martes, 20 de marzo de 2012

Y nos comimos al Viajero

Después de un mes largo de residencia en Madrid, capital de esta nuestra España tan revolucionada en estos días por la conmemoración del segundo centenario de la proclamación de la tan mitificada “Pepa”, constitución de largo parto y corta vida y encima desconocida para la mayoría (inculta) de habitantes de nuestro país, algo que no es óbice para que los ciudadanos de a pie se vuelquen en fiestas, homenajes y jolgorios varios (ya sabemos todos que en España no es importante la razón de la fiesta, sino el hecho en sí de celebrar y tomarse unas cañas, como bien dijo un líder “obrero” hace poco tiempo), este largo fin de semana he tenido el placer de aprovechar aquello del “kilómetro cero” de la capital, y enfilando una de las múltiples y cronológicamente numeradas carreteras nacionales, me dirigí, en compañía de mis tan agradables anfitriones (Paloma, Ángel, Nacho y Ángeles),  hacia Cuéllar y Carbonero el Mayor, poblaciones situadas al noroeste de la Puerta del Sol.
Al venir a vivir a Madrid tenía muy claro que estas salidas radiales desde la capital iban a ser parte de la magia que me esperaba en mi nueva vida: la posibilidad de conocer un poco más aquellos pueblos, lugares, parajes  y monumentos que por hache o por be aún no he podido visitar, ya sea por la no coincidencia con ninguno de los Caminos de Santiago tradicionales que atraviesan la piel de toro y que llevo años recorriendo a pie,  como por la lejanía de mi patria chica, Barcelona, y la imposibilidad que tenemos todos de visitar y conocer todo aquello que deseamos.  Muchas vidas nos harían falta para ver todo aquello que deseamos, pero bueno, entre los sueños, la lectura  y las maravillas tecnológicas de hoy en día (que también tienen su lado positivo), léase Google Maps, Youtube, enciclopedias online o cualquier otro servicio de valor que ofrece la Red hoy en día, vamos trampeando y visitando virtualmente sitios que de forma presencial igual no conseguiremos ver jamás.
Enfilamos pues a media mañana la salida noroeste de Madrid, en dirección a Cuéllar, primera parada de esta excursión.  Algo me sonaba a mí de esta población, aunque a quién más y quién menos lo primero que se le vendría a la cabeza es el conocido jugador de fútbol (que militó en el Betis y el Barza), nacido en Villafranca de los Barros, villa pacense que si tengo el placer de haber visitado junto a mis tan añorados amigos peregrinos Carlos y Lupe, en nuestro caminar por la Vía de la Plata, por lo que tuve que recurrir al truco del almendruco, al ideal del sabelotodo, y a hurtadillas averigüe, consultando a mi amigo googuelín,  lo básico sobre dicha población. Villa histórica, como tantas otras que espero conocer en esta zona de España que rebosa Imperio por todos lados, y que tiene su propia “Ruta Imperial” señalizada, la visita transcurrió entre unas cañas en el bar “Mudéjar”, repleto de antiguos instrumentos musicales y una colección de cedés digna del mayor de los melómanos, una visita por el exterior del Castillo de los Duques de Alburquerque, curiosa edificación en varios estilos arquitectónicos y un paseo por el casco antiguo, incluyendo una sorprendente iglesia del Siglo XII desacralizada  y convertida en un agradable bar de copas (La Cúpula de San Pedro). Las interesantes historias sobre el cultivo y la transformación de la achicoria en esta población, que llego a tener 11 fábricas de este sucedáneo nacional del café, y de las que ahora ya solamente se mantiene en activo una,  que sirve la base para los muy buenas “delicias” locales, significaron el fin de nuestra corta visita y el enfilar nuestro principal destino del día, Carbonero el Mayor.


No voy a negar aquí la evidencia: el fin último del viaje, historia, cultura y paisaje aparte, era, como en la mayoría de las actividades lúdicas del ciudadano español,  gastronómico. Resulta que en esta población se crían los únicos bueyes de trabajo españoles con denominación de origen, fruto del esfuerzo de la familia García Álvarez, que según las expertas explicaciones del propietario y de su cuñada son únicos en nuestro país (el resto del supuesto buey que solemos degustar en otros lugares es vaca, pura y a veces hasta dura), equivalentes en calidad al mítico buey japonés de la ciudad de Kobe, algo que después de probarlos podemos confirmar sin lugar a dudas. En un agradable “horno de asar”, llamado el Riscapudimos deleitarnos con varios entrantes escandalosamente buenos  y, literalmente, devorar  varias bandejas de una carne de buey como no la he probado en mi vida. Servida en láminas finas y pasadas éstas vuelta y vuelta por unas piedras calentadas, que el excelente servicio nos iba cambiando con presteza, este objetivo inicial del viaje superó con creces nuestras expectativas.  Ojo avizor tuve que estar en no perderme en superfluas consultas con el móvil u otras distracciones para poder disfrutar de este manjar sin que los demás comensales dejaran las piedras más lisas y frías que en origen. Pero ya venía avisado de que en este grupo, el que no corre, vuela. (Es broma)

Acabado el increíble ágape, palabra que en su primera acepción de la Real Academia es aplicable perfectamente al rato que compartimos, exceptuando quizás el carácter religioso de dicha definición , y después de hablar con uno de los propietarios y mostrarles nuestro interés por conocer a los sabrosos bueyes que acabábamos de engullir desmembrados en finas y sabrosas lonchas, uno de los miembros de la familia (me niego en rotundo a escribir “miembra”, por mucho que pataleen últimamente las feminazis incultas, más aún cuando el corrector del Word subraya en rojo, con mucha sabiduría,  esta palabra), en concreto la cuñada, nos acompañó a la cercana finca en la que pudimos ver a los ya “interiorizados” bueyes en su hábitat natural, pastando unos cuantos en el campo en total libertad, y cercados otro grupo de ellos para su próximo sacrificio. La visita a estos imponentes animales, con pesos que oscilan entre los 800 y los más de 1100 kilos de estupenda carne española, peso del que luego solamente llegan al plato unos 300 kg, lo que se traduce en una sacrificio anual de más de 100 animales para disfrute de deportivos excursionistas como nosotros, fue un bonito colofón a una jornada cultural-gastronómica para recordar, con su punto culminante en la pregunta de una niña pequeña que nos acompañó en la visita, que reclamó volver a montar en el buey que conoció en una anterior visita, solicitud a la cual la guía contestó con un claro y desacomplejado: “Niña, que al Viajero, al que montaste el otro día, os lo acabáis de comer!”.  Ni que decir que la cara de la niña cambió de expresión y de color en un santiamén, pero  la naturalidad de la contestación, las risas generales y la presencia de un grupo de cerdas peludas húngaras, una de ellas con un extraordinario parecido a nuestra ínclita Cayetana, Duquesa de Alba, hasta el punto de ser llamada así por los propietarios, evitaron hacernos sentir a todos causantes de un trauma de infancia de la inocente jovencita.  Como ya decía al principio, un día genial por la España Imperial.
Repetiremos.






P.D. Querido lector: te recomiendo que visites este restaurante a la primera ocasión que tengas. La justita hora y media que se tarda en coche desde Madrid quedará olvidada al primer bocado que pruebes. Fijo.

lunes, 5 de marzo de 2012

Madrid, España.

