lunes, 27 de abril de 2020

Soberbia


“El orgullo, cuando vienen momentos de crisis, de caos, es útil porque te mantiene erguido. Es primo hermano de la dignidad. La soberbia no, la soberbia te ciega”.
Arturo Pérez-Reverte, “Sidi”.

Los creyentes, y quizás los pocos estudiosos que aún quedan en esta España alelada, inculta y primitiva, saben muy bien lo que significa la palabra soberbia. Para los menos lectores o seres superiores que creen que saben todo y más (esto va por si alguno de estos zurdos y despreciables censores leyera esto), simplemente decíos (o “quiero deciros”, que es equivalente) que la soberbia es uno de los siete pecados capitales, y dentro de estos quizás el peor y original de todos ellos. Nuestra apreciada Real Academia de la Lengua la define de la siguiente manera:

soberbia

Del lat. superbia.

1. f. Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros.
2. f. Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas conmenosprecio de los demás.
3. f. Exceso en la magnificencia, suntuosidad o pompa, especialmente de un edificio.
4. f. Cólera e ira expresadas con acciones descompuestas o palabras altivas e injuriosas.
5. f. desus. Palabra o acción injuriosa.


Seguro que todos vosotros al leer esta definición, y de forma inmediata, habéis pensado en alguien en concreto. Por algo se considera el padre de los pecados: por su tan extendida presencia en la sociedad. Y a Pedro Sánchez, el padre de todos los soberbios.

¿Quién no es o ha sido soberbio en algún momento?
¿Quién no conoce a personas que lo son bastante o lo son siempre?

Aquel que no entone aquí un “mea culpa” más sonoro que todos los malditos “Resistiré” vespertinos que el desgobierno nos ha impuesto junto al ilegal confinamiento para ocultar su inutilidad como gobernantes, su zafiedad como pauta de comportamiento y su inhumanidad como personas, es que miente.

Como mienten nuestros gobernantes.

Como mienten sus portavoces.

Como miente la prensa subvencionada y por lo tanto atada a los dictados del mando único. Ahora llamado Comité Técnico. El de los científicos expertos desconocidos. Están ahí, pero nadie los conoce. Como a la niña de la curva. Pero estos impresentables son bastante más mortíferos que la pobre chiquilla que solamente busca un poco de compañía. No como estos, que buscan prebendas y notoriedad. Para alimentar su ego. Para nutrir su soberbia.

Y cuando les echas en cara esas mentiras, esas ocultaciones de la realidad, esa manipulación constante y caótica de las cifras, esas compras fraudulentas y encima poco efectivas, cuando no completos fracasos, pero que seguro ligadas a jugosas comisiones, cuando les pones ante el espejo de su manifiesta incapacidad y sus burdas e infantiles tácticas de ocultación, se les hincha la vena. Y de su podrido interior asciende esa vergonzosa, exagerada y sucia soberbia hasta colorear su cara maquillada hasta un rojo diabólico, hinchar sus ojos cual animal de presa a punto de atacar y expulsar babas de rabia a chorros por la comisura de los labios de su sucia boca abierta de par en par en gesto amenazante. Como hienas a punto de atacar. Atacar a la yugular. A la verdad. A la decencia. A la libertad. A la vida misma. Nuestra vida.





Esta pesadilla ya está durando demasiado. Estamos a pocos pasos del precipicio más profundo. Económico, social, cultural y personal. Si no dejamos de cantar y tragar con toda la basura con la que nos están alimentado, empezamos a darle a las cacerolas, a protestar, a responder a este golpe de estado gestado por los menos preparados, los más malos y los más soberbios, acabaremos siendo esclavos del mal. 

De la mentira institucionalizada.

De la verdad única.

De la dictadura regre.

De la maldita soberbia que contenía la marmita en la que cayó Pedro el sepulturero al nacer. Y ahí sigue chapoteando.








miércoles, 22 de abril de 2020

Mentiras, episodio II.


Empecemos por el porqué del título. Iba a llamarlo simplemente “mentiras”, pero resulta que ya titulé así un artículo en septiembre el 2012. Nada extraño, por otro lado, teniendo en cuenta que vivimos rodeados, inmersos, atados y manipulados por la mentira desde que nacemos. Cuando no adictos a ella. 
Que lo de “mentiroso compulsivo” por desgracia no es el título de una película americana o una comedia de situación que tanto se llevan ahora, sino un trastorno psicológico que sufren muchas personas. Muchísimas. Demasiadas. Y en puestos relevantes. Con inmensas responsabilidades. 
Esos puestos que, por puro instinto de supervivencia de la especie, tienen que ocupar los más preparados. Y no hablo del tan manido macho alfa que lidera la manada. Eso por suerte ya lo superamos hace siglos. Ya no somos animales, ni homo sapiens recién llegados de allende del mar mediterráneo, ni miembros de una sociedad primitiva en plena evolución. Estamos en el siglo XXI. No pasamos por Babilonia, por Judea, por Grecia, por Roma, por el cristianismo, por el Sacro Imperio, por el Imperio español y su eterna herencia llamada hispanismo, no pasamos por toda la evolución social, intelectual, cultural y científica, para ser dirigidos por animales guiados por sus instintos básicos. Cuando no por su afición por los pecados capitales. 

Esta piara no es la más preparada. De eso no hay duda. 

Los más preparados son los de siempre, hoy en día con más razón: los expertos, los sabios, los trabajadores, los inteligentes, los buenos, los rectos, los solidarios, los honrados, los sinceros, los altruistas, los justos. Pero de estos pocos veo en puestos clave de nuestro inmenso poder ejecutivo. Que no por inmenso es acertado en sus decisiones y correcto en sus actuaciones. Lo que veo, lo que vemos, son ineptos vividores, floreros impuestos por los naZionalistas, enfermos de yoismo adictos al espejo y al teleprónter, golpistas regres oliendo la sangre del empresario mientras acumulan propiedades, engendran niños y satisfacen a las hembras mono-neuronales de su entorno. Por turnos. Para compensarles con un ministerio y volver a salir a rondar cual perro en celo.

