sábado, 1 de septiembre de 2012

Mentiras


Las mentiras nos rodean, de eso no hay duda. Nos acompañan desde que nacemos hasta el momento de la muerte; y tanto para no creyentes como creyentes seguirán presentes en el más allá, cuando aquellos, incómodos por la nueva realidad, se echen en cara a sí mismos el haber dudado de la existencia de Dios y maldigan las mentiras de los teóricos del “Big Bang” y el Evolucionismo, y estos, si se diera el caso de que no hubiera nada después de la muerte,  tachen de mentirosa a su religión y de farsantes a sus ministros. Pero dejemos el más allá para mejor ocasión, ya que por suerte,o desgracia, seguimos habitando este planeta llamado tierra.  Ese planeta azul con sus poco sinceros habitantes y sus constantes mentiras. Todos los tipos de mentiras, desde las que hacen daño hasta las piadosas, las llamadas “white lies” en inglés (o Geschwindel y Flunkerei en Alemán). No entraré en más detalles sobre la categorización de ellas, de eso ya se encargó San Agustín, por lo que cualquier lector interesado puede recurrir a las palabras del Santo para conocer las ocho maneras que hay de no decir la verdad (según él).
Pero de lo que quería hablar en este inicio de temporada escolar, política y futbolística (escalas o divisiones temporales estas que en nuestro mundo occidental son las que mandan, frente a las estaciones naturales o religiosas de otras épocas y culturas), es de las mentiras que tenemos que tragar cada año, con la misma pesadez y repetición que las campañas publicitarias de la “Vuelta al Cole”, del “Ya es otoño en el Corte Inglés” y de la solemne apertura de sesiones del  “Club Social de los Mentirosos”, también llamado Parlamento.  La sede de esos personajes a los que tan bien definió ayer Clint Eastwood en el congreso del partido republicano: “los que en el fondo son empleados nuestros,que deberían de estar a nuestro servicio y ser despedidos en el caso de no cumplir con sus obligaciones.”  Como sucede en cualquier empresa. Menos en la malvada multinacional llamada “DemocraciaParlamentaria S.L.”.  Limitada en responsabilidades, obviamente, que no en prebendas y beneficios para sus empleados.

Y, a saber, algunas de las mentiras que tendremos que soportar en este Septiembre que se prevé agitado a más no poder, serán estas. Las listo sin comentario alguno. Allá cada uno con sus conocimientos y su sinceridad para negarlas. Algo harto difícil, digo yo.

  • La falsa heroicidad de Rafael Casanovas  en 1714
  • La supuesta guerra de secesión contra España
  • La existencia milenaria de los “Països Catalans”
  • El  cáncer terminal del asesino Bolinaga
  • Los conocimientos jurídicos de Garzón
  • Las promesas cumplidas de Rajoy
  • El altruismo de Sánchez Gordillo
  • La supuesta catalanidad del Barza frente a la verdadera del RCD Español
  • La honradez de la familia real
  • La carrera universitaria y la inteligencia de Urdangarín
  • La religiosidad de la monja Forcades
  • La honorabilidad de los políticos
  • La autoría de los atentados del 11-M (grave mentira que sigue ahí)
  • El paso más importante en la vida de Neil Armstrong según sus propias declaraciones (y que no fue en la Luna)
  • El amor sincero de la nueva esposa de Bernie Ecclestone
  • La supuesta auto-reproducción del dinero (cuando no cae del cielo, claro está)
  • La tierra mitológica llamada Euskalherria (menos real que la Comarca de los Hobbits)
  • La aversión social al toreo en Catalunya y las Vascongadas por un supuesto maltrato animal 
  • etc.
  • etc.


Lo dejo aquí. El ancho de banda de mi ADSL no es capaz de transmitir tanta mentira. Y menos aún a  la velocidad que me aseguraron cuando me lo vendieron (la mentira final).

sábado, 25 de agosto de 2012

Ahora que de casi todo hace ya veinte años


Me permito usar este reciente tuit (sin solicitar el Copyright) de la excelente revista “Jot Down Cultural Magazine”, cuya lectura atenta y continuada recomiendo encarecidamente a todos mis lectores, para titular este artículo  escrito en la agria fase del año en la que toca entonar lo de “El final del verano”, mítica canción del Dúo Dinámico  (¡esta cita va por ti Rafa!).  Desagradable parte del año esta,  que casi siempre implica el fin de algo bueno y la vuelta al tedio, la normalidad, la rutina y, en estos tiempos que corren, el reencuentro con la zozobra, la intranquilidad y la maldita crisis. Crisis económica, crisis de identidad española, crisis de los treinta, los cuarenta o los cincuenta, crisis del cumplimiento del deber de los charlatanes y embaucadores profesionales, esos seres llamados eufemísticamente representantes del pueblo, cuando deberían denominarse simplemente mentirosos, o “los del valor añadido cero”. Suelo recurrir al símil de curas y políticos, los profesionales del habla, o mejor del hablar por hablar, para ilustrar mi absoluto desprecio hacia la clase política, pues aún no he conocido a ningún cantamañanas mantenido con nuestros impuestos que con sus vacíos discursos aporte algo a la sociedad, mientras que en el caso de los curas podría nombrar algunos buenos ejemplos de personas sinceras y altruistas que aportan con sus palabras apoyo y alivio espiritual a personas necesitadas; pero en el caso de los políticos, y ya rozando el medio siglo de vida, me sobran dedos en una mano para enumerarlos. Y con tantas reservas que me jugaría algún dedo más con mi inseparable Zippo emulando la escena de “El hombre del Sur” (o del tributo de Tarantino titulado “El hombre de Hollywood). Mechero este que por cierto llevo usando desde los 17 años, en línea pues, y de largo, con el título de estas líneas. 

Mientras tecleo esta modesta reflexión recibo una llamada desde Cornellá del Llobregat, población del exilio del más auténtico equipo de fútbol que existe en la ciudad de Barcelona, llamada esta de mis grandes y añorados compañeros de fatigas (¡ese Bolsicas!), en esa ardua e inexplicable, pero enriquecedora, tarea de ser aficionado del equipo pequeño en apoyos pero grande en sentimientos. Léase el Real Club Deportivo Español. Y la oportuna llamada se presta como anillo al dedo para ser parte de este relato: han pasado bastante más de 20 años desde que muchos de nosotros nos unimos en esa sana afición y camaradería que significa ser “periquito” en Barcelona. Dando la cara, contra viento y marea, frente al pensamiento único y la manipulación del deporte en aras de beneficios políticos y económicos. Que les den a los del otro lado de la Diagonal.
Y otros tantos decenios han pasado desde que obtuve mi primera dirección de correo electrónico, un número ininteligible y poco personalizado con la coletilla “Compuserve”. Pocos jóvenes de hoy en día serían capaces de imaginarse un mundo sin sus herramientas de comunicación habituales, sus mensajes cortos, sus cuentas de correo, de redes sociales o su usuario en Whatsapp. Si les intentara explicar lo complejo que era escribir a mano, doblar el folio, ensobrarlo, comprar un sello con la cara del Borbón, impuesto e impostor, humedecerlo con la lengua y quedarte con un agrio sabor en el paladar, pegarlo boca abajo en tímida pero habitual medida de protesta, echarlo en el buzón  de la esquina en la rendija de “Provincias y Extranjero” y tener que esperar días o semanas para recibir confirmación de su recepción o en el mejor de los casos hasta una contestación, me tacharían de viejo loco. Tampoco se lo podría echar en cara, algo de viejo y mucho de loco seguro que tengo. (Cuanto gesto de afirmación habrá provocado esta frase en mis lectores: como si lo viera).
Cuatro lustros que han transcurrido también desde que tuve el honor y el placer de casarme con una gran mujer y conocer a una familia igual de grande. Lástima que no supe estar a la altura (o que Dios es sabio)  y dicha unión no duró más de 8 años, pero el recuerdo es imborrable y será parte de mi vida no solamente después de veinte años, sino en todo lo que me quede de vida. Lo cortés no quita lo valiente, como se suele decir en estos casos. Y asumir y reconocer los propios errores y defectos es una obligación moral. E intentar aprender y mejorar es la otra cara de la moneda. En eso estoy, que nunca es tarde.

