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viernes, 8 de noviembre de 2019

La maldita España xenófoba


Ahora que hasta el faro intelectual de occidente llamado Adriana Lastra (igual “Lastre” le iría mejor como apellido) ha descubierto la palabra fascista y ha interiorizado que todos los que no comulguen con las directrices de su partido (iba a decir “con las ideas” pero, como bien es sabido, los actuales “socialistas” españoles carecen de ideas, de ideales, de honradez y del mínimo exigible de cultura) somos fascistas, pues tendremos que pasar al siguiente adjetivo: xenófobos. Palabra por cierto harto complicada de vocalizar: igual por ello la utilizan tan poco las lumbreras del PSOE, los vividores de Unidas Mamemos y los demás grupos de garrapatas que están destrozando nuestra patria a marchas forzadas.

Los xenófobos, los que odian o temen (fobia) a los extranjeros o extraños (xeno), que por desgracia pueblan partes de nuestra amada tierra, son el verdadero cáncer de nuestra sociedad. Y este hecho me entristece mucho, más aún cuando la herencia hispana que atesoramos todos conlleva todos los valores que posteriormente se convirtieron en “Derechos Humanos Universales”, lease la igualdad, la libertad, la seguridad, la propiedad, la nacionalidad et al, como ya dejó escrito Isabel la Católica en su testamento: “Y no consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien.”


¿Cómo ha podido suceder algo así? ¿Qué ha pasado en estos últimos años que ha propiciado que la nación más justa, más tolerante, más libre, más avanzada y más culta, como ha sido España con su Imperio, se haya convertido en tan poco tiempo en una pocilga llena a rebosar de violentos racistas, de odiadores profesionales, de malditos y repugnantes xenófobos?

Nada complicado es contestar a esta pregunta: por culpa de los intereses de las minorías burguesas catalanas y vascas (como en su momento la avariciosa burguesía criolla en las provincias de ultramar). Instaladas en sus reinos mitológicos sacados de la chistera por sus dementes padres fundadores (los Arana Bros., los Badia Bros., Companys, Pujol…), bien cubiertas social y económicamente por sus latrocinios, sus oscuros negocios y sus chantajes a los sucesivos gobiernos centrales, las minorías burguesas catalana y vascuence han amaestrado, manipulado y sodomizado a esa parte importante de la sociedad española, convirtiéndola en el peor ejemplo de la xenofobia europea de los últimos 30 años. Y ahí no quedará: el odio al vecino es contagioso, sus tentáculos son extremadamente largos, y ya empieza a florecer en Valencia, en Galicia, en las Baleares, en Navarra, y dentro de poco, si no lo impedimos, contaminará Asturias, Andalucía, Canarias, León y hasta Aragón. Suerte que siempre nos quedarán Murcia y Extremadura como salvaguarda del hispanismo, la sensatez, el esfuerzo, la honradez y el valor.

El odio al extraño, al diferente, al habitante de la región colindante y al vecino del quinto segunda, ha calado profundamente en nuestra sociedad. Ese “tsunami” de maldad que tan bien queda reflejado en la película “La Ola” (mira que son lerdos los lazis y van y eligen justamente este nombre para su movimiento terrorista/racista), se ha apoderado de las mentes de adultos, jóvenes y niños, sin que nadie con mando en tropa en España haya querido remediarlo. Ni el Partido Popular ni el PSOE han intentado en ningún momento atajar esta epidemia, cortar la cabeza a esta serpiente envenenada llamada nacionalismo.
No les convenía, ni les conviene: dependen de sus cuatro miserables votos para seguir gobernando, y siendo este su único fin y objetivo en la vida, cómo van a ser tan tontos de matar a la gallina de los huevos dorados. O de perseguir al malvado reptil.

Está claro que nuestra patria, España, está siendo intoxicada poco a poco. Que la xenofobia promovida por los movimientos nacionalistas ha calado fuerte en vastas partes de nuestra hermosa piel de toro.

Y que solamente hay una manera de curar esta enfermedad: la extirpación de los tumores ya existentes, la aplicación de quimio y radioterapia a los órganos que rodean a esos tumores (que no son otra cosa que las televisiones mal llamadas públicas ETB y TV3), la recuperación de las competencias de educación y seguridad (entre otras), que deben ser únicas para todos los ciudadanos españoles,  y el inmediato encarcelamiento de todos los delincuentes que promueven el odio racista en nuestro país.

Urge un cambio para acabar con la xenofobia y la violencia en España.

Y el próximo domingo día 10 de noviembre tenemos la oportunidad.

Acabemos de una santa y definitiva vez con la maligna serpiente del nazionalismo y recuperemos la grandeza y la libertad de España.


