lunes, 23 de enero de 2012

¿Revolotea de nuevo el separatismo sobre Cornellá-El Prat?

En un artículo redactado por una joven periodista llamada Gemma Aguilera aparecido el pasado 22 de Diciembre en el “mundialmente” conocido diario digital “Nació Digital (punto “cat”, claro está), los pocos pero incansables separatistas catalanes vuelven a manipular la realidad social de un club más que centenario, el Real Club Deportivo Español, así como la historia del mismo y de toda Cataluña.

Es un tema recurrente que no debería de preocuparnos demasiado, ya que todos sabemos que se trata de una minoría con tan poco representatividad en la masa social del Club como la que puedan tener los grupúsculos separatistas en la política catalana o el diario “Nació Digital” en el ámbito de los medios de comunicación, pero aún así a cualquier socio, aficionado o seguidor del RCD Español le duele mucho leer estas sandeces. Más aún cuando las redes sociales y su potencia viral son capaces de convertir en famoso, y en muy pocas horas, a un perro con cinco patas, a una inculta e iletrada ministra de los anteriores gobiernos proclamando la conjunción planetaria, a un buscador de notoriedad que se come 20 hamburguesas bien cargadas en menos de lo que canta un gallo, o, como en este caso, a una poco preparada periodista que escribe sin conocer en absoluto la historia deportiva de esta tan querida parte de España.

“De izquierdas y pericos, por unos países catalanes libres y socialistas” reza el lema de este grupo en Facebook , al parecer iniciador de la campaña separatista. Grupo que por cierto atesora la ingente cantidad de 160 seguidores a día de hoy, ciertamente poco representativo si tenemos en cuenta la masa social del RCD Español. Más les convendría montar un grupo excursionista e irse a la montaña en búsqueda del Santo Grial catalán, que andarse con semejantes tonterías a estas alturas del Siglo XXI.

Hace pocos años, y gracias a la ingente labor de la plataforma “Españyol, Futuro y Tradición” y al apoyo de uno de los pocos diarios independientes y serios de nuestro país, La Gaceta, ya pudimos destapar los tejemanejes de algunos directivos del RCD Español y sus claras intenciones de imponer el pensamiento único, la falsedad histórica y la insensatez nacionalista de la gente poco viajada, como diría Pío Baroja, en una institución histórica, apolítica y deportiva como es nuestro Club.

La burda manipulación de fotografías, la ocultación de datos sobre las preferencias lingüísticas de los socios, la persecución de cualquier símbolo español y el aislamiento, cuando no expulsión, de socios veteranos destacados defensores del deporte como único objetivo del Club, que sufrimos en su momento, pasó a mejor vida gracias a la labor de unos cuantos, pero sobre todo gracias a la verdad, que al final siempre se impone a los delirios de las minorías incultas o manipuladas.

Ni la sardana es un baile ancestral catalán, ya que fue inventada en 1817 por un jiennense llamado José Ventura, ni en 1714 hubo ninguna guerra de secesión entre España y Cataluña, sino un conflicto de sucesión, en el que Cataluña se alineó al lado de, por ejemplo, Madrid, Alcalá y Toledo, ni la senyera es la bandera histórica de Cataluña nacida de la brava sangre del sufrido Wilfredo el Velloso, sino una aceptación de los colores de Aragón (colores, por otro lado y según alguna de las teorías existentes, originales del Vaticano y adoptados ya en 1068 al enfeudarse la Casa de Aragón al Papa) , ni el ramplón, por inculto, separatismo catalanista tiene la mínima representación en la masa social del Real Club Deportivo Español.

Otra cosa es que con la connivencia de algún directivo del propio club y la poca preparación de determinados periodistas sigan alimentándose tamañas estupideces.

Pero tranquilos, no se trata más que de mucho ruido y pocas nueces. Y de un oxímoron que no sentará cátedra ni se incorporará al lenguaje popular: ¿Españolistas separatistas? Anda ya.


martes, 17 de enero de 2012

Cristo me sigue

Soltado así a bote pronto, más aún como título de un artículo, suena bastante fuerte. Parece la clásica expresión de un integrista, de un miembro de la tan “religiosa” familia Ruiz Mateos, de un abducido por una secta evangelista o de un taxista de cualquier metrópoli española, sudamericana o asiática en la que la España imperial dejó su huella católica, apostólica y romana; esforzado conductor este que honra el recuerdo de glorias pasadas y previene los malos farios decorando su vehículo con imágenes del Redentor, colas de zorro, un muñeco de Elvis Presley sumamente inquieto y algún que otro abalorio más.

Pero se trata de algo mucho más simple: una cuenta de Twitter que responde al nombre de “Jesus Christ”, a la que otorgué mi confianza dándole al botón de seguir y que inmediatamente me correspondió con su recíproco seguimiento. Ante tantas cuentas, usuarios, grupos de fans, juegos, eventos, listas de distribución, clubes y campañas virales de solidaridad con los hipopótamos que todos los usuarios de redes sociales vemos pasar ante nuestros ojos, ésta en concreto me llamó la atención de inmediato. Por el nombre, por la imagen del avatar, pero, sobre todo, por lo que removió en mi interior cual ardor de estómago antes de ser tratado con el Almax de rigor.

Esa necesidad de espiritualidad, de religiosidad, de valores trascendentales, que tan poco se ven y viven en nuestra sociedad actual, y menos aún en el mundo virtual de las redes sociales, debió de ser lo que me impulsó a darle al botón izquierdo de mi ratón y aceptar sin dudar esta nueva “amistad” que me brindaba esa pantalla que, a pesar de estar configurada a 1024x768 y con 16 millones de colores, no es nada más que un trozo de cristal enmarcado por plástico que me aleja de la vida real en vez de acercarme a ella.

Para ser sincero no tengo demasiado interés en esta cuenta (Dios me perdone), ni en saber quién está detrás. Lleno está el mundo de falsos profetas, y hasta este mismo usuario de Twitter cita a San Marcos en uno de sus tuits: “Se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar.”

Lo que sí me ha importado del hecho relatado es esa sacudida en mi interior. Ese pequeño golpe a mi conciencia que me ha hecho reflexionar hasta el punto de compartirlo con vosotros, mis lectores.

Será por la educación religiosa que recibí, por mi sincera y meditada fe en Dios, o por los remordimientos que siento muchas veces por la falta de seriedad, de entrega al prójimo, de generosidad, de paciencia, de sinceridad o de humildad que deberían de impregnar el día a día de cada uno de nosotros, y que solamente florecen, por lo menos en mi caso, en escasas ocasiones.

¿Quién sabe si no ha sido una señal para que despierte y me aplique un poco en ser más bueno (léase cristiano)? No de boquilla, de puterío semanal con posterior y teatral misa dominical y confesión simulada, sino de hechos concretos.

Teniendo en cuenta que hay gente que se cree las leyendas Mayas sobre el fin del mundo, las sandeces de la Cienciología, las gilipolleces de Dan Brown, apoya las alianzas de civilizaciones de Zapatero y la conjunción planetaria de Pajín o jura y perjura que el asesino Santiago Carrillo es un santo, ¿por qué no voy a creer en Jesucristo nuestro Señor?

