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martes, 7 de octubre de 2025

Donde empieza la Reconquista


En el lejano año 722 empezó en Covadonga la primera gran cruzada contra la bárbara y sangrienta invasión musulmana. Algo que hoy en día se oculta a los niños y a los jóvenes, se omite en los libros de enseñanza y, como no, en los medios mainstream sumisos al mal globalista, al buenismo mal entendido y a los intereses de las peores mafias internacionales, la ONU, la UE, el club Bilderberg y demás entes conocidos u ocultos que manejan los destinos de nuestras patrias.

Pero gracias a Dios, la verdad y la historia no se pueden ocultar eternamente, por mucho que lo intenten los enemigos del cristianismo y de la verdadera Europa. Y en estos últimos años, la mecha de la libertad y la justicia ha prendido en las mentes de los europeos, que no son todos aquellos que poseen un documento que les acredita “oficialmente” como ciudadanos de tal país, sino que son aquellos que comparten una misma herencia cultural y espiritual. Y una Fe. 

No podemos desligar a Europa del cristianismo, igual que no podemos eliminar nuestras herencias griega y romana. Y en el caso de España, más aún, si cabe. Porque en esta nuestra santa tierra es donde se gestó y consolidó todo lo bueno que atesora el viejo continente, fundiéndose en el hispanismo avanzado, justo, descubridor e integrador, cuyo objetivo fue y seguirá siendo siempre, la búsqueda del bien, el avance cultural y científico y la implantación de la justicia social. Cualquier otra versión de la historia europea y española, es mentira.

Mentira alimentada por los enemigos de Dios y por los herejes del norte, hoy en día transmutados en absurdas instituciones autoritarias, sucios lobbies económicos y regímenes dictatoriales que desde la lejanía alientan la destrucción social y económica de Europa mientras subyugan y controlan a sus propias poblaciones.

Y ese fuego que empezó en Covadonga, que siguió con las Cruzadas, vuelve a iluminar nuestra vida. Los ciudadanos de Europa han despertado, las campanas tocan a rebato, las trompetas suenan en valles y llanuras, y no vamos a dejar que nos arrebaten miles de años de evolución, de cultura, de avances sociales y culturales, permitiendo la invasión del mal con ridículos pretextos que solamente intentan ocultar la incapacidad de los gerentes actuales de Europa, que parece que solamente están ahí para acabar con nuestra casa común.

Malvados liquidadores de empresa puestos ahí para desmontar todo lo construido durante los dos últimos milenios, para imponer el mal al bien, para crear una sociedad de esclavos a las órdenes de élites económicas que no ha elegido nadie, y que solamente buscan su beneficio personal.

La reconquista empieza conociendo la historia y entendiendo la situación actual, y continúa con la lucha por salvar nuestra herencia, nuestra cultura y nuestra Fe.

Y pasa, sin duda alguna, por la reproducción, por el aumento de los nacimientos, por la correcta educación de los niños y los jóvenes, por la enseñanza de la verdadera historia de Europa y por la lucha por la verdad y la justicia.

La reconquista empieza con Jimena.

Vaya por ella y por sus padres esta pequeña reflexión. 

Felicidades, pareja.

 

miércoles, 6 de agosto de 2025

Hay moros en la costa


Siete largos y duros siglos (casi ocho) nos costó a los sufridos y valerosos habitantes de la península ibérica, a los hispanos, ergo a los españoles, echar a los bárbaros musulmanes que nos invadieron a sangre y fuego, arrasando con todo lo que encontraron a su paso, matando, violando, robando, imponiendo su religión y su modo de vida a los reinos cristianos de nuestra piel de toro. Una lucha, una reconquista, que inició Don Pelayo en Covadonga en el año 711 y que culminaron los Reyes Católicos, que Dios les tenga en su gloria, con la conquista de Granada en 1492.

Pero no todo acabó ahí, los “moros”, por el “maurus” (oscuro) del latín, siguieron al acecho, ya no en tierra firme con sus habituales aceifas, pero si como piratas, con sus razias, capturando barcos, asaltando localidades costeras (con la traidora colaboración de moriscos, los “cristianos de nuevo moro” que se convirtieron, pero que de cristianos tenían bien poco), arrasando poblaciones poco protegidas e islas aisladas, y tomando rehenes para negociar su rescate. Más de un millón de cristianos fueron capturados y vendidos como esclavos, con la inestimable ayuda de corsarios ingleses y holandeses, conversos o no, pero siempre ávidos de las riquezas de los buques hispanos y de los ingresos por el tráfico humano. Por esa razón nació por ejemplo la orden de los Mercedarios, cuya principal ocupación era reunir dinero para rescatar a los cristianos capturados por los berberiscos. Y esto duró hasta bien entrado el siglo XIX, hasta la caída del Imperio Otomano.