¿Y qué pasa cuando gobiernan (junto a estos dementes) los menos indicados, los “ninistros” como Garzón, las hembras despechadas con ansias de venganza, los filósofos de la improvisación, los macarras de lupanar y otra decena de desconocidos que según el BOE existen, son ministros y cobran?

Pues que todo se va al garete. Dicen los filólogos que lo de “irse al garete” viene del francés “être égaré”, estar a la deriva, extraviado. Será así.


Y así es.

No hay duda de que estamos a la deriva. Muchas fotos, muchos memes y varias viñetas han circulado estos días por las redes sociales, esas trampas en las que nos tienen atrapados tanto nuestra adicción como los censores del gobierno. Sin duda la mejor la de La Gallina Ilustrada, último reducto del humor con base, culto, patriótico y ajeno al pensamiento único del “Pequeño Hermano” que nos vigila. Porque de grande tiene bien poco. Pequeño en moral, enano en inteligencia y nimio en humanidad. Un primitivo, sucio y básico homo sapiens que acaba de descubrir su imagen reflejada en una charca de maldad. Hablo de Pedro Sánchez. Por si alguno se ha perdido.


Escribía en mi artículo de 2012:
la solemne apertura de sesiones del “Club Social de los Mentirosos”, también llamado Parlamento.  La sede de esos personajes a los que tan bien definió ayer Clint Eastwood en el congreso del partido republicano: “los que en el fondo son empleados nuestros, que deberían de estar a nuestro servicio y ser despedidos en el caso de no cumplir con sus obligaciones.”  Como sucede en cualquier empresa. Menos en la malvada multinacional llamada DemocraciaParlamentaria S.L.”.  Limitada en responsabilidades, obviamente, que no en prebendas y beneficios para sus empleados”.

Los parlamentarios, los ministros, los secretarios de estado, todos ellos son eso, nuestros empleados, los que nosotros elegimos para dirigir con profesionalidad y honradez la parte de la administración para la que están preparados.

Menos en España, donde ni los elegimos (nos los colocan bajo mano en base a acuerdos secretos con chantajistas naZionalistas, comunistas inmaduros y nada arrepentidos terroristas), ni son profesionales, ni tienen honradez, ni, por supuesto, están preparados para su cometido.

Como si me pusieran a mí a dirigir una operación a corazón abierto en un quirófano.

Si aceptamos que un enfermo, egotista, mentiroso, plagiador y falso doctor dirija el gobierno del Reino de España, todo vale.

O no. En nuestras manos está cambiarlo.




lunes, 6 de abril de 2020

¿Y si es el final?


Leyendo el otro día una de esas frases virales tan en boga, que decía algo así como “¿Y si nos están engordando para comernos después?”, tuve ese momento de abatimiento por el que sin duda habéis pasado todos y cada uno de vosotros. Por no hablar de los que ya han estado ingresados, los que aún quedan abandonados y aislados en los hospitales o los que han perdido a algún familiar o amigo. Un fuerte abrazo a todos ellos. Poco más puedo hacer que pensar en ellos.

En ese momento de bajón y mirándome al espejo me pregunté, con absoluta seriedad, si lo que estamos viviendo, esta pandemia de mortíferos virus de todo tipo, color y tamaño, aunque predomine el rojo “regre”, si esta desgracia no podría ser el final de todo.

¿No será esto el apocalipsis anunciado?

Porque una cosa la tengo clara: aunque la mayoría de los españoles nos lo estemos tomando con humor, intercambiemos fotos, chistes y frases ingeniosas, le busquemos el lado bueno a la situación y cerremos los ojos ante la realidad que se está viviendo fuera de nuestra segura madriguera en la que estamos confinados, la cosa no pinta bien. Nada bien.

¡Qué se lo expliquen a los familiares de los miles y miles de fallecidos que llevamos a estas alturas! Como bien dice Itxu Díaz en un reciente y muy recomendable artículo: “Nos están arrebatando jirones de lo que somos, en medio de distancias de hielo, y convertidos en tristísimos números a los que apenas se puede llorar”. Frase lapidaria sin duda. Y real. Y muy triste.

Quizás el símil más apropiado para nuestra situación sea justamente esa Semana Santa en la que estamos inmersos: esos días tan importantes para los cristianos creyentes, que relatan los históricos hechos que comienzan con la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén hasta su resurrección una semana después, pasando por hechos fundamentales como la unción, la traición, la última cena, los interrogatorios, la flagelación, la crucifixión y la muerte. En algo nos parecemos al cordero que están llevando al sacrificio: engañados, manipulados, traicionados, encerrados, castigados y, muchos, demasiados, finalmente crucificados.

Suerte que al final nos queda la resurrección. Para los que creemos en ello. (Por ahora solamente he visto “Quo Vadis”. Si pienso que aún quedan “Los 10 mandamientos”, “Barrabás”, “Jesús de Nazaret” y tantas otras películas histórico-religiosas, las asociaciones a los hechos sucedidos en Jerusalén hace dos mil años seguro que se multiplicarían). Asociaciones que sin duda son más apropiadas que los chistes y las chanzas con los que nos van a deleitar los otros, los de la ceja, los titiriteros y títeres en impúdica orgía. Porque estos, ni cortos ni perezosos, estrenan creo que mañana una serie de humor sobre la cuarentena. Si alguien cree que es un momento idóneo para relativizar el sufrimiento y tirar de humor de brocha gorda, colocar a los amiguetes de siempre y usar una herramienta más para maquillar la realidad, que me lo explique. Yo no lo entiendo. Ni lo acepto. Es vomitivo. Irrespetuoso. Vil. Como si durante una hambruna proyectaran un especial sobre los mejores asadores de España. O los ridículos informes sobre la mejora general del clima durante esta cuarentena. O que las apuestas deportivas han caído en un alto porcentaje. Garzón dixit. Ese ministro. Todo vale para no afrontar la realidad. Para no dar la cara. Para no asumir responsabilidades.