Me parece bastante más factible y serio que todo lo demás.

miércoles, 11 de enero de 2012

El oxímoron definitivo

Mi intención era titular este artículo “la madre de todos los oxímoron”, pero dado que no existe acuerdo sobre el plural de esta palabra, he preferido simplificarlo. Sin poner en duda la capacidad intelectual de vosotros, mis queridos lectores, y simplemente para refrescar esa habilidad de recordar ya tocada por los años, los excesos alcohólicos o (en el caso de los tan sorprendentemente bien pagados chóferes de la Junta de Andalucía) por los gastos en polvitos blancos subvencionados por todos nosotros, recuerdo a todos que un oxímoron es, según definición de la Real Academia, una “Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido”.

En nuestro lenguaje habitual existen ejemplos a raudales, tantos que en muchos casos ni nos damos cuenta de que en el fondo estamos diciendo una estupidez. O no me diréis que “silencio atronador”, “calma tensa”, “casi seguro”, “estimación precisa “, “mala suerte” o la muy actual “Keyboard not found, press any key", no son más que sandeces si se toman al pie de la letra, pero que adquieren su nuevo valor y sentido justamente por su combinación. Para los aficionados a las letras no puedo dejar de recomendar esta página web  que describe esta figura del lenguaje de forma completa y con tal cantidad de ejemplos que prefiero que deje de ser un “secreto a voces” y compartirla con vosotros. Yo he aprovechado el hallazgo de esta página para intercalar unos cuantos de ellos en este texto, algo que por lo menos me ha proporcionado un rato ameno e instructivo.

Como debéis de estar imaginando todos yo sigo con mis “obsesiones normales”, es decir, apuntando no ya con “fuego amigo” sino con toda la intención del mundo a la casta política, que sigue dando ejemplo, día a día, de cuan ruin y falsa puede llegar a ser una persona con tal de perpetuarse en el poder. Y aquí pueden recibir todos, sin que ninguno de ellos sea un “justo pecador” (Para esto ya tenemos a uno de los mejores grupos de música de nuestra piel de toro.). En todo el arco parlamentario, de izquierda a derecha, en todas las instituciones, desde el Palacio Real o el Congreso de Los Diputados hasta la última pedanía del más pequeño ayuntamiento de la más pobre y pequeña de nuestras autonomías, estamos rodeados de personajes que anteponen sus propios intereses a sus obligaciones, ya sean legales, familiares o morales.

Ese “egoísmo compartido” de la clase dominante, ya sea un yerno de un rey impuesto, un dirigente terrorista candidato al premio nobel de la paz, un nuevo ministro de economía que defiende una "banca ética", un presidente de Gobierno que guarda un “clamoroso silencio”, un presidente autonómico encausado o un beneficiario de un ERE falso, todos, absolutamente todos ellos, viven, progresan y se enriquecen a costa nuestra. A costa de los que les votamos, de los que pagamos impuestos, de los que trabajamos para garantizar su bienestar, y no el nuestro.

Esa “apuesta segura” en la que se ha convertido cualquier cargo público para poder mangonear produce en mi no una “calma tensa” sino una rabia indescriptible. ¿Dónde está esa “conciencia política”, esa entrega al servicio de los demás, que debería de suponerse a los representantes de los ciudadanos, que en el fondo no son nada más que las personas designadas por nosotros para desempeñar una función pública?

Y aquí no me dejo llevar por una “envidia sana”, no amigos, es mi idealismo juvenil y luchador el que me revuelve las tripas, me genera ardor de estómago y me impide sonreír o escribir bonitos y divertidos relatos para distracción de mis lectores. Es el asco que siento ante esta “justicia criminal” encarnada por hechos, cohechos, sentencias ficticias y prescripciones planificadas. Ante esa “luz oscura” que se ha apoderado de nuestro país en la que ya solamente brillan los ojos entristecidos de los “muertos vivientes” en lo que se están convirtiendo la mayoría de los ciudadanos mientras los políticos usan sus “mentiras piadosas” para pedir el voto y luego cambiar de opinión al vuelo, para decir que “menos es más”, que no sabían nada del “secreto a voces” y que todo lo que dijeron era “relativo”.

Relativo a su increíble capacidad de mentir, será. (O de pasar de "catalana a andaluza" en lo que canta un gallo, que también manda huevos.)

Esa clase política que con sus “verdaderas mentiras” nos ha hecho caer en la trampa del “yugo liberador” de la democracia. Anda que me río.


Y son ellos los destinatarios de este artículo, los del oxímoron definitivo, esos “políticos sinceros” que cuando llegan a casa después de sus duras “reuniones de trabajo” exclaman: “Ande yo caliente, y jódase la gente.“

martes, 20 de diciembre de 2011

Na’vidad

Ya estamos inmersos en la vorágine de cada año. Bueno, me imagino que los 5 millones largos de parados de nuestra patria lo estarán menos, pero aún así seguro que muchos de ellos sucumbirán ante la “imperiosa” y “vital” necesidad (que no obligación) de comprar. No importa el qué. Prescindirán por un día de sus cañitas, sus finos, sus gin-tonics y sus devaneos sexuales carentes de amor, se rascarán los bolsillos e intentarán cumplir con el mensaje intrínseco de la “Navidad”, el que ordena gastar, cuanto más mejor, para mantener los ratios de venta de la economía occidental. Un 78% de las ventas anuales de artículos de perfumería, un 50% de los juguetes y otros porcentajes similares demuestran la importancia de la “Navidad” y su mensaje de paz y amor para el entramado de la sociedad capitalista y consumista.

Leía yo el otro día un genial artículo (en cuanto pueda añadiré aquí el nombre del autor) sobre la evolución del concepto navideño, la desaparición de la simbología cristiana, la aparición de nuevos “iconos” irremplazables, como el reno de nariz roja, el “Olentzero” en las provincias vascongadas, los omnipresentes “caganers”en Cataluña, que han copado ya gran parte del otrora bonito mercado de Santa Lucía de Barcelona, el orondo (y seguro que sudoroso) Santa Claus (reconversión del San Nikolaus católico) y demás sandeces que vemos por nuestras calles, y volví a sentir esa tristeza que en el fondo deberíamos de sentir todos en fechas tan señaladas, tan espirituales y tan manipuladas y desvirtuadas por la sociedad y el único combustible que la mueve, el maldito dinero.

No me extenderé más en describir lo que debería de ser la Navidad. Es de sobras conocido. Por lo menos por mis lectores.

Que la mayoría de la sociedad, entre jóvenes “des” o “contra” educados, inmigrantes de otras razas y religiones, activistas anti-iglesia promotores de bautizos y comuniones “civiles” pero renegados de cualquier cosa que huela a raíz cristiana, izquierdistas trasnochados pero consumistas (con el parné de los demás, eso sí) creadores de decorados navideños sin estrellas, reyes o pastores o las recién aparecidas promotoras de un novedoso desfile de “Reinas Magas”, en pos de la igualdad de género y de estupidez; que todos estos no sepan o no quieran saber lo que hay detrás de estas celebraciones, me la trae al pairo.

