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jueves, 17 de agosto de 2023

Sacrilegio veraniego



En este último mes veraniego estamos viviendo un verdadero sacrilegio: agosto está para desconectar, para disfrutar del descanso, de la familia, de la belleza, de los auténticos chiringuitos y de la tan variada riqueza de nuestra tierra. Como mucho podemos aceptar algún cotilleo veraniego sobre histéricas famosas que se quedan sin gasolina en su barquito de recreo (mientras proclaman la prioridad de dejar de usar nuestros utilitarios para evitar la ebullición planetaria), nietos de famosos que se dedican a descuartizar a su pareja temporal y antinatural, entrenadores llorones del “Trampas y Palancas F.C.” o cantantes venidas a menos que para asegurar sus años pendientes de cotización tienen que enseñar sus pechos. Pero nada más. Dejemos los problemas serios para septiembre. Que nosotros contamos los años por temporadas.

 

Por algo el emperador Augusto instauró las “Feriae Augusti” (vacaciones de Augusto) en el año 18 a. C.  Para descansar de las finalizadas labores agrícolas. Preguntadle a cualquier italiano si aceptaría eliminar el “Ferragosto” de su vida. Os mandaría a freír espárragos con algún gesto tan típico en la expresión no verbal de nuestros vecinos marítimos. Romanos somos.


Pero no: de forma malvada y sacrílega, como todo lo que hace el maldito autócrata, nos colocaron unas elecciones a finales de julio, lo cual aseguraba un ruido innecesario y hasta blasfemo durante el “sagrado” agosto. Y este ruido ha llegado hasta tal punto que ha suplido las noticias amarillas, el tradicional cotilleo veraniego de bronceados, separaciones y fiestas populares, cargando nuestro merecido descanso con el ruin politiqueo, con dimisiones manipuladas, negociaciones “secretas” anunciadas a voces, desplantes y traiciones a España por parte de sus actuales gobernantes y, sobre todo, reales o falsos problemas internos en los partidos. En un partido, sobre todo. En VOX.

 

Y la prensa ha mordido la carnaza cual tiburón hambriento. Algo comprensible, por otro lado, ya que el riego de millones en publicidad recibido del gobierno antes de las elecciones implica sin duda una línea editorial a seguir. Y en eso están: en seguir los mandatos del malvado duopolio, el PPSOE, y complacer a sus amos atacando al único partido que por ahora no se ha plegado al sucio juego partidista, que como único objetivo tiene su propia supervivencia. Y digo “por ahora” porque no será la primera vez en mi vida que creo en un partido, en una mujer o en un entrenador de mi querido RCD Español, y al final me sale rana.

 

Todo el innecesario runrún acerca de los supuestos problemas internos de VOX, tan exagerados como falsos, no es nada más que el miedo de la partitocracia a tener que lidiar con patriotas de verdad, con un partido que cumple lo que promete, que antepone España a sus propios intereses. Algo similar a lo que le sucede a partidos asimilables en el resto de Europa, como la AfD en Alemania, que siendo ya el tercer partido con más intención de voto, está siendo atacado y hasta amenazado de ser ilegalizado por parte de los globalistas, que son los que dirigen a los partidos mayoritarios en casi todos los países de Europa, salvo honrosas excepciones como Hungría, Polonia e Italia (y próximamente en Holanda, Suecia, Noruega… y hasta Alemania, si el eje del mal que reside en Bruselas no impone su dictadura).

 

Es verdad que en VOX se han producido movimientos en sus cargos electos, y de peso, pero esto es algo tan normal como que se te queme la primera paella hecha sobre brasas: los partidos se componen de personas que se unen porque comparten determinados valores. Y ya está. En todo lo demás siguen siendo personas normales, con sus relaciones personales, sus problemas familiares, sus virtudes y sus defectos. Y que existan desavenencias, diversidad de opiniones, tiras y aflojas, y hasta presiones, inquinas y traiciones, dentro de un partido político, es lo más normal del mundo. Como bien cabe recordar, un partido no es una unidad natural a la que pertenezca el ser humano. Eso queda reservado a la patria, la familia y el gremio o profesión. Aunque en España por desgracia tengamos demasiados miembros en los gremios políticos y los chiringuitos subvencionados.

 

Y lo importante aquí es que no ha pasado nada en VOX que no haya sucedido de forma paralela en los demás partidos. Si miramos el porcentaje de diputados electos por cada uno de los partidos que repiten en relación con la anterior legislatura, VOX es el que mayor porcentaje de continuidad tiene. Dato mata relato, como siempre.

 

No hablo por hablar, como si fuera una Gemma Nierga cualquiera, hablo con conocimiento de causa. Tengo el honor de conocer a bastantes dirigentes y diputados de VOX desde hace muchos, muchos años. Y de preciarme de ser su amigo, de varios. Por lo que, conociendo su trayectoria personal, cultural, curricular, laboral y política desde su juventud, y habiendo compartido con ellos momentos buenos y malos en la lucha política, que para todos ellos (nosotros) no es más que la lucha por el bien de la patria, puedo y deseo creer que no ha pasado nada grave en este mes de agosto que ya está llegando a su fin.

