jueves, 16 de junio de 2011

Vaya mierda de siglo XXI

Con cada día que pasa se confirma más la frase que solemos soltar a menudo en nuestras tertulias de barra, ante pinchos de tortilla y las cañas de rigor. “Ojalá hubiera nacido en otra época”. Nuestros sueños de gloria, de impartir justicia, de luchar por una causa noble, de defender valores superiores, de conseguir la justicia social o de simplemente proteger a la doncella vilipendiada, nunca nos han abandonado.

Cual Peter Pan en el país de Nunca Jamás, nos negamos a madurar y seguimos impertérritos con nuestros sueños juveniles. Sentimos en nuestro profundo interior que estamos llamados a desempeñar una tarea más alta y bastante más enriquecedora que el simple envejecer, viendo pasar las facturas, las cuotas de la hipoteca, las ligas del sempiterno Bar$a, la anual y veraniega reposición de Verano Azul, la canción del verano de Georgie Dann, los amores fallidos y la muerte de los familiares que nos preceden (en el mejor de los casos).

No queremos despertar y darnos de bruces con una realidad que hace tiempo dejó atrás cualquier atisbo de idealismo y que simplemente se mantiene en pie gracias a la maraña de intereses económicos de unos pocos y las subestructuras sociales y políticas creadas a su alrededor para mantener al antaño ciudadano libre, ahora llamado ya genéricamente en el mundo empresarial FTE (Full Time Equivalent), dominado y endeudado, por la tanto, esclavizado.

Esclavizados hasta el punto de no poder defender nuestro honor.

Dominados por la errónea o desvirtuada aplicación de las leyes de tal forma que los culpables se tornan inocentes;
  • de que tengan más derechos cuatro okupas antisistema que los ciudadanos de a pie o las fuerzas del orden;
  • de que reciba más prebendas cualquier “pobre” y “perseguido” inmigrante de dudoso pasado que un súbdito de su cada vez menos graciosa majestad el Rey de España con 25 años de cotización a la Seguridad Social;
  • de que un voto de catalanes, vascos o gallegos tenga más peso que la opinión de los habitantes de, por ejemplo, Extremadura, tierra noble y cuna de conquistadores;
  • de que los medios públicos y aquellos afines a sus intereses sectarios puedan disfrutar de ventajas fiscales, contables y legales de por vida, pudiendo estar en quiebra y seguir pagando altos sueldos a sus directivos, mientras que los medios de comunicación independientes son perseguidos hasta hacerlos desfallecer, dejando con ello el campo abierto a la manipulación absoluta por parte del poder.
¿Dónde están las épocas de las presuras, en las que por el simple hecho de poder trabajar la porción de tierra que marcaras obtenías su propiedad, y con ello la protección de la Iglesia y del noble del lugar?
¿Dónde la tradición visigoda mantenida luego por los reyes astures de poder elegir al siguiente Rey, sin que se le otorgue ese privilegio por el simple derecho de sangre?
¿Dónde habitan las Órdenes Militares a las que apuntarnos para defender nuestra fe frente a los infieles que nos invaden (y que obtienen terrenos municipales para sus mezquitas mientras nuestras iglesias son atacadas)?
¿Dónde está el glorioso ejército español con su leva obligatoria y su juramento a la Bandera, que por lo menos nos permitía sentirnos defensores de algo y de alguien durante 12 o 15 meses?

¿Dónde montan guardia los honorables Guardias Civiles con sus históricos tricornios,  que cumpliendo con su juramento de lealtad por lo menos tenían los arrestos para levantarse de tanto en tanto intentando ser fieles a la palabra dada en defensa de su patria España?

¿Y finalmente, dónde están los políticos idealistas que realmente se apuntan a un partido con vistas a darlo todo por la sociedad a la que quieren representar, incluyendo el propio sacrificio?

Fácil respuesta: ya no existen. Ninguna de las figuras antes mencionadas habita ya entre nosotros. Son recuerdos de un pasado, de otros siglos, que por desgracia no nos vieron nacer. A nosotros nos tocó el siglo XXI. Vaya mierda de siglo.

martes, 14 de junio de 2011

La vida es música

Soy bastante reincidente (para no decir pesado) con el tema de la buena música, pero tampoco tengo porqué esconderlo.  Y más a mi edad. Bien pensado tampoco le exigimos a ningún diario que cambie su línea editorial, ni aceptaríamos que de golpe la cerveza supiera a zumo de pepinos, que las patatas bravas de toda la vida fueran una pasta triturada de brotes de soja alemanes o que nuestro querido Real Club Deportivo Español de pronto jugará con otra camiseta ajena a nuestra historia centenaria. Sigo yo por lo tanto en mis trece hablando de una de mis grandes aficiones, la música “clásica”, entendida esta  como aquella música que para la gente de mi edad significa el principio de todo, la transición del blues, el country, el swing y el jazz hacia el rock and roll y sus posteriores variantes.

Superado ya el ecuador de mi vida puedo mirar atrás con bastante amplitud de miras y conocimientos, con miles de canciones escuchadas, con cientos  de letras aprendidas de memoria y co
n bastantes acordes tocados  con mayor o menor maestría.  Y con una rabia y unos celos (que jamás negaré)  de haberme quedado a mitad del camino, al otro lado del escenario, sin haber cumplido el sueño de todo “rockero” de poder hacer bailar, soñar, reír y llorar a unos cuantos amigos al son de mis propias canciones. 
Pero esto tampoco es grave. Cada persona tienes sus limitaciones, unos cantan bien, otros saben bailar, algunos nos defendemos escribiendo y otros son unos genios haciéndonos reír. De todo tiene que haber en la viña del señor. También los hay que no aportan absolutamente nada al bien común, más que dolor, desesperación y tristeza. Pero de “esos” no pienso hablar. Bastante triste debe de ser su propia existencia para encima pasárselo por los morros. 
Hablemos pues de aquellas personas que hacen algo bueno por los demás. Que les insuflan ánimos cuando están decaídos, que les ayudan a alzarse cuando han perdido el equilibrio, o que simplemente les animan una tarde cualquiera con unas buenas letras, sus apropiados acordes, algún que otro punteo espectacular y los siempre bienvenidos invitados sorpresa que redondean una tarde de rock’ñ’roll en un ambiente distendido, familiar y relajado (por cierto, que buenos el saxo y el trompeta).
Como si te pusieras tu disco preferido en casa, pero mejor. Mucho mejor, diría yo, ya que aparte de la música consigues llenar tu interior con el calor humano de las personas que te rodean, con la complicidad que significa conocer a los artistas y poder tararear las canciones con ese “orgullo” de sentirte parte, aunque pequeña, del espectáculo (y con las cervezas frescas de rigor que no pueden faltar en ocasiones tan especiales). 


Es lo que siempre han sentido los “fans”, los seguidores de grupos musicales. La culminación de cualquier apego a un grupo o a una canción es poder disfrutarlo en “vivo y en directo”, como decíamos antaño, de poder “tocar” a tus ídolos, de verles a pocos metros de distancia entonando esa canción que consideras tuya desde hace tiempo, pero cuya propiedad compartes con todas y cada una de las demás personas que te rodean. Ni el “time sharing” en el turismo, ni el novedoso “car sharing” de las grandes urbes podrán compararse jamás con el “live-sharing”, que es el placer de disfrutar con otras personas de grandes melodías que nos hacen vivir, sentir y soñar. Y desear con ganas que llegue la siguiente actuación de algún artista que nos guste (llámense Leonard Cohen, los Eagles, Nacha Pop o,  como el sábado pasado, Justo y los Pecadores para poder mantener la afirmación innegable de  que la vida es música.


lunes, 6 de junio de 2011

Diez años sin Servicio Militar Obligatorio

A la mayoría de jóvenes de hoy en día ni les sonará lo del Servicio Militar, y menos aún obligatorio.  Y más extraño aún les parecerá a casi todos, jóvenes y mayores, que a estas alturas del siglo XXI aún hablemos de esto  y hasta lo conmemoremos con actos y desfiles.  Pero a pesar de ello estoy seguro que entre mis lectores se encuentran personas que comprenderán lo que me ha movido a escribir este artículo o hasta compartirán mis sentimientos en mayor o menor medida.

