jueves, 19 de abril de 2012

20 minutos en el presente


Alguno de mis fieles lectores igual se acuerda de un personaje digitalizado, si es que a los efectos especiales del final de la década de los 80 los podemos llamar así, llamado Max Headroom.  Se trataba de la historia de un reportero que descubría la manipulación oculta que realizaba su cadena de televisión insertando “blipverts” (frente a adverts), mini mensajes camuflados en programas o anuncios, para enviar informaciones subliminales a la audiencia. La película basada en este personaje se llamaba “20 minutos en el futuro”, de ahí el título de mi artículo.
Esta película, posteriormente convertida en serie, no trataba sobre nada nuevo sobre la faz de la tierra: el poder, sea visible u oculto, siempre se ha dedicado a la manipulación de su público, con el fin último de mantenerse en esa posición de privilegio, manejar los hilos de las marionetas a su cargo y vivir de la inocencia, estupidez, incultura y, sobre todo, del esfuerzo de los demás. No hace falta que relate a mis preparados y cultos lectores los cientos de ejemplos conocidos en la historia, los Grandes Hermanos, las estrategias propagandísticas de los sistemas dictatoriales, sobre todo los comunistas y socialistas,  las manipulaciones informativas de los grandes gobiernos sobre hechos históricos, los descuidos de los mezcladores de las televisiones públicas y privadas insertando imágenes de “enemigos” fuera de contexto en reportajes sobre  violencia, maldades o calamidades, algo muy en boga por cierto en nuestras televisiones patrias, o las últimas patrañas inventadas por lady Botox Kirchner y su adlátere (¿y no será más que eso?), el inefable neokeynesiano Axel Kicillof, para justificar el expolio de una multinacional española. Patrañas a las que por cierto los argentinos son muy aficionados: ¿quién no conoce a un argentino guapo, alto, de ojos verdes, dicharachero, pero sobre todo, mentiroso, exagerado y engatusador?
Pero lo que me ha llevado a recordar a Max Headroom y sus coloridos fondos de pantalla no han sido ni las actuaciones teatrales de la nueva Evita, ni la escenificación de arrepentimiento del Borbón que encabeza nuestro estado, actuación esta que ha calmado a las fieras en un santiamén, cuál bálsamo de fierabrás que cura todo, y que ha obrado el milagro de que donde ayer todos decían digo y se rasgaban las vestiduras pidiendo una nueva república, la renuncia del rey,  más tiros a los pies de sus nietos y sexo gratuito con su nuera, por aquello de enseñarle algún juego erótico que no haya probado en su dilatada carrera, hoy dicen Diego y se proclaman orgullosos de su Majestad, como si cuatro palabras balbuceadas solucionaran todos los problemas que nos afectan hoy en día en España y facilitaran olvidar el pasado poco glorioso del actual monarca y su familia; nada de todo esto me ha incitado a escribir esto, sino algo mucho más grave, por lo menos en mi opinión: la absoluta y constante manipulación que lleva a cabo el nacionalismo catalán  en todos los ámbitos. Me explico.
Después de más de 40 años viviendo en Barcelona, mi ciudad de nacimiento, mi patria chica y cuna de mi equipo del alma, el más que centenario Real Club Deportivo Español (esto lo detallo para aquellos tan manipulados que hasta ignoran que Catalunya es más que un Club, que aparte del Bar$a  también existen el Español, el Júpiter, el Europa, el Joventut y cientos más), ahora llevo residiendo desde hace unos meses en Madrid, España (no en otra de las 9 ciudades llamadas igual en el mundo).
Y aquí, a unos pocos cientos de kilómetros de Barcelona,  se siguen los temas políticos, el fútbol, la economía y las noticias de sociedad igual que ahí, pero con una gran diferencia: en la calle, en el día a día, existe una tolerancia absoluta hacia las opiniones de los demás, por muy diversas que sean, y, sobre todo, no se convierte absolutamente cada detalle, cada gesto, cada palabra, cada bandera, cada cántico, en un agravio, en un ataque a la identidad del otro ni en una oscura intención de acabar con algo o con alguien. Las personas no viven obsesionadas, ni todo gira en torno al Madrid, al Atlético, al Rayo o a los catalanes o vascos, ni todas las conversaciones versan sobre lo malo que es tal político, lo explotadores que son los de la región de al lado y lo poco que tenemos que ver históricamente con los vecinos del 4º1ª.
Es como haberse trasladado, por fin,  a un mundo normal, en el que existe la libertad, en el que las diferencias no se convierten en obstáculos infranqueables, en el que las aficiones y las ideas no son sinónimo de odios y venganzas, en el que puedes opinar, contradecir y discutir sin que te tachen de loco, de enfermo, de reaccionario o de fascista.
En resumen, que la obsesiva e insistente manipulación a la que se ven sometidos los ciudadanos en Barcelona, en Cataluña (y supongo que pasará tres cuartos de lo mismo en las vascongadas), y el constante goteo de “blipverts”, de pequeñas manipulaciones de la realidad que van entrando en tu subconsciente, y que al final, a base de insistencia, asumes como normales, han desparecido de golpe de mi vida. Y no ha sido por cambiar de hábitos o de ideas ni por dejar de leer la misma prensa que leía en Barcelona, no, ha sido simplemente por dejar de estar sometido al dictado del nacionalismo que impregna hasta el aire que se respira en mi tan bonita y añorada Barcelona.
Porque ayer tuve el pronto de sintonizar durante unos pocos minutos el canal por satélite de la corporación de radio y televisión catalana, y fue en ese preciso momento cuando de golpe recordé a Max Headroom y comprendí que este periodista virtual se adelantó a la realidad en más de 30 años, y que la cadena perversa para la que trabajaba, que insertaba cuñas imperceptibles en el subconsciente de los ciudadanos, no se llamaba Network 23, sino TV Three.  No doubt.

lunes, 9 de abril de 2012

España, ese gran lupanar


Lupanar,  burdel, congal, prostíbulo, casa de citas, casa de lenocinio, casa de putas, casa de trato, casa pública, quilombo, bar de camareras, night-club, sala de masajes , mancebía o simplemente “el puti”. No será por falta de palabras en nuestra querida lengua española que dejemos de nombrar ese lugar tan visitado por los españoles y tan manido en estos últimos días a raíz de la próxima irrupción del vicio importado directamente desde “Las Vegas”. Si por lo menos el origen del capital inversor viniera de “The meadows”, pero no, hasta el nombre es de proveniencia hispana. Qué le vamos a hacer. Y arriba digo  visitado por “españoles” con toda la intención del mundo.
Porque en la vida hay pocas cosas que me solivianten más que la falsa moral y la hipocresía de los españoles cuando se habla de estos temas. Igual las ayudas arbitrales al Barza (siento ser repetitivo, pero el Villarato está ahí, enquistado en nuestra sociedad al igual que el puterío), la incultura de algunas ex ministras o la desfachatez de bautistas, urdangarines o millets, podrían crispar mis ánimos en un momento dado, pero comparado con la rabia que me producen los discursos fariseos de la inmensa mayoría de mis conciudadanos cuando se habla de la prostitución, serían como un chiste malo de Eugenio (D.E.P.) (si es que tuvo chistes malos).