 

Salvo el sacrilegio del demente y malvado traidor.

 

Pero como bien dicen los ingleses y me gusta repetir: “everyone meets his Waterloo” (en cristiano, a todo cerdo le llega su San MartÍn).

Más en este caso, en el que el maldito déspota Sánchez depende de un cobarde golpista refugiado en dicha localidad belga.  Y aunque por ahora no tengamos a nuestro duque de Wellington presto a derrotar al enemigo, todo llegará. 

 

Y cuando llegue el glorioso momento de la derrota del autócrata, tenemos nuestra isla de Santa Elena preparada. Aunque sea un islote y se llame Perejil, servirá.


#Hastanuncamaldito


 

Ilustración gentileza del artista Mr. Jones ©



 

miércoles, 20 de marzo de 2019

Operación tinte


Después de mi artículo de ayer, en el que hablaba de la operación de blanqueo (lejía Conejo de por medio) de los delitos y faltas de los golpistas separatistas en Cataluña (nótese que no digo de los golpistas catalanes, a ver si la gente allende del Ebro entiende de una vez que la mayoría de los catalanes ni somos golpistas, ni odiamos a España ni padecemos demencia), hoy toca hablar de lo contrario, de la operación tinte, del proceso de ennegrecer con medias verdades, completas mentiras y noticias falsas a los contrincantes políticos.

Sabemos muy bien que los de siempre, los manipuladores, embaucadores y mentirosos, no dan puntada sin hilo. Y en cuestión de echar mierda sobre los demás somos, por desgracia, campeones del mundo. Hasta destacamos hablando mal sobre nosotros mismos, como bien demuestran la persistencia de la leyenda negra acerca de la historia de España, los prejuicios hacia los vecinos del norte, del sur, del este y del oeste de nuestra patria, la expresión “panchito” para referirse a los otrora conciudadanos de las provincias de ultramar, los chistes sobre Lepe, las chanzas sobre la siesta continuada en Andalucía, los prejuicios sobre la racanería de los catalanes y la chulería de los madrileños o las risas sobre los ridículos peinados y las pobladas cejas de las mozas de las provincias vascongadas (esto último quizás sea lo único acertado).

Ya lo decía el escritor catalán Joaquín Bartrina:” Oyendo hablar a un hombre, fácil es / acertar dónde vio la luz del sol; / si os alaba Inglaterra, será inglés, / si os habla mal de Prusia, es un francés, / y si habla mal de España, es español”.

Entre amigos nos reímos mucho del “y tú qué”, “y tú más” que solemos usar cuando somos incapaces de responder a nuestro interlocutor con argumentos, con sensatez, con conocimiento de causa y con educación. Pero por desgracia justamente esto es uno de nuestros grandes defectos: somos incapaces de aceptar que algo no lo sabemos, de digerir una derrota, de que el contrario sea mejor que nosotros o que nos hayamos equivocado en algo. Y de esta triste manera de ser solamente dista un pequeño paso hasta el insulto, la tergiversación, la manipulación y la difamación.

Y así andamos ahora, en plena vorágine electoral, con las espadas alzadas, las lenguas afiladas y los documentalistas trabajando a destajo para encontrar el mínimo error o la mayor equivocación en la vida pasada del contrario (o de su familia, sus vecinos, sus allegados, sus antepasados o sus animales de compañía), y así poder insultar, exagerar y vilipendiar a cámara y micrófono abiertos  hasta quedar roncos de voz y llenos del placer que al parecer produce hacer daño al prójimo. Daño al contrario y sobre todo réditos electorales. Que de eso se trata en estas semanas previas a unas importantes y trascendentales elecciones generales.

Y si a todo este proceso de hurgar tanto en lo público como en lo más íntimo de la vida de los adversarios políticos, añadimos la mentira estratégicamente planificada y organizada, la complicidad de los medios afines, los medios económicos disponibles sin control alguno (como el abusivo uso de las instituciones del estado para su campaña electoral que está haciendo Pedro "cum fraude" Sánchez) y la creación de bulos y noticias falsas usando las facilidades técnicas de nuestro entorno social tan altamente conectado, pues poco podemos hacer para evitar que una persona de historial blanco y virginal se convierta en un ser de color gris ceniza, y un contrincante político con algunas mínimas manchas grises en su por lo demás admirable currículum acabe más negro que un túnel sin tren expreso (Sabina dixit).

Añadamos a esta maldad “democrática” la recién aprobada “ley de protección de datos” que permite a las formaciones trazar perfiles ideológicos de sus potenciales votantes en las redes sociales y lanzar publicidad por sistemas electrónicos de mensajería, sin que podamos oponernos, y que obviamente fue refrendada por unanimidad por todos los partidos políticos (listillos todos ellos), pues qué queréis que os diga.

Esto acaba de empezar: nos quedan 39 largos días y sus correspondientes noches de sucia, perversa y poco humana campaña electoral, en la que quien más quien menos repartirá o recibirá estopa. Sin piedad. Con toda la maldad posible. Sea verdad o no lo sea, eso no importa. Lo que prima (y aquí enlazo con mi artículo anterior) es el resultado: conseguir mis votos y mis privilegios. 