Pero no, ellos a lo suyo, en vez de sonrojarse y soltar un humilde “la culpa es nuestra”, han decidido que nos toca tragar chistes fáciles y sufrir sesiones de psicología infantil en boca de Carlos Bardem y sus secuaces. ¡Lo tienen claro! 

Por ahora la paciencia y la esperanza, pero también la rabia y la sed de justicia, se imponen en nuestras cabezas, pero con un margen cada vez más estrecho sobre la claudicación. El asumir conscientemente que nada volverá a ser lo mismo. 

La inmensa mayoría de los españoles no hemos pasado por una desgracia de este calado. Y de los que lo vivieron en la guerra y postguerra ya pocos quedarán mientras escribo esto. Están cayendo como pajaritos en un alambre, abatidos por arrogantes y egoístas francotiradores bien escondidos tras sus pantallas, sus usuarios en redes sociales, sus oportunos canales de youtube y sus cuativos periódicos. Aquí tienen panfletos de sobra. Y todos obedientes. O casi. Comprados todos estos cómplices manipuladores con dinero de todos los españoles. Con ese dinero que según los listos socialistas “cae del cielo”, no es de nadie y se puede gastar a destajo. Para sus caprichos, claro está. O para dar forma, color y sonido a sus mentiras.



Que los nuevos tiempos que vienen traerán tristeza, desconfianza, odio, discriminación, ruina económica y un profundo cambio social, es indudable. Casi todos sufriremos. Aunque siempre habrá impresentables que saquen provecho de la desgracia ajena. Inversores a la caza de gangas, intermediaros sin escrúpulos, productores de series, tele-operadores y, como no, políticos

Esos personajes preparados e eficientes elegidos por nosotros para dirigir nuestra nación. Algo que no debemos olvidar. Muchos les votaron. Igual tendrían que reflexionar un poco. Tiempo les sobra entre falsas ruedas de prensa, oportunas comedias y pestilentes arengas totalitarias.


¿Y si es el final?


P.D. Igual toca expulsar a los mercaderes del templo. Creo que hoy es el día.


lunes, 30 de marzo de 2020

Maquillaje


Sombra aquí, sombra allá
maquíllate maquíllate
un espejo de cristal
y mírate y mírate

No hay duda de que las canciones de los inolvidables años ochenta nos marcaron de por vida. Y que esta crisis sanitaria, económica y social lo volverá a hacer. ¿Y qué tiene que ver aquí el cerdo con la velocidad? (Me siento tentado a ponerle nombre al cerdo y detallar la velocidad a la que están destruyendo nuestra patria, pero no iba por aquí, “it’s up to you” de bautizar al cerdo).

Lo explico.

Por hache o por be desde ayer lleva dando vueltas por mi cada vez más cargado cerebro una canción de aquellos felices años ochenta: “Maquillaje” del grupo Mecano. Igual sonó en alguno de los episodios de “Cachitos de hierro y cromo” que he visto en estos quince días de forzado aislamiento, no lo sé. En cualquier caso, es bastante extraño asociar nuestro negro presente a una canción festiva, alegre, vital. O quizás no tanto. Veamos.

Todos sabemos lo que es el maquillaje y para qué sirve: para transformar la realidad. En la mayoría de los casos para mejorar el aspecto, en otros para representar un estado, profesión o sentimiento, otras veces para divertir o asustar y finalmente hay ocasiones en las que se utiliza para ocultar algo. Un defecto, una herida, un estado de ánimo o, de forma figurada, la traición, la maldad y la mentira. En resumen, el maquillaje es un falseamiento de la realidad.

¡De ahí la asociación!

Porque toda la información, todas las ruedas de prensa, todas las preguntas autorizadas, todas las fotografías, todas las imágenes en televisión, todos los artículos y comentarios en la prensa cautiva y dirigida, todos los mensajes viralizados (cuan apropiada la expresión) en las redes sociales por un ejército de descerebrados y bots de los maquiavélicos partidos golpistas, en resumen, TODO lo que nos está llegando está falseado. Toda la realidad que nos presentan está maquillada.

Y son maquillajes expertos, aplicados por profesionales, en todas sus variantes que cito arriba.

La cara de Pedro Sánchez, el “Enterrador”, que ha mutado en tres semanas de una alegría infantil mejorada con algunos filtros, esa moda tan extendida entre la juventud, pero tan poco apropiada para todo un “doctor” y presidente de gobierno, a una cara fúnebre y tristona, inspirada sin duda en “La familia Addams”. Su ejército de asesores, que no titiriteros, se han aplicado al máximo para adecuar la cara del enfermo egotista a las circunstancias. Ocultando algo. Falseando la realidad. Maquillado.



Las falsas ruedas de prensa, preparadas, dirigidas, en las que no se admiten interpelaciones, sino que se recitan cual letanías, junto a sus estudiadas y maquilladas respuestas, aquellas preguntas ya pactadas con los medios afines. Incluyendo, cuando hace falta, retoques de última hora al maquillaje en forma de correcciones a lo dicho por los oradores, datos o hechos no adecuados al guion y que hay que ocultar. El maestro de ceremonias, el titiritero detrás de la cortina, el secretario de estado de comunicación, Miguel Ángel Oliver, corrigiendo el colorete a tenientes generales, ministros o directores generales. Retocando la raya de los ojos de los presentes. Lo más normal en el mundo de la farándula. Perdón, política. Maquillando. Falseando la realidad.

Las noticias en televisión, que más parecen los boletines del festival de Woodstock, con imágenes “flower-power” abarcando toda la gama de colores del arcoíris, resaltando los verdes y azules de “felices” y “contentos” enfermeros cantando y bailando, sin un mínimo de grises o negros, sin imágenes de tristeza, de ataúdes, de familiares, de dolor, de rabia, de muerte. Si la mayoría de la población antes de este estado de alarma ya veía entre 6 y 8 horas diarias de telebasura, imaginad como tendrán hoy en día la cabeza los telespectadores, encerrados y metiéndose un mínimo de 16 horas de adoctrinamiento y atontamiento directamente en vena.
Abducidos por los maquillajes. Y con una imagen de la realidad falseada.