Como casi cada año las Asociaciones y Hermandades  Militares en Cataluña organizan, con todo el apoyo de las autoridades militares, un acto de homenaje, convivencia, recuerdo  y conmemoración.  Una vez  se celebró en recuerdo a los caídos por España, otra como homenaje a la Bandera y en esta ocasión, enmarcado dentro de los actos del Día de las Fuerzas Armadas, en recuerdo a los 10 años de la abolición del servicio militar y como conmemoración del centenario de la fundación de las Tropas Regulares Indígenas.

A bastante distancia de Barcelona, ya casi tocando tierra gabacha, es decir, enemiga (sólo hay que ver el trato que dieron ayer a Rafa Nadal los impresentables espectadores franchutes en Roland Garros para no olvidar jamás quién es nuestro enemigo allende los pirineos), en concreto en San Clemente Sasebas, nos reunimos las mismas agrupaciones de cada evento. Antiguos Regulares, Legionarios, Somatenes, Guardias Civiles, Paracaidistas, Miembros de Operaciones Especiales, Aviadores de la República y los 12 fieles y valientes que seguimos honrando a una de las unidades más gloriosas, admiradas y valientes que ha dado la historia militar de nuestra patria, la División Azul, a través de la Fundación del mismo nombre que realiza un trabajo fundamental para preservar el recuerdo de las impresionantes hazañas de la en Alemania denominada “Einheit spanischer Freiwilliger”, la División 250 de la Wehrmacht.

Bajo un sol radiante que hizo su aparición al unísono con el Teniente General que presidía el acto, y después de una bonita alocución del portavoz de las asociaciones y un bastante peor, por breve y “atrompicado”, discurso de dicho Teniente General, las asociaciones desfilamos como en nuestros mejores tiempos al ritmo del izquierda, derecha, izquierda,  un paso que conforme avanzan los años cada vez se nos antoja más complejo. Para no hablar de la dificultad de ponernos de acuerdo sobre el braceo de rigor, que al final, y  a pesar de todo, quedó bastante apañado, evitándonos la vergüenza de parecer simples marionetas o airgamboys en sus últimos suspiros previos al desfile definitivo hacia el cubo de la basura.

Salvado con relativo honor el desfile y emocionados después de haber podido cantar en persona, acompañados por la banda del cuartel y homenajeando con ello a todos los caídos por España, el precioso himno “La muerte nos es el final”,  llegó la hora deseada de apertura de los barriles de cerveza, esperada con ansiedad sobre todo por nuestros queridos amigos de la Hermandad de Caballeros Legionarios, que no acababan de entender el porqué de la limitación horaria al consumo de alcohol, y que en lucida previsión ya habían parado en la autopista para hacer acopio de las suficientes reservas líquidas para sobrevivir dos horas cara al sol.

Un bonito aterrizaje de varios paracaidistas del cercano centro de Ampuriabrava, cada uno portando una diferente bandera alusiva al acto, varias exposiciones de  material militar ubicadas alrededor del inmenso patio del antiguo centro de instrucción y la espera al segundo turno de comida entre charlas, chanzas y alegría, culminaron este bonito acto que esperamos poder repetir en los próximos años.
Sobre  la calidad del “rancho” que compartimos todos en el comedor del cuartel, la deficiente (por decir algo) organización del reparto de la comida, la enorme distancia entre el comedor y los aseos,  las extrañas actividades lúdicas anunciadas en el cartel de la cantina, que incluían bailes “latinos” impartidos por  la soldado Levys y algún que otro detalle sin importancia no hace falta hablar.

Para criticar ya tenemos a los de siempre, que seguro que son incapaces de comprender actos de esta índole, nuestra asistencia y la emoción que sentimos escuchando  marchas militares y viendo ondear al viento nuestra bandera nacional, a pocos kilómetros de Francia y en medio del precioso, catalán y por ello tan español,  Ampurdán.

P.D. No dejéis de hacer clic en este enlace al himno la "Muerte no es el final", se trata de una versión especial que seguro será de vuestro agrado



Tú nos dijiste que la muerte
no es el final del camino,
que aunque morimos no somos,
carne de un ciego destino.

Tú nos hiciste, tuyos somos,
nuestro destino es vivir,
siendo felices contigo,
sin padecer ni morir.

Cuando la pena nos alcanza
del compañero perdido,
cuando el adiós dolorido
busca en la Fe su esperanza.

En tu palabra confiamos
con la certeza que Tú
ya lo has devuelto a la vida,
ya lo has llevado a la luz.
Ya lo has devuelto a la vida,
ya lo has llevado a la luz


Cuando, Señor, resucitaste,
todos vencimos contigo
nos regalaste la vida,
como en Betania al amigo.

Si caminamos a tu lado,
no va a faltarnos tu amor,
porque muriendo vivimos
vida más clara y mejor.


jueves, 2 de junio de 2011

Sobre premios y premiados: hablando de Leonard Cohen

Nunca he sido un incondicional de los grandes premios internacionales, llámense Nobel, Príncipe de Asturias o Karlspreis (Premio Carlomagno). Mi instintiva suspicacia hacia la mayoría de centros de poder, lobbies, organizaciones supranacionales, no gubernamentales, supuestamente caritativas, igualitarias, interplanetarias y demás mafias esparcidas a lo largo y ancho de la tierra,  me ha hecho dudar desde pequeño, inducido también por la cultura y el ancho de miras de mi madre (RIP),  de casi todas aquellas instituciones que en nombre de supuestas buenas intenciones, valores  y altruismos varios han premiado a este o aquel personaje por actos, hechos u obras en muchos casos desconocidas para el normal de los mortales e incomprensibles en la mayoría de las ocasiones.  Cuando no insultantes y ridículas. 
Valgan como  muestra estos botones, que digo, premios: los nobel de la Paz para Obama, Al Gore, Willy Brandt, Arafat, Begin  o Al-Sadat creo que son harto discutibles, los Carlomagno para Kissinger, Giscard d'Estaing o el Euro (¿un premio a una moneda?) seguro que nos permitirían entablar una larga discusión y los Príncipe de Asturias  de las Artes a Tàpies, Woody  Allen o Santiago Calatrava a mí personalmente me parecen fuera de lugar, aunque en el espinoso tema del arte todos sepamos que llegar a un consenso es bastante difícil. Igual de espinoso que definir el “Arte” en sí, como hemos visto recientemente con el arte del toreo, que en una parte de nuestra otrora gran nación se ha convertido en delito mientras que en el país vecino se ha elevado a la categoría de patrimonio cultural.
Pero ayer claudiqué y me alegré muchísimo por el Premio Príncipe de Asturias otorgado al escritor, poeta y también cantante canadiense Leonard Cohen.  Esta última faceta, la de cantante, es la que conocemos la inmensa mayoría, pero si se repasa su historial creativo veremos que antes de nada fue escritor, y de gran éxito.  Me enteré de la concesión del  premio de forma instantánea gracias a la red social de los pajaritos pio pio, en inglés Twitter, que se inundó en pocos minutos de mensajes de alegría y convirtió a esta figura de la canción que ha acompañado  a la gente de mi generación desde los años 70 en el tema del momento.  Por una vez me sentí premiado yo mismo, algo que seguro le habrá sucedido a muchas más personas, dado que mi relación con este artista va más allá de una simple afición a su música, sus letras o sus siempre increíbles comentarios entre canción y canción cuando actúa en directo.