A los demás, a su nombre, su integridad, su familia, su honor y su salud, que les den morcilla.

Asco de sistema, asco de democracia, asco de políticos. Asco en general.

martes, 19 de marzo de 2019

Operación lejía


Ya estamos. A los que tenemos un mínimo de intelecto y cultura y conocemos el objetivo último que persigue cualquier político, la operación de blanqueo de los golpistas separatistas no nos sorprende un ápice. Y por mucho que me repita y algunos conocidos me llamen cansino, hay que proclamarlo a los cuatro vientos, cien veces, o mil, hasta que todo el mundo lo entienda: los políticos no son personas altruistas y preparadas que se ponen al servicio de la sociedad que los elige por sus capacidades y sus buenas intenciones. Por lo menos no lo son los políticos al uso, léase los socialistos, los blandengues populares, los populistas manipuladores, los patéticos comunistas o los mentirosos, poseídos y racistas nacionalistas. Todos estos grupos de vividores que se agrupan alrededor de una bandera sin historia, un logotipo infantil, una historia milenaria inventada, una herencia manipulada, un falso mandamiento de la sociedad, una veleta anaranjada al viento, un ridículo himno o veinte promesas que no piensan cumplir, no pretenden otra cosa que o bien mantenerse en el poder o bien llegar a él. Y sanseacabó.

Obviamente (por ahora) no existe solución a este grave problema. En las falsamente llamadas “democracias” occidentales, los que mandan no son los ciudadanos con sus votos: mandan los lobbies, ya sean económicos (la banca y las multinacionales) o políticos (los partidos políticos y sus matrices internacionales), que utilizando los medios de comunicación cautivos y los amplios resortes del poder que les entregamos como borregos cada tantos años en esa simulación de libertad que llaman elecciones, se perpetúan en el poder, manteniendo así su hegemonía social y económica mientras se ríen en nuestra cara día tras día.

Cientos de veces habré hablado y escrito sobre el valor añadido de un político, sobre ese cero a la izquierda que representan estos tan bien pagados “intermediarios” entre el ser humano, la voluntad popular, las necesidades de la sociedad y las actuaciones reales para mejorar la vida de las personas. 

¿Qué aporta un político al bien común?
¿Una buena gestión de los recursos de un país?
¿Una buena dirección de las empresas públicas en aras de mejorar las condiciones de vida de la población?
¿Un esfuerzo diario por mejorar y con ello ayudar al resto de la sociedad?

Anda ya. Eso lo hacían los dirigentes en la antigua Grecia, o los buenos reyes (que los hubo), o los tribunos romanos antes del declive del Imperio Romano (al que debemos tantas cosas, por cierto), o los buenos pastores de la Iglesia (que los hubo y los sigue habiendo), antes de su conversión en enfermos dictadores, minoritarios pero asquerosos pederastas, déspotas iluminados o revolucionarios trasnochados.

Hoy en día no queda nadie bueno de verdad, salvo algunos misioneros en remotos países, expuestos a ser degollados por integristas sin que a la sociedad occidental le importe un pimiento (el mismo día de la masacre en Nueva Zelanda murieron asesinados 200 y pico cristianos a manos de islamistas y nadie se hizo eco de ello), algún que otro profesor de pueblo lleno de bondad e ideales, una decena de periodistas independientes, un puñado de intelectuales desconocidos por la amplia mayoría de la sociedad y que predican en el desierto intelectual en el que se ha convertido el mundo occidental y quizás una pequeña parte de la juventud que parece que se está despertando y que pretende rebelarse contra la mediocridad general, el letargo de la sociedad y la inacción de la anterior generación. Sin olvidarnos de los amigos de verdad, los camareros de los bares, los sumilleres en los restaurantes y los cocineros que preparan un buen arroz, que son la única reserva cultural, espiritual y social que nos queda.

Por lo demás, un pozo negro.  Y que encima pretenden blanquear ahora que estamos en periodo electoral. Lo que podríamos llamar “operación lejía”. O para ser más creativos “Operación Conejo”, por ser dicha marca la primera lejía que se hizo popular en nuestro país allá por el 1889, hace nada menos que 130 años.  Época para más inri de nefasto recuerdo, de la Regencia, del Pacto del Pardo, de inestabilidad, de corrupción…, en resumen, de preludio a las desgracias que derivaron de todo ello, la pérdida de las últimas provincias de ultramar, la Semana Trágica de Barcelona, la huelga de 1917 y finalmente la maldita segunda república, el golpe de estado de la izquierda asesina y genocida y el levantamiento militar de los últimos patriotas para salvar los pocos muebles que quedaban enteros en nuestra patria.

Pues así andamos de nuevo, en esa inexorable repetición de los mismos errores. De dejarnos embaucar por los intermediarios, los políticos, para al final salir perdiendo.

Los golpistas catalanes están ya a remojo en los barriles de lejía que han situado en todas las estratégicas esquinas de la piel de toro. En Cibeles, en las maniobras de Sociedad Civil Catalana, en el Orinal (también llamado Nou Camp), en las interferencias masónicas del gabacho Valls en la política española, en el descafeinado juicio por el “procés” que acabará sin duda en generosos indultos o en las maquiavélicas intenciones del PSOE de Sánchez y su afán por alargar su estancia en la Moncloa a costa de desmembrar lo que queda de España.