Menos tiempo hace desde que abandonaron mi casa los primeros invitados que he tenido en mi nuevo hogar, en concreto unas pocas horas,  pero el sentimiento de soledad y tristeza no se cuantifica en tiempo sino en la intensidad del rato disfrutado en buena compañía. Y en este caso parece que hayan pasado años desde que mi casa parecía una comuna hippie, con colchones por el suelo para superar el calor de las habitaciones en esta ola de calor mesetaria, cervezas frescas saliendo de la nevera sin parar y música y películas con sentimiento compartidas por una vez con alguien más que el móvil y las fotos familiares del mueble del salón y todo ello  bajo una romántica luna de Agosto. Muchas gracias por la visita amigos. Aquí tenéis vuestra casa.

Y no tardéis veinte años en volver, que dudo que siga por aquí en el 2032. Lo único que seguirá pendiente será mi hipoteca. Eso seguro.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Cataluña no es Baviera


El próximo viernes, día 17 de Agosto, el destacado miembro del CSU, partido cristiano social de Baviera y coaligado a la CDU, por lo tanto en el gobierno alemán, Wilfried Scharnagl publicará un manifiesto titulado “Bayern kann es auch allein”, en cristiano “Baviera también puede sola”.  
Aunque nos pille lejos aquí en nuestra querida Piel de Toro, cuna milenaria de la cultura y la civilización occidental y cristiana, prefiero adelantarme a la tan segura utilización interesada y partidista que hará el nacionalismo catalán de esta publicación y de los posteriores debates que generará.
Conociendo la germanofilia de Jordi Pujol (ex alumno del Colegio Alemán de Barcelona, el mismo en el que tuve el honor de formarme, y a cuyo lado (el del “President”) llegué a intervenir como su intérprete personal en una reunión con periodistas alemanes en un congreso de una importante multinacional alemana), parte del ADN de su familia y de muchos de sus correligionarios está marcado por ese "amor" a la cultura alemana en general, y en  concreto a su capacidad de trabajo y de liderazgo del que adolecemos por otros lares (según su separatista teoría, claro está).  Admiración y amor que por otro lado siempre han sido utilizados por estos personajillos como arma política para alinearse con los alemanes en detrimento de la cultura común española y marcar así,  en ese afán interesado de proclamarse diferentes del resto de España para arramblar con beneficios económicos para una minoría de la sociedad catalana (usando, como es norma de cualquier nacionalismo, la diferencia, sea inventada o real, sea cultural o religiosa, como moneda de cambio)  una línea de separación entre Cataluña y España para su propio beneficio. Y muy seguro estoy que Pujol y los suyos cambiarán su discurso de toda la vida y afirmarán con su rotundidad (y mentira) habitual que cuando en otras épocas decían Alemania se referían en el fondo al Estado Libre de Baviera. Donde dije digo, digo Diego.Toda sea por aprovechar falsos paralelismos, como bien hicieron con el intento separatista en Canadá hace pocos años.
No entraré en interesados tratados sobre la historia de ambas comunidades, más aún cuando la historia es tan variada, diferente y hasta yuxtapuesta como historiadores la relaten. Ni incidiré en la verdaderamente milenaria historia bávara y la tan reciente incorporación del Reino Bávaro a la unión alemana, léase en 1871 y como Reino (algo que por mucho que insistan Cataluña ni ha sido ni será jamás, a no ser que en un futuro coronen a Oriol Pujol como Oriol I de los Países Catalanes Imaginarios), ni menos aún caeré en la suprema gilipollez de usar la diferencia entre el bávaro y el alemán oficial (el Hochdeutsch), algo muy manido por nacionalistas, que siempre han usado como último recurso las diferencias culturales e idiomáticas (de nuevo inventadas o manipuladas) para justificar sus delirios de reyezuelos (léase el catalán en partes de Aragón, la sardana “milenaria” o la señera aragonesa como sangrante emblema de una nación esclavizada  desde tiempos inmemoriales por el opresor español)  cuando en Alemania, Suiza, Austria, Liechtenstein, Luxemburgo, Bélgica, el Tirol, Alsacia y hasta Namibia se hablan cientos (si,cientos) de variantes del germano, del alemán, bajo un idioma “marco” común y sin ningún afán de separación ni de utilización política, sino promocionados y cuidados como una rica herencia cultural.

No caeré en ninguno de estos juegos ni diatribas estúpidas, de eso ya se encargarán los voceros nacionalistas de turno. Ya lo veréis. Incidirán en la importancia económica de Baviera (y de Cataluña, obviamente) en Europa, en la injusticia de los fondos de solidaridad interterritorial (existentes en Alemania también) y en cientos de ratios más que me la traen floja. O fluixa. Con perdón.

Para acabar, feliz día de la Ascensión de María a todos
Fiesta que espero no conviertan también en milenario patrimonio catalano-bávaro nacido en inventadas campañas marítimas de los Almogávares por las azules aguas del Danubio o las tempestuosas mareas del Starnberger See bajo la advocación de la Moreneta Bávara Que no cuela.

martes, 17 de julio de 2012

Anoche soñé que España existía

Me imagino que mi sueño se inspiró en la biografía del Cid que estoy leyendo; o quizás se debió a los múltiples y buenos artículos sobre la batalla de las Navas de Tolosa degustados en estos días, o, quién sabe, igual realicé un viaje astral recordando a los chamanes de algún libro de Castaneda y compartí mesa, mantel y tertulia con algún pensador sensato de esos que antes producía esta tierra bendita, llámense Machado, Ledesma Ramos, Pío Baroja o Nino Bravo;  pero si, España existía, como idea, como realidad, como unión de gentes diversas en pos del bien común, como ilusión colectiva y hasta como ente político sensatamente organizado y guiado por los más capaces , dedicados a predicar con el ejemplo del trabajo bien hecho.


Pero, como diría Víctor Hugo,” rayando el alba, a la hora en que el campo palidece”, el sueño se desvaneció, y me di de bruces con  “la realidad grotesca y desatinada”, con el esperpento español popularizado por Don Ramón María,  con el intolerable escenario de un “Ruedo Ibérico” lleno de mentiras, corrupción y desfachatez, con un país en manos de perjuros, de gestores  y administradores que incumplen sus tareas desde el mismo momento en el que en teoría asumen sus responsabilidades, con un presente intolerable y un futuro menos alentador que una noche en el infierno de Dante.  

