lunes, 13 de octubre de 2008

Ella
Está ahí, repeliendo mis miradas sin aportar nada. Triste compañera de piso me he buscado. Es capaz de estar día tras día callada, escuchando y viendo todo, sin soltar un triste “aquí estoy yo” para animarte el día. Y eso que es nueva, recién estrenada, decorada con cuadros y fotografías cargadas de recuerdos, impoluta, cálida bajo la luz de las lámparas y alegre y brillante al salir el sol. Igual debería darle un repaso, agarrar un spray del color más chillón que encuentre, estilo chándal brillante de mercadillo, y llenarla de pintadas insultantes y obscenas. O meterle un par de cabezazos. A ver si le duele más que a mí. Lo dudo. Estoy seguro que seguirá ahí, desafiando con su tranquilidad y silencio cualquier intento de pedir respuestas. Tampoco puedo esperar otra cosa. La hicieron para eso. Para estar quieta, firme y en silencio. Es una pared. La pared de mi salón. Que le den.

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