Al racista PNV le darán lo que haga falta, sea quien sea el que se lleve el pato al agua el 28 de abril. El PP de Galicia está emulando lo peor de CiU en Cataluña, apartando la lengua mayoritaria y común de la sociedad para ganarse los favores de los enfermos nacionalistas, en Valencia llevan tiempo intentando ser más estúpidos que los separatistas catalanes (y están a punto de conseguirlo), en Andalucía todas las promesas de los veletas de Ciudadanos y los inanes dirigentes populares han caído en saco roto y en el resto de España la sociedad solamente está pendiente del calendario laboral y del próximo puente que puedan disfrutar en nuestras costas, prados, valles o montañas.
Cerrando los ojos a la triste realidad. Ojos que no ven, corazón que no siente. Como no entiendo y no me interesa la política, pues nada, a ver la tele, a consumir y a vivir que son dos días.

Y aprovechándose de esta sociedad aletargada y carente de intelecto, los malditos partidos ficharán a cualquier figura que les pueda aportar esos cuatro votos que les faltan para conseguir su sueño dorado, su concejalía en un ayuntamiento, su asiento en el parlamento autonómico o su escaño en el Congreso o en el Senado. Desde actores, pasando por militares de uno u otro signo, deportistas, astronautas, músicos o “influencers” (antes llamados cantamañanas). Cualquier personajillo, personaje o hasta eminencia es útil para alcanzar sus últimos y únicos objetivos: vivir bien, ganarse una pensión vitalicia y observar el hundimiento de una de las naciones que más han aportado a la historia del mundo desde la barrera, con un libro plagiado, una carrera no estudiada, un master inexistente, un currículum hinchado, una mansión en Waterloo, unas embajadas inventadas e ilegales en Europa y los EE.UU., un chalet en la sierra o en la costa y un coche oficial o un avión a su disposición. Cada uno con sus caprichos, sus obsesiones, sus anhelos y sus locuras.

¿Y aún os creéis que alguno de todos estos lamentables y nefastos actores llamados políticos buscan el bien común?

Yo no me creo nada. Sigo siendo, como tantos otros, una humilde “vox clamantis in deserto”.  En ese desierto que cada ene años intentan blanquear con lejía para ocultar la realidad. En ese maldito "año del conejo” que estamos viviendo. Ni que fuéramos chinos. Y nos vuelvan a engañar como les sucedió a ellos en el Perú del siglo XIX (y ahora nos están devolviendo a base de productos falsificados, gato por liebre en los platos, sonrisas engañosas y una lenta pero continua colonización dirigida por el poder de Pekín).

martes, 21 de noviembre de 2017

Los siete pecados capitales del separatismo

Cave, cave, Deus videt

(Y por ende del populismo, tendría que añadir al título. Que ambos cánceres vienen a ser lo mismo en muchos aspectos. Pero se me iba en longitud).

Hace siete años escribí un artículo que versaba sobre uno de los pecados capitales: en concreto hablaba de la soberbia, en contraposición al carisma y la humildad. Y por desgracia,  estos últimos siete años (siete como los pecados capitales) han sido tan nefastos en lo que concierne a los valores, la política y el proceder de nuestros supuestos líderes, que me veo obligado a escribir sobre todas dichas maldades de un solo mazazo. De pegar un golpe sobre la mesa como el que habría que dar de una santa vez para acabar con el destrozo paulatino de nuestra patria y de nuestra sociedad. Y no hablo de un golpecito, casi una caricia, aplicando de forma limitada y de cara a la galería el artículo 155 de la tan magnificada Constitución, tal como está haciendo el Partido Popular con el apoyo del PSOE y de Ciudadanos.  Eso de poco nos va a servir. De aquí a menos de un mes volveremos a estar igual. O peor. Con los partidos políticos luchando por los votos y las prebendas asociadas, con los separatistas y populistas embaucando a la gente y con el sufrido pueblo español languideciendo bajo el yugo  de la mentira, de la manipulación en los medios, del capital de oscura y sucia procedencia, de la corrupción y la fraudulenta venta de bancos bajo mano y de la maldita unión europea, que de unión tiene bien poco… y de europea aún menos.

Resumiendo: en vez del tan castizo y patrio “Seis toros seis” que solíamos ver en los carteles de las corridas de toros, hoy en día proscritas en gran parte de nuestra querida península, por desgracia nos toca decir: “Siete pecados siete”.

Aclaración: para todos aquellos que desconozcáis de que va todo el tema de los pecados capitales (y por qué no, también para los que sois muy pecadores), aquí tenéis un buen resumen en la Wikipedia.


Al lío.