Igual es un poco pronto para rendir homenaje a esta gran ciudad y sus gentes, que me han acogido como si fuera uno más de ellos, sin extrañeza, sin desconfianza, con alegría y generosidad, pero no puedo dejar de escribir estas primeras líneas hoy mismo, en vez de esperar a que pasen meses o años. Este “defecto”, que arrastro desde niño, de no poder guardar nada en secreto, de querer compartir de inmediato cualquier descubrimiento o sentimiento, no puede desaparecer de golpe, por mucho que me esfuerce, por lo que aquí va mi primer homenaje a la Villa y Corte, que seguro que será el preludio de muchos más artículos en este mi modesto blog, que desde sus inicios hace más de 7 años tiene el título de “Mi querida España…”: encabezado que ahora viene a reafirmarse con mi presencia y residencia en el centro mismo de esa España a la que tanto adoro y que es el eje sobre el que pivota mi vida desde que tengo consciencia. Y de eso ya hace unos cuantos años.

No voy a contar aquí nada que no conozcan mis lectores habituales. Las características positivas de esta urbe tan acogedora son por todos conocidas, y cualquier exageración de sus bondades, de su riqueza cultural, de la simpatía de sus habitantes, de la calidad de sus servicios públicos, de su oferta cultural o lúdica, de sus rincones notorios y famosos en todo el mundo y de aquellos desconocidos para la mayoría, de la riqueza gastronómica y de todo lo demás que estoy viendo (y lo que me queda por ver), no es charlatanería interesada, sino simplemente una confirmación de la realidad.

Es por ello que todo lo que escriba aquí no tenga como objetivo principal descubrir al lector algo nuevo, sino más bien la “malvada” intención de recordárselo, de restregárselo (con todo cariño) por la cara, para ponerle los dientes largos e incitarle a venir por aquí cuanto antes.

No será tarea difícil: después de dejar atrás mi ciudad de nacimiento y de residencia durante más de 40 años, Barcelona, capital de provincia (esto de las CCAA sigue sin gustarme, y visto el mal resultado social y económico que han generado, creo que mucha gente pensará lo mismo) muy importante de nuestra patria e historia común, estandarte de la españolidad bien entendida durante siglos, vanguardia cultural y empresarial en otras épocas, rica en idiomas, en tradiciones, en gastronomía, en un sinfín de temas, pero venida a menos en estos últimos decenios (que no siglos) por culpa de los sucios intereses creados por las minorías burguesas nacionalistas, ávidas de acumular beneficios económicos a su alrededor, utilizando para ello cualquier resquicio de simpleza, inocencia o incultura de los ciudadanos, hasta el punto de inventarse mitos y leyendas para engañar al inmigrante y al ciudadano poco leído, en definitiva, al votante, a fin de perpetuarse en el poder, cual ociosa corte medieval alrededor de un conde cualquiera, que no rey, que nunca tuvieron; pues después de abandonar esa ciudad, cualquier cosa que veo, siento, oigo, descubro, huelo, en definitiva, vivo, en esta mi nueva casa, me sabe a gloria.

A los que no sois de Barcelona, o la conozcáis solamente de forma superficial, de visitas esporádicas o de oídas, os parecerán muy extraños mis comentarios críticos sobre mi patria chica. Pero os aseguro que si fuerais nacidos en Cataluña, en Barcelona, y sufrierais la impotencia de ver como vuestro hogar, vuestras calles, vuestra infancia, vuestro idioma catalán original, vuestras tradiciones y recuerdos, son barridos por olas, que no tsunamis, de insensatez, de inmigración africana fomentada (para evitar la equivalente de tierras hermanas de Sudamérica, por aquello del idioma común que quieren extirpar del corazón de los catalanes) y descontrolada, de politización absurda y ladrona, de dictadura nacionalista, de contra-educación subvencionada con tus impuestos, de falsedad oficial, de imposición del pensamiento único, de patético “forofismo” culé instrumentalizado hasta en los colegios de primaria, de fanatismo tribal y excluyente, en resumen, de tamaña estupidez que enrojecería de vergüenza ajena a muchas generaciones de grandes barceloneses ya fallecidos, no os extrañarías ni un ápice, y pensaríais, en mayor o menor medida, lo mismo que yo. Y lo proclamaríais a los cuatro vientos para conseguir, a base de ruido e insistencia, que Barcelona vuelva a ser lo que era.

Pero mientras tanto, mientras Barcelona, y con ella toda Cataluña, languidece bajo el yugo estúpido-ramplón-interesado del nacionalismo y de la patética izquierda retrógrada, yo iré conociendo Madrid.

Sin acritud hacia mis orígenes, pero con una ilusión tremenda de sentirme, a las pocas semanas, como en casa, aunque físicamente esté a 609 kilómetros de mi lugar de nacimiento, y con mi corazón latiendo a un ritmo mucho más acelerado, por la emoción que me embarga a cada paso que doy por este mi nuevo hogar.

¡Madrid, Madrid; qué bien tu nombre suena,

rompeolas de todas las Españas! (A.Machado)

P.D.: Quede dedicado este primer comentario sobre Madrid a todos mis amigos que he dejado en Barcelona, y, sobre todo, a toda la buena gente que he reencontrado y a la nueva que he conocido en este poco tiempo que llevo en esta gran ciudad. No quiero ni pensar en todo lo bueno que tengo por delante, pero no dudéis que os haré partícipe de todo. Para esto tengo estas páginas publicadas en esa “nube” tan abstracta que todo el mundo nombra, pero que aquí, en medio de la piel de toro, se torna visible y protectora, y adquiere unos colores que son parte de mí existencia: una combinación roja y gualda que ilumina mis despertares y acompaña mis atardeceres.



jueves, 23 de febrero de 2012

Queridos alumnos

Me dirijo a vosotros sabedor de que en vuestra inocencia juvenil no llegáis a ver toda la mentira que hay detrás de las actuaciones de los mayores. O mejor, para ser ecuánimes, de una parte de los mayores: no vayan a pagar ahora justos por pecadores y convirtamos a todos los adultos en falseadores de la realidad y agitadores profesionales. Sé a ciencia cierta que hay mucha gente de edad que trabaja duramente, que no miente, que no manipula, que no se inventa fallos en el funcionamiento de la calefacción y que no registra dominios en Internet referidos a hechos que aún no han sucedido. Como si viajaran en el tiempo montados en un haz de neutrinos. Aunque igual es justamente esto lo que están haciendo: superando la velocidad de la luz están volviendo atrás en el tiempo, a principios del siglo XX, y con ello a la manipulación, a la tergiversación pura y dura de la realidad y a la utilización de inocentes jóvenes para sus perversos objetivos. Objetivos estos que no son más que pataletas de niño enfado porque le han quitado la tarta de chocolate, es decir, le han quitado el poder, y con ello todos los privilegios de los que han gozado durante muchos años sin pegar ni sello.

No llego a entender que de golpe os creáis lo que os dicen algunos padres o profesores o que sigáis las consignas de personajes ajenos a vuestro instituto, vagos y maleantes profesionales, con sus rastas de rigor, sus perros esperando en la esquina mientras ellos os engatusan tocando la flauta, como si estuvierais en el pueblo de Hamelín. A no ser que estos “jóvenes” estudiantes de instituto de 23 y 24 años, identificados y detenidos en los pasados días, sean al mismo tiempo vuestros camellos. En ese caso tendríais la eximente de no querer acabar con vuestros principales “colegas” y hasta ídolos. Y eso lo entiendo: las funciones básicas de los institutos de hoy en día ya sabemos que son, gracias a los 8 años de desgobierno de ZP&Co., la educación sexual, o mejor llamarlo la incitación al sexo animal, a diestro y siniestro, sin importar con quién ni por qué ; el consumo de todo tipo de sustancias prohibidas “oficialmente” (por culpa del fascismo y el PP, claro está), pero recomendadas por vuestros simpáticos docentes y, cómo no, la revuelta callejera como distracción semanal ante el tedio de tener que estudiar temas tan carcas como la ética, la historia o la moral.