Los ilustres columnistas de la prensa que suelo leer, la del fondo a la derecha (la de muy al fondo y muy a la derecha), están rasgándose las vestiduras en estas últimas semanas por los artículos, vídeo-reportajes y demás comentarios críticos sobre España y su “tan conocida afición” por los mujeres que fuman, que están publicando tanto en el resto de Europa como en los “castos” EE.UU. de América. 
Pero en vez de quedarse calladitos, que es como están más guapos, estos periodistas sacan a relucir su falsa y exagerada indignación ante los insultos que los países bárbaros del Norte están vertiendo a raudales sobre nuestra casta, pudorosa, religiosa y familiar tierra patria. Desconozco lo que estará diciendo la “otra” prensa, la de la tan culta e intelectual izquierda, pero, sinceramente, y nunca mejor dicho, me la trae floja (discúlpeme el lector por esta expresión, pero no me podrá negar que viene como anillo al dedo).

Seamos serios, queridos amigos nacidos y residentes en la piel de toro. España, por suerte o por desgracia, allá cada cual con sus valores morales, ha sido, es y, salvo que caiga sobre nosotros un Armagedón milagroso y purificante, será un país en el cual la prostitución es parte intrínseca de su propia cultura y de sus raíces. 
No hace falta que hagamos un repaso a nuestra historia, nuestra literatura o cualquier otra de las bellas artes. Todos sabemos muy bien de lo que estamos hablando, desde la literatura medieval, pasando por el recientemente desaparecido Codex Calixtinus y los cuadros de nuestros más ilustres pintores hasta las letras de nuestros “hits” musicales de cualquier época, los españoles siempre hemos considerado la prostitución como parte de nuestras opciones de ocio. Desligando la parte espiritual que debería de ser consustancial a cualquier relación sexual, por lo menos en mi opinión, el sexo de pago ha sido banalizado de tal forma en nuestra cultura desde hace siglos,  que da vergüenza ajena que alguien ahora ponga el grito en el cielo porque los demás países se estén cebando con nosotros.
Y no es que lo hagan en estos precisos momentos por altos valores morales, que en estos temas poco se diferencian los nórdicos de nosotros. Las campañas mediáticas que estamos sufriendo en la actualidad se deben simple y llanamente a los celos que tienen los demás países de que, si todo sigue su cauce previsto, un empresario norteamericano desembarque en Alcorcón o en el Prado del Llobregat para montar un complejo de ocio ligado al juego, el espectáculo y, obviamente, al sexo sin amor. Ahora que escribo Prado del Llobregat en vez de Prat me doy cuenta de lo interesante que sería esta ubicación para los yanquis: un prado es una vega, por lo que podrían llamarlo sin pudor Las Vegas 2. Aunque no quiero enemistarme  con mis nuevos conciudadanos madrileños y votar en contra de los intereses de esta región, por lo que seguiré opinando que es mejor el terreno desértico de la comunidad de Madrid que estropear el área protegida de la desembocadura del río Llobregat, parque natural rico en especies y cuna de la denominación de origen del sabroso pollo de la raza Prat. Tema este último que seguro que acabaría convirtiéndose en un chiste muy fácil, el de la polla del Prat. Con perdón. Otra razón para votar por Alcorcón, aunque rime con..., mejor dejarlo.
Por otro lado, y en brava y gallarda defensa de nuestra sangre y herencia cultural, hay que dejar bien claro que los demás países no andan muy lejos en lo que se refiere al sexo de pago. Desde los mega-prostíbulos más grandes del mundo construidos en Alemania hace unos  años para saciar el hambre de amor de los hinchas futbolísticos, hasta la prostitución institucionalizada en las repúblicas bálticas o Rusia, pasando por la regulada gestión carnal holandesa o la nada discreta vida sexual a lo “bunga bunga” del ínclito presidente italiano Berlusconi, aplaudida y admirada de soslayo por la mayoría de sus conciudadanos, sabemos muy bien que en todos los países cuecen habas.  
Los únicos que igual se podrían salvar en este caso son los ingleses, dado que ellos prefieren la compañía del dios Bacco a cualquier otro placer mundano y ellas nunca han pedido dinero a cambio de favores sexuales, lo hacen directamente, por naturaleza y sin ningún tipo de pudor ni higiene; e igual los portugueses, que siempre afirmarán con rotundidad que en su país no hay mujeres de mal vivir y que tienen que desplazarse a España para ese fin. Algo comprensible teniendo en cuenta que las féminas de dicha nación lucen en su mayoría tal bigote que en el servicio militar portugués nunca tuvieron que recurrir al bromuro para calmar las ansias juveniles de sus reclutas; adorno peludo éste que, salvo desviaciones contra-natura,  acaba con la libido de cualquier hombre hecho y derecho.
En resumen, queridos periodistas, dejad de rasgaros las vestiduras ante los insultos que vengan de allende los pirineos, poneros delante del espejo, y, con toda la sinceridad del mundo, admitid que este país es un país de puteros. Y no acepto la falsa excusa de que en España hay tantas prostitutas porque es necesario saciar a los millones de turistas sexuales que nos visitan cada año con este fin: las cientos de miles de meretrices que pueblan nuestra tierra comen cada día, no solamente en época de vacaciones.

Y tampoco creo que los polígonos industriales de Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia sean parte del paquete turístico contratado en “Trivago” por los extranjeros que nos visitan cada año, ni que el sinfín de casitas con luces rojas de nuestras tan queridas carreteras nacionales, las que parten desde la Puerta del Sol y empiezan por la letra ene, lleven este distintivo para proclamar que “No somos puteros”.  

Más bien creo que la llevan para remarcar lo de “Nosotros primero.”


domingo, 8 de abril de 2012

España, esa larga procesión


Con la Semana Santa recién finalizada en la jornada de hoy, para los católicos creyentes el día más importante del año, la Pascua de Resurrección, acaba también un fin de semana largo de asueto, viajes y consumo para una parte de los ciudadanos de España. 
Para otros muchos, la situación económica que sufrimos (excluidos, como no, aquellos que deberían de velar por el bien de la nación, ya sea en el poder o en la oposición, por su vocación en el caso de los políticos opositores y por su promesa o juramento prestado en el caso de los gobernantes, que se libran en ambos casos de cualquier crisis sin que la mayoría alelada se inmute), esta Semana Santa habrá significado la renuncia al viaje a la costa o a la montaña, por no hablar de las añoradas salidas al extranjero que no recuperaremos en mucho tiempo, a no ser que algunos manipuladores en Cataluña o las Vascongadas den el paso definitivo y planteen su salida de la nación común (esa patria forjada por nuestros héroes, escritores, inventores y gobernantes durante muchos, mucho siglos, cuya historia tergiversan a su antojo y convierten en enemiga en sus respectivos sistemas educativos totalitarios),  y una visita a Barcelona o a Bilbao precise trámites previos, visados y hasta vacunas