Mis recuerdos de infancia le incluyen a él desde un lejano  1972, cuando aún niño compré mi primer disco,  llamado “Songs from a Room”, en ese material hoy desconocido llamado vinilo, elepé que por cierto sigo guardando en algún baúl o maleta en el altillo de casa. Anda por ahí también una biografía del Sr. Cohen con anotaciones en los laterales hechas por mi hermana, de las cuales recuerdo una muy expresiva, en la que dice “No te he visto nunca pero parece que te conozca desde siempre”, y hasta tengo grabaciones en las hoy míticas casetes en las que mi tío, ya fallecido, canta el “Suzanne” o yo mismo me arranco,  con mi voz avejentada antes de tiempo, con un “Lady Midnight” o un “The Butcher “ bastante aceptables para mis capacidades musicales.
Creo que pocas veces volveré a compartir el criterio de organismo alguno por la concesión de un premio, por lo que, por primera vez, y sin que sirva de precedente, apruebo esta decisión tomada por el jurado.  Y al mismo tiempo me siento un poco dolido de que mi nuevo diario de referencia, La Gaceta,  encabece su segunda página con un, en mi opinión,  inapropiado y hasta feo pie de foto titulado “Premio inadecuado”. Suerte que en las páginas interiores se hace justicia a este genio de la depresión, la tristeza y la soledad en compañía a los sones de canciones inolvidables. Congratulations Mr. Cohen!

lunes, 30 de mayo de 2011

Los pilares de la vida

Hasta la persona más necia se habrá preguntado alguna vez sobre los pilares de su vida. Doy por supuesto que en la mayoría de los casos no habrá sido en plan filosófico y trascendental, ni me arrogo que sea así en mi caso particular, pero seguro que todos y cada uno de nosotros nos hemos interrogado en alguna ocasión, en una confesión cara a cara con el “espejito mágico”, sobre las bases y razones de nuestra existencia.

¿Qué cosas son las que realmente dan sentido y consistencia a mi propia vida? ¿Qué columnas son las que mantienen en pie el edificio que es mi propio ser?

Esto son dos serias y trascendentales preguntas que, válgame Dios, ni me atrevo a contestar. Para ello hay y ha habido mentes preclaras, a años luz de mí en su capacidad intelectual y de análisis, que han intentado definir estos pilares. Cualquiera de vosotros que desee profundizar en el tema puede usar al siempre dispuesto explorador Sr. Google para que le encuentre definiciones a mansalva. A mí me viene muy grande.

Pero lo que está bien claro, y para ello no hay que ser filósofo ni disponer de grandes capacidades analíticas, es que cada persona es un mundo, y que los pilares que sostienen a cada uno de nosotros son tan diversos que sería misión imposible intentar encontrar una definición que cubriese todas las existencias actuales. Miles de factores externos influyen en ellas, desde los materiales y los geográficos hasta los culturales y religiosos, pasando por los familiares, asociativos, deportivos o laborales, por lo que no hay receta mágica ni formulación científica que permita delimitar de forma clara estos cimientos que nos mantienen en pie.

No tiene nada que ver, por ejemplo, mi vida, incrustada en un sitio irrelevante de un mundo occidental ahogado por el consumismo, el materialismo y la carencia de valores, con la vida de un monje budista en el alto del Himalaya o con un voluntario de Caritas que se desvive en cualquier país tercermundista dando un poco de alivio a personas necesitadas. Ni tengo nada en común con un acomodado directivo de una multinacional que cuenta su “bonus” anual en millones de Euros ni con un pobre mendigo que tiene que arrastrar sus malformaciones por el asfalto de nuestras calles y plazas para poder subsistir. Más aún, igual los pilares de mi vida no tienen ni un ápice de similitud con los de mi compañero de trabajo, que es coetáneo, vive en la misma ciudad y ejerce un papel similar en la misma empresa.

Soy lo que en Alemania llaman un ciudadano 08/15 [1] (“Nullachtfünfzehn”, escrito todo junto según el diccionario alemán), es decir, un ciudadano medio, del montón. Tengo mi trabajo, lo que queda de mi familia, mi círculo cada vez más pequeño de amigos, mis aficiones y mis vicios. También profeso la fe católica y siento un gran un amor por mis raíces tanto españolas como alemanas, por la historia común de Occidente y por el ideal de la mejora continua a través de las buenas obras y el amor al prójimo. Y sobre estos pilares construyo mí día a día.

Aunque en muchas ocasiones tenga la sensación de que esté fracasando en el intento. De que la guerra está perdida, de que los pilares que antes me sostenían se derrumban cual baraja de naipes mal cimentada.

¿O serán quizás los pilares de la sociedad en sí que están agrietándose a marchas forzadas, cual edificios aquejados de la peor de las aluminosis posibles?

¿No será esa superestructura llamada sociedad o civilización la que se está tambaleando, y con ello moviendo mis propios pilares como un tsunami enviado por un ser superior para castigar nuestros despropósitos?
¿No estamos en el fondo ante un nuevo episodio como Sodoma y Gomorra que se merece lo que está sucediendo?
¿Qué valores defienden ya las élites de la sociedad, aquellas personas que deberían de ser ejemplo paras los ciudadanitos de a pie?
¿Qué ejemplo positivo podemos ver en políticos, gobernantes, líderes mediáticos, escritores, deportistas,  cantantes o actores?

Y si no lo podemos ver nosotros, los que gracias a Dios tenemos una cierta base cultural, económica y de extracto social que nos permite seguir capeando el temporal de una sociedad sin valores,
¿cómo vamos a esperar que lo vean personas más humildes, mas incultas o más atontadas por años de alienación fomentada por el poder y los medios de comunicación “manipuladores” por definición y objetivo?

Así no llegaremos a ninguna parte. Y los pilares de nuestras vidas seguirán siendo los que interesen a las personas aupadas al poder. La incultura, la adicción al consumo material y la inexistencia de valores trascendentales. Así seguirán rigiendo nuestros destinos, riéndose a nuestras espaldas y disfrutando de la vida a costa nuestra.

O dicho de otra manera, las columnas de la vida seguirán siendo las “acampadas” sin sentido, las victorias de un club cada vez menos deportivo y el meneo de caderas de Shakira. Y el sexo sin amor.

Vaya civilización que hemos creado.

* [1] Esta expresión proviene de la metralleta estándar que recibían todos los soldados alemanes en la Primera Guerra Mundial, y que se siguió manteniendo al principio de la Segunda Guerra, pasando a significar algo estándar, masivo y hasta anticuado.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Identidad

Estaba yo en un tris de titular este artículo “Identitarios”, cuando un buen amigo mío me ha aconsejado “no meterme en estos fregados. Estando en época de elecciones, con la mayoría de nuestros conocidos, amigos y camaradas inmersos en la campaña electoral defendiendo posturas diversas y en muchos casos bajo siglas harto extrañas, este mi amigo debe de considerar que es mejor arrimar el hombro, apoyar a los nuestros aunque consideremos que están equivocándose y ser práctico. Es decir, usar la política, los partidos y las elecciones para conseguir arañar un poquito de poder consiguiendo alguna representación local o autonómica.

Pero yo sigo en mis trece. Esto, en el fondo, no aportará nada al bien común, a nuestros ideales compartidos durante años ni, menos aún, a la idea de patria que hemos soñado durante tantos años. No desprecio sus consejos. Suelen ser acertados. Pero siempre hay algún punto que prefiero discutir y no dar por válido por que sí.