Pero aquí no hay comedia que valga, por muy divina  que sea.  Esto es un drama. El “Untergang” de la civilización occidental, de los valores cristianos, de la moral, de la seriedad, de la responsabilidad, de la hombría. 
Ha triunfado el mal en forma de avaricia, de inmoralidad, de mangoneo a diestro y siniestro, de sueldos millonarios a miembros encausados de la familia real y a gestores de bancos corruptos, de subvenciones a partidos políticos cuyo contrato de trabajo, léase su programa electoral, no sirve más que para secar las lágrimas de los ingenuos ciudadanos que les votaron y que ahora contemplan inermes como ese panfleto no era más que un papel mojado que los políticos usan como burda toallita perfumada de buenos sueldos, dietas y prebendas para limpiar su poco noble trasero desde el mismo día en el que asumen el poder.


Y hasta saltan, ahora que les tocan la paga de navidad instaurada por un “dictador” y los días moscosos, los miles de empleados de la administración, que no funcionarios de carrera, para reclamar, ¿ahora sí eh? , sus derechos adquiridos a base de mínimos esfuerzos y complicidades máximas con los gobiernos de diferente color pero mismas intenciones a los que han servido tan fielmente durante los últimos 35 años.


Anoche soñé que España existía, pero no fue más que una pesadilla de un verano que con sus altas temperaturas y sus consiguientes incendios está  arrasando la tierra, la sociedad y la historia de esa antaño orgullosa y respetada parte de Europa, que linda al norte con los pirineos, al sur con África, al este con el Mare Nostrum y al oeste con el “finis terrae” de la civilización occidental.


Anoche soñé con la victoria sobre Miramamolín, con el descubrimiento de las Indias, con la invención del submarino de Peral  y hasta con la expansión del Chupa-Chups alrededor del orbe.


Pero, de nuevo, despuntó el sol por el Este, y con resignación me enfrenté a la realidad de los titulares de la prensa, a la intolerable relación de los sueldos de los altos ejecutivos de las multinacionales españolas, que se mueven en un rango entre 17 y 5 millones de Euros, es decir, el salario mínimo de unos 20.000 españoles de bien, al nuevo blindaje económico del Urdanga, príncipe consorte y ladrón, y también a los siempre animosos, constructivos y bonitos comentarios de grandes columnistas, llámense Girauta, Tertsch, Sostres o hasta González Pons (por su Tercera de hoy), que por desgracia los leemos muy pocos y se los lleva el viento cual canción de Ramón Pelegero Sanchís, alias Raimón.


Anoche soñé que España existía, y que de alguna forma podríamos “cobrarnos ese pagaré que firmaron los políticos cuando nos pidieron su voto”, parafraseando aquí a Martin Luther King.  


Pero desperté.




lunes, 9 de julio de 2012

Eme: de manipulación, mentiras y minería



Nota previa:

Ante la polémica surgida entre algunos de mis lectores por el contenido de este artículo, quiero resaltar lo siguiente: mi intención no era defender algo indefendible, como la calidad de nuestro carbón o la viabilidad del sector, ni dar pie a pensar que yo pueda alinearme con los fantoches trasnochados de la izquierda de visa de oro y guitarra en ristre, los de la “ceja”, ni posicionarme al lado de los líderes sindicales de Rolex dorado y cruceros de lujo que aprovechan ocasiones como la que estamos viviendo para sacar provecho para su causa perdida y anacrónica, sino que simplemente quería resaltar lo nimio del importe necesario para mantener a estas 4.000 familias hasta el límite ya establecido (por ley y por imposición Europea) en 2018, la inoportunidad absoluta de esta polémica en estos momentos tan difíciles para nuestro país, la mentira, manipulación y corrupción que sufre el sector minero desde hace años, la bajada de pantalones que ha tenido que realizar España ante Europa desde los lejanos años 80 desmontando todo el tejido industrial para mayor gloria de las empresas norteñas y la innegable hombría y razón del colectivo minero español en la lucha contra la injusticia, hombría de la que solamente se aprovecha, "as usual", la izquierda ruidosa y ruin. El que haya entendido algo diferente o bien no me conoce o bien ha leído en diagonal y con muchas prisas.


Artículo original: 
Entre las verdades que escribe un amigo mío en su excelente artículo titulado “¿Crisis,qué crisis?” y mi vano intento de encontrar una aproximación real a la situación de la minería en España,  recurriendo a cuantas fuentes de información he podido, ha sido un fin de semana terrible. Si a ello le sumamos la acostumbrada soledad, la falta de dinero, en línea con la mayoría de nuestros compatriotas (exceptuando claro está a los políticos, los ejecutivos ladrones, los proxenetas y a los traficantes, colectivos estos que no conocen la crisis ni por referencias) y un calor nocturno asfixiante, podríamos hablar de un fin de semana perdido, como tantos otros. Pero tampoco es cuestión de lamentarse: el sábado hubo un rato bueno, con un par de cervezas, en inmejorable compañía (gran Ramiro) y escuchando música clásica, léase rock de verdad, hablando sobre Jethro Tull y artistas de su talla, y el domingo se alegró un poquito con un paseo por el Rastro de Madrid acompañado de seres queridos. Algo es algo. Y tal como están las cosas el que no se conforme con estos mínimos placeres lo lleva claro. Porque peores tiempos nos tocará vivir. Sin duda.

Pero estas mínimas alegrías no compensan el desasosiego que me causa ver que, como siempre, la verdad no aparece por ningún lado, ni se la espera, y que estamos sujetos a las mentiras que nos cuenten los medios, los políticos, los lobbies, los bancos, los sindicatos o cualquier otra institución, colectivo o mafia que se dedica por su propia naturaleza a vivir de los demás, sin aportar nada y poniendo la mano, con su racket, su usura, sus ratings, sus comisiones o su nepotismo. Esta sociedad, llamada eufemísticamente Estado Social y de Derecho, que de social cada vez tiene menos y en la que el derecho desapareció hace tiempo en aras de la manipulación de la ley por parte del poder político.
Heme pues en casa intentando cuadrar las cuentas del problema minero, sumando y restando, googleando y comparando, sin llegar a un resultado mínimamente satisfactorio.
¿Hablamos de un recorte de 300 millones de euros, con un mafioso llamado Victorino Alonso llenándose los bolsillos y un gobierno de rodillas ante la UE por este ridículo importe, pero solicitando al mismo tiempo ayudas por importes de miles de millones de euros para un sistema bancario corrupto?
¿Hablamos de 300 millones cuando colocar a las impresentables Bibiana Aido y Leire Pajín ha costado más o menos lo mismo?
¿Hablamos de 300 millones cuando los gobernantes de Andalucía han trincado bastante más con sus EREs falsos?
¿Hablamos de 300 millones cuando los gastos en embajadas de reyezuelos locales superan con creces este importe?
Si fuera así, y parece que lo es, sería el momento de seguir el ejemplo de los mineros, único colectivo en España que realmente se enfrenta al poder con argumentos y con huevos, con perdón, y echarnos todos a la calle para limpiar de una santa vez esta tierra de ociosos mangantes y manipuladores profesionales.  Debería de ser el momento de acabar con la sumisión a las leyes del mercado, ente inexistente pero más presente en nuestro día a día que el coco en los cuentos infantiles, a las imposiciones del pirata anglosajón, a la oscura y obscena gestión del mundo por parte de las multinacionales, los grupos de presión y las “sectas” del siglo XXI, al buenismo socialdemócrata, al latrocinio del progresismo inculto y a la insulsa, inútil y fatua  existencia de la derecha democrática, que vive de grandes promesas y mínimos cumplimientos.
En tiempos revueltos, como estos,  en época de mentiras, de manipulación y de mamones, si fuéramos hombres de bien, españoles recios, idealistas y sensatos, como los que hace 800 años plantaron cara al invasor en las Navas de Tolosa, estaríamos todos al lado de la minería. Sin dudarlo.
Pero estos tiempos ya pasaron. Lo nuestro son los partidos de fútbol, la telebasura, las verbenas populares y poco más.
La palabra revolución pasó a los libros de historia. A esos libros que ya nadie lee, por mucho que lleve su lector de libros electrónicos cargado con miles de obras de la literatura universal que jamás entendería, para acabar leyendo los pies de fotos del AS o el Sport, que  es a lo máximo que llegan las mentes de los españoles. Por lo menos de la mayoría de ellos.