El hermetismo alrededor de la Moncloa, como si fuera el Área 51 hispana, sin que nadie sepa quién entra, quién sale, quién está, estuvo o estará infectado, quién reside en las instalaciones, quién maneja los hilos, quién manda. Maquillaje. Ocultación de la realidad.

Imágenes intolerables del impresentable, zafio y risueño ministro Ábalos, bromas continuas e inapropiadas en los programas de telemoncloa cuyo contenido y guion sale de la misma cocina que las preguntas y respuestas en las falsas ruedas de prensa. Más que maquillaje, vergüenza.

Canciones a cuál más cursi de los “intelectuales” y “músicos” afectos al sistema, con la mayoría de la audiencia embelesada como un niño por los colores de la cara de un gracioso payaso. Tan atontados y manipulados que se creen el discurso, las cifras y las promesas y por la tanto evitan, consciente o inconsciente, conocer la verdad y pedir justicia.
Sálvese aquí la bonita canción “Resistiré”, versionada en quince días más veces que el “Let it be” de los Beatles. Esa melodía original del “Dúo Dinámico” que sin duda ya ha pasado a convertirse en un himno, como si fuera el “Libertad sin ira” de Jarcha de finales de los años 70, aunque ahora no la canten aquellos que creían y luchaban por la libertad, sino sus hermanos pequeños y hasta sus hijos, esos que ahora nos la están robando (la libertad) pasito a pasito, desde un chapucero y peligroso gobierno de inútiles, peleles, figuras de cera colocadas por ser parte de pactos bajo mano, golpistas e iletrados. Esperemos que vuelva esa libertad. Y esta vez con ira. Canción versionada. Por ende, maquillada.

Mientras tanto, el enfermo Pedro Sánchez, el verdadero virus, el egovirus, que parece un niño mimado al que se le ha corrido el rímel con sus falsas lágrimas y echa la culpa de todo a los demás, como bien decía el amigo Jorge Buxadé en un reciente tuit, seguirá mirándose al espejo. Y sus cómplices se aliebrarán cual cobardes ratas, escondidos en sus chalés, en sus palacios, en sus segundas y amplias residencias. Y cobrando las dietas por desplazamiento.




Sombra aquí, sombra allá
maquíllate maquíllate
un espejo de cristal
y mírate y mírate
mírate y mírate


Impostura. Mentira. Maquillaje.



P.D. He leído por ahí un artículo sobre la “huella psicológica” que dejará la cuarentena en todos nosotros. Yo sinceramente espero que dicha huella no sea nada comparada con el despertar en el corazón y en el cerebro del noble pueblo español de una súbita necesidad de verdad, de razón y de justicia, y con ello la exigencia de responsabilidades. Ya no políticas. Penales. Sin ninguna duda. Ni olvido ni perdono.


miércoles, 25 de marzo de 2020

Confinados

Escribo esto con congestión nasal, malestar general y un dolor muscular bastante intenso. Pero sin fiebre. Pasada anteayer la evaluación en línea de la Comunidad de Madrid (https://www.coronamadrid.com/) , como es lógico me contestan que por ahora no tengo suficientes síntomas para pensar que pueda estar infectado. Y no soy yo persona proclive a salir disparado a visitar a un médico: la última visita a un facultativo creo que fue en el año 2012, donaciones trimestrales de sangre aparte. Y menos aún correré en estos momentos, con los hospitales desbordados y los cadáveres acumulándose en el Palacio de Hielo de Madrid, entre ellos muchos sanitarios, médicos y demás profesionales que están dejándose literalmente la vida por ayudar a los demás (como los políticos, pero al revés). Será un catarro. O la edad. O ambas cosas.

Y aunque haya titulado este comentario “confinados”, podría cambiarlo sin dudar ni un momento por “secuestrados”, “engañados”, “vendidos”, “manipulados”, “olvidados” y hasta “asesinados”. 

Cualquiera de estos verbos sería aplicable en esta nuestra querida patria, perdida en un mar de desorganización, de mentiras, de falta de previsión, de división y, sobre todo, entregada sin remedio a la nefasta gestión de nuestro desgobierno frentepopulista, más preocupado por su imagen, sus pactos secretos y su propio futuro que por el bien de la nación y la supervivencia de la población.

Piden ya los culpables de esta grave crisis que no metamos cizaña, que no polemicemos, que trabajemos unidos, cuando hay que hacer exactamente lo contrario: tenemos que alzarnos y gritar a los cuatro vientos las verdades que tanto les duelen a los malignos dirigentes que tenemos en España y en la mayoría de las ridículas y claramente prescindibles autonosuyas.


Harto difícil es no dejarte influenciar por el constante bombardeo televisivo, radiofónico y sobre todo “social” a través de las redes. Redes que como siempre nos traen tanto lo bueno, el contacto con los tuyos, información y entretenimiento, como todo lo malo, en forma de bulos, timos y ciberataques. La maldad y la estupidez ya sabemos que no descansan nunca. Ni durante un estado de alarma.

Lo malo.

En Cataluña tenemos a los dementes lazis separatistas aprovechando la ocasión para atacar a España y manipular sin pudor toda la realidad de su desidia, su latrocinio y su apestoso egoísmo racista.

En las Vascongadas tres cuartos de lo mismo, con el agravante del apoyo de los terroristas de Bildu a los nazis del PNV, que bien están usando la crisis para llevarse algún premio, ya sea en forma de dinero que no les corresponde o de alcaldías que asaltan en plena cuarentena para colocar a sus peones en puestos clave. Y eso que ellos son los mayores expertos en confinamientos: solamente hay que recordar todos los secuestros que promovieron, apoyaron y llevaron a cabo durante años, encerrando a personas inocentes en inmundos zulos, maltratando, humillando y matando con el único objetivo de conseguir beneficios económicos.