Hablemos pues de la identidad, que no del concepto “identitario”. Concepto tan extraño, nuevo y rebuscado que ni lo acepta el corrector del procesador de textos que estoy usando. Por no hablar de la Real Academia, que ni en su versión actual ni en el “Panhispánico de Dudas” incluye esta palabra. Si alguien tiene algún interés especial en saber a qué hace referencia este nuevo concepto aplicado a los partidos políticos simplemente tiene que tirar de Google, Wikipedia o cualquiera de las demás fuentes de información “fidedignas” que se están convirtiendo pasito a pasito en la biblia de los incultos, iletrados y vagos. Aún dudo yo si esta apertura informativa que ha supuesto el acceso a la Red, las wikis, los foros, los blogs y las redes sociales realmente esté aportando un mayor nivel cultural al ciudadano medio o si por el contrario está liando las mentes un poco más y convirtiendo hasta al ministro socialista más burro en un “culturetas” sabelotodo. Aunque esto es harina de otro costal que se merece un artículo aparte.

Volvamos entonces a nuestra identidad. Esta viene impuesta por unos factores muy claros. Nuestra filiación y nuestra raigambre. Tenemos por lo tanto como componentes de nuestra identidad la nacionalidad, el (o los) idioma(s) y la cultura que hemos heredado de nuestros progenitores, sumado a las raíces culturales y sociales en las que nos hemos criado. Aquí cada uno puedo reflexionar sobre cuál es su identidad. Si la de su bloque de pisos, la de su barrio, la de la urbanización donde veraneaba, la de su ciudad, de su provincia o la de su región o comunidad autónoma actual (que por cierto son variables en la vida de muchos ciudadanos y más lo han sido aún en la historia de España).

¿O será quizá otra nuestra identidad? Digo “nuestra” refiriéndome a la de “la mayoría de nuestros conocidos, amigos y camaradas” ya nombrados al principio. ¿No podría ser, pongamos el caso, que nuestra identidad sea un compendio de todo lo detallado anteriormente? ¿Del barrio, la ciudad, la provincia y la región, sumado a nuestros viajes y vivencias de juventud (muchos de estos compartidos), a los barrios, ciudades, provincias y regiones de nuestros padres, amigos y camaradas que nos han acompañado hasta ahora en nuestras vidas?

¿Y cómo hemos llamado a todo esto hasta ahora? Yo diría que siempre lo hemos llamado nuestra Patria. Y que esta nuestra patria siempre se ha llamado España.

Somos herederos de nuestra historia milenaria, de nuestra cultura tan rica y diversa, de las acantilados de la Costa da Morte y los desiertos del Sáhara. De los bosques del pirineo catalán y las llanuras burgalesas. De la Reconquista iniciada en Covadonga al descubrimiento de las Indias. Del bocadillo de calamares de la Plaza Mayor de Madrid a la butifarra de payés del Montseny. Del gazpacho y del pacharán. De la sidra del norte al fino del sur. De Figueras a Tarifa y de Tortosa a Finisterre. Del “Nodo” que algunos hemos llegado a ver a las repeticiones de Verano Azul. De Jaume Sisa y la Orquesta Platería a los Nikis o los Toreros Muertos. De Gasol a Induráin y de Juanito a Ballesteros. De la sardana a la jota y de los castellers a las traineras. De la Semana Santa sevillana a la “Rompida” de Calanda pasando por la Dança de la Mort de Verges. De la Vuelta y la Volta. De Sarriá, Malasaña, el Brillante cordobés o del Poble Nou. ¿Sigo?

Quién nos los iba a decir, a estas alturas. Tenemos una identidad. Y se llama España.

lunes, 2 de mayo de 2011

El local de moda

Los que me tratáis conocéis de sobras mi afición a los bares. No es algo extraño, teniendo en cuenta que en los años 80 ya ayudé en algún bar, que a final de dicha década (¡del siglo pasado, casi nada!) estuve trabajando “duramente” como animador turístico en Menorca, que en los noventa conseguí regentar mi propio bar musical con bastante éxito y, sobre todo, que siendo español y de Barcelona sería muy raro que no tuviera esta afición tan propia de esta tierra que me vio nacer.

Aún así, y conforme pasan los años, la selección de bares que frecuento ha ido mermando de la misma forma que el aguante de mi hígado, el saldo de mis tarjetas y la capacidad de un local de sorprenderme de una forma tan grata que tenga ganas de volver. Si hago un rápido repaso mental a los locales que sigo visitando de tanto en tanto (es decir, una vez a la semana), me sobra una mano. Son bodegas y bares pequeños, en los que casi todos los clientes son conocidos, lo cual evita por un lado las posibles sorpresas de personas que no se adaptan a mi estilo (o viceversa) y por otro las siempre latentes discusiones con el barman de turno sobre el precio de una copa, la siempre injusta proporción entre el elixir y el refresco, la caída de una copa recién estrenada (y el automático “te lo juro que estaba llena” que siempre tiene que oír el camarero) y, sobre todo, la temible hora de cierre. Hora maldita esta, que todos, sabedores de que tarde o temprano llegará, intentamos olvidar, obviar, negar y hasta sobrepasar a base de copas en el último momento, charlas intensivas con el camarero, postreros paseos al lavabo o un simulado y "profundo" malestar para poder apurar la última gota mientras los sufridos empleados se afanan en limpiar el local maniobrando entre los impertérritos clientes , incapaces estos de cumplir su palabra de “la última y nos vamos”, dada con toda la solemnidad y un cierto retintín bastantes horas antes.

Pero, oh sorpresa, este fin de semana ha sido el del descubrimiento de un nuevo lugar donde ahogar mis penas, escuchar buena música, conocer a gente divertida, bailar, comer y beber bien y encima gastar poco. Situado en la zona alta de Barcelona, con una terraza abierta expresamente en las alturas para burlar la ley antitabaco, con vistas a la montaña del Tibidabo y equipada con todo lo necesario para pasar un buen rato, este local te recibe como si fuera el salón de una casa particular. Las personas que lo regentan son abiertas, amigos de sus amigos, y te hacen sentir como en casa a los pocos minutos de haber pisado el suelo de este nuevo refugio para los soñadores que seguimos buscando la felicidad en la barra del bar. La clientela, bárbara. Exceptuando los intrusos que en todas las fiestas aparecen de la nada, como caídos del cielo o expulsados de un helicóptero de los Navy Seals que buscando a Obama acabó en la Bonanova atraído por la fama del local, y que encima de ser desconocidos se mueven como pez en el agua sin rendir cuentas a nadie y creyendo que el local es de su propiedad, llegando hasta el punto de soltar frases como “¿pero este local no tiene más lavabos?”, pues exceptuando a esta gente el resto de la clientela daba gusto. El paradigma de la “beautiful people”. Personas abiertas, guapas, con ganas de hablar, de bailar, de probar nuevos cócteles, simpáticas, ocurrentes…, y, cómo no, ya pasadas las preceptivas horas bebiendo, pesadas, hiper cariñosas, buscando consuelo, empalagosas, cansadas, solitarias, tristes o alegres, pero siempre bien acompañadas en sus penas o en sus alegrías por los demás clientes, los dueños del local, los excelentes pinchadiscos (sobre todo un tal Marc), y los camareros. Para eso están los locales. Los buenos locales. Y como no podía ser menos, la barra seguro que marcó un antes y después en la vida de muchos de los clientes. Cócteles de todo tipo, a cual mejor, una gran variedad de Gin Tonics, a cual más sorprendente, y dos camareros, a cual más solicito, simpático y abierto. Sin colas, sin quejas y sin problemas con los precios, los cubitos aguados, el güisqui de garrafón o la proporción de alcohol/refresco ya nombrada antes. ¿Qué más se puede pedir a un local? ¿Qué encima acabe todo con un gran recital de chistes y monólogos de una futura estrella llamada Sergi? Pues también. ¿Qué para acabar pueda quedarme a dormir sin miedo a que me despierte la Guardia Urbana por estar tirado en posición extraña en mi coche? Sin problemas.