Allá nosotros con nuestra conciencia, pero que nadie hable con pasión de España,  o de Europa. Son cosas del pasado que nos hemos dejado robar. Por la Roja. Por la insensatez. Por la comodidad. Por la desidia. Por la superficialidad. Por el vicio. Por la incultura. Por la cobardía.

martes, 3 de julio de 2012

Más que un juego


Querido y admirado Juan Carlos.

Admiro tu valentía de echarte al ruedo del mundo futbolístico el mismo día en el que la mayoría de ciudadanos de España se levantan con una resaca de órdago después de destrozar todas las audiencias medidas hasta el momento durante la celebración de la final de la Euro 2012 en las lejanas Polonia y Ucrania, y de sentirse las personas más dichosas del planeta tierra. Celebración y victoria, que de eso se trata en el deporte. Por muchas campañas sensibilizadoras al estilo de “lo importante es participar”,  sabemos muy bien que nuestra parte animal solamente acepta dos estados: victoria o derrota. 
Y por mucho que lo queramos negar, que nuestro intelecto quiera llevarnos por otros derroteros,  o que los intelectuales de turno hayan denostado durante años el fútbol como el refugio del primitivo, del desarraigado, del inculto y del violento, al final la realidad se ha impuesto y hoy en día ya nadie puede negar que el deporte, en España con el fútbol como principal disciplina, es un motor básico de la sociedad, una distracción para los ciudadanos y, sobre todo, uno de los mercados más importantes para la mercadotecnia, para el juego interesado y partidista con los sentimientos de las personas, y hasta para la manipulación y el blanqueo de importantes sumas de dinero.
Seguro que muchos lectores te tacharán de oportunista, más aún cuando admites no saber demasiado del tema del balompié, aunque conociéndote estoy seguro que han sido otras razones que te han movido a escribir sobre esa sinrazón de 11 personas corriendo detrás de un balón,  cuando se les podría dar uno a cada uno. Tu intento de llevar el triunfo de la selección española a lo que es, a una simple victoria en un partido de fútbol, y de desligar al mismo tiempo al Barça del nacionalismo excluyente, es digno de loar, pero, por desgracia, tanto la historia como la realidad social de este Siglo XXI, que podríamos llamar de las “Pocas Luces”, demuestran todo lo contrario.
No voy a  darte ahora una disertación sobre la historia,  racista y excluyente desde sus inicios, del FCB Barcelona (razón por la cual nació por ejemplo y como reacción el Real Club Deportivo Español), ni las relaciones del nacionalismo y separatismo catalán pasado y actual con el equipo de debajo de la Diagonal,  causas estas de la rivalidad y el odio que le profesan la mayoría de los demás equipos de Catalunya y del resto de España.  Para ello tienes a tu disposición libros y hemerotecas de sobra; siempre y cuando aciertes y encuentres algo mínimamente objetivo, algo harto difícil en un tema tan espinoso como la relación entre el fútbol y la política, fuente natural de odios, violencia y hasta guerras, para desgracia del espíritu lúdico y de compañerismo que debería ser parte intrínseca de cualquier disciplina deportiva.
Pero, mal que nos pese, el fútbol no es rugby, deporte en el cual prima lo deportivo sobre todo lo demás, sino una máquina de generar,  usar y vender cuotas de poder, de manipular sentimientos nobles en aras de intereses particulares y de explotar el instinto animal de rivalidad a muerte de los seres humanos para generar pingües beneficios a sus gestores. Más o menos como los partidos políticos, pero con el desagradable añadido  de disfrazarlo de nobleza deportiva. Llevado todo esto al extremo por los grupos mafiosos llamados UEFA, FIFA o  COI, el deporte no es más que otra manera de explotar los sentimientos del ciudadano en beneficio propio.
Dices que el Barça es un club como otro cualquiera. Yerras. El Barça es un montaje de intereses clasistas, políticos, mafiosos y nacionalistas que han sabido mantener a flote durante más de 100 años enarbolando primero la bandera del anti -españolismo, después la del anti-franquismo, y ahora una mezcla del anti-centralismo-madridismo y anti-españolismo, a fin de conservar sus posiciones privilegiadas a bordo de una máquina aniquiladora de la diversidad deportiva y social en Cataluña y generadora de robots descerebrados que siguen cantando lo de “Mes que un Club”  convencidos de ser parte de algo, cuando solamente son instrumentos de alguien.

Pero por suerte, en el caso de la selección española, por ahora se está manteniendo ese “seny” que tanto les falta a los nacionalistas,  que se las dan de únicos y auténticos catalanes, y de manos de una persona sensata, como Vicente del Bosque, y de un equipo de jóvenes deportistas venidos de todas las regiones, susceptibles de ser manipulados en algunos momentos por sus respectivos reyezuelos locales o sus partidos excluyentes, pero al final sensatos y capaces de ver las ventajas de la unidad frente a las desgracias de la separación, ha triunfado una selección de fútbol, para mayor gloria de nuestra vilipendiada patria, y para disfrute de millones de personas para las que (mal que nos pese a los que pensamos que el deporte debería limitarse a eso, a ser deporte), las victorias de la selección de fútbol son el único bálsamo para curar sus heridas.

Y para toda esta ingente masa vestida de color rojo, color por cierto de la camiseta de España, y no de una empresa eléctrica, una marca de cerveza o un  fabricante de coches, para bien o para mal, esto es más que un juego. Lo es todo.

