lunes, 30 de mayo de 2011

Los pilares de la vida

Hasta la persona más necia se habrá preguntado alguna vez sobre los pilares de su vida. Doy por supuesto que en la mayoría de los casos no habrá sido en plan filosófico y trascendental, ni me arrogo que sea así en mi caso particular, pero seguro que todos y cada uno de nosotros nos hemos interrogado en alguna ocasión, en una confesión cara a cara con el “espejito mágico”, sobre las bases y razones de nuestra existencia.

¿Qué cosas son las que realmente dan sentido y consistencia a mi propia vida? ¿Qué columnas son las que mantienen en pie el edificio que es mi propio ser?

Esto son dos serias y trascendentales preguntas que, válgame Dios, ni me atrevo a contestar. Para ello hay y ha habido mentes preclaras, a años luz de mí en su capacidad intelectual y de análisis, que han intentado definir estos pilares. Cualquiera de vosotros que desee profundizar en el tema puede usar al siempre dispuesto explorador Sr. Google para que le encuentre definiciones a mansalva. A mí me viene muy grande.

Pero lo que está bien claro, y para ello no hay que ser filósofo ni disponer de grandes capacidades analíticas, es que cada persona es un mundo, y que los pilares que sostienen a cada uno de nosotros son tan diversos que sería misión imposible intentar encontrar una definición que cubriese todas las existencias actuales. Miles de factores externos influyen en ellas, desde los materiales y los geográficos hasta los culturales y religiosos, pasando por los familiares, asociativos, deportivos o laborales, por lo que no hay receta mágica ni formulación científica que permita delimitar de forma clara estos cimientos que nos mantienen en pie.

No tiene nada que ver, por ejemplo, mi vida, incrustada en un sitio irrelevante de un mundo occidental ahogado por el consumismo, el materialismo y la carencia de valores, con la vida de un monje budista en el alto del Himalaya o con un voluntario de Caritas que se desvive en cualquier país tercermundista dando un poco de alivio a personas necesitadas. Ni tengo nada en común con un acomodado directivo de una multinacional que cuenta su “bonus” anual en millones de Euros ni con un pobre mendigo que tiene que arrastrar sus malformaciones por el asfalto de nuestras calles y plazas para poder subsistir. Más aún, igual los pilares de mi vida no tienen ni un ápice de similitud con los de mi compañero de trabajo, que es coetáneo, vive en la misma ciudad y ejerce un papel similar en la misma empresa.

Soy lo que en Alemania llaman un ciudadano 08/15 [1] (“Nullachtfünfzehn”, escrito todo junto según el diccionario alemán), es decir, un ciudadano medio, del montón. Tengo mi trabajo, lo que queda de mi familia, mi círculo cada vez más pequeño de amigos, mis aficiones y mis vicios. También profeso la fe católica y siento un gran un amor por mis raíces tanto españolas como alemanas, por la historia común de Occidente y por el ideal de la mejora continua a través de las buenas obras y el amor al prójimo. Y sobre estos pilares construyo mí día a día.

Aunque en muchas ocasiones tenga la sensación de que esté fracasando en el intento. De que la guerra está perdida, de que los pilares que antes me sostenían se derrumban cual baraja de naipes mal cimentada.

¿O serán quizás los pilares de la sociedad en sí que están agrietándose a marchas forzadas, cual edificios aquejados de la peor de las aluminosis posibles?

¿No será esa superestructura llamada sociedad o civilización la que se está tambaleando, y con ello moviendo mis propios pilares como un tsunami enviado por un ser superior para castigar nuestros despropósitos?
¿No estamos en el fondo ante un nuevo episodio como Sodoma y Gomorra que se merece lo que está sucediendo?
¿Qué valores defienden ya las élites de la sociedad, aquellas personas que deberían de ser ejemplo paras los ciudadanitos de a pie?
¿Qué ejemplo positivo podemos ver en políticos, gobernantes, líderes mediáticos, escritores, deportistas,  cantantes o actores?

Y si no lo podemos ver nosotros, los que gracias a Dios tenemos una cierta base cultural, económica y de extracto social que nos permite seguir capeando el temporal de una sociedad sin valores,
¿cómo vamos a esperar que lo vean personas más humildes, mas incultas o más atontadas por años de alienación fomentada por el poder y los medios de comunicación “manipuladores” por definición y objetivo?

Así no llegaremos a ninguna parte. Y los pilares de nuestras vidas seguirán siendo los que interesen a las personas aupadas al poder. La incultura, la adicción al consumo material y la inexistencia de valores trascendentales. Así seguirán rigiendo nuestros destinos, riéndose a nuestras espaldas y disfrutando de la vida a costa nuestra.

O dicho de otra manera, las columnas de la vida seguirán siendo las “acampadas” sin sentido, las victorias de un club cada vez menos deportivo y el meneo de caderas de Shakira. Y el sexo sin amor.

Vaya civilización que hemos creado.

* [1] Esta expresión proviene de la metralleta estándar que recibían todos los soldados alemanes en la Primera Guerra Mundial, y que se siguió manteniendo al principio de la Segunda Guerra, pasando a significar algo estándar, masivo y hasta anticuado.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Identidad

Estaba yo en un tris de titular este artículo “Identitarios”, cuando un buen amigo mío me ha aconsejado “no meterme en estos fregados”. Estando en época de elecciones, con la mayoría de nuestros conocidos, amigos y camaradas inmersos en la campaña electoral defendiendo posturas diversas y en muchos casos bajo siglas harto extrañas, este mi amigo debe de considerar que es mejor arrimar el hombro, apoyar a los nuestros aunque consideremos que están equivocándose y ser práctico. Es decir, usar la política, los partidos y las elecciones para conseguir arañar un poquito de poder consiguiendo alguna representación local o autonómica.

Pero yo sigo en mis trece. Esto, en el fondo, no aportará nada al bien común, a nuestros ideales compartidos durante años ni, menos aún, a la idea de patria que hemos soñado durante tantos años. No desprecio sus consejos. Suelen ser acertados. Pero siempre hay algún punto que prefiero discutir y no dar por válido por que sí.

Hablemos pues de la identidad, que no del concepto “identitario”. Concepto tan extraño, nuevo y rebuscado que ni lo acepta el corrector del procesador de textos que estoy usando. Por no hablar de la Real Academia, que ni en su versión actual ni en el “Panhispánico de Dudas” incluye esta palabra. Si alguien tiene algún interés especial en saber a qué hace referencia este nuevo concepto aplicado a los partidos políticos simplemente tiene que tirar de Google, Wikipedia o cualquiera de las demás fuentes de información “fidedignas” que se están convirtiendo pasito a pasito en la biblia de los incultos, iletrados y vagos. Aún dudo yo si esta apertura informativa que ha supuesto el acceso a la Red, las wikis, los foros, los blogs y las redes sociales realmente esté aportando un mayor nivel cultural al ciudadano medio o si por el contrario está liando las mentes un poco más y convirtiendo hasta al ministro socialista más burro en un “culturetas” sabelotodo. Aunque esto es harina de otro costal que se merece un artículo aparte.

Volvamos entonces a nuestra identidad. Esta viene impuesta por unos factores muy claros. Nuestra filiación y nuestra raigambre. Tenemos por lo tanto como componentes de nuestra identidad la nacionalidad, el (o los) idioma(s) y la cultura que hemos heredado de nuestros progenitores, sumado a las raíces culturales y sociales en las que nos hemos criado. Aquí cada uno puedo reflexionar sobre cuál es su identidad. Si la de su bloque de pisos, la de su barrio, la de la urbanización donde veraneaba, la de su ciudad, de su provincia o la de su región o comunidad autónoma actual (que por cierto son variables en la vida de muchos ciudadanos y más lo han sido aún en la historia de España).

¿O será quizá otra nuestra identidad? Digo “nuestra” refiriéndome a la de “la mayoría de nuestros conocidos, amigos y camaradas” ya nombrados al principio. ¿No podría ser, pongamos el caso, que nuestra identidad sea un compendio de todo lo detallado anteriormente? ¿Del barrio, la ciudad, la provincia y la región, sumado a nuestros viajes y vivencias de juventud (muchos de estos compartidos), a los barrios, ciudades, provincias y regiones de nuestros padres, amigos y camaradas que nos han acompañado hasta ahora en nuestras vidas?