Pero gracias a Dios, como bien describe mi admirado Juan Carlos Girauta hoy en ABC, una posible independencia de partes de España está muy lejos de la realidad, tanto como que los árbitros juzguen por igual al Barza que al Real Madrid o al RCD Español (esto último es mío, no de Juan Carlos, obviamente). Si en cualquiera de estas dos regiones (cantones, aldeas, taifas, nacioncillas, autonomías o como quieran llamarlas) se planteara una consulta popular “oficial” y seria sobre su destino, este acabaría siendo una unidad en lo universal, como bien definió José Antonio hace ya casi un siglo. Más aún en los tiempos de globalización que corren, en la dependencia económica que tienen unas regiones de otras y, sobre todo, en la realidad social de dichas autonomías, en las que a la mayoría seria, silenciosa, sufrida y trabajadora se la traen al pairo los mitos nacionalistas, los supuestos robos que sufren por parte del resto de España o los concursos autóctonos de arrastrar bueyes o bailar las milenarias sardanas inventadas por un jienense hace poco más de un siglo. 
Lo que le importa a la gente es el día a día, es pagar la factura del gas, es poder dar de comer a sus hijos y poder hablarles en su idioma materno. Encima, para rematar,  todos se saben y se sienten españoles, por muchas sandeces que suelten los medios afines y subvencionados con encuestas sesgadas y celebradas de tapadillo en calçotadas populares o aquelarres vascones, o por mucho ruido que hagan cuatro histéricos manipulados por los poderes ocultos y oscuros del empresariado nacionalista (y sus lacayos políticos a sueldo), elementos estos que usarían hasta las urnas con las cenizas de sus ancestros para guardar sus pingües beneficios y sus prebendas a buen recaudo ante el inexistente robo centralista.
Siendo pues imposible salir de viaje por la falta de parné, una gran parte de la ciudadanía se ha volcado, donde la lluvia lo ha permitido, en la asistencia a las procesiones de Semana Santa, tan ricas, emocionantes y variadas, que se celebran en nuestra piel de toro, de Norte a Sur y de Este a Oeste, incluyendo, claro está, Cataluña y las Vascongadas, aunque ahí las conviertan en muy suyas y diferentes a las del resto de España, otro sinsentido al tratarse de celebraciones religiosas y encima de una religión común y compartida. Pero no les demos ideas desde aquí, no vaya a ser que planteen una nueva herejía, cual Luteros del siglo XXI, y veamos a Arturito Mas o Patchi López clavar un “stick” usb en el ordenador de la Conferencia Episcopal desafiando a la unidad de la Iglesia española.  
Y tampoco nos vamos a engañar a estas alturas: la asistencia a las procesiones tiene, por desgracia, mucho más de folclore que de fe cristiana, y en tiempos de crisis y necesidad, como bien es sabido, todo el mundo recurre a las fuerzas superiores, ya sean religiosas (como nos demostró ayer hasta el dictador  “bolivariano” Hugo Chavez asistiendo a una misa por su curación), o pura superstición, como consultar a videntes, brujas o ir a echar un cartón al bingo de la esquina. Cuanta más crisis, más suben las recaudaciones de los juegos de azar y de los falsos profetas con sus tarots comprados en un “Todo a 1 eulo”. Algo comprensible, por otro lado, siguiendo el clásico dicho español “de perdidos, al río”. En esto no cambiaremos nunca, a los españoles siempre nos ha gustado seguir el refranero popular: sobre todo cuando nos hace falta.

Yo he tenido el honor de participar por primera vez de forma activa en una de estas procesiones (muchas gracias Raúl), la del Santo Entierro en Madrid, y ha sido una experiencia enriquecedora en muchos aspectos. Dejando a un lado la parte mística o religiosa, por la que participé y cuyos efectos son  tan personales que no pintan nada en este artículo, el “teatro” que se monta alrededor de una procesión tiene, por desgracia, mucho  verbena y poco de recogimiento espiritual o de acto de fe. 
Tampoco es que descubra nada nuevo, pero verlo desde dentro, con la ventaja del anonimato absoluto que te otorga el verdugo que cubre tu cabeza y te oculta ante los demás, sean conocidos o extraños, es una dimensión nueva que da mucho que pensar. Después de pasear durante casi 3 horas por el centro de Madrid, con un cirio en la mano y escuchando a centímetros de mí comentarios, conversaciones banales, risas, alguna que otra blasfemia y (menos) oraciones o peticiones, entiendo muy bien la afición de los anti-sistema  por encapucharse a las primeras de cambio, o la capucha de rigor que llevaba el verdugo en otras épocas. De golpe te encuentras fuera de la sociedad, ves y oyes sin tener que hablar ni ser reconocido. Como si fueras invisible. Es la impunidad absoluta, aunque en el caso de los nazarenos su objetivo sea bueno y, en muchos casos, sentido, y en cambio si hablamos de los anti-sistema este camuflaje se convierta en un arma maligna muy bien aprovechada. Por un lado les permite ocultarse y por otro psicológicamente les libera de tal forma que de golpe se sienten como si estuvieran por encima del bien y del mal. Así acaban reventando cafeterías y saqueando tiendas de moda. Me imagino que en el caso de los disfraces de carnaval los sentimientos  serán similares, aunque habiendo pasado tantos años desde que me puse mi último disfraz (exceptuando el traje, la camisa y la corbata de rigor del día a día), no recuerdo haberme sentido tan extraño como me sentí ayer desfilando como nazareno por el corazón de nuestra España, a la que, por muchas rogativas que lancemos al cielo, le queda una procesión muy larga por delante.
Y encima con los políticos, sobre todo los nacionalistas,  vestidos permanentemente de nazarenos, escondidos sin dar la cara ante el ciudadano, cual verdugos a punto de separar nuestra cabeza del tronco común llamado ESPAÑA.

P.D. Leer el especial del diario ABC de hoy, dedicado a elogiar nuestra patria común y a realzar los valores españoles, ha sido una gran alegría, más aún por su coincidencia con el Domingo de Resurrección, aunque da mucho que pensar¿Tanto miedo hay al nacionalismo que tengan que salir a la palestra políticos, artistas, militares y deportistas a loar la grandeza y riqueza de España? ¿O se está cociendo algo más que no sabemos y de verdad existe la posibilidad de que algún zumbado llevé adelante un intento de separación de España? 
Yo, después de disfrutar de todos y cada uno de los artículos, me he quedado con la duda rondando mi cabeza, ya liberada del verdugo negro que lucía ayer.

P.D.D. Han pasado escasas 12 horas y "La Tercera" del ABC abre con con un artículo de Javier Rupérez titulado "El desguace de la nación española". Lo escrito por mi más arriba parece un cuento de niños ante este análisis. Vamos mal, amigos, muy mal.