Tanto Internet, tanto WIFI gratuito, tantas apps para descargaros, tanto Whatsapp, tanto Twitter y tantos lectores de libros electrónicos vendidos en estos últimos meses (lo que debería de llevar asociado la carga de libros y su lectura), y no sois capaces de daros cuenta de que os están manipulando siniestramente pero que bien encaja aquí la palabra siniestro!), de que detrás de vuestro enfado, comprensible e igual hasta justificado en algunos casos, no hay nada más que la rabia de los desposeídos (del poder) y el aburrimiento de los perroflautas de turno que con la ola de frío necesitan urgentemente algo de fiesta, algún asalto a una tienda de ropa y algo de sangre para poder reclamar indemnizaciones, solidaridad y limosna y poder llegar sin sobresaltos a la primavera, al buen tiempo, las raves, la playa y la vida al sol que mejor brilla; mientras el resto de la sociedad, léase la derecha reaccionaria, la iglesia, los bancos, los empresarios o la gente de Intereconomía y del ABC, trabajan desde el amanecer hasta el ocaso para mantener el tren de vida, ocioso, inútil y siniestro de estas garrapatas de la sociedad.

Usad vuestra capacidad intelectual, intentad ser objetivos, navegad por una vez por Internet buscando algo más que música gratis, gadgets o ebooks que jamás leeréis, y repasad un poquito, aunque sea un ratito, entre caña y caña, entre porro y porro o entre asalto a tienda y destrozo de cristaleras, la historia de la manipulación de la izquierda, lo que fue el “Agitprop” bolchevique o la desfachatez y las mentiras continuas y públicas de los líderes sindicales y de los partidos de izquierdas en España y en el resto del mundo.

Dejad de ser marionetas en manos de personas que usan palabras bonitas, que juegan con vuestros sentimientos más nobles, para buscar simplemente su propio beneficio.

Sed objetivos, analizad la realidad, estudiad, comparad, contrastad, en resumen: sed personas inteligentes y no simples herramientas en manos de los manipuladores profesionales, de los descarados líderes sindicales que viven mejor que cualquier empresario, de los políticos derrotados y defenestrados en las urnas que de golpe no saben cómo mantener su antaño sobrado tren de vida y que de la noche a la mañana ya no respetan ni las instituciones, ni las leyes, ni la verdad. (Bien pensado la verdad no la han respetado nunca)

Despertad, o seréis carne de cañón, como en otras épocas, de la demagogia, de la mentira y de la desfachatez de la izquierda, aniquiladora, por definición y por demostración científica a lo largo ya de siglo y medio, del ser humano.

Atentamente

viernes, 17 de febrero de 2012

Diestros, siniestros y ambidextros

No hay duda de que estas dos palabras, y sus combinaciones, tan usadas en nuestro rico idioma, dan para mucho. Que se usen según sus acepciones originales, es decir, para indicar que algo está a la derecha o a la izquierda, ya es más raro. Salvo reputados columnistas (como el “Trasgo” de la Gaceta, que las suele usar en todas sus variaciones) o escritores de renombre, como Arturo Pérez-Reverte, pocas veces tenemos la ocasión de ver estas palabras tan propias de nuestro idioma escritas en alguna publicación haciendo referencia a derecha e izquierda.

Hasta hemos llegado a adaptar una palabra del vascuence, ezkerra, convirtiéndola en “izquierda” y desterrando la “siniestra” original, quizás por culpa de la acepción negativa que subyace a la misma. Y aún así, intentando evitar la original, nos hemos quedado con la ezkerra “vasco-celta “que según algunos etimólogos podría significar “mano torpe”; son cosas que nos pasan, por torpes.

Que lo diestro sea algo positivo, hábil, sagaz, favorable, benigno o venturoso, o que a los hombres heroicos, aquellos que saben manejar la espada o son matadores de toros, se les llame directamente diestros, no significa nada, dirían seguramente los iletrados progres de pacotilla. Probablemente argumentarían que son imposiciones de una Real Academia trasnochada, machista, violenta de género, reaccionaria, fascista, aliada de las agencias de rating, del Real Madrid o del RCD Español y no sé cuantas cosas más. Porque decir que la Real Academia es diestra en su trabajo no se les ocurriría. Seguro.

Y menos aún se atreverían a utilizar la tan bonita palabra siniestro para referirse a lo opuesto a la derecha. Válgame Dios. Te imaginas, querido lector, a los líderes sindicales y de los partidos siniestros (esos políticos de los EREs falsos o aquellos obreros de los Rolex de oro y los generosos sueldos) proclamar a voz en grito: “Nosotros somos siniestros” o “viva la siniestra unida”. ¿A qué no? Y eso que la Real Academia lo deja bastante claro: lo siniestro es algo avieso, malintencionado, infeliz, funesto, resabio o viciado. Podría entrar en cada una de estas acepciones y seguramente en todos los casos sacaría la misma conclusión: cuanta razón tiene la Real Academia en algunas ocasiones. O para decirlo de forma más apropiada, cuan diestra es la RAE.

Pero por desgracia la vida no se circunscribe a la dualidad del blanco y del negro, del yin y del yang, del mod y del rocker, de los Beatles y los Rolling Stones, del skin y del punky, del diestro y el siniestro. Siempre tienen que aparecer los blandos, los que Jesús maldeciría, los indefinidos, los que no son ni carne ni pescado, los hermafroditas sociales y políticos, que juegan a dos barajas, cuando no se dedican directamente al trile añadiendo esa tercera bola a su quehacer diario, a su ideología y a sus principios.

Esos que quieren estar sentados a ambos lados de la mesa, los que pretenden contentar a diestro y siniestro sin mantener una postura homogénea ante sus electores, o peor aún, ante sí mismos. Los que de la diestra solamente quieren la parte capitalista y de posición social, pero que al mismo tiempo se arriman a la siniestra en todo aquello que es “chic”, “trendy”, “social”, “moderno”, “avanzado”, y que se lleva mucho en poblaciones tan siniestras como pueden ser Somosaguas, París o Nueva York.

Los que ven bien que a una unión entre personas del mismo sexo se le llame matrimonio, que ven mal que un partido político mantenga la palabra “cristiano” en su definición, o que ayer maldecían en Cataluña a una coalición diestra en su definición pero siniestra en su posición ante España, y hoy se alían con ella por el “bien” común, es decir, para sacar adelante sus presupuestos y poder repartir, adjudicar y subvencionar a su antojo, es decir, a diestro y siniestro.


Esos personajes que hoy dicen blanco y mañana negro. Que basan sus ideales y convicciones en una simple regla de tres, en el objetivo de sacar el máximo rédito particular y sobre todo económico a su actividad pública, bien pagada por todos nosotros, por cierto.

Esos, los ambidextros. O ambidiestros. Esos si que son personajes auténticamente siniestros.


miércoles, 15 de febrero de 2012

Sexo, porras y una lavadora

Ha pasado solamente un mes de calendario gregoriano desde que escribí mi último artículo, aunque en mi vida particular este mes ha adquirido una importancia bastante superior. Ha sido el mes de mi adiós a 40 (y tantos) años de vida (ya empiezo a recortar cual artista de la farándula, cuando la mayoría sabéis que Whitney Houston y yo compartimos año de nacimiento; que no destino, espero) en Barcelona, ciudad situada al noreste de España, en una bella región llamada Cataluña, que linda al norte con esa tierra gabacha y envidiosa llamada Francia y con la minúscula Andorra (hogar fiscal durante muchos años de la ahora tan sufrida Arancha) , al sur con Castellón, al oeste con las tres provincias de Aragón y al este con el Mare Nostrum.

