Si nos atenemos a las definiciones de la Real Academia,
estos tres conceptos en muchos casos se solapan, ya que un encuentro (4ª
acepción, discusión, riña, pelea) puede ser al mismo tiempo un desencuentro
(1ª acepción, encuentro fallido) y
hasta un reencuentro (2ª acepción, encuentro
de dos cosas que chocan una con otra). Estas siempre interesantes definiciones “oficiales”
ilustran de forma clara la complejidad de los encuentros, o
relaciones, entre las personas, que pueden pasar de una simple coincidencia
física en un punto o un estado de mutuo acuerdo sobre un tema cualquiera, a una
decepción y hasta a un enfrentamiento físico y bélico entre “dos grupos de tropas que se buscan y se
encuentran”. Esto vuelve a demostrar la inmensa riqueza de nuestro idioma y, al mismo tiempo, incrementar mis dudas sobre el
acierto de la inmersión lingüística en Cataluña y la consiguiente pérdida del
conocimiento de esta lengua universal por un alto porcentaje de estudiantes de España. Suerte tenemos que por otros lares el estudio
del idioma español sigue su marcha ascendente e imparable, empezando por países
cercanos, como Alemania o Francia, y acabando en los gigantes del futuro, como Brasil,
donde nuestra lengua se ha convertido ya “de facto” en el segundo idioma
oficial. Pero volvamos al tema inicial, a lo que iba: los encuentros, desencuentros y reencuentros.
En este último mes mis relaciones personales han pasado por
cada uno de estos conceptos de una forma tan directa y hasta brutal, que no me
he podido resistir a plasmarlo en este blog, sabedor de que tal como está
evolucionando la era digital su contenido pasará a ser parte de esa nube global de datos a la que “per secula seculorum” tendremos acceso
todos de una forma u otra. (Vigilada encima por el inefable ZP desde su terruña en León). Y no
solamente gracias a las geniales invenciones o inspiraciones divinas de Steve Jobs, al que la mayoría de la
sociedad, sin conocimientos profundos, otorga el triunfo absoluto en el
nacimiento de la era digital, cuando él ha sido un simple eslabón más de una
historia mucho más compleja y amplia que el esnobismo, la perfección en usabilidad, en marketing y sobre todo en el
ROI de los productos de su empresa
de la manzana. Fruto que por cierto he visto mentar en algún sitio como heredero
en importancia del causante del pecado original en el jardín del Edén,
sin que la persona que lo nombraba se haya detenido en el detalle de que
dicho mordisco inició nuestro declive, el nacimiento de la envidia, el egoísmo y
demás defectos de los que todos adolecemos. Aunque igual iba bien encaminada, porque vista
la rabia que sentimos muchos por no tener el último modelo del Iphone o del
Ipad, queda fehacientemente confirmado que la manzana tiene ciertos efectos
negativos en las personas.

En el lado opuesto de la balanza, y sin alargarme mucho, he
tenido desencuentros que no por no esperados
(son cosas que estaban escritas) me han dolido mucho. Tener enfrentamientos con
tu padre, ya mayor y enfermo, nunca son agradables, aunque tengas la razón, y
dejar de hablar con amigos, para ti necesarios, importantes y hasta sagrados,
sin saber muy bien por qué, son situaciones que más vale olvidar. Como se suele
decir, el tiempo lo cura casi todo, y en este caso no es un simple dicho
popular, sino ciencia cierta: el tiempo nos lleva a todos a la muerte, que irremediablemente
llega, y con ella sana todo. Por lo menos lo terrenal.
No vayas a creer, querido lector, que esto va a quedar así.
Demasiadas amonestaciones, que no broncas, me suelo llevar con mis artículos depresivos,
negativos y tristes. Por lo que ahora viene la parte bonita. La del tercer concepto
enunciado en el título, el de los reencuentros.
Pues resulta que después de aproximadamente 27 años he
conseguido contactar con un otrora gran amigo, compañero de facultad durante un
semestre, camarada en ideales políticos y militancia, acompañante en diversas aficiones
y hasta en actuaciones musicales conjuntas (siendo sincero, fue una única
actuación, pero arrasamos) en un bar musical de Barcelona que seguro que hoy en
día está en manos de chinos o pakistaníes, y volverle a ver me ha aportado esa parte de
felicidad y alegría que mi cuerpo y mi mente estaban pidiendo a gritos. (Javier, es war eine große Freude und eine
Ehre dich wieder zu treffen). Después de años de infructuosos intentos de localizarle, la magia
de la nube digital nombrada al principio de este artículo y de los cada vez más
potentes buscadores , me han permitido primero localizar alguna de sus obras
publicadas, luego a su hermano en una red social, hasta finalmente llegar a él
mismo y no solamente poder contactar por correo sino que encima hemos llegado a
vernos y hemos podido disfrutar un día en compañía, día que a ambos nos supo a
poco, teniendo en cuenta los años transcurridos
sin vernos y todo lo que ello conlleva en historias por contar. Y por mi parte ha
sido un encuentro muy natural, sin ningún distanciamiento producido por el
tiempo, con la salvedad, extraña, sorprendente y loable, de que en el ínterin
ha sido capaz de aprender alemán desde cero, habiendo alcanzado un nivel
realmente sorprendente para un español. Para luego ver atónito las disputas y los
disparates que se producen en esta parte de España, en Cataluña, por dejar de
enseñar una u otra lengua a los cada vez más atontados jóvenes.
Si alguno de los “politicuchos” que tan mal nos gobiernan
fuera realmente bilingüe o hasta políglota, con lo que ello implica en formación y
amplitud de miras, si dejaran de utilizar la cultura como arma arrojadiza
contra sus adversarios, que no compinches, si entendieran algo, aunque fuera
poco, de una santa vez y no fueran tan
ruines, tan falsos, tan interesados en los privilegios de su posición y tan
poco dados a la lucha por el bien común, otro gallo nos cantaría.
Pero eso ya no sería ni un encuentro, ni un desencuentro
ni un reencuentro. Sería una aparición milagrosa.
Y apariciones
milagrosas hace tiempo que no se producen. Ni la de Steve Jobs lo ha sido.
Wenn ich Wahrheit sagen müsste, könnte ich nur eine Sache sagen: gleichfalls!
ResponderEliminarEs gibt aber keinen Spanier, der gutes Deutsch sprechen kann!