miércoles, 27 de septiembre de 2017

Seguimos caminando

Por límite el horizonte
Y por frontera la mar
Por no tener ni tengo norte
Y no sé lo que es llegar
El caso es andar
(Cecilia, 1973)



Un año más, y suman ya dieciocho los tramos del Camino de Santiago iniciados, sufridos y acabados. Lejano queda el primero, en el año 1999, con mi madre recién fallecida, su esquela en la mochila, graves e insuperables problemas matrimoniales a punto de quebrar una relación que no pudo ser como hubiera deseado (¡mea culpa!) y ese primer contacto con el polvo, el sufrimiento, el paisaje y la historia de un milenario camino de peregrinación. Y como cada año, la siempre corta caminata, unos 145 km este año, ha estado plagada de anécdotas, experiencias y, sobre todo, de ese sentimiento de libertad, de liberación de la carga del día a día y de una necesaria introspección buscando ese sentido de la vida tan intangible y misterioso como los méritos de Mariano Rajoy el inane, Pedro Sánchez el limitado, Gabriel Rufián, Puigdemont, Iglesias, Echenique, Monedero, Colau o cualquiera de los demás personajillos que cobran un sueldazo y viven a cuerpo de rey sin aportar nada a la sociedad. A no ser disgustos. Y generando al mismo tiempo graves enfrentamientos sociales.

Este año mis espaldas tenían que soportar pues una carga adicional: la situación política y social en mi patria chica, Cataluña, y por ende en mi querida España, pesaba como una losa en la como siempre demasiado cargada mochila. Y sigue pesando.
Malditos sean los manipuladores que con tal de esconder sus vergüenzas y ocultar sus latrocinios son capaces de destrozar una gloriosa historia común! 
Y pobre la juventud adoctrinada que sigue al mentiroso pastor cual oveja alelada sin darse cuenta que al final del camino lo que hay es un precipicio sin fondo.

Andando por lo tanto por la vega del río Tera, principal afluente del Esla que a su vez nutre de agua al majestuoso Duero, este año partimos desde Montamarta, localidad zamorana muy cercana a la capital de la provincia, con la Puebla de Sanabria como meta. Hablo en plural ya que volvía a disfrutar de la siempre agradable compañía de Edu, al igual que el año pasado (y esperando que en el futuro sigamos compartiendo penas y alegrías, cervezas y vinos, ruidos y silencios, conversaciones y discusiones… y hasta enfados).

Y empezó todo en un taxi que nos acercó desde Zamora hasta el punto de partida, taxista “piratilla” por cierto que se saltó el turno del compañero al que habíamos llamado y usurpó su puesto para ganarse unas perras. La clásica “picaresca” española que tanto me gusta citar en mis artículos como un ejemplo más de la falta de valores en nuestra sociedad. Porque aunque la primera acepción de pícaro en el DRAE sea la de “listo y espabilado” bien sabemos todos que en la mayoría de los casos hay que aplicar la segunda acepción, que reza: “tramposo y desvergonzado”. Como los políticos impresentables citados anteriormente. Buscando el beneficio propio a costa de los demás. Como el taxista.
Sin hospitalero que nos recibiera y con casi todas las camas ocupadas, nos instalamos, paseamos por el pueblo para hacer tiempo, compramos lo necesario para una cena ligera y conocimos a Félix y Javier, ambos residentes en Quintanar de la Orden, veteranos peregrinos y personas interesantes con las que conversar y compartir anécdotas y conocimientos. No puedo decir lo mismo de un friki peregrino, de esos que como bien dijo Javier parecen feriantes con todo lo que llevan colgado al cuello o de la mochila. Buscando protagonismo y sabiendo todo mejor que los demás, su destino estaba escrito: quedarse solo. De madrugada le cayó una buena bronca de parte de una chica a la que despertó con su té a las 4:30 de la mañana, con un ¡te odio! que resonó en todo el albergue, y también nosotros decidimos al final de etapa hacer un quiebro, cambiar el destino y con ello no tener que volver a compartir techo con él.

Nuestra salida a la primera etapa no pudo ser más desastrosa, dejando el dicho español de “a quien madruga Dios le ayuda” en agua de borrajas (originalmente cerrajas según estudiosos lingüistas). Empezamos a andar a las 6:20 de la mañana, pero por desgracia, y a pesar de mi guía, la brújula y la en teoría fácil orientación mirando el firmamento, en vez de ir hacia el norte fuimos andando en círculo, lo que añadió unos 6 km a una primera etapa que presumíamos fácil y cómoda. Suerte que Edu tuvo la sensatez de parar en seco nuestro deambular sin rumbo (el “no arrow no way” acabaría siendo un lema del Camino de este año), dimos marcha atrás y retomamos el camino correcto a los pies de una antigua fortaleza de la Orden de Santiago. De ahí a Fontanillas de Castro fueron unas largas tres horas esperando encontrar un bar anunciado en las guías pero, maldito día llevábamos, la posada estaba más cerrada que la mente de Irene Montero. Dentro de la desgracia por esta vez nos sonrío la diosa fortuna y justo cuando íbamos a retomar la marcha, hambrientos y sedientos, apareció la propietaria, limpió el local de los excesos de la noche anterior y nos sirvió un refrigerio a base de bocadillos y cervezas. ¡Alabados sean el Señor, el bocadillo de lomo y la Mahou bien fría!