Un adiós que me pesa poco por muchas razones, que no creo que os tenga que detallar en demasía. Sería hacer leña del árbol caído (que es como está Cataluña en estos momentos, caída, hundida, arruinada, colonizada por marroquíes y chinos, sojuzgada por un residual pero salvaje (por agonizante) nacionalismo y abandonada por las multinacionales, los artistas, los intelectuales y la gente de bien (salvo contadas excepciones que todos conocemos, como por ejemplo Juan Carlos Girauta, Justo Conde y su banda, Javier “Predi” Arcas, Sebas Cerdán, Manel “Bolsicas”, Elisabeth, Lupe, Carlos O., Pere Capdevila, Agus, Edu García, David, Bruni, Rocío, Waffen y mis demás contados pero buenos amigos, esos que me leen alguna que otra vez e igual me echan de menos).

No me pesa la despedida: si en cambio me embarga una sensación de alegría, de haber llegado a una meta parcial y de estar ante una nueva oportunidad, de curiosidad y de pasiones juveniles renacidas. Frente al “miedo al cambio”, tan cacareado en los cursos para directivos y tan presente en nuestra blandengue, ociosa y entregada sociedad, afronto estos primeros días en mi nuevo hogar con una ilusión tremenda, cual jovenzuelo en un intercambio universitario o mozo en su destino militar, que solía estar en las antípodas de su hogar, por sabia (y muy criticada) decisión de los gobernantes de otras épocas.

Instalado ya en mi nuevo domicilio, he sobrevivido los primeros tres días sin sobresaltos, adecentando las diferentes habitaciones, luchando con la desconocida calefacción por hilo radiante, decorando el salón, conectando el imprescindible equipo de música, afinando mi querida guitarra Ovation y disfrutando con los mensajes de error del receptor de televisión ante su “desconocimiento” de los canales memorizados en otras épocas y por otro lares (léase TV3, la seva, y los demás canales politizados y manipuladores de mi patria chica).

Y he cumplido con el acto, casi ritual, que definitivamente demuestra que has cambiado de hogar.

No penséis que hablo de sexo consentido (o hasta con sentido y sentimiento, que también existe), no amigos, hablo de algo mucho más terrenal y necesario, pero que indiscutiblemente es la prueba de que no estás de paso, que lo que ocupas no es la temporal e inane habitación de un hotel, sino que te has instalado en un nuevo lugar para quedarte: he puesto la primera lavadora y he tendido la ropa con vistas al nuevo “Skyline” de Madrid.



Y para rematar he bajado al bar de enfrente y he desayunado unas porras. Porras estas muy diferentes a las que solía probar en Barcelona, en manos de esos personajillos llamados “Mossos”, que ahora se me antojan más lejanos que la tierra prometida de Colón antes de abandonar Palos de la Frontera.

En definitiva, “ja sóc aquí!”, como dijo mi paisano Tarradellas en otro momento y en otro lugar.

 “Ja sóc a Madrit”. Y de aquí, al cielo.

Os espero a todos. Mi casa es la vuestra. Ya lo sabéis.


P.D. Quiero agradecer profunda y públicamente a Raúl , Ricardo y Paloma la inestimable ayuda que me han prestado desinteresadamente en la difícil tarea de encontrar mi nuevo hogar. Sin ellos aún estaría enganchado a Idealista y Micasa sufriendo por mi futuro!!

lunes, 23 de enero de 2012

¿Revolotea de nuevo el separatismo sobre Cornellá-El Prat?

En un artículo redactado por una joven periodista llamada Gemma Aguilera aparecido el pasado 22 de Diciembre en el “mundialmente” conocido diario digital “Nació Digital (punto “cat”, claro está), los pocos pero incansables separatistas catalanes vuelven a manipular la realidad social de un club más que centenario, el Real Club Deportivo Español, así como la historia del mismo y de toda Cataluña.

Es un tema recurrente que no debería de preocuparnos demasiado, ya que todos sabemos que se trata de una minoría con tan poco representatividad en la masa social del Club como la que puedan tener los grupúsculos separatistas en la política catalana o el diario “Nació Digital” en el ámbito de los medios de comunicación, pero aún así a cualquier socio, aficionado o seguidor del RCD Español le duele mucho leer estas sandeces. Más aún cuando las redes sociales y su potencia viral son capaces de convertir en famoso, y en muy pocas horas, a un perro con cinco patas, a una inculta e iletrada ministra de los anteriores gobiernos proclamando la conjunción planetaria, a un buscador de notoriedad que se come 20 hamburguesas bien cargadas en menos de lo que canta un gallo, o, como en este caso, a una poco preparada periodista que escribe sin conocer en absoluto la historia deportiva de esta tan querida parte de España.

De izquierdas y pericos, por unos países catalanes libres y socialistas” reza el lema de este grupo en Facebook , al parecer iniciador de la campaña separatista. Grupo que por cierto atesora la ingente cantidad de 160 seguidores a día de hoy, ciertamente poco representativo si tenemos en cuenta la masa social del RCD Español. Más les convendría montar un grupo excursionista e irse a la montaña en búsqueda del Santo Grial catalán, que andarse con semejantes tonterías a estas alturas del Siglo XXI.

Hace pocos años, y gracias a la ingente labor de la plataforma “Españyol, Futuro y Tradición” y al apoyo de uno de los pocos diarios independientes y serios de nuestro país, La Gaceta, ya pudimos destapar los tejemanejes de algunos directivos del RCD Español y sus claras intenciones de imponer el pensamiento único, la falsedad histórica y la insensatez nacionalista de la gente poco viajada, como diría Pío Baroja, en una institución histórica, apolítica y deportiva como es nuestro Club.

La burda manipulación de fotografías, la ocultación de datos sobre las preferencias lingüísticas de los socios, la persecución de cualquier símbolo español y el aislamiento, cuando no expulsión, de socios veteranos destacados defensores del deporte como único objetivo del Club, que sufrimos en su momento, pasó a mejor vida gracias a la labor de unos cuantos, pero sobre todo gracias a la verdad, que al final siempre se impone a los delirios de las minorías incultas o manipuladas.

Ni la sardana es un baile ancestral catalán, ya que fue inventada en 1817 por un jiennense llamado José Ventura, ni en 1714 hubo ninguna guerra de secesión entre España y Cataluña, sino un conflicto de sucesión, en el que Cataluña se alineó al lado de, por ejemplo, Madrid, Alcalá y Toledo, ni la senyera es la bandera histórica de Cataluña nacida de la brava sangre del sufrido Wilfredo el Velloso, sino una aceptación de los colores de Aragón (colores, por otro lado y según alguna de las teorías existentes, originales del Vaticano y adoptados ya en 1068 al enfeudarse la Casa de Aragón al Papa) , ni el ramplón, por inculto, separatismo catalanista tiene la mínima representación en la masa social del Real Club Deportivo Español.

Otra cosa es que con la connivencia de algún directivo del propio club y la poca preparación de determinados periodistas sigan alimentándose tamañas estupideces.