¿Y cómo hemos llamado a todo esto hasta ahora? Yo diría que siempre lo hemos llamado nuestra Patria. Y que esta nuestra patria siempre se ha llamado España.

Somos herederos de nuestra historia milenaria, de nuestra cultura tan rica y diversa, de las acantilados de la Costa da Morte y los desiertos del Sáhara. De los bosques del pirineo catalán y las llanuras burgalesas. De la Reconquista iniciada en Covadonga al descubrimiento de las Indias. Del bocadillo de calamares de la Plaza Mayor de Madrid a la butifarra de payés del Montseny. Del gazpacho y del pacharán. De la sidra del norte al fino del sur. De Figueras a Tarifa y de Tortosa a Finisterre. Del “Nodo” que algunos hemos llegado a ver a las repeticiones de Verano Azul. De Jaume Sisa y la Orquesta Platería a los Nikis o los Toreros Muertos. De Gasol a Induráin y de Juanito a Ballesteros. De la sardana a la jota y de los castellers a las traineras. De la Semana Santa sevillana a la “Rompida” de Calanda pasando por la Dança de la Mort de Verges. De la Vuelta y la Volta. De Sarriá, Malasaña, el Brillante cordobés o del Poble Nou. ¿Sigo?

Quién nos los iba a decir, a estas alturas. Tenemos una identidad. Y se llama España.

lunes, 2 de mayo de 2011

El local de moda

Los que me tratáis conocéis de sobras mi afición a los bares. No es algo extraño, teniendo en cuenta que en los años 80 ya ayudé en algún bar, que a final de dicha década (¡del siglo pasado, casi nada!) estuve trabajando “duramente” como animador turístico en Menorca, que en los noventa conseguí regentar mi propio bar musical con bastante éxito y, sobre todo, que siendo español y de Barcelona sería muy raro que no tuviera esta afición tan propia de esta tierra que me vio nacer.

Aún así, y conforme pasan los años, la selección de bares que frecuento ha ido mermando de la misma forma que el aguante de mi hígado, el saldo de mis tarjetas y la capacidad de un local de sorprenderme de una forma tan grata que tenga ganas de volver. Si hago un rápido repaso mental a los locales que sigo visitando de tanto en tanto (es decir, una vez a la semana), me sobra una mano. Son bodegas y bares pequeños, en los que casi todos los clientes son conocidos, lo cual evita por un lado las posibles sorpresas de personas que no se adaptan a mi estilo (o viceversa) y por otro las siempre latentes discusiones con el barman de turno sobre el precio de una copa, la siempre injusta proporción entre el elixir y el refresco, la caída de una copa recién estrenada (y el automático “te lo juro que estaba llena” que siempre tiene que oír el camarero) y, sobre todo, la temible hora de cierre. Hora maldita esta, que todos, sabedores de que tarde o temprano llegará, intentamos olvidar, obviar, negar y hasta sobrepasar a base de copas en el último momento, charlas intensivas con el camarero, postreros paseos al lavabo o un simulado y "profundo" malestar para poder apurar la última gota mientras los sufridos empleados se afanan en limpiar el local maniobrando entre los impertérritos clientes , incapaces estos de cumplir su palabra de “la última y nos vamos”, dada con toda la solemnidad y un cierto retintín bastantes horas antes.

Pero, oh sorpresa, este fin de semana ha sido el del descubrimiento de un nuevo lugar donde ahogar mis penas, escuchar buena música, conocer a gente divertida, bailar, comer y beber bien y encima gastar poco. Situado en la zona alta de Barcelona, con una terraza abierta expresamente en las alturas para burlar la ley antitabaco, con vistas a la montaña del Tibidabo y equipada con todo lo necesario para pasar un buen rato, este local te recibe como si fuera el salón de una casa particular. Las personas que lo regentan son abiertas, amigos de sus amigos, y te hacen sentir como en casa a los pocos minutos de haber pisado el suelo de este nuevo refugio para los soñadores que seguimos buscando la felicidad en la barra del bar. La clientela, bárbara. Exceptuando los intrusos que en todas las fiestas aparecen de la nada, como caídos del cielo o expulsados de un helicóptero de los Navy Seals que buscando a Obama acabó en la Bonanova atraído por la fama del local, y que encima de ser desconocidos se mueven como pez en el agua sin rendir cuentas a nadie y creyendo que el local es de su propiedad, llegando hasta el punto de soltar frases como “¿pero este local no tiene más lavabos?”, pues exceptuando a esta gente el resto de la clientela daba gusto. El paradigma de la “beautiful people”. Personas abiertas, guapas, con ganas de hablar, de bailar, de probar nuevos cócteles, simpáticas, ocurrentes…, y, cómo no, ya pasadas las preceptivas horas bebiendo, pesadas, hiper cariñosas, buscando consuelo, empalagosas, cansadas, solitarias, tristes o alegres, pero siempre bien acompañadas en sus penas o en sus alegrías por los demás clientes, los dueños del local, los excelentes pinchadiscos (sobre todo un tal Marc), y los camareros. Para eso están los locales. Los buenos locales. Y como no podía ser menos, la barra seguro que marcó un antes y después en la vida de muchos de los clientes. Cócteles de todo tipo, a cual mejor, una gran variedad de Gin Tonics, a cual más sorprendente, y dos camareros, a cual más solicito, simpático y abierto. Sin colas, sin quejas y sin problemas con los precios, los cubitos aguados, el güisqui de garrafón o la proporción de alcohol/refresco ya nombrada antes. ¿Qué más se puede pedir a un local? ¿Qué encima acabe todo con un gran recital de chistes y monólogos de una futura estrella llamada Sergi? Pues también. ¿Qué para acabar pueda quedarme a dormir sin miedo a que me despierte la Guardia Urbana por estar tirado en posición extraña en mi coche? Sin problemas.

Hombre, ya puestos podría daros el nombre y la dirección exacta del local. Lo que sucede es que no me acuerdo muy bien. Igual me sentaron mal los sándwiches (que buenos, por cierto), el sushi, el pollo, los Tigretones, las Panteras Rosas o los “pocos” cócteles que probé. Me suena algo como “Ibiza Reloaded”. O “Déjà vu”. Lo dicho, no me acuerdo muy bien, pero seguro que seré capaz de volver a encontrarlo. Y espero que no pase mucho tiempo antes de volver a disfrutar de una fiesta como Dios manda.

"Bares, qué lugares, tan gratos para conversar No hay como el calor del amor en un bar."
Gracias Sandra, gracias Santy.

martes, 26 de abril de 2011

Indignaos

No esperes que me ponga a alabar el éxito editorial de la pasada fiesta del libro. Lo único bueno que tiene dicho panfleto es su título, que por una vez utiliza correctamente el imperativo, forma verbal tan poco (y mal) aplicada en el hablar y escribir cotidiano.
Te propongo en cambio que te indignes ante problemas mucho más serios. Que haberlos, los hay.

Indignado estoy al ver que un panfleto de poco más de 13 páginas, plagado de clichés, de teorías izquierdistas trasnochadas, defensor del terrorismo, negador de la libertad del individuo, incapaz de condenar al comunismo y sus tristes consecuencias, en resumen, escrito con un simplismo absoluto (igual con toda la intención del mundo para estar a la par con el nivel cultural de nuestra sociedad), y que encima no aporta soluciones ni propuestas, se convierta en el libro más vendido en las pasadas ferias. Con la de libros que se editan cada año, y más en el mundo hispanoparlante.

Indignado estoy al comprobar que en la totalidad de los medios de comunicación se hable de la primera suspensión de la “madrugá” de la Semana Santa sevillana desde el año 1933, sin mencionar las razones de la suspensión en los años 1932 y 1933, como si en esos años hubieran caído terribles aguaceros sobre la bella ciudad andaluza. No señores, en 1933 lucía el sol y no se pudo celebrar el acto más importante de la Semana Santa sevillana por los ataques armados de la izquierda revolucionaria, por los constantes acosos al mundo católico, por el incendio de iglesias y de sus pasos. A lo máximo que ha llegado algún medio es a poner la coletilla de que no se celebró por “motivos políticos”. Juas. Hay suficiente literatura que explica lo sucedido, por si alguno tuviera interés. O hemerotecas. Que para algo sirven, y no están manipuladas y tergiversadas como el resto de la prensa. (más info aquí)  . Pero igual aún es peor, igual es que la Semana Santa en el fondo ha perdido cualquier significado religioso, y las procesiones son simples actos folclóricos a los que la gente asiste por simple tradición y ganas de jarana, obviando su única raíz, la cristiana, y con ello la recreación del Calvario y la Resurrección de Jesucristo.