Con todo mi cariño y admiración, un fuerte abrazo 

miércoles, 13 de junio de 2012

Honi soit qui mal y pense: a vueltas con Gibraltar


La edición de hoy del diario ABC publica una carta abierta de Álvaro de Marichalar y Sáenz de Tejada dirigida al príncipe Eduardo de Inglaterra, en relación a la insultante visita de éste, con su señora,  a esa parte de nuestro territorio nacional que ningún gobernante ha sido capaz de reclamar con verdadera firmeza, no digo ya recuperar, desde que en 1704 fuera usurpada, contra toda ley y honor, por una coalición anglo-holandesa, al mando de un príncipe alemán y  virrey catalán, y con unos 400 catalanes como protagonistas del asalto terrestre. Fieles a su estilo pirata y carente de honor, los ingleses, aprovechando la ocasión, pescaron en las aguas revueltas cuyo uso se les niega ahora a nuestros pescadores  y plantaron sus duras caras y blancos traseros en nuestro peñón para perpetuar su presencia hasta nuestros días.
Leída con atención y curiosidad esta carta, se me revuelve el estómago por su tono amigable, cargado de pacifismo y buenas palabras, muy en línea con el estilo del partido UPyD en el que milita el autor, partido que muchas veces parece más empeñado en aplicar las teorías del  Mahatma Gandhi o en demostrar que el nefasto Juan Jacobo (Rousseau) tenía razón y que todos los hombres somos buenos por naturaleza, que en defender de verdad los intereses patrios. No quiero entrar en una discusión sobre Rousseau o Hobbes, pero que el primero se equivocó ha quedado demostrado de sobras a la lo largo de la historia con las sucesivas actuaciones de los habitantes de la pérfida Albión, seres mentirosos, interesados y carentes de honor donde los haya. Y si encima Álvaro remata su artículo, más apropiado a ser leído por el tan actual y simpático barrendero que imita a Bob Esponja para alegría de los niños o para ser parte de un episodio de la serie de dibujos de la abeja Maya, que para expresar nuestro malestar antes los insultos de los ingleses,  lo remata, como digo, con el lema de la Orden de la Jarretera “Honi soit qui mal y pense”, (“Vergüenza de aquél que de esto piense mal”), apaga y vámonos. Vergüenza ajena siento yo al leer esta carta de amor universal y fraternal en vez de oír el tronar de los cañones españoles que debería retumbar a ambos lados del peñón, desde la “Catalan Bay”, también llamada La Caleta, hasta el “Embarcadero de San Felipe” en la bahía de Algeciras.

Mal vamos en esta nuestra España cuando el último que le echó huevos al asunto fue Ricardo Saénz de Ynestrillas un 6 de Diciembre de 1998 con su “asalto” (y posterior procesamiento) al peñón acompañado por un pequeño grupo de camaradas.
Y por mucho que nuestro avejentado y renqueante jefe del estado, el ínclito matador de elefantes y engatusador de princesas Juanqui de Borbón,  se dé un paseo en los próximos días por los alrededores de Gibraltar, para acabar degustando unos pescaditos de la zona, igual hasta comprados ilegalmente con la mediación de alguna de las 20.000 sociedades pirata de la colonia, o que el tan “enérgico y omnipresente” presidente del gobierno  español (Mariano Rajoy creo que se llama), suelte alguna frase aparentando firmeza pero escondiendo sumisión, como en todas las frases que ha soltado en sus últimas, y escasas, apariciones públicas, seguirán riéndose en nuestro morro la Union Jack y la facha pétrea de la Reina de Inglaterra, restregándonos por nuestra amigable y tolerante cara el lema que preside la bandera de esta última y vergonzosa colonia Europea: Nulli Expugnabilis Hosti ( ‘Ningún Enemigo Nos Expulsará’).

Mientras, don Álvaro de Marichalar y los demás compinches de la abeja Maya y de Bob Esponja seguirán llamando amigos a los ingleses y cantando alegremente la "Balada de John&Yoko" de los Beatles, en cuya letra queda dicho, in saecula saeculorum,  que Gibraltar está "cerca" de España, pero no es parte de ella.



P.D. Por si alguno tiene interés en leer la carta del Sr. Marichalar, clic aquí. 

lunes, 11 de junio de 2012

Palabras impronunciables


Como bien estamos viendo en estos últimos días con el debate sobre el rescate, la ayuda, la subvención, el préstamo o como quieran llamarlo,  que las autoridades Europeas (léase nosotros mismos, digo yo, al ser parte de la UE) han concedido a los bancos españoles, que no a  España como nación, la importancia no radica en el hecho en sí, sino más bien en como lo presentamos y como lo llamamos. Mi admirado Carlos Esteban se me ha adelantado desde “La Gaceta” con un, "as usual", buen artículo titulado “No le llames"rescate", llámale Lola”, por lo que no incidiré demasiado en las diferentes maneras que ha elegido la prensa para mentar el préstamo,  usurero a más no poder, que ha sido concedido a una parte de la banca española para arreglar sus propios desaguisados. Tampoco entraré en discusiones teológicas sobre lo pecaminoso de todo el proceso, atendiéndonos a la Sagrada Escritura (cf. Lc 6,35; Mt 5,42), dado que la usura es un pecado insuperable, omnipresente  y asumido por el sistema capitalista desde hace siglos (como tantos otros “pecados” que ya solamente lo son en los libros de historia o en las sesiones de catequesis, pero nunca en la conciencia de los ciudadanos). Me dedicaré pues a correr un tupido velo sobre el particular y hablaré un poco sobre otros apodos que nuestra sociedad actual suele utilizar para esconder la realidad. Es decir, sobre el lenguaje “políticamente correcto”, o mejor dicho, sobre la poca hombría y decencia para decir las cosas de forma clara.
Los negros, subsaharianos. Obviamente, cuando te presentan a un doctor en medicina negro,   delegado por la Universidad de Boston en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de España, se te hace raro llamarle de esa forma. Vaya cara se le quedaría al pobre al oír que su procedencia la marca el límite del desierto el Sáhara.
Los inmigrantes del Magreb son claramente nuestros “queridos vecinos del sur”. O en Cataluña “els nous catalans”. Y por desgracia no del sur de la península ibérica, sino del sur de nuestro barrio o hasta del sur de nuestra escalera de vecinos. En ciertas regiones de España se han convertido en mayoría en muchas poblaciones, con su nulo respeto hacia nuestras tradiciones, su propensión a delinquir y vivir del cuento y su inexistente intención de integración: pero “moros” no se les puede llamar. Por Alá.
Los terroristas asesinos, pues nada de eso. Dependiendo del político, del contertulio o del medio de comunicación, pasarán de ser unos represaliados políticos y presos dispersados a denominarse luchadores por la libertad, defensores de milenarias tradiciones, gudaris o mil sandeces más inventadas para ocultar la realidad: una panda de asesinos a sueldo, traficantes y matones que han conseguido imponer su ley en una vasta parte de nuestra geografía a base de tiros en la nuca y la connivencia interesada de los medios de comunicación y los partidos políticos, afines o no.
Los ERE, expedientes de regulación de empleo, no son más que una forma suave de endiñarnos por detrás despidos masivos e improcedentes avalados por la autoridad competente. Hecha la ley, hecha la trampa. Como no.
A los maricones, ni nombrarlos. No vaya a ser que me asocien al lúcido y querido obispo de Alcalá de Henares y se me echen encima las huestes de Shangay Lily para demostrarme con sus comportamientos blasfemos, violentos e insultantes que ellos son libres, felices,  buena gente y amantes de la naturaleza. Será de la contra naturaleza, digo yo.
Y, para rematar, a la Selección Nacional Absoluta de Fútbol de la Real Federación Española de Fútbol del Reino de España, denominación quizás un poco larga pero a mi entender la oficial, aunque me conformaría con lo de Selección Española, pues a llamarla “La Roja”, para no herir las susceptibilidades de nadie, mantener viva la maquinaria de la mercadotecnia y vender el máximo de camisetas y demás gadgets, sin nombrar a la nación representada por los futbolistas en los torneos internacionales.