Saciados y descansados seguimos hasta Riego del Camino, tomamos unas cervezas con nuestros conocidos Félix y Javier y decidimos seguir la ruta normal hasta la Granja de la Moreruela y ahí tomar un taxi, desplazarnos hasta Tábara (ya habíamos barajado esta población como meta inicial) y dejar atrás dicho pueblo, sus fiestas, su poco afamado albergue y sobre todo al friki nombrado anteriormente. ¡Sabia decisión supongo, aunque nunca sabremos cómo hubiera sido a la inversa! De nuevo tiramos de taxista pícaro (en este caso ya ni era taxista sino un simple lugareño que nos oyó hablar y se ofreció a llevarnos por unos módicos 25 euros hasta destino. Un euro por kilómetro parecía ser la tarifa oficial de la región (igual que el precio de un botellín). ¡Asín si, como ya decía Edu el año anterior! La llegada a Tábara nos sorprendió con la procesión de la Virgen del Carmen, elegimos el albergue privado que incluía la cena por 15€ , aguantamos la bronca de un peregrino por dejar la mochila en la cama, mientras nos duchábamos desapareció una pareja que ya estaba instalada (intuimos que era la misma chica enfadada del día anterior…, al parecer un poco antropofóbica), paseo, preciosa iglesia románica en un región con claro pasado templario, cena en el albergue viendo una parte del partido del Madrid, llegada de unos gabachos y una holandesa sudorosa y hasta maloliente, y poco más. Disfrutamos de una noche tranquila y a las 7 de la mañana ya estábamos en pie para seguir nuestra aventura. Ni 24 horas llevábamos en marcha y ya había pasado de todo un poco. Cosas del Camino y de la cercanía intensa y continuada con extraños y en un ambiente desconocido. Como dirían psicólogos, tutores o entrenadores (ahora llamados coach por aquello de la modernidad): estábamos claramente fuera de nuestra zona de confort. Como Arturito Mas contando anonadado sus ahorrillos para enfrentarse a la multa de más de cinco millones de euros que va a tener que apoquinar en breve. ¡Por listillo! ¡O mejor, por ladrón! 
(Como bien describe J.M. Nieto en su viñeta de ayer)
La segunda etapa empezó de maravilla, de aquellas etapas que no se olvidan: sin asfalto, naturaleza exuberante, sin cobertura en los móviles y en un silencio absoluto cruzando una sierra en la que igual aún se escondían “antiguos maquis y hasta sefardíes” (esta frase la soltó el taxista de la víspera, será cosa de la soledad y del vino de la región. 
Al oírla me vino a la memoria la escena del ermitaño en “La Vida de Brian”. Eso sí, con bandera roja y negra y soltando la letanía del “no pasarán”). Llegamos a Bercianos a las 11:15. Ni tienda ni bar social. Edu se apresuró a escribir en mi bloc: “Your guide is a fucking shit”.  ¡Gracias por apreciar mi trabajo y la buena intención! Pero como Dios es justo, a los pocos segundos de sentenciar mi trabajo con su tajante frase apareció la amiga olorosa holandesa (se presentó como Mandy) con una lugareña que portaba las llaves del local social, nos abrió y pudimos disfrutar de un refrigerio a base de queso y las omnipresentes cervezas (en todos lados frías a más no poder, algo sorprendente pero de agradecer). Los amigos Félix y Javier también se unieron, dimos algo de comer a la holandesa (daba la sensación de que no gasta ni come nada), y al rato salimos para rematar el día, llegando a Santa Croya de Tera a las 13.40. La hospedería de esta etapa se llamaba Casa Anita y nos recibió la simpática Conchita en un albergue / hotelillo rural muy bien montado pero exagerado en tamaño y servicios para el entorno y la afluencia de peregrinos (hecho confirmado posteriormente por la propietaria que nos comentó que lo dejaba después de 18 años, que no era rentable). Comida a base de platos combinados en el “Chiringuito”, sorpresa por la cantidad de agua y el espléndido campo de fútbol con una hierba que envidiaría cualquier equipo de primera, y por fin se nos ocurrió un nombre para la banda: “Conchita no tiene …”. Lo dejo ahí, no creo que haga falta entrar en detalles.


Paseamos hasta la vecina Santa Marta, que alberga en la fachada de su iglesia la que dicen que es la representación  más antigua de Santiago Peregrino de España (afirman que es del Siglo XIII, aunque a nosotros nos pareció bastante más moderna, o como mínimo restaurada), y de vuelta al centro. Compramos algo para cenar, las guapas hermanitas hospitaleras nos prestaron una guitarra y le dimos un poco a la música. Aunque la fiesta quedó interrumpida por un nuevo episodio de falta de higiene de los bárbaros del norte: apareció una señora holandesa de unos 65 años llena de picaduras de chinches, quejándose de los albergues y reclamando ayuda para limpiar su equipaje. Lo que tendría que hacer es quemar el saco de dormir y dejar de transportar a los bichitos de albergue en albergue. Para rematar, la soberbia de un holandés que la acompañaba llegó hasta el punto de llamar a unos amigos farmacéuticos en ¡Noruega! para que nos instruyeran en cómo se eliminan los/las chinches (mientras tanto iba vacilando, detallando las varias carreras que tenía y lo bien que tocaba y cantaba el “Let it be” de los Beatles. Patético.). Edu dejó caer un muy acertado: “Pues haber estudiado biología (por lo de los chinches)”. Como si España fuera un país del Tercer Mundo en el que la higiene brilla por su ausencia. Tendría que haberle recomendado echar una mirada a las estadísticas de ventas de productos de higiene personal en los diferentes países europeos. Se hubiera llevado un buen chasco. Maldito engreído (y no sería su única salida de tono como se verá más adelante). Otra solución sería que se juntaran todos estos sucios del norte con las chicas de la CUP de Barcelona y se dedicaran a olerse el sobaquillo en sucia hermandad. ¡Dios me perdone por estos insultos, pero por sus aires (y olores) se lo merecen! Aguantar la prepotencia holandesa en mi propia tierra es para añusgarse. ¡Viva el Duque de Alba!



Y vamos a por la tercera etapa. ¡Solamente habían pasado 3 días desde el inicio de la aventura anual y las anécdotas y vivencias se acumulaban! Que enriquecedora diferencia frente a la monotonía del día a día en la gran ciudad. Claro que es algo no apto para todos los públicos: ruidos, olores, incomodidades, sed, hambre, dolor, hastío, impaciencia…, sentimientos a los que los urbanitas no estamos habituados. Pero que al mismo tiempo son fuente de muchas enseñanzas. A determinados personajes (a esos que insulto a menudo: los malditos políticos que se están cargando nuestro país con sus mentiras, sus comisiones, sus robos descarados o sus iluminadas teorías sobre naciones milenarias y diferencias raciales entre iguales) les iría pero que muy bien pasar unos cuantos días sufriendo bajo el peso de una mochila, compartiendo aseos con desconocidos y durmiendo en literas inestables. Otro gallo nos cantaría si conocieran en primera persona lo que significan el esfuerzo, la paciencia, la tolerancia, la solidaridad y la generosidad.

A las ocho de la mañana ya estábamos en camino, sabedores que hasta las 11 de la mañana no habría tregua ni lugar donde repostar. Por fin, en el bar La Trucha de Olleros, hicimos parada y fonda y nos juntamos con Astérix y Obélix. Al final acabé bautizando de esta guisa (con todo cariño) a los compañeros Félix y Javier. Objetivamente tienen un aire a los famosos galos del cómic, tanto físicamente como por su carácter.  Después de un desayuno nada frugal (tortillas y embutidos del lugar) seguimos hasta Villar de Farfón, con un tramo de asfalto duro donde los haya, donde hicimos un pequeño receso en un curioso albergue en medio de la nada, regentado por un joven sudafricano (Craig) muy creyente (por no decir integrista: el albergue se llama Rehoboth, nombre de un pozo que se nombra en el libro del Génesis del Antiguo Testamento). Sin tiempo ni de disfrutar del refresco que nos ofreció el hospitalero a cambio de la voluntad me vi inmerso en una conversación sobre la posibilidad de la resurrección física y la fe en general. Suerte que llegaron los galos y emprendimos la marcha al poco rato. El resto de la etapa fue por un precioso camino boscoso, en el que un zorro cruzó nuestra senda, y hacia las cuatro de la tarde llegamos a Rionegro del Puente, con un albergue muy bonito pero escaso en duchas y aseos (como en la mayoría de los casos), y localidad sede de la Cofradía o Hermandad de Nuestra Señora de la Carballeda. Los historiadores consideran a esta hermandad una de las primeras del Camino, y sitúan sus orígenes entre el siglo XIV y XV. Los miembros se llaman los “Falifos”, cuyo origen parece ser una prenda que se destinaba a la venta para recaudar fondos para la cofradía. Hasta aquí llega lo que pude entender, si estuviera Astérix / Félix seguro que ampliaría la historia con más detalles. Algo que hacía con casi todo lo que veíamos o hablábamos, era una fuente de conocimiento que daba placer tener al lado. Poco más dio de sí el día: paseo, cena de menú muy correcto en el bar Palacio y a descansar.