¡ESPAÑA, SIEMPRE!












jueves, 13 de junio de 2019

En este mundo raro

Pregunté el porqué a tantas cosas
lo que escuché no me gustó
la ignorancia es a veces hermosa
inocente como el amor
en este mundo raro
que tanto se complica
y no tengo claro
lo que significa
porque este mundo es raro
y nadie me lo explica

Buscaba yo un título apropiado para esta pequeña reflexión, que versa sobre los sinsentidos, las mentiras y las contradicciones del juicio a los golpistas catalanes, y solamente me vino a la cabeza la bonita canción de Alvaro Urquijo “En este mundo raro”. Igual estoy blasfemando al usar una canción melódica y romántica de mis queridos “Secretos” para verter mi rabia, mi desconcierto, mi repugnancia y mi odio sobre estos malditos delincuentes, pero bueno, sirva lo bello de la canción como compensación a todo lo malo que sufrimos por culpa de dichos personajes, e ilustren los títulos de algunas canciones de dicho LP mis comentarios.


Hablemos pues del patético espectáculo de los golpistas separatistas en su último alegato antes del definitivo “muchas gracias, visto para sentencia” del gran y admirado juez Marchena. Un mundo raro en el que parecen vivir los encausados, ya que son capaces de pedir clemencia y perdón y en la misma frase anunciar que volverán a cometer los mismos delitos. O bien son realmente dementes (como sospechamos tantos españoles) o bien han sido abducidos por alguna fuerza sobrenatural y maligna. O ambas cosas, sobre todo escuchando a Cuixart y a Sánchez. 

Cuando el bueno de Marchena solamente les pedía una cosa muy simple: “Sólo quiero que me digas la verdad, y los dos buscaremos el remedio” (otra de las canciones del disco nombrado anteriormente). 

Pero erre que erre, los encausados siguen agarrándose a la sinrazón, como si entonaran la canción “Desapareces”, que dice así: “El orgullo me cegó. Lo que vi se me olvidó. Sin rumbo y sin control, ahora dudo”. Ya no estoy seguro si les ciega el orgullo, la incultura, el fanatismo, el odio o el revanchismo, o si simplemente son peleles en manos de las fuerzas oscuras de Cataluña (al mando de Jordi “Sauron” Pujol y su prole).

Y mientras tanto los leguleyos defensores negando la mayor y afirmando que todo iba en broma, que nadie buscaba la independencia, que no hubo violencia, que todo fue un farol. Como cantan los Secretos en la canción “Soñadores”, pero haciendo daño, mucho daño, al resto de la sociedad: “jugué, mentí, hice promesas que sabía que jamás iba a cumplir”. Así estamos. En manos de mentirosos y cobardes. Y una parte de la sociedad española ciega como los peces de la portada del disco, nadando sin rumbo en un mar de mentiras, trapicheos, alucinaciones, connivencias y comisiones.

Solamente nos queda la esperanza de que, pasado el verano, esa época del año que para nosotros los mortales dura unos quince días, mientras los políticos disfrutan de un mínimo de tres meses de descanso (duro es su trabajo, ciertamente), el otoño nos reciba con una sentencia justa, es decir, con una condena completa de todos los acusados. Y sin posteriores indultos políticos para pagar los favores. Aunque eso ya es soñar imposibles (bien lo estamos viendo con el reparto de alcaldías, comunidades, concejalías y ministerios, algo que no saldrá gratis).

Y que cada uno de los malditos golpistas, de los sembradores de odio, de los racistas, de los ladrones, de los dementes, acabe solito en su celda entonando “Trenes perdidos”:

“Y cuando estoy solo
me siento vacío
soñando el viaje de los trenes perdidos”.


Haberlo pensado antes. Listillos.



P.D. Volverá a ocurrir, y os volverán a procesar, sentenciar y encerrar.

martes, 3 de octubre de 2017

Cataluña: un estado de mendacidad permanente

Busco un centro de gravedad permanente
que no varíe lo que ahora pienso
de las cosas, de la gente,
yo necesito un
centro di gravità permanente
che non mi faccia mai cambiare idea
sulle cose, sulla gente.
Over and over again.

Cuando el bueno de Franco Battiato publicó esta canción, en el año 1981 del siglo pasado, nuestra querida Cataluña ya tenía al lobo en casa. Desde el fatídico 25 de octubre de 1979, día en el que las inocentes y ciegas ovejas catalanas aprobaron el Estatuto de Sau con un 88,15% de los votos (eso sí, con una participación que no llegó al 60%), hasta hoy, año del señor de 2017, la mentira, la manipulación y la expoliación han regido en nuestra región, sin que nada ni nadie lo haya impedido, o peor aún, lo haya querido impedir.
Y cuando, en octubre de 1979, un hombre nefasto, que se llama Jordi Pujol i Soley, accedió al cargo de President de la Generalitat, dejó de ser la verdad política una entidad permanente. Y no solo la verdad política: también la economía y la historia pasaron a ser simples herramientas de manipulación y explotación del pueblo catalán, y por ende español, en manos de una clase dirigente que ni George Orwell hubiera sido capaz de imaginar.