Indignado estoy al ver que los ingleses siguen riéndose en nuestras narices. Que sigan protegiendo a piratas, traficantes y demás calaña (en línea con la “grandiosa” historia del Imperio Pirata de la Gran Bretaña), denigrando a nuestros ejemplares y nobles Guardias Civiles, sin que nuestro des-gobierno alce la voz y actúe en defensa de nuestra patria, algo que creo yo debería de hacer “de oficio” al representar a todos los españoles. ¿O es que el Gobierno no tiene el deber de representar y defender a la nación española? ¿Será que confunden sus obligaciones con ayudar a sus primos, hermanos y amigos? ¿Será que las cuestiones de estado no les interesan demasiado, cuando están pendientes, todos ellos, desde la izquierda hasta la derecha, de juicios y más juicios por corrupción? (más info aquí)

Indignado estoy de que los etarras nos la hayan vuelto a colar, con la complicidad del gobierno, y que puedan presentarse, si la justicia no lo impide a tiempo, asesinos, cómplices y encubridores a puestos de representación de la sociedad, para acabar viviendo a costa de nuestros impuestos, y encima con sus líderes, culpables de múltiples asesinatos, liberados ilegalmente y de forma intencionada,  riéndose de nosotros desde sus guaridas en Venezuela o donde quiera que estén.

Y finalmente, aunque en este caso carente del valor de los enunciados anteriores, indignado estoy de que mi equipo de fútbol, el Real Club Deportivo Español, esté echando por la borda una magnífica temporada y el sueño de jugar en Europa se esté desvaneciendo como el chocolate de las monas que se consumieron ayer en toda España.

Indignaos. Que yo ya lo estoy.

P.D. Recién publicado este artículo  me entero por mi amigo Fernando que han condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica a la "moza" del jeque de Qatar. Lo que decía. Indignado estoy.

lunes, 18 de abril de 2011

Esto me suena a chino

Esta expresión, muy usada por estos lares, no conlleva un tono peyorativo. Creo yo. Es muy propia de nuestro país y la usamos cuando queremos expresar que no entendemos algo. En otros lugares usan expresiones similares, algunas con su “base” histórica, como en Inglaterra, donde dicen „that's Greek to me“, cuyo origen podría ser el dicho romano „Graecum est, non legitur“ – “ es griego, por eso es ilegible”, o en Alemania, cuyos habitantes recurren con frecuencia a la expresión “Das kommt mir spanisch vor”, que significa literalmente “esto me suena a español”. Sobre esta expresión existen varias "teorías" etimológicas: una hace referencia a la época de Carlos I, Rey de España y Emperador de Alemania (como Carlos V), cuyas costumbres “españolas” extrañaban mucho al entorno protestante alemán, cosa que llevó a acuñar esta expresión a la gente que frecuentaba su Corte; otra en cambio hace referencia a una tal Lola Montez, que ni se llamaba Lola ni era española, sino una embaucadora irlandesa que estuvo engañando al rey Luis I de Baviera durante un tiempo a finales del siglo XIX.

Pero no quería hablar del origen de la expresión, aunque tenga su interés, sino de su renovado y extendido uso actual. En Alemania y los demás países germano-parlantes esta expresión SI que tiene asociado cierto tono “negativo”, pudiéndose asimilar en España a “esto me suena a una chapuza” o expresiones similares. Es decir, que cuando un alemán suelta esta expresión es que no lo ve muy claro, que ve gato escondido dónde espera una liebre. Y, por desgracia, se trata de un giro idiomático que ha vuelto a ponerse de moda en Alemania, tanto en las conversaciones en la calle como, sobre todo, en los noticiarios de televisión y en la prensa escrita. Está claro que en Europa vuelven a hablar en tono despectivo de España. No sólo en Alemania, sino en todos los demás países de nuestro entorno.

¿Y todo esto por qué? La pregunta seguro que ofende a cualquiera de mis lectores, ya que todos conocemos la respuesta. Pues porque España ha venido a menos. Decía un pensador y político muy admirado por mí, llamado José Antonio, que “España ha venido a menos por una triple división: por la división engendrada por los separatismos locales, por la división engendrada entre los partidos y por la división engendrada por la lucha de clases.” Esto lo decía en los años 30 del siglo pasado, pero si trasladamos esta expresión a nuestros días la podemos usar casi sin modificarla. Si me apuráis podríamos sustituir el tema de la lucha de clases por la inexistencia de cultura, por la pereza, por la superficialidad, o cualquier otro de los defectos de los que adolece nuestra patria en estos días (que son muchos), pero los dos primeros enunciados siguen tan vigentes hoy en día como las ganas de fiesta de los españoles o nuestra pasión por la siesta. Los nacionalismos con sus oscuros intereses económicos, que son los únicos que tienen aunque se disfracen de iluminados salva-patrias inexistentes, y la fiera lucha de los partidos políticos, sean del signo que sean, por una parte del rico pastel que significa llegar a cualquiera de las “ene” administraciones que mantenemos todos los españoles con nuestros impuestos, son los causantes de que vayamos de mal en peor. En definitiva, son culpables de que nuestra integración en la primera división mundial haya sido una ilusión pasajera, rota estrepitosamente con la llegada al poder de los socialistas, que a base de incultura, desconocimiento, analfabetismo funcional, dislexia, mentiras, latrocinios, nepotismo y demás “virtudes” igualitarias y democráticas, han conseguido que en Alemania, Suiza y Austria vuelva a ser común oír la susodicha expresión de que “me suena a español”. Y esto duele mucho. Por lo menos a mí.

Los socialistas nos han dado gato por liebre, nos han engañado y se han cargado un sueño de grandeza que nos merecíamos desde hace mucho tiempo. Y encima no podemos recurrir al conjuro de otras épocas, cuando para asegurarse de que no les daban gato por cabrito (o por liebre) recitaban ante el plato de carne:

“Si eres cabrito, mantente frito; si eres gato, salta al plato.”

lunes, 11 de abril de 2011

Quimio para todos

En septiembre de este año 2011 se cumplirán 13 años del fallecimiento de mi madre. Murió joven, teniendo en cuenta la media de edad que alcanza la población hoy en día, con 62 añitos de nada, y con unas ganas locas de viajar, de leer, de hacer cosas nuevas , de aprender, en definitiva, de vivir. Sus últimos meses fueron duros, como suelen serlo para las personas que se tienen que someter a tratamientos de quimioterapia altamente tóxicos, y mis recuerdos de las pocas veces que tuve la educación, el valor y la hombría de acompañarla a una de esas sesiones, son terribles. Su cara descompuesta, pidiendo a gritos que acabará el suplicio, llegando incluso a escenas de pánico e intentos de fuga pasillo abajo para encontrar la calle y con ello el fin de la tortura. Pobrecita. Pero gracias a Dios eso ya pasó. Ahora descansa en paz, (eso espero) y nos mira con un guiño desde el cielo, libre de los sufrimientos terrenales, pero con toda seguridad siguiendo nuestros pasos y enfadada por no poder aportar su grano de arena, por poder participar en todo lo que hacemos.

¿Y a qué viene todo esto se preguntará el lector? Pues resulta que el sábado pasado estuve en una fiesta familiar, el cumpleaños de mi prima,  celebrado con una sublime barbacoa en la terraza de su casa, a la que asistió la mayor parte de su familia. Marido, hijos, padres, tíos, primos y algún que otro extraño, que no por llevar la misma sangre deja de pertenecer a la familia. Porque así es como te hacen sentir cuando estás con ellos. Parte de una familia unida y bien avenida. Yo, con esa sorna que me suele caracterizar, mezcla de ironía y cinismo envidioso, suelo llamar a estas familias estilo “Abeja Maya”. Todo son sonrisas, cariño, unión, simpatía, risas y chanzas. Algo para mi bastante novedoso por desconocido. Por desgracia yo no he pasado muchos ratos así, mi vida ha sido bastante más “oscura” y “triste”, razón de más para disfrutar de estas situaciones y hasta para lanzarme a rendirle un pequeño homenaje con este pequeño artículo.