Pero tranquilos, no se trata más que de mucho ruido y pocas nueces. Y de un oxímoron que no sentará cátedra ni se incorporará al lenguaje popular: ¿Españolistas separatistas? Anda ya.


martes, 17 de enero de 2012

Cristo me sigue

Soltado así a bote pronto, más aún como título de un artículo, suena bastante fuerte. Parece la clásica expresión de un integrista, de un miembro de la tan “religiosa” familia Ruiz Mateos, de un abducido por una secta evangelista o de un taxista de cualquier metrópoli española, sudamericana o asiática en la que la España imperial dejó su huella católica, apostólica y romana; esforzado conductor este que honra el recuerdo de glorias pasadas y previene los malos farios decorando su vehículo con imágenes del Redentor, colas de zorro, un muñeco de Elvis Presley sumamente inquieto y algún que otro abalorio más.

Pero se trata de algo mucho más simple: una cuenta de Twitter que responde al nombre de “Jesus Christ”, a la que otorgué mi confianza dándole al botón de seguir y que inmediatamente me correspondió con su recíproco seguimiento. Ante tantas cuentas, usuarios, grupos de fans, juegos, eventos, listas de distribución, clubes y campañas virales de solidaridad con los hipopótamos que todos los usuarios de redes sociales vemos pasar ante nuestros ojos, ésta en concreto me llamó la atención de inmediato. Por el nombre, por la imagen del avatar, pero, sobre todo, por lo que removió en mi interior cual ardor de estómago antes de ser tratado con el Almax de rigor.

Esa necesidad de espiritualidad, de religiosidad, de valores trascendentales, que tan poco se ven y viven en nuestra sociedad actual, y menos aún en el mundo virtual de las redes sociales, debió de ser lo que me impulsó a darle al botón izquierdo de mi ratón y aceptar sin dudar esta nueva “amistad” que me brindaba esa pantalla que, a pesar de estar configurada a 1024x768 y con 16 millones de colores, no es nada más que un trozo de cristal enmarcado por plástico que me aleja de la vida real en vez de acercarme a ella.

Para ser sincero no tengo demasiado interés en esta cuenta (Dios me perdone), ni en saber quién está detrás. Lleno está el mundo de falsos profetas, y hasta este mismo usuario de Twitter cita a San Marcos en uno de sus tuits: “Se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar.

Lo que sí me ha importado del hecho relatado es esa sacudida en mi interior. Ese pequeño golpe a mi conciencia que me ha hecho reflexionar hasta el punto de compartirlo con vosotros, mis lectores.

Será por la educación religiosa que recibí, por mi sincera y meditada fe en Dios, o por los remordimientos que siento muchas veces por la falta de seriedad, de entrega al prójimo, de generosidad, de paciencia, de sinceridad o de humildad que deberían de impregnar el día a día de cada uno de nosotros, y que solamente florecen, por lo menos en mi caso, en escasas ocasiones.

¿Quién sabe si no ha sido una señal para que despierte y me aplique un poco en ser más bueno (léase cristiano)? No de boquilla, de puterío semanal con posterior y teatral misa dominical y confesión simulada, sino de hechos concretos.

Teniendo en cuenta que hay gente que se cree las leyendas Mayas sobre el fin del mundo, las sandeces de la Cienciología, las gilipolleces de Dan Brown, apoya las alianzas de civilizaciones de Zapatero y la conjunción planetaria de Pajín o jura y perjura que el asesino Santiago Carrillo es un santo, ¿por qué no voy a creer en Jesucristo nuestro Señor?

Me parece bastante más factible y serio que todo lo demás.

miércoles, 11 de enero de 2012

El oxímoron definitivo

Mi intención era titular este artículo “la madre de todos los oxímoron”, pero dado que no existe acuerdo sobre el plural de esta palabra, he preferido simplificarlo. Sin poner en duda la capacidad intelectual de vosotros, mis queridos lectores, y simplemente para refrescar esa habilidad de recordar ya tocada por los años, los excesos alcohólicos o (en el caso de los tan sorprendentemente bien pagados chóferes de la Junta de Andalucía) por los gastos en polvitos blancos subvencionados por todos nosotros, recuerdo a todos que un oxímoron es, según definición de la Real Academia, una “Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido”.

En nuestro lenguaje habitual existen ejemplos a raudales, tantos que en muchos casos ni nos damos cuenta de que en el fondo estamos diciendo una estupidez. O no me diréis que “silencio atronador”, “calma tensa”, “casi seguro”, “estimación precisa “, “mala suerte” o la muy actual “Keyboard not found, press any key", no son más que sandeces si se toman al pie de la letra, pero que adquieren su nuevo valor y sentido justamente por su combinación. Para los aficionados a las letras no puedo dejar de recomendar esta página web  que describe esta figura del lenguaje de forma completa y con tal cantidad de ejemplos que prefiero que deje de ser un “secreto a voces” y compartirla con vosotros. Yo he aprovechado el hallazgo de esta página para intercalar unos cuantos de ellos en este texto, algo que por lo menos me ha proporcionado un rato ameno e instructivo.

Como debéis de estar imaginando todos yo sigo con mis “obsesiones normales”, es decir, apuntando no ya con “fuego amigo” sino con toda la intención del mundo a la casta política, que sigue dando ejemplo, día a día, de cuan ruin y falsa puede llegar a ser una persona con tal de perpetuarse en el poder. Y aquí pueden recibir todos, sin que ninguno de ellos sea un “justo pecador” (Para esto ya tenemos a uno de los mejores grupos de música de nuestra piel de toro.). En todo el arco parlamentario, de izquierda a derecha, en todas las instituciones, desde el Palacio Real o el Congreso de Los Diputados hasta la última pedanía del más pequeño ayuntamiento de la más pobre y pequeña de nuestras autonomías, estamos rodeados de personajes que anteponen sus propios intereses a sus obligaciones, ya sean legales, familiares o morales.

Ese “egoísmo compartido” de la clase dominante, ya sea un yerno de un rey impuesto, un dirigente terrorista candidato al premio nobel de la paz, un nuevo ministro de economía que defiende una "banca ética", un presidente de Gobierno que guarda un “clamoroso silencio”, un presidente autonómico encausado o un beneficiario de un ERE falso, todos, absolutamente todos ellos, viven, progresan y se enriquecen a costa nuestra. A costa de los que les votamos, de los que pagamos impuestos, de los que trabajamos para garantizar su bienestar, y no el nuestro.

Esa “apuesta segura” en la que se ha convertido cualquier cargo público para poder mangonear produce en mi no una “calma tensa” sino una rabia indescriptible. ¿Dónde está esa “conciencia política”, esa entrega al servicio de los demás, que debería de suponerse a los representantes de los ciudadanos, que en el fondo no son nada más que las personas designadas por nosotros para desempeñar una función pública?

Y aquí no me dejo llevar por una “envidia sana”, no amigos, es mi idealismo juvenil y luchador el que me revuelve las tripas, me genera ardor de estómago y me impide sonreír o escribir bonitos y divertidos relatos para distracción de mis lectores. Es el asco que siento ante esta “justicia criminal” encarnada por hechos, cohechos, sentencias ficticias y prescripciones planificadas. Ante esa “luz oscura” que se ha apoderado de nuestro país en la que ya solamente brillan los ojos entristecidos de los “muertos vivientes” en lo que se están convirtiendo la mayoría de los ciudadanos mientras los políticos usan sus “mentiras piadosas” para pedir el voto y luego cambiar de opinión al vuelo, para decir que “menos es más”, que no sabían nada del “secreto a voces” y que todo lo que dijeron era “relativo”.