La soberbia

Que os voy a decir que no sepáis. El comportamiento soberbio de todos los líderes separatistas (como el de los golfos y guarros populistas de Podemos, pero de esos intentaré no escribir hoy, que tengo el estómago un poco sensible) está fuera de toda duda. Salvo que mires TV3%, claro está. En ese caso seguro que los pintan a todos de modestos, humildes y buenas personas. Nada más lejos de la realidad. Pocas veces hemos asistido en la historia de España a tanta chulería, tanta prepotencia, tanto clasismo y tanto racismo como en estas últimas semanas. Fuigdemont y sus múltiples y constantes sandeces e insultos, Nuria de Gispert y su
patético “¿Por qué no vuelves a Cádiz?” dirigido a la amiga Inés, o las muertes “evitadas” por el sacrificio de la plañidera Marta Rovira, por cierto hija de alcalde franquista, aunque los medios afines la llamen la “Princesa Vigatana”. Pues vaya princesa se han buscado. Con un curriculum como “para ponerse a temblar”, como bien decía Xavier Rius hace unos días. Sin olvidar a la madre superiora Ferrusola y su "el español es la lengua de los pobres y las chachas”. Soberbia es poco.

La avaricia

“En 18 meses dejaré mi escaño para regresar a la República Catalana” dijo el bufón mayor del Reino, el  despreciable Gabriel Rufián, en diciembre de 2015. Y desde ese mismo día todos sabíamos que no iba a renunciar a sus 5.947 euros brutos al mes (más 1.823 para gastos, libres de impuestos).  Al igual que su compadre, el rural Joan Tardá, que usa la burda excusa de la anexión pendiente de Baleares y Valencia para justificar lo de “estar a la sopa boba” todo el tiempo posible.

Por no hablar de los “botiflers” traidores como Carme Forcadell, el dúo Tururull o el mayor Trapero, que con tal de seguir chupando del bote han renunciado a las primeras de cambio a sus principios y altisonantes proclamas y han jurado y perjurado a diestro y siniestro, sometiéndose a cualquier ley, norma o imposición “española” con tal de no perder sus privilegios. Como se bromea por ahí solamente les ha faltado besar la bandera de España y soltarse por bulerías.

Todos ellos fieles seguidores del paterfamilias y sus cachorros, léase Jordi Pujol, su cornuda esposa y sus vástagos ladrones. Con ellos empezó todo, como se suele decir. Y sus herederos van camino de superar todo lo malo hecho por los progenitores. Gracias a Dios ya tenemos a uno en el “resort” de Soto del Real. Pero faltan los demás. Y quedan camas. Como en la ciudad de Barcelona, donde gracias a la vaga e inútil Ada Colau la “okupación” hotelera está cayendo por momentos. Otra que se merece un artículo especial. Dadme tiempo.

La lujuria

Este pecado capital quizás sea sobre el que menos puedo hablar. Tampoco es un tema en el que me quiera meter, allá cada uno con sus vicios, enfermedades y desvíos. Pero conociendo las historias del capo Pujol, que después de engendrar siete hijos (me parece que el número siete me persigue, tendré que pillar lotería con esta terminación) se echó una amante y se fue a vivir con ella al Palau, o de la esposa despechada de su primogénito, que ni corta ni perezosa destapó el flujo de billetes de 500 € hacia Andorra, que queréis que os diga. Cuando el río suena…

La ira

¿Cuántos ataques de histeria, tanto individual como colectiva, hemos presenciado en estas últimas semanas? Las caras cargadas de odio, la baba espumosa brotando de sus bocas cual las poco mágicas fuentes de Montjuich, los aspavientos, las manos alzadas, los insultos y el menosprecio a todo lo que se les antojaba contrario a sus ideas, han sido por desgracia (y seguirán siéndolo, no lo dudéis) una constante en estas fatídicas jornadas que hemos pasado. Frente a la templanza, la paciencia, la contención o la mesura que han aplicado el resto de intervinientes en esta tragicomedia, hemos soportado patéticos ataques de rabia de muchos de los personajillos ya nombrados. Imposible listarles a todos. Bueno, sí que se podría. Bastaría con coger las listas electorales de los partidos “enfermos”, empezar por el candidato número uno y acabar con el de la cola. El clásico invitado estrella que por cuatro duros permite que impriman su nombre en la papeleta. Por ira. Y por dinero (ver avaricia, un poco más arriba).

La gula

Frente a la gula el valor cristiano es la templanza. Es decir, una moderación en la atracción de los placeres, con el dominio de la voluntad sobre los instintos. Anda. Me suena mucho. Y como no podría ser de otra manera, me vienen a la cabeza varias escenas harto vistas: el cambio físico del omnipresente Rufián desde que se mueve por Madrid cargado de euros, las recientes comidas del enfermo Fuigdemont y los 5 en Bruselas, las paellas en casa de Rahola con el “Let it be” de los Beatles a los postres o los recientes “encierros” separatistas en algunas poblaciones catalanas como Rubí, que acabaron en grandes comilonas a costa del erario público.
O casos extremos como las “supuestas” huelgas de hambre de frikis separatistas, con horarios de oficina en el caso de un “enfermo prusesista" barcelonés que dejó de comer entre las 10 y las 14 horas y las 16 y las 20, o el esperpéntico “ayuno a favor de los presos políticos” por turnos que tienen montado en una parroquia de Cornellá del Llobregat. Como ya puse en un tuit el pasado día 10 de Noviembre: ¡Qué originales y sacrificados! Si es lo que hacemos cada día en casa: desayuno, huelga, almuerzo, huelga, merienda, huelga, cena, huelga y repetimos”. 
En resumen, todos siguen comiendo a destajo. Es decir, pecando.