En una bonita terraza con vistas al Tibidabo, en un día de pleno sol adelantado al calendario en varios meses, disfrutamos de comida excelente y en abundancia, de cerveza, buen vino y mejor cava, pero, sobre todo, de conversación, de complicidad, de momentos de risa colectiva, de juegos de palabra y dardos sin envenenar, simples flechas de cariño lanzadas al aire para animar una tarde placentera. Y en medio mi tío, que por desgracia también ha pasado por el trámite de la quimioterapia, como uno más, al sol o a la sombra, comiendo, bebiendo y riendo como todos: claro vencedor en la lucha contra el cáncer y la química en el cuerpo y ejemplo definitivo de que la moral, las ganas de vivir, y la “Alegría”, pueden más que cuatro células despistadas. Mal sitio eligieron para intentar propagar su maldad. Ahí no tenían cabida, por eso han salido corriendo, cual torero catalán ante la próxima prohibición de la Fiesta en Cataluña, a buscar otro lugar dónde hacer daño. Que corran, que no las queremos por aquí. Preferimos las risas, las canciones, las copas, los chistes y el cariño. Como Maya con su amigo el zángano Willy, con Flip, Puck o Tecla. Disfrutando del sol, de la buena compañía, y pidiendo a gritos, al unísono, "quimio para todos".



martes, 5 de abril de 2011

El nieto del "Catalán"

Preámbulo

Para ponerse en situación recomiendo al lector, si es que no lo ha hecho aún, que lea primero el genial relato de Rafael García Serrano, titulado “El Catalán”. Ayer lo volví a leer, e inmediatamente mi imaginación me llevó a pensar que habría sido del protagonista y de su familia. El resultado de mis divagaciones nocturnas es el relato, igualmente corto, que sigue.

Empieza por lo tanto por aquí http://palabraobra.blogspot.com/2007_07_01_archive.html(en la segunda página está el relato original “El Catalán”), y si después tienes curiosidad lee lo que sigue.

El nieto del “Catalán”
Matías escuchaba atentamente las palabras de su padre. Sentados delante de la “llar de foc” en su casa de la Cerdaña después de una opípara cena a base de “trinxat” y embutidos de la zona, el tema del catalán, el catalanismo y España había surgido por su propio peso. Hacía mucho tiempo que Matías no subía a Alp, a este precioso pueblo rodeado de altas montañas y situado al “bell mig” de la Cerdaña, para pegarse una esquiada en La Masella y pasar un rato con su padre. No tenían mucho contacto últimamente, y menos aún desde que empezaron sus problemas legales por el dichoso tema de los rótulos en castellano, la manifestación contra los referéndums separatistas y su candidatura al parlamento por la “Nova Falange Catalana”. Matías sabía que a su padre no le gustaba nada que se metiera en política. Se lo había explicado del derecho y del revés en sus años mozos, pero, como suele suceder, el hijo hizo caso omiso a las recomendaciones de su padre y se lanzó de lleno a la lucha política.

- Si tu abuelo levantara la cabeza – murmuraba su padre Miquel Castellnou i Paguera. Se refería al abuelo Matías, del que nuestro protagonista era deudor del nombre y, por lo que le habían contado a cuentagotas los pocos familiares que quedaban, también de sus ideas políticas.

- Pues igual se alegraba y todo – respondió con tono solemne Matías.

Su padre no contestó y siguieron sentados en silencio mirando a las brasas y dando rienda suelta a sus pensamientos.

El abuelo de Matías, llamado igual que él, tuvo unos años bastante complicados debido a la Guerra Civil. Estando de viaje de negocios en Zaragoza le pilló la sublevación armada de Julio de 1936, y sin posibilidad de volver al pueblo (en aquella época vivían en la Seu d’Urgell, aunque antes de la forzada normalización también se la llamaba, de forma indistinta, Seo de Urgel). Su mujer y su hijo (el padre de Matías) quedaron abandonados a su suerte y él, sin un real para volver a casa o pagar sus gastos de manutención, paso varios años en Zaragoza hasta que se apuntó voluntario a las tropas nacionales y participó en la liberación de Madrid. Durante esta época perdió el contacto con su mujer y su hijo, que lo pasaron bastante mal por las persecuciones políticas de la época. Pero gracias a Dios, y a pesar de los miles de muertos que la izquierda, los anarquistas y los separatistas dejaron como infame recuerdo de su paso por el poder en Cataluña durante la Guerra Civil, consiguieron sobrevivir y volver a reunirse acabada la contienda. Pero a su padre le habían quedado bastantes traumas de esa época. Lógicamente. Que a un niño pequeño le arranquen de su barrio, de su escuela, que esté casi 3 años sin ver a su padre, que tenga que esconderse en altillos y en sótanos, que cada vez que hacía amigos nuevos tuviera que decirles adiós a la chita callando, pues son hechos que marcan toda una vida y no precisamente una infancia feliz. Ni mucho menos.

Por todo eso Matías también entendía a su padre. Él ya sufrió lo suyo, aunque fuera de pequeño, y creció escuchando las tristes historias de la contienda civil de boca del abuelo. Y de ninguna manera deseaba que a su hijo, su único hijo, le pasara algo malo. Y menos aún por culpa del desgraciado nacionalismo y su obsesión por imponer el pensamiento único a la natural convivencia de personas de diferentes orígenes, de hablas dispares pero de buen corazón y unidas en el amor a una tierra tan generosamente bella como lo es Cataluña.

- Quién sabe – soltó de pronto su padre.

La frase sonó extrañamente fuerte después de los largos minutos de silencio que acababan de compartir. Y sorprendente. Era la primera vez que su padre no se enfadaba al hablar de estos temas. Y que parecía que en parte hasta aceptaba los argumentos de Matías.

- Hombre, papá, vaya sorpresa ¿te pasa algo?

- Si hijo, sí. Me pasan muchas cosas. Pero una sobre todo: estoy reviviendo hechos que parecían olvidados. Parece que la gente no aprenda, que lo único que quieran es sembrar la discordia entre la gente para hacer puntos dentro de sus podridos partidos políticos. Imagínate: al Pere, el panadero, le han hecho algo parecido a lo que te sucedió a ti con los rótulos de la tienda. Le han metido una multa por un pequeño cartel en el que ponía “Hay huevos frescos”. Y eso que el Pere no habla ni castellano. Pero con la de turistas que pasan por delante de su negocio, pues pensó que las ventas irían mejor así. Y a su hijo, que enfadado se plantó en el ayuntamiento para protestar, le dieron una paliza de órdago en las fiestas del pasado fin de semana. Le pillaron entre cuatro y le apalearon al grito de “espanyol de merda”, xarnego y cosas similares. Cuando se llama Casamitjana de apellido. De verdad, no entiendo nada. Y encima te persiguen a ti por los incidentes en la manifestación del otro día. Y tengo que ver como en la televisión te tildan de fascista, de retrógrado, de español y de mil lindeces más. Ya me estoy cansando de tanto subnormal. De tanto odio y tanto desconocimiento de nuestra historia. De la historia de verdad. Y no de la que se han inventado en estos últimos años. –

Matías no salía de su asombro. Jamás había visto a su padre así. Y menos aún le había oído soltar un párrafo tan largo. Vaya sorpresa, teniendo en cuenta que ayer llegó convencido de que sería una noche como las de siempre, sentados, sin hablar, subiendo a las diez a dormir y finalizando el fin de semana con un escueto adiós a la mañana siguiente tomando un cortado en el bar de al lado, cada uno con su diario en la mano y sin soltar prenda.

- Tranquilo papá, que todo se arreglará. Lo de la manifestación no pasará de un juicio por lesiones, la multa de los rótulos está impugnada, y mi candidatura es legal al 100%, guste a quién guste. Si hace falta iremos a los Tribunales europeos, pero seguiremos luchando. No pueden imponernos su partido único, sus falsas libertades. Ya verás como salimos de esta. -

Su padre puso cara de póker. Solía hacerlo a menudo. Eran los momentos en los que Matías no sabía si llegaría un exabrupto, un halago o un silencio absoluto. Se quedo esperando ansioso.