Relativo a su increíble capacidad de mentir, será. (O de pasar de "catalana a andaluza" en lo que canta un gallo, que también manda huevos.)

Esa clase política que con sus “verdaderas mentiras” nos ha hecho caer en la trampa del “yugo liberador” de la democracia. Anda que me río.


Y son ellos los destinatarios de este artículo, los del oxímoron definitivo, esos “políticos sinceros” que cuando llegan a casa después de sus duras “reuniones de trabajo” exclaman: “Ande yo caliente, y jódase la gente.

martes, 20 de diciembre de 2011

Na’vidad

Ya estamos inmersos en la vorágine de cada año. Bueno, me imagino que los 5 millones largos de parados de nuestra patria lo estarán menos, pero aún así seguro que muchos de ellos sucumbirán ante la “imperiosa” y “vital” necesidad (que no obligación) de comprar. No importa el qué. Prescindirán por un día de sus cañitas, sus finos, sus gin-tonics y sus devaneos sexuales carentes de amor, se rascarán los bolsillos e intentarán cumplir con el mensaje intrínseco de la “Navidad”, el que ordena gastar, cuanto más mejor, para mantener los ratios de venta de la economía occidental. Un 78% de las ventas anuales de artículos de perfumería, un 50% de los juguetes y otros porcentajes similares demuestran la importancia de la “Navidad” y su mensaje de paz y amor para el entramado de la sociedad capitalista y consumista.

Leía yo el otro día un genial artículo (en cuanto pueda añadiré aquí el nombre del autor) sobre la evolución del concepto navideño, la desaparición de la simbología cristiana, la aparición de nuevos “iconos” irremplazables, como el reno de nariz roja, el “Olentzero” en las provincias vascongadas, los omnipresentes “caganers”en Cataluña, que han copado ya gran parte del otrora bonito mercado de Santa Lucía de Barcelona, el orondo (y seguro que sudoroso) Santa Claus (reconversión del San Nikolaus católico) y demás sandeces que vemos por nuestras calles, y volví a sentir esa tristeza que en el fondo deberíamos de sentir todos en fechas tan señaladas, tan espirituales y tan manipuladas y desvirtuadas por la sociedad y el único combustible que la mueve, el maldito dinero.

No me extenderé más en describir lo que debería de ser la Navidad. Es de sobras conocido. Por lo menos por mis lectores.

Que la mayoría de la sociedad, entre jóvenes “des” o “contra” educados, inmigrantes de otras razas y religiones, activistas anti-iglesia promotores de bautizos y comuniones “civiles” pero renegados de cualquier cosa que huela a raíz cristiana, izquierdistas trasnochados pero consumistas (con el parné de los demás, eso sí) creadores de decorados navideños sin estrellas, reyes o pastores o las recién aparecidas promotoras de un novedoso desfile de “Reinas Magas”, en pos de la igualdad de género y de estupidez; que todos estos no sepan o no quieran saber lo que hay detrás de estas celebraciones, me la trae al pairo.

Pero que como mínimo le cambien el nombre, que dejen de llamarlo “Navidad”. Con la intercalación de un simple apóstrofe ya tengo bastante, de ser la Natividad de Nuestro Señor pasaría a ser la fiesta de los Na´vi, la raza de la película Avatar. Seguro que generaría más cash-flow. Y dejaría de molestar a aquellas personas que con todo convencimiento e inocencia celebramos el nacimiento de Jesucristo, sabedores en la mayoría de los casos de que son fechas reutilizadas, heredadas de ancestrales ritos paganos. Algo que no quita ni un ápice de valor a la celebración cristiana. Simplemente se trata de adaptar unos ritos y unas creencias a unas fechas concretas del calendario natural de la raza humana. Como la siembra o la cosecha.

Yo intentaré vivir estas fiestas con un mínimo de decoro y de espiritualidad, de fe y de oración. Y más me vale que mis oraciones sean escuchadas, ante los cambios que se avecinan en mi vida. Veré a algunos buenos amigos, reiré y cantaré con ellos, asistiré a la misa del gallo, disfrutaré, sin duda, de una gran comida familiar el día 25, daré lo que pueda y recibiré lo que me merezca. Tampoco pido más.

De todo corazón, Feliz Navidad a todos vosotros y vuestros seres queridos.

martes, 13 de diciembre de 2011

Compás de espera

Ha llovido bastante, y en este caso no es figurativo, desde mi último artículo, escrito después del debate televisado entre los candidatos a salvar a España y en vísperas de unas elecciones cuyo resultado todo el mundo anunció con semanas, meses y hasta años de antelación. En este largo mes que ha transcurrido mi vida ha dado un giro, que no vuelco, que me ha impedido centrarme en los temas transcendentales de la vida, es decir, la situación personal de mis amigos, de mi familia, mi propia salud o mi felicidad, ni me ha permitido seguir los problemas “candentes” de nuestra sociedad, léanse los chanchullos de los políticos, los tejemanejes de los duques, las repetitivas victorias del Barza, las concesiones administrativas a los amigotes, la lucha por los puestos de postín en los nuevos organigramas de nuestras múltiples administraciones, la subida del precio de los Donuts en el supermercado del barrio, regido por pakistaníes, o el precio del “coltado” en el enésimo bar que los chinos han conquistado en tierra patria.
La situación económica, el paro, la prima de riesgo, la posible desaparición de Europa tal como la conocemos, el expolio de los archivos de Salamanca o el penúltimo intento de asalto al Valle de los Caídos por parte de las tropas derrotadas, esta vez a base de papeletas, tampoco me han quitado el sueño. Bastantes temas han rondado mi cabeza en este mes como para preocuparme por asuntos en los que no pincho ni corto. Ni yo ni ningún otro hijo de vecino.

He estado a punto de titular este artículo “impasse”, que con mi mediocre (pero latente) francés de entrada hubiera equiparado al “compás de espera” que he utilizado, pero mi siempre presente obsesión por la corrección lingüística me ha hecho recurrir, como casi siempre, a la Real Academia, que me ha ilustrado con la siguiente definición: “situación de difícil o imposible resolución, o en la que no se produce ningún avance”. Gracias a Dios no estoy en tal situación, de “impasse”, aunque en algunos momentos se le haya parecido bastante: mi situación tiene solución y los avances ya se han producido.

Después de más de 20 años he dejado mi trabajo, estable, seguro, cómodo, por razones que no vienen a cuento aquí, y me he visto lanzado a una nueva aventura laboral, cambiando de empresa, de tareas, de objetivos, y hasta de barrio, municipio, mancomunidad, provincia, región y Comunidad Autónoma (y hasta de veguería si las hubieran implantado).

Cual jovenzuelo con la carrera recién terminada y con ganas de comerme el mundo, sin miedo a lo desconocido, me lanzo a un vacío del que solamente me protege la red de mi propia capacidad, mi experiencia y mi saber hacer. Es una red tupida, tejida a lo largo de 20 años de trabajo en la misma empresa, la que en teoría deberá salvarme de caer de bruces sobre el duro suelo de la realidad.
Aparte, y como diría la mayoría de nuestros compatriotas, están los atributos masculinos, que tanto nos gusta nombrar en España como símbolo de bravura, valentía, fuerza e iniciativa..

Entre redes y huevos todo proyecto puede triunfar. Siempre y cuando ponga de mi parte la profesionalidad, la seriedad, la constancia y la ilusión necesarias.

Y esto, está garantizado. En todo lo demás, Dios dirá.