Ya os podéis ir todos a freír espárragos,  políticos bien hablantes, con los “préstamos” bancarios , con vuestros amigos del sur y sus colegas subsaharianos, acompañados por los gudaris por la libertad con apellidos muy castizos como Pérez o Fernández y envueltos en la camiseta de “La Roja”, que no tiene nada que ver con España, y después de condenar a miles de ciudadanos con un despido improcedente en su empresa para disfrute y cobro de comisiones de los gestores  del eufemismo llamado ERE, bien apuntaladas vuestras relaciones con consejeros amigos en todas las grandes instituciones financieras y políticas, y cobrando rentas vitalicias por 7 míseros años de nulo esfuerzo acompañado de comidas, viajes, dietas  y posteriores tertulias bien pagadas.
Y  encima sin poder llamaros a todos lo que de verdad siento dentro: maricones, que sois todos unos maricones.

Menos apodos y eufemismos. Las cosas claras. 

miércoles, 23 de mayo de 2012

Copa del Rey: resumen ejecutivo


Que conste que me he visto forzado a escribir este artículo por dos razones de peso: la primera, porque que de golpe y porrazo aquí opina sobre el  fútbol, la utilización del deporte para defender intereses nacionalistas-aldeanos y sobre la libertad de expresión todo quisque (approved by Moliner), me imagino que para cumplir con su contrato y llenar su respectiva columna con las suficientes letras a tamaño 12, fuente Arial, para cobrar su paga mensual; y por otro lado, por la falsedad de otros tantos columnistas palmeros intentando restarle importancia a un “simple” partido de fútbol (al estilo de Ramos tirando balones fuera), cuando el resto del año es el único tema sobre el que se escribe en España y del que por lo tanto comen, se visten y viven la mitad de ellos.  Solamente me faltaría ver a Homer Simpson comentar el tema, o al bueno de Dilbert olvidar sus problemas existenciales en la empresa y dedicar alguna frase sabrosa a este esperpento tan típicamente español que estamos sufriendo estos días.
Y estando acostumbrado en mis 23 años de vida laboral a leer, y últimamente a escribir, tostones de informes, análisis funcionales, diseños técnicos, ofertas de colaboración o propuestas estratégicas para el siguiente milenio, para al final acabar resumiendo todo el contenido en una o dos transparencias en Powerpoint, a poder ser con poco texto y mucho gráfico, para no cansar la vista de los siempre ajetreados ejecutivos de máximo nivel, que en el fondo lo único que quieren saber es cuánto cuesta y que riesgo corre su dorada poltrona, pues no he podido resistirme a resumir a mis lectores, de forma ejecutiva, el grave problema de la Copa del Rey de Fútbol que Dios y Esperanza mediante no se celebrará el próximo viernes aquí en Madrid.

Resumen ejecutivo:
  • 2 equipos de fútbol de dos regiones ESPAÑOLAS que juegan la liga y la copa ESPAÑOLAS se enfrentan en la capital de ESPAÑA ante la presencia del rey o del príncipe de ESPAÑA para dilucidar cuál de ellos se lleva la Copa de ESPAÑA
  • Los partidos nacionalistas y separatistas de sus respectivas regiones aprovechan la ocasión, con el soporte abierto y público de sus gobiernos regionales,  para fomentar y subvencionar (esto sí que lo hacen de soslayo)  una pitada al máximo representante de la nación a la que pertenecen y al himno que los hermana a todos bajo una misma bandera, por lo menos sobre el papel y ante las leyes.
  • La muy respetable presidenta de la región de Madrid, expresando el sentimiento de muchos, muchísimos ciudadanos de aquende y allende del río Manzanares, opina que en tal situación debería de suspenderse el partido. Algo lógico, comprensible, y encima conforme a las leyes que rigen en España.
  • Los virreyes regionales se sublevan y de golpe reclaman una libertad de expresión que ellos mismos no permiten a nadie en sus respectivas aldeas, y encima piden libertad para insultar y menospreciar a su propio himno, su bandera y su actual jefe de Estado.
  • Los políticos de todo color y pelaje,  y con ellos sus lacayos periodistas,  se rasgan con absoluta falsedad las vestiduras, se hacen los ofendidos e intentan defender lo indefendible, todo con el único fin de agradar a unos y otros, para arramblar con un poco de popularidad y algún que otro voto en sus respectivas aldeas.
  • Los poderes ejecutivo y judicial callan y otorgan. Uno no pone orden para impedir el aquelarre que se aproxima, como sería de desear, y el otro, el judicial, no aplica las leyes existentes, que persiguen y penan cualquier menosprecio de los símbolos de la nación española.

Fin del resumen

Sinceramente creo que hasta el más inepto CEO, CIO, COO, Director General o Consejero Delegado de cualquier multinacional sería capaz de entender este resumen. 
En caso contrario me presto a redactar un voluminoso informe, lleno de referencias, citas, ilustraciones y tablas comparativas, sobre el particular. Aunque espero que no haga falta.
Pero mientras tanto, periodistas del tres al cuarto, políticos mentirosos y payasos animadores del burdo folclore anti-español que tanto triunfa  en las aldeas incultas de la periferia, por favor, dejen de tocar la pelota de fútbol.

La solución es muy fácil: unos a jugar la liga vasca contra el Saint Jean de Pie de Port en un ambiente bucólico, rodeados de troncos, vacas autóctonas y féminas unicejas y poco agraciadas y los otros, a peregrinar al Pi de les Tres Branques a darle a la pelotita contra el Atlétic d’Esparraguera entre pa amb tomaquet, all i oli y el desagradable pitido inicial de cualquier sardana.

Pero mientras estas regiones sean parte de ESPAÑA y sus equipos  jueguen la liga y la copa ESPAÑOLAS, sigan las reglas y compórtense como ciudadanos serios.


En caso contrario, ya saben. Carretera, manta y de excursión a la montaña.

Porque que se apliquen las leyes en este santo país ya ni lo pido. Eso no ocurre desde hace muchos, muchísimos años.


lunes, 21 de mayo de 2012

No sin mi móvil

Han pasado ya más de 4 años desde que se utilizó por primera vez la palabra “Nomophobia” ("no-mobile-phone phobia" ) en la prensa escrita, por lo que es de suponer que desde entonces habrán llovido más artículos sobre este tema que “tuits” del anterior gobierno disculpándose por el desastre de herencia que han dejado (o del actual ejecutivo por las promesas electorales incumplidas). El miedo de estar desconectado, sin cobertura del móvil o sin batería, o de perder al fiel compañero,  es ya un tipo de ansiedad que se estudia en las facultades de psicología, y una realidad que conocemos casi todos. Por mucho que lo queramos negar, o critiquemos a los demás cuando creemos que hacen un uso abusivo de su móvil u ordenador, si nos miramos al espejo seguro que nos descubriremos tecleando a espaldas de nuestra propia imagen el último emoticón para cerrar una frase en el Whatsapp o en cualquiera de los demás canales, redes o programas que utilicemos habitualmente para comunicarnos con nuestros conocidos, al estilo de lo que cantaban los Ilegales con aquello de Hay un tipo dentro del espejo que me mira con cara de conejo (y teclea sin parar)”.  