Hablamos pues de 38 años, TREINTA Y OCHO, dos más de lo que duró la tan manida (y tergiversada y vilipendiada) “dictadura” de Francisco Franco. Atención: aquí no estoy defendiendo el régimen anterior. ¡Válgame Dios, no vayan a llamarme facha! Simplemente lo he dejado caer para que algunos abran los ojos, se los froten un par de veces y se den cuenta del tiempo que llevamos viviendo bajo un régimen tóxico, falso, manipulador, reaccionario, intolerante, racista, clasista y, sobre todo, anticatalán.

Cuando en ese fatídico año 1979 una parte del pueblo de Cataluña cometió la torpeza de dejar en manos de los “nazionalistos” el destino de una de las regiones más prósperas y trabajadoras de España, el suicidio colectivo fue un hecho, y el camino quedó libre de obstáculos para que unas cuantas familias de la burguesía catalana tomaran las riendas de nuestra tierra e iniciaran la explotación sistemática de la población, disfrazando todo ello con rebuscadas leyendas, una historia manipulada, bancos opacos, herencias inexistentes, palabras huecas, banderas inventadas o partidistas, clubes de fútbol utilizados, himnos sensibleros, bailes regionales rescatados del olvido y demás estrategias de manipulación tan clásicas en cualquier dictadura.

Las prisas que se dieron en conseguir las competencias en educación y en crear un monstruo de la comunicación como la CCRTV (la empresa matriz de TV3%) tenían un claro objetivo: lavar el cerebro a las generaciones del presente y del futuro. A las del presente con un bombardeo continuo de mentiras y medias verdades, remarcando a cada segundo la maldad de los de “fuera” (sobre todo de Madrid como símbolo de España), y a las proles del futuro con un sistema educativo sin rigor, tergiversador de la historia hasta límites insospechables.

No voy a seguir describiendo estos terribles 38 años. No creo que haga falta. Ahí están las hemerotecas, los estudios, los libros, las sentencias judiciales, el listado de corruptos, encausados y presos por regiones, en definitiva, la desgraciada historia de Cataluña. Saltaré directamente a nuestros días. 

A hoy, 3 de octubre de 2017, dos días después del enésimo golpe de estado separatista. Un golpe de estado que la bien engrasada maquinaria de la dictadura nazionalista ha sido capaz de vender al dócil y sometido pueblo catalán como un referéndum hacia la libertad, y a algunos medios extranjeros como si hubiera sido una petición real y mayoritaria de una población que sufre un durísimo calvario bajo el yugo explotador de España.



¿Catalanes, cómo podéis ser tan ingenuos?

¿En una sociedad tan global, conectada, con un acceso ilimitado a todos los medios del mundo, a los libros de historia, a hemerotecas, a universidades…no sois capaces de investigar un poco, de utilizar vuestro intelecto, de analizar lo que os dicen antes de creeros todo a pie juntillas cual niños de primaria?

Amigos míos, familiares, ex-familiares, conocidos: cuántos de vosotros habéis caído ya bajo los influjos de la burundanga nazionalista y estáis realmente convencidos de lo que predican los mangantes nacionalistas.




¿Cómo puede ser que no veáis lo que está pasando, lo que traman en sus pérfidas mentes los dirigentes actuales?

Sois simplemente la carne de cañón, las ovejas que utiliza el lobo disfrazado de pastor para seguir llenando sus bolsillos a costa vuestra. O, si no puede seguir llenándolos porque dentro de unos meses se acaba el secreto bancario en Andorra, por lo menos mantener lo que ya ha arramblado en estos negros 38 años de falsa libertad, de haceros “somiar truites” mientras se llevan vuestro dinero ganado a pulso con sangre, sudor y lágrimas, para llenar sus inmensas y malolientes arcas.

Imputados por corrupción por regiones
Como hicieron antes sus padres, abuelos y bisabuelos. Traficando con esclavos en épocas pasadas, vendiéndose al mejor postor a cambio de valiosas competencias posteriormente y directamente robando a destajo en los últimos años a base de comisiones, desfalcos y demás latrocinios.

Desafiando a la justicia, a la razón, utilizando todos los resortes del poder para ocultar la vergonzosa realidad.

Enviando sin miramientos al matadero legal a ciudadanos, profesores, policías, funcionarios y políticos subordinados. Riéndose a vuestras espaldas mientras cuentan sus doblones en paraísos fiscales.