Pero que como mínimo le cambien el nombre, que dejen de llamarlo “Navidad”. Con la intercalación de un simple apóstrofe ya tengo bastante, de ser la Natividad de Nuestro Señor pasaría a ser la fiesta de los Na´vi, la raza de la película Avatar. Seguro que generaría más cash-flow. Y dejaría de molestar a aquellas personas que con todo convencimiento e inocencia celebramos el nacimiento de Jesucristo, sabedores en la mayoría de los casos de que son fechas reutilizadas, heredadas de ancestrales ritos paganos. Algo que no quita ni un ápice de valor a la celebración cristiana. Simplemente se trata de adaptar unos ritos y unas creencias a unas fechas concretas del calendario natural de la raza humana. Como la siembra o la cosecha.

Yo intentaré vivir estas fiestas con un mínimo de decoro y de espiritualidad, de fe y de oración. Y más me vale que mis oraciones sean escuchadas, ante los cambios que se avecinan en mi vida. Veré a algunos buenos amigos, reiré y cantaré con ellos, asistiré a la misa del gallo, disfrutaré, sin duda, de una gran comida familiar el día 25, daré lo que pueda y recibiré lo que me merezca. Tampoco pido más.

De todo corazón, Feliz Navidad a todos vosotros y vuestros seres queridos.

martes, 13 de diciembre de 2011

Compás de espera

Ha llovido bastante, y en este caso no es figurativo, desde mi último artículo, escrito después del debate televisado entre los candidatos a salvar a España y en vísperas de unas elecciones cuyo resultado todo el mundo anunció con semanas, meses y hasta años de antelación. En este largo mes que ha transcurrido mi vida ha dado un giro, que no vuelco, que me ha impedido centrarme en los temas transcendentales de la vida, es decir, la situación personal de mis amigos, de mi familia, mi propia salud o mi felicidad, ni me ha permitido seguir los problemas “candentes” de nuestra sociedad, léanse los chanchullos de los políticos, los tejemanejes de los duques, las repetitivas victorias del Barza, las concesiones administrativas a los amigotes, la lucha por los puestos de postín en los nuevos organigramas de nuestras múltiples administraciones, la subida del precio de los Donuts en el supermercado del barrio, regido por pakistaníes, o el precio del “coltado” en el enésimo bar que los chinos han conquistado en tierra patria.
La situación económica, el paro, la prima de riesgo, la posible desaparición de Europa tal como la conocemos, el expolio de los archivos de Salamanca o el penúltimo intento de asalto al Valle de los Caídos por parte de las tropas derrotadas, esta vez a base de papeletas, tampoco me han quitado el sueño. Bastantes temas han rondado mi cabeza en este mes como para preocuparme por asuntos en los que no pincho ni corto. Ni yo ni ningún otro hijo de vecino.

He estado a punto de titular este artículo “impasse”, que con mi mediocre (pero latente) francés de entrada hubiera equiparado al “compás de espera” que he utilizado, pero mi siempre presente obsesión por la corrección lingüística me ha hecho recurrir, como casi siempre, a la Real Academia, que me ha ilustrado con la siguiente definición: “situación de difícil o imposible resolución, o en la que no se produce ningún avance”. Gracias a Dios no estoy en tal situación, de “impasse”, aunque en algunos momentos se le haya parecido bastante: mi situación tiene solución y los avances ya se han producido.

Después de más de 20 años he dejado mi trabajo, estable, seguro, cómodo, por razones que no vienen a cuento aquí, y me he visto lanzado a una nueva aventura laboral, cambiando de empresa, de tareas, de objetivos, y hasta de barrio, municipio, mancomunidad, provincia, región y Comunidad Autónoma (y hasta de veguería si las hubieran implantado).

Cual jovenzuelo con la carrera recién terminada y con ganas de comerme el mundo, sin miedo a lo desconocido, me lanzo a un vacío del que solamente me protege la red de mi propia capacidad, mi experiencia y mi saber hacer. Es una red tupida, tejida a lo largo de 20 años de trabajo en la misma empresa, la que en teoría deberá salvarme de caer de bruces sobre el duro suelo de la realidad.
Aparte, y como diría la mayoría de nuestros compatriotas, están los atributos masculinos, que tanto nos gusta nombrar en España como símbolo de bravura, valentía, fuerza e iniciativa..

Entre redes y huevos todo proyecto puede triunfar. Siempre y cuando ponga de mi parte la profesionalidad, la seriedad, la constancia y la ilusión necesarias.

Y esto, está garantizado. En todo lo demás, Dios dirá.


P.D.: Para aquellos lectores que estaban en contacto personal conmigo,  aviso que tanto mi correo electrónico como mi número de teléfono han cambiado. En Facebook, Twitter, Google+ o Gmail podéis contactar en privado para actualizar vuestros datos, si fuera menester.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

Idos a cagar


Ante la madre de todos los debates, es decir, en vísperas del histórico, único y decisivo debate en pro de la salvación de la patria española, andaba yo (y espero que algunos cientos de miles más), con la mosca detrás de la oreja. Aunque más que una mosca, por el ruido elevado, incesante y penetrante,  creo que se trataba de un moscardón, de aquellos que cazan abejas y arruinan la apicultura por donde pasan.

El “mainstreaming” oficial, el de los lobbys, léase los grandes partidos, los medios de comunicación afines, las instituciones financieras aliadas, las constructoras,  los gestores de gasolineras, los sastres, las oeneges , las fundaciones  sin ánimo de lucro, las sicavs y los demás centros de poder,  asociados todos ellos con el único fin de mantener su posición de privilegio ante el resto de la sociedad,  esa “corriente principal” ya había decidido de antemano quién, cómo y cuándo se celebraría el debate, el color de las corbatas, el modelo de mocasines, los temas que se abordarían y aquellos “problemillas” que se obviarían para no asustar y ahuyentar al votante.

Cualquiera de los columnistas de prestigio, (como por ejemplo hoy Jimenez Losantos y Raúl del Pozo), ha coincidido en destacar el absoluto vacío de esta absurda escenificación fruto del bipartidismo, de ese ente que hoy en día empezamos a llamar la “casta política”, que no lucha ya por arreglar algo, sino simplemente por el múltiplo en euros que le otorgará cada uno de los votos que robe al insensato, por poco preparado, elector.

¿Sinceramente alguien cree que sea de recibo que se gasten 80 millones de las antiguas pesetas en montar un escenario para que dos marionetas se enfrenten en un preparado debate hablando un poquitín de de todo,  menos de aquello que realmente importa?  Estoy por repasar el vídeo del debate para ampliar con el zoom al máximo la parte superior de la imagen y poder detectar los hilos casi invisibles de los titiriteros que movían las manos de uno, y los papeles del otro, mientras que el moderador ya ni necesitaba hilos, dado su papel meramente decorativo del magno evento.

Ya lo deja bien claro Losantos hoy en El Mundo: la corrupción, no existe en España. La sumisión a los terroristas, y con ello la derrota y humillación de las víctimas, tampoco. Para no hablar de desahucios, violencia en la calle, invasión de inmigrantes con nula intención de adaptarse, beneficios astronómicos de la banca y sueldos e indemnizaciones millonarias a sus peores gestores, o nepotismos de última hora, colocando a “corre-cuita”, como decimos aquí en  Cataluña, (aún España), hasta al primo más tonto, la prima más desaliñada y al cuñado más cleptómano, en cualquier puesto de las múltiples administraciones que sufrimos, en sus empresas asociadas o en embajadas tan exóticas que ni Tintín las visitará en las próximas secuelas de su gran película estrenada hace unas semanas.
Qué fácil es manipular cuando tienes la sartén por el mango. Qué bonito y entretenido es intercambiar cromos en el patio, una vez cada cuatro años, asumiendo hoy el papel  de opositor y mañana el de gobernante, como si se tratara de un simple juego infantil.  
Juego, al que por cierto, no dejan entrar a nadie más. No vayan a quedarse sin el placer y el poder de hacer y deshacer a su antojo.