Lentamente, y apoyándose en su bastón, su padre se levantó. Se acercó al mueble que había en el pasillo, lo abrió y sacó una antigua foto del abuelo Matías cuando lo de la toma de Madrid. En ésta se veía al abuelo rodeado de 4 compañeros de armas sentados delante de la estatua de la Cibeles con una bota en la mano y sonriendo como niños en la hora del patio. Parecían muy felices.

Apoyó el marco en una vela de la mesita del centro, cogió la botella de Ron Pujol que aún no habían ni tocado, lleno los 2 vasitos que estaban limpios de polvo y paja esperando volver a su armario sin ser estrenados (lo que solía suceder cada vez que Matías venía de visita), le pasó una copa a su hijo y con la suya alzada dijo:

- Pongamos unas flores sobre la foto del abuelo. Que así solían llamar él y sus amigos a los brindis. Y seguro que estaría orgulloso de ti. Por el abuelo. –

Matías contestó emocionado:
- Por el avi Matías. Por nosotros. Por el trinxat, por Catalunya y por España.

jueves, 24 de marzo de 2011

¿Un simple coche?

Queramos o no las personas nos encariñamos en muchas ocasiones con cosas materiales. En las tiernas etapas de la infancia pueden ser ositos de peluche, almohadas o simples trozos de tela; en la juventud suelen ser nuestras primeras gafas de sol, aquellos tejanos que se ajustaban a nuestro cuerpo a las mil maravillas o nuestro primer walkman, algo muy valioso en una época en la que los móviles no es que no fueran capaces de reproducir música comprimida en MP3, no, es que ni existían; y ya en la edad adulta todos seguimos teniendo objetos a los que profesamos un amor que va más allá de cualquier lógica. Variopintos donde los haya, estos objetos que rozan el fetichismo son parte de nuestra vida, y cuando por causa mayor nos tenemos que desprender de ellos, se va una parte de nuestra alma y de nuestra vida. Asociados como tienen mil recuerdos y aventuras, compañeros en noches de desvelo y días de gloria, nuestras motos y coches, nuestra ropa y enseres del hogar varios y hasta nuestras mochilas y maletas, son parte del trayecto que llevamos recorrido en nuestra vida. A mí me ha tocado ahora decir adiós a mi coche. Han sido 11 años de grata convivencia, salpicada de aventuras y también, porque negarlo, de desventuras de todo tipo. Rutas varias por España, fugas al alba desde Francia para llegar a tiempo a un desplazamiento de mi equipo, descubrimientos de lugares sorprendentes como Águilas, Murcia, o Calaceite, en Teruel, viajes a Madrid o Pamplona con la bandera de España bien alzada y los himnos de rigor sonando en el interior del habitáculo, que más que eso se convertía en el salón de casa y en ocasiones hasta en el dormitorio, y , cómo no, los mil y un viajes a los mismos bares, a los mismos puntos de encuentro, lugares a los que ¡oh milagro! llegábamos sin tomtomes ni ningún otro tipo de asistencia técnica. Más aún, en muchas ocasiones juraría que el coche llegaba sólo, sin que tuviera que intervenir más que para vaciar el cenicero y darle al autoreverse. Pero, gracias a Dios, tanto las cosas materiales como los humanos tenemos fecha de caducidad: en lo humano desconocemos el cuándo, en lo material sabemos desde un inicio cuando llegará el momento del adiós. Y llegó. Ahí se ha quedado, el mítico BMW con su elocuente matrícula B-8..8-NS, identificación que por un extraño guiño del destino me tocó en suerte: destrozado, a punto de pasar a ser un amasijo de chapa, plástico, colillas y vivencias de épocas que ya no volverán. Pero lleno de multitud de recuerdos y de años de una vida compartida que empieza una nueva etapa.

martes, 15 de marzo de 2011

Japón

Por una vez, y sin que sirva de precedente, no voy a hablar de España: y esto a pesar del título de mi blog y mi propósito general de preocuparme primero por mi patria antes que perder el tiempo con cosas menos transcendentales. Aquellos que me conocen bien, grupo de personas por otro lado cada vez más reducido, me habrán oído decir en ocasiones que antes de morir hay algunos sitios que quiero visitar: Chile, Argentina, Israel y el Japón. No estoy hablando de mi “Bucket List” particular, como en la genial película titulada en España “Ahora o nunca” en la cual dos enfermos terminales deciden cumplir todos sus deseos antes de morir, ni tampoco tengo muy claras las razones de esta selección tan poco ortodoxa. Supongo que podría argumentar sin problemas el porqué de cada uno de estos destinos, pero a pesar de ello sigue siendo un misterio del subconsciente al que por ahora no tengo acceso. Igual en un segundo o tercer nivel de sueño, como describen en otra película reciente, podría desentrañar las razones últimas de esta selección, pero me faltan los conocimientos para ello. O las ganas. Lo que cuenta para este comentario es que Japón es uno de mis destinos soñados. Y me viene de lejos. La atracción de esta cultura milenaria, de su forma de afrontar la vida, de su disciplina, de la sensualidad de sus mujeres, de su escala de valores, y hasta de cosas más mundanas, como su alimentación o su brillante historia militar, han creado en mi interior un deseo de visitar el país que estoy seguro que se cumplirá algún día. ¿O quizás no? Viendo lo que está sucediendo en estos momentos en dicho país de golpe me he enfrentado a una idea bastante “absurda”, poco probable pero factible. ¿Va a desaparecer el Japón que conocemos? ¿Hasta dónde llegarán las consecuencias del trío mortal formado por un terremoto, un tsunami y un cada vez más cercano desastre nuclear? Entre la desinformación que al parecer reina en el antaño gran imperio japonés, país por otro lado poco dado a hablar con claridad o a alarmar a los ciudadanos sin causas fundadas y las contradictorias versiones de la situación actual que voy viendo en los diferentes medios de comunicación, en los que lo que se publica por ejemplo en España no tiene nada que ver con la gravedad que explican en la televisión germana, me encuentro bastante perdido. Y triste. No tengo ninguna vinculación familiar o de amistad con dicho país, a lo sumo que llego es a degustar sushis y sashimis en restaurantes de nuestra tierra, sin estar jamás seguro si lo que me están sirviendo es realmente comida japonesa o una recreación simplificada para los “gaijins” como yo que lo poco que conocen del Japón lo han aprendido viendo películas de la segunda guerra mundial y gritando “Hirohito” por los campos de fútbol porque rima con Benito y Japón formaba parte del Eje en dicha confrontación bélica. Pero a pesar de ello estoy triste. Y este en el fondo extraño sentimiento es el que me que me ha llevado a escribir esto. Y a desear a todos los japoneses que este mal trago pase pronto, que el país se recupere con toda la normalidad posible y que este elemento de mi “lista” particular de cosas que quiero hacer antes de morir no desaparezca y reduzca las pocas aventuras que me quedan por vivir en mi vida. Mucha suerte. 
P.D. Al día siguiente de escribir este artículo ha aparecido este bonito y emocionante comentario del siempre sorprendente Erasmo. Considero que es un buen complemento, por lo que me permito reproducirlo.
Japón

Por Erasmo. El Mundo. 16/3/2011
Magnífico pueblo. “Llanto silencioso”, texto inteligente aquí. Ni pillaje ni peste. Sustantivos del Apocalipsis, del Pentateuco. Las lágrimas de una dama en el minuto de silencio del Bernabéu, aterrada por los vídeos del fin del mundo, volcó su llanto tembloroso aún más que las víctimas y habitantes de Sendai. Orden frugal, mandato austero de la vida como milicia, llevada al espíritu, silencio recogido frente al alarido de una plañidera grecochipriota.
Tienen /por eso no lloran/ de jade las calaveras/con el alma de jazmín/ vienen por la carretera

martes, 1 de marzo de 2011

¿Qué habrá sido de Nuño?