Llegado el miércoles nos levantamos al alba y a las 7 ya estábamos andando. La noche anterior nos anunciaron que el albergue previsto inicialmente en San Salvador estaba cerrado, por lo que nos enfrentamos de nuevo a una etapa larga, de más de 28 km. A las 9 desayunamos en un hotel de carretera en Mombuey (que Edu conocía de algún viaje anterior), y aprovechamos que había negocios abiertos para comprar lo necesario para cocinar en el siguiente albergue (o en el que tocara). Después de hora y media bastante tranquila paramos en un bonito pueblecito a dar buena cuenta del pan, las cervezas y el chorizo que llevamos a cuestas y coincidimos con una nueva pareja de peregrinos, esta vez alemanes, que iban con toda la calma del mundo disfrutando el paisaje. Al rato cruzó delante de nosotros, a menos de 50 metros, un nutrido rebaño de corzos (más tarde, al volver a estar los cuatro juntos y tener yo mis dudas consultamos en el DRAE las diferentes denominaciones de grupos de animales: manadas, bandadas, rebaños.. y piaras (la única que tenía bien clara: “manada de cerdos o de políticos”). Creo que desde la última vez que fui a un Safari Parc no había visto tantos animales salvajes juntos. Y eso debió ser por los años 70 del siglo pasado.  Un poco más adelante vimos a lo lejos a un anciano francés (82 años), al que apodaba Gimli por su estatura, y que comenzó a tambalearse con una mochila que medía casi lo mismo que él. Interesándonos por su estado nos comentó que no podía más, que llamaría a un taxi en el siguiente pueblo y que se retiraba. Pobre hombre. Echamos una mirada a la iglesia del pueblo y conversamos brevemente con un cura sacado de los comics de antaño: fuerte como un roble y multón como un Guardia Civil. ¡Que si por qué llevo un tatuaje, que cómo es que un madrileño y un catalán se hablan! Miedo me daba imaginar sus homilías, y así debían sentir todos los habitantes de la aldea, ya que pese a ser miércoles acudían en masa a la misa de 11. Despachado el último tramo llegamos al albergue / polideportivo de Asturianos hacia las 12; ahí nos estaba esperando Obélix, ya que por seguir lesionado había tenido que volver a usar un transporte mecanizado para cubrir la etapa.

Al rato se fue llenando el refugio, situado en un paraje precioso, con un inmenso roble en la puerta, un campo de tiro y hasta un frontón de tamaño reglamentario. Se nota (como bien nos comentaron los lugareños en varios bares) que por aquí hay dinero. Y bastante. Preciosas y cuidadas casas e instalaciones deportivas dignas de villas de mayor tamaño. La ya conocida holandesa de los bichos, bautizada Mama Chinches desde el día anterior, apareció también con sus antipáticos acompañantes, y siguiendo su pesada obsesión vació toda su mochila en el césped dejando que los chinches se desperdigaran por todos lados. Y encima se le ocurrió pedir a la propietaria del bar si podía dejar el saco de dormir en la nevera de los helados para rematar la plaga. ¡Anda ya! Suerte que cacé al viento sus intenciones y me chivé a la posadera, que me sonrió agradecida. El enemigo holandés volvió a soltar una de sus impertinencias: ¿Lo de tener los pies heridos es una tradición española?, sin que me dignara en recordarle todas las derrotas sufridas por su “pueblo superior” a manos de nuestros míticos Tercios de Flandes. Ni lo entendería. Ni valía la pena. Que siga con sus chulerías y sus chinches. Que a todo cerdo le llega su San Martín. O su Ambrosio Spinola como en Breda.


Cenamos, discusión absurda con Edu, de esas que no sabes ni a qué vienen, y pasadas las 9 ya me fui a descansar. Ya solamente nos quedaba una etapa, y para variar me sabía a poco lo vivido. ¡El año que viene haremos lo posible para alargar el tramo! Por lo menos es nuestra intención.

Ya era jueves, día de la última etapa. De Asturianos a Puebla de Sanabria, un paseo de poco más de 15 km. A las 7 estábamos en pie, y a las 8 caminando por la santa tierra española (al no abrir el bar del pueblo optamos por ir tirando). Me alejé del grupo y me hice toda la etapa en absoluta soledad. Supongo que se debía a la pequeña discusión de la noche anterior. O quizás al bajón por saber que se acababa el Camino de hogaño. O a una mezcla de ambas cosas. Llegué al albergue tocadas las 12 del mediodía, con Javier en la puerta y la buena noticia de que Mama Chinches y sus muchachos habían pasado de largo y seguían al siguiente pueblo. ¡Qué alivio! Me acerqué al supermercado a comprar los ingredientes que faltaban para preparar la comida en común planificada y al rato llegaron Félix y Edu.
Esta vez los macarrones no me salieron nada bien (maldita sal gruesa), pero por lo menos seguimos la tradición de cocinar un día para los demás y pudimos compartir mesa y charla con los irreductibles galos.  Paseamos por el bonito pueblo para bajar el exceso de sal, y a la vuelta nos encontramos con Mandy, la holandesa, que de golpe pasó de ser la olorosa a ser una fiel aliada: hablando sobre los antipáticos holandeses y Mama Chinches me comentó que no los traga…, y hablando sobre España e Inglaterra soltó una frase inesperada en boca de una persona de su nacionalidad: “Los españoles integraron en América, los ingleses mataron”.

De golpe ya no la veía como una sudada holandesa y a mis ojos se convirtió en una simpática y hasta guapa amiga. Si nuestro Camino hubiera seguido unos días más seguro que hubiera sucumbido a sus encantos. Y hasta a sus efluvios.

¡Ultreia et suseia!
Buen Camino a todos.


P.D.: Ayer se cumplió un año del fallecimiento de mi padre. Le recordé en la misa en Puebla de Sanabria, al igual que recé por todos mis familiares, amigos y camaradas. 
Por los presentes y por los ausentes. D.E.P. 
Y siendo el día que es, no puedo olvidar ni dejar de gritar: ¡Carlos Oriente, presente!





lunes, 11 de septiembre de 2017

Nunca es tarde para aprender

Los que me conocéis o seguís mis artículos en este modesto cuaderno de bitácora sabéis de sobra que no me suelo prodigar en piropos, elogios o peloteos varios. Más bien suelo criticar, machacar y hasta insultar a diestro y siniestro. De ahí mi tuit fijado en el perfil, que reza: “Más vale ser resabiado que resabido”. Debido a mi edad, mi formación y mi cultura ((limitada, pero obviamente superior a la media) no suelo ir de resabido, es decir, de sabelotodo, pero sin lugar a dudas tengo una parte de resabiado: no soy un jovenzuelo (aunque lo parezca), perdí mi ingenuidad hace tiempo y las cosas las veo venir a distancia y con mucha anticipación. Por ello estoy sorprendiéndome a mí mismo escribiendo estas líneas.

¡Voy a elogiar algo! ¿Quién lo iba a decir a estas alturas de mi vida?

