lunes, 9 de abril de 2012

España, ese gran lupanar


Lupanar,  burdel, congal, prostíbulo, casa de citas, casa de lenocinio, casa de putas, casa de trato, casa pública, quilombo, bar de camareras, night-club, sala de masajes , mancebía o simplemente “el puti”. No será por falta de palabras en nuestra querida lengua española que dejemos de nombrar ese lugar tan visitado por los españoles y tan manido en estos últimos días a raíz de la próxima irrupción del vicio importado directamente desde “Las Vegas”. Si por lo menos el origen del capital inversor viniera de “The meadows”, pero no, hasta el nombre es de proveniencia hispana. Qué le vamos a hacer. Y arriba digo  visitado por “españoles” con toda la intención del mundo.
Porque en la vida hay pocas cosas que me solivianten más que la falsa moral y la hipocresía de los españoles cuando se habla de estos temas. Igual las ayudas arbitrales al Barza (siento ser repetitivo, pero el Villarato está ahí, enquistado en nuestra sociedad al igual que el puterío), la incultura de algunas ex ministras o la desfachatez de bautistas, urdangarines o millets, podrían crispar mis ánimos en un momento dado, pero comparado con la rabia que me producen los discursos fariseos de la inmensa mayoría de mis conciudadanos cuando se habla de la prostitución, serían como un chiste malo de Eugenio (D.E.P.) (si es que tuvo chistes malos).

Los ilustres columnistas de la prensa que suelo leer, la del fondo a la derecha (la de muy al fondo y muy a la derecha), están rasgándose las vestiduras en estas últimas semanas por los artículos, vídeo-reportajes y demás comentarios críticos sobre España y su “tan conocida afición” por los mujeres que fuman, que están publicando tanto en el resto de Europa como en los “castos” EE.UU. de América. 
Pero en vez de quedarse calladitos, que es como están más guapos, estos periodistas sacan a relucir su falsa y exagerada indignación ante los insultos que los países bárbaros del Norte están vertiendo a raudales sobre nuestra casta, pudorosa, religiosa y familiar tierra patria. Desconozco lo que estará diciendo la “otra” prensa, la de la tan culta e intelectual izquierda, pero, sinceramente, y nunca mejor dicho, me la trae floja (discúlpeme el lector por esta expresión, pero no me podrá negar que viene como anillo al dedo).

