jueves, 5 de febrero de 2026

Hasta pronto


 


A Laura

 

Redactar un panegírico nunca es fácil, embargado de tristeza, rabia y hasta desesperación. Pero sin duda es necesario. Para uno mismo, para los seres queridos, para descargar la pena en un folio en blanco humedecido por las imparables lágrimas, hoja que al rato acabará secándose, pasando a convertirse en una bella página llena de recuerdos de momentos compartidos, de risas y de alegría.

Y, sin duda, cualquier escrito de este tipo tirará de lugares comunes, de frases hechas. De dichos, refranes y aforismos. Para ello están: la sabiduría popular, la herencia de nuestros ancestros, lo que hemos oído decir a nuestros padres y abuelos, es lo que siempre reutilizamos para expresar un sentimiento o describir una situación. Como anteayer, día de San Blas, “en el que cigüeñas verás”. Aunque en nuestro caso no fueran cigüeñas, sino una bella águila imperial vigilándonos desde las alturas. Asegurándose de que cada brindis fuera por ella.

Conforme envejecemos, nuestra época de asistir a eventos de la BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones) acaba y se abre paso la fase de vivir situaciones menos agradables, ya sean peleas, divorcios, accidentes, enfermedades o, por ley de vida, fallecimientos. Y en estos últimos, que no son el final de nada, sino simplemente un impasse hasta volver a reunirnos a la derecha del Padre, nos reunimos para recordar, rezar y homenajear a alguien querido, a quien echaremos mucho de menos, pero que jamás nos dejará mientras mantengamos su recuerdo vivo en nuestros corazones.

Si nos juntamos en un sepelio será por algo, poca gente conozco que asista a entierros de personas que odia o desprecia (aunque con Pedro Sánchez y cualquier malnacido de su banda, sin duda haría una excepción y me acercaría simplemente para cagarme en su estampa).

Eso hicimos ayer, bajo un cielo nublado nos juntamos para tributar el merecido homenaje a una amiga, una madre, una prima, una persona que siempre tendremos presente. Y que nos acompañará cada vez que nos veamos, cada vez que alcemos nuestras copas hacia el cielo. O cuando escuchemos cualquier canción que en su letra contenga esa frase lapidaria pero tan verdadera: “Sólo los buenos mueren jóvenes”.

“Only the good die young”, entonaremos emocionados, Cada cual con la versión que más le ha marcado, por edad o por gustos musicales, ya sea la de Billy Joel, en mi caso, la de Iron Maiden, en el caso de Ramiro, o la versión alemana de los “Böhse Onkelz”, que sin duda cantaremos juntos, como hemos hecho tantas veces.


Éramos más que amigos, éramos como hermanos.

Durante muchos años cantamos las mismas canciones.

Solo los mejores mueren jóvenes,

tú fuiste la mejor, solo un recuerdo ahora,

dime por qué.

Solo los mejores mueren jóvenes,

El tiempo cura las heridas, pero yo no puedo olvidar.

El tiempo cura las heridas, pero a menudo pienso en ti.

No importa dónde estés, lo sabes tan bien como yo,

algún día nos volveremos a ver, en mis sueños, en nuestras canciones”.

 

Wir waren mehr als Freunde
wir war'n wie Brüder.
Viele Jahre sangen wir die gleichen Lieder.
Nur die Besten sterben Jung,
du warst die Beste
nur noch Erinnerung
sag mir warum.

Nur die Besten sterben jung
nur die Besten sterben jung

Die Zeit heilt wunden, doch vergessen kann ich's nicht.
Die Zeit heilt Wunden, doch ich denke oft an dich.
Ganz egal wo du auch bist, du weißt so gut wie ich,
irgendwann seh'n wir uns wieder, in meinen Träumen in unsern Liedern“.


Y hasta que Dios nos llame a su vera, estará siempre Laura atenta y vigilante diciéndonos: “¡No seáis gilipollas!" Y, sin duda, caerá algún ¡Hala Madrid!

¡Un beso muy fuerte, guapa!