¡Catalanes, despertad!
¡Entrad en batalla al grito de “Desperta Ferro” como hicieron en épocas gloriosas los almogávares!
¡Entrad a degüello, liberaos de la dictadura nacionalista, sed catalanes, españoles y europeos de verdad, sed libres!

Vivo en un estado de mendacidad permanente
que no varíe lo que ahora tengo
de las cosas, de la gente,
yo necesito un
centro di falsità permanente
che non mi faccia mai cambiare idea
sulle cose, sulla gente.

Over and over again.

jueves, 27 de abril de 2017

Qué alegría cuando me dijeron..

Sigo sin lanzarme a escribir sobre la belleza (a pesar de la insistencia de mi amiga María José), pero por lo menos puedo encabezar este artículo con la palabra alegría. ¡Qué ya es mucho! Y como supongo que lo estáis esperando todos, la canción sigue así:

Qué alegría cuando me dijeron
Entró en el presidio un Pujol
Ya estoy sintiéndome mejor
Sólo faltan su familia y el paredón


(Nota para los amantes de la lengua española: yo sigo acentuando el adverbio “sólo” cuando significa solamente, por mucho que las nuevas normas ortográficas no lo aconsejen. Soy de la vieja escuela.)

Y no creáis ahora que soy un iluso: todos sabemos que el paripé que están montando nuestros tan poco independientes fiscales y jueces no va a servir de mucho. Pasados tantos años desde que se iniciaron las investigaciones alrededor de los tejemanejes, las tropelías, los cohechos, las prevaricaciones y demás delitos y faltas de la “sagrada famiglia catalana”, esa pretendida dinastía llamada Pujol (de una nación inexistente por cierto), poco tiene que rascar nuestro poder judicial. Más aún cuando flota en el aire la amenaza de tirar de la manta del “capo di tutti capi”.





Basándome (con todo el respeto y admiración) en un mítico discurso pronunciado en 1933 por una persona honesta, integra y valiente, podríamos seguir así:

Cuando, en mayo de 1980, un hombre nefasto llamado Jordi Pujol i Soley, asumió el cargo de presidente de la Generalitat, dejó de ser la honradez política una entidad permanente. Fueron más de 23 años, 8.626 días, de mangoneo disfrazado de gobierno, periodo fructífero para la famiglia y su corte de aduladores, pero sumamente desastroso para el bien común. Jordi Pujol i Soley vino a decirnos que la justicia y la verdad no eran categorías permanentes de razón, sino que eran, en cada instante, decisiones interesadas, ligadas a una módica comisión del 3% (o del 4% como se ha descubierto hace poco).

Jordi Pujol i Soley suponía que el conjunto de los que vivimos en un pueblo tenemos un intelecto inferior, frente a la jerarquía natural de cada uno de sus hijos, y que ese yo superior (que era él) está dotado de unas prerrogativas infinitas, capaz de robar en cada instante lo tuyo y lo mío, por encima del bien y del mal.

De ahí vino el sistema nacionalista, que es, en primer lugar, el más ruinoso sistema de manipulación de la verdad en aras de un beneficio económico. Un hombre dotado para la altísima función de gobernar, que es tal vez la más noble de las funciones humanas, dedicó el ochenta, el noventa o el noventa y cinco por ciento de su energía a recaudar comisiones, colocar a familiares y amigos y a crear naciones imaginarias, manipular leyendas milenarias y a hacer sonar la flauta por el bien de los suyos.

Vino después la pérdida de la voluntad real de los pueblos, porque como el sistema funcionaba sobre el logro de las mayorías, todo aquel que aspiraba a participar del expolio del sistema, tenía que procurarse la mayoría de los sufragios. Y tenía que procurárselos inventado, manipulando, tergiversando, ocultando, vilipendiando, si era preciso, a los demás ciudadanos, y para ello no tenía que vacilar en calumniarlos, en verter sobre ellos las peores injurias, en faltar deliberadamente a la verdad, en no desperdiciar un solo resorte de mentira y de envilecimiento.

Y así, siendo la fraternidad uno de los postulados del complot mafioso de la famiglia, ocultó en su domicilio de la calle General Mitre (y en muchos otros lugares) todo lo recaudado y robado durante su mandato.

Así resulta que cuando nosotros, los hombres de nuestra generación, abrimos los ojos, nos encontramos con una Cataluña en ruina moral, una región escindida en toda suerte de diferencias; y por lo que nos toca de cerca, nos encontramos una Cataluña dividida por todos los odios y por todas las pugnas.


Para descubrir al final que todo fue culpa del avi Florenci.