Hay días en los que me pregunto qué habrá sido de Nuño. Nuño es el hijo de unos amigos míos, que en estos momentos debe rondar los 13 años. Más o menos. En el ya lejano 2006 solía frecuentar su casa y pasar horas y horas con sus padres, bueno, más bien con su madre, hablando de todo menos del sexo de los ángeles, porque ya sabemos todos que los ángeles no tienen sexo. Aunque quizá hasta esta afirmación haya perdido valor, teniendo en cuenta todos los cambios que se han producido en estos largos años de dictadura socialista que estamos sufriendo. Igual, y por real decreto, los socialistas han decidido, sin que nos hayamos enterado, que los ángeles y las ángelas pertenecen al colectivo ELEGEBETE por definición. No me extrañaría nada. Me imagino que habrán sido 5 años muy difíciles para los sufridos padres de Nuño, como lo han sido sin lugar a dudas para el resto de progenitores que tuvieron la osadía de traer un niño al mundo en España durante la pasada década. El vuelco cultural y social, si se le puede llamar cultura a los desvaríos de los ministros de los sucesivos desgobiernos del inefable Zapatero, ha sido tal que donde antes ponía blanco hoy contemplamos un negro más oscuro que el café de Colombia; donde antes se hablaba de matrimonio entre una mujer y un hombre hoy se habla de uniones civiles sin importar el sexo (o más bien la desviación sexual) de los contrayentes; donde ir a misa era lo más normal en el día del señor y hoy en cambio te tienes que apartar un viernes por la tarde porque delante de ti cruzan cientos de musulmanes para asistir a sus “arengas” pseudo-religiosas en enormes mezquitas donadas por los propios ayuntamientos (y a costa de nuestros impuestos, claro está); donde podíamos circular a 130 km/h hoy nos obligan a hincharnos de cafés bien cargados para no dormirnos a 110 en la autopista y comernos los quitamiedos; donde ponía Álava hoy nos reciben carteles con el extraño topónimo de Araba, que no estoy seguro si se trata de un error ortográfico o del anuncio de que lo árabe se está adueñando del país a marchas forzadas; donde podíamos comer, pasar al café y disfrutar de la sobremesa con un cigarro puro habano o un simple cigarrillo hecho en Canarias hoy tenemos que abrigarnos para salir a la calle y fumar cual vagabundo o delincuente estigmatizado; en resumen, que donde cualquier ministro dijo digo al final dijo Diego ( o Diega) , y todo se ha convertido en una gran farsa que está cercenando nuestra libertad, hundiendo un siempre mejorable pero en líneas generales correcto sistema de convivencia al que nos habíamos acostumbrado y dejándonos en paños menores ante los retos que nos plantea un futuro cada vez más oscuro. Todo se ha ido al garete. El estado del bienestar, el prestigio de España como nación, la unidad en la diversidad de nuestra antaño admirada y rica patria y la tan cacareada democracia y sus partidos políticos que, sin excepción alguna, han cambiado sus objetivos “altruistas”, “sociales” y “constructivos” por una lucha feroz para asegurar su propio futuro a costa de la buena fe de la gente y sus votos asociados. Tirando de refranero podríamos resumir la situación actual de nuestra querida España con el clásico “Donde no hay harina, todo es mohína”. Si no hay recursos, si las personas que “dirigen” un país no tienen capacidad, conocimientos y sobre todo intención de hacer algo bueno por los demás el resultado solamente puede ser el disgusto o la tristeza. O más aún, el desastre. El fin de una sociedad en la que hemos crecido felices y la desaparición de una patria a la que hemos amado todos desde pequeños. Tanto los padres como los hijos. Hasta el hijo de mis amigos la quería mucho a pesar de su tierna e inocente edad. Hay días en los que me pregunto qué será de Nuño en el futuro.

lunes, 7 de febrero de 2011

Pues qué queréis que os diga, a mí siempre me ha gustado el Real Madrid

Leo en uno de los nuevos medios pericos, en “Crónica Perica”, un editorial titulado “Ni amigos para siempre, ni enemigos”. Valga lo de “nuevo” por acabar de iniciar su andadura por el mundo de Internet, no por algunos de los colaboradores, que tienen ya una cierta edad (como yo) y un “curriculum” como cronistas pericos que cada uno puede valorar como quiera.

En un tono muy “light”, supongo que para cubrir el expediente, no molestar a nadie y sobre todo mantener su indefinición, que no es lo mismo que su independencia, no nos explican nada nuevo. Que si el Barça y el Madrid se parecen, que son 2 equipos grandes que en el fondo hacen lo mismo, que a nosotros lo que nos interesa es ganar, sea a quien sea, que por tener el mismo enemigo, al puto Barza, no tenemos por que ser amigos, etc. etc. Solamente les falta acabar con el grito de “merengues y culés, la misma mierda es”, aunque para eso ya tienen al inefable Jordi Princep aportando sus siempre “valiosos” comentarios.

Todo esto está muy bien, queda muy sensato y muy acorde con los tiempos que corren, en los que tener ideales, decir verdades, luchar contra algo o alguien y buscar la verdad contra corriente está mal visto. Hay que ser tibio, indeciso, ni carne ni pescado, metrosexual, liberal, nacionalista desconocedor de tu propia historia, demócrata sin libertad ni derecho a fumar, hay que apoyar con insensatos gritos de “libertad” a un mundo árabe que esclaviza a centenares de millones de hombres y humilla a otros tantos millones de mujeres, defender un idioma prohibiendo otro (y en la mayoría de los casos sin saberlo hablar siquiera), prefiriendo siempre el mal menor antes que dejar asomar un atisbo de lucidez y de lucha para enfrentarse a la mentira generalizada y al embobamiento de la sociedad. Así es como me suena el artículo de marras.

Pues que queréis que os diga, a mí siempre me ha gustado el Real Madrid. Soy catalán (o sea español) de nacimiento, seguidor del Español desde que tengo conciencia, socio del Club desde los lejanos años 70 del siglo pasado, años en los que la mayoría no habíais ni nacido y también lo son la mayoría de mis familiares y amigos. Siempre hemos sentido una gran simpatía por el Real Madrid. Igual que millones de personas en otras partes de España y hasta en otros países y continentes. Nos criamos en una época en la que los dos canales de televisión, ambos en blanco y negro, tenían bastante con esa riqueza cromática que va del negro al blanco pasando por una variable escala de grises, para permitirnos disfrutar con los episodios de "Kung-Fu" , con la cita semanal de “Crónicas de un Pueblo” y con los enormes partidos del Real Madrid de esa época. No había guerra mediática, ni politiqueo barato, ni la manipulación interesada de un equipo y de sus colores para sacar réditos económicos, sociales o políticos. Existía una afición sana al fútbol, el Madrid nos representaba a todos los españoles, y el Barça era un equipo más del montón, como el nuestro, como el Betis o como el Sporting de Gijón.

Más razón aún para seguir admirando al Real Madrid y para odiar a muerte al Bar$a, que no es más que una bandera extranjera utilizada una y mil veces por personas interesadas en el enfrentamiento con Madrid como sede del gobierno de España y con el Real Madrid como sede de la gloria futbolística. El Barça no representa a nadie que esté en su sano juicio. El Barça es una institución fundada por un extranjero y viciada desde su nacimiento. No es sinónimo de fútbol, de deporte, de honradez y triunfos históricos. Es y ha sido una herramienta de empresarios avariciosos, de políticos y de trepas del tres al cuarto, que han usado, al igual que el nacionalismo catalán, los “nobles” sentimientos de gente humilde, sobre todo inmigrantes del resto de España, casi todos ellos sin una mínima base educativa y cultural, para manipularlos y explotarlos durante décadas.

Y yo no caigo en ninguna trampa del pensamiento único azulgrana, como dicen los de "Crónica Perica". La verdadera trampa es comparar al Barça con el Real Madrid. Es como poner en una balanza a la Leire Pajín y a Elsa Pataky. O a Cristina Almeida y Sara Carbonero. El Barça es el deshonor, la mentira, la manipulación histórica. Y el Real Madrid es eso, el REAL MADRID.

Ni más ni menos.