Los demás, a verlo desde la barrera, desde el grupo mixto mezclados con etarras, enfermizos nazionalistas catalanes o incorregibles comunistas ciegos y sordos, desde  la cola del INEM o  el comedor de beneficencia, desde la cafetería del hospital, tiritando de frío  por no haber camas para el acompañante o desde cualquier lejano país al que han tenido que emigrar,como en los años 60, por carecer de futuro en su propia tierra.


Lo dicho,idos a cagar. (1)






(1). Verbo ir, según la RAE.



viernes, 4 de noviembre de 2011

Elecciones y excepciones

Llevo ya más de 30 años de militancia, si se puede llamar de esta forma a una actividad política mínima, extraparlamentaria, en partidos minoritarios, que no marginales,  y centrada  casi en exclusiva en proclamar a los cuatro vientos  (si es en la barra del bar, mejor),  mi disconformidad con el sistema político actual y mi aspiración a conseguir un sistema político más justo y más cercano a los valores eternos que considero básicos para una sociedad avanzada.  Es de cajón que esto y la nada absoluta se asemejan mucho, sobre todo si la escala para su ponderación la ponemos en las metas y logros alcanzados.  Detalle éste que tampoco me preocupa, dado que cualquier utopía por definición “es irrealizable en el momento de su formulación” (RAE), y por lo tanto equiparable a la nada, al vacío, al agujero negro del espacio que todo se traga y nada devuelve (y si se llegara a realizar dejaría de ser utopía). Llevo por lo tanto 30 años siendo un soñador.

En estos seis lustros he compartido la anteriormente nombrada actividad (para ser sinceros más bien inactividad) con muchos camaradas y amigos, de los cuales una parte residual ha seguido la senda del soñador, refugiándose en ilusiones preciosas pero irrealizables, mientras que la mayoría o bien ha dejado de lado cualquier lucha más allá de la necesaria para la propia supervivencia, o bien ha puesto los pies en el suelo, renunciando a buscar una alternativa política al actual régimen, aceptando el mal menor del sistema político que nos rige, aún a sabiendas que no es bueno, ni justo, ni apropiado, y lanzándose a la batalla escabrosa de bregar desde dentro del sistema para intentar mejorarlo.  Lo describo de esta forma tan “poética” sabedor que no todo son rosas en esta vida, y que en muchos casos (quién sabe en qué proporción) la entrada en el ruedo político no se ha debido al altruismo, al idealismo, sino más bien al interés personal de colocarse en el mejor puesto posible para vivir de las prebendas, los regalos, las relaciones y las subvenciones de la mega-estructura de la sociedad democrática, en la que por cada persona que aporta algo hay cientos detrás rascándose la pancha y viviendo a cuerpo de rey a costa de nuestros impuestos.
De estos pocos que han seguido por la vía política “oficial”, estructurada alrededor de partidos políticos legalizados y registrados, algunos han optado por la opción más consecuente con nuestros ideales, fundando, fusionando, desmontando, coaligando, torpedeando, atacando o defendiendo “ene”  mini-partidos revolucionarios, sociales, patrióticos, unificados, auténticos, ortodoxos, y otros han ido a buscar refugio en aquellos partidos mayoritarios que de una u otra forma cubren, aunque sea parcialmente, sus ideales y aspiraciones de luchar por una sociedad mejor.
“Chapeau” por todos ellos. Por lo menos lo intentan o han intentado.  
En estos treinta largos años que han pasado solamente he votado una vez, en el referéndum del año 1986 sobre la permanencia en la OTAN,  sin haber cometido aún el para mi pecado mortal de depositar en una urna una burda papeleta con las siglas de un partido político, ente que no considero representativo del ser humano ni adecuado para regir sus destinos.  Hoy en día ya ni participaría en un referéndum,  acto que representa la mayor tomadura de pelo dentro del sistema democrático, ya que delega de forma cobarde la incapacidad de los elegidos para desempeñar una función de liderazgo en la masa anónima, que es la misma que le ha encargado una tarea muy seria, la de gobernar. Como si un responsable financiero de una multinacional o de un banco, ante la crisis financiera actual, reuniera a todos sus empleados, desde el repartidor de cartas hasta el guardia jurado del parking, para tomar las decisiones necesarias. Inconcebible e intolerable. Como el amago de Papandreu ,  que ha durado menos que un caramelo en la puerta de un colegio y que de forma tan genial describían ayer en “El Mundo” tanto Arcadi Espada (lector, no te pierdas este artículo, está a la mitad de esta página enlazada, titulado “Una broma de pueblo”) como, en menor medida, Salvador Sostres.

Y seguiré sin votar.

Termino con una dedicatoria. Todo este artículo nació ayer en mi cabeza, tirado en el sofá, cuando cogí mi teléfono móvil  y lancé a la nube invisible que nos rodea y que contiene todo, un SMS con el siguiente mensaje,, dirigido a una querida amiga, destacada ejemplo de la parte buena explicada anteriormente:  “Mucha suerte en la campaña. ¡A por ellos!”

Jamás hubiera pensado que animaría a alguien ante el inicio de una campaña electoral.  Pero en este caso no me he podido resistir, se trata de una persona que rompe todos los tabúes y prejuicios que tengo hacia los partidos políticos y las demás sandeces del sistema.  España se merece que salga elegida. (Y si es capaz de cambiar el sistema, mejor aún).  ¡Mucha suerte Elisabeth!

P.D. Elisabeth es candidata del Partido Popular al Senado.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Del Siglo de Oro al siglo del moro