P.D.: Para aquellos lectores que estaban en contacto personal conmigo,  aviso que tanto mi correo electrónico como mi número de teléfono han cambiado. En Facebook, Twitter, Google+ o Gmail podéis contactar en privado para actualizar vuestros datos, si fuera menester.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

Idos a cagar


Ante la madre de todos los debates, es decir, en vísperas del histórico, único y decisivo debate en pro de la salvación de la patria española, andaba yo (y espero que algunos cientos de miles más), con la mosca detrás de la oreja. Aunque más que una mosca, por el ruido elevado, incesante y penetrante,  creo que se trataba de un moscardón, de aquellos que cazan abejas y arruinan la apicultura por donde pasan.

El “mainstreaming” oficial, el de los lobbys, léase los grandes partidos, los medios de comunicación afines, las instituciones financieras aliadas, las constructoras,  los gestores de gasolineras, los sastres, las oeneges , las fundaciones  sin ánimo de lucro, las sicavs y los demás centros de poder,  asociados todos ellos con el único fin de mantener su posición de privilegio ante el resto de la sociedad,  esa “corriente principal” ya había decidido de antemano quién, cómo y cuándo se celebraría el debate, el color de las corbatas, el modelo de mocasines, los temas que se abordarían y aquellos “problemillas” que se obviarían para no asustar y ahuyentar al votante.

Cualquiera de los columnistas de prestigio, (como por ejemplo hoy Jimenez Losantos y Raúl del Pozo), ha coincidido en destacar el absoluto vacío de esta absurda escenificación fruto del bipartidismo, de ese ente que hoy en día empezamos a llamar la “casta política”, que no lucha ya por arreglar algo, sino simplemente por el múltiplo en euros que le otorgará cada uno de los votos que robe al insensato, por poco preparado, elector.

¿Sinceramente alguien cree que sea de recibo que se gasten 80 millones de las antiguas pesetas en montar un escenario para que dos marionetas se enfrenten en un preparado debate hablando un poquitín de de todo,  menos de aquello que realmente importa?  Estoy por repasar el vídeo del debate para ampliar con el zoom al máximo la parte superior de la imagen y poder detectar los hilos casi invisibles de los titiriteros que movían las manos de uno, y los papeles del otro, mientras que el moderador ya ni necesitaba hilos, dado su papel meramente decorativo del magno evento.

Ya lo deja bien claro Losantos hoy en El Mundo: la corrupción, no existe en España. La sumisión a los terroristas, y con ello la derrota y humillación de las víctimas, tampoco. Para no hablar de desahucios, violencia en la calle, invasión de inmigrantes con nula intención de adaptarse, beneficios astronómicos de la banca y sueldos e indemnizaciones millonarias a sus peores gestores, o nepotismos de última hora, colocando a “corre-cuita”, como decimos aquí en  Cataluña, (aún España), hasta al primo más tonto, la prima más desaliñada y al cuñado más cleptómano, en cualquier puesto de las múltiples administraciones que sufrimos, en sus empresas asociadas o en embajadas tan exóticas que ni Tintín las visitará en las próximas secuelas de su gran película estrenada hace unas semanas.
Qué fácil es manipular cuando tienes la sartén por el mango. Qué bonito y entretenido es intercambiar cromos en el patio, una vez cada cuatro años, asumiendo hoy el papel  de opositor y mañana el de gobernante, como si se tratara de un simple juego infantil.  
Juego, al que por cierto, no dejan entrar a nadie más. No vayan a quedarse sin el placer y el poder de hacer y deshacer a su antojo.

Los demás, a verlo desde la barrera, desde el grupo mixto mezclados con etarras, enfermizos nazionalistas catalanes o incorregibles comunistas ciegos y sordos, desde  la cola del INEM o  el comedor de beneficencia, desde la cafetería del hospital, tiritando de frío  por no haber camas para el acompañante o desde cualquier lejano país al que han tenido que emigrar,como en los años 60, por carecer de futuro en su propia tierra.


Lo dicho,idos a cagar. (1)






(1). Verbo ir, según la RAE.



viernes, 4 de noviembre de 2011

Elecciones y excepciones

Llevo ya más de 30 años de militancia, si se puede llamar de esta forma a una actividad política mínima, extraparlamentaria, en partidos minoritarios, que no marginales,  y centrada  casi en exclusiva en proclamar a los cuatro vientos  (si es en la barra del bar, mejor),  mi disconformidad con el sistema político actual y mi aspiración a conseguir un sistema político más justo y más cercano a los valores eternos que considero básicos para una sociedad avanzada.  Es de cajón que esto y la nada absoluta se asemejan mucho, sobre todo si la escala para su ponderación la ponemos en las metas y logros alcanzados.  Detalle éste que tampoco me preocupa, dado que cualquier utopía por definición “es irrealizable en el momento de su formulación” (RAE), y por lo tanto equiparable a la nada, al vacío, al agujero negro del espacio que todo se traga y nada devuelve (y si se llegara a realizar dejaría de ser utopía). Llevo por lo tanto 30 años siendo un soñador.

En estos seis lustros he compartido la anteriormente nombrada actividad (para ser sinceros más bien inactividad) con muchos camaradas y amigos, de los cuales una parte residual ha seguido la senda del soñador, refugiándose en ilusiones preciosas pero irrealizables, mientras que la mayoría o bien ha dejado de lado cualquier lucha más allá de la necesaria para la propia supervivencia, o bien ha puesto los pies en el suelo, renunciando a buscar una alternativa política al actual régimen, aceptando el mal menor del sistema político que nos rige, aún a sabiendas que no es bueno, ni justo, ni apropiado, y lanzándose a la batalla escabrosa de bregar desde dentro del sistema para intentar mejorarlo.  Lo describo de esta forma tan “poética” sabedor que no todo son rosas en esta vida, y que en muchos casos (quién sabe en qué proporción) la entrada en el ruedo político no se ha debido al altruismo, al idealismo, sino más bien al interés personal de colocarse en el mejor puesto posible para vivir de las prebendas, los regalos, las relaciones y las subvenciones de la mega-estructura de la sociedad democrática, en la que por cada persona que aporta algo hay cientos detrás rascándose la pancha y viviendo a cuerpo de rey a costa de nuestros impuestos.
De estos pocos que han seguido por la vía política “oficial”, estructurada alrededor de partidos políticos legalizados y registrados, algunos han optado por la opción más consecuente con nuestros ideales, fundando, fusionando, desmontando, coaligando, torpedeando, atacando o defendiendo “ene”  mini-partidos revolucionarios, sociales, patrióticos, unificados, auténticos, ortodoxos, y otros han ido a buscar refugio en aquellos partidos mayoritarios que de una u otra forma cubren, aunque sea parcialmente, sus ideales y aspiraciones de luchar por una sociedad mejor.
“Chapeau” por todos ellos. Por lo menos lo intentan o han intentado.  
En estos treinta largos años que han pasado solamente he votado una vez, en el referéndum del año 1986 sobre la permanencia en la OTAN,  sin haber cometido aún el para mi pecado mortal de depositar en una urna una burda papeleta con las siglas de un partido político, ente que no considero representativo del ser humano ni adecuado para regir sus destinos.  Hoy en día ya ni participaría en un referéndum,  acto que representa la mayor tomadura de pelo dentro del sistema democrático, ya que delega de forma cobarde la incapacidad de los elegidos para desempeñar una función de liderazgo en la masa anónima, que es la misma que le ha encargado una tarea muy seria, la de gobernar. Como si un responsable financiero de una multinacional o de un banco, ante la crisis financiera actual, reuniera a todos sus empleados, desde el repartidor de cartas hasta el guardia jurado del parking, para tomar las decisiones necesarias. Inconcebible e intolerable. Como el amago de Papandreu ,  que ha durado menos que un caramelo en la puerta de un colegio y que de forma tan genial describían ayer en “El Mundo” tanto Arcadi Espada (lector, no te pierdas este artículo, está a la mitad de esta página enlazada, titulado “Una broma de pueblo”) como, en menor medida, Salvador Sostres.