La prensa sumisa al poder, que hoy en día ya es casi toda, despide a grandes periodistas como Fernando Sánchez-Dragó y censura artículos de un notable columnista como Alfonso Ussía, cediendo al chantaje del desgobierno chavista. “O te cargas a estos o te quedas sin subvenciones”. Tal cual. Como si estuviéramos en Venezuela. O en Cuba. O en Nicaragua. O en la antigua URSS, o en la falsamente llamada RDA en la que la pesadilla de Orwell llegó a su máxima expresión con la vigilancia de todos los ciudadanos por parte de todos los ciudadanos. La estrategia perfecta para subyugar y esclavizar un país, mientras los dirigentes viven como reyes en sus palacios y propagan sus mentiras por los medios de comunicación que dirigen con mano de hierro desde sus piscinas y jardines. ¿Os suena verdad? Un aire a chalé en Galapagar.

Los titiriteros a lo suyo, como siempre. Sin aportar nada al bien común, pero saltándose su turno en la petición de subvenciones, con frases huecas, argumentos infantiles y una “hiprogresía” tan conocida como asquerosa. El día que me expliquen que puñetas aportan a la sociedad toda esta banda de vividores iletrados, de bufones incultos, de impresentables títeres que bailan al son de la mierda que sale de los cerebros de los autoproclamados “intelectuales”.

Las malditas oenegés, que aún no han hecho acto de presencia, visto que en estos momentos les tocaría trabajar y ayudar al prójimo, algo que está muy lejos de sus reales intenciones, que son mucho más mundanas y placenteras: vivir de subvenciones, salir en los medios y pegarse la buena vida diciendo sandeces, viajando por el mundo y soltando lágrimas de cocodrilo sin mover ni un solo dedo por el bien común.

Los asquerosos chiringuitos feminazis y su antinatural y anticientífica locura carente de cualquier base biológica llamada perspectiva de género, culpables de gran parte del mal que estamos sufriendo por haber celebrado la manifestación del 8M, no tienen nada mejor que hacer que reunirse para analizar esta crisis desde una su “perspectiva de género”. Mejor me callo. Porque a día de hoy tenemos al gobierno rastreando nuestros teléfonos y a los lacayos de la STASI en la que se han convertido Podemos y sus satélites vigilando las redes sociales, forzando bloqueos de usuarios y propagando mentiras con sus ejércitos de trolls y de bots informáticos.

¿Qué nos queda? Pues mucho.

Lo bueno.

Nos queda todo el resto de la buena España, los humildes trabajadores, los ganaderos, los agricultores, los médicos, los enfermeros, los bedeles, los transportistas, los quiosqueros (bien pensado para lo que sale en la prensa.., pero bueno, también venden gominolas, revistas, coleccionables y tabaco), los militares, los policías, los héroes de la Guardia Civil y todos aquellos que por propia iniciativa están ayudando al prójimo, ya sean decentes empresarios como Amancio Ortega (¿cuánto han donado todos los bocachanclas de “la Ceja”, los Bardem, Wyoming y todo el resto de la piara de pestilentes cerdos instalados en su arrogancia y su inutilidad?), humildes monjas cosiendo mascarillas, estudiantes imprimiendo respiradores en sus 3D, restaurantes de carretera ofreciendo comida gratis a los cansados camioneros o vecinos que se ofrecen a hacer la compra a las personas mayores.

Nos quedan los amigos, nos queda la familia, a los creyentes nos queda la fe en Dios, y, sobre todo, nos queda esa fuerza necesaria para resistir y poder superar esta desgracia con un objetivo primordial: acabar con la maldad que nos está esclavizando, acabar con los gobiernos de analfabetos, de garrapatas, acabar con los populistas, con los amigos de los terroristas, con los naZionalistas, con los racistas, con la mentira, con la manipulación, con el latrocinio institucionalizado, con la mierda en general.

#Stopdemencia

P.D. Y a los humildes, minoritarios y maravillosos pericos nos queda la esperanza de que se anule la Liga y nos salvemos. Aunque todos nosotros preferiríamos bajar a segunda con tal de salvar la vida de uno solo de nuestros compatriotas que ya han fallecido. Descansen en paz.











martes, 4 de febrero de 2020

Anacronismos


El patético vividor Gabriel Rufián tiene esa extraña facilidad de ponerme a huevo replicas a las soberanas estupideces que dice. Claro que no es sólo él: en esta España nuestra del siglo XXI vamos sobrados de lerdos y lerdas iletradas, pero sin duda el glotón mal vestido se lleva la palma día sí, día también.

Lo de Gabriel se asemeja mucho a las míticas carambolas de Fernando VII, que al parecer no tenía la misma habilidad jugando al billar que nuestro cuatro veces campeón del mundo a tres bandas, el gran Dani Sánchez (originario del mismo pueblo que Rufián, por cierto), por lo que se las dejaban en bandeja para no alterarle. O para adularle. Y no acaban aquí las comparaciones entre ambos personajes, ya que el rey felón Fernando era gordo, con tendencia a la obesidad, poco agraciado y un gran aficionado a la carne y el cocido. También dicen que era astuto y que se rodeaba de gente vulgar. Parecidos razonables.


Decía ayer el infame diputado Rufián que el Rey no les representa, que la monarquía es una institución anacrónica. Y para más inri soltaba sus majaderías acompañado por la “crème de la crème“ de nuestros políticos, léase Laura Borràs, la golpista racista catalana, Oskar Matute, un maldito etarra,  Mireia Vehí, una pija burguesa convertida en antisistema a la sombra de la fugada  Anna Gabriel y finalmente Néstor Rego, un comunista trasnochado con constantes y húmedos sueños de ser terrorista y sembrar el mal. Ni que fueran los hermanos Dalton al completo. Aunque faltaría “Ma Dalton”, papel que podrían encarnar tanto Nuria de Gispert como Pilar Rahola (por aquello de viejas, locas, violentas y enfermas).