Sepa de entrada el lector que el título de este artículo no pretende echar pestes sobre ningún colectivo de inmigrantes ni ser reflejo de posibles ideas racistas de un servidor, en el caso de que las tuviera, sino que ha sido elegido por el simple hecho de evidenciar de forma gráfica y clara la intención de estas líneas.  Y sabedor de que una imagen vale más que mil palabras y que el titular de un artículo es por desgracia lo más leído del mismo, por lo menos en este nuestro querido país, pues aprovecho este defecto para por lo menos atraer e interesar un poquito más al lector.  Aunque tampoco mentiría mucho si contrapusiera la época dorada de la cultura española, los siglos XVI y XVII, a la nula educación, higiene, voluntad de integración o formación de la mayoría de los inmigrantes del norte de África que vagan por nuestras ciudades y a los que históricamente siempre hemos llamado moros. Y lo de vagar no es un decir: yo tengo el “privilegio”, bueno, más bien la desgracia,  de vivir cerca de una mezquita “donada” por nuestros inefables políticos progres al “honorable” colectivo de inmigrantes musulmanes y los veo deambular arriba y abajo varias veces al día, algo harto difícil si en sus trabajos tuvieran que cumplir un horario.  Y que no me venga nadie ahora con la cantilena (o cantinela, que ambas valen) de que los vecinos del sur trajeron la cultura, el arte y todo lo bueno a esta península cuando nos invadieron.  Sabedores somos ya, en este Siglo XXI, que ni tanto ni tan poco.  Pero dejemos la historia de España y  la invasión berebere, que no árabe,  para otra ocasión y vayamos al grano.
En los pasados días se han cumplido diez años de la existencia de la archiconocida “Wikipedia”, un proyecto de enciclopedia global y abierta que ha extendido el acceso al conocimiento a una gran parte de la sociedad, adoleciendo eso sí,  según sus detractores, de exactitud y fiabilidad. En los diferentes medios que suelo consultar, se han publicado bastantes artículos sobre el tema, por lo que no incidiré en los problemas propios de un proyecto de “código común” como este, como pueden ser la falta de participación o de financiación, sino  que me centraré en un detalle: es una quimera afirmar que el “acceso al conocimiento” se ha ampliado a la mayor parte de la humanidad. Ya lo decía en otro artículo que publiqué hace unos meses: frente a los ya 7.000 millones de seres humanos,  somos una exigua minoría los que navegamos por Internet, de esta minoría aún son menos aquellos que leen algo, aunque sean los titulares: de hecho está demostrado y cuantificado que los usos principales que damos a la Red son el acceso a pornografía,  a juegos, a imágenes y a descargas gratuitas. Lo de leer más allá de un titular queda para esa pequeña “elite” que aspira a algo más en la vida que a cubrir sus instintos básicos y animales.  Por lo que, por mucho que la Wikipedia lleve diez años, existan unos cientos de miles de editores (en 240 idiomas) y hasta 136 bibliotecarios  en español (aquellos que se dedican a corregir y editar los artículos), eso no significa que el nivel cultural medio de nuestra sociedad haya crecido en esta última década.
Yo más bien estoy convencido que todo ha ido a menos, sobre todo aquí en la península ibérica: que la sociedad culta, aquella que lee y entiende, aquella que no memoriza sino que relaciona, está perdiendo terreno a marchas forzadas frente a la “masa”, al consumidor de titulares, imágenes y “chutes” de actualidad que entran por un lado, satisfacen un instinto primario, y salen por el otro orificio sin dejar ni el mínimo rastro en las neuronas del individuo.
Y no me las voy a dar ni aquí ni ahora de ser parte de esa “élite” capaz de entender. Más bien me siento cada día más pequeño intentando comprender a gente realmente capacitada, a personas que tienen algo importante que contar y transmitir a los demás, algo duradero y que aporta valor a la propia existencia,  llámense Girauta, Albiac, Espada, Pérez-Reverte, Gistau, Arcas, el Trasgo de la Gaceta o Lerín Riera. A este último, por desconocido para la mayoría, os lo recomiendo a todos fervientemente (aquí tenéis el enlace). De los otros nombrados (que no nominados, que eso es cosa de la telebasura) poco os tengo que contar. Hay muchos más, pero tampoco pretendo hacer ahora una lista de todos aquellos columnistas, escritores o pensadores que realmente valen algo. Son los primeros que me han venido a la cabeza. O quizás los que me más me gustan. Chi lo sa.
Y en cuanto al título del artículo, pues eso. Del esplendor cultural del Siglo de Oro español hemos pasado a una sociedad sumida en la decadencia absoluta, en la crisis de valores, en el nulo afán de aprender o aportar algo, en la ley del mínimo esfuerzo, en la corrupción, en el uso de la política como trampolín para el propio enriquecimiento, en el sexo lujurioso, deportivo y competitivo carente de un mínimo de amor o de valor superior, en la importación de mano de obra extranjera, explotada,  para mantener nuestras prebendas y en la entrega a estos nuevos “ciudadanos”, al moro (o al chino, o al paquistaní,o al rumano, o al inglés mafioso, o al ruso violento ), de nuestras creencias, nuestro pasado, nuestra cultura, nuestras calles y edificios, nuestras subvenciones, es decir, de nuestra herencia entera, inventado para ello historias para no dormir que ni Ibáñez Serrador, o  usando recursos públicos, esos que salen de la nada, para iniciativas disfrazadas de igualdad, integración, resarcimiento de pecados del pasado o alianzas de extraterrestres, cuando no teníamos ya bastante con los subvencionados clubs de aventura de los progres llamados ONGs, los programas de máxima audiencia, las porno-telenovelas, la telebasura ,los seriales, las modas artificiales, importadas  y consumistas, como el  maldito Halloween de ayer mismo,  y demás pamplinadas, que por poco que nos giremos o escondamos,  llevarán a la completa desaparición de la cultura occidental, a la trivialización de la existencia humana  y al fin de ese árbol común llamado Europa del que España y los españoles fueron semilla en siglos pasados y que, por desgracia, se han tornado en segadora, cuando no plaga, en este Siglo XXI que por desgracia nos está tocando vivir.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Caen las hojas en otoño..


..y los políticos corren como galgos condenados a ser colgados de un árbol,  en busca de cobijo ante el crudo invierno que les acecha.

De entrada me disculpo por el “engaño” en el título del artículo, que sin lugar a dudas induce a pensar en una aportación poética.  Supongo que la melancolía ha podido conmigo al leer la entrevista a Sánchez-Dragó sobre su nuevo libro, autobiográfico, en la que cita los últimos versos de Antonio Machado encontrados en el bolsillo de su chaqueta tras su muerte: “Estos días azules y este sol de infancia.”

Esta tristeza que se asocia al fin del verano  me ha llevado irremediablemente a compararla con la realidad de lo que está sucediendo estos días en las altas esferas del (aún) poder socialista.  Para la “gran familia” socialista, la “Cosa Nostra” de Ferraz, se acaba una estación luminosa, una primavera y un verano que han durado casi ocho años y que les ha permitido echar cientos, que no miles, de semillas aquí y allá, para ver brotar en sus fructíferos árboles cargos, prebendas, chanchullos,  subvenciones, manipulaciones, contratas, subcontratas, recalificaciones, asesorías, concesiones, nombramientos y demás ventajas personales que, con la llegada del otoño y las próximas elecciones, van a desaparecer a golpe de hartazgo y sensatez del electorado.


Ni un brote verde, de aquellos anunciados hace tiempo por el innombrable, hemos visto a lo largo y ancho de la piel de toro en esta casi década, mientras que “ellos” han ido recogiendo cosecha tras cosecha, en doblones contantes y sonantes,  riéndose en nuestra cara y acumulando oro, que no grano,  para pasar no uno, sino varios inviernos al sol que mejor brilla, el de la amplia cobertura económica a costa de los demás.

En un alocada carrera al estilo de “tonto el último” se están produciendo estos días nombramientos irrisorios y adjudicaciones de contratas fuera de tiempo y de lugar, a fin de arañar lo que puedan antes de abandonar el Olimpo en el que se instalaron hace exactamente 2.775 días, un execrable (por profanado) 14 de Marzo de 2004 en el que, manipulando el peor atentado de la historia, actuando contra toda norma jurídica en la jornada de reflexión y engañando, al igual que hoy, al pobre e ignorante ciudadano medio, tomaron el poder de una España atontada y  adormecida por el bienestar creado por el anterior gobierno.

¿Cómo no van a existir indignados viendo esta bufa comedia interpretada por los mejores actores de la izquierda manipuladora y mentirosa?