Y seguiré sin votar.

Termino con una dedicatoria. Todo este artículo nació ayer en mi cabeza, tirado en el sofá, cuando cogí mi teléfono móvil  y lancé a la nube invisible que nos rodea y que contiene todo, un SMS con el siguiente mensaje,, dirigido a una querida amiga, destacada ejemplo de la parte buena explicada anteriormente:  “Mucha suerte en la campaña. ¡A por ellos!”

Jamás hubiera pensado que animaría a alguien ante el inicio de una campaña electoral.  Pero en este caso no me he podido resistir, se trata de una persona que rompe todos los tabúes y prejuicios que tengo hacia los partidos políticos y las demás sandeces del sistema.  España se merece que salga elegida. (Y si es capaz de cambiar el sistema, mejor aún).  ¡Mucha suerte Elisabeth!

P.D. Elisabeth es candidata del Partido Popular al Senado.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Del Siglo de Oro al siglo del moro

Sepa de entrada el lector que el título de este artículo no pretende echar pestes sobre ningún colectivo de inmigrantes ni ser reflejo de posibles ideas racistas de un servidor, en el caso de que las tuviera, sino que ha sido elegido por el simple hecho de evidenciar de forma gráfica y clara la intención de estas líneas.  Y sabedor de que una imagen vale más que mil palabras y que el titular de un artículo es por desgracia lo más leído del mismo, por lo menos en este nuestro querido país, pues aprovecho este defecto para por lo menos atraer e interesar un poquito más al lector.  Aunque tampoco mentiría mucho si contrapusiera la época dorada de la cultura española, los siglos XVI y XVII, a la nula educación, higiene, voluntad de integración o formación de la mayoría de los inmigrantes del norte de África que vagan por nuestras ciudades y a los que históricamente siempre hemos llamado moros. Y lo de vagar no es un decir: yo tengo el “privilegio”, bueno, más bien la desgracia,  de vivir cerca de una mezquita “donada” por nuestros inefables políticos progres al “honorable” colectivo de inmigrantes musulmanes y los veo deambular arriba y abajo varias veces al día, algo harto difícil si en sus trabajos tuvieran que cumplir un horario.  Y que no me venga nadie ahora con la cantilena (o cantinela, que ambas valen) de que los vecinos del sur trajeron la cultura, el arte y todo lo bueno a esta península cuando nos invadieron.  Sabedores somos ya, en este Siglo XXI, que ni tanto ni tan poco.  Pero dejemos la historia de España y  la invasión berebere, que no árabe,  para otra ocasión y vayamos al grano.
En los pasados días se han cumplido diez años de la existencia de la archiconocida “Wikipedia”, un proyecto de enciclopedia global y abierta que ha extendido el acceso al conocimiento a una gran parte de la sociedad, adoleciendo eso sí,  según sus detractores, de exactitud y fiabilidad. En los diferentes medios que suelo consultar, se han publicado bastantes artículos sobre el tema, por lo que no incidiré en los problemas propios de un proyecto de “código común” como este, como pueden ser la falta de participación o de financiación, sino  que me centraré en un detalle: es una quimera afirmar que el “acceso al conocimiento” se ha ampliado a la mayor parte de la humanidad. Ya lo decía en otro artículo que publiqué hace unos meses: frente a los ya 7.000 millones de seres humanos,  somos una exigua minoría los que navegamos por Internet, de esta minoría aún son menos aquellos que leen algo, aunque sean los titulares: de hecho está demostrado y cuantificado que los usos principales que damos a la Red son el acceso a pornografía,  a juegos, a imágenes y a descargas gratuitas. Lo de leer más allá de un titular queda para esa pequeña “elite” que aspira a algo más en la vida que a cubrir sus instintos básicos y animales.  Por lo que, por mucho que la Wikipedia lleve diez años, existan unos cientos de miles de editores (en 240 idiomas) y hasta 136 bibliotecarios  en español (aquellos que se dedican a corregir y editar los artículos), eso no significa que el nivel cultural medio de nuestra sociedad haya crecido en esta última década.
Yo más bien estoy convencido que todo ha ido a menos, sobre todo aquí en la península ibérica: que la sociedad culta, aquella que lee y entiende, aquella que no memoriza sino que relaciona, está perdiendo terreno a marchas forzadas frente a la “masa”, al consumidor de titulares, imágenes y “chutes” de actualidad que entran por un lado, satisfacen un instinto primario, y salen por el otro orificio sin dejar ni el mínimo rastro en las neuronas del individuo.
Y no me las voy a dar ni aquí ni ahora de ser parte de esa “élite” capaz de entender. Más bien me siento cada día más pequeño intentando comprender a gente realmente capacitada, a personas que tienen algo importante que contar y transmitir a los demás, algo duradero y que aporta valor a la propia existencia,  llámense Girauta, Albiac, Espada, Pérez-Reverte, Gistau, Arcas, el Trasgo de la Gaceta o Lerín Riera. A este último, por desconocido para la mayoría, os lo recomiendo a todos fervientemente (aquí tenéis el enlace). De los otros nombrados (que no nominados, que eso es cosa de la telebasura) poco os tengo que contar. Hay muchos más, pero tampoco pretendo hacer ahora una lista de todos aquellos columnistas, escritores o pensadores que realmente valen algo. Son los primeros que me han venido a la cabeza. O quizás los que me más me gustan. Chi lo sa.
Y en cuanto al título del artículo, pues eso. Del esplendor cultural del Siglo de Oro español hemos pasado a una sociedad sumida en la decadencia absoluta, en la crisis de valores, en el nulo afán de aprender o aportar algo, en la ley del mínimo esfuerzo, en la corrupción, en el uso de la política como trampolín para el propio enriquecimiento, en el sexo lujurioso, deportivo y competitivo carente de un mínimo de amor o de valor superior, en la importación de mano de obra extranjera, explotada,  para mantener nuestras prebendas y en la entrega a estos nuevos “ciudadanos”, al moro (o al chino, o al paquistaní,o al rumano, o al inglés mafioso, o al ruso violento ), de nuestras creencias, nuestro pasado, nuestra cultura, nuestras calles y edificios, nuestras subvenciones, es decir, de nuestra herencia entera, inventado para ello historias para no dormir que ni Ibáñez Serrador, o  usando recursos públicos, esos que salen de la nada, para iniciativas disfrazadas de igualdad, integración, resarcimiento de pecados del pasado o alianzas de extraterrestres, cuando no teníamos ya bastante con los subvencionados clubs de aventura de los progres llamados ONGs, los programas de máxima audiencia, las porno-telenovelas, la telebasura ,los seriales, las modas artificiales, importadas  y consumistas, como el  maldito Halloween de ayer mismo,  y demás pamplinadas, que por poco que nos giremos o escondamos,  llevarán a la completa desaparición de la cultura occidental, a la trivialización de la existencia humana  y al fin de ese árbol común llamado Europa del que España y los españoles fueron semilla en siglos pasados y que, por desgracia, se han tornado en segadora, cuando no plaga, en este Siglo XXI que por desgracia nos está tocando vivir.