Agarradme mi copa de buen güisqui, que le voy a resumir al tonto del haba Rufián todo lo que es anacrónico. Empezando por su propia existencia.

Anacrónico es querer imponer la voluntad de una minoría al resto de la sociedad. Es decir, toda la demencia del “prusés” catalán, engendrado y alimentado por los ladrones señoritos de la burguesía catalana para esconder sus miserias y seguir expoliando a la buena y trabajadora sociedad catalana.

Anacrónico es utilizar un idioma como arma arrojadiza, herramienta de chantaje y salvoconducto para dividir a la sociedad, crear muros inexistentes y mangonear con asociaciones de protección o recuperación de algo que no necesita ayuda de ningún político interesado. Un idioma es algo superior, inherente a la población que lo habla, con su nacimiento, su evolución, su uso y hasta su desaparición. No existe filólogo o persona con un mínimo de cultura que pueda negarlo. Otra cosa ya sería hablar de enfermos racistas como los hermanos Arana y sus herederos, o los “historiadores” del Instituto de Nueva Historia catalán, que fueron y son capaces de reescribir la historia universal con tal de imponer sus enfermizas paranoias a la sociedad.

Anacrónico es vivir sin trabajar, sin aportar nada a la sociedad. Algo que hacen la mayoría de nuestros políticos, pero que se agrava en casos tan flagrantes como los partidos separatistas o los antisistema de la CUP, que con toda desfachatez declaran no creer en el sistema, en España o en la democracia, pero al mismo tiempo no dudan de cobrar sus generosos sueldos y sus prebendas adicionales en forma de descuentos, dispositivos digitales de última generación, bonos para el taxi y, si les dejan, hasta invitaciones para disfrutar de los parques de atracciones de la región y corticoles para las compras de temporada.

Anacrónico es ser parte de una banda de inútiles sin oficio ni beneficio, cual corte medieval alrededor del mandamás de turno, chantajeado y esclavo de sus apestosos votos, pasando el día ejerciendo de bufones, de correveidiles, de cortesanas o de forzudos, cobrando un intolerable dineral por insultar y menospreciar al pueblo español.

Anacrónico es vivir en una mentira permanente, usando la falsedad, la manipulación, el ocultismo y la tergiversación con el único fin de mantenerse en el poder. Estos malignos sistemas ya los sufrimos en Europa en los siglos pasados, y no es de recibo que la involución de los necios nos lleve de vuelta a las cavernas comunistas y nacionalistas que tanto mal hicieron al mundo occidental.

Anacrónicos son el matonismo y la chulería barriobajera, cuando no la amenaza violenta y asesina de los filo-terroristas, que utilizan para imponer sus ideas retrógradas, excluyentes y carentes de cualquier valor, a una sociedad atontada y esclavizada por sus medios afines. Medios dominados y comprados con malas artes a fin de manipular y utilizar la incultura de la masa para su propio beneficio.

Anacrónicos son la cleptocracia, la institucionalización de la corrupción, el nepotismo y el clientelismo, rasgos característicos del socialismo, el nacionalismo y el maligno comunismo.

Anacrónico es usar el feminismo como bandera de enganche en una sociedad tan avanzada como la nuestra, en la que hombre y mujer tienen los mismos derechos y obligaciones, no desde hace pocos años, sino desde hace un siglo largo de igualdad y justicia entre ambos sexos. Por no mencionar que aparte de anacrónico todo el montaje de la ideología de género es tan anti-científico como renegar de las vacunas o creer a pies juntillas lo que digan marionetas como Greta Thunberg y demás oenejetas, todos ellos socios, familiares y amigos de la ralea populista que se está adueñando de la sociedad.

Anacrónicos son el reggaetón, las batucadas y gran parte de la “música” de Rosalía, que nos devuelven a los bailes, tambores y gritos guturales de épocas prehistóricas.

Anacrónico es el maldito populismo, que no es una ideología sino una simple herramienta para alcanzar el poder, ya sea de izquierdas, de derechas, nacionalista, comunista, socialista o ecologista. Simples banderas de enganche para captar acólitos, apropiarse de sus votos y alzarse con el poder, la gloria y, sobre todo, el dinero contante y sonante que generan los nobles trabajadores.

Anacrónico es ir de la mano de terroristas, racistas, golpistas y demás gente de mal vivir.

Anacrónico es no tener estudios (o no haberlos interiorizado), no tener cultura, no saber leer ni escribir, no tener ni un mínimo de educación, no saber vestir, no saber estar.

Anacrónico eres tú, Gabriel Rufián.




viernes, 17 de enero de 2020

El año de la rata



Leyendo la prensa en el ya tradicional desayuno de todos los viernes (esos huevos fritos con panceta y patatas, junto a la siempre necesaria Mahou), me encuentro con que el sábado que viene se celebra el año nuevo chino y que, vaya sorpresa, entramos en el “Año de la rata”. Como entenderéis, los omnipresentes chinos me lo han puesto a huevo (o a huevos fritos).

Las ratas. Ya sabéis de quién hablo. La rata mayor, las ratas consortes, las ratas pelotas, las ratas amigas, las ratas compradas, las ratas poco “racializadas”, las ratas terroristas, las ratas comparsas, las ratas tontas, las ratas sucias, las ratas sodomitas, las ratas golpistas, las ratas asociadas…, en resumen, las sucias ratas idiotizadas e idiotizantes que han llegado al poder en España y que, salvo que nos movamos deprisa y unidos, acabarán con nuestra nación, nuestra historia, nuestro presente y, lo peor de todo, con el futuro de nuestros descendientes.

Parafraseando lo que cantaba Al Stewart en “The year of the cat”, una nueva versión de esta preciosa y tan recordada canción podría llamarse “The year of the rat”, obviamente con ligeros cambios en su letra, como por ejemplo de 

She comes out of the dark in a silk dress running
Like a watercolor in the rain
Don't bother asking for explanations
She'll just tell you that she came
In the year of the cat”.

a una nueva version “ratizada”.