Pues sí. He pasado la última semana en un seminario para managers organizado por mi empresa, una más de las múltiples y variadas “formaciones” que he recibido en mis 27 años de carrera profesional, y creo que por primera vez (y sin que sirva de precedente), he vuelto con la sensación de haber aprendido algo, sin afán ni intención de criticar a nadie y con la ilusión de ver que nunca es tarde para aprender, para ser modesto y para romper una lanza a favor de los responsables de esta sesión formativa y sobre todo de las personas que dedicaron su tiempo a intentar abrirnos los ojos, enseñarnos algo nuevo y apoyarnos en nuestro quehacer diario.

Por razones obvias no voy a detallar ni las lecciones aprendidas, ni las dinámicas utilizadas, y menos aún el nombre de los diferentes instructores que durante 4 días hicieron todo lo posible para darle valor añadido a unas jornadas que normalmente suelo juzgar como simples, infantiles, superficiales y carentes de valor. Desconfiado como soy, y como estudioso de cualquier tendencia actual, amén de haber tenido familiares psicólogos, haber cursado estudios universitarios, poseer una base cultural amplia por haberme formado en un entorno multicultural (debido a ser medio español y medio alemán) y ser un ávido lector de libros, diarios y revistas en varios idiomas, es muy raro (por insólito, no por que no exista) que algo o alguien sea capaz de enseñarme algo y ante el que tenga que quitarme el sombrero y decir “chapeau”.

Pero así ha sido. Y me alegro mucho. Después de tantos años, con formaciones y cursos de todo tipo, desde “Habilidades Directivas”, pasando por “Comunicación Objetiva”, “Gestión de equipos”, “Marketing de Servicios” y muchos otros seminarios y “titulitos” que en el fondo me entraban por una oreja y me salían por la otra, algo bueno me ha pasado. De golpe y porrazo me he encontrado con una formación impartida por una persona altamente capacitada, elegante, profesional, con un más que amplio bagaje de formación (y asumo que de cultura), experiencia y mano izquierda dignas de mencionar. Y si a ello sumamos las demás actividades del evento (buenas y valiosas en su mayoría) y el haber conocido en profundidad a muchas personas que solamente había visto de lejos o que desconocía por completo, no me queda mucho más que dar las gracias.

Viendo nuestra triste, acabada, ingenua e inculta sociedad, en la que predominan la chabacanería, la basura, la superficialidad, la falta de intelecto, el materialismo, el egoísmo y la absoluta carencia de valores, algo como lo vivido en estos últimos días es como mínimo de agradecer.

Y si lo comparamos con las tendencias y gilipolleces de moda, las seudociencias, las terapias del tres al cuarto, la moda de la autoayuda, desvaríos como el Reiki, los miles de “profesionales” del “coaching” que en muchos casos no saben ni lo que significa la propia palabra “coach”, el intrusismo y la formación no reglada que permite a cualquier charlatán arrogarse unas supuestas capacidades docentes o ejemplares de las que suele carecer, pues qué queréis que os diga. 

También existen personas preparadas, metodologías interesantes y enseñanzas nuevas que aportan valor a tu vida. 
Como el seminario New Way impartido en mi actual empresa, Sopra Steria. 


Nunca es tarde para aprender. Ni para bajarse del pedestal.
Gracias a todos que lo habéis hecho posible. 
En especial a Esther.  

lunes, 21 de agosto de 2017

Si fuera malpensado

Analizando la información sobre los recientes atentados islamistas en Barcelona y Cambrils, es decir, en España, tengo muchas, pero muchas, dudas. Y no hablo solamente de un análisis de la información sesgada que nos puedan dar los distintos medios politizados de nuestro país, los de un lado y los de otro, hablo de la información global, la de la prensa extranjera, la de particulares en las redes sociales, la de las grandes agencias de noticias y la de las televisiones públicas de los demás países europeos (no incluyo a la televisión mexicana por razones obvias, aunque ya me gustaría que fuera la más acertada).

Estamos ante otro 11-M, ante otra crueldad terrorista de la que al parecer solamente importa sacar réditos políticos. En este caso no son el PSOE y el PP los que luchan sobre el ring cubierto de sangre de hombres, mujeres y niños, por ganar asalto a asalto su particular combate para alcanzar mayores cuotas de poder; esta vez se trata de la eterna y cansina lucha de los minoritarios pero listos separatistas catalanes y de los sucios antisistema de la CUP por dar una imagen de estado autónomo, de capacidad policial y de independencia de España ante los medios extranjeros, a costa del sufrimiento innecesario y atroz de las víctimas, sus familiares y el conjunto de la población.

No han pasado ni 3 días del “misterio” de Alcanar, de la matanza de la Ramblas, de la huida por la diagonal de un terrorista y de la valerosa actuación de un ex legionario en Cambrils, y ya tenemos ante nosotros un gran saco de incongruencias, medias verdades, rectificaciones, falsedades, invenciones, manipulaciones, ocultaciones y demás actos de desinformación claramente interesados; todo ello urdido en las cloacas del nacionalismo catalán, en los vergonzosos acuerdos con los ocupas antisistema y en las mentes enfermizas y limitadas de los líderes del “prusés”.

No entraré en detalles, cada cual es libre de leer, contrastar y analizar todo lo que se ha dicho hasta el momento, o de coger un bolígrafo y un folio e intentar cuadrar cual joven estudiante la información recibida con los hechos conocidos (mi amigo Jorge Belsa resume algunos puntos aquí).
Cualquiera que haga este ejercicio y tenga un poco de inteligencia, es decir, si está por encima de esa “media española” que se cree a pies juntillas cualquier sandez que oiga por televisión, sobre todo si sale de las manipuladoras cadenas populistas como la Secta o TV3, verá con toda claridad que aquí no cuadra nada, que los hechos se adaptan al relato posterior y no a la inversa. Es decir, tergiversación. O “nueva historia”.
Algo nada nuevo ni sorprendente en esta Cataluña que tanto quiero y que cada vez añoro menos.

Y como bien dice Cayetana Álvarez de Toledo hoy en su columna, tengo miedo. 
Y mucho. 
Porque los únicos que no tienen miedo son los tontos y los imbéciles.


¡Malditos seáis, mentirosos y manipuladores!


P.D. Para muestra un botón: este video emitido en varias cadenas de televisión el mismo jueves muestra en teoría a los Mossos entrando en el mercado de la Boquería a la caza de un terrorista huido. Y yo me pregunto 2 cosas:
¿Cómo es que tenían ya un compañero dentro preparado para filmar desde el mejor ángulo?
¿Cómo consiguieron dejar el mercado de la Boquería vacío, ordenado y limpio como un quirófano cuando el mercado cierra normalmente a las 20:30 y lo desalojaron a toda velocidad después de los sangrientos hechos?
Corrijo por haber recibido más información de fuentes fidedignas: de Mossos nada, son agentes de la UPAS de la Guardia Urbana.
Aún así la limpieza del lugar me extraña. En breve tendré la respuesta. O no. Duda y acertarás.





martes, 4 de julio de 2017

Paletos y cosmopaletos

En el fondo quería escribir un corto relato sobre la muy agradable visita de Alberto y Marta a mi casa durante el pasado fin de semana. Pero visto que casi todo lo que hicimos y vivimos no da para un buen artículo, y más aún si tengo que empezar a ocultar un poco de aquí y un poco de allá para no enseñar todas mis cartas, pues mejor será dejarlo y dedicar estas líneas a hablar de las personas altamente limitadas. ¡Que haberlas, haylas! Y aunque no hable del pequeño Nicolás, de los mocasines sin calcetines, de las camisas a rayas con la vuelta de mangas y cuello en blanco, del himno del PP, de Pepe el parapléjico poli-consumidor, de los ídolos de plata, los judíos destrozados, de la maestría a la guitarra, de lo poco que nos gusta enseñar los tatuajes o del momento clave de nuestras noches en el que toca regalar algo a la persona que tienes a tu lado, seguro que a ambos les hará gracia leer esta pequeña reflexión. Digo yo.