Y lo de conocidos también es un decir, porque como bien sabemos una gran parte de estos contactos no son nada más que otro nombre de una lista que crece a marchas forzadas cual virus maligno (siempre y cuando no le pongamos remedio con un mínimo control de los impulsivos clics al botón de “Seguir” o “Me gusta”). Hasta da la sensación en determinadas ocasiones  que los programadores han conseguido convertir al ratón en un autómata teledirigido que inexorablemente avanza hacia la zona de pantalla comercialmente interesante para la empresa propietaria del servicio en cuestión. ¿Cómo si no se puede entender que una empresa como Facebook pueda salir a Bolsa por un importe de 105.000 millones de dólares, valor que sitúa a esta “red social” en la posición 60 o por ahí en el ranking por producto interior bruto, superando a países como Croacia, Uruguay, Bielorrusia o Ecuador?

¿Cabe por lo tanto preguntarse si estamos enfermos o debemos asumir esta “dependencia” como una más de las evoluciones de la sociedad que se integra de forma progresiva y acaba siendo parte misma de la esencia de la vida del ser humano en la actualidad, como ya pasó en otras épocas con la electricidad o la televisión? (Aunque minorías como los Amish no hayan querido asumir un avance como la corriente eléctrica, o en curiosas “ciudades” como “Freetown Christiania en Dinamarca vuelva a imperar lo del trueque y el clásico “te cambio a tu mujer por 3 ovejas").
En este artículo he evitado conscientemente usar el nuevo (pero ya viejo) truco de recurrir a Google para  buscar algún artículo sobre el tema,  a sabiendas de lo poco que yo podría aportar a un tema intrincado entre la sociología y la psicología. Doctas personas hay en el mundo para todos los temas, por lo que seguiré el refranero español (algo que nuestro anterior presidente no tuvo el detalle de hacer) y me aplicaré lo de “Zapatero a tus zapatos”.
Lo que si me atrevo a relatar es la utilidad que le estoy dando yo mismo a ese pequeño  dispositivo que me acompaña día y noche en mi aventura en Madrid. Tampoco hago nada del otro mundo que no hagan el resto de usuarios “adictos” al móvil inteligente: sacarle el máximo provecho a las diferentes utilidades que nos brinda; pero imaginarme un cambio de ciudad, de trabajo y la soledad de encontrarte en un entorno desconocido desconectado de golpe de todos tus amigos, sin tener la posibilidad de recurrir a la magia del pequeño amigo, se me hace harto difícil. Aunque en mi caso el tema de la pérdida de amigos se haya visto compensada con creces por el gran recibimiento y la dulce acogida que me ha dado la extensa familia Ramiro Torres (y sus amigos), algo muy diferente a la virtualidad y temporalidad de las relaciones en las redes sociales: personas a las que hacía 20 años que no veía y con las que me siento como en casa, o mejor dicho, bastante mejor que en casa. Esto no hay dispositivo que lo supere, aunque, para ser sinceros, se trata de un caso excepcional en la sociedad actual, en la que priman las prisas, la inmediatez y el “aquí te pillo aquí te mato”, frente a la fidelidad, el amor sincero y la perseverancia, pero eso ya es harina de otro costal, harina por cierto de calidad suprema e irremplazable.
Volviendo al aparatito, la descripción  de un día festivo cualquiera en Madrid (obvio los laborables por carecer de misterio, actividades placenteras o ilusiones: todos sabemos bien que los días de obligada presencia en la empresa son días que están simplemente ahí para rellenar el tiempo que separa los fines de semana) podría ser la siguiente:
Levantarse, consultar el tiempo con un ligero clic, arreglarse y salir a la aventura y el descubrimiento de los alrededores de la mano de tu móvil es lo mejor que se ha inventado desde que desparecieron la OJE (o agrupaciones similares), sus monitores y sus campamentos. Algo así ya solamente se puede encontrar en el “Camino de Santiago”, pero por desgracia no podemos pasarnos la vida de albergue en albergue. La pertinente y necesaria aplicación de los transportes urbanos, excelente en este caso la del Metro de Madrid, te lleva sin pérdida y por el camino más rápido a tu punto de destino, en el que utilizas cualquier aplicación diseñada para turistas que te “geolocaliza” y te muestra todo lo interesante que tienes a tu alrededor, incluyendo no solamente la parte comercial, que prima mucho en esto de las redes sociales, sino también la parte cultural, con enlaces a la historia del lugar, a la descripción de sus monumentos o simplemente al callejero de la ciudad, lo que te facilita, por fin, descubrir (o recordar) quién era Eloy Gonzalo, el mítico Cascorro,  o a quien está dedicada la Plaza de Olavide en Madrid, en la que estás degustando una tapitas con los amigos. Si encima aprovechas esto para examinar a tus conocidos sobre cuánto (o cuan poco) saben de su propia ciudad y esto deriva en una interesante conversación sobre ser turista en tu propia ciudad o lo poco que conocemos de nuestro alrededor y de nuestra historia, mejor que mejor. Inmortalizas el momento con otro ligero movimiento del dedo, haciendo una o varias  fotografías sin preocuparte si el carrete es de 24 o de 36, y encima con el resultado directamente a la vista para mayor disfrute de los contertulios, y, si procede, de otras personas ajenas a la situación a las que les haces llegar, para compartir tu felicidad, la instantánea de ese momento tan especial que estás viviendo. 
Y si de golpe te apetecen unos buenos caracoles, sabedor que en esta ciudad también se consumen, aunque con menos afición y bastante más insípidos que en otras regiones, pues tiras de aplicación y acabas descubriendo un local antiguo, clásico, con unos moluscos gasterópodos ciertamente sabrosos y encima en un local enclavado en el mismo centro del casco histórico de Madrid, léase la calle de Toledo. Rematar esto enviando una foto de los hervidos animalitos en su salsa a un conocido para ponerle los dientes largos no tiene precio. Y cae el primer beso de complicidad que le das a tu móvil, beso por cierto con sabor a guindilla y laurel, ya que el aparatito ha acabado ligeramente pringado de salsa caracoliana. Nada grave. La batería sigue con media carga y la cobertura es excelente. No estás perdido.
Y así podría seguir relatando el resto de mis salidas por Madrid, pero no creo que haga falta entrar en detalle: mis apreciados lectores saben bien de que hablo.
Bien llevado, sin caer en la tentación de ser guiado o teledirigido como una oveja por el Foursquare o similares aplicaciones comerciales, utilizando las facilidades que te brinda la tecnología para aprender, encontrar, compartir y disfrutar, el móvil no tiene precio.
Pero como cualquier herramienta, depende, y mucho, de las diestras manos que lo utilizan. Como la espada o la pluma. Si a un lelo sin preparación le das un bisturí te puede desgraciar cualquier cuerpo, por sano que esté,  en un santiamén, y si a un adolescente (o adulto) inculto, heredero del nefasto sistema educativo que sufre nuestra juventud actual, le regalas a destiempo y sin explicarle los aspectos negativos del artilugio, un móvil de última generación y encima con tarifa plana, los efectos pueden ser más negativos que dejarle ver Telecinco  en casa. Evitar esto se llama educación, y gracias a Dios es una tarea de la que me he salvado al no haber sido padre. Ese Dios, que en su inmensa sabiduría sabe bien lo que se hace: no creo que yo hubiera sido un buen ejemplo para una posible prole, por lo que no me quejo y hago mía la frase de Garth Brooks” Sometimes I thank God, for unanswered prayers”. En esto y en muchos otros temas, como el de conocer a la mujer de tus sueños, o cambiarlo todo por una temporal e intrascendente victoria de tu equipo, todos debemos agradecer a la providencia no haber atendido nuestras suplicas a las primeras de cambio (como ya he explicado en alguno de mis anteriores artículos).
Cabría igual criticar situaciones como ver a una familia entera sentada en el sofá sin mirarse a la cara pero enganchada a varias minúsculas pantallas, para acabar descubriendo que están   jugando al “Apalabrados” entre ellos, en vez de rescatar los “Juegos Reunidos Geyper” que descansan envueltos en moho y polvo en algún trastero, o bendecir  la existencia del aparatito cuando estás solo en casa y de golpe oyes el aviso de tu Whatsapp y ves un mensaje de una persona querida (Lupe, Elisabeth, Chirri, Sebas, Manel..) pero lejana físicamente. Mil historias podríamos contar aquí, para lo bueno y para lo malo.
Pero como en casi todo, depende de uno mismo si le das un buen uso a tu vida (o a la herramienta que el destino pone a tu disposición). Y si no lo haces bien y acabas siendo tan raro que crees que el Iphone es tu hermano pequeño, siempre puedes  ayudar  a los esforzados profesionales de la psicología,  que aunque en muchos casos parezca que están más allá que tú mismo (va con todo mi cariño, Sagrario), sí que necesitan pacientes para seguir comiendo.
Eso sí, intenta que tu terapeuta deje el móvil apagado antes de ponerse a hablar contigo. Si no podéis acabar los dos tumbados en el mismo diván preguntado y respondiendo a base de clics, “Me gusta” y “Ya no me gusta”. Y para eso seguro que ya existe alguna aplicación en el mercado: como mínimo la de “Psiquiatras a mil”, que con un simple clic y la geolocalización activada se pasan por tu domicilio en un santiamén y por un módico precio te pegan una mini charla para curar tus males.