Como ya cantaba el insoportable bardo oficial Lluis Llach (en boga de nuevo por sus amenazas a los funcionarios de Cataluña):

L'avi Florenci em parlava
de bon matí al portal
mentre el sol esperàvem
i els carros vèiem passar.

Jordi, que no veus la trama
que ens tenim que muntar?
si no podem enganyar-los
ens tocarà ben robar!

Si enganyem tots, la comissió caurà
i molt de temps ens ha de durar,
segur que s’omple, s’omple, s’omple
la butxaca familiar.



¡Qué os den, malditos ladrones!


miércoles, 28 de octubre de 2015

La última sardina de la banasta

Al final lo han conseguido. En su frenética huida hacia ningún lado (salvo hacia los paraísos fiscales), los nacionalistas catalanes han sido capaces, en estricto orden cronológico, de:

  • Inventarse una nación milenaria
  • Sacarse de la manga una bandera, un himno y una historia que no se sostienen ni con veinte tubos de pegamento Imedio (¿será culpa del origen ciudadrealeño, léase español,  del inventor don Gregorio Imedio, que todo este pastiche no acabe de pegar?)
  • Atontar y manipular a varias generaciones de españoles residentes en Cataluña tergiversando el pasado, el presente y hasta el futuro, con la imposición de unos planes de estudio basados en una mitología imaginaria más cercana a la Tierra Media de Tolkien que a la cultura occidental emanada de las herencias griega, romana y cristiana.
  • Enfrentar a ciudadanos, a vecinos y a hermanos hasta llegar a destrozar matrimonios y familias enteras,  sembrando en la sociedad el maligno virus del odio al prójimo, en este caso al orco español.
  • Esquilmar una de las regiones más ricas de España y de Europa, tanto cultural como materialmente, robando por doquier, aplicando porcentajes de comisión a todo acto, venta, iniciativa, producto, invento y hasta pensamiento que tuviera la mala suerte de crecer, existir, producirse o realizarse dentro del "limes" de su cortijo particular.
  • Hasta llegar al punto de inflexión, al “point of no return”, al “de perdidos al río” de nuestro refranero, que se ha traducido en la redacción y publicación de un panfleto carente de la mínima sensatez, en el que, resumida en 9 puntos, a cual más infantil y carente de valor jurídico que el anterior, declaran su intención de proclamar en breve la República Catalana.


Si hasta me dan pena. Cataluña es mi tierra; mi familia y gran parte de mis conocidos y amigos siguen residiendo ahí (algunos a regañadientes, eso sí), y lo paso muy mal viendo como a unos los han atontado en el colegio, en la universidad y en el trabajo hasta creerse a pie juntillas las leyendas de una antigua nación catalana invadida por los malignos españoles y franceses que solamente se han dedicado a robar, destrozar y violar a sus virginales “pubillas”, y como a los otros, los sensatos, los estudiosos, los luchadores que a pesar de la manipulación han conseguido mantener la mente clara, como a esos los han estigmatizado, marcado a fuego cual vacuno y encerrado en sus guetos “españoles”, ninguneados en el mundo cultural y social, perseguidos en el ámbito político y destrozados en el ámbito económico en el que solamente podían triunfar los acólitos al régimen, los amigos de las 300 familias de la corte catalana asentada alrededor del bufón Artur Mas, o las silenciosas ovejas resignadas a pagar el 3% de rigor para poder simplemente subsistir.

Con lo fácil que sería para todos tomarse un día de asueto, comprar un libro de historia en cualquier librería de la otrora capital de las letras y la cultura hispánica, y empaparse un poco de la historia de Cataluña, de España, de Europa, del nacionalismo y de sus oscuros y monetarios objetivos.

¿Pero claro, quien pierde el tiempo hoy en día leyendo algo? 
En un país en el que el 30% de la población no lee ni un libro al año sería como pedirle peras al olmo. 
O como exigirle sensatez a la OMS cuando se pone a hablar de lo mala que es la carne para el ser humano (en otra ocasión fue el aceite, y mañana “chi lo sa”, igual nos salen con que el pescado azul era demasiado azul para nuestra salud, o que la acidez de estómago viene del agua embotellada, como le pasa a mi amigo Ramis).

Aquí, en esta región, en este país y en esta sociedad occidental que se asoma al abismo de la desaparición atrapada entre las mentiras de los medios de comunicación al servicio de intereses particulares (ya sean nacionalistas, populistas o empresariales) y la invasión ya nada silenciosa del radicalismo musulmán en forma de avalanchas de refugiados creadas artificialmente por gobiernos, sectas, grupos de presión y lobbies varios, ya queda poco por hacer.




No queda ni la última sardina en la banasta.