She comes out of the dark in a dirty dress running
Like a black explosion in the rain
Don't bother asking for explanations
She'll just tell you what to think
In the year of the rat”.

Tengo que admitir que no tengo ni puñetera idea de lo que significan las ratas en la sociedad china (realmente desconozco casi todo de su cultura), pero es innegable que en el mundo occidental la rata simboliza algo malo, sucio, rastrero y epidémico. Consultando el DRAE, el Duden alemán o la Enciclopedia Británica, se ve claramente que todos los idiomas occidentales de raíz griega, latina y germánica tienen su acepción negativa de la palabra “rata”.

En nuestro querido idioma a la persona despreciable se la denomina rata, al igual que a la persona tacaña. Y al ladrón lo llamamos ratero. Por algo será. Por no hablar de la acepción de rata en alemán, “elende Ratte”, usado para definir a una persona asquerosa (widerlich).

Y en España tenemos tal gafe que justamente el año en el que las variopintas ratas han tomado el poder de forma fraudulenta, rebuscada, traidora y maquiavélica, los chinos, esos miles de millones de seres que dentro de pocos decenios dominarán el mundo por completo, celebran la llegada del año de la rata. Ya nos vale. Siempre pillamos.

El sábado que viene nuestra rata mayor, ese falso doctor ególatra que nos desgobierna, sin duda se felicitará a sí mismo, a las suyas y a todos nosotros, sus esclavos súbditos, en el año nuevo chino. Felicitación que por cierto omite por Navidad, por Semana Santa o por el Día de la Hispanidad.

Porque ya sabemos que en este país aún llamado España, los que mandan en estos aciagos días son proclives a felicitar al “pueblo” (será su pueblo, digo yo) por cualquier cosa, memez, celebración extranjera, fiesta budista, ballena rescatada, fiesta china o musulmana, por el día de StarWars, el día transgénero LGTBIJKLMNOPERSZ, o el aniversario de la liberación de los habitantes de Pandora; por cualquier cosa menos por nuestras celebraciones cristianas, hispanas y europeas.

Y solamente estamos a principios de año, en los primeros compases de ese oscuro "plan 2030" que ha puesto en marcha la rata Pedro Sánchez con sus socios, las ratas comunistas, las ratas separatistas y las ratas racistas, gracias al voto de la parte idiotizada y ratizada de nuestra sociedad (gracias a Dios la mayoría de los votos han sido a favor del necesario raticida).

¡Vaya año nos espera! Dios nos coja confesados.


O mejor aún, que nos mande con urgencia (si puede ser por Amazon Prime) al flautista de Hamelín.





P.D. Otra opción sería que volviera la única rata buena que conocemos. Nunca se sabe…



miércoles, 8 de enero de 2020

Año I, día 2.


Para desgracia de todos nosotros el nuevo año, que no la nueva década, no empezó el 1 de enero, como marca el calendario gregoriano por el que aún nos regimos en el mundo occidental, al que visto lo visto le queda menos vida que lágrimas a los neo-comunistas vividores de Podemos. El desgraciado año nuevo empezó ayer, día 2 del nuevo régimen y día 8 del calendario aún vigente. Porque de aquí nada igual se les ocurre adoptar el calendario chino, lo que nos llevaría al 4.717, o peor aún, y más en línea con sus patrocinadores iraníes, al año 1.441 del calendario musulmán. Del calendario hebreo ni hablar, eso lo dejan para los malotes extremistas pro-Israel de VOX.


Porque el falso progresismo de los nuevos aliados del Frente Popular que han tomado la Moncloa al asalto a base de mentiras, triquiñuelas, sobornos turolenses, amistades asesinas y ocultaciones varias (igual que hicieron en 1934), está bastante más cerca del siglo XV que del XXI, por mucho que se les llene la boca de palabras como progreso, libertad, justicia, igualdad y demás gritos infantiles que no llegarían a oír ni su propio eco en el más profundo de todos los valles. Arengas y proclamas al viento que mejor les sienta, el de la demagogia, la mentira, el egoísmo, el revanchismo y el nepotismo.

Hemos pasado varios años insistiendo en la similitud de los dirigentes de Ciudadanos con las veletas, algo innegable por otro lado, pero quizás no hemos insistido lo suficiente en algo mucho peor: la mentira permanente, institucionalizada, aceptada y refrendada por las masas enfervorizadas al grito de “¿Qué hay de lo mío?”, “Muerte el capital” o “Chalés para todos”. Marxismo en su pleno esplendor: mentir, manipular, tergiversar y matar si hiciera falta. Todo vale para llegar al poder. Y así ha sido.

Han mentido desde el primer día, sobre todo el falso doctor, ese ser abominable capaz de mentir varias veces en una misma frase, cambiar totalmente de opinión a la mañana siguiente y coger su avión particular al tercer día, para, bajo secreto de estado, visitar algún exótico destino al dictado de las largas noches de insomnio de Begoño devorando las guías de “Lonely Planet”.

Han manipulado usando para ello tanto los medios de comunicación privados (cautivos y afines), como la televisión pública, que, de ser un referente y un refugio para muchos de los españoles, ha acabado siendo un instrumento más de adoctrinamiento, manipulación y noticias sesgadas. Como una Sexta, una TV3, un Newtral o un “Maldito Bulo”, pero encima pagado con nuestros impuestos. Tanto los impuestos de los 10.920.950 votos representados en los 167 escaños que dieron el SI, como los de la mayoría social, cuyos 11.360.610 votos representados en 165 escaños que votaron NO, han quedado diluidos en un sucio y contaminado mar de acuerdos bajo mano, cesiones de poder, incumplimientos legales y desprecio absoluto a la democracia, la Constitución, la justicia, al propio estado y su máximo representante, su majestad el Rey Felipe VI. Aquí podría parafrasear a la ilustre, culta y elegante diputada de ERC, Montse Bassa, y decir que me importan un comino el Rey y la Constitución, pero no es así.