Seamos serios, queridos amigos nacidos y residentes en la piel de toro. España, por suerte o por desgracia, allá cada cual con sus valores morales, ha sido, es y, salvo que caiga sobre nosotros un Armagedón milagroso y purificante, será un país en el cual la prostitución es parte intrínseca de su propia cultura y de sus raíces. 
No hace falta que hagamos un repaso a nuestra historia, nuestra literatura o cualquier otra de las bellas artes. Todos sabemos muy bien de lo que estamos hablando, desde la literatura medieval, pasando por el recientemente desaparecido Codex Calixtinus y los cuadros de nuestros más ilustres pintores hasta las letras de nuestros “hits” musicales de cualquier época, los españoles siempre hemos considerado la prostitución como parte de nuestras opciones de ocio. Desligando la parte espiritual que debería de ser consustancial a cualquier relación sexual, por lo menos en mi opinión, el sexo de pago ha sido banalizado de tal forma en nuestra cultura desde hace siglos,  que da vergüenza ajena que alguien ahora ponga el grito en el cielo porque los demás países se estén cebando con nosotros.
Y no es que lo hagan en estos precisos momentos por altos valores morales, que en estos temas poco se diferencian los nórdicos de nosotros. Las campañas mediáticas que estamos sufriendo en la actualidad se deben simple y llanamente a los celos que tienen los demás países de que, si todo sigue su cauce previsto, un empresario norteamericano desembarque en Alcorcón o en el Prado del Llobregat para montar un complejo de ocio ligado al juego, el espectáculo y, obviamente, al sexo sin amor. Ahora que escribo Prado del Llobregat en vez de Prat me doy cuenta de lo interesante que sería esta ubicación para los yanquis: un prado es una vega, por lo que podrían llamarlo sin pudor Las Vegas 2. Aunque no quiero enemistarme  con mis nuevos conciudadanos madrileños y votar en contra de los intereses de esta región, por lo que seguiré opinando que es mejor el terreno desértico de la comunidad de Madrid que estropear el área protegida de la desembocadura del río Llobregat, parque natural rico en especies y cuna de la denominación de origen del sabroso pollo de la raza Prat. Tema este último que seguro que acabaría convirtiéndose en un chiste muy fácil, el de la polla del Prat. Con perdón. Otra razón para votar por Alcorcón, aunque rime con..., mejor dejarlo.
Por otro lado, y en brava y gallarda defensa de nuestra sangre y herencia cultural, hay que dejar bien claro que los demás países no andan muy lejos en lo que se refiere al sexo de pago. Desde los mega-prostíbulos más grandes del mundo construidos en Alemania hace unos  años para saciar el hambre de amor de los hinchas futbolísticos, hasta la prostitución institucionalizada en las repúblicas bálticas o Rusia, pasando por la regulada gestión carnal holandesa o la nada discreta vida sexual a lo “bunga bunga” del ínclito presidente italiano Berlusconi, aplaudida y admirada de soslayo por la mayoría de sus conciudadanos, sabemos muy bien que en todos los países cuecen habas.  
Los únicos que igual se podrían salvar en este caso son los ingleses, dado que ellos prefieren la compañía del dios Bacco a cualquier otro placer mundano y ellas nunca han pedido dinero a cambio de favores sexuales, lo hacen directamente, por naturaleza y sin ningún tipo de pudor ni higiene; e igual los portugueses, que siempre afirmarán con rotundidad que en su país no hay mujeres de mal vivir y que tienen que desplazarse a España para ese fin. Algo comprensible teniendo en cuenta que las féminas de dicha nación lucen en su mayoría tal bigote que en el servicio militar portugués nunca tuvieron que recurrir al bromuro para calmar las ansias juveniles de sus reclutas; adorno peludo éste que, salvo desviaciones contra-natura,  acaba con la libido de cualquier hombre hecho y derecho.
En resumen, queridos periodistas, dejad de rasgaros las vestiduras ante los insultos que vengan de allende los pirineos, poneros delante del espejo, y, con toda la sinceridad del mundo, admitid que este país es un país de puteros. Y no acepto la falsa excusa de que en España hay tantas prostitutas porque es necesario saciar a los millones de turistas sexuales que nos visitan cada año con este fin: las cientos de miles de meretrices que pueblan nuestra tierra comen cada día, no solamente en época de vacaciones.

Y tampoco creo que los polígonos industriales de Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia sean parte del paquete turístico contratado en “Trivago” por los extranjeros que nos visitan cada año, ni que el sinfín de casitas con luces rojas de nuestras tan queridas carreteras nacionales, las que parten desde la Puerta del Sol y empiezan por la letra ene, lleven este distintivo para proclamar que “No somos puteros”.  

Más bien creo que la llevan para remarcar lo de “Nosotros primero.”


3 comentarios:

  1. Joaquín5:17 p. m.

    ¡Muy bueno!

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  2. No, coño. Esto es, simplemente, la continuación de la Leyenda Negra. No es más.

    Y es que, si no, ¿a qué andan tan alarmados los alemanes con respecto al tráfico de blancas que se da en su país, donde ciudadanas del este son obligadas a prostituirse en el típico puticlub después de que alguien (generalmente mafias formadas por individuos también del este) les haya hecho entrar ilegalmente en el país prometiéndoles el oro y el moro?

    Ya digo: es la Leyenda Negra. Bueno, eso y que, desde luego, nada ayuda el que durante años hayan estado viendo por ahí fuera en prensa y televisión a la típica ministra sociata que, además de ser un adefesio y un pingo, tiene pinta de lo que tiene (me perdería ahora comentando cómo la Karma Chacón se piensa que está buena por eso mismo por lo que en el país de los ciegos el tuerto es el rey).

    Nada, nada. Tranquilos. Que ahora, en cuanto se cansen de ver a la Botella, con ese charme, ese savoir-faire, ese tipín, esos modales de Jesús María... pues ya se desdirán, ¿non?

    ¡Juás!

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    1. Tus comentarios siempre ponen la sal que falta! Vivan las chicas de la tuna del Jesús María!!

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