Es el fin de una era.






lunes, 22 de junio de 2015

Catalunya es casa teva

Ayer me pilló al descuido el anuncio que el supuesto gobierno de la autonomía catalana (digo supuesto por lo de gobernar, porque por lo que nos consta a todos,  en los últimos años la Generalitat ha hecho de todo menos gobernar, siempre y cuando no nos refiramos a la 4ª acepción de la RAE, que dice lo siguiente: 4. tr.  Manejar a alguien, ejercer una fuerte influencia sobre él.), lanzó a principios de año en su anual campaña de promoción turística, dirigida sobre todo al turismo del resto de España. Turismo de cercanía que por cierto le es imprescindible para subsistir y poder afrontar sus enormes gastos en temas tan importantes para la sociedad catalana como las embajadas ninguneadas en el mundo o la compra de pitos (a través de alguno de sus intermediarios subvencionados) para insultar al Rey, a la bandera común y al Himno Nacional Español. Dinero que necesita recaudar con suma urgencia, ya que el que recibe a raudales del resto de España no alcanza para sus prioridades manipuladoras, ni obviamente para solucionar temas nimios y secundarios como la Sanidad, la hambruna infantil o el deficiente transporte público, pero tampoco son estos asuntos prioritarios para la banda de Arturo y los 40 Pujoles. Su parque móvil es amplio, como bien sabemos, comida no les falta, aunque se limite a las humildes viandas del Semon y en cuanto a la salud no creo que tengan problemas de asistencia médica privada y de calidad en los barrios altos de Barcelona en los que residen.


Lanza pues la Generalitat su campaña anual bajo el título “Catalunya es casa teva”, en cristiano “ven, gasta y lárgate”. Porque dudo que existan muchos compatriotas de esta santa tierra hispana que consideren "su casa" a un lugar en el que suceden cosas como las siguientes:
  • Que tus hijos no puedan estudiar en el idioma oficial de su país, el español.
  •  Que los rótulos en locales y servicios públicos estén en una gran variedad de idiomas, menos en español.
  • Que un presentador de la televisión pública catalana (por cierto con los sueldos más altos de todas las televisiones europeas) llame a los españoles “cabrones de mierda y panda de sarnosos”
  • Que se inunde el paisaje de esta tierra tan bella con banderas partidistas y separadoras como lo es la inventada señera estrellada.
  • Que tus hijos sean excluidos de las actividades lúdicas escolares por llevar la camiseta de la selección nacional o la del RCD Español, club más que centenario fundado por catalanes en 1900
  • Que a grandes deportistas  españoles originarios de Cataluña se les insulte por mostrar la bandera nacional en las celebraciones de sus victorias
  • Que el “president” se mofe de los símbolos españoles en una final de Copa retransmitida a todo el mundo.
  • Que una pseudo monja visionaria y otro espécimen argentino-extraterrestre con hábitos e ínfulas de sabiduría insulten a diestro y siniestro sin que nadie les pare los pies, ni el gran Papa Francisco del que tanto esperamos algunos.
  • Que a los niños se les manipule desde su más tierna edad con historias inventadas y se les inculque el odio al español como si todo el que sea de allende del Ebro fuera Satán encarnado
  • Que se prohíban las fiestas taurinas “españolas” de tan larga tradición en Cataluña pero permitiendo al mismo tiempo las “animaladas” que se realizan en los, estos si, milenarios “correbous”  catalanes.
  • Que los partidos en el poder hayan robado a destajo durante más de 30 años, no se arrepientan, se vanaglorien de ello y encima sigan ostentando cargos y mangoneando a la clase trabajadora
  • Que…
  • Que..

Me parece que no hace falta seguir.  En mi “casa” o en aquellos lugares en los que me siento como en casa, y que son casi todos los que visito, no sucede nada de lo antedicho. Ni se me insulta, ni se me menosprecia, ni se me ataca, ni se me persigue.  Ni en Madrid, ni en León, ni en Burgos, ni en Colmenar Viejo, ni en Pradoluengo, ni en Francia, ni en Sevilla, ni en Valencia, ni en Inglaterra, ni en Alemania, ni en Italia, ni en las Vascongadas.., creo que ni en Marte me tratarían así (si ahí existiera vida y alguna cosa de las que nos han contado los yanquis en los últimos siglos fuera verdad).

Igual lo más parecido a Cataluña que pudiéramos encontrar ahora en cuanto a hospitalidad y simpatía serían las partes de Irak e Siria controladas por el Estado Islámico. Pero no tengo pensado irme ahí de vacaciones. Ni a Cataluña.