Han sobornado y tergiversado. No hace falta que entre en detalles. Desde subvencionar a las empresas del único diputado de “Teruel Existe”, por cierto, residente en Valencia, hasta pucherazos en muchas localidades y recuentos poco claros de los resultados electorales.

Y han matado. De forma indirecta, quizás, pero con el mismo grado de maldad y culpabilidad que sus socios terroristas de Bildu. Si los aceptan como socios, aceptan sus pecados. Y sus más de 850 viles asesinatos.

Y así hemos llegado, como tantas otras veces en nuestra historia, a tener que elegir bando. Y volvemos a estar, también como otras tantas veces, sin poder recurrir a una tercera vía que se acerque más a nuestros ideales y que al mismo tiempo tenga alguna posibilidad de triunfo.

En estos momentos no hay tercera vía que valga, salvo que optemos por el suicidio colectivo, la invocación del Apocalipsis o plegarias masivas para que estalle una guerra definitiva entre los EE. UU. e Irán y con ello reviente todo de una santa vez.

O estamos con España y con este sistema democrático que por mucho que nos disguste es lo mejor que podemos soñar en este momento, o estamos contra España, contra la historia, la verdad, la justicia, la igualdad y la decencia.






miércoles, 11 de diciembre de 2019

El maldito IVA del 0 por ciento


Aunque muchos sigamos pensando que IVA significa solamente “Impuesto sobre el valor añadido”, ese gravamen impuesto a todos los españoles en 1986 por indicación de la Comunidad Económica Europea y regulado en la ley fundamental 37/1992, hay otra definición a dichas siglas cuando su tasa es del cero por ciento, por desgracia mucho más costosa para el bienestar, el presente y el futuro de todos nosotros que cualquier tramo entre el 4 y el 21%.

Se trata de los “Imbéciles de valor añadido 0”. Para entendernos: los IVA al 0% son todas aquellas personas que no aportan nada al bien común, al crecimiento, a la cultura, al bienestar, a la paz, a la felicidad, a la riqueza, al prestigio, al arte, a la gastronomía, a la medicina, al deporte, a la docencia, a la gobernabilidad, a la justicia, a la ciencia en general…, es decir, los cenizos y vividores que sobran en cualquier sociedad. Esos seres tóxicos que todo lo que tocan lo destrozan. Esos malvados que solamente viven por y para sí mismos, sin mirar a izquierdas o derechas, al frente o hacia atrás, arriba o abajo, los que se pasan el día regodeándose ante el espejo, tocándose con autocomplaciente pasión y disfrutando de su feliz día a día destrozando todo lo que hay a su alrededor.

Y para nuestra desgracia, en esta histórica y gran nación llamada España, cuna de tantas personas que han aportado a lo largo de los siglos su esfuerzo, su bondad, su capacidad intelectual o su liderazgo para engrandecer a la sociedad, para avanzar y crecer, pues resulta que tenemos “IVAS0” para dar y tomar. Tantos como “billetes para asar una vaca” tenía el sindicalista Juan Lanzas, implicado en el tan pernicioso y vil como ocultado y silenciado caso de los EREs en Andalucía.

La relación es interminable: desde el presidente en funciones, el falso doctor Pedro Sánchez, pasando por el enano bailongo Iceta y sus ocho históricas naciones (que de históricas tienen tanto como Bardem de ecologista, Greta Majareta de científica, Ramoncín de músico, la Fallarás de culta, la Secta y Newtral de objetividad u Otegui de ser humano), hasta los malvados asesinos de ETA que ahora se permiten dar charlas sobre derechos humanos en las universidades de las provincias vascongadas: vivimos rodeados de tantos elementos tóxicos que es harto extraño que nuestro país no hay desaparecido del mapa hace muchos, muchos años.

Y aunque el gran Otto Eduard Leopold von Bismarck-Schönhausen jamás dijera que “España es el país más fuerte del mundo: los españoles llevan siglos intentado destruirlo y no lo han conseguido”, la persona que se sacó el chascarrillo de la manga no andaba equivocada: los españolitos de a pie, todo corazón y bondad, parecen hechos de otro material, y sin saber cómo, siempre conseguimos salir a flote, reinventarnos, salvar los muebles y recuperar nuestra estabilidad, nuestra grandeza y nuestro prestigio.

Esperemos que en estos graves momentos en los que la cuerda de nuestra propia existencia está tensada al máximo, alguien (o quizás todos juntos) consiga parar la locura que se ha apoderado de nuestra clase política. Sinceramente no tengo claro quién o qué puede ser ese salvador, esa persona, institución o autoridad, que sea capaz de frenar la oligofrenia del presidente en funciones que nadie votó.

¿Quizás sea el rey? ¿O los partidos constitucionalistas? ¿Los pocos miembros del PSOE con cerebro y agallas (dicen por ahí que existen)? ¿Los partidos minoritarios con sus votos puestos a subasta en la lonja del Congreso? ¿Los miembros del Consejo de Estado? ¿La Junta de Jefes del Estado Mayor? ¿La Conferencia Episcopal? ¿Luis Enrique?

Buf. No veo a nadie capaz de arreglar el desaguisado.

Y no quiero volver a mentar al deseado, ese meteorito salvador al que, desesperado ante tanta sinrazón, recurro cada tanto.

Menos ahora, cuando estamos a pocos días de celebrar la Navidad y yo de poder disfrutar de unos días en familia, con la escudella, la carn d’olla, el capón y las posteriores copas navideñas por los barrios de Sarriá y San Gervasio, en la siempre agradable compañía de la buena gente de Barcelona.

Los que enriquecen a la sociedad. Con su generosidad, simpatía, paciencia y bondad.

Que comparado con lo que aportan los imbéciles de valor añadido cero, es mucho. Muchísimo.

P.D. Sirva este pequeño artículo como recuerdo y homenaje a Miguel Ángel Gómez Martínez, un amigo de muchos de nosotros, recientemente fallecido a demasiado temprana edad: sin duda un ejemplo de persona con valor añadido, buena, simpática, generosa, paciente y bondadosa. ¡Miguelón, presente!