Hombre, ya puestos podría daros el nombre y la dirección exacta del local. Lo que sucede es que no me acuerdo muy bien. Igual me sentaron mal los sándwiches (que buenos, por cierto), el sushi, el pollo, los Tigretones, las Panteras Rosas o los “pocos” cócteles que probé. Me suena algo como “Ibiza Reloaded”. O “Déjà vu”. Lo dicho, no me acuerdo muy bien, pero seguro que seré capaz de volver a encontrarlo. Y espero que no pase mucho tiempo antes de volver a disfrutar de una fiesta como Dios manda.

"Bares, qué lugares, tan gratos para conversar No hay como el calor del amor en un bar."
Gracias Sandra, gracias Santy.

martes, 26 de abril de 2011

Indignaos

No esperes que me ponga a alabar el éxito editorial de la pasada fiesta del libro. Lo único bueno que tiene dicho panfleto es su título, que por una vez utiliza correctamente el imperativo, forma verbal tan poco (y mal) aplicada en el hablar y escribir cotidiano.
Te propongo en cambio que te indignes ante problemas mucho más serios. Que haberlos, los hay.

Indignado estoy al ver que un panfleto de poco más de 13 páginas, plagado de clichés, de teorías izquierdistas trasnochadas, defensor del terrorismo, negador de la libertad del individuo, incapaz de condenar al comunismo y sus tristes consecuencias, en resumen, escrito con un simplismo absoluto (igual con toda la intención del mundo para estar a la par con el nivel cultural de nuestra sociedad), y que encima no aporta soluciones ni propuestas, se convierta en el libro más vendido en las pasadas ferias. Con la de libros que se editan cada año, y más en el mundo hispanoparlante.

Indignado estoy al comprobar que en la totalidad de los medios de comunicación se hable de la primera suspensión de la “madrugá” de la Semana Santa sevillana desde el año 1933, sin mencionar las razones de la suspensión en los años 1932 y 1933, como si en esos años hubieran caído terribles aguaceros sobre la bella ciudad andaluza. No señores, en 1933 lucía el sol y no se pudo celebrar el acto más importante de la Semana Santa sevillana por los ataques armados de la izquierda revolucionaria, por los constantes acosos al mundo católico, por el incendio de iglesias y de sus pasos. A lo máximo que ha llegado algún medio es a poner la coletilla de que no se celebró por “motivos políticos”. Juas. Hay suficiente literatura que explica lo sucedido, por si alguno tuviera interés. O hemerotecas. Que para algo sirven, y no están manipuladas y tergiversadas como el resto de la prensa. (más info aquí)  . Pero igual aún es peor, igual es que la Semana Santa en el fondo ha perdido cualquier significado religioso, y las procesiones son simples actos folclóricos a los que la gente asiste por simple tradición y ganas de jarana, obviando su única raíz, la cristiana, y con ello la recreación del Calvario y la Resurrección de Jesucristo.

Indignado estoy al ver que los ingleses siguen riéndose en nuestras narices. Que sigan protegiendo a piratas, traficantes y demás calaña (en línea con la “grandiosa” historia del Imperio Pirata de la Gran Bretaña), denigrando a nuestros ejemplares y nobles Guardias Civiles, sin que nuestro des-gobierno alce la voz y actúe en defensa de nuestra patria, algo que creo yo debería de hacer “de oficio” al representar a todos los españoles. ¿O es que el Gobierno no tiene el deber de representar y defender a la nación española? ¿Será que confunden sus obligaciones con ayudar a sus primos, hermanos y amigos? ¿Será que las cuestiones de estado no les interesan demasiado, cuando están pendientes, todos ellos, desde la izquierda hasta la derecha, de juicios y más juicios por corrupción? (más info aquí)

Indignado estoy de que los etarras nos la hayan vuelto a colar, con la complicidad del gobierno, y que puedan presentarse, si la justicia no lo impide a tiempo, asesinos, cómplices y encubridores a puestos de representación de la sociedad, para acabar viviendo a costa de nuestros impuestos, y encima con sus líderes, culpables de múltiples asesinatos, liberados ilegalmente y de forma intencionada,  riéndose de nosotros desde sus guaridas en Venezuela o donde quiera que estén.

Y finalmente, aunque en este caso carente del valor de los enunciados anteriores, indignado estoy de que mi equipo de fútbol, el Real Club Deportivo Español, esté echando por la borda una magnífica temporada y el sueño de jugar en Europa se esté desvaneciendo como el chocolate de las monas que se consumieron ayer en toda España.

Indignaos. Que yo ya lo estoy.

P.D. Recién publicado este artículo  me entero por mi amigo Fernando que han condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica a la "moza" del jeque de Qatar. Lo que decía. Indignado estoy.

lunes, 18 de abril de 2011

Esto me suena a chino

Esta expresión, muy usada por estos lares, no conlleva un tono peyorativo. Creo yo. Es muy propia de nuestro país y la usamos cuando queremos expresar que no entendemos algo. En otros lugares usan expresiones similares, algunas con su “base” histórica, como en Inglaterra, donde dicen „that's Greek to me“, cuyo origen podría ser el dicho romano „Graecum est, non legitur“ – “ es griego, por eso es ilegible”, o en Alemania, cuyos habitantes recurren con frecuencia a la expresión “Das kommt mir spanisch vor”, que significa literalmente “esto me suena a español”. Sobre esta expresión existen varias "teorías" etimológicas: una hace referencia a la época de Carlos I, Rey de España y Emperador de Alemania (como Carlos V), cuyas costumbres “españolas” extrañaban mucho al entorno protestante alemán, cosa que llevó a acuñar esta expresión a la gente que frecuentaba su Corte; otra en cambio hace referencia a una tal Lola Montez, que ni se llamaba Lola ni era española, sino una embaucadora irlandesa que estuvo engañando al rey Luis I de Baviera durante un tiempo a finales del siglo XIX.

Pero no quería hablar del origen de la expresión, aunque tenga su interés, sino de su renovado y extendido uso actual. En Alemania y los demás países germano-parlantes esta expresión SI que tiene asociado cierto tono “negativo”, pudiéndose asimilar en España a “esto me suena a una chapuza” o expresiones similares. Es decir, que cuando un alemán suelta esta expresión es que no lo ve muy claro, que ve gato escondido dónde espera una liebre. Y, por desgracia, se trata de un giro idiomático que ha vuelto a ponerse de moda en Alemania, tanto en las conversaciones en la calle como, sobre todo, en los noticiarios de televisión y en la prensa escrita. Está claro que en Europa vuelven a hablar en tono despectivo de España. No sólo en Alemania, sino en todos los demás países de nuestro entorno.