La envidia

Mucho podríamos hablar de este pecado capital, al que se contraponen en la fe cristiana la empatía y la amistad. Y no nos costaría mucho encontrar ejemplos en el quehacer, el hablar, el calumniar o el inventar de los actores de este maldito proceso separatista que nos tiene hasta los mismísimos a todos. Valgan como muestra las locuras de los nuevos historiadores, con Jordi Bilbeny al frente del “Institut Nova Història”, que conforme pasan los días acabarán convirtiendo cualquier personaje, invento, descubrimiento o hazaña de los últimos 20 siglos en algo auténticamente catalán. Como ha sucedido esta misma semana, en la que han descubierto en Burgos los supuestos restos de la casa del Cid Campeador, saltando rápidamente los acólitos de la manipulación de la historia afirmando que el Cid era catalán, como no. Historia “a lo bestia” como bien titulaba hace pocos días su artículo Luciano Alvarez en “El País”. O el otro loco que hace bien poco afirmó que la “civilización catalana” es la que perdurará en el tiempo frente al resto de culturas “inferiores”. Lo dicho. La envidia les corroe. Y visto lo anterior, les vuelve locos. Muy locos.

La pereza

Pereza me da volver cada día sobre el mismo tema. Y tener que hablar siempre de los mismos. Pero es que me lo ponen a huevo. La diligencia, el contrapunto al no hacer nada, ya no es solamente una virtud, cristiana o no. Es una obligación. No puedes pasarte toda la vida sin pegar ni sello, haciendo “pellas” como los diputados de ERC y PDeCAT en el congreso. Ay Rufián, que pecas más que un Fistro Pecadorrr (Ciudadanos, por cierto, ha pedido que se les retire el sueldo, pero por ahora el resto de grupos hacen oídos sordos: no vaya a ser que les empiecen a fiscalizar su trabajo y tengan que aportar algo a la sociedad, como hacemos los demás mortales). 
Y no queda ahí, si cogemos los “curriculum vitae” (el plural va así, que nadie se le ocurra corregirme con un curricula) de los protagonistas de esta maldita telenovela barata y zafia llamada el “Prusés”, llámense Pujol, Colau, Rufián, Ernest Benach, Tardá, Marta Rovira, Pisarello o Anna Gabriel, nos puede dar un espasmo a más de uno. Entre todos no llenarían ni el formulario inicial de Infojobs. Y ya no te digo cuantas ofertas de trabajo les aparecerían de forma automática. Por no hablar que les llamara algún cazatalentos, o headhunter como les gusta decir hoy en día a los cosmopaletos. 
Como mucho podrían recibir una visita de los Cazafantasmas. Y no les iría nada mal acabar enjaulados en una pequeña cajita, sin nada que comer, ni posibilidad de insultar, robar, inventar, envidiar, denigrar o copular.

Y no hablo de las ridículas jaulas instaladas en Vich para disfrute de unos y vergüenza de todos. 

Hablo de jaulas de verdad.

Que bien se lo merecen.

Por pecadores.


Cave, cave, Deus videt




jueves, 21 de mayo de 2015

Regeneración democrática y otros cuentos infantiles

Los que llevamos toda nuestra vida inmersos de alguna manera en la lucha política, con fases de mucha actividad y otras más contemplativas (pero no por ello menos críticas), y que encima tenemos ese convencimiento de estar intelectualmente por encima de la mayoría inculta y atontada que nos rodea, no salimos de nuestro asombro ante el panorama político actual. Por lo menos es mi caso.

No es que me sorprendan los políticos de toda la vida, esos viejos conocidos que dedican los quince días de campaña a soltar perogrulladas, medias verdades o completas mentiras, a fin de arañar un puñado de votos que les permita seguir disfrutando de amplios privilegios en este paraíso “partitocráctico” en el que se ha convertido nuestra querida España. Que va. 
A éstos los tenemos identificados desde los lejanos años setenta del siglo pasado. Son aquellos que,  enarbolando banderas separadoras y de tristes recuerdos y al grito de democracia, libertad, amnistía y autonomía, se apoderaron en exclusiva de esos valores universales y del derecho a llamarse justos y demócratas; esos mismos que llevan ya más de 40 años viviendo del cuento, es decir, de nuestro trabajo y esfuerzo diario  en forma de impuestos, prometiendo y no cumpliendo ni una de las grandes proclamas que han ido soltando a lo largo de estos decenios. Eso sí, a cuerpo de rey, cual Bribón listillo, deficiente y mujeriego, mientras la estructura de ese sólido edificio milenario llamado España, esa patria común de millones de personas y en su época ejemplar Imperio mundial (imperio del bien, por cierto, frente a otras naciones imperialistas que lo único que dejaron atrás fueron muertos y odio eterno), se ha ido desmantelando en beneficio de los intereses globales del capital, los lobbies, las logias, las multinacionales, la globalización, los productos transgénicos de Monsanto, el sionismo y los demás poderes ocultos que nos tienen bien presos en sus maléficas redes.