Y eso que es mi tierra, que nací en la calle Copérnico de Barcelona, me crie en la Avenida de Sarriá, fui al colegio en la Avenida del Doctor Andreu, ahora Tibidabo,  y en Esplugas, estudié en Pedralbes y la Diagonal,  veranee en la Costa Brava, tengo una casa en la Costa Dorada y sueño muchas veces con los parajes tan bonitos que tiene mi añorada Cataluña.



Es tan esperpéntico y ridículo todo que ya ni el vídeo de Epi y Blas explicando lo que es el separatismo catalán me hace gracia. Y mira que antes me hacía sonreír.

¿Cataluña nuestra casa?

Anda ya..

martes, 2 de septiembre de 2014

¡Por una Cataluña libre!

Viendo la evolución de la fantástica, rica y por mi tan querida región de Cataluña, mi patria chica en la que nací, viví, estudié, trabajé, amé y también, no voy a negarlo, odié, vagueé, blasfemé, insulté y golpeé cuando la situación me lo exigió, no me queda más remedio que hacer mío el sueño y anhelo de tantas otras personas como yo y proclamar a los cuatro vientos que quiero una Cataluña libre.

Quiero una Cataluña libre de manipuladores profesionales, también llamados políticos, que usan sus prerrogativas y privilegios para su lucro personal y el de sus allegados.


Quiero una Cataluña libre de jóvenes educados en el odio a sus propias raíces, adoctrinados con medias verdades y mentiras enteras, incapaces de hacer la “o” con un canuto pero expertos en mitología pan catalanista, analfabetos funcionales que distinguen las letras pero no saben juntar una palabra si no es para escribir independencia,  pero que si son capaces de insultar a todo aquel que no piense como ellos con todas las letras del abecedario y encima en mayúsculas.

Quiero una Cataluña libre de garrapatas del sistema, elementos a los que para más inri llaman “anti sistema” , cuando son los que mejor se aprovechan del mismo: no estudian, no trabajan, campan a sus anchas por doquier, bailan, beben, ríen, destrozan, orinan y defecan donde y cuando quieren sin que nadie les tosa ni les llame la atención.  Y todo ello con sus subvenciones, sus prestaciones por desempleo o sus ingresos atípicos, no reglados y no gravados. Es decir, viviendo a costa del Sistema que mantenemos los pocos millones de primos que pagamos religiosamente nuestros impuestos, que renunciamos sin rechistar a más del 50% de nuestros ingresos para mantener el estado social y de derecho del que la burda y sucia tropa de vividores  hace buen uso para cubrir sus primarios instintos animales.


Quiero una Cataluña libre de inmigrantes islamistas violentos y subvencionados, de “personas” que no tienen ni la más mínima intención de adaptarse a nuestra cultura, a nuestras normas sociales, a nuestras tradiciones o a nuestro concepto de higiene. Libre de imanes que incitan a la guerra santa en nuestras propias narices, que predican la violencia contra la mujer y la reconquista de la península ibérica, que nos insultan y amenazan desde las mezquitas que encima les financiamos o hasta regalamos . 

Quiero una Cataluña libre de pandilleros sudamericanos violentos y organizados que de allende los mares nos traen todo lo malo de sus respectivos países, en vez de deleitarnos con sus riquezas culturales, sociales y naturales que engloban ese rico hispanismo del que disfrutábamos en otras épocas.

Quiero una Cataluña libre de la dictadura del pensamiento único, del “Gran Hermano” encarnado por los medios públicos de la CCRTV, con TV3, “la seva”,  como abanderada de la tergiversación, la manipulación y el adoctrinamiento más soez, venenoso y ramplón que se pueda encontrar en el mundo, solamente equiparable a medios como los norcoreanos, los cubanos o los venezolanos.

Quiero una Cataluña libre de iluminados libertadores, de monjas poco devotas e historiadores poco ortodoxos, cuando no charlatanes e inventores de universos mitológicos que ni Lewis y Tolkien juntos habrían podido crear.

Quiero una Cataluña libre de partidos políticos que separan, en una dirección o en otra, que solamente luchan por mantener sus porcentajes de votos y con ello su “dolce vita”,  en cómodos tramos de cuatro años al sol y dos semanas de “arduo” trabajo soltando la tan bien ensayada retahíla de mentiras en campaña que les permita perpetuarse en su nulo valor añadido para la sociedad.

Quiero una Cataluña libre de falsas plataformas cívicas que no son más que burdos caballos de Troya creados por los partidos políticos de siempre, los gobernantes y los de la oposición, para asegurarse un trozo de pastel en el nuevo reparto que se avecina.


Quiero una Cataluña libre de clubes deportivos que se arrogan la exclusividad de toda una región, despreciando a cualquier otra agrupación deportiva por centenaria que sea, y cuyos dirigentes no son más que un calco de los gestores políticos, mal usando los nobles sentimientos que deberían emanar de cualquier deporte para su propio beneficio.