¿Y todo esto por qué? La pregunta seguro que ofende a cualquiera de mis lectores, ya que todos conocemos la respuesta. Pues porque España ha venido a menos. Decía un pensador y político muy admirado por mí, llamado José Antonio, que “España ha venido a menos por una triple división: por la división engendrada por los separatismos locales, por la división engendrada entre los partidos y por la división engendrada por la lucha de clases.” Esto lo decía en los años 30 del siglo pasado, pero si trasladamos esta expresión a nuestros días la podemos usar casi sin modificarla. Si me apuráis podríamos sustituir el tema de la lucha de clases por la inexistencia de cultura, por la pereza, por la superficialidad, o cualquier otro de los defectos de los que adolece nuestra patria en estos días (que son muchos), pero los dos primeros enunciados siguen tan vigentes hoy en día como las ganas de fiesta de los españoles o nuestra pasión por la siesta. Los nacionalismos con sus oscuros intereses económicos, que son los únicos que tienen aunque se disfracen de iluminados salva-patrias inexistentes, y la fiera lucha de los partidos políticos, sean del signo que sean, por una parte del rico pastel que significa llegar a cualquiera de las “ene” administraciones que mantenemos todos los españoles con nuestros impuestos, son los causantes de que vayamos de mal en peor. En definitiva, son culpables de que nuestra integración en la primera división mundial haya sido una ilusión pasajera, rota estrepitosamente con la llegada al poder de los socialistas, que a base de incultura, desconocimiento, analfabetismo funcional, dislexia, mentiras, latrocinios, nepotismo y demás “virtudes” igualitarias y democráticas, han conseguido que en Alemania, Suiza y Austria vuelva a ser común oír la susodicha expresión de que “me suena a español”. Y esto duele mucho. Por lo menos a mí.

Los socialistas nos han dado gato por liebre, nos han engañado y se han cargado un sueño de grandeza que nos merecíamos desde hace mucho tiempo. Y encima no podemos recurrir al conjuro de otras épocas, cuando para asegurarse de que no les daban gato por cabrito (o por liebre) recitaban ante el plato de carne:

“Si eres cabrito, mantente frito; si eres gato, salta al plato.”

lunes, 11 de abril de 2011

Quimio para todos

En septiembre de este año 2011 se cumplirán 13 años del fallecimiento de mi madre. Murió joven, teniendo en cuenta la media de edad que alcanza la población hoy en día, con 62 añitos de nada, y con unas ganas locas de viajar, de leer, de hacer cosas nuevas , de aprender, en definitiva, de vivir. Sus últimos meses fueron duros, como suelen serlo para las personas que se tienen que someter a tratamientos de quimioterapia altamente tóxicos, y mis recuerdos de las pocas veces que tuve la educación, el valor y la hombría de acompañarla a una de esas sesiones, son terribles. Su cara descompuesta, pidiendo a gritos que acabará el suplicio, llegando incluso a escenas de pánico e intentos de fuga pasillo abajo para encontrar la calle y con ello el fin de la tortura. Pobrecita. Pero gracias a Dios eso ya pasó. Ahora descansa en paz, (eso espero) y nos mira con un guiño desde el cielo, libre de los sufrimientos terrenales, pero con toda seguridad siguiendo nuestros pasos y enfadada por no poder aportar su grano de arena, por poder participar en todo lo que hacemos.

¿Y a qué viene todo esto se preguntará el lector? Pues resulta que el sábado pasado estuve en una fiesta familiar, el cumpleaños de mi prima,  celebrado con una sublime barbacoa en la terraza de su casa, a la que asistió la mayor parte de su familia. Marido, hijos, padres, tíos, primos y algún que otro extraño, que no por llevar la misma sangre deja de pertenecer a la familia. Porque así es como te hacen sentir cuando estás con ellos. Parte de una familia unida y bien avenida. Yo, con esa sorna que me suele caracterizar, mezcla de ironía y cinismo envidioso, suelo llamar a estas familias estilo “Abeja Maya”. Todo son sonrisas, cariño, unión, simpatía, risas y chanzas. Algo para mi bastante novedoso por desconocido. Por desgracia yo no he pasado muchos ratos así, mi vida ha sido bastante más “oscura” y “triste”, razón de más para disfrutar de estas situaciones y hasta para lanzarme a rendirle un pequeño homenaje con este pequeño artículo.

En una bonita terraza con vistas al Tibidabo, en un día de pleno sol adelantado al calendario en varios meses, disfrutamos de comida excelente y en abundancia, de cerveza, buen vino y mejor cava, pero, sobre todo, de conversación, de complicidad, de momentos de risa colectiva, de juegos de palabra y dardos sin envenenar, simples flechas de cariño lanzadas al aire para animar una tarde placentera. Y en medio mi tío, que por desgracia también ha pasado por el trámite de la quimioterapia, como uno más, al sol o a la sombra, comiendo, bebiendo y riendo como todos: claro vencedor en la lucha contra el cáncer y la química en el cuerpo y ejemplo definitivo de que la moral, las ganas de vivir, y la “Alegría”, pueden más que cuatro células despistadas. Mal sitio eligieron para intentar propagar su maldad. Ahí no tenían cabida, por eso han salido corriendo, cual torero catalán ante la próxima prohibición de la Fiesta en Cataluña, a buscar otro lugar dónde hacer daño. Que corran, que no las queremos por aquí. Preferimos las risas, las canciones, las copas, los chistes y el cariño. Como Maya con su amigo el zángano Willy, con Flip, Puck o Tecla. Disfrutando del sol, de la buena compañía, y pidiendo a gritos, al unísono, "quimio para todos".



martes, 5 de abril de 2011

El nieto del "Catalán"

Preámbulo

Para ponerse en situación recomiendo al lector, si es que no lo ha hecho aún, que lea primero el genial relato de Rafael García Serrano, titulado “El Catalán”. Ayer lo volví a leer, e inmediatamente mi imaginación me llevó a pensar que habría sido del protagonista y de su familia. El resultado de mis divagaciones nocturnas es el relato, igualmente corto, que sigue.

Empieza por lo tanto por aquí http://palabraobra.blogspot.com/2007_07_01_archive.html(en la segunda página está el relato original “El Catalán”), y si después tienes curiosidad lee lo que sigue.

El nieto del “Catalán”
Matías escuchaba atentamente las palabras de su padre. Sentados delante de la “llar de foc” en su casa de la Cerdaña después de una opípara cena a base de “trinxat” y embutidos de la zona, el tema del catalán, el catalanismo y España había surgido por su propio peso. Hacía mucho tiempo que Matías no subía a Alp, a este precioso pueblo rodeado de altas montañas y situado al “bell mig” de la Cerdaña, para pegarse una esquiada en La Masella y pasar un rato con su padre. No tenían mucho contacto últimamente, y menos aún desde que empezaron sus problemas legales por el dichoso tema de los rótulos en castellano, la manifestación contra los referéndums separatistas y su candidatura al parlamento por la “Nova Falange Catalana”. Matías sabía que a su padre no le gustaba nada que se metiera en política. Se lo había explicado del derecho y del revés en sus años mozos, pero, como suele suceder, el hijo hizo caso omiso a las recomendaciones de su padre y se lanzó de lleno a la lucha política.

- Si tu abuelo levantara la cabeza – murmuraba su padre Miquel Castellnou i Paguera. Se refería al abuelo Matías, del que nuestro protagonista era deudor del nombre y, por lo que le habían contado a cuentagotas los pocos familiares que quedaban, también de sus ideas políticas.

- Pues igual se alegraba y todo – respondió con tono solemne Matías.

Su padre no contestó y siguieron sentados en silencio mirando a las brasas y dando rienda suelta a sus pensamientos.

El abuelo de Matías, llamado igual que él, tuvo unos años bastante complicados debido a la Guerra Civil. Estando de viaje de negocios en Zaragoza le pilló la sublevación armada de Julio de 1936, y sin posibilidad de volver al pueblo (en aquella época vivían en la Seu d’Urgell, aunque antes de la forzada normalización también se la llamaba, de forma indistinta, Seo de Urgel). Su mujer y su hijo (el padre de Matías) quedaron abandonados a su suerte y él, sin un real para volver a casa o pagar sus gastos de manutención, paso varios años en Zaragoza hasta que se apuntó voluntario a las tropas nacionales y participó en la liberación de Madrid. Durante esta época perdió el contacto con su mujer y su hijo, que lo pasaron bastante mal por las persecuciones políticas de la época. Pero gracias a Dios, y a pesar de los miles de muertos que la izquierda, los anarquistas y los separatistas dejaron como infame recuerdo de su paso por el poder en Cataluña durante la Guerra Civil, consiguieron sobrevivir y volver a reunirse acabada la contienda. Pero a su padre le habían quedado bastantes traumas de esa época. Lógicamente. Que a un niño pequeño le arranquen de su barrio, de su escuela, que esté casi 3 años sin ver a su padre, que tenga que esconderse en altillos y en sótanos, que cada vez que hacía amigos nuevos tuviera que decirles adiós a la chita callando, pues son hechos que marcan toda una vida y no precisamente una infancia feliz. Ni mucho menos.