Y no me refiero a los okupas, los perroflautas y demás especímenes que al amparo de la sociedad del bienestar protestan,  sin ningún tipo de conocimiento o reflexión,  contra los únicos que les pueden devolver los privilegios de los que han gozado hasta ahora, sin levantar la voz contra los verdaderos culpables de su situación, ni tampoco asumir su propia responsabilidad y decidir de una vez aportar algo a la sociedad en vez  de vivir del cuento.

No, me refiero a nosotros, a los normales ciudadanos trabajadores que no tenemos que acampar en la calle, ni llevar crestas o rastas, ni vestir cuero negro, ni orinar en la calle,  ni ocupar propiedades ajenas para sentirnos engañados, cuando no humillados, por el poder.

Con la nefasta gestión socialista hemos ido perdiendo toda protección y subvención que solamente un país económicamente fuerte puede ofrecer,  y a la misma velocidad se han ido enriqueciendo los cargos socialistas. Socialistas que, conocedores del nivel cultural del españolito de a pie, responsables del desaguisado en el que nos encontramos y estando aún oficialmente en el poder, ya lanzan sus dardos envenenados contra un futuro gobierno de derechas, como si hubieran sido ellos los descubridores de la velocidad de los neutrinos y ya estuviéramos en diciembre o en enero del año que viene, aguantando la presión de la calle, de las huelgas, de las infamias y de las manipulaciones que, sin lugar a dudas,  serán el pan nuestro de cada día a partir del 20 de Noviembre.

Fecha esta que para muchos de nosotros ha sido siempre un día de nostalgia, conmemoración  y recuerdo pero también  de sueños y esperanza de ver una España mejor, más grande, más justa, más libre y más sensata.

Sueño que, gane quien gane, no se cumplirá. Porque el mal seguirá presente, enquistado en una dictadura de partidos que,  por mucho que nos prometan ahora los candidatos de la oposición, seguirá siendo la misma estructura política que, como bien dijo aún siendo cardenal el actual Papa, otorga rango de verdad absoluta a una mayoría de votos ( Truth is not determined by a majority vote). Y aquí radica el error.  La verdad no puede ser determinada por el voto de una mayoría inculta y alelada y que encima siempre es minoritaria frente al resto de los ciudadanos, y, sobre todo, frente a la sensatez y los conocimientos de aquellos que por méritos y preparación deberían llevar las riendas del país.   

Pero nosotros seguiremos soñando y luchando, cada uno a su manera, por encontrar un sistema político realmente justo y apropiado para nuestra nación, y con ello para la Humanidad.  Como hicieron otros antes que nosotros. Y como harán, Dios nos oiga, los que hereden nuestro espíritu inconformista. 

lunes, 10 de octubre de 2011

Encuentros, desencuentros y reencuentros

Si nos atenemos a las definiciones de la Real Academia, estos tres conceptos en muchos casos se solapan, ya que un encuentro  (4ª acepción, discusión, riña, pelea) puede ser al mismo tiempo un desencuentro (1ª acepción, encuentro fallido) y hasta un reencuentro (2ª acepción, encuentro de dos cosas que chocan una con otra).  Estas siempre interesantes definiciones “oficiales”  ilustran de forma clara  la complejidad de los encuentros, o relaciones, entre las personas, que pueden pasar de una simple coincidencia física en un punto o un estado de mutuo acuerdo sobre un tema cualquiera, a una decepción y hasta a un enfrentamiento físico y bélico entre “dos grupos de tropas que se buscan y se encuentran”. Esto vuelve a demostrar  la inmensa riqueza de nuestro idioma y,  al mismo tiempo, incrementar mis dudas sobre el acierto de la inmersión lingüística en Cataluña y la consiguiente pérdida del conocimiento de esta lengua universal por un alto porcentaje de estudiantes de España.  Suerte tenemos que por otros lares el estudio del idioma español sigue su marcha ascendente e imparable, empezando por países cercanos, como Alemania o Francia, y acabando en los gigantes del futuro, como Brasil, donde nuestra lengua se ha convertido ya “de facto” en el segundo idioma oficial. Pero volvamos al tema inicial, a lo que iba: los encuentros, desencuentros y reencuentros.

En este último mes mis relaciones personales han pasado por cada uno de estos conceptos de una forma tan directa y hasta brutal, que no me he podido resistir a plasmarlo en este blog, sabedor de que tal como está evolucionando la era digital su contenido pasará a ser parte de esa nube global de datos a la que “per secula seculorum” tendremos acceso todos de una forma u otra. (Vigilada encima por el inefable ZP desde su terruña en León). Y no solamente gracias a las geniales invenciones o inspiraciones divinas de Steve Jobs, al que la mayoría de la sociedad, sin conocimientos profundos, otorga el triunfo absoluto en el nacimiento de la era digital, cuando él ha sido un simple eslabón más de una historia mucho más compleja y amplia que el esnobismo, la perfección en usabilidad, en marketing y sobre todo en el  ROI de los productos de su empresa de la manzana. Fruto que por cierto he visto mentar en algún sitio como heredero en importancia del  causante del pecado original en el jardín del Edén, sin que la persona que lo nombraba se haya detenido en el detalle de que dicho mordisco inició nuestro declive, el nacimiento de la envidia, el egoísmo y demás defectos de los que todos adolecemos.  Aunque igual iba bien encaminada, porque vista la rabia que sentimos muchos por no tener el último modelo del Iphone o del Ipad, queda fehacientemente confirmado que la manzana tiene ciertos efectos negativos en las personas.