P.D. Por si queréis leer el artículo que ha originado mi respuesta, aquí lo tenéis:

miércoles, 19 de enero de 2011

Bilbao (o las ideas preconcebidas)

Andaba yo con la mosca detrás de la oreja ante la convención anual de mi empresa que se iba a celebrar en Bilbao. Siendo como soy un “facha” (para todos aquellos que son incapaces de separar el amor que uno pueda sentir por su patria de los arquetipos y prejuicios anclados en los años 30 del siglo pasado y en toda la etapa de transición que abarca desde final de los 70 hasta hoy en día, ya que yo me denominaría patriota, sin ninguna acepción política y menos aún peyorativa) nunca había sentido un fervor exagerado por conocer Bilbao. Las imágenes preconcebidas o heredadas de dicha ciudad se limitaban a un entorno oscuro, mojado, hostil, industrial, lleno de gente “enemiga”, descuidada, violenta, soberbia y montada en el burro de la raza superior y el odio al foráneo, sobre todo si es español. Sin hablar del entorno terrorista de la sanguinaria ETA y sus lacayos de la “kale borroka”, que no es más que el gamberrismo organizado y escudado en un nacionalismo exacerbado, fomentado por políticos solamente interesados en mantener sus privilegios y secundado mayoritariamente por hijos de inmigrantes que para sentirse integrados tienen que ser más papistas que el papa, o más naZionalistas que el lehendakari.

“Anda la hostia, pues”, como dirían los autóctonos de mi ciudad destino. Pues resulta que, bendecido todo con un tiempo soleado y extrañamente agradable tratándose del mes de Enero, y sobrevolando unos paisajes preciosos coloreados en cientos de tonalidades de verde, con caseríos desperdigados por los montes como las manchas de una piel de vaca y rematado el entorno por acantilados y rías dignos de aparecer en cualquier revista de turismo que se precie, paisaje que como bien comentó un compañero al llegar parecía más el Tirol que un escenario español, nos plantamos en una ciudad limpia y acogedora como pocas.


Y que mejor me podía pasar que poder conocer una parte la ciudad de la mano de una persona autóctona, nacida en el propio Bilbao y conocedora de sus encantos, sus rincones secretos y sus Gildas (un pincho que nos supo a gloria a todos). Y si encima esta persona es aficionada a los viajes, tiene una cultura que sobrepasa en creces la media y le gusta explicar detalles y compartir sus pasiones con los demás: mejor, imposible. (Gracias Luis)

Los exteriores del Guggenheim con su perro “Puppy” cuidando de la caseta, la ría con sus preciosos y nuevos paseos que la bordean, las calles del centro, el “mítico” edificio desde el cual se precipitó James Bond en una de sus películas (valga esto como un guiño a nuestro guía), el antiguo almacén de vinos de Bilbao (¡a los habitantes se les quedó “pequeño” y eso que ocupa una extensión considerable, digamos que del tamaño de un campo de fútbol!) , llamado la Alhóndiga y reconvertido en un original y precioso centro cultural y multifuncional, así como la simpatía de la guía, de los camareros, la delicia de sus pinchos y el ambiente en general, me hicieron recapacitar de inmediato y sobre todo arrepentirme de no haber venido antes por estos lares.

A ciencia cierta que repetiré, ya sin prejuicios (o con menos) pero seguro que con muchas ganas de conocer un poco más esta parte de las provincias vascongadas, que por ideas preconcebidas he dejado de lado demasiado tiempo. Y como todos sabemos, “tempus fugit.”

Por todo ello, una recomendación: si no la conoces, déjate caer por Bilbao en cuanto puedas.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Sexo, mentiras y política

Algunos de nosotros recordamos la película “Sex, lies and videotape” del año 1989, no por haberla visto sino por la polémica y la curiosidad que generó en la sociedad. Y bien pensado en esa época tampoco teníamos mucho interés en ver una película “independiente” que versaba sobre los problemas sexuales de otras parejas: ya teníamos bastante con nuestros propios problemas. En cualquier caso muchos que la vieron lo hicieron simplemente para disfrutar de la siempre agradable Andie MacDowell. Pero mi intención no es hablar de dicha película, sino simplemente parodiar su título.
En estos últimos meses hemos asistido a varios episodios en los que la prensa políticamente correcta (la del sistema), el entorno “oficialista” de libertades y alianzas planetarias varias, la izquierda libertaria y otrora tolerante y la masa inculta (que por desgracia es la parte proporcional mayor de la sociedad española), ese “populacho” que se divierte a diario viendo programas cutres que solamente hablan de infidelidades, de sexo sin amor, del tamaño del miembro de tal famoso y de la cantidad de orgasmos que consigue la otra famosa (por no hablar del orgasmo de la votante del PSC del último video de la campaña electoral catalana), se han tirado todos ellos al unísono al cuello, cual perros furibundos, de 2 grandes escritores, por haber dejado caer estos en conversaciones particulares y privadas o como anécdota de su juventud en un libro, comentarios sobre sus preferencias en cuanto a las mujeres.
Válgame Dios. Ahora resulta que la izquierda y sus medios afines, luchadora durante todo el último siglo por conseguir la libertad sexual, abanderada del movimiento LGBT*, es decir, de los enfermos del sexo, promotora del sexo en la tierna infancia y también en la tercera edad con campañas sufragadas con nuestros impuestos, heredera del “flower power”, del nudismo, de los viajes a Perpignan y de la mantequilla del “Ultimo tango en París, del sexo en grupo y de los clubs de intercambio de parejas de los años 60, 70 y 80 del siglo pasado, contra-educadora de nuestra juventud repartiendo en clases de ESO octavillas para “reorientar” a los niños hacia un sexo libre con quien quieras, como quieras y cuando quieras, esta izquierda es la que ha decidido atacar a 2 respetables personas por unos simples comentarios que parecen un rezo o un poema de amor al lado de la bazofia que sale de la boca de cualquier contertulio, político o presentador del régimen socialista y dictatorial actual.
El mundo al revés. La izquierda que se llena la boca de libertad, de justicia y de igualdad, que promueve el aborto libre a cualquier edad, lo que por ende significa por lógica tolerar y promover el sexo de niños y adolescentes, ahora se rasga las vestiduras porque 2 personas intelectual, social y culturalmente superiores a ella sueltan un comentario “sexista” en su vida privada.
Por favor. Menos hipocresía, menos falsedad. O estamos o no estamos, pero predicar una cosa y luego sulfurarse de forma artificial por inocentes comentarios de mentes preclaras simplemente porque no son de los “suyos”, porque son de la “derecha cavernaria”, es simplemente ridículo. Como lo es y ha sido la izquierda en España en general. Carente de ideas, retrograda al máximo, enemiga de la libertad y del ser humano.
Y ya que estamos en época de elecciones, pues eso, el “populacho” a votarlos como siempre y a seguir siendo libres en su incultura. Dominados por falsos profetas e ideologías más caducas que la carta de ajuste del UHF.
*LGBT: "Lesbian, gay, transsexual and bisexual"

miércoles, 10 de noviembre de 2010

La década prodigiosa

Cada persona tiene su década prodigiosa, que por lógica evolutiva suele coincidir con la finalización de la pubertad, el inquietante y difícil paso a la juventud y en muchas ocasiones con el fin de la época escolar o estudiantil. Lo de escolar y estudiantil va por aquellos que consiguieron acabar el colegio y pasaron a la universidad, sin por ello olvidar a todos los demás que también tuvieron su década prodigiosa, aunque en su caso fuera en el momento de abandonar el hogar paterno y pasar al mundo laboral.

En mi caso, la década prodigiosa abarca esos maravillosos años que van desde el 1980 al 1992, más o menos. Son esos 10 o 12 años que siguen presentes en todo momento, son los años en los que fui más feliz, en los que cimenté con buena cal y arena las columnas de amistades que aún perduran, donde forjé mi manera de ser y elegí mis compañeros de viaje y el relleno de las alforjas que sigo llevando a cuestas.

Viene todo esto a cuento de un reencuentro hace unas cuantas semanas con un buen amigo del servicio militar, con el que coincidí en el lejano 1985 en la calurosa y genial Córdoba, y de unas cuantas fotos que acabo de volver a ver y que han conseguido emocionarme y valorar de nuevo todo aquello que quedó atrás.

Atrás en el tiempo pero no en el sentimiento y en el recuerdo.