Bien sabemos que los paletos siempre han existido. Y tal como los define el diccionario de la RAE, es decir, alguien “poco educado y de modales y gustos poco refinados”, o “rústico y sin habilidad para desenvolverse en ambientes urbanos”, no hay duda de que todos conocemos a bastantes. Pero a pesar de su falta de educación, modales o cultura, a mí siempre me han inspirado más simpatía, ternura y hasta pena que otra cosa. Nadie tenía (en otras épocas) la culpa de haber nacido en un pueblo, de no haber podido formarse en un buen colegio, de no haber heredado aficiones como la escritura o la lectura o de no haber podido viajar. En otras épocas, digo, ya que hoy en día todo lo anterior me sonaría a burda excusa. En pleno siglo XXI nadie puede ya justificar su ignorancia, su no saber estar, su grosería y su mala educación con dichos argumentos. Cualquier pueblo de nuestra geografía ofrece hoy en día casi las mismas posibilidades que una gran ciudad: la educación es obligatoria y de calidad (bueno, calidad lo que se llama calidad…) , viajar ya no cuesta la herencia del abuelo (se llame Florenci o Fulgencio) y, encima, la digitalización y el abaratamiento de las comunicaciones permiten a cualquier "mindundi" acceder a un mínimo de cultura y conocimiento. Si es que se da cuenta y lo desea, claro está. Porque ahí radica el nuevo y grave problema: hoy en día la mayoría de personas son incapaces de entender o asimilar que son paletos. Se han subido al burro de la “culturilla” televisiva, de las cuatro perogrulladas que les llegan por Whatsapp y de saber recitar las alineaciones del Real Madrid o el Barza sin equivocarse, después de repasar en el bar artículos súper complejos (de 2 inmensos y eternos párrafos) del diario AS o del Sport, para al final de la mañana y después de varios botellines erigirse en personas cultas, preparadas y capaces de contestarte con un “eso ya lo sé” o “nada nuevo para mí” a cualquier pregunta complicada que les plantees. O de atreverse a retarte a una partida de Trivial en la máquina del bar, juego al que a base de borracheras y horas de tedio y soledad le han dado ya 50 veces la vuelta y cuyas respuestas conocen por el color y la posición en la pantalla. ¡Cultura en mayúsculas a 1 euro la partida!

Pues estos nuevos “paletos” son mayoría en nuestra sociedad. Sin duda. Simplemente hay que mirar que programas lideran las audiencias en la televisión, las ventas de los periódicos, la relación de monumentos o museos más visitados del país, las películas que triunfan en el cine o a los partidos políticos a los que votan, para darse cuenta que vivimos en un mundo culturalmente acabado. Listo para ser engullido por cualquier enemigo que se lance sobre los restos de nuestra sociedad. Ya sea el capitalismo salvaje, la dictadura de género LGTBI, el integrismo islámico, el populismo manipulador o la masonería camuflada de democracia y liberalismo en estado puro.

Pero aún hay algo peor. Mucho peor a mi entender. Son los cosmopaletos. Palabra que no acuño yo, sino que ya ha sido usada en bastantes artículos, editoriales y comentarios por personas bastante más preparadas y cultas que yo. Hasta leí una posible definición que encaja como anillo al dedo: “el cosmopaletismo es la tendencia a mostrar un cosmopolitismo forzado que revela precisamente el carácter aldeano que se pretende ocultar”.  Es decir, en vez del cosmopolita de otras épocas, una persona que “se ha movido o se mueve por muchos países y se muestra abierta a sus culturas y costumbres”, tenemos hoy en día al nuevo paleto, al cosmopaleto, que usando expresiones extranjeras y repitiendo sandeces que ha oído, que no escuchado, en televisión, se cree de golpe el rey del mambo, políglota, culto, ciudadano del mundo y poseedor de la verdad absoluta.

Es decir: el Agapito de turno que en vez irse a correr con sus deportivas se va a hacer running con sus sneakers, que celebra Halloween en vez de la festividad de Todos los Santos, que se gasta su semanada en un black, red o blue Friday en vez de esperar a las rebajas de verano del Corte Inglés. Los limitados jóvenes formados por la LOGSE que en vez de ir de una santa vez al psiquiatra acuden a un coach, que prefieren decir que compran productos low-cost cuando lo que les falta es parné para comprar algo de calidad, que ante una party lanzan un crowdfunding en vez de hacer la clásica recolecta entre la peña para montar la fiesta, que en vez de resumirte la reunión te hacen un debriefing, un forward en vez de un reenvío y hablan de tu look desfasado en vez de mirarse en el espejo y darse cuenta de que parecen los payasos de antaño.

Y así podría seguir hasta el infinito. Hasta llegar al punto de decir “This is the end”.  Que en cristiano no significa nada más que nuestro mundo se ha acabado. 
Adiós a nuestra cultura, adiós a los cosmopolitas que aportaban algo, adiós al placer de la lectura, del aprendizaje de idiomas extranjeros, de los viajes, al inmenso beneficio de saber por saber y no para sentirte superior al prójimo, a los modales, a la hospitalidad, a la educación, a la humildad, al saber estar y a la modestia.


Malditos los nuevos paletos, los cosmopaletos y todo el asqueroso e inhumano sistema que los ha engendrado con el único fin de dominarlos a todos.

 ¡Maldito Sauron y malditos los cosmopaletos!


viernes, 9 de junio de 2017

Discurso a los idiotas de España

Preámbulo:

Ahora que he llegado a esa edad que Platón consideraba la idónea para gobernar, como bien puntualizaba Joaquín Leguina en su artículo del día 8 de Junio pasado, me permito lanzar al viento (porque llegar a una gran audiencia en este país se me antoja harto difícil, más aún si el texto se extiende más allá de medio folio), estas reflexiones, que no son más que un compendio de lo que pienso, siento y deseo. Y de la verdad que nos rodea. Por mucho que los vendidos medios de comunicación os quieran lavar la cabeza y mientan en la mayoría de los casos.

A muchos de mis fieles lectores os sonarán bastantes temas, ya que es una letanía que llevo cantando desde joven (y replicando en este blog desde el año 2004), por lo que os pido disculpas por ser pesado y repetitivo. (Siempre podéis dejar de leer en este momento y luego decirme que os gustó mucho mi artículo. No pienso preguntar por su contenido ni examinar a nadie). Pero esto es lo que hay, nuestra España está hecha unos zorros y la sociedad occidental en un tris de desaparecer en aras del beneficio económico de las multinacionales, los bancos y las sociedades opacas (y hasta secretas), cuya complicidad con la inmigración masiva (necesaria para mantener sus expectativas de beneficio) está fuera de toda duda.