Como es de entender, desde la toma de Granada, los reyes españoles, sabedores de que los moros no eran de fiar, comenzaron a fortificar las costas mediterráneas españolas, con torres de vigilancia, que jalonaron el litoral desde Alicante hasta Cádiz y Huelva. Y desde estas torres, almenaras y castillos, salía el grito tranquilizador para la inquieta e indefensa población, “no hay moros en la costa”, lo que permitía las tareas diarias de los habitantes, la pesca, el comercio, la vida en sí.

¿Y dónde estamos ahora, dos siglos después? Pues que el grito que se oye a diario en nuestras playas (aparte del éxito veraniego “Pedro Sánchez, hijo de puta”), ya sea en nuestros archipiélagos canario y balear o en las costas mediterráneas, es el intolerable y tan dañino “hay moros en la costa”. Pero con diferencias y, como no, con coincidencias, con respecto a lo sufrido durante siglos.

La diferencia: no hay torres de vigilancia y no hay reyes preocupados por el bienestar y la supervivencia de su pueblo. 

La coincidencia: la traidora colaboración de los herejes del norte de Europa, de belgas, de holandeses, de ingleses, de alemanes, todos unidos en su propósito de arruinar Europa, para mayor beneficio de sus cuentas corrientes, maquinando desde Bruselas, el Mordor de nuestra era, fomentando el tráfico humano, permitiendo la invasión continuada y masiva de nuestras naciones, invocando guerras inexistentes, miserias imaginarias, hambrunas provocadas por ellos mismos y falsas crisis humanitarias diseñadas en sus bien amueblados despachos para justificar el sucio negocio pactado con los países de origen a cambio de materias primas y concesiones de explotación, y usando intermediarios bien remunerados, las sucias y malvadas ONGs y las mafias locales, para ir descargando día tras días miles de primitivos bárbaros en nuestras costas. No hay ningún interés humanitario, ni ninguna necesidad real en estos países de origen de abandonar sus tierras, lo que hay son planificaciones económicas, cálculos de perdidas y beneficios, y un interés de acabar con las naciones cristianas europeas, imponer una dictadura globalista, esclavizar a los ciudadanos europeos, reemplazarlos por los nuevos esclavos traídos del continente africano, y enriquecer a la sucia élite de Mordor / Bruselas. Lo que han hecho siempre los herejes del norte de Europa: explotar otros continentes para su propio beneficio. No han cambiado desde hace muchos siglos, y el único obstáculo para su imperio del mal, es, como ha sido siempre, el Reino de España.

Por eso somos el destino principal de su operación de invasión y sustitución, previo destrozo de nuestra economía y de nuestra sociedad.

Todo lo demás, todo lo que te cuenten en sus medios comprados, son milongas.

Hay moros en la costa y hay herejes allende los pirineos que los traen.


lunes, 6 de noviembre de 2023

A los que estáis haciendo historia

 


Aparte de un grupo familiar y uno anual para el preceptivo e imprescindible peregrinaje por los caminos que llevan a Santiago de Compostela, solamente pertenezco a dos grupos en WhatsApp, llamados “Amigos de España” y “Exiliats a Madrid”. Los miembros de estos grupos son mis compañeros de andanzas desde los años 80, unos aún residentes en Barcelona y otros, como yo, “exiliados” felizmente en Madrid. Y estos grupos son sin duda el pilar de mi vida, ya que representan lo que he sido y lo que soy, algo invariable desde esos ya lejanos años juveniles en los que se forjó el espíritu que nos acompañará el resto de nuestras vidas.

Y en este grupo de amigos y conocidos existen dos denominadores comunes: por un lado el amor a España y por otro el profundo conocimiento de la historia de nuestra patria, desde nuestra época de pujantes provincias romanas hasta el actual golpe de estado que está perpetrando el PSOE, encabezado por el demente que todos conocemos. Y este conocimiento de la historia nos permite entender con claridad lo que está pasando y, sobre todo, intuir lo que va a pasar en un futuro muy cercano. Porque, para desgracia nuestra, la historia de España se repite de forma cíclica, y cada vez que creemos haber llegado a la cima de la montaña con nuestra piedra a cuestas, cual Sísifo, volvemos a rodar ladera abajo para empezar de nuevo el duro ascenso hacia la excelencia, la libertad y la justicia (lo de usar a Sísifo como símil me lo ha inspirado Mariona Gumpert, por cierto, en una más de sus excelentes columnas). 

