimos hacer,destruir,matar y enloquecer.

y al final lo hicimos desaparecer, y ahora que, y ahora que, y ahora que.


P.D. ¡Qué tiempos aquellos en los que Frank Zappa (junto a Steve Vai) aún rebosaba de optimismo y hablaba de Utopia!


viernes, 4 de noviembre de 2016

La brecha

Podría haber titulado este artículo “The gap”, en línea con la pesada manía de los “quiero y no puedo” de usar palabras inglesas ante audiencias hispanohablantes, pero sigo en mi línea de apoyo y promoción de la lengua del Quijote. Idioma que por cierto no es el catalán, por mucho que el “Instituto de Nueva Historia” intente convertir a toda eminencia histórica en nativo de pura cepa. Es decir, como Gabriel Rufián pero al revés (ni es eminencia histórica ni es de raza autóctona, aunque algo de burro catalán si que tiene).  

Porque al igual que una persona que corre no es un “runner”, ni una que llega a la meta un “finisher”, los consejos de tus amigos no son “tips”, no montamos “parties” en vez de fiestas, ni nos saltamos el recreo para hacer un “break”, nuestro conocimiento no mejora por mucho “know-how” que nos arroguemos, ni resumimos nuestra jornada en un “briefing”. Por mucho “win-win”, obviando nuestra lengua y llenándola de palabras extranjeras, no gana nadie. Ni mejora nuestro "nivel medio" de inglés. Para no hablar de aberraciones como la ´tan manida “gamificación”. 
Pero dejemos el tema para otro momento: es una guerra perdida, otra brecha insuperable.


Que es a lo que iba. A las brechas. Que ya manda huevos llamarlo “gap” cuando vamos sobrados de sinónimos: abertura, agujero, angostura, boquete, hueco, rotura, rendija, fisura, grieta y muchos, muchos más.

Esa grieta que se está creando entre la educación y la cultura y la realidad de nuestra sociedad. Solamente comparando cualquier programa de una cadena de televisión pública centroeuropea, como por ejemplo 3Sat, con la bazofia que nos ofrecen las televisiones públicas españolas (de las privadas ya ni hablo), uno ya se da cuenta de que a la que cante un gallo caeremos al precipicio. 
Y seremos esos seres imbéciles, incultos, manejables y carentes de valores que tanto les interesan a los poderosos, a los gobiernos, a la casta, a los populistas, a la banca y a los lobbies. ¡A gastar, borrego, que son dos días!

O ese profundo boquete creado en la mente de los jóvenes, que les impide entender el amor con sexo, que es lo natural, y que en cambio persiguen el sexo sin amor, incitados por series, concursos, “famosos”, y por desgracia hoy en día hasta por un nuevo sistema educativo en el que se alaban, promocionan y protegen todas las posibles desviaciones sexuales con esa patente de corso llamada “transgénero”.  Esa maldita afición a lo “políticamente correcto” que da ganas de mandar todo a tomar viento y enfilar nuevos horizontes a vela hinchada.

Y qué decir de la rotura que han creado cuatro ladrones manipuladores entre los catalanes de verdad y los separatistas enrabiados, que obnubilados por 40 años de contraeducación confunden a churras con merinas (de nuevo se me aparece el espectro Gabriel Rufián), algo que llega hasta los veletas de Ciudadanos, que no tienen nada mejor que hacer que pedir que el día de Sant Jordi de Cataluña sea declarado patrimonio de la Unesco, cuando antes deberían serlo las celebraciones y tradiciones en dicho día en países como Bulgaria, Etiopía, Georgia, Inglaterra o Portugal, o en antiguos reinos como Aragón o Mallorca. Pero no, hay que complacer de alguna manera al catalanismo para seguir optando a cotas o cuotas de poder.  Que ambas les satisfacen.

Para no entrar en temas realmente importantes (todo lo anterior lo doy por perdido), como es la fisura entre lo que antaño se llamaba música, léase el Rock’n’Roll, y las letras, ritmos e intérpretes de nuevas modas insoportables como el maldito Reggaeton y todo lo que le rodea. 
Si Elvis levantara la cabeza se volvería rápidamente al gueto sin tiempo a comprar un arma y robar un coche. “And his mama cries”.

Y así podría seguir, renegando de esa angostura que se ha creado entre la España que quise y la patraña que es hoy en día.

Pero no creo que me dé (sigo siendo diacrítico) tiempo, que el hueco entre lo vivido y lo que me queda por andar por estas tierras tan queridas y a la vez tan odiadas cada vez se hace más profundo.



Lo dicho, demasiadas brechas, aberturas, agujeros, angosturas, boquetes, huecos, roturas, rendijas, fisuras y grietas. 



Como diría la Blasa: ¡Señor, llévame pronto!






¡Buen fin de semana a todos, que falta nos hace!