jueves, 14 de agosto de 2014

Barcelona, año 2015

Matías entró en la cocina donde sus dos hijos ya estaban acabando su desayuno. Hoy empezaba el nuevo curso escolar y los nervios rondaban la pequeña estancia cual bruma matinal. Mientras los pequeños devoraban sus magdalenas y sorbían sus vasos de leche con cara de pocos amigos, Almudena, esposa de Matías y madre de las dos fieras, sonreía forzadamente.  Sabía muy bien lo que les esperaba esta mañana: llegada al colegio, lloriqueos y abrazos, miradas amenazantes por parte de la directora del centro y algún que otro insulto poco disimulado por parte de las demás madres. Nada nuevo podía esperar ante la surrealista situación que estaban viviendo en su querida ciudad.


Después del referéndum de Noviembre del año anterior, celebrado en contra de las leyes imperantes en España, pero con el apoyo oficial e interesado de los gobiernos de Escocia, Irlanda, Kosovo, Guinea Ecuatorial, el barrio de Igueldo de San Sebastián y algunos países más, la región autónoma de Cataluña se había proclamado independiente, a pesar de las sospechas de fraude y el exiguo 50,8 % de los votos obtenidos en las urnas. 

Debido a ello, los niños habían pasado un año complicado, con cambios en sus planes de estudio, con el despido de algunos profesores por su desconocimiento del idioma catalán y con una creciente marginación por haber sido de los pocos que habían solicitado recibir las clases en castellano. Como era de esperar, los resultados de los pequeños fueron desastrosos,  y a pesar de la ayuda de toda la familia de Matías y de una profesora particular,  no consiguieron adaptarse a la enseñanza en catalán. Solo la intermediación de un funcionario de la “Consellería” de Educación, amigo de infancia de Matías, les había permitido conseguir un aplazamiento de la expulsión de los niños, pero ni así consiguieron adaptarse, y el funesto recuerdo del curso anterior pesaba como una losa sobre los pequeños. Y sobre sus padres.

Mientras los niños estaban quietos en la parte trasera del coche, con sus dulces caritas más serias que nunca, Matías conducía absorto reflexionando sobre el sufrimiento gratuito que les estaba haciendo pasar a sus hijos. Tendría que haber pensado más en ellos y haber intentando buscar un trabajo fuera de la región en el momento en el que se produjo la separación efectiva del resto de España, pero sus ganas de lucha y su inconformismo innato le ataban a Barcelona y a Cataluña cual grilletes de un condenado. Igual estaba pecando de egoísmo, pensó, mientras observaba a sus vástagos por el retrovisor. Implicar a sus hijos en una lucha contra la dictadura nacionalista no era lo mejor para su felicidad, eso estaba claro, pero Matías no quería rendirse a las primeras de cambio: esta era su tierra, la de sus antepasados y también la de sus hijos, y nadie tenía el derecho de echarles de aquí. Ni a obligarles a dejar de hablar en castellano. Ni a coartarle el futuro a toda una generación de jóvenes que no tendrían más opciones en el futuro que trabajar en un Parque Temático sobre la Historia Milenaria de Catalunya, encontrar un puesto de funcionario en alguna de las 4 administraciones que había implantado el nuevo gobierno o abandonar su tierra para buscar un futuro mejor allende del Ebro o de los Pirineos. Pocas otras salidas había en Barcelona o en el resto de la República Catalana: las grandes multinacionales se dieron el piro a las primeras de cambio, evitando los excesivos impuestos locales, necesarios para mantener la gigantesca estructura administrativa, además de los aranceles decretados por la UE a las exportaciones catalanas; las medianas empresas locales iban cerrando una tras otra por falta de negocio y por la caída espectacular del consumo de las demás regiones de España,  y el único sector que seguía funcionando en parte, el turístico, estaba copado por la eternamente presente burguesía catalana y su inacabable prole de hijos, nietos, primos y amigos íntimos: no había hotel en Barcelona que no fuera regentado por algún miembro de las familias gobernantes, los Pujol, Maciá, Millet, Gaspart, Laporta, Mas, Junqueras y todo el resto de apellidos de la “mafia” nacionalista, ni restaurante, camping, agencia de viajes o hasta bar que no luciera la etiqueta del “Gremi Catalá d’Hosteleria”, una suerte de “secta” que concedía permisos, cobraba sus cuotas y distribuía los mejores negocios entre sus miembros.
Eso sí, de forma “oficial” y aplicando a pie juntillas  las innumerables leyes de protección de la República dictadas en esta primera legislatura. Leyes elaboradas por el Parlament Catalá, al que por cierto solamente tenían acceso los catalanes con certificado de “pureza” de al menos dos generaciones, y que encima podía legislar por “Decret d’Interés Nacional” sin precisar ni la mayoría simple de los parlamentarios. Una fantochada, como casi todo lo que estaba pasando en esta tierra antes tan rica, abierta y parte de una España que cada vez añoraba más.

Un bocinazo devolvió a Matías a la realidad. Casi se salta un semáforo y atropella a unos viandantes que cruzaban la calle.  Desde el otro lado un Mosso le miraba con cara de pocos amigos, y Matías giró la cabeza hacia sus pequeños. Seguían sin sonreír.

-         --  ¿Estáis bien chicos?
-         --  Si papi, tot be, menys això d'anar al cole.

Había contestado el mayor, Matías junior. Ya era el cuarto Matías en la familia, pero su padre tenía bien claro que sería el último que naciera y viviera en Barcelona. Tenía que plantearse de forma definitiva un cambio de aires, buscar un trabajo fuera de Cataluña y garantizar con ello la felicidad de sus hijos. No podía seguir luchando contra los elementos, más aún cuando su popularidad por haber encabezado una de las plataformas contrarias  a la secesión le impedía el acceso a cualquier puesto de trabajo con mínimas garantías de futuro.