Nada nuevo hasta aquí. Esta obra de teatro, sus personajes, su attrezzo y la trama de la tragicomedia que interpretan,  ya los conocemos desde que se inició esa mal llamada  transición, que mejor deberíamos llamar destrucción, o desmembración, o hecatombe, o cualquier otra  de las equivalencias que nos ofrece nuestra tan rico idioma español.

Lo nuevo, lo que me sorprende, son esos inteligentes, visionarios y sagaces compatriotas que de golpe han descubierto que este sistema es corrupto, que los partidos políticos son estructuras de poder ligadas a intereses particulares y que la libertad y la justicia brillan por su ausencia en nuestra casa común. Es decir, personas con sensatez, con intelecto, que por fin han dicho basta (un poco tarde teniendo en cuenta que son más de 40 años de insensatez), y que de una forma u otra luchan por encontrar una alternativa a este sistema injusto, inmoral y corrupto llamado pomposamente “estado social y democrático de derecho”. Ya me diréis, queridos lectores,  dónde encontrar lo social, lo democrático y lo de derecho en nuestra patria. Si no es en un viaje alucinógeno a base de psicotrópicos, en una farra más tradicional a base de vinos y destilados (o en una salida a comer a Colmenar Viejo), no veo yo justicia ni democracia por ningún lado.

Pero por desgracia, esta minoritaria parte de la sociedad que se ha hartado de la mentira, la manipulación y la explotación (eso sí, cuando les han tocado los cuartos, porque en tiempos de bonanza aquí no se movía ni el tato, a no ser que fuera para irse al bar a tomar un botellín a la salud del sistema que tan bien les protegía y tan poco les exigía), ha dejado que nuevos redentores se apoderen de sus ideales, su lucha y sus ilusiones, creando partidos y  movimientos súper guays, que, como era de esperar, han acabado siendo simples calcos de lo que ya tenemos. O peores. Porque los pasados 40 años de servicio de colocación que han llevado a cabo los partidos tradicionales tienen su peso, y desalojar a cientos de miles de amigos, familiares y acólitos para colocar a los nuevos candidatos, asesores, consejeros, amiguetes y colegas, nos va a costar un ojo en la cara. O ambos. Ni Vox, ni Ciudadanos, ni UpyD, ni Podemos, ni ninguno de los demás grupúsculos que han emergido en estos años aportan nada nuevo. Por mucho que Ciudadanos proclame que no es “ni de izquierdas ni de derechas”. O que los asesores de Podemos dejen caer sutilmente que Pablo Iglesias admira a José Antonio. O que Vox sea el único partido que alza la voz a favor de la vida y contra el aborto, sabedor de que no va rascar nada y que no tendrá que cumplir ni una de sus promesas. Al final todos se han integrado (o han tenido que integrarse) en el sistema “social, democrático y de derecho” de tal forma, que directamente han heredado todo lo malo que esta falsa democracia contiene. 

La inexistencia de valores, el interés particular, el afán de protagonismo, la buena vida, el compadreo por encima de las siglas, la subrogación de los intereses patrios a los intereses del capital, es decir,  se han entregado a la sumisión, la sodomía, el latrocinio, la prevaricación, las prebendas y los privilegios. ¡Que ahora nos toca a nosotros! ¡Y que nos quiten lo bailado, como tanto le gusta decir a los españoles!

¿Y dónde radica el problema? Pues que el Sistema es malo “per se”, con intención, y se sostiene a sí mismo: es de ilusos pensar que desde dentro se pueda acabar con él. Más aún cuando las tentaciones que acechan al idealista pero iluso ciudadano en el momento en el que se adentra en el ruedo democrático,  son peores que cualquier manzana que una bella Eva pudiera ofrecernos. Solamente las  podrían superar las 72 vírgenes del paraíso yihadista. (Algo que por desgracia también está pasando. Y sobre todo en las “democracias” occidentales.)

El Sistema ha creado a sus esclavos, carentes de cualquier valor superior, encadenados a lo material, a lo que dicta la mayor herramienta del poder, la telebasura, a lo efímero, a lo sucio, a lo intrascendente. Y cada tantos años les deja jugar un rato con las papeletas, corear sus eslóganes, contestar a las encuestas, asistir a los mítines, creer en las promesas y hacer el paripé en las urnas. 

¡Venga ciudadanía, hoy jugamos a ser libres, a creer en algo y a cambiar el mundo! Y en cuanto nos hayáis votado, ahí os quedaréis. Pobres, esclavos y tontos. Eso sí, con muchos gadgets, modas, drogas, sexo, violencia y sobre todo consumo. Que hay que mantener en marcha la máquina de generar dinero para que un 1% de la sociedad mundial domine al restante 99%.

¿No será que los “valores” que anuncia, vende, proclama y dice defender y representar nuestro estado “democrático, social y de derecho” no son tales?

¿A votar? Anda y que os den.



P.D. Como siempre un abrazo a los que a pesar de todo lo intentan. A los idealistas de verdad. A la buena gente. A los que buscan el bien común. ¡Ánimo y suerte!


miércoles, 19 de octubre de 2011

Caen las hojas en otoño..