Por todo eso Matías también entendía a su padre. Él ya sufrió lo suyo, aunque fuera de pequeño, y creció escuchando las tristes historias de la contienda civil de boca del abuelo. Y de ninguna manera deseaba que a su hijo, su único hijo, le pasara algo malo. Y menos aún por culpa del desgraciado nacionalismo y su obsesión por imponer el pensamiento único a la natural convivencia de personas de diferentes orígenes, de hablas dispares pero de buen corazón y unidas en el amor a una tierra tan generosamente bella como lo es Cataluña.

- Quién sabe – soltó de pronto su padre.

La frase sonó extrañamente fuerte después de los largos minutos de silencio que acababan de compartir. Y sorprendente. Era la primera vez que su padre no se enfadaba al hablar de estos temas. Y que parecía que en parte hasta aceptaba los argumentos de Matías.

- Hombre, papá, vaya sorpresa ¿te pasa algo?

- Si hijo, sí. Me pasan muchas cosas. Pero una sobre todo: estoy reviviendo hechos que parecían olvidados. Parece que la gente no aprenda, que lo único que quieran es sembrar la discordia entre la gente para hacer puntos dentro de sus podridos partidos políticos. Imagínate: al Pere, el panadero, le han hecho algo parecido a lo que te sucedió a ti con los rótulos de la tienda. Le han metido una multa por un pequeño cartel en el que ponía “Hay huevos frescos”. Y eso que el Pere no habla ni castellano. Pero con la de turistas que pasan por delante de su negocio, pues pensó que las ventas irían mejor así. Y a su hijo, que enfadado se plantó en el ayuntamiento para protestar, le dieron una paliza de órdago en las fiestas del pasado fin de semana. Le pillaron entre cuatro y le apalearon al grito de “espanyol de merda”, xarnego y cosas similares. Cuando se llama Casamitjana de apellido. De verdad, no entiendo nada. Y encima te persiguen a ti por los incidentes en la manifestación del otro día. Y tengo que ver como en la televisión te tildan de fascista, de retrógrado, de español y de mil lindeces más. Ya me estoy cansando de tanto subnormal. De tanto odio y tanto desconocimiento de nuestra historia. De la historia de verdad. Y no de la que se han inventado en estos últimos años. –

Matías no salía de su asombro. Jamás había visto a su padre así. Y menos aún le había oído soltar un párrafo tan largo. Vaya sorpresa, teniendo en cuenta que ayer llegó convencido de que sería una noche como las de siempre, sentados, sin hablar, subiendo a las diez a dormir y finalizando el fin de semana con un escueto adiós a la mañana siguiente tomando un cortado en el bar de al lado, cada uno con su diario en la mano y sin soltar prenda.

- Tranquilo papá, que todo se arreglará. Lo de la manifestación no pasará de un juicio por lesiones, la multa de los rótulos está impugnada, y mi candidatura es legal al 100%, guste a quién guste. Si hace falta iremos a los Tribunales europeos, pero seguiremos luchando. No pueden imponernos su partido único, sus falsas libertades. Ya verás como salimos de esta. -

Su padre puso cara de póker. Solía hacerlo a menudo. Eran los momentos en los que Matías no sabía si llegaría un exabrupto, un halago o un silencio absoluto. Se quedo esperando ansioso.

Lentamente, y apoyándose en su bastón, su padre se levantó. Se acercó al mueble que había en el pasillo, lo abrió y sacó una antigua foto del abuelo Matías cuando lo de la toma de Madrid. En ésta se veía al abuelo rodeado de 4 compañeros de armas sentados delante de la estatua de la Cibeles con una bota en la mano y sonriendo como niños en la hora del patio. Parecían muy felices.

Apoyó el marco en una vela de la mesita del centro, cogió la botella de Ron Pujol que aún no habían ni tocado, lleno los 2 vasitos que estaban limpios de polvo y paja esperando volver a su armario sin ser estrenados (lo que solía suceder cada vez que Matías venía de visita), le pasó una copa a su hijo y con la suya alzada dijo:

- Pongamos unas flores sobre la foto del abuelo. Que así solían llamar él y sus amigos a los brindis. Y seguro que estaría orgulloso de ti. Por el abuelo. –

Matías contestó emocionado:
- Por el avi Matías. Por nosotros. Por el trinxat, por Catalunya y por España.

jueves, 24 de marzo de 2011

¿Un simple coche?

Queramos o no las personas nos encariñamos en muchas ocasiones con cosas materiales. En las tiernas etapas de la infancia pueden ser ositos de peluche, almohadas o simples trozos de tela; en la juventud suelen ser nuestras primeras gafas de sol, aquellos tejanos que se ajustaban a nuestro cuerpo a las mil maravillas o nuestro primer walkman, algo muy valioso en una época en la que los móviles no es que no fueran capaces de reproducir música comprimida en MP3, no, es que ni existían; y ya en la edad adulta todos seguimos teniendo objetos a los que profesamos un amor que va más allá de cualquier lógica. Variopintos donde los haya, estos objetos que rozan el fetichismo son parte de nuestra vida, y cuando por causa mayor nos tenemos que desprender de ellos, se va una parte de nuestra alma y de nuestra vida. Asociados como tienen mil recuerdos y aventuras, compañeros en noches de desvelo y días de gloria, nuestras motos y coches, nuestra ropa y enseres del hogar varios y hasta nuestras mochilas y maletas, son parte del trayecto que llevamos recorrido en nuestra vida. A mí me ha tocado ahora decir adiós a mi coche. Han sido 11 años de grata convivencia, salpicada de aventuras y también, porque negarlo, de desventuras de todo tipo. Rutas varias por España, fugas al alba desde Francia para llegar a tiempo a un desplazamiento de mi equipo, descubrimientos de lugares sorprendentes como Águilas, Murcia, o Calaceite, en Teruel, viajes a Madrid o Pamplona con la bandera de España bien alzada y los himnos de rigor sonando en el interior del habitáculo, que más que eso se convertía en el salón de casa y en ocasiones hasta en el dormitorio, y , cómo no, los mil y un viajes a los mismos bares, a los mismos puntos de encuentro, lugares a los que ¡oh milagro! llegábamos sin tomtomes ni ningún otro tipo de asistencia técnica. Más aún, en muchas ocasiones juraría que el coche llegaba sólo, sin que tuviera que intervenir más que para vaciar el cenicero y darle al autoreverse. Pero, gracias a Dios, tanto las cosas materiales como los humanos tenemos fecha de caducidad: en lo humano desconocemos el cuándo, en lo material sabemos desde un inicio cuando llegará el momento del adiós. Y llegó. Ahí se ha quedado, el mítico BMW con su elocuente matrícula B-8..8-NS, identificación que por un extraño guiño del destino me tocó en suerte: destrozado, a punto de pasar a ser un amasijo de chapa, plástico, colillas y vivencias de épocas que ya no volverán. Pero lleno de multitud de recuerdos y de años de una vida compartida que empieza una nueva etapa.