Quiero una Cataluña libre de odio al prójimo, de guetos, de imposiciones, de dictadura chabacana y aldeana, ajena a las necesidades reales de los ciudadanos y al entorno geopolítico al que pertenecemos.

Quiero una Cataluña libre de separatistas, de separadores, de ladrones y de aprovechados.

Quiero una Cataluña española, europea, admirada y respetada por sus logros y su gente.

¡Quiero una Cataluña libre, como lo era hace 30 años!



miércoles, 15 de agosto de 2012

Cataluña no es Baviera


El próximo viernes, día 17 de Agosto, el destacado miembro del CSU, partido cristiano social de Baviera y coaligado a la CDU, por lo tanto en el gobierno alemán, Wilfried Scharnagl publicará un manifiesto titulado “Bayern kann es auch allein”, en cristiano “Baviera también puede sola”.  
Aunque nos pille lejos aquí en nuestra querida Piel de Toro, cuna milenaria de la cultura y la civilización occidental y cristiana, prefiero adelantarme a la tan segura utilización interesada y partidista que hará el nacionalismo catalán de esta publicación y de los posteriores debates que generará.
Conociendo la germanofilia de Jordi Pujol (ex alumno del Colegio Alemán de Barcelona, el mismo en el que tuve el honor de formarme, y a cuyo lado (el del “President”) llegué a intervenir como su intérprete personal en una reunión con periodistas alemanes en un congreso de una importante multinacional alemana), parte del ADN de su familia y de muchos de sus correligionarios está marcado por ese "amor" a la cultura alemana en general, y en  concreto a su capacidad de trabajo y de liderazgo del que adolecemos por otros lares (según su separatista teoría, claro está).  Admiración y amor que por otro lado siempre han sido utilizados por estos personajillos como arma política para alinearse con los alemanes en detrimento de la cultura común española y marcar así,  en ese afán interesado de proclamarse diferentes del resto de España para arramblar con beneficios económicos para una minoría de la sociedad catalana (usando, como es norma de cualquier nacionalismo, la diferencia, sea inventada o real, sea cultural o religiosa, como moneda de cambio)  una línea de separación entre Cataluña y España para su propio beneficio. Y muy seguro estoy que Pujol y los suyos cambiarán su discurso de toda la vida y afirmarán con su rotundidad (y mentira) habitual que cuando en otras épocas decían Alemania se referían en el fondo al Estado Libre de Baviera. Donde dije digo, digo Diego.Toda sea por aprovechar falsos paralelismos, como bien hicieron con el intento separatista en Canadá hace pocos años.
No entraré en interesados tratados sobre la historia de ambas comunidades, más aún cuando la historia es tan variada, diferente y hasta yuxtapuesta como historiadores la relaten. Ni incidiré en la verdaderamente milenaria historia bávara y la tan reciente incorporación del Reino Bávaro a la unión alemana, léase en 1871 y como Reino (algo que por mucho que insistan Cataluña ni ha sido ni será jamás, a no ser que en un futuro coronen a Oriol Pujol como Oriol I de los Países Catalanes Imaginarios), ni menos aún caeré en la suprema gilipollez de usar la diferencia entre el bávaro y el alemán oficial (el Hochdeutsch), algo muy manido por nacionalistas, que siempre han usado como último recurso las diferencias culturales e idiomáticas (de nuevo inventadas o manipuladas) para justificar sus delirios de reyezuelos (léase el catalán en partes de Aragón, la sardana “milenaria” o la señera aragonesa como sangrante emblema de una nación esclavizada  desde tiempos inmemoriales por el opresor español)  cuando en Alemania, Suiza, Austria, Liechtenstein, Luxemburgo, Bélgica, el Tirol, Alsacia y hasta Namibia se hablan cientos (si,cientos) de variantes del germano, del alemán, bajo un idioma “marco” común y sin ningún afán de separación ni de utilización política, sino promocionados y cuidados como una rica herencia cultural.

No caeré en ninguno de estos juegos ni diatribas estúpidas, de eso ya se encargarán los voceros nacionalistas de turno. Ya lo veréis. Incidirán en la importancia económica de Baviera (y de Cataluña, obviamente) en Europa, en la injusticia de los fondos de solidaridad interterritorial (existentes en Alemania también) y en cientos de ratios más que me la traen floja. O fluixa. Con perdón.

Para acabar, feliz día de la Ascensión de María a todos. 
Fiesta que espero no conviertan también en milenario patrimonio catalano-bávaro nacido en inventadas campañas marítimas de los Almogávares por las azules aguas del Danubio o las tempestuosas mareas del Starnberger See bajo la advocación de la Moreneta Bávara Que no cuela.