Aunque mejor que eso siempre será usar la aplicación de “Mahou”, que te muestra el bar más cercano que sirva el preciado líquido bien tirado, a su justa temperatura y acompañado de alguna buena tapita y una agradable conversación con los parroquianos.
Por lo menos aquí en Madrid esto funciona. Y muy bien.


Y si la aplicación no encuentra nada, pues al Nacho’s. Que es una garantía, aunque a veces abra un poquito tarde.


P.D. Justo un día después de salir a Bolsa y de publicarse este artículo, las acciones de Facebook han caído un 11%. Igual tienen razón los analistas que afirman que a Facebook le falta entrar en el mercado del teléfono móvil. Ya lo dice este artículo, querido Mark "Montaña de Azúcar", "No sin mi móvil!" 

jueves, 3 de mayo de 2012

La cabeza blanca y el seso por venir

No tengo muy claras las razones por las que este dicho español me ha venido a la mente, pero como los misterios del subconsciente no los conoce nadie (exceptuando quizás a Eduardo Punset, que sabe todo y más, como si fuera el padre de la niña de Catalana Occidente o una versión en androide mal peinado de la Wikipedia), pues la utilizo como leitmotiv inicial de este artículo. Palabra alemana esta última, Leitmotiv, que en España usamos de tanto en tanto pero que en mi idioma materno es de uso común y diario; y con razón: toda nuestra vida gira alrededor de un motivo central que se repite día tras día, ya sea un miedo innato, una manía, un ideal, un objetivo, un vicio, una afición, un odio o un amor ardiente. Se trata de ese motor interno que pone en marcha tanto nuestra mente como nuestro cuerpo, aunque por desgracia en la época que vivimos ya no se trate, en la mayoría de los casos, de motivos positivos, creativos, idealistas o altruistas,  sino de simples triggers o palancas de pura supervivencia: ansiedad, hambre, odio, envidia, desesperación, abatimiento, hastío o miedo.
Malos tiempos para la lírica estamos viviendo, como bien cantaba en 1983 Coppini al frente de la banda Golpes Bajos. Y peor aún, a diferencia de los años ochenta, no se atisba una salida fácil, aunque aburrida, encontrando a un banquero bien retribuido. Hoy hasta los banqueros trabajan y sufren, tienen que justificar sus actos y con suerte son perseguidos por la justicia en el caso de incumplimiento de sus obligaciones. O por lo menos debería de ser así.
Algo que, por desgracia, por ahora no se aplica a los políticos. Estos “seres”, en teoría herederos de las tradiciones griega y romana, en las que los sabios y más preparados eran los que regían el destino del resto de la sociedad, poco preparada en esas épocas y bien dispuesta a ser guiada por personas con la suficiente autoridad moral para asumir tan ardua tarea como es la de contraer la responsabilidad del bienestar de los demás. Esta responsabilidad que hoy se arrogan, sin un mínimo de preparación y sin una verdadera y sincera intención de ayudar, cientos de miles de políticos profesionales que a lo único que aspiran es a colocarse, a colocar a sus familiares y a pillar el colocón a cuenta de nuestros impuestos. Bien colocados están todos ellos, a cubierto de cualquier tempestad, de las cíclicas crisis financieras, de las caídas bursátiles o del incremento de la prima de riesgo. Les importa un rábano. Ellos tienen su sueldo asegurado, por un plazo mínimo de 4 años, más las correspondientes indemnizaciones al finalizar sus mandatos (sin olvidar el fruto que consiguen de esos años de poco trabajo pero mucha cosecha: relaciones, enchufes, concesiones y prebendas, para dar y tomar) , por lo que por muchas crisis que vean pasar están protegidos con ese seguro a todo riesgo que le otorgan los ilusos y aborregados ciudadanos cada tantos años, desfilando en tropel, cual manada de estúpidas ovejas, para depositar en una burda caja, apropiadamente llamada urna (mortuoria), una papeleta con el nombre de cualquiera de los secuaces de Alí Babá. Y da igual como se llamen esos 40 compinches del mayor ladrón (que por casualidad rima con Borbón, aunque no era mi intención nombrar a dicha dinastía que en vez de disfrutar de 4 míseros años de cuento lo hace directamente por decenios o hasta siglos), hoy en día no hay diferencia entre derecha o izquierda, entre liberal o conservador, entre rojos y azules, entre buenos y malos. Todos comparten la misma tarta, la trocean a su antojo y nos endiñan los cuchillos ya usados por donde más nos duele.
Y, como bien sabemos, esto no tiene visos de cambiar, por una simple razón: para los que llevan las riendas de la sociedad es el punto culminante de la evolución de la especie humana: ellos, los que rigen los destinos del mundo, se encuentran muy a gusto en su papel y disfrutan de su privilegiada situación, ya sean políticos, multimillonarios, líderes de opinión, “artistas”  consagrados  o economistas influyentes  ¿para qué van a cambiar la sociedad si viven como reyes aunque no usen trono y no se dediquen a cazar paquidermos al atardecer?


Y seguía Coppini en su canción:

El azul del mar inunda mis ojos
El aroma de las flores me envuelve
Contra las rocas se estrellan mis enojos
Y nuevas sensaciones me devuelven

Por desgracia la única sensación que me devuelven las rocas es que la sociedad tiene la cabeza blanca y el seso por venir. Si es que viene.