Y sabedor de que lo que yo piense, escriba o proclame a la mayoría de la sociedad ni le llegará, a los “milennials” les entrará por un oído y les saldrá por el otro (¿Cómo van a escuchar los “milennials” la opinión de un “milenario"?), y a los pocos que lo lean muchas de mis afirmaciones les parecerán exageradas,  por lo menos me quedaré con la satisfacción de haber intentado abrir los ojos a algún que otro lector perdido en esta España adolescente en la que hoy en día “.. un macho alfa del tres al cuarto pretende enseñar al mundo que su corta vida, su escaso esfuerzo intelectual y su mínima experiencia le avalan para echar abajo la Constitución y las leyes.” (Leguina dixit). Y con ello cargarse siglos de nuestra noble e imperial historia patria.




Que en España no van bien las cosas, al parecer desde tiempos remotos, lo saben ya los españoles desde que nacen. Hay y existen mil interpretaciones, mil explicaciones, acerca de los motivos por los que España camina por la historia con cierta dificultad, con pena y sin gloria. Es hora de renunciar a todas ellas. Son falsas, peligrosas, y no sirven en absoluto de nada. Bástenos saber que sobre España no pesa maldición alguna, y que los españoles no somos un pueblo incapacitado y mediocre. No hay en nosotros limitación, ni tope, ni cadenas de ningún género que nos impidan incrustar de nuevo a España en la Historia universal. Para ello es suficiente el esfuerzo de una generación. Bastan, pues, quince o veinte años.

Idiotas. Hace pocos meses titulé un artículo mío “Imbéciles”. Tanto monta, monta tanto. La absoluta mayoría de nosotros, españolitos de a pie, lo somos. Idiotas e imbéciles. O cualquiera de los sinónimos que nos ofrece nuestra rica y querida lengua para describir a personas carentes de intelecto: babieca, memo, bobo, pasmado, pazguato, papanatas, tontaina, bobalicón, estúpido, majadero, simple, tonto, patoso, tarado, gaznápiro, memo, palurdo, ceporro, lelo, torpe, necio, ignorante, inculto, rudo, adoquín, zote, zopenco o zoquete. (Igual convendría incluir una adenda al DRAE con nombres de “influencers” actuales como ejemplos de idiota, para que podamos entender mejor a lo que me refiero: Pablo Iglesias, Irene Montero, Rita Maestre, Gabriel Rufián, Echenique, Kichi, Willy Tolerdo, Albert Rivera, Puigdemont, Mariano Rajoy, Borbones y Bardems varios, Wyomings y similares, Rahola, Lucía Caram, en fin, una lista interminable). 

¡No será por nombres y sinónimos que me quede sin definir la triste esencia de nuestra sociedad! Para algo tenemos uno de los idiomas más ricos y completos del mundo, aparte de ser la segunda lengua más hablada del planeta. Aunque vistas muchas de las recientes adiciones al diccionario de la Real Academia, igual el español deje de ser una lengua rica y propia y pase a ser un batiburrillo de extranjerismos tan propios de la perniciosa globalización en la que estamos inmersos. Para no hablar de la discriminación, cuando no eliminación, de nuestra lengua común en alguna de las taifas de esta nuestra tierra tan querida, que tanto costó reconquistar y unir y que están malvendiendo a precio de saldo los ladrones de turno.

Somos ceporros hasta el punto de que nos hemos dejado convencer de que no somos nadie, de que nuestra existencia como nación, como Patria, es una quimera. De que todo lo serio, valioso y duradero se cuece fuera de nuestras fronteras, allende los Pirineos o más allá de los mares que bañan la Piel de Toro. De que lo único importante en esta vida es sobrevivir, si puede ser sin trabajar demasiado, usando la picaresca española como alibi continuo. Sin ningún aliciente más que conseguir llegar a fin de mes, de disfrutar de alguna tarde al sol sentado en el chiringuito de la playa, de echar un polvo aunque sea sin amor y de verlas venir a partir del siguiente lunes. Y al siguiente viernes, más de lo mismo. (Si no media un partido de fútbol, que en eso sí que somos líderes absolutos). 

Solamente nos falta la renta social garantizada para que el suicidio colectivo sea un hecho y España como nación desparezca de la faz de la tierra. Porque de los libros ya desapareció hace tiempo, como bien se puede comprobar en el material educativo de los colegios en muchas partes de España. En Cataluña, en las islas Baleares, en las Vascongadas, en Navarra y próximamente en Andalucía, la historia que se les explica a los más jóvenes no tiene absolutamente nada que ver con la realidad, son adaptaciones oportunistas para justificar los trapicheos y las carencias culturales y sociales de los gobernantes actuales. De esos millones de “políticos” inútiles que pululan a nuestro alrededor sin to ni son, restando en vez de sumando. Pero viviendo como reyes. Así nos va.

Y todo esto viene de lejos. Hablamos de los siglos XV al XIX. Cuatro siglos que marcaron nuestra historia en lo bueno y en lo malo. Son cuatro siglos en los que el resto de las potencias mundiales (“occidentales” para ser más exactos) se dedicaron de forma maliciosa, organizada y estructurada a echar pestes sobre España, sobre el Imperio Español, sobre nuestros logros, nuestra hegemonía militar, cultural y espiritual, con el único fin de arañar un poco (o la mayor parte) del pastel y superarnos cultural, militar y económicamente. No me extenderé en los detalles de estas campañas, para ello simplemente os recomiendo leer el excelente libro de Maria Elvira Roca Barea titulado “Imperiofobia y la leyenda negra”. Una obra maestra, sin duda, en la que la autora desgrana los tejemanejes, las mentiras, las envidias y las conspiraciones de nuestros “amigos” europeos, en especial Francia e Inglaterra, a fin de maquillar su historia y mancillar la nuestra. Acciones todas ellas que simple y llanamente pretendían acabar con todo lo bueno que significó el imperio español y con ello alzarse a las posiciones dominantes en la Vieja Europa.

Pero lo peor de todo no estriba en que los “enemigos” se inventen historias y creen leyendas negras, eso es parte de la guerra (sucia, pero guerra al fin y al cabo) entre naciones, lo realmente trágico es que a base de insistir hayan conseguido que nosotros mismos, los españoles, nos lo hayamos creído. (Y no viene de ahora: bien claro queda en la cita inicial de este escrito, extraída, como la mayoría ya sabéis, del “Discurso a las juventudes de España” de Ramiro Ledesma Ramos, del año ¡1935!).