El grave problema es que una gran parte de la sociedad, sobre todo los menores de 50 años, desconoce nuestra historia, sin duda un hándicap, una desventaja, insuperable. Sin formación no hay opinión que valga, y con nuestra estructura de población, que tiene más de barril estilo Angela “Obélix” Pam que de pirámide, estamos apañados. La mayor parte de los ciudadanos españoles tiene más de 45 años, con un gran peso de los “boomers”, a punto de jubilarse o ya disfrutando del retiro, y este rango de edad implica un desconocimiento absoluto de la verdadera historia reciente de España, tergiversada y manipulada en los últimos 48 años por los aduladores de falsos dioses, por separatistas, por terroristas, por corruptos, por herejes, por los enemigos de la patria, que desde 1978 se han dedicado a tergiversar, blanquear y hasta inventar la historia española, sobre todo la de los siglos XVIII, XIX y XX, a fin de adaptarla a sus oscuros fines (los siglos anteriores al XVIII ni existen para estos enfermos, como es lógico, ya que les desmontaría su relato). De la mayoría de la juventud actual ya ni voy a hablar. Están más perdidos que Alberto Garzón ante una gráfica de barras. 

Esta “nueva historia” oculta, entre muchas otras cosas, los desmanes, conjuras, golpes de estado, sacas, torturas y asesinatos cometidos por el PSOE y el resto de la izquierda e inventa naciones históricas que jamás han existido, y con ello abre de par en par las puertas de nuestros hogares para que se cuelen separatistas, terroristas y golpistas hasta nuestro salón. Y si encima en este salón está sintonizado algún canal de televisión del “sistema”, es decir, todos ellos salvo la honrosa excepción que es “El ToroTV”, apaga y vámonos. Porque no olvidemos que el grueso de la sociedad no utiliza redes sociales, no accede a medios independientes y libres: viven en su inopia manipulados y dominados por el relato interesado de los malos. Los muy malos, bastante más que los “Hermanos Mala Sombra”,que comparados con los actuales y nefastos líderes políticos y de opinión, más bien parecen las Hermanitas de la Caridad.

Pero no todo van a ser desgracias, y aunque sea un triste consuelo, una parte la sociedad, aún insignificante para conseguir restablecer a corto plazo el orden social, la libertad, la igualdad, la justicia y la verdad histórica, se está levantando, está alzando la voz, como bien estamos viendo en las recientes movilizaciones contra el golpe de estado que está perpetrando el PSOE, con la aquiescencia de sus votantes, que eligen a esta panda de delincuentes por filiación, no por convicción, ya que carecen de los conocimientos necesario para discernir qué es verdad y qué es mentira. Esa sindéresis que ni está ni se espera.

Y este alzamiento popular, lejos aún de las grandes gestas protagonizadas por el noble pueblo español (esas hazañas que tan concienzudamente se ocultan en los libros de historia, los documentales, los noticiarios y la prensa), tiene heroicos y valientes protagonistas: periodistas, columnistas, algunos conocidos, otros anónimos, aportan día a día su granito de arena para invertir la actual tendencia, que solamente tiene un triste final: la desaparición de España como nación y la libertad, igualdad y la justicia como valores eternos intrínsecos al ser humano. La lista de los luchadores por la libertad y por España es larga, todos sabemos quienes son, pero permitidme destacar a algunos, como son Juan Carlos Girauta, Javier García Isac, Mariona Gumpert, María López-Brea, Gabriel Albiac, Iván Vélez, Hughes, Carmen Álvarez Vela, María Durán, Julio Ariza, Enrique García-Máiquez, Jaume Vives… y tantos otros luchadores conocidos o anónimos, historiadores, poetas, caricaturistas, músicos, profesores, catedráticos, policías, militares, Guardias Civiles, médicos, curas, monjas, fontaneros, electricistas, albañiles, camareros, transportistas o simples “influencers” en redes sociales, que aportan ese vital flujo de información tan necesario en estos oscuros días que nos ha tocado vivir.

Y en primera fila, en vanguardia, tenemos a los políticos, a los Calvo-Sotelo, José Antonio Primo de Rivera, Melquíades Álvarez o Melchor Rodríguez de nuestros días, los que están escribiendo la gloriosa historia de España de este siglo XXI, que vuelve a poner a prueba la capacidad de los españoles de acabar con el mal. Con el MAL en mayúsculas. Me refiero, como bien entenderá el lector, a los afiliados, dirigentes, diputados y demás cargos electos de VOX, que arriesgando su presente, su futuro y hasta su propia vida, están dando la batalla en las instituciones. Y a las pocas y nobles excepciones del Partido Popular, de lo que fue UPyD, de los “Ciudadanos” primigenios y, si cabe, hasta la contada buena gente que era del PSOE y lo ha abandonado. Los que han visto la luz.

Poco más hay fuera de este pequeño pero valiente ejército de salvación, que es el que tiene que liderar esta nueva reconquista en la que estamos inmersos.

Y que volveremos a ganar, por supuesto. 

Y los subcampeones serán los de siempre. 

Porque el bien siempre triunfa.