martes, 21 de noviembre de 2017

Los siete pecados capitales del separatismo

Cave, cave, Deus videt

(Y por ende del populismo, tendría que añadir al título. Que ambos cánceres vienen a ser lo mismo en muchos aspectos. Pero se me iba en longitud).

Hace siete años escribí un artículo que versaba sobre uno de los pecados capitales: en concreto hablaba de la soberbia, en contraposición al carisma y la humildad. Y por desgracia,  estos últimos siete años (siete como los pecados capitales) han sido tan nefastos en lo que concierne a los valores, la política y el proceder de nuestros supuestos líderes, que me veo obligado a escribir sobre todas dichas maldades de un solo mazazo. De pegar un golpe sobre la mesa como el que habría que dar de una santa vez para acabar con el destrozo paulatino de nuestra patria y de nuestra sociedad. Y no hablo de un golpecito, casi una caricia, aplicando de forma limitada y de cara a la galería el artículo 155 de la tan magnificada Constitución, tal como está haciendo el Partido Popular con el apoyo del PSOE y de Ciudadanos.  Eso de poco nos va a servir. De aquí a menos de un mes volveremos a estar igual. O peor. Con los partidos políticos luchando por los votos y las prebendas asociadas, con los separatistas y populistas embaucando a la gente y con el sufrido pueblo español languideciendo bajo el yugo  de la mentira, de la manipulación en los medios, del capital de oscura y sucia procedencia, de la corrupción y la fraudulenta venta de bancos bajo mano y de la maldita unión europea, que de unión tiene bien poco… y de europea aún menos.

Resumiendo: en vez del tan castizo y patrio “Seis toros seis” que solíamos ver en los carteles de las corridas de toros, hoy en día proscritas en gran parte de nuestra querida península, por desgracia nos toca decir: “Siete pecados siete”.

Aclaración: para todos aquellos que desconozcáis de que va todo el tema de los pecados capitales (y por qué no, también para los que sois muy pecadores), aquí tenéis un buen resumen en la Wikipedia.


Al lío.

La soberbia

Que os voy a decir que no sepáis. El comportamiento soberbio de todos los líderes separatistas (como el de los golfos y guarros populistas de Podemos, pero de esos intentaré no escribir hoy, que tengo el estómago un poco sensible) está fuera de toda duda. Salvo que mires TV3%, claro está. En ese caso seguro que los pintan a todos de modestos, humildes y buenas personas. Nada más lejos de la realidad. Pocas veces hemos asistido en la historia de España a tanta chulería, tanta prepotencia, tanto clasismo y tanto racismo como en estas últimas semanas. Fuigdemont y sus múltiples y constantes sandeces e insultos, Nuria de Gispert y su
patético “¿Por qué no vuelves a Cádiz?” dirigido a la amiga Inés, o las muertes “evitadas” por el sacrificio de la plañidera Marta Rovira, por cierto hija de alcalde franquista, aunque los medios afines la llamen la “Princesa Vigatana”. Pues vaya princesa se han buscado. Con un curriculum como “para ponerse a temblar”, como bien decía Xavier Rius hace unos días. Sin olvidar a la madre superiora Ferrusola y su "el español es la lengua de los pobres y las chachas”. Soberbia es poco.

La avaricia

“En 18 meses dejaré mi escaño para regresar a la República Catalana” dijo el bufón mayor del Reino, el  despreciable Gabriel Rufián, en diciembre de 2015. Y desde ese mismo día todos sabíamos que no iba a renunciar a sus 5.947 euros brutos al mes (más 1.823 para gastos, libres de impuestos).  Al igual que su compadre, el rural Joan Tardá, que usa la burda excusa de la anexión pendiente de Baleares y Valencia para justificar lo de “estar a la sopa boba” todo el tiempo posible.

Por no hablar de los “botiflers” traidores como Carme Forcadell, el dúo Tururull o el mayor Trapero, que con tal de seguir chupando del bote han renunciado a las primeras de cambio a sus principios y altisonantes proclamas y han jurado y perjurado a diestro y siniestro, sometiéndose a cualquier ley, norma o imposición “española” con tal de no perder sus privilegios. Como se bromea por ahí solamente les ha faltado besar la bandera de España y soltarse por bulerías.

Todos ellos fieles seguidores del paterfamilias y sus cachorros, léase Jordi Pujol, su cornuda esposa y sus vástagos ladrones. Con ellos empezó todo, como se suele decir. Y sus herederos van camino de superar todo lo malo hecho por los progenitores. Gracias a Dios ya tenemos a uno en el “resort” de Soto del Real. Pero faltan los demás. Y quedan camas. Como en la ciudad de Barcelona, donde gracias a la vaga e inútil Ada Colau la “okupación” hotelera está cayendo por momentos. Otra que se merece un artículo especial. Dadme tiempo.

La lujuria

Este pecado capital quizás sea sobre el que menos puedo hablar. Tampoco es un tema en el que me quiera meter, allá cada uno con sus vicios, enfermedades y desvíos. Pero conociendo las historias del capo Pujol, que después de engendrar siete hijos (me parece que el número siete me persigue, tendré que pillar lotería con esta terminación) se echó una amante y se fue a vivir con ella al Palau, o de la esposa despechada de su primogénito, que ni corta ni perezosa destapó el flujo de billetes de 500 € hacia Andorra, que queréis que os diga. Cuando el río suena…

La ira

¿Cuántos ataques de histeria, tanto individual como colectiva, hemos presenciado en estas últimas semanas? Las caras cargadas de odio, la baba espumosa brotando de sus bocas cual las poco mágicas fuentes de Montjuich, los aspavientos, las manos alzadas, los insultos y el menosprecio a todo lo se les antojaba contrario a sus ideas, han sido por desgracia (y seguirán siéndolo, no lo dudéis) una constante en estas fatídicas jornadas que hemos pasado. Frente a la templanza, la paciencia, la contención o la mesura que han aplicado el resto de intervinientes en esta tragicomedia, hemos soportado patéticos ataques de rabia de muchos de los personajillos ya nombrados. Imposible listarles a todos. Bueno, sí que se podría. Bastaría con coger las listas electorales de los partidos “enfermos”, empezar por el candidato número uno y acabar con el de la cola. El clásico invitado estrella que por cuatro duros permite que impriman su nombre en la papeleta. Por ira. Y por dinero (ver avaricia, un poco más arriba).

La gula

Frente a la gula el valor cristiano es la templanza. Es decir, una moderación en la atracción de los placeres, con el dominio de la voluntad sobre los instintos. Anda. Me suena mucho. Y como no podría ser de otra manera, me vienen a la cabeza varias escenas harto vistas: el cambio físico del omnipresente Rufián desde que se mueve por Madrid cargado de euros, las recientes comidas del enfermo Fuigdemont y los 5 en Bruselas, las paellas en casa de Rahola con el “Let it be” de los Beatles a los postres o los recientes “encierros” separatistas en algunas poblaciones catalanas como Rubí, que acabaron en grandes comilonas a costa del erario público.
O casos extremos como las “supuestas” huelgas de hambre de frikis separatistas, con horarios de oficina en el caso de un “enfermo prusesista" barcelonés que dejó de comer entre las 10 y las 14 horas y las 16 y las 20, o el esperpéntico “ayuno a favor de los presos políticos” por turnos que tienen montado en una parroquia de Cornellá del Llobregat. Como ya puse en un tuit el pasado día 10 de Noviembre: ¡Qué originales y sacrificados! Si es lo que hacemos cada día en casa: desayuno, huelga, almuerzo, huelga, merienda, huelga, cena, huelga y repetimos”. 
En resumen, todos siguen comiendo a destajo. Es decir, pecando.

La envidia

Mucho podríamos hablar de este pecado capital, al que se contraponen en la fe cristiana la empatía y la amistad. Y no nos costaría mucho encontrar ejemplos en el quehacer, el hablar, el calumniar o el inventar de los actores de este maldito proceso separatista que nos tiene hasta los mismísimos a todos. Valgan como muestra las locuras de los nuevos historiadores, con Jordi Bilbeny al frente del “Institut Nova Història”, que conforme pasan los días acabarán convirtiendo cualquier personaje, invento, descubrimiento o hazaña de los últimos 20 siglos en algo auténticamente catalán. Como ha sucedido esta misma semana, en la que han descubierto en Burgos los supuestos restos de la casa del Cid Campeador, saltando rápidamente los acólitos de la manipulación de la historia afirmando que el Cid era catalán, como no. Historia “a lo bestia” como bien titulaba hace pocos días su artículo Luciano Alvarez en “El País”. O el otro loco que hace bien poco afirmó que la “civilización catalana” es la que perdurará en el tiempo frente al resto de culturas “inferiores”. Lo dicho. La envidia les corroe. Y visto lo anterior, les vuelve locos. Muy locos.

La pereza

Pereza me da volver cada día sobre el mismo tema. Y tener que hablar siempre de los mismos. Pero es que me lo ponen a huevo. La diligencia, el contrapunto al no hacer nada, ya no es solamente una virtud, cristiana o no. Es una obligación. No puedes pasarte toda la vida sin pegar ni sello, haciendo “pellas” como los diputados de ERC y PDeCAT en el congreso. Ay Rufián, que pecas más que un Fistro Pecadorrr (Ciudadanos, por cierto, ha pedido que se les retire el sueldo, pero por ahora el resto de grupos hacen oídos sordos: no vaya a ser que les empiecen a fiscalizar su trabajo y tengan que aportar algo a la sociedad, como hacemos los demás mortales). 
Y no queda ahí, si cogemos los “curriculum vitae” (el plural va así, que nadie se le ocurra corregirme con un curricula) de los protagonistas de esta maldita telenovela barata y zafia llamada el “Prusés”, llámense Pujol, Colau, Rufián, Ernest Benach, Tardá, Marta Rovira, Pisarello o Anna Gabriel, nos puede dar un espasmo a más de uno. Entre todos no llenarían ni el formulario inicial de Infojobs. Y ya no te digo cuantas ofertas de trabajo les aparecerían de forma automática. Por no hablar que les llamara algún cazatalentos, o headhunter como les gusta decir hoy en día a los cosmopaletos. 
Como mucho podrían recibir una visita de los Cazafantasmas. Y no les iría nada mal acabar enjaulados en una pequeña cajita, sin nada que comer, ni posibilidad de insultar, robar, inventar, envidiar, denigrar o copular.

Y no hablo de las ridículas jaulas instaladas en Vich para disfrute de unos y vergüenza de todos. 

Hablo de jaulas de verdad.

Que bien se lo merecen.

Por pecadores.


Cave, cave, Deus videt




miércoles, 8 de noviembre de 2017

Cuatro barras y un funeral

Me ha inspirado escribir este artículo esta viñeta tan bonita que lleva mi amigo Pumuky en su Whatsapp como foto de perfil. Dibujo emocional, con ese aire de infantil inocencia, que entra directamente al corazón. Pero que por desgracia se quedará en eso, en una ilusión más de que en la vida las cosas pueden acabar bien, cuando todos sabemos que los finales felices son más raros que un tuit de Gabriel Rufián con un mínimo de sentido. O de Alberto Garzón. O de Escolar. O de Junqueras. O de Fuigdemont. O de Iglesias. O de Bea Talegón. De cualquier miembro de esa piara de vividores que no dan un palo al agua pero se arrogan una superioridad moral e intelectual de la que, obviamente, carecen por completo.



Ver las cuatro barras de Aragón limpias de polvo y paja, tal cual nacieron bajo el reinado de Alfonso II de Aragón, y liberadas del lastre del nacionalismo que desde el Siglo XIX intenta reescribir la historia a su conveniencia, produce un cierto alivio, pero éste se desvanece en el momento en el que enciendes TV3, escuchas Catalunya Radio, asistes a cualquier escuela en Cataluña o intentas razonar con algún abducido separatista. Por desgracia, y ahí radica el mayor error de nuestros gobernantes, ya sean del PP o del PSOE: mientras no se combatan la manipulación, el adoctrinamiento y la reinterpretación de la historia obviando cualquier verdad y pruebas irrefutables, esa estrella fugaz que sigue manchando las barras de Aragón y con ello la “senyera” catalana, seguirá destrozando la sociedad, la convivencia, la verdad y la historia de nuestra patria.


De poco nos va a servir la limitada aplicación del artículo 155 si dejamos que las medios de comunicación en Cataluña, los cinco fugados en Bruselas (cada vez que oigo hablar de los cinco me vienen a la cabeza los libros de Enid Blyton, en especial el llamado “Los Cinco se escapan”) y el enfermo ex presidente Fuigdemont, campen a sus anchas, llenen de mentiras el ambiente y nos insulten a todos los españoles por activa y por pasiva.

Es hora de acciones contundentes, de que la justicia actúe de forma ágil, de que se impute de forma urgente a todos los cómplices de esta patraña, que se intervengan los medios “públicos” en Cataluña (lo de llamarlos públicos es de chiste cuando se trata de entes al servicio del poder separatista), que se depuren las responsabilidades en la STASI catalana (esos sucios y violentos mozos de cuadra), cuerpo policial nacido en 1983 con la única misión de servir y proteger a maquinadores y golpistas del tres al cuarto, que la juez haga su trabajo sin presiones y se detenga de una vez a Trapero, se le ingrese en prisión y pruebe por una vez su propia medicina.

Si no se toman las medidas oportunas, si dejamos que cuatro pandilleros bloqueen toda una región cuando no representan a nadie en número de votos, si seguimos tolerando que los profesores adoctrinen, TV3 manipule, la maldita Terribas engañe y Fuigdemont vomite su infecta bilis en el corazón de Europa, de nada servirá esta ilusionante recuperación de las cuatro barras aragonesas, de nuestra verdadera bandera (junto a castillos, leones y cadenas navarras), y la estrella que debía ser fugaz se quedará pegada cual esputo de un tísico en un emblema que nació para unir y crear una de las naciones más antiguas del mundo y permitió que el mayor Imperio de la historia aportase todo lo bueno que tiene la hispanidad, y con ello la catalanidad, al resto del planeta.

En caso contrario, todo acabará en un funeral. Un funeral por nosotros, por nuestra Cataluña, por nuestra patria España, por nuestra historia y, lo que es peor, un funeral por el futuro de las nuevas generaciones.


Y tristemente no nos quedarán nada más que las cuatro barras manchadas con el vómito, el clasismo, el racismo y el odio de los malditos separatistas y sus siniestras intenciones.



lunes, 30 de octubre de 2017

Ahora o nunca: por España.


Para los que llevamos más de medio siglo amando a Catalunya y con ello a España (que es lo mismo), y unos cuarenta años luchando sin descanso por unos ideales nobles y eternos, por la patria y la justicia, lo que está sucediendo estos días es una liberación. Y una culminación. Aunque en el fondo sea triste lo que está sucediendo, muy triste, Dios (o el destino) nos ha dado la oportunidad de estar en la lucha final por algo que llevamos defendiendo y gritando a los cuatro vientos desde nuestros años mozos.

Y es ahora, en este preciso y delicado momento, cuando tenemos que asumir y defender todo lo que hemos proclamado y gritado en estos decenios: lo de “España, una grande y libre”, lo de “Patria, Justicia, Revolución”, lo de “no nos engañan Cataluña es España” o lo de “Dios, Patria y Justicia”. Por poner algunos ejemplos de lemas tantas veces coreados, pintados en las paredes, impresos en pegatinas y hasta tatuados sobre nuestra piel.

Ya no valen excusas, ni finuras dialécticas, ni purismos partidistas. En caso contrario todo quedará en agua de borrajas. Si realmente estos eran y siguen siendo nuestros ideales, si verdaderamente buscamos el bien común, la igualdad entre los españoles, la justicia social y la grandeza de nuestra patria, estado, nación o lugar habitual de residencia, llamadlo como queráis, ya no caben siglas, disputas, interpretaciones complejas, anacronismos clamorosos o violencia gratuita sin ton ni son. Ni el tan usado “y tú qué, y yo más”. A la mierda con todo ello.

La lucha ya no es de bar, ni de tertulia, ni de bonitos escritos que emocionan pero no aportan, ni de elecciones bajo 30 siglas diferentes, ni de ser el más malo de la película, ni de tener más razón que el en teoría camarada sentado a nuestro lado, ni de hablar de contubernios, tejemanejes, infiltrados, de los otros y de nosotros. O vamos de la mano o se nos escapará la ocasión de culminar un sueño. De conseguir acabar con las separaciones artificiales que han acechado a nuestra Patria desde hace varios siglos. Las que bien conocéis todos. Las que han llevado a menos a España: los separatismos, los corruptos partidos políticos y la falsa lucha de clases que no esconde nada más que envidia y un egoísmo absoluto, que busca simplemente darle la vuelta a la tortilla y llegar al poder para hacer lo mismo, o cosas peores, que los actuales gobernantes.

Tomemos como ejemplo los discursos de ayer en Barcelona. Aunque nos duela por quien los ha pronunciado.O nos cueste asumirlo. Los de Borrell y Frutos. El excelente de Freixas. Los parlamentos de todos ellos. Aunque en nuestro egoísmo y terrible complejo de superioridad queramos seguir montados en nuestro caballo blanco, el más puro y blanco de todos, el único y verdadero, el de la salvación definitiva de esa España que tanto decimos querer.

Abramos los ojos, miremos a nuestro alrededor, aportemos nuestros millones de granos de arena a esa causa común que tanto decimos querer. 

Luchemos por España. Aquí y ahora
.
Tiempo nos quedará a algunos (si no fallecemos en los próximos años), o en su caso a nuestros hijos y nietos, de avanzar y culminar esa obra majestuosa que es la lucha por unos ideales. 

Porque bien sabemos todos que después de salvar a España (ahora o nunca), aunque sea bajo un sistema pseudo-democrático que no nos gusta, aceptando una corrupta partitocracia que conocemos y por eso detestamos desde pequeños, manteniendo a reyes felones que no nos van ni nos vienen, aguantando a una falsa Europa en manos del capital, del sionismo, de la masonería y de los enemigos de las Patrias (sobre todo de la nuestra), sabemos que quedará mucho por hacer.

Y tampoco sería justo dejar todo arreglado a las generaciones que nos siguen. Ni justo ni posible. Ellos también querrán aportar algo. Y nosotros no vamos a poder arreglar el destrozo de tantos siglos en un par de semanas o meses. Por una vez seamos maduros, en línea con nuestra edad, dejemos las chiquilladas y el egocentrismo, ayudemos a la sociedad, a Cataluña, a España, en estos momentos críticos, demos ejemplo y usemos nuestra madurez, nuestros conocimientos, nuestro oficio, nuestras virtudes, nuestro amor por España que tantos años ha madurado en nuestro interior, y trabajemos unidos por esa grandeza que soñamos y que tiene que llegar.

Los que me conocéis sabéis bien lo que cuesta escribir todo esto. 
Lo que odio a los partidos políticos. 
Lo que detesto a los Borbones y su maldita sangre. 
Lo poco que creo en este absurdo y falso sistema político. 
Pero no hay vuelta de hoja.

Es ahora o nunca. Y lo sabemos todos. Hasta yo.







lunes, 9 de octubre de 2017

Dame unas Ray-Ban y me harás feliz (BCN, 8 de Octubre 2017)


Una crónica del 8 de Octubre.

Como suele ser, el título de un artículo, novela, obra de teatro, estudio o ensayo intenta resumir el contenido del mismo, dar una pista sobre lo que sigue o bien buscar la sorpresa y la curiosidad del lector. Como en un eslogan publicitario o en un lema de campaña. En mi caso la inspiración ha sido doble: por un lado un final de jornada emotivo con unas gafas Ray-Ban volando por los aires en otoñal alegría delante de la Delegación de Gobierno en Barcelona con las Fuerzas de Seguridad del Estado mirando entre incredulidad y divertida complicidad y por otro lado un artículo en "El Mundo" del como siempre genial Pepe Albert de Paco sobre la manifestación de ayer, en el que por pura casualidad aparecen otras gafas Ray-Ban en un contexto similar.

Ocho de octubre de 2017, en Barcelona, Cataluña, España (no añado Europa por el nulo aprecio que tengo a esa ruin unión económica destructora de la auténtica civilización Occidental. Tema sobre el que hoy no quiero escribir para no estropear el momento).

Ocho de octubre de 2017, fecha de la que sin duda se hará pingüe uso (corrijo, ya se está haciendo) con buenas y menos buenas intenciones. Como en su momento con el “Espíritu de Ermua”, al que el Partido Popular ya quiere equipar con el 8-O, algo nada sorprendente y que acabo de ver en la prensa. Ya estamos. Es quizás lo único negativo que diré del día de ayer, pero tengo un extraño retortijo en mis entrañas de que la euforia sentimental inicial y el uso interesado de la jornada acaben en los anales de nuestra historia como otro bonito intento de salvar a España (y van tantos), impulso que a los pocos meses se diluye como cualquier juvenil amor de verano. 
Ojalá no sea así y se convierta en un amor sincero, adulto y longevo. Y no digo eterno porque bien sabemos que amores de esos existen pocos. Y menos con tantos intervinientes y tantos intereses externos.

Tras una decisión nocturna y repentina de asistir al acto de Barcelona y encontrar de milagro una plaza en autocar gracias a las redes sociales, al amigo Nacho y sobre todo a la existencia de un sorprendente grupo en Facebook creado el 3 de octubre, hace apenas 6 días, para promocionar el acto del 8-O. Grupo que a día y hora de estar escribiendo estas líneas tiene 386.148 miembros. Y en este caso no hay hackers rusos usando bots para manipular los datos, no es TV3% hablando de la asistencia a un acto de la ANC, ni son los perfiles falsos de Podemos inundando las redes con machacones mensajes hasta cansar o subyugara al personal: es decir, manipulando. 

No señores, son personas reales. Como tú y yo. Habitantes de Cataluña. Y de España. Que viene a ser lo mismo. Que ya cansa lo de hablar de catalanes por un lado y españoles por otro. Son catalanes por un lado y otros españoles por el otro. Que ser catalán es ser español. Como lo es ser gallego, extremeño, vasco o madrileño. ¿Cuesta tanto asumirlo? Y ya no digo entenderlo. Bien sabemos que hay mucho lumbreras por ahí que no tiene esta capacidad intelectual. Y no quiero nombrar a los rufianes. Todos los conocéis.

Un duro viaje nocturno, entre extraños (a excepción del amigo Nacho, más las nuevas amistades (encantado Oscar) que nacieron en la última fila del autobús, para mí el lugar tradicional en cualquier desplazamiento, mezcla de confesionario, púlpito y refugio) y con un chófer o bien cansado o bien poco preparado para un viaje nocturno, dando intermitentes bandazos y que acabó comiéndose una señal y dejar el frontal del autocar con mejor aspiración que cualquiera de los últimos coches de Fernando Alonso, la aventura culminó con una entrada festiva por la Diagonal, sonando los clásicos de cualquier evento lúdico/patrio con el añadido del Mediterráneo de Serrat. Canción y persona que a mí personalmente no me dicen mucho, y menos en este entuerto y a estas alturas, pero que tampoco voy a criticar ahora cuando está en camino de convertirse en el himno de esta nueva revuelta patria. 

Solamente falta que hagan una remasterización y saquen un doble CD con los “Mayores éxitos democráticos” para ganarse unos doblones, con perlas como “Libertad sin ira” de Jarcha, el “Habla pueblo habla” de Vino Tinto y la imprescindible y cansina “Puerta de Alcalá” de Ana y Victor. Aderezado todo con el himno del PP como Bonus Track.  Y no quiero ser malpensado. Hoy no. Mañana, Dios dirá.

Pero todo cambió. De la noche al día. De la oscuridad entre extraños al brillante sol barcelonés entre amigos, camaradas, jóvenes, menos jóvenes y también las futuras generaciones españolas en sus cochecitos acompañando a sus ilusionados padres. Como la guapa Candela y otros cientos o miles (2 o 3 decenas según TV3%) de niños y niñas de Cataluña. Y en el recuerdo todos los que nos han dejado y que hubieran disfrutado del día con y como nosotros. Hermanos, abuelos, padres, amigos y camaradas que no han podido disfrutar de una jornada inolvidable. Como Marc Bonastre, Carlos Oriente, el pequeño pero gran padre de Rocío y también el mío, fallecido hace un año y que a su manera me imbuyó el amor a España, su diversidad y sobre todo su unidad. Seguro que todos ellos hoy sonríen un poco más, allá donde estén.

Como no podía ser de otra manera partimos de la Plaza Artós de nuestro querido barrio de Sarriá, punto de encuentro y cuna del levantamiento popular contra los enemigos de Cataluña, de España y de la sensatez. Como si fuera Móstoles un día cualquiera del mes de mayo. Y como bien glosó hace unos días mi estimado Juanjo en su artículo sobre los “Héroes de la Plaza Artós. No hace falta que añada más a lo que él escribe. Claro y sobre todo real. Muy real. 

Tan real que la bajada desde la zona alta de Barcelona hasta confluir con el resto de los miles de manifestantes (de cifras ni pienso hablar, estoy por encima de trileros y manipuladores. So many steps beyond) fue de los momentos más emotivos vividos en los últimos años. Centeneras de jóvenes acompañados por algunos adultos (como yo mismo) que nos debatíamos entre el estupor, la sana envidia y el orgullo de poder formar parte de esta explosión popular por la que hemos luchado tantos y tantos años. Una reacción que nace de la verdad, de la pureza de los sentimientos, la alegría desbordante de la juventud y la cultura e inteligencia de la que por desgracia otros tantos carecen.
IN - INTE- INTELIGENCIA. Un grito que desconocía, coreado durante el precioso paseo por lo que antaño fue mi cuna, mi barrio y mi vida y que me hizo sonreír y añadirlo a mi repertorio de forma inmediata. San Juan Bosco, la Diagonal, Francesc Macía (oficialmente, aunque siempre la llamaremos Calvo Sotelo), más Diagonal, saludos a voz en grito al Grande de España y tan poco español Conde de Gódo que tan poco ha hecho y menos está haciendo por España, encuentro con más amigos en el cruce con Aribau y unificación con los millares de manifestantes en el Paseo de Gracia. Como bien dijo Nacho: “Vaya puta locura”.

Cantando sin parar los ya conocidos “En pie, si eres español”, “Catalunya es España”, “Catalanitat es hispanitat”, “Yo soy catalán, catalán y español” y el básico, necesario y legalmente exigible “Puigdemont a prisión” (¿Inane Rajoy, a qué demonios esperas?) los 4,5 km de caminata con esta columna de jóvenes luchadores por la normalidad, la sensatez, el respeto y la tan clara y mayoritaria hispanidad de Cataluña fueron eso, una bendita locura.



Por no hablar del reencuentro con tantas y tantas personas queridas. 
Como era de esperar fue imposible abrazar y besar a todos (ni a mi propia familia que andaba unida por las calles de nuestra ciudad y a la que pidiendo disculpas tengo que saludar desde aquí), ni tomar las preceptivas cervezas y recuperar en tan pocas horas los 6 años de ausencia, solamente interrumpidos por cortas y muy esporádicas visitas.

Gracias a Dios, y pese a haberme quedado con las ganas de poder reencontrarme con muchos más de mis amigos, el resto de la jornada con Alberto, Paco, Carlos, David y Rocío fue tan bonito como las impresionantes estampas de mi querida Barcelona teñida de rojo y gualda y las cuatro barras.


Y para rematar, el reencuentro (que ya relato al principio) con mi “sobrino” Manel,  puso el broche de oro a un día inolvidable. Abrazados delante de la delegación del gobierno, con las Ray-Ban volando por los aires y estrellándose en el suelo ante la incrédula, risueña y cómplice mirada de policías y Guardias Civiles que llenaban las aceras y las terrazas vecinas, la realidad superó cualquier sueño.

Estaba en Barcelona, el sol brillaba, la gente sonreía, cantaba, bailaba y gritaba “Viva España” y “Visca Catalunya”, como algunos llevamos haciendo desde hace tantos años. Pero con una gran diferencia: estaba vez estaba rodeado de miles, cientos de miles de personas. De aquí y de allá. Sobre todo de aquí. Por mucho que los adoctrinadores de siempre quieran manipular la verdad. Y usen fotografías de otros años y otros actos. Y censuren, corten y tergiversen. Me la trae al pairo. Los conozco. Son los de siempre. Los malos.

Como malos son los partidos políticos que ya están haciendo suyo este movimiento popular nacido en la mayoría de los hogares catalanes que han dicho basta al racismo y a la imposición de mentiras,  disfrazándolas de históricas y mayoritarias, con la bien engrasada maquinaria del poder del 3% y sus politizados y vendidos medios.

Para no nombrar al patético e impresentable titiritero Pablo Iglesias apareciendo por Barcelona sin que nadie le hubiera invitado. A medrar y mentir como siempre. Así le fue a su vuelta en el AVE. “Ratas a la carrera” como acertadamente se titula un tuit que muestra el vídeo en el que se ve al maldito intoxicador corriendo y escabulléndose por la estación del tren ante el acoso de la verdadera España a la que no ha conseguido engañar.

Y, por favor, no nos olvidemos de una cosa: esta manifestación no la organizaron los partidos políticos. Ni Ciudadanos, ni el PP, ni el PSC ni nadie.

Fue la sociedad civil, el pueblo español, el de Cataluña y el del resto de España, que se levantó diciendo hasta aquí hemos llegado. Como en Móstoles. Como en el Bruc.

Y que llenó las preciosas calles de la Ciudad Condal de vida e ilusión. De valor y de inteligencia. De banderas de amor y no de odio. De todo lo que no aportan los otros, los de la imposición del pensamiento único, las mentiras y los intereses ocultos cubiertos por sucias banderas de latrocinio y traición
.
Seamos pues ingenuos. Cual jóvenes enamorados. Soñemos con la alegre primavera que a inicios de otoño nos ha deparado esta jornada inolvidable, como bien la ha definido mi amigo Miguel Angel.

Mañana ya despertaremos.


P.D. Un agradecimiento especial a todos los catalanes de corazón de otras partes de España que nos acompañaron en este despertar del seny. Y de la verdad. Y a los anónimos organizadores de los intempestivos pero necesarios viajes a mí querida ciudad natal.









martes, 3 de octubre de 2017

Cataluña: un estado de mendacidad permanente

Busco un centro de gravedad permanente
que no varíe lo que ahora pienso
de las cosas, de la gente,
yo necesito un
centro di gravità permanente
che non mi faccia mai cambiare idea
sulle cose, sulla gente.
Over and over again.

Cuando el bueno de Franco Battiato publicó esta canción, en el año 1981 del siglo pasado, nuestra querida Cataluña ya tenía al lobo en casa. Desde el fatídico 25 de octubre de 1979, día en el que las inocentes y ciegas ovejas catalanas aprobaron el Estatuto de Sau con un 88,15% de los votos (eso sí, con una participación que no llegó al 60%), hasta hoy, año del señor de 2017, la mentira, la manipulación y la expoliación han regido en nuestra región, sin que nada ni nadie lo haya impedido, o peor aún, lo haya querido impedir.
Y cuando, en octubre de 1979, un hombre nefasto, que se llama Jordi Pujol i Soley, accedió al cargo de President de la Generalitat, dejó de ser la verdad política una entidad permanente. Y no solo la verdad política: también la economía y la historia pasaron a ser simples herramientas de manipulación y explotación del pueblo catalán, y por ende español, en manos de una clase dirigente que ni George Orwell hubiera sido capaz de imaginar.

Hablamos pues de 38 años, TREINTA Y OCHO, dos más de lo que duró la tan manida (y tergiversada y vilipendiada) “dictadura” de Francisco Franco. Atención: aquí no estoy defendiendo el régimen anterior. ¡Válgame Dios, no vayan a llamarme facha! Simplemente lo he dejado caer para que algunos abran los ojos, se los froten un par de veces y se den cuenta del tiempo que llevamos viviendo bajo un régimen tóxico, falso, manipulador, reaccionario, intolerante, racista, clasista y, sobre todo, anticatalán.

Cuando en ese fatídico año 1979 una parte del pueblo de Cataluña cometió la torpeza de dejar en manos de los “nazionalistos” el destino de una de las regiones más prósperas y trabajadoras de España, el suicidio colectivo fue un hecho, y el camino quedó libre de obstáculos para que unas cuantas familias de la burguesía catalana tomaran las riendas de nuestra tierra e iniciaran la explotación sistemática de la población, disfrazando todo ello con rebuscadas leyendas, una historia manipulada, bancos opacos, herencias inexistentes, palabras huecas, banderas inventadas o partidistas, clubes de fútbol utilizados, himnos sensibleros, bailes regionales rescatados del olvido y demás estrategias de manipulación tan clásicas en cualquier dictadura.

Las prisas que se dieron en conseguir las competencias en educación y en crear un monstruo de la comunicación como la CCRTV (la empresa matriz de TV3%) tenían un claro objetivo: lavar el cerebro a las generaciones del presente y del futuro. A las del presente con un bombardeo continuo de mentiras y medias verdades, remarcando a cada segundo la maldad de los de “fuera” (sobre todo de Madrid como símbolo de España), y a las proles del futuro con un sistema educativo sin rigor, tergiversador de la historia hasta límites insospechables.

No voy a seguir describiendo estos terribles 38 años. No creo que haga falta. Ahí están las hemerotecas, los estudios, los libros, las sentencias judiciales, el listado de corruptos, encausados y presos por regiones, en definitiva, la desgraciada historia de Cataluña. Saltaré directamente a nuestros días. 

A hoy, 3 de octubre de 2017, dos días después del enésimo golpe de estado separatista. Un golpe de estado que la bien engrasada maquinaria de la dictadura nazionalista ha sido capaz de vender al dócil y sometido pueblo catalán como un referéndum hacia la libertad, y a algunos medios extranjeros como si hubiera sido una petición real y mayoritaria de una población que sufre un durísimo calvario bajo el yugo explotador de España.



¿Catalanes, cómo podéis ser tan ingenuos?

¿En una sociedad tan global, conectada, con un acceso ilimitado a todos los medios del mundo, a los libros de historia, a hemerotecas, a universidades…no sois capaces de investigar un poco, de utilizar vuestro intelecto, de analizar lo que os dicen antes de creeros todo a pie juntillas cual niños de primaria?

Amigos míos, familiares, ex-familiares, conocidos: cuántos de vosotros habéis caído ya bajo los influjos de la burundanga nazionalista y estáis realmente convencidos de lo que predican los mangantes nacionalistas.




¿Cómo puede ser que no veáis lo que está pasando, lo que traman en sus pérfidas mentes los dirigentes actuales?

Sois simplemente la carne de cañón, las ovejas que utiliza el lobo disfrazado de pastor para seguir llenando sus bolsillos a costa vuestra. O, si no puede seguir llenándolos porque dentro de unos meses se acaba el secreto bancario en Andorra, por lo menos mantener lo que ya ha arramblado en estos negros 38 años de falsa libertad, de haceros “somiar truites” mientras se llevan vuestro dinero ganado a pulso con sangre, sudor y lágrimas, para llenar sus inmensas y malolientes arcas.

Imputados por corrupción por regiones
Como hicieron antes sus padres, abuelos y bisabuelos. Traficando con esclavos en épocas pasadas, vendiéndose al mejor postor a cambio de valiosas competencias posteriormente y directamente robando a destajo en los últimos años a base de comisiones, desfalcos y demás latrocinios.

Desafiando a la justicia, a la razón, utilizando todos los resortes del poder para ocultar la vergonzosa realidad.

Enviando sin miramientos al matadero legal a ciudadanos, profesores, policías, funcionarios y políticos subordinados. Riéndose a vuestras espaldas mientras cuentan sus doblones en paraísos fiscales.

¡Catalanes, despertad!
¡Entrad en batalla al grito de “Desperta Ferro” como hicieron en épocas gloriosas los almogávares!
¡Entrad a degüello, liberaos de la dictadura nacionalista, sed catalanes, españoles y europeos de verdad, sed libres!

Vivo en un estado de mendacidad permanente
que no varíe lo que ahora tengo
de las cosas, de la gente,
yo necesito un
centro di falsità permanente
che non mi faccia mai cambiare idea
sulle cose, sulla gente.

Over and over again.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Seguimos caminando

Por límite el horizonte
Y por frontera la mar
Por no tener ni tengo norte
Y no sé lo que es llegar
El caso es andar
(Cecilia, 1973)



Un año más, y suman ya dieciocho los tramos del Camino de Santiago iniciados, sufridos y acabados. Lejano queda el primero, en el año 1999, con mi madre recién fallecida, su esquela en la mochila, graves e insuperables problemas matrimoniales a punto de quebrar una relación que no pudo ser como hubiera deseado (¡mea culpa!) y ese primer contacto con el polvo, el sufrimiento, el paisaje y la historia de un milenario camino de peregrinación. Y como cada año, la siempre corta caminata, unos 145 km este año, ha estado plagada de anécdotas, experiencias y, sobre todo, de ese sentimiento de libertad, de liberación de la carga del día a día y de una necesaria introspección buscando ese sentido de la vida tan intangible y misterioso como los méritos de Mariano Rajoy el inane, Pedro Sánchez el limitado, Gabriel Rufián, Puigdemont, Iglesias, Echenique, Monedero, Colau o cualquiera de los demás personajillos que cobran un sueldazo y viven a cuerpo de rey sin aportar nada a la sociedad. A no ser disgustos. Y generando al mismo tiempo graves enfrentamientos sociales.

Este año mis espaldas tenían que soportar pues una carga adicional: la situación política y social en mi patria chica, Cataluña, y por ende en mi querida España, pesaba como una losa en la como siempre demasiado cargada mochila. Y sigue pesando.
Malditos sean los manipuladores que con tal de esconder sus vergüenzas y ocultar sus latrocinios son capaces de destrozar una gloriosa historia común! 
Y pobre la juventud adoctrinada que sigue al mentiroso pastor cual oveja alelada sin darse cuenta que al final del camino lo que hay es un precipicio sin fondo.

Andando por lo tanto por la vega del río Tera, principal afluente del Esla que a su vez nutre de agua al majestuoso Duero, este año partimos desde Montamarta, localidad zamorana muy cercana a la capital de la provincia, con la Puebla de Sanabria como meta. Hablo en plural ya que volvía a disfrutar de la siempre agradable compañía de Edu, al igual que el año pasado (y esperando que en el futuro sigamos compartiendo penas y alegrías, cervezas y vinos, ruidos y silencios, conversaciones y discusiones… y hasta enfados).

Y empezó todo en un taxi que nos acercó desde Zamora hasta el punto de partida, taxista “piratilla” por cierto que se saltó el turno del compañero al que habíamos llamado y usurpó su puesto para ganarse unas perras. La clásica “picaresca” española que tanto me gusta citar en mis artículos como un ejemplo más de la falta de valores en nuestra sociedad. Porque aunque la primera acepción de pícaro en el DRAE sea la de “listo y espabilado” bien sabemos todos que en la mayoría de los casos hay que aplicar la segunda acepción, que reza: “tramposo y desvergonzado”. Como los políticos impresentables citados anteriormente. Buscando el beneficio propio a costa de los demás. Como el taxista.
Sin hospitalero que nos recibiera y con casi todas las camas ocupadas, nos instalamos, paseamos por el pueblo para hacer tiempo, compramos lo necesario para una cena ligera y conocimos a Félix y Javier, ambos residentes en Quintanar de la Orden, veteranos peregrinos y personas interesantes con las que conversar y compartir anécdotas y conocimientos. No puedo decir lo mismo de un friki peregrino, de esos que como bien dijo Javier parecen feriantes con todo lo que llevan colgado al cuello o de la mochila. Buscando protagonismo y sabiendo todo mejor que los demás, su destino estaba escrito: quedarse solo. De madrugada le cayó una buena bronca de parte de una chica a la que despertó con su té a las 4:30 de la mañana, con un ¡te odio! que resonó en todo el albergue, y también nosotros decidimos al final de etapa hacer un quiebro, cambiar el destino y con ello no tener que volver a compartir techo con él.

Nuestra salida a la primera etapa no pudo ser más desastrosa, dejando el dicho español de “a quien madruga Dios le ayuda” en agua de borrajas (originalmente cerrajas según estudiosos lingüistas). Empezamos a andar a las 6:20 de la mañana, pero por desgracia, y a pesar de mi guía, la brújula y la en teoría fácil orientación mirando el firmamento, en vez de ir hacia el norte fuimos andando en círculo, lo que añadió unos 6 km a una primera etapa que presumíamos fácil y cómoda. Suerte que Edu tuvo la sensatez de parar en seco nuestro deambular sin rumbo (el “no arrow no way” acabaría siendo un lema del Camino de este año), dimos marcha atrás y retomamos el camino correcto a los pies de una antigua fortaleza de la Orden de Santiago. De ahí a Fontanillas de Castro fueron unas largas tres horas esperando encontrar un bar anunciado en las guías pero, maldito día llevábamos, la posada estaba más cerrada que la mente de Irene Montero. Dentro de la desgracia por esta vez nos sonrío la diosa fortuna y justo cuando íbamos a retomar la marcha, hambrientos y sedientos, apareció la propietaria, limpió el local de los excesos de la noche anterior y nos sirvió un refrigerio a base de bocadillos y cervezas. ¡Alabados sean el Señor, el bocadillo de lomo y la Mahou bien fría!

Saciados y descansados seguimos hasta Riego del Camino, tomamos unas cervezas con nuestros conocidos Félix y Javier y decidimos seguir la ruta normal hasta la Granja de la Moreruela y ahí tomar un taxi, desplazarnos hasta Tábara (ya habíamos barajado esta población como meta inicial) y dejar atrás dicho pueblo, sus fiestas, su poco afamado albergue y sobre todo al friki nombrado anteriormente. ¡Sabia decisión supongo, aunque nunca sabremos cómo hubiera sido a la inversa! De nuevo tiramos de taxista pícaro (en este caso ya ni era taxista sino un simple lugareño que nos oyó hablar y se ofreció a llevarnos por unos módicos 25 euros hasta destino. Un euro por kilómetro parecía ser la tarifa oficial de la región (igual que el precio de un botellín). ¡Asín si, como ya decía Edu el año anterior! La llegada a Tábara nos sorprendió con la procesión de la Virgen del Carmen, elegimos el albergue privado que incluía la cena por 15€ , aguantamos la bronca de un peregrino por dejar la mochila en la cama, mientras nos duchábamos desapareció una pareja que ya estaba instalada (intuimos que era la misma chica enfadada del día anterior…, al parecer un poco antropofóbica), paseo, preciosa iglesia románica en un región con claro pasado templario, cena en el albergue viendo una parte del partido del Madrid, llegada de unos gabachos y una holandesa sudorosa y hasta maloliente, y poco más. Disfrutamos de una noche tranquila y a las 7 de la mañana ya estábamos en pie para seguir nuestra aventura. Ni 24 horas llevábamos en marcha y ya había pasado de todo un poco. Cosas del Camino y de la cercanía intensa y continuada con extraños y en un ambiente desconocido. Como dirían psicólogos, tutores o entrenadores (ahora llamados coach por aquello de la modernidad): estábamos claramente fuera de nuestra zona de confort. Como Arturito Mas contando anonadado sus ahorrillos para enfrentarse a la multa de más de cinco millones de euros que va a tener que apoquinar en breve. ¡Por listillo! ¡O mejor, por ladrón! 
(Como bien describe J.M. Nieto en su viñeta de ayer)
La segunda etapa empezó de maravilla, de aquellas etapas que no se olvidan: sin asfalto, naturaleza exuberante, sin cobertura en los móviles y en un silencio absoluto cruzando una sierra en la que igual aún se escondían “antiguos maquis y hasta sefardíes” (esta frase la soltó el taxista de la víspera, será cosa de la soledad y del vino de la región. 
Al oírla me vino a la memoria la escena del ermitaño en “La Vida de Brian”. Eso sí, con bandera roja y negra y soltando la letanía del “no pasarán”). Llegamos a Bercianos a las 11:15. Ni tienda ni bar social. Edu se apresuró a escribir en mi bloc: Your guide is a fucking shit.  ¡Gracias por apreciar mi trabajo y la buena intención! Pero como Dios es justo, a los pocos segundos de sentenciar mi trabajo con su tajante frase apareció la amiga olorosa holandesa (se presentó como Mandy) con una lugareña que portaba las llaves del local social, nos abrió y pudimos disfrutar de un refrigerio a base de queso y las omnipresentes cervezas (en todos lados frías a más no poder, algo sorprendente pero de agradecer). Los amigos Félix y Javier también se unieron, dimos algo de comer a la holandesa (daba la sensación de que no gasta ni come nada), y al rato salimos para rematar el día, llegando a Santa Croya de Tera a las 13.40. La hospedería de esta etapa se llamaba Casa Anita y nos recibió la simpática Conchita en un albergue / hotelillo rural muy bien montado pero exagerado en tamaño y servicios para el entorno y la afluencia de peregrinos (hecho confirmado posteriormente por la propietaria que nos comentó que lo dejaba después de 18 años, que no era rentable). Comida a base de platos combinados en el “Chiringuito”, sorpresa por la cantidad de agua y el espléndido campo de fútbol con una hierba que envidiaría cualquier equipo de primera, y por fin se nos ocurrió un nombre para la banda: “Conchita no tiene …”. Lo dejo ahí, no creo que haga falta entrar en detalles.


Paseamos hasta la vecina Santa Marta, que alberga en la fachada de su iglesia la que dicen que es la representación  más antigua de Santiago Peregrino de España (afirman que es del Siglo XIII, aunque a nosotros nos pareció bastante más moderna, o como mínimo restaurada), y de vuelta al centro. Compramos algo para cenar, las guapas hermanitas hospitaleras nos prestaron una guitarra y le dimos un poco a la música. Aunque la fiesta quedó interrumpida por un nuevo episodio de falta de higiene de los bárbaros del norte: apareció una señora holandesa de unos 65 años llena de picaduras de chinches, quejándose de los albergues y reclamando ayuda para limpiar su equipaje. Lo que tendría que hacer es quemar el saco de dormir y dejar de transportar a los bichitos de albergue en albergue. Para rematar, la soberbia de un holandés que la acompañaba llegó hasta el punto de llamar a unos amigos farmacéuticos en ¡Noruega! para que nos instruyeran en cómo se eliminan los/las chinches (mientras tanto iba vacilando, detallando las varias carreras que tenía y lo bien que tocaba y cantaba el “Let it be” de los Beatles. Patético.). Edu dejó caer un muy acertado: “Pues haber estudiado biología (por lo de los chinches)”. Como si España fuera un país del Tercer Mundo en el que la higiene brilla por su ausencia. Tendría que haberle recomendado echar una mirada a las estadísticas de ventas de productos de higiene personal en los diferentes países europeos. Se hubiera llevado un buen chasco. Maldito engreído (y no sería su única salida de tono como se verá más adelante). Otra solución sería que se juntaran todos estos sucios del norte con las chicas de la CUP de Barcelona y se dedicaran a olerse el sobaquillo en sucia hermandad. ¡Dios me perdone por estos insultos, pero por sus aires (y olores) se lo merecen! Aguantar la prepotencia holandesa en mi propia tierra es para añusgarse. ¡Viva el Duque de Alba!



Y vamos a por la tercera etapa. ¡Solamente habían pasado 3 días desde el inicio de la aventura anual y las anécdotas y vivencias se acumulaban! Que enriquecedora diferencia frente a la monotonía del día a día en la gran ciudad. Claro que es algo no apto para todos los públicos: ruidos, olores, incomodidades, sed, hambre, dolor, hastío, impaciencia…, sentimientos a los que los urbanitas no estamos habituados. Pero que al mismo tiempo son fuente de muchas enseñanzas. A determinados personajes (a esos que insulto a menudo: los malditos políticos que se están cargando nuestro país con sus mentiras, sus comisiones, sus robos descarados o sus iluminadas teorías sobre naciones milenarias y diferencias raciales entre iguales) les iría pero que muy bien pasar unos cuantos días sufriendo bajo el peso de una mochila, compartiendo aseos con desconocidos y durmiendo en literas inestables. Otro gallo nos cantaría si conocieran en primera persona lo que significan el esfuerzo, la paciencia, la tolerancia, la solidaridad y la generosidad.

A las ocho de la mañana ya estábamos en camino, sabedores que hasta las 11 de la mañana no habría tregua ni lugar donde repostar. Por fin, en el bar La Trucha de Olleros, hicimos parada y fonda y nos juntamos con Astérix y Obélix. Al final acabé bautizando de esta guisa (con todo cariño) a los compañeros Félix y Javier. Objetivamente tienen un aire a los famosos galos del cómic, tanto físicamente como por su carácter.  Después de un desayuno nada frugal (tortillas y embutidos del lugar) seguimos hasta Villar de Farfón, con un tramo de asfalto duro donde los haya, donde hicimos un pequeño receso en un curioso albergue en medio de la nada, regentado por un joven sudafricano (Craig) muy creyente (por no decir integrista: el albergue se llama Rehoboth, nombre de un pozo que se nombra en el libro del Génesis del Antiguo Testamento). Sin tiempo ni de disfrutar del refresco que nos ofreció el hospitalero a cambio de la voluntad me vi inmerso en una conversación sobre la posibilidad de la resurrección física y la fe en general. Suerte que llegaron los galos y emprendimos la marcha al poco rato. El resto de la etapa fue por un precioso camino boscoso, en el que un zorro cruzó nuestra senda, y hacia las cuatro de la tarde llegamos a Rionegro del Puente, con un albergue muy bonito pero escaso en duchas y aseos (como en la mayoría de los casos), y localidad sede de la Cofradía o Hermandad de Nuestra Señora de la Carballeda. Los historiadores consideran a esta hermandad una de las primeras del Camino, y sitúan sus orígenes entre el siglo XIV y XV. Los miembros se llaman los “Falifos”, cuyo origen parece ser una prenda que se destinaba a la venta para recaudar fondos para la cofradía. Hasta aquí llega lo que pude entender, si estuviera Astérix / Félix seguro que ampliaría la historia con más detalles. Algo que hacía con casi todo lo que veíamos o hablábamos, era una fuente de conocimiento que daba placer tener al lado. Poco más dio de sí el día: paseo, cena de menú muy correcto en el bar Palacio y a descansar.

Llegado el miércoles nos levantamos al alba y a las 7 ya estábamos andando. La noche anterior nos anunciaron que el albergue previsto inicialmente en San Salvador estaba cerrado, por lo que nos enfrentamos de nuevo a una etapa larga, de más de 28 km. A las 9 desayunamos en un hotel de carretera en Mombuey (que Edu conocía de algún viaje anterior), y aprovechamos que había negocios abiertos para comprar lo necesario para cocinar en el siguiente albergue (o en el que tocara). Después de hora y media bastante tranquila paramos en un bonito pueblecito a dar buena cuenta del pan, las cervezas y el chorizo que llevamos a cuestas y coincidimos con una nueva pareja de peregrinos, esta vez alemanes, que iban con toda la calma del mundo disfrutando el paisaje. Al rato cruzó delante de nosotros, a menos de 50 metros, un nutrido rebaño de corzos (más tarde, al volver a estar los cuatro juntos y tener yo mis dudas consultamos en el DRAE las diferentes denominaciones de grupos de animales: manadas, bandadas, rebaños.. y piaras (la única que tenía bien clara: “manada de cerdos o de políticos”). Creo que desde la última vez que fui a un Safari Parc no había visto tantos animales salvajes juntos. Y eso debió ser por los años 70 del siglo pasado.  Un poco más adelante vimos a lo lejos a un anciano francés (82 años), al que apodaba Gimli por su estatura, y que comenzó a tambalearse con una mochila que medía casi lo mismo que él. Interesándonos por su estado nos comentó que no podía más, que llamaría a un taxi en el siguiente pueblo y que se retiraba. Pobre hombre. Echamos una mirada a la iglesia del pueblo y conversamos brevemente con un cura sacado de los comics de antaño: fuerte como un roble y multón como un Guardia Civil. ¡Que si por qué llevo un tatuaje, que cómo es que un madrileño y un catalán se hablan! Miedo me daba imaginar sus homilías, y así debían sentir todos los habitantes de la aldea, ya que pese a ser miércoles acudían en masa a la misa de 11. Despachado el último tramo llegamos al albergue / polideportivo de Asturianos hacia las 12; ahí nos estaba esperando Obélix, ya que por seguir lesionado había tenido que volver a usar un transporte mecanizado para cubrir la etapa.

Al rato se fue llenando el refugio, situado en un paraje precioso, con un inmenso roble en la puerta, un campo de tiro y hasta un frontón de tamaño reglamentario. Se nota (como bien nos comentaron los lugareños en varios bares) que por aquí hay dinero. Y bastante. Preciosas y cuidadas casas e instalaciones deportivas dignas de villas de mayor tamaño. La ya conocida holandesa de los bichos, bautizada Mama Chinches desde el día anterior, apareció también con sus antipáticos acompañantes, y siguiendo su pesada obsesión vació toda su mochila en el césped dejando que los chinches se desperdigaran por todos lados. Y encima se le ocurrió pedir a la propietaria del bar si podía dejar el saco de dormir en la nevera de los helados para rematar la plaga. ¡Anda ya! Suerte que cacé al viento sus intenciones y me chivé a la posadera, que me sonrió agradecida. El enemigo holandés volvió a soltar una de sus impertinencias: ¿Lo de tener los pies heridos es una tradición española?, sin que me dignara en recordarle todas las derrotas sufridas por su “pueblo superior” a manos de nuestros míticos Tercios de Flandes. Ni lo entendería. Ni valía la pena. Que siga con sus chulerías y sus chinches. Que a todo cerdo le llega su San Martín. O su Ambrosio Spinola como en Breda.


Cenamos, discusión absurda con Edu, de esas que no sabes ni a qué vienen, y pasadas las 9 ya me fui a descansar. Ya solamente nos quedaba una etapa, y para variar me sabía a poco lo vivido. ¡El año que viene haremos lo posible para alargar el tramo! Por lo menos es nuestra intención.

Ya era jueves, día de la última etapa. De Asturianos a Puebla de Sanabria, un paseo de poco más de 15 km. A las 7 estábamos en pie, y a las 8 caminando por la santa tierra española (al no abrir el bar del pueblo optamos por ir tirando). Me alejé del grupo y me hice toda la etapa en absoluta soledad. Supongo que se debía a la pequeña discusión de la noche anterior. O quizás al bajón por saber que se acababa el Camino de hogaño. O a una mezcla de ambas cosas. Llegué al albergue tocadas las 12 del mediodía, con Javier en la puerta y la buena noticia de que Mama Chinches y sus muchachos habían pasado de largo y seguían al siguiente pueblo. ¡Qué alivio! Me acerqué al supermercado a comprar los ingredientes que faltaban para preparar la comida en común planificada y al rato llegaron Félix y Edu.
Esta vez los macarrones no me salieron nada bien (maldita sal gruesa), pero por lo menos seguimos la tradición de cocinar un día para los demás y pudimos compartir mesa y charla con los irreductibles galos.  Paseamos por el bonito pueblo para bajar el exceso de sal, y a la vuelta nos encontramos con Mandy, la holandesa, que de golpe pasó de ser la olorosa a ser una fiel aliada: hablando sobre los antipáticos holandeses y Mama Chinches me comentó que no los traga…, y hablando sobre España e Inglaterra soltó una frase inesperada en boca de una persona de su nacionalidad: “Los españoles integraron en América, los ingleses mataron”.

De golpe ya no la veía como una sudada holandesa y a mis ojos se convirtió en una simpática y hasta guapa amiga. Si nuestro Camino hubiera seguido unos días más seguro que hubiera sucumbido a sus encantos. Y hasta a sus efluvios.

¡Ultreia et suseia!
Buen Camino a todos.


P.D.: Ayer se cumplió un año del fallecimiento de mi padre. Le recordé en la misa en Puebla de Sanabria, al igual que recé por todos mis familiares, amigos y camaradas. 
Por los presentes y por los ausentes. D.E.P. 
Y siendo el día que es, no puedo olvidar ni dejar de gritar: ¡Carlos Oriente, presente!