La manipulación llega hasta tal punto que cualquier ciudadano europeo aún hoy en día, en pleno Siglo XXI, se cree a pies juntillas las barbaridades que franceses, holandeses o ingleses llegaron a inventarse (y siguen, y siguen) sobre nosotros y nuestra tierra. O que donnadies separatistas y nacionalistas de nuestra propia patria hagan uso de esa leyenda negra buscando con ello su propio beneficio. No creo que haga falta nombrar a todos los merluzos que nadan por esas sucias aguas de los nuevos reinos de Narnia insultando a España, a su historia, a su herencia cultural, intentando separar su propia evolución histórica y su pertenencia natural a la nación española con argumentos simplistas, cuando no inventados (con el ínclito “Institut Nova Història” como editor de la nueva enciclopedia de la historia apócrifa) , como si fueran los redactores de burdos tabloides ingleses. Con tal de poder robar un poco (o un mucho), declararse superiores al resto de ciudadanos de España y poder con ello vivir a la sopa boba, se las trae bien floja cualquier razón, cualquier estudio serio, cualquier hecho real y probado que tiraría por la borda sus infantiles argumentos.


España ha sido dirigida y gobernada por gentes, grupos e ideas a quienes caracteriza una mentalidad de liquidadores, de herederos y de cobardes.

Aquí tenemos otra frase lapidaria del ya nombrado discurso de Ramiro Ledesma Ramos. ¡Qué actual suena verdad! Nadie diría que estemos ante unas palabras escritas hace 82 años. Pero por desgracia es así. Ochenta y dos años perdidos, tirados por la borda. Y los que vendrán si no espabilamos. O movemos el culo, como bien gráficamente decimos hoy en día. Porque nadie me podrá negar que los sucesivos gobiernos que hemos sufrido desde el año 1978 no han hecho más que destrozar nuestra herencia, vender nuestro patrimonio y nuestra libertad, liquidar nuestra industria y entregarnos a la esclavitud cultural, militar y económica. Y hablo de todos los gobiernos, hayan sido, sean o se proclamen de izquierdas o de derechas. Nada les diferencia en su propósito final: ostentar el poder, aprovechar el momento para su propio beneficio y prometer sin cumplir,  para arañar algunos años más de “dolce vita” y utilizar las facilidades y las relaciones que generan los cargos políticos para su lucro personal. Ya pueden llamarlo (esos “cosmopaletos” a los que les gusta tirar de palabras en inglés sin antes haber aprendido su propia lengua) de forma pomposa “networking”, todos sabemos muy bien que en lengua española se llama nepotismo. Con todas sus letras. Y consecuencias.

Que os voy a contar de las tropelías que sufrimos en España: “famiglias” de mafiosos como los Pujol, partidos corruptos hasta la médula como el PSOE y el PP (la misma mierda es), gobernantes de “derechas” permitiendo y fomentando el aborto y la ideología de género, perroflautas y guarros sin formación ni educación convirtiendo las instituciones en patios de colegio, bancos y cajas de ahorros dirigidas por los herederos de Alí Baba y rescatados con los impuestos de los españoles o con jugadas “maestras” como la del Banco Popular de esta misma semana, en la que ganan los de siempre y pierde, como no, la clase media y obrera de España: nosotros, los primos que con nuestros votos y nuestros impuestos mantenemos vivo el maldito sistema que nos está ahogando. Los idiotas.

A comienzos del siglo XVII, ya corría por Europa un plan de desgajamiento y balcanización del territorio peninsular, Europa tiraba de Cataluña. Llegó a haber allí virreyes franceses. Se logró no obstante vencer ese proceso canceroso y se conservó la unidad de España. Ha sido la única victoria desde la culminación del Imperio. Aunque empalidecida en el Oeste con la no asimilación de Portugal y avergonzada en el Sur con Gibraltar en manos de Inglaterra.

Y así llegamos al tercer y más pernicioso factor que está acabando con nuestra patria: el maldito nacionalismo. Y como no, arriba tenéis la cita al respecto, nuevamente del discurso de Ramiro. Y seguimos igual, o peor. Aturdidos y manipulados los adolescentes ciudadanos de las provincias vascongadas y de Cataluña (ya mismo los de las islas Baleares, vistos los incidentes en las pruebas de la Selectividad de esta semana, los valencianos y quién sabe si también los andaluces, sobre todo cuando lean “El Principito” en andalú), con ya casi cuarenta años de contra-educación, de tergiversación de la historia, con leyendas convertidas en hechos irrefutables (sobre todo en mi querida Cataluña) , idiomas artificiales sacados de la chistera de la rancia y racista burguesía vasca encabezada por el enfermo Sabino Arana y con el recuerdo (ni olvido ni perdono) de un terrorismo brutal y sanguinario que ha dejado más de 800 muertos tirados en el frío suelo patrio. Viles asesinatos que poco a poco, con la connivencia del Sistema, de la partitocracia, de la derecha y la izquierda, de la Corona, de la Iglesia y de todos los mangantes juntos, están cayendo en el olvido y hasta convirtiéndose en míticos y nobles luchadores contra el opresor español, con la paulatina asignación a las sucias ratas etarras de cargos públicos, la celebración de homenajes, la petición y concesión de acercamientos, indultos y ayudas económicas. El mundo al revés.


En España estamos ante ese fenómeno. Vivimos una asfixiante monopolización de la vida pública por parte de leguleyos, burócratas, renunciadores y lisiados mentales de profesión.

No hace falta que venga a contarlo yo. Todos sabemos que la vida pública vuelve a estar en manos de la chusma, igual que hace 82 años. Lisiados mentales de profesión, como bien los llamaba Ramiro.

Y nosotros, los idiotas, tan panchos. Esperando que nos caiga del cielo la lotería primitiva, que los problemas se evaporen con el sudor de nuestra última borrachera y que los asesinos islamistas pasen de largo y no nos molesten en nuestros meses sagrados de chiringuito y tinto de verano.

Practicando la tan romana “damnatio memoriae” con nosotros mismos, con nuestra historia, nuestro presente y hasta con nuestro futuro.

¿Qué hay que hablar mal de España? ¿Qué hay que robar? Pues yo más.

Que para eso somos españoles.

Suerte que en nuestra Patria quedan, aunque cada vez menos, ejemplos de valor y nobleza. Como Ignacio Echeverría. Descansa en paz valiente. Que tu ejemplo cunda en esta sociedad y levantemos el vuelo entre todos, recobrando la sensatez, recuperando los valores occidentales y cristianos, la moral y la justicia.



Y salvemos a España y a Europa de su tan cercana desaparición.

lunes, 8 de mayo de 2017

#Soyunborrego

Dedicado a María José T. Hoy el día brilla un poco más. A pesar de todo.

Como hace ya unas semanas que me persiguen las referencias al efecto Dunning-Kruger (hoy mismo Juan Manuel de Prada lo usa como apellido del retrasado socialista Pedro Sánchez), pues no voy a ser menos que los brillantes autores que citan este trastorno psicológico para hablar de las “eminencias” patrias. Faltaría. Porque en el fondo, tal como título este comentario, yo también soy un borrego. Como la mayoría. Aunque lo intente disfrazar o disimular haciéndome el interesante, remando (en teoría) contracorriente, criticando la necedad y la incultura de los demás, leyendo (en muchos casos a regañadientes) obras interesantes o mirando canales de televisión “serios” (es decir, alemanes). Un ardid que en el fondo no es nada más que acabar siendo otro borrego. Quizás no de la misma raza, quién sabe si con un poco más de intelecto, pero borrego al fin y al cabo.

