miércoles, 28 de octubre de 2015

La última sardina de la banasta

Al final lo han conseguido. En su frenética huida hacia ningún lado (salvo hacia los paraísos fiscales), los nacionalistas catalanes han sido capaces, en estricto orden cronológico, de:

  • Inventarse una nación milenaria
  • Sacarse de la manga una bandera, un himno y una historia que no se sostienen ni con veinte tubos de pegamento Imedio (¿será culpa del origen ciudadrealeño, léase español,  del inventor don Gregorio Imedio, que todo este pastiche no acabe de pegar?)
  • Atontar y manipular a varias generaciones de españoles residentes en Cataluña tergiversando el pasado, el presente y hasta el futuro, con la imposición de unos planes de estudio basados en una mitología imaginaria más cercana a la Tierra Media de Tolkien que a la cultura occidental emanada de las herencias griega, romana y cristiana.
  • Enfrentar a ciudadanos, a vecinos y a hermanos hasta llegar a destrozar matrimonios y familias enteras,  sembrando en la sociedad el maligno virus del odio al prójimo, en este caso al orco español.
  • Esquilmar una de las regiones más ricas de España y de Europa, tanto cultural como materialmente, robando por doquier, aplicando porcentajes de comisión a todo acto, venta, iniciativa, producto, invento y hasta pensamiento que tuviera la mala suerte de crecer, existir, producirse o realizarse dentro del "limes" de su cortijo particular.
  • Hasta llegar al punto de inflexión, al “point of no return”, al “de perdidos al río” de nuestro refranero, que se ha traducido en la redacción y publicación de un panfleto carente de la mínima sensatez, en el que, resumida en 9 puntos, a cual más infantil y carente de valor jurídico que el anterior, declaran su intención de proclamar en breve la República Catalana.


Si hasta me dan pena. Cataluña es mi tierra; mi familia y gran parte de mis conocidos y amigos siguen residiendo ahí (algunos a regañadientes, eso sí), y lo paso muy mal viendo como a unos los han atontado en el colegio, en la universidad y en el trabajo hasta creerse a pie juntillas las leyendas de una antigua nación catalana invadida por los malignos españoles y franceses que solamente se han dedicado a robar, destrozar y violar a sus virginales “pubillas”, y como a los otros, los sensatos, los estudiosos, los luchadores que a pesar de la manipulación han conseguido mantener la mente clara, como a esos los han estigmatizado, marcado a fuego cual vacuno y encerrado en sus guetos “españoles”, ninguneados en el mundo cultural y social, perseguidos en el ámbito político y destrozados en el ámbito económico en el que solamente podían triunfar los acólitos al régimen, los amigos de las 300 familias de la corte catalana asentada alrededor del bufón Artur Mas, o las silenciosas ovejas resignadas a pagar el 3% de rigor para poder simplemente subsistir.

Con lo fácil que sería para todos tomarse un día de asueto, comprar un libro de historia en cualquier librería de la otrora capital de las letras y la cultura hispánica, y empaparse un poco de la historia de Cataluña, de España, de Europa, del nacionalismo y de sus oscuros y monetarios objetivos.

¿Pero claro, quien pierde el tiempo hoy en día leyendo algo? 
En un país en el que el 30% de la población no lee ni un libro al año sería como pedirle peras al olmo. 
O como exigirle sensatez a la OMS cuando se pone a hablar de lo mala que es la carne para el ser humano (en otra ocasión fue el aceite, y mañana “chi lo sa”, igual nos salen con que el pescado azul era demasiado azul para nuestra salud, o que la acidez de estómago viene del agua embotellada, como le pasa a mi amigo Ramis).

Aquí, en esta región, en este país y en esta sociedad occidental que se asoma al abismo de la desaparición atrapada entre las mentiras de los medios de comunicación al servicio de intereses particulares (ya sean nacionalistas, populistas o empresariales) y la invasión ya nada silenciosa del radicalismo musulmán en forma de avalanchas de refugiados creadas artificialmente por gobiernos, sectas, grupos de presión y lobbies varios, ya queda poco por hacer.




No queda ni la última sardina en la banasta.



Es el fin de una era.






jueves, 15 de octubre de 2015

Mejor caminando

No hay duda. Por lo menos en mi caso. Desde el ya tan lejano año 99 del siglo pasado, Año Santo Jacobeo en el que realicé mi primer tramo del Camino de Santiago acompañado por varios camaradas (que a estas alturas sigo viendo y tratando, aunque menos de lo que quisiera), hasta hoy, año del señor de 2015, los únicos momentos del año en los que consigo desprenderme de la carga psicológica que significa vivir en este país llamado España, en este continente llamado Europa y en este mundo lleno de mentira, zafiedad y desastre, son los días en los que me calzo las botas, me ajusto la mochila y enfilo las largas rectas del Camino sumido en mis pensamientos y disfrutando del silencio, el paisaje y el contacto con desconocidos.

Algo incomprensible si lo analizáramos de forma objetiva: cambiar una cómoda cama por “unas extrañas estructuras de madera con colchones” (tal cual dicho por una peregrina refiriéndose a las literas de un albergue); un baño limpio con agua a su justa temperatura por una ducha encharcada de cuyo grifo no sabes que sorpresa va a regar tu molido cuerpo; interminables rectas de duro asfalto o pedregosa tierra por un cómodo asiento en mi coche; gigantescas ampollas por unos pies suaves e intactos o un cansancio físico insoportable por el relajante “perreo” en el sofá de casa, no tiene mucho sentido. Cualquier persona que no haya caminado por dichas sendas lo llamaría sin duda masoquismo. O locura.

Pues bendita sea esa locura que me lleva año tras año a volver a afrontar esos interminables kilómetros entre impresionantes paisajes, edificios majestuosos testigos de nuestra historia (y de esa civilización cristiana que está a punto de perecer a manos de los invasores disfrazados de refugiados), hasta llegar a pequeñas aldeas o grandes ciudades, encontrar alojamiento, descansar, alimentarme, recuperarme y volver a empezar al día siguiente con la misma agradable meditación, cuyo mantra se reduce en la mayoría de los casos a maldecir las botas, al asfalto, al pesado de turno o a los toboganes del tramo que parece no tener fin. No son sílabas o palabras sagradas, pero mantra al fin y al cabo. Rutina que alguien graciosamente estampó en una camiseta vista por ahí.  

Y no iba a ser diferente esta vez: acompañado por segundo año consecutivo por Marta, ya no esa sonriente y simpática desconocida del tramo anterior sino una persona parte ya de mi vida en lo bueno y en lo malo, absorta en sus propios pensamientos y dudas, andando su propio camino, pero agradable compañera peregrina al fin y al cabo, el corto tramo de este año volvió a estar cargado de altibajos, de sorpresas, de momentos placenteros y de desfallecimientos físicos y emocionales. 

Personajes variopintos, desde un gallego iluminado que transportaba una cocina completa (amén de todo lo que iba recogiendo en los albergues, según sospecha confesa de unos caminantes alemanes), hasta un cantante burgalés venido a menos cuyo entretenimiento principal es amenizar las tardes de los peregrinos en un acogedor albergue de Belorado (sitio altamente recomendable, por cierto) a base de canciones populares, vino blanco e higos recién recogidos, pasando por las siempre presentes y solitarias asiáticas, ya sean coreanas, japonesas o Dios sabe de qué ex –colonia británica (cuyos conquistadores por cierto no fueron tan sanguinarios como los malísimos españoles genocidas en el continente americano, como dijeron hace pocos días los gobernantes analfabetos Ada Colau y Kichi)
hasta agradables e inesperadas sorpresas como la aparición de un gran amigo, Eduardo Oriente, para acompañarnos en uno de los tramos más bellos de este año, el que lleva desde Belorado hasta el mágico San Juan de Ortega, todo volvió a ser como cualquier otro año en el Camino: sorprendente, aleccionador, diferente.

Un San Juan, por cierto, que por una vez tuvo poco de mágico y mucho de cruda realidad: albergue cerrado al llegar, posadero, al tiempo que alcalde, impertinente y tal dolor en los pies que ni pude asistir a la misa del peregrino, quedándome cual derrotado abuelito vislumbrando ya los futuros autocares del IMSERSO, sentado en la calle con los pies en un barreño de agua y rellenándolo de sal cada tanto para mantener la temperatura y con ello aliviar mis molidos pies.



¿Pero de qué voy a quejarme?

¿De unas ampollas llenas de sangre que cubrían la planta y el talón de ambos pies?
¿De comentarios simplistas y estúpidos de un chaval que tuvo la suerte de cara al nacer en una minúscula aldea como San Juan de Ortega y con ello la posibilidad de quedarse con la posada, el hotel, la alcaldía y toda la magia del lugar?
¿De la soledad acompañada durante muchos y largos kilómetros solamente por el propio latir del corazón, los pinchazos en los pies y algún pájaro de especie desconocida trazando círculos sobre nuestras cabezas cual depredador en busca del desfallecimiento o descuido de su víctima?
¿De noches ruidosas, mantas polvorientas o infumables desvíos por asfalto debidos a las obras de una autovía que pone en peligro mil años de ruta jacobea y contra cuya construcción deberíamos protestar todos los que amamos este mágico itinerario?
¿De qué dicha maldita autovía haya propiciado que las rocas en las que homenajeamos al añorado Carlos Oriente hayan desaparecido para servir de soporte a una vía rápida que solamente traerá tráfico y contaminación a estos idílicos paisajes?
¿De no encontrar el lugar ideal para que Marta pueda cumplir su sueño y abrir su propio albergue?

De nada me quejo.

Y si tuviera que lamentar algo del tramo de este año solamente podría ser lo corto que se me hizo. Aunque gracias a Dios los escasos 130 km andados quedaron compensados al final por 2 días muy completos en Burgos, con Marta, con desfiles y actos dedicados al Cid Campeador, comidas y cenas agradables y con la ilusión de volver a empezar la cuenta atrás para seguir avanzando (en cuanto las circunstancias me lo permitan) por la vía de las estrellas hacia ese fin del mundo que se me antoja cada vez más próximo y al mismo tiempo cada vez más deseado.

Porque, sinceramente, visto lo que me brinda la realidad personal, social, cultural, económica y política actual, cualquier cosa se me antoja mejor. 

Hasta el Apocalipsis. O andar por el Camino.

Buen Camino Marta. Buen Camino amigos.



¡Ultreia et suseia!







Quiso volar igual que las gaviotas,
libre en el aire, por el aire libre
y los demás dijeron, ""¡pobre idiota,
no sabe que volar es imposible!"".

Mas él alzó sus sueños hacia el cielo
y poco a poco, fue ganando altura
y los demás, quedaron en el suelo
guardando la cordura.

Y construyó, castillos en aire
a pleno sol, con nubes de algodón,
en un lugar, adonde nunca nadie
pudo llegar usando la razón.

Y construyó ventanas fabulosas,
llenas de luz, de magia y de color
y convocó al duende de las cosas
que tiene mucho que ver con el amor.

En los demás, al verlo tan dichoso,
cundió la alarma, se dictaron normas,
""No vaya a ser que fuera contagioso...""
tratar de ser feliz de aquella forma.

La conclusión, es clara y contundente,
lo condenaron por su chifladura
a convivir de nuevo con la gente,
vestido de cordura.

Por construir castillos en el aire
a pleno sol, con nubes de algodón
en un lugar, adonde nunca nadie
pudo llegar usando la razón.

Y por abrir ventanas fabulosas,
llenas de luz, de magia y de color
y convocar al duende de las cosas
que tienen mucho que ver con el amor.

Acaba aquí la historia del idiota
que por el aire, como el aire libre,
quiso volar igual que las gaviotas...,
pero eso es imposible..., ¿o no?...

viernes, 25 de septiembre de 2015

Empieza el Camino 2015

Como pone en el título, empieza.

Es decir, salgo mañana hacia tierras riojanas para emprender la marcha anual.

Pero ya que he conseguido atraerte, aprovecho para recordarte lo que España espera de ti el próximo domingo. 

En tus manos está salvar nuestra historia milenaria.

Del Camino ya hablaré a mi vuelta. ;-)


Visca Catalunya! ¡Viva España!






lunes, 13 de julio de 2015

Pesadillas

La terrible ola de calor que está asolando la piel de toro tiene muchos y variados efectos: el incremento del consumo energético, las subidas de dos dígitos en las ventas de cerveza, lipotimias y demás achaques, los desvaríos de aprendices de oradores y políticos de tres al cuarto (o de “todo a un euro”, como se diría en la actualidad), y, por lo menos en mi caso, la aparición de intensas y continuadas pesadillas durante las interminables noches  a merced del implacable mercurio.

Documentándome  un poco sobre las fases del sueño, algo que en algún momento de mi vida conocía pero que como otras tantas cosas ha pasado a mejor vida en mi cada vez menos accesible memoria, resulta que la fase del sueño REM, o sueño paradójico, que abarca hasta un 25% del total del sueño, es el intervalo en el que el cerebro se activa, las neuronas motrices se bloquean, y nacen sueños y pesadillas. Curiosa casualidad el nombre REM: bien pensado también podrían ser canciones de dicha banda las que generen mis extraños sueños, ya que nunca ha sido un grupo musical de mi agrado, salvo contadas canciones, y algo de “mareante” siempre han tenido. Pero dejemos de lado a los chicos de REM, que ni pinchan ni cortan en este relato.

Los “nightmare” en inglés, y Nachtmahr Albtraum en alemán, proceden etimológicamente de los “mare” o “albs”, pequeños elfos malignos, que de noche se acomodaban sentados sobre el pecho de las personas para darles miedo. Acompañados de un caballo son, según la mitología nórdica, los responsables del desvelo, el insomnio y, sobre todo, del miedo que nos insuflan mientras intentamos descansar.

Y ayer, como en otras noches de este tórrido mes, parece que se reunieron en mi casa, alrededor de mi cama o directamente bailando en grupo sobre mi cuerpo, toda una banda de pequeños goblins ansiosos de destrozarme la noche y hacerme sufrir más de lo debido. Tan real fueron los malos sueños, esos “malsons”, pesadillas en catalán,  que  a pesar de desvelarme cada hora, beber algo e intentar pensar en cosas agradables para volver a conciliar el sueño, me fue imposible liberarme de un continuado, largo y triste sueño, de una pesadilla por episodios que incluía personas y situaciones de mi presente, mezcladas con hechos y amigos del pasado, todo ello pasado por la batidora de la sinrazón, la fantasía, el miedo y la ansiedad, hasta crear una película terrorífica de la que no me he librado hasta ahora, cuando ya han pasado 3 horas desde que me levanté.

Dichosos los que son incapaces de recordar sus sueños o pesadillas por la mañana, porque su absoluto “realismo” y los insistentes sentimientos que producen, van en muchos casos más allá de la propia realidad. Sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas, parafraseando a Churchill,  me ha costado volver a poner en su sitio las neuronas desbocadas y hacerles entender que todo ha sido un sueño, que en  realidad no ha sucedido nada extraño esta pasada noche, que sigo vivo, sigo teniendo amigos, la autovía a Burgos sigue ahí marcando la ilusión por subir al Norte (y pillar algo de fresco), que el camino de la vida sigue y el Camino de Santiago, con su magia regeneradora, nos espera de aquí poco más de 2 meses

Y ya que hablamos de sangre, sudor y lágrimas, que mejor que aplicarnos lo que nos cantaban “Blood, Sweat and Tears” en el lejano 1969.

What goes up must come down
spinning wheel got to go round
Talking about your troubles it's a crying sin
Ride a painted pony
Let the spinning wheel spin


Y dejar que la rueda siga girando. 
Que los sueños (y las pesadillas), sueños son. 


lunes, 22 de junio de 2015

Catalunya es casa teva

Ayer me pilló al descuido el anuncio que el supuesto gobierno de la autonomía catalana (digo supuesto por lo de gobernar, porque por lo que nos consta a todos,  en los últimos años la Generalitat ha hecho de todo menos gobernar, siempre y cuando no nos refiramos a la 4ª acepción de la RAE, que dice lo siguiente: 4. tr.  Manejar a alguien, ejercer una fuerte influencia sobre él.), lanzó a principios de año en su anual campaña de promoción turística, dirigida sobre todo al turismo del resto de España. Turismo de cercanía que por cierto le es imprescindible para subsistir y poder afrontar sus enormes gastos en temas tan importantes para la sociedad catalana como las embajadas ninguneadas en el mundo o la compra de pitos (a través de alguno de sus intermediarios subvencionados) para insultar al Rey, a la bandera común y al Himno Nacional Español. Dinero que necesita recaudar con suma urgencia, ya que el que recibe a raudales del resto de España no alcanza para sus prioridades manipuladoras, ni obviamente para solucionar temas nimios y secundarios como la Sanidad, la hambruna infantil o el deficiente transporte público, pero tampoco son estos asuntos prioritarios para la banda de Arturo y los 40 Pujoles. Su parque móvil es amplio, como bien sabemos, comida no les falta, aunque se limite a las humildes viandas del Semon y en cuanto a la salud no creo que tengan problemas de asistencia médica privada y de calidad en los barrios altos de Barcelona en los que residen.


Lanza pues la Generalitat su campaña anual bajo el título “Catalunya es casa teva”, en cristiano “ven, gasta y lárgate”. Porque dudo que existan muchos compatriotas de esta santa tierra hispana que consideren "su casa" a un lugar en el que suceden cosas como las siguientes:
  • Que tus hijos no puedan estudiar en el idioma oficial de su país, el español.
  •  Que los rótulos en locales y servicios públicos estén en una gran variedad de idiomas, menos en español.
  • Que un presentador de la televisión pública catalana (por cierto con los sueldos más altos de todas las televisiones europeas) llame a los españoles “cabrones de mierda y panda de sarnosos
  • Que se inunde el paisaje de esta tierra tan bella con banderas partidistas y separadoras como lo es la inventada señera estrellada.
  • Que tus hijos sean excluidos de las actividades lúdicas escolares por llevar la camiseta de la selección nacional o la del RCD Español, club más que centenario fundado por catalanes en 1900
  • Que a grandes deportistas  españoles originarios de Cataluña se les insulte por mostrar la bandera nacional en las celebraciones de sus victorias
  • Que el “president” se mofe de los símbolos españoles en una final de Copa retransmitida a todo el mundo.
  • Que una pseudo monja visionaria y otro espécimen argentino-extraterrestre con hábitos e ínfulas de sabiduría insulten a diestro y siniestro sin que nadie les pare los pies, ni el gran Papa Francisco del que tanto esperamos algunos.
  • Que a los niños se les manipule desde su más tierna edad con historias inventadas y se les inculque el odio al español como si todo el que sea de allende del Ebro fuera Satán encarnado
  • Que se prohíban las fiestas taurinas “españolas” de tan larga tradición en Cataluña pero permitiendo al mismo tiempo las “animaladas” que se realizan en los, estos si, milenarios “correbous”  catalanes.
  • Que los partidos en el poder hayan robado a destajo durante más de 30 años, no se arrepientan, se vanaglorien de ello y encima sigan ostentando cargos y mangoneando a la clase trabajadora
  • Que…
  • Que..

Me parece que no hace falta seguir.  En mi “casa” o en aquellos lugares en los que me siento como en casa, y que son casi todos los que visito, no sucede nada de lo antedicho. Ni se me insulta, ni se me menosprecia, ni se me ataca, ni se me persigue.  Ni en Madrid, ni en León, ni en Burgos, ni en Colmenar Viejo, ni en Pradoluengo, ni en Francia, ni en Sevilla, ni en Valencia, ni en Inglaterra, ni en Alemania, ni en Italia, ni en las Vascongadas.., creo que ni en Marte me tratarían así (si ahí existiera vida y alguna cosa de las que nos han contado los yanquis en los últimos siglos fuera verdad).

Igual lo más parecido a Cataluña que pudiéramos encontrar ahora en cuanto a hospitalidad y simpatía serían las partes de Irak e Siria controladas por el Estado Islámico. Pero no tengo pensado irme ahí de vacaciones. Ni a Cataluña.

Y eso que es mi tierra, que nací en la calle Copérnico de Barcelona, me crie en la Avenida de Sarriá, fui al colegio en la Avenida del Doctor Andreu, ahora Tibidabo,  y en Esplugas, estudié en Pedralbes y la Diagonal,  veranee en la Costa Brava, tengo una casa en la Costa Dorada y sueño muchas veces con los parajes tan bonitos que tiene mi añorada Cataluña.



Es tan esperpéntico y ridículo todo que ya ni el vídeo de Epi y Blas explicando lo que es el separatismo catalán me hace gracia. Y mira que antes me hacía sonreír.

¿Cataluña nuestra casa?

Anda ya..

lunes, 15 de junio de 2015

Algo prestado

Y allá en el otro mundo
En vez de infierno 
Encuentres gloria,
Y que una nube de tu memoria 
Me borre a mí.


Algo prestado: reza así el título del último disco de los Secretos, en referencia a que las canciones que interpretan no son originales suyas, si no versiones de clásicos del rock (y de un precioso bolero que conocemos todos en alguna de sus varias versiones). Y encabezo de la misma forma este comentario mío, pero quizás llevado más allá, hacia una idea filosófica acerca de  la vida en sí, a que cualquier momento de nuestra existencia es simplemente una cesión temporal, un préstamo que nos da el destino para disfrutar del momento, sabedores de que será efímero como todo lo bueno en la vida. Pero también como lo malo. Porque al igual que los momentos de plenitud y de felicidad son escasos y cortos, las temporadas malas, aunque parezcan eternas y llegadas para destrozarnos lo que nos queda de vida, al final también pasan, y abren camino a nuevos momentos de alegría.

Ley de vida, a la que solamente podemos oponer ilusión y paciencia. Ilusión por los sueños y por lo que tenga que venir, y paciencia para superar esos baches incontables que jalonan nuestro camino.
Y claro, asistir de esta guisa, con el corazón encogido, el humor por los suelos y la cabeza hecha un lío, a un concierto de los Secretos cargado de recuerdos y nostalgia, puede provocar serios daños a la salud. 
¿O quizás bienes? Porque no cabe duda de que las 2 (a todos luces demasiado cortas)  horas en compañía de Álvaro, Ramón, Jesús, Juanjo y Santi en la sala el Hangar de Burgos el pasado sábado 13 de Junio, tuvieron esa innegable parte medicinal que gracias a Dios aporta la música a nuestras azarosas vidas.

Arrancando con una de las nuevas canciones, el bolero que nombro arriba y que pone la  piel de gallina a cualquier persona (bueno, me imagino que habrá por ahí gente insensible, o materialista,  que se quedarían igual al escucharla, pero como este artículo no va con ellos, que les den. Que se queden perdidos en su mundo material mientras los demás valoramos los buenos sentimientos por encima de todo), la emérita banda española fue desgranando uno a uno todos los éxitos de su tan larga y fructífera carrera musical. Larga, longeva y brillante trayectoria que permite, como también pasa en los conciertos de muchas otras bandas de los años ochenta, como Burning, Loquillo y otras, que tres generaciones de la misma familia compartan acordes, estribillos, torpes pasos de baile, risas y lágrimas, en una unión que va más allá de las diferencias de edad. Y de las diferencias de aspecto, de situación personal , de origen o de ideas políticas: simplemente se disfruta de forma conjunta de esas melodías que nos han marcado a todos, que hacen brotar recuerdos, revivir aventuras, asociar el estribillo  a una persona que fue parte de nuestra vida, o relacionar ese punteo a la guitarra de Ramón con algún recuerdo  perdido en esos recovecos de nuestro cerebro que solamente se abren al son de las buenas canciones.

Imposible recordar, que ya no listar, todas las canciones que se fueron sucediendo, entre gritos de ilusión, miradas de complicidad entre completos desconocidos, paseos a la barra a por bebida  y una creciente sonrisa que poco a poco fue iluminando la cara de todos los asistentes,barriendo las lágrimas de tristeza y emoción. En línea con su habitual manera de actuar ante su fiel público, los queridos amigos de “Los Secretos” no se dejaron nada en el tintero, se entregaron en cuerpo y alma a hacernos cantar, bailar, recordar, llorar y reír.

Si hasta el “Gafas” de mi camiseta estuvo en un tris de cambiar de semblante y llorar.., pero al final tuvo la suficiente fortaleza para seguir sonriendo al mundo.


Y todo ello nos permitió volver a constatar que con buena música y mejor compañía  es posible capear cualquier chaparrón, abrir el corazón y gritar a los cuatro vientos que la vida es bella, que simplemente hay que seguir andando en pos de la felicidad, sorteando obstáculos, saltando vallas, realizando giros inesperados y alimentando con planes, sueños e ilusiones ese Camino que aún nos queda por recorrer.


¡¡ Venga Matrix, que tú puedes!! ¡¡A por ellos!!




 P.D. Para los curiosos he creado una lista de reproducción en Youtube con las versiones originales del nuevo disco de Los Secretos, en su mismo orden. Que la disfrutéis. Enlace aquí.


jueves, 21 de mayo de 2015

Regeneración democrática y otros cuentos infantiles

Los que llevamos toda nuestra vida inmersos de alguna manera en la lucha política, con fases de mucha actividad y otras más contemplativas (pero no por ello menos críticas), y que encima tenemos ese convencimiento de estar intelectualmente por encima de la mayoría inculta y atontada que nos rodea, no salimos de nuestro asombro ante el panorama político actual. Por lo menos es mi caso.

No es que me sorprendan los políticos de toda la vida, esos viejos conocidos que dedican los quince días de campaña a soltar perogrulladas, medias verdades o completas mentiras, a fin de arañar un puñado de votos que les permita seguir disfrutando de amplios privilegios en este paraíso “partitocráctico” en el que se ha convertido nuestra querida España. Que va. 
A éstos los tenemos identificados desde los lejanos años setenta del siglo pasado. Son aquellos que,  enarbolando banderas separadoras y de tristes recuerdos y al grito de democracia, libertad, amnistía y autonomía, se apoderaron en exclusiva de esos valores universales y del derecho a llamarse justos y demócratas; esos mismos que llevan ya más de 40 años viviendo del cuento, es decir, de nuestro trabajo y esfuerzo diario  en forma de impuestos, prometiendo y no cumpliendo ni una de las grandes proclamas que han ido soltando a lo largo de estos decenios. Eso sí, a cuerpo de rey, cual Bribón listillo, deficiente y mujeriego, mientras la estructura de ese sólido edificio milenario llamado España, esa patria común de millones de personas y en su época ejemplar Imperio mundial (imperio del bien, por cierto, frente a otras naciones imperialistas que lo único que dejaron atrás fueron muertos y odio eterno), se ha ido desmantelando en beneficio de los intereses globales del capital, los lobbies, las logias, las multinacionales, la globalización, los productos transgénicos de Monsanto, el sionismo y los demás poderes ocultos que nos tienen bien presos en sus maléficas redes.

Nada nuevo hasta aquí. Esta obra de teatro, sus personajes, su attrezzo y la trama de la tragicomedia que interpretan,  ya los conocemos desde que se inició esa mal llamada  transición, que mejor deberíamos llamar destrucción, o desmembración, o hecatombe, o cualquier otra  de las equivalencias que nos ofrece nuestra tan rico idioma español.

Lo nuevo, lo que me sorprende, son esos inteligentes, visionarios y sagaces compatriotas que de golpe han descubierto que este sistema es corrupto, que los partidos políticos son estructuras de poder ligadas a intereses particulares y que la libertad y la justicia brillan por su ausencia en nuestra casa común. Es decir, personas con sensatez, con intelecto, que por fin han dicho basta (un poco tarde teniendo en cuenta que son más de 40 años de insensatez), y que de una forma u otra luchan por encontrar una alternativa a este sistema injusto, inmoral y corrupto llamado pomposamente “estado social y democrático de derecho”. Ya me diréis, queridos lectores,  dónde encontrar lo social, lo democrático y lo de derecho en nuestra patria. Si no es en un viaje alucinógeno a base de psicotrópicos, en una farra más tradicional a base de vinos y destilados (o en una salida a comer a Colmenar Viejo), no veo yo justicia ni democracia por ningún lado.

Pero por desgracia, esta minoritaria parte de la sociedad que se ha hartado de la mentira, la manipulación y la explotación (eso sí, cuando les han tocado los cuartos, porque en tiempos de bonanza aquí no se movía ni el tato, a no ser que fuera para irse al bar a tomar un botellín a la salud del sistema que tan bien les protegía y tan poco les exigía), ha dejado que nuevos redentores se apoderen de sus ideales, su lucha y sus ilusiones, creando partidos y  movimientos súper guays, que, como era de esperar, han acabado siendo simples calcos de lo que ya tenemos. O peores. Porque los pasados 40 años de servicio de colocación que han llevado a cabo los partidos tradicionales tienen su peso, y desalojar a cientos de miles de amigos, familiares y acólitos para colocar a los nuevos candidatos, asesores, consejeros, amiguetes y colegas, nos va a costar un ojo en la cara. O ambos. Ni Vox, ni Ciudadanos, ni UpyD, ni Podemos, ni ninguno de los demás grupúsculos que han emergido en estos años aportan nada nuevo. Por mucho que Ciudadanos proclame que no es “ni de izquierdas ni de derechas”. O que los asesores de Podemos dejen caer sutilmente que Pablo Iglesias admira a José Antonio. O que Vox sea el único partido que alza la voz a favor de la vida y contra el aborto, sabedor de que no va rascar nada y que no tendrá que cumplir ni una de sus promesas. Al final todos se han integrado (o han tenido que integrarse) en el sistema “social, democrático y de derecho” de tal forma, que directamente han heredado todo lo malo que esta falsa democracia contiene. 

La inexistencia de valores, el interés particular, el afán de protagonismo, la buena vida, el compadreo por encima de las siglas, la subrogación de los intereses patrios a los intereses del capital, es decir,  se han entregado a la sumisión, la sodomía, el latrocinio, la prevaricación, las prebendas y los privilegios. ¡Que ahora nos toca a nosotros! ¡Y que nos quiten lo bailado, como tanto le gusta decir a los españoles!

¿Y dónde radica el problema? Pues que el Sistema es malo “per se”, con intención, y se sostiene a sí mismo: es de ilusos pensar que desde dentro se pueda acabar con él. Más aún cuando las tentaciones que acechan al idealista pero iluso ciudadano en el momento en el que se adentra en el ruedo democrático,  son peores que cualquier manzana que una bella Eva pudiera ofrecernos. Solamente las  podrían superar las 72 vírgenes del paraíso yihadista. (Algo que por desgracia también está pasando. Y sobre todo en las “democracias” occidentales.)

El Sistema ha creado a sus esclavos, carentes de cualquier valor superior, encadenados a lo material, a lo que dicta la mayor herramienta del poder, la telebasura, a lo efímero, a lo sucio, a lo intrascendente. Y cada tantos años les deja jugar un rato con las papeletas, corear sus eslóganes, contestar a las encuestas, asistir a los mítines, creer en las promesas y hacer el paripé en las urnas. 

¡Venga ciudadanía, hoy jugamos a ser libres, a creer en algo y a cambiar el mundo! Y en cuanto nos hayáis votado, ahí os quedaréis. Pobres, esclavos y tontos. Eso sí, con muchos gadgets, modas, drogas, sexo, violencia y sobre todo consumo. Que hay que mantener en marcha la máquina de generar dinero para que un 1% de la sociedad mundial domine al restante 99%.

¿No será que los “valores” que anuncia, vende, proclama y dice defender y representar nuestro estado “democrático, social y de derecho” no son tales?

¿A votar? Anda y que os den.



P.D. Como siempre un abrazo a los que a pesar de todo lo intentan. A los idealistas de verdad. A la buena gente. A los que buscan el bien común. ¡Ánimo y suerte!


viernes, 8 de mayo de 2015

¿Elecciones?

Y a mí qué me importa. Supongo que digo esto por tradición: nunca he sido amigo del paripé (que gran palabra para describir un proceso electoral)  de los quince días de mentiras, de promesas incumplibles, de exageraciones y de amores interesados,  que simplemente allanan el camino y justifican “legalmente” otros cuatro años de desgobierno, de sinrazón, de corrupción, de nepotismo y de poco, que no nulo, valor añadido para nuestra sociedad.

Prefiero mantenerme en mis trece, seguir dudando del sistema y no participar en el juego. Así he llegado a una ya madura edad, sin haber usado jamás una urna para dar el voto a unas siglas que simplemente representan intereses partidistas, y así moriré, que tampoco falta tanto.  Y asumo al mismo tiempo cualquier crítica que pudiera lloverme por parte de bienintencionados camaradas y amigos que, siendo tan descreídos como yo, luchan desde dentro del sistema por conseguir mejorar nuestra sociedad. 


“Chapeau”  y admiración por ellos, por lo menos por los que lo hacen con buenas y altruistas intenciones.  Que tampoco es oro todo lo que reluce, y más de uno de nuestros conocidos simplemente apuesta a caballo ganador, cual veleta al viento, buscando en la política esos ingresos y privilegios que en la vida real no consigue. Allá cada uno con su conciencia. Los buenos, admirables, los malos, más odiosos aún que los incultos e infantiles adoradores de esta falsa democracia. Esos ya purgan sus penas creyéndose a pie juntillas todas las sandeces que el sistema y sus medios de comunicación esclavos  les  hacen creer, sin dejar que la luz y la libertad ilumine sus tristes existencias de ovejas sumisas y consumistas.

Poco más que decir, mi intención era escribir un artículo sobre música, sobre el "revival" de los grupos ochenteros, pero tenía que soltar mi discursillo anti elecciones de cada año. Sea para justificarme ante mí mismo o ante los que luchan desde dentro del sistema.


Y me quedo con lo dicho por algunos de esos  músicos de los ochenta que protagonizarán mi siguiente artículo, si es que llega: como por ejemplo Carlos Goñi de Revólver en una reciente entrevista: “No sé qué habría que hacer, pero aunque no creo que todos los políticos sean corruptos, sí que tenemos la peor añada de nuestra historia. Justo en el momento menos indicado, con una crisis tremenda en diversos ámbitos: nacionalista, económica..., o Loquillo, que últimamente está sembrado tanto musicalmente como en sus entrevistas: tengo claro que soy un disidente, y voy a seguir siéndolo. Seguiré “disparando” a izquierda y derecha, contra todo lo que no es justo.


Mucha suerte a los que estáis en la lucha política con nobles intenciones. Que los resultados os sean favorables. 
O “May the fourth be with you”, para los incondicionales de la Guerra de las Galaxias.





A los que estáis en política para pillar, mangonear y vivir del cuento, que os den por ahí.


viernes, 20 de marzo de 2015

Digitalizados

Por mucho que le dé vueltas al tema, aún no tengo muy claro si la creciente digitalización de la sociedad es positiva o si por el contrario se trata de un paso atrás en la evolución del ser humano.  Como supongo que le pasará a la mayoría de mis lectores, hay días en los que doy gracias a Dios por las ventajas que nos ha traído la digitalización, mientras que en otros momentos llego a detestar ese constante “estado de conexión” que en muchos casos se asemeja a la esclavitud de otras épocas.  Y no dudo de que Charlie Chaplin, si aún viviera,  rodaría un remake de “Tiempos Modernos”, criticando en este caso no la industrialización del trabajo sino la digitalización de las relaciones sociales. Material hay,  hasta para una trilogía.

Retomo pues el mismo tema que ya usé como leitmotiv hace casi 3 años en otro artículo, titulado “No sin mi móvil”, pero con un largo recorrido por medio en cuanto a la evolución de la digitalización en la sociedad, a mis conocimientos  al respecto y al propio uso que le estoy dando en mis quehaceres diarios. Porque tres años son una eternidad si hablamos de innovación y tecnología: habiéndome dedicado los últimos cuatro meses a investigar con profundidad tecnologías innovadoras y a la plasmación de la situación en informes técnicos para diversas instituciones financieras,  doy fe de que la innovación ya no se mide en años o meses, sino más bien en tramos de semanas, días y hasta horas. Valga como ejemplo esta curiosa pero muy explícita iniciativa que muestra todo lo que sucede en el entorno digital segundo a segundo. Si todo esto sucede en tan poco tiempo, como no van a inventarse diariamente nuevos servicios, plataformas, aplicaciones, dispositivos o tecnologías.

Bien sabéis algunos que  siempre he seguido con interés iniciativas como “la vuelta al campo” y el abandono de la vida urbana  o corrientes sociales como los “downshifters”, evoluciones por otro lado cíclicas en nuestro mundo,  que cada tantos decenios llega a un momento de saturación social, tecnológica o política,  abriéndose fugas de agua en forma de revoluciones, involuciones, guerras o simples movimientos alternativos, como los hippies en los sesenta, los terroristas en los setenta, los movimientos ecologistas en los ochenta o los ya nombrados “downshifters” en los noventa.  Y prefiero no hablar de cosas peores, como la vuelta al integrismo radical en el mundo musulmán o el resurgimiento de anacrónicos nacionalismos y de burdos populismos que intentan hacernos olvidar todo lo malo que trajo consigo el marxismo-leninismo.

¿Pero será posible parar esta digitalización de la sociedad? ¿O, planteado de otra manera, tendría algún sentido echarle el freno de mano a la hiper-conectividad y a la conversión de todo lo que nos rodea (hasta nuestras prendas) en continuos emisores de datos que van a parar  a manos de hábiles analistas de la información para su uso comercial o a ocultos archivos particulares o gubernamentales para incrementar el control sobre lo que hacemos, dónde estamos, qué soñamos  y con quién dormimos?

Lo dudo. El otro día, a modo de prueba del algodón, me puse a anotar durante unos minutos todas mis interacciones digitales. ¿Qué pasó? Pues que al poco rato, después de enviarme a mí mismo (desconfiando de mi propia memoria) unos cuantos correos electrónicos con mis notas, lo tuve que dejar.  Era tan constante el uso de aplicaciones, utilidades, portales, buscadores y demás facilidades digitales que nos brindan  (o nos imponen) los ene dispositivos que son ya parte del mobiliario de cada hogar, como antes podían serlo lámparas o ceniceros, que acabé rendido ante la evidencia: esto no hay quien lo detenga. Como bien firma sus correos mi compañero Juancho,el mundo es móvil, no lo pares”.

Los pocos minutos de prueba dieron el siguiente  resultado (y seguro que me dejo muchas cosas en el tintero):

·      desactivar el sonido de varios grupos en el programa de mensajería por pesados)
·      mirar unas cuantas veces el saldo bancario en la banca online (como si esperara ese ingreso sorpresa del espacio que nunca acaba de llegar)
·       encontrar la ubicación de  un pueblo con Google Maps
·       buscar la letra y los acordes de una canción de la Creedence
·       afinar la guitarra con el afinador digital incluido en el programa de acordes y trasponiendo los mismos a un tono que pueda entonar con aceptable acierto (harto difícil, como bien sabéis los Rommelanders)
·       mirar los titulares de la prensa diaria (como si fuera necesario hacerlo cada hora)
·       manejar el reproductor multimedia del PC desde la tableta   (no me vaya a herniar levantándome del sofá)
·    buscar una receta para la cena (teniendo la nevera vacía poco sentido tenía hacerlo en ese momento)
·        bajar el último disco de Mark Knopfler 3 días antes de su publicación
·         intentar sintonizar un partido de futbol de pago a través de un portal pirata
·        borrar decenas de boletines de noticias de mi correo (preguntándome en la mayoría de los casos sobre la razón de haberme abonado a dicho newsletter)
·       hacer un par de fotos a una lata de cerveza (como prueba fehaciente de que estaba bebiendo y brindando)
·        grabar un corto video de una actuación musical en la tele para publicarlo en una red social
·        “hablar” mientras tanto por Whatsapp con Matrix (sin lugar a dudas lo más valioso de todo)
·       buscar en Google palabras de un concurso televisivo (perdiendo obviamente comba de las siguientes definiciones)
·      buscar varias palabras desconocidas del libro que estaba leyendo en la aplicación de la RAE, copiarlas y pasarlas a un archivo de nuevas palabras que mantengo en mi PC
·     y finalmente fotografiar una página del mismo libro por la belleza e interés de alguna frase,  con la intención de tuitearla a la menor ocasión.  


Hasta aquí llegué. Por lo menos dejé de apuntar lo que iba haciendo, lo que no significa ni por asomo que dejara de usar mis múltiples dispositivos  para dejar constancia ante el resto de la humanidad (con mi actividad y su consecuente huella digital) de que estoy vivo, de que tengo una gran vida social y de que estoy a la última en todo. Impronta digital que a los pocos minutos ya estaba siendo aprovechada por los servicios de publicidad de los diferentes portales para cubrir mi pantalla de anuncios de música, viajes, recetas, cursos de lengua castellana y servicios de comida a domicilio. 

Aunque igual tendrían que perfeccionar un poco el algoritmo usado en el portal (para mostrar anuncios en base a mi actividad en la red) e incluir servicios de psiquiatría o terapias relajantes en algún santuario budista.

O mejor ofertas de escapadas a las tierras del Norte.  Que eso sí que tiene vida y calor. Y alimenta. Tanto el alma como la tripa.


Conclusión: la misma que hace 3 años. Démosle el mejor uso posible a todo este entorno digital pero sin perder el norte. Mejor encontrándolo.

Intercalemos  cada tanto algo mundano, tradicional, antiguo, a poder ser analógico, con su parte física y con un valor  tangible de vida real que acabe convirtiéndose en un bello recuerdo.

Un beso, una canción, unas risas, un paseo, un abrazo, un brindis, una charla sin teclado, una buena comida, un anochecer en silencio, un descanso en compañía.




P.D.: Habiendo llegado la primavera habrá que poner en marcha otra cuenta atrás. Digo yo.








jueves, 22 de enero de 2015

¡Que viene el coco!

Como ya es habitual en los últimos y para mí tan felices meses (creo que ya no hace falta que explique el porqué), cada vez que puedo arranco el coche, enfilo la A1 y me dirijo hacia el Norte a disfrutar de las tierras castellanas, su rica historia, su espectacular paisaje y sus riquísimos productos.  
Y obviamente de la mejor de las posibles compañías. Porque por mucha morcilla, oreja, lechazo, monumento  o espectacular paisaje que pueda tener mi cada vez más querida Castilla, sin el acicate de encontrarme con una persona increíble y encantadora no creo que me lanzara a la carretera de forma tan alegre y continuada. Tirando de dichos populares: “más tira moza que soga”.


Y hablando de proverbios y dichos, estando yo circulando por una solitaria carretera provincial entre prados nevados y estatuas del Cid Campeador, cual Quijote a punto de toparse de morros con los molinos imaginados gigantes y acompañado en este caso no por mi fiel escudero Sancho sino por esa persona especial y omnipresente  en mis últimos relatos (y en mis sueños, para qué negarlo), tuve que pegar una frenada en seco, meter la marcha atrás y cerciorarme de que había leído bien un cartel dejado atrás. 

Efectivamente, el pueblo se llamaba “Quintanilla del Coco”.  Para variar, me picó la curiosidad, con esa obsesión mía de aprender cada día algo, característica ésta que igual de joven tenía como objetivo principal el hacerme el sabiondo e interesante ante los demás,  pero que con el paso del tiempo se ha convertido en un verdadero placer (“a la vejez viruelas”, como bien expresa otra paremia de uso común), disfrutando con cada descubrimiento del “conocimiento” como grandeza de nuestra existencia, por lo que a la vuelta de esta nueva y genial escapada me puse a investigar un poco el origen de la palabra “coco” y el porqué de este nombre para una pequeña población de la Sierra de la Demanda.

Sacrílego sería yo si circulando por el “Camino de la Lengua Castellana” y con el Monasterio de Santo de Domingo de Silos como destino no me hubiera interesado por el origen de una palabra tan usada y al mismo tiempo curiosa: porque como bien sabéis todos vosotros, dicha abadía de Santo Domingo alberga las tan famosas “Glosas Silenses”, primeras anotaciones en lengua romance y que junto a las “Glosas Emilianenses” de San Millán de la Cogolla, están consideradas los primeros escritos en lo que iba a convertirse a lo largo de los siglos en nuestro idioma común,  en la universal lengua castellana o española.


“Qué viene el coco”. Cuantas veces habremos oído esta expresión: desde nuestra tierna infancia en boca de nuestros padres, pasando por los comentarios jocosos referentes a algún profesor en el colegio, hasta las alertas ante la cercanía de las lecheras de los maderos o las predicciones agoreras ante cualquier calamidad que se avecina, como sucedió hace poco con el brote de ébola,  lo del “coco” siempre ha sido una expresión común y sin ningún misterio para nosotros.  

¿Si hasta uno de los grabados de la serie Caprichos de Goya se llama literalmente así como nos va a intrigar esta expresión?  

Aunque bien pensado, dudo mucho que la mayoría de nuestros conciudadanos sepan quién fue Goya o conozcan sus grabados, salvo que los hayan visto en la estación de metro del mismo nombre de la Villa y Corte. Pero el nivel cultural de este otrora gran y culto país es harina de otro costal. Mejor no mentarlo. Como a la bicha.

Pues misterio igual no, pero una curiosa historia etimológica sí que tiene el palabro. Veamos:

El diccionario de la Real Academia de la Lengua ofrece bastantes acepciones para la palabra “coco”: desde la fruta tropical por todos conocida, la propia cabeza en lenguaje coloquial o diferentes aves e insectos, hasta el “fantasma que asusta a los niños” origen de este artículo.  

Pero si vamos más allá y buceamos en la etimología de la palabra nos encontramos con algunas sorpresas: el coco,  fruto del árbol homónimo, por ejemplo, se llama así debido al parecido con el “coco” primitivo y rural, un personaje con una cabeza en forma de calabaza con 3 agujeros, similares a los que tiene el fruto, que aterrorizaba a los niños (y no al revés como podríamos pensar). 

Escribía así allá en 1526 el ínclito Gonzalo Fernández de Oviedo: 

El nombre de coco se les dixo porque aquel lugar por donde está asida en el árvol aquesta fructa, quitado el peçón,dexa allí un hoyo, y encima de aquél tiene otros dos hoyos naturalmente, e todos tres, vienen a hazerse como un jesto o figura de un monillo que coca, e por esso se dixo coco”. 

En este antiguo y curioso texto encontramos además otra acepción de la palabra: “hacer cocos” significa hacer muecas y “hacerse cocos” pueden ser ciertas señas entre enamorados. Y al lector que ahora aproveche para recordarme que la palabra coco también significa ser muy feo, que calle. Que le veo venir con la chanza esa de que “pareces un coco”. En cualquiera caso aceptaría el uso coloquial de “vaya cocos”, siempre y cuando pueda comprobar la veracidad de la exclamación. Aunque mejor dejarlo aquí.

Ampliado pues nuestro conocimiento acerca del “coco”, volvamos al principio, a Quintanilla del Coco. Pues resulta, por lo que he podido investigar, que en este caso el nombre de esta pequeña población no tiene nada que ver con el feo personaje que asusta a los niños, sino con el gorgojo, un “insecto coleóptero de pequeño tamaño, con la cabeza prolongada en un pico o rostro, en cuyo extremo se encuentran las mandíbulas”, como lo define la RAE. El gorgojo es un productor de grana, y la grana era un tinte muy habitual (para el color granate) en el periodo medieval. De ahí el nombre, junto a lo de Quintanilla, que es una expresión muy común en dichas tierras burgalesas para designar poblaciones y cuyo origen es la granja en latín, la “quintana”. Resultado final: que la granja del coco no escondía personajes terribles sino simplemente una fábrica de tinte. Curioso.

Dejado atrás este cartel seguimos ruta hasta Santo Domingo de Silos, parando antes para fotografiar una preciosa estatua del Cid, todo ello al son de un excelente disco recién aparecido en el mercado y que encajaba como anillo al dedo con el paisaje. Hispánica se titula, y os recomiendo a todos y cada uno de vosotros que os hagáis con él. Musicalmente impecable y con unas letras impresionantes, en línea con anteriores obras de uno de los músicos artífices de esta joya y coronado con una gran portada y un acabado perfecto, ha sido sin lugar a dudas una guinda no esperada a esta excursión tan excepcional (¡¡Bravo Eduardo!!)

Queda por decir que la visita al claustro de Santo Domingo también tuvo sus anécdotas, como el guía robotizado que recitaba de memoria más que explicaba, con un tono de voz uniforme y sin apenas modulación y hasta enlazando las descripciones arquitectónicas con las indicaciones a los visitantes, al estilo de “aquí ven una columna decorada con imágenes de los santos tal y cual y ya pueden salir por la puerta del fondo”.  
Esta frase final ya me convenció definitivamente de que el pobre chico lo que hace es repetir la cantinela día sí día no,  sin saber realmente lo que dice. Pero no quise someterle a la tortura de interrumpirle y preguntar algo. Tan desalmado no soy. Si alguno de mis lectores pasa por Santo Domingo y visita el claustro que haga la prueba del algodón. A ver cómo reacciona el chaval.

Y los cánticos gregorianos de los monjes que también pudimos disfrutar, comentando entre sonrisas la entrada de todos y cada uno de ellos a la iglesia, como si estuviéramos en una rueda de reconocimiento intentado identificar al verdadero “Coco”, también valieron la pena. Cortos, al tratarse de la “Sexta” y no de una misa completa, pero suficientes para enriquecer un poco más un día completo.


Poco más que contaros, pero mucho más lo vivido el resto del fin de semana. En línea con las anteriores escapadas.

Placer, alegría, calidez, simpatía, complicidad, felicidad. Todas esas cosas que uno va buscando en la vida y que de golpe caen del cielo de forma sorpresiva y gratificante.  Como las indisposiciones y los vómitos. Pero de eso no hay que dar más detalles. Son cosas que le pueden pasar a cualquiera. 
Estoy seguro que hasta el Coco vomita de vez en cuando. Por lo menos el de Barrio Sésamo, que por lo que recuerdo no paraba de hacer el loco, brincar y saltar. 


Para acabar, un mensaje personal al “Coco”: si vienes a por mí ya sabes dónde encontrarme, o bien en Burgos, o bien yendo y viniendo.  

O en un vagón del AVE, ya que se rumorea que la nueva línea de alta velocidad Madrid-Burgos tendrá paradas en Rommeland, Gamonal, Prado y Rivendel.  

¿O lo habré soñado?