Estaba marcado cual infiel o judío en otras épocas,  y como mucho podía aspirar a seguir ayudando de forma clandestina en empresas  de antiguos amigos y conocidos, que le mantenían como si estuvieran practicando caridad con él. Qué triste existencia.

Giró por la calle y aparcó enfrente del “Col.legi Nacional Guifré el Pilós”. Aún se apreciaban los trazos del
antiguo nombre, Colegio de la Inmaculada, debajo del flamante rótulo enmarcado por una “estelada” de grandes proporciones y una bandera de las Naciones Unidas (después de haber sido expulsada Cataluña de la Unión Europea al gobierno catalán no se le ocurrió nada mejor que usar esta bandera tan poco adecuada junto a su insignia inventada).  

Los semblantes de los peques se tornaron más sombríos que una tormenta veraniega. Matías bajó del coche y abrió la puerta trasera. Pero los niños no se movían. Con su triste cara le imploraban ayuda.

A Matías se le vino el mundo encima: no era de recibo hacer sufrir a estas criaturas. Que culpa tenían ellos de que una pandilla de chalados hubiese roto la armonía en España y condenado con ello a toda una generación de chicos a vivir en un estado de ansiedad constante, insultados, marginados y aislados del resto de sus compañeros.

Se acabó. Sonrió a sus hijos, y les dijo:
      
      - Avui res de cole. Ens anem de festa. Demà ja en parlarem.

Las caras de Matías junior y su hermanito Miquel se iluminaron de golpe, y un ensordecedor « Yupi » broto de sus gargantas.  Matías padre cerró de nuevo la puerta, se acomodó en su asiento y arrancó el motor. No sabía bien hacia dónde ir, pero la decisión estaba tomada.

Todo tiene sus límites y la felicidad y el futuro de sus hijos estaban en juego. Y su libertad.





lunes, 26 de mayo de 2014

Por encima de las nubes


Desde pequeño ha sido una canción que me emociona mucho. Ahora mucho más.



A Sonia, in memoriam.


Por encima de las nubes
(traducción libre de la canción Über den Wolken de Reinhard Mey)

Viento de noreste, pista cero tres
hasta aquí se oyen los motores
como una flecha va pasando
y retumban mis oídos

Y el asfalto mojado vibra
como un velo cae la lluvia
hasta que sube y vuela
en dirección al sol

Por encima de la nubes la libertad debe ser ilimitada
dicen que todos los miedos y todas los preocupaciones,
quedan escondidos debajo, y así
lo que nos parece grande e importante
se convierte en algo vano y pequeño

Le sigo mirando durante mucho tiempo
veo como sube hacia las nubes
hasta que las luces poco a poco
se confunden con el gris de la lluvia

Mis ojos ya no ven
ese pequeño punto
solamente se oye en la lejanía

el monótono susurro de los motores

Ahora todo está en silencio y me marcho
mientras la lluvia penetra en mi chaqueta
alguien prepara un café
en la barraca del control aéreo

En los charcos flota gasolina
brillando como un arco iris
las nubes se reflejan en ellos
como me hubiera gustado volar también

Por encima de la nubes la libertad debe ser ilimitada
dicen que todos los miedos y todas los preocupaciones,
quedan escondidos debajo, y así
lo que nos parece grande e importante
se convierte en algo vano y pequeño




Un brillante lucero que ya nos acompañará para siempre. Descansa en paz amiga.





Aquí la  versión más apropiada que he encontrado. 


Über den Wolken
Wind Nord/Ost Startbahn null drei,
Bis hier hör‘ ich die Motoren.
Wie ein Pfeil zieht sie vorbei,
Und es dröhnt in meinen Ohren,

Und der nasse Asphalt bebt.
Wie ein Schleier staubt der Regen,
Bis sie abhebt und sie schwebt
Der Sonne entgegen.

Über den Wolken muß die Freiheit wohl grenzenlos sein.
Alle Ängste, alle Sorgen, sagt man,
Blieben darunter verborgen und dann
Würde, was uns groß und wichtig erscheint,
Plötzlich nichtig und klein.

Ich seh‘ ihr noch lange nach,
Seh‘ sie die Wolken erklimmen,
Bis die Lichter nach und nach
Ganz im Regengrau verschwimmen.

Meine Augen haben schon
Jenen winz‘gen Punkt verloren.
Nur von fern klingt monoton
Das Summen der Motoren.

Dann ist alles still, ich geh‘,
Regen durchdringt meine Jacke,
Irgend jemand kocht Kaffee
In der Luftaufsichtsbaracke.

In den Pfützen schwimmt Benzin,
Schillernd wie ein Regenbogen.
Wolken spiegeln sich darin.
Ich wär gern mitgeflogen.

Über den Wolken muß die Freiheit wohl grenzenlos sein.
Alle Ängste, alle Sorgen, sagt man,
Blieben darunter verborgen und dann
Würde, was uns groß und wichtig erscheint,
Plötzlich nichtig und klein.


jueves, 10 de abril de 2014

El recortable

Ahora que Cataluña, representada por ese engendro que es “más que un Club”  y que se arrogó hace muchos años la representatividad no solamente de todos los equipos y clubes deportivos del Principado, sino también de la sociedad en general y de sus sentimiento más íntimos en particular, es decir, esa cosa llamada Barça, Barza, Bar$a o familiarmente Puta Barsa, ha quedado fuera de Europa, se da por cumplido el primer paso hacia la independencia.



Por lo menos esta vez no van a poder tachar a los políticos de Madrid de mentirosos: en Europa, ya no están. Por lo menos hasta Septiembre. Y si lo gestionan bien, con su prevista ley de consultas para poder aprobar una consulta que les permita plantear una consulta que les dé capacidad legal para consultar a los ciudadanos..(uf, que me pierdo entre tanta consulta), igual aduciendo lesiones, inclemencias del mal tiempo que manda Madrit o sobredosis de butifarras con judías,  podrían enlazar con la “consulta de las consultas” esa de la señorita Pepis y no volver a jugar en Europa nunca más.  Tampoco se les va a echar de menos, a no ser por esos árbitros asalariados que van a tener que irse con el cuento de los penaltis a otro continente.