..y los políticos corren como galgos condenados a ser colgados de un árbol,  en busca de cobijo ante el crudo invierno que les acecha.

De entrada me disculpo por el “engaño” en el título del artículo, que sin lugar a dudas induce a pensar en una aportación poética.  Supongo que la melancolía ha podido conmigo al leer la entrevista a Sánchez-Dragó sobre su nuevo libro, autobiográfico, en la que cita los últimos versos de Antonio Machado encontrados en el bolsillo de su chaqueta tras su muerte: “Estos días azules y este sol de infancia.”

Esta tristeza que se asocia al fin del verano  me ha llevado irremediablemente a compararla con la realidad de lo que está sucediendo estos días en las altas esferas del (aún) poder socialista.  Para la “gran familia” socialista, la “Cosa Nostra” de Ferraz, se acaba una estación luminosa, una primavera y un verano que han durado casi ocho años y que les ha permitido echar cientos, que no miles, de semillas aquí y allá, para ver brotar en sus fructíferos árboles cargos, prebendas, chanchullos,  subvenciones, manipulaciones, contratas, subcontratas, recalificaciones, asesorías, concesiones, nombramientos y demás ventajas personales que, con la llegada del otoño y las próximas elecciones, van a desaparecer a golpe de hartazgo y sensatez del electorado.


Ni un brote verde, de aquellos anunciados hace tiempo por el innombrable, hemos visto a lo largo y ancho de la piel de toro en esta casi década, mientras que “ellos” han ido recogiendo cosecha tras cosecha, en doblones contantes y sonantes,  riéndose en nuestra cara y acumulando oro, que no grano,  para pasar no uno, sino varios inviernos al sol que mejor brilla, el de la amplia cobertura económica a costa de los demás.

En un alocada carrera al estilo de “tonto el último” se están produciendo estos días nombramientos irrisorios y adjudicaciones de contratas fuera de tiempo y de lugar, a fin de arañar lo que puedan antes de abandonar el Olimpo en el que se instalaron hace exactamente 2.775 días, un execrable (por profanado) 14 de Marzo de 2004 en el que, manipulando el peor atentado de la historia, actuando contra toda norma jurídica en la jornada de reflexión y engañando, al igual que hoy, al pobre e ignorante ciudadano medio, tomaron el poder de una España atontada y  adormecida por el bienestar creado por el anterior gobierno.

¿Cómo no van a existir indignados viendo esta bufa comedia interpretada por los mejores actores de la izquierda manipuladora y mentirosa?

Y no me refiero a los okupas, los perroflautas y demás especímenes que al amparo de la sociedad del bienestar protestan,  sin ningún tipo de conocimiento o reflexión,  contra los únicos que les pueden devolver los privilegios de los que han gozado hasta ahora, sin levantar la voz contra los verdaderos culpables de su situación, ni tampoco asumir su propia responsabilidad y decidir de una vez aportar algo a la sociedad en vez  de vivir del cuento.

No, me refiero a nosotros, a los normales ciudadanos trabajadores que no tenemos que acampar en la calle, ni llevar crestas o rastas, ni vestir cuero negro, ni orinar en la calle,  ni ocupar propiedades ajenas para sentirnos engañados, cuando no humillados, por el poder.

Con la nefasta gestión socialista hemos ido perdiendo toda protección y subvención que solamente un país económicamente fuerte puede ofrecer,  y a la misma velocidad se han ido enriqueciendo los cargos socialistas. Socialistas que, conocedores del nivel cultural del españolito de a pie, responsables del desaguisado en el que nos encontramos y estando aún oficialmente en el poder, ya lanzan sus dardos envenenados contra un futuro gobierno de derechas, como si hubieran sido ellos los descubridores de la velocidad de los neutrinos y ya estuviéramos en diciembre o en enero del año que viene, aguantando la presión de la calle, de las huelgas, de las infamias y de las manipulaciones que, sin lugar a dudas,  serán el pan nuestro de cada día a partir del 20 de Noviembre.

Fecha esta que para muchos de nosotros ha sido siempre un día de nostalgia, conmemoración  y recuerdo pero también  de sueños y esperanza de ver una España mejor, más grande, más justa, más libre y más sensata.

Sueño que, gane quien gane, no se cumplirá. Porque el mal seguirá presente, enquistado en una dictadura de partidos que,  por mucho que nos prometan ahora los candidatos de la oposición, seguirá siendo la misma estructura política que, como bien dijo aún siendo cardenal el actual Papa, otorga rango de verdad absoluta a una mayoría de votos ( Truth is not determined by a majority vote). Y aquí radica el error.  La verdad no puede ser determinada por el voto de una mayoría inculta y alelada y que encima siempre es minoritaria frente al resto de los ciudadanos, y, sobre todo, frente a la sensatez y los conocimientos de aquellos que por méritos y preparación deberían llevar las riendas del país.   

Pero nosotros seguiremos soñando y luchando, cada uno a su manera, por encontrar un sistema político realmente justo y apropiado para nuestra nación, y con ello para la Humanidad.  Como hicieron otros antes que nosotros. Y como harán, Dios nos oiga, los que hereden nuestro espíritu inconformista.