martes, 20 de marzo de 2012

Y nos comimos al Viajero

Después de un mes largo de residencia en Madrid, capital de esta nuestra España tan revolucionada en estos días por la conmemoración del segundo centenario de la proclamación de la tan mitificada “Pepa”, constitución de largo parto y corta vida y encima desconocida para la mayoría (inculta) de habitantes de nuestro país, algo que no es óbice para que los ciudadanos de a pie se vuelquen en fiestas, homenajes y jolgorios varios (ya sabemos todos que en España no es importante la razón de la fiesta, sino el hecho en sí de celebrar y tomarse unas cañas, como bien dijo un líder “obrero” hace poco tiempo), este largo fin de semana he tenido el placer de aprovechar aquello del “kilómetro cero” de la capital, y enfilando una de las múltiples y cronológicamente numeradas carreteras nacionales, me dirigí, en compañía de mis tan agradables anfitriones (Paloma, Ángel, Nacho y Ángeles),  hacia Cuéllar y Carbonero el Mayor, poblaciones situadas al noroeste de la Puerta del Sol.
Al venir a vivir a Madrid tenía muy claro que estas salidas radiales desde la capital iban a ser parte de la magia que me esperaba en mi nueva vida: la posibilidad de conocer un poco más aquellos pueblos, lugares, parajes  y monumentos que por hache o por be aún no he podido visitar, ya sea por la no coincidencia con ninguno de los Caminos de Santiago tradicionales que atraviesan la piel de toro y que llevo años recorriendo a pie,  como por la lejanía de mi patria chica, Barcelona, y la imposibilidad que tenemos todos de visitar y conocer todo aquello que deseamos.  Muchas vidas nos harían falta para ver todo aquello que deseamos, pero bueno, entre los sueños, la lectura  y las maravillas tecnológicas de hoy en día (que también tienen su lado positivo), léase Google Maps, Youtube, enciclopedias online o cualquier otro servicio de valor que ofrece la Red hoy en día, vamos trampeando y visitando virtualmente sitios que de forma presencial igual no conseguiremos ver jamás.
Enfilamos pues a media mañana la salida noroeste de Madrid, en dirección a Cuéllar, primera parada de esta excursión.  Algo me sonaba a mí de esta población, aunque a quién más y quién menos lo primero que se le vendría a la cabeza es el conocido jugador de fútbol (que militó en el Betis y el Barza), nacido en Villafranca de los Barros, villa pacense que si tengo el placer de haber visitado junto a mis tan añorados amigos peregrinos Carlos y Lupe, en nuestro caminar por la Vía de la Plata, por lo que tuve que recurrir al truco del almendruco, al ideal del sabelotodo, y a hurtadillas averigüe, consultando a mi amigo googuelín,  lo básico sobre dicha población. Villa histórica, como tantas otras que espero conocer en esta zona de España que rebosa Imperio por todos lados, y que tiene su propia “Ruta Imperial” señalizada, la visita transcurrió entre unas cañas en el bar “Mudéjar”, repleto de antiguos instrumentos musicales y una colección de cedés digna del mayor de los melómanos, una visita por el exterior del Castillo de los Duques de Alburquerque, curiosa edificación en varios estilos arquitectónicos y un paseo por el casco antiguo, incluyendo una sorprendente iglesia del Siglo XII desacralizada  y convertida en un agradable bar de copas (La Cúpula de San Pedro). Las interesantes historias sobre el cultivo y la transformación de la achicoria en esta población, que llego a tener 11 fábricas de este sucedáneo nacional del café, y de las que ahora ya solamente se mantiene en activo una,  que sirve la base para los muy buenas “delicias” locales, significaron el fin de nuestra corta visita y el enfilar nuestro principal destino del día, Carbonero el Mayor.


No voy a negar aquí la evidencia: el fin último del viaje, historia, cultura y paisaje aparte, era, como en la mayoría de las actividades lúdicas del ciudadano español,  gastronómico. Resulta que en esta población se crían los únicos bueyes de trabajo españoles con denominación de origen, fruto del esfuerzo de la familia García Álvarez, que según las expertas explicaciones del propietario y de su cuñada son únicos en nuestro país (el resto del supuesto buey que solemos degustar en otros lugares es vaca, pura y a veces hasta dura), equivalentes en calidad al mítico buey japonés de la ciudad de Kobe, algo que después de probarlos podemos confirmar sin lugar a dudas. En un agradable “horno de asar”, llamado el Riscapudimos deleitarnos con varios entrantes escandalosamente buenos  y, literalmente, devorar  varias bandejas de una carne de buey como no la he probado en mi vida. Servida en láminas finas y pasadas éstas vuelta y vuelta por unas piedras calentadas, que el excelente servicio nos iba cambiando con presteza, este objetivo inicial del viaje superó con creces nuestras expectativas.  Ojo avizor tuve que estar en no perderme en superfluas consultas con el móvil u otras distracciones para poder disfrutar de este manjar sin que los demás comensales dejaran las piedras más lisas y frías que en origen. Pero ya venía avisado de que en este grupo, el que no corre, vuela. (Es broma)

Acabado el increíble ágape, palabra que en su primera acepción de la Real Academia es aplicable perfectamente al rato que compartimos, exceptuando quizás el carácter religioso de dicha definición , y después de hablar con uno de los propietarios y mostrarles nuestro interés por conocer a los sabrosos bueyes que acabábamos de engullir desmembrados en finas y sabrosas lonchas, uno de los miembros de la familia (me niego en rotundo a escribir “miembra”, por mucho que pataleen últimamente las feminazis incultas, más aún cuando el corrector del Word subraya en rojo, con mucha sabiduría,  esta palabra), en concreto la cuñada, nos acompañó a la cercana finca en la que pudimos ver a los ya “interiorizados” bueyes en su hábitat natural, pastando unos cuantos en el campo en total libertad, y cercados otro grupo de ellos para su próximo sacrificio. La visita a estos imponentes animales, con pesos que oscilan entre los 800 y los más de 1100 kilos de estupenda carne española, peso del que luego solamente llegan al plato unos 300 kg, lo que se traduce en una sacrificio anual de más de 100 animales para disfrute de deportivos excursionistas como nosotros, fue un bonito colofón a una jornada cultural-gastronómica para recordar, con su punto culminante en la pregunta de una niña pequeña que nos acompañó en la visita, que reclamó volver a montar en el buey que conoció en una anterior visita, solicitud a la cual la guía contestó con un claro y desacomplejado: “Niña, que al Viajero, al que montaste el otro día, os lo acabáis de comer!”.  Ni que decir que la cara de la niña cambió de expresión y de color en un santiamén, pero  la naturalidad de la contestación, las risas generales y la presencia de un grupo de cerdas peludas húngaras, una de ellas con un extraordinario parecido a nuestra ínclita Cayetana, Duquesa de Alba, hasta el punto de ser llamada así por los propietarios, evitaron hacernos sentir a todos causantes de un trauma de infancia de la inocente jovencita.  Como ya decía al principio, un día genial por la España Imperial.
Repetiremos.






P.D. Querido lector: te recomiendo que visites este restaurante a la primera ocasión que tengas. La justita hora y media que se tarda en coche desde Madrid quedará olvidada al primer bocado que pruebes. Fijo.

lunes, 5 de marzo de 2012

Madrid, España.

Igual es un poco pronto para rendir homenaje a esta gran ciudad y sus gentes, que me han acogido como si fuera uno más de ellos, sin extrañeza, sin desconfianza, con alegría y generosidad, pero no puedo dejar de escribir estas primeras líneas hoy mismo, en vez de esperar a que pasen meses o años. Este “defecto”, que arrastro desde niño, de no poder guardar nada en secreto, de querer compartir de inmediato cualquier descubrimiento o sentimiento, no puede desaparecer de golpe, por mucho que me esfuerce, por lo que aquí va mi primer homenaje a la Villa y Corte, que seguro que será el preludio de muchos más artículos en este mi modesto blog, que desde sus inicios hace más de 7 años tiene el título de “Mi querida España…”: encabezado que ahora viene a reafirmarse con mi presencia y residencia en el centro mismo de esa España a la que tanto adoro y que es el eje sobre el que pivota mi vida desde que tengo consciencia. Y de eso ya hace unos cuantos años.

No voy a contar aquí nada que no conozcan mis lectores habituales. Las características positivas de esta urbe tan acogedora son por todos conocidas, y cualquier exageración de sus bondades, de su riqueza cultural, de la simpatía de sus habitantes, de la calidad de sus servicios públicos, de su oferta cultural o lúdica, de sus rincones notorios y famosos en todo el mundo y de aquellos desconocidos para la mayoría, de la riqueza gastronómica y de todo lo demás que estoy viendo (y lo que me queda por ver), no es charlatanería interesada, sino simplemente una confirmación de la realidad.