martes, 15 de marzo de 2011

Japón

Por una vez, y sin que sirva de precedente, no voy a hablar de España: y esto a pesar del título de mi blog y mi propósito general de preocuparme primero por mi patria antes que perder el tiempo con cosas menos transcendentales. Aquellos que me conocen bien, grupo de personas por otro lado cada vez más reducido, me habrán oído decir en ocasiones que antes de morir hay algunos sitios que quiero visitar: Chile, Argentina, Israel y el Japón. No estoy hablando de mi “Bucket List” particular, como en la genial película titulada en España “Ahora o nunca” en la cual dos enfermos terminales deciden cumplir todos sus deseos antes de morir, ni tampoco tengo muy claras las razones de esta selección tan poco ortodoxa. Supongo que podría argumentar sin problemas el porqué de cada uno de estos destinos, pero a pesar de ello sigue siendo un misterio del subconsciente al que por ahora no tengo acceso. Igual en un segundo o tercer nivel de sueño, como describen en otra película reciente, podría desentrañar las razones últimas de esta selección, pero me faltan los conocimientos para ello. O las ganas. Lo que cuenta para este comentario es que Japón es uno de mis destinos soñados. Y me viene de lejos. La atracción de esta cultura milenaria, de su forma de afrontar la vida, de su disciplina, de la sensualidad de sus mujeres, de su escala de valores, y hasta de cosas más mundanas, como su alimentación o su brillante historia militar, han creado en mi interior un deseo de visitar el país que estoy seguro que se cumplirá algún día. ¿O quizás no? Viendo lo que está sucediendo en estos momentos en dicho país de golpe me he enfrentado a una idea bastante “absurda”, poco probable pero factible. ¿Va a desaparecer el Japón que conocemos? ¿Hasta dónde llegarán las consecuencias del trío mortal formado por un terremoto, un tsunami y un cada vez más cercano desastre nuclear? Entre la desinformación que al parecer reina en el antaño gran imperio japonés, país por otro lado poco dado a hablar con claridad o a alarmar a los ciudadanos sin causas fundadas y las contradictorias versiones de la situación actual que voy viendo en los diferentes medios de comunicación, en los que lo que se publica por ejemplo en España no tiene nada que ver con la gravedad que explican en la televisión germana, me encuentro bastante perdido. Y triste. No tengo ninguna vinculación familiar o de amistad con dicho país, a lo sumo que llego es a degustar sushis y sashimis en restaurantes de nuestra tierra, sin estar jamás seguro si lo que me están sirviendo es realmente comida japonesa o una recreación simplificada para los “gaijins” como yo que lo poco que conocen del Japón lo han aprendido viendo películas de la segunda guerra mundial y gritando “Hirohito” por los campos de fútbol porque rima con Benito y Japón formaba parte del Eje en dicha confrontación bélica. Pero a pesar de ello estoy triste. Y este en el fondo extraño sentimiento es el que me que me ha llevado a escribir esto. Y a desear a todos los japoneses que este mal trago pase pronto, que el país se recupere con toda la normalidad posible y que este elemento de mi “lista” particular de cosas que quiero hacer antes de morir no desaparezca y reduzca las pocas aventuras que me quedan por vivir en mi vida. Mucha suerte. 
P.D. Al día siguiente de escribir este artículo ha aparecido este bonito y emocionante comentario del siempre sorprendente Erasmo. Considero que es un buen complemento, por lo que me permito reproducirlo.
Japón

Por Erasmo. El Mundo. 16/3/2011
Magnífico pueblo. “Llanto silencioso”, texto inteligente aquí. Ni pillaje ni peste. Sustantivos del Apocalipsis, del Pentateuco. Las lágrimas de una dama en el minuto de silencio del Bernabéu, aterrada por los vídeos del fin del mundo, volcó su llanto tembloroso aún más que las víctimas y habitantes de Sendai. Orden frugal, mandato austero de la vida como milicia, llevada al espíritu, silencio recogido frente al alarido de una plañidera grecochipriota.
Tienen /por eso no lloran/ de jade las calaveras/con el alma de jazmín/ vienen por la carretera

martes, 1 de marzo de 2011

¿Qué habrá sido de Nuño?

Hay días en los que me pregunto qué habrá sido de Nuño. Nuño es el hijo de unos amigos míos, que en estos momentos debe rondar los 13 años. Más o menos. En el ya lejano 2006 solía frecuentar su casa y pasar horas y horas con sus padres, bueno, más bien con su madre, hablando de todo menos del sexo de los ángeles, porque ya sabemos todos que los ángeles no tienen sexo. Aunque quizá hasta esta afirmación haya perdido valor, teniendo en cuenta todos los cambios que se han producido en estos largos años de dictadura socialista que estamos sufriendo. Igual, y por real decreto, los socialistas han decidido, sin que nos hayamos enterado, que los ángeles y las ángelas pertenecen al colectivo ELEGEBETE por definición. No me extrañaría nada. Me imagino que habrán sido 5 años muy difíciles para los sufridos padres de Nuño, como lo han sido sin lugar a dudas para el resto de progenitores que tuvieron la osadía de traer un niño al mundo en España durante la pasada década. El vuelco cultural y social, si se le puede llamar cultura a los desvaríos de los ministros de los sucesivos desgobiernos del inefable Zapatero, ha sido tal que donde antes ponía blanco hoy contemplamos un negro más oscuro que el café de Colombia; donde antes se hablaba de matrimonio entre una mujer y un hombre hoy se habla de uniones civiles sin importar el sexo (o más bien la desviación sexual) de los contrayentes; donde ir a misa era lo más normal en el día del señor y hoy en cambio te tienes que apartar un viernes por la tarde porque delante de ti cruzan cientos de musulmanes para asistir a sus “arengas” pseudo-religiosas en enormes mezquitas donadas por los propios ayuntamientos (y a costa de nuestros impuestos, claro está); donde podíamos circular a 130 km/h hoy nos obligan a hincharnos de cafés bien cargados para no dormirnos a 110 en la autopista y comernos los quitamiedos; donde ponía Álava hoy nos reciben carteles con el extraño topónimo de Araba, que no estoy seguro si se trata de un error ortográfico o del anuncio de que lo árabe se está adueñando del país a marchas forzadas; donde podíamos comer, pasar al café y disfrutar de la sobremesa con un cigarro puro habano o un simple cigarrillo hecho en Canarias hoy tenemos que abrigarnos para salir a la calle y fumar cual vagabundo o delincuente estigmatizado; en resumen, que donde cualquier ministro dijo digo al final dijo Diego ( o Diega) , y todo se ha convertido en una gran farsa que está cercenando nuestra libertad, hundiendo un siempre mejorable pero en líneas generales correcto sistema de convivencia al que nos habíamos acostumbrado y dejándonos en paños menores ante los retos que nos plantea un futuro cada vez más oscuro. Todo se ha ido al garete. El estado del bienestar, el prestigio de España como nación, la unidad en la diversidad de nuestra antaño admirada y rica patria y la tan cacareada democracia y sus partidos políticos que, sin excepción alguna, han cambiado sus objetivos “altruistas”, “sociales” y “constructivos” por una lucha feroz para asegurar su propio futuro a costa de la buena fe de la gente y sus votos asociados. Tirando de refranero podríamos resumir la situación actual de nuestra querida España con el clásico “Donde no hay harina, todo es mohína”. Si no hay recursos, si las personas que “dirigen” un país no tienen capacidad, conocimientos y sobre todo intención de hacer algo bueno por los demás el resultado solamente puede ser el disgusto o la tristeza. O más aún, el desastre. El fin de una sociedad en la que hemos crecido felices y la desaparición de una patria a la que hemos amado todos desde pequeños. Tanto los padres como los hijos. Hasta el hijo de mis amigos la quería mucho a pesar de su tierna e inocente edad. Hay días en los que me pregunto qué será de Nuño en el futuro.