Encuentros sorprendentes los he tenido este año en nuestro tramo anual del Camino de Santiago, que ha discurrido por la antigua Vía de la Plata entre Mérida y Plasencia.  Teniendo en cuenta que en los 160 km recorridos no hemos visto más que una veintena de peregrinos, es bastante sorprendente que cuatro  de ellos fueran australianos, y que encima ni se conocieran. Como decía uno de mis compañeros peregrinos ya es casualidad que de los cinco australianos que están pululando por España cuatro coincidan en este tramo tan poco común de las rutas a Santiago. Caprichos de la vida. Ha sido, como suele serlo en el Camino, una experiencia enriquecedora a todas luces. Coincidir con personas de nuestras antípodas y darte cuenta que no se contraponen a ti en nada más que en lo geográfico, que en todo lo demás compartes gustos, creencias, conocimientos y en este caso hasta empleo, ha sido como mínimo curioso. Cuando no emocionante.  Poder hablar con la misma pasión de la música con varios australianos, andando perdidos  en dehesas eternas entre vacas y ovejas,  o  abordar temas sobre la historia de España y ver que tu interlocutor, venido de Rosebery, Nueva Gales del Sur, conoce más detalles del devenir de  nuestra patria que muchos de tus amigos o compañeros de trabajo, son hechos que no se pueden pagar ni con todos los doblones de oro de nuestro antiguo imperio. Y por si lo leen, desde aquí un fuerte abrazo a Pat y a Alan, estén donde estén en estos momentos. Fue un placer andar con vosotros y compartir esos detalles que solamente se viven en las a veces duras y largas, pero siempre inolvidables, etapas, como son el cansancio, el calor, la sed, pero también, por supuesto, las cervezas en aldeas de cuatro gatos, las cenas en común en albergues acogedores o  los anocheceres estrellados compartidos, identificando constelaciones que en el otro, el vuestro, hemisferio no soléis ver. ¡Buen Camino amigos!
En el lado opuesto de la balanza, y sin alargarme mucho, he tenido desencuentros que no por no esperados (son cosas que estaban escritas) me han dolido mucho. Tener enfrentamientos con tu padre, ya mayor y enfermo, nunca son agradables, aunque tengas la razón, y dejar de hablar con amigos, para ti necesarios, importantes y hasta sagrados, sin saber muy bien por qué, son situaciones que más vale olvidar. Como se suele decir, el tiempo lo cura casi todo, y en este caso no es un simple dicho popular, sino ciencia cierta: el tiempo nos lleva a todos a la muerte, que irremediablemente llega, y con ella sana todo. Por lo menos lo terrenal.
No vayas a creer, querido lector, que esto va a quedar así. Demasiadas amonestaciones, que no broncas,  me suelo llevar con mis artículos depresivos, negativos y tristes. Por lo que ahora viene la parte bonita. La del tercer concepto enunciado en el título, el de  los reencuentros.
Pues resulta que después de aproximadamente 27 años he conseguido contactar con un otrora gran amigo, compañero de facultad durante un semestre, camarada en ideales políticos y  militancia, acompañante en diversas aficiones y hasta en actuaciones musicales conjuntas (siendo sincero, fue una única actuación, pero arrasamos) en un bar musical de Barcelona que seguro que hoy en día está en manos de chinos o pakistaníes,  y volverle a ver me ha aportado esa parte de felicidad y alegría que mi cuerpo y mi mente estaban pidiendo a gritos.  (Javier, es war eine große Freude und eine Ehre dich wieder zu treffen). Después de años de infructuosos intentos de localizarle, la magia de la nube digital nombrada al principio de este artículo y de los cada vez más potentes buscadores , me han permitido primero localizar alguna de sus obras publicadas, luego a su hermano en una red social, hasta finalmente llegar a él mismo y no solamente poder contactar por correo sino que encima hemos llegado a vernos y hemos podido disfrutar un día en compañía, día que a ambos nos supo a poco,  teniendo en cuenta los años transcurridos sin vernos y todo lo que ello conlleva en historias por contar. Y por mi parte ha sido un encuentro muy natural, sin ningún distanciamiento producido por el tiempo, con la salvedad, extraña, sorprendente y loable, de que en el ínterin ha sido capaz de aprender alemán desde cero, habiendo alcanzado un nivel realmente sorprendente para un español.  Para luego ver atónito las disputas y los disparates que se producen en esta parte de España, en Cataluña, por dejar de enseñar una u otra lengua a los cada vez más atontados jóvenes. 
Si alguno de los “politicuchos” que tan mal nos gobiernan fuera realmente bilingüe o hasta políglota, con lo que ello implica en formación y amplitud de miras, si dejaran de utilizar la cultura como arma arrojadiza contra sus adversarios, que no compinches, si entendieran algo, aunque fuera poco,  de una santa vez y no fueran tan ruines, tan falsos, tan interesados en los privilegios de su posición y tan poco dados a la lucha por el bien común, otro gallo nos cantaría.
Pero eso ya no sería ni un encuentro, ni un desencuentro ni un reencuentro. Sería una aparición milagrosa.
Y apariciones milagrosas hace tiempo que no se producen. Ni la de Steve Jobs lo ha sido.

lunes, 5 de septiembre de 2011

La música es vida, segunda parte

Este fin de semana pasado lo he dedicado casi al completo a escuchar música y leer, intercalando una breve pero obligatoria visita familiar. Los más cercanos a mí entenderán a la primera que esto en el fondo significa que no tenía dinero disponible para irme de fiesta, para qué lo vamos a negar a estas alturas. Después de tantos años cumpliendo con el rito, con la santa tradición, de salir los viernes (eso sí, con el prefijo “light”), acabando el domingo maldiciendo los tragos largos, los paquetes de Ducados evaporados en la nada, la pesadez habitual con (que no del) el taxista, las salidas de tono en alguna discusión banal y, en resumen, despotricando del tiempo perdido en tugurios y garitos, en vez de haberlo dedicado a algo más útil en la escala de valores de la sociedad, pues no ha podido ser, y me he quedado en mi refugio disfrutando de discos antiguos, conciertos del siglo pasado y algún que otro punteo a la guitarra intentando emular a un Clapton o un Townshend cualquiera.
Nombro a estos dos monstruos intencionadamente, pues en el programa que últimamente estoy siguiendo de forma casi enfermiza, el “Later with Jools Holland” de la BBC, que repone diariamente la cadena alemana ZDF Kultur, suelen actuar bandas  y solistas de otras épocas, de los años 70, 80 y 90 del siglo pasado, razón por la cual disfruto de la misma forma que debe de sentir un fan, que no melómano,  de nueva cuña siguiendo por ejemplo a Lady Gaga (¿mande?) y seres extraterrestres similares.
Desde los Who, Procul Harum o Madness, pasando por Eric Clapton, Jimmy Cliff, Tom Jones, Los Eagles o Ron Wood, este programa te sorprende día tras día con la banda sonora de tu infancia y de tu juventud, dejando claro que el poso musical que se crea en la mente de una persona viene delimitado por una época en concreto, y que a partir de ahí es difícil que penetre nada nuevo.
A esto iba: sentado como estaba yo tarareando el Layla con Eric tocando la guitarra, me puse a analizar la música que me gusta, la que sigo, la que tengo grabada en los 600 cedés que decoran mi pequeño salón, y el resultado mostraba claramente que el noventa por ciento de mis preferencias musicales son de finales de los 70 hasta mediados de los 80, es decir, desde mi infancia hasta el fin de mi etapa escolar y estudiantil. Discos posteriores al 1985 haberlos, los hay, pero no suelo escucharlos. Alguno lo grabé por un interés temporal, por amistad con el cantante (míticos y mágicos Estirpe Imperial) o por haberlo visto recomendado en algún diario,  y otros tantos por haberme picado la curiosidad al ser destacados números uno en los “charts” de medio mundo, pero al final, todos ellos quedan relegados a la torre de cedés y a ser cubiertos poco a poco por el polvo del tiempo, una capa de olvido  que solamente desaparece cuando mueves su espíritu, es decir, cuando abres la caja del cedé y lo escuchas con dedicación.
Y, lo siento por ellos, no los suelo escuchar. Siempre acabo recurriendo a lo clásico. A lo que me gustó de joven, a lo que me trae recuerdos imborrables, a lo que cual lluvia de “polvos mágicos” (esta palabra me gusta mucho más en inglés, “fairy dust”, Polvo de Hada, sin que me refiera a la otra acepción de polvo) me hace vibrar, reír, bailar y soñar.
Queda pues tu mente sellada con esa base musical creada en tu juventud revoloteando por cualquiera de los múltiples “córtex”  de tu materia gris y es muy difícil que penetre algo nuevo con la suficiente fuerza para arrinconar a tus canciones y grupos favoritos.
Esto no quiere decir que dejes de escuchar música nueva, que dejes de probar la fruta del árbol prohibido cada vez que puedes, pero al final, por muy buen sabor que te prometan de la manzana de tal o cual conjunto, te mantienes en tus trece y cierras los portones de tu cerebro a cualquier intruso al que ya no quieres conocer. Como el ínclito Luis Aragonés cuando contestó a un pesado que, insistentemente y de malos modos,  se quería presentar, con un “ya he conocido a bastante gente en mi vida y no quiero conocer a nadie más.”
Pero, como en todo, existen excepciones, y siempre hay grupos o cantantes de nuevo cuño a los que, de forma sorpresiva, haces un hueco en tu interior y los incorporas a la galería de artistas que te acompañan en tu deambular diario. En este momento no se me ocurren muchos (no voy a hablar siempre de Justo y los Pecadores, que ya parezco un agente suyo), pero seguro que alguno encontraría por casa.
La música avanza, cada generación tiene su banda sonora y todos los seres humanos asociamos vivencias y eventos a canciones y melodías.  Lo mismo que estaba describiendo de mi le ha pasado a mis padres, le pasará a mis sobrinos y a vuestros hijos y nietos.  A cada cual, lo suyo.
Y, sobre todo, no debemos obcecarnos en intentar que otras generaciones aprecien lo que te gustaba a ti hace 20 o 30 años, que no es de recibo. Es normal que en una fiesta, en una cena, acabes recurriendo a tus “grandes éxitos”, pero intenta limitarlo a tu público natural, a tus coetáneos, sin avasallar a los más jóvenes con ritmos que les suenan a chino, cuando no a carca. Imagínate como te hubieras sentido (o igual te sentiste) si tus padres te hubieran machacado durante los guateques familiares con discos de Los Mustangs, los Sirex, los Tres Sudamericanos, de Alberto Cortéz  o de Mari Trini,  Pues piensa que para ellos en ese momento era lo último, lo más “in”, lo más guay o chachi piruli que había. Igual que lo son para ti tus discos de juventud.  
Igual que lo son para la chavalería de hoy pues…hmmm, yo que sé, los que sean.
Y  como bien decía y mejor cantaba John Miles:

Music was my first love
and it will be my last.
Music of the future
and music of the past.

To live without my music
would be impossible to do.
In this world of troubles,
my music pulls me through.






jueves, 1 de septiembre de 2011

¿Necesitamos sindicatos y partidos políticos?

Es triste que en pleno siglo XXI tenga que plantearme esta pregunta,  recurrente a lo largo de mi vida y mi actividad política, pero vista la nula evolución de la sociedad y de la democracia en los últimos 30 años, por mucho que la gente se llene la boca y se arrogue haber sido partícipe de la implantación de un sistema democrático en España, que ni es Sistema ni es democrático, pues sigo teniendo esta duda existencial.
Dos preguntas al aire, como introducción.

  1. ¿Si los sindicatos incumplen el artículo 7º de la Constitución, al no contribuir a la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales, por qué los mantenemos?
  2. ¿Si los partidos políticos incumplen el artículo 6º de la Constitución, al no representar la voluntad popular, por qué los mantenemos?

Estas preguntas me las he planteado después de una agradable comida, y posterior sobremesa, con una gran amiga y cargo municipal de un partido político nacional.  Durante nuestra conversación, que como suele ser versó sobre política y la situación de España en general (cuando no hablamos de música, comida, viajes o  amigos comunes, que también lo hacemos),  dejé caer así, a lo tonto, que ni los partidos políticos ni los sindicatos son estrictamente necesarios en un régimen democrático.  Y legal y formalmente su existencia no es necesaria. No son condición “sine qua non” para que funcione el Estado, ni se trata de instituciones propias de éste que vengan exigidas por la Constitución del 1978, tan en boga estas últimas semanas por la próxima reforma a la que se verá sometida.
Hay instituciones claramente definidas en esta ley fundamental, como pueden ser la Corona, las Cámaras legislativas, el Gobierno y  la Administración en general, pero en ningún lado aparece la exigencia de que existan partidos o sindicatos. Pueden existir. Eso sí, siempre y cuando cumplan con los artículos correspondientes de la Constitución que ya he detallado arriba.
El caso de los sindicatos es el más flagrante. ¿Alguien me puede explicar, o mejor aún, demostrar, que los sindicatos contribuyen a la defensa y promoción de los intereses sociales y económicos? Por lo que yo llevo viendo en los últimos 30 años, los sindicatos españoles, salvo minoritarias excepciones, solamente se dedican a medrar en beneficio propio, a liberar de sus obligaciones laborales a sí mismos, a  amigos y familiares y a representar su obra máxima, su opereta anual, con alguna manifestación ridícula o una huelga “salvaje” entre amiguetes,  antes de seguir disfrutando de vacaciones de lujo (¿Madeira p.ej.?)  y prebendas sociales, laborales y económicas. No entraré ahora en temas profundos como el sindicalismo real (y nacional) que nunca llegó a cuajar en nuestro país por culpa de la derecha reaccionaria, el sindicalismo vertical efectivo y realmente representativo durante el régimen anterior, ni, por supuesto, en los ideales anarcosindicalistas, que reclaman la desaparición completa del poder. Utopía esta de las mejores que existen, pero imposible de llevarse a cabo mientras la sociedad sea bárbara e inculta. Y como la sociedad no avanza en este sentido, pues seguirá siendo una utopía.
Hablemos ahora de los partidos políticos. Y vuelvo con la pregunta  ¿Alguien me puede explicar, o mejor aún, demostrar, que los partidos políticos son la manifestación de la voluntad popular e instrumento para la participación política?
La voluntad popular real no reside en los partidos políticos por varias razones. Por un lado los partidos gobernantes nunca representan a la mayoría de la sociedad, sino a la mayoría de las personas que han votado a determinados partidos, que siempre son minoría frente a la suma de los que no votan, los nulos y los partidos minoritarios. Y peor aún, con nuestra actual ley electoral, encima sin la garantía de igualdad del voto, de un hombre un voto. Ley d’Hont, favorecimiento del voto nacionalista por circunscripciones y demás injusticias. Y la falacia  de que son un instrumento de participación política ya clama al cielo. Bien sabido es que los partidos políticos no se someten a ningún control o auditoría por parte del electorado en épocas “inter-elecciones”.  En los años que duran sus mandatos, hacen y deshacen a su antojo. Sin cumplir ni una de sus promesas, o cumpliendo una parte de ellas, las vistosas, con estrategia inicial y táctica final, a fin de conseguir una prórroga de otros cuatro años para poder seguir aupados al poder.
¿Para qué tenemos entonces sindicatos y partidos políticos? Hmmm.
Pero gracias a Dios, también (y aún) existen personas honestas e idealistas en nuestra querida España, personas que hacen labor social, que trabajan por altruismo y con la vista puesta en el bien común.  Pero estas muchas y anónimas personas, no están metidas en política.
La persona que realmente quiere hacer el bien, no acabará jamás enredada en  los tejemanejes y la esclavitud del sistema partidista, porque la idea y estructura inicial que lo sustenta es mala de raíz. No existen políticos buenos. Lo siento Elisabeth. No existes.  
Ops, quizás sí que existas. Porque en caso contrario la comida del otro día, la agradable sobremesa  y la amistad de tantos años habrían sido un sueño.
P.D. En dicha comida acordamos intentar celebrar otra con dos  ilustres invitados. Ellos  aún no lo saben. Uno es político profesional y el otro es escritor, analista político y una persona muy, muy capaz.  En estos momentos desconozco si llegaremos a disfrutarla. Pero en su caso seguro que será genial. Y seguro que aprenderé mucho. ¿Serán capaces de convencerme  de  que hay políticos buenos?  Chi lo sà.