Es por ello que todo lo que escriba aquí no tenga como objetivo principal descubrir al lector algo nuevo, sino más bien la “malvada” intención de recordárselo, de restregárselo (con todo cariño) por la cara, para ponerle los dientes largos e incitarle a venir por aquí cuanto antes.

No será tarea difícil: después de dejar atrás mi ciudad de nacimiento y de residencia durante más de 40 años, Barcelona, capital de provincia (esto de las CCAA sigue sin gustarme, y visto el mal resultado social y económico que han generado, creo que mucha gente pensará lo mismo) muy importante de nuestra patria e historia común, estandarte de la españolidad bien entendida durante siglos, vanguardia cultural y empresarial en otras épocas, rica en idiomas, en tradiciones, en gastronomía, en un sinfín de temas, pero venida a menos en estos últimos decenios (que no siglos) por culpa de los sucios intereses creados por las minorías burguesas nacionalistas, ávidas de acumular beneficios económicos a su alrededor, utilizando para ello cualquier resquicio de simpleza, inocencia o incultura de los ciudadanos, hasta el punto de inventarse mitos y leyendas para engañar al inmigrante y al ciudadano poco leído, en definitiva, al votante, a fin de perpetuarse en el poder, cual ociosa corte medieval alrededor de un conde cualquiera, que no rey, que nunca tuvieron; pues después de abandonar esa ciudad, cualquier cosa que veo, siento, oigo, descubro, huelo, en definitiva, vivo, en esta mi nueva casa, me sabe a gloria.

A los que no sois de Barcelona, o la conozcáis solamente de forma superficial, de visitas esporádicas o de oídas, os parecerán muy extraños mis comentarios críticos sobre mi patria chica. Pero os aseguro que si fuerais nacidos en Cataluña, en Barcelona, y sufrierais la impotencia de ver como vuestro hogar, vuestras calles, vuestra infancia, vuestro idioma catalán original, vuestras tradiciones y recuerdos, son barridos por olas, que no tsunamis, de insensatez, de inmigración africana fomentada (para evitar la equivalente de tierras hermanas de Sudamérica, por aquello del idioma común que quieren extirpar del corazón de los catalanes) y descontrolada, de politización absurda y ladrona, de dictadura nacionalista, de contra-educación subvencionada con tus impuestos, de falsedad oficial, de imposición del pensamiento único, de patético “forofismo” culé instrumentalizado hasta en los colegios de primaria, de fanatismo tribal y excluyente, en resumen, de tamaña estupidez que enrojecería de vergüenza ajena a muchas generaciones de grandes barceloneses ya fallecidos, no os extrañarías ni un ápice, y pensaríais, en mayor o menor medida, lo mismo que yo. Y lo proclamaríais a los cuatro vientos para conseguir, a base de ruido e insistencia, que Barcelona vuelva a ser lo que era.

Pero mientras tanto, mientras Barcelona, y con ella toda Cataluña, languidece bajo el yugo estúpido-ramplón-interesado del nacionalismo y de la patética izquierda retrógrada, yo iré conociendo Madrid.

Sin acritud hacia mis orígenes, pero con una ilusión tremenda de sentirme, a las pocas semanas, como en casa, aunque físicamente esté a 609 kilómetros de mi lugar de nacimiento, y con mi corazón latiendo a un ritmo mucho más acelerado, por la emoción que me embarga a cada paso que doy por este mi nuevo hogar.

¡Madrid, Madrid; qué bien tu nombre suena,

rompeolas de todas las Españas! (A.Machado)

P.D.: Quede dedicado este primer comentario sobre Madrid a todos mis amigos que he dejado en Barcelona, y, sobre todo, a toda la buena gente que he reencontrado y a la nueva que he conocido en este poco tiempo que llevo en esta gran ciudad. No quiero ni pensar en todo lo bueno que tengo por delante, pero no dudéis que os haré partícipe de todo. Para esto tengo estas páginas publicadas en esa “nube” tan abstracta que todo el mundo nombra, pero que aquí, en medio de la piel de toro, se torna visible y protectora, y adquiere unos colores que son parte de mí existencia: una combinación roja y gualda que ilumina mis despertares y acompaña mis atardeceres.



jueves, 23 de febrero de 2012

Queridos alumnos

Me dirijo a vosotros sabedor de que en vuestra inocencia juvenil no llegáis a ver toda la mentira que hay detrás de las actuaciones de los mayores. O mejor, para ser ecuánimes, de una parte de los mayores: no vayan a pagar ahora justos por pecadores y convirtamos a todos los adultos en falseadores de la realidad y agitadores profesionales. Sé a ciencia cierta que hay mucha gente de edad que trabaja duramente, que no miente, que no manipula, que no se inventa fallos en el funcionamiento de la calefacción y que no registra dominios en Internet referidos a hechos que aún no han sucedido. Como si viajaran en el tiempo montados en un haz de neutrinos. Aunque igual es justamente esto lo que están haciendo: superando la velocidad de la luz están volviendo atrás en el tiempo, a principios del siglo XX, y con ello a la manipulación, a la tergiversación pura y dura de la realidad y a la utilización de inocentes jóvenes para sus perversos objetivos. Objetivos estos que no son más que pataletas de niño enfado porque le han quitado la tarta de chocolate, es decir, le han quitado el poder, y con ello todos los privilegios de los que han gozado durante muchos años sin pegar ni sello.

No llego a entender que de golpe os creáis lo que os dicen algunos padres o profesores o que sigáis las consignas de personajes ajenos a vuestro instituto, vagos y maleantes profesionales, con sus rastas de rigor, sus perros esperando en la esquina mientras ellos os engatusan tocando la flauta, como si estuvierais en el pueblo de Hamelín. A no ser que estos “jóvenes” estudiantes de instituto de 23 y 24 años, identificados y detenidos en los pasados días, sean al mismo tiempo vuestros camellos. En ese caso tendríais la eximente de no querer acabar con vuestros principales “colegas” y hasta ídolos. Y eso lo entiendo: las funciones básicas de los institutos de hoy en día ya sabemos que son, gracias a los 8 años de desgobierno de ZP&Co., la educación sexual, o mejor llamarlo la incitación al sexo animal, a diestro y siniestro, sin importar con quién ni por qué ; el consumo de todo tipo de sustancias prohibidas “oficialmente” (por culpa del fascismo y el PP, claro está), pero recomendadas por vuestros simpáticos docentes y, cómo no, la revuelta callejera como distracción semanal ante el tedio de tener que estudiar temas tan carcas como la ética, la historia o la moral.

Tanto Internet, tanto WIFI gratuito, tantas apps para descargaros, tanto Whatsapp, tanto Twitter y tantos lectores de libros electrónicos vendidos en estos últimos meses (lo que debería de llevar asociado la carga de libros y su lectura), y no sois capaces de daros cuenta de que os están manipulando siniestramente pero que bien encaja aquí la palabra siniestro!), de que detrás de vuestro enfado, comprensible e igual hasta justificado en algunos casos, no hay nada más que la rabia de los desposeídos (del poder) y el aburrimiento de los perroflautas de turno que con la ola de frío necesitan urgentemente algo de fiesta, algún asalto a una tienda de ropa y algo de sangre para poder reclamar indemnizaciones, solidaridad y limosna y poder llegar sin sobresaltos a la primavera, al buen tiempo, las raves, la playa y la vida al sol que mejor brilla; mientras el resto de la sociedad, léase la derecha reaccionaria, la iglesia, los bancos, los empresarios o la gente de Intereconomía y del ABC, trabajan desde el amanecer hasta el ocaso para mantener el tren de vida, ocioso, inútil y siniestro de estas garrapatas de la sociedad.

Usad vuestra capacidad intelectual, intentad ser objetivos, navegad por una vez por Internet buscando algo más que música gratis, gadgets o ebooks que jamás leeréis, y repasad un poquito, aunque sea un ratito, entre caña y caña, entre porro y porro o entre asalto a tienda y destrozo de cristaleras, la historia de la manipulación de la izquierda, lo que fue el “Agitprop” bolchevique o la desfachatez y las mentiras continuas y públicas de los líderes sindicales y de los partidos de izquierdas en España y en el resto del mundo.

Dejad de ser marionetas en manos de personas que usan palabras bonitas, que juegan con vuestros sentimientos más nobles, para buscar simplemente su propio beneficio.

Sed objetivos, analizad la realidad, estudiad, comparad, contrastad, en resumen: sed personas inteligentes y no simples herramientas en manos de los manipuladores profesionales, de los descarados líderes sindicales que viven mejor que cualquier empresario, de los políticos derrotados y defenestrados en las urnas que de golpe no saben cómo mantener su antaño sobrado tren de vida y que de la noche a la mañana ya no respetan ni las instituciones, ni las leyes, ni la verdad. (Bien pensado la verdad no la han respetado nunca)

Despertad, o seréis carne de cañón, como en otras épocas, de la demagogia, de la mentira y de la desfachatez de la izquierda, aniquiladora, por definición y por demostración científica a lo largo ya de siglo y medio, del ser humano.

Atentamente

viernes, 17 de febrero de 2012

Diestros, siniestros y ambidextros

No hay duda de que estas dos palabras, y sus combinaciones, tan usadas en nuestro rico idioma, dan para mucho. Que se usen según sus acepciones originales, es decir, para indicar que algo está a la derecha o a la izquierda, ya es más raro. Salvo reputados columnistas (como el “Trasgo” de la Gaceta, que las suele usar en todas sus variaciones) o escritores de renombre, como Arturo Pérez-Reverte, pocas veces tenemos la ocasión de ver estas palabras tan propias de nuestro idioma escritas en alguna publicación haciendo referencia a derecha e izquierda.

Hasta hemos llegado a adaptar una palabra del vascuence, ezkerra, convirtiéndola en “izquierda” y desterrando la “siniestra” original, quizás por culpa de la acepción negativa que subyace a la misma. Y aún así, intentando evitar la original, nos hemos quedado con la ezkerra “vasco-celta “que según algunos etimólogos podría significar “mano torpe”; son cosas que nos pasan, por torpes.

Que lo diestro sea algo positivo, hábil, sagaz, favorable, benigno o venturoso, o que a los hombres heroicos, aquellos que saben manejar la espada o son matadores de toros, se les llame directamente diestros, no significa nada, dirían seguramente los iletrados progres de pacotilla. Probablemente argumentarían que son imposiciones de una Real Academia trasnochada, machista, violenta de género, reaccionaria, fascista, aliada de las agencias de rating, del Real Madrid o del RCD Español y no sé cuantas cosas más. Porque decir que la Real Academia es diestra en su trabajo no se les ocurriría. Seguro.

Y menos aún se atreverían a utilizar la tan bonita palabra siniestro para referirse a lo opuesto a la derecha. Válgame Dios. Te imaginas, querido lector, a los líderes sindicales y de los partidos siniestros (esos políticos de los EREs falsos o aquellos obreros de los Rolex de oro y los generosos sueldos) proclamar a voz en grito: “Nosotros somos siniestros” o “viva la siniestra unida”. ¿A qué no? Y eso que la Real Academia lo deja bastante claro: lo siniestro es algo avieso, malintencionado, infeliz, funesto, resabio o viciado. Podría entrar en cada una de estas acepciones y seguramente en todos los casos sacaría la misma conclusión: cuanta razón tiene la Real Academia en algunas ocasiones. O para decirlo de forma más apropiada, cuan diestra es la RAE.

Pero por desgracia la vida no se circunscribe a la dualidad del blanco y del negro, del yin y del yang, del mod y del rocker, de los Beatles y los Rolling Stones, del skin y del punky, del diestro y el siniestro. Siempre tienen que aparecer los blandos, los que Jesús maldeciría, los indefinidos, los que no son ni carne ni pescado, los hermafroditas sociales y políticos, que juegan a dos barajas, cuando no se dedican directamente al trile añadiendo esa tercera bola a su quehacer diario, a su ideología y a sus principios.

Esos que quieren estar sentados a ambos lados de la mesa, los que pretenden contentar a diestro y siniestro sin mantener una postura homogénea ante sus electores, o peor aún, ante sí mismos. Los que de la diestra solamente quieren la parte capitalista y de posición social, pero que al mismo tiempo se arriman a la siniestra en todo aquello que es “chic”, “trendy”, “social”, “moderno”, “avanzado”, y que se lleva mucho en poblaciones tan siniestras como pueden ser Somosaguas, París o Nueva York.

Los que ven bien que a una unión entre personas del mismo sexo se le llame matrimonio, que ven mal que un partido político mantenga la palabra “cristiano” en su definición, o que ayer maldecían en Cataluña a una coalición diestra en su definición pero siniestra en su posición ante España, y hoy se alían con ella por el “bien” común, es decir, para sacar adelante sus presupuestos y poder repartir, adjudicar y subvencionar a su antojo, es decir, a diestro y siniestro.


Esos personajes que hoy dicen blanco y mañana negro. Que basan sus ideales y convicciones en una simple regla de tres, en el objetivo de sacar el máximo rédito particular y sobre todo económico a su actividad pública, bien pagada por todos nosotros, por cierto.

Esos, los ambidextros. O ambidiestros. Esos si que son personajes auténticamente siniestros.


miércoles, 15 de febrero de 2012

Sexo, porras y una lavadora

Ha pasado solamente un mes de calendario gregoriano desde que escribí mi último artículo, aunque en mi vida particular este mes ha adquirido una importancia bastante superior. Ha sido el mes de mi adiós a 40 (y tantos) años de vida (ya empiezo a recortar cual artista de la farándula, cuando la mayoría sabéis que Whitney Houston y yo compartimos año de nacimiento; que no destino, espero) en Barcelona, ciudad situada al noreste de España, en una bella región llamada Cataluña, que linda al norte con esa tierra gabacha y envidiosa llamada Francia y con la minúscula Andorra (hogar fiscal durante muchos años de la ahora tan sufrida Arancha) , al sur con Castellón, al oeste con las tres provincias de Aragón y al este con el Mare Nostrum.

Un adiós que me pesa poco por muchas razones, que no creo que os tenga que detallar en demasía. Sería hacer leña del árbol caído (que es como está Cataluña en estos momentos, caída, hundida, arruinada, colonizada por marroquíes y chinos, sojuzgada por un residual pero salvaje (por agonizante) nacionalismo y abandonada por las multinacionales, los artistas, los intelectuales y la gente de bien (salvo contadas excepciones que todos conocemos, como por ejemplo Juan Carlos Girauta, Justo Conde y su banda, Javier “Predi” Arcas, Sebas Cerdán, Manel “Bolsicas”, Elisabeth, Lupe, Carlos O., Pere Capdevila, Agus, Edu García, David, Bruni, Rocío, Waffen y mis demás contados pero buenos amigos, esos que me leen alguna que otra vez e igual me echan de menos).

No me pesa la despedida: si en cambio me embarga una sensación de alegría, de haber llegado a una meta parcial y de estar ante una nueva oportunidad, de curiosidad y de pasiones juveniles renacidas. Frente al “miedo al cambio”, tan cacareado en los cursos para directivos y tan presente en nuestra blandengue, ociosa y entregada sociedad, afronto estos primeros días en mi nuevo hogar con una ilusión tremenda, cual jovenzuelo en un intercambio universitario o mozo en su destino militar, que solía estar en las antípodas de su hogar, por sabia (y muy criticada) decisión de los gobernantes de otras épocas.

Instalado ya en mi nuevo domicilio, he sobrevivido los primeros tres días sin sobresaltos, adecentando las diferentes habitaciones, luchando con la desconocida calefacción por hilo radiante, decorando el salón, conectando el imprescindible equipo de música, afinando mi querida guitarra Ovation y disfrutando con los mensajes de error del receptor de televisión ante su “desconocimiento” de los canales memorizados en otras épocas y por otro lares (léase TV3, la seva, y los demás canales politizados y manipuladores de mi patria chica).

Y he cumplido con el acto, casi ritual, que definitivamente demuestra que has cambiado de hogar.

No penséis que hablo de sexo consentido (o hasta con sentido y sentimiento, que también existe), no amigos, hablo de algo mucho más terrenal y necesario, pero que indiscutiblemente es la prueba de que no estás de paso, que lo que ocupas no es la temporal e inane habitación de un hotel, sino que te has instalado en un nuevo lugar para quedarte: he puesto la primera lavadora y he tendido la ropa con vistas al nuevo “Skyline” de Madrid.



Y para rematar he bajado al bar de enfrente y he desayunado unas porras. Porras estas muy diferentes a las que solía probar en Barcelona, en manos de esos personajillos llamados “Mossos”, que ahora se me antojan más lejanos que la tierra prometida de Colón antes de abandonar Palos de la Frontera.

En definitiva, “ja sóc aquí!”, como dijo mi paisano Tarradellas en otro momento y en otro lugar.

 “Ja sóc a Madrit”. Y de aquí, al cielo.

Os espero a todos. Mi casa es la vuestra. Ya lo sabéis.


P.D. Quiero agradecer profunda y públicamente a Raúl , Ricardo y Paloma la inestimable ayuda que me han prestado desinteresadamente en la difícil tarea de encontrar mi nuevo hogar. Sin ellos aún estaría enganchado a Idealista y Micasa sufriendo por mi futuro!!

lunes, 23 de enero de 2012

¿Revolotea de nuevo el separatismo sobre Cornellá-El Prat?

En un artículo redactado por una joven periodista llamada Gemma Aguilera aparecido el pasado 22 de Diciembre en el “mundialmente” conocido diario digital “Nació Digital (punto “cat”, claro está), los pocos pero incansables separatistas catalanes vuelven a manipular la realidad social de un club más que centenario, el Real Club Deportivo Español, así como la historia del mismo y de toda Cataluña.

Es un tema recurrente que no debería de preocuparnos demasiado, ya que todos sabemos que se trata de una minoría con tan poco representatividad en la masa social del Club como la que puedan tener los grupúsculos separatistas en la política catalana o el diario “Nació Digital” en el ámbito de los medios de comunicación, pero aún así a cualquier socio, aficionado o seguidor del RCD Español le duele mucho leer estas sandeces. Más aún cuando las redes sociales y su potencia viral son capaces de convertir en famoso, y en muy pocas horas, a un perro con cinco patas, a una inculta e iletrada ministra de los anteriores gobiernos proclamando la conjunción planetaria, a un buscador de notoriedad que se come 20 hamburguesas bien cargadas en menos de lo que canta un gallo, o, como en este caso, a una poco preparada periodista que escribe sin conocer en absoluto la historia deportiva de esta tan querida parte de España.

De izquierdas y pericos, por unos países catalanes libres y socialistas” reza el lema de este grupo en Facebook , al parecer iniciador de la campaña separatista. Grupo que por cierto atesora la ingente cantidad de 160 seguidores a día de hoy, ciertamente poco representativo si tenemos en cuenta la masa social del RCD Español. Más les convendría montar un grupo excursionista e irse a la montaña en búsqueda del Santo Grial catalán, que andarse con semejantes tonterías a estas alturas del Siglo XXI.

Hace pocos años, y gracias a la ingente labor de la plataforma “Españyol, Futuro y Tradición” y al apoyo de uno de los pocos diarios independientes y serios de nuestro país, La Gaceta, ya pudimos destapar los tejemanejes de algunos directivos del RCD Español y sus claras intenciones de imponer el pensamiento único, la falsedad histórica y la insensatez nacionalista de la gente poco viajada, como diría Pío Baroja, en una institución histórica, apolítica y deportiva como es nuestro Club.

La burda manipulación de fotografías, la ocultación de datos sobre las preferencias lingüísticas de los socios, la persecución de cualquier símbolo español y el aislamiento, cuando no expulsión, de socios veteranos destacados defensores del deporte como único objetivo del Club, que sufrimos en su momento, pasó a mejor vida gracias a la labor de unos cuantos, pero sobre todo gracias a la verdad, que al final siempre se impone a los delirios de las minorías incultas o manipuladas.

Ni la sardana es un baile ancestral catalán, ya que fue inventada en 1817 por un jiennense llamado José Ventura, ni en 1714 hubo ninguna guerra de secesión entre España y Cataluña, sino un conflicto de sucesión, en el que Cataluña se alineó al lado de, por ejemplo, Madrid, Alcalá y Toledo, ni la senyera es la bandera histórica de Cataluña nacida de la brava sangre del sufrido Wilfredo el Velloso, sino una aceptación de los colores de Aragón (colores, por otro lado y según alguna de las teorías existentes, originales del Vaticano y adoptados ya en 1068 al enfeudarse la Casa de Aragón al Papa) , ni el ramplón, por inculto, separatismo catalanista tiene la mínima representación en la masa social del Real Club Deportivo Español.

Otra cosa es que con la connivencia de algún directivo del propio club y la poca preparación de determinados periodistas sigan alimentándose tamañas estupideces.

Pero tranquilos, no se trata más que de mucho ruido y pocas nueces. Y de un oxímoron que no sentará cátedra ni se incorporará al lenguaje popular: ¿Españolistas separatistas? Anda ya.


martes, 17 de enero de 2012

Cristo me sigue

Soltado así a bote pronto, más aún como título de un artículo, suena bastante fuerte. Parece la clásica expresión de un integrista, de un miembro de la tan “religiosa” familia Ruiz Mateos, de un abducido por una secta evangelista o de un taxista de cualquier metrópoli española, sudamericana o asiática en la que la España imperial dejó su huella católica, apostólica y romana; esforzado conductor este que honra el recuerdo de glorias pasadas y previene los malos farios decorando su vehículo con imágenes del Redentor, colas de zorro, un muñeco de Elvis Presley sumamente inquieto y algún que otro abalorio más.

Pero se trata de algo mucho más simple: una cuenta de Twitter que responde al nombre de “Jesus Christ”, a la que otorgué mi confianza dándole al botón de seguir y que inmediatamente me correspondió con su recíproco seguimiento. Ante tantas cuentas, usuarios, grupos de fans, juegos, eventos, listas de distribución, clubes y campañas virales de solidaridad con los hipopótamos que todos los usuarios de redes sociales vemos pasar ante nuestros ojos, ésta en concreto me llamó la atención de inmediato. Por el nombre, por la imagen del avatar, pero, sobre todo, por lo que removió en mi interior cual ardor de estómago antes de ser tratado con el Almax de rigor.

Esa necesidad de espiritualidad, de religiosidad, de valores trascendentales, que tan poco se ven y viven en nuestra sociedad actual, y menos aún en el mundo virtual de las redes sociales, debió de ser lo que me impulsó a darle al botón izquierdo de mi ratón y aceptar sin dudar esta nueva “amistad” que me brindaba esa pantalla que, a pesar de estar configurada a 1024x768 y con 16 millones de colores, no es nada más que un trozo de cristal enmarcado por plástico que me aleja de la vida real en vez de acercarme a ella.

Para ser sincero no tengo demasiado interés en esta cuenta (Dios me perdone), ni en saber quién está detrás. Lleno está el mundo de falsos profetas, y hasta este mismo usuario de Twitter cita a San Marcos en uno de sus tuits: “Se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar.

Lo que sí me ha importado del hecho relatado es esa sacudida en mi interior. Ese pequeño golpe a mi conciencia que me ha hecho reflexionar hasta el punto de compartirlo con vosotros, mis lectores.

Será por la educación religiosa que recibí, por mi sincera y meditada fe en Dios, o por los remordimientos que siento muchas veces por la falta de seriedad, de entrega al prójimo, de generosidad, de paciencia, de sinceridad o de humildad que deberían de impregnar el día a día de cada uno de nosotros, y que solamente florecen, por lo menos en mi caso, en escasas ocasiones.

¿Quién sabe si no ha sido una señal para que despierte y me aplique un poco en ser más bueno (léase cristiano)? No de boquilla, de puterío semanal con posterior y teatral misa dominical y confesión simulada, sino de hechos concretos.

Teniendo en cuenta que hay gente que se cree las leyendas Mayas sobre el fin del mundo, las sandeces de la Cienciología, las gilipolleces de Dan Brown, apoya las alianzas de civilizaciones de Zapatero y la conjunción planetaria de Pajín o jura y perjura que el asesino Santiago Carrillo es un santo, ¿por qué no voy a creer en Jesucristo nuestro Señor?

Me parece bastante más factible y serio que todo lo demás.

miércoles, 11 de enero de 2012

El oxímoron definitivo

Mi intención era titular este artículo “la madre de todos los oxímoron”, pero dado que no existe acuerdo sobre el plural de esta palabra, he preferido simplificarlo. Sin poner en duda la capacidad intelectual de vosotros, mis queridos lectores, y simplemente para refrescar esa habilidad de recordar ya tocada por los años, los excesos alcohólicos o (en el caso de los tan sorprendentemente bien pagados chóferes de la Junta de Andalucía) por los gastos en polvitos blancos subvencionados por todos nosotros, recuerdo a todos que un oxímoron es, según definición de la Real Academia, una “Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido”.

En nuestro lenguaje habitual existen ejemplos a raudales, tantos que en muchos casos ni nos damos cuenta de que en el fondo estamos diciendo una estupidez. O no me diréis que “silencio atronador”, “calma tensa”, “casi seguro”, “estimación precisa “, “mala suerte” o la muy actual “Keyboard not found, press any key", no son más que sandeces si se toman al pie de la letra, pero que adquieren su nuevo valor y sentido justamente por su combinación. Para los aficionados a las letras no puedo dejar de recomendar esta página web  que describe esta figura del lenguaje de forma completa y con tal cantidad de ejemplos que prefiero que deje de ser un “secreto a voces” y compartirla con vosotros. Yo he aprovechado el hallazgo de esta página para intercalar unos cuantos de ellos en este texto, algo que por lo menos me ha proporcionado un rato ameno e instructivo.

Como debéis de estar imaginando todos yo sigo con mis “obsesiones normales”, es decir, apuntando no ya con “fuego amigo” sino con toda la intención del mundo a la casta política, que sigue dando ejemplo, día a día, de cuan ruin y falsa puede llegar a ser una persona con tal de perpetuarse en el poder. Y aquí pueden recibir todos, sin que ninguno de ellos sea un “justo pecador” (Para esto ya tenemos a uno de los mejores grupos de música de nuestra piel de toro.). En todo el arco parlamentario, de izquierda a derecha, en todas las instituciones, desde el Palacio Real o el Congreso de Los Diputados hasta la última pedanía del más pequeño ayuntamiento de la más pobre y pequeña de nuestras autonomías, estamos rodeados de personajes que anteponen sus propios intereses a sus obligaciones, ya sean legales, familiares o morales.

Ese “egoísmo compartido” de la clase dominante, ya sea un yerno de un rey impuesto, un dirigente terrorista candidato al premio nobel de la paz, un nuevo ministro de economía que defiende una "banca ética", un presidente de Gobierno que guarda un “clamoroso silencio”, un presidente autonómico encausado o un beneficiario de un ERE falso, todos, absolutamente todos ellos, viven, progresan y se enriquecen a costa nuestra. A costa de los que les votamos, de los que pagamos impuestos, de los que trabajamos para garantizar su bienestar, y no el nuestro.

Esa “apuesta segura” en la que se ha convertido cualquier cargo público para poder mangonear produce en mi no una “calma tensa” sino una rabia indescriptible. ¿Dónde está esa “conciencia política”, esa entrega al servicio de los demás, que debería de suponerse a los representantes de los ciudadanos, que en el fondo no son nada más que las personas designadas por nosotros para desempeñar una función pública?

Y aquí no me dejo llevar por una “envidia sana”, no amigos, es mi idealismo juvenil y luchador el que me revuelve las tripas, me genera ardor de estómago y me impide sonreír o escribir bonitos y divertidos relatos para distracción de mis lectores. Es el asco que siento ante esta “justicia criminal” encarnada por hechos, cohechos, sentencias ficticias y prescripciones planificadas. Ante esa “luz oscura” que se ha apoderado de nuestro país en la que ya solamente brillan los ojos entristecidos de los “muertos vivientes” en lo que se están convirtiendo la mayoría de los ciudadanos mientras los políticos usan sus “mentiras piadosas” para pedir el voto y luego cambiar de opinión al vuelo, para decir que “menos es más”, que no sabían nada del “secreto a voces” y que todo lo que dijeron era “relativo”.

Relativo a su increíble capacidad de mentir, será. (O de pasar de "catalana a andaluza" en lo que canta un gallo, que también manda huevos.)

Esa clase política que con sus “verdaderas mentiras” nos ha hecho caer en la trampa del “yugo liberador” de la democracia. Anda que me río.


Y son ellos los destinatarios de este artículo, los del oxímoron definitivo, esos “políticos sinceros” que cuando llegan a casa después de sus duras “reuniones de trabajo” exclaman: “Ande yo caliente, y jódase la gente.