Ahí está el factor clave del efecto Dunning-Kruger. No importa tanto el punto inicial del gráfico, en el que se cruzan los menos doctos con el mayor complejo de superioridad. En ese punto está la mayoría de borregos de nuestra sociedad. Lo realmente valioso es quedarse en el valle de la curva, asumiendo que no sabes nada y que cada día hay algo nuevo que aprender. Pero llegar a ese punto, o por lo menos mantenerse, es harto difícil.

El propio y casi siempre certero Jorge Bustos habla hoy del mismo trastorno, eso sí, sin citarlo. A cuento de las elecciones presidenciales celebradas ayer en Francia nos dice el autor  “…el abstencionista a menudo se juzga superior al vulgo engañado por un sistema que no le representa, pero solo es otro esclavo mudo de la corriente mayoritaria”.

¡Cuánta razón, pardiez! Como me siento reflejado en estas palabras. Y retratados a tantos otros conocidos y amigos míos que por mucho que practiquemos la humildad, digamos públicamente que en el fondo no dominamos nada, nos arroguemos estar en el punto más bajo de la curva de Dunning-Kruger: bien sabemos todos que nos creemos poseedores de la verdad, que con lo poco que sabemos nos sentimos superiores a la mayoría de seres que nos rodean. Con lo que volvemos a estar en el punto inicial de la curva.

Como el pez que se muerde la cola. Decían los eminentes psicólogos en su estudio (que ganó el premio Nobel, por cierto): “La sobrevaloración del incompetente nace de la mala interpretación de la capacidad de uno mismo. La infravaloración del competente nace de la mala interpretación de la capacidad de los demás.”

Quizás la única manera de no creerse superior a los demás sería vivir aislado, cual ermitaño, sin acceso a las noticias, a los medios en general, sin mensajería instantánea, correo o redes sociales. Porque mientras sigamos inmersos en esta sociedad, en manos de los “millennials” y sus gadgets, bombardeados día y noche por noticias verdaderas, falsas, sesgadas o manipuladas; con líderes políticos y sociales ("influencers" se llaman a sí mismos) que en cualquier otra época hubieran acabado como esclavos o pasto de las llamas, con lunáticos que son “tendencia” y tecnologías absorbentes que cada día que pasa nos convierten más y más en meros juguetes en manos de la mercadotecnia y las grandes corporaciones; con todo este maldito mundo moderno rodeándonos y acabando poco a poco con las pocas neuronas que nos quedan.
¿Cómo no nos vamos a creer superiores?

¿O quizás lo seamos? (Viendo a estos, por ejemplo)



Chi lo sa

jueves, 27 de abril de 2017

Qué alegría cuando me dijeron..

Sigo sin lanzarme a escribir sobre la belleza (a pesar de la insistencia de mi amiga María José), pero por lo menos puedo encabezar este artículo con la palabra alegría. ¡Qué ya es mucho! Y como supongo que lo estáis esperando todos, la canción sigue así:

Qué alegría cuando me dijeron
Entró en el presidio un Pujol
Ya estoy sintiéndome mejor
Sólo faltan su familia y el paredón


(Nota para los amantes de la lengua española: yo sigo acentuando el adverbio “sólo” cuando significa solamente, por mucho que las nuevas normas ortográficas no lo aconsejen. Soy de la vieja escuela.)

Y no creáis ahora que soy un iluso: todos sabemos que el paripé que están montando nuestros tan poco independientes fiscales y jueces no va a servir de mucho. Pasados tantos años desde que se iniciaron las investigaciones alrededor de los tejemanejes, las tropelías, los cohechos, las prevaricaciones y demás delitos y faltas de la “sagrada famiglia catalana”, esa pretendida dinastía llamada Pujol (de una nación inexistente por cierto), poco tiene que rascar nuestro poder judicial. Más aún cuando flota en el aire la amenaza de tirar de la manta del “capo di tutti capi”.





Basándome (con todo el respeto y admiración) en un mítico discurso pronunciado en 1933 por una persona honesta, integra y valiente, podríamos seguir así:

Cuando, en mayo de 1980, un hombre nefasto llamado Jordi Pujol i Soley, asumió el cargo de presidente de la Generalitat, dejó de ser la honradez política una entidad permanente. Fueron más de 23 años, 8.626 días, de mangoneo disfrazado de gobierno, periodo fructífero para la famiglia y su corte de aduladores, pero sumamente desastroso para el bien común. Jordi Pujol i Soley vino a decirnos que la justicia y la verdad no eran categorías permanentes de razón, sino que eran, en cada instante, decisiones interesadas, ligadas a una módica comisión del 3% (o del 4% como se ha descubierto hace poco).

Jordi Pujol i Soley suponía que el conjunto de los que vivimos en un pueblo tenemos un intelecto inferior, frente a la jerarquía natural de cada uno de sus hijos, y que ese yo superior (que era él) está dotado de unas prerrogativas infinitas, capaz de robar en cada instante lo tuyo y lo mío, por encima del bien y del mal.

De ahí vino el sistema nacionalista, que es, en primer lugar, el más ruinoso sistema de manipulación de la verdad en aras de un beneficio económico. Un hombre dotado para la altísima función de gobernar, que es tal vez la más noble de las funciones humanas, dedicó el ochenta, el noventa o el noventa y cinco por ciento de su energía a recaudar comisiones, colocar a familiares y amigos y a crear naciones imaginarias, manipular leyendas milenarias y a hacer sonar la flauta por el bien de los suyos.

Vino después la pérdida de la voluntad real de los pueblos, porque como el sistema funcionaba sobre el logro de las mayorías, todo aquel que aspiraba a participar del expolio del sistema, tenía que procurarse la mayoría de los sufragios. Y tenía que procurárselos inventado, manipulando, tergiversando, ocultando, vilipendiando, si era preciso, a los demás ciudadanos, y para ello no tenía que vacilar en calumniarlos, en verter sobre ellos las peores injurias, en faltar deliberadamente a la verdad, en no desperdiciar un solo resorte de mentira y de envilecimiento.

Y así, siendo la fraternidad uno de los postulados del complot mafioso de la famiglia, ocultó en su domicilio de la calle General Mitre (y en muchos otros lugares) todo lo recaudado y robado durante su mandato.

Así resulta que cuando nosotros, los hombres de nuestra generación, abrimos los ojos, nos encontramos con una Cataluña en ruina moral, una región escindida en toda suerte de diferencias; y por lo que nos toca de cerca, nos encontramos una Cataluña dividida por todos los odios y por todas las pugnas.


Para descubrir al final que todo fue culpa del avi Florenci.

Como ya cantaba el insoportable bardo oficial Lluis Llach (en boga de nuevo por sus amenazas a los funcionarios de Cataluña):

L'avi Florenci em parlava
de bon matí al portal
mentre el sol esperàvem
i els carros vèiem passar.

Jordi, que no veus la trama
que ens tenim que muntar?
si no podem enganyar-los
ens tocarà ben robar!

Si enganyem tots, la comissió caurà
i molt de temps ens ha de durar,
segur que s’omple, s’omple, s’omple
la butxaca familiar.



¡Qué os den, malditos ladrones!