Después de esa década prodigiosa que vivimos todos el presente pasa a ser una rutinaria realidad, bonita en muchos casos, triste en otros, repetitiva en la mayoría de ellos; pero carente de la emoción, la ilusión, la alegría, la frescura, de la idealización y exageración de los sentimientos, del morir por su amor o por los ideales, del soñar despierto y dormir impaciente para volver a levantarte y disfrutar de todos y cada uno de los segundos del día.

Y conforme pasa el tiempo, recurres a dicha década, a tus recuerdos, para sorber un poco del elixir de la vida que al parecer se agotó en esos 10 años maravillosos que todos hemos pasado.

Y vuelves a encontrarte con viejas amistades, que no han cambiando un ápice en su interior, aunque físicamente hayan envejecido (algo que ni notas). Y abres un álbum de fotos y lloras y ríes de emoción y felicidad recordando ese día tan especial, ese concierto de los Nikis en Madrid, esa excursión a la montaña o esa salida a la playa con toda la vida por delante, los mejores compañeros arropándote y las chicas más guapas a tu lado.

Y todo esto sucede por una simple razón: la década prodigiosa de tu vida no desaparece. Es la base, el soporte, la columna, la roca sobre la que has construido el resto de tu vida. Es la red a la que recurres cuando estás a punto de caer, la manta que te envuelve cuando tienes frío, la brillante luz que te ilumina cuando andas por el oscuro túnel de la madurez en soledad.

Qué bonito es tenerla siempre a mano, a esa década que te marcó y te permite seguir soñando cual joven aprendiz de pintor. Y que te ayuda a no olvidar todo lo bonito que te ha dado la vida y a la gente maravillosa que has conocido. Va por ti, Alejandro, estés donde estés. Y por Antonio, por Paloma, por Chus y por todos los demás que a ciencia cierta leyendo esto saben que son parte de esa década. De nuestra década prodigiosa.


martes, 2 de noviembre de 2010

Las elecciones, un show más

Conforme pasan los días previos a la apertura “oficial” de la campaña electoral en la Comunidad Autónoma del Reino de España llamada Cataluña, el panorama se va volviendo cada vez más alucinante. De entrada no entiendo el porqué de la limitación temporal a las campañas electorales (oficialmente no entramos en campaña hasta el 12 de Noviembre), sabedores todos que la vida de los políticos es una campaña constante, de día y de noche, llueva o haga sol, para seguir manteniendo sus privilegios contra viento y marea. La campaña política de cualquier “elegido” empieza el mismo día en el que los votos de los simplistas ciudadanos le han aupado al poder. A seguir engañando a todos para no perder sus privilegios. A eso se dedica un político, y no a cumplir sus promesas electorales. Si la única diferencia entre la campaña “oficial” y la “no oficial” es que se puedan decorar las paredes, los árboles, los plafones y demás objetos de mobiliario urbano con carteles pagados por todos nosotros, en los que nos sonríen las falsos salvadores de la patria con sus patéticas caras (retocadas en la mayoría de los casos con herramientas de edición gráfica), pues sinceramente no entiendo nuestra ley electoral. Dejémonos de formalismos, de leyes que nadie cumple, de normativas electorales y demás sandeces, cuando aquí todo el mundo hace lo que le rota, cuándo y cómo quiere. Si hay que reunirse con terroristas para arañar votos, pues adelante. Si hay que vigilar al contrario contratando detectives privados, pues por qué no. Si lo útil es tirar de hemeroteca, de hechos acaecidos hace tiempo y hasta prescritos, para echar un poco de mierda sobre el contrario, pues vale. Si hay que irse a comer o cenar con determinados jueces para asegurarse su apoyo en sucias maniobras electorales, pues adelante. ¿La división de poderes, para qué la queremos? Si hay que mentir a diestro y siniestro sabedor que no se demostrarán las mentiras hasta que las elecciones hayan acabado, pues divirtámonos mintiendo, que es gerundio. Esto es la guerra por el sillón, por las prebendas, la obsesión de los “representantes del pueblo” por llegar cuanto antes al mínimo legal requerido para disfrutar de una pensión vitalicia. Lo demás, mentiras como una olla.

Poca diferencia hay, por desgracia, entre nuestro sistema democrático y su sistema electoral y cualquier “reality show” o programa de telebasura. Se trata de vender humo, de soltar mentiras, cuan más exageradas, mejor; de sorprender, entretener y manipular a la gente como si se tratara de un juego más, de un show televisivo, de darles carnaza para que caigan en la trampa de votar, que se sientan partícipes de un proceso que no es nada más que un montaje para que los de siempre, los políticos profesionales, obtengan su certificación, refrendada por el voto de los tontos ciudadanos, y puedan seguir unos cuantos años más viviendo del cuento.

No descubro nada nuevo con todo lo dicho antes, grandes escritores, columnistas, pensadores y filósofos, lo han descrito en el último siglo y medio de esta o de mucha mejor manera. Todo es un cuento para mantener al pueblo atontado y hacerle creer que participa realmente en las decisiones trascendentales que afectan a la sociedad, a la convivencia, al futuro del ser humano, al bien de su patria o a la limpieza física y social de su barrio. Y un carajo. Igual tiene razón el escritor Sergio Fidalgo, que ha decidido dar su voto a un partido de “frikis”, el CORI, ya que en su opinión los “frikis” de verdad ya están en el poder. Igual no. Tiene toda la razón del mundo.

miércoles, 27 de octubre de 2010

La farsa de cada año

Por repetitivo al final casi todo acaba cansando. Salvo temas excepcionales y trascendentales, como pueden ser la fe, el amor, el matrimonio, la amistad, la paternidad (aquí por desgracia hablo de oídas) o la camaradería real, el resto de hechos en la vida de una persona van perdiendo su encanto conforme se convierten en una rutina que se realiza por inercia, sin apetencia de ningún tipo.

Y la peor de estas rutinas, en mi opinión (nada de humilde opinión: es la mía y de humilde tengo bien poco), es la gran farsa de las elecciones: las promesas, las urnas, los sondeos, las papeletas, los debates, los insultos, la publicación de trapos sucios a diestro y siniestro, el gasto en publicidad, la omnipresencia en los medios de frikis, mentirosos profesionales, corruptos de nacimiento, analistas de tres al cuarto, periodistas analfabetos funcionales o completos y popes de la libertad, igualdad y fraternidad, sumado al resto de parafernalia “democrática” que rodea estas repetitivas y totalmente inútiles escenificaciones de un proceso que ni es democrático, ni aporta nada al bien común, ni soluciona los problemas de los seres humanos., me dan cada vez más asco.

Y más aún por suceder en mi patria, en España. El nivel intelectual de esta, en otros tiempos gran nación, ha quedado reducido a un mínimo tan exiguo que sinceramente da vergüenza ser español. Si comparo lo que sucede en el día a día de España con lo que pasa en otros países, por ejemplo en Alemania, en muchas ocasiones me pondría a llorar. No hay ni punto de comparación en nada, pero en absolutamente nada, entre España y un país civilizado, culto y preparado para avanzar en la evolución del ser humano y de los sistemas que rigen nuestra convivencia.

La inmensa mayoría de la sociedad española es chabacana (no por ser esto una lengua que se habla en algunas ciudades filipinas, sino por grosera y de mal gusto; véase la Real Academia), ruin, inculta, viciosa, simplista, analfabeta, egoísta, sucia física y mentalmente y encima mal educada.

Esto queda reflejado en cualquier índice, rating o kpi (como gusta llamarse hoy en día a los ratios de gestión de cualquier tipo) que se publican sobre nuestro país; los programas de televisión que se ven, los rankings de taquilla de los cines, los libros más vendidos, el nivel de nuestras universidades, el porcentaje de aprobados en los colegios, el porcentaje dedicado a la investigación, etc. etc. etc.

Para que seguir. Es algo que sabemos todos (todos aquellos que leemos esto y no somos parte del grupo antes citado). La reserva espiritual e intelectual de España.

Y a pesar de ello, inasequibles al desaliento, amigos, conocidos y camaradas, insisten en la ilusión, en la lucha, militan en partidos, se preparan para las elecciones, asisten a mítines, colaboran en el redactado de programas electorales, en definitiva, sueñan con una España mejor. Benditos ellos que aún creen.

Adelante amigos. Seguid en la lucha. A mí me cuesta cada vez más. Solamente veo la farsa de cada año.