Este chiste fácil de “Cataluña fuera de Europa” ha permitido que esa inmensa mayoría creativa (para no llamarla celosa o vengativa) que tenemos en España se haya volcado en crear cientos de "memes" y demás montajes durante toda la noche (espero que sea así y que no haya sido durante la jornada laboral, no vaya a ser que los tan eficientes funcionarios y parlamentarios de la UE vuelvan a echar pestes sobre la productividad española, cuando la suya propia, bien pagada a una media de 15.000 euros mensuales, aún está por descubrir, cual Atlántida perdida en medio de un océano de holgazanería, demagogia y despotismo);  cada uno de ellos más divertido que el anterior.

Pero no va a quedar todo aquí.

Cumplido este primer trámite de la legislación europea, que excluye a los países artificiales nacidos de procesos anticonstitucionales (cuando les interesa, claro está, porque si recordamos la injusticia de Kosovo, parte natural de Serbia se mire por donde se mire…),  e inundadas las redes sociales con fotografías, animaciones y chistes  sobre el tema de la salida de Europa, hay que ir a por más. O a por Mas. Tanto monta, monta tanto.

¿Y qué podríamos darles ahora para rematar la creación de su infantil, absurda, anti histórica y poco rigurosa nacioncita mitológica?

Pues a mí se me ocurren varias opciones, aunque la que se me antoja más graciosa y con mayores expectativas de triunfar es la siguiente: un recortable.

Un recortable llamado: “Construeix-te la teva nació” (“constrúyete tu nación” en cristiano).  Editado por cualquiera de las múltiples editoriales afines al sistema, léase subvencionadas tal cual Federación de Dardos Catalana, que por llevar alrededor del mundo sus 3 dardos y acertar al 501 “double out” en 3 tiradas sin usar una palabra en español , se han llevado la friolera de 1,2 millones de euros,  recortable decía, presentado  en varios fascículos y distribuido por el sistema de correo interno entre “vegueries” creado por la ANC en su previsor intento de garantizar la libre circulación de la información en la nueva (pero milenaria) nación, cual legendario Pony Express que en vez de empezar en Misuri y acabar en California, partiría del Ampurdán y llegaría al Montsia (por ahora), pero utilizando en vez de caballos al burro autóctono catalán, léase el “Ruc Express”.


Me emociona pensar en la inmensa alegría de miles de niños catalanes, puros de alma y corazón, que no de sangre (ya sabemos que catalán es aquel que trabaja en Cataluña, para que se enriquezcan los de siempre, aunque esto último no lo suelen soltar los politiquejos, menos aún en época de elecciones o consultas de escalera de vecinos), cuando cada domingo, después de asistir a la misa local o escuchar la misa conventual desde la Basílica de Montserrat, convertida ya en el centro espiritual de la “Nova Església Ortodoxa Catalana”,  sus padres los suelten para que puedan correr como cervatillos hacia el quiosco de la ANC más cercano para obtener el fascículo de la semana.
Reunidos después en familiar ágape dominical, ante la comida “casher” (el kosher autóctono) bendecida por la Agencia de Pureza Catalana (por cierto, una UTE de Pilar Rahola, Oriol Pujol y Miguel Calçada), consistente en cuatro calçots, media butifarra i un par de carquinyolis de postre, la mágica hora del recortable iluminaría las casas de la mayoría de los ciudadanos de esta nación mítica:

El primer domingo Wilfredo de rodillas recibiendo el escudo mojado en sangre por el rey franco, junto a un burro autóctono;  
al siguiente una primera parte de la montaña de Montserrat y una de las columnas de la Sagrada Familia (anunciada ésta en la revista como construcción variable de la que nunca se entregarán todas sus partes);  
al tercero el Camp Nou completo y con gafas en 3D para poder ver mejor los penaltis, 
al cuarto dos tramos de la vía del tren cremallera de Nuria y una primera hoja del “Pi de les 3 branques”,  
al quinto un huevo de Colón / Colom, obviamente de un pollo de raza Prat, 
al sexto…

Ya os podéis imaginar: con una duración indefinida e inicialmente infinita, siempre en base a las ventas del anterior fascículo, en línea con el plan de negocio de cualquier coleccionable de Planeta Agostini, poco a poco cada uno de los 6 millones (y más, y más y muchos más) de catalanes, podremos ir creando nuestra pequeña nación inventada.

Mientras  tanto, los políticos seguirán cobrando, la familia Pujol seguirá robando y Mas seguirá delirando.

Lo único positivo es que Lara iría haciendo caja con los fascículos. 

Y si, milagro mediante, lo invirtiera para recuperar el control de su antaño querido RCD Español, mejor aún. 
Pero eso ya son sueños mayores. Mayores que lo de la nación milenaria catalana. Que ya es decir.


miércoles, 12 de marzo de 2014

Honor, deporte y el 11-M

Este 11-M he intentado abstraerme del tema, no recordar los fatídicos sucesos e intentar aquello de “a otra cosa mariposa”, sabedor de que cualquier recuerdo de esas fechas, de los hechos en sí, pero sobre todo de sus consecuencias y de toda la maraña de mentiras, utilizaciones partidistas, amarillismo, sensiblería cara a la galería, ocultaciones y medias verdades, me revuelve las tripas cual “chop suey” (de gato o de perro) a las ene delicias de un inmundo restaurante chino.

Obviamente no he podido pasar del tema.


Ni olvido ni perdono. Esta frase es casi el “leitmotiv” de mi vida, ya no solamente referido a los tristes sucesos del 11 de Marzo del 2004, sino a cualquier acto bárbaro e injusto que ha sufrido y sigue sufriendo la sociedad española. Y aquí caben tanto los muertos y heridos en estos atentados, como los más de 800 asesinados por ETA y la connivencia del poder en tales tropelías, el viaje de Carod –Rovira a Francia para negociar con ETA, las recientes declaraciones de un miembro de Omnium Cultural vanagloriándose del asesinato de un aficionado al fútbol por el simple hecho de ser del RCD Español, los abusos de banqueros robando a inocentes su dinero en forma de preferentes, swaps o cláusulas suelo, la corrupción generalizada de la toda la corrupta clase política, los sobres de Bárcenas, los ERES de Andalucía, la ITV de uno de los hijos de Pujol, los desfalcos de Urdanga y señora, los perjuros y las infidelidades del Bribón, la manipulación educativa de la juventud catalana, etc. etc.

Una lista interminable de hechos asquerosos, egoístas y dañinos que simplemente buscan el placer personal, en forma de venganza, de notoriedad, de poder o de enriquecimiento; actos todos ellos con el denominador común de hacer daño a inocentes.

Como el caso del Guardia Civil Ignacio González de Castro que viajaba en uno de los trenes del 11-M y que milagrosamente salvó la vida, si es que a lo que le ha quedado se le puede llamar vida. Escuchaba anteayer el programa el “Partido de las 12” de la COPE, en vísperas del 11-M, y me quedé literalmente helado siguiendo la entrevista que realizaron a este joven Guardia Civil que, aunque escapó a un fatídico final, nunca superará los hechos vividos, tal como él mismo iba explicando.

Impresionado por lo que iba contando, por la naturalidad de sus explicaciones, por la profunda indefensión y humanidad  que irradiaba, por su sinceridad hablando de los tratamientos, de las secuelas, de su lenta pero constante superación de los traumas y los recuerdos a través del deporte, no pude conciliar el sueño hasta bien entrada la madrugada. Llegado un punto los presentadores, como corresponde a esta tertulia diaria, llevaron el tema hacia el fútbol y hablando de una camiseta de Fernando Morientes firmada por todos los jugadores del Valencia que en su día le regalaron al joven Nacho, se incorporó a la conversación dicho ex jugador, algo que no solo alegró al pobre Guardia Civil, sino que me puso los pelos de punta tanto a mí como seguro que al resto de los oyentes y los tertulianos. Morientes, Guardia Civil de vocación, hijo, nieto y hermano de miembros del benemérito cuerpo, demostró una vez más su gran valía como persona, su sensibilidad, su capacidad de emocionarse, su humildad, conversando con el afectado como si se conocieran de toda la vida, dándole ánimos e invitándole a una sesión de entrenamiento en Valdebebas para dar una charla a los chavales que ahí se están formando. Nada planificado o intencionado, fue una reacción natural de una persona, honesta y sensible. De un Guardia Civil de corazón, como bien explicó.


Dijo Morientes al afectado, “yo quería ser Guardia Civil pero opté por el deporte y tu en cambio has tenido que dejar el Cuerpo y usar el deporte para recuperarte de los atentados….”

Estos pocos y emocionantes minutos fueron más valiosos para el joven guardia (y seguro que para muchos oyentes), que por culpa de unos desalmados y sus cómplices tuvo que prejubilarse a los 36 años, destrozado, traumatizado, muerto en vida, mucho más valiosos que todo el falso apoyo, soporte o ánimo que haya podido dar ningún ministerio, órgano o partido político en los últimos diez años.

Os recomiendo a todos dedicar unos minutos a escuchar la entrevista (clic aquí), no dudo que sentiréis lo mismo que yo.

Y como bien remató el siempre acertado Tomás Guasch al final de la entrevista, “personas como Morientes hacen que te sientas orgulloso de ser español y de ser su paisano”. 

Y yo añadiría, "y personas como Nacho". Y como tantos Guardias Civiles.

Ni olvido ni perdono.

Viva la Guardia Civil.




P.D. Os dejo algún enlace adicional que habla sobre esta persona. 


lunes, 3 de marzo de 2014

Badajoz no está en Osona

Entiendo que el críptico título de este artículo sembrará dudas acerca de su contenido. Intencionado es, por lo menos así conseguiré despertar la curiosidad de algún lector y con ello que lea más allá del titular, algo por desgracia poco habitual en un país de iletrados y alelados consumidores de titulares de un tamaño de fuente mínimo de 36 puntos, televisión barata, música repetitiva y placeres materiales carentes del mínimo contenido espiritual.
Este fin de semana pasado ha estado plagado de detalles, en lo bueno y en lo malo (cual compromiso de matrimonio), que me han  llevado a reflexionar un poquito sobre las personas, la amistad, el saber estar, la fidelidad, la compasión, la solidaridad.  Y a intentar trasladar esos pensamientos a una hoja de papel. Tarea harto difícil, por otro lado, al tratarse de sentimientos inconexos y puntuales, que tal como los sientes vuelven a desparecer. Como esos enamoramientos de barra y nocturnidad de los que al día siguiente te arrepientes mientras intentas echar de la cama al ser extraño que tienes a tu lado (en el peor de los casos)  y, haciendo el máximo ruido posible,  buscas el último y salvador “Espidifén” en todos los rincones de la casa, incluidas maletas y mochilas, objetos estos que suelen ser el refugio final de mecheros, medicinas, pañuelos, esponjas limpiabotas  y kits de costura requisados en el último hotel. Por lo menos en mi caso. 
Y no ha sido tanto una sesuda reflexión, sino más bien una nueva constatación de la enorme diferencia entre las personas normales, léase buenas, y los "joputas" que por desgracia tanto abundan en la sociedad actual.
Todo empezó con una comida “informal” con unos cuantos compañeros de trabajo en un mesón gallego en Boadilla del Monte (local ciertamente muy recomendable por su excelente relación calidad / precio, llamado O’Carro). Entre parrochas con pimientos de padrón, pulpo a feira,  fabas con almejas y unos buenos entrecots, el ágape (en su 2ª acepción de la Real Academia, porque ni somos de los primeros cristianos ni la comida tuvo un carácter religioso), el ambiente fue distendido, sin tensiones ni bandos enfrentados, la conversación fluyó de forma natural y sin más pretensiones que disfrutar de unos buenos manjares y pasar un rato agradable. Y así fue.
En algunos momentos me sentí trasladado a una de tantas comidas vividas con desconocidos peregrinos en los mesones de las pequeñas poblaciones que visitas en los diversos tramos del Camino de Santiago, en las que sin ningún tipo de intención comercial (o sexual)  oculta, sin jerarquías,  objetivos o tensiones simplemente se disfruta del lugar y del momento.  Gente normal reunida alrededor de una buena mesa. Primer momento dulce del fin de semana.
Salidos del restaurante, cada mochuelo se dirigió a su olivo, como es menester, y en mi caso, y dada la proximidad con Majadahonda, localidad en la que reside un amigo, me acerqué a visitarle. No habiendo autobuses hasta bastante rato más tarde, un simpático taxista que quizás advirtió mi cara de circunstancias y de frio debido al viento de la sierra que amenazaba con enfriar ese estómago recién calentado, se ofreció a llevarme por unos módicos 10 euros (cuando según él el precio con taxímetro oficial ronda los 15).  
Un detalle de agradecer, que me permitió plantarme en casa de mi amigo en pocos minutos y disfrutar de una agradable sobremesa que al final se alargó más de lo debido, supongo que por la necesidad de ayudar al proceso digestivo con los líquidos etílicos de rigor. No fuera a ser que me sentaran mal los manjares engullidos por una falta de componentes purificadores y disolventes. Llegado el momento de recular y volver a casa resultó que ya solamente quedaba un último autobús de línea, y que encima no estaba claro si ya había pasado por la estación o aún estaba por llegar. Por suerte no era el único en esta situación un poco desesperante, más aún si el remanente en mi cartera no daba para muchas alegrías, y una simpática chica con la que entablé conversación me propuso compartir un taxi hasta Madrid, vistas las pocas probabilidades de que el autobús de línea nos rescatara. En un visto y no visto nos plantamos en Moncloa, cada cual cogió su línea de metro correspondiente, y cual aparición mariana dicha señorita desapareció de mi vista y de mi vida. La escasa media hora que compartimos volvió a ser uno de esos momentos especiales, en los que dos desconocidos se ayudan mutuamente sin ninguna segunda intención, sin egoísmo y con una naturalidad tan poco frecuente en la vida diaria. Y hete aquí la primera razón para el título de este artículo: de la chica no recuerdo mucho, si era fea o agraciada (me imagino que más bien lo primero, sino hubiera insistido un poco más), mucho menos su nombre, pero si su ciudad de origen: era de Badajoz y trabajaba los fines de semana en un restaurante en Madrid para sacarse un pequeño sobresueldo. Obviamente podría haber sido de cualquier otro lugar, hasta catalana o vasca, pero la casualidad quiso que fuera de una de las provincias más agradables y sorprendentes que he conocido en los últimos años, habiéndola recorrido a pie de cabo a rabo siguiendo la Vía de la Plata. Tanto la provincia de Badajoz como la de Cáceres son unas joyas en todos los sentidos: su paisaje, sus pequeñas poblaciones, sus dehesas llenas de manjares andantes en forma de preciosos cerdos ibéricos, vacas blancas cacereñas, vacas retintas y ovejas merinas negras, sus ríos, riachuelos y cascadas,  sus valles y sus altos, pero, sobre todo, sus gentes, abiertas, sin pretensión alguna, con esa nobleza que atesoran las zonas rurales de nuestra piel de toro, tierras de honorables y cultos creadores, valientes conquistadores y bellas damas. Y de personas desprendidas prestas a ayudar al extraño sin pedir nada a cambio. Como otro compañero de trabajo originario de estas bellas tierras, que con la fidelidad como lema intenta siempre ayudar a los demás sin pedir nada a cambio. Ejemplo hecho hombre de lo descrito con anterioridad.
Más momentos dulces del fin de semana. Para el sábado pintaban bastos. Uno más de los para mí ya tradicionales fines de semana en soledad, sin recursos económicos para grandes dispendios, sin planes concretos y limitados al descanso, la música y la lectura. Que bien pensado tampoco está nada mal, aunque se eche de menos un poco más de vida social y de calor humano. Pero como las alegrías surgen en el momento menos esperado, se juntaron una invitación de un amigo para celebrar el cumpleaños de su mujer, con el regalo por parte de un jugador de mi adorado RCD Español de 2 entradas para asistir al partido en Getafe. Visita relámpago al cumpleaños, que debido a la extensa y juguetona prole se celebraba en una guardería, con un rato de agradable conversación en mi idioma materno con un expatriado de Köln (Colonia) , buenas cervezas y mejores tapas, sobre todo las pechuguitas “villeroy” (del excelente restaurante Juan Luis de la calle Santa Engracia),
y un posterior y eterno desplazamiento con varios transbordos a Getafe, donde, como ya se está volviendo tradición,  pude disfrutar de la compañía de unos buenos amigos y un soporífero partido de esos que hacen afición a la inversa. Suerte tuvimos que se unieron al grupo varios grandes camaradas de Barcelona, por lo que a pesar del pobre espectáculo pasamos un rato agradable entre  “Shandys” (la única bebida con ligeros aromas alcohólicos, como bien nos explicaron los camareros del bar del campo), cánticos y recuerdos de un pasado en común que nunca se olvida. Tercer momento positivo.

Y ahora llegamos a la segunda parte del título y con ello a lo asqueroso y feo del fin de semana. Vaya por delante que en este caso pagan justos por pecadores, y que la comarca de Osona es una de las más bellas de mi querida patria chica, de ese Cataluña tan bonita y española que algunos mequetrefes manipuladores han conseguido convertir en objeto de odio y desprecio por parte del resto de los españoles, cuando ni su población ni su riqueza de todo tipo, cultural, paisajista e histórica, se merecen tal agravio,  causado esto encima por cuatro dementes amantes únicamente de sus privilegios y sus chanchullos.  
Pero para desgracia de esta comarca, y en concreto para San Hipólito de Voltregá, recibo el domingo un enlace a un reportaje sobre uno de sus habitantes y para más inri responsable de la sección local de “Omnium Cultural”, una de las históricas asociaciones pantalla culpables de todo el desaguisado separatista y receptora de mil y una subvenciones de los sucesivos desgobiernos tripartitos, nacionalistas y últimamente directamente separatistas; un malnacido que resulta ser uno de los autores confesos y condenados por el asesinato de un joven socio del RCD Español hace 23 años, y que encima se jacta en sus discursos y escritos de su hazaña  y anuncia más represalias contra los “fascistas” españoles. 

No había peor manera de acabar el fin de semana, más aún cuando venía de estar en compañía de varios socios del RCD Español que al igual que yo vivieron muy de cerca la desgracia de dicho asesinato y la constante chulería de los condenados durante el juicio y su posterior estancia entre rejas (a todas luces muy corta, visto el nulo arrepentimiento del perro rabioso éste). Que ahora tengamos que soportar a monstruos como éste campando  a sus anchas en instituciones financiadas por el poder nacionalista y encima amenazando a futuro al resto de la sociedad catalana que no comulgue con sus fanáticas, estúpidas, falsas e indocumentadas ideas, no es de recibo.

Dios no quiera que este movimiento separatista que tanto daño está haciendo cristalice en un enfrentamiento civil, porque claro está que despreciables seres como éste serán los que causen los peores estragos.

Siempre y cuando no acabemos antes con el perro para evitar la rabia.


Queda claro. Badajoz no está en Osona. Ni la rabia. Ni el perro.


martes, 4 de febrero de 2014

Basta ya de bailar la Yenka

Lo bonito de la música popular, de los dichos y los proverbios y en muchas ocasiones de las respuestas de los niños y de los borrachos,  es la sabiduría que emana de todos ellos.
Y visto lo que está sucediendo día si día también en España, nada mejor que fijarnos en la letra de la canción que encabeza este artículo:


Vengan chicos vengan chicas a bailar
Todo el mundo viene ahora sin pensar
Esto es muy fácil lo que hacemos aquí
Esta es la yenka que se baila así:

Izquierda izquierda derecha derecha
Adelante detrás, un dos tres
Izquierda izquierda derecha derecha
Adelante detrás, un dos tres

No soy el primero (ni seré el último) en utilizar esta canción infantil, original de “Johnny y Charley” pero popularizada en nuestra juventud por Enrique y Ana, para ilustrar la falta de rumbo de nuestros gobernantes, de su corte de políticos inútiles pero bien pagados  y del resto de la alelada población extramuros que les ríe las gracias y les mantiene con sus votos;  pero no hay duda que estos infantiles versos encajan a la perfección con la ausencia de ideales, de objetivos, de sensatez y de inteligencia que impregna la realidad de nuestra querida España y guía las actuaciones de esos falsos representantes de la voluntad y el sentir popular.

Dando una de cal y otra de arena, tenemos por ejemplo a la nueva representante de la ya casi eterna dictadura socialista andaluza, Susana Díaz, que por un lado investiga los fraudes de los ERES mientras que por detrás continúa subvencionando a la misma camarilla de ladrones; artista ésta que siguiendo a pie juntillas la letra de la canción un día defiende la unidad de España, y al día siguiente propone una reforma de la constitución con argumentos tan infantiles como que la sociedad actual no tuvo la opción de votar esa ley fundamental. Como si se tratara un convenio colectivo que se renueva cada año: eso sí, con grandes fastos, bolsos falsificados y en sedes subvencionadas con nuestros impuestos (o con subvenciones para formación de parados) al grito revolucionario de “A las mariscadas”.

Otro ejemplo que me llena de estupor, por patético, son las actuaciones de las tan poco agraciadas militantes de “Femen”, que muestran impertérritas sus poco estéticas ubres a diestro y siniestro, cobrando por ello la módica cantidad de 1.000 euros mensuales (casi el doble del salario mínimo en España), y, ahí radica la falsedad, atacando a esa parte de la sociedad que realmente defiende a la vida y la libertad y con ello a las mujeres, en vez de echarle un poco de valor a su triste existencia enfrentándose por ejemplo al islamismo radical y la penosa situación que viven las mujeres bajo las normas de la sharía, tanto en los países  musulmanes como en nuestra  propia patria, encerradas, vendidas y casadas a tierna edad, y violadas y subyugadas en sus domicilios por radicales islámicos que se benefician de nuestro estado social y de derecho y de sus subvenciones para roerlo por dentro cual ratas infectas.


Dice la letra “todo el mundo viene ahora sin pensar”, acertadísima frase para definir por ejemplo a los que ahora alaban al gran Papa Francisco,  como si sus hechos o palabras fueran revolucionarios y de izquierdas, cuando simplemente repite, literalmente, las actuaciones y las enseñanzas de su maestro y mentor, el inolvidable Joseph Aloisius Ratzinger.

De nuevo aparece esa extraña facilidad de la izquierda para quedarse con los símbolos superficiales, hacerlos suyos y proclamar a los cuatro vientos que la libertad la inventaron ellos. Cuando bien es sabido que la izquierda solamente tolera y fomenta la libertad (que encima confunden con el libre albedrío y la violencia) cuando está en la oposición, olvidándose de ella en cuanto llega al poder.

Para no hablar de los tan españoles “Morancos”,  que por poco caen en la telaraña tan bien tejida por los medios nacionalistas catalanes y se convierten en estandarte del nacionalismo anti español. Suerte que han reculado a tiempo y han conseguido sacarse el aguijón de la tarántula catalanista antes de que el veneno invadiera sus cuerpos y sus mentes.

Y prefiero no entrar en demasiados detalles sobre sus altezas reales, sus sueldos y sus privilegios, humillación constante (y sonante) de la clase trabajadora española. Bribones todos ellos que al son de la Yenka entran y salen de España, cargados de dinero de origen desconocido, sin dar nunca ese “saltito” definitivo que queremos todos (y que por justicia les corresponde) para acabar en el único sitio en el que merecen morar: en los calabozos más profundos y en el olvido y desprecio absoluto por haber mancillado la historia milenaria de nuestra patria.

Pero, como suele ser, y más en nuestro país, la superficialidad, la simpleza y la incapacidad intelectual de la izquierda y el materialismo, despotismo y la falsedad de la derecha, acaban con dar al traste con cualquier atisbo de regeneración de la sociedad.

Al son del “izquierda, derecha, adelante y detrás”, España sigue sin encontrar su rumbo en la historia, sigue a merced de mentirosos y embaucadores, de manipuladores y lacayos del capital, de ladronzuelos de izquierdas convencidos de su superioridad moral y de mangantes banqueros de derechas que simplemente  persiguen la entrada en el club de los 85 mamones que poseen el 50% del capital del mundo.

Vergüenza ajena nos debería dar a todos que al despertar cada día y ver el triste espectáculo, no nos rebelemos contra todos ellos, contra los saltitos y los tumbos a diestro y siniestro que no llevan a ningún lado más que al hundimiento absoluto de nuestra sociedad.

Ni incultura ni despotismo. Ni estupidez ni falsedad. Ni aprovechamiento ni explotación.

Ni izquierdas ni derechas.

No hay baile que valga: hay que acabar con la “Yenka” de una santa vez.

Patria, justicia, revolución.


miércoles, 13 de noviembre de 2013

Ultreia et Suseia – Camino 2013

Herru Santiagu,
Got Santiagu,
E ultreia, e suseia,
Deus adiuva nos. (¿qué es esto?)


Librito del Camino 2013
Se me antojaba duro volver a recorrer las queridas tierras de España sin mis habituales compañeros de los últimos diez años Lupe y Carlos (D.E.P). Después de tantos kilómetros compartiendo alegrías y tristezas, discusiones y reconciliaciones, inclemencias del tiempo y brillantes días soleados, cansancio y heridas, ricas tapas en los pueblos y desayunos campestres a base de pan, queso y vino de Gandesa traído expresamente desde la bodega Víctor de Sarriá (municipio situado en las afueras de Barcelona), duchas frías y dormitorios ruidosos; después de todas estas experiencias, estaba seguro de que esta vez sería un  Camino extraño. 

Pies de Lémur
Nuestro honor se llama fidelidad
Aunque no se trataba de la primera vez que andaba sólo, si que iba a ser el primer tramo sin la existencia física de Carlos Oriente, presente siempre. Tan presente que antes de salir me tatué una concha y su nombre en la pierna, en esas piernas cuyas extremidades él solía tildar, con su típica sorna, de “pies de lémur”, por la curvatura de mis dedos, pero que por otro lado no dudó en curar la primera vez que salimos juntos al Camino y se me llenaron de incómodas y dolorosas ampollas nada más empezar nuestra primera travesía juntos desde Somport en el Camino de Aragón. Y eso fue en el ya lejano año 2003.

Y duro fue, obviamente, llegar al pueblo de Carcaboso donde lo dejamos en el año 2011, con media Vía de la Plata hecha y otra media por recorrer. Era el Camino, obviamente, y las flechas, los milarios , el peso de la mochila y mi propia vestimenta me lo recordaban a cada paso, pero se trataba de otro Camino. Un Camino plagado de recuerdos y con una clara intención en mi interior de homenajear con cada paso, cada doloroso pinchazo, cada cuesta y cada gota de lluvia, pero también con cada cerveza, parada, tapa, cena, majestuoso paisaje o agradable encuentro, a nuestro recordado y añorado camarada.
Nuestra tan querida expresión “PRESENTE”, que usamos muchos de nosotros desde nuestra tierna juventud recordando a ilustres pensadores de nuestra patria y a bravos guerreros caídos en esa nuestra lucha por la patria, la justicia y la libertad, se volvió de golpe, de sopetón, en algo más que una palabra ritual repetida una y mil veces. La presencia, in mente pero real, de Carlos, ha sido una constante en estos exiguos 150 km recorridos la semana pasada. Por primera vez en mi vida lo de “presente” ha ido más allá del momento del grito y del recuerdo, del homenaje y los vítores, convirtiéndose en una realidad agradable y palpable. El camarada estaba ahí, en mis pensamientos, en mis conversaciones con los parroquianos cuando preguntaban por la razón del tatuaje, en mis meditaciones tan típicas del Camino, tramos en los que te aíslas de todo, caminas a tu ritmo y simplemente te dedicas a disfrutar del aire, del sol, del paisaje y de la siempre lenta pero constante cuenta atrás hasta el siguiente albergue.  Por momentos hasta me imaginaba a Carlos aparecer tras el siguiente recodo, y, quién sabe, igual estaba ahí y no fui capaz de verle por estar más pendiente de mis pies buscando tierra blanda que de mi alrededor.
Comenzó pues mi andadura en un pequeño pueblo extremeño, Carcaboso, al que llegué andando en un “aperitivo” de 13 km por la carretera nacional desde Plasencia, y pasando por Cáparra, Aldeanueva del Camino, Baños de Montemayor, Puerto y Calzada de Béjar, Valdelacasa, Fuenterroble de Salvatierra y San Pedro de Rozados alcancé el destino de este año, Salamanca, sin mayores sobresaltos y con los eventos ya conocidos de sobra (que por muy conocidos siguen siendo la sal y el sentido del Camino) de tanto dar vueltas a España por senderos marcados con flechas amarillas: impresionantes
vistas, naturaleza en todo su esplendor, alguna vuelta adicional de varios kilómetros por una variante errónea o mal señalizada, animales de todo tipo (este año hasta desperté sin querer de su descanso a un águila real en un árbol a menos de 2 metros de mí, con el consiguiente susto al ver desplegar sus alas que casi me rozaron la cara al iniciar este ave majestuosa su lento vuelo), lugareños curiosos, rótulos de calles históricos, iglesias preciosas, gente encantadora, abierta y servicial en todas y cada una de las paradas, cruceiros antiguos y milarios romanos por doquier, problemas físicos que desaparecen por arte magia al día siguiente, albergues sorprendentes y hostales de carretera, y un
par de extranjeros, como no podía ser menos, haciendo el Camino. A estos 2 únicos peregrinos que me encontré este año no los vi hasta la tercera etapa, por lo que no llegamos a intimar demasiado, aún así, y por esa “magia” del Camino que conocemos todos los que lo hemos hecho, las dos etapas con ellos las guardaré en el recuerdo,  como a toda la gente que he ido conociendo desde el año 1999. Porque es bien sabido (y lógico)  que desayunar, andar, descansar, comer, visitar el pueblo, beber, cenar y compartir albergue durante dos días da para mucho, son 48 horas intensas que en tu vida normal no sueles compartir ni con tus amigos más cercanos. Cosas del Camino.

Poco más. Seguiré caminando.

Y Carlos seguirá presente, sin duda. Este año ha estado a mi lado, y como no va a haber discusiones ni divergencias en cuanto al camino a seguir,  al bar que entrar o que tapa pedir, el año que viene repetiremos. Ambos.




¡¡Buen Camino camarada!!


miércoles, 9 de octubre de 2013

Idiomas que unen, lenguas que separan

Cuanto me duele ver una sociedad plurilingüe, como lo es la española, tirar por la borda las bondades y las ventajas que ello supone, por simples intereses crematísticos, temporales y anacrónicos.  Más aún cuando los propios impulsores de un monolingüismo uniforme y dictatorial, como en el caso de Cataluña, usan en muchos casos el idioma que quieren apartar o devaluar como lengua propia, tanto en su vida particular como laboral.  Es decir, que están mintiendo a los ciudadanos, pregonando una cosa pero haciendo totalmente lo contrario (un claro ejemplo de ello es la escolarización de sus vástagos en caras escuelas extranjeras y de renombre, a fin de evitarles el suplicio de una educación dirigida y anular con ello sus perspectivas laborales futuras). De ahí emana lo artificioso y antinatural de cualquier nacionalismo, que intenta utilizar bienes profundos, culturales e históricos para pescar en las aguas revueltas de una sociedad inculta y manejable. Sociedad la nuestra que, vistos los resultados del reciente informe de “Evaluación de la Competencia de los adultos" (Programme for the International Assessment of Adult Competencies ,PIAAC, en inglés), es más fácil de engañar, amaestrar y manipular que cualquier chimpancé de circo o caballo de la Escuela Española de Equitación de Viena.

Los idiomas, y lo he dejado patente en muchos de mis escritos, abren las mentes, facilitan la comunicación y el enriquecimiento personal, permiten conocer a tu interlocutor y su cultura, entender su manera de ser y de pensar, en definitiva, unen. Y como bien sabéis vosotros, mis pocos pero fieles lectores, puedo hablar con propiedad de estos temas, ya que he tenido la ventaja de criarme en un ambiente familiar trilingüe, al que a lo largo de mi vida y formación se han ido incorporando 3 idiomas adicionales, lo cual me permite hoy en día comunicarme y entenderme en 6 lenguas diferentes, en algunas con un nivel nativo, en otras con un nivel inferior, pero en cualquier caso muy superior al falso “nivel medio de inglés” que relumbra en la mayoría de los curriculums de los jóvenes españoles y que, según recientes estudios, es equivalente al nivel de un niño de 6 años del país en el que se habla el idioma en cuestión.

Todo esto viene a cuento de un episodio vivido este fin de semana pasado en Madrid, en concreto en la parroquia católica alemana de la capital, a la que asistí a misa dominical buscando un poco de recogimiento y un mucho de acercamiento al mundo germano del que he perdido contacto desde que me instalé en esta magnífica urbe llamada Madrid.  En un ambiente agradable, una iglesia preciosa y con bastantes fieles en las bancadas, la mayoría de ellos por cierto jóvenes con niños, los dos curas oficiantes me sorprendieron positivamente con una misa casi bilingüe, intercalando lecturas en español antes del Evangelio y rematando todo con una homilía interesante, y de nuevo bilingüe, comparando la expresión “Gnade” alemana con su traducción española “Gracia”. No entraré en más detalles sobre este discurso, pero sí que me quedo con la cara de satisfacción de todos, con la atención que prestaban grandes y chicos a las palabras del párroco  y con el ambiente multicultural que impregnaba todo.

Si a esto sumamos la sorpresa final, en forma de “Oktoberfest” o “Fiesta de la Cerveza” que se celebraba en la sala anexa al finalizar la misa, y a la que raudo y veloz me apunté y conseguí convocar a unos cuantos amigos más, el día fue más que redondo.

Españoles bajitos vestidos de tiroleses, alemanes de considerable altura atendiendo a los clientes en un perfecto castellano pero con sus erres guturales que tanto me recuerdan a mi madre que en paz descanse, familias con hijos intercalando palabras y palabros en ambos idiomas, un camarero español pidiéndome ayuda al estrenar un barril de Paulaner, perdido ante la misión de llenar un Maßkrug alemán (jarra de litro), música folclórica a un volumen tolerable y alegría y bienestar por doquier, con mis amigos que se presentaron prestos y sin dilación a compartir unas jarritas y unas buenas salchichas; todo ello contribuyó a que me sintiera a gusto, sin esa tensión que impregna la vida diaria en España y Cataluña con sus disputas nacionalistas y partidistas, cortas de mira y poco humanas, haciendo mal uso de la historia, de la cultura y de los idiomas para separar en vez de unir.

Usando sus viperinas lenguas para fomentar el odio al foráneo. Al enemigo de turno creado de forma artificial para justificar sus propios actos e intereses ocultos.

Lo dicho, idiomas que unen y lenguas